Los terremotos, los volcanes y la voluntad humana

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

DECIMO SEXTA LECCION 

En una de las conferencias precedentes nos hemos remontado a la evolución humana hasta el punto en que apareció la división en sexos. A dicha separación se llegó luego de una lentísima preparación cósmica. Después de que la Noche Cósmica separara la Antigua Luna de la faz terrestre, la Tierra apareció primeramente mezclada con las fuerzas solares y lunares actuales. Todas ellas no formaban más que un solo cuerpo que, poco a poco, se diferenció, dando lugar a los otros tres cuerpos celestes que conocemos actualmente. Ahora bien, la división de los sexos es el resultado de la división entre las fuerzas lunares y las fuerzas terrestres. Las fuerzas femeninas de la reproducción han quedado bajo la influencia de la Luna. La Luna permanece relacionada a todo lo que rige en la Tierra la reproducción, tanto en el hombre como en los animales sexuados. Así es como los conocimientos que procura el Ocultismo revelan las acciones que están en juego en el sistema planetario. Cuando el Sol se encontraba unido todavía a la Tierra y a la Luna, no existían aún vegetales, animales ni seres humanos, en el sentido que damos a estas palabras actualmente. Sólo existía el Reino Vegetal, aunque bajo un aspecto muy distinto al que tiene hoy.

Dicho reino ha conservado una relación muy particular con las fuerzas solares, análoga a las del animal con la Luna o las del hombre con la Tierra. Mientras el Sol se mantuvo unido a la Tierra-Luna, las plantas dirigían sus flores hacia el centro del globo, pero, cuando aquel se separó, las plantas se orientaron hacia él y dirigieron en esa dirección sus flores.

Ya hemos visto anteriormente que adoptaron así una posición inversa a la del hombre, manteniéndose como éste verticalmente, pero en sentido contrario, mientras que el animal se encuentra como a mitad de camino entre la planta y el ser humano. Su columna vertebral es horizontal. A medida que se produjo la separación de estos tres cuerpos celestes, los reinos correspondientes fueron tomando sobre la tierra el aspecto que tienen actualmente: el Reino Vegetal al producirse la separación del Sol, el animal al separarse la Luna. En el compuesto primitivo de las fuerzas estaba ya contenido el germen de todo lo que más tarde tomó un aspecto físico. Si nos representamos una sustancia llevada a un elevado grado de calor, que luego se enfría, veremos cómo toman forma todos los elementos que ella contenía.

En los tiempos de la Antigua Luna encontramos igualmente fuerzas solares que, en una época determinada, se concentraron en un astro exterior a dicha Luna. La Luna giraba en torno de ese Antiguo Sol, de tal manera que siempre orientaba hacia aquél el mismo lado. La rotación de la Luna en torno de la Tierra es una continuación de dicho movimiento en torno del Antiguo Sol. Estos dos astros, al comienzo y al fin de este período cósmico, se fusionaron, de la misma manera que la Tierra, la Luna y el Sol se fusionaron al comienzo del actual Período Terrestre y se reabsorberán al final del mismo.

El efecto de estos dos antiguos astros no hubiera podido jamás actuar en la evolución si después de haberse separado, no hubieran refundido sus fuerzas. Lo que la Luna desarrolló mientras se mantuvo separada del Sol, son las fuerzas que permitieron más tarde la aparición de un tercer cuerpo. Durante esta separación el hombre pudo desarrollar aquello que tomaría un aspecto físico y que le permitiría poseer sobre la Tierra una conciencia objetiva: la conciencia de vigilia.

El Período que precedió a este Período Lunar se denominó la Epoca Solar. En este punto de la Evolución todo era de la naturaleza de la Vida Solar. El ocultismo ve en el Sol una estrella fija que antes había sido un planeta, de la misma manera que vemos en la Tierra actualmente a un planeta destinado a convertirse más tarde en el Sol de un sistema que vendrá. Durante el período Solar el hombre tenía una conciencia parecida a la del sueño sin ensueños.

Pero aun hubo otro estado que precedió a este Período Solar. Entonces el Sol no era aún ni siquiera un planeta. El hombre no tenía más que una conciencia similar al trance profundo. No era aún el ser hecho de luz en que se convertiría en el Período Solar suficiente: vibraba solamente como un sonido en la pura armonía de este Período Saturnino, con el cual nada tiene que ver, por supuesto, nuestro actual planeta Saturno.

Después de nuestro período terrestre de clara conciencia física. vendrá el quinto período de imaginación astral consciente, en el decurso de una época que se denominará Período de Júpiter. Más tarde sobrevendrá el Período de Venus, en el cual se tomará consciente lo que hoy es para él el sueño inconsciente y finalmente se presentará el Período de Vulcano, que corresponderá al estado de conciencia más elevado que puede alcanzar un iniciado.

Sin embargo, las relaciones entre la Tierra y los planetas no terminan ahí. Nuestro Período Terrestre actual puede dividirse en dos partes. Durante el primero se preparó lo que hizo nuestra sangre roja. ¿Qué fué lo que nos dió la sangre roja? Al producirse la separación entre la Tierra y el Sol, este globo, compuesto de sustancias muy flúidas, fue atravesado por sustancias igualmente flúidas del planeta Marte. Antes de este pasaje de Marte no existía en la Tierra el menor vestigio de hierro. Este fue el resultado de aquella influencia: todas las sustancias que contienen hierro, como nuestra sangre, han sufrido la influencia de Marte. Este coloreó la sustancia de la Tierra y su influencia permitió la aparición de la sangre roja.

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De ahí que se llame Período Marcial a la primera mitad del Período Terrestre. El hierro era entonces una sustancia fluida. Los metales no se endurecieron sino mucho después. El único metal que todavía no se ha solidificado es el mercurio. Cuando se endurezca, el alma del hombre se habrá vuelto independiente del cuerpo físico y la visión astral imaginativa se hará consciente. Este hecho está ligado a las fuerzas de Mercurio, que influenciaron la segunda parte del Período Terrestre conforme se van densificando para solidificarse. La Tierra es a la vez Marte y Mercurio. Los iniciados hicieron pasar estos hechos al lenguaje común, adjudicando los días de la semana a los planetas que pertenecen a nuestra evolución. Marte y Mercurio están colocados entre la Luna y Júpiter.

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Con respecto al interior de la Tierra, la ciencia física no conoce todavía más que la corteza externa, la capa o estrato mineral que no es más que una delgada película que cubre la superficie de la Tierra. En realidad, la Tierra está compuesta por una sucesión de estratos concéntricos que describiremos a continuación:

1º El Estrato Mineral, que contiene los metales cuya sustancia se encuentra en el cuerpo físico de todos los seres que viven en su superficie. Esta corteza, que es como la piel de ese ser vivo que es la Tierra, no tiene más que algunas millas de espesor.

2º No es posible comprender este segundo estrato o capa sino mediante el concepto de que existe una materia opuesta a la que conocemos. Es una vida negativa: en realidad, lo opuesto a toda vida. Allí toda vida se extingue. Una planta, un animal que se sumergiera en ese estrato sería aniquilado inmediatamente, disuelto en la masa. Esta segunda capa o estrato, semilíquido, que envuelve a la tierra, es verdaderamente un círculo de muerte.

3º El Tercer Estrato es un círculo de conciencia invertida. Todo dolor parece allí un placer, toda alegría en una pena. Su sustancia, hecha de vapores, se comporta en relación con nuestros sentimientos, de la misma manera negativa que el segundo estrato con relación a la vida.

Si mentalmente separamos estos dos estratos, encontramos entonces la Tierra en el estado en que estaba antes de que la Luna se le separara. Si podemos elevarnos por la concentración hasta una visión astral consciente, se ve obrar a estos dos estratos: la destrucción de toda vida por el segundo, la transformación de los sentimientos por el tercero.

4º El cuarto círculo o estrato se denomina la tierra-acuosa, la tierra-alma, la tierra-forma. Posee una propiedad notable. Si uno se representa un cubo, aquí aparecería invertido con respecto a la sustancia. Allí donde había sustancia, no existiría nada ahora, el espacio ocupado por ese cubo estaría completamente vacío, pero en torno de él estaría distribuida esa sustancia, la forma sustancial. De ahí el nombre de tierra-forma. Aquí, este torbellino de formas, en vez de ser como un molde negativo, es una sustancia positiva.

5º Este círculo se llama la tierra de los crecimientos. Encierra la fuente original de la vida terrestre, sustancia hecha de energías hirvientes y pululantes.

6º Esta es la tierra ígnea, sustancia compuesta de voluntad pura, elemento de vida, de movimiento, atravesada incesantemente por impulsiones, pasiones y movimientos, verdadero receptáculo de fuerzas volitivas. Si se ejerciera una presión sobre esta sustancia, resistiría y se defendería. Cuando mentalmente hacemos abstracción de estos tres nuevos círculos, llegamos al estado en que estaba el globo cuando la Tierra, el Sol y la Luna formaban un solo cuerpo. Los círculos que siguen no son accesibles más que a la observación consciente no sólo del sueño sin ensueños, sino del sueño o trance profundo, vuelto consciente.

7º Este estrato es el espejo de la Tierra. Semejante a un prisma, descompone todo lo que en él se refleja, haciendo aparecer la faz complementaria. Contemplado a través de una esmeralda, aparecería como rojo.

8º En este círculo todo aparece como fragmentado y reproducido hasta el infinito. Si se toma una planta o un cristal y se concentra en este círculo, la planta o el cristal aparecen multiplicados indefinidamente.

9º Este último estrato está compuesto por una sustancia dotada de acción moral, pero su moral es la opuesta a la que debe desarrollarse en la tierra, porque su esencia, su fuerza inherente, es la separatividad, la discordia y el odio. Es aquí donde se encuentra Caín en el Infierno del Dante. Esta sustancia es lo opuesto de todo lo que el hombre considera bueno o bien. El trabajo de la humanidad para establecer la fraternidad sobre la tierra disminuye otro tanto el poder de esta esfera. Es la fuerza del amor la que transformará y espiritualizará gradualmente el cuerpo mismo de la Tierra. Este noveno estrato es el origen sustancial de la que en la tierra se presenta como Magia Negra, es decir, la Magia fundada en el egoísmo.

Todos estos estratos o esferas concéntricas se comunican entre sí por rayos que unen el centro de la tierra, con su superficie. En el círculo periférico, en el seno de la tierra firme, se encuentran numerosísimos espacios subterráneos que comunican con el Sexto Estrato, el del Fuego. Este elemento de la tierra-ígnea se encuentra en estrecha afinidad con la voluntad humana. Esta es la que ha producido las erupciones formidables que pusieron fin a la Epoca Lemúrica. Las fuerzas que alimenta la voluntad humana pasaron entonces por una prueba que desencantó el fuego en que pereció el Continente Lemúrico. En el curso de la Evolución, este sexto estrato se fue hundiendo más y más hacia el centro de la tierra y a este hecho débese que las erupciones volcánicas se fueran haciendo menos y menos frecuentes. Pero aun se producen bajo la acción de la voluntad humana, que obra magnéticamente sobre esta esfera, sacudiéndola, cuando aquella es malvada y desordenada. Despojada de todo egoísmo, la voluntad humana puede, por el contrario apaciguar ese fuego.

Las épocas materialistas se encuentran especialmente acompañadas y seguidas de cataclismos terrestres, terremotos, etc. La fuerza creciente de la Evolución es la única alquimia que puede transformar poco a poco el organismo y el alma de la tierra. Un ejemplo de estas relaciones entre la voluntad humana y los movimientos que agitan la tierra es el siguiente: las personas que perecen a consecuencia de los terremotos o de erupciones volcánicas, ven aparecer, en el curso de su siguiente encarnación, ciertas cualidades internas muy diferentes; traen al nacer grandes disposiciones espirituales, porque han entrado, por esa muerte, en relación con un elemento que les ha mostrado la faz real de las cosas y la ilusión de la vida material.

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También se ha observado alguna relación entre algunos nacimientos y las catástrofes sísmicas y volcánicas. En las épocas catastróficas se encarnan voluntariamente almas materiales que se ven atraídas simpáticamente por los fenómenos volcánicos, así como por las convulsiones del alma maligna de la tierra. Y estos nacimientos pueden, a su vez, recíprocamente, provocar nuevos cataclismos, ya que, recíprocamente, las almas malvadas tienen una influencia excitante sobre el fuego terrestre. La evolución de nuestro planeta sigue estrechamente la evolución de las fuerzas humanas y de las civilizaciones.

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GA102c8. La Influencia de las Entidades Espirituales en el Hombre

Rudolf Steiner – Berlín, 16 de mayo de 1908

English Version

Como prometí en el último encuentro hoy estudiaremos algo para los teósofos más avanzados ahora que nuestro grupo se ha desarrollado hasta este nivel.

Esta expresión de “teósofos avanzados”, sin embargo, no significa que implique ningún conocimiento teórico especial de las enseñanzas teosóficas. Podemos entenderlo si tenemos en cuenta que la participación en la vida de un grupo teosófico tiene un efecto definitivo en el alma, a pesar de que durante un tiempo se puede estar simplemente en un período de espera. Durante esta vida en un grupo, no sólo se adquieren conceptos e ideas sobre la naturaleza del hombre, de los mundos superiores, de la evolución, etc.,  y de mucho más de lo que es consciente, se absorben una suma de percepciones y sentimientos que son diferentes a los que se tenía cuando era un recién llegado a la Teosofía.

Estas percepciones y sentimientos están particularmente relacionados con la capacidad de escuchar en silencio y con calma aceptando las descripciones con una cierta credibilidad interna sin mirarlas como sueños fantásticos. Antes de entrar en contacto con la concepción teosófica del mundo probablemente se habrían reído ante tales ideas, y sin duda lo harán la mayoría de nuestros contemporáneos.

Esta suma de sentimientos y sensaciones a las que poco a poco nos acostumbramos es mucho más importante que los detalles de las enseñanzas y teorías teosóficas. Puesto que a través de la adquisición de estos sentimientos sobre esos otros mundos que están pulsando continuamente en el nuestro de manera imperceptible a nuestros sentidos nos vamos transformando. Las personas que tienen este tipo de sentimientos, que tienen esta actitud ante esos otros mundos, son los que en este caso podemos llamar “teósofos avanzados”. De este modo se hace una llamada al corazón, a la naturaleza emocional, y no a los conocimientos teóricos. Lo que el corazón y los sentimientos absorben constituyen el avance que necesitamos si queremos aceptar libremente y sin prejuicios las declaraciones contenidas en las conferencias recientes y, en cierto modo en la conferencia que ahora se está dando.

Si tuviéramos que hablar de teorías generales y abstractas sería una ofensa a la inteligencia humana, sólo podríamos engañarnos a nosotros mismos. Deberíamos desarrollar una verdadera voluntad para desbloquear ese mundo que, poco a poco, debe ser puesto en conocimiento por medio del movimiento teosófico.

Hoy vamos a conocer a los seres que están entre nosotros, si nos consideramos a nosotros mismos como seres espirituales, pero a los que hasta ahora hemos prestado poca atención en nuestros estudios. Tenemos, como ustedes saben, al hombre en el centro de nuestra concepción del mundo, como el microcosmos. Sin embargo, para comprender al hombre y su evolución, debemos prestar atención a otros seres, a los seres espirituales más elevados que realizaron anteriormente esa etapa por la que está pasando actualmente el hombre en la evolución terrestre. Hemos visto que antes de que nuestra Tierra entrara en su etapa actual, existía lo que hemos acostumbrado a llamar la Antigua Luna, y sabemos que ciertos seres espirituales que hoy están en un nivel más elevado que el hombre, pasaron por su etapa humana, aunque bajo diferentes condiciones.

Hemos aprendido que los seres que hoy están dos etapas por encima del hombre, los Espíritus de Fuego, pasaron por su etapa humana en el Antiguo Sol, y también que los Asuras (Arkais)  pasaron por la etapa humana en Antiguo Saturno. Sus cualidades, tanto buenas como malas, están muy por encima o muy por debajo de las del hombre. Así, en el transcurso del tiempo hemos revisado toda una variedad de seres que participan en el desarrollo de nuestra vida y en la naturaleza. Hemos llegado a conocer a los seres que están por encima de nosotros, a los que debemos mirar con veneración y que desde la observación clarividente se encuentra una distinción significativa entre ellos y el hombre. Saben que diferenciamos varios miembros de la naturaleza del hombre. La naturaleza corporal —el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral—  y distinta del cuerpo, un alma —alma sensible,  alma intelectual (racional) y alma consciente— y en tercer lugar, un espíritu que está sólo en la etapa inicial de la evolución. En las futuras fases de nuestro planeta el hombre llegará a un desarrollo superior.

Cuando examinamos al ser humano, nos encontramos por lo tanto con que consta de tres partes, un cuerpo, un alma, y ​​una parte espiritual, que en términos generales conforma el triple ser del hombre. Y si ahora miramos hacia arriba desde el hombre hasta los seres más elevados de los que hemos hablado, podemos decir que se diferencian del hombre porque no han desarrollado el cuerpo físico.

Esos seres, por ejemplo, a quien llaman Pitris Lunares, o Ángeles en el esoterismo cristiano, no poseen una naturaleza corporal física, perceptible a los sentidos. Pasaron por la etapa de la humanidad en la Antigua Luna y ahora han ascendido a un grado superior. No podemos atribuirles una naturaleza corporal física tal como la del hombre. Por otro lado, ellos desarrollaron un miembro superior del espíritu que el hombre aún no posee, por lo que podemos decir que son espíritu y alma, en contraste con el hombre, que es un ser de tres miembros —espíritu, alma y cuerpo.

Así pues, hemos estado ocupándonos principalmente de los seres cósmicos que están por encima del hombre y tienen espíritu y alma. Sin embargo, para el observador oculto aún existen otros seres en el mundo, y aunque en la etapa moderna del desarrollo humano se ocultan en gran medida, juegan sin embargo un gran papel en la evolución.

Existen también seres que la visión clarividente no puede reconocer como espirituales, pues lo que estamos acostumbrados a llamar espíritu en el hombre no se puede descubrir en ellos: consisten esencialmente en cuerpo y alma. Es decir, los animales. Tienen cuerpo y alma. Sabemos, sin embargo, que los animales se conectan con su alma grupo que tiene su propia naturaleza espiritual. El reino animal que esta ante nosotros en el mundo físico realmente es un ser que posee sólo cuerpo y un alma que se prolonga, por así decirlo, hacia los mundos superiores y se ligan a la espiritualidad.

 He utilizado a menudo una cierta comparación con respecto al alma grupal de los animales: si hubiera una cortina por la que yo pudiera pasar mis dedos a través de ella sin que se viera el resto, dirían que los dedos deben provenir de alguien que es invisible para vosotros. Es lo mismo con los yo-grupales; son invisibles y ocultos para la percepción física, pero sin embargo existen. El animal pertenece a un alma-grupo y los diversos grupos de animales se conectan con los yoes grupales. Por tanto, cuando nos referimos al animal aquí en el plano físico podemos decir que los animales tienen cuerpo y alma. Lo que vemos tiene una continuación en el mundo astral.

Pero existen otros seres que no son visibles a los sentidos físicos,  seres que poseen cuerpo y alma. En diversas enseñanzas ocultas son llamados espíritus elementales. Llamarlos espíritus elementales muestra la mayor ineptitud posible, porque es justo espíritu lo que ellos no poseen. Es mejor llamarlos seres elementales, y pronto veremos por qué sus cuerpos no son visibles. Mientras tanto aceptemos como una especie de definición que tales seres consisten en cuerpo y alma. Su existencia, por supuesto, esta negada en nuestra época ilustrada, pues el hombre en su fase actual de desarrollo no puede verlos; si alguien desea verlos debe haber progresado hasta un cierto grado de conciencia clarividente. El hecho de que una cosa no sea perceptible no significa, sin embargo, que no esté activa en nuestro mundo. La actividad de estos seres de cuerpo y alma juegan definitivamente mucho en nuestro mundo. Lo que hacen puede ser visto muy bien, pero no lo que ellos mismos son.

Ahora nuestra primera preocupación es hacernos tanto como sea posible, una idea de estos seres elementales que tienen diversas formas y ocupan el mundo que se nos ha dado. También se habla de ellos como espíritus de la naturaleza; de hecho, se les ha dado muchos nombres diferentes. El nombre, sin embargo, no importa; lo que es necesario es que nos creamos un cierto concepto de ellos. Y aquí hago una llamada a sus sensaciones y sentimientos. Quisiera relacionar bastante simple y llanamente cómo se manifiestan estos seres a la visión clarividente.

Estos seres se pueden ver en muchos lugares en las profundidades de la Tierra, especialmente en todo lo que es naturaleza mineral. Si cavamos en vetas metálicas o suelo pedregoso vamos a encontrarlos. Se manifiestan en un principio en forma notable, es como si algo llegara a dispersarlos. Aparecen en cuclillas, muy juntos y en gran número, y cuando cavas la tierra, parecen estallar en pedazos. El punto importante es que no solo se disgregan, sino que su propia naturaleza corporal se hace más grande. Pero incluso cuando llegan a su mayor tamaño, son siempre pequeñas criaturas en comparación con los hombres. El hombre “iluminado” no sabe nada de ellos. Sin embargo, la gente, que todavía conserva un cierto sentido de las antiguas fuerzas clarividentes atávicas, que todo el mundo  poseyó una vez y que tuvo que perder con la adquisición de la conciencia objetiva, podría decir todo tipo de cosas acerca de estos seres. Muchos nombres se les han dado: duendes, gnomos, y así sucesivamente. Aparte del hecho de que su cuerpo es invisible, difieren esencialmente del hombre en la medida en que no se les puede atribuir razonablemente cualquier tipo de responsabilidad moral. Lo que se llama responsabilidad moral en el hombre no la tienen, les falta por completo; lo que hacen, lo hacen de forma automática, y al mismo tiempo no es muy distinto de lo que hace el intelecto humano, la inteligencia. Poseen lo que se llama ingenio en el más alto grado y cualquier persona que entra en contacto con ellos puede observar buenas pruebas de esto. Su naturaleza los lleva a jugar todo tipo de trucos en el hombre, como muchos mineros que todavía conservan algo de una naturaleza saludable pueden comprobar, no tanto los mineros en las minas de carbón, sino más bien  los de las minas de metales.

Los diferentes miembros de estos seres pueden ser investigados por medios ocultos al igual que en el caso del hombre distinguimos sus miembros como cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y el yo y lo que está evolucionando, como yo espiritual, espíritu de vida y el hombre-espíritu. En su actual fase de desarrollo el hombre consiste esencialmente de estos cuatro miembros, de modo que podemos decir que su miembro más alto es el “yo” y el más bajo es el cuerpo físico.

Pero no debemos sucumbir al engaño de imaginarnos de manera abstracta que el cuerpo físico no tiene nada que ver con el yo del hombre. En el cuerpo físico tenemos el instrumento para el yo humano. Sabemos que el cuerpo humano es una organización muy complicada. En todo lo esencial el yo tiene su instrumento físico en la sangre, el cuerpo astral en el sistema nervioso, el cuerpo etérico en el sistema glandular, el cuerpo físico en los órganos físicos que trabajan de manera puramente mecánica.

Debemos imaginarnos que toda la experiencia interior humana que se desarrolla en el cuerpo astral tiene su expresión material en el sistema nervioso, y todo lo que sucede en el cuerpo etérico encuentra su expresión material en el sistema glandular, el instrumento del cuerpo etérico. Así, el cuerpo físico presenta, por así decirlo, una imagen de las cuatro envolturas del hombre.

Ahora tomemos el cuerpo físico humano, todo lo que este cuerpo físico es como instrumento del yo pensante. Recordemos que el propio yo sigue siendo el mismo de encarnación en encarnación, pero que el cuerpo físico, instrumento del yo se construye de nuevo en cada encarnación.  El hombre tiene una ventaja sobre todo el reino animal al poseer una organización material más fina, es decir, una organización material que se manifiesta como la inteligencia humana real. Y esto ocurre por el hecho de que durante largos períodos de tiempo el yo ha aprendido paulatinamente —aunque inconscientemente— a trabajar sobre el cuerpo astral.

Sabemos que el cuerpo astral humano se compone de dos partes: una en la que hasta ahora no ha trabajado y que recibe del cosmos, y otra parte en la que ya ha trabajado. Estas dos partes están en cierto modo desarrolladas en todo el mundo. En el sistema nervioso superior, sobre todo en el cerebro que se construye de nuevo con cada nueva encarnación, tenemos la expresión material de la labor realizada por el yo del hombre sobre su cuerpo astral. Así, el hombre tiene un cerebro mucho más desarrollado que el animal ya que la parte frontal del cerebro es la manifestación del cuerpo astral trabajado por el yo. Sin embargo el cuerpo astral tiene su expresión externa en el sistema nervioso también.

Podemos fácilmente darnos cuenta de que en el momento en que algún miembro de nuestro organismo se eleva a una etapa más evolucionada, a su vez existe una alteración en el organismo restante. El resto del organismo experimenta un cambio. ¿Por qué no camina el hombre con cuatro patas?. ¿Por qué ha transformado sus extremidades superiores en instrumentos de trabajo?. ¡Porque en su desarrollo terrenal ha trabajado sobre su cuerpo astral!. Pero perfeccionar el desarrollo del cerebro implica perfeccionar el instrumento etérico. Lo exterior es siempre una manifestación real de lo interior. Todo lo que vemos en un estado físico en nuestra fase actual de la evolución es el resultado, de hecho un resultado específico de la evolución espiritual. Ahora comprenderéis que toda materia, toda forma, es el resultado de una actividad interior.

Existen por ejemplo, seres como los que acabo de describir que no son capaces de transformar su cuerpo astral porque carecen de una naturaleza espiritual. No poseen un yo que pueda trabajar en su cuerpo astral. Este cuerpo astral con todas sus experiencias anímicas debe llegar a su expresión en una forma física, material. Sin embargo, la forma material de los seres a través de los cuales no existe el resplandor del yo, no puede ser visible en nuestra fase evolutiva. No pueden ser visibles porque se encuentran en un grado inferior a nuestra materia visible. Les ruego que capten claramente lo que se quiere decir con eso.

Si tratamos de describir lo que constituye un cuerpo físico, podemos decir que lo estamos viendo. Uno no puede ver el cuerpo etérico, porque este se encuentra una etapa evolutiva superior al cuerpo físico. Menos aún podemos ver el cuerpo astral puesto que se encuentra en un nivel aún más elevado.

 Pero debajo de la materia física también hay sub-mundos que no podemos ver. De toda la materia sólo una franja o banda es perceptible, la que constituye la materia física, perceptible para el ojo físico. Así como la sustancia continúa evolucionando como base física, etérica y astral, la que va hacia abajo de nuevo se vuelve invisible.

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Y ahora que hemos considerado los diferentes miembros del ser humano podemos ser capaces de establecer los miembros de estos otros seres.

Lo que llamamos seres elementales carecen de un yo, pero han desarrollado un principio por debajo del cuerpo físico. Podemos decir, por lo tanto, que en ellos se han desarrollado los principios 3, 2, 1 y -1.

Pero no sólo hay seres que comienzan en el tercer principio. También tenemos los que comienzan con el 2, luego tenemos 2, 1, -1, -2.

Existen otros seres cuyo principio más elevado es el físico. Han desarrollado 1, -1, -2  y -3.

Pero entonces, ¿si tienen cuerpo físico, por qué no son visibles?

Podemos decir que si los miembros superiores del hombre no estuvieran presentes, el cuerpo físico sería muy diferente. Cuando morimos el cuerpo físico se desintegra en los átomos de la naturaleza. El cuerpo físico como lo conocemos ahora está compenetrado por el cuerpo etérico, el cuerpo astral, y el yo.

Es cierto que los seres que llamamos gnomos y duendes tienen un cuerpo físico, pero no poseen lo que en el hombre llamamos el Yo. Los gnomos tienen el cuerpo físico como su principio más elevado, pero tienen tres principios inferiores al cuerpo físico. Eso hace que sus cuerpos sean mucho menos visibles que el cuerpo físico del hombre. Las fuerzas que se extienden por debajo del plano físico impiden que incluso lo que es físico en ellos sea visible para el ojo normal. Si se quiere que tengan algo que se acerque a la sustancia física sólo puede suceder bajo una gran presión. Entonces su corporeidad que esta muy comprimida explosionan en la forma espantosa que he descrito anteriormente.

 Y cuando desaparece la presión externa, como sucede con las minas, se genera un proceso de disolución mucho más rápido que la disolución del cuerpo humano después de la muerte. De ahí que nunca se puedan ver a pesar de que tienen un cuerpo físico.

Tienen un cuerpo físico sólo para aquel que pueda ver a través de la Tierra. En ese pequeño cuerpo físico hay algo en su estructura y organización que se parece al instrumento humano del pensamiento. Por lo tanto no está injustificado que las personas que retratan gnomos den a sus cabezas una característica especial. Todos estos símbolos tienen su verdadero fundamento en la realidad. Estos seres tienen una especie de inteligencia automática, ya que realmente actúan automáticamente. Es como si uno se imaginara que le han quitado el cerebro. Entonces no podría ser interpenetrado por sus miembros superiores, y tan pronto como se le quita ya no actúa con inteligencia superior. De esta manera tenemos ante nosotros los seres que llamamos gnomos.

Vamos a arrojar más luz sobre los seres que están por debajo del hombre. Pero primero tenemos que formarnos una idea en cuanto al curso de evolución de estos seres. Esta cuestión es, de hecho, con mucho, la más importante, y está conectada no sólo con nuestra evolución pasada, sino también con la futura. Eso es lo esencial. ¿Y cómo se conectan con nuestra evolución futura?.

Para responder a esto hay que tener en cuenta el desarrollo del hombre. Sabemos que el hombre pasa de realización a realización, de encarnación en encarnación; sabemos que con cada nueva encarnación trae con él los frutos de la anterior. Sabemos que el hombre mismo es en realidad un cocreador en cada nueva encarnación, de su forma, así como de sus capacidades y de su destino. Lo que en él obra como destino son los actos que él mismo grabó anteriormente en el mundo. Esos actos regresan de nuevo como su destino. Lo que ha experimentado en sí mismo a través de su vida vuelve a él como talentos y facultades. Así, el hombre colabora en la creación tanto  de su destino externo como de su organización interna.

Ahora nos preguntamos: ¿De dónde viene esto?. ¿Qué es lo que nos hace ir desarrollándonos a etapas más perfectas?. ¿Qué nos hace avanzar a una etapa superior?. Es el producto de todo lo que hemos obtenido a lo largo de nuestras encarnaciones. No vemos a través de nuestros ojos y escuchamos a través de nuestros oídos sin ningún propósito; después de la muerte asimilamos los frutos de una vida y llevamos con nosotros lo que puede ser eficaz, a partir de lo cual podemos construir la fuerza germinal de la próxima encarnación.

Ahora pueden ocurrir varias cosas. El pequeño puntero de la balanza puede pivotar hacia uno u otro lado. La condición ideal sería que el hombre en cada encarnación hiciera un uso exhaustivo de su vida, que no deje nada sin usar, sin pasar por las experiencias que darán sus frutos en la siguiente encarnación, llevando todas sus experiencias con él.

 Esto por lo general nunca sucede. El hombre sobrepasa ya sea a un lado o al otro. O bien usa su organización insuficientemente y ciertas fuerzas permanecen sin usar, lo que le aportara menos en la nueva encarnación de lo que podría haber conseguido, o penetra muy profundamente en su organización y se involucra demasiado estrechamente en su naturaleza corporal. Hay dos tipos de personas. El tipo al que le gustaría vivir enteramente en el espíritu y no descender a su naturaleza corporal; las personas comunes y corrientes les llaman soñadores y visionarios. El otro tipo desciende demasiado profundamente en el cuerpo. No llevan de la encarnación lo que debe ser extraído, porque les resulta simpático y agradable estar encarnados, no mantienen por sí mismos lo que progresa de encarnación en encarnación, sino que se van hundiendo en lo que sólo debe ser el instrumento para el germen eterno del ser del hombre.

Señalé una vez una leyenda importante de lo que un hombre debe experimentar si desciende demasiado profundamente en la naturaleza temporal, transitoria de la encarnación. Si pensamos en un caso extremo, lo podemos imaginar así: “¿Qué significa lo que tengo que llevar para encarnaciones posteriores?.  Yo vivo en esta encarnación, me gusta, me conviene muy bien. No me preocupo con lo que se supone que debo hacer de ella.” Si este pensamiento se lleva a cabo ¿dónde nos lleva?. Nos conduce a un hombre que se sienta en el borde del camino y cuando ve pasar al Gran Líder que fragua la evolución de la Humanidad él rechaza las ideas del Líder de la Humanidad. Él lo rechaza y piensa: “Yo no sé nada de ti, que te dignes guiar el núcleo de mi ser al futuro donde la humanidad será más perfecta. Yo deseo estar unido con mi forma actual”. Un hombre que ignora a un Líder de la Humanidad tal aparecerá de nuevo en la misma forma. Y si esta actitud se endurece, si persiste en la misma actitud en la siguiente encarnación. Aparecerá una y otra vez con la misma forma.

Imaginemos a los que escuchan al Gran Líder de la Humanidad. Ellos preservan el alma para su vida eterna. La humanidad seguirá hacia adelante, apareciendo en una forma cada vez mas progresada. No obstante, quien rechaza al Líder de la Humanidad volverá a aparecer una y otra vez con la misma forma y en la misma raza. Esa es la leyenda de Ashaver, que rechazo a Cristo, el Líder de la Humanidad. El hombre puede endurecerse o puede desarrollarse a etapas superiores.

Las razas no podrían entrar en decadencia si no hubiera hombres que quieren o se ven obligados a quedarse atrás, ya que no han desarrollado una vida ascendente. Las razas no degenerarían si no existieran almas que no pueden o quieren avanzar hacia formas mejores. Si vemos las razas que se han conservado desde épocas remotas en estado decadente, se debe a que hay almas que no pudieron ascender y se mantienen por inercia en niveles más materiales. Hoy no puedo hablar de toda una serie de posibilidades, en el curso de la evolución terrestre, para que el hombre se adhiera a una raza, para desarrollar lo que es el carácter de una u otra raza. Piensen en la raza Atlante; todas las almas han pasado por ella, pero no todas salieron de ella. Hay dieciséis posibilidades para que alguien se fusione con la raza. Se le llama los “dieciséis caminos de perdición.” En estos caminos el hombre se fusionará con la materia. Al esforzarse en su evolución, sin embargo,  se supera a partir de una raza a otra a etapas cada vez más altas.

Vemos, pues, que en realidad es posible que un hombre pueda actuar en sus sucesivas encarnaciones de tal manera que quede retardado en la evolución. Sus otros hermanos del alma estarán, por tanto, en una etapa más elevada cuando él reaparece en una nueva encarnación. Debe entonces contentarse con una encarnación inferior que se ha fabricado él en una vida decadente. Esto es cierto, cosa que se llevara a cabo de manera positiva. No tiene que asustar a la gente, sin embargo, para la fase actual de la evolución. Nadie está obligado a tomar todas las rutas de dieciséis y por lo tanto quedar retardados de la evolución. Sólo tenemos que ser conscientes de la posibilidad.

Ahora tomemos un caso extremo e imaginemos que un hombre se une también plenamente con lo que ha de constituir el carácter de una encarnación. Supongamos que llega a lo que se ha llegado en dieciséis encarnaciones; él toma los dieciséis falsos caminos. La Tierra no le espera, la Tierra va hacia adelante y este hombre llega finalmente a un punto en que ya no se puede incorporar en un cuerpo humano, ya que no hay ninguno adecuado para su existencia. No habrá más cuerpos para las almas que han crecido demasiado involucradas en su naturaleza corporal. Tales almas pierden la posibilidad de la encarnación y no encuentran otra oportunidad. Piensen lo que han perdido. Es posible, pero sólo en casos excepcionales, que incluso durante el proceso evolutivo de la Tierra estas almas serán incapaces de encarnar porque no hay cuerpos suficientemente malos para acogerlos. Estos hombres han ido tan lejos que ya no tienen la oportunidad de encarnar en el curso normal de la evolución.

Supongamos que tales seres deben permanecer en la Tierra —sólo serán casos individuales—. Y ahora, ya que una vida trae  el fruto de la anterior, entonces no encontraría órganos adecuados para ellos. Son, por así decirlo, demasiado bueno para los cuerpos de un orden subordinado y de los demás órganos están demasiado mal provistos. Por tanto, deben vivir una existencia sin cuerpo. Ellos deben aislarse por completo del progreso de la evolución. ¿Por qué tienen que merecer esto?. Por razón del hecho de que no han hecho uso de la vida! El mundo está a su alrededor;  han poseído sentidos para percibir el mundo, para enriquecer el alma y moldearla a una etapa superior. Ellos no avanzaron con la evolución del mundo, se quedaron rezagados en una determinada etapa. Estos seres que se quedan en tales etapas aparecen en una época posterior con las mismas características que la época anterior. Ellos crecen junto con ella, pero no en las formas de la época posterior. Aparecen en una época posterior como subordinados espíritus de la naturaleza. De hecho, la raza humana proporcionará un número entero de esos nuevos espíritus de la naturaleza en la segunda mitad de la evolución de Júpiter, porque en la fase de Júpiter, el hombre habrá completado totalmente el quinto principio (Manas). Pero aquellos que no han aprovechado la oportunidad en la Tierra de desarrollar el quinto principio no podrán encarnar. Aparecerán como espíritus de la naturaleza con cuatro principios, siendo el cuarto el más alto. Mientras que el hombre que ha evolucionado normalmente tendrá los principios 5, 4, 3, 2 en la fase de Júpiter, estos hombres tendrán 4, 3, 2, 1. Este es el destino de aquellos que no han desarrollado gradualmente sus principios superiores. Se convierten en espíritus de la naturaleza, por así decirlo, de los períodos evolutivos futuros, trabajando de manera invisible. Justo lo mismo ocurrió en el caso de nuestros actuales espíritus de la naturaleza en los períodos anteriores de la evolución, excepto en la medida en que hay, por supuesto, los cambios continuos de acuerdo con el carácter de los diferentes períodos. Ahora todo ha sido calificado, por decirlo así, de acuerdo con la responsabilidad moral, y porque esto es así, los espíritus de la naturaleza que se derivan de la raza humana tendrán una cierta moralidad. En el Nuevo-Júpiter habrá espíritus de la naturaleza que tendrán responsabilidad moral.

Vamos a recordar lo que he dicho en cuanto a la diferencia del Nuevo Júpiter de nuestra Tierra. Hemos descrito la naturaleza de la Tierra como la del planeta del Amor, en contraste con la naturaleza de la Antigua Luna, el planeta de la Sabiduría. Y así como el amor esta evolucionado en la Tierra también lo hizo la sabiduría que encontramos a nuestro alrededor en la Antigua Luna. El amor en su forma más baja se originó en la Antigua Lemuria y ha ido evolucionando a etapas cada vez más elevadas hasta alcanzar la más alta forma espiritual. Cuando en el futuro, el planeta Tierra aparezca como Nuevo Júpiter, sus habitantes dirigirán su mirada hacia el amor de la misma manera que los hombres en la Tierra hacen con la sabiduría. Observamos el hueso del muslo en el que se teje la sabiduría; toda la tierra está en cierto sentido cristalizada de una sabiduría, que se desarrollo paulatinamente en la Antigua Luna. La sabiduría se formo gradualmente al igual que se va desarrollando el amor en la Tierra. Y así como nos preguntamos por la sabiduría en todo lo que nos rodea, los humanos habitantes de  Nuevo Júpiter sentirán el amor fluyendo por todas las partes. Este amor fluirá ante todos los seres y les hablara como en la Tierra nos habla la sabiduría que se fue desarrollando a través de la Antigua Luna.

Como podemos ver el cosmos evoluciona hacia adelante de etapa en etapa. La Tierra es el cosmos del amor, y cada estado tiene su tarea especial. Así como la sabiduría prevalece en nuestra Tierra, será el amor el que prevalecerá en todo Júpiter.

Y a medida que las fuerzas destructivas de la sabiduría están originadas de esos seres que se quedaron rezagados en la Antigua Luna, aparecerán en Júpiter las fuerzas destructivas del Amor de los seres que se han quedado atrás. En medio del tapiz general de la existencia del Nuevo Júpiter se establecerán las formas horribles de los seres rezagados ​​con las demandas egoístas de amor y operaran como fuertes poderes devastadores en la existencia de Júpiter. La estancia  de los seres humanos en encarnaciones individuales creara los destructivos poderes de la naturaleza en Júpiter. Así vemos cómo el mundo se teje, tanto de elementos nocivos, como benéficos;  en el proceso del mundo tenemos un elemento moral.

La siguiente tabla muestra todas las formas de espíritus de la naturaleza:

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Así, los gnomos tienen 3 principios por debajo y 1 arriba, las ondinas tienen 2 principios abajo y 2 arriba, los sílfos tienen 1 por debajo y 3 arriba. Todos ellos son seres rezagados ​​que atraviesan la figura y la forma de la tierra como seres elementales. No han sido capaces de alcanzar el espíritu; consisten puramente de cuerpo y alma. Gnomos, ondinas y sílfides son seres con estos dos miembros.

  Todos los espíritus de la naturaleza, estructurados de modo que tengan un miembro en común con el hombre y tres por debajo de él, lo llamamos “Gnomos”, las “Ondinas” tienen dos miembros del hombre y dos por debajo de él, los “Silfos” tienen tres miembros del hombre y uno por debajo. Todos ellos son seres que han quedado rezagados en épocas planetarias anteriores, no han llegado al nivel del “espíritu” que hoy el hombre está desarrollando y han quedado a un nivel “infraespiritual”, constando solo de cuerpo y alma. ¿Qué pasa con las Salamandras?. ¿De dónde proceden?.

Preguntémonos de donde vienen realmente las Salamandras. En realidad ellas son un cuarto tipo. Si se preguntan —sólo puedo indicar esto como conclusión— de dónde vienen estas tres clases, gnomos, sílfides, ondinas, sólo puedo responder que son seres que han quedado atrás. Pero las salamandras en cierta manera son humanas, ya que han desarrollado parcialmente el cuarto principio. Sin embargo no están lo suficientemente avanzadas, para poder asumir forma humana. ¿De dónde viene esta cuarta especie?. Voy a explicar esto como conclusión. Cuando entiendan esto serán capaces de entender muchos de los secretos de la naturaleza circundante.

Si seguimos al hombre en su evolución llegamos a formas más y más espirituales. El hombre ha progresado poco a poco en la existencia física. Sabemos que las diferentes especies de animales han sido expulsadas ​​poco a poco, por así decirlo, como los hermanos retrasados del avance de la evolución humana. El hombre logró tal grado de desarrollo por ser el último de todos en adoptar una forma física. Las otras criaturas animales están en una etapa retrasada porque no fueron capaces de esperar, y se quedaron atrapados en los órganos terrenales y organización física anteriores.

Los animales tienen almas grupo que existen en el mundo astral, si bien extienden su actividad hacia el mundo físico. La Sabiduría producto de la Antigua Luna, la vemos muy bien distribuida en las formas animales por medio de las almas grupo. El hombre no solo ha de adjudicarse la sabiduría si desarrolla su cultura, la sabiduría se muestra con más fuerza en toda la Naturaleza. Cualquier sabiduría humana no esta solamente en el hombre, sino que está presente de una manera mucho más completa en nuestro planeta Tierra. Aquel que da mucha importancia a la humanidad puede decir: “Qué progresos ha hecho la humanidad a nivel de sabiduría!. Los inventos recientes por ejemplo, son un testimonio de ello”. Piensen en sus días de escuela y los principales descubrimientos que se les dijo entonces. Tal vez puedan recordar el descubrimiento del papel. La sabiduría humana llegó a la etapa de la invención de papel. Sin duda fue un logro de la sabiduría humana. Pero la avispa lo sabía mucho antes todavía! Todos ustedes saben que los nidos de avispas están hechos de la misma sustancia que el papel hecho por el hombre. Podríamos ir a través de toda la naturaleza y encontraremos una sabiduría que gobierna en todas partes. Mucho antes que el hombre el espíritu de las avispas descubrió el papel! La avispa individual no lo hace, es el Yo del  grupo.

Vemos, pues, que lo que constituye la sabiduría humana esta entretejida e impresionada en toda la Tierra. Pero la relación del animal con su alma grupal es sólo parcial para lo que realmente debe ser desde el punto de vista cósmico  —si se me permite decirlo. ¿Cuál es esta relación del alma grupo con el animal?.

Tomemos el alma grupal de una especie de insectos. Cuando un insecto muere,  para el alma grupal es exactamente lo mismo que si se cae un cabello y otro crece. Las formas animales que entran en la naturaleza son sólo creaciones frescas del alma grupal. Puedes seguir las clases de animales y en todas partes se encuentra que lo que está en el plano físico tiene la misma acción como una nube que se forma y se disuelve. El espíritu de grupo se metamorfosea y sus miembros físicos simplemente se renuevan. Eso sucede sin embargo hasta un determinado momento, después algo más tiene lugar en el reino animal. Esto es muy importante sobre todo cuando se llega a los llamados animales superiores. Precisamente allí ocurre algo que ya no parece encajar con lo que he estado describiendo.

Tomemos como caso notable los simios. El mono, por ejemplo, lleva demasiado del alma grupal a su propia existencia individual. Mientras que en el animal toda la forma física se remonta al alma del grupo, el mono mantiene algo en la organización física que no se puede volver atrás. Lo que en el mono se desprende del espíritu de grupo ya no puede volver. En el caso del hombre, tiene el yo que va de encarnación en encarnación y es capaz de desarrollarse y llegar a diferentes etapas. Pero en este caso no hay ninguna posibilidad de volver al espíritu de grupo. El mono tiene algo que es similar al yo humano.

Toda una serie de animales atrae demasiado fuera del alma grupal, otros de nuevo trazan algo fuera de otra manera. Y esto sigue estando en nuestra evolución y trabaja como la cuarta clase de espíritus elementales. Ellos se separan de las almas grupo, y su alma individual no puede regresar, debido a que han llevado su desarrollo más allá del limite normal. De innumerables animales, tales seres en que el yo queda rezagado. Se llaman salamandras. Esa es la forma más elevada, ya que tienen un yo similar.

Con estas observaciones os he introducido a la naturaleza de una serie de seres que vamos a aprender a conocer más exactamente, para hoy sólo hemos aprendido la clase de existencia y las conexiones. Pues trabajan de una manera determinada en nuestro mundo. La clasificación de hecho se puede dar, pero poco; con el transcurso del tiempo, sin embargo, hemos de llegar así a su descripción.

Estos seres-salamandra se producen incluso en la actualidad de una manera extraña, en seres humanos de naturaleza inferior que, sin embargo, al encarnar de nuevo, dejan atrás una parte de su naturaleza inferior. Hay hombres así. Ningún ser humano, hoy en día, por supuesto, puede ser tan malo como para  quedar completamente fuera de la evolución, pero puede dejar parte de su naturaleza detrás. Esta se convierte entonces en un elemento especialmente nocivo para nuestra evolución  —estas naturalezas humanas parcialmente independientes que han permanecido como una especie de espíritu y permean nuestra existencia. Gran parte de lo que interpenetra nuestro espacio espiritual y de los cuales no tenemos la menor idea se manifiestan muy bien en los fenómenos externos. Muchas cosas nocivas en la civilización que hoy parecen naturales sólo se explicarán cuando los hombres sepan con qué molestar, retardando los esfuerzos que tienen que hacer. Los efectos serán evidentes en muchos fenómenos decadentes de nuestra civilización. Es sólo porque está previsto por los que saben cómo leer los signos de los tiempos, que el Movimiento Antroposófico ha venido a la existencia. Quien está en el mundo sin este conocimiento tiene que soportar que las cosas trabajen sobre él. El que tiene entendimiento, sin embargo, estará en condiciones de liberar al hombre de las influencias perturbadoras de estos seres.

Si reflexionamos sobre esto por el camino correcto veremos la naturaleza de espiritualidad y sanación profunda del Movimiento Antroposófico. Su objetivo es liberar al hombre de las fuerzas que quieren retenerlo. Debemos evitar caer completamente en la decadencia si estamos dispuestos a ocuparnos del conocimiento de estas cosas. Vamos a experimentar todo tipo de fenómenos culturales en un futuro próximo. Encontraremos que dentro de ellos se verá a esas personas que llaman a las cosas por su nombre como soñadores. El mundo ha llegado a un terreno de juego donde los que conocen la realidad son llamados soñadores y visionarios, mientras que los visionarios verdaderos son aquellos que desean aferrarse sólo a lo externo. El progreso de la civilización descansa sobre el hombre que penetra con el conocimiento en el carácter de los poderes hostiles. El conocimiento, cuando se entiende en el sentido expresado a menudo aquí, es algo que va a llevar la corriente espiritual antroposófica a la verdadera realización. Es la respuesta que hemos aprendido en el esoterismo cristiano, y que el Líder de la vida cristiana proclama a sus seguidores: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” El conocimiento de la verdad y de la realidad puede hacer al hombre completamente libre y enteramente humano.

Traducido por Gracia Muñoz, en Julio de 2017.

 

Capitulo 2. El desarrollo de la Cosmología en la Historia.

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y rostro cambiante de la Cosmología”. Parte I.

En los últimos tiempos se ha establecido, la prueba definitiva de la conexión de los grandes círculos de piedra de los antiguos pueblos celtas con las estrellas. Las piedras en los círculos indican los puntos de elevación del Sol en ciertas épocas del año y muchos otros datos astronómicos que la humanidad moderna ha redescubierto con la ayuda de telescopios y computadoras.

 La antigua humanidad no tenia ninguno de estos artificios modernos, sin embargo, fue capaz de hacer todo esto con unas capacidades mentales que la humanidad actual ha perdido por completo. Esto es particularmente evidente en los monumentos antiguos de Irlanda, en New Grange, la Colina de Tara, y otros.

La humanidad de Oriente tuvo también una estrecha relación con el mundo estelar, principalmente en Mesopotamia. Tenemos una prueba definitiva de estas correlaciones con el descubrimiento y desentrañamiento de los enigmas de los zigurats del llamado valle del Tigris y el Éufrates. Eran enormes edificios que se asemejaban a las pirámides, pero con terrazas, por así decirlo. Tenían en la parte superior algo parecido a un pequeño santuario. Este era, obviamente, el observatorio del sacerdote-pontífice (creador de puentes) que se había delegado y que era capaz de seguir el curso de las estrellas. Esto no se hizo sólo por curiosidad, obedecía a propósitos definidos. Tenemos pruebas de esto, por ejemplo, en algunos documentos donde un rey deja escrito: “Hoy he ido al templo de Ishtar (es decir, al templo de Venus), y ella me dijo que hiciera esto y aquello”… lo que hoy llamaríamos materia de política exterior de Estado.

Obviamente, se consultaba, a través del sacerdote-iniciado, a los Genios de las estrellas. Comunidades enteras se guiaban por el conocimiento de los movimientos de las estrellas, por los ritmos de los planetas, de los que hablamos en el capítulo anterior. Los pasillos de las terrazas de estas pirámides estaban pintados con los colores asignados en esos días a los planetas. Así, tenemos en esos monumentos de Mesopotamia la prueba de la conexión de la humanidad con las estrellas en un sentido altruista. Este conocimiento se utilizaba desde la orientación de las naciones, hasta la esfera de la agricultura, y así sucesivamente.

En Egipto se descubren rastros similares. Los santuarios fueron construidos a lo largo de dos ejes. Allí vemos primero el valle de la esfinge, las estatuas. Entramos en una especie de explanada,  después a una sala interior y, finalmente, al propio templo. En el otro extremo del templo estaba el santuario, la capilla que contenía las esfigies de la deidad a la que estaba dedicado el templo. Es un hecho comprobado que estos largos ejes del templo estaban orientados hacia el punto donde se alza Canopus en la constelación de Argo, que fue llamada la Estrella de Osiris.

El largo pasaje  oscuro, los pasillos y las salas actuaban como un telescopio. Las pirámides tenían pasillos que desde las cámaras escondidas en las profundidades permitían el acceso al exterior. Estos pasillos no estaban destinados a ser utilizados como via de paso porque eran oblicuos. Uno no podría haber caminado a través de ellos. Se orientaban hacia las órbitas diarias de ciertas estrellas. En estas cámaras piramidales se llevaban a cabo las iniciaciones. Durante tres días, se dejaba al neófito en un estado de trance semejante a la muerte, incluso se le colocaba en un sarcófago, en la parte mas profunda de la pirámide, en una posición tal que al despertar el neófito, lo primero que veía a través de ese largo eje, del mundo exterior eran las estrellas  del cielo. Esto debió ser una experiencia tremenda.

Despues llego una epoca,  en Egipto, Mesopotamia y Caldea, en que se despertó la conciencia del yo. Esto se describe, en la historia de Gilgamesh y su amigo Eabani o Enkidu. Por lo que cuenta la historia, los dos mataron un toro que pertenecía a la diosa Ishtar. Estos son profundos misterios del templo. Este Toro de Ishtar estaba conectado realmente con la constelación de Tauro, el Toro. Ishtar es la misma deidad que se introdujo en la mitología griega como Venus. Venus, como se dice a veces en la astrología tradicional tan a la ligera, está en su casa en el signo de Tauro. ¿Por qué el toro, y por qué la conexión con Ishtar-Venus? Esto está conectado con las experiencias de una humanidad anterior, en un pasado muy lejano de la Creación. El Toro, que la humanidad experimentó en los cielos se les apareció como una imagen de la Palabra Creadora, del Logos que se propagaba en el mundo y creó el mundo de los objetos físicos a nuestro alrededor.

Ahora, se nos relata en esta historia, que Gilgamesh y Enkidu mataron a ese toro. ¿Qué significa esto? Ellos se replegaron en si mismos a costa de la disminución de la conciencia de la presencia de lo divino en la naturaleza. Se afirmó el egoísmo. Tuvieron que afirmarse la causa de la libertad interior del ser humano. Los humanos comenzaron a romper sus relaciones con los seres divinos, con el mundo de las estrellas. Finalmente los dioses “murieron” para la conciencia de la humanidad.

En este sentido podemos entender cuando oímos decir a Gilgamesh: “En cuanto a ti Ishtar, te  abajaré también. Te tratare como he tratado al Toro”. Esta es una descripción imaginativa del alejamiento de esa conciencia ancestral que finalmente llevó a la expresión que hemos escuchado en los tiempos modernos: “Dios ha muerto”. Él murió para la conciencia de la gente. Después de que Gilgamesh pronunciara esas palabras, que superficialmente, suenan como una blasfemia terrible, Ishtar no se quedó quieta. Se quejó a la divinidad suprema, y ​​Enkidu, el amigo de Gilgamesh, murió poco después de este incidente. Gilgamesh se sintió totalmente destrozado. Había obtenido el primer rastro de individualidad egoísta. Experimentó la muerte como algo inherente a la persona. Antiguamente la  humanidad era muy consciente de que cuando un ser humano moría  sólo se dejaba de lado el cuerpo físico, en tanto que el alma seguía más viva y residía en el mundo divino. Hablar a los seres humanos en esos tiempos de la vida después de la muerte o la reencarnación habría sido inútil. Ellos habrían respondido que ya lo sabían, que de todos modos era una realidad, una experiencia interna para ellos.

Pero Gilgamesh, después de la muerte de su amigo, experimentó la muerte como destino, como destino individual. El destino estaba golpeando duro, por así decirlo, a este hombre que había dado los primeros pasos de la emancipación del mundo divino. Y así oímos entonces en la historia cómo Gilgamesh va en busca de su amigo.

Gilgamesh es conducido a través de muchas aventuras, y nos damos cuenta por las descripciones que sale al mundo cósmico. Sin embargo, se encuentra con terribles monstruos, es un mundo temible. Hay escorpiones, leones y toda clase de terribles criaturas que lo amenazan. Así, el mundo cósmico que alejó de él, lo vio como un mundo extraño, terrible e incluso fatídico. La historia de Gilgamesh y Eabani describe la actitud en la cual la astrología decreció lentamente hasta llegar a nosotros. Es la astrología que habla de la conexión de los seres humanos con el mundo de las estrellas como algo complejo que provoca inexorablemente su destino y los mantiene sin piedad en la dependencia.

En otras partes del mundo, particularmente en Occidente, las antiguas conexiones con las estrellas seguían evolucionando correctamente durante el primer milenio DC. Incluso aún se pueden encontrar rastros en el segundo milenio. Lo vemos representado en la historia del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. La infancia de Arturo se describe en poderosas imágenes cósmicas (Ver Fiona Macleod). De niño, Arturo fue invitado a subir una escalera enorme a los cielos. Llegó a las siete estrellas que conforman la efigie de la Osa Mayor. Allí fue recibido por siete reyes. Se lo llevaron con ellos, y se le educó e inició en los secretos cósmicos de la Mesa Redonda, que es una imaginación víva del Zodíaco.

Después de esta experiencia, descendió de nuevo como el Rey Arturo e inauguró la Mesa Redonda sobre la Tierra. A continuación escuchamos, las historias del Rey Arturo y sus caballeros que fueron enviados al mundo para ayudar en todos los lugares donde se les requería, para proteger a las personas que estaban en peligro, y así sucesivamente. Vemos en esto una perfecta realización de lo que estaba en los cielos como un gran y maravilloso orden cósmico realizandose en la Tierra en los asuntos prácticos, referidos a toda la comunidad humana. El Rey Arturo también fue llamado el labrador, porque se asoció a través de su iniciación, con los misterios de la Osa o Plough. Como rey tenía que alimentar adecuadamente a su pueblo. Esto significaba que tenía que ser educado en la vía de una agricultura eficiente, una agricultura que todavía vive y trabaja en plena armonía con los ritmos cósmicos, que interactúa con los ritmos de la vida vegetal en la Tierra. Por lo tanto, se vio como una necesidad primordial tener un perfecto conocimiento de las correlaciones entre el cosmos y la Tierra. El nombre de Arturo parece tener su origen en las palabras galesas, Arth Uthyr, que significa Osa Mayor. Por lo tanto “Arthur” probablemente no era un nombre. Era originalmente un título, un grado de iniciación, en este caso de los secretos místicos de la Osa Mayor.

Esto sucedió en el Oeste. En el Oriente la sabiduría estelar  tomo un camino diferente. Llego a su ocaso a consecuencia del egoísmo humano. Las personas querían saber su destino personal de las estrellas. Empezaron a preguntar: ¿Cómo hacer esto o aquello?, ¿cómo me afecta lo que sucede en los cielos? ¿qué van a hacer conmigo?. Por supuesto, esta actitud se desarrolló lentamente, pero en el transcurso del tiempo se hizo más y más dramática. Muy a menudo uno se encuentra cara a cara en la humanidad actual con la siguiente pregunta: ¿Qué me dicen las estrellas?, ¿qué me tienen reservado las estrellas?. Desafortunadamente, esto puede degenerar en una actitud de impotencia y miedo total. Sin embargo, esto no fue el final de la relación de la humanidad con el cosmos.

Pasó el tiempo y llegó la era de Copérnico. Copérnico, que vivió durante los siglos XV y XVI, propuso una astronomía heliocéntrica, que en realidad no trabajó detalladamente. Ahora es el Sol, no  la Tierra, quien está en el centro del sistema solar. Los que vinieron después de él trabajaron esto con detalle, Kepler, Newton y muchos otros. Este paso fue, en cierto sentido, una consecuencia del egoísmo que se apoderó de la sabiduría estelar de Egipto, etc, hasta convertirla en la astrología. La astronomía copernicana se alejó aún más de las estrellas, hasta que el cosmos llegó a definirse como un gran mecanismo, como un ordenador. Con la debida reserva, se puede decir que el copernicanismo es una especie de modificación de la  sabiduría estelar egipcia. Por supuesto, con el tiempo se descartó radicalmente la astrología, considerándola como una simple locura. Sin embargo, el concepto de destino se elevó a proporciones extremas. La Tierra fue destronada. Se consideró que no es más que un pequeño planeta dando vueltas alrededor del sol.

Se puede decir, por supuesto, que esto que sucedió entonces en la astronomía, no nos afecta necesariamente en la vida práctica. Si el Sol está en el centro, o la Tierra está en el centro,  es un asunto para los científicos, para los astrónomos en sus observatorios, y no tiene por qué  preocuparnos en la práctica. Sin embargo, esto no es así. El copernicanismo ha trabajado profundamente en las formaciones sociales y las fundaciones que se han desarrollado desde entonces.

En la antigüedad se hablaba de la Tabla Redonda del Rey Arturo, en Mesopotamia del poder de las Torres del Templo. Existía una Cosmología, o Sabiduría de las Estrellas, jugando directamente en la vida social. Comunidades enteras fueron dirigidas de acuerdo a ese conocimiento estelar. Sin embargo, la misma conciencia que formuló el copernicanismo también ha organizado la vida social de la humanidad moderna. Maquiavelo, contemporáneo de Copérnico en el comienzo del siglo XVI, escribió el libro “El Príncipe”. Allí, el monarca se describe como alguien que tiene un poder absoluto y sin restricciones. Haga lo que haga, todo es correcto. Solo él es responsable de sí mismo y nadie más. ¿Por qué tiene esto relación con la concepción el mundo astronómico que llegó  al mismo tiempo? El “rey” en la antigüedad se consideraba un representante en la tierra del Sol en los cielos. Sin embargo, con todo su esplendor el Sol no fue considerado como el centro del universo, ni su representante el Rey. Así, la forma misma de la Mesa Redonda era también una imagen de la negación de las prerrogativas. Arturo fue uno de los de Caballeros de la Mesa.

Se puede objetar que ya mucho antes de Cristo, el despotismo oriental había ganado un gran impulso. La verdad es que las enseñanzas secretas de los Antiguos Misterios del Templo ya habían proclamado una cosmología heliocéntrica, mientras que en las concepciones populares se fomentaron puntos de vista geocéntricos. Existen evidencias de que este era en realidad el caso, por ejemplo, en Egipto. Debido a que los reyes, faraones, y así sucesivamente, fueron originalmente iniciados en los misterios, surgió la tendencia a construir el orden social terrenal de acuerdo a la “ordenación” de los arquetipos cósmicos, heliocéntrico, como rey o faraón, centrado en las comunidades.

Y ahora, al mismo tiempo, con la popularización de la visión heliocéntrica de Copérnico, somos testigos del hecho de que Maquiavelo crea el concepto filosófico del monarca como el centro absoluto e indiscutible de cualquier orden social. Y, en efecto, muy pronto, Luis XIV, el rey de Francia, entró en la escena histórica y proclamó: “L’état c’est moi” , “El Estado soy yo”, yo, el rey. El “Sol”, en un sentido social, había entrado en el centro. Él y todos los monarcas de Europa que podían permitírselo siguieron su ejemplo y construyeron sus palacios en una forma que era perfectamente “heliocéntrica.” Por lo general estos palacios fueron construidos de tal manera que había una torre redonda central o una estructura similar, con alas a ambos lados. Todos los caminos y calles de la ciudad irradiaban desde este punto central en el medio ambiente como los rayos del sol. Todavía se pueden ver muchos de esos palacios en las capitales europeas. Este fue “el copernicanismo,” o el sistema heliocéntrico, que se implantó en la formación social.

La humanidad moderna ha cambiado todo esto considerablemente. Nos enfrentamos ahora a algo parecido a una explosión atómica en el lugar del viejo universo. Por la perfección cada vez mayor y el poder del telescopio que penetra en las profundidades del espacio. Distancias fantásticas y mundos más allá de nuestro propio sistema solar han sido descubiertos. Nuestro mundo ha reducido a lo insignificante nuestro sistema solar. Nuestro concepto del universo ha crecido hasta hacerse inmenso. De hecho, era y sigue siendo, difícil formarse una idea de lo grande que es el universo. No sabemos si es finito o infinito. El concepto de infinito es doloroso para una ciencia construida sobre la cantidad. Hemos descubierto sistemas solares que se supone que son  mucho más grandes que el nuestro. Los soles centrales de estos sistemas, según los cálculos, se mueven a velocidades enormes. Además, se están alejando de una especie de centro en el gran espacio cósmico a velocidades tremendas, inimaginables para la mente de la gente común. Así, el universo más grande de hecho se parece a una explosión atómica

La mentalidad humana que nos ha llevado a pensar en esos términos cosmológicos ha tenido su impacto correspondiente en la vida social moderna. Si observamos objetivamente, debemos admitir que las formas de vida social, las instituciones, y así sucesivamente, se enfrentan constantemente el peligro de la atomización. ¿Cuál es la solución? La humanidad occidental se inclina fácilmente a pensar que la mecanización y la informatización completa es la respuesta. De nuevo, esto parece coincidir con los conceptos de la cosmología moderna de que el universo es un vasto mecanismo. Y de esto pueden surgir fácilmente la sugestión de que la solución mejor y más conveniente en la vida en la comunidad es la completa mecanización y la informatización de todos los problemas e instituciones humanas.

Este camino no nos  lleva a ninguna solución, solo nos conduce a la indefensión y la abdicación de la raza humana. De ninguna manera podemos esperar que toda la humanidad vaya a aceptar esto, y en ello tenemos algo de esperanza. Sobre todo Oriente, es decir, el este y Asia, no pueden seguir esta tendencia, y muchos de los problemas que han surgido entre Oriente y Occidente tienen sus raíces en este hecho. El Este vive con las oscuras sombras de un glorioso pasado que habla, aunque débilmente, en las imágenes del espíritu del cosmos, en el ser humano, en los reinos de la naturaleza. Si nosotros, en Occidente tenemos la intención de establecer una relación sana con Oriente, no pensemos que podemos hacerlo imponiendo el comercio y la tecnología. Solo podremos hacerlo presentándonos al Este, como humanidad global, como una humanidad espiritual digna e integra. Y podemos lograr los medios para hacerlo.

Si estamos buscando un arquetipo para ello tenemos que ir a “la búsqueda del Grial.” Entonces nos daremos cuenta de que Parsifal, el que va en busca el Grial, es nuestra propia imagen. Parsifal es llevado al Castillo del Grial. Es testigo de todos los eventos misteriosos, pero no hace la pregunta. Por lo tanto es expulsado del castillo. Esta es la imagen del ser humano moderno, esta sólo, en esta era de la ciencia, frente a los enigmas del universo y de la Tierra. Pero no preguntamos, como Parsifal, que se pasea durante años a través del mundo en una profunda desesperación y desesperanza. Por último, se encuentra con Trevrizent, que trae la Búsqueda del Grial de nuevo a su conciencia. Ahora, entra en el castillo por segunda vez y puede llegar a los nuevos misterios, a las respuestas relativas a la naturaleza espiritual de la humanidad, su tarea dentro de la configuración de todo el universo, y así sucesivamente. Porque este es el recipiente y el contenido espiritual del Grial. Durante los años sesenta y setenta, del presente siglo XX, la humanidad occidental, pasó por el profundo y oscuro valle creado por sus propias acciones en ciencia y tecnología. Pero ahí radica también la esperanza de que lo podamos superar, si podemos mirar hacia el sentido arquetípico de la figura de Parsifal.

En lo que concierne a nuestros estudios, las consecuencias modernas del copernicanismo constituyen un abismo profundo y oscuro. Sin embargo, no ayudaría a nadie volver a las antiguas buenas maneras de la visión geocéntrica del mundo, por ejemplo, de los celtas o  Ptolomeo. Es necesario pasar por el abismo y encontrar nuevos portales y caminos a los conceptos espirituales del universo. Rudolf Steiner, señaló que en las escuelas Rosacruces originales de la Edad Media, se le enseño al alumno por primera vez la perspectiva geocéntrica del universo. Después se le dijo que así es como debe ser, pero que en realidad no es así. A causa del gran pecado de la Tierra y sus habitantes, podemos pensar que con la Caída del Paraíso, la Tierra perdió su posición central. Sólo después de un largo y extenuante esfuerzo la Tierra, en el futuro, una vez más se pondra en su posición correcta. Esto será posible sólo con la aceptación del impulso de Cristo. El Cristo entró en el reino terrenal como representante de todo el sistema solar. A pesar de que el ser humano lleva en su cuerpo un yo que da sentido y orientación a la existencia, por lo que es el universo solar, impregnado por un Yo, y este Yo es el Ser de Cristo. En el Gólgota se unió con la Tierra, por lo que la Tierra puede convertirse en “Sol” en el futuro lejano. En este proceso está involucrada toda la humanidad, independientemente de su raza, nación, religión, y así sucesivamente.

Así, este punto de vista de la Tierra en el centro, es una perspectiva que debe ser realizada por el desarrollo interior, por el sufrimiento, por la elevación de los más grandes poderes cósmicos. Para lograr esto, no debemos dudar en recorrer el valle oscuro del copernicanismo. Tenemos que arrancar a través de él a nuevos horizontes espirituales. El copernicanismo y la astronomía moderna nos han dado, después de todo, un preciso conocimiento matemático de los cielos, en términos modernos. Podemos calcular los movimientos de los planetas y muchos otros fenómenos teóricamente miles de años hacia delante o hacia atrás en el pasado. Este es uno de los logros de la astronomía moderna. Se han descubierto muchos detalles de los movimientos de los planetas que la antigua humanidad había comprendido en una especie de clarividencia, casi de ensueño. Anteriormente, dicho conocimiento se había conservado en los secretos de los templos de misterios y no estaba abierto a toda la humanidad.

En contraste, la astronomía moderna es una ciencia que está abierta a cualquier persona que haga el esfuerzo de estudiar. Y en esto la astronomía aunque este fundada matemáticamente, nos puede dar una manera de mirar el universo solar con nuevos conceptos, incluso espirituales. En los tiempos antiguos, todavía en Grecia, la humanidad por percepción clarividente era capaz de mirar hacia arriba, al cosmos y ver no sólo los planetas visibles, sino también las esferas de los planetas. Los griegos no experimentaban el planeta como una entidad en movimiento, sino en el ámbito global que indicaba la órbita del planeta. Todas estas esferas de los planetas fueron concebidas  concéntricamente alrededor de la Tierra. Entraban en rotación por los seres divinos que trabajaban en ellos, y por tanto también los planetas se mueven a lo largo de sus órbitas. El movimiento en el cosmos era causado por los seres divinos, de acuerdo con este punto de vista.

Hemos perdido por completo, el concepto de las esferas. El astrónomo moderno no se preocupa ya por las esferas. El movimiento es causado, de acuerdo con puntos de vista modernos, por factores puramente mecánicos en el universo. Sin embargo, es con la ayuda de la astronomía moderna que podemos continuar a través de nuevos conceptos por unos ámbitos que ofrecen grandes posibilidades. Las órbitas de los planetas no están dispuestas en círculos perfectos, ni tampoco se encuentran exactamente en la eclíptica, en el plano del sistema solar. En primer lugar, tenemos el Sol en el centro de acuerdo con el copernicanismo, pero fue Kepler quien descubrió que los planetas no se mueven en círculos, sino en elipses alrededor del Sol (ver Fig. 2.2.).

Esta trayectoria elíptica del planeta trae en ciertos momentos el perihelio (perigeo) ( (distancia más cercana al sol), y en otros en el afelio (apogeo) (es decir, mas lejanía del Sol). Estos elementos, como se les llama, son los medios para evaluar la vida interior de la esfera. A medida que el planeta se mueve a lo largo de su órbita, con el tiempo entra en su perihelio, lo que significa que estará más cercano al sol. En el afelio tendrá la distancia más larga. Estas posiciones indican el estado en que vive la esfera en un momento dado. Los planetas visibles son entonces como “lunas” que reflejan la vida de las esferas. (Las esferas son el espacio de volumen dentro de las órbitas.)

En el perihelio el planeta tiene una estrecha relación con el Sol y por lo tanto una conexión positiva con todo el sistema solar. En el afelio (perigeo) se expresa, por así decirlo, el deseo de desvincularse de este último, para volar lejos de él en el espacio exterior, a pesar de que no se puede lograr esto debido a que el Sol, aún así, mantiene unida a la familia planetaria. Así, podemos abrirnos paso a los nuevos conceptos de un universo viviente. Justo lo que parecía promover la idea de un cosmos puramente mecánico ofrece una mano para entrar en nuevos horizontes de la cosmología.

Hay otros aspectos descubiertos por la astronomía moderna. Estos constituyen otros elementos de los planetas. Se han establecido de forma muy precisa con la ayuda de métodos de cálculo modernos. Tomamos de nuevo el Sol en el centro (Fig. 2.3). Vemos que los planetas se mueven alrededor de él, junto con la Tierra. En el diagrama hemos insertado la órbita de la Tierra, y de otros planetas. Si tomamos los planos en los que se encuentran estas órbitas, es posible que a primera vista parezcan idénticos. Parece que se mueven en un disco común, por así decirlo. Sin embargo, una inspección más cercana revela que hay ligeras diferencias angulares. En otras palabras, las órbitas de los planetas están inclinadas, una respecto de la otra. Ahora puede tomar el plano en el que se mueve la Tierra en el curso de un año e investigar las inclinaciones de los planos planetarios en relación con el primero. Así obtenemos los pasos fronterizos, o líneas de corte entre estos planos. Estos son los nodos de los planetas con la órbita de la Tierra, o plano de la eclíptica, por lo tanto en cada planeta se establece un nodo ascendente y un nodo descendente. El nodo ascendente es el lugar relacionado con el zodiaco, donde el planeta sube por encima de la eclíptica, el nodo descendente donde se desciende por debajo. (Hemos utilizado los símbolos que la astronomía emplea comúnmente para los nodos.) Por supuesto, estos son sólo puntos matemáticos. No podemos verlos. (Tampoco podemos ver los perihelios y afelios de los planetas.) Sólo se puede calcular. Sin embargo, son realidades de gran importancia, que se refieren a la vida de las esferas en relación con la Tierra. Indican que en estos lugares las esferas tienen la posibilidad de contacto con la Tierra y sus habitantes. De este modo el copernicanismo moderno nos ofrece una vez más los medios para llegar al concepto de un universo viviente. Podemos obtener las tablas astronómicas que nos dan las posiciones exactas de los nodos, las posiciones precisas de las líneas afelio- perihelio, y así sucesivamente.

Trabajar y vivir con estos elementos, junto con ciertas ampliaciones que la visión geocéntrica puede proporcionarnos -que eventualmente puede canjear el sistema copernicano, el sistema heliocéntrico, ya que podemos introducir en ella un elemento de vida en contra de la visión del universo como un gran máquina. Y esto llegara a sentirse como una necesidad urgente.

Hemos investigado muy a fondo las posibilidades que se ofrecen por el hecho de los nodos y las líneas del afelio-perihelio (las líneas de los ápsides). Y hemos encontrado de hecho que en los tiempos en que los planetas se intensifican en estas líneas, los mecanismos característicos de las esferas planetarias y sus seres pueden discernir en los asuntos terrenales y los acontecimientos históricos. Sin embargo, nos gustaría subrayar también que en tales ocasiones es una cuestión de la conciencia humana y participación si estos eventos se pueden emplear en la Tierra de manera constructiva, o si, a causa de la negligencia o el rechazo,  van a trabajar en tono de reproche y de manera destructiva. Esto también es parte, y no menos importante, de la comprensión y la nueva relación de la humanidad con el mundo cósmico.

Traducido al español por Gracia Muñoz.

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN 1-888686-13-8

Todos los derechos reservados. Estos artículos son para uso privado, estudio e investigación y no han de ser reimpresos para ningún otro propósito sin el permiso escrito del Centro de Investigación de Astrosofía.

GA130. La dirección espiritual del hombre y de la humanidad.

Rudolf Steiner – Múnich 20 de Agosto de 1911

Que el Cristo es también guía de las Jerarquías superiores en los mundos que siguen al nuestro es lo que revela la ciencia que apareció en nuestra cultura bajo la denominación de Rosacruz desde los siglos XII y XIII, ciencia cuya necesidad, a partir de ese momento, hemos demostrado. Si, de acuerdo con esta concepción, examinamos más de cerca la entidad que vivió en Palestina y que consumó el Misterio del Gólgota, observaremos lo siguiente.

Hasta el presente, han existido muchas ideas acerca del Cristo; por ejemplo, ciertos cristianos gnósticos del siglo I, afirmaban: el Cristo que vivió en Palestina no tenía cuerpo físico carnal, sino una especie de cuerpo aparente, un cuerpo etéreo visible físicamente; por consiguiente, su muerte en la Cruz no fue real, sino aparente, puesto que no existía más que un cuerpo etéreo. Siguen diversas discusiones entre los partidarios del Cristianismo, por ejemplo, la famosa discusión entre arríanos y atanasianos, etc., y entre ellos, además, las más diversas interpretaciones sobre lo que el Cristo ha sido en realidad. Hasta en nuestros días elucubran los hombres las más diversas ideas acerca de esta insigne figura.

La ciencia espiritual reconoce en el Cristo, no una entidad meramente terrestre, sino cósmica, y también el hombre en cierto sentido lo es: vive una doble vida, una en el cuerpo físico, desde el nacimiento hasta la muerte, y otra en los mundos espirituales, desde la muerte hasta el nuevo nacimiento. Una vez el hombre ha encarnado, depende de la Tierra, porque su cuerpo físico está supeditado a las condiciones de existencia y a las energías terrestres.

Mas el hombre, no sólo asimila las substancias y esas energías terrestres, sino que está incorporado al organismo físico terrestre y lo integra. Cuando trasciende la muerte física, deja de pertenecer a la Tierra; pero sería incorrecto creer que está libre de toda fuerza: él queda entonces unido al sistema solar y a otros sistemas siderales. Entre la muerte y el nuevo nacimiento, vive dentro de lo cósmico, así como entre el nacimiento y la muerte vivía en los dominios terrenales.

Desde la muerte hasta el nuevo nacimiento, pertenece al Cosmos, al igual que en la Tierra pertenece a los elementos aire, agua, tierra, etc. Así durante su vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, mora en los dominios de la causalidad cósmica. Los planetas no irradian únicamente las fuerzas físicas de que nos habla la Astronomía, o sea, la fuerza de gravedad y otras de la misma índole, sino asimismo, energías espirituales, a las que el hombre se halla vinculado de una manera particular, según sea su individualidad: si ha nacido en Europa, su relación con las fuerzas calóricas, etc., es muy distinta de si hubiera nacido en Australia, por ejemplo.

He ahí lo que sucede entre la muerte y el nuevo nacimiento: uno está más relacionado con las fuerzas espirituales de Marte, otro más con las de Júpiter, algunos mas con las fuerzas del sistema planetario en su conjunto, las mismas fuerzas con las que regresa nuevamente el hombre hacia la Tierra: o sea, que en el intervalo anterior al nacimiento, vive generalmente vinculado con el espacio sideral.

De conformidad con las relaciones de cada individuo con el sistema cósmico, se determina también el impulso que lo conduce hacia una u otra pareja de padres, hacia una u otra región. Esta tendencia a encarnar aquí o allá, en esta o en aquella familia, en este o aquel pueblo, en este momento o en aquel otro, depende de cómo el individuo se halla incorporado al Cosmos antes del nacimiento.

Antiguamente se empleaba una expresión en lengua germánica extraordinariamente descriptiva respecto a lo que representa nuestro nacimiento. Cuando alguien nacía, se decía que había “juvenecido” en tal lugar, lo que implica alusión inconsciente al hecho de que, en el tiempo que media entre la muerte y el nuevo nacimiento, el hombre está sometido a las mismas fuerzas que lo llevaron a envejecer en la encarnación precedente, reemplazadas antes de nacer por otras que le retornan a la “juventud”. Es por ésto que emplea todavía Goethe en el Fausto, la expresión “juvenecido en Nebellandia” donde “Nebelland” es el antiguo nombre de la Alemania Medieval.

El horóscopo es posible para el conocedor de lo que antecede, pues se halla en condiciones de descifrar los poderes en virtud de los cuales una individualidad se introduce en la existencia física. A cada uno nos corresponde un determinado horóscopo, puesto que en él se revelan las fuerzas que nos han llevado a la existencia. Por ejemplo, cuando en el horóscopo, Marte se encuentra en el signo de Aries, esto significa que Marte impide el paso de ciertas influencias de Aries; las debilita. El individuo se adentra en la existencia física, y el horóscopo es lo que lo rige al adentrarse en ella. No tenemos por qué mencionar todo esto, considerando su cariz tan aventurado, en el presente. Pero sí hay que hacer hincapié en el hecho de que casi todo lo que se manifiesta hoy día en este sentido, es puro diletantismo, verdadera superstición, pues para el mundo exterior, la verdadera ciencia de todo esto se ha perdido en su mayor parte. Por consiguiente, los principios generales aquí expuestos, no deben juzgarse a la luz de ese algo tan ambiguo que se conoce como la astrología en el presente.

lvamos al tema: lo que empuja al hombre a la encarnación física son las fuerzas activas del mundo sideral. Y cuando el clarividente examina a una persona, puede percibir en su organización que ella es efectivamente producto de la conjunción de fuerzas cósmicas. Ilustremos esto en forma hipotética, pero en estricta correspondencia con la percepción clarividente. Si extrajéramos el cerebro físico de una persona y lo examináramos por clarividencia, viendo cómo está construido, cómo ciertas partes se localizan en lugares determinados, y desde ahí emiten apéndices, comprobaríamos que el cerebro es diferente en cada persona: no hay dos con cerebros iguales.

Si nos imaginamos que pudiéramos fotografiar este cerebro con toda su estructuración, de modo que tuviéramos una semiesfera visible en todos sus detalles, sería diferente la imagen para cada hombre. Y si tomáramos la fotografía del cerebro de una persona en el momento en que nace, y luego tomáramos también la de la bóveda celeste que queda exactamente encima del lugar de nacimiento, esta segunda fotografía nos mostraría lo mismo que la del cerebro humano. Así como éste está subdividido en determinadas partes, así también las estrellas en la fotografía del cielo. El hombre lleva en sí una imagen del espacio celeste, distinta para cada uno según el lugar y el momento en que haya nacido: he ahí la evidencia de que el hombre nace del Cosmos.

De aquí podemos elevarnos a la idea de la forma en que lo macrocósmico se muestra en cada individuo aislado, y, partiendo de ello, tratar de imaginar la forma en que se muestra en el Cristo. Si ahora nos lo imagináramos después del bautismo de San Juan como si, en El, lo macrocósmico se manifestara igual que en otro hombre cualquiera, caeríamos en un error.

Examinemos primero a Jesús de Nazaret. Este vivía en unas condiciones vitales muy especiales. Al principio de nuestra era, son dos niños Jesús que nacen: uno de ellos procedía de la línea nathánica de la casa de David; el otro de la línea salomónica de la misma casa: no habían nacido exactamente en el mismo momento, pero sí eran muy próximos. En el niño Jesús salomónico, que es el que describe el Evangelio según San Mateo, encarnaba la misma individualidad que había vivido anteriormente en la Tierra, como Zaratustra, con lo que el niño Jesús del Evangelio de San Mateo es el Zaratustra o Zoroastro reencarnado. Así, pues, la individualidad de Zaratustra se desarrolla en este niño Jesús hasta los doce años, tal como lo describe San Mateo. En ese año, Zaratustra abandona el cuerpo de ese niño y se traslada al del otro niño Jesús, que nos describe el Evangelio de San Lucas. Es por eso por lo que este último niño se transfigura repentinamente; y se asombran los padres cuando lo encuentran en Jerusalén en el templo, y el espíritu de Zaratustra se ha aposentado en él.

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Esto se nos revela diciendo que el niño, después de haberse perdido y de habérsele hallado en el templo de Jerusalén, hablaba de tal modo que sus padres no lo reconocían, ya que de él -del niño Jesús nathánico- sólo sabían cómo era anteriormente. Mas cuando empezó a discutir con los doctores del templo, pudo hablarles como lo hizo porque en él se había introducido al espíritu de Zaratustra.

Hasta su trigésimo año, el espíritu de Zaratustra vivió en el cuerpo del joven Jesús, del que procedía de la casa de David por la línea nathánica. En este cuerpo maduró hasta alcanzar mayor perfección todavía. Era aún preciso llamar la atención de que en este otro cuerpo, en el que ahora vivía el espíritu de Zaratustra, el cuerpo astral recibía los impulsos que Buda le irradiaba desde el mundo espiritual. Es cierto lo que nos relata la tradición oriental, de que el Buda nació siendo “Bodhisattva”, y de que fue en su vida terrenal, a los veintinueve años de edad, cuando ascendió a la dignidad de Buda.

Asita, el gran sabio hindú, fue llorando a palacio del padre de Buda, cuando el Gautama Buda era todavía un pequeñuelo y lloraba porque siendo vidente, podía saber que este príncipe sería el “Buda”, y como él se sentía viejo presentía que no viviría lo suficiente para contemplar cómo el hijo de Suddhodana se convertiría en El. Este sabio reencarnó otra vez en la época de Jesús de Nazaret. Es el mismo que nos presenta el Evangelio de San Lucas como el sacerdote del templo que ve aparecérsele el Buda en el niño Jesús nathánico. Y como lo veía, por eso dijo: “¡0h, Señor, deja que tu siervo se marche en paz, pues ya ha visto al Maestro!”. Lo que no pudo ver en otro tiempo en la India, lo veía ahora en el cuerpo astral de este niño Jesús que sale a nuestro encuentro en el Evangelio de San Lucas: el Bodhisattva convertido en Buda.

Todo esto fue necesario para que el cuerpo estuviese preparado para recibir lo que penetró en él con el bautismo impartido por San Juan en el Jordán. En dicho bautismo, la individualidad de Zaratustra abandonó al triple cuerpo, físico, etéreo y astral, que, de modo tan complicado, se había desarrollado para que el espíritu de Zaratustra pudiera morar en él. El renacido Zaratustra hubo de pasar por dos posibilidades evolutivas, representadas por los dos niños Jesús. Ante el Bautista estaba, por consiguiente, el cuerpo de Jesús de Nazaret, en el que se aposentaba entonces la individualidad cósmica del Cristo.

En cualquier otra persona, las leyes cósmico-espirituales se limitan al proceso de la vida terrenal. Luego, las leyes generales por las condiciones de la evolución terrestre entran en oposición con aquéllas. En Jesucristo, después del bautismo por San Juan, las únicas fuerzas efectivas eran las cósmico-espirituales, que no estaban bajo influencia alguna de las leyes evolutivas terrestres.

Durante todo el ambular de Jesús de Nazaret por Palestina como Jesucristo en los tres últimos años de su vida, del trigésimo al trigésimo tercero, lo invadía constantemente la entidad cósmica del Cristo en su plenitud. El Cristo se hallaba siempre bajo la influencia de la totalidad cósmica; en todo momento y lugar, las fuerzas cósmicas actuaban a través suyo. Lo que sucedía con Jesús de Nazaret era una continua realización del horóscopo, pues siempre acontecía lo que en el hombre sólo sucede al nacer. Y esto era únicamente posible gracias a que el cuerpo entero del Jesús nathánico permanecía influido por los poderes de las Jerarquías cósmico-espirituales que rigen a la Tierra. Mas si la totalidad del espíritu cósmico actuaba en Jesucristo, ¿quién era el que se encaminaba a Capernaúm o a cualquier otra parte?: Tenía el aspecto de un hombre como los demás; sin embargo, los poderes actuantes en El, eran las fuerzas cósmicas, que procedían del Sol y de las estrellas: ellas eran las que dirigían el cuerpo. En todo momento, los hechos de Cristo se regían según la totalidad óntica del Universo, que la Tierra integra.

Por eso se alude veladamente y con tanta frecuencia en los Evangelios a la Constelaciones en relación con los hechos de Jesucristo. Leemos en el Evangelio de san Juan cómo encuentra el Cristo a sus primeros discípulos, y encontramos esta afirmación: “era como hacia la hora décima porque el espíritu de todo el Cosmos se expresaba en esta circunstancia por la coincidencia de las relaciones de tiempo. Estas alusiones son menos claras en otros pasajes de los Evangelios, pero quien sabe leerlos las encuentra por doquiera.

Desde este punto de vista, deben juzgarse los milagros de Sus curaciones por ejemplo. Tomemos un solo pasaje, aquel en que se dice: “Una vez que el Sol se hubo ocultado, le trajeron a los enfermos, y El los curó» “¿Qué quiere decir esto? El evangelista nos hace notar que esta curación está relacionada con la totalidad de las constelaciones, y que dicha constelación cósmica, existente en el momento preciso, sólo pudo formarse después de la puesta del sol. Lo que significa que es después de la puesta del sol que podían influir las fuerzas curativas correspondientes. Jesucristo está representado como un intermediario, que enlaza a los enfermos con las energías cósmicas que producían un efecto curativo precisamente en esos momentos. Estas energías eran las mismas que, como fuerzas crísticas, actuaban en Jesús. La curación se produjo por la presencia del Cristo, porque gracias a Él, el enfermo quedaba a merced de las fuerzas curativas del Cosmos, cuyos efectos sólo podían producirse bajo las condiciones de espacio y tiempo que se daban en aquellos momentos y lugares. Así, esas fuerzas cósmicas actuaban sobre los enfermos por mediación de su representante, Jesucristo.

Pero su acción sólo era posible mientras el Cristo vivió en la Tierra; porque solamente entonces existía esa especial relación entre las constelaciones cósmicas y las fuerzas del organismo humano por cuyo intermedio la curación de determinadas enfermedades podía llevarse a cabo: el hombre enfermo recibía la salud que le otorgaba la constelación cósmica gracias a la presencia de Jesucristo. Es tan dudosa una repetición de tales circunstancias en el devenir cósmico y terrestre, como una segunda encarnación del Cristo en un cuerpo humano. Captado de este modo, el paso de Jesucristo por la Tierra aparece como la expresión terrenal de una determinada relación del Cosmos con las fuerzas del hombre. Un enfermo al lado del Cristo significa que aquél se encontraba, por la proximidad del Cristo, en una relación tal con el macrocosmos, que hacía posible el efecto curativo.

Con esto hemos indicado los puntos de vista que permiten reconocer que la dirección de la Humanidad se ha colocado bajo la influencia del Cristo. Pero las otras energías, las rezagadas de la época egipcio-caldea, continúan actuando al lado de las inspiradas por el Cristo. Esto se echa de ver también en las diversas actitudes que nuestro tiempo adopta con respecto a los Evangelios. Se publican obras literarias que se esfuerzan por probar de un modo extraño, que los Evangelios sólo pueden entenderse si se los interpreta astrológicamente. Los más grandes enemigos de los Evangelios invocan esta interpretación astrológica, y así, por ejemplo, el camino del arcángel Gabriel de Isabel a María, no significa otra cosa sino el pasaje del Sol de la constelación de Virgo a otra. En cierto sentido, esto es correcto, si bien estas ideas las inspiran en nuestra época las entidades que se quedaron sin realizar su objetivo evolutivo durante la época egipcio-caldea.

Con esto se pretende influir a la gente llevándola a creer que los Evangelios son puras alegorías que la integridad del Cosmos se conjuga en el Cristo, o sea, que su vida se desenvuelve en cada uno de sus pasos, en armonía con las circunstancias cósmicas que influyen constantemente en la existencia terrestre por mediación del Cristo. Una interpretación correcta, pues, debe llevarnos al pleno reconocimiento de la vida terrestre del Cristo, mientras que el citado error de que su vida se manifiesta en los Evangelios a través de las constelaciones cósmicas, nos lleva a la creencia de que solamente las constelaciones encierran la alegoría, y de que no existió ningún Cristo terreno y real.

Si se nos permite emplear un símil, diríamos esto: imaginemos a cada persona colocada debajo de un espejo esférico, espejo que refleja las imágenes de todo lo que la rodea. Supongamos ahora que tomamos un lápiz y vamos trazando los contornos de todo lo reflejado. Entonces podríamos tomar el espejo, y llevar esa imagen a donde quisiéramos, lo que presenta simbólicamente el que toda persona al nacer lleva en sí misma una reproducción del Cosmos, cuyos efectos únicos la siguen durante toda su vida.

Pero también podríamos dejar el espejo como está, de modo que, a cualquier parte donde se le lleve, refleje los objetos del ambiente, en cuyo caso nos dará una imagen del ambiente en cada momento. He ahí el símbolo de Cristo desde el bautismo de San Juan hasta el Misterio del Gólgota. Lo que con otras personas entra en la existencia terrenal al nacer, perdura en Jesucristo en todo momento. Y cuando se consumó el Misterio del Gólgota, la irradiación cósmica se fusionó con la substancia espiritual terrestre y quedó desde entonces unida al Espíritu de la Tierra.

Carta del Mº de Gólgota

Cuando Pablo adquirió el don de la clarividencia ante Damasco, pudo darse cuenta de que había pasado a estar en el Espíritu de la Tierra, lo que antes estaba en el Cosmos. Y de esto podrá convencerse todo aquel que se halle en condiciones de revivir en su alma el acontecimiento de Damasco. En el siglo XX, aparecerán los primeros hombres con estas condiciones, o sea, con la experiencia del Cristo por San Pablo.

Mientras que hasta ahora esto sólo podían experimentarlo las personas que adquirían poderes de videncia mediante la disciplina esotérica, en el futuro la evolución natural de la Humanidad hará posible para algunos, a partir de determinado momento del siglo XX la videncia del Cristo en la esfera espiritual de la Tierra, como una reviviscencia del acontecimiento de Damasco. Aumentará después, el número de estas personas, hasta que en un futuro lejano se convierta en una facultad natural del alma.

C1. Nueve Lecciones sobre las abejas .

Rudolf Steiner – Dornach, 3 de febrero de 1923 – GA351

English version

Buenos días, caballeros! desde nuestra última reunión, ¿tienen alguna pregunta?

(Se formuló una pregunta en cuanto a los efectos de la absenta, también se preguntó sobre la diferencia entre las abejas y las avispas.)

Dr. Steiner:

La pregunta formulada por el caballero de la audiencia, como especialista-maestro en abejas, llama la atención sobre la diferencia entre la vida de las abejas y la de las avispas. Es mucha su semejanza y ya he descrito recientemente la vida de las avispas. La vida de las abejas es muy parecida, pero, por otro lado, en la colmena hay una vida muy especial y notable. ¿Cómo podemos explicar esto?.

Ya ven, esto no se puede explicar completamente sin la facultad de percepción espiritual. Quien haya observado alguna vez  la vida de la colmena no podrá negar que está organizada con extraordinaria sabiduría. Naturalmente, no se puede decir que las abejas tienen el mismo tipo de inteligencia que los hombres, que usan el instrumento del cerebro, mientras que las abejas no tienen nada de eso, por lo que la sabiduría del Universo no puede irradiar en los cuerpos de la misma manera. Pero las influencias que vienen del universo que nos rodea, trabajan en la colmena, con un inmenso poder. De hecho, sólo se puede llegar a un entendimiento correcto de lo que es en realidad, la vida de las abejas si se tiene en cuenta que todo el entorno de la Tierra tiene una gran influencia sobre la vida de la colonia.

Esta vida en la colmena se basa en el hecho de que las abejas, en un grado mucho mayor que las hormigas y avispas, trabajan totalmente unidas, de manera que su actividad se organiza en una perfecta armonía.

Si uno entiende cómo sucede esto, tendría que decir: En la vida de la abeja todo lo que en otras criaturas se expresa como vida sexual, está, en el caso de las abejas, reprimido, notablemente suprimido, tanto, que en gran medida se impulsa hacia el fondo. Pueden ver que, en el caso de las abejas, la reproducción se limita a unas cuantas excepciones, hembras -la abeja reina- y unos pocos machos elegidos y en el resto, la vida sexual está mas o menos suprimida.

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Pero es el amor lo que está presente en la vida del sexo y el amor pertenece a la esfera del alma, y además, por el hecho de que ciertos órganos del cuerpo trabajan con las fuerzas del alma, estos órganos son capaces de revelar, de expresar amor. Y debido a que todo lo que esta reprimido en la naturaleza de las abejas se reserva solo para la abeja reina, la otra parte de la vida sexual de la colonia se transforma en la actividad que desarrollan las abejas.

Esta era la razón por la que en los tiempos antiguos, los hombres sabios, que tenían un conocimiento de todo esto bastante diferente del  de los hombres de hoy, podían relacionar la maravillosa actividad en la colmena, esta vida de amor, con la parte de la vida que se relaciona con el planeta Venus.

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Si describimos las avispas y las hormigas, podemos decir que son criaturas que, en cierto sentido, se retiran de la influencia de Venus, mientras que las abejas se entregan por entero a Venus, desarrollando una vida de amor comunitario en toda la colmena. Esta vida está llena de sabiduría; ustedes pueden observar cuánta sabiduría se encuentra en ella.

Ya he hablado varias veces sobre el proceso reproductivo y la inconsciente sabiduría que contiene. Esta sabiduría inconsciente la despliegan las abejas en su actividad exterior. Lo que experimentamos cuando surge el amor en nuestros corazones, es lo que se encuentra como sustancia, por así decirlo, en el conjunto de la colmena. La colmena entera está en realidad impregnada de amor. Las abejas individuales renuncian al amor de muchas maneras, y así se desarrolla el amor a lo largo de toda la colmena. Sólo se empieza a entender la vida de las abejas cuando se sabe que la abeja vive en un ambiente totalmente impregnado de amor.

Por otra parte la abeja sale muy favorecida, especialmente por el hecho de que se alimenta sólo de aquellas partes de las plantas que están totalmente impregnadas de amor. Las abejas succionan el alimento -que luego convierten en miel- exclusivamente de las partes de las plantas que se centran en el amor, por lo que llevan, por así decirlo, la vida amorosa de las flores a la colmena.

Por lo tanto podemos decir que la vida de las abejas debe ser estudiada mediante el uso del alma.

Esto no es tan necesario cuando se estudia a las hormigas o las avispas porque aquí vemos que a pesar de que se retiran hasta cierto punto, todavía se entregan a la vida del sexo. Con la excepción de la reina, las abejas en realidad son seres que, como me gusta describir se dicen a sí mismas “Vamos a renunciar a la vida sexual individual para transformarnos nosotras mismas en seres portadores de amor”. Así han podido llevar lo que vive en las flores a la colmena, y cuando comenzamos realmente a pensar todo esto, llegamos al misterio de la colmena.

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La vida que brota, el amor en ciernes que está en las flores también está allí, en el cosmos. También podemos estudiar lo que hace la miel cuando se consume. ¿Qué hace la miel? Cuando consumimos miel se promueve la conexión correcta en el hombre entre los elementos aéreos y los elementos acuosos. No hay nada mejor para el hombre que añadir la parte correcta de miel en su alimentación  Porque lo que podemos ver de una manera maravillosa en las abejas, el hombre aprende a trabajar con el alma en los órganos de su cuerpo. En la miel de la abeja se le da al hombre lo que necesita para impulsar la actividad de las fuerzas del alma en el cuerpo. Por lo tanto, cuando el hombre añade un poco de miel a su comida, si así lo desea, puede prepararse anímicamente para trabajar correctamente en su cuerpo – la respiración correcta.

La apicultura es por lo tanto algo que ayuda mucho a avanzar a nuestra civilización, ya que hace a los hombres fuertes.

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Cuando uno se da cuenta de que las abejas reciben influencias de los mundos estrellados, ve también cómo se puede transmitir al hombre lo que esta provisto para él. Todo lo que está vivo, cuando se combina acertadamente, trabajan juntos de la manera correcta. Cuando uno se encuentra ante una colmena de abejas tendría que decirse con solemnidad: “Por medio de la colmena el Cosmos entra en el hombre y le hace fuerte y capaz.”