Las Individualidades Espirituales de los Planetas

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner en Dornach, el 27 de Julio de 1923 – GA228

English version

Quiero añadir a lo que ya se ha dicho, un dato más sobre los fundamentos más profundos del mundo oculto, de los que la civilización moderna ha perdido todo conocimiento.

 Para darnos cuenta de esta pérdida sólo tenemos que pensar en la concepción moderna del sistema planetario: que se originó a partir de un tipo de rotación, en una nebulosa primigenia, de la que los diversos cuerpos planetarios fueron dispersados. Las especulaciones derivadas de esta imagen han llevado simplemente a la idea de que no hay diferencias fundamentales entre estos cuerpos celestes, y esta es la actitud predominante hacia los planetas.

Firmamento

Si el sistema planetario entero está contenido en la imagen de una nebulosa giratoria, de la cual, los cuerpos celestes, poco a poco se fueron separando, ¿qué diferencia esencial hay entre, por ejemplo, la Luna y Saturno? Por supuesto, es cierto que investigaciones muy importantes llevadas a cabo durante el siglo XIX en sustancias terrenales -en particular los minerales-   son capaces de decir mucho sobre la composición material de los cuerpos celestes, y han elaborado una clase de física y química para ellos. Esto ha hecho posible que los libros ordinarios  de texto puedan darnos  detalles específicos sobre Venus, Saturno, la Luna, y así sucesivamente.

Pero todo esto equivale a hacernos una imagen de – digamos – el organismo físico  del hombre, dejando de lado por completo el hecho de que él es un ser de alma y espíritu. Con la ayuda de la Ciencia Espiritual, debemos aprender de nuevo que nuestro sistema planetario, está impregnado de alma y espíritu. Y hoy quiero hablar de las “individualidades” y los caracteres individuales de los planetas.

En primer lugar, el planeta más cercano a la Tierra, el planeta con cuya historia está ligada la Tierra – aunque sólo en cierto sentido – y que  en la vida terrenal tuvo un papel totalmente diferente de la parte que juega hoy. En mi libro “La Ciencia Oculta” se expone que hubo una era cósmica – en un pasado no muy remoto- donde la Luna estaba unida a la Tierra. En un momento dado, la Luna se separó de la Tierra y ahora circula a su alrededor, como satélite.

Luna

Cuando hablamos de la Luna como un cuerpo físico en el cielo, su naturaleza física es sólo lo externo, lo más externo, la revelación de lo espiritual está detrás. Para aquellos que tienen conocimiento tanto de su naturaleza externa e interna, la Luna en nuestro universo se presenta en primer lugar como un conjunto de seres espirituales que viven en reclusión. Exteriormente, la Luna actúa como un espejo del universo, y el hecho de que refleja la luz del Sol es evidente a la observación más superficial. Así que podemos decir: Lo que viene de la Luna es la luz del sol que  se refleja en ella. En primer lugar, la Luna es un espejo de la luz del sol. Ahora, como todos ustedes saben, vemos lo que está fuera o en frente de un espejo, pero no podemos ver  lo que hay detrás de él.

La Luna no solo es el espejo de la luz  solar, ella refleja todo lo que irradia en el Universo – la radiación de la luz solar es, por supuesto, la más fuerte. Todos los cuerpos celestes en el universo envían sus rayos hacia la luna, y la luna – como un espejo del universo- irradia de nuevo en todas las direcciones.

Se puede decir, pues, que el universo está ante nosotros en un doble aspecto. Se revela en el entorno de la Tierra y en la irradiación reflejada por la Luna. Los rayos del Sol trabajan con un tremendo poder en sí mismo y en su reflejo de la Luna. Pero todos los otros tipos de radiación en el espacio cósmico se reflejan también en la Luna. El universo manifestado, y su reflejo lunar. Cualquier persona capaz de observar las imágenes de espejo reflejadas por la Luna en todas las direcciones tendría el universo entero delante de él.

Pero lo que está en la Luna, es decir, lo que podemos llamar, si se me permite expresarlo así, el secreto de la Luna, permanece oculto, al igual que lo que está detrás de un espejo permanece oculto. Lo que  está detrás de la superficie exterior de la Luna, en su esfera más íntima, es importante sobre todo en su aspecto espiritual.

Los seres espirituales que pueblan esta esfera interior de la Luna son seres que viven en reclusión estricta del resto del universo. Viven recluidos en su “fortaleza” lunar. Y sólo alguien que, mediante el desarrollo de ciertas cualidades relacionadas con el corazón humano, lograra relacionarse con la luz del sol de manera que no viera el reflejo de la Luna, ella devendría interiormente transparente y podría penetrar en la fortaleza lunar.

Entonces descubriría  a través de las declaraciones,  de esos seres que se han retirado en esta fortaleza Lunar, ciertos secretos que estuvieron antaño en posesión de los espíritus mas avanzados de la Tierra pero que después se perdieron.

Cuanto más nos remontamos en la evolución de la Tierra, menos podemos encontrar las verdades abstractas que son el orgullo de la humanidad actual. Cada vez más nos encontramos con  verdades expresadas en imágenes. Nos abrimos camino a través de verdades profundamente importantes que aún se conservan como un último eco de la sabiduría oriental en los Vedas y la filosofía Vedanta. Si intentamos avanzar mas allá a las revelaciones primigenias escondidas tras los mitos y las sagas, nos damos cuenta, con asombro y estupefacción de la gloriosa sabiduría que entonces poseía la raza humana, recibida sin esfuerzo intelectual, como una gracia de los mundos espirituales.  Y por fin llegamos a todo lo que se le enseñó una vez a la humanidad primitiva en la Tierra por los seres que se retiraron a la fortaleza de la Luna  después de salir de la Tierra. Se ha conservado una cierta memoria de lo que estos seres habían revelado una vez a los pueblos en un pasado remoton a los hombres cuya naturaleza era muy diferente de la naturaleza humana actual.

Si logramos llegar a percibir este misterio – lo voy a llamar el misterio lunar del universo- nos percatamos de que estos seres que viven atrincherados en la fortaleza Lunar una vez fueron los grandes Maestros de la humanidad terrenal, pero la conciencia de esta realidad espiritual y anímica escondida en esta fortaleza  lunar se ha perdido. Lo que todavía se transmite a la Tierra desde los cielos representa sólo lo que la superficie exterior, las paredes, por así decirlo, de la fortaleza irradiante de la Luna  envía al resto del universo.

Este misterio lunar fue uno de los más profundos secretos de los antiguos Misterios, ya que es la sabiduría primordial lo que la Luna guarda en sí misma.

Lo que la Luna refleja del universo constituye la suma total de las fuerzas que sostienen el mundo de los animales, especialmente las fuerzas que están conectadas con su naturaleza sexual, fuerzas que también mantienen el elemento animal en el hombre y le conectan con la naturaleza sexual en su aspecto físico. Así que la naturaleza inferior del hombre es un producto de lo que se irradia desde la Luna, mientras que la más alta sabiduría que una vez poseyó la Tierra, se encuentra oculta en la fortaleza Lunar.

De esta manera se llega gradualmente al conocimiento de la “individualidad” de la Luna, conocimiento de lo que la Luna es en realidad, mientras que todo otro conocimiento es como la información que podemos recoger de un ser humano a partir de una imagen que podemos ver en alguna exposición. Esta imagen no diría nada en absoluto sobre el hombre como individualidad. De la misma manera, no es posible que una ciencia que niega cualquier acercamiento hacia la iniciación pueda saber nada de la individualidad de la Luna.

Pasamos ahora a Saturno. En épocas anteriores Saturno fue considerado como el planeta más exterior de nuestro sistema, Urano y Neptuno se añadieron mucho más tarde y los vamos a dejar  fuera de nuestra consideración.

Saturno

Podemos considerar a Saturno como una especie de antítesis a la Luna. La naturaleza de Saturno es tal, que recibe numerosos impulsos del universo, pero no  refleja ninguno, al menos hacia la Tierra. Saturno, por supuesto, es irradiado por el Sol, pero lo que refleja de los rayos solares no tiene ningún significado para la vida terrenal.

Saturno es un organismo celeste totalmente auto-ensimismado, que solo irradia en el universo su  propio ser. Cuando contemplamos Saturno, nos relata dice siempre lo que él es. Así como la Luna en su aspecto externo nos habla de todo  el universo, Saturno nos dice nada en absoluto acerca de los impulsos que recibe del universo. Él sólo habla de sí mismo, nos dice sólo lo que él mismo es. Y lo que es se nos revela poco a poco como una especie de memoria del sistema planetario.

Saturno se nos presenta como la individualidad celestial que ha participado constantemente en todo lo que ha ocurrido en nuestro sistema planetario y lo ha conservado fielmente en su memoria cósmica. Él no dice nada sobre el presente cósmico. Recibe las cosas del presente cósmico en sí mismo y trabaja sobre ellos en la vida del alma y del espíritu.  Es cierto que las huestes espirituales que lo habitan prestan atención al universo exterior, pero reciben los acontecimientos del universo en el alma, y mudos y silenciosos respecto al presente, sólo hablan de los acontecimientos cósmicos del pasado. Saturno es como una memoria caleidoscópica de nuestro sistema planetario. Como fiel confidente nos habla sobre lo que ha sucedido en el sistema planetario, guardando sus secretos dentro de sí mismo.

Si tratamos de desentrañar los misterios del universo acudiremos a la Luna en vano, primero tenemos que ganar la confianza de los Seres Lunares, sin embargo, esto no es necesario con Saturno. Lo único que tenemos que hacer es estar abierto a recibir lo espiritual. Entonces, a los ojos del alma y el espíritu, Saturno se convierte en un historiador viviente del sistema planetario.  En este sentido, Saturno es el opuesto exacto de la Luna. Saturno habla sin cesar del pasado del sistema planetario y lo hace con tanta calidez interior y entusiasmo que conocimiento íntimo de lo que dice puede ser peligroso.

Por la devoción con la que habla de hechos pasados ​​en el universo despierta en nosotros un gran amor por el pasado cósmico. Saturno es el tentador constante de aquellos que escuchan sus secretos, él tienta a dar poca atención a los asuntos terrenales del aquí y ahora  y a  sumergirnos en lo que fue la Tierra una vez. Por encima de todo, Saturno habla gráficamente sobre lo que la Tierra era antes de convertirse en Tierra, y por esta razón hace que el pasado nos sea interminablemente añorado.

Aquellos que tienen una particular inclinación hacia Saturno en la existencia terrenal son personas que siempre miran hacia el pasado, que se oponen al progreso, que una y otra vez quieren traer de vuelta el pasado. Estas indicaciones dan una idea de la individualidad, del carácter individual, de Saturno.

Júpiter

Júpiter es un planeta con un carácter diferente. Es el pensador de nuestro sistema planetario, y todos los seres que habitan en su dominio cósmico cultivan la actividad del pensar. El pensamiento creativo recibió del universo nos irradian a partir de Júpiter. Júpiter contiene e irradia en forma de pensamientos, todas las fuerzas formativas de los diferentes tipos de seres cósmicos. Mientras que Saturno nos habla del pasado, Júpiter nos da una representación viva de lo que está conectado con el presente cósmico. Pero, lo que Júpiter revela a los ojos del espíritu debe ser captado con inteligencia reflexiva. Si una persona no hace esfuerzos para desarrollar su capacidad de pensar, no puede, aunque sea clarividente, acercarse a los misterios de Júpiter, porque éstos se revelan en la forma de pensamientos y sólo se pueden alcanzar a través de una actividad pensante. Júpiter es el pensador de nuestro universo.

Los seres de Júpiter acuden en ayuda de la humanidad cuando fracasan los intentos de aportar claridad de pensamiento a un problema existencial importante, debido a obstáculos físicos, etéricos y sobre todo astrales. Un hombre que se ha esforzado en aplicar el pensamiento claro a algún problema, pero no puede llegar a la raíz del mismo, se encuentra, si es paciente y trabaja internamente en ello, que los poderes de Júpiter realmente le ayudarán durante la noche. Y muchos que han encontrado la solución a los problemas del día durante el curso de la noche, como si salieran del sueño deberían admitir, si supieran la verdad, que es el poder de Júpiter el que impregna el pensamiento humano con la movilidad y la fuerza.

Así pues, Saturno es el conservador de la memoria de nuestro universo, Júpiter es el pensador. El hombre debe a Júpiter todos los impulsos que es capaz de recibir del presente espiritual en el universo. A Saturno le debe todos los impulsos del alma y del espíritu que puede recibir del pasado cósmico.

Fue a partir de una cierta intuición la  gran veneración que se dio a Júpiter en los tiempos de la antigua Grecia, cuando el espíritu humano vivía tan intensamente en el presente.

A través del papel que Júpiter  juega en el ciclo del año estimula el desarrollo integral del ser humano. Todos ustedes saben que en cuanto a su movimiento aparente se refiere, Saturno se mueve lentamente, muy lentamente, alrededor de su órbita, con una duración de unos 30 años. Júpiter se mueve más rápido, tardando alrededor de 12 años. Debido a este movimiento más rápido Júpiter es capaz de dar satisfacción a la necesidad del hombre de sabiduría. Y cuando, a la hora cósmica del destino en la vida de un ser humano, se establece una cierta relación entre Júpiter y Saturno, relampaguean en el destino humano maravillosos momentos de iluminación en los que se revelan a través del pensamiento muchas cosas del pasado.

Si nos remontamos en la historia a la época del Renacimiento -en particular durante su último período- cuando se produjo una gran renovación de los antiguos impulsos, veremos que esto estaba relacionado directamente con una cierta relación entre Júpiter y Saturno.

Pero, como ya se ha dicho, Júpiter es en cierto aspecto impenetrable y sus revelaciones permanecen en el inconsciente a no ser que el hombre aporte pensamientos propios claros y llenos de luz activa. Y es por eso que en los tiempos antiguos, cuando el pensamiento activo se encontraba todavía en un estado muy inicial de desarrollo, el progreso de la humanidad dependía en verdad de la relación entre Júpiter y Saturno. Cuando Júpiter y Saturno formaban una constelación determinada, se revelaban muchas cosas a nuestros antepasados.

La humanidad actual depende más de recibir  la memoria de Saturno y la sabiduría de Júpiter por separado en el curso de su desarrollo espiritual.

Marte

Ahora llegamos a Marte. Es difícil encontrar las expresiones adecuadas para estas cosas, pero Marte puede ser llamado el gran “hablador” del sistema planetario. A diferencia de Júpiter, que retiene su sabiduría en forma de pensamientos, Marte impulsivamente chismorrea a las almas en su esfera lo que le es accesible en el cosmos, que no lo es todo. Marte es el planeta más locuaz en nuestro sistema, y ​​está particularmente activo cuando los seres humanos hablan durante el sueño. Marte tiene un gran deseo de estar continuamente hablando, y cuando alguna cualidad de la naturaleza humana  hace a esta locuaz, se estimula esta tendencia.

Marte piensa poco. En su esfera tiene pocos pensadores, y muchos charlatanes. Los espíritus de Marte están siempre al acecho de lo que surge aquí o allá en el universo y luego hablan de ello con gran entusiasmo y fervor. Marte es la individualidad planetaria que en el curso de la evolución de la humanidad instiga a los seres humanos de múltiples maneras a hacer declaraciones sobre los misterios del cosmos. Marte tiene su lado bueno y su lado menos bueno, tiene su genio y su demonio. Su genio funciona de tal manera que los hombres reciben del universo los impulsos para el habla, la influencia de los resultados de su demonio es el habla mal utilizada en muchas y variadas maneras. En cierto sentido, Marte puede ser llamado el agitador del universo. Siempre intenta persuadir mientras que Júpiter sólo quiere convencer.

Venus

El planeta Venus es diferente. En cierto modo ¿cómo decirlo? – Venus esquiva al universo. Es difícil de abordar, no quiere saber nada sobre el universo. Su actitud es que si ella tuviera que exponerse al universo externo, perdería su naturaleza virginal. Se conmociona profundamente cuando alguna impresión desde el universo externo intenta acercarse a ella. No tiene ningún deseo del universo y rechaza a todo posible pretendiente, es muy difícil de expresar estas cosas, en un lenguaje humano. Por otra parte, Venus es muy sensible a todo lo que viene de la Tierra. La Tierra es, por así decirlo, su amante.

Considerando que la Luna refleja todo el universo circundante, Venus no refleja nada del universo, no quiere saber nada de él. Pero refleja amorosamente todo lo que viene de la Tierra. Si con los ojos del alma fuéramos capaces de vislumbrar los misterios de Venus, aparecería ante nosotros la Tierra entera con todos  sus secretos.

La verdad es que los seres humanos en la Tierra no puede hacer nada en el secreto de su alma sin que sea reflejado por Venus. Venus mira profundamente en los corazones de los seres humanos, porque eso es lo que le interesa, eso es lo que nos va a permitir acercarnos a ella. Así, las experiencias más íntimas de la vida terrenal se reflejan de nuevo de Venus, de un modo misterioso y maravilloso. En su reflejo lo transforma todo, como el sueño transforma los acontecimientos de la existencia física. Venus transforma los sucesos de la vida terrenal en imágenes oníricas. En realidad, toda la esfera de Venus es un mundo de ensueño. Los secretos de los hombres en su existencia terrenal son transformados por Venus en imágenes oníricas de diversidad infinita. Tiene muchísimo que ver con los poetas, aunque estos no sean conscientes de ello.

Como dije antes, Venus esquiva al resto del universo, pero no repele todo de la misma manera. En su corazón, Venus rechaza lo que se acerca a ella desde el universo, pero no lo que viene de la Tierra. Rechaza cada uno de los posibles pretendientes, pero escucha atentamente las palabras de Marte. Venus transforma e ilumina sus experiencias oníricas de las cosas terrenales con lo que se le comunica desde el universo a través de Marte.

Todas estas cosas tienen su lado físico. Los impulsos planetarios  influyen en lo que se hace y lo que comienza a existir en el mundo. Venus recibe en sí misma todo lo que viene de la Tierra y escucha siempre a Marte, pero sin ningún deseo de que él se percate de su atención. Y a partir de este proceso y  por supuesto, del Sol que está ahí para regular, surgen las fuerzas que subyacen a los órganos relacionados con la formación de la voz humana.

Si queremos comprender los impulsos en el universo conectados con la formación del habla humana, debemos dirigir nuestra mirada a esa extraña vida que se teje entre Venus y Marte. Cuando el destino lo quiere, la relación entre Venus y Marte es un factor de gran importancia en el desarrollo del habla o del lenguaje de un pueblo. La lengua se profundiza, imbuida de la cualidad del alma, cuando, por ejemplo, Venus está en cuadratura con Marte. Por otro lado el lenguaje tiende a ser superficial, pobre en cualidades del alma, cuando Venus y Marte están en conjunción, y esto a su vez tiene una influencia sobre el pueblo o la nación en cuestión. Tales son los impulsos que se originan en el universo y luego influyen en el mundo terrenal.

Mercurio

Llegamos a Mercurio. A diferencia de los otros planetas a Mercurio no le interesan las cosas de naturaleza física o material en sí, sino todo lo que es susceptible  de coordinación. Mercurio es el dominio de los Maestros del pensamiento coordinador; Júpiter, la morada de los Maestros del pensamiento lleno de sabiduría.

Cuando un ser humano desciende de la vida pre-terrenal  a la existencia terrenal, es el impulso de la Luna el que proporciona las fuerzas de su existencia física. Venus ofrece las fuerzas de las cualidades básicas de corazón y temperamento. Mercurio proporciona las capacidades de la inteligencia y de la razón, sobre todo de intelecto. Los Maestros de las fuerzas del conocimiento coordinador y la actividad mental tienen su morada en Mercurio.

Existe una notable relación entre estos planetas y la vida y el ser humano.

La Luna, santuario de los seres que viven en aislamiento estricto, que refleja lo que le llega desde el universo, moldea y construye  la forma externa, el cuerpo del hombre. Es a través de la Luna que las fuerzas de la herencia se incorporan en su constitución corporal. La Luna es la ciudadela cósmica de esos seres espirituales que, en completo aislamiento, meditan sobre lo que se transmite en la corriente hereditaria que fluye de generación en generación a través de lo físico.

Es porque los seres Lunares permanecen tan firmemente atrincherados en su fortaleza que los científicos modernos no saben nada esencial acerca de la herencia. Desde una visión más profunda, y en términos de lenguaje cósmico, se podría decir que la herencia tal y como la trata la ciencia en la actualidad esta dejada de la mano lunar y hechizada por Marte. La ciencia habla bajo la influencia de las fuerzas demoníacas de Marte y ni siquiera ha comenzado a barruntar los verdaderos misterios de la herencia.

Venus y Mercurio introducen en el ser humano el elemento kármico que se conecta más con la vida del alma y del espíritu y se expresa en las cualidades del corazón y en el temperamento.

Por otro lado, Marte, Júpiter y Saturno sobre todo cuando el hombre tiene una buena relación con ellos, actúan como factores liberadores. Arrebatan al hombre de lo que está determinado por el destino y  le convierten en un ser libre.

En una forma algo cambiada podríamos utilizar las palabras bíblicas de la siguiente manera. Saturno, el custodio fiel de la memoria cósmica, dijo: Hagamos al hombre libre en el ámbito de su propia memoria. Entonces la influencia de Saturno se sepultó en el inconsciente, la memoria del hombre se convirtió en su propia posesión y con ello adquirió el fundamento sólido de su libertad personal.

El intimo impulso de voluntad contenido en los actos de pensamiento libre se debe a la gracia concedida por Júpiter. Júpiter tendría el poder de  gobernar y controlar todos los pensamientos de los hombres. Él es el único en quien encontramos el pensamiento de todo el universo, si somos capaces de acceder a ellos. Pero Júpiter también se ha retirado, dejando que los humanos  piensen como seres libres.

El elemento de libertad en el habla es debido al hecho de que Marte también ha sido misericordioso. Marte se vio obligado, por así decirlo, a aceptar la resolución tomada por los otros planetas exteriores y no pudo ejercer ninguna coacción. Como consecuencia el hombre es libre, en cierto modo, en el ámbito del habla, no del todo, pero en cierto sentido es libre.

Podemos por tanto llamar a Marte, Júpiter y Saturno planetas liberadores, dan la libertad al ser humano.  Por otro lado, Venus, Mercurio y la Luna pueden ser llamados los planetas que determinan el destino.

Sol

En medio de todos estos actos e impulsos de las individualidades planetarias se encuentra el Sol, creando armonía entre los planetas liberadores y los planetas que determinan el destino.

El Sol es la individualidad en la que el elemento de necesidad del destino y el elemento de la libertad humana se entrelazan de una manera maravillosa. Y nadie puede entender lo que está contenido en el brillo llameante del Sol a menos que sea capaz de contemplar esta vida entretejida de destino y  libertad en la luz que se propaga hacia el universo y se concentra de nuevo en el calor solar.

Tampoco podemos entender nada fundamental de la naturaleza del sol mientras tengamos en cuenta solo lo que los físicos describen al respecto. Solo podremos comprender la naturaleza del sol cuando sepamos algo sobre su naturaleza anímica y espiritual.

En el sol reside el  poder que infunde calor al elemento de necesidad en el destino,  en su llama se resuelve el destino en libertad, y ​​si la libertad es mal utilizada, la condensa de nuevo en su propia sustancia activa.

El Sol es la llama en la que la libertad se convierte en una realidad luminosa en el firmamento, y al mismo tiempo el Sol es la sustancia en la que, como cenizas condensadas, la libertad mal empleada se moldea en destino. Hasta que el destino deviene luminoso y arde en la llama de la libertad.

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