Piedras fundamentales para la comprensión del Misterio del Gólgota

Rudolf Steiner – GA175. Octava conferencia.

Traducido y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.

English version

Es muy importante para la época actual y para el futuro de la humanidad el tener presente que la comprensión de Cristo Jesús y el Misterio del Gólgota no depende de los resultados que la historia oficial acepta hoy como científicos, es necesario  adquirir un conocimiento de Cristo y del Misterio del Gólgota que nos pueda llevar a esa convicción y que sea  susceptible de comprobación.

Busquemos otras fuentes que las de la investigación histórica contemporánea, incluso cuando estas fuentes sean los propios Evangelios. Muchas veces he dicho, y cualquier persona que se refiera a la literatura más relevante puede verificarlo por sí misma, que la investigación más diligente, asidua y minuciosa se ha dedicado a la crítica o la exégesis de los Evangelios durante el siglo XIX.

Esta crítica a los Evangelios solo ha dado resultados negativos; de hecho, ha servido más bien para destruir y socavar nuestra fe en el Misterio del Gólgota, en lugar de confirmarla y corroborarla. Sabemos que muchas personas hoy en día, no por un espíritu de contradicción, sino porque ante la evidencia de la investigación histórica no pueden hacer otra cosa, han llegado a la conclusión de que no hay ninguna justificación puramente histórica para la atribución  de la existencia de Cristo Jesús en los  inicios de nuestra era. Por supuesto, esto no puede ser refutado, pero eso no tiene importancia.

Ahora les  propongo discutir otras fuentes y de ser  posible descubrir otras distintas a las históricas, que puedan contribuir a la comprensión del Misterio del Gólgota.

Antes de responder a cualquier cuestión vamos a examinar primero algunos hechos de la historia oculta. Al trazar el desarrollo del cristianismo durante los primeros siglos de nuestra era debemos mantener en el espíritu, el hecho de  que es difícil comprender esta evolución, a menos que reforcemos la investigación puramente histórica con los hallazgos de la Ciencia Espiritual. Si aceptamos por el momento, de manera puramente hipotética, los hechos de la investigación científico-espiritual de este período, entonces se desplegará ante nosotros una imagen muy especial. Al revisar este desarrollo durante los primeros siglos nos damos cuenta, en efecto, que el Misterio del Gólgota se ha cumplido no sólo una vez -como un hecho aislado en el Gólgota- sino, en sentido figurado, por segunda vez sobre el majestuoso panorama de la historia. Cuando estudiamos este periodo se manifiestan cosas verdaderamente esenciales.

La Iglesia de Roma tiene una tradición de continuidad que se refleja en la historia de la Iglesia. Esta historia describe la fundación del cristianismo, los primeros Padres de la Iglesia y los Papas  que se sucedieron después del  Concilio de Nicea, y de los filósofos cristianos posteriores a él, así como la formulación por los Concilios de dogmas particulares,  como la infalibilidad de los Papas y así sucesivamente. La historia es considerada como una cadena ininterrumpida, un patrón uniforme de carácter inmutable. Es cierto que los Padres de la Iglesia han sido muy criticados desde ciertos ángulos. Pero sobre todo el pueblo tiene miedo a rechazarlos por completo, ya que en ese caso se rompería la continuidad. La Historia propiamente dicha comienza con el Concilio de Constantinopla en el año 869, del cual ya les he hablado. Y como les dije, la historia se presenta como una cadena ininterrumpida, como un proceso continuo. Pero si hay una brecha radical en algún  lugar, está  aquí, en este proceso aparentemente continuo. Difícilmente se puede imaginar un mayor contraste que el contraste entre el espíritu de los Padres de la Iglesia y el de los Papas después del Concilio de  Nicea, tanto como sus decretos conciliares. Hay una diferencia que esta radicalmente escondida, ya que está en el interés de la Iglesia el ocultarlo. Por esta razón, ha sido posible mantener hasta hoy a los fieles en la ignorancia de lo que sucedió en los primeros siglos de la era cristiana. Por ejemplo, no tenemos una evidencia clara y fiable, incluso de los grandes sabios; de cómo la Gnosis llegó a ser suprimida. Y nos quedamos  igualmente en la oscuridad en relación  a los objetivos e intenciones de hombres tales como Clemente de Alejandría, su discípulo Orígenes y otros (nota 1), entre ellos Tertuliano, pues la información fragmentaria que poseemos es de procedencia dudosa y se deriva en su mayor parte de los escritos de sus adversarios. Por esta razón y porque han sido construidas las teorías más fantásticas sobre esta información fragmentaria, es imposible obtener una verdadera imagen de los primeros Padres de la Iglesia.

Con el fin de tener una comprensión clara de este problema debemos dirigir nuestra atención por un momento a las causas de esta indefinición, a todo aquello que ha sucedido para que el Misterio del Gólgota pudiera tener lugar por segunda vez en la historia.

Rudolf Steiner. Misterio del Gólgota.

Rudolf Steiner. Misterio del Gólgota.

 

En el momento del Misterio del Gólgota los antiguos cultos y Misterios paganos se habían expandido. Y eran de tal importancia como para que una figura como Juliano el Apóstata fuera iniciado en los Misterios de Eleusis y una larga sucesión de emperadores romanos también recibieran la iniciación, aunque de una manera peculiar. Todo lo relacionado con los antiguos cultos paganos todavía sobrevivía. Pero estos hechos suelen ser minimizados hoy a pocas palabras por los historiadores contemporáneos. Los acontecimientos de ese período temprano son retratados de una manera muy superficial; pues esta interpretación superficial puede proporcionar una  justificación  a los ojos de muchos, para hablar de un segundo Misterio del Gólgota. Pero las personas no tienen la más mínima comprensión del significado interior de estos eventos.

Desde un punto de vista exterior, se puede decir que en los primeros siglos cristianos los templos paganos, con estatuas de un esplendor y magnificencia que hoy son inconcebibles, estaban esparcidos por extensas regiones. Estas imágenes (de los dioses), incluso en sus detalles más formales, eran una representación simbólica de todo lo que se había vivido en los antiguos Misterios. No sólo había en las ciudades o localidades abundantes representaciones de formas de arte simbólicas, sino en los campos donde los campesinos cultivaban sus cosechas también se encontraban santuarios aislados, cada uno con la estatua de un Dios. Y nunca emprendían labores agrícolas sin antes ponerse en contacto con las fuerzas que ellos  creían, fluían del  universo a través del poder mágico que residían en esas imágenes.

Los emperadores romanos, con el apoyo de los obispos y sacerdotes, se ocuparon de destruir completamente estos templos y santuarios junto con sus imágenes. Podemos seguir esta obra de iconoclasia hasta la época del emperador Justiniano en el siglo VI. Innumerables Edictos fueron promulgados ordenando la destrucción despiadada de estos templos y santuarios. Durante esos siglos una ola de iconoclasia recorrió el mundo de manera que no hay precedentes en la historia de la humanidad; no hay precedentes debido a la magnitud de la destrucción sistemática (nota 2). Hasta el momento en que San Benito con sus propias manos y el apoyo de sus obreros  nivelaron el templo de Apolo en Monte Cassino con el fin de fundar un monasterio dedicado al servicio de la Orden Benedictina en ese mismo lugar, y hasta el momento del emperador Justiniano,  uno de los deberes principales de los emperadores romanos (desde que Constantino se convirtió al cristianismo) fue erradicar todo rastro de paganismo. Se promulgaron edictos cuyo propósito aparente era detener esta obra de destrucción, pero al leerlos uno recibe una impresión diferente. Un emperador, por ejemplo, publicó un edicto declarando que todos los templos paganos no debían ser destruidos inmediatamente por temor a inflamar a la población; la obra de destrucción debería llevarse a cabo poco a poco, para que el pueblo pudiera aceptarlo sin reparos.

Todas las terribles medidas asociadas con esta obra de destrucción se pasaron muy a menudo por alto como tantas otras cosas. Pero esto fue un error.  Siempre que de alguna manera se oculta la verdad, el camino que lleva a Cristo Jesús también se oculta, no pudiendo ser encontrado. Y ya que he hablado de este amor sincero a la verdad, permítanme referirme a un pequeño incidente que ocurrió en mi primera infancia y que nunca olvidaré. Este tipo de cosas son de lo más reveladoras. A menos que voluntariamente nos ceguemos, aprendemos por la  historia de los emperadores romanos que Constantino no era precisamente un modelo de virtud, de lo contrario no habría  acusado a su propio  hijastro, sin justificación alguna, de tener relaciones ilícitas con su propia madre. La acusación fue una pura invención con el fin de tener un pretexto para asesinarle. Constantino, primero asesinó a su hijastro con esta falsa acusación y luego a su madrastra. Estos actos eran simple rutina para Constantino. Sin embargo, dado que la Iglesia estaba profundamente en deuda con él, la historia oficial de la Iglesia se avergüenza de retratarlo con sus verdaderos colores.

Constantino

Constantino

Con el permiso de ustedes me gustaría leer un pasaje del libro de texto de mi escuela sobre la historia de la religión que se refiere a Constantino:

«Constantino se mostró como un verdadero hijo de la Iglesia, incluso en su vida privada» –esto es un ejemplo de lo que les he estado hablando-  «Aunque a menudo se le reprochó por su irascibilidad y ambición, se debe recordar que la fe no es una garantía contra todo desfallecimiento moral y que el cristianismo no podía manifestar su poder redentor en él, ya que, hasta al final de su vida, él nunca participó del Sacramento».

Ejemplos de este tipo de encubrimiento son habituales. Demuestran cómo rara vez la historia muestra amor a la verdad. Y lo mismo se aplica a la historia reciente.  Podríamos encontrar otras distorsiones, pero no vamos a ocuparnos de ello, porque tenemos puesta la atención en otro asunto ahora.

Cuando leemos el relato de estos edictos imperiales (relativos a la destrucción de los templos paganos) se nos informa de que los emperadores romanos rechazaron expresamente el sacrificio de animales y prácticas similares que presuntamente tenían lugar en esos templos. Mi intención no es la de criticar o de pasar por alto nada, sino simplemente exponer los hechos. Pero debemos recordar que «la oposición al sacrificio de animales»” (de las entrañas de los cuales se dice que se predecían los acontecimientos futuros) era de hecho, una forma decadente de sacrificio. No era un asunto trivial como la historia sugiere a menudo, sino una ciencia profunda, con un carácter diferente al de la ciencia de hoy. El objeto del sacrificio de animales -y es difícil hablar de estas prácticas hoy, porque lo encontramos tan repugnante que sólo podemos referirnos a ellos en términos generales- era estimular facultades que, en ese momento, no podían alcanzarse directamente, pues ya había pasado la época de la antigua clarividencia.

Dentro de ciertos círculos del sacerdocio pagano se hicieron los intentos por revivir los antiguos poderes de clarividencia.  Y este fue uno de los métodos empleados. El método más satisfactorio para despertar esta antigua clarividencia atávica con el fin de recuperar el espíritu de los tiempos primitivos fue el revivir la forma particular de sacrificio practicada en los Misterios de Mitra y de la manera más espiritual conocida por los misterios de la época.

Templo a Mitra

Templo a Mitra

 En los Misterios sacerdotales de Egipto y en sus templos se llevaron a cabo las prácticas más brutales y sanguinarias. Cuando estudiamos los Misterios de Mitra por medios ocultos nos damos cuenta de que eran una manera de profundizar en los secretos de las fuerzas que operan en el universo a través de ritos de sacrificio y totalmente diferentes en carácter de lo que entendemos por ritos de sacrificio hoy; de hecho producía una visión mucho más profunda de los secretos de la naturaleza que la práctica moderna de la autopsia, que sólo conduce a un conocimiento superficial. Las personas que realizaban estos ritos sacrificiales de la manera correcta eran capaces de percibir clarividentemente ciertas fuerzas que están presentes en las profundidades ocultas de la naturaleza. Y por esta razón los motivos reales de estos sacrificios rituales se mantuvieron en secreto y sólo se les permitía tener conocimiento de ellos a aquellos que estaban adecuadamente preparados.

Ahora, cuando miramos el origen de los Misterios de Mitra nos encontramos  que se remontan a la Tercera época post-Atlante por lo que ya estaban en decadencia en la época de la que estamos hablando. En su forma más pura fueron aptos para la tercera época post-Atlante donde llegaron a su punto culminante. Gracias a  la celebración de estos ritos aunque de una manera misteriosa y peligrosa, obtenían el poder de penetrar profundamente en los secretos de la naturaleza. El sacerdote llevaba a cabo ciertos ritos en presencia del neófito donde se le permitía la «descomposición» de sustancias naturales (es decir, la disolución de  sus partes constitutivas) para de esta manera llegar a una comprensión de los procesos de la naturaleza. Gracias a la manera en que el fuego y el agua interactuaban el uno con el otro y a través de la forma en que reaccionaban sobre el neófito que tomaba  parte en el sacrificio, se abría un camino especial que les permitía alcanzar un autoconocimiento hasta de las fibras inferiores de su cuerpo, llegando así  a una comprensión del universo.

Al participar en estos ritos sacrificiales el hombre aprendió a verse a sí mismo desde una nueva luz. Pero este conocimiento a su vez revitalizaba considerablemente  la debilidad del hombre. El autoconocimiento es muy difícil de adquirir, y estos ritos sacrificiales tenían el objeto de facilitar ese conocimiento y les permitía sentir y experimentar su vida interior más intensamente que a través de procesos intelectuales o conceptuales. Trabajaban pues, por un conocimiento de si, que penetraba hasta su organismo físico, un autoconocimiento que se puede ver en las almas de los grandes artistas de la antigüedad; en una cierta medida, debían su sentido de la forma a un sentimiento instintivo de  las formas y movimientos de la naturaleza que experimentaban en su propio organismo. Al mirar hacia atrás en la historia del arte, podemos constatar  que hubo un tiempo en que el artista nunca soñó con trabajar a partir de modelos; cualquier sugerencia de trabajar a partir del modelo habría sido impensable. Llegamos a ser cada vez más conscientes de que el artista retrató sus imaginaciones visuales en forma concreta. La imaginación visual es una cosa prácticamente del pasado; apenas nos atrevemos a mencionarlo porque las palabras son insuficientes para dar una indicación real de lo que queremos decir con esto. Es increíble lo mucho que han cambiado los tiempos.

Los Misterios de Eleusis fueron la continuación directa de los Misterios de Mitra y estaban ampliamente difundidos en el momento del Misterio del Gólgota, pero al mismo tiempo, representaban un aspecto totalmente diferente. Mientras que los Misterios de Mitra  destacaron la realización  del autoconocimiento a través del organismo físico, los Misterios de Eleusis eran muy diferentes. En los Misterios de Mitra el neófito estaba profundamente inmerso en sí mismo; en los Misterios de Eleusis el alma se liberaba del cuerpo para que pudieran salir al exterior los impulsos ocultos de la actividad creativa de la naturaleza y el espíritu. Ahora bien, si nos preguntamos qué aprendía el hombre de estos Misterios -de los Misterios de Mitra que ya estaban en decadencia y de los Misterios de Eleusis que alcanzaron su punto más alto hacia el siglo IV antes de Cristo- si preguntamos en que se beneficiaba el hombre de estos misterios, entonces la respuesta se encuentra en la conocida orden del oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. La Iniciación se dirigía a la consecución del autoconocimiento por dos caminos diferentes: en primer lugar, por el autoconocimiento llevado  hacia el interior de manera que los cuerpos astral y etérico se «condensaran», por así decirlo, y por el impacto de lo psíquico en lo físico, el hombre se decía: «Ahora te percibes a ti mismo por lo que eres; has alcanzado la autoconciencia». Tal fue el legado de los Misterios de Mitra.

En segundo lugar, en los Misterios de Eleusis, se alcanzaba el autoconocimiento a través de la liberación del alma del cuerpo por medio de diversos ritos que no se pueden describir aquí en detalle. Así, el alma entraba en contacto con el poder secreto del Sol, con impulsos solares que irradiaban a la Tierra, con las fuerzas impulsoras de la Luna que fluyen a la Tierra, con las fuerzas de los impulsos estelares y los impulsos de las fuerzas elementales individuales -el calor, el aire y el fuego y así sucesivamente. Los elementos exteriores se transmitían a través del alma del hombre (que había sido retirada del cuerpo) y en este encuentro con las fuerzas exteriores alcanzaba el autoconocimiento. Los que conocían el significado real de las enseñanzas de los Misterios sabían que el hombre podía alcanzar todo tipo de experiencias psíquicas fuera del cuerpo, pero que era incapaz de comprender concretamente la idea del Yo. Fuera de los Misterios la idea del Yo era un concepto puramente abstracto en esa época. El hombre podía experimentar otros aspectos de la vida psíquica y espiritual, pero el Yo tuvo que ser alimentado a través de su capacitación en los Misterios y necesitaba un poderoso estímulo. Este era el objetivo de los Misterios y era conocido por los iniciados.

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Oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”

 

Ahora, como ustedes saben, en esa época se produjo una especie de fusión entre la evolución del cristianismo  y el imperio romano. Ya he descrito cómo surgió esto y cómo, a causa de esta fusión, la Iglesia estaba ansiosa por suprimir, en la medida de lo posible, esos ritos que acabo de describirles, de borrar todas las huellas del pasado y de ocultar a la posteridad todo conocimiento de las prácticas de los Misterios que a lo largo de los siglos habían tratado de llevar al hombre, bien sea dentro  del  cuerpo o fuera del mismo, a entrar en contacto con las fuerzas espirituales que le ayudaban a desarrollar la conciencia del Yo.

Si queremos hacer un estudio más detallado de la evolución del cristianismo debemos tener en cuenta no sólo el desarrollo del dogma, sino sobre todo el desarrollo de los cultos antiguos desde cierto punto de vista; esto es mucho más importante que la evolución del dogma. Pues los dogmas son una fuente de controversia y como el ave fénix vuelven a surgir de sus propias cenizas. Por mucho que podamos imaginar que se han erradicado, siempre hay alguna manivela que viene a revivir los viejos prejuicios. Los cultos son mucho más fáciles de erradicar. Y estos antiguos cultos que, en cierto sentido, eran los signos y símbolos de las prácticas externas de los antiguos Misterios, habiendo sido suprimidos, nos sería imposible descubrir la supervivencia de los antiguos ritos o métodos por los que el hombre trató de entrar en contacto con  las fuerzas divino-espirituales.

Con el fin de llegar al fondo de la cuestión hay que echar un vistazo al principal sacramento de la Iglesia de Roma, el sacrificio de la Misa. ¿Cuál es el significado interno de la misa católica?  En realidad, la misa y todo lo que se relaciona con ella, es una continuación y desarrollo de los Misterios de Mitra, mezclado en cierta medida con los Misterios de Eleusis. El sacrificio de la Misa y muchas de las ceremonias relacionadas con ella son simplemente un desarrollo de los cultos antiguos. El rito original se transformó muy poco; el carácter sanguinario que habían asumido los Misterios de Mitra ha sido modificado. Pero no podemos dejar de observar muchas similitudes en el espíritu de estos dos cultos, especialmente si apreciamos ciertos detalles. Por ejemplo, tanto el sacerdote antes de recibir la Hostia, como  el comulgante deben ayunar durante un periodo determinado. Este detalle es muy importante para la comprensión del Misterio en cuestión que muchos de los asuntos que se debatieron ferozmente en la Edad Media. Y si el sacerdote, que así puede suceder, es negligente con  el ayuno antes de la celebración de la Eucaristía, la comunión pierde su significado y el efecto que debería tener. De hecho su eficacia se pierde en gran parte porque los comulgantes no han sido instruidos correctamente. Puede ser eficaz sólo si se le ha dado al comulgante la instrucción adecuada en lo que él debería experimentar inmediatamente después de recibir el «sacrificio incruento (sic) del Cuerpo y la Sangre». Pero sin duda ustedes son conscientes de la poca atención que se presta a estas sutilezas hoy en día, lo poco que la gente se da cuenta de que a la comunión le debe seguir una experiencia interior, que se debe experimentar una intimidad interior, una especie de renovación moderna de la estimulación que el neófito experimentaba en los Misterios de Mitra.  Y es esto lo que está realmente detrás  del culto cristiano.

Y la ordenación fue un intento de la Iglesia de establecer una especie de continuidad del antiguo principio de la Iniciación. Pero ella olvidó en muchos casos que la iniciación consistía en dar instrucciones de cómo  responder a ciertas experiencias.

Ahora bien, el objetivo declarado de Juliano era descubrir cómo los Misterios de Eleusis en los que había sido iniciado estaban relacionados con los Misterios de la tercera época post-Atlante. ¿Qué podría aprender de estos misterios?. En relación a esto la historia no nos dice nada. Si tuviéramos que embarcarnos en un estudio serio de cómo los hombres como Clemente de Alejandría, su discípulo Orígenes, Tertuliano y hasta Ireneo ( nota 3 ) por no decir nada aún respecto a los anteriores Padres, procedentes en parte del principio de la iniciación pagana y que desembocaron de esta manera  en el cristianismo; si pudiéramos entrar en el espíritu de estas grandes almas, encontraríamos que sus conceptos e ideas estaban expresados en ellos por una vitalidad interior peculiar, donde habitaba un espíritu totalmente diferente del que se reflejó más tarde en la Iglesia. Si queremos comprender el Misterio del Gólgota debemos capturar algo del espíritu de estos primeros Padres.

En relación con las grandes manifestaciones culturales los hombres están profundamente dormidos, y lo digo literalmente. Ven el mundo como si fuera un sueño, lo podemos observar en la actualidad. Muchas veces les he hablado de Herman Grimm (nota 4), y debo confesar que cuando hablo de él hoy, soy una persona diferente de la persona que habló de él hace unos cuatro o cinco años. Después de casi tres años de la Guerra, las décadas anteriores a la Guerra y los años inmediatamente precedentes a ella,  parecen como una edad de oro. Todo lo que ha sucedido en esos años pareciera haber transcurrido en siglos. Las cosas han cambiado tanto que uno tiene la sensación de que el tiempo se ha prolongado infinitamente. Y de la misma manera las cosas más importantes han pasado desapercibidas para la humanidad que está dormida.

Si hoy tratamos de captar las ideas de los escritores antiguos con el método ordinario del entendimiento –los profesores académicos convencionales comprenden todo lo que se ha transmitido a la posteridad-, pero sin ser uno de estos mortales iluminados, puede llegar a la conclusión de que es imposible entender a los antiguos filósofos griegos, a menos que se tenga el recurso del conocimiento oculto. Ellos hablan un idioma diferente; el idioma en el que se comunican sus ideas es diferente al de la comunicación normal. Y esto se aplica a Platón. Hebbel (nota 5) era consciente de ello y en su diario trazó en grandes líneas  una composición dramática  donde retrata  a Platón reencarnado como un alumno de escuela de Gramática que habiendo  leído a Platón con su  maestro, fue incapaz de comprenderlo siendo él mismo la reencarnación del filósofo. Hebbel quiso dramatizar esta idea, pero nunca lo llevó a cabo. Hebbel estimaba  que incluso Platón no podía ser comprendido fácilmente; siendo necesario para ello una preparación suplementaria. La comprensión del sentido exacto de las ideas ha comenzado con Aristóteles en el siglo IV antes de Cristo. La Filosofía antes de Aristóteles era incomprensible para los estándares humanos normales. Esto explica los muchos comentarios sobre Aristóteles, que por un lado es perfectamente inteligible, y por otro,  no hemos avanzado en la formación de ciertos conceptos más allá de Aristóteles porque en este sentido pertenece a su tiempo. Es imposible adoptar las formas de pensamiento de otra época; equivale a pedirle a un hombre de cincuenta y seis años que se convierta en  un hombre de veintiséis, para revivir durante un cuarto de hora sus experiencias como hombre de veintiséis años. Un cierto modo de pensar sólo es válido para una época en particular y la particularidad de conectarse con el pensamiento de una época concreta es simplemente  repetirla una y otra vez. Es interesante observar cómo Aristóteles dominó el pensamiento de la Edad Media y cómo su filosofía fue revivida de nuevo por Franz Brentano (nota 6) y precisamente en este momento del tiempo. En 1911 Brentano escribió un excelente libro sobre Aristóteles en el que elaboró esas ideas y conceptos sobre las que él deseaba  llamar la atención a nuestra época actual. Es un curioso síntoma del Karma de nuestra época que Brentano escribiera en este preciso momento un estudio exhaustivo sobre Aristóteles, que debería ser leído por todos los que valoran un cierto tipo de pensamiento. Y permítanme añadir, además, que el libro es eminentemente legible.

platon y aristoteles

Estos escritos de Aristóteles han sufrido una mutilación y no por el cristianismo, sino por la Iglesia (pero no directamente), de tal manera que las partes esenciales de su obra han desaparecido. En consecuencia, estas lagunas deben complementarse con medios ocultos. Las omisiones más importantes se refieren al alma humana. Y, en relación con Aristóteles, paso ahora a la cuestión planteada hoy por todos : ¿cómo puedo encontrar por medio de la experiencia interna del alma, una forma segura de abrirme al Misterio del Gólgota?. ¿Cómo puedo lograrlo con la práctica de la meditación descrita  en mi libro:  «Como se adquiere el Conocimiento de los Mundos Superiores»  y en otros de mis escritos?.   Hasta cierto punto Aristóteles intentó por su propia iniciativa despertar dentro de sí mismo las experiencias internas, y eso lo deben tratar de comprender los  que se plantean esta cuestión. Pero, según los comentaristas, cuando Aristóteles está a punto de describir su método de meditación, aparece entonces una ruptura, un silencio. No es que él no describiera su técnica, sino que las transcripciones posteriores no fueron registradas, por lo que nunca se transmitieron a la posteridad. Aristóteles ya se había embarcado en una ruta específica, la del camino al misticismo. Se esforzó por encontrar en su interior lo que da certeza a la inmortalidad del alma.

Ahora bien, si un hombre honesta y sinceramente practica la meditación durante un tiempo, sin duda alguna, tendrá  la experiencia interna de la inmortalidad del alma porque encuentra las puertas de lo inmortal en él. Aristóteles nunca lo dudó, ni por un momento,  la posibilidad de descubrir en nosotros mismos algo que proclame: «Yo siento algo en mí que es independiente del cuerpo y que no guarda relación con la muerte del cuerpo». Pero va aún más allá. Buscaba desarrollar esa profunda experiencia interior que conocemos (cuando nos hacemos conscientes de ella) y que está conectada con el cuerpo. Ciertamente, lo experimentó claramente, pero el pasaje sobre  la soledad interior que deben sentir aquellos  que deseen llegar a una comprensión del Misterio del Gólgota, ha sido mutilado o retocado. La experiencia mística conduce inevitablemente a la soledad.

Y cuando este sentimiento de soledad nos abruma nos preguntamos: «¿Qué es lo que he dejado que me siento tan solo?». Estamos obligados a responder: «Yo he abandonado a mi padre, mi madre, hermanos, hermanas, he abjurado de las vanidades del mundo. Me he desapegado emocionalmente de ellos». Aristóteles era consciente de esto. Esta experiencia interior puede ser experimentada por cualquiera, y se puede desarrollar de forma sistemática.

En este sentimiento de soledad nos damos cuenta de que hay algo en nosotros que trasciende la muerte, algo que solo pertenece al Yo y no tiene relación con el mundo exterior. Aristóteles, también, se dio cuenta de que los órganos físicos son nuestros  medios perceptivos  del  mundo exterior. Es posible que el hombre se experimente a sí mismo de otras maneras, pero los órganos del cuerpo son indispensables para experimentar el mundo externo. De ahí procede el sentimiento de soledad que nos supera. Y Aristóteles supo que había conocido  su alma inmortal que la muerte no puede destruir, como todos los que siguen estas etapas deben darse cuenta también. Ya no estaba unido a lo finito y transitorio. «Yo estoy solo ahora,  solo conmigo mismo», dijo, «pero mi idea de la inmortalidad es limitada; me doy cuenta de que después de la muerte sabré de la absoluta soledad, a través de toda la eternidad estaré examinando  las buenas y malas acciones que he perpetrado en la vida y ellas estarán  siempre ante mis ojos, y esto es todo lo que espero, por mi propio esfuerzo. Si deseo comprehender más profundamente el mundo espiritual no puedo confiar solamente en mis propios esfuerzos; debo recibir la Iniciación o ser instruido por los Iniciados».

Todo esto podría ser encontrado en los escritos de Aristóteles, pero sus sucesores impidieron la transmisión de este conocimiento. Y debido a que Aristóteles se anticipó a esta posibilidad en una cierta medida, fue considerado como una especie de profeta; se convirtió en el profeta de lo que no fue  posible en su momento, así como de lo que  hoy es diferente de lo que pudo ser en su tiempo. No hay necesidad de apelar a la historia; sabemos por experiencia personal que los tiempos han cambiado.

Ahora volvamos nuestra atención una vez más a este sentimiento de soledad total, que nos asalta hoy, a esta experiencia mística, que es completamente diferente a las experiencias místicas habitualmente descritas. La gente a menudo habla de ello con complacencia y dice: «Dios se experimenta dentro de mí». Esto sin embargo no es la experiencia mística plena. En la experiencia mística plena experimentamos a Dios en la soledad total y absoluta. Solo en la presencia de Dios, el hombre se experimenta a sí mismo. Y luego se debe  encontrar la fuerza y la perseverancia necesaria para continuar en ese estado de aislamiento. Porque esta experiencia de la soledad es una fuerza poderosa!.  Si no dejamos que esta soledad nos oprima y permitimos que se convierta en una fuerza activa en nosotros, entonces lograremos una gran experiencia superior; por supuesto, estas cosas no pueden ser descritas, pero todos podemos experimentarlas, tenemos la firme convicción de que la soledad que sufrimos es auto-creada, que la hemos atraído a nosotros. Creamos nuestros dioses a nuestra propia imagen. Esta soledad no nace con nosotros, es creada por nosotros, nosotros mismos somos los  responsables. Esta es la segunda experiencia.

Y esta segunda experiencia nos conduce a la sensación de que compartimos la responsabilidad directa de la muerte de lo que de Dios ha nacido. Cuando el hombre ha sufrido la noche oscura del alma, por un lapso suficiente de tiempo, el elemento divino en él ha sido muerto por lo «humano, demasiado humano». Esto no ha sido siempre así, de lo contrario la evolución habría sido imposible. Debe haber habido un tiempo en el que no existía este sentimiento.

En este momento el hombre comienza a sentir la parte de responsabilidad que tiene de la muerte de lo divino en él. Si el tiempo me lo permite, podría explicar con más detalle el asesinato del «Hijo de Dios», recuerden que la experiencia mística no es una cosa indeterminada, una experiencia vaga, sino que se desarrolla progresivamente; y donde experimentamos la muerte de Cristo.  Y cuando esta experiencia se convierte en una fuerza poderosa en nosotros, no puedo expresarlo de otra manera, el Cristo, El Señor Resucitado nace en Nosotros. Por el Señor Resucitado, Aquel que ha sufrido la muerte, por primera vez se tiene esta experiencia y la razón de su muerte se experimenta en la forma ya descrita.

soledad

Hay tres grados de experiencia mística, puesto que  encontrar el camino que conduce a las fuentes del Misterio del Gólgota ya no es suficiente; hay que añadir algo más, algo que ha sido tergiversado grotescamente, y que hasta hoy día ha sido ocultado. La única persona que señaló con fuerza lo que se había ocultado a la humanidad en el siglo XIX fue Friedrich Nietzsche en su libro «Sobre los usos y abusos de la historia». Nada ha sido mejor calculado para destruir nuestra comprensión de Cristo que lo que hoy se llama la historia. Y el Misterio del Gólgota nunca se ha tergiversado tan a fondo como lo han hecho los historiadores objetivos del siglo XIX. Soy consciente de que cualquiera que critique la historia objetiva de hoy es considerado un idiota. No tengo ningún deseo de denigrar los arduos logros filológicos y académicos de la investigación histórica, pero sin embargo  lo académico o exacto de la historia, es un desierto espiritual. No tiene ninguna comprensión de las cosas que son de vital importancia para la vida del hombre y de la humanidad en su conjunto. Se trata de un  libro cerrado para la historia moderna.

Tal vez se me permita hablar desde la experiencia personal ya que para esto tengo asociaciones personales. Desde mi decimonoveno año he estado continuamente ocupado con el estudio de Goethe, pero nunca he tenido la tentación de escribir una historia de los hechos de su vida o incluso retratarlo en el sentido académico, por la sencilla razón de que desde el principio sentí que lo que más importaba era que Goethe era todavía una fuerza viva. El hombre físico Goethe que nació en 1749 y murió en 1832, no es importante; lo importante es que después de su muerte, su espíritu hoy en día sigue vivo entre nosotros, no sólo en su literatura (que  no es  particularmente aclaradora), sino en el mismo aire que respiramos.

Esta atmósfera espiritual que nos rodea actualmente no existía en  el tiempo de los hombres de la antigüedad. El cuerpo etérico, como ustedes saben, se separa del alma después de la muerte como una especie de segundo cadáver, pero, gracias al  Impulso de Cristo por el Misterio del Gólgota, el cuerpo etérico se conserva hasta cierto punto; no se disuelve completamente.

Si creemos -y uso la palabra fe en el sentido que he definido en una conferencia anterior- que Goethe «resucitó» en un cuerpo etérico y comenzamos a meditar en él, entonces sus conceptos e ideas cobran vida en nosotros, y podremos describirlo no como era, sino como él es hoy. La idea de la resurrección entonces se habrá convertido en una realidad viva y creeremos en la resurrección. Podemos entonces decir que no sólo creemos en las ideas que pertenecen al pasado, sino también en la continuidad viviente de esas ideas. Esto está relacionado con un profundo misterio de los tiempos modernos. No importa lo que podamos pensar, siempre y cuando estemos aprisionados en el cuerpo físico nuestros pensamientos no podrán manifestarse de la manera correcta. (Esto no se aplica a nuestro sentimiento y voluntad, sino sólo a nuestros pensamientos y representaciones). Grande es Goethe, pero sus ideas son más grandes que él. Si no pudieron elevarse a mayores alturas fue debido a las limitaciones de su cuerpo físico. En el momento en que son liberadas de estas limitaciones del cuerpo y pueden ser desarrolladas por alguien que tenga simpatía y comprensión hacia ellas, se transformaran y cobraran nueva vida. (Me refiero a los pensamientos que persisten hasta cierto punto en su cuerpo etérico, no a su sentimiento y voluntad). Recuerden que la forma primera en que las ideas surgen en nosotros no es su forma final. ¡Crean, por tanto, en la resurrección de las  ideas!. Creerán en esto tan firmemente, que buscaran de buen grado la unión con sus padres -no con los padres con los que están vinculados por lazos de sangre, sino con sus antepasados espirituales- y eso en última instancia lo encontraran. Ellos no tienen que ser Goethe, podrían igualmente ser un Smith o Brown. Traten de cumplir con el mandato de Cristo: no te aferres a lazos de consanguinidad, sino busca más bien una relación espiritual. Entonces la idea de la resurrección se convierte en una realidad viva en tu vida y te llevará a creer en la resurrección. No es una cuestión de invocar sin cesar el nombre del Señor; lo que importa es que captemos el espíritu vivo del cristianismo, que nos aferremos a la idea de vital importancia de la resurrección como una fuerza viva. Y el que de esta manera trae el apoyo del pasado a su vida interior, sabrá que el pasado sigue vivo en nosotros, experimentamos en nosotros mismos la continuidad del pasado. Y entonces -es sólo una cuestión de tiempo- llegara el momento  en que nos hagamos conscientes de la presencia de Cristo en nosotros. Todo depende de nuestra firme fe en el Cristo Resucitado y en la idea de la Resurrección, de modo que ahora podemos decir: «Estamos rodeados de un mundo espiritual y la Resurrección se ha convertido en una realidad en nosotros».

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Ustedes podrán objetar, y es posible que digan que esto es pura hipótesis. Pero una vez que hayan tenido la experiencia de haber estado en contacto con los pensamientos de alguien que ha muerto, cuyo cuerpo físico se ha fundido con la Tierra y cuyos pensamientos siguen viviendo en ustedes, entonces llegara un momento que dirán: «Los pensamientos que surgen  en mí se los debo a Cristo; nunca podrían haber llegado a estar tan vivos, sino gracias la encarnación de Cristo».

Hay un camino interior hacia el Misterio del Gólgota; pero primero hay que abandonar la llamada historia «objetiva», que en realidad es totalmente subjetiva, ya que se ocupa de los fenómenos superficiales e ignora el espíritu. Se han escrito muchas biografías de Goethe, que se proponían retratar la vida de Goethe con la máxima fidelidad. Y en todos los casos los autores, por necesidad, reprimían algo en sí mismos. Pues la forma de pensar de Goethe se ha transformado y vive en una forma diferente. Es importante que podamos entender el cristianismo con el mismo espíritu.

En resumen, es posible tener una experiencia mística del Misterio del Gólgota, mística en el verdadero sentido de la palabra. No hay que contentarse con abstracciones, uno debe estar preparado para sufrir las experiencias internas que ya he descrito. Y si se plantea la pregunta: ¿cómo puedo acercarme a Cristo? (Hay que entender que nos estamos refiriendo a Cristo Resucitado), si tenemos la paciencia y la perseverancia necesaria para seguir el camino indicado, podemos estar seguros de que encontraremos al Cristo en el momento oportuno. Pero cuando nos encontremos con Él, debemos tener cuidado de no pasar por alto lo más importante.

Dije en una conferencia anterior que Aristóteles fue  un profeta y que Juliano el Apóstata heredó algo de este don profético. Debido a la forma que había asumido en ese momento los Misterios de Eleusis, no podía descubrir su verdadero significado; esperaba encontrar la respuesta en los Misterios de Mitra. Fue por esta razón que Julián se embarcó en la campaña persa. Quería descubrir la continuidad de las enseñanzas de los Misterios, encontrar la conexión entre ellos. Y eso no estaba permitido;  por lo que fue asesinado.

Ahora bien,  los primeros Padres de la Iglesia trataron de encontrar al Cristo a la manera de los Misterios de Eleusis. Ya sea que los llamemos gnósticos o no -los verdaderos gnósticos fueron rechazados por la Iglesia, aunque Clemente de Alejandría con razón podría ser llamado gnóstico- tenían una relación con Cristo totalmente diferente a la de los tiempos posteriores. Ellos buscaron acercarse a Él a través de los Misterios de Eleusis y lo aceptaron como un Ser Cósmico. Ellos se hacían reiteradamente estas preguntas: Cómo actúa el Logos  exclusivamente en el mundo espiritual?. ¿Cuál es la verdadera naturaleza del Ser que encuentra el hombre en el Paraíso?.  ¿Cuál es su relación con el Logos?.

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 Tales eran las preguntas que ocupaban el espíritu de los Gnósticos, preguntas que sólo pueden responder aquellos que están familiarizados con el mundo espiritual. Cuando estudiamos los Misterios de Eleusis (que fueron extirpados de raíz y de ramas también), es evidente que en los primeros siglos después del Misterio del Gólgota, el mismo Cristo Resucitado estaba presente en los Misterios con el fin de reformarlos. Y realmente podemos decir que Juliano el Apóstata tenía una comprensión del cristianismo mucho más profunda que Constantino. En primer lugar, Constantino no se había iniciado y sólo había aceptado el cristianismo de una manera superficial. Pero Juliano sentía intuitivamente que Cristo sólo podía encontrarse en los Misterios. Es a través de la Iniciación que debemos encontrar al Cristo; Él nos conferirá  el  Yo que no pudo concedernos en ese momento porque no estábamos listos para recibirlo.

Era una necesidad histórica que estos Misterios fueran destruidos porque ya no conducen al Cristo.  Tenemos que encontrar el acceso al Helenismo, una vez más, pero sin la ayuda de documentos. El Helenismo debe ser revivido, por supuesto, no en su forma original, de lo contrario se convertiría en una farsa como podemos ver por ejemplo en la imitación de las Olimpiadas. No es una cuestión de imitar el Helenismo; no estoy sugiriendo tal cosa. El Helenismo debe renovarse desde dentro y, sin duda, será renovado. Debemos encontrar el camino a los Misterios, una vez más, pero dentro de nosotros mismos, y entonces encontraremos también el camino hacia Cristo.

Así como Cristo fue crucificado por primera vez en el Gólgota, el Constantinismo lo crucificó por segunda vez. Al suprimir los Misterios, Cristo, como realidad histórica, fue crucificado por segunda vez. Estos actos de vandalismo que se prolongaron durante siglos destruyeron no sólo tesoros de arte de un valor incalculable, destruyeron también la experiencia del hombre del mundo espiritual, la experiencia más importante que podía tener. La gente no comprendía lo que se estaba destruyendo con ese vandalismo, porque habían perdido todo sentido de los valores. Cuando fueron demolidos los templos de Júpiter y Serapis, junto con sus estatuas la multitud aplaudió. «Es correcto destruirlos», dijeron, «porque se había predicho que cuando se destruyera el templo de Serapis, los cielos caerían y la Tierra quedaría sumida en el caos. Los cielos sin embargo, no han caído, ni el mundo se ha derrumbado en el caos a pesar del hecho de que los cristianos romanos han arrasado el templo». Es cierto que desde el exterior las estrellas no se han caído, ni la Tierra se ha sumido en el caos. Pero todo lo que el hombre había conocido a través de la experiencia de la iniciación Solar fue extinguido. Esa sabiduría majestuosa, más grandiosa que el firmamento, de la astronomía antigua, se derrumbó junto con las ruinas del templo de Serapis. Y esta sabiduría antigua, los últimos vestigios de los cuales Juliano todavía encontraba en los Misterios de Eleusis, donde el Sol espiritual y la Luna espiritual se le habían revelado, esta sabiduría se perdió para siempre. Todo lo que los hombres de la antigüedad conocieron  en los Misterios de Mitra y los Misterios egipcios cuando, a través del culto sacrificial, revivieron interiormente los misterios de la Luna y la Tierra, y que se promulgan en el hombre mismo cuando llega al conocimiento de sí a través de la «compresión interior de su alma», todo esto se ha derrumbado, ha caído en el caos.

Espiritualmente, el cielo ha caído sobre  la tierra y  está sumida en el caos; pues lo que se perdió en el curso de esos siglos es comparable a la pérdida que podríamos sufrir si repentinamente se nos privara de nuestros sentidos,  y no sabríamos  si los cielos y la tierra están  bajo nuestros pies. La pérdida de la antigua sabiduría no es un episodio trivial registrado en la historia, pues tiene implicaciones mucho más profundas. Debemos creer en la resurrección, incluso si no estamos dispuestos a creer que  lo que ha desaparecido se ha perdido para siempre. Esto exige que seamos firmes en el pensamiento y tener el coraje de nuestras convicciones.  Hoy nos damos cuenta  de la necesidad imperiosa del Impulso de Cristo, a la que me he referido con tanta frecuencia en estas conferencias.

Por necesidad kármica (una necesidad solo desde cierto punto de vista) el hombre ha sido destinado por siglos a vivir una vida vacía y sin propósito, a vivir en un vacío espiritual, y por un fuerte impulso de libertad interior puede encontrar de nuevo al Cristo de la manera correcta. Pero primero tiene que librarse de esa autocomplacencia que tan a menudo sufre en la actualidad.

A veces, esta autocomplacencia asume las formas más notables. En los años ochenta, un padre benedictino, Knauer, dio una serie de conferencias sobre  los estoicos en Viena. Me gustaría leer un pasaje de una de estas conferencias. Los principales representantes de la escuela estoica de filosofía fueron Zenón (342-270), Cleantes (331-232) y Crisipo (282-209); Por lo tanto, la escuela floreció varios siglos antes del Misterio del Gólgota. Esto es lo que dice Knauer:

«En conclusión, me gustaría decir en defensa de los estoicos que se esforzaron por conseguir una liga de naciones, que abarcara a toda la humanidad, y que pusiera fin a la guerra y al odio racial. No necesito decirles que en este sentido los estoicos fueron los más proclives a los prejuicios a menudo inhumanos de su tiempo, e incluso de las generaciones posteriores».

¡Una liga de las naciones! Tuve que leer la conferencia de nuevo. ¿Podría ser que mis oídos me estuvieran engañando cuando oí a Woodrow Wilson y a otros estadistas hablar de una liga de las naciones?.  Así hablaron los estoicos, pero lo dijeron mucho mejor, ya que tenían el poder de los Misterios detrás de ellos. El poder interior que inspiró sus discursos se ha perdido, solo quedan las cascaras. Sólo unos pocos historiadores que se destacan de los historiadores normales pueden ver los acontecimientos históricos en una nueva y diferente luz.

Y Knauer continua –no puedo retirar nada de lo que dije recientemente sobre Immanuel Kant; pero no deja de ser notable que un filósofo capaz como Knauer  diga lo siguiente sobre Stoa en los ochenta:

«Entre los filósofos más recientes» – Se refiere a la liga de las naciones, la idea de la Stoa – «nada menos que Kant ha revivido esta idea y declaró que es una propuesta factible en su tratado». «Sobre la paz perpetua. Un esquema filosófico» , una obra que no ha recibido el reconocimiento que merece. La idea fundamental de Kant es sólida y practicable. El autor muestra que la paz eterna puede convertirse en una realidad cuando las “grandes potencias» introduzcan un sistema auténticamente representativo». En Kant esta idea está considerablemente castrada, pero hoy está más aún más débil, pues se ha convertido en una sombra de lo que fue. Y esta concepción nebulosa está adornada con el nombre de “nuevo orden».

 Y Knauer continúa:

«Bajo este sistema las clases ricas y propietarias y las clases profesionales que son las principales víctimas de la guerra, tendrían el derecho a decidir las cuestiones de la guerra y la paz. Nuestro modelo constitucional como el de  Inglaterra no son auténticos sistemas de representación en la opinión de Kant. Está dominado por prejuicios de partido e intereses sectoriales, que promueven un sistema electoral que se basa en su mayor parte en cálculos estadísticos y recuento de cabezas. Lo esencial en el argumento de Kant es lo siguiente: el derecho internacional debe basarse en una federación de Estados independientes que tengan amplios poderes autonómicos».

¿Es esta la voz de Kant o la voz del «nuevo orden»?. Kant argumenta su caso con más fuerza pues está firmemente conectado a la tierra. No me propongo leer lo que sigue, de lo contrario el digno Kant incurriría en el desagrado del censor.

Lo que he estado discutiendo es el tema de un libro del escritor estadounidense Brook Adams ( nota 7 ), La Ley de la Civilización y el Decaimiento, un estudio de la importancia de la teoría de la evolución en la historia humana. Brook Adams trató de explicar el renacimiento continuo de las instituciones y las formas de vida de ciertos pueblos antiguos, por ejemplo, el renacimiento del imperio romano en los pueblos teutónicos.  La investigación de la época actual se encuentra con muchas naciones que tienen afinidad con el imperio romano, pero no hay indicios de los pueblos que lo renovarán, ciertamente no es el pueblo estadounidense, y esto es perfecto. Este poder regenerativo no vendrá de fuera; debe venir de dentro a través de la vivificación del espíritu. Debe brotar del alma y sólo será posible cuando captemos el Impulso de Cristo en todo su poder vivificante. Todas estas frases vacías que se oyen por todas partes se aplican al pasado y no al presente o al futuro. Toda esta charla vacía con su eterno estribillo: “«Sí, el viejo proverbio “la lechuza de Minerva sólo puede extender sus alas en el crepúsculo”, es cierto y válido para los tiempos antiguos»”. Y a esto objetamos: «Cuando las naciones envejecieron establecieron escuelas de filosofía; miraron hacia atrás en espíritu a lo que debían al instinto. Las cosas serán diferentes en el futuro, porque el instinto dejará de existir. El espíritu mismo debe convertirse en el instinto y desde el espíritu debe surgir nuevas posibilidades creativas».

Reflexionen sobre estas palabras porque son de una importancia trascendental: ¡Desde el espíritu surgirán nuevas posibilidades creativas!. El poder del espíritu debe trabajar inconscientemente en tu interioridad. Y esto depende de la idea de la resurrección. Lo que ha sido crucificado debe surgir de nuevo. Y esto no va a suceder esperando pasivamente los acontecimientos, sino acelerando las fuerzas espirituales en nuestro interior, para hacer crecer el poder creativo del espíritu mismo.

Esto es lo que quería decir sobre el Misterio del Gólgota en esta  particular coyuntura de tiempo.

NOTAS DEL TRADUCTOR

Nota 1.  Clemente de Alejandría (301-232 DC ) fue director de la Escuela Catequética de Alejandría, una escuela de formación para los catecúmenos. En el conflicto entre la pistis (fe) y la gnosis (conocimiento) era partidario de esta última y estaba cerca de los gnósticos que se apoyaban en el platonismo y en la interpretación alegórica de las Escrituras. Él creía en la idea de la “Disciplina Arcani”, la retención del conocimiento superior de los ineptos para recibirlo, que era común a todas las enseñanzas de los antiguos misterios. Orígenes ( 186-253 DC ) se convirtió en director de la Escuela de Catequesis. Nutrido en el neoplatonismo a través de la influencia de Amonio Saccas. Se le declara hereje en el quinto concilio ecuménico. Aceptó la teoría de la preexistencia, el libre albedrío y la necesidad de la gracia. También utilizó el símbolo y alegoría en su exégesis. Escribió comentarios sobre casi todos los trabajos de las Escrituras. Su obra cumbre fue Contra Celso que atacó el cristianismo por razones morales e intelectuales. Libro VI de Eusebio Historia  Ecclestical está dedicado a él. Vean también el Apéndice I en el perspicaz comentario de AP Pastor y Mildred Robertson Nicoll, en La Redención del Pensamiento (Hodder & Stoughton).

Nota 2.  La destrucción sistemática de los templos paganos se inició bajo Constantino. Fuera de la conveniencia de los emperadores, se mantuvo neutral en el conflicto entre los cristianos y los cultos paganos. Pero los monjes cristianos no sólo incitaron a la población al pillaje, sino que fueron ellos mismos los primeros en quemar y saquear los templos y los trofeos, estatuas y objetos de valor. Fue durante el estallido de la iconoclastia cuando fue destruida la famosa biblioteca del templo de Serapis en el año 391.

Nota 3.  Ireneo, nacido en Asia, llamado San Policarpo en su juventud. La fecha de su muerte es desconocida. Su obra principal fue Contra las herejías, alrededor del año 179, contra los gnósticos y las principales herejías.

Nota 4.  Herman Grimm (1828-1901), hijo de Wilhelm Grimm que con su hermano Jacob recogieron y editaron los cuentos infantiles para el hogar . Herman fue un historiador de arte que escribió obras de Goethe, Dante, Shakespeare, Rafael y Miguel Ángel.

Nota 5.  Hebbel (1813-1863), poeta y dramaturgo. La tragedia, según Hebbel, surge de los conflictos. Los innovadores, líderes de nuevos movimientos, hombres de mente original, los representantes de los nuevos principios, aunque puedan conducir a la mejora de la sociedad, están condenados a ser destruidos. Esta fue la tragedia de Cristo. El primero y el último representante de un movimiento, declaró, que es ya trágico o cómico.

Nota 6.  Franz Brentano (1838-1917). Un filósofo austriaco, ordenado en 1864, y que fue incapaz de aceptar la doctrina de la infalibilidad papal renunciando a su estado clerical. Profesor de Filosofía en Würzburg en 1872 enseñó en la Universidad de Viena en 1874-1895. Aristoteles y su filosofia (1911) fue una re-evaluación de la filosofía aristotélica. Brentano intentó revisar la lógica y la psicología de Aristóteles desde el punto de vista del empirismo. Brentano creía en la existencia de un alma personal e inmortal. (Véase D. Kraus, Franz Brentano, 1919, y HO Eaton, La Filosofía austríaca de valores, 1930.)

Nota 7.  Brooks Adams (1848-1927), también escribió el sueño y la realidad, 1917. Prevé que para mediados del siglo XX las dos grandes potencias del mundo serían América Latina y Rusia. La prosperidad estadounidense contribuirá a la decadencia de la democracia, porque la gran riqueza suele ejercer el poder sin responsabilidad.

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