El Hombre, hijo del Mundo Estelar.

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner pronunciada en Dornach, el  5 de mayo 1921. GA 204

English Versión

La Civilización de la Cuarta Época Post-Atlante -el período de evolución del Alma Racional en la Humanidad- fue dirigida desde los Antiguos Misterios Griegos. Es decir: de allí salieron las indicaciones sobre las cuales se basaba la cultura humana, emitida desde los misterios de los Santuarios que existían aquí y allá en Asia Menor y Europa del Sur. Una parte esencial de estas enseñanzas ocultas era el secreto de la relación del hombre con el Sol. En el libro “Teosofía” se explica que el Yo, se enciende en el Alma Intelectual o Racional y entra en posesión con toda su fuerza interior, durante la era de la Consciencia, o del Alma Consciente.

Desde cierto punto vista, el Yo del hombre, durante la Época Cultural del Alma Racional, o del intelecto, estaba destinado a despertarse, era pues natural que los Misterios de esa época estuvieran enfocados en los secretos del Sol y su conexión con el Yo humano. En el libro  “Enigmas de la Filosofía”, se dice que la vida del pensamiento griego consistía en una percepción real del mundo exterior. El pensamiento griego era al mismo tiempo una percepción, al igual que hoy en día percibimos los colores o  los sonidos. Los pensamientos y concepciones de los griegos no se objetivaron simplemente por la actividad interior del alma, sino que nacieron como desde los propios objetos.

En este sentido, el pensamiento de Goethe, poseía sin duda, cualidades comunes con el pensamiento griego. Esto nos queda claro en su famosa conversación con Schiller. Schiller dijo que las concepciones de Goethe no eran percepciones, sino ideas, y hasta Goethe replicó que él realmente veía a las ideas antes de poder percibirlas objetivamente.

La vida pensante en la Antigua Grecia se asoció con una experiencia interior muy definida, que surgía cuando los hombres contemplaban el mundo alrededor. Consideraban que la sustancia de las ideas se encendía en ellos con el amanecer del sol. Con la salida del Sol, veían la aparición en el espacio de la vida de las ideas, y la vida de las ideas desaparecía de nuevo con el ocaso del sol.

Los pensamientos y concepciones de los griegos no fueron traídos a la existencia simplemente por la actividad interna del alma, sino que nacieron como desde los propios objetos.

 Los hombres actualmente han perdido la facultad de percibir y experimentar la espiritualidad del mundo que nos rodea. Cuando se eleva el Sol, sólo ven los fenómenos de la luz y color que allí aparecen. Y lo mismo cuando el Sol llega a su ocaso, por el resplandor rojo de la noche. Los griegos consideraron que al amanecer se les acercaba el mundo de las ideas y  al atardecer desaparecía . A su juicio, en la oscuridad de la noche, estaban privados del mundo de las ideas. Y cuando miraban al cielo, que ahora nos parece azul, los griegos usaban una palabra que simplemente significa “oscuridad”, sintieron que su mundo de ideas llegaba a su fin en los límites del  espacio visible.

Más allá de este mundo espacial, el griego adivinó la existencia de otros mundos, el mundo de los pensamientos de los dioses, que se conectaba con la luz. Este mundo parecía estar concentrado en el Sol viviente, que se retiraba durante la noche dejando oscuros los espacios del firmamento. Sin una visión de este mundo, completamente diferente en la percepción y la experiencia, no podemos entender la evolución de la vida anímica del hombre.

Esta facultad de percepción interior funcionó durante un cierto período de tiempo, pero despues, los representantes más avanzados de la raza humana, que habían recibido su formación en los Misterios Griegos, comenzaron a sentir que estaba menguando el poder de percibir las radiaciones espirituales de la vida Solar en el espacio cósmico, y vieron la salvación en el Misterio del Gólgota, ya que el impulso proveniente del Misterio del Gólgota  hizo posible volver a encender la luz dentro del propio ser. Y trataron de experimentar la luz, al entrar en el Espíritu de los acontecimientos relacionados con el Misterio del Gólgota.

golgota

Ahora bien, el intelecto por sí solo no puede darnos ningún conocimiento real de lo que pasa en la vida de la humanidad a través de los siglos. Cuando estudiamos el curso de la evolución humana, no debemos olvidar la gran metamorfosis, que tuvo lugar en la vida del alma. Desde el comienzo del siglo XV entramos en la época del desarrollo del Alma Consciente y en nuestra  actividad interior, intelectual, sólo tenemos un reflejo oscuro de la espiritualidad que impregnó la vida mental en el cuarto período de la civilización Post-Atlante. Nuestra tarea, es despertar una facultad del alma, que acelere en este intelecto tenebroso, una comprensión del universo. Este intelecto sombrío, característica de toda la cultura moderna, tiene al hombre encadenado a la Tierra. El hombre sólo tiene puesta su mirada hacia las cosas de la Tierra, especialmente cuando se deja influir por las pretensiones de la ciencia moderna. Actualmente pocos se paran a pensar que su ser pertenece, no solo a la Tierra, sino al Cosmos. Necesitamos el conocimiento de nuestra conexión con el cosmos.

astros

Tomamos la vida terrenal como base para desarrollar nuestras ideas y conceptos y construimos una concepción del universo de acuerdo con las condiciones de esta vida terrenal. Estamos desarrollando la imagen del Universo con la simple transferencia de las condiciones terrenales al mundo más allá de la Tierra. Por medio de métodos de análisis  espectrales, y otros, a su manera admirables, se ha creado una concepción del Sol que en realidad es un modelo a semejanza de las condiciones de la tierra. Todo el mundo está familiarizado con la aparición de ese cuerpo de gas luminoso, incandescente, y esta imagen se transfiere al sol en el cielo.

Pero tenemos que aprender a pensar en el sol, a la luz de la Ciencia Espiritual. El Sol, que el físico cree que es un cuerpo luminoso de gas en el espacio cósmico, es espiritual hasta la médula. El Sol recibe la luz cósmica y la irradia a la Tierra, pero el Sol no es físico en absoluto. Es espiritual en toda su naturaleza y ser.

El griego tenía razón cuando sentía que el Sol estaba relacionado con el desarrollo de su yo, y el desarrollo del Yo se asocia con la inteligencia y la facultad de formar ideas. Los griegos concibieron los rayos del Sol como el poder que encendía y aceleraba el Yo. Todavía eran conscientes de la espiritualidad del Cosmos, y el Sol era un ser vivo, relacionado con el Yo humano de una forma absolutamente concreta. Cuando el hombre se dice “Yo” a sí mismo, experimenta una fuerza que está trabajando en su interior, y el griego, al sentir el trabajo de esta fuerza interior, la relacionaba con el sol. El griego se decía a sí mismo: “el Sol y Yo son los aspectos externos e internos de uno y el mismo ser. El sol que hay en el espacio es el  Yo Cósmico. Lo que vive dentro de mí es el Yo humano”.

sol

De hecho, esta experiencia todavía llega a aquellos que tienen un sentimiento más profundo de la naturaleza. La experiencia no es tan intensa como lo fue en los días de Grecia, sino para todos a los que aún les es posible llegar a ser conscientes de las fuerzas espirituales permanentes de los rayos del sol en primavera. Hay gente aquí y allá que sienten que el Yo está imbuido de un nuevo vigor cuando los rayos del sol comienzan a brillar sobre la Tierra con más fuerza. Pero esto es un eco débil último, una cáscara externa de una experiencia que está desapareciendo por completo en el intelectualismo abstracto, oscuro, predominante en todas las ramas de la actual civilización. La tarea que tenemos ante nosotros es empezar de nuevo a investigar y comprender la relación del ser humano con la existencia supra-terrenal.

Si profundizamos en lo que se encuentra en la literatura antroposófica, seremos capaces de comprender la forma en que se relaciona el Sol con el Yo. Podremos ver que las fuerzas que llegan a la Tierra desde el Sol y la Luna son totalmente diferentes en carácter y función. En cierto sentido, el Sol y la Luna están polarizados. Las fuerzas que fluyen desde el Sol permiten al ser humano  convertirse en el portador de un Yo. Le debemos a los rayos del sol la energía que moldea la forma humana como una imagen del Yo. Las fuerzas que determinan la forma humana desde el exterior, incluso durante el período de vida embrionaria, son las fuerzas activas del Sol. Mientras que el embrión se desarrolla en el cuerpo de la madre, está sucediendo mucho más de lo que sueña la ciencia moderna. La ciencia moderna opina que las fuerzas se originan a partir del mismo germen fecundado. Pero la verdad es que el embrión humano sólo descansa allí, en el cuerpo de la madre; y son las fuerzas solares las que le dan forma. Estas fuerzas solares están, por supuesto, asociadas con las fuerzas de la luna que también están trabajando, pero de una manera diferente.

sol

Las fuerzas lunares trabajan sobre todo en los procesos metabólicos internos. Por tanto, podemos decir: las fuerzas solares dan forma al ser humano desde el exterior. La Luna irradia como fuerza centrífuga desde el centro del proceso metabólico.

Esto no contradice el hecho de que estas fuerzas Lunares trabajen por ejemplo, en la conformación y moldeado del rostro humano. Las fuerzas de la Luna trabajan como si fuera por atracción, en la formación del rostro humano, diferenciando las características, así hay una interacción entre estas fuerzas lunares y las fuerzas solares. El organismo conectado con la procreación está sujeto a las fuerzas solares; todo el ser del hombre está involucrado de esta manera en la interacción entre las fuerzas del Sol y las fuerzas de la Luna.

Sin embargo debe hacerse una distinción entre las fuerzas Lunares que trabajan en los procesos internos del metabolismo en el hombre, y las fuerzas que se originan en los procesos metabólicos en sí. Las fuerzas lunares fluyen en el proceso metabólico, pero este proceso metabólico tiene también sus propias fuerzas. Y estas son las fuerzas terrenales. Las sustancias y fuerzas vegetales así como otros productos alimenticios trabajan en el ser humano en virtud de su propia naturaleza inherente. Trabajan aquí, como fuerzas de la Tierra. El metabolismo es principalmente el resultado de la actuación de las fuerzas de la Tierra.

Si las sustancias alimenticias fueran las únicas en desplegar sus propias fuerzas dentro del organismo humano, el hombre no sería nada más que un juego caótico de fuerzas. El hecho de que estas fuerzas trabajen sin descanso para renovar y reconstruir el ser del hombre, no se debe solo a la Tierra, también se deben a la Luna. El ser humano tiene la forma de adentro hacia afuera por las fuerzas de la luna, y desde el exterior hacia el interior por las fuerzas del sol, debido a que los rayos solares son recibidos por el ojo en la organización cefálica. Las fuerzas solares trabajan en el organismo, pero desde fuera.

sol-luna

Así, tenemos por un lado, el desarrollo y la evolución del yo del hombre, que depende de las fuerzas del sol. Sin el Sol, el hombre no podría ser un Yo viviente en la Tierra y, por otro el hombre no podría reproducirse, no podría existir el género humano sin las fuerzas de la Luna. Es el Sol el que coloca al hombre como individualidad en la Tierra, y es la Luna  la que “encanta” a la raza humana a la Tierra, la raza humana concebida aquí como un todo. La raza humana como el producto físico de las generaciones, es un producto de las fuerzas de la Luna, que trabajan en el proceso generativo. Como individualidad, el hombre es el producto de las fuerzas solares.

Por tanto, si queremos entender el ser humano y la raza humana en su conjunto, no podemos hacerlo a través de un estudio que se limite solamente a las condiciones de la Tierra. Vanos son los esfuerzos de los geólogos por entender al ser del hombre mediante la investigación de la naturaleza. El hombre no es sólo una creación de la Tierra. Recibe  la forma del cosmos, es un descendiente del mundo de las estrellas, sobre todo, del Sol y la Luna. De la Tierra se derivan solamente aquellas fuerzas que están contenidas en los productos de la tierra. Estas fuerzas trabajan fuera del ser humano y también dentro de él cuando se introducen en el organismo a través de la alimentación. Pero una vez introducidas en el organismo, son asumidas por fuerzas de orden supra-terrenal. El proceso que tiene lugar en el organismo humano no es en absoluto un asunto de la tierra. Este proceso transcurre por y a través del mundo de las estrellas. Este es el tipo de conocimiento, que debemos esforzarnos por recuperar.

Pensemos en el ser humano tal y como se muestra ante nosotros en su cuerpo físico. Este cuerpo físico necesita consumir los productos alimenticios procedentes del mundo exterior y las fuerzas de esos alimentos continúan trabajando en el cuerpo. Pero el cuerpo físico, está permeado por el cuerpo astral y en el cuerpo astral trabajan activamente las fuerzas lunares y las fuerzas solares. El cuerpo etérico media, entre el cuerpo físico y el astral.

Cuando estudiamos las fuerzas que obtenemos de los alimentos, nos encontramos, para empezar, con que estas fuerzas se activan en el cuerpo físico, después se absorben por el cuerpo astral que a su vez recibe constantemente la influencia del Sol y de la Luna. Pero entre el cuerpo físico y el cuerpo astral actúa el cuerpo etérico. Las fuerzas del cuerpo etérico no provienen de la Tierra, sino del espacio cósmico. Cuando ingerimos los productos de la tierra, acogemos en nuestro ser las sustancias terrenales en su condición sólida, líquida o gaseosa, y ellas son metabolizadas por las fuerzas del Sol y de la Luna. Pero en el organismo humano también trabajan las fuerzas que fluyen del espacio cósmico. Las fuerzas contenidas en los alimentos vienen de la Tierra, pero desde el espacio cósmico fluye una corriente de fuerzas etéricas. Estas fuerzas etéricas también las asimilan los productos alimenticios y trabajan sobre ellos de tal manera que se hacen interiormente sensibles a la luz y al calor. Decimos, por lo tanto: el ser humano es parte de la Tierra, porque tiene un cuerpo físico. Su cuerpo etérico le relaciona con todo el ambiente de la Tierra. A través de su cuerpo astral está involucrado en las fuerzas del Sol y de la Luna.

Ahora bien, estas influencias astrales del Sol y la Luna se modifican y  diferencian en alto grado a medida que trabajan en el hombre “superior”.  Por hombre “superior” entendemos la parte del organismo que está rodeada y atravesada por el torrente sanguíneo que pasa hacia arriba desde el corazón en la dirección de la cabeza. Por la parte “inferior” del hombre, entendemos la parte situada por debajo del corazón.

Así tenemos que la parte superior del hombre, incluyendo la cabeza y todo lo que está orgánicamente conectado con la cabeza. La formación de esta parte del organismo depende, principalmente, de las influencias del sol. Su período más importante del desarrollo es durante la vida embrionaria. La influencia del Sol trabaja sobre el embrión de una manera muy especial, pero estas influencias siguen estando activas mientras el ser humano viva en el mundo físico entre el nacimiento y la muerte.

 Las influencias astrales que trabajan en esa parte del organismo humano se encuentran por encima del corazón, hablando a grandes rasgos, (ya que sería necesario entrar en detalles más precisos si estuviéramos describiendo la circulación de la sangre), estas influencias astrales después son modificadas por las influencias de Saturno, Júpiter y Marte.

Saturno en su órbita alrededor del Sol desarrolla fuerzas y las envía a la Tierra. Estas fuerzas de Saturno trabajan en el cuerpo astral del hombre, sobre todo en la parte del cuerpo astral que corresponde al hombre «superior». Estas corrientes se impregnan en el cuerpo astral del hombre y son el factor esencial en el logro de una conexión adecuada entre el cuerpo astral y el cuerpo físico.

Por ejemplo, cuando el hombre no puede dormir bien, es decir, cuando su cuerpo astral no puede desprenderse adecuadamente de su cuerpo etéreo y físico y cuando al despertar no puede volver a integrarse adecuadamente al cuerpo físico, es consecuencia de un efecto inapropiado de las fuerzas de Saturno.

 En otras palabras, Saturno es el cuerpo celeste que, a través de la cabeza humana, promueve y se responsabiliza de establecer la relación adecuada del cuerpo astral del hombre con su cuerpo etérico y su cuerpo físico. Y son las fuerzas de Saturno también las que median en la relación del cuerpo astral y el Yo, porque la relación de Saturno con el Sol se expresa en el tiempo y el espacio ya que Saturno logra su órbita alrededor del Sol en un período de treinta años.

En el ser humano, la relación de Saturno con el Sol se expresa en una adecuada relación del yo con el cuerpo astral, pero fundamentalmente en la adecuada integracion del cuerpo astral en la organización humana. La conexión de Saturno con la parte superior del cuerpo astral se consideró como un factor de gran importancia en los tiempos antiguos. En el período egipcio-caldeo, tres o cuatro mil años antes del Misterio del Gólgota, los maestros iniciados de los Misterios juzgaban al ser humano de acuerdo con su relación con Saturno, que se revelaba por la fecha y hora del nacimiento. Estos iniciados, sabían muy bien que por la posición de Saturno en el cielo en el momento del nacimiento del hombre, se sabía exactamente si bajo esta o aquella constelación saturnina el ser humano podía integrar mejor o peor su cuerpo astral  en su cuerpo físico. El conocimiento de estas influencias jugaban un papel muy importante en los aquellos tiempos.

astral

 Pero el progreso ulterior de la evolución se denota precisamente por el hecho de que en nuestra época, que, como ustedes saben, se inició en el siglo XV, tenemos que liberarnos de estas fuerzas e influencias.

Por favor, no me malinterpreten. Esto no quiere decir que Saturno no esté obrando en nosotros hoy en día. Naturalmente, las fuerzas de Saturno obran en nosotros, de la misma manera como obraban en la antigüedad, pero ahora debemos aprender a hacernos libres e independientes de ellas. ¿Y cómo podemos liberarnos?. Nada es peor que entregarse al sombrío intelectualismo de nuestra época. Si hacemos eso, las fuerzas de Saturno toman rienda suelta en nosotros y dan lugar a los llamados trastornos nerviosos que son tan frecuentes en estos tiempos. Cuando un hombre sufre de «nervios», como decimos, es porque su cuerpo astral no está bien conectado con su organización física. Esta es la base de los síntomas nerviosos mórbidos que son tan comunes hoy en día.

Debemos esforzarnos en desplegar una cosmovisión apropiada para alcanzar la Imaginación. Cuando se persiste en representaciones de ideas y conceptos abstractos, el ser humano se torna cada vez más nervioso, porque se aleja de la actividad saturnina, pero como ella sigue actuando en su interior, lo vapulea de aquí para allá, extrayendo el cuerpo astral de su sistema nervioso, y lo conducirá mas y mas a un estado de tensión nerviosa y excitabilidad. Los trastornos nerviosos de nuestra época deben ser reconocidos en su aspecto cósmico, porque ellos son causados por un funcionamiento irregular de las fuerzas de Saturno.

Al igual que Saturno trabaja principalmente en la parte superior del cuerpo astral actuando sobre todo el organismo humano a través del sistema nervioso, Júpiter está activo en el pensamiento. Cuando un hombre piensa, una parte de su cuerpo astral entra en actividad. Son preeminentemente las fuerzas de Júpiter en el cuerpo astral las que fortalecen la facultad de pensar, y Júpiter es el responsable de permear el cerebro humano con las fuerzas astrales.

Las influencias de Saturno continuarán a lo largo de toda la vida humana. El comienzo de una vida humana realmente se puede decir que consta de los tres primeros períodos de diez años. Este es el período de crecimiento, de hecho la actividad de las fuerzas de crecimiento no cesan hasta después de los 30 años. Y toda nuestra vida y nuestra salud depende de cómo se desarrolle nuestro cuerpo astral durante esos treinta años. Saturno tarda treinta años en completar su órbita alrededor del Sol, lo que tiene su paralelo exacto en la vida del hombre.

El desarrollo de la facultad de pensar se lleva a cabo fundamentalmente durante los primeros doce años de vida. Una vez más nos encontramos con el paralelismo de la órbita de Júpiter.

Al igual que Júpiter tiene que ver con el pensamiento, Marte tiene que ver con  el habla, con el discurso.

♄ – Saturno: Parte superior del cuerpo astral como un todo.
♃ – Júpiter: Pensamiento
♂ – Marte: El habla, el discurso

Marte trabaja en una parte aún más pequeña del cuerpo astral que la que corresponde al pensar y al resto de la organización humana. Y el desarrollo de las fuerzas que finalmente se expresan en el lenguaje, depende del funcionamiento de Marte dentro de nuestro ser. El hombre aprende a pronunciar los primeros sonidos del habla en un período que corresponde aproximadamente a la mitad del tiempo requerido por Marte en completar su órbita alrededor del sol.

Vemos, entonces, que el desarrollo de las facultades situadas principalmente en la región de la cabeza humana está conectada con las fuerzas de Saturno, de Júpiter y de Marte. Las fuerzas de los tres planetas exteriores, por lo tanto, trabajan en el interior del cuerpo astral a través de la vida del hombre.

El Sol se conecta más directamente con el Yo, Saturno, Júpiter y Marte se refieren, respectivamente, con el comportamiento y el funcionamiento del cuerpo astral en el organismo humano, con la facultad de pensar y con la facultad de hablar.

Ahora llegamos a los planetas llamados interiores, los planetas que están más cerca de la Tierra y se encuentran entre la Tierra y el Sol, mientras que Saturno, Júpiter y Marte están al otro lado del sol. Las fuerzas de estos planetas interiores están igualmente conectadas con el ser del hombre. Para empezar, estudiemos a Mercurio.

Al igual que la Luna, Mercurio se relaciona con los aspectos mas internos, solo que a nuestro parecer, actúa desde el exterior, pero sus efectos comienzan en esa parte de la organización humana que se encuentra debajo del corazón y es sólo en relación con la formación del rostro humano que Mercurio trabaja desde el exterior. Sus fuerzas operan sobre la organización humana interna y desde allí son irradiadas. Allí actúa preponderantemente mediando entre los efectos del cuerpo astral y toda la actividad respiratoria y circulatoria de la organización humana. Debido a que esto, las fuerzas de mercurio intervienen, al igual que las fuerzas de la luna, en los procesos metabólicos en su conjunto, pero sólo en la medida en que el proceso metabólico está sujeto al ritmo y reacciona a su vez sobre las funciones rítmicas.

Luego tenemos a Venus. Venus trabaja por excelencia en el cuerpo etérico del hombre. Las fuerzas cósmicas activas principalmente en el cuerpo etérico, por lo tanto, son las de Venus.

Volvemos de nuevo a la Luna. Las fuerzas de la Luna en el organismo humano actúan polarizándose con las fuerzas del sol. Y además es lo que desde el interior transforma la sustancia en vida y por lo tanto está relacionada con la procreación. La Luna estimula no sólo los procesos internos, la reproducción del organismo, sino también el proceso procreador. Así tenemos:

Saturno ♄:  La parte superior del cuerpo astral como un todo.
Júpiter ♃: Pensamiento.
Marte ♂: Discurso.
Sol ☼: Yo.
Mercurio ☿: Intermediario entre el cuerpo astral y las funciones rítmicas en el organismo.
Venus ♀: Actividad del cuerpo etérico.
Luna ☾: Estimula la reproducción.

Vemos de qué manera los procesos en el organismo humano dependen del Cosmos. Por un lado, el hombre está ligado a las fuerzas terrestres a través de su cuerpo físico y por el otro está ligado a su entorno cósmico a través del cuerpo etérico.

Las fuerzas cósmicas, sin embargo, funcionan de manera diferente tal y  como he expuesto. Esta diferenciación se origina en el cuerpo astral en el que se encuentran las fuerzas de Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Mercurio, la Luna. Por medio del Yo, el Sol actúa en el hombre.

Por el hecho de que el ser humano se halla integrado en el cosmos es muy distinto si esta en un punto de la tierra y digamos Júpiter le aspecta o si esta en otro lugar y Júpiter esta oculto por la tierra. En el primer caso los efectos son directos y en el otro caso la tierra esta interfiriendo. La diferencia en ambos casos es muy significativa, como hemos dicho Júpiter se relaciona con el pensar.

Supongamos que, como resultado de sus encarnaciones anteriores un hombre tiene dentro de sí fuerzas que le predestinan a ser un pensador en la vida en la tierra sobre la que está entrando. Él se prepara para su descenso a la Tierra y recibe todos sus efectos jupiterianos sin ninguna interferencia. Su cerebro en este caso se transformara muy especialmente hacia el pensar; es como si recibiese una buena dote para la actividad del pensar. De haber sido otro el caso, por ejemplo en el que todo aquello que proviene de las sustancias terrenas está siendo transformado por los efectos lunares, los que de un modo u otro siempre están allí, el ser humano no llega a desarrollar un pensar significativo y su conciencia permanece algo torpe y poco clara.

Tomemos el caso de un ser humano que posee fuerzas de este tipo, que provienen de una encarnación previa y las que por ende en la vida terrena que tiene que comenzar ahora lo predestinan a desarrollar el pensar, a llegar a ser especialmente culto. Al elegir el momento de bajar a la tierra opta por un tiempo en el que Júpiter,  tenga un periodo de revolución tal que a él le aspecte directamente. De esta manera, las constelaciones celestes proporcionan aquello para lo que está predestinado el ser humano, condiciones determinadas por sus vidas terrenales anteriores.

En la era del Alma Consciente, por supuesto, es la tarea del hombre es ir liberándose poco a poco, hacerse libre de estas influencias. Pero debe liberarse de ellas por el camino correcto.

Al hablar de la influencia de Saturno, insinué que es necesario reemplazar el intelectualismo abstracto y sombrío por un desenvolvimiento imaginativo y visualmente presente.  En el libro “Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores” se dan indicaciones que, si se siguen correctamente, pueden hacernos independientes de las fuerzas cósmicas, aunque, no obstante, estas fuerzas cósmicas sigan trabajando en nuestro ser.

El hombre nace en la Tierra en las condiciones determinadas por una constelación en los cielos, pero él mismo debe equiparse con las fuerzas que le ayuden a independizarse correctamente de esta constelación. Ese es el tipo de conocimiento, el conocimiento de la relación del hombre con el cosmos más allá de la Tierra, que nuestra civilización debe alcanzar. El hombre debe aprender a darse cuenta de que las fuerzas de la herencia descritas por la ciencia moderna no son las únicas fuerzas que trabajan en su organismo, imaginar una cosa así, mis queridos amigos, es la más pura tontería. Es una tontería pensar que el organismo materno contiene aquellas fuerzas que se transmiten por herencia y así construyen un corazón, un hígado y otros órganos. No habría corazón en el organismo humano si el Sol no lo construyera en el organismo del hombre, ni habría un hígado si Venus no lo colocara en el organismo. Y así con cada órgano. Su presencia en el organismo humano es debida a la acción de las fuerzas cósmicas.

Estas son las cosas que la humanidad debe volver a aprender, a comprender. El hombre debe darse cuenta de que el misterio de su ser no puede ser explicado por una ciencia que se ocupa sólo de los fenómenos terrestres. En torno al hombre viven otras criaturas – y ellas también son algo más que criaturas de la Tierra. En primer lugar parece, como si los minerales fueran totalmente de naturaleza terrenal. Sin embargo, en los minerales, también se han producido cambios que se deben a las fuerzas que trabajan en el entorno cósmico de la Tierra. De modo que todos los metales en la medida que cristalizan, existen en su forma porque, de algún modo su existencia depende de las fuerzas extra terrenas, porque habían sido creados cuando la Tierra no poseía  todavía su propia fuerza formadora sino que todavía actuaban fuerzas externas sobre ella. Las fuerzas curativas contenidas en los minerales, sobre todo en los metales, están conectadas con la forma en que estos metales se formaron dentro de la Tierra por la acción de fuerzas cósmicas.

En la primera época de la post-Atlante, cuando la civilización de la antigua India estaba en su mejor momento, el hombre se sentía y sabía a sí mismo como un ciudadano del universo entero. A pesar de que todavía no había desarrollado las fuerzas que la humanidad moderna está tan orgullosa de poseer, él era, en el verdadero sentido de la palabra, el hombre. En el momento de la época caldea, sin embargo, la atención del hombre ya había empezado a desviarse del sol. En cierto modo se había convertido en una especie de anfibio,  una criatura que se siente agradecida cuando los rayos del Sol se derraman sobre ella, y no tiene que estar confinada en su oscura madriguera. Pero en nuestro tiempo no se puede decir que el hombre ni siquiera se asemeje a una criatura como el topo, porque realmente es mucho más parecido al gusano que tiene ojos como mucho de lo que ha sido enviado al espacio desde la Tierra y vuelve de nuevo en forma de lluvia. Esto es realmente lo que se percibe en cuanto a fuerzas extra-terrenas. En su materialismo el hombre de hoy se ha convertido en un gusano. Él debe elevarse por encima del gusano, pero sólo puede hacerlo reconociendo su  conexión con el cosmos más allá de la Tierra.

Nuestra tarea entonces, es elevarnos por encima del estado de lombriz en la que nuestra civilización ha caído, y traer una nueva vida espiritual a la existencia.

Traducido por Gracia Muñoz.

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