Capítulo II . El fuego principio y la jerarquía de las potencias

Del libro : Evolución Planetaria y Origen del Hombre – Edouard Schuré

El núcleo de la antigua ciencia oculta, que los rishis de la India formularon por vez primera, consistía en la doctrina del fuego-principio, urdimbre del universo e instrumento de los dioses. El agente universal y la sustancia de las cosas es Agni el fuego creador, Agni el fuego escondido en todo, el fuego originario e invisible del que la luz, la llama o el humo no son sino manifestaciones exteriores. Por una parte el fuego es la forma elemental de la materia. Por otra como el vestido y, de alguna manera, el cuerpo de los dioses, el medio del que se sirven para actuar en el mundo. Agni: camino ardiente por el que el espíritu desciende a la materia, sendero luminoso por donde la materia vuelve a subir al espíritu. Esta antiquísima doctrina del fuego-principio que empapa e ilumina los Vedas con su poesía adivinatoria, reaparece posteriormente formulada de manera científica en el más grande filósofo griego de la escuela jónica: Heráclito de Efeso. Heráclito consideraba al fuego como principio del universo visible. «El fuego es el elemento generador; todo nace de sus transformaciones:  rarefacción y condensación. Cuando el fuego se condensa se hace vapor; si el vapor adquiere consistencia se transforma en agua; mediante una nueva condensación el agua se hace tierra». Esto es lo que Heráclito llama el movimiento de arriba abajo. Inversamente, cuando la tierra se rarifica se hace agua; de ella procede casi todo a través de una evaporación que se efectúa en su superficie. Este es el movimiento de abajo arriba. Añadamos que el fuego no solo es el principio vivificador sino también el principio destructor. El universo fue engendrado por el fuego y el fuego lo disolverá. Digamos inmediatamente que toda la cosmogonía de nuestro sistema planetario se resume en estos dos movimientos de arriba abajo y de abajo arriba. Ello se debe a que acompañan el descenso del espíritu a la materia y la nueva ascensión de la materia hacia el espíritu. Heráclito de Efeso depositó en el templo de Diana su libro sobre el fuego-principio. Con ello quiso subrayar que su saber procedía de la iniciación de los dioses, de su inspiración, y no solo de la reflexión y la razón. En esta época la filosofía era esencialmente intuitiva y sintética. Se transformó en analítica con la Escuela de Eleas, y en dialéctica con Sócrates, Platón y Aristóteles. Veamos a continuación las opiniones al respecto del más sabio y más clarividente teósofo contemporáneo. Estas opiniones traducen a lenguaje científico de hoy la doctrina oculta de los cuatro elementos y del fuego principio.

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Rudolf Steiner escribe: «Para comprender esta antigua doctrina santa que nos llega de Oriente es preciso relacionar el fuego con los cuatro elementos cuyo sentido ya no entiende el materialismo contemporáneo. Esotéricamente hablando los elementos no son cuerpos simples e irreductibles a la manera como lo piensa la química moderna, sino estados sucesivos de la materia. La tierra es estado sólido (en este sentido el hielo es tierra). El agua es el estado líquido (en este sentido el mercurio y el hierro fundido son agua). El fuego o calor es un estado más fino y sutil que el aire. Podríamos llamarle materia radiante (el término es de Crookes). El fuego se diferencia de los otros tres elementos en primer lugar porque los penetra y penetra todo lo existente, en tanto que ellos están separados entre sí. Otra diferencia consiste en que podemos tocar los sólidos, los líquidos y los gases: se perciben desde el exterior a causa de un cierto grado de resistencia. Un cuerpo ardiente se puede tocar. Pero el calor también está dentro, hecho que conocía la sabiduría antigua. El fuego es simultáneamente un elemento exterior e interior al hombre y a todo lo que existe. Los sabios decían: La materia se transforma en alma mediante el Juego. Hay alma en el fuego y fuego en el alma». «Por lo tanto el fuego es la puerta por la que, desde el exterior, se penetra al interior de las cosas. Cuando miramos un objeto que arde vemos dos cosas en el fuego: el humo y la luz. Pero ¿los vemos? Eso es lo que se cree aunque no es cierto. Lo que vemos son objetos sólidos, líquidos o gaseosos, iluminados por la luz; no vemos la luz en sí. Por lo tanto la luz física es una realidad invisible. Yendo del fuego a la luz entramos en lo invisible, en lo etéreo, en lo espiritual.

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Con el humo sucede al revés. Cuando algo arde asistimos al paso de lo material a lo espiritual, a la producción de la luz. Pero el paso se paga con el humo opaco. Con el humo, el fuego encierra un elemento espiritual en la materia. Nada nace aisladamente. Todo proceso se paga mediante un retroceso inverso y proporcional. Donde se produce luz también se producen tinieblas. El aire nace del fuego transformado en humo; el agua del aire condensado en líquido, y la tierra del líquido solidificado. Desde este punto de vista el universo entero es fuego y espíritu embrujados en la materia». Cuando penetramos con esta óptica la máquina del mundo y contemplamos como circula por sus venas el agente universal, el fuego sutil y todopoderoso, comprendemos mejor la fuerza y la majestuosidad del culto de los Aryas primitivos. Glorificaban el fuego porque veían en él el trono, la sustancia y la vestimenta de los dioses. Antes de resumir la evolución planetaria debemos hacernos una idea de las potencias que intervienen en el drama cósmico. Los antiguos sabios colocaron a los dioses sobre un trono de fuego y de luz porque esas fuerzas son sus elementos. Intentemos enumerarlos de abajo arriba, en el mismo orden ascendente que sigue la inteligencia humana. Después los veremos actuar de arriba abajo siguiendo el orden descendente de la creación. El Antiguo Testamento resume la jerarquía de las Potencias -facultades de Dios en acto-en el sueño de Jacob que ve como los ángeles bajan y vuelven a subir los escalones del universo. Este sueño representa simbólicamente la jerarquía del mundo invisible que es el que sustenta y mantiene al mundo visible. Comentado esotéricamente pone de manifiesto una ciencia más profunda aún que la que brota de nuestros microscopios y telescopios. Escalad los grados de la materia y encontraréis el Espíritu. Subid los peldaños de la conciencia humana y encontraréis a Dios. De la misma forma que más allá de los cuatro elementos hay otros elementos más sutiles, por encima de los cuatro reinos visibles de la naturaleza -mineral, vegetal, animal y humanoexisten reinos correspondientes a diferentes estados de la materia imponderable. Son las esferas de los Asuras y los Devas de la India, los Elohim de Moisés” los dioses griegos, formas antropomorfas de dichos estados. La tradición esotérica cristiana, cuyos orígenes se remontan a Dionisio Aeropagita los divide en nueve categorías, agrupadas en tres ternarios, que forman un todo orgánico. Todos los pueblos han creído y todos los profetas han dicho que por encima del hombre existen los Angeles, los Feruer de los Persas, los Genios de los latinos, a todos los cuales se identifica a veces con el Yo superior y eterno del hombre. Sin embargo el ángel difiere de este yo superior al que está encargado de despertar. Esotéricamente los ángeles también se llaman los hijos de la vida. Uno de ellos acompaña la personalidad de cada hombre. Su misión consiste en seguirle y guiarle de encarnación en encarnación. El elemento del ángel es el aire. Por encima de los ángeles están los Arcángeles, los Asuras de los hindús, que dominan el alma de las naciones. Su elemento es el fuego. La tradición oculta los considera como los factores más activos de la vida general de la humanidad: trazan las grandes líneas de ésta y vigilan sus múltiples movimientos. Más allá de los arcángeles reinan los Principios (llamados apcpai por Dionisio Aeropagita), o espíritus de la personalidad y de la iniciativa cuyo papel podría definirse con el término los Comendadores. Ellos fueron quienes dieron el primer impulso a los arcángeles durante el periodo saturnino y durante el solar. También son ellos quienes presiden los grandes movimientos de la humanidad y las revoluciones, así como la actuación de las grandes personalidades que cambian la faz de la historia. Este es el primer grupo de potencias espirituales que se encuentran por encima del hombre y al que por antonomasia puede llamarse trabajadores del laboratorio planetario, ya que su actividad es la más ardiente y compleja y penetra profundamente tanto en la materia como en los arcanos de la individualidad humana. Después viene la segunda triada de potencias. Son los Devas propiamente dicho de los hindús. Dionisio Aeropagita los ha llamado Virtudes, e^ovoiai, Dominaciones, Svvafieio, y Principados, (peipioxe. Hay que considerarlos como dominadores y ordenadores de todo el sistema planetario. Estos espíritus soberanos son intermediarios entre las potencias inferiores y las superiores y están más cerca de la divinidad que del hombre. Podríamos llamarlos los Intachables pues no pueden descender al abismo de la materia como los ángeles aunque tampoco pueden como ellos amar al hombre al que dieron aliento y vida. Estas potencias son las que han creado el vacío en las esferas planetarias a donde vienen a precipitarse las fuerzas del infinito. Guardan el equilibrio de todo el sistema y constituyen su norma. Son los Elohim de Moisés y los creadores de la tierra. Muy por encima de cualquier concepción o fantasía humana se eleva en orden ascendente la tercera triada de potencias. Los Tronos son las potencias supremas del don de sí y del sacrificio. Después veremos el papel fundamental que han tenido en el origen de nuestro sistema planetario. Los Serafines (cuyo nombre caldeo significa amor), y los querubines (palabra que tiene el sentido de sabiduría y fuerza infinitas) están tan cerca de Dios que reflejan inmediatamente su luz. Las potencias inferiores no podrían soportar su esplendor deslumbrante ni el relampagueo de su brillo. Los Serafines y los Querubines se la transmiten tamizándola y condensándola en formas radiantes. Ellos mismos revisten tales formas empapándose de amor y sabiduría. Se sumergen en el seno de la trinidad divina y salen de ella fulgurantes pues los pensamientos de Dios se incorporan a su esencia espiritual. No trabajan, resplandecen; no crean, despiertan. Son rayos vivos del Dios impenetrable. Resumamos. La TRIADA INFERIOR (Angeles, Arcángeles y Principios) es la de las potencias combativas a las que corresponde el trabajo más duro. Tienen por campo de batalla la tierra, y como objeto al hombre. La TRIADA MEDIA (Virtudes, Dominios y Principados) es la de las ordenadoras y equilibrantes que actúan en el conjunto del sistema planetario. La TRIADA SUPERIOR (Tronos, Querubines y Serafines) es la de las potencias radiantes e inspiradoras que actúan en el conjunto del cosmos. Forman parte de la esfera divina propiamente dicha pues, por esencia, están como Dios fuera del espacio y del tiempo aunque manifiestan en ellos a la divinidad. Añadamos que cada orden de potencias de esta vasta jerarquía recibe el influjo de las superiores y actúa sobre todas las que están debajo, aunque no sobre las que están encima. Señalemos también que las esferas de actividad de las potencias se penetran sin confundirse, y que las condiciones de espacio y tiempo varían en cada ternario de la jerarquía. La esfera de ángeles, arcángeles y principios que es la inmediatamente superior al hombre y en la que se sumerge durante el sueño, es la esfera astral también llamada esfera de la penetrabilidad. En ella reina la cuarta dimensión, es decir, que los seres se penetran sin confundirse. Las distancias están suprimidas o modificadas. Las cosas se unen inmediatamente por simpatía o antipatía. La esfera de las potencias del segundo ternario es la esfera espiritual que podríamos llamar también la esfera de la expansión y la concentración. Dominan en ella las dimensiones quinta y sexta, es decir, la creación en el vacío mediante la afluencia de fuerzas del infinito. Con el tercer ternario entramos en la más elevada esfera divina, la del Infinito y el Eterno, que está por encima del tiempo y de espacio pero que los rige. La escala de las potencias tiene al fuego-principio como trono, por centro la trinidad divina, y como corona la triada seráfica. La luz, la vida y la verdad se proyectan desde arriba bajo el efluvio de los tres Verbos, a través de los Elohim y los arcángeles, para clavarse en el hombre con la llama de Lucifer. Todos los rayos divinos se concentran en el hombre para que en él vuelva a brotar un ser, una luz y un verbo nuevos. Mediante esta cadena Dios-los-Dioses, los Elementos y el Hombre forman un todo solidario e indivisible que se genera, se organiza, y evoluciona de manera constante, paralela e integral. Los dioses superiores engendran a los dioses inferiores los cuales, a su vez, engendran a los elementos cuya materia no es sino apariencia y de los que el hombre, en germen en ellos desde el principio, se transforma poco a poco en centro y eje. Contemplado de arriba abajo, este cuadro muestra el rayo por el que los dioses ven el mundo del hombre: es el lado de la luz. Visto de abajo arriba representa el prisma por el que el hombre percibe el mundo y los dioses: es el lado de la sombra. Veamos ahora el trabajo de las potencias en la creación.

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4ª Carta – La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco (continuación)

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher.

Julio 1944

Versión en ingles

Traducido al español por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.

Estos estudios pueden parecer muy difíciles, sobre todo para aquellos lectores que no están profundamente familiarizados con el libro mencionado de Steiner ―La Ciencia Oculta―, pero debemos entender que no hay otra manera de adquirir un conocimiento real y fundamental sobre la naturaleza íntima de las estrellas fijas y los planetas.

Existen, por supuesto, muchos libros de astrología que describen las diferentes influencias del Zodíaco; sin embargo, estas descripciones se derivan principalmente de la tradición y no nos explican por qué los doce signos del zodiaco actúan en la forma indicada. Así, los estudiantes se enfrentan a un universo cuyas influencias deben ser tenidas en cuenta, pero que aprisionan al ser humano con el muro infranqueable de un destino o necesidad que ya no se comprende.

La intención de estas Cartas es crear una verdadera comprensión de la naturaleza del Universo, porque sólo a través de la comprensión y claridad del pensamiento podemos llegar a ser libres y autoconscientes cuando nos enfrentemos a sus influencias. Así, vamos a tener que trabajar duro, sobre todo al principio, y enfatizar firmemente una y otra vez en la necesidad de estudiar estos pasajes sobre la conexión del zodíaco con la evolución, hasta que se conviertan en una imagen real interior; imaginaciones reales.

Debe hacerse junto con el estudio del libro «La Ciencia Oculta». Sólo entonces se convertirá en una fuente de conocimiento que permitirá al estudiante encontrar las múltiples conexiones entre los mundos estelares y la Tierra, lo que por otro lado no será fácil de comprender completamente al primer intento. El estudiante debe llegar a un punto en que como un artista, coja este asunto en sus manos y por el poder de la imaginación adivine las múltiples posibilidades de las influencias cósmicas.

Podemos comenzar con una gran imaginación fundamental ―la Creación. W. Sucher.

La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco (continuación)

En la última Carta hemos descrito los tres primeros grandes ciclos de la evolución de ese Universo primigenio que llamamos Antiguo Saturno. En él solo había sustancia-volitiva, derivada del sacrificio de los Espíritus de Voluntad, que crearon un universo más o menos psíquico y de carácter un tanto caótico. Durante este primer ciclo, la vida creada se reflejaba en esa sustancia-volitiva. En el curso del segundo ciclo se creó un reflejo animado por otros Seres Espirituales y durante el tercer ciclo, apareció un reflejo exterior de individualización que se originó por la división del cuerpo unitario del «planeta» en muchos cuerpos separados.

Encontramos las huellas de estos primeros eventos en las constelaciones de Aries, Tauro y Géminis. Así, hemos encontrado la naturaleza íntima de estas constelaciones que, impregnadas por estos eventos, aún hoy irradian fuerzas como una especie de memoria cósmica.

Ahora vamos a seguir con la descripción de la evolución del Antiguo Saturno.

Hasta ese momento todo continúa más o menos como naturaleza psíquica. Se han creado organismos individuales separados, y ahora, en estos organismos, comienzan los primeros rudimentos de una vida o experiencia interior. Así, por primera vez viene a la existencia una especie de polaridad o dualidad ―un mundo exterior y un mundo interior. El mundo interior se ha separado en un ligero grado del mundo exterior. El mundo exterior se convierte en algo objetivo y «perceptible» por el mundo interior, en un grado de «conciencia» muy dormida. El mundo exterior es Voluntad en sí misma, pero, vivenciada como objeto se manifiesta como calidez o calor. Todos sabemos de la sutil conexión entre la voluntad humana y el calor. Cuando estamos sumergidos en nuestra esfera volitiva, trabajamos y operamos en un mundo que podemos considerar el ámbito de nuestros impulsos anímicos.

Por ejemplo, tan pronto como nos sentimos algo cansados o separados del impulso podemos llamarlo nuestro trabajo―, experimentamos el esfuerzo causado por una «voluntad exterior» que notamos por la producción de calor en nuestro cuerpo. Por supuesto, nuestra existencia corporal actual es demasiado complicada para proporcionar un buen ejemplo como explicación de los hechos de la evolución del Antiguo Saturno.

Esta transmutación de sustancia-volitiva en calidez o calor la producen seres espirituales a quienes Rudolf Steiner, en su libro, llama «Espíritus de la Personalidad» o «Arkai». Ellos pasan por experiencias similares a las del ser humano en la Tierra, para poder adquirir la conciencia del yo; obviamente lo hacen bajo condiciones muy diferentes.

Y lo hacen trabajando en los cuerpos que se han creado durante el ciclo anterior. Como la sustancia-volitiva no pudo asumir las influencias precedentes, tampoco fue capaz de retener la influencia de los Espíritus de Personalidad. De nuevo, solo permanece una especie de reflejo. Ahora, dentro de esos cuerpos del Antiguo Saturno hay un «reflejo de Personalidad» que crea unas huellas muy tenues de un mundo interior dentro de estos cuerpos. Así es como entró en juego la tendencia a una división entre el mundo interior y el mundo exterior, lo cual permitió que el ser interior «experimentase» la voluntad del mundo exterior en forma de calor.

La descripción de estos hechos ya nos puede inspirar la idea de los «Gemelos» —mundo exterior, mundo interior— y de hecho, se puede encontrar escrito en la constelación de Géminis. Ahí tenemos la influencia individualizadora de los Espíritus de la Forma, como se ha descrito en la última Carta. Podemos imaginar que la constelación de Géminis trae no sólo «las tendencias-gemelas» al mundo, sino que en realidad es o fue, en tiempos muy lejanos, dos constelaciones: una nos trae la memoria de la actividad de los Espíritus de la Forma y la otra la actividad de los Espíritus de la Personalidad. El hecho de que hoy en día sólo haya una constelación revela ya un profundo misterio. En el lenguaje de la memoria cósmica, esto revela que algo ha desaparecido. Y así fue. Habría que imaginar que los Espíritus de la Personalidad, en el curso de su evolución, se alejaron de su «espacio» espiritual en el círculo de las Jerarquías Espirituales y se trasladaron a la «dirección» opuesta, hacia la región que hoy está simbolizada por la constelación de Sagitario.

Podemos encontrar la constelación de Sagitario durante las noches de verano, exactamente sobre el horizonte sur, bajo las constelaciones del Águila y Ofiuco. En nuestras latitudes no sube muy alto y se arrastra a lo largo del horizonte. En los antiguos mapas estelares se representa como el centauro, un ser medio caballo y medio hombre. Lleva arco y flecha y parece estar apuntando a un objetivo determinado. Muy a menudo se representa como un arco y flecha.

Esta imagen de Sagitario, especialmente la flecha, revela mucho acerca de los eventos y desarrollo inspirado por la constelación opuesta, Géminis. A través de la doble influencia proveniente de Géminis, al cuerpo de Saturno se le ha dado una forma exterior y una tenue experiencia de un mundo interior. Así es como vino al mundo un principio que es de suma importancia para toda la evolución, sobre todo la humana.

Esta dualidad es la razón de la creación del «mundo físico» y del «mundo anímico» del ser humano. Contiene el germen de la larga historia de la evolución humana: la lucha secular del devenir, la armonización del ser humano entre lo exterior, el mundo físico, y el alma y el mundo espiritual. En realidad es como una flecha que se inicia en esa época de la evolución y apunta a un lejano objetivo. También contiene la historia del ser humano como un ser que asciende desde una existencia infrahumana a formas más elevadas, incluso divinas, ya que esta evolución sólo es posible a través de la continua lucha entre la naturaleza inferior, que se relaciona con el mundo exterior, y la superior, la naturaleza interior de la humanidad que porta la chispa de la divinidad. Así tenemos la imagen del centauro, mitad humano y mitad animal.

En la descripción anterior vimos que la constelación de Aries contiene algo de la imagen arquetípica del cerebro; Tauro, el arquetipo del órgano del habla; y Géminis, el arquetipo de la dualidad, como la simetría de la derecha y la izquierda o la dualidad de la cabeza y los miembros. Ahora, de Géminis saltamos a Sagitario. También podemos encontrar este evento impreso en la forma humana. Es la progresión de la cabeza y la laringe a los brazos. La parte superior del brazo es la imagen corporal de Sagitario. El cuerpo humano se dirige hacia un mundo exterior con los brazos, en oposición con el mundo interior de la cabeza. En esta tendencia tenemos la flecha del Arquero. Nuestros brazos se mueven por los músculos y tendones, e indican la cuerda del arco de Sagitario.

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Con nuestros brazos trabajamos en el mundo, y con nuestro trabajo realizamos la evolución del mundo y de la humanidad. Habiendo ya establecido esta dualidad de un mundo exterior e interior, podemos imaginar fácilmente la evolución posterior. Durante siguiente quinto ciclo del Antiguo Saturno se crea una especie de enlace entre los dos mundos. En esos cuerpos de calor se crean los primeros rudimentos de los órganos de los sentidos. Estos arquetípicos órganos de los sentidos, por supuesto no son de ninguna manera similares a los órganos de los sentidos de la humanidad en la Tierra.

El mundo circundante solo es percibido como calor, por lo que se puede imaginar que los sentidos y demás órganos solo existen en una condición muy primitiva. Habría que imaginar algo así como un órgano similar a la piel, pero que sólo consiste en calor; como una envoltura que limita los diferentes grados de calor, entre lo que habita el cuerpo y lo que esta fuera. Sabemos que lo que consideramos nuestro sentido más inferior, el sentido del tacto, está relacionado con la capacidad de separación de la piel, y que los otros órganos de los sentidos, ya en el proceso embrionario, están en alguna medida relacionados con el desarrollo de la piel. Este desarrollo lo producen dos Jerarquías de Seres Espirituales.

Los cuerpos de calidez o de calor, que son, de hecho, el orígen del cuerpo físico humano, están, por así decirlo, habitados por seres espirituales a quienes Rudolf Steiner llama «Hijos del Fuego» o «Arcángeles». Todavía no habían alcanzado la conciencia del ser humano actual. Su conciencia se podría comparar con la conciencia de los animales en el estado de vigilia. Como consecuencia de que estos Seres trabajan y viven dentro de estos cuerpos de calor, emerge en estos cuerpos el deseo de entrar en contacto sensorial con el exterior. Sin embargo, esto aún no es suficiente para crear los órganos de los sentidos primigenios.

Entonces entran en acción otros Seres de una Jerarquía mas elevada, a la que el Dr. Steiner llama «Espíritus del Amor» o «Serafines». Ellos «perciben» los eventos del Antiguo Saturno, y su percepción no es reflectante, como es por ejemplo la percepción del ser humano actual, sino creativa. Son capaces de elaborar, junto con los Arcángeles, los sutiles contornos etéreos de los órganos de los sentidos arquetípicos. Así, tenemos en este quinto ciclo dos influencias, y ahora podemos preguntarnos ¿dónde podemos encontrar el recuerdo de estos acontecimientos en el Zodíaco?

Los acontecimientos del cuarto ciclo aparecen conectados con Géminis y Sagitario, como transición de Géminis a Sagitario. Ahora solo tenemos que proceder en el orden zodiacal y encontraremos la respuesta. Es una interacción entre las fuerzas que hoy se nos evocan en las constelaciones de Cáncer y Capricornio. Podemos encontrar a Cáncer, en la medianoche de enero, exactamente en el sur. Por encima, hacia el norte, se encuentra la cabeza de la Osa Mayor.

Se compone únicamente de estrellas muy tenues. En los antiguos mapas estelares se representa como un cangrejo con una cáscara dura y enormes pinzas. Esto nos da una especie de imagen de cómo los Arcángeles habitaban en los cuerpos de calor del Antiguo Saturno. El cangrejo está rodeado por una cáscara que protege los órganos blandos más importantes para la vida del animal; los Arcángeles viven dentro de esos cuerpos de calor. Aun así, desarrollan el deseo de captar el mundo exterior con sus pinzas.

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En el lado opuesto del zodíaco está la constelación de Capricornio. Podemos encontrarla en la medianoche, hacia finales de julio, exactamente al sur y muy cerca del horizonte. La majestuosa constelación del Cisne esta exactamente por encima de ella. En los mapas estelares antiguos se representa como una cabra montesa, pero sin las patas traseras. En su lugar se ve una especie de cola de pez que se curva como una espiral. Esta imaginación nos da una idea de la actividad de estos Seres excelsos, los Espíritus del Amor. Al igual que la cabra montesa escala los altos picos de las montañas más altas del mundo, alcanzando con sus cuernos la esfera de la luz, así podemos imaginar a los Espíritus del Amor. Ellos viven en la más alta esfera del universo espiritual. Perciben los eventos del universo desde un elevado punto de vista, aunque su percepción no es pasiva, sino creativa. Crean en el acto de la percepción.

Ellos no retienen sus percepciones creativas; se las donan a los Arcángeles. Esto es un acto de puro amor. La percepción absoluta se combina con el deseo de percibir de los Arcángeles; de este modo se crean los órganos de los sentidos. No son creados como órganos mecánicos. El amor divino dentro de las imágenes de luz, que perciben los Espíritus del Amor, crea los órganos que permiten a la criatura ver el reflejo de las experiencias suprasensibles de esos seres divinos. Esta «involución» creativa de experiencias superiores en una esfera inferior aparece en la cola de pez de Capricornio. Indica que llega a la esfera del «agua». Por supuesto, no existe todavía el agua, Saturno es solo calor, pero indica el ámbito de la reflexión efectiva del calor.

También podemos encontrar la imagen de estos eventos en la forma humana. El pecho humano es una imagen real de Cáncer. El pecho (costillas) rodea y protege los órganos internos, especialmente el corazón y los pulmones; y, sin embargo, en la medida en que separa los órganos internos del exterior, vive en el pecho el deseo de entrar en contacto con el mundo exterior. Este deseo puede incluso llegar al egoísmo; el deseo de poseer todo lo que viene al alcance del ser. Ahora debemos imaginar que esta imagen del pecho humano sólo se indica vagamente en los eventos descritos anteriormente, debido a que los seres conectados con los acontecimientos de Cáncer en el Antiguo Saturno están todavía muy dependientes de la ayuda de los Espíritus del Amor.

Ni siquiera han alcanzado una conciencia del Yo parecida a la de los humanos, por lo que de alguna manera tenemos que ver el peso de estos eventos en la constelación de Capricornio. Esto aparece ahora como las articulaciones de la forma humana, especialmente los codos y las rodillas. Así encontramos de nuevo la conexión con los acontecimientos del cuarto ciclo de Saturno. Dijimos que los acontecimientos Géminis-Sagitario aparecen en la forma humana como los brazos, a los que le siguen los codos. Sin embargo, uno puede preguntarse: «¿Qué tienen que ver los codos con los órganos de los sentidos?» y si uno no comete el error de imaginar los órganos de los sentidos como los actuales, puede encontrar la solución.

Si imaginamos la percepción suprasensible de los Espíritus del Amor penetrando los cuerpos de calor, y en ese acto de penetración creando los órganos de percepción en la superficie de la «piel» de esos cuerpos, entonces podemos experimentar lo siguiente: la influencia de los Espíritus de Amor fuera del cuerpo de calor la morada de los Arcángeleses algo así como una línea «recta», que al penetrar la «piel» de esos cuerpos se retuerce, y de este modo se crea una especie de órgano como una articulación que transmuta la «dirección» exterior en una «dirección» interior.

Sólo por la conexión exacta entre ambas «direcciones», a través de esta especie de articulación como órgano sensorial, puede tener lugar la correcta percepción. Así como, por ejemplo, el ojo humano actúa de una manera arquetípica, como órgano sensorial articulado. En el caso del codo, como imagen de Capricornio en el periodo del Antiguo Saturno, tendríamos un órgano sensorial activo que usamos para nuestra actividad, así como tendríamos que imaginar a los órganos de los sentidos inspirados por los Espíritus de Amor como órganos creadores activos.

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El siguiente paso del Antiguo Saturno, el sexto gran ciclo, sigue en esta línea. Hasta ahora, había facultades de percepción creadas dentro de las criaturas de calor, y ahora durante este ciclo se establece una especie de digestión. Los eventos de Saturno no sólo se perciben, sino que la sustancia calórica de los alrededor son retenidas por el ser de calor. Luego pasan por una especie de «metabolismo» primigenio; así es como tienen lugar los procesos de nutrición y excreción.

Esta evolución también es causada por dos tipos de seres espirituales: los «Angeles» o «Hijos del Crepúsculo», y los «Espíritus de la Armonía» o «Querubines». Los Ángeles tienen un nivel de conciencia inferior al de los Arcángeles dentro Antiguo Saturno. Su conciencia podría compararse con el grado de conciencia que tienen las plantas hoy en día y también actúan sobre los cuerpos de calor de una forma ligeramente similar. Ponen en actividad este metabolismo primigenio, que es como la circulación de la savia en las plantas, pero ellos no podían hacerlo solos. Son ayudados por excelsos Seres llamados Espíritus de la Armonía que han adquirido el poder de dirigir las corrientes cósmicas de calor. Si fuéramos capaces de dirigir el torrente sanguíneo de manera voluntaria, nos haríamos una ligera idea de lo que pueden hacer estos Seres. Similarmente a como esta corriente sanguínea cósmica consiste en calor, asi aparece desde fuera otra corriente como sonido. Es la «armonía de las esferas»; por lo tanto, estos espíritus son llamados Espíritus de la Armonía.

La manera en que dirigen estas corrientes cósmicas, que son calor por un lado y voluntad por el otro, es tan hermosa y armoniosa que aparece como música celestial.

Ambas Jerarquías unidas crean el metabolismo primigenio. Podemos encontrar el recuerdo de esta etapa de la evolución en las constelaciones de Leo y Acuario. La constelación de Leo se puede encontrar en febrero, a la medianoche, muy alta en el horizonte sur. Es una constelación muy notable. Debajo de ella esta Hydra y por encima de ella, hacia el norte, el cuerpo de la Osa Mayor. En esta constelación están inscritas las obras de los Ángeles. También está estrechamente relacionada con el corazón. El león en la Tierra tiene una conexión muy peculiar entre los latidos del corazón y la respiración. Incluso se podría decir que el cuerpo de este animal se dirige principalmente al corazón. Es, en su conjunto, un gran «corazón», y, por tanto, es el «rey de los animales».

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Sin grandes dificultades, ahora podemos ver en esta región el metabolismo del calor que se ha creado en los cuerpos de calor de Saturno, porque el corazón es aún hoy el órgano central del metabolismo conectado con el calor de la sangre.

La constelación de Acuario se puede ver, hacia finales de agosto durante las horas de la medianoche, entre las constelaciones de Piscis y Capricornio. Los antiguos Mapas estelares la muestran como una figura humana que vierte agua de una jarra hacia los espacios celestes. En esta región se inscriben los hechos de los Espíritus de la Armonía. El agua que se vierte en el universo, por supuesto, no es agua terrenal. Es la corriente de calor que los Espíritus de la Armonía dirigen a través del universo del Antiguo Saturno. En la circulación de la corriente sanguínea del ser humano tenemos aún la imagen de la actividad de los seres divinos. Hablamos a veces del murmullo del torrente sanguíneo. El antebrazo y las pantorrillas también están conectados con Acuario.

Los que tienen alguna experiencia en enfermería saben que los brazos y las pantorrillas son un punto excelente para la medición y regulación del metabolismo de calor, así como del control de la frecuencia cardíaca. En la siguiente Carta concluiremos la descripción de la evolución del Antiguo Saturno y resumiremos nuestras experiencias sobre el zodiaco, lo que nos permitirá hacer el cuadro más completo. Esto será muy necesario después del recorrido por esta gran ronda de la evolución cósmica. Que los lectores no se impacienten si estas descripciones les resultan muy difíciles. Tenemos que trabajar duro con el fin de adquirir un conocimiento real y fundamental del universo pues será algo que nos resultará útil en muchos sentidos.

Traducido al español por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.

(Copyright Astrosophy Research Center, Inc. 2003)

3er. Informe. El Mundo Estelar: Las Entidades Espirituales en las Estrellas.

Cartas de Astronomía de Elisabeth Vreede.

Tercera Carta. Noviembre 1929

En la última Carta hemos intentado tender un puente entre el mundo planetario, y el mundo estelar mostrando cómo se puede comprender el origen de nuestro sistema Solar, a partir del mundo estelar y especialmente del Zodiaco. En la ciencia oficial, por contra, la teoría de Kant-Laplace hace remontar el origen de nuestro mundo a una nebulosa primitiva, y rinde cuentas a su manera del origen de nuestro Sistema Solar. Pero para cada estrella sería necesario suponer también una “nebulosa primitiva”, que hubiera existido en algún momento.

Estas nebulosas y las estrellas que han nacido en ellas, no tienen pues nada en común con nosotros, y nada entre ellas, podemos imaginarnos su separación, a causa de las formidables distancias entre ellas. No vamos a tardar mucho en considerar este punto de vista materialista del Universo, pues las estrellas nos obligan de alguna forma, a buscar lo que falta en esta visión materialista: el fundamento Espiritual, la Esencia Divina que emana de ellas, gracias a la cual, la Tierra y la Humanidad, están relacionadas en nuestro Sistema Solar. Para poder ver esta relación, nos bastará recordar lo que figura en el ciclo: Las Entidades Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza. (Rudolf Steiner. Helsingfors 3-14.4.1912 GA 136 E.A.R.)

Los Espíritus de la Sabiduría que son los Seres más elevados de la segunda jerarquía, son los que viven en las Estrellas. Al mismo tiempo son los Espíritus reguladores de la consciencia de los Planetas, que es la menos elevada de las consciencias colectivas, a este respecto su residencia es el Sol. Así el Sol y las Estrellas se encuentran desde este punto de vista en un nivel de existencia común. Una Entidad, un acuerdo mutuo, reina entre todas las Estrellas, es la obra de los Serafines.

Los Espíritus de la Voluntad, o Tronos, dan por su parte el impulso necesario a los desplazamientos de los Planetas en el espacio, mientras que los Querubines regulan el movimiento en conjunto del sistema, a fin de que cada Planeta se integre en él.

<< De la misma forma que ponemos orden en un grupo de personas, cuando una va por aquí y otra por allá, y comienzan a tender todas hacia un mismo objetivo, es necesario también establecer el orden en los movimientos de los Planetas hasta que armonicen unos con los otros. Esta ordenación del movimiento de los Planetas, el hecho de que el movimiento de cada uno de ellos tenga en cuenta el de los demás, corresponde a la actividad de los Querubines.>> (7 Abril 1912 .Helsingfors. R.S.)

 

No se ha pensado únicamente en los Planetas del Sistema Solar. Las Estrellas también pueden estar rodeadas por Planetas, y la Astronomía moderna lo admite claramente, estos Planetas reciben la Luz y la Vida de su Estrella, pero no pueden volverse visibles por si mismos. Por otra parte como hemos visto las estrellas en general han ascendido del rango de planeta al rango de estrella, y esto de una forma análoga a la de nuestro Sol, que debió separarse de la Tierra porque ésta no podía seguir el ritmo de su evolución.

<<Una estrella es un Planeta que ha ascendido de grado y que ha expulsado todo lo que no podía seguirla en su desarrollo. Las más altas Entidades se han creado una existencia en las estrellas. Cada estrella ha nacido de un Planeta, (…) Nosotros nos transformaremos junto con la Tierra en Entidades de un rango más elevado capaces de soportar la existencia Solar>> (8 Febrero 1908. Stuttgart. Las influencias de otros mundos sobre la Tierra. Rudolf Steiner.)

<<Cada sistema planetario, con la estrella que lo conduce, de alguna manera, bajo la dirección de los Querubines, tiene relaciones con los demás sistemas planetarios, los de las demás estrellas. Se comunica con Ellos en el lugar que ocupa en el espacio, y sobre su propio significado, de la misma forma que los hombres se entienden y hablan juntos de sus actividades comunes. Igual que los hombres crean un sistema social por que tienen necesidad de relacionarse unos con otros, los sistemas planetarios y las estrellas tienen necesidad de relacionarse. Es solamente bajo esta condición como puede existir el Cosmos. Lo que los sistemas planetarios se dicen así a través del espacio cósmico, para llegar a ser un Cosmos, esta regulado por los Espíritus que llamamos Serafines>> ( Febrero 1908. Stuttgart. Rudolf Steiner. )

Estas palabras nos conducen hasta alturas casi inconcebibles de la actividad Espiritual. Estamos inmersos en un sentimiento de proximidad con el Cosmos, de protección por el Cosmos, muy diferente de todos los sentimientos que puede provocar la concepción científica moderna.

Las estrellas se vuelven para nosotros colonias de Entidades Espirituales así como Rudolf Steiner las llamaba siempre que quería pasar del “Maya” exterior a la realidad. Él indicó que la Tierra también sería considerada como una colonia, si pudiéramos contemplarla desde fuera con la ayuda de la clarividencia, la veríamos entonces poblada por las almas-grupo de las plantas, y de los animales, las Almas individuales de los Hombres, las Almas de los Pueblos, etc. La parte física tendría finalmente mucha menos consideración. Igualmente cada estrella nos indica en que dirección podemos encontrar una colonia del mismo tipo, pero compuesta por Seres mucho más sublimes.

Es preciso tomar en serio la palabra “dirección” que debe atraer nuestra atención sobre el lugar en donde están reunidas ciertas Entidades Espirituales. No es preciso imaginarse de hecho que los Seres Espirituales mismos se encuentren en una estrella que vemos brillar, Ellos ya no están directamente ligados a la estrella, e incluso podemos decir en cierto sentido que si la estrella esta allí, si es visible a nuestros ojos, es por que ya no es el cuerpo ni la residencia de una colonia de Dioses. Aquí tocamos de nuevo el misterio de la evolución Divina, del desarrollo de las Entidades Espirituales, que les conduce de Era en Era a niveles ascendentes. Hemos visto que un planeta puede convertirse en estrella, y después ascender todavía más alto, desde la existencia estelar a la existencia zodiacal.

Pero la estrella atraviesa también una metamorfosis debido a su progresión y al avance de los Seres que están unidos a ella. Y es así como llegó un día, durante la Era Terrestre, en que las Entidades Espirituales no tuvieron necesidad de utilizar sus cuerpos estelares y los abandonaron, como el Hombre abandona su cuerpo físico al morir. “Las estrellas son cuerpos divinos abandonados”, tenía costumbre de decir Rudolf Steiner.

<<Estos cuerpos divinos que están repartidos por el espacio cósmico se han convertido en estrellas. Las Entidades Espirituales habían recorrido toda una evolución mientras llegaban al punto que para el Hombre terrestre significa la muerte física, la materia física se les escapaba y se convirtió entonces en una estrella. Las estrellas son los cuerpos de los Dioses cuyas Almas continúan actuando en el mundo independientemente de su cuerpo,  y de una forma distinta.

( Rudolf Steiner 21 Agosto 1911. Dionisos y la consciencia del Yo. Munich.)

Los Serafines, los Querubines, los Tronos, que están ligados al Zodiaco, los Espíritus de la Sabiduría que han alcanzado la existencia de las estrellas, no es a ellos a quienes percibimos en las estrellas.

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relampago

La existencia de los espíritus luciferinos está en principio descrita de tal forma que se puede comprender lo que los une al mundo estelar. De hecho se diferencian según la jerarquía a la que pertenecen, pero en la que han perdido su verdadero rango, después de haber permanecido rezagados en la evolución. En lo que concierne a las estrellas, se trata sobre todo de espíritus luciferinos salidos de la Tercera Jerarquía, también llamados Ángeles y Arcángeles caídos. He aquí lo que caracteriza a las Entidades de la Tercera Jerarquía, normalmente evolucionadas:

<<Perciben en realidad lo que manifiestan a partir de sí mismos, y cuando penetran en su interior no encuentran nada ahí, al contrario de lo que le ocurre al hombre, como algo autónomo, cerrado en su Yo. Sienten más bien brotar de su interior las Fuerzas y las Entidades de las Jerarquías que están por encima de Ellas , en un nivel superior.

 Estas Entidades de la Tercera Jerarquía, no pueden pues ocultar nada en sí mismas, de lo que produce su propio pensamiento, o su propio sentimiento, pues todo lo que elaboran, se muestra forzosamente al exterior.>> (Rudolf Steiner. Helsingfors 1912.)

Este es el caso de los Ángeles, Arcángeles, y Archais (Espíritus de las Épocas), normalmente avanzados en la evolución.

<<Pero cuando reniegan de su naturaleza y adquieren el deseo de vivir en su Ser interior algo que no manifiestan inmediatamente hacia el exterior, entonces están obligados a tomar otra naturaleza.

Esto realmente ha ocurrido en el curso del tiempo, Ellos quisieron sobrepasar el estado donde la substancia de las Jerarquías Superiores les colmaba en Espíritu, no querían ya ser únicamente colmados y saturados por estas Jerarquías Superiores, sino serlo también por su propia entidad.

No podían hacerlo de otra forma que aislándose, disociándose de las Entidades de las Altas Jerarquías, a fin de procurarse por este medio una substancia propia, salida de la substancia de estas Altas Jerarquías.>> ( Rudolf Steiner. 8 Abril 1912. Helsingfors.)

<<Por cualquier lugar al que dirijamos la mirada oculta sobre una estrella, encontraremos en principio Espíritus normales de la Sabiduría, pero si estos Espíritus actuasen solos, el Cielo permanecería totalmente invisible a nuestros ojos físicos. Solo sería visible para una consciencia clarividente.

 Así pues por todas partes los Espíritus Luciferinos están mezclados con los Espíritus normales de la Sabiduría, e introducen en el mundo estelar la luz de la que se han apropiado, la luz física.

 Cuando el firmamento nocturno nos muestra sus innumerables puntos de luz, es en realidad Phosphoros quien actúa en ellos. Si los Espíritus normales de la Sabiduría, actuasen solos, el firmamento sería ciertamente visible al ojo espiritual, pero permanecería oscuro al ojo físico.

 sinatmosfera

Gracias a Lucifer o gracias a los Espíritus Luciferinos, que están, y deben estar activos por todas partes, el Cielo se nos muestra como Maya.>> (R.S. 14 Abril 1912. Helsingfors.) Es necesario pues distinguir dos elementos en el mundo estelar. En principio el elemento Espiritual Divino, sublime, que está ahí pero permanece invisible, no solamente porque se ha retirado de las estrellas, sino incluso porque lo que es verdaderamente espiritual no puede ser visto por los ojos físicos, y a continuación el elemento espiritual rebelde, luciferino, que nos vuelve accesible el cielo estrellado, porque Lucifer como nosotros sabemos, “ha abierto nuestros ojos”. Sin embargo quien experimentara una decepción, pensando que lo Divino no habla directamente a través de las estrellas, se equivocaría.

Pues lo Divino habla a través del mundo estelar por medio de otra cosa distinta que la simple luz, vive en algo que es perceptible, incluso si está ahí con la ayuda de Lucifer, se trata de la configuración de las diferentes Constelaciones, la forma en que las estrellas se agrupan para formar figuras características. Tomemos por ejemplo constelaciones bien conocidas como la Osa Mayor, Orión, o Leo. Si estas formas son lo que son, si esas estrellas están de esa forma unidas entre sí y guardan su característica configuración recorriendo la bóveda celeste, es resultado, vestigio, de la colaboración entre las Entidades Espirituales Divinas. Ahí están los actos vueltos visibles de Seres de las más Altas Jerarquías. Las Constelaciones tienen una importante significación espiritual, sus formas son los arquetipos de todas las formas y de todas las figuras que se encuentran en la Tierra, volveremos sobre este tema con más detalle.

constelaciones

Bien entendido, la objeción que se hace habitualmente no tiene ningún valor desde el punto de vista espiritual, que estas estrellas no están dispuestas así más que por “azar” y que en realidad nada prueba que exista entre ellas la menor relación. Tal objeción es perfectamente natural si partimos del concepto científico moderno, si concebimos las inconmensurables distancias entre las estrellas, la disposición de las siete estrellas principales de la Osa Mayor, no puede ser más que una imagen ficticia, y todo el firmamento nocturno no es finalmente más que pura apariencia. Y por tanto los astrónomos no salen de su asombro, al descubrir desde el siglo pasado, que en lo que respecta a ciertas propiedades, y ciertas direcciones de sus movimientos, la mayoría de las estrellas de la Osa Mayor, las Pléyades, las Hyades, etc. constituyen sistemas precisos, ”conjuntos” en cierta forma, de tal manera que podemos preguntarnos si no hay algo de real en las constelaciones tradicionales.

Para la mirada espiritual las siete estrellas de la Osa Mayor, por no hablar más que de esta constelación, son el rastro dejado por siete sublimes espíritus a los que los Hindúes llamaron los siete Rishis. Su colaboración afectó la disposición formal que vemos todavía hoy en el Cielo. Es necesario de todas formas añadir que las posiciones respectivas de estas estrellas, han podido cambiar un poco en el curso de los milenios, a causa de los desplazamientos propios de las estrellas que se han descubierto bastante recientemente.

La Humanidad antigua que no se inquietaba por las teorías modernas de la Astronomía, veía estas Constelaciones como figuras imaginativas, y jamas hubiera podido considerarlas como agrupamientos fortuitos. Aquel en quien la vista haya sido un poco agudizada por la Ciencia Espiritual, no tiene más que observar Orión por ejemplo cuando se levanta muy oblicuo en el horizonte, después se endereza al Sur y vuelve a estar oblicuo al ponerse en el Oeste,o mejor todavía una constelación circumpolar como justamente la Osa Mayor, la Osa Menor, o incluso el Dragón, en veinticuatro horas, o bien en el curso del año se les ve hacer un giro alrededor del Polo Celeste guardando rigurosamente su forma. Cada una de ellas da la impresión de un todo coherente, y esta impresión, que a decir verdad nos es dada por Lucifer pues sin él no veríamos nada en el firmamento, puede tomar una importancia muy particular para el hombre encarnado. En sus conferencias sobre el Karma, Steiner habló de la influencia que tendrá para nuestra próxima vida terrestre la atención, el interés que tengamos o no tengamos, en esta vida por ciertas cosas.

<<Hay personas que en toda su vida no han mirado jamas las estrellas, y esto existía ya en épocas muy antiguas. Estas personas ignoran donde está Leo, Aries, Tauro, y esto no les interesa. Estas personas nacerán en su próxima encarnación, con un cuerpo débil y sin fuerza, incluso si reciben de sus padres un modelo corporal vigoroso, el cuerpo que ellas se construirán a continuación por sí mismas, permanecerá ablandado y sin fuerza.>>

 ( Rudolf Steiner. 1 Marzo 1924. El Karma,consideraciones esotéricas Iª a VIª conferencias GA 235-240 E.A.R.)

Aquí, interiorizamos que lo que el Hombre puede recibir de la contemplación del firmamento en el curso de su vida, le proporciona para su vida siguiente, un esqueleto sólido, una estructura corporal robusta, la adquiere contemplando las formas características de las constelaciones. No se trata de experimentar una emoción difusa a la vista de las estrellas, sin discriminación. Al contrario,este tipo de emociones que desdeña o ignora las Constelaciones, con sus contornos característicos, para exaltar simplemente la vista de miríadas de estrellas centelleantes, está en gran parte bajo la influencia de los Espíritus Luciferinos y en las antípodas del elemento Divino que reina en el Universo. Este estado de ánimo tiene también ciertas consecuencias, y no está exento de peligro. La conferencia del 29 Enero 1921 Rudolf Steiner. “La responsabilidad del Hombre en el desarrollo del Universo por su pertenencia a la Tierra y al Mundo de las Estrellas.” Dornach.en GA 203 en “Lucifer y Ahriman su influencia en el Alma y en la Vida”. E.A.R.

Explica cual es el origen kármico.

<<Podemos contemplar la Vía Láctea, y todo el resto del Cielo estrellado, porque se trata de la manifestación del ser Luciferino en el Mundo. Todo este Universo luminoso, irradiante, que nos rodea, es en el presente lo que es, por que ha quedado rezagado en un estado anterior de su existencia. Corremos pues el peligro de hacernos cada vez más luciferinos cuando nos entregamos al mundo sensible sumergiéndonos en el aspecto del Cielo. Entre el nacimiento y la muerte tenemos tendencia a entregarnos a la contemplación del Cielo estrellado, es un instinto que permanece en nosotros del tiempo que hemos pasado en los mundos espirituales antes del nacimiento, pues nosotros vivíamos entonces con los Astros. Hemos adquirido una afinidad demasiado fuerte con los mundos cósmicos, nos hemos vuelto demasiado parecidos a ellos, y nos queda esta tendencia, que no es por otro lado particularmente fuerte en la humanidad, a perdernos en la contemplación de las estrellas. Desarrollamos esta tendencia, cuando nuestro karma nos ha conducido a permanecer demasiado dormidos durante la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, sin elevarnos a la plena consciencia. >>

 

Cuando contemplamos el Cielo estrellado, el elemento verdaderamente Divino que nos habla a través de la manifestación luminosa se mezcla con el elemento luciferino retrasado. Efectivamente el mundo de los Astros es la expresión de lo Astral, la palabra lo indica ya, y el mundo Astral es tanto la manifestación del Espíritu Santo como la morada de los espíritus luciferinos. De la misma forma que lo etérico se vuelve visible en el azul del Cielo, el cuerpo astral del Cosmos se vuelve visible en el resplandor de los astros.

<<Cada astro que vemos brillar es en realidad una puerta de acceso para el astral. Por todas partes donde las estrellas se encienden a nuestros ojos, es lo astral lo que se enciende. Si miráis el Cielo estrellado en su multiplicidad, aquí estrellas reunidas en grupos, allá estrellas dispersas, debéis deciros que en la admirable configuración de todas estas luces, un mundo invisible, el cuerpo astral del Cosmos se vuelve visible. Es por lo que no tenemos el derecho a mirar el mundo de los Astros sin ver ahí el del Espíritu. Hablar de un Universo gaseoso o incandescente es un poco como si, perdonen esta paradójica comparación pero es justa al más alto grado, alguien que os amase os acariciase la mejilla apartando un poco sus dedos, y que dijeseis entonces ahí están pequeñas cintas posadas en vuestra mejilla. Cuando alguien os acaricia, no es eso, no son simplemente pequeñas cintas colocadas en vuestra mejilla. Pues bien de la misma forma no son las entidades de las que nos habla la física las que ejercen continuamente influencias en lo alto del cielo, sino el cuerpo Astral del Universo, de la misma forma que una caricia sobre vuestra mejilla ejerce una influencia sobre vuestro organismo etérico. La única diferencia es que el cuerpo astral del Universo está organizado para durar por un tiempo muy largo. He aquí por que una estrella que representa siempre una influencia emanante del mundo astral sobre el éter universal, dura más largo tiempo que una caricia.

 

El Hombre no soportaría que lo acariciasen tan largo tiempo. Pero en el Universo se trata enseguida de masas gigantescas. Es preciso pues ver en el Cielo estrellado una expresión de lo Astral Cósmico. De esta forma, una cantidad verdaderamente enorme de vida psíquica se vierte en el Cosmos. Pensad hasta que punto el Cosmos está muerto cuando al mirarlo no vemos ahí más que cuerpos gaseosos incandescentes. Y como todo esto cobra vida cuando sabemos que los astros son la expresión del amor con el que el Cosmos astral actúa sobre el Cosmos etérico, he aquí una expresión completamente adecuada.>>

(La Conferencia de Dornach del 4 de Junio 1924 en El Karma II GA 236,E.A.R. Rudolf Steiner ) Si queremos caracterizar la naturaleza profunda de los Astros, estamos siempre obligados a utilizar expresiones prestadas de la vida moral. Es preciso rechazar el creer que se puede comprender el mundo de los Astros a partir de hipótesis puramente físicas o de simple cálculo.

<<Se calcula,se calcula, se calcula. Es exactamente como la araña que teje su tela, y que imagina que esta tela envuelve todo el Universo. Pero estas leyes a partir de las cuales se calcula, no son válidas allá arriba, y se puede como mucho emplear lo que tienen en sí de moral para forjarse ideas sobre lo que existe allá arriba. En el Cielo estrellado, en efecto, todo ocurre moralmente, a veces también inmoralmente, de una forma Ahrimánica, Luciferina,etc. Si empleo el término moral en su sentido más amplio, puedo decir que todo tiende a tomar un valor moral, y no físico.>> ( Rudolf Steiner. 28 Julio 1923. Las individualidades espirituales de nuestro sistema planetario. Los Planetas que determinan el destino y los que liberan al Hombre. Dornach. GA 228.)

Aquí se abre un verdadero abismo entre la concepción científica actual, y la concepción Espiritual Antroposófica. Los fenómenos que han sido descubiertos por la Astronomía, de una forma tan digna de admiración, ciertamente no pueden ser refutados. Encontrarán confirmación en su justo lugar y en sus justos límites, a condición de ser considerados como una interpretación reducida, lo que resulta por otra parte del método utilizado para descubrirlos, por ejemplo el análisis espectral.

Desgraciadamente los astrónomos interpretan todavía estos fenómenos, en el sentido del puro materialismo del siglo XIX. La idea de la evolución tal y como se aplica a las estrellas, no solamente en las obras divulgativas si no incluso en la de los especialistas más serios se quedan al nivel del Darwinismo más primario, con su “lucha por la vida” y otras teorías de este tipo.

Así que las Ciencias Biológicas justamente acaban de abandonar un poco de ese Darwinismo primario, por que recientemente se han hecho descubrimientos que han enfermado algunos de esos primeros dogmas ortodoxos. Para las estrellas no se ha podido hasta la fecha realizar experiencias de este tipo, dado que se las considera inaccesibles, que no se puede pensar incluso en “una acción de los astros en las sustancias terrestres” y aun menos intentar estudiar la naturaleza de las estrellas por vías experimentales. La teoría ha sido aquí mucho más fatal que para las ramas “terrestres” de la Ciencia, por que faltan posibilidades de rectificación. Y es así que se complacen todavía en hablar del nacimiento de mundos a partir de nebulosas, de la eclosión y el declinamiento de las estrellas, de su desaparición por enfriamiento progresivo, o por colisiones entre cuerpos celestes, o incluso por explosión a consecuencia del rozamiento con el polvo cósmico, etc. Se desarrolla para el Universo entero un cuadro que nos ha sido ya esbozado en el Siglo XIX para la Tierra, su nacimiento en la nebulosa primitiva, y su muerte por entropía, toda la vida espiritual y moral se ensombrece entonces desde el nacimiento. En nuestros días este cuadro ha sido simplemente multiplicado miles o millones de veces.

Y esta imagen del Universo ha sido gravada en el corazón de los Hombres, miles y millones de veces por la vulgarización científica. Falta oponerle otra y es por lo que estudiamos aquí los fundamentos Antroposóficos de una concepción espiritual de la evolución, partiendo de Entidades Suprasensibles y de sus niveles de existencia moral. La importancia de esta oposición nos hará quizás perdonar haber traído tantas citas de conferencias de Rudolf Steiner. Se trataba de desarrollar aspectos delicados de una cuestión tan sublime que únicamente las palabras del investigador espiritual mismo podían parecer convincentes. Lo que falta por decir a propósito de este capítulo de Astrosofía constituirá el tema de la próxima carta de Navidad.

Nota para las citas de las conferencias de Rudolf Steiner.

GA seguido de un número se refiere a edición completa en Alemán.EAR Ediciones Antroposóficas Romandes, Ginebra.

Traducido del alemán por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

3ª CARTA – La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

English version

 

 Junio de 1944

El universo de nuestro sistema solar con sus planetas girando alrededor de un centro común es un organismo bastante complicado. De acuerdo con la opinión de Ptolomeo, la Tierra está en el centro de este organismo; de acuerdo con Copérnico, el Sol está en el centro y ejerce un firme control para que los planetas no se desvíen de sus órbitas. (Rudolf Steiner ha indicado el movimiento lemniscatorio como base de la futura concepción del universo planetario. Tengo la intención de volver a estos temas a su debido tiempo, sobre todo cuando tengamos que hacer frente a la naturaleza de los planetas).

El sistema ptolemaico y copernicano del universo tiene la forma de un plano circular, con las órbitas de los planetas dentro del mismo como los anillos concéntricos de un disco. Este plano circular está rodeado por un cinturón de doce constelaciones de estrellas fijas, que identificamos como las constelaciones del zodiaco. Los nombres de estas doce constelaciones se han dado en la primera Carta.

Ahora vamos a hablar de la naturaleza de estas doce constelaciones del zodiaco. Forman el mundo «externo» de nuestro sistema solar, y se relacionan con él asi como nuestro mundo exterior se relaciona con nosotros.

¿Cómo nos relacionamos con nuestro mundo exterior? Encontramos a nuestro alrededor sustancias sólidas, líquidas, gaseosas y calor. Todo esto también lo encontramos en la forma humana, pero en condiciones transformadas. El origen de estas sustancias lo encontramos en nuestro entorno. Son la base de nuestra existencia física. Las llevamos dentro, y las tomamos continuamente durante nuestra vida en la Tierra, al respirar y al comer. Al observar estas sustancias y encontrarlas de nuevo en una condición transmutada en nuestro cuerpo, podemos leer la historia de la creación y organización del ser humano. Por supuesto, no sólo tenemos que mirar estas sustancias desde el punto de vista del pensamiento materialista para aprender la historia de la creación de nuestro cuerpo, sino también será necesario encontrar sus cualidades espirituales.

Podemos imaginar que la relación entre las estrellas fijas del zodiaco y el mundo solar se constituye de una forma similar. Nuestro sistema solar tiene que haber llegado a existir en un tiempo que no podemos juzgar de acuerdo a las condiciones terrestres. ¿De dónde procede? Del mismo modo que las sustancias que encontramos en el cuerpo humano, en algún momento han sido parte del mundo que nos rodea, el ser esencial de nuestro universo pudo haber tenido origen en el mundo circundante de las estrellas fijas. Así tendríamos que considerar este mundo de las estrellas fijas, no sólo desde un punto de vista puramente cuantitativo, sino también desde un aspecto cualitativo.

Si aceptamos esto, entonces podemos mirar a las estrellas fijas, y entre ellas especialmente a las estrellas fijas del Zodíaco, como el reino donde podemos aprender algo sobre el origen y la creación de nuestro universo solar.

Buceando en las huellas de la creación puede sernos revelada la naturaleza interna del Zodíaco. Rudolf Steiner nos ha dado la clave para la comprensión de la evolución de nuestro universo en su libro «La Ciencia Oculta». Allí se describen las diversas etapas de la creación hasta el universo en el que actualmente vivimos y percibimos con nuestros sentidos. Describe este proceso, tal como se presenta a la percepción espiritual del clarividente que ha recorrido el camino de la iniciación occidental moderna. Podemos seguir sus explicaciones, en el libro mencionado anteriormente, porque también da los métodos para la obtención de la clarividencia moderna.

Lo que dice acerca de la evolución del mundo no es una hipótesis que no pueda ser probada; cualquier persona puede obtenerla si está dispuesta a seguir el camino de la iniciación tal como se describe. De esta manera, el Dr. Steiner describe tres grandes etapas de la evolución de nuestro universo, que a su vez conducen a una cuarta etapa, a la creación del mundo en el que vivimos.

Estas tres grandes etapas de la evolución, según la tradición oculta, se denominan: evolución del Antiguo Saturno, evolución del Antiguo Sol y evolución de la Antigua Luna. La cuarta etapa se llama la evolución de la Tierra, que en realidad significa la evolución de nuestro universo solar actual. Estas cuatro etapas de la evolución representan la condensación de algo en la materia sólida con todos sus estados intermedios y que en su origen es de carácter puramente psíquico; indicios que todavía se encuentran en la naturaleza como sustancias gaseosas, líquidas y sólidas. (La idea de la materialización de los «pensamientos» como un proceso de evolución se ha considerado incluso por la ciencia natural moderna).

La etapa de la evolución que denominamos como Antiguo Saturno es el estado en el que el ser psíquico puro (en el sentido de la ciencia natural moderna, el «pensamiento») se condensó en calor. Así se alcanzó el primer paso de la creación de la sustancia física. (Puede ser que, de acuerdo con la ciencia moderna, el calor no se considere fácilmente como sustancia física sino como un estado bajo el que se presenta la sustancia física. Más adelante hablaremos de esto).

La evolución del Antiguo Sol es el estado en el que la sustancia calórica creada anteriormente se condensa hasta el estado gaseoso. Continuando el ciclo evolutivo, llegamos a la etapa de la Antigua Luna, donde las sustancias gaseosas anteriormente creadas se condensan hasta el estado líquido; y en la cuarta etapa, ya en la evolución de la Tierra, tiene lugar una nueva condensación, donde las sustancias líquidas se transforman en materia sólida.

Esto es, por supuesto, sólo una muy breve reseña de estas cuatro etapas de la evolución, y ahora nuestra tarea será la de dar una explicación más detallada y encontrar la conexión con las estrellas fijas del zodiaco.

La Evolución en el Antiguo Saturno

Si nos remontamos a los inicios de la creación, por medio del conocimiento de la iniciación moderna, no encontraríamos ninguna sustancia física. Todo se hallaba en una condición psíquica y espiritual. Así como no se puede, por ejemplo, imaginar pensamientos que no estén conectados con la existencia psíquica individual del ser humano, solo encontraremos este estado psíquico del universo existiendo en la vida interior, no física, sino de seres espirituales.

Y así como podemos distinguir en el ámbito de la vida del pensamiento humano entre seres humanos que tienen la capacidad de crear ideas y otros que son capaces de realizarlas y ponerlas en práctica, también podemos distinguir entre las jerarquías de seres espirituales las que tienen diferentes capacidades para materializar lo psíquico, la sustancia arquetipica creada por ellos mismos.

Por lo tanto, en el inicio encontraríamos a los seres espirituales que, en un momento determinado de su evolución intemporal interior, habían alcanzado la capacidad de derramar la sustancia psíquica original; la «idea» o el «pensamiento» o sea lo que fuere. Aquella sustancia, a su vez, pudo ser asumida por otros seres.

Si nada existía en un sentido físico, lo primero que emergió fue la «voluntad (física) de existir» y así sucedió. Excelsos seres espirituales, a los que el Dr. Steiner llama Espíritus de la Voluntad, alcanzaron la capacidad de derramar Voluntad como una sustancia psíquica. Esta voluntad se convirtió en el fundamento de todo lo que, en el curso de la evolución, se transformaría en algo físico. Estos Espíritus de Voluntad sólo fueron capaces de transmitir su sustancia volitiva después de una larga evolución interior.

Lo que supuso aquel principio, desde el punto de vista de la creación de nuestro universo, para estos Espíritus tuvo que haber significado el final de un desarrollo interior. Este primer acto de la creación es una conclusión y a la vez un nuevo comienzo.

¿Puede la «Madre Tierra» de nuestro universo solar, las estrellas fijas del Zodiaco, contarnos algo acerca de aquel evento, como si contuviera un tipo de memoria cósmica? Podemos encontrarlo escrito en la constelación de Piscis, tal como se presenta hoy en el cielo. (Rudolf Steiner, en «La Ciencia Oculta» no indicó ninguna conexión entre los acontecimientos durante las diversas etapas de la evolución de nuestro universo y las constelaciones del zodíaco, como lo haremos aquí. El cómo se describe en estas Cartas, es totalmente la responsabilidad del autor).

Piscis, como lo vemos hoy en día de acuerdo a la imaginación de nuestros antepasados, se compone de dos peces nadando en direcciones opuestas, y sin embargo están unidos por una especie de cinta de estrellas. Piscis está entre Acuario y Aries. Forma la duodécima constelación zodiacal. Ahí finaliza el zodiaco y comienza de nuevo la constelación de Aries. Así Piscis es la imagen del final de una evolución que tuvo lugar en el ser de los Espíritus de la Voluntad, antes de que fueran capaces de derramar la sustancia original de nuestro universo, y también la imagen del comienzo de nuestro ciclo evolutivo.

La constelación de Piscis está nadando en el agua que Acuario vierte en el universo. En ese agua podemos percibir, con los órganos del conocimiento superior, la imagen de la sustancia creativa de todo el universo espiritual el torrente sanguíneo creador del mundo espiritual. Que tiene todas las posibilidades de manifestarse en sí mismo. Los arquetipos de todas las cosas existentes en el mundo físico y anímico están como disueltas en esa corriente. Ni siquiera han llegado a una forma psíquica aún, pero ahora, en este agua celestial, aparece Piscis. Surgen las primeras huellas de una solidificación psíquica de objetos individuales. Los arquetipos de la voluntad como fundamento de la existencia física se consolidan en un mar de posibilidades creativas.

En ese momento, una vez creada la sustancia primigenia, comienza la evolución del Antiguo Saturno. Otros Seres espirituales desplegaron su actividad y la dirigieron hacia esa sustancia volitiva primigenia. El Dr. Steiner los llama Espíritus de la Sabiduría. Para entonces ya han alcanzado otra capacidad. Son capaces de derramar Fuerzas de Vida, y dirigen estas fuerzas hacia este «planeta de Voluntad», que ha llegado a la existencia. Este planeta, que ahora llamamos Antiguo Saturno, no es capaz de recibir la vida. No ha avanzado hasta el punto de volverse vivo.

Aún es como una sustancia inerte que sólo puede reflejar lo que está pasando en su entorno, por lo que solo irradia fuerzas vitales que proceden de los Espíritus de la Sabiduría. La vida reflejada es sabiduría, porque la naturaleza interior de la vida es sabiduría. Así, sucedió que estas fuerzas cósmicas de sabiduría formaron algo así como una esfera en el medio ambiente del planeta.

Podemos encontrar el recuerdo de esta etapa de la evolución, por así decirlo, en la constelación de Aries. Aries lleva un velo blanco. La cabeza de la imagen del animal está coronada con cuernos enrollados como dos espirales invertidas.

Este proceso cósmico puede experimentarse como un gigantesco desarrollo embrionario de nuestro universo. En sí mismo lleva la imagen arquetípica de todo lo que es un proceso embrionario en las distintas etapas de la evolución, y también dentro de los seres individuales de este universo; por ejemplo, el desarrollo embrionario del ser humano. Sabemos por la ciencia de la embriología que durante las primeras etapas de la condición embrionaria, la cabeza es predominante, y el tronco y las extremidades son apenas una especie de apéndice con la cabeza.

Incluso se podría decir que durante las primeras semanas, cuando el cerebro del embrión todavía no se ha desarrollado en detalle, todo el organismo embrionario se asemeja a un cerebro, ya que esta enrollado como una espiral. Fuera de él, las restantes partes del organismo van creciendo paulatinamente.

La primera etapa de la evolución del Antiguo Saturno es la creación del arquetipo del cerebro. Actualmente, el cerebro humano no es más que una débil copia de aquel cerebro cósmico; y sin embargo, aún conserva las huellas de su forma espiritual. Tiene que estar inanimado en un alto grado ―sin sangre―, porque sólo así puede funcionar. Opera de tal manera que la vida en el entorno del ser humano se refleja en él. Esta reflexión, siendo sólo una sombra de la verdadera vida, es capaz de producir el pensamiento y el conocimiento de los objetos del mundo exterior.

Así podemos encontrar en la imagen del Carnero en reposo, mostrando la etapa en la que los Espíritus de la Sabiduría entraron en actividad, la sustancia volitiva aún sin vida, la reflexión (expresada en la cabeza del Carnero, que se vuelve mirando por encima de sus hombros), y la creación de la lana blanca de la Sabiduría. Incluso, en los cuernos del Carnero podemos ver la imagen de las curvas del cerebro, o la espiral del embrión, como un «cerebro» primigenio, que refleja y reproduce la forma como en un acto recordatorio.

La siguiente etapa de la evolución del Antiguo Saturno está conectada con una afluencia en el planeta de fuerzas anímicas o fuerzas de conciencia. Estas fuerzas provienen de los Seres a los que el Dr. Steiner llama «Espíritus del Movimiento».

Ellos son capaces de derramar las fuerzas del movimiento interior, el movimiento del alma. Así pudo ser animada la sustancia del planeta, pero al no ser capaz de recibir la vida de los Espíritus de la Sabiduría, estaba aún menos preparado para ser animado. Por lo tanto, aquellas fuerzas solo pudieron ser reflejadas en el medio ambiente del Antiguo Saturno, y como reflejo, penetraron la esfera de Sabiduría representando el reflejo de la vida emanada previamente por los Espíritus de la Sabiduría. Así pudieron las fuerzas de animación ―del alma consciente― penetrar en el halo de la Sabiduría que rodeaba Saturno.

Se trataba de un proceso de alguna manera similar a lo que sucede cuando en la vida anímica del ser humano se refleja el mundo objetivo por la función del cerebro penetrado por las fuerzas de la conciencia; así creamos los conceptos del mundo que nos rodea. Por ejemplo, el hecho del desvanecimiento de la luz del día, percibido por nuestros sentidos, reflejado por nuestro cerebro, y penetrado por la conciencia, puede crear el concepto de la noche. Este proceso es el fundamento del lenguaje humano.

De hecho, hoy en día, el ser humano expresa los mismos hechos con diferentes sonidos y palabras de acuerdo a los diferentes idiomas, pero hubo un tiempo muy lejano en el que el ser humano a través de sonidos y palabras pudo expresar e indicar la verdadera naturaleza interna de los objetos.

Podemos experimentar algo similar en aquel período de la evolución del Antiguo Saturno pero en una escala gigantesca y mucho más potente. Por la interpenetración de las fuerzas de la Sabiduría con las fuerzas del alma, que se originaban por la actividad de los Espíritus de Movimiento, se crearon los conceptos arquetípicos, los sonidos arquetípicos y las palabras, aunque no como la naturaleza pasiva y reflexiva del lenguaje humano actual. Un tipo de lenguaje cósmico arquetípico entró en la existencia, que es creativo en su naturaleza y es un poder mágico en el universo. Es la Palabra de Dios, a través de la cual fueron creadas todas las cosas.

Podemos encontrar esta etapa de la evolución escrita en la constelación de Tauro. Se puede encontrar entre las constelaciones de Perseo (arriba) y Orión (abajo). Solo se ve la parte frontal del cuerpo del toro, pero en conjunto se asemeja a un animal de gran fuerza; el símbolo de la fertilidad. Este proceso primitivo de la evolución también ha dejado su huella en el organismo humano. Si nos fijamos en la constelación como está mayormente representada, sólo con la cabeza del toro y unos cuernos enormes que salen hacia el espacio universal, entonces tenemos una imagen de la laringe humana y el oído interno. La cabeza es la laringe, y los cuernos son los canales de conexión que conducen al oído medio, donde los pequeños huesecillos conectan la parte externa con las partes más internas del oído.

Durante el siguiente periodo evolutivo del Antiguo Saturno, inician su actividad los Seres Espirituales denominados «Espíritus de la Forma». Ellos irradian fuerzas en el universo que desean dividir e individualizar lo que todavía está unido en un solo gran cuerpo planetario. Sin embargo, el planeta es incapaz de tomar estas fuerzas. Sólo puede reflejarlas. Esta reflexión afecta al planeta de una manera tal que la sustancia se divide en muchos cuerpos individuales, y el planeta, que hasta ese momento era un solo cuerpo, aparece como una enorme mora.

Como resultado de la influencia individualizadora que emana de los Espíritus de la Forma, las pequeñas bayas no pueden lograr la individualización interior durante este período de la evolución, solo reproducen una especie de imagen externa; la división en organismos individuales. Estos cuerpos individuales se convierten en la formación de toda la posterior multiplicidad de seres de nuestro universo; en todos los diferentes reinos de la existencia. Podemos encontrar este acontecimiento evocado en la constelación de Géminis, que se encuentra en el cielo al este de Tauro y encima del pequeño perro de Orión. Muestra dos seres, similares a los seres humanos, que están estrechamente relacionados entre sí y sin embargo, son seres individuales.

Este proceso de división dentro de la evolución del Antiguo Saturno también lo podemos encontrar como una especie de recuerdo aún hoy en día en la naturaleza. Es el proceso de la división celular. Sabemos que es la base física del crecimiento.

En primer lugar nos encontramos con la célula original. Tan pronto como es alcanzada por las fuerzas del crecimiento, se divide en dos.

La unidad es destruida; sin embargo, se crea una dualidad y ahí tenemos la imagen de Géminis.

Entonces, por supuesto, esta dualidad se divide en cuatro como proceso de crecimiento, y así sucesivamente. De este modo se creó esta multiplicidad que también toma la apariencia de una mora, después de algún tiempo.

Este evento se recuerda también en la forma humana, pero de una manera muy peculiar. Está presente en la simetría de la forma humana. El que nuestro cuerpo tenga dos lados, dos oídos, dos ojos, dos manos, dos pies, y así sucesivamente, se debe a esta influencia.

Esta dualidad nos separa del resto del mundo. Hace que sea posible que existamos en un cuerpo que es la base de la individualidad. Esta simetría muestra los últimos vestigios de una larga evolución, en la que la forma humana se separó de las formas vecinas para que en ella pudiera habitar una individualidad. También los otros gemelos –la cabeza y los pies separados de la forma humana, ya que una está por encima y otro por abajo. Esto también era necesario para el libre desarrollo de la individualidad.

Hemos llegado a la mitad de la evolución de Antiguo Saturno, donde tienen lugar importantes cambios y mutaciones. Hasta ahora todo Saturno se encuentra aun en una condición más o menos psíquica. Hemos estado hablando de la sustancia, pero esta sustancia es la Voluntad emanada por los Espíritus de la Voluntad. La Voluntad se encuentra todavía en una condición psíquica. En la siguiente Carta veremos cómo se transmuta esta sustancia psíquica en sustancia física en el período medio de la evolución del Antiguo Saturno.

Traducido al español y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.

2ª. CARTA – En relación con las estaciones

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher

English version

 

– Mayo 1944

En la 1ª Carta hablamos de los tres componentes de nuestro universo solar. Ahora nuestra tarea será la de explicar los detalles de la estructura de nuestro universo, en especial la del Sol y la órbita de la Tierra.

Como ya hemos dicho la Tierra se traslada alrededor del Sol en el transcurso de un año. Desde nuestra posición en la Tierra, se nos muestra como el movimiento del Sol a lo largo de la trayectoria del Zodíaco. Este movimiento no es solo un hecho astronómico, ya que está conectado en el tiempo con definidos eventos rítmicos en la Tierra. Este es el ritmo de las estaciones. Vamos a considerar este ritmo de las estaciones, desde el punto de vista del hemisferio norte de la Tierra.

Cada año, el 21 de marzo comienza la primavera en el hemisferio norte. Esto no cambia en el transcurso del tiempo. No ocurre que de repente la primavera comience el 21 de abril; es el 21 de marzo. Decimos que en ese momento tiene lugar el equinoccio de primavera o que el Sol está en el punto vernal, -de acuerdo con el modelo de Copérnico- cuando la Tierra ha terminado su órbita alrededor del Sol y comienza una nueva ronda.

La primavera dura hasta el 21 de junio. Durante esta estación en el mundo vegetal que nos rodea, tienen lugar los procesos de germinación, crecimiento, expansión y florecimiento. Es la temporada en la que la creación se vuelca principalmente en la naturaleza. Entonces, el 21 de junio, comienza de verano. En ese momento la Tierra se ha trasladado un cuarto de su órbita.

Visto desde la Tierra, el Sol se ha movido durante los tres meses anteriores a través de los signos de Aries, Tauro, y Géminis. Desde la perspectiva de la Tierra, el 21 de junio, el Sol entra en el signo de Cáncer. La naturaleza que nos rodea nos confronta con los fenómenos de la temporada veraniega. Los procesos de floración han llegado a su punto culminante. El mundo de las plantas se perfecciona. Tiene lugar la fructificación, y hacia el final de esta temporada los frutos maduran. Durante este tiempo, el Sol se ha estado moviendo a través de la eclíptica por los signos de Cáncer, Leo, y Virgo; o de acuerdo con Copérnico, la Tierra ha completado otra cuarta parte de su órbita.

El 23 de septiembre, el Sol entra en el signo de Libra.  Comienza el otoño en el hemisferio norte de la Tierra. La naturaleza entra en una época de crisis. Tiene lugar  la separación entre el fruto y la planta madre. La planta madre (es diferente con los árboles) se marchita. El fruto y con él la semilla, se entierra en el suelo. La luz y el calor disminuyen.

El Sol se ha movido a través de los signos de Libra, Escorpio y Sagitario. Después, el 21 de diciembre, el Sol entra en el signo de Capricornio, y mientras está atravesando Capricornio, Acuario y Piscis acontece la temporada del invierno en la Tierra. Durante esta estación las semillas duermen en el suelo; quizás cubiertas por el hielo y la nieve, pero entonces tiene lugar un gran despertar, un gran milagro, de esas semillas se desarrollan el mismo tipo de formas vegetales de la planta madre que se había marchitado en el otoño anterior. Entonces el Sol entra en el signo de Aries de nuevo el 21 de marzo y comienza una vez más todo el ciclo del año y de las estaciones.

estaciones

Podemos preguntarnos: ¿de dónde vienen las fuerzas que hacen que las plantas crezcan y se marchiten después de haber producido la semilla para el siguiente ciclo de las estaciones?.  Desde un punto de vista materialista, se puede responder que el aumento de la luz y el calor del verano hacen que las plantas crezcan, y la disminución de las mismas en otoño, retira la vida en el mundo de las plantas. Sin embargo, esto se dice con demasiada facilidad, porque hay plantas que crecen incluso si la luz y el calor se desvanecen. Luego ellas no sólo pueden recibir la luz y el calor como la única influencia del Sol, debe haber fuerzas irradiando desde el Sol, que son algo más que el calor y la luz.

Las semillas no germinan si solo están expuestas a la luz y al calor; hay que dejarlas en la oscuridad de la tierra húmeda. La Tierra debe recibir influencias desde las profundidades del espacio cósmico, que penetran  la Tierra con más profundidad que el calor y la luz. Estas fuerzas  ocultas se muestran mediante el movimiento del Sol a través de los signos de la eclíptica, y estas no interfieren en la concepción copernicana de nuestro sistema solar.

Incluso si nos imaginamos a la Tierra moviéndose y al Sol fijo en el centro, todavía podemos imaginar el globo terrestre recibiendo ciertas influencias cósmicas a través del Sol desde las diferentes direcciones del Zodiaco. Podríamos imaginar al Sol como una gran lente óptica que recoge las actividades de las distintas partes de la eclíptica y las envía a la Tierra. También podríamos imaginar a los planetas interiores dedicados a esta actividad solar de recogida y transformación. Sólo la superstición materialista haría imposible imaginar que, además de la luz, calor y ciertas influencias magnéticas, el Sol no irradiara nada más.

Si estamos de acuerdo con esto, entonces podríamos imaginar una actividad diferenciada y cuádruple del Sol durante el transcurso del año en función de las cuatro estaciones. La posición relativa del Sol en los diferentes signos de la eclíptica provocaría los cambios. La posición del Sol entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano enviaría a la Tierra las fuerzas de  creación. Entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño, el Sol recogería las fuerzas zodiacales que se manifiestan en la Tierra como  perfección y la maduración. Entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, recibimos del Sol las fuerzas que dan lugar a la katarsis en la naturaleza, y las fuerzas reunidas por el Sol a través de sus posiciones zodiacales durante el tiempo del solsticio de invierno y el equinoccio de primavera provocarían el milagro del nuevo nacimiento de la naturaleza en la Tierra.

Todavía podemos explicar más sobre la actividad diferenciada del Sol que se nos muestra por su posición en la eclíptica. Así llegaremos a la actividad duodécuple solar de acuerdo con su posición a través de los doce signos.

En abril el Sol se encuentra en la dirección del signo de Aries. Desde allí, el mundo de las plantas recibe el poder de moldear siempre de nuevo las mismas formas. Nunca sucederá, por ejemplo, que de repente los ranúnculos o margaritas tomen una forma diferente de la que tuvieron en el pasado. Las fuerzas de recordación, por así decirlo, irradian de esa parte de la eclíptica y conectan el pasado con el presente y el futuro.

En mayo, cuando el Sol está en el signo de Tauro, vemos el crecimiento de las plantas y su expansión en el espacio. Todo se precipita hacia la existencia y quiere mostrarse lo más grande posible. En este desarrollo podemos reconocer la fuerza y el poder de aumento y propagación procedente del signo de Tauro.

Luego, en junio, el Sol entra en el signo de Géminis. La planta alcanza los límites de su expansión en el espacio y desde el universo -por medio del Sol- recibe el poder para desarrollar dos tendencias: con las raíces quiere alcanzar hacia abajo la oscuridad de la tierra tan profundamente como sea posible, y por el otro lado las ramas quieren alcanzar la esfera de luz y calor. Ahí se crea la flor. En esta actividad dual vemos la polaridad de Géminis; el gemelo celestial en la flor y el gemelo terrestre en la raíz. Polaridad en todo tipo de formas y metamorfosis irradia desde la región de Géminis en la eclíptica.

En julio, el Sol está en el signo de Cáncer. Ahora la planta está saturada en sí misma. Ya no tiene la tendencia a expandirse; los procesos de floración han llegado a su punto culminante. La planta no aspira a nada más.

Ahora recibe del universo el impulso para ofrendar sus propiedades. Esto lo hacen las flores a través del aroma y de la multiplicidad de colores que irradian en el mundo. Es la actitud de servicio del escarabajo, que porta encima de su cabeza una enorme bola de tierra como signo del Sol y el corazón. El escarabajo es la antigua imagen del signo de Cáncer. La transformación de las fuerzas hasta entonces más terrenales se alzan al sol que irradia sus fuerzas desde el poder dinámico del signo de Cáncer.

Luego, en agosto nos encontramos con el Sol en el signo de Leo. Ahora la planta recibe el impulso de sacrificarse. Ha llegado el momento de la cosecha y tiene lugar los procesos de fructificación. Al igual que los rayos del autosacrificado Sol, la planta llena el espacio alrededor de sí misma. La unión con la totalidad del universo solar es la tendencia del signo de Leo.

En septiembre, cuando el Sol se encuentra en el signo de Virgo, los frutos y las semillas están madurando. La luz y el calor del verano se transforman en el dulzor de la fruta que lleva la esperanza del futuro en la semilla; como la santísima Virgen, que lleva con el Niño la esperanza del mundo. La fecundidad como resultado de la unión con el universo, es el poder que irradia desde el signo de Virgo.

En octubre, cuando el Sol aparece en el signo de Libra, se lleva a cabo la separación entre la planta madre y la semilla. Del universo llegan fuerzas que parten el mundo de la planta en dos: la que fue y la que será en el futuro. Es un momento de paz en la naturaleza; un equilibrio entre el pasado y el futuro, como una balanza en equilibrio. El cuidado por el Niño de la Virgen y la retirada de las fuerzas creadoras de la Madre hacia los reinos celestiales es la influencia del signo de Libra.

Después, el Sol entra en el signo de Escorpio. Ahora, desde las profundidades del universo, entran en juego las fuerzas de destrucción y desintegración. Las plantas se marchitan. La imagen del escorpión con el aguijón mortal es, de hecho, una imagen real de las fuerzas que actúan en la naturaleza durante esta época del año. Esto sucede, más o menos, en noviembre, cuando la luz también está disminuyendo y el calor del verano es superado por la frialdad invernal.

En diciembre, el Sol está en el signo de Sagitario. Es la época del año en la que los seres humanos en la Tierra encienden las velas de Adviento y esperan el nacimiento de la luz del alma del mundo. En la naturaleza, las semillas descansan en el suelo. Si uno se imagina las innumerables semillas en el suelo, se puede tener la impresión de millones y millones de pequeñas llamas de esperanza esperando pacientemente un nuevo nacimiento de luz y calor. Estas fuerzas de esperanza están bien expresadas en la imaginación de Sagitario / Arquero. Él apunta a una meta que todavía está muy lejos. La espera y la búsqueda de la luz del alma es el mensaje del signo de Sagitario.

En enero, cuando el Sol entra en el signo de Capricornio, la luz aumenta de nuevo. Tiene lugar el nuevo nacimiento de la luz. Es el tiempo durante el cual el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo, que ha venido al mundo como el poder renovador en toda la naturaleza y la humanidad. La semilla puede estar enterrada en el suelo, tal vez cubierta por el hielo y la nieve, pero ha sobrevivido a la oscuridad y al frío; se ha salvado de la destrucción. La luz creativa del mundo espiritual irradia desde el signo de Capricornio.

Después, el Sol entra en el signo de Acuario. Desde esta región fluyen a la tierra corrientes que son las fuerzas de la renovación y el despertar. Ahora es cuando sentimos que las fuerzas ocultas de la actividad del Sol entran en la esfera de la Tierra; fuerzas que no son solo de luz y calor, si no que, como el agua que dona la vida, son fuerzas vitales invisibles. La imagen de Acuario derramando el agua celestial desde los espacios cósmicos es realmente una imagen de estos eventos que acontecen en febrero. El influjo de las fuerzas renovadoras y acumuladoras del cosmos proviene de la región del signo de Acuario.

Luego, a finales de marzo, el Sol entra en el signo de Piscis. En la naturaleza se llevan a cabo los procesos de germinación. Las semillas en el suelo nadan como peces en un mar de agua cósmica portadora de vida. Se abren a sí mismas y  saborean este agua; germinan. Y al beber el agua, se dibuja la actividad de las fuerzas que vienen de la dirección de Piscis, que quieren crear el evento de la escritura en la naturaleza, en este caso, el evento del nuevo comienzo del ritmo del año. La incorporación de las leyes cósmicas y los objetivos espirituales del mundo en el ser terrenal es la influencia del signo de Piscis.

Así, la posición del Sol ordena el ritmo de los acontecimientos que tienen lugar en el ámbito de la vida orgánica en la Tierra. Esto es especialmente evidente en el reino vegetal, pero no es solamente una ordenación. Podemos hablar de fuerzas verdaderas que irradian desde el Sol hacia la Tierra, al igual que la Tierra también recibe luz y el calor del sol. El Sol es como una gran lente óptica que recoge las actividades ubicadas en las diferentes esferas de la eclíptica; por ejemplo, si en la Tierra percibimos el Sol en el signo de Aries, podemos imaginar al Sol recogiendo la actividad de la región de Aries y después enviándola a la Tierra.

Si los doce signos de la  eclíptica –alrededor del Sol y dentro de la órbita de la Tierra- son una realidad dinámica, tendríamos que pensar en la posibilidad de que los otros planetas, especialmente los que están dentro de la órbita de la Tierra, sean capaces de recoger e irradiar igualmente las fuerzas de los signos de la eclíptica de una manera similar a la del sol. Esto afectaría principalmente a los planetas interiores Mercurio y Venus, y en cierta medida también a la Luna.

De hecho, encontramos este tipo de actividades de los planetas interiores de acuerdo con sus posiciones en los diferentes signos de la eclíptica. Sólo los reinos en los que estas actividades se manifiestan en la Tierra son diferentes de los de la actividad solar, como se describió anteriormente. La actividad del Sol se hace visible en la vida de la planta durante el año dentro del mundo de la materia física, pero no sería posible que solo el Sol pudiera crear la vida de la planta; la Luna tiene que ayudar, y ayuda actuando a través del elemento líquido; por ejemplo, actúa en la savia de la planta. Y al mismo tiempo la Luna tiene que estar necesariamente en fase creciente. En otras palabras, sólo si la luna creciente, después del 21 de marzo, cuando el Sol entra en Aries, y se mueve a través de los signos creadores de Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, puede tener lugar en la naturaleza la fiesta de la Pascua y la Resurrección.

Esta es la razón por la que la Pascua sólo puede celebrarse después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

Pero las actividades combinadas del Sol y la Luna no son suficientes. También los otros planetas de nuestro universo deben contribuir con su parte, especialmente los planetas interiores, Mercurio y Venus, en relación con el crecimiento de las plantas. Traen la variedad de eventos en la naturaleza en las diferentes estaciones del año. Ellos están más conectados con la esfera de luz y calor.

La actividad de los doce signos de la eclíptica, que se manifiestan a través de una actividad diferenciada de Sol durante el año, es un tipo de lenguaje fundamental, sólo que se expresa en una forma transformada por medio de la Luna, Venus y Mercurio. Puede suceder, por ejemplo, que Venus en el signo de Tauro reúna las fuerzas de expansión de Tauro y las exhale a la atmósfera de la Tierra.

El resultado, en determinadas condiciones, puede ser terribles tormentas en algún lugar de la Tierra. Mercurio puede hacer algo similar en la esfera termostática terrestre. Pero también puede ocurrir que los dos planetas intercambien sus actividades, es decir, que Venus ataque la termosfera y Mercurio la atmósfera de la Tierra. Por lo tanto en lo que se refiere a Venus y Mercurio, el lenguaje de los doce signos de la eclíptica tiene que traducirse en los términos de las actividades y eventos dentro de la esfera de la luz y el calor, si se quiere vivir y leer la influencia dinámica de estos planetas.

Lo mismo se aplica a la Luna. La Luna trabaja en las sustancias líquidas de la Tierra. Sabemos de la influencia de la Luna sobre el ritmo de las mareas, y también sabemos que las mareas son más fuertes en el comienzo de la primavera y el otoño cuando la Luna recibe la luz del poder creativo del Sol en Aries. (La elaboración de estos hechos sería objeto de investigaciones, principalmente en relación con la agricultura. Dado que estas Cartas tienen una tarea diferente, sólo daré algunas indicaciones).

Hasta ahora hemos estado hablando acerca de las fuerzas que se tejen entre la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas.

La diferenciación de estas fuerzas es en parte debida a la diferencia de la naturaleza de los planetas y de los doce signos de la eclíptica. De acuerdo con el sistema de Ptolomeo, -donde la Tierra está en el centro del universo y todos los planetas, incluso el Sol, se mueven alrededor de la Tierra-  el Sol y los planetas cambiarían su carácter a través de su propio movimiento, pero de acuerdo con el sistema de Copérnico sería la propia Tierra quien se expone por su propio movimiento a cualquier aspecto especial con la actividad del Sol. La órbita de la Tierra estaría entonces creando la realidad de la eclíptica con sus doce signos en nuestro universo. Sería una realidad relativa que sólo afectaría a la Tierra, pero la manera en que nuestro universo está construido en realidad, si la visión de Ptolomeo o Copérnico es correcta o si tenemos que buscar una perspectiva totalmente nueva, es una mera cuestión astronómica.

Lo que hemos descrito hasta ahora en esta Carta acerca de la influencia de los planetas, la Luna y el Sol sobre la vida orgánica de la Tierra, está conectado con la eclíptica. Si miramos nuestro sistema solar desde el punto de vista de Ptolomeo o Copérnico, la eclíptica con sus doce signos es una realidad dentro de nuestro universo solar; debemos imaginar que se lleva a cabo bien por el movimiento del Sol o por el movimiento de la Tierra.

Sin embargo, hasta ahora no hemos conectado esto con el círculo de las estrellas fijas del zodiaco, que están más allá de nuestro sistema solar. Dentro del zodiaco de las estrellas fijas tenemos doce constelaciones, que ya han sido mencionadas en la Carta anterior. Esta es una realidad que empieza donde nuestro universo llega a su fin. Tendremos mucho que decir sobre ello en las siguientes Cartas. Tenemos que tener absolutamente claro el hecho de que, además de las estrellas fijas del zodiaco, existe la eclíptica, que es la otra la realidad, dentro de nuestro sistema solar. Se ha indicado anteriormente como funciona en relación con el año solar. Como se relaciona con las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco, se expondrá en las siguientes descripciones.

calendario

La dificultad, que puede crear confusión, es que se utilizan los mismos nombres para las doce constelaciones de las estrellas fijas y para las doce divisiones de la eclíptica. Esto incluso tiene una cierta justificación, pero puede crear confusión. En estas Cartas las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco se distinguirán de las doce divisiones de la eclíptica como constelaciones; por ejemplo, la constelación de Aries o Tauro significa la constelación de estrellas fijas con este nombre más allá de la circunferencia exterior de nuestro universo, y  para las doce divisiones de la eclíptica -las doce partes de la órbita del Sol o la Tierra-  utilizaremos la nominación signo, [utilizaremos el nombre en latín] como el signo de Aries que es la parte de la eclíptica a través del cual el Sol parece moverse entre el 21 de marzo y el 21 de abril.

 Traducido y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.
ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC.
P.O. Box 13
Meadow Vista, CA 95722
ISBN 1-888686-01-4
These Cartas were originally published as monthly astronomical Cartas fromApril 1944 to March 1946.
© ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC. 2007
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