1ª CARTA – La Estructura del Universo Solar

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

English version

abril 1944

La intención de estas cartas es elaborar una relación entre el universo estrellado y la Tierra. Y el ser humano como principal representante de la Tierra será mayoritariamente el objeto de examen, consideraremos también los otros reinos de la naturaleza. Por supuesto, este es un vasto campo, y en esta época estamos limitados en nuestro conocimiento. Sin embargo, gracias a los conocimientos clave que nos fueron dados por Rudolf Steiner, ha sido posible después de más de veinte años de trabajo silencioso y persistente, recoger muchos datos sobre estas relaciones. Y con los datos obtenidos estamos creando un organismo que todavía es infantil, pero que puede llegar a ser la semilla de nuevas y más elaboradas investigaciones en los siglos y milenios venideros.

A través de estas cartas y en primer lugar, vamos a establecer una idea clara de la estructura de nuestro Sistema Solar y su relación con los mundos estelares más allá de nuestro propio sistema. Hablaremos de las Constelaciones que vemos en el cielo. Y daremos prioridad a las Constelaciones del Zodiaco, con las que trabajaremos para descubrir su naturaleza espiritual, ya que están conectadas con la evolución de la Tierra y de la Humanidad. Después, consideraremos el mundo de los planetas –los astros en movimiento–. Y esto  lo conectaremos principalmente con la vida del ser humano después de la muerte y antes del nacimiento. También tendremos en cuenta la relación entre los planetas y la vida de la naturaleza, en la medida que la ciencia ha comprobado esta relación. Entonces surgirá el dilema sobre el destino o la necesidad y el reino de la libertad, en relación a la condición humana. Al final tendremos que informarnos sobre la relación entre las estrellas y la Humanidad en su conjunto y sobre la evolución futura del planeta en que vivimos.

La pregunta que surge, es ¿con que nombre podríamos llamar a esta clase de conocimiento, que tenemos la intención de investigar en estas cartas? llamarlo Astronomía no sería correcto, ya que los cálculos matemáticos del mundo estelar se tratarán sólo en la medida que sea necesario. Tampoco se le puede llamar Astrología, ya que no se convertirá en una base para las prácticas del horóscopo en el sentido en que se realiza la astrología hoy en día. Vamos a investigar el trasfondo espiritual de la relación entre las estrellas y la Tierra con sus habitantes. Podemos llamarlo Astrosofía.

¿Qué es Astrosofía?

El movimiento es la esencia del mundo de las estrellas. Todo se mueve en la esfera que rodea la Tierra. Cuando miramos la multiplicidad del cielo estrellado entramos en el  gigantesco mundo de los ritmos.

Un ritmo es el del día y la noche. El firmamento parece estar girando alrededor de su eje celestial en 24 horas. Este es uno de los movimientos fundamentales del universo que crea el cambio de día y noche. La astronomía moderna dice que esta revolución se produce por la rotación diaria de la Tierra alrededor de su eje. Sólo los observadores en la Tierra perciben que se invierte, como si fuera el firmamento el que  girara.

A continuación, podemos observar los ritmos de la Luna, el cambio de las fases de luna nueva a luna llena y de nuevo a Luna Nueva. Sabemos por la observación, que este ritmo se lleva a cabo aproximadamente en un mes.

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Si avanzamos más lejos en el universo, nos encontraremos con más ritmos, los de Venus y Mercurio. Luego está el ritmo del sol, el tiempo que tarda en pasar a través del Zodiaco  Llamamos a este ritmo un año y la astronomía nos dice que este movimiento del Sol durante un año es una  ilusión. Que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol en el transcurso de un año y durante este movimiento circular de nuestro globo, nosotros, desde la Tierra percibimos al Sol en diferentes lugares del cielo. Avanzando, nos encontramos con los ritmos de los planetas exteriores llamados: Marte, Júpiter, Saturno y los planetas descubiertos últimamente, Urano, Neptuno y Plutón. Aquí nos encontramos con ritmos que se extienden por decenas, incluso cientos de años.

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También podemos ver cambios en la estructura del universo que se desenvuelven en largos intervalos rítmicos. Estos comprenden épocas enteras de la evolución humana y de la Tierra, miles e incluso decenas de miles de años. Sabemos que las estrellas fijas están en movimiento, a pesar de que este movimiento, sólo se hace visible a simple vista en intervalos de tiempo que están más allá del alcance de la concepción ordinaria del tiempo humano.

Podemos comprender que el movimiento es el fundamento del mundo de las estrellas. Y podemos acercarnos a este mundo en movimiento de diferentes maneras. Incluso considerarlo como un mecanismo gigantesco. Los hechos, que encontramos en los movimientos universales, inspiran esta idea. Podemos calcular los movimientos, e incluso calcular previamente los ritmos de las estrellas. Los descubrimientos de Plutón y Neptuno se lograron mediante la aplicación de las puras leyes de la mecánica de nuestro universo. Y, sin embargo, la idea de un universo mecánico, nos puede llevar a la desolación en un momento determinado. Podemos compararlo con un motor rotativo. Los movimientos del motor, su comportamiento, todo puede ser calculado. Todos los detalles pueden ser explicados por leyes mecánicas. Pero no se movería ni un ápice, ni siquiera existiría un solo tornillo, si la mente humana no lo hubiese inventado. En cada uno de los detalles del motor esta la creación, el esfuerzo de los inventores en el ámbito de la mecánica. La mente humana es el verdadero origen del motor y sin esa mente creadora, el motor no existiría.

¿Cómo es posible nuestro Universo? Podemos ver la existencia de este mecanismo de innumerables movimientos, pero ¿quién lo ha creado y lo  ha puesto en rotación? Un mecanismo no puede ser creador, de lo contrario ya no sería un mecanismo. Debe haber habido algo así como una gigantesca planificación mental, o incluso una congregación de esas mentes, antes de que cualquier universo pudiera ser creado.

Partiendo de esto vayamos a otro punto de vista. Al igual que el motor es una expresión de las capacidades de la mente humana, tal vez incluso de sus debilidades, nuestro universo puede ser considerado como la expresión de un mundo interior, de una vida anímica.

Veamos al ser humano en movimiento. Todos los movimientos de las extremidades pueden explicarse en términos de leyes físicas y mecánicas. Sin embargo, siempre hay una razón por la cual el ser humano mueve sus extremidades. Él tiene intención de hacer algo o ir a algún lugar. Detrás de los movimientos visibles del cuerpo hay una vida interior, una vida anímica , una vida que da razón y justificación a esos movimientos.

De la misma manera podemos mirar a una estrella solitaria. Calculamos sus movimientos, ritmos, y muchas cosas relacionadas con su estado general y sus relaciones con otras estrellas. Incluso podemos ir un paso más allá y encontrar la causa interior de su comportamiento en particular. Tendríamos que buscar la vida anímica de la estrella que lo ha creado y que se expresa en las llamadas leyes mecánicas.

No creo que encontremos, en el reino de su vida interior las razones de los movimientos de la estrella solitaria. Quizás tengamos que buscarla en el ámbito de la comunidad de las estrellas. En las comunidades humanas, el ser individual tiene su propio mundo de cualidades anímicas que  son la causa de su movimiento y la actividad. Sin embargo, las acciones del ser individual le hacen entrar en contacto con las acciones de otros seres humanos. Por otra parte, estas acciones sólo tienen sentido cuando se relacionan con la vida de toda la comunidad. De hecho, los ideales comunes de la comunidad son la medida de la actividad del ser individual.

De la misma manera, cada estrella tiene su propio movimiento anímico, que hace que sus movimientos visibles, la conviertan en un miembro útil y creativo del universo. También se relaciona con sus compañeras estrellas. Visto desde el Sol como el centro de nuestro universo, o incluso visto desde la Tierra, los planetas a veces se encuentran y están juntos (conjunción) o se pueden separar y pasar a la oposición el uno del otro, y así sucesivamente. Todas estas actividades están relacionadas con todo el Sistema Solar y el Sol, como su centro. Así, los planetas deben tomar parte del objetivo común del universo solar.

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Aprender a conocer, a partir de los hechos, el mundo anímico de la estrella solitaria, la vida social de sus comunidades, con sus ideales y objetivos comunes, es Astrosofía. Estamos buscando no sólo el alma de las estrellas que es la manifestación de su ser y actividades dentro de un tiempo limitado, sino que tendremos que adquirir un poco de conocimiento acerca de su vida espiritual. Sólo así podremos entender su verdadera esencia. Su vida espiritual sería su historia, (su biografía, por así decirlo), sus luchas y logros, y su destino (en relación con el futuro).

¿Por qué Astrosofía?

Puede plantearse la cuestión: ¿Por qué nosotros, como seres humanos en la Tierra nos esforzamos por un conocimiento de las estrellas tal como se ha esbozado? El mundo de las estrellas puede ser un interesante tema de estudio, pero ¿no están las estrellas demasiado lejos como para ser capaces de afectar nuestra vida en la Tierra?.

Nuestro planeta es una parte de la comunidad estelar, y al igual que la actividad de la Luna influye en el ritmo de las mareas, también podemos encontrar que el organismo de la Tierra está influido por todas las estrellas de la Comunidad Celeste. Esto lo podemos verificar a través de diferentes tipos de observación.

Nosotros, como seres humanos formamos parte de la influencia estelar de la Tierra  por lo tanto, nos guste o no, formamos parte de la vida de todo el Universo.

Como gente de la tierra, tenemos la tendencia natural a sumergirnos en el mundo de nuestro horizonte humano. En general este horizonte comprende muy poco del gran universo. Podemos dirigirnos sólo al mundo de nuestros pequeños deseos o ambiciones personales. También podemos vivir una filosofía o una religión que puede unirnos a diferentes grupos humanos, o más, puede separarnos del resto de la humanidad. También puede consistir en el papel que podemos desempeñar en la vida de la nación o la raza en la que hemos nacido. Sabemos que muy a menudo, incluso se podría decir siempre, estas diferencias conducen a las disputas y a las guerras. Si sólo vivimos en el pequeño horizonte de nuestro mundo humano, surge el peligro de una estrechez de miras hacia la vida. Esta estrechez de la vida del alma puede llevarnos fácilmente a la equivocación de nuestros propios asuntos en el marco de todo el universo.

Sin embargo, si somos capaces de, al menos de vez en cuando, confrontarnos con el mundo de las estrellas, con su vida anímica, con su vida espiritual, podemos crecer más allá de nuestros propios problemas y comparativamente, pequeños asuntos sin importancia. Podremos ser capaces de hacernos conscientes y apropiarnos de la corriente evolutiva de nuestro universo. Si tan sólo hiciéramos esto de vez en cuando, podríamos entrar en el mundo de los grandes ideales y las metas espirituales cósmicas que no dividen a la humanidad en grupos de creencias religiosas o filosóficas, teorías raciales  y similares. Las estrellas nos enseñan que los vínculos que unen al ser humano a los ámbitos de la vida, como por ejemplo: la familia, la nación, la raza, o incluso una determinada religión, se justifican en la medida en que las fronteras de estos reinos no se extralimiten y hagan caso omiso a otras esferas de la vida humana.

Se descubriría además, el lugar apropiado para la filosofía del Idealismo en nuestro mundo humano, así como la del Realismo, o incluso el Materialismo. Todas estas concepciones del mundo y actitudes ante la vida se mantendrían en el universo en un orden correcto y pacífico, dentro de la vida anímica del mundo estelar. Los seres humanos muchas veces sufren de estrechez y falta de visión, y no pueden encontrar el orden correcto en su propio mundo anímico. Este desorden se refleja luego en las disputas y guerras entre la Humanidad.

Si meditamos profundamente en el mundo de las estrellas y nos esforzamos en desvelar sus misterios, podemos unir a la Humanidad. Ellas brillan en todos los pueblos. Todos los fenómenos en el universo de las estrellas se refieren a la Humanidad en la misma forma indiferenciada. No hay distinción como las diferencias provocadas en la Tierra a través de la necesidad de vivir bajo ciertas condiciones sociales o geográficas. En el curso del tiempo toda la superficie de la Tierra y, con ella, la Humanidad recibirá la luz y la enseñanza de las estrellas.

Así pues, se nos abre una puerta al mundo de la verdadera paz y libertad, o freehood. [Freehood: el estado o calidad de ser libre. NT.] El mundo de la verdadera paz, porque es ahí donde podemos aprender a conocer las intenciones y metas evolutivas de los Dioses. La aplicación de este conocimiento a nuestra vida diaria, paso a paso, nos puede traer la verdadera paz, el mundo del  verdadero “Freehood”, porque nos libera de los grilletes de nuestros pequeños asuntos terrenales, nuestras estrecheces y problemas. Por lo tanto la Astrosofía, como una nueva Sabiduría de las Estrellas, se convertirá en el futuro  en una necesidad en el ámbito de la cultura espiritual de la Humanidad.

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La estructura de nuestro Sistema solar

Antes de empezar a conocer los detalles del alma y el mundo espiritual que se manifiestan en el cosmos, debemos crear un cierto conocimiento de la estructura física de nuestro universo solar y su conexión con el mundo de las profundidades del espacio celeste. Debemos formar conceptos claros sobre los ritmos de las estrellas y su disposición u orden en el espacio. Esto significa que tenemos que elaborar una cierta cantidad de conocimientos astronómicos.

Por supuesto que no podemos extendernos demasiado lejos, ya que es, de hecho, un vasto campo de complicados cálculos matemáticos y otros detalles. Lo haremos en la medida en que sea necesario para crear un entendimiento o lenguaje común acerca de los hechos cósmicos, con los que tendremos que lidiar más adelante.

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Si observamos el firmamento, podemos distinguir dos tipos de cuerpos celestes: en primer lugar, aparecen las llamadas estrellas fijas. Se les llama estrellas fijas porque parecen tener siempre las mismas posiciones y distancias entre ellas. Está, por ejemplo, la constelación bien conocida de la Osa o El Carro. Cuatro estrellas fijas forman el cuerpo de la Osa y otras tres la cola. Podemos ver esta constelación noche tras noche durante años. No va a suceder que de repente una noche se descubra que una de las cuatro estrellas que forman el cuerpo de la osa se ha alejado de su posición relativa. Así, muchos grupos de estrellas fijas forman las constelaciones, y ninguna estrella se aleja de su posición relativa. Las mismas estrellas, por ejemplo, siempre forman las constelaciones de Casiopea, Orión, y muchas otras. Pero, de hecho, las estrellas fijas también se mueven.

Después de miles de años, las estrellas que forman la imagen familiar de la Osa Mayor ya no estarán en las mismas posiciones, y en un futuro lejano ya no se percibirán los contornos de la Osa Mayor  tal y como lo percibimos hoy. Estos movimientos sin embargo, son muy lentos. Están más allá del alcance del ojo humano y también más allá de la concepción del tiempo humano, es por ello que justamente las llamamos estrellas “fijas”.

También se perciben las estrellas por las que se desplazan los astros que pertenecen a nuestro sistema solar. Un ejemplo muy bueno es la observación de la Luna. Podemos percibirla, durante una noche clara en el ámbito de las estrellas fijas que forman la constelación de Tauro. Si nos fijamos, dos o tres días después la encontramos en la constelación de  Géminis. Por lo tanto, en ese ínterin debe haberse movido de Tauro a Géminis. Y nuestra Luna no es el único astro en movimiento, hay varios más.

En total podemos contar con ocho grandes planetas en nuestro sistema solar, además de la Luna, que son:

Mercurio         Marte,              Urano – descubierto en 1781
Venus,             Júpiter,            Neptuno – descubierto en 1846
Tierra              Saturno            Plutón – descubierto en 1930

Otra distinción entre las estrellas fijas y los planetas, de acuerdo con la astronomía, es que las estrellas fijas emiten su propia luz. Son, por así decirlo, como nuestro Sol y emiten su propia luz. Los astros o los planetas que se mueven, que pertenecen a nuestro sistema solar, no tienen luz propia. Ellos sólo reflejan la luz que reciben del Sol.

Además de las estrellas fijas y los planetas, la mayoría de los cuales sólo son visibles durante la noche, tenemos al Sol, al que vemos durante el día. La luz del Sol es tan abrumadoramente fuerte, que no podemos ver las estrellas durante el día, por lo tanto, es difícil encontrar su posición en relación con las Constelaciones de estrellas fijas. Y por ciertos medios astronómicos, sabemos que el Sol, al igual que los planetas, también se está moviendo, y que completa su círculo en un año. Sin embargo, la astronomía moderna nos dice que quien se mueve no es el Sol. Que es la Tierra la que gira a su alrededor, que el Sol, es el centro del círculo de la órbita de la Tierra. Y que a través de este movimiento de la Tierra, que se completa en un año, vemos el disco del Sol, en diferentes lugares del cosmos. Esto nos crea la ilusión del movimiento del Sol a lo largo del círculo de la eclíptica o Zodiaco.

Ahora podemos distinguir entre tres características principales en la estructura de nuestro Sistema Solar: El Sol en el centro, alrededor de este Sol, los planetas que lo circundan, y las órbitas de los planetas  que están aproximadamente en el mismo plano, mientras que sus centros están más o menos en el sol. Por lo tanto, tendríamos que imaginar que nuestro Sistema Solar tiene la forma de una lente o un disco enorme, con anillos concéntricos como las órbitas de los planetas.

Este disco tiene gran su circunferencia en la órbita del planeta más exterior. Esta circunferencia, como círculo, tiene una conexión relativa con algunas de las estrellas fijas. Visto en perspectiva, por así decirlo, desde el centro del disco, pasa por delante de un cierto número de estrellas fijas. Estas estrellas fijas forman una especie de cinta o anillo alrededor de nuestro universo solar. Esta cinta circular más allá de la circunferencia del sistema planetario en que vivimos, es lo que llamamos el Zodiaco o grupo de Estrellas Fijas. Está formado por las doce Constelaciones que vemos en el cielo estrellado.

Estos son los tres componentes de nuestro universo solar:

1) El sol, más o menos como el centro del disco.

2) Las órbitas de los planetas a diferentes distancias del Sol central.

3) La circunferencia del disco,  las Doce Constelaciones del Zodiaco.

Todavía podemos hacer otra distinción en este disco. La Tierra, en la que vivimos, se mueve a lo largo de la tercera órbita desde el centro. Las órbitas de Mercurio y Venus están dentro de la órbita de la Tierra. Estos son los llamados planetas interiores. A medida que sus órbitas son más pequeñas que la de la Tierra, completan el círculo alrededor del Sol en un tiempo mucho menor:

  • Mercurio completa una vuelta completa alrededor del Sol en aproximadamente 88 días.
  • Venus hace lo mismo en unos 225 días, porque ya está más lejos del Sol y la órbita es más grande.
  • La Tierra completa su círculo alrededor del Sol en aproximadamente 365 días. Rodeando a la Tierra, a una distancia relativamente pequeña, tenemos que imaginar la órbita de la Luna, que culmina su giro alrededor de la Tierra en unos 27 días.

Los planetas que tienen sus órbitas fuera del círculo descrito por la órbita de la Tierra son los llamados planetas exteriores. Las distancias de las órbitas del Sol son  mucho más grandes que la órbita de la Tierra y el Sol, por lo tanto, estos planetas necesitan mucho más tiempo para completar el giro alrededor del Sol a lo largo de sus trayectorias.

  • Marte necesita alrededor de 687 días para completar su círculo.
  • Júpiter completa su círculo de unos 12 años.
  • Saturno unos 30 años.
  • Urano tarda unos 84 años para hacer el mismo movimiento.
  • Neptuno esta todavía más lejos del Sol, por lo tanto, su órbita es muy grande, y el planeta necesita alrededor de 164 años para retornar al mismo lugar de la órbita.
  • Plutón necesita aún más tiempo, alrededor de 250 años.

Para nuestras investigaciones sera muy importante diferenciar entre planetas interiores y exteriores.

Las doce constelaciones de estrellas fijas, que forman el círculo del Zodiaco más allá de la circunferencia exterior del disco de nuestro sistema solar, son:

 Aries – Tauro – Géminis – Cáncer – Leo – Virgo – Libra – Escorpio – Sagitario – Capricornio – Acuario – Piscis

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(Traducido al español por Gracia Muñoz)

(Copyright Astrosophy Research Center, Inc. 2003)