1er. Informe: Antroposofía y Astronomía

Cartas de Astronomía – Septiembre 1927

Dra. Elizabeth Vreede

English version

La Ciencia Espiritual de Rudolf Steiner nos ha legado una cosmología del Espíritu, que da al hombre un lugar dentro del contexto universal y que vincula Cielo y Tierra  como una unidad. Al mismo tiempo, el objetivo de Rudolf Steiner era construir un puente desde este conocimiento de la Astronomía tal y como se cultiva en la ciencia moderna. Que tal puente es necesario se deriva del principio fundamental de todo conocimiento espiritual: el mundo exterior de los sentidos es maya, ilusión, en tanto que la ciencia espiritual penetra en la realidad subyacente detrás de este mundo exterior. ¿Cómo y en qué punto se encuentran maya y realidad?. Este es el gran problema del que Rudolf Steiner habla en el año 1912 en su curso de conferencias en Helsingfors: Las Jerarquías Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza [Curso N º XXI. Antroposófica Publishing Co., de Londres].

El estudio detallado de estas conferencias señala el camino del maya exterior a la realidad espiritual interior. Nos orientaremos más rápido si descubrimos lo que corresponde a la realidad.

 “El universo de los cuerpos celestes físicos, representa lo que ha quedado de las acciones pasadas de las jerarquías de Seres, cuyas influencias posteriores han perdurado en nuestro tiempo presente.”

En este sentido, el mundo de las estrellas, así como el resto de la naturaleza ¡es maya del pasado!. Detrás de este velo de maya las estrellas se revelan como “colonias de seres espirituales”. Esto nos lleva a un estudio de la naturaleza de las Jerarquías más elevadas, que se extienden en nueve etapas por encima del hombre y a todo lo ligado de alguna manera al mundo de las estrellas o de su evolución cosmológica. En  “La Ciencia Oculta, un  Bosquejo”,  Rudolf Steiner, nos describe a estas Jerarquías en mayor detalle.

El primer reino por encima del hombre es el de los seres angélicos, los Ángeles. Son los Espíritus Guardianes del hombre y lo guían de encarnación en encarnación. Su hogar es la esfera de la Luna, aunque para empezar, no pueden  desplegar su actividad en la propia Luna. Para esto son necesarios aún mayores poderes; poderes que poseen los Arcángeles y Arkáis, (Poderes Primordiales). Estos Seres, que junto con los Ángeles constituyen la tercera jerarquía del mundo espiritual, guían y dirigen a los pueblos y las grandes épocas  de la Tierra. Los Arcángeles son los Espíritus del Pueblo, y los Arkai los Espíritus del Tiempo. Estas jerarquías –cuyo campo de acción es la esfera de la Luna- se ocupan  esencialmente de la vida histórica de los seres humanos individuales y de los pueblos.

En la  esfera del Sol moran los seres de la Segunda Jerarquía: Espíritus de la Forma, Espíritus del Movimiento y Espíritus de la Sabiduría. Rudolf Steiner hablo de estos Seres en su conferencia titulada “El Misterio del Gólgota” [Una traducción completa de esta conferencia apareció en Antroposofía , vol. I., Pascua de 1926.] impartida  en Manchester College Chapel, Oxford, agosto, 1922.

“Las almas de tiempos antiguos, mirando el entorno físico, veían en las estrellas las imágenes del mundo de los Seres espirituales que habían dejado atrás cuando descendieron a esta vida a través del nacimiento. En el flagor del sol, vieron la radiante sabiduría en la que habían habitado, y que había sido su aliento de vida. En el mismo sol, vieron los coros de las Jerarquías Divinas, aquellas por los que habían sido enviados a la Tierra. “

Es cierto que la morada de esos Seres está en el Sol, y desde allí trabajan sobre los planetas, enviando también sus energías desde los planetas a la Tierra. La forma y la configuración de cada planeta es impartida por los Espíritus de la Forma.

Los Espíritus de Movimiento generan la movilidad interna del planeta –no su movimiento en el espacio, sino los cambios producidos en el curso de cientos y miles de años por el flujo y reflujo, los terremotos, la actividad volcánica y influencias meteorológicas y  climáticas.

En cierto modo es diferente cuando hablamos de los Espíritus de la Sabiduría, que trabajan desde la propia esfera del Sol, derramando fuerzas solares por el sistema planetario. Mientras que la configuración interna y la movilidad interior de cada planeta es diferente según la operación de los Espíritus de la Forma o del Movimiento, la acción de los Espíritus de la Sabiduría es uniforme para todos los planetas.

Esta uniformidad en la acción de los Espíritus de la Sabiduría es fácil de observar en el mundo vegetal. Hay gran variedad de formas en las plantas, la posición de sus hojas, zarcillos, etc., revelando diferentes proporciones en espiral, y en estas formas, están reflejadas las fuerzas que emanan desde un Espíritu de la Forma o un Espíritu del Movimiento trabajando desde la perspectiva de un planeta en particular.

Sin embargo una cosa, es común a todas las plantas; la dirección perpendicular del tallo, alejándose de la Tierra y dirigiéndose hacia el sol. Aquí tenemos una expresión del trabajo uniforme de los Espíritus de la Sabiduría en todas las plantas. Una especie de conciencia general, rudimentaria,  de todo el sistema planetario, está funcionando aquí, algo así existe en todos los seres humanos; como elementos comunes de sentimientos e impulsos que pueden surgir del subconsciente. Los Espíritus de la Sabiduría tienen su hogar, no sólo en el Sol, sino en todas las estrellas fijas, de manera que el primer y básico principio común de todas las estrellas fijas se encuentra en estos Espíritus de la Sabiduría.

En la Primera Jerarquía tenemos los Seres más sublimes del Cosmos: los Tronos, Querubines y Serafines, como fueron nominados por la antigua sabiduría esotérica. Los Tronos o Espíritus de Voluntad  gobiernan el movimiento de los planetas en el espacio; los Querubines armonizan los diferentes movimientos y logran un “entendimiento” entre un planeta y otro. Ellos son los Mensajeros Planetarios, así como los Ángeles son los mensajeros del mundo de los hombres. Los Serafines tienen a su vez la misma tarea en  respecto al mundo de las estrellas, producen  una mutua comprensión entre el Sol y las otras estrellas, de estrella fija a estrella fija, engarzando el Cosmos entero en una gran unidad.

Así tenemos:

 

SERAFINES – QUERUBINES Cometas
TRONOS  – ESPIRITUS DE LA SABIDURIA (KYRIOTETES) Estrellas fijas
ESPIRITUS DEL MOVIMIENTO –ESPIRITUS DE LA FORMA (EXUSIA) Planetas
PODERES PRIMORDIALES (ARCHAI) – ARCANGELES (ARCHANGELOI) Luna
ANGELES (ANGELOI) –  HOMBRE Tierra

 

De los cometas, hay que decir que son particularmente el campo de acción de los Serafines y Querubines. Tal vez cause sorpresa el que atribuyamos los cometas –los rebeldes en el ámbito de la ley cósmica- a los más altos Seres que hemos considerado hasta ahora. Para entender esto debemos tratar de penetrar con más profundidad en la relación entre  realidad y maya.

El plan divino es recibido por los Seres de las Jerarquías (especialmente de la Primera Jerarquía) del Espíritu Cósmico y lo llevan a cabo en el curso de la evolución. Pero en esta evolución han ocurrido muchas cosas que han cambiado la realidad espiritual en el maya que percibimos a través de los sentidos y con el que vivimos hoy en día. Los movimientos de los planetas y las estrellas fijas (también los llamados movimientos “aparentes”) se llevan a cabo con tanta regularidad que el hombre de nuestra época se pregunta: “¿Queda algo entonces para que los Tronos sigan regulando los movimientos exteriores de los planetas?. Todos ellos proceden de acuerdo con estrictas leyes mecánicas.

Pero esto no ha sido siempre así, ni tampoco lo es hoy en día. Los cometas son una excepción, y quizás esto es lo que nos conduce a suponer que sus  movimientos deben ser dirigidos por los Seres más sublimes de todos. En este punto debemos tener en cuenta que el universo ha pasado por diferentes etapas, que Rudolf Steiner describe en “La Ciencia Oculta un Bosquejo”, como los períodos evolutivos del Antiguo Saturno, Antiguo Sol, Antigua Luna y Tierra.

En cada una de estas etapas, el mundo de las estrellas, también era diferente. En la etapa del Antiguo Saturno, solo había Seres –Esos seres de los cuales ya hemos hablado. Hasta entonces, sin embargo, no se expresan en los mundo estrellados, de los cuales, ciertamente, no había nada más que la más rudimentaria indicación

Durante la etapa de la evolución del Antiguo Sol, las estrellas eran las manifestaciones de los seres espirituales. En sus movimientos, las estrellas eran una expresión directa de la permanencia de Seres espirituales, en el mismo sentido que el cuerpo humano se dirige, en sus movimientos y expresiones, por el Espíritu que mora en él.

En la siguiente etapa -la de la antigua Luna- sólo les fue posible a los Seres Espirituales  enviar sus impulsos a los cuerpos celestes, pero su verdadero Ser llego a ser más y más remoto.

Con el fin de dejar estas cosas un poco más claras, consideraremos brevemente el curso de la evolución terrestre, desde este punto de vista.

La tierra representa la cuarta etapa –denominada por Rudolf Steiner el mundo del “trabajo terminado”- un mundo que cumple con la descripción citada al comienzo de este ensayo. Sin embargo, en las épocas históricas, el hombre recapituló en su conciencia las primeras etapas evolutivas. En la época de la antigua India, por ejemplo, no se prestó atención al mundo de las estrellas como tales, sino sólo a los Seres espirituales en sí. (Estamos hablando aquí de una época anterior a la de los Vedas).

En la antigua época Persa, la esencia del ser-Solar fue revelada a Zaratustra. El movimiento del sol mismo, por supuesto, estaba sujeto a la misma ley de hoy en día, mientras que durante el período de la evolución del Antiguo Sol era la expresión directa del Espíritu del Sol. En la época de la antigua civilización persa, el hombre experimentó esta condición previa. Los antiguos caldeos y los egipcios tenían la experiencia viva de las actividades de los Seres espirituales en los cuerpos celestes; de ello emanaba su Astrología -que era maravillosa, en esos tiempos, aunque no debe ser aplicada de la misma forma en nuestros días-. La Época Egipcio-Caldea fue, en cierto sentido, una recapitulación de la evolución de la Antigua Luna. El hombre veía los Seres relacionados con el sol y la luna, planetas y estrellas, pero no se puede decir que estos Seres pertenecen a las jerarquías propias, sino que son sus descendientes  –Seres que se han separado de las jerarquías-. Llevan a cabo, por así decirlo, una actividad de la cual, sus Creadores, las Jerarquías propias, se retiraron una vez establecido el plan que subyacía en los movimientos del sistema planetario. Muchas de estas órdenes de dioses menores están activas en el Cosmos y los egipcios y caldeos, especialmente de la última época, quienes ya no podían ascender a la esfera real de los dioses estelares, observaban la actividad de estos seres subordinados. Estos “descendientes” de las jerarquías son los responsables de los fenómenos que hoy en día  se cree que son producidos “por si  solos”.

Para que el hombre pudiera desarrollar la libertad, era necesario que los Seres superiores se retirasen del mundo de las estrellas y de la naturaleza y dejarlos abandonados a las leyes aparentemente mecánicas, sin espíritu. Sin embargo, en este mecanismo, como en todos los fenómenos naturales, seres espirituales, “descendientes” de las jerarquías superiores  siguen trabajando. El hecho de que en la primavera las plantas broten de la tierra, que flor y fruto aparezcan, que las plantas se marchiten en otoño y también el hecho de que, cuando aquí tenemos el otoño, la primavera comience su proceso  en el otro lado de la Tierra -todo esto es provocado por los espíritus de la naturaleza, los gnomos, ondinas y silfos (los descendientes de la tercera jerarquía), junto con las salamandras, que se han separado de los Espíritus de la Forma. Estos seres subordinados realizan el trabajo bajo la tutela de los Espíritus de las Estaciones” o “Espíritus de la Rotación”, quienes les orientan sobre la Tierra. La acción  de algunos de estos Espíritus de la Rotación hace que  la Tierra gire alrededor de su eje, mientras que otros llevan a la Tierra y a los planetas en sus órbitas regulares alrededor del sol. Estos Seres son los descendientes de las más altas jerarquías – los Serafines y Querubines.

Los Espíritus de Movimiento, de la Sabiduría y la Voluntad también tienen descendientes, siendo estos las “almas-grupo” de los animales, plantas y minerales.

Todos estos seres son de un orden inferior al de sus progenitores, son los que –en virtud de mandamiento divino, por así decirlo- han dado lugar a la separación del orden natural y el orden moral del mundo, que en cierto modo presentan una dualidad a la observación externa. Por lo tanto, ocurre que en la Naturaleza y en el Cosmos nos enfrentamos a un maya donde las fuerzas de la naturaleza aparecen como una huella de las actividades de los espíritus de la naturaleza. Y en lugar del poderoso trabajo directo de las Jerarquías, ahora tenemos las leyes de la naturaleza como la impresión de los Espíritus de la Rotación en el mundo de maya.

Todos estos procesos siguen su curso conforme a la ley que necesariamente se obtiene en el mundo exterior a fin de permitir que el hombre desarrolle la experiencia de la libertad interior. Los cometas representan un elemento que no entra por completo en este ámbito de la ley. A pesar de que los llamados cometas periódicos se someten más o menos a las leyes del sistema planetario, con la aparición de nuevos cometas (incluso Kepler dijo que los cometas son tan numerosos como los peces en el mar), estas leyes siempre se rompen. Los cometas todavía contienen un vestigio del trabajo directo del poder espiritual, de los más elevados Seres –los Serafines y Querubines-. Antes de que las leyes comunes puedan romperse, es necesaria una visión y poder espiritual mas elevado. Los cometas, son agentes de una naturaleza muy especial en nuestro sistema planetario, su antítesis, su polaridad, son las lunas. Así como las lunas son una especie de cadáver que el sistema planetario  va arrastrando con él, podemos hablar de los cometas como de constantes purificadores de la atmósfera espiritual dentro del sistema solar. En la antigüedad los hombres veían en ellos los “carroñeros de Dios”, y existen muchas supersticiones  alrededor de los mismos. Desde el punto de vista del Espíritu, la misión de los cometas es expulsar perpetuamente las impuras fuerzas astrales del Cosmos para introducir nuevos impulsos.

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El Cosmos no sólo contiene los seres y fuerzas de las que hemos estado hablando hasta ahora. Si esto fuera así, todo el Cosmos consistiría únicamente de Ser, sin sustancia. Los cuerpos celestes no serían visibles ni tendrían sustancia tangible. Con el fin de comprender plenamente el maya, también tenemos que recordar que hay  otras órdenes de Seres – Luciféricos y Ahrimánicos como se les llama en La Ciencia Oculta, que han intervenido en la evolución y en ella están jugando su papel. Son seres que pertenecen a las jerarquías superiores que no pasan por el mismo desarrollo que las demás, que quedan rezagados, mientras que los espíritus jerárquicos normales ascienden a etapas cada vez más altas. Tenemos, por ejemplo, un número de los Espíritus de la Forma, que en el curso normal serían Espíritus de Movimiento, pero que se han quedado en la etapa de los Espíritus de la Forma.

Las esferas etéreas de Saturno o Júpiter, están formadas por los Espíritus de la Forma, su movilidad interna es el trabajo de los Espíritus del Movimiento. Los Espíritus de la Forma rebeldes se oponen y, en lugar de trabajar en armonía con los Espíritus del  Movimiento Planetario, crean una forma, en un punto definido en el ámbito etéreo como resultado de la congestión. ¡Esta forma son los planetas que vemos en los cielos!. La esfera planetaria sigue siendo una estructura etérea en la que trabajan las fuerzas astrales, mientras que el planeta en sí se mueve alrededor de la periferia de esta esfera etérea.

Otros seres Luciféricos aparecen en la escena y, desde el planeta existente, reflejan la luz que irradia espiritualmente del sol para que el planeta sea visible hacia el exterior. Más tarde, los seres Ahrimánicos imparten la sustancia sólida de la Tierra, generando así el denso velo de maya que se presenta en el mundo exterior de los sentidos. Por lo tanto todo lo que puede ser objeto de la investigación externa contiene de alguna manera un  elemento Luciférico –la  esencia exterior de la luz- y el elemento Ahrimánico – la pesadez o gravedad-. Esto también es parte de la maya que se extiende sobre la realidad espiritual.

Podemos seguir la misma línea de estudio en referencia a otros fenómenos cósmicos, los meteoros,  también están relacionados con los cometas. Los cometas son formaciones espirituales enviadas al Cosmos por los más altos y sublimes Espíritus, que en el transcurso de su actividad como purificadores de la atmósfera astral, reúnen hacia sí diversas sustancias, gases, etc. Ahora otras formaciones cósmicas, generadas por los “rezagados” Espíritus del reino de los Tronos –Seres que deberían  haberse convertido en Serafines y Querubines, pero que han permanecido en la etapa de los Tronos- se arrojan en el camino de los meteoros y trabajan con una potencia prodigiosa adquirida al haber permanecido en un nivel inferior. Los Tronos son los creadores de las almas-grupo de los minerales y los Tronos rezagados, aquellos que se han quedado atrás, generan formaciones minerales sólidas en el Cosmos, en los meteoritos que a menudo acompañan a los cometas o aparecen a intervalos más o menos regulares de tiempo en la atmósfera de la Tierra. Y así, en estas formaciones -retiradas como están en cierto sentido de las leyes ordinarias en el sistema planetario- tenemos la más alta espiritualidad unida  con la más densa materialidad.

vida-universo-meteoritos

El comportamiento mismo de los cometas puede recordarnos que los procesos que tienen lugar en el sistema solar no pueden ser exhaustivamente explicados por la teoría Newtoniana de la gravitación. En el caso de los otros cuerpos celestes, también hay algo que siempre se puede detectar, lo cual, cuando la observación se realiza durante largos períodos de tiempo, se ve que es una expresión del trabajo de los Seres espirituales que no han acabado en totalidad su  “Trabajo final”. Es en los cometas y los meteoritos donde se hace manifiesto lo “incalculable”, la arbitrariedad. El factor inconmensurable en los movimientos de los otros cuerpos celestes muestra que debemos basar nuestra observación de sus movimientos en algo que va más allá que la teoría de la gravitación, que es válido y real para la Tierra.

Ritmo y la periodicidad viven en los movimientos planetarios y constituyen sus leyes primarias; así como la ley de la gravedad mantiene su dominio en el entorno inmediato de la Tierra. (La Tierra, por supuesto, como uno de los cuerpos celestes también participa en las leyes cósmicas del ritmo y la periodicidad). Estas leyes son las mismas con las que el hombre y los demás reinos de la naturaleza han sido moldeados. Por lo tanto el hombre y el universo vuelven a ser uno, nuevamente la religión se une al mundo de las estrellas. Las estrellas portan y nos muestran las huellas de los hechos de los Dioses, que nos llevan a través de las Jerarquías  a las fronteras de la Divinidad misma. Y en este sentido, Rudolf Steiner fue capaz de decir a sus oyentes, cuando los conducía desde la Antroposofía a la Astronomía:

“Cuando observamos la vida del mundo de las estrellas, estamos contemplando los cuerpos de los dioses y, en última instancia, de la Divinidad. “

 

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