1er. Informe: Antroposofía y Astronomía

Cartas de Astronomía – Septiembre 1927

Dra. Elizabeth Vreede

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La Ciencia Espiritual de Rudolf Steiner nos ha legado una cosmología del Espíritu, que da al hombre un lugar dentro del contexto universal y que vincula Cielo y Tierra  como una unidad. Al mismo tiempo, el objetivo de Rudolf Steiner era construir un puente desde este conocimiento de la Astronomía tal y como se cultiva en la ciencia moderna. Que tal puente es necesario se deriva del principio fundamental de todo conocimiento espiritual: el mundo exterior de los sentidos es maya, ilusión, en tanto que la ciencia espiritual penetra en la realidad subyacente detrás de este mundo exterior. ¿Cómo y en qué punto se encuentran maya y realidad?. Este es el gran problema del que Rudolf Steiner habla en el año 1912 en su curso de conferencias en Helsingfors: Las Jerarquías Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza [Curso N º XXI. Antroposófica Publishing Co., de Londres].

El estudio detallado de estas conferencias señala el camino del maya exterior a la realidad espiritual interior. Nos orientaremos más rápido si descubrimos lo que corresponde a la realidad.

 “El universo de los cuerpos celestes físicos, representa lo que ha quedado de las acciones pasadas de las jerarquías de Seres, cuyas influencias posteriores han perdurado en nuestro tiempo presente.”

En este sentido, el mundo de las estrellas, así como el resto de la naturaleza ¡es maya del pasado!. Detrás de este velo de maya las estrellas se revelan como “colonias de seres espirituales”. Esto nos lleva a un estudio de la naturaleza de las Jerarquías más elevadas, que se extienden en nueve etapas por encima del hombre y a todo lo ligado de alguna manera al mundo de las estrellas o de su evolución cosmológica. En  “La Ciencia Oculta, un  Bosquejo”,  Rudolf Steiner, nos describe a estas Jerarquías en mayor detalle.

El primer reino por encima del hombre es el de los seres angélicos, los Ángeles. Son los Espíritus Guardianes del hombre y lo guían de encarnación en encarnación. Su hogar es la esfera de la Luna, aunque para empezar, no pueden  desplegar su actividad en la propia Luna. Para esto son necesarios aún mayores poderes; poderes que poseen los Arcángeles y Arkáis, (Poderes Primordiales). Estos Seres, que junto con los Ángeles constituyen la tercera jerarquía del mundo espiritual, guían y dirigen a los pueblos y las grandes épocas  de la Tierra. Los Arcángeles son los Espíritus del Pueblo, y los Arkai los Espíritus del Tiempo. Estas jerarquías –cuyo campo de acción es la esfera de la Luna- se ocupan  esencialmente de la vida histórica de los seres humanos individuales y de los pueblos.

En la  esfera del Sol moran los seres de la Segunda Jerarquía: Espíritus de la Forma, Espíritus del Movimiento y Espíritus de la Sabiduría. Rudolf Steiner hablo de estos Seres en su conferencia titulada “El Misterio del Gólgota” [Una traducción completa de esta conferencia apareció en Antroposofía , vol. I., Pascua de 1926.] impartida  en Manchester College Chapel, Oxford, agosto, 1922.

“Las almas de tiempos antiguos, mirando el entorno físico, veían en las estrellas las imágenes del mundo de los Seres espirituales que habían dejado atrás cuando descendieron a esta vida a través del nacimiento. En el flagor del sol, vieron la radiante sabiduría en la que habían habitado, y que había sido su aliento de vida. En el mismo sol, vieron los coros de las Jerarquías Divinas, aquellas por los que habían sido enviados a la Tierra. “

Es cierto que la morada de esos Seres está en el Sol, y desde allí trabajan sobre los planetas, enviando también sus energías desde los planetas a la Tierra. La forma y la configuración de cada planeta es impartida por los Espíritus de la Forma.

Los Espíritus de Movimiento generan la movilidad interna del planeta –no su movimiento en el espacio, sino los cambios producidos en el curso de cientos y miles de años por el flujo y reflujo, los terremotos, la actividad volcánica y influencias meteorológicas y  climáticas.

En cierto modo es diferente cuando hablamos de los Espíritus de la Sabiduría, que trabajan desde la propia esfera del Sol, derramando fuerzas solares por el sistema planetario. Mientras que la configuración interna y la movilidad interior de cada planeta es diferente según la operación de los Espíritus de la Forma o del Movimiento, la acción de los Espíritus de la Sabiduría es uniforme para todos los planetas.

Esta uniformidad en la acción de los Espíritus de la Sabiduría es fácil de observar en el mundo vegetal. Hay gran variedad de formas en las plantas, la posición de sus hojas, zarcillos, etc., revelando diferentes proporciones en espiral, y en estas formas, están reflejadas las fuerzas que emanan desde un Espíritu de la Forma o un Espíritu del Movimiento trabajando desde la perspectiva de un planeta en particular.

Sin embargo una cosa, es común a todas las plantas; la dirección perpendicular del tallo, alejándose de la Tierra y dirigiéndose hacia el sol. Aquí tenemos una expresión del trabajo uniforme de los Espíritus de la Sabiduría en todas las plantas. Una especie de conciencia general, rudimentaria,  de todo el sistema planetario, está funcionando aquí, algo así existe en todos los seres humanos; como elementos comunes de sentimientos e impulsos que pueden surgir del subconsciente. Los Espíritus de la Sabiduría tienen su hogar, no sólo en el Sol, sino en todas las estrellas fijas, de manera que el primer y básico principio común de todas las estrellas fijas se encuentra en estos Espíritus de la Sabiduría.

En la Primera Jerarquía tenemos los Seres más sublimes del Cosmos: los Tronos, Querubines y Serafines, como fueron nominados por la antigua sabiduría esotérica. Los Tronos o Espíritus de Voluntad  gobiernan el movimiento de los planetas en el espacio; los Querubines armonizan los diferentes movimientos y logran un “entendimiento” entre un planeta y otro. Ellos son los Mensajeros Planetarios, así como los Ángeles son los mensajeros del mundo de los hombres. Los Serafines tienen a su vez la misma tarea en  respecto al mundo de las estrellas, producen  una mutua comprensión entre el Sol y las otras estrellas, de estrella fija a estrella fija, engarzando el Cosmos entero en una gran unidad.

Así tenemos:

 

SERAFINES – QUERUBINES Cometas
TRONOS  – ESPIRITUS DE LA SABIDURIA (KYRIOTETES) Estrellas fijas
ESPIRITUS DEL MOVIMIENTO –ESPIRITUS DE LA FORMA (EXUSIA) Planetas
PODERES PRIMORDIALES (ARCHAI) – ARCANGELES (ARCHANGELOI) Luna
ANGELES (ANGELOI) –  HOMBRE Tierra

 

De los cometas, hay que decir que son particularmente el campo de acción de los Serafines y Querubines. Tal vez cause sorpresa el que atribuyamos los cometas –los rebeldes en el ámbito de la ley cósmica- a los más altos Seres que hemos considerado hasta ahora. Para entender esto debemos tratar de penetrar con más profundidad en la relación entre  realidad y maya.

El plan divino es recibido por los Seres de las Jerarquías (especialmente de la Primera Jerarquía) del Espíritu Cósmico y lo llevan a cabo en el curso de la evolución. Pero en esta evolución han ocurrido muchas cosas que han cambiado la realidad espiritual en el maya que percibimos a través de los sentidos y con el que vivimos hoy en día. Los movimientos de los planetas y las estrellas fijas (también los llamados movimientos “aparentes”) se llevan a cabo con tanta regularidad que el hombre de nuestra época se pregunta: “¿Queda algo entonces para que los Tronos sigan regulando los movimientos exteriores de los planetas?. Todos ellos proceden de acuerdo con estrictas leyes mecánicas.

Pero esto no ha sido siempre así, ni tampoco lo es hoy en día. Los cometas son una excepción, y quizás esto es lo que nos conduce a suponer que sus  movimientos deben ser dirigidos por los Seres más sublimes de todos. En este punto debemos tener en cuenta que el universo ha pasado por diferentes etapas, que Rudolf Steiner describe en “La Ciencia Oculta un Bosquejo”, como los períodos evolutivos del Antiguo Saturno, Antiguo Sol, Antigua Luna y Tierra.

En cada una de estas etapas, el mundo de las estrellas, también era diferente. En la etapa del Antiguo Saturno, solo había Seres –Esos seres de los cuales ya hemos hablado. Hasta entonces, sin embargo, no se expresan en los mundo estrellados, de los cuales, ciertamente, no había nada más que la más rudimentaria indicación

Durante la etapa de la evolución del Antiguo Sol, las estrellas eran las manifestaciones de los seres espirituales. En sus movimientos, las estrellas eran una expresión directa de la permanencia de Seres espirituales, en el mismo sentido que el cuerpo humano se dirige, en sus movimientos y expresiones, por el Espíritu que mora en él.

En la siguiente etapa -la de la antigua Luna- sólo les fue posible a los Seres Espirituales  enviar sus impulsos a los cuerpos celestes, pero su verdadero Ser llego a ser más y más remoto.

Con el fin de dejar estas cosas un poco más claras, consideraremos brevemente el curso de la evolución terrestre, desde este punto de vista.

La tierra representa la cuarta etapa –denominada por Rudolf Steiner el mundo del “trabajo terminado”- un mundo que cumple con la descripción citada al comienzo de este ensayo. Sin embargo, en las épocas históricas, el hombre recapituló en su conciencia las primeras etapas evolutivas. En la época de la antigua India, por ejemplo, no se prestó atención al mundo de las estrellas como tales, sino sólo a los Seres espirituales en sí. (Estamos hablando aquí de una época anterior a la de los Vedas).

En la antigua época Persa, la esencia del ser-Solar fue revelada a Zaratustra. El movimiento del sol mismo, por supuesto, estaba sujeto a la misma ley de hoy en día, mientras que durante el período de la evolución del Antiguo Sol era la expresión directa del Espíritu del Sol. En la época de la antigua civilización persa, el hombre experimentó esta condición previa. Los antiguos caldeos y los egipcios tenían la experiencia viva de las actividades de los Seres espirituales en los cuerpos celestes; de ello emanaba su Astrología -que era maravillosa, en esos tiempos, aunque no debe ser aplicada de la misma forma en nuestros días-. La Época Egipcio-Caldea fue, en cierto sentido, una recapitulación de la evolución de la Antigua Luna. El hombre veía los Seres relacionados con el sol y la luna, planetas y estrellas, pero no se puede decir que estos Seres pertenecen a las jerarquías propias, sino que son sus descendientes  –Seres que se han separado de las jerarquías-. Llevan a cabo, por así decirlo, una actividad de la cual, sus Creadores, las Jerarquías propias, se retiraron una vez establecido el plan que subyacía en los movimientos del sistema planetario. Muchas de estas órdenes de dioses menores están activas en el Cosmos y los egipcios y caldeos, especialmente de la última época, quienes ya no podían ascender a la esfera real de los dioses estelares, observaban la actividad de estos seres subordinados. Estos “descendientes” de las jerarquías son los responsables de los fenómenos que hoy en día  se cree que son producidos “por si  solos”.

Para que el hombre pudiera desarrollar la libertad, era necesario que los Seres superiores se retirasen del mundo de las estrellas y de la naturaleza y dejarlos abandonados a las leyes aparentemente mecánicas, sin espíritu. Sin embargo, en este mecanismo, como en todos los fenómenos naturales, seres espirituales, “descendientes” de las jerarquías superiores  siguen trabajando. El hecho de que en la primavera las plantas broten de la tierra, que flor y fruto aparezcan, que las plantas se marchiten en otoño y también el hecho de que, cuando aquí tenemos el otoño, la primavera comience su proceso  en el otro lado de la Tierra -todo esto es provocado por los espíritus de la naturaleza, los gnomos, ondinas y silfos (los descendientes de la tercera jerarquía), junto con las salamandras, que se han separado de los Espíritus de la Forma. Estos seres subordinados realizan el trabajo bajo la tutela de los Espíritus de las Estaciones” o “Espíritus de la Rotación”, quienes les orientan sobre la Tierra. La acción  de algunos de estos Espíritus de la Rotación hace que  la Tierra gire alrededor de su eje, mientras que otros llevan a la Tierra y a los planetas en sus órbitas regulares alrededor del sol. Estos Seres son los descendientes de las más altas jerarquías – los Serafines y Querubines.

Los Espíritus de Movimiento, de la Sabiduría y la Voluntad también tienen descendientes, siendo estos las “almas-grupo” de los animales, plantas y minerales.

Todos estos seres son de un orden inferior al de sus progenitores, son los que –en virtud de mandamiento divino, por así decirlo- han dado lugar a la separación del orden natural y el orden moral del mundo, que en cierto modo presentan una dualidad a la observación externa. Por lo tanto, ocurre que en la Naturaleza y en el Cosmos nos enfrentamos a un maya donde las fuerzas de la naturaleza aparecen como una huella de las actividades de los espíritus de la naturaleza. Y en lugar del poderoso trabajo directo de las Jerarquías, ahora tenemos las leyes de la naturaleza como la impresión de los Espíritus de la Rotación en el mundo de maya.

Todos estos procesos siguen su curso conforme a la ley que necesariamente se obtiene en el mundo exterior a fin de permitir que el hombre desarrolle la experiencia de la libertad interior. Los cometas representan un elemento que no entra por completo en este ámbito de la ley. A pesar de que los llamados cometas periódicos se someten más o menos a las leyes del sistema planetario, con la aparición de nuevos cometas (incluso Kepler dijo que los cometas son tan numerosos como los peces en el mar), estas leyes siempre se rompen. Los cometas todavía contienen un vestigio del trabajo directo del poder espiritual, de los más elevados Seres –los Serafines y Querubines-. Antes de que las leyes comunes puedan romperse, es necesaria una visión y poder espiritual mas elevado. Los cometas, son agentes de una naturaleza muy especial en nuestro sistema planetario, su antítesis, su polaridad, son las lunas. Así como las lunas son una especie de cadáver que el sistema planetario  va arrastrando con él, podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar. En la antigüedad los hombres veían en ellos los “carroñeros de Dios”, y existen muchas supersticiones  alrededor de los mismos. Desde el punto de vista del Espíritu, la misión de los cometas es expulsar perpetuamente las impuras fuerzas astrales del Cosmos para introducir nuevos impulsos.

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El Cosmos no sólo contiene los seres y fuerzas de las que hemos estado hablando hasta ahora. Si esto fuera así, todo el Cosmos consistiría únicamente de Ser, sin sustancia. Los cuerpos celestes no serían visibles ni tendrían sustancia tangible. Con el fin de comprender plenamente el maya, también tenemos que recordar que hay  otras órdenes de Seres – Luciféricos y Ahrimánicos como se les llama en La Ciencia Oculta, que han intervenido en la evolución y en ella están jugando su papel. Son seres que pertenecen a las jerarquías superiores que no pasan por el mismo desarrollo que las demás, que quedan rezagados, mientras que los espíritus jerárquicos normales ascienden a etapas cada vez más altas. Tenemos, por ejemplo, un número de los Espíritus de la Forma, que en el curso normal serían Espíritus de Movimiento, pero que se han quedado en la etapa de los Espíritus de la Forma.

Las esferas etéreas de Saturno o Júpiter, están formadas por los Espíritus de la Forma, su movilidad interna es el trabajo de los Espíritus del Movimiento. Los Espíritus de la Forma rebeldes se oponen y, en lugar de trabajar en armonía con los Espíritus del  Movimiento Planetario, crean una forma, en un punto definido en el ámbito etéreo como resultado de la congestión. ¡Esta forma son los planetas que vemos en los cielos!. La esfera planetaria sigue siendo una estructura etérea en la que trabajan las fuerzas astrales, mientras que el planeta en sí se mueve alrededor de la periferia de esta esfera etérea.

Otros seres Luciféricos aparecen en la escena y, desde el planeta existente, reflejan la luz que irradia espiritualmente del sol para que el planeta sea visible hacia el exterior. Más tarde, los seres Ahrimánicos imparten la sustancia sólida de la Tierra, generando así el denso velo de maya que se presenta en el mundo exterior de los sentidos. Por lo tanto todo lo que puede ser objeto de la investigación externa contiene de alguna manera un  elemento Luciférico –la  esencia exterior de la luz- y el elemento Ahrimánico – la pesadez o gravedad-. Esto también es parte de la maya que se extiende sobre la realidad espiritual.

Podemos seguir la misma línea de estudio en referencia a otros fenómenos cósmicos, los meteoros,  también están relacionados con los cometas. Los cometas son formaciones espirituales enviadas al Cosmos por los más altos y sublimes Espíritus, que en el transcurso de su actividad como purificadores de la atmósfera astral, reúnen hacia sí diversas sustancias, gases, etc. Ahora otras formaciones cósmicas, generadas por los “rezagados” Espíritus del reino de los Tronos –Seres que deberían  haberse convertido en Serafines y Querubines, pero que han permanecido en la etapa de los Tronos- se arrojan en el camino de los meteoros y trabajan con una potencia prodigiosa adquirida al haber permanecido en un nivel inferior. Los Tronos son los creadores de las almas-grupo de los minerales y los Tronos rezagados, aquellos que se han quedado atrás, generan formaciones minerales sólidas en el Cosmos, en los meteoritos que a menudo acompañan a los cometas o aparecen a intervalos más o menos regulares de tiempo en la atmósfera de la Tierra. Y así, en estas formaciones -retiradas como están en cierto sentido de las leyes ordinarias en el sistema planetario- tenemos la más alta espiritualidad unida  con la más densa materialidad.

vida-universo-meteoritos

El comportamiento mismo de los cometas puede recordarnos que los procesos que tienen lugar en el sistema solar no pueden ser exhaustivamente explicados por la teoría Newtoniana de la gravitación. En el caso de los otros cuerpos celestes, también hay algo que siempre se puede detectar, lo cual, cuando la observación se realiza durante largos períodos de tiempo, se ve que es una expresión del trabajo de los Seres espirituales que no han acabado en totalidad su  “Trabajo final”. Es en los cometas y los meteoritos donde se hace manifiesto lo “incalculable”, la arbitrariedad. El factor inconmensurable en los movimientos de los otros cuerpos celestes muestra que debemos basar nuestra observación de sus movimientos en algo que va más allá que la teoría de la gravitación, que es válido y real para la Tierra.

Ritmo y la periodicidad viven en los movimientos planetarios y constituyen sus leyes primarias; así como la ley de la gravedad mantiene su dominio en el entorno inmediato de la Tierra. (La Tierra, por supuesto, como uno de los cuerpos celestes también participa en las leyes cósmicas del ritmo y la periodicidad). Estas leyes son las mismas con las que el hombre y los demás reinos de la naturaleza han sido moldeados. Por lo tanto el hombre y el universo vuelven a ser uno, nuevamente la religión se une al mundo de las estrellas. Las estrellas portan y nos muestran las huellas de los hechos de los Dioses, que nos llevan a través de las Jerarquías  a las fronteras de la Divinidad misma. Y en este sentido, Rudolf Steiner fue capaz de decir a sus oyentes, cuando los conducía desde la Antroposofía a la Astronomía:

“Cuando observamos la vida del mundo de las estrellas, estamos contemplando los cuerpos de los dioses y, en última instancia, de la Divinidad. “

 

Redención y Liberación

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

DECIMO SÉPTIMA LECCIÓN

Hay siete secretos de la vida, de los cuales jamás se ha hablado hasta hoy fuera de las fraternidades ocultas. Sólo hoy es posible hablar de ellos exteriormente. También se les denomina los siete secretos inexplicables o indecibles. Trataremos de hablar solamente del cuarto secreto, el de la muerte.

He aquí dichos secretos:

1º El secreto del Abismo.

2º El secreto del Número (que puede estudiarse en la filosofía pitagórica).

3º El secreto de la Alquimia (que puede comprenderse estudiando las obras de Paracelso y de Jacobo Boehme).

4º El secreto de la Muerte.

5º El secreto del Mal (al cual se alude en el Apocalipsis).

6º El secreto del Verbo, del Logos.

7º El secreto de la Felicidad de Dios (el más oculto de todos).

Recordemos que en el planeta que ha precedido a nuestra tierra, la Antigua Luna, hemos distinguido tres reinos naturales, muy diferentes de los reinos terrestres. Nuestro reino Mineral no existía entonces todavía: ha nacido de la condensación o cristalización de la sustancia minero-vegetal de la Luna. Nuestro mundo vegetal ha surgido del reino vegeto-animal lunar. Y lo que actualmente constituye el Mundo Animal, proviene de lo que en la Antigua Luna fuera el hombre-animal. Vemos, pues, que cada uno de estos reinos lunares ha realizado en la tierra un descenso hacia la materialización. Y lo mismo aconteció con los seres que en la Luna estaban por encima del hombre-animal: los Espíritus del Fuego. Los hombres de entonces respiraban ese fuego lo mismo que los de hoy respiran el aire. De ahí que el Fuego haya quedado, en todas las leyendas y los mitos, como la primera manifestación de los dioses. En el “Fausto” de Goethe se hace alusión a esto al decir: “Hagamos un poco de fuego para que los espíritus puedan vestirse”. Estos Espíritus del Fuego de la Antigua Luna se encarnaron ahora, en la faz terrestre, en el Aire. Han descendido, pues, un grado más hacia la materialidad, viviendo en el aire que actualmente respiramos, Constituyen la sustancia del aire que nos circunda y que rodea a la Tierra con su atmósfera.

Ahora bien, si estos espíritus han descendido así hasta el aire, si los reinos lunares han involucionado, es con el fin de que el hombre pueda, gracias a ellos, elevarse hasta la divinidad. Se ha cumplido así un doble movimiento en el seno de cada uno de los reinos lunares: la parte más inferior descendía mientras que la más refinada se elevaba. De esta manera el hombre animal se dividió en dos grupos, uno de los cuales, bajo la influencia de la respiración y de la acción de los Espíritus del Fuego se prolongaba en Espíritus del Aire y trabajaba en la elaboración de su cerebro, mientras que el antiguo grupo descendía hacía el Reino Animal, Esta escisión se encuentra hasta en la constitución misma del hombre, cuya parte inferior se asemeja al animal, mientras que la superior se eleva hacia los espíritus. Y según fuera más o menos pronunciado un aspecto u otro, fueron formándose paulatinamente dos especies de hombres: la una, dominada por su naturaleza inferior, apegada a la tierra; la otra, más desarrollada, desprendida de la tierra. Los primeros regresaron hacia el Reino Animal y los otros pudieron recibir una chispa divina, la conciencia del yo. Esta es la verdadera relación que une actualmente el hombre al animal y particularmente al mono. La correlación física de esta evolución espiritual fue el crecimiento, el desenvolvimiento del cerebro humano que se convirtió en un templo para que Dios pudiera morar en él.

Pero si sólo se hubiera producido esta evolución hubiera todavía faltado algo. Hubiera habido minerales, plantas, animales y hasta hombres con el cerebro desarrollado y capaces de adquirir la forma humana actual, pero algo hubiera permanecido en el mismo estado lunar. En la Antigua Luna no había nacimiento ni muerte.

Si nos representamos el ser humano sin cuerpo físico no habría muerte: la renovación del ser se efectuaría de otra manera que mediante el nacimiento actual. Las partículas del cuerpo astral y del cuerpo etérico se renovarían por medio de cambios e intercambios, pero el compuesto ser permanecería constante. En torno de un centro inalterable, sólo las superficies serían el lugar de intercambio con el medio externo. Así ocurría en la Luna, donde el hombre no hacía más que metamorfosearse. Pero en ese estado no había llegado aún a obtener la conciencia. Los dioses que lo habían formado estaban en torno de él, detrás de él, pero no en él. Eran, con respecto al hombre, lo que el árbol es a la rama o el cerebro a la mano. La mano se mueve, pero la conciencia del movimiento está en el cerebro. El hombre no era más que una rama del árbol divino y si su evolución sobre la tierra no hubiera modificado este estado, su cerebro no habría sido más que una flor de ese árbol divino, sus pensamientos se reflejarían sobre el espacio de su fisonomía, sin que fuera capaz de tener sus propios pensamientos. Nuestra tierra hubiera sido un mundo de seres dotados de pensamientos, pero no de conciencia, un mundo de estatuas animadas por los dioses y sobre todo por Jahve (Iahve) o Iehovah.¿Qué pasó para que cambiara de tal manera la faz de las cosas y cómo obtuvo el hombre su independencia?

Cuando existen diversas clases en una escuela, hay alumnos que pasan todos los grados y otros que no. Los dioses de la naturaleza de Iahve estaban a punto de poder descender en el cerebro humano. Pero otros espíritus que, sobre la Luna se habían contado entre los Espíritus del Fuego, no habían terminado su evolución, y en vez de penetrar en el cerebro del hombre, en la Tierra, se mezclaron con su cuerpo astral. Este cuerpo astral está formado por instintos, deseos, pasiones. En él se refugiaron esos espíritus del Fuego que no habían alcanzado la meta de su evolución en la Luna, y recibieron asilo en la Naturaleza animal del hombre donde se elaboran las pasiones, aunque a] mismo tiempo dieron a estas pasiones un impulso superior. Hicieron penetrar el entusiasmo en la sangre y en el cuerpo astral. Los dioses Iehováquicos habían conferido la forma pura y fría de la idea, pero gracias a estos espíritus, que podríamos llamar luciféricos, el hombre fue capaz de entusiasmarse por ellas, de tomar partido por unas contra otras. Si los dioses Iehováquicos han modelado el cerebro humano, los espíritus luciféricos unieron ese cerebro a los sentidos físicos por las ramificaciones nerviosas que terminan en los órganos sensoriales. Lucifer vive en nosotros desde hace tanto tiempo como Iehovah.

Todo lo que pasa por los sentidos da al hombre una conciencia objetiva de lo que lo rodea y esto se lo debe a los espíritus luciféricos. Si debe a los dioses el pensamiento, en cambio a Lucifer debe la conciencia. Lucifer vive en su cuerpo astral y ejerce su actividad en las ramificaciones terminales de sus nervios.

He aquí por qué dice la “serpiente” del Génesis: “Vuestros ojos se abrirán”. Pueden tomarse estas palabras literalmente, porque, en el curso del tiempo, los espíritus luciféricos fueron quienes abrieron los sentidos del hombre. Merced a los sentidos es como se individualiza la conciencia. Sin el aporte del mundo sensible, los pensamientos del hombre no serían más que los reflejos de la Divinidad, actos de fe, no de conocimiento. Las contradicciones entre la fe y la ciencia provienen de este doble origen del pensamiento humano. La fe se vuelve hacia las ideas eternas, hacia las ideas matrices que tienen sus prototipos en los dioses; la ciencia, el conocimiento del mundo exterior por medio de los sentidos, viene de los espíritus luciféricos. El hombre se ha convertido en lo que es uniendo el principio luciférico a la inteligencia divina. Esta fusión de principios opuestos en el hombre es lo que le confiere la posibilidad del mal, pero también el medio de adquirir conciencia de sí mismo, de elegir y de ser libre, sólo un ser capaz de individualizarse ha podido ser ayudado así por esta oposición de los elementos dentro de él mismo. Si el hombre no hubiera recibido, aldescender en la materia, más que la forma dada por Iehovah, habría quedado impersonal.

Lucifer es, pues, el principio que permite al hombre convertirse realmente en un ser independiente de los dioses. El Cristo, o sea el Logos, manifestado en el hombre, es el principio que le permite remontarse hasta Dios.

Antes del Cristo, el hombre poseía el principio de Iehovah que le confería su forma y el de Lucifer que lo individualizaba. Se encontraba dividido entre la obediencia a la ley y la rebelión del individuo. Pero el principio de Cristo vino a establecer el equilibrio entre los dos primeros, enseñando al hombre a encontrar dentro del individuo mismo la ley primitiva, que originariamente fuera dada desde el exterior. Esto es lo que explica San Pablo que hace de la libertad y del amor el principio cristiano por excelencia: la ley ha regido la antigua alianza en la misma forma en que el amor rige la nueva. Encontramos, pues, así, en el hombre, tres principios inseparables y necesarios a su evolución: Iehovah, Lucifer y el Cristo.

Pero Jesucristo no es solamente un principio difuso en el mundo: es un Ser que apareció una vez, en un momento determinado de la historia. Bajo la forma humana reveló, por su palabra y su vida, un estado de perfección que todos los hombres adquirirán por su voluntad propia y libre, al final de los tiempos. El apareció en el momento supremo de una crisis terrible, cuándo el arco descendente de la humanidad iba a llegar al punto más bajo de la materialización. Para que el principio del Cristo hubiera podido despertar en el hombreo era necesario que se manifestara sobre la tierra y que el Cristo viviera como tal.

El Karma y Cristo resumen, por lo tanto, toda la Evolución. El Karma es la ley de causa y efecto en el Mundo Espiritual: es la espiral de la Evolución. La fuerza del Cristo interviene en el desenvolvimiento de esa línea kármica, como el eje directriz. Esta fuerza se encuentra en el fondo de toda alma humana después de la venida del Cristo a la Tierra.

Pero mientras no se vea en el Karma más que una necesidad impuesta al hombre de enderezar sus yerros o pagar por sus errores ante una injusticia implacable que se ejerce de una encarnación en otra, se opondrá. Siempre la objeción de que el Karma suprime el papel redentor del Cristo. En realidad, el Karma es a la vez una redención del hombre por sí mismo, por su propio esfuerzo, por su ascensión gradual hacia la libertad a través de la serie de reencarnaciones y al mismo tiempo es la que aproxima el hombre al Cristo. Porque la fuerza crística es la que constituye el impulso fundamental que empuja al hombre hacia esta transformación de la ley implacable en libertad y la fuente misma de esa impulsión es la persona y el ejemplo de Jesucristo. No es necesario creer que el Karma sea una fatalidad, sino que hay que considerarlo como el instrumento necesario para alcanzar la suprema libertad que es la vida en el Cristo, libertad que se logra, no atentando o desafiando el orden de cosas establecido, sino comprendiéndolo. El Karma no suprime ni la gracia ni el Cristo, sino que por el contrario, se aplican a toda la evolución.

Otra objeción es la que puede hacerse desde el punto de vista de la filosofía oriental. La idea de un redentor que viene a ayudar a los hombres, se dice, suprime los encadenamientos lógicos del Karma y reemplaza a la gran ley universal por la acción súbita de una gracia milagrosa. Es justo, se dice, que el hombre cargue sobre sí con el peso de sus culpas, ya que las ha cometido.

Esto es un error. El Karma es la ley de causa y efecto para el Mundo Espiritual, como la mecánica es la ley de causa y efecto en el Mundo Material en cada momento de la vida, el Karma representa algo así como el balance de un comerciante, la cifra exacta del debe y el haber. Cada acción, buena o mala, aumenta el debe o haber. El que no quisiera admitir un acto de libertad sería como el comerciante que rehusara hacer nuevas operaciones para no correr ningún riesgo y que quisiera atenerse siempre al mismo balance.

Un concepto puramente lógico del Karma impediría prestar ayuda al hombre que se encuentra en desgracia. Esto sería completamente erróneo, pues la ayuda que prestamos libremente a otro, abre un nuevo rumbo en su destino. Nuestros destinos están entretejidos con todas estas impulsiones y estas gracias. Si aceptamos la idea de una ayuda individual, ¿no es posible igualmente concebir un auxilio mucho más poderoso que pueda ayudarnos a todos colectivamente, aportando un impulso nuevo a toda la humanidad?

Ahora bien, esa es la obra realizada por un dios que se hizo hombre, no para contravenir a las leyes del Karma, sino para ayudar a su cumplimiento. El Karma y el Cristo se completan como el medio de salvación y el Salvador mismo. Merced al Karma la acción del Cristo se convierte en una Ley Cósmica, y por el principio crístico, el Logos manifestado, el Karma alcanza su objetivo que es la liberación de las almas conscientes y su identificación con Dios. El Karma es la redención graduada y el Cristo es el redentor.

Si el hombre se compenetrara bien de estas ideas, sentirían que se pertenecen los unos a los otros y comprenderían también la ley que reina en las fraternidades ocultas: que cada uno viva y sufra por los demás. Llegaremos a un momento en el futuro en el que el principio de la redención exterior coincidirá para cada hombre con la acción interior del Redentor.

No es la Revelación, sino la Verdad, la que hace libre al hombre. “Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres”.

El camino de nuestra evolución conduce a la libertad. Cuando el hombre haya despertado en sí mismo todo lo que contiene proféticamente el principio de Cristo, será libre. Porque si la necesidad es la ley del mundo material, la libertad reina en el Mundo Espiritual. La libertad no puede conquistarse más que gradualmente y no aparecerá totalmente en el hombre más que al término de su evolución, cuando toda su naturaleza se haya espiritualizado.

El despertar a la Comunidad

 Rudolf Steiner GA257-Conf.9 – Dornach, 03 de marzo 1923
 
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Ayer me comprometí a darles un informe sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en Stuttgart. Me gustaría transmitir algo de la esencia de las conferencias que se dieron. Así que voy a hacerlo hoy, y mañana intentare agregar otro comentario que complementará al informe de ayer.

La primera conferencia del martes fue concebida como respuesta a una necesidad muy concreta que se esta desarrollando, que se puso claramente de manifiesto en los debates del domingo, lunes y  martes, y que ha sido descrita desde el punto de vista del estado de ánimo que prevalecía allí. Me refiero a la necesidad de un estudio de los fundamentos para la construcción de la Comunidad. El Edificio de la Comunidad recientemente ha desempeñado un papel importante en la Sociedad para los que trabajan en la Antroposofía. Los jóvenes en particular -los mayores también- entraron en la Comunidad con un gran anhelo de conocer a otras personas con un mismo latir, con las que poder tener un tipo de experiencia que la vida no ofrece al individuo en el actual orden social.

Digo esto para llamar la atención sobre el anhelo completamente comprensible que sienten muchas personas de nuestro tiempo. Como resultado de los albores de la era del conocimiento, los viejos lazos sociales han perdido su contenido y fuerza puramente humana. La gente se afana  continuamente en crecer en alguna comunidad en particular. No son ermitaños, se convierten en algo muy concreto de la comunidad o de otra índole. Crecieron en la comunidad de una familia, de una profesión, de un cierto rango. Recientemente han ido creciendo en las comunidades denominadas de clases sociales, y así sucesivamente.

Estas diversas comunidades siempre han llevado a ciertas responsabilidades que el individuo no podría haber realizado por sí mismo. Uno de los lazos más fuertes que sienten los hombres de los tiempos modernos es el de clase. Los grupos sociales: los ancianos, la nacionalidad, incluso de raza, han dado paso a un sentimiento de pertenencia a una determinada clase. Esto se ha desarrollado hasta tal punto que los miembros de una determinada clase -las llamadas clases altas o la aristocracia, la burguesía, el proletariado- hacen causa común. Así, las comunidades basadas en la clase, han trascendido lo nacional e incluso lo racial y otras lealtades tales, y una buena parte de los elementos que fueron testigos de la moderna vida social internacional se pueden atribuir a estas comunidades de clase.

Pero la edad del alma consciente, que comenzó a principios del siglo XV ha llegado cada vez más a la palestra, haciéndose sentir en las almas humanas con creciente urgencia y vehemencia. Esto ha hecho que los seres humanos sientan que ya no pueden encontrar en las comunidades de clase cualquier otro elemento que pueda llevarles a algo más allá de la existencia meramente individual. Por un lado, el hombre moderno tiene un fuerte sentido de la individualidad y no puede tolerar ninguna injerencia en su pensamiento individual y sentimental. Él quiere ser reconocido como una personalidad. Esto se remonta a ciertas causas primordiales.

Si puedo volver a recurrir a la terminología que utilicé ayer, diría que desde el final del Kali-Yuga -o, dicho de otro modo, desde el comienzo de este siglo – algo se ha estado revolviendo en las almas contemporáneas, no importa cuán inconscientemente, que podría ser expresado en las palabras: “Yo quiero ser una individualidad diferente”. Por supuesto, no todo el mundo puede formularlo así. Se manifiesta en muchos tipos de descontento e inestabilidad psíquica. Pero detrás de ello está el deseo de ser una personalidad distinta. La verdad sin embargo es, que nadie puede evolucionar en la tierra sin otros seres humanos. Lazos y vínculos históricos como los que unen al proletariado en un sentido de pertenencia de clase, por ejemplo, no proporcionan nada que pueda satisfacer la necesidad de ser un individuo distinto y por otro, unen al individuo con sus semejantes. El hombre moderno necesita el elemento puramente humano en sí mismo y relacionarlo con el elemento puramente humano del otro. En realidad él quiere vínculos sociales, pero quiere que tengan un carácter individual como ocurre con las amistades personales. Mucho de lo que sucede entre los seres humanos en la vida contemporánea se remonta a un deseo de esa comunidad humana.

Esto se hizo evidente cuando un grupo de jóvenes vino a mí, queriendo lograr una renovación del cristianismo. Su creencia era que tal renovación sólo puede lograrse haciendo que el impulso de Cristo este muy vivo en el sentido que ha demostrado la Antroposofía. Este era el anhelo que sentían los jóvenes teólogos, algunos de los cuales estaban terminando su formación y por lo tanto a punto de asumir las tareas pastorales, otros seguían estudiando, este fue el elemento que dio origen a la última rama de nuestra Sociedad, el Movimiento para la Renovación Religiosa.

Para lograr este Movimiento para la Renovación Religiosa había que tener en cuenta una gran variedad de cuestiones. La primera preocupación era llevar el impulso de Cristo a la vida, de una manera adaptada a la realidad. Ello significaba tomar muy en serio el hecho en el que tantas veces hago hincapié: que Cristo no sólo habló a las almas humanas en el comienzo de la era cristiana, sino que esta llevando a cabo la promesa que hizo, cuando dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de la Tierra”.

Esto significa que siempre que un alma lo desee puede escuchar una revelación continua del Cristo. Tiene que haber una evolución de los evangelios escritos en la revelación inmediata que vive en el impulso de Cristo. Este es uno de los aspectos de la tarea de la renovación religiosa.

"Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de la Tierra".

La otra se puede caracterizar diciendo que la renovación religiosa debe llevar a la creación de Comunidades, debe construir comunidades religiosas. Una vez que una comunidad ha equipado a un individuo con el conocimiento, puede hacer algo en ella por sí mismo. Pero esta experiencia directa del mundo espiritual, no se basa en el pensamiento, sino en el sentimiento, que es religioso por naturaleza. Esta experiencia espiritual divina sólo puede encontrarse mediante la formación de comunidades. Así que un edificio saludable de la Comunidad debe, ir de la mano del desarrollo saludable de la vida religiosa. Las personas que llevaron a cabo el lanzamiento de este Movimiento para la Renovación Religiosa eran, al principio, teólogos protestantes. Podemos llamar la atención al hecho de que se trataba tan sólo de los denominados protestantes, que tienden a poner mayor énfasis en los sermones, en detrimento del ritual.

Pero la predicación tiene un efecto de atomización en las comunidades. El sermón, que pretende transmitir el conocimiento del mundo espiritual, desafía al alma individual que quiere formar sus propias opiniones. Este hecho se refleja en el antagonismo moderno, particularmente pronunciado en el credo, la profesión de creencias, en una época en que todo el mundo quiere confesar sólo con los suyos. Esto ha llevado a una atomización,  a un volar por los aires la congregación, con el resultado de focalizar el elemento religioso del individuo. Esto poco a poco provocaría la disolución de los elementos del alma del orden social si no hubiera una posibilidad renovada de construir una verdadera comunidad.

Pero la construcción de una verdadera comunidad sólo puede ser el producto de un culto derivado de nuevas revelaciones del mundo espiritual. Así que fue introducido el culto que actualmente se utiliza en el Movimiento para la Renovación Religiosa que trata de tener en cuenta la evolución histórica de la humanidad, y por lo tanto representarla en muchos de sus detalles individuales, así como en los generales. Llevar adelante el elemento histórico en todos sus aspectos y portando también el sello de las nuevas revelaciones, que el mundo espiritual solo ahora  puede comenzar a hacer llegar a la conciencia del hombre.

El culto une a los que se reúnen en su celebración. Se crea la comunidad, y el Dr. Rittelmeyer dijo con toda razón, en el curso de las deliberaciones en Stuttgart, que la construcción de la comunidad de culto del Movimiento para la Renovación Religiosa presenta un gran peligro -quizás uno muy grave- a la Sociedad Antroposófica. ¿Qué quería señalar al decir esto?.  Llamaba la atención sobre el hecho de que más de una persona se acerca a la Sociedad con el anhelo de encontrar un vínculo con los demás, en una experiencia de comunidad libre. Esa vida comunitaria con la coloración religiosa que le da el culto se puede alcanzar, y la gente con tal ansia de vida en comunidad, puede satisfacerlo en el Movimiento de Renovación Religiosa. Si la Sociedad no quiere estar en peligro de extinción, debe hacer un esfuerzo en promocionar ese elemento de construcción de la comunidad.

Ahora bien, esto llama la atención sobre un hecho de la mayor importancia en esta fase más reciente del desarrollo de la Sociedad. Señaló que los antropósofos deben adquirir una comprensión de lo que significa construir una Comunidad. Debe encontrarse una respuesta a la cuestión de si la construcción de la comunidad que se está logrando en el Movimiento para la Renovación Religiosa es la única que hay en la actualidad, o si existen otras posibilidades de alcanzar el mismo objetivo dentro de la Sociedad Antroposófica. Esta pregunta, obviamente, sólo puede ser contestada mediante el estudio de la naturaleza de la construcción de una comunidad.

Pero ese anhelo por construirla, que el hombre moderno siente y que el culto puede satisfacer, no es lo único que le mueve, hay algo más. Cada ser humano siente ambos tipos de anhelo, y es muy de desear que todos y cada uno puedan satisfacer esa necesidad proporcionando elementos para la construcción de la comunidad, no sólo en el Movimiento para la Renovación Religiosa, también en la Sociedad Antroposófica.

Cuando uno está hablando de algo, naturalmente tiene que vestirse de forma adecuada. Pero lo que quiero presentar es la forma de lo que realmente vive en el nivel de los sentimientos en las personas de nuestro tiempo. Las ideas son un dispositivo para tener una visión clara. Pero ahora quiero referirme a algo que el hombre moderno experimenta como puro sentimiento.

El primer tipo de construcción de comunidad nos lo encontramos en el momento de nacer, que damos por sentado y rara vez nos paramos a pensar o sentir. Es la comunidad construida por el lenguaje. Aprendemos a hablar nuestra lengua materna desde niños, y esta lengua materna nos proporciona un elemento de pertenencia a la comunidad especialmente fuerte, ya que se vive empíricamente en el niño y lo absorbe a una edad en que su cuerpo etérico no está todavía totalmente integrado con el resto del organismo, está bastante indiferenciado. Esto significa que la lengua materna crece totalmente, con todo su ser, pero también es un elemento que grandes grupos humanos comparten en común.

La gente se siente unida por una lengua común, y  algo que menciono a menudo es el hecho de que en el lenguaje se encarna un Ser Espiritual; que el “genio del lenguaje” no es una abstracción como consideran los eruditos, sino un Ser espiritual real, sienten cómo una comunidad basada en una lengua compartida se basa en el hecho de que sus miembros están ante la presencia de un verdadero genio de la palabra. Se sienten protegidos bajo las alas de un ser espiritual real. Tal es la base desde la que se construye la comunidad. Todo el edificio de la comunidad reposa en que un Ser Superior  desciende del mundo del espíritu, y reúne a las personas que tienen una lengua  común.

Todo el edificio de la comunidad reposa en que un Ser Superior  desciende del mundo del espíritu, y reúne a las personas que tienen una lengua  común.

Hay otro elemento, totalmente individual, capaz de crear comunidad, que aparece cuando un grupo tiene un pasado común. Una lengua común une a la gente, porque lo que se comunica puede vivir en los que escuchan, por lo tanto comparten un contenido común. Pero  imaginemos a un grupo de personas que pasaron juntas su infancia y primeros años de colegio y encuentran la ocasión de volver a reunirse unos treinta años después  Este pequeño grupo de cuarenta o cincuenta años de edad, que pasaron la infancia en la misma escuela y la misma región, empieza a hablar de su experiencia común como niños y jóvenes. Algo especial se vivifica en ellos que les hace sentirse en otro tipo de comunidad diferente a la creada por una lengua común.

Cuando los miembros de un grupo que habla el mismo idioma se reúnen y conversan, pueden sentir que se entienden entre sí, pero su sentido de pertenencia es relativamente superficial en comparación con lo que se siente cuando en las profundidades del alma se agita un recuerdo común. Cada palabra tiene un color especial, un sabor especial, porque te lleva de vuelta a una juventud y niñez común. Lo que une a la gente en esos momentos de experiencia comunal alcanza niveles más profundos en la vida anímica. Uno se siente en contacto con las capas más profundas de su ser con aquellos con los que se une sobre esta base. ¿Cuál es esta base de esta relación?.  Esta compuesta de recuerdos -recuerdos de experiencias comunitarias de los primeros días-. Uno se siente a sí mismo transportado a un mundo desaparecido que vivió en compañía de esas personas con las que ahora está re-unido.

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Con esto quiero describir una situación que ilustra bien la naturaleza de los cultos. ¿Que se pretende con el culto?. Por medio de palabras o acciones, se proyecta en el mundo físico, en un sentido totalmente diferente a como se hace en nuestro entorno natural, una imagen de lo suprasensible, del mundo espiritual.

Cada planta, cada proceso en la naturaleza externa es, por supuesto, también una imagen de algo espiritual, pero no en el sentido directo como una faceta verbal o ceremonial de culto bien presentada. Las palabras y las acciones del culto se transmiten al mundo suprasensible en toda su inmediatez. El culto se basa en pronunciar palabras en el mundo físico de tal manera que hace que el mundo suprasensible se haga inmediatamente presente en ellas, en la realización de actos que conduce las fuerzas de ese mundo.

Un ritual de culto es aquel en el que sucede algo, que no se limita a lo que los ojos ven cuando miran físicamente en actos rituales, que da lugar a que fuerzas de orden espiritual, impregnen las fuerzas físicas ordinarias. En los actos de este tipo se lleva a cabo un evento suprasensible.

El hombre esta pues, directamente unido con el mundo espiritual por medio de palabras y actos de  culto físicamente perceptibles. Correctamente presentadas, esas palabras y actos nos llevan a experimentar desde el plano físico el mundo pre-terrenal del que hemos descendido. En el mismo sentido en que los que han cumplido cuarenta o cincuenta años de edad se sienten transportados al mundo que compartieron en la infancia, una persona que se une a otros en la celebración de un culto genuino se siente transportado a un mundo que compartía con ellos antes de descender a la tierra. Él no es consciente de ello, sigue siendo una experiencia subconsciente, pero penetra más profundamente en su vida sentimental por esa misma razón. El culto ha sido diseñado con este propósito. Está diseñado con el fin de dar al hombre una experiencia real de algo que es un recuerdo, una imagen de su vida pre-terrenal, de su existencia antes de descender a la tierra. Los miembros de las congregaciones sobre la base de un culto sienten vivamente sobre todo lo que, a efectos de ilustración, acabo de describir como algo que ocurre cuando un grupo se reúne en la vida adulta y se intercambian los recuerdos de la infancia: se sentirán transportados al mundo en el que vivían juntos en lo suprasensible. Esto explica los lazos de unión creados por una comunidad basada en el culto, y ésta siempre ha sido la razón por la que se hacen.

Cuando se trata de una vida religiosa que no tiene un efecto de atomización debido a su énfasis en la predicación, sino que hace hincapié en el culto, éste dará lugar a la formación de una verdadera comunidad o congregación. Ninguna vida religiosa puede ser mantenida sin ese elemento de construcción de la comunidad. Así, una comunidad basada en este sentido en los recuerdos comunes de lo suprasensible es una comunidad también sacramental.

Pero no hay forma de sacramento, o culto basado en la comunidad que pueda mantenerse en pie si no puede satisfacer las necesidades de los seres humanos modernos. Sin duda, puede ser aceptable para muchas personas. Pero los cultos basados ​​en congregaciones no alcanzarán su pleno potencial o -más importante aún- su verdadera meta si solo permaneciera como comunidad unida por los recuerdos comunes de la experiencia suprasensible. Esto ha creado la necesidad creciente de introducir sermones en el culto. El problema es la tendencia de atomización de los sermones como se conciben actualmente por los denominados protestantes y que se ha vuelto muy marcado, ya que no se han tenido en cuenta las necesidades reales derivadas del desarrollo del alma consciente de esta quinta época post-Atlante. El concepto de la predicación en las confesiones más antiguas todavía se basaba en las necesidades de la cuarta epoca Post-Atlante. En estas iglesias antiguas, los sermones se ajustaban a la visión del mundo que prevalecía durante el período de desarrollo del alma racional. Pero esto ya no es adecuado para la conciencia moderna. Esta es la razón por la que las iglesias protestantes han pasado a una forma de presentación que apela más a la opinión humana, al entendimiento humano consciente. Hay muchas buenas razones para hacer esto, por supuesto. Por otro lado, no se ha encontrado aún la manera realmente correcta de hacerlo. Un sermón que figura en el culto es algo inadaptado, que se aleja del culto en el sentido cognitivo. Pero este problema no ha sido bien reconocido en la predicación, y ha seguido tomando parte en el curso de la evolución continua del hombre. Lo verán de inmediato cuando recuerden un hecho determinado. Verán lo poco que queda cuando omitimos los sermones de tiempos más recientes, que no tienen un texto bíblico. En la mayoría de los casos, los sermones dominicales, así como los que se dan en ocasiones especiales y que contienen alguna cita de la Biblia para su texto por revelación fresca, viva, como vemos en la actualidad, es rechazado. La tradición histórica sigue siendo la única fuente recurrente. En otras palabras, se busca una forma más individual del sermón, pero todavía no se ha encontrado la clave. Así los sermones se basan en la mera opinión, opinión personal, con efecto atomizador.

Ahora bien, si el Movimiento de reciente creación para la Renovación Religiosa, se construye esencialmente sobre una base antroposófica, como revelación fresca y constante, como una experiencia espiritual del mundo suprasensible, entonces será el factor sermón el que traerá el reconocimiento de la necesidad de algo más. Ese algo es lo que hace fresco el conocimiento vivo del mundo espiritual, que se hace posible por la ciencia espiritual antroposófica.

Lo podría expresar diciendo que los sermones siempre serán como ventanas por las que el Movimiento para la Renovación Religiosa podrá recibir lo que vive en la sociedad Antroposófica. Pero, como dije cuando hablé del Movimiento  en la última conferencia que di en el Goetheanum, si  este Movimiento sigue creciendo, la Sociedad Antroposófica tendrá que ajustarse al mismo de la manera más viva posible, con toda la vida que fluye de Antroposofía a partir de un número de seres humanos como canal. El Movimiento para la Renovación Religiosa pronto se secaría si no tuviera por lo menos algunas personas en quienes la cognición antroposófica sea un elemento muy vivo. Pero como he dicho, muchos individuos actualmente entran en la Sociedad, buscando la Antroposofía no sólo en abstracto, sino como  pertenencia a una comunidad que pueda satisfacer el anhelo del alma consciente. Podría sugerirse que la Sociedad también deberia adoptar un culto. Se podría hacer, por supuesto, pero la sacaría de su propia esfera.

Quiero, pues, discutir la forma específicamente antroposófica de construcción de la comunidad. La vida moderna sin duda puede ofrecer otros elementos de construcción de comunidades además de la que se basa en recuerdos comunes de experiencia pre-natal en el mundo suprasensible. El elemento a tener en cuenta es cómo presentarla de una forma especialmente adaptada a la edad del alma consciente. A este respecto debo señalar algo que pasa totalmente desapercibido para la mayoría de los seres humanos de nuestro tiempo.

Siempre se habla de idealismo. Pero cuando se menciona el idealismo hoy en día, muchas veces suena como frases vacías, incluso en bocas bien significativas. Vivimos un momento en que los elementos y fuerzas intelectuales se han vuelto especialmente relevantes en el mundo civilizado, con el resultado de que ya no hay una comprensión de lo que es un ser humano completo.

El deseo de entender es verdadero, especialmente en el caso de la juventud. Sin embargo, la indefinición de la forma que la juventud la concibe, muestra que algo vive en las almas humanas de hoy en día que no se ha pronunciado claramente en absoluto, algo que está todavía indiferenciado, y no podemos permanecer inocentes para no poder diferenciarlo. Imagínese a sí mismos en los tiempos en que las corrientes religiosas crecían e inundaban la humanidad. Encontrarán que en esos períodos pasados ​​de la evolución humana, esta proclamación del mundo espiritual era recibida con gran entusiasmo por mucha gente. De hecho, habría sido totalmente imposible que las confesiones existentes hoy en día pudieran encontrar esa fuerza para llevar a la gente si, en el momento de estas proclamas, las almas no hubieran sentido una afinidad mucho mayor con las revelaciones del mundo espiritual de la que se sienten hoy.

Observen a la gente hoy en día, simplemente no se puede imaginar que puedan dejarse llevar por nada de naturaleza de la proclamación de las verdades religiosas, como solía ocurrir en épocas anteriores. Por supuesto, se forman sectas, pero hay en ellas  una cualidad filistea en gran contraste con la respuesta ardiente de las almas humanas a las primeras proclamas. Uno ya no encuentra el mismo calor interno del alma hacia las cosas del espíritu. Sufrió una disminución rápida en el último tercio del siglo XIX. Por supuesto, el descontento aún impulsa a la gente a escuchar esto o aquello, y de afiliarse a una iglesia u otra. Pero el calor positivo que solía vivir en las almas humanas era el único responsable de que las personas pudieran poner todo su ser al servicio del Espíritu, esto ha sido reemplazado por una cierta actitud fresca, incluso fría. Esta frialdad se manifiesta en las almas hoy en día cuando se habla de los ideales y del idealismo. Actualmente el principal motivo de preocupación es algo que todavía tiene un largo camino por recorrer para su cumplimiento, que todavía tiene un largo período de espera, pero que como expectativa ya está muy vivo actualmente en muchas almas humanas. Puedo caracterizarlo de la manera siguiente.

Tomemos dos estados de conciencia familiares para todo el mundo, imaginemos a una persona  que sueña y otra que se encuentra en un estado de conciencia ordinaria de vigilia. ¿Cuál es la situación del soñador?.  Es la misma que la de una persona durmiente. Porque aunque podemos hablar de sueño sin sueños, lo cierto es que los durmientes siempre están soñando, aunque sus sueños pueden ser tan débiles como para pasar desapercibidos. ¿Cuál es, repito, la situación del soñador?. Él está viviendo en su propia imagen onírica del mundo. Con frecuencia esta imagen le resulta mucho más vívida y apasionante -de esto ciertamente se puede decir mucho- que su experiencia de vigilia cotidiana. Pero lo experimenta en completo aislamiento. Es una experiencia puramente personal. Dos personas pueden estar durmiendo en la misma habitación, sin embargo, están viviendo dos mundos totalmente diferentes en su conciencia durmiente. No pueden compartir las experiencias mutuas. Cada uno tiene la suya, y lo más que puede hacer es contársela después el uno al otro.

Cuando la persona se despierta y cambia su conciencia de sueños por la de vigilia, tiene el mismo sentido de la percepción de su entorno que los que viven con él. Comienza a compartir un escenario común. Una persona se despierta a un mundo compartido cuando deja los sueños y entra en un estado de vigilia, de conciencia diurna.

¿Qué es lo que despierta la conciencia de un estado al otro?. Es la luz, el sonido y el entorno natural el que lo despertará al día ordinario, al estado de vigilia y otras personas estarán en la misma situación que él. Uno se despierta del sueño de manera natural y se encuentra con sus semejantes, por lo que están diciendo, por su forma de vestir, por los pensamientos y sentimientos expresados en el lenguaje común. Uno es despertado por la forma en que otras personas se comportan naturalmente. Todo en un entorno natural, con la conciencia despierta de un día normal. En todas las épocas anteriores la gente despertaba del estado de sueño a la conciencia de vigilia. Y este mismo entorno proporcionaba la puerta a través de la cual si estaba debidamente preparado entraba en los reinos espirituales.

Después, un nuevo elemento hizo su aparición en la vida humana con el despertar y el desarrollo del alma consciente. Esto requiere de un segundo tipo de despertar, que la raza humana siente como una necesidad cada vez mayor: un despertar con las almas y espíritus de otros seres humanos. En la vida ordinaria de vigilia se despierta solo en el cumplimiento de los aspectos naturales del otro. Pero una persona que se ha convertido en un ser independiente, en un ser consciente quiere despertar por el encuentro con el alma y el espíritu de su prójimo. Quiere despertar su alma y espíritu, para acercarse a él de tal manera que despierte a su propia alma en el mismo sentido que la luz, el sonido y otros elementos del medio ambiente le sacan a uno de los sueños.

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Esto se ha hecho sentir como una necesidad absolutamente fundamental desde el comienzo del siglo XX, y va a crecer de una manera más urgente. Es una necesidad que se hará evidente a lo largo del siglo XX, a pesar de los tiempos caóticos, de la naturaleza tumultuosa, que afectará a todas las fases de la vida y la civilización. Los seres humanos sienten esta necesidad -la necesidad de ser llevados a despertarse profundamente en el encuentro con la otra persona, que no se puede despertar en lo que se refiere al entorno meramente natural. La vida del sueño despierta a la conciencia de vigilia daría al encuentro con el entorno natural. La conciencia de vigilia despierta a una conciencia más elevada en el encuentro con el alma y el espíritu de nuestros semejantes. El hombre debe llegar a ser más para su prójimo de lo que solía ser: debe ser su despertador. Las personas deben acercarse unas a otras mas de lo que solían hacer. Cada uno debe convertirse en un despertador de cada ser que conoce. Los seres humanos modernos actuales han atesorado demasiado karma como para no sentir una conexión de destino con cada persona que se encuentra. En épocas anteriores, las almas eran más jóvenes y no habían formado tantos lazos kármicos. Ahora se hace necesario ser despertados no sólo por la naturaleza sino por los seres humanos con los que estamos kármicamente vinculados y que nos encontramos.

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Por lo tanto, además de la necesidad de recordar el lugar suprasensible de donde procede cada uno, y que se reúne en el culto, tenemos la necesidad adicional de ser despertados al elemento anímico-espiritual por otros seres humanos, y el impulso sentimental que nos puede brindar esto es el nuevo idealismo. Cuando el ideal deja de ser una mera abstracción y se  vivifica al reunirse con el alma y el espíritu del otro, puede ser expresado en las palabras: “Yo quiero despertar en el encuentro con mi prójimo”.

Esta es la sensación que, por vaga que sea, se está desarrollando en la juventud de hoy: “Yo quiero ser despertado por mi prójimo”, y esta es la forma particular en que la comunidad debe ser alimentada en la Sociedad Antroposófica. Es el desarrollo más natural imaginable, cuando la gente se reúne para tener una experiencia común de lo que puede revelar la antroposofía de lo suprasensible, esta experiencia es bastante diferente de cualquier otra que se pueda tener en soledad.

El hecho de que uno se despierte en el encuentro con el alma del otro crea una atmósfera que, si bien no puede llevarle a uno exactamente al mundo suprasensible de la manera descrita en el libro “Como se adquiere el conocimiento de los mundos superiores” promueve la comprensión de las ideas que la ciencia espiritual antroposófica nos trae de dichos reinos.

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Hay una comprensión diferente de las cosas entre las personas que comparten un ideal de vida en común basado en la mutua comunicación de un contenido antroposófico, ya sea mediante la lectura en voz alta o en alguna otra forma. A través de experimentar lo suprasensible en conjunto, el alma humana se despierta con más intensidad en el encuentro con otro ser humano. El alma se despierta a una mayor comprensión y en este estado animico se crea una situación que hace que un Ser Real Comunal descienda a un grupo de personas que se reúnen con el propósito de comunicarse entre sí y experimentar las ideas antroposóficas.

Al igual que el genio de la lengua vive en el idioma y extiende sus alas sobre los que lo hablan, así aquellos que experimentan las ideas antroposóficas juntos en el marco idealista de la mente, habitan al abrigo de las alas de un Ser Superior. ¿Y cuál es el resultado?.

Si esta línea (Dr. Steiner se basa en la pizarra) representa la demarcación entre lo suprasensible y el mundo de los sentidos, tenemos, aquí encima de ella, los procesos y los Seres del mundo superior con experiencia en el culto, que se proyectan por las palabras y actos rituales de los cultos en el mundo físico aquí debajo de la línea. En el caso de un grupo antroposófico, la experiencia en el plano físico es elevada por la fuerza de su idealismo genuino espiritualizado, al mundo espiritual. El culto atrae lo suprasensible al mundo físico, con sus palabras y acciones. El grupo eleva los pensamientos y sentimientos de las individualidades reunidas a lo suprasensible, y cuando el contenido antroposófico se experimenta en el marco mental correcto por un grupo de seres humanos cuyas almas despiertan en el encuentro con los demás, el alma en realidad se eleva a una Comunidad Espiritual. Se trata de ser conscientes de esta Presencia Real. En el caso de que existan grupos de este tipo en la Sociedad Antroposófica, tenemos, en este culto invertido, como yo lo llamo, el polo opuesto al culto, un elemento para construir una comunidad más potente.

Si tuviera que hablar gráficamente, lo pondría así: la comunidad de culto pretende traer los ángeles del cielo hasta el lugar donde se celebra el culto, para que puedan estar presentes en la congregación, mientras que la comunidad antroposófica busca elevar las almas humanas a reinos suprasensibles para poder entrar en la compañía de los ángeles. En ambos casos se crea comunidad. Pero si la antroposofía quiere servir al hombre como un camino real para entrar en el mundo espiritual, no puede ser mera teoría y abstracción. Tenemos que hacer algo más que hablar de los seres espirituales, tenemos que buscar las oportunidades más cercanas para lograrlo. El trabajo de un grupo antroposófico no consiste en un número de personas que debaten ideas antroposóficas. Sus miembros deberían sentirse tan vinculados entre sí que el alma humana se despierte en el encuentro con el alma humana y todos se eleven al mundo espiritual, a la compañía de los seres espirituales, aunque tampoco tiene por qué ser una cuestión de quedarse contemplándolos. No tenemos nada que ver si se vive esa experiencia. Este es el elemento que da fuerza, que puede surgir de los grupos que han venido a la sociedad a través de la práctica correcta de la construcción comunitaria. Algunas de las cosas bellas que existen realmente en la Sociedad deben ser comunes, esto es lo que los miembros nuevos han perdido. Lo han buscado, pero no lo han encontrado. Lo que han encontrado en su lugar han sido declaraciones tipo “Si quieres ser un verdadero antropósofo tienes que creer en la reencarnación y en el cuerpo etérico”, y así sucesivamente.

A menudo he señalado que hay dos maneras de leer un libro como mi “Teosofía”. Una de ellas es leer: “El hombre se compone de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, etc, y vive repetidas vidas terrestres y tiene un karma, etc…”. Un lector de este tipo está tomando conceptos. Por supuesto son conceptos bien diferentes que los que uno  puede encontrar en otro lugar, pero el proceso mental por el que está pasando es, en muchos aspectos idéntico a lo que ocurre cuando se estudia un libro de cocina. Lo importante es el proceso, no la absorción de las ideas. No hay ninguna diferencia si leemos: “Pon la mantequilla en una sartén, agrega la harina, revuelve, añade los huevos batidos, etc.” o, “No hay materia física, las fuerzas etéricas, y las fuerzas astrales se compenetran entre sí”. Es lo mismo desde en el punto de vista del proceso en que se involucra el alma ya sea que la mantequilla, se mezcla con los huevos y la harina y se lleva al horno o la entelequia humana se concibe como una mezcla de cuerpos físico, etérico y astral. También se puede leer la Teosofía, de tal manera que se dan cuenta de que contiene conceptos que se interponen en la misma relación con el mundo de los conceptos físicos ordinarios ya que este último pertenece al mundo de los sueños. Pertenecen a un mundo del que hay que despertar de la realidad física ordinaria de la misma manera que uno se despierta del sueño al mundo físico. Es la actitud que uno tiene en la lectura lo que da a las cosas el color correcto. Esta actitud puede, por supuesto, ser llevada a la vida diaria por los seres humanos de diferentes maneras. Todo ello está descritos y podemos elegir “Como se adquiere el conocimiento de los mundos superiores”.

Pero el hombre moderno también tiene que pasar por la fase de transición -uno no debe confundirse con la realidad contemplar los mundos superiores- de despertar en el encuentro con el aspecto anímico-espiritual de sus semejantes hasta el punto de vivir en el mundo espiritual, tal como despierta de sus sueños en el mundo físico a través del estímulo de la luz, sonido, etc. Debemos elevarnos a una comprensión de la materia. Tenemos que llegar a entender lo que la Antroposofía debe ser dentro de la Sociedad Antroposófica, una ruta de acceso al Espíritu. Cuando esto se logra, el resultado será la creación de comunidades. Pero la Antroposofía debe estar realmente aplicada a la vida. Eso es lo esencial, que puedo ilustrar con un ejemplo cercano.

Después de haber tenido muchas pequeñas reuniones con un número variable de personas en Stuttgart y debatir sobre lo que se puede hacer para consolidar la Sociedad, se reunieron con los jóvenes. Estos jóvenes eran estudiantes particulares. Se habló sobre la mejor manera de arreglar las cosas para que la sociedad funcionara correctamente, y así sucesivamente. Pero después de un rato la conversación cambió a cuestiones de la misma antroposofía. Tenemos derecho a ver su propia esencia, porque estos hombres y mujeres jóvenes sintieron la necesidad de indagar en la forma que deben tomar los estudios en el futuro, como el problema de cómo deben ser manejadas las tesis doctorales y cosas semejantes. No fue posible responderles superficialmente, había que ahondar en la antroposofía. En otras palabras, empezaron con consideraciones filisteas y de inmediato abocaron en problemas de la antroposofía y su aplicación, tales como, “¿Cómo escribir una tesis doctoral como antropósofo? ¿Cómo se puede buscar un tema como la química?”. La Antroposofía debe estar orientada a la vida, a las deliberaciones de este tipo, más de sí misma. Y es que la antroposofía no debe permanecer como un aprendizaje abstracto. Estas cuestiones  deben disponerse de manera que las personas sean convocadas a una reunión con el propósito de decidir cómo debería establecerse la Sociedad, con una conversación acerca de la Antroposofía como un elemento más en la agenda. Este sería un enfoque superficial. No estoy sugiriendo, sino profundizando sobre la consideración de que la Antroposofía debe involucrarse con los problemas cotidianos y dar con la idea que pueda ayudar a resolverlos. Vemos el efecto de aceleración que tiene en la vida un caso como el citado, donde la gente estaba discutiendo la re-configuración de la Sociedad para terminar, discutiendo sobre cómo el antropósofo y el científico filisteo deben concebir el desarrollo del embrión a partir de sus puntos de vista respectivos. Tenemos que ser prácticos en lugar de tener un sistema de contabilidad de doble entrada establecido por tales entradas filisteas en una página como la “Sociedad Antroposófica”, “Unión por la vida espiritual libre”.

La vida real debería pasar sin mucha teoría y abstracciones y un arrastrar los dichos supuestamente antroposóficos como “El antropósofo debe encontrar su camino hacia el hombre”, y así sucesivamente. A las abstracciones de este tipo no se les debe permitir que desempeñen un papel. En cambio, un enfoque antroposófico concreto debe conducir directamente a la esencia de cada motivo de preocupación. Cuando eso sucede, uno raramente oye la frase: “Eso es antroposófico, o no es antroposófico.” De hecho, en estos casos raramente se pronuncia la palabra “antroposofía”. Tenemos que evitar un hablar fanático; como verán este no es un asunto superficial.

En el último Congreso de Viena tenía que dar doce conferencias sobre una amplia gama de temas, y me impuse la tarea de no mencionar ni una sola vez de la palabra “antroposofía”. !Y lo logré! No van a encontrar la palabra “antroposofía” o “antroposófico” en una sola de las doce conferencias pronunciadas en Viena en junio. El experimento fue un éxito. Sin duda se puede hacer amistad con una persona sin tener ningún interés especial en saber si su nombre es Mueller y cuál es su título. Uno sólo lo toma como tal. Si tomamos la antroposofía vivamente, tal como es, sin prestar mucha atención a su nombre, esta será una buena decisión.

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Antroposofía y Astronomía

Dra. Elizabeth Vreede

English version

La Ciencia Espiritual de Rudolf Steiner nos ha legado una cosmología del Espíritu, que da al hombre un lugar dentro del contexto universal y que vincula Cielo y Tierra  como una unidad. Al mismo tiempo, el objetivo de Rudolf Steiner fue construir un puente desde este conocimiento de la Astronomía tal y como se cultiva en la ciencia moderna. Que tal puente es necesario se deriva del principio fundamental de todo conocimiento espiritual: el mundo exterior de los sentidos es maya, ilusión, en tanto que la ciencia espiritual penetra en la realidad subyacente detrás de este mundo exterior.

¿Cómo y en qué punto maya y realidad se encuentran?. Este es el gran problema del que Rudolf Steiner hablo en el año 1912 en su curso de conferencias en Helsingfors: Las Jerarquías Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza [Curso N º XXI. Antroposófica Publishing Co., de Londres].

El estudio detallado de estas conferencias señala el camino del maya exterior a la realidad espiritual interior. Nos orientaremos más rápido si descubrimos lo que corresponde a la realidad.

 “El universo de los cuerpos celestes físicos, representa lo que ha quedado de las acciones pasadas de las Jerarquías Espirituales, cuyas influencias posteriores han perdurado en nuestro tiempo presente”.

En este sentido, el mundo de las estrellas, así como el resto de la naturaleza es maya –¡es pasado! Detrás de este velo de maya las estrellas se revelan como “colonias de seres espirituales.” Somos  llevados  a un estudio de la naturaleza de las jerarquías más altas, que se extiende en nueve etapas por encima del hombre y a todo lo ligado de alguna manera con el mundo de las estrellas o de su evolución cosmológica. Estas Jerarquías son descritas con mayor detalle en  “La Ciencia Oculta, un  Bosquejo“, de Rudolf Steiner .

El primer reino por encima del hombre es el de los seres angélicos, los Ángeles. Son los Espíritus Guardianes del hombre y lo guían de encarnación en encarnación. Su casa es la esfera de la Luna, aunque para empezar, no pueden  desplegar su actividad en la propia Luna.

Aún mayores poderes son necesarios para esto –poderes como sólo los Arcángeles y Arkai, (Poderes Primordiales) poseen-. Estos Seres, que junto con los Ángeles constituyen la jerarquía más baja del mundo espiritual, guían y dirigen a los pueblos y las grandes épocas  de la Tierra.

Los Arcángeles son también los Espíritus del Pueblo, y los Archai son los Espíritus del Tiempo. Estas jerarquías –cuyo campo de acción es la esfera de la Luna- se ocupan  esencialmente con la vida histórica de los seres humanos individuales y de los pueblos.

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En la  esfera del sol moran los seres de la segunda jerarquía – Espíritus de la Forma, Espíritus del Movimiento y Espíritus de la Sabiduría. Rudolf Steiner hablo de estos Seres en su conferencia titulada “El Misterio del Gólgota” [Una traducción completa de esta conferencia apareció en Antroposofía , vol. I., Pascua de 1926.] impartida  en Manchester College Chapel, Oxford, agosto, 1922.

“Las almas de tiempos antiguos, mirando a su entorno físico, veían en las estrellas las imágenes del mundo de los Seres espirituales que habían dejado atrás cuando descendieron a esta vida a través del nacimiento. En el flagor del sol, vieron la radiante sabiduría en la que habían habitado, y que había sido su aliento de vida. En el mismo sol, vieron los coros de las jerarquías divinas, aquellas por las que habían sido enviados a la Tierra. “

Es cierto que el hogar de esos seres está en el sol, pero desde allí trabajan sobre los planetas, para enviar sus fuerzas también desde los planetas a la Tierra. La forma y la configuración de cada planeta es impartida por los Espíritus de la Forma. Los Espíritus de Movimiento generan la movilidad interna del planeta, no su movimiento en el espacio, sino los cambios producidos en el curso de cientos y miles de años por el flujo y reflujo, terremotos y actividad volcánica, influencias meteorológicas y  climáticas.

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En cierto modo es diferente cuando hablamos de los Espíritus de la Sabiduría, que trabajan desde el propio sol, derramando fuerzas solares en el sistema planetario. Mientras que la configuración interna y la movilidad interior de cada planeta es diferente según la operación de los Espíritus de la Forma o del Movimiento, la acción de los Espíritus de la Sabiduría es uniforme en todos los planetas. Esta uniformidad de acción de los Espíritus de la Sabiduría es fácil de observar en el mundo vegetal. Hay gran variedad de formas en las plantas, la posición de sus hojas, zarcillos, etc., revelando diferentes proporciones en espiral, y en estas formas, están reflejadas las fuerzas que emanan desde un Espíritu de la Forma o un Espíritu del Movimiento trabajando desde la perspectiva de un planeta en particular. Sin embargo una cosa, es común a todas las plantas – la dirección perpendicular del tallo, alejándose de la Tierra y dirigiéndose hacia el sol. Aquí tenemos una expresión del trabajo uniforme de los Espíritus de la Sabiduría en todas las plantas. Una especie de conciencia general, rudimentaria,  de todo el sistema planetario está funcionando aquí, algo así como existen en todos los seres humanos elementos comunes del sentimiento y de los impulsos que pueden surgir del subconsciente. Los Espíritus de la Sabiduría tienen su casa, no sólo en el Sol, sino en todas las estrellas fijas de manera que el primer y básico principio común de todas las estrellas fijas se encuentra en estos Espíritus de la Sabiduría.

En la Primera Jerarquía tenemos los seres más sublimes de todo el cosmos, los Tronos, Querubines y Serafines, como fueron nombrados por la antigua sabiduría esotérica. Los Tronos o Espíritus de Voluntad  gobiernan el movimiento de los planetas en el espacio; los Querubines armonizan los diferentes movimientos y logran un “entendimiento” entre un planeta y otro. Ellos son los mensajeros planetarios, así como los Ángeles son los mensajeros del mundo de los hombres. Los Serafines tienen a su vez la misma tarea en  respecto al mundo de las estrellas, producen  una mutua comprensión entre el Sol y otras estrellas, de estrella fija a estrella fija, engarzando el Cosmos entero en una gran unidad.

Así tenemos:

SERAFINES – QUERUBINES Cometas
TRONOS (THRONOI) – ESPIRITUS DE LA SABIDURIA (KYRIOTETES) Estrellas fijas
ESPIRITUS DEL MOVIMIENTO (DYNAMIS) – ESPIRITUS DE LA FORMA (EXUSIA) Planetas
PODERES PRIMORDIALES (ARCHAI) – ARCANGELES (ARCHANGELOI) Luna
ANGELES (ANGELOI) –  HOMBRE Tierra

De los cometas, hay que decir que son particularmente el campo de acción de los Serafines y Querubines. Tal vez sea una causa de sorpresa que atribuimos los cometas –los rebeldes en el ámbito de la ley cósmica- a los más altos Seres que hemos considerado hasta ahora. Para entender esto debemos tratar de penetrar más profundamente en la relación entre  realidad y maya.

Podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar.

El plan divino es recibido por los Seres de las jerarquías (especialmente de la primera jerarquía) del Espíritu Cósmico y lo llevan a cabo en el curso de la evolución. Pero en esta evolución han ocurrido muchas cosas que han cambiado la realidad espiritual en el maya que percibimos a través de los sentidos y con la que vivimos hoy en día.

Los movimientos de los planetas y las estrellas fijas (también los llamados movimientos ‘aparentes’) se llevan a cabo con tanta regularidad que el hombre de nuestra época se pregunta: “¿Queda algo entonces para que los Tronos sigan regulando los movimientos exteriores de los planetas? Todos ellos proceden de acuerdo con estrictas leyes mecánicas.

Esto no ha sido siempre así, ni tampoco lo es hoy en día. Los cometas son una excepción, y quizás esto es lo que nos conduce a suponer que sus  movimientos deben ser dirigidos por los Seres más sublimes de todos. En este punto debemos tener en cuenta que el universo ha pasado por diferentes etapas, descritas por Rudolf Steiner “La Ciencia Oculta, un Bosquejo”, como los períodos evolutivos de los antiguos Saturno, Sol, Luna y Tierra. En cada una de estas etapas, el mundo de las estrellas, también era diferente. En la etapa del antiguo Saturno, solo había Seres –esos seres de los cuales ya hemos hablado. Entonces, sin embargo, no se expresaban en los mundo estrellados, de los cuales, ciertamente, no había nada más que una rudimentaria indicación.

Durante la etapa de la evolución del Antiguo Sol, las estrellas eran las manifestaciones de los seres espirituales. Eran una expresión directa de la permanencia de Seres espirituales, en el mismo sentido que el cuerpo humano se dirige en sus movimientos y expresiones por el espíritu que mora en él.

En la siguiente etapa – la de la antigua Luna – sólo les fue posible a los Seres espirituales  enviar sus impulsos dentro los de los cuerpos celestes, pero su verdadero Ser llego a ser más y más remoto. Con el fin de dejar estas cosas un poco más claras, consideraremos brevemente el curso de la evolución terrestre, desde este punto de vista.

La tierra representa la cuarta etapa –denominada por Rudolf Steiner el mundo del trabajo terminado-  un mundo que cumple con la descripción citada al comienzo de este ensayo. Sin embargo, en las épocas históricas, el hombre recapituló en su conciencia las primeras etapas evolutivas. En la época de la Antigua India, por ejemplo, no se prestó atención al mundo de las estrellas como tales, sino sólo a los Seres espirituales en si. (Estamos hablando aquí de una época anterior a la de los Vedas). En la antigua época Persa, la esencia del ser-Solar fue revelada por Zaratustra. El movimiento del sol mismo, por supuesto, estaba sujeto a la misma ley de hoy en día, mientras que durante el período de la evolución del Antiguo Sol era la expresión directa del Espíritu del Sol.

En la época de la antigua civilización persa, el hombre experimentaba una condición previa. Los antiguos caldeos y los egipcios tenían la experiencia viva de las actividades de los Seres espirituales en los cuerpos celestes; de ello emanaba su Astrología -que era maravillosa, en esos tiempos, aunque no debe ser aplicada de la misma forma en nuestros días-. La Época Egipcio-Caldea era, en cierto sentido, una recapitulación de la evolución de la Antigua Luna. El hombre veía los Seres relacionados con el sol y la luna, planetas y estrellas, pero no se puede decir que estos Seres pertenecen a las jerarquías propias, sino a sus descendientes  –Seres que se han separado de las jerarquías-. Llevando a cabo, por así decirlo, una actividad de la cual,  sus Creadores, las jerarquías propias, se retiraron cuando el plan que subyacía a los movimientos en el sistema planetario se había establecido. Muchas de estas órdenes de dioses menores están activos en el Cosmos y los egipcios y caldeos, especialmente de la última época, que ya no podían ascender a la esfera real de los dioses estelares, observaban  la actividad de estos seres subordinados. Estos ‘descendientes’ de las jerarquías son responsables de los fenómenos que hoy en día creemos que son producidos ´”por si  solos”.

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Para que el hombre pudiera desarrollar la libertad, era necesario que los Seres superiores se retirasen del mundo de las estrellas y de la naturaleza y dejarlos abandonados a las leyes “aparentemente” mecánicas, sin espíritu. Sin embargo, en este mecanismo, como en todos los fenómenos naturales, seres espirituales, los ‘descendientes’ de las jerarquías superiores  siguen trabajando.

El hecho de que en la primavera las plantas broten de la tierra, que flor y fruto aparezcan, que las plantas se marchitan en otoño y también el hecho de que cuando aquí tenemos el otoño, la primavera comienza a su proceso  en el otro lado de la Tierra -todo esto es provocado por los espíritus de la naturaleza, los gnomos, ondinas y silfos (los descendientes de la tercera jerarquía), junto con las salamandras que se han separado de los Espíritus de la Forma. Estos seres subordinados realizan el trabajo bajo la tutela de los Espíritus de las Estaciones”o “Espíritus de la Rotación”, quienes les orientan sobre la Tierra. La acción  de algunos de estos Espíritus de la Rotación hace que  la Tierra gire alrededor de su eje, mientras que otros llevan a la Tierra y a los planetas en sus órbitas regulares alrededor del sol. Estos Seres son los descendientes de las más altas jerarquías – los Serafines y Querubines.

Los Espíritus de Movimiento, de la Sabiduría y la Voluntad también tienen descendientes, siendo estos las “almas-grupo” de los animales, plantas y minerales.

Todos estos seres son de un orden inferior al de sus progenitores, son ellos los que –en virtud de mandamiento divino, por así decirlo- han dado lugar a la separación del orden natural y el orden moral del mundo, que en cierto modo  presentan una dualidad a la observación externa. Por lo tanto, ocurre que en la Naturaleza y en el Cosmos nos enfrentamos a un maya donde las fuerzas de la naturaleza aparecen como una huella de las actividades de los espíritus de la naturaleza. Y en lugar del poderoso trabajo directo de las jerarquías, ahora tenemos las leyes de la naturaleza como la impresión de los Espíritus de la Rotación en el mundo de maya.

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Todos estos procesos siguen su curso conforme a la ley que necesariamente se obtiene en el mundo exterior a fin de permitir que el  hombre desarrolle la experiencia de la libertad interior. Los cometas representan un elemento que no entra por completo en este ámbito de la ley. A pesar de que los llamados cometas periódicos se someten más o menos a las leyes del sistema planetario, con la aparición de nuevos cometas (e incluso Kepler dijo que los cometas son tan numerosos como los peces en el mar), estas leyes siempre se rompen.

Los cometas todavía contienen un vestigio del trabajo directo del poder espiritual, de hecho, de los más elevados Seres –los Serafines y Querubines-. Antes de que las leyes comunes puedan ser rotas, la más grande visión y poder espiritual son necesarios. Los cometas, son agentes de una naturaleza muy especial en nuestro sistema planetario, su antítesis, su polaridad, son las lunas. Así como las lunas son una especie de cadáver que el sistema planetario va arrastrando con él, por otro lado, podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar. En los tempranos tiempos, los hombres veían en ellos los “carroñeros de Dios”, y muchas supersticiones se han reunido alrededor de los mismos. Desde el punto de vista del Espíritu, la misión de los cometas es perpetuamente expulsar a las impuras fuerzas astrales del Cosmos para introducir nuevos impulsos.

El Cosmos no sólo contiene los seres y fuerzas de las que hemos estado hablando hasta ahora. Si esto fuera así, todo el Cosmos consistiría únicamente de Ser, sin sustancia. Los cuerpos celestes no serían visibles, ni habría sustancia terrenal, es decir: tangible. Con el fin de comprender plenamente maya, también tenemos que recordar que hay  otras órdenes de Seres – Luciféricos y Ahrimánicos como se les llama en “La Ciencia Oculta, un Bosquejo”, que han intervenido en la evolución y están jugando su papel en ésta. Son Seres que pertenecen a las jerarquías superiores que no pasan por el mismo desarrollo que los demás, que quedan rezagados, mientras que los espíritus jerárquicos normales ascienden a etapas cada vez más altas. Tenemos, por ejemplo, un número de los Espíritus de la Forma, que en el curso normal serían Espíritus de Movimiento, pero que se han quedado en la etapa de los Espíritus de la Forma.

Las esferas etéreas de Saturno o Júpiter, están formadas por los Espíritus de la Forma, su movilidad interna es el trabajo de los Espíritus de Movimiento. Los espíritus de la Forma rebeldes se oponen y, en lugar de trabajar en armonía con los Espíritus del  Movimiento Planetario, crean una forma, en un punto definido en el ámbito etéreo como resultado de la congestión. ¡Esta forma son los planetas que vemos en los cielos! La esfera planetaria sigue siendo una estructura etérea en la que las fuerzas astrales  trabajan, mientras que el planeta en sí sólo se mueve alrededor de la periferia de esta esfera etérea.

Otros seres Luciféricos aparecen  en la escena y, desde el planeta existente,  lanzan de nuevo (reflejan) la luz que se irradia espiritualmente desde el sol para que el planeta sea visible hacia el exterior. Más tarde, los Seres Ahrimánicos imparten la sustancia sólida de la Tierra, generando así el denso velo de maya que se presenta en el mundo exterior de los sentidos. Todo lo que por lo tanto puede ser un objeto de la investigación externa contiene de alguna manera un  elemento luciferico –la  esencia exterior de la luz- y el elemento Ahrimánico –pesadez o la gravedad-. Esto también es parte de la maya que se extiende sobre la realidad espiritual.

Podemos seguir la misma línea de estudio en referencia a otros fenómenos cósmicos, los meteoros,  ellos también están relacionados con los cometas. Los cometas son formaciones espirituales enviadas al Cosmos por las más altas y sublimes Espíritus, pero en el transcurso de su actividad como purificadores de la atmósfera astral, reúnen hacia sí diversas sustancias, gases, etc. Ahora otras formaciones cósmicas, generadas por los ‘anormales’ Espíritus del reino de los Tronos –Seres que deberían  haberse convertido en Serafines y Querubines, pero que han permanecido en la etapa de los Tronos- se arrojan en el camino de los meteoros y  trabajan con una potencia prodigiosa adquirida al haber permanecido en un nivel inferior. Los Tronos son los creadores de las almas-grupo de los minerales y los Tronos rezagados, aquellos que se han quedado atrás, generan formaciones minerales sólidas en el Cosmos, en los meteoritos que a menudo acompañan a los cometas o aparecen a intervalos más o menos regulares de tiempo en la atmósfera de la Tierra. Y así, en estas formaciones – retiradas como están en cierto sentido de las leyes ordinarias en el sistema planetario – tenemos la más alta espiritualidad unida  con la más densa materialidad.

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El comportamiento mismo de los cometas puede recordarnos que los procesos que tienen lugar en el sistema solar no pueden ser exhaustivamente explicados por la teoría Newtoniana de la gravitación. En el caso de los otros cuerpos celestes, también hay algo que siempre se puede detectar, lo cual, cuando la observación se realiza durante largos períodos de tiempo, se ve que es una expresión del trabajo de los Seres espirituales que no han acabado en totalidad su  “Trabajo final”. Es sólo en los cometas y los meteoritos que lo “incalculable”, la arbitrariedad, se hace manifiesta. El factor inconmensurable en los movimientos de los otros  cuerpos celestes muestra que debemos basar nuestra observación de sus movimientos en algo más allá que la teoría de la gravitación, que es válida y autentica para la Tierra.

Ritmo y la periodicidad viven en los movimientos planetarios y constituyen sus leyes primarias; así como la ley de la gravedad mantiene su dominio en el entorno inmediato de la Tierra. (La Tierra, por supuesto, como uno de los cuerpos celestes también participa en las leyes cósmicas del ritmo y la periodicidad). Estas leyes son idénticas a las que el hombre y los demás reinos de la naturaleza han sido moldeados. Por lo tanto el hombre y el universo vuelven a ser uno, nuevamente la religión se une al mundo de las estrellas. Las estrellas  nos muestran las huellas de los hechos de los dioses, que nos llevan a través de los Seres de las jerarquías  a las fronteras de la Divinidad misma. Y en este sentido, Rudolf Steiner fue capaz de decir a sus oyentes, cuando los llevó desde la Antroposofía a la Astronomía: “Cuando observamos la vida del mundo de las estrellas, estamos contemplando los cuerpos de los dioses y, en última instancia, de la Divinidad misma. “

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Traducción: Mª Jesus Garrido