Los terremotos, los volcanes y la voluntad humana

(Edouard Schuré – del libro “Tratado de Cosmogonía)

DECIMO SEXTA LECCION 

En una de las conferencias precedentes nos hemos remontado a la evolución humana hasta el punto en que apareció la división en sexos. A dicha separación se llegó luego de una lentísima preparación cósmica. Después de que la Noche Cósmica separara la Antigua Luna de la faz terrestre, la Tierra apareció primeramente mezclada con las fuerzas solares y lunares actuales. Todas ellas no formaban más que un solo cuerpo que, poco a poco, se diferenció, dando lugar a los otros tres cuerpos celestes que conocemos actualmente. Ahora bien, la división de los sexos es el resultado de la división entre las fuerzas lunares y las fuerzas terrestres. Las fuerzas femeninas de la reproducción han quedado bajo la influencia de la Luna. La Luna permanece relacionada a todo lo que rige en la Tierra la reproducción, tanto en el hombre como en los animales sexuados. Así es como los conocimientos que procura el Ocultismo revelan las acciones que están en juego en el sistema planetario. Cuando el Sol se encontraba unido todavía a la Tierra y a la Luna, no existían aún vegetales, animales ni seres humanos, en el sentido que damos a estas palabras actualmente. Sólo existía el Reino Vegetal, aunque bajo un aspecto muy distinto al que tiene hoy.

Dicho reino ha conservado una relación muy particular con las fuerzas solares, análoga a las del animal con la Luna o las del hombre con la Tierra. Mientras el Sol se mantuvo unido a la Tierra-Luna, las plantas dirigían sus flores hacia el centro del globo, pero, cuando aquel se separó, las plantas se orientaron hacia él y dirigieron en esa dirección sus flores.

Ya hemos visto anteriormente que adoptaron así una posición inversa a la del hombre, manteniéndose como éste verticalmente, pero en sentido contrario, mientras que el animal se encuentra como a mitad de camino entre la planta y el ser humano. Su columna vertebral es horizontal. A medida que se produjo la separación de estos tres cuerpos celestes, los reinos correspondientes fueron tomando sobre la tierra el aspecto que tienen actualmente: el Reino Vegetal al producirse la separación del Sol, el animal al separarse la Luna. En el compuesto primitivo de las fuerzas estaba ya contenido el germen de todo lo que más tarde tomó un aspecto físico. Si nos representamos una sustancia llevada a un elevado grado de calor, que luego se enfría, veremos cómo toman forma todos los elementos que ella contenía.

En los tiempos de la Antigua Luna encontramos igualmente fuerzas solares que, en una época determinada, se concentraron en un astro exterior a dicha Luna. La Luna giraba en torno de ese Antiguo Sol, de tal manera que siempre orientaba hacia aquél el mismo lado. La rotación de la Luna en torno de la Tierra es una continuación de dicho movimiento en torno del Antiguo Sol. Estos dos astros, al comienzo y al fin de este período cósmico, se fusionaron, de la misma manera que la Tierra, la Luna y el Sol se fusionaron al comienzo del actual Período Terrestre y se reabsorberán al final del mismo.

El efecto de estos dos antiguos astros no hubiera podido jamás actuar en la evolución si después de haberse separado, no hubieran refundido sus fuerzas. Lo que la Luna desarrolló mientras se mantuvo separada del Sol, son las fuerzas que permitieron más tarde la aparición de un tercer cuerpo. Durante esta separación el hombre pudo desarrollar aquello que tomaría un aspecto físico y que le permitiría poseer sobre la Tierra una conciencia objetiva: la conciencia de vigilia.

El Período que precedió a este Período Lunar se denominó la Epoca Solar. En este punto de la Evolución todo era de la naturaleza de la Vida Solar. El ocultismo ve en el Sol una estrella fija que antes había sido un planeta, de la misma manera que vemos en la Tierra actualmente a un planeta destinado a convertirse más tarde en el Sol de un sistema que vendrá. Durante el período Solar el hombre tenía una conciencia parecida a la del sueño sin ensueños.

Pero aun hubo otro estado que precedió a este Período Solar. Entonces el Sol no era aún ni siquiera un planeta. El hombre no tenía más que una conciencia similar al trance profundo. No era aún el ser hecho de luz en que se convertiría en el Período Solar suficiente: vibraba solamente como un sonido en la pura armonía de este Período Saturnino, con el cual nada tiene que ver, por supuesto, nuestro actual planeta Saturno.

Después de nuestro período terrestre de clara conciencia física. vendrá el quinto período de imaginación astral consciente, en el decurso de una época que se denominará Período de Júpiter. Más tarde sobrevendrá el Período de Venus, en el cual se tomará consciente lo que hoy es para él el sueño inconsciente y finalmente se presentará el Período de Vulcano, que corresponderá al estado de conciencia más elevado que puede alcanzar un iniciado.

Sin embargo, las relaciones entre la Tierra y los planetas no terminan ahí. Nuestro Período Terrestre actual puede dividirse en dos partes. Durante el primero se preparó lo que hizo nuestra sangre roja. ¿Qué fué lo que nos dió la sangre roja? Al producirse la separación entre la Tierra y el Sol, este globo, compuesto de sustancias muy flúidas, fue atravesado por sustancias igualmente flúidas del planeta Marte. Antes de este pasaje de Marte no existía en la Tierra el menor vestigio de hierro. Este fue el resultado de aquella influencia: todas las sustancias que contienen hierro, como nuestra sangre, han sufrido la influencia de Marte. Este coloreó la sustancia de la Tierra y su influencia permitió la aparición de la sangre roja.

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De ahí que se llame Período Marcial a la primera mitad del Período Terrestre. El hierro era entonces una sustancia fluida. Los metales no se endurecieron sino mucho después. El único metal que todavía no se ha solidificado es el mercurio. Cuando se endurezca, el alma del hombre se habrá vuelto independiente del cuerpo físico y la visión astral imaginativa se hará consciente. Este hecho está ligado a las fuerzas de Mercurio, que influenciaron la segunda parte del Período Terrestre conforme se van densificando para solidificarse. La Tierra es a la vez Marte y Mercurio. Los iniciados hicieron pasar estos hechos al lenguaje común, adjudicando los días de la semana a los planetas que pertenecen a nuestra evolución. Marte y Mercurio están colocados entre la Luna y Júpiter.

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Con respecto al interior de la Tierra, la ciencia física no conoce todavía más que la corteza externa, la capa o estrato mineral que no es más que una delgada película que cubre la superficie de la Tierra. En realidad, la Tierra está compuesta por una sucesión de estratos concéntricos que describiremos a continuación:

1º El Estrato Mineral, que contiene los metales cuya sustancia se encuentra en el cuerpo físico de todos los seres que viven en su superficie. Esta corteza, que es como la piel de ese ser vivo que es la Tierra, no tiene más que algunas millas de espesor.

2º No es posible comprender este segundo estrato o capa sino mediante el concepto de que existe una materia opuesta a la que conocemos. Es una vida negativa: en realidad, lo opuesto a toda vida. Allí toda vida se extingue. Una planta, un animal que se sumergiera en ese estrato sería aniquilado inmediatamente, disuelto en la masa. Esta segunda capa o estrato, semilíquido, que envuelve a la tierra, es verdaderamente un círculo de muerte.

3º El Tercer Estrato es un círculo de conciencia invertida. Todo dolor parece allí un placer, toda alegría en una pena. Su sustancia, hecha de vapores, se comporta en relación con nuestros sentimientos, de la misma manera negativa que el segundo estrato con relación a la vida.

Si mentalmente separamos estos dos estratos, encontramos entonces la Tierra en el estado en que estaba antes de que la Luna se le separara. Si podemos elevarnos por la concentración hasta una visión astral consciente, se ve obrar a estos dos estratos: la destrucción de toda vida por el segundo, la transformación de los sentimientos por el tercero.

4º El cuarto círculo o estrato se denomina la tierra-acuosa, la tierra-alma, la tierra-forma. Posee una propiedad notable. Si uno se representa un cubo, aquí aparecería invertido con respecto a la sustancia. Allí donde había sustancia, no existiría nada ahora, el espacio ocupado por ese cubo estaría completamente vacío, pero en torno de él estaría distribuida esa sustancia, la forma sustancial. De ahí el nombre de tierra-forma. Aquí, este torbellino de formas, en vez de ser como un molde negativo, es una sustancia positiva.

5º Este círculo se llama la tierra de los crecimientos. Encierra la fuente original de la vida terrestre, sustancia hecha de energías hirvientes y pululantes.

6º Esta es la tierra ígnea, sustancia compuesta de voluntad pura, elemento de vida, de movimiento, atravesada incesantemente por impulsiones, pasiones y movimientos, verdadero receptáculo de fuerzas volitivas. Si se ejerciera una presión sobre esta sustancia, resistiría y se defendería. Cuando mentalmente hacemos abstracción de estos tres nuevos círculos, llegamos al estado en que estaba el globo cuando la Tierra, el Sol y la Luna formaban un solo cuerpo. Los círculos que siguen no son accesibles más que a la observación consciente no sólo del sueño sin ensueños, sino del sueño o trance profundo, vuelto consciente.

7º Este estrato es el espejo de la Tierra. Semejante a un prisma, descompone todo lo que en él se refleja, haciendo aparecer la faz complementaria. Contemplado a través de una esmeralda, aparecería como rojo.

8º En este círculo todo aparece como fragmentado y reproducido hasta el infinito. Si se toma una planta o un cristal y se concentra en este círculo, la planta o el cristal aparecen multiplicados indefinidamente.

9º Este último estrato está compuesto por una sustancia dotada de acción moral, pero su moral es la opuesta a la que debe desarrollarse en la tierra, porque su esencia, su fuerza inherente, es la separatividad, la discordia y el odio. Es aquí donde se encuentra Caín en el Infierno del Dante. Esta sustancia es lo opuesto de todo lo que el hombre considera bueno o bien. El trabajo de la humanidad para establecer la fraternidad sobre la tierra disminuye otro tanto el poder de esta esfera. Es la fuerza del amor la que transformará y espiritualizará gradualmente el cuerpo mismo de la Tierra. Este noveno estrato es el origen sustancial de la que en la tierra se presenta como Magia Negra, es decir, la Magia fundada en el egoísmo.

Todos estos estratos o esferas concéntricas se comunican entre sí por rayos que unen el centro de la tierra, con su superficie. En el círculo periférico, en el seno de la tierra firme, se encuentran numerosísimos espacios subterráneos que comunican con el Sexto Estrato, el del Fuego. Este elemento de la tierra-ígnea se encuentra en estrecha afinidad con la voluntad humana. Esta es la que ha producido las erupciones formidables que pusieron fin a la Epoca Lemúrica. Las fuerzas que alimenta la voluntad humana pasaron entonces por una prueba que desencantó el fuego en que pereció el Continente Lemúrico. En el curso de la Evolución, este sexto estrato se fue hundiendo más y más hacia el centro de la tierra y a este hecho débese que las erupciones volcánicas se fueran haciendo menos y menos frecuentes. Pero aun se producen bajo la acción de la voluntad humana, que obra magnéticamente sobre esta esfera, sacudiéndola, cuando aquella es malvada y desordenada. Despojada de todo egoísmo, la voluntad humana puede, por el contrario apaciguar ese fuego.

Las épocas materialistas se encuentran especialmente acompañadas y seguidas de cataclismos terrestres, terremotos, etc. La fuerza creciente de la Evolución es la única alquimia que puede transformar poco a poco el organismo y el alma de la tierra. Un ejemplo de estas relaciones entre la voluntad humana y los movimientos que agitan la tierra es el siguiente: las personas que perecen a consecuencia de los terremotos o de erupciones volcánicas, ven aparecer, en el curso de su siguiente encarnación, ciertas cualidades internas muy diferentes; traen al nacer grandes disposiciones espirituales, porque han entrado, por esa muerte, en relación con un elemento que les ha mostrado la faz real de las cosas y la ilusión de la vida material.

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También se ha observado alguna relación entre algunos nacimientos y las catástrofes sísmicas y volcánicas. En las épocas catastróficas se encarnan voluntariamente almas materiales que se ven atraídas simpáticamente por los fenómenos volcánicos, así como por las convulsiones del alma maligna de la tierra. Y estos nacimientos pueden, a su vez, recíprocamente, provocar nuevos cataclismos, ya que, recíprocamente, las almas malvadas tienen una influencia excitante sobre el fuego terrestre. La evolución de nuestro planeta sigue estrechamente la evolución de las fuerzas humanas y de las civilizaciones.

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