El destino Personal en su triple aspecto

Conferencia no revisada de Willi Sucher, el 8 de Agosto de 1954, en Hawkwood College

English version

En el portal del templo de los antiguos misterios estaban escritas las palabras: “Oh hombre, conócete a ti mismo”. Podemos extender estas palabras: “Oh hombre, conócete a ti mismo y conocerás el  Universo”.

Hoy vamos a hablar de la trinidad del ser humano en relación con su destino, en la medida que descendemos a la Tierra desde el mundo divino y después regresamos a los mundos espirituales. Esta trinidad, que se nos manifiesta  como un fundamento arquetípico, la hemos estado trabajando esta semana en la imagen recurrente del Gran Triángulo.

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 Imaginemos el gran universo de las estrellas en las profundidades del espacio. Las estrellas, que están más allá del mundo planetario de donde provenimos, pertenecen a ese reino en el que construimos los cimientos de nuestro cuerpo físico, para descender de los mundos divinos. Continuamos de nuevo en la tierra para  trabajar en el mundo y en el cosmos, como entidad que se expresa mejor como un triángulo.

Venimos de las más altas regiones cósmicas, y desde el ámbito más lejano de Saturno se nos inspira a descender a otra nueva vida  terrenal. Saturno es la manifestación de los Espíritus de la Voluntad, con la que iniciamos nuestra condición de la Tierra como parte de la evolución, diciendo: “Desde esta dirección vamos a ir hacia el futuro.” Cuando entramos en la esfera de Saturno, tomamos un reflejo de ese gran impulso. En primer lugar, vivimos en el ámbito de las estrellas fijas, que rodean la Tierra, y vamos bajando a través de las esferas planetarias, siguiendo la orientación del deseo de volver a la Tierra. Esto esta representado en nuestro cráneo y la columna vertebral, por la cual nos mantenemos firmes, como una fuerza espiritual cósmica integrada en el esqueleto.

A continuación, entramos en la esfera de Júpiter. Ahora ya no sólo tenemos una dirección firme, empezamos a llenar esta dirección de propósito, dando forma a nuestros deseos en ideas con las que podamos trabajar. No con cualquier propósito individual, sino con el propósito de la evolución de la Tierra, usando nuestras capacidades para trabajar, con el gran propósito del futuro de la Tierra y de la Humanidad. Debemos aceptar lo que vive en la esfera de Júpiter, y sólo podremos trabajarlo si llegamos al concepto de lo que forma parte de la gran sabiduría evolutiva de Júpiter. Estas ideas no permanecen como abstractas fuerzas mentales, sino que impregnan toda nuestra organización como instrumento del pensamiento, a través del cual pueden fluir estas grandes ideas del Plan de Evolución de la Sabiduría Divina.

A continuación, avanzamos y entramos en la esfera de Marte, donde adquirimos la capacidad para enfrentarnos al mundo al que estamos a punto de entrar. Necesitamos el hierro de Marte, incluso en nuestra sangre. Este proceso nos provoca una división o fisura. Éramos parte del cosmos, pero Marte provoca la separación entre el yo y el no-yo y trabajamos en ello. Para evitar el caos, necesitamos obtener allí la capacidad de discriminación y discernimiento con el fin de distinguir, clasificar y conocer el mundo. También necesitamos la capacidad del lenguaje, de la palabra, ser capaces de llamar árbol a un árbol y de conocer realmente su significado, porque en definitiva, todo lenguaje es la expresión del objeto. Árbol en alemán es Baum, en francés es Arbre. El sonido vive en el significado de la palabras  como estado de ánimo, es la expresión del objeto. Sabemos que B tiende a abrazar, extendiendo la sensación de árbol en alemán, en francés, uno puede sentir el roble afirmando su dirección en el espacio y en inglés, es el enraizamiento y la propagación, entre el Sol y la Tierra.

Seguimos en nuestro descenso a la esfera del sol. Ya hemos hablado del Sol como un “no-espacio” en estos últimos días, como algo que atrae la sustancia hacia sí. Es el vacío en nosotros que nos llena de ser, nos rodeamos de todo el mundo, mientras experimentamos nuestra propia integridad. Aquí está el corazón del yo, que debe convertirse en el divino YO SOY. Aquí tenemos que crear, a través del poder de Cristo, nuestro propio Sol interior, no como algo puramente espiritual a través de los poderes de la mente, sino como una facultad creadora en la organización física. Se trata de la circulación de la sangre, en la que nos vivimos como entidades creadoras, porque en esa circulación vive el Ser del sol.

Ahora llegamos al Venus Oculto (Mercurio), y aquí deliberadamente cambiamos el nombre de su ser real. Con Venus Oculto, entramos en una esfera donde todo está involucrado en los detalles para convertirnos en seres humanos inteligentes en la Tierra. Nos preparamos espiritualmente para ser creativos, para poder participar en el espíritu de la época a la que pertenecemos, de manera inteligente y creadora, como seres humanos integrales. Esto está representado en el cuerpo humano como la función glandular, que nos ayuda a amoldarnos como seres humanos inteligentes a la época a la que pertenecemos.

Posteriormente entramos en la esfera de Mercurio Oculto (Venus) y descendemos un grado más, creando una relación fructífera con los seres humanos que nos rodean, y buscando a las personas con las que queremos reencarnar. Esto también está conectado con nuestro organismo en la respiración y en un intercambio armonioso entre el mundo interior y el mundo exterior.

Finalmente, entramos en la esfera de la Luna, como última etapa. En esta esfera reunimos todas las experiencias pasadas. La Luna esta  relacionada principalmente  con el desarrollo embrionario y refleja nuestro viaje a través de los mundos espirituales entre la muerte y el nuevo nacimiento. También refleja el orden cronológico del universo durante nuestro desarrollo embrionario. Estas fuerzas nos dan el poder de la memoria y de la reproducción física. Esta esfera nos da la posibilidad de reproducir lo que hemos presenciado en los mundos espirituales que ha caído en declive y decadencia en la organización física.

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Así el ser humano viene del mundo espiritual dotado de dones y talentos, y su tarea es hacerlos crecer y fructificar. Nuestra tarea en la Tierra es trabajar nuestros talentos. Tenemos que hacer el esfuerzo de integrar el Cosmos en nuestro propio ser, pero esto sólo podemos hacerlo a través del Yo. ¿Y dónde podemos recibir esto en la Tierra? Sólo a través de Cristo, que dotó a la humanidad con la potencia necesaria. Aquel que dijo: “YO SOY” integra el cosmos en el Yo Superior de cada uno de nosotros.

Podemos resumir la vida del ser humano en la experiencia de la oración del Padrenuestro, que fue dado a la Humanidad como sustento en el camino, y que nos puede guiar a lo largo de nuestra vida. La oración parece sencilla, pero en ella encontramos integrado todo el cosmos. Cristo nos ha enseñado con su ejemplo y guía a vivir en la Tierra y podemos hacer una imaginación de la evolución de este ser triangular entre la Tierra y el Cielo.

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Padre nuestro que estás en los Cielos: Comenzamos en la Tierra y nos dirigimos arriba, al Cielo, por lo cual entramos primero en la esfera de Marte (reminiscencia de la Antigua Luna).

Santificado sea tu Nombre: En Marte obtenemos la capacidad de pronunciar la Palabra, de distinguir los objetos nombrándolos. Queremos tomar conciencia de los nombres divinos de las cosas, que están ocultos tras la realidad.

Venga a nosotros tu Reino: Tomamos los impulsos de Júpiter que trabajan para la evolución de la Humanidad. Y sembramos la semilla de la futura evolución de Júpiter, el nuevo cosmos, que será el “Reino”.

Hágase tu voluntad: entramos en la esfera de Saturno. Saturno es la manifestación de los Espíritus de la Voluntad, ese esqueleto que empuja lo bello hacia el impulso de la evolución.

Así en la Tierra como en el cielo: Volvemos aquí a la Tierra después de pasar por estas esferas.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy: Aquí entramos en la esfera de la Luna, que nos da finalmente el cuerpo material en el que vivimos. Este es el pan que necesitamos diariamente.

Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: Aquí entramos en la esfera de Mercurio Oculto (Venus), donde creamos la capacidad de encontrar las verdaderas relaciones con todos los que nos rodean. Sin embargo, estas relaciones no siempre son armoniosas, e incluso si lo son, la pregunta sigue siendo: “¿son fructíferas?”. Aquí estamos constantemente en peligro de no encontrar el verdadero elemento de la relación, o incluso de destruirlo cuando lo encontramos. Estos son nuestros “pecados”.

Y no nos dejes caer en la tentación: es la esfera de Venus Oculto (Mercurio). En el Padre Nuestro la vida del cosmos se integra en el Ser humano. Podemos llegar a ser el microcosmos, pero necesitamos conseguir la cualidad de seres humanos inteligentes, creativos, creando desde el Espíritu. Hay muchas y peligrosas posibilidades de desviarse. Se trata de la ambición, la vanidad, estamos abrumadoramente convencidos de nuestras propias capacidades creativas, y así caemos presos en las tentaciones luciféricas. O bien, podemos quedarnos atrapados en un intelecto brillante, incapaces de llevar todo lo que recibimos hacia una  actividad de constante cambio y transformación. O  podemos considerar la inteligencia como no individual, desarrollando un intelecto frío y sin vida. Hay muchas trampas, muchas tentaciones Ahrimánicas en la esfera del Venus Oculto. Estos peligros son posibles porque se nos entrega la herencia emancipada de este planeta que nos deja fatalmente expuestos.

Mas líbranos del Mal: Aquí realmente entramos en la esfera Sol. Porque en el Sol,  encontramos ese gran vacío del que hemos hablado, para el que hemos creado el cuerpo en el que podemos vivir como seres creativos. Lo que vive a través del ojo, por ejemplo, sólo puede salir del vacío, del cristalino del ojo. El ojo está estrechamente vinculado al sol. Fue recibido en el Sol y en la Tierra se coagula como un órgano físico. El verdadero vacío del Sol no se cumple antes del nacimiento, ya que el YO SOY, se ha unido a la Tierra. Cristo ya no vive en el Sol, allí solo vive el adversario de Cristo, Lucifer, mientras que en la Tierra, la gravedad es la energía de Ahriman, que es el antagonista de Cristo. “Líbranos del Mal” es ese tejer entre el Sol y la Tierra tomando el Impulso de Cristo en nuestro corazón.

En el Padrenuestro esta la totalidad del Cosmos como un poder transformador.

A través de nuestro viaje por las esferas recibimos estos dones cósmicos y los traemos a la Tierra. Cuando logramos todo lo que somos capaces de transformar aquí en la Tierra, volvemos al mundo espiritual. Entonces podemos mostrar cómo hemos trabajado los talentos que  recibimos, como una fracción. Pero el fruto que madura en la Tierra se pondrá a prueba, y esa prueba la vivimos en las esferas de purificación que pueden parecernos terribles, pero que en realidad nuestra alma las desea y anhela, para poder llevar a cabo su propio auto-juicio. ¿Cuánto talento hemos enterrado, sin transformarlo? O ¿cuánto talento hemos hecho crecer espiritualmente? Por un lado, hemos recibido el cuerpo físico. ¿Estábamos demasiado conectados con él?.

 Después de la muerte pasamos a la esfera de la Luna, allí nos damos cuenta de lo que salió mal en nuestra relación con el cuerpo físico. Podemos ver con objetividad lo que hemos dejado de un lado durante nuestra existencia en la Tierra y lo que no ha funcionado.

A continuación, pasamos a la esfera de Mercurio, donde presenciamos nuestras relaciones, con la familia, con las amistades, asociaciones, instituciones religiosas y sociales, y más o menos vemos como fueron recibidas y transformadas. En todos estos ámbitos, nos vemos desde el exterior, y en esta esfera, tendremos que experimentar el dolor que hemos provocado a los demás durante la vida. Aquí vamos a necesitar la ayuda de los seres espirituales.

Después entramos en Venus, al que Rudolf Steiner define como el reino de las actividades, o “la fuerza del espíritu activo”, y aquí vemos lo que hemos hecho de nuestras actividades, y en qué medida hemos evolucionado. Vemos también el arquetipo cósmico de cada esfera y sabemos hasta qué punto nos hemos quedado cortos. Esto, por si mismo ya es nuestro “castigo”.

Ahora entramos en la esfera del sol. Esta es la mayor prueba, ya que este ámbito ha sido abandonado por Cristo, y sólo podemos experimentar a Lucifer. Solo nos podemos basar en nuestra propia experiencia de Cristo en la Tierra, porque no podemos permanecer en la esfera Solar sin haber adquirido en la Tierra la comprensión del Cristo.

A continuación  pasamos a la esfera de Marte y nos enfrentamos con el “Santificado sea tu nombre”. Se trata de la realización de los nombres divinos de todos los objetos físicos en la Tierra creciendo como formas de pensamiento activo en todos los objetos físicos que encontramos allí.

En Júpiter, nos hacemos conscientes y experimentamos los arquetipos de la vida. No todas las almas humanas pueden elevarse a la esfera de Júpiter. Depende de nuestra vida terrenal. Así que oramos por la iluminación del futuro cosmos y su objetivo. Y ascendemos a la capacidad de integrar en nosotros mismos la gran corriente de la vida. Este es el  “río” de San Juan, que fluye por la Nueva Jerusalén, por el que nos redirigimos a nosotros mismos para volver al Padre, llevando nuestras experiencias a la línea evolutiva de Saturno, la Voluntad del mundo Divino. Ahí experimentamos todo el telón de fondo de la formación del alma y su actividad, porque en la Tierra no siempre somos conscientes de las experiencias que pasan por nuestra alma pero allí experimentamos el movimiento espiritual del arquetipo divino que llevamos como impulso animico a la Tierra. Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo. Aquí penetramos en la imperfecta realización del arquetipo de la voluntad moviéndose a través de la fuerza del alma por toda la experiencia humana.  Finalmente volvemos al mundo de las estrellas fijas (Zodiaco) para construir nuestro cuerpo de cara a una nueva experiencia.

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Mediante el ascenso a través de estas esferas, podemos objetivar nuestras limitaciones, dónde hemos tenido éxito o hemos fracasado en la realización de nuestras intenciones, y tomamos la decisión de hacerlo mejor la próxima vez. Así que caminamos por el mundo cósmico del zodiaco de las estrellas fijas, donde construimos los cimientos espirituales para nuestro regreso.

Este es el gran propósito: la transformación de los talentos cósmicos y su auto-reintegración en el tiempo de la vida en la Tierra través de nuestras encarnaciones.

Así podemos encontrar y recordar con nuestro esfuerzo en las geniales palabras del portal del templo, “oh hombre, conócete a ti mismo”, el Arquetipo de la Trinidad. Porque nacen del Padre, y en la Tierra pasan  a través de la transformación y la muerte en Cristo. Sólo así podremos resucitar en la vida después de la muerte y hacer realidad el Espíritu Santo.

Ex Deo Nascimur.

En Christo Morimur.

Por Spiritum Sanctum Reviviscimus.

CieloTraducido por: Gracia Muñoz