Yoga Oriental y Yoga Occidental II

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

 

SEXTA LECCIÓN

Lo que conviene establecer antes de seguir más adelante, es que el Yoga o iniciación no es un acontecimiento tumultuoso, sino un desenvolvimiento lento, un cambio de los más íntimos. Por lo general uno se figura que se trata de una serie de manipulaciones externas o prácticas ascéticas, pero no hay nada de eso. Todo debe ocurrir en las profundidades del alma. Hablaremos de las reglas prácticas de este desenvolvimiento. Se dice que el principio de la iniciación era peligroso y que el que lo emprendía se exponía a serios peligros. En esto sí hay algo de cierto, y trataremos de explicarlo científicamente.

La iniciación yoga, es una especie de alumbramiento del Alma superior que existe latente en todo ser humano, y esta iniciación presenta para el alma inferior, o más exactamente, para el cuerpo astral, peligros análogos a los del alumbramiento físico, con este parecido, además, que el Alma Divina sale dolorosamente del alma pasional, como el niño del seno de su madre, y esta diferencia, que el alumbramiento espiritual dura muchísimo más tiempo.

Empleamos aún otra comparación. El Alma Superior está estrechamente ligada al alma animal. Su fusión es lo que atempera las pasiones. Las espiritualiza y las domina, según el grado de inteligencia y de voluntad. Esta fusión tiene una ventaja para el hombre. Pero esta ventaja se obtiene al precio de la clarividencia que se pierde. Imaginémonos un líquido verde, compuesto químicamente de azul y amarillo. Si podemos disociar el líquido químicamente, el líquido amarillo se irá al fondo, mientras que el azul pasará a la superficie. Y otro tanto ocurre en el hombre cuando el Yoga separa el alma animal del Alma Espiritual. El Alma Espiritual obtiene la clarividencia, por el alma animal, que queda sola, y si no ha sido todavía purificada por el yo, se entrega sin control al exceso de sus pasiones. Y este es el hecho que puede comprobarse frecuentemente en los médiums. Contra este peligro terrible se previene a veces a los iniciados con estas palabras: el Guardián del Umbral.

Por eso, como primer requisito, se exige que el iniciado sea de un carácter firme y un hombre completamente dueño de sus pasiones. El Yoga debe, pues, ir precedido de una disciplina severa y de ciertas condiciones, la primera de las cuales es la calma y la soledad. La moral ordinaria no es suficiente, porque no se refiere más que a la conducta del hombre en el mundo externo mientras que el Yoga se refiere al hombre interno. Si se nos dijera: la piedad basta, contestaríamos: la piedad es una hermosa virtud, una virtud necesaria, pero nada tiene que hacer con el desenvolvimiento oculto. La piedad sin la sabiduría es impotente. Para el Ocultista, para el verdadero Iniciado, se trata de cambiar la dirección de la corriente de su vida. El hombre actual está determinado e impulsado en todos sus actos por las sensaciones, es decir, por el mundo exterior. Todo lo que está determinado por el lugar o el tiempo nada significa. Hay que sobrepasarlos. ¿Qué medios se emplean para lograr tal fin?

Fijar el pensamiento en un solo objeto y sujetarlo allí. Esto se llama adquirir el dominio del pensamiento.

Operar de la misma manera en todos los actos, grandes y chicos: dominándolos, regulándolos y colocándolos bajo el dominio de la voluntad. Todos los actos deben ser el resultado de una iniciativa interior. Esto es el dominio de las acciones.

Equilibrio de ánimo. Es necesario lograr la moderación en el dolor y en el placer. Goethe dice que el alma que ama tan pronto está alegre, tan pronto triste, hasta la muerte. El ocultista debe soportar con la misma ecuanimidad el dolor más grande o la alegría más intensa.

Optimismo. El estado de ánimo que consiste en tratar de ver siempre el lado bueno de las cosas. En todas partes, hasta en el crimen y en lo absurdo, hay algo de bueno. Una leyenda persa relata que al pasar el Cristo frente al cadáver de un perro sus discípulos se echaron atrás con horror, mientras que el Cristo mismo, después de haber contemplado este repugnante espectáculo, dijo simplemente: ¡Qué lindos dientes!

La confianza. La apertura del espíritu ante todo nuevo fenómeno, el no dejarse determinar por el pasado en sus juicios.

El equilibrio interior, que resulta de todos estos medios preparatorios. Entonces se encuentra uno maduro para el ejercitamiento interior del alma. Ya está pronto para emprender el sendero.

La meditación. Es necesario volverse ciego y sordo con respecto al mundo externo y sus recuerdos, hasta el punto de que un cañonazo no logre perturbarnos. Cuando uno ha logrado hacer el vacío entonces puede recibir en sí mismo lo que viene del interior. Entonces hay que despertar al alma profunda mediante ciertas ideas que la harán remontar hacia su fuente.

En el libro “Luz en el Sendero” se encuentran cuatro sentencias propias para ser empleadas como temas de meditación, de concentración interior. Son sentencias antiquísimas, que han sido empleadas por los iniciados durante siglos enteros y cuyo sentido es profundo y múltiple.

  • “Antes de que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de llorar.
  • “Antes de que el oído pueda oír, debe haber perdido la auditividad.
  • “Antes de que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros, debe haber perdido el poder de herir.
  • “Antes de que el alma pueda erguirse en presencia de los Maestros, es necesario que lave sus pies en la sangre del corazón”.

Estas cuatro sentencias tienen un poder mágico. Pero, para sentirlo, es necesario dejarlas vivir dentro de sí mismo, sin cansarse, como una madre que ama a su hijo.Este primer ejercitamiento tiene el poder de desarrollar el cuerpo etérico y muy particularmente su parte superior, que corresponde a la cabeza.

Después de haber tratado así la parte superior del cuerpo etérico, es necesario desenvolver una parte más profunda del ser: el sistema sanguíneo y respiratorio, el corazón y los pulmones. Antiguamente, en lejanas épocas de desenvolvimiento terrestre, el hombre vivía en el agua y respiraba por branquias, como los peces de la actualidad. Los libros sagrados de la antigüedad señalan el momento en que el hombre comenzó a respirar aire diciendo, como en el Génesis: “Dios dio su aliento al hombre”. El discípulo tiene entonces que cambiar su sistema de respiración y purificarlo. Todo desenvolvimiento va del caos a la armonía, de la aritmia a la euritmia. El hombre tiene que hacer que sus instintos sean rítmicos.

En la antigüedad los diversos grados de iniciación eran designados por nombres particulares.

Primer grado: El cuervo, el que está en el umbral. El cuervo es un ave que aparece en todas las mitologías. En la “Edda” murmura en el oído de Votan lo que ve a lo lejos.

Segundo grado: Estudiante secreto u ocultista.

Tercer grado: El Guerrero, la lucha, el combate.

Cuarto grado: El león (la fuerza).

Quinto grado: El Iniciado lleva el nombre del pueblo al que pertenece: Persa, Griego, Israelita, etc, porque su alma se ha expandido hasta comprender la de todo su pueblo, país o nación.

Sexto grado: El Héroe Solar, el Heraldo o Corredor del Sol, porque su marcha se ha tornado tan armoniosa y rítmica como la del sol. El sol representaba el movimiento o el ritmo vivificador del sistema planetario. La leyenda de Icaro se refiere a la Iniciación. Icaro trató de alcanzar el sol demasiado pronto, sin preparación suficiente, y por eso cayó.

Séptimo grado: El Padre, porque ya es capaz de crear discípulos y convertirse en protector de todos los hombres, siendo a la vez el padre del nuevo hombre, dos veces nacido en el alma resucitada.

En el curso de la meditación, el pensamiento purifica el aire; podría hasta comprobarse químicamente y demostrar que entonces se expele ácido carbónico en mucha menor cantidad. El nuevo ritmo de la respiración produce un cambio en la sangre. El hombre se purifica hasta el punto de poder reconstruir su propia sangre sin el auxilio de las plantas. La prolongada actitud meditativa cambia la naturaleza de la sangre. El hombre exhala entonces menos cantidad de carbono, ya que lo retiene en sí mismo y lo utiliza en su estructura corporal. Ya no exhala más que aire puro. El hombre se vuelve así capaz de vivir en su propio aliento. Y en esta forma se realiza la transmutación alquímica.

¿Cuáles son las etapas superiores del Yoga?

Primera etapa: El iniciado encuentra la calma en su alma. Entonces surge en él la visión astral, donde todo es simbólicamente la imagen de la realidad. Esta visión astral, percibida durante el sueño, es todavía incompleta.

Segunda etapa: Los sueños dejan de ser caóticos y se vuelven regulares. Entonces comienza a comprenderse la verdadera relación entre el simbolismo de los sueños y la realidad: se vuelve uno señor de lo astral. Entonces la Luz Astral, que brota del interior, se despierta en el alma que aprende a ver a las otras almas como realidades.

Tercera etapa: La continuidad de la conciencia va estableciéndose entre el estado de vigilia y el estado de sueño. Antes la vida astral se reflejaba en los sueños durante el sueño liviano, pero ahora aparecen en el sueño profundo otras concepciones que son puramente auditivas y que se manifiestan en forma sonora. Entonces el alma comienza a sentir la voz (El Verbo) interior de todos los seres en forma de maravillosa armonía.

Esta armonía es la manifestación de la vida real. Platón y Pitágoras llamaron a esta armonía la música de las esferas. No era una metáfora poética, sino la vibración profunda del alma íntima bajo las ondas sonoras que emanaban del alma del mundo. Goethe, que fue iniciado en su juventud entre el período de Leipzig y de Strasburgo, conocía esta armonía de las esferas. Y, a principios del Fausto, la canta cuando pone en labios del ángel Rafael las siguientes palabras:

“El sol vibra en el cielo;

“Las esferas fraternales resuenan

“Y prosigue su curso infalible,

“Mientras su voz rueda como un trueno”.

Durante el sueño profundo, el iniciado escucha estos sonidos como si fuera el sonido de trompetas o el rugido de los truenos.

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