Los terremotos, los volcanes y la voluntad humana

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

DECIMO SEXTA LECCION 

En una de las conferencias precedentes nos hemos remontado a la evolución humana hasta el punto en que apareció la división en sexos. A dicha separación se llegó luego de una lentísima preparación cósmica. Después de que la Noche Cósmica separara la Antigua Luna de la faz terrestre, la Tierra apareció primeramente mezclada con las fuerzas solares y lunares actuales. Todas ellas no formaban más que un solo cuerpo que, poco a poco, se diferenció, dando lugar a los otros tres cuerpos celestes que conocemos actualmente. Ahora bien, la división de los sexos es el resultado de la división entre las fuerzas lunares y las fuerzas terrestres. Las fuerzas femeninas de la reproducción han quedado bajo la influencia de la Luna. La Luna permanece relacionada a todo lo que rige en la Tierra la reproducción, tanto en el hombre como en los animales sexuados. Así es como los conocimientos que procura el Ocultismo revelan las acciones que están en juego en el sistema planetario. Cuando el Sol se encontraba unido todavía a la Tierra y a la Luna, no existían aún vegetales, animales ni seres humanos, en el sentido que damos a estas palabras actualmente. Sólo existía el Reino Vegetal, aunque bajo un aspecto muy distinto al que tiene hoy.

Dicho reino ha conservado una relación muy particular con las fuerzas solares, análoga a las del animal con la Luna o las del hombre con la Tierra. Mientras el Sol se mantuvo unido a la Tierra-Luna, las plantas dirigían sus flores hacia el centro del globo, pero, cuando aquel se separó, las plantas se orientaron hacia él y dirigieron en esa dirección sus flores.

Ya hemos visto anteriormente que adoptaron así una posición inversa a la del hombre, manteniéndose como éste verticalmente, pero en sentido contrario, mientras que el animal se encuentra como a mitad de camino entre la planta y el ser humano. Su columna vertebral es horizontal. A medida que se produjo la separación de estos tres cuerpos celestes, los reinos correspondientes fueron tomando sobre la tierra el aspecto que tienen actualmente: el Reino Vegetal al producirse la separación del Sol, el animal al separarse la Luna. En el compuesto primitivo de las fuerzas estaba ya contenido el germen de todo lo que más tarde tomó un aspecto físico. Si nos representamos una sustancia llevada a un elevado grado de calor, que luego se enfría, veremos cómo toman forma todos los elementos que ella contenía.

En los tiempos de la Antigua Luna encontramos igualmente fuerzas solares que, en una época determinada, se concentraron en un astro exterior a dicha Luna. La Luna giraba en torno de ese Antiguo Sol, de tal manera que siempre orientaba hacia aquél el mismo lado. La rotación de la Luna en torno de la Tierra es una continuación de dicho movimiento en torno del Antiguo Sol. Estos dos astros, al comienzo y al fin de este período cósmico, se fusionaron, de la misma manera que la Tierra, la Luna y el Sol se fusionaron al comienzo del actual Período Terrestre y se reabsorberán al final del mismo.

El efecto de estos dos antiguos astros no hubiera podido jamás actuar en la evolución si después de haberse separado, no hubieran refundido sus fuerzas. Lo que la Luna desarrolló mientras se mantuvo separada del Sol, son las fuerzas que permitieron más tarde la aparición de un tercer cuerpo. Durante esta separación el hombre pudo desarrollar aquello que tomaría un aspecto físico y que le permitiría poseer sobre la Tierra una conciencia objetiva: la conciencia de vigilia.

El Período que precedió a este Período Lunar se denominó la Epoca Solar. En este punto de la Evolución todo era de la naturaleza de la Vida Solar. El ocultismo ve en el Sol una estrella fija que antes había sido un planeta, de la misma manera que vemos en la Tierra actualmente a un planeta destinado a convertirse más tarde en el Sol de un sistema que vendrá. Durante el período Solar el hombre tenía una conciencia parecida a la del sueño sin ensueños.

Pero aun hubo otro estado que precedió a este Período Solar. Entonces el Sol no era aún ni siquiera un planeta. El hombre no tenía más que una conciencia similar al trance profundo. No era aún el ser hecho de luz en que se convertiría en el Período Solar suficiente: vibraba solamente como un sonido en la pura armonía de este Período Saturnino, con el cual nada tiene que ver, por supuesto, nuestro actual planeta Saturno.

Después de nuestro período terrestre de clara conciencia física. vendrá el quinto período de imaginación astral consciente, en el decurso de una época que se denominará Período de Júpiter. Más tarde sobrevendrá el Período de Venus, en el cual se tomará consciente lo que hoy es para él el sueño inconsciente y finalmente se presentará el Período de Vulcano, que corresponderá al estado de conciencia más elevado que puede alcanzar un iniciado.

Sin embargo, las relaciones entre la Tierra y los planetas no terminan ahí. Nuestro Período Terrestre actual puede dividirse en dos partes. Durante el primero se preparó lo que hizo nuestra sangre roja. ¿Qué fué lo que nos dió la sangre roja? Al producirse la separación entre la Tierra y el Sol, este globo, compuesto de sustancias muy flúidas, fue atravesado por sustancias igualmente flúidas del planeta Marte. Antes de este pasaje de Marte no existía en la Tierra el menor vestigio de hierro. Este fue el resultado de aquella influencia: todas las sustancias que contienen hierro, como nuestra sangre, han sufrido la influencia de Marte. Este coloreó la sustancia de la Tierra y su influencia permitió la aparición de la sangre roja.

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De ahí que se llame Período Marcial a la primera mitad del Período Terrestre. El hierro era entonces una sustancia fluida. Los metales no se endurecieron sino mucho después. El único metal que todavía no se ha solidificado es el mercurio. Cuando se endurezca, el alma del hombre se habrá vuelto independiente del cuerpo físico y la visión astral imaginativa se hará consciente. Este hecho está ligado a las fuerzas de Mercurio, que influenciaron la segunda parte del Período Terrestre conforme se van densificando para solidificarse. La Tierra es a la vez Marte y Mercurio. Los iniciados hicieron pasar estos hechos al lenguaje común, adjudicando los días de la semana a los planetas que pertenecen a nuestra evolución. Marte y Mercurio están colocados entre la Luna y Júpiter.

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Con respecto al interior de la Tierra, la ciencia física no conoce todavía más que la corteza externa, la capa o estrato mineral que no es más que una delgada película que cubre la superficie de la Tierra. En realidad, la Tierra está compuesta por una sucesión de estratos concéntricos que describiremos a continuación:

1º El Estrato Mineral, que contiene los metales cuya sustancia se encuentra en el cuerpo físico de todos los seres que viven en su superficie. Esta corteza, que es como la piel de ese ser vivo que es la Tierra, no tiene más que algunas millas de espesor.

2º No es posible comprender este segundo estrato o capa sino mediante el concepto de que existe una materia opuesta a la que conocemos. Es una vida negativa: en realidad, lo opuesto a toda vida. Allí toda vida se extingue. Una planta, un animal que se sumergiera en ese estrato sería aniquilado inmediatamente, disuelto en la masa. Esta segunda capa o estrato, semilíquido, que envuelve a la tierra, es verdaderamente un círculo de muerte.

3º El Tercer Estrato es un círculo de conciencia invertida. Todo dolor parece allí un placer, toda alegría en una pena. Su sustancia, hecha de vapores, se comporta en relación con nuestros sentimientos, de la misma manera negativa que el segundo estrato con relación a la vida.

Si mentalmente separamos estos dos estratos, encontramos entonces la Tierra en el estado en que estaba antes de que la Luna se le separara. Si podemos elevarnos por la concentración hasta una visión astral consciente, se ve obrar a estos dos estratos: la destrucción de toda vida por el segundo, la transformación de los sentimientos por el tercero.

4º El cuarto círculo o estrato se denomina la tierra-acuosa, la tierra-alma, la tierra-forma. Posee una propiedad notable. Si uno se representa un cubo, aquí aparecería invertido con respecto a la sustancia. Allí donde había sustancia, no existiría nada ahora, el espacio ocupado por ese cubo estaría completamente vacío, pero en torno de él estaría distribuida esa sustancia, la forma sustancial. De ahí el nombre de tierra-forma. Aquí, este torbellino de formas, en vez de ser como un molde negativo, es una sustancia positiva.

5º Este círculo se llama la tierra de los crecimientos. Encierra la fuente original de la vida terrestre, sustancia hecha de energías hirvientes y pululantes.

6º Esta es la tierra ígnea, sustancia compuesta de voluntad pura, elemento de vida, de movimiento, atravesada incesantemente por impulsiones, pasiones y movimientos, verdadero receptáculo de fuerzas volitivas. Si se ejerciera una presión sobre esta sustancia, resistiría y se defendería. Cuando mentalmente hacemos abstracción de estos tres nuevos círculos, llegamos al estado en que estaba el globo cuando la Tierra, el Sol y la Luna formaban un solo cuerpo. Los círculos que siguen no son accesibles más que a la observación consciente no sólo del sueño sin ensueños, sino del sueño o trance profundo, vuelto consciente.

7º Este estrato es el espejo de la Tierra. Semejante a un prisma, descompone todo lo que en él se refleja, haciendo aparecer la faz complementaria. Contemplado a través de una esmeralda, aparecería como rojo.

8º En este círculo todo aparece como fragmentado y reproducido hasta el infinito. Si se toma una planta o un cristal y se concentra en este círculo, la planta o el cristal aparecen multiplicados indefinidamente.

9º Este último estrato está compuesto por una sustancia dotada de acción moral, pero su moral es la opuesta a la que debe desarrollarse en la tierra, porque su esencia, su fuerza inherente, es la separatividad, la discordia y el odio. Es aquí donde se encuentra Caín en el Infierno del Dante. Esta sustancia es lo opuesto de todo lo que el hombre considera bueno o bien. El trabajo de la humanidad para establecer la fraternidad sobre la tierra disminuye otro tanto el poder de esta esfera. Es la fuerza del amor la que transformará y espiritualizará gradualmente el cuerpo mismo de la Tierra. Este noveno estrato es el origen sustancial de la que en la tierra se presenta como Magia Negra, es decir, la Magia fundada en el egoísmo.

Todos estos estratos o esferas concéntricas se comunican entre sí por rayos que unen el centro de la tierra, con su superficie. En el círculo periférico, en el seno de la tierra firme, se encuentran numerosísimos espacios subterráneos que comunican con el Sexto Estrato, el del Fuego. Este elemento de la tierra-ígnea se encuentra en estrecha afinidad con la voluntad humana. Esta es la que ha producido las erupciones formidables que pusieron fin a la Epoca Lemúrica. Las fuerzas que alimenta la voluntad humana pasaron entonces por una prueba que desencantó el fuego en que pereció el Continente Lemúrico. En el curso de la Evolución, este sexto estrato se fue hundiendo más y más hacia el centro de la tierra y a este hecho débese que las erupciones volcánicas se fueran haciendo menos y menos frecuentes. Pero aun se producen bajo la acción de la voluntad humana, que obra magnéticamente sobre esta esfera, sacudiéndola, cuando aquella es malvada y desordenada. Despojada de todo egoísmo, la voluntad humana puede, por el contrario apaciguar ese fuego.

Las épocas materialistas se encuentran especialmente acompañadas y seguidas de cataclismos terrestres, terremotos, etc. La fuerza creciente de la Evolución es la única alquimia que puede transformar poco a poco el organismo y el alma de la tierra. Un ejemplo de estas relaciones entre la voluntad humana y los movimientos que agitan la tierra es el siguiente: las personas que perecen a consecuencia de los terremotos o de erupciones volcánicas, ven aparecer, en el curso de su siguiente encarnación, ciertas cualidades internas muy diferentes; traen al nacer grandes disposiciones espirituales, porque han entrado, por esa muerte, en relación con un elemento que les ha mostrado la faz real de las cosas y la ilusión de la vida material.

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También se ha observado alguna relación entre algunos nacimientos y las catástrofes sísmicas y volcánicas. En las épocas catastróficas se encarnan voluntariamente almas materiales que se ven atraídas simpáticamente por los fenómenos volcánicos, así como por las convulsiones del alma maligna de la tierra. Y estos nacimientos pueden, a su vez, recíprocamente, provocar nuevos cataclismos, ya que, recíprocamente, las almas malvadas tienen una influencia excitante sobre el fuego terrestre. La evolución de nuestro planeta sigue estrechamente la evolución de las fuerzas humanas y de las civilizaciones.

La Influencia de las Entidades Espirituales en el Hombre

 

GA102  8ª Conferencia

Rudolf Steiner – Berlín, 16-5-08 –

English Version

Mucho más que entrar a detallar los conocimientos antroposóficos, lo que importa es la suma de sensaciones y sentimientos que ellos despiertan en nuestra alma, gracias a lo cual, poco a poco, nos vamos convirtiendo en otras personas. Es a esas personas que establecen por ello una relación especial con los mundos suprasensibles, a las que yo denomino antropósofos adelantados. Y lo que yo apelo de ellos no es a su conocimiento teórico, sino a su corazón y sentimientos cuando hablo de los temas que estamos tratando estos días.

Hasta ahora hemos hablado del hombre y para comprender su evolución hemos tenido que contemplar otras entidades superiores a él que, en la evolución de este planeta, han desempeñado un importante papel antes de la intervención humana. Sabemos que en el estado anterior de la Tierra, el de Antigua Luna, había entidades que pasaron por su etapa humana y actualmente se hallan al nivel de Angeles, nivel que el hombre actual alcanzará en el ciclo posterior al terrestre; que lo que hoy llamamos Arcángeles alcanzaron su nivel humano en el Antiguo Sol, y que los actuales Arkai pasaron por esa etapa en el Antiguo Saturno. Quien pueda contemplar a esas entidades con capacidad clarividente, verá que existe una importante diferencia entre ellas y el hombre.

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En el hombre podemos diferenciar el cuerpo físico, el etéreo y el astral, el alma sensible, racional y consciente. Y además el triple Espíritu que en el hombre se halla en sus inicios evolutivos.

Pero si miramos a aquellas entidades superiores al hombre, veremos que no han elaborado la corporalidad más densa, inferior. Si miramos a los Ángeles vemos que han desarrollado su alma y su espíritu, no así su corporalidad. El Espíritu que en el hombre esta latente, ellos ya lo tienen  desarrollado.

Pero existen también otras entidades en las que no se descubre el “espíritu” como el que hallamos en el hombre y en los seres por encima de él; descubrimos, pues, entidades que esencialmente están hechas de cuerpo y alma. Ya conocéis todo un grupo de ellas, son los animales. Sabéis que los animales se relacionan con sus “almas o yoes grupales” que sí son ya de naturaleza espiritual. Pero aquí los animales solo son cuerpo y alma.

No obstante existen también otras entidades dotadas solo de cuerpo y alma pero que son invisibles para el ojo físico. Normalmente se les llama “Espíritus Elementales”, lo cual, en estricto sentido, es incorrecto, porque son precisamente seres sin espíritu. Es mejor llamarlos “seres elementales”. Son seres que son negados e ignorados en nuestra época “ilustrada”, porque no se los puede percibir físicamente, lo cual no quiere decir que no sean entes activos en nuestro mundo. Lo que ellos hacen sí que es perceptible, pero ellos no, a menos que hayamos desarrollado ciertas facultades clarividentes. Para describirlos quiero apelar a vuestras sensaciones y sentimientos.

Existen diversas entidades que se distribuyen en los más distintos lugares de la Tierra. Si penetramos en las profundidades de la corteza terrestre, a los lugares donde no llega ninguna vida vegetal, por ejemplo en las minas, donde solo hay minerales y metales, nos encontraremos con entidades que en principio las sentimos como si algo se disgregara. Descubrimos que se hallaban comprimidos unos junto a otros, y que cuando se vacían esas zonas rocosas ellos se disgregan violentamente, se separan unos de otros, no sólo eso, sino también que se agrandan corporalmente. Si bien, aún alcanzando su máximo tamaño siguen siendo más pequeños que el hombre. El actual hombre ilustrado no los conoce, pero aquellos que de alguna forma han conservado un cierto sentido natural de clarividencia atávica nos pueden hablar bien de esos seres a quienes se les ha dado los más diversos hombres: Trasgos, Gnomos, etc… Se diferencian del hombre en que no son visibles corporalmente y que su razonamiento carece del sentido moral de responsabilidad. Lo que hacen, lo hacen automáticamente. No tienen la razón o inteligencia humanas, sino la máxima “ingeniosidad” y quien entre en contacto con ellos experimentará verdaderas pruebas de su ingenio, porque gastan al hombre toda suerte de jugarretas y malas pasadas. Eso lo saben bien los mineros que tienen ese sentido natural sano, si bien los mineros de metales, no los del carbón.

Cuando observamos al hombre lo vemos constituido por cuerpo físico, etéreo, astral y yo, y lo que poco a poco se desarrolla de los miembros inferiores por medio del trabajo que realiza el yo, creándose el Yo Espiritual, el Espíritu de Vida y el Hombre Espíritu. Si bien podemos decir que lo esencial de la actual evolución humana son el cuerpo físico, etéreo, astral y yo. El cuerpo físico tiene mucho que ver con el yo, es un instrumento de enorme complejidad. La sangre es el instrumento físico más directo del yo, el sistema nervioso lo es del astral, el sistema glandular lo es del etéreo, y los órganos que actúan más mecánicamente lo son del cuerpo físico.

Tomemos el cuerpo físico humano y vamos a observarlo como instrumento del hombre pensante, inteligente. El yo sigue siendo el mismo de encarnación en encarnación, pero su instrumento corporal es nuevo. La organización más superior de dicha corporalidad humana y que la sitúa sobre todo por encima del animal, es producto de la intervención lenta y prolongada del yo que ha ido aprendiendo a trabajar en el cuerpo astral. Como sabemos que el cuerpo astral de cada ser humano consta de dos partes, una que ha recibido del Cosmos y otra que ya ha sido transformada por el yo. En cada hombre estas dos partes del cuerpo astral están desarrolladas hasta un cierto punto.

En el cerebro y el sistema nervioso superior que se construye de nuevo con cada encarnación, tenemos la expresión material exterior de lo que el hombre ha elaborado de su cuerpo astral por parte de su yo, si bien en gran parte inconscientemente.

El que el hombre tenga un cerebro más elaborado y perfecto que el animal, se debe, pues, a su trabajo sobre el cuerpo astral y lo mismo sucede con su sistema nervioso. Lo exterior es siempre manifestación de lo interior; el hecho de que tengamos los brazos libres para servirnos de instrumentos, etc…, se debe a que nuestro yo ha sido capaz de trabajar en la progresiva transformación del cuerpo astral, durante el proceso evolutivo.

Cuando vemos entidades que no pueden transformar su propio cuerpo astral, porque les falta su propio espíritu, su yo, ese cuerpo astral ha de expresarse en una forma física, pero esa figura material no puede hacerse visible físicamente en la actual fase evolutiva. Y no es visible porque se halla en un grado inferior al de nuestra materia visible. ¿Qué quiere decir esto?.

Nuestro cuerpo físico tiene la característica de ser visible; el cuerpo etéreo no podemos verlo porque se halla a un grado por encima en su sustancialidad, y aún menos el cuerpo astral. Pero no solo hay grados de sustancialidad por encima del físico, sino también por debajo, y tampoco es visible. Porque de toda la materia, solo es visible una banda central y es la que corresponde a nuestro cuerpo físico. Si observamos la estructura de la organización humana, podremos ahora comprender la de esos seres elementales de los que estamos hablando.

Hemos visto que el hombre consta de cuerpo físico, etéreo, astral y yo. Los seres elementales carecen de yo, y por ello carecen también de responsabilidad. Sin embargo han desarrollado un principio que está por debajo del cuerpo físico, llamémosle “menos uno”. Tenemos en ellos, pues, los principios tres, dos, uno y menos uno. Pero también hay seres cuyo principio superior no es el tres, es decir, el astral; sino el dos,  el cuerpo etéreo, pero por debajo han desarrollado el principio menos dos. Y aún hay otros seres cuyo principio superior es el físico, y han desarrollado los principios menos uno, menos dos y menos tres. Pero entonces, ¿por qué no son visibles, puesto que tienen un cuerpo físico?

Si no existieran los miembros superiores en el hombre, su cuerpo físico tendría una apariencia distinta. Cuando muere, su cuerpo físico se disgrega ¿por qué? Porque durante la vida el cuerpo físico humano está impregnado e interpenetrado por el yo, el cuerpo astral y el etéreo. Pero los Gnomos y otros seres elementales, si bien también tienen cuerpo etéreo y astral, les falta el yo. Los Gnomos tienen como principio superior el físico y luego otros tres principios inferiores. Las fuerzas de esos principios infrafísicos hacen que el cuerpo físico no sea visible. Y si han de tener una materia física que se les agregue, solo pueden hacerla suya bajo una enorme presión, lo que sucede cuando la materia se comprime;  entonces ellos se aglomeran y apretujan unos con otros. Si la presión desaparece, como sucede en las excavaciones de minas, se produce un proceso veloz de disgregación; proceso semejante al que sucede con el cuerpo físico humano cuando lo abandonamos al morir. Por eso no son visibles. Quien pueda percibir a nivel suprasensible, a través de la tierra física, los descubrirá con un diminuto cuerpo físico. Ese principio físico que poseen en su aspecto dinámico, tiene en su organización y estructura algo que se asemeja al instrumento mental humano, al instrumento de la inteligencia. No es por casualidad que quienes han llegado a describir a los Gnomos lo hagan describiéndoles con una cabeza muy grande en relación con el resto del cuerpo. En esos Gnomos hallamos una especie de inteligencia que actúa automáticamente.

¿Y como surgieron esos seres?. Veremos que ello se relaciona con la evolución pasada y la futura. Ya sabemos cómo el hombre progresa de encarnación en encarnación y que en cada nueva encarnación lleva los frutos de las anteriores. De esa manera en cada nueva encarnación el hombre es co-creador tanto en su forma como en sus facultades y en su destino. Lo que en una vida se gana en experiencias, se convierte en talentos y facultades en otra. Por ello el hombre colabora en la creación de su organismo interno como en la de su destino externo, ello nos hace elevarnos a progresivos niveles de perfeccionamiento evolutivo. No vemos, ni oímos, ni actuamos porque sí ni para nada, sino que todo ello lo hacemos nuestro, y al morir nos lo llevamos como vivencias que en el estado post-mortem se convierten en fuerzas germinales que colaboran más tarde en la construcción y desarrollo ulterior de la siguiente encarnación.

Pero en todo este proceso pueden pasar muchas cosas, el fiel de la balanza puede inclinarse hacia un lado u otro. Lo ideal sería que cada ser humano en cada encarnación hiciera uso ordenado de su vida, de modo que todo lo que pueda experimentar, vivenciar y que es susceptible de llevar frutos para las siguientes encarnaciones, que todo ello no quede sin utilizar, sino que asuma todo lo que desde el pasado ha traído consigo. Pero no suele suceder así, porque utilizamos nuestra vida sin orden para acumular todo lo acumulable y entonces quedan ciertas fuerzas sin utilizar y llevamos menos a la nueva encarnación, pero también puede suceder que penetremos demasiado en el organismo y nos adherimos demasiado con nuestra corporalidad. Hay dos tipos de hombres, unos que quisieran vivir plenamente en espíritu, sin descender del todo en su corporalidad y se les suele llamar soñadores, fantaseadores, etc… otros que penetran demasiado en su corporalidad y se identifican mucho con su instrumento físico.

Hay un mito que nos habla de lo que sucede a quienes se adhieren demasiado a lo temporal y perecedero de su encarnación. Exagerando un poco podríamos imaginárnoslos diciendo ¿Y a mi que me importa lo que yo pueda llevarme con mi núcleo esencial a otra encarnación? “Quiero aferrarme a esta encarnación porque me gusta y no me interesa lo que haya luego”. ¿A qué nos llevaría el que esa postura fuera radical? A un carácter sentado en un recodo del camino, que no le interesa para nada el futuro y que al ver a uno de los grandes guías que indican el camino a la humanidad lo rechaza. Ese hombre volverá a aparecer con la misma figura actual y si insiste en esa postura, seguirá naciendo con la misma figura, naciendo siempre en la misma raza, porque solo es capaz de edificar ese tipo de cuerpo, Esa es la idea íntima que subyace en el mito de Ahasver que ha de volver a aparecer siempre con la misma figura, porque ha rechazado la mano del guía supremo, la guía de Cristo, evitándose la posibilidad de perfeccionar su corporalidad futura en razas cada vez superiores. Las razas no degenerarían si no existieran almas que no pueden o quieren avanzar hacia formas mejores. Si vemos las razas que se han conservado desde épocas remotas en estado decadente, ello se debe a que hay almas que no pudieron ascender y se mantienen “por su propia gravedad” en niveles más materiales. Hay dieciséis posibilidades de quedarse adherido a la raza, que se denominan los “dieciséis caminos de perdición”. Pero al avanzar, el hombre asciende a niveles cada vez más superiores.

Es, pues posible que el hombre se retrase evolutivamente y que sus semejantes hayan ascendido a un nivel superior. Naturalmente no hay nada irreversible y todo ello conduce a un proceso de aprendizaje.

Supongamos el caso extremo de alguien que se adhiere tan fuertemente a las condiciones terrestres de la encarnación durante dieciséis encarnaciones. ¿Qué sucedería entonces? La Tierra con sus almas no espera, sino que sigue adelante, y como lo material es siempre expresión de lo anímico, ese hombre llega un momento en que ya no encuentra posibilidad de hallar un cuerpo adecuado para su alma y no puede encarnar.

Piensen lo que eso representará en el futuro, si bien en casos excepcionales. Cuando la Tierra se transforme en el estado de Júpiter, tampoco encontrarán cuerpos adecuados, porque los cuerpos de los seres naturales inferiores serán demasiado buenos para esos hombres. Con ello habrán, pues, de pasar una existencia incorpórea, pues no utilizarán su entorno físico para enriquecer y mejorar progresivamente su núcleo íntimo. Esos seres aparecen en el estado futuro con condiciones del estado anterior, pero lo hacen como espíritus de la naturaleza subordinados. En la segunda mitad de la evolución de Júpiter el género humano hará que surjan esos nuevos espíritus de la naturaleza, porque habrá desarrollado el quinto miembro de su ser, Manas. Pero aquellos que no aprovecharon la oportunidad de formar el quinto miembro en la Tierra, apareceran en Júpiter como espíritus de la naturaleza con cuatro miembros básicos, con el cuarto como miembro superior. Si en Júpiter el hombre tendrá los miembros cinco, cuatro, tres y dos, esos hombres retrasados tendrán el cuatro, tres, dos y uno, siendo entonces espíritus naturales invisiblemente activos.

Con nuestros actuales espíritus de la naturaleza pasó lo mismo en épocas evolutivas anteriores. Los espíritus de la naturaleza de Júpiter, surgidos del hombre, tendrán un cierto tipo de moralidad, porque como hombres la tenían en la Tierra. Mientras que no la tienen los actuales seres elementales.

Hemos descrito la Tierra como el planeta del Amor, en comparación con la Luna como planeta de la Sabiduría. El amor surgió en la antigua Lemuria en su forma más inferior y se ha ido y va transformando a niveles cada vez superiores de amor. En la existencia de Júpiter sus habitantes mirarán al amor como hoy el hombre terrestre mira la sabiduría. Cuando hoy miramos la estructura física de nuestro cuerpo, tanto en conjunto como en sus más mínimos detalles, vemos una enorme sabiduría. En todas las formas naturales vemos por todo el planeta sabiduría cristalizada, una sabiduría que se desarrolló en la Antigua Luna. Igualmente va desarrollando la Tierra el amor, y así como en cada flor nos maravillamos ante su sabiduría y belleza, el hombre de Júpiter se encontrará con el amor que fluye y emana la sabiduría oculta en la Tierra desde la Antigua Luna.

Cada estado planetario tiene su misión y tarea. Y al igual que las fuerzas destructoras en la sabiduría derivan de los seres de Antigua Luna que han quedado retrasados, en nuevo Júpiter habrá fuerzas destructoras en el amor, insertas en el tejido general de la existencia como las figuras repulsivas de los seres terrestres atrasados, que tendrán exigencias de amor egoísta como seres elementales de la naturaleza y que formarán poderes devastadores y violentos en la existencia jupiterina. Así vemos como está tejido el mundo en sus partes positivas y negativas, con lo cual hemos descubierto un elemento moral en el proceso del mundo.

Todos los espíritus de la naturaleza, estructurados de modo que tengan un miembro del hombre y tres por debajo de él, lo llamamos “Gnomos”, las “Ondinas” tienen dos miembros del hombre y dos por debajo de él, los “Silfos” tienen tres miembros del hombre y uno por debajo. Todos ellos son seres que han quedado atrasados en épocas planetarias anteriores, no han llegado al nivel del “espíritu” que  el hombre está desarrollando hoy y han quedado a un nivel “infraespiritual”, constando solo de cuerpo y alma. ¿Que pasa con las Salamandras? ¿De donde proceden?.

Si los Gnomos, Ondinas y Silfos son entidades atrasadas de anteriores estados de la Tierra, las Salamandras han surgido porque desarrollaron parcialmente  el cuarto principio, pero no hasta el nivel de poder asumir forma humana. ¿Pero de donde vienen?

Si seguimos retrospectivamente al hombre en su evolución vemos que en el pasado nos hallamos con formas cada vez más espirituales. Sabemos que las especies animales se fueron desprendiendo como hermanos atrasados de la evolución humana progresiva. El hombre ha llegado a su alto nivel porque se manifestó el último en su ser físico.

Los otros seres no pudieron esperar y penetraron antes en la encarnación física. Los animales tienen almas grupales que solo existen en el mundo astral, si bien extienden su actividad hacia el mundo físico. La Sabiduría producto de la Antigua Luna, la vemos muy bien distribuida en las formas animales por medio de las almas grupales. El hombre no solo ha de adjudicarse la sabiduría si desarrolla su cultura, la sabiduría se muestra con más fuerza en toda la naturaleza.

El papel fue el gran invento que realizó el hombre, pero no habríamos de olvidar que desde tiempos remotos lo llevan haciendo las avispas. ¡El yo grupal de la especie de las avispas ya había inventado el papel mucho antes que el hombre!

Pero la relación del animal con su alma grupal es solo parcialmente la que debiera ser, desde el punto de vista cósmico.

Supongamos, el alma grupal de una especie de insectos. Cuando el insecto particular o espécimen muere, para el alma grupal ello representa como si se le cayera un pelo o una uña. Los animales que van formándose de nuevo no son más que miembros sustituidos del alma grupal. Mirando todas las especies iremos viendo que lo que aparece en el mundo físico es como una nube que se hace y deshace constantemente. La existencia física se metamorfosea y el alma grupo renueva lo que le falta abajo.

Pero eso llega hasta un cierto punto, cuando algo nuevo interviene, en particular cuando tratamos de animales superiores. Supongamos los monos, los simios. El simio recibe tantos elementos de su alma grupo, es tan complejo, que al morir, en lugar de restituirse sus elementos psíquicos completamente al alma grupo, hay una parte de ellos que se queda en la Tierra. En los demás animales, en el león incluso, la reabsorción por el alma grupo se produce por completo, sin dejar residuo. El residuo que queda con la muerte del animal superior no puede retornar al alma grupo, hay algo en el simio que está desvinculado de su alma grupo, pero ese elemento psíquico liberado no puede volver a reencarnar y evolucionar como lo hace, por ejemplo, el yo humano. Algo parecido sucede con los marsupiales. Aquello que queda retenido en la Tierra de esas almas animales, digamos, “individuales”, y que no puede tampoco volver a encarnar, eso es el origen de un cuarto tipo de espíritus elementales, que conocemos como Salamandras, es el tipo superior de seres elementales y que tienen algo de “yo”.

Pero esas Salamandras también se generan cuando ciertas naturalezas humanas, particularmente inferiores, que encarnan de nuevo, dejan un residuo de su naturaleza inferior, de un tipo particularmente maligno, que se convierte en una especie de espíritu de la naturaleza. Esas entidades tienen una parcial afinidad con el hombre e interviene obstructivamente en la evolución humana. Muchos dudosos fenómenos culturales que hoy se consideran naturales, se comprenderán cuando conozcamos que tienen que ver con esas fuerzas obstructoras, retardatorias, que se expresan en muchos fenómenos culturales decadentes.

Conocer este hecho puede ayudarnos. Podremos defendernos de su influencia y de ahí la necesidad de un movimiento como el antroposófico. Muchas manifestaciones culturales tomarán ese cariz decadente o degenerado y quienes no se encuentren bien en ellas serán considerados soñadores y fantasiosos por los que consideran estas manifestaciones de lo más natural. Más el verdadero progreso de nuestra cultura reside en que el hombre penetre con conocimiento los poderes enemigos.

“Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres”.

Conoceréis la verdad y ella os hará libres.

Traducido por Gracia Muñoz

Capitulo 2. El desarrollo de la Cosmología en la Historia.

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y rostro cambiante de la Cosmología”. Parte I.

En los últimos tiempos se ha establecido, la prueba definitiva de la conexión de los grandes círculos de piedra de los antiguos pueblos celtas con las estrellas. Las piedras en los círculos indican los puntos de elevación del Sol en ciertas épocas del año y muchos otros datos astronómicos que la humanidad moderna ha redescubierto con la ayuda de telescopios y computadoras.

 La antigua humanidad no tenia ninguno de estos artificios modernos, sin embargo, fue capaz de hacer todo esto con unas capacidades mentales que la humanidad actual ha perdido por completo. Esto es particularmente evidente en los monumentos antiguos de Irlanda, en New Grange, la Colina de Tara, y otros.

La humanidad de Oriente tuvo también una estrecha relación con el mundo estelar, principalmente en Mesopotamia. Tenemos una prueba definitiva de estas correlaciones con el descubrimiento y desentrañamiento de los enigmas de los zigurats del llamado valle del Tigris y el Éufrates. Eran enormes edificios que se asemejaban a las pirámides, pero con terrazas, por así decirlo. Tenían en la parte superior algo parecido a un pequeño santuario. Este era, obviamente, el observatorio del sacerdote-pontífice (creador de puentes) que se había delegado y que era capaz de seguir el curso de las estrellas. Esto no se hizo sólo por curiosidad, obedecía a propósitos definidos. Tenemos pruebas de esto, por ejemplo, en algunos documentos donde un rey deja escrito: “Hoy he ido al templo de Ishtar (es decir, al templo de Venus), y ella me dijo que hiciera esto y aquello”… lo que hoy llamaríamos materia de política exterior de Estado.

Obviamente, se consultaba, a través del sacerdote-iniciado, a los Genios de las estrellas. Comunidades enteras se guiaban por el conocimiento de los movimientos de las estrellas, por los ritmos de los planetas, de los que hablamos en el capítulo anterior. Los pasillos de las terrazas de estas pirámides estaban pintados con los colores asignados en esos días a los planetas. Así, tenemos en esos monumentos de Mesopotamia la prueba de la conexión de la humanidad con las estrellas en un sentido altruista. Este conocimiento se utilizaba desde la orientación de las naciones, hasta la esfera de la agricultura, y así sucesivamente.

En Egipto se descubren rastros similares. Los santuarios fueron construidos a lo largo de dos ejes. Allí vemos primero el valle de la esfinge, las estatuas. Entramos en una especie de explanada,  después a una sala interior y, finalmente, al propio templo. En el otro extremo del templo estaba el santuario, la capilla que contenía las esfigies de la deidad a la que estaba dedicado el templo. Es un hecho comprobado que estos largos ejes del templo estaban orientados hacia el punto donde se alza Canopus en la constelación de Argo, que fue llamada la Estrella de Osiris.

El largo pasaje  oscuro, los pasillos y las salas actuaban como un telescopio. Las pirámides tenían pasillos que desde las cámaras escondidas en las profundidades permitían el acceso al exterior. Estos pasillos no estaban destinados a ser utilizados como via de paso porque eran oblicuos. Uno no podría haber caminado a través de ellos. Se orientaban hacia las órbitas diarias de ciertas estrellas. En estas cámaras piramidales se llevaban a cabo las iniciaciones. Durante tres días, se dejaba al neófito en un estado de trance semejante a la muerte, incluso se le colocaba en un sarcófago, en la parte mas profunda de la pirámide, en una posición tal que al despertar el neófito, lo primero que veía a través de ese largo eje, del mundo exterior eran las estrellas  del cielo. Esto debió ser una experiencia tremenda.

Despues llego una epoca,  en Egipto, Mesopotamia y Caldea, en que se despertó la conciencia del yo. Esto se describe, en la historia de Gilgamesh y su amigo Eabani o Enkidu. Por lo que cuenta la historia, los dos mataron un toro que pertenecía a la diosa Ishtar. Estos son profundos misterios del templo. Este Toro de Ishtar estaba conectado realmente con la constelación de Tauro, el Toro. Ishtar es la misma deidad que se introdujo en la mitología griega como Venus. Venus, como se dice a veces en la astrología tradicional tan a la ligera, está en su casa en el signo de Tauro. ¿Por qué el toro, y por qué la conexión con Ishtar-Venus? Esto está conectado con las experiencias de una humanidad anterior, en un pasado muy lejano de la Creación. El Toro, que la humanidad experimentó en los cielos se les apareció como una imagen de la Palabra Creadora, del Logos que se propagaba en el mundo y creó el mundo de los objetos físicos a nuestro alrededor.

Ahora, se nos relata en esta historia, que Gilgamesh y Enkidu mataron a ese toro. ¿Qué significa esto? Ellos se replegaron en si mismos a costa de la disminución de la conciencia de la presencia de lo divino en la naturaleza. Se afirmó el egoísmo. Tuvieron que afirmarse la causa de la libertad interior del ser humano. Los humanos comenzaron a romper sus relaciones con los seres divinos, con el mundo de las estrellas. Finalmente los dioses “murieron” para la conciencia de la humanidad.

En este sentido podemos entender cuando oímos decir a Gilgamesh: “En cuanto a ti Ishtar, te  abajaré también. Te tratare como he tratado al Toro”. Esta es una descripción imaginativa del alejamiento de esa conciencia ancestral que finalmente llevó a la expresión que hemos escuchado en los tiempos modernos: “Dios ha muerto”. Él murió para la conciencia de la gente. Después de que Gilgamesh pronunciara esas palabras, que superficialmente, suenan como una blasfemia terrible, Ishtar no se quedó quieta. Se quejó a la divinidad suprema, y ​​Enkidu, el amigo de Gilgamesh, murió poco después de este incidente. Gilgamesh se sintió totalmente destrozado. Había obtenido el primer rastro de individualidad egoísta. Experimentó la muerte como algo inherente a la persona. Antiguamente la  humanidad era muy consciente de que cuando un ser humano moría  sólo se dejaba de lado el cuerpo físico, en tanto que el alma seguía más viva y residía en el mundo divino. Hablar a los seres humanos en esos tiempos de la vida después de la muerte o la reencarnación habría sido inútil. Ellos habrían respondido que ya lo sabían, que de todos modos era una realidad, una experiencia interna para ellos.

Pero Gilgamesh, después de la muerte de su amigo, experimentó la muerte como destino, como destino individual. El destino estaba golpeando duro, por así decirlo, a este hombre que había dado los primeros pasos de la emancipación del mundo divino. Y así oímos entonces en la historia cómo Gilgamesh va en busca de su amigo.

Gilgamesh es conducido a través de muchas aventuras, y nos damos cuenta por las descripciones que sale al mundo cósmico. Sin embargo, se encuentra con terribles monstruos, es un mundo temible. Hay escorpiones, leones y toda clase de terribles criaturas que lo amenazan. Así, el mundo cósmico que alejó de él, lo vio como un mundo extraño, terrible e incluso fatídico. La historia de Gilgamesh y Eabani describe la actitud en la cual la astrología decreció lentamente hasta llegar a nosotros. Es la astrología que habla de la conexión de los seres humanos con el mundo de las estrellas como algo complejo que provoca inexorablemente su destino y los mantiene sin piedad en la dependencia.

En otras partes del mundo, particularmente en Occidente, las antiguas conexiones con las estrellas seguían evolucionando correctamente durante el primer milenio DC. Incluso aún se pueden encontrar rastros en el segundo milenio. Lo vemos representado en la historia del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. La infancia de Arturo se describe en poderosas imágenes cósmicas (Ver Fiona Macleod). De niño, Arturo fue invitado a subir una escalera enorme a los cielos. Llegó a las siete estrellas que conforman la efigie de la Osa Mayor. Allí fue recibido por siete reyes. Se lo llevaron con ellos, y se le educó e inició en los secretos cósmicos de la Mesa Redonda, que es una imaginación víva del Zodíaco.

Después de esta experiencia, descendió de nuevo como el Rey Arturo e inauguró la Mesa Redonda sobre la Tierra. A continuación escuchamos, las historias del Rey Arturo y sus caballeros que fueron enviados al mundo para ayudar en todos los lugares donde se les requería, para proteger a las personas que estaban en peligro, y así sucesivamente. Vemos en esto una perfecta realización de lo que estaba en los cielos como un gran y maravilloso orden cósmico realizandose en la Tierra en los asuntos prácticos, referidos a toda la comunidad humana. El Rey Arturo también fue llamado el labrador, porque se asoció a través de su iniciación, con los misterios de la Osa o Plough. Como rey tenía que alimentar adecuadamente a su pueblo. Esto significaba que tenía que ser educado en la vía de una agricultura eficiente, una agricultura que todavía vive y trabaja en plena armonía con los ritmos cósmicos, que interactúa con los ritmos de la vida vegetal en la Tierra. Por lo tanto, se vio como una necesidad primordial tener un perfecto conocimiento de las correlaciones entre el cosmos y la Tierra. El nombre de Arturo parece tener su origen en las palabras galesas, Arth Uthyr, que significa Osa Mayor. Por lo tanto “Arthur” probablemente no era un nombre. Era originalmente un título, un grado de iniciación, en este caso de los secretos místicos de la Osa Mayor.

Esto sucedió en el Oeste. En el Oriente la sabiduría estelar  tomo un camino diferente. Llego a su ocaso a consecuencia del egoísmo humano. Las personas querían saber su destino personal de las estrellas. Empezaron a preguntar: ¿Cómo hacer esto o aquello?, ¿cómo me afecta lo que sucede en los cielos? ¿qué van a hacer conmigo?. Por supuesto, esta actitud se desarrolló lentamente, pero en el transcurso del tiempo se hizo más y más dramática. Muy a menudo uno se encuentra cara a cara en la humanidad actual con la siguiente pregunta: ¿Qué me dicen las estrellas?, ¿qué me tienen reservado las estrellas?. Desafortunadamente, esto puede degenerar en una actitud de impotencia y miedo total. Sin embargo, esto no fue el final de la relación de la humanidad con el cosmos.

Pasó el tiempo y llegó la era de Copérnico. Copérnico, que vivió durante los siglos XV y XVI, propuso una astronomía heliocéntrica, que en realidad no trabajó detalladamente. Ahora es el Sol, no  la Tierra, quien está en el centro del sistema solar. Los que vinieron después de él trabajaron esto con detalle, Kepler, Newton y muchos otros. Este paso fue, en cierto sentido, una consecuencia del egoísmo que se apoderó de la sabiduría estelar de Egipto, etc, hasta convertirla en la astrología. La astronomía copernicana se alejó aún más de las estrellas, hasta que el cosmos llegó a definirse como un gran mecanismo, como un ordenador. Con la debida reserva, se puede decir que el copernicanismo es una especie de modificación de la  sabiduría estelar egipcia. Por supuesto, con el tiempo se descartó radicalmente la astrología, considerándola como una simple locura. Sin embargo, el concepto de destino se elevó a proporciones extremas. La Tierra fue destronada. Se consideró que no es más que un pequeño planeta dando vueltas alrededor del sol.

Se puede decir, por supuesto, que esto que sucedió entonces en la astronomía, no nos afecta necesariamente en la vida práctica. Si el Sol está en el centro, o la Tierra está en el centro,  es un asunto para los científicos, para los astrónomos en sus observatorios, y no tiene por qué  preocuparnos en la práctica. Sin embargo, esto no es así. El copernicanismo ha trabajado profundamente en las formaciones sociales y las fundaciones que se han desarrollado desde entonces.

En la antigüedad se hablaba de la Tabla Redonda del Rey Arturo, en Mesopotamia del poder de las Torres del Templo. Existía una Cosmología, o Sabiduría de las Estrellas, jugando directamente en la vida social. Comunidades enteras fueron dirigidas de acuerdo a ese conocimiento estelar. Sin embargo, la misma conciencia que formuló el copernicanismo también ha organizado la vida social de la humanidad moderna. Maquiavelo, contemporáneo de Copérnico en el comienzo del siglo XVI, escribió el libro “El Príncipe”. Allí, el monarca se describe como alguien que tiene un poder absoluto y sin restricciones. Haga lo que haga, todo es correcto. Solo él es responsable de sí mismo y nadie más. ¿Por qué tiene esto relación con la concepción el mundo astronómico que llegó  al mismo tiempo? El “rey” en la antigüedad se consideraba un representante en la tierra del Sol en los cielos. Sin embargo, con todo su esplendor el Sol no fue considerado como el centro del universo, ni su representante el Rey. Así, la forma misma de la Mesa Redonda era también una imagen de la negación de las prerrogativas. Arturo fue uno de los de Caballeros de la Mesa.

Se puede objetar que ya mucho antes de Cristo, el despotismo oriental había ganado un gran impulso. La verdad es que las enseñanzas secretas de los Antiguos Misterios del Templo ya habían proclamado una cosmología heliocéntrica, mientras que en las concepciones populares se fomentaron puntos de vista geocéntricos. Existen evidencias de que este era en realidad el caso, por ejemplo, en Egipto. Debido a que los reyes, faraones, y así sucesivamente, fueron originalmente iniciados en los misterios, surgió la tendencia a construir el orden social terrenal de acuerdo a la “ordenación” de los arquetipos cósmicos, heliocéntrico, como rey o faraón, centrado en las comunidades.

Y ahora, al mismo tiempo, con la popularización de la visión heliocéntrica de Copérnico, somos testigos del hecho de que Maquiavelo crea el concepto filosófico del monarca como el centro absoluto e indiscutible de cualquier orden social. Y, en efecto, muy pronto, Luis XIV, el rey de Francia, entró en la escena histórica y proclamó: “L’état c’est moi” , “El Estado soy yo”, yo, el rey. El “Sol”, en un sentido social, había entrado en el centro. Él y todos los monarcas de Europa que podían permitírselo siguieron su ejemplo y construyeron sus palacios en una forma que era perfectamente “heliocéntrica.” Por lo general estos palacios fueron construidos de tal manera que había una torre redonda central o una estructura similar, con alas a ambos lados. Todos los caminos y calles de la ciudad irradiaban desde este punto central en el medio ambiente como los rayos del sol. Todavía se pueden ver muchos de esos palacios en las capitales europeas. Este fue “el copernicanismo,” o el sistema heliocéntrico, que se implantó en la formación social.

La humanidad moderna ha cambiado todo esto considerablemente. Nos enfrentamos ahora a algo parecido a una explosión atómica en el lugar del viejo universo. Por la perfección cada vez mayor y el poder del telescopio que penetra en las profundidades del espacio. Distancias fantásticas y mundos más allá de nuestro propio sistema solar han sido descubiertos. Nuestro mundo ha reducido a lo insignificante nuestro sistema solar. Nuestro concepto del universo ha crecido hasta hacerse inmenso. De hecho, era y sigue siendo, difícil formarse una idea de lo grande que es el universo. No sabemos si es finito o infinito. El concepto de infinito es doloroso para una ciencia construida sobre la cantidad. Hemos descubierto sistemas solares que se supone que son  mucho más grandes que el nuestro. Los soles centrales de estos sistemas, según los cálculos, se mueven a velocidades enormes. Además, se están alejando de una especie de centro en el gran espacio cósmico a velocidades tremendas, inimaginables para la mente de la gente común. Así, el universo más grande de hecho se parece a una explosión atómica

La mentalidad humana que nos ha llevado a pensar en esos términos cosmológicos ha tenido su impacto correspondiente en la vida social moderna. Si observamos objetivamente, debemos admitir que las formas de vida social, las instituciones, y así sucesivamente, se enfrentan constantemente el peligro de la atomización. ¿Cuál es la solución? La humanidad occidental se inclina fácilmente a pensar que la mecanización y la informatización completa es la respuesta. De nuevo, esto parece coincidir con los conceptos de la cosmología moderna de que el universo es un vasto mecanismo. Y de esto pueden surgir fácilmente la sugestión de que la solución mejor y más conveniente en la vida en la comunidad es la completa mecanización y la informatización de todos los problemas e instituciones humanas.

Este camino no nos  lleva a ninguna solución, solo nos conduce a la indefensión y la abdicación de la raza humana. De ninguna manera podemos esperar que toda la humanidad vaya a aceptar esto, y en ello tenemos algo de esperanza. Sobre todo Oriente, es decir, el este y Asia, no pueden seguir esta tendencia, y muchos de los problemas que han surgido entre Oriente y Occidente tienen sus raíces en este hecho. El Este vive con las oscuras sombras de un glorioso pasado que habla, aunque débilmente, en las imágenes del espíritu del cosmos, en el ser humano, en los reinos de la naturaleza. Si nosotros, en Occidente tenemos la intención de establecer una relación sana con Oriente, no pensemos que podemos hacerlo imponiendo el comercio y la tecnología. Solo podremos hacerlo presentándonos al Este, como humanidad global, como una humanidad espiritual digna e integra. Y podemos lograr los medios para hacerlo.

Si estamos buscando un arquetipo para ello tenemos que ir a “la búsqueda del Grial.” Entonces nos daremos cuenta de que Parsifal, el que va en busca el Grial, es nuestra propia imagen. Parsifal es llevado al Castillo del Grial. Es testigo de todos los eventos misteriosos, pero no hace la pregunta. Por lo tanto es expulsado del castillo. Esta es la imagen del ser humano moderno, esta sólo, en esta era de la ciencia, frente a los enigmas del universo y de la Tierra. Pero no preguntamos, como Parsifal, que se pasea durante años a través del mundo en una profunda desesperación y desesperanza. Por último, se encuentra con Trevrizent, que trae la Búsqueda del Grial de nuevo a su conciencia. Ahora, entra en el castillo por segunda vez y puede llegar a los nuevos misterios, a las respuestas relativas a la naturaleza espiritual de la humanidad, su tarea dentro de la configuración de todo el universo, y así sucesivamente. Porque este es el recipiente y el contenido espiritual del Grial. Durante los años sesenta y setenta, del presente siglo XX, la humanidad occidental, pasó por el profundo y oscuro valle creado por sus propias acciones en ciencia y tecnología. Pero ahí radica también la esperanza de que lo podamos superar, si podemos mirar hacia el sentido arquetípico de la figura de Parsifal.

En lo que concierne a nuestros estudios, las consecuencias modernas del copernicanismo constituyen un abismo profundo y oscuro. Sin embargo, no ayudaría a nadie volver a las antiguas buenas maneras de la visión geocéntrica del mundo, por ejemplo, de los celtas o  Ptolomeo. Es necesario pasar por el abismo y encontrar nuevos portales y caminos a los conceptos espirituales del universo. Rudolf Steiner, señaló que en las escuelas Rosacruces originales de la Edad Media, se le enseño al alumno por primera vez la perspectiva geocéntrica del universo. Después se le dijo que así es como debe ser, pero que en realidad no es así. A causa del gran pecado de la Tierra y sus habitantes, podemos pensar que con la Caída del Paraíso, la Tierra perdió su posición central. Sólo después de un largo y extenuante esfuerzo la Tierra, en el futuro, una vez más se pondra en su posición correcta. Esto será posible sólo con la aceptación del impulso de Cristo. El Cristo entró en el reino terrenal como representante de todo el sistema solar. A pesar de que el ser humano lleva en su cuerpo un yo que da sentido y orientación a la existencia, por lo que es el universo solar, impregnado por un Yo, y este Yo es el Ser de Cristo. En el Gólgota se unió con la Tierra, por lo que la Tierra puede convertirse en “Sol” en el futuro lejano. En este proceso está involucrada toda la humanidad, independientemente de su raza, nación, religión, y así sucesivamente.

Así, este punto de vista de la Tierra en el centro, es una perspectiva que debe ser realizada por el desarrollo interior, por el sufrimiento, por la elevación de los más grandes poderes cósmicos. Para lograr esto, no debemos dudar en recorrer el valle oscuro del copernicanismo. Tenemos que arrancar a través de él a nuevos horizontes espirituales. El copernicanismo y la astronomía moderna nos han dado, después de todo, un preciso conocimiento matemático de los cielos, en términos modernos. Podemos calcular los movimientos de los planetas y muchos otros fenómenos teóricamente miles de años hacia delante o hacia atrás en el pasado. Este es uno de los logros de la astronomía moderna. Se han descubierto muchos detalles de los movimientos de los planetas que la antigua humanidad había comprendido en una especie de clarividencia, casi de ensueño. Anteriormente, dicho conocimiento se había conservado en los secretos de los templos de misterios y no estaba abierto a toda la humanidad.

En contraste, la astronomía moderna es una ciencia que está abierta a cualquier persona que haga el esfuerzo de estudiar. Y en esto la astronomía aunque este fundada matemáticamente, nos puede dar una manera de mirar el universo solar con nuevos conceptos, incluso espirituales. En los tiempos antiguos, todavía en Grecia, la humanidad por percepción clarividente era capaz de mirar hacia arriba, al cosmos y ver no sólo los planetas visibles, sino también las esferas de los planetas. Los griegos no experimentaban el planeta como una entidad en movimiento, sino en el ámbito global que indicaba la órbita del planeta. Todas estas esferas de los planetas fueron concebidas  concéntricamente alrededor de la Tierra. Entraban en rotación por los seres divinos que trabajaban en ellos, y por tanto también los planetas se mueven a lo largo de sus órbitas. El movimiento en el cosmos era causado por los seres divinos, de acuerdo con este punto de vista.

Hemos perdido por completo, el concepto de las esferas. El astrónomo moderno no se preocupa ya por las esferas. El movimiento es causado, de acuerdo con puntos de vista modernos, por factores puramente mecánicos en el universo. Sin embargo, es con la ayuda de la astronomía moderna que podemos continuar a través de nuevos conceptos por unos ámbitos que ofrecen grandes posibilidades. Las órbitas de los planetas no están dispuestas en círculos perfectos, ni tampoco se encuentran exactamente en la eclíptica, en el plano del sistema solar. En primer lugar, tenemos el Sol en el centro de acuerdo con el copernicanismo, pero fue Kepler quien descubrió que los planetas no se mueven en círculos, sino en elipses alrededor del Sol (ver Fig. 2.2.).

Esta trayectoria elíptica del planeta trae en ciertos momentos el perihelio (perigeo) ( (distancia más cercana al sol), y en otros en el afelio (apogeo) (es decir, mas lejanía del Sol). Estos elementos, como se les llama, son los medios para evaluar la vida interior de la esfera. A medida que el planeta se mueve a lo largo de su órbita, con el tiempo entra en su perihelio, lo que significa que estará más cercano al sol. En el afelio tendrá la distancia más larga. Estas posiciones indican el estado en que vive la esfera en un momento dado. Los planetas visibles son entonces como “lunas” que reflejan la vida de las esferas. (Las esferas son el espacio de volumen dentro de las órbitas.)

En el perihelio el planeta tiene una estrecha relación con el Sol y por lo tanto una conexión positiva con todo el sistema solar. En el afelio (perigeo) se expresa, por así decirlo, el deseo de desvincularse de este último, para volar lejos de él en el espacio exterior, a pesar de que no se puede lograr esto debido a que el Sol, aún así, mantiene unida a la familia planetaria. Así, podemos abrirnos paso a los nuevos conceptos de un universo viviente. Justo lo que parecía promover la idea de un cosmos puramente mecánico ofrece una mano para entrar en nuevos horizontes de la cosmología.

Hay otros aspectos descubiertos por la astronomía moderna. Estos constituyen otros elementos de los planetas. Se han establecido de forma muy precisa con la ayuda de métodos de cálculo modernos. Tomamos de nuevo el Sol en el centro (Fig. 2.3). Vemos que los planetas se mueven alrededor de él, junto con la Tierra. En el diagrama hemos insertado la órbita de la Tierra, y de otros planetas. Si tomamos los planos en los que se encuentran estas órbitas, es posible que a primera vista parezcan idénticos. Parece que se mueven en un disco común, por así decirlo. Sin embargo, una inspección más cercana revela que hay ligeras diferencias angulares. En otras palabras, las órbitas de los planetas están inclinadas, una respecto de la otra. Ahora puede tomar el plano en el que se mueve la Tierra en el curso de un año e investigar las inclinaciones de los planos planetarios en relación con el primero. Así obtenemos los pasos fronterizos, o líneas de corte entre estos planos. Estos son los nodos de los planetas con la órbita de la Tierra, o plano de la eclíptica, por lo tanto en cada planeta se establece un nodo ascendente y un nodo descendente. El nodo ascendente es el lugar relacionado con el zodiaco, donde el planeta sube por encima de la eclíptica, el nodo descendente donde se desciende por debajo. (Hemos utilizado los símbolos que la astronomía emplea comúnmente para los nodos.) Por supuesto, estos son sólo puntos matemáticos. No podemos verlos. (Tampoco podemos ver los perihelios y afelios de los planetas.) Sólo se puede calcular. Sin embargo, son realidades de gran importancia, que se refieren a la vida de las esferas en relación con la Tierra. Indican que en estos lugares las esferas tienen la posibilidad de contacto con la Tierra y sus habitantes. De este modo el copernicanismo moderno nos ofrece una vez más los medios para llegar al concepto de un universo viviente. Podemos obtener las tablas astronómicas que nos dan las posiciones exactas de los nodos, las posiciones precisas de las líneas afelio- perihelio, y así sucesivamente.

Trabajar y vivir con estos elementos, junto con ciertas ampliaciones que la visión geocéntrica puede proporcionarnos -que eventualmente puede canjear el sistema copernicano, el sistema heliocéntrico, ya que podemos introducir en ella un elemento de vida en contra de la visión del universo como un gran máquina. Y esto llegara a sentirse como una necesidad urgente.

Hemos investigado muy a fondo las posibilidades que se ofrecen por el hecho de los nodos y las líneas del afelio-perihelio (las líneas de los ápsides). Y hemos encontrado de hecho que en los tiempos en que los planetas se intensifican en estas líneas, los mecanismos característicos de las esferas planetarias y sus seres pueden discernir en los asuntos terrenales y los acontecimientos históricos. Sin embargo, nos gustaría subrayar también que en tales ocasiones es una cuestión de la conciencia humana y participación si estos eventos se pueden emplear en la Tierra de manera constructiva, o si, a causa de la negligencia o el rechazo,  van a trabajar en tono de reproche y de manera destructiva. Esto también es parte, y no menos importante, de la comprensión y la nueva relación de la humanidad con el mundo cósmico.

Traducido al español por Gracia Muñoz.

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN 1-888686-13-8

Todos los derechos reservados. Estos artículos son para uso privado, estudio e investigación y no han de ser reimpresos para ningún otro propósito sin el permiso escrito del Centro de Investigación de Astrosofía.

La dirección espiritual del hombre y de la humanidad.

Rudolf Steiner – Munich 20 de Agosto de 1911

Que el Cristo es también guía de las Jerarquías superiores en los mundos que siguen al nuestro es lo que revela la ciencia que apareció en nuestra cultura bajo la denominación de Rosacruz desde los siglos XII y XIII, ciencia cuya necesidad, a partir de ese momento, hemos demostrado. Si, de acuerdo con esta concepción, examinamos más de cerca la entidad que vivió en Palestina y que consumó el Misterio del Gólgota, observaremos lo siguiente.

Hasta el presente, han existido muchas ideas acerca del Cristo; por ejemplo, ciertos cristianos gnósticos del siglo I, afirmaban: el Cristo que vivió en Palestina no tenía cuerpo físico carnal, sino una especie de cuerpo aparente, un cuerpo etéreo visible físicamente; por consiguiente, su muerte en la Cruz no fue real, sino aparente, puesto que no existía más que un cuerpo etéreo. Siguen diversas discusiones entre los partidarios del Cristianismo, por ejemplo, la famosa discusión entre arríanos y atanasianos, etc., y entre ellos, además, las más diversas interpretaciones sobre lo que el Cristo ha sido en realidad. Hasta en nuestros días elucubran los hombres las más diversas ideas acerca de esta insigne figura.

La ciencia espiritual reconoce en el Cristo, no una entidad meramente terrestre, sino cósmica, y también el hombre en cierto sentido lo es: vive una doble vida, una en el cuerpo físico, desde el nacimiento hasta la muerte, y otra en los mundos espirituales, desde la muerte hasta el nuevo nacimiento. Una vez el hombre ha encarnado, depende de la Tierra, porque su cuerpo físico está supeditado a las condiciones de existencia y a las energías terrestres.

Mas el hombre, no sólo asimila las substancias y esas energías terrestres, sino que está incorporado al organismo físico terrestre y lo integra. Cuando trasciende la muerte física, deja de pertenecer a la Tierra; pero sería incorrecto creer que está libre de toda fuerza: él queda entonces unido al sistema solar y a otros sistemas siderales. Entre la muerte y el nuevo nacimiento, vive dentro de lo cósmico, así como entre el nacimiento y la muerte vivía en los dominios terrenales.

Desde la muerte hasta el nuevo nacimiento, pertenece al Cosmos, al igual que en la Tierra pertenece a los elementos aire, agua, tierra, etc. Así durante su vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, mora en los dominios de la causalidad cósmica. Los planetas no irradian únicamente las fuerzas físicas de que nos habla la Astronomía, o sea, la fuerza de gravedad y otras de la misma índole, sino asimismo, energías espirituales, a las que el hombre se halla vinculado de una manera particular, según sea su individualidad: si ha nacido en Europa, su relación con las fuerzas calóricas, etc., es muy distinta de si hubiera nacido en Australia, por ejemplo.

He ahí lo que sucede entre la muerte y el nuevo nacimiento: uno está más relacionado con las fuerzas espirituales de Marte, otro más con las de Júpiter, algunos mas con las fuerzas del sistema planetario en su conjunto, las mismas fuerzas con las que regresa nuevamente el hombre hacia la Tierra: o sea, que en el intervalo anterior al nacimiento, vive generalmente vinculado con el espacio sideral.

De conformidad con las relaciones de cada individuo con el sistema cósmico, se determina también el impulso que lo conduce hacia una u otra pareja de padres, hacia una u otra región. Esta tendencia a encarnar aquí o allá, en esta o en aquella familia, en este o aquel pueblo, en este momento o en aquel otro, depende de cómo el individuo se halla incorporado al Cosmos antes del nacimiento.

Antiguamente se empleaba una expresión en lengua germánica extraordinariamente descriptiva respecto a lo que representa nuestro nacimiento. Cuando alguien nacía, se decía que había “juvenecido” en tal lugar, lo que implica alusión inconsciente al hecho de que, en el tiempo que media entre la muerte y el nuevo nacimiento, el hombre está sometido a las mismas fuerzas que lo llevaron a envejecer en la encarnación precedente, reemplazadas antes de nacer por otras que le retornan a la “juventud”. Es por ésto que emplea todavía Goethe en el Fausto, la expresión “juvenecido en Nebellandia” donde “Nebelland” es el antiguo nombre de la Alemania Medieval.

El horóscopo es posible para el conocedor de lo que antecede, pues se halla en condiciones de descifrar los poderes en virtud de los cuales una individualidad se introduce en la existencia física. A cada uno nos corresponde un determinado horóscopo, puesto que en él se revelan las fuerzas que nos han llevado a la existencia. Por ejemplo, cuando en el horóscopo, Marte se encuentra en el signo de Aries, esto significa que Marte impide el paso de ciertas influencias de Aries; las debilita. El individuo se adentra en la existencia física, y el horóscopo es lo que lo rige al adentrarse en ella. No tenemos por qué mencionar todo esto, considerando su cariz tan aventurado, en el presente. Pero sí hay que hacer hincapié en el hecho de que casi todo lo que se manifiesta hoy día en este sentido, es puro diletantismo, verdadera superstición, pues para el mundo exterior, la verdadera ciencia de todo esto se ha perdido en su mayor parte. Por consiguiente, los principios generales aquí expuestos, no deben juzgarse a la luz de ese algo tan ambiguo que se conoce como la astrología en el presente.

lvamos al tema: lo que empuja al hombre a la encarnación física son las fuerzas activas del mundo sideral. Y cuando el clarividente examina a una persona, puede percibir en su organización que ella es efectivamente producto de la conjunción de fuerzas cósmicas. Ilustremos esto en forma hipotética, pero en estricta correspondencia con la percepción clarividente. Si extrajéramos el cerebro físico de una persona y lo examináramos por clarividencia, viendo cómo está construido, cómo ciertas partes se localizan en lugares determinados, y desde ahí emiten apéndices, comprobaríamos que el cerebro es diferente en cada persona: no hay dos con cerebros iguales.

Si nos imaginamos que pudiéramos fotografiar este cerebro con toda su estructuración, de modo que tuviéramos una semiesfera visible en todos sus detalles, sería diferente la imagen para cada hombre. Y si tomáramos la fotografía del cerebro de una persona en el momento en que nace, y luego tomáramos también la de la bóveda celeste que queda exactamente encima del lugar de nacimiento, esta segunda fotografía nos mostraría lo mismo que la del cerebro humano. Así como éste está subdividido en determinadas partes, así también las estrellas en la fotografía del cielo. El hombre lleva en sí una imagen del espacio celeste, distinta para cada uno según el lugar y el momento en que haya nacido: he ahí la evidencia de que el hombre nace del Cosmos.

De aquí podemos elevarnos a la idea de la forma en que lo macrocósmico se muestra en cada individuo aislado, y, partiendo de ello, tratar de imaginar la forma en que se muestra en el Cristo. Si ahora nos lo imagináramos después del bautismo de San Juan como si, en El, lo macrocósmico se manifestara igual que en otro hombre cualquiera, caeríamos en un error.

Examinemos primero a Jesús de Nazaret. Este vivía en unas condiciones vitales muy especiales. Al principio de nuestra era, son dos niños Jesús que nacen: uno de ellos procedía de la línea nathánica de la casa de David; el otro de la línea salomónica de la misma casa: no habían nacido exactamente en el mismo momento, pero sí eran muy próximos. En el niño Jesús salomónico, que es el que describe el Evangelio según San Mateo, encarnaba la misma individualidad que había vivido anteriormente en la Tierra, como Zaratustra, con lo que el niño Jesús del Evangelio de San Mateo es el Zaratustra o Zoroastro reencarnado. Así, pues, la individualidad de Zaratustra se desarrolla en este niño Jesús hasta los doce años, tal como lo describe San Mateo. En ese año, Zaratustra abandona el cuerpo de ese niño y se traslada al del otro niño Jesús, que nos describe el Evangelio de San Lucas. Es por eso por lo que este último niño se transfigura repentinamente; y se asombran los padres cuando lo encuentran en Jerusalén en el templo, y el espíritu de Zaratustra se ha aposentado en él.

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Esto se nos revela diciendo que el niño, después de haberse perdido y de habérsele hallado en el templo de Jerusalén, hablaba de tal modo que sus padres no lo reconocían, ya que de él -del niño Jesús nathánico- sólo sabían cómo era anteriormente. Mas cuando empezó a discutir con los doctores del templo, pudo hablarles como lo hizo porque en él se había introducido al espíritu de Zaratustra.

Hasta su trigésimo año, el espíritu de Zaratustra vivió en el cuerpo del joven Jesús, del que procedía de la casa de David por la línea nathánica. En este cuerpo maduró hasta alcanzar mayor perfección todavía. Era aún preciso llamar la atención de que en este otro cuerpo, en el que ahora vivía el espíritu de Zaratustra, el cuerpo astral recibía los impulsos que Buda le irradiaba desde el mundo espiritual. Es cierto lo que nos relata la tradición oriental, de que el Buda nació siendo “Bodhisattva”, y de que fue en su vida terrenal, a los veintinueve años de edad, cuando ascendió a la dignidad de Buda.

Asita, el gran sabio hindú, fue llorando a palacio del padre de Buda, cuando el Gautama Buda era todavía un pequeñuelo y lloraba porque siendo vidente, podía saber que este príncipe sería el “Buda”, y como él se sentía viejo presentía que no viviría lo suficiente para contemplar cómo el hijo de Suddhodana se convertiría en El. Este sabio reencarnó otra vez en la época de Jesús de Nazaret. Es el mismo que nos presenta el Evangelio de San Lucas como el sacerdote del templo que ve aparecérsele el Buda en el niño Jesús nathánico. Y como lo veía, por eso dijo: “¡0h, Señor, deja que tu siervo se marche en paz, pues ya ha visto al Maestro!”. Lo que no pudo ver en otro tiempo en la India, lo veía ahora en el cuerpo astral de este niño Jesús que sale a nuestro encuentro en el Evangelio de San Lucas: el Bodhisattva convertido en Buda.

Todo esto fue necesario para que el cuerpo estuviese preparado para recibir lo que penetró en él con el bautismo impartido por San Juan en el Jordán. En dicho bautismo, la individualidad de Zaratustra abandonó al triple cuerpo, físico, etéreo y astral, que, de modo tan complicado, se había desarrollado para que el espíritu de Zaratustra pudiera morar en él. El renacido Zaratustra hubo de pasar por dos posibilidades evolutivas, representadas por los dos niños Jesús. Ante el Bautista estaba, por consiguiente, el cuerpo de Jesús de Nazaret, en el que se aposentaba entonces la individualidad cósmica del Cristo.

En cualquier otra persona, las leyes cósmico-espirituales se limitan al proceso de la vida terrenal. Luego, las leyes generales por las condiciones de la evolución terrestre entran en oposición con aquéllas. En Jesucristo, después del bautismo por San Juan, las únicas fuerzas efectivas eran las cósmico-espirituales, que no estaban bajo influencia alguna de las leyes evolutivas terrestres.

Durante todo el ambular de Jesús de Nazaret por Palestina como Jesucristo en los tres últimos años de su vida, del trigésimo al trigésimo tercero, lo invadía constantemente la entidad cósmica del Cristo en su plenitud. El Cristo se hallaba siempre bajo la influencia de la totalidad cósmica; en todo momento y lugar, las fuerzas cósmicas actuaban a través suyo. Lo que sucedía con Jesús de Nazaret era una continua realización del horóscopo, pues siempre acontecía lo que en el hombre sólo sucede al nacer. Y esto era únicamente posible gracias a que el cuerpo entero del Jesús nathánico permanecía influido por los poderes de las Jerarquías cósmico-espirituales que rigen a la Tierra. Mas si la totalidad del espíritu cósmico actuaba en Jesucristo, ¿quién era el que se encaminaba a Capernaúm o a cualquier otra parte?: Tenía el aspecto de un hombre como los demás; sin embargo, los poderes actuantes en El, eran las fuerzas cósmicas, que procedían del Sol y de las estrellas: ellas eran las que dirigían el cuerpo. En todo momento, los hechos de Cristo se regían según la totalidad óntica del Universo, que la Tierra integra.

Por eso se alude veladamente y con tanta frecuencia en los Evangelios a la Constelaciones en relación con los hechos de Jesucristo. Leemos en el Evangelio de san Juan cómo encuentra el Cristo a sus primeros discípulos, y encontramos esta afirmación: “era como hacia la hora décima porque el espíritu de todo el Cosmos se expresaba en esta circunstancia por la coincidencia de las relaciones de tiempo. Estas alusiones son menos claras en otros pasajes de los Evangelios, pero quien sabe leerlos las encuentra por doquiera.

Desde este punto de vista, deben juzgarse los milagros de Sus curaciones por ejemplo. Tomemos un solo pasaje, aquel en que se dice: “Una vez que el Sol se hubo ocultado, le trajeron a los enfermos, y El los curó» “¿Qué quiere decir esto? El evangelista nos hace notar que esta curación está relacionada con la totalidad de las constelaciones, y que dicha constelación cósmica, existente en el momento preciso, sólo pudo formarse después de la puesta del sol. Lo que significa que es después de la puesta del sol que podían influir las fuerzas curativas correspondientes. Jesucristo está representado como un intermediario, que enlaza a los enfermos con las energías cósmicas que producían un efecto curativo precisamente en esos momentos. Estas energías eran las mismas que, como fuerzas crísticas, actuaban en Jesús. La curación se produjo por la presencia del Cristo, porque gracias a Él, el enfermo quedaba a merced de las fuerzas curativas del Cosmos, cuyos efectos sólo podían producirse bajo las condiciones de espacio y tiempo que se daban en aquellos momentos y lugares. Así, esas fuerzas cósmicas actuaban sobre los enfermos por mediación de su representante, Jesucristo.

Pero su acción sólo era posible mientras el Cristo vivió en la Tierra; porque solamente entonces existía esa especial relación entre las constelaciones cósmicas y las fuerzas del organismo humano por cuyo intermedio la curación de determinadas enfermedades podía llevarse a cabo: el hombre enfermo recibía la salud que le otorgaba la constelación cósmica gracias a la presencia de Jesucristo. Es tan dudosa una repetición de tales circunstancias en el devenir cósmico y terrestre, como una segunda encarnación del Cristo en un cuerpo humano. Captado de este modo, el paso de Jesucristo por la Tierra aparece como la expresión terrenal de una determinada relación del Cosmos con las fuerzas del hombre. Un enfermo al lado del Cristo significa que aquél se encontraba, por la proximidad del Cristo, en una relación tal con el macrocosmos, que hacía posible el efecto curativo.

Con esto hemos indicado los puntos de vista que permiten reconocer que la dirección de la Humanidad se ha colocado bajo la influencia del Cristo. Pero las otras energías, las rezagadas de la época egipcio-caldea, continúan actuando al lado de las inspiradas por el Cristo. Esto se echa de ver también en las diversas actitudes que nuestro tiempo adopta con respecto a los Evangelios. Se publican obras literarias que se esfuerzan por probar de un modo extraño, que los Evangelios sólo pueden entenderse si se los interpreta astrológicamente. Los más grandes enemigos de los Evangelios invocan esta interpretación astrológica, y así, por ejemplo, el camino del arcángel Gabriel de Isabel a María, no significa otra cosa sino el pasaje del Sol de la constelación de Virgo a otra. En cierto sentido, esto es correcto, si bien estas ideas las inspiran en nuestra época las entidades que se quedaron sin realizar su objetivo evolutivo durante la época egipcio-caldea.

Con esto se pretende influir a la gente llevándola a creer que los Evangelios son puras alegorías que la integridad del Cosmos se conjuga en el Cristo, o sea, que su vida se desenvuelve en cada uno de sus pasos, en armonía con las circunstancias cósmicas que influyen constantemente en la existencia terrestre por mediación del Cristo. Una interpretación correcta, pues, debe llevarnos al pleno reconocimiento de la vida terrestre del Cristo, mientras que el citado error de que su vida se manifiesta en los Evangelios a través de las constelaciones cósmicas, nos lleva a la creencia de que solamente las constelaciones encierran la alegoría, y de que no existió ningún Cristo terreno y real.

Si se nos permite emplear un símil, diríamos esto: imaginemos a cada persona colocada debajo de un espejo esférico, espejo que refleja las imágenes de todo lo que la rodea. Supongamos ahora que tomamos un lápiz y vamos trazando los contornos de todo lo reflejado. Entonces podríamos tomar el espejo, y llevar esa imagen a donde quisiéramos, lo que presenta simbólicamente el que toda persona al nacer lleva en sí misma una reproducción del Cosmos, cuyos efectos únicos la siguen durante toda su vida.

Pero también podríamos dejar el espejo como está, de modo que, a cualquier parte donde se le lleve, refleje los objetos del ambiente, en cuyo caso nos dará una imagen del ambiente en cada momento. He ahí el símbolo de Cristo desde el bautismo de San Juan hasta el Misterio del Gólgota. Lo que con otras personas entra en la existencia terrenal al nacer, perdura en Jesucristo en todo momento. Y cuando se consumó el Misterio del Gólgota, la irradiación cósmica se fusionó con la substancia espiritual terrestre y quedó desde entonces unida al Espíritu de la Tierra.

Carta del Mº de Gólgota

Cuando Pablo adquirió el don de la clarividencia ante Damasco, pudo darse cuenta de que había pasado a estar en el Espíritu de la Tierra, lo que antes estaba en el Cosmos. Y de esto podrá convencerse todo aquel que se halle en condiciones de revivir en su alma el acontecimiento de Damasco. En el siglo XX, aparecerán los primeros hombres con estas condiciones, o sea, con la experiencia del Cristo por San Pablo.

Mientras que hasta ahora esto sólo podían experimentarlo las personas que adquirían poderes de videncia mediante la disciplina esotérica, en el futuro la evolución natural de la Humanidad hará posible para algunos, a partir de determinado momento del siglo XX la videncia del Cristo en la esfera espiritual de la Tierra, como una reviviscencia del acontecimiento de Damasco. Aumentará después, el número de estas personas, hasta que en un futuro lejano se convierta en una facultad natural del alma.

C1. Nueve Lecciones sobre las abejas .

Rudolf Steiner – Dornach, 3 de febrero de 1923 – GA351

English version

Buenos días, caballeros! desde nuestra última reunión, ¿tienen alguna pregunta?

(Se formuló una pregunta en cuanto a los efectos de la absenta, también se preguntó sobre la diferencia entre las abejas y las avispas.)

Dr. Steiner:

La pregunta formulada por el caballero de la audiencia, como especialista-maestro en abejas, llama la atención sobre la diferencia entre la vida de las abejas y la de las avispas. Es mucha su semejanza y ya he descrito recientemente la vida de las avispas. La vida de las abejas es muy parecida, pero, por otro lado, en la colmena hay una vida muy especial y notable. ¿Cómo podemos explicar esto?.

Ya ven, esto no se puede explicar completamente sin la facultad de percepción espiritual. Quien haya observado alguna vez  la vida de la colmena no podrá negar que está organizada con extraordinaria sabiduría. Naturalmente, no se puede decir que las abejas tienen el mismo tipo de inteligencia que los hombres, que usan el instrumento del cerebro, mientras que las abejas no tienen nada de eso, por lo que la sabiduría del Universo no puede irradiar en los cuerpos de la misma manera. Pero las influencias que vienen del universo que nos rodea, trabajan en la colmena, con un inmenso poder. De hecho, sólo se puede llegar a un entendimiento correcto de lo que es en realidad, la vida de las abejas si se tiene en cuenta que todo el entorno de la Tierra tiene una gran influencia sobre la vida de la colonia.

Esta vida en la colmena se basa en el hecho de que las abejas, en un grado mucho mayor que las hormigas y avispas, trabajan totalmente unidas, de manera que su actividad se organiza en una perfecta armonía.

Si uno entiende cómo sucede esto, tendría que decir: En la vida de la abeja todo lo que en otras criaturas se expresa como vida sexual, está, en el caso de las abejas, reprimido, notablemente suprimido, tanto, que en gran medida se impulsa hacia el fondo. Pueden ver que, en el caso de las abejas, la reproducción se limita a unas cuantas excepciones, hembras -la abeja reina- y unos pocos machos elegidos y en el resto, la vida sexual está mas o menos suprimida.

reina

Pero es el amor lo que está presente en la vida del sexo y el amor pertenece a la esfera del alma, y además, por el hecho de que ciertos órganos del cuerpo trabajan con las fuerzas del alma, estos órganos son capaces de revelar, de expresar amor. Y debido a que todo lo que esta reprimido en la naturaleza de las abejas se reserva solo para la abeja reina, la otra parte de la vida sexual de la colonia se transforma en la actividad que desarrollan las abejas.

Esta era la razón por la que en los tiempos antiguos, los hombres sabios, que tenían un conocimiento de todo esto bastante diferente del  de los hombres de hoy, podían relacionar la maravillosa actividad en la colmena, esta vida de amor, con la parte de la vida que se relaciona con el planeta Venus.

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Si describimos las avispas y las hormigas, podemos decir que son criaturas que, en cierto sentido, se retiran de la influencia de Venus, mientras que las abejas se entregan por entero a Venus, desarrollando una vida de amor comunitario en toda la colmena. Esta vida está llena de sabiduría; ustedes pueden observar cuánta sabiduría se encuentra en ella.

Ya he hablado varias veces sobre el proceso reproductivo y la inconsciente sabiduría que contiene. Esta sabiduría inconsciente la despliegan las abejas en su actividad exterior. Lo que experimentamos cuando surge el amor en nuestros corazones, es lo que se encuentra como sustancia, por así decirlo, en el conjunto de la colmena. La colmena entera está en realidad impregnada de amor. Las abejas individuales renuncian al amor de muchas maneras, y así se desarrolla el amor a lo largo de toda la colmena. Sólo se empieza a entender la vida de las abejas cuando se sabe que la abeja vive en un ambiente totalmente impregnado de amor.

Por otra parte la abeja sale muy favorecida, especialmente por el hecho de que se alimenta sólo de aquellas partes de las plantas que están totalmente impregnadas de amor. Las abejas succionan el alimento -que luego convierten en miel- exclusivamente de las partes de las plantas que se centran en el amor, por lo que llevan, por así decirlo, la vida amorosa de las flores a la colmena.

Por lo tanto podemos decir que la vida de las abejas debe ser estudiada mediante el uso del alma.

Esto no es tan necesario cuando se estudia a las hormigas o las avispas porque aquí vemos que a pesar de que se retiran hasta cierto punto, todavía se entregan a la vida del sexo. Con la excepción de la reina, las abejas en realidad son seres que, como me gusta describir se dicen a sí mismas “Vamos a renunciar a la vida sexual individual para transformarnos nosotras mismas en seres portadores de amor”. Así han podido llevar lo que vive en las flores a la colmena, y cuando comenzamos realmente a pensar todo esto, llegamos al misterio de la colmena.

flores

La vida que brota, el amor en ciernes que está en las flores también está allí, en el cosmos. También podemos estudiar lo que hace la miel cuando se consume. ¿Qué hace la miel? Cuando consumimos miel se promueve la conexión correcta en el hombre entre los elementos aéreos y los elementos acuosos. No hay nada mejor para el hombre que añadir la parte correcta de miel en su alimentación  Porque lo que podemos ver de una manera maravillosa en las abejas, el hombre aprende a trabajar con el alma en los órganos de su cuerpo. En la miel de la abeja se le da al hombre lo que necesita para impulsar la actividad de las fuerzas del alma en el cuerpo. Por lo tanto, cuando el hombre añade un poco de miel a su comida, si así lo desea, puede prepararse anímicamente para trabajar correctamente en su cuerpo – la respiración correcta.

La apicultura es por lo tanto algo que ayuda mucho a avanzar a nuestra civilización, ya que hace a los hombres fuertes.

abejita

Cuando uno se da cuenta de que las abejas reciben influencias de los mundos estrellados, ve también cómo se puede transmitir al hombre lo que esta provisto para él. Todo lo que está vivo, cuando se combina acertadamente, trabajan juntos de la manera correcta. Cuando uno se encuentra ante una colmena de abejas tendría que decirse con solemnidad: “Por medio de la colmena el Cosmos entra en el hombre y le hace fuerte y capaz.”