3er. Informe. El Mundo Estelar: Las Entidades Espirituales en las Estrellas.

Cartas de Astronomía de Elisabeth Vreede.

Tercera Carta. Noviembre 1929

En la última Carta hemos intentado tender un puente entre el mundo planetario, y el mundo estelar mostrando cómo se puede comprender el origen de nuestro sistema Solar, a partir del mundo estelar y especialmente del Zodiaco. En la ciencia oficial, por contra, la teoría de Kant-Laplace hace remontar el origen de nuestro mundo a una nebulosa primitiva, y rinde cuentas a su manera del origen de nuestro Sistema Solar. Pero para cada estrella sería necesario suponer también una “nebulosa primitiva”, que hubiera existido en algún momento.

Estas nebulosas y las estrellas que han nacido en ellas, no tienen pues nada en común con nosotros, y nada entre ellas, podemos imaginarnos su separación, a causa de las formidables distancias entre ellas. No vamos a tardar mucho en considerar este punto de vista materialista del Universo, pues las estrellas nos obligan de alguna forma, a buscar lo que falta en esta visión materialista: el fundamento Espiritual, la Esencia Divina que emana de ellas, gracias a la cual, la Tierra y la Humanidad, están relacionadas en nuestro Sistema Solar. Para poder ver esta relación, nos bastará recordar lo que figura en el ciclo: Las Entidades Espirituales en los cuerpos celestes y en los Reinos de la Naturaleza. (Rudolf Steiner. Helsingfors 3-14.4.1912 GA 136 E.A.R.)

Los Espíritus de la Sabiduría que son los Seres más elevados de la segunda jerarquía, son los que viven en las Estrellas. Al mismo tiempo son los Espíritus reguladores de la consciencia de los Planetas, que es la menos elevada de las consciencias colectivas, a este respecto su residencia es el Sol. Así el Sol y las Estrellas se encuentran desde este punto de vista en un nivel de existencia común. Una Entidad, un acuerdo mutuo, reina entre todas las Estrellas, es la obra de los Serafines.

Los Espíritus de la Voluntad, o Tronos, dan por su parte el impulso necesario a los desplazamientos de los Planetas en el espacio, mientras que los Querubines regulan el movimiento en conjunto del sistema, a fin de que cada Planeta se integre en él.

<< De la misma forma que ponemos orden en un grupo de personas, cuando una va por aquí y otra por allá, y comienzan a tender todas hacia un mismo objetivo, es necesario también establecer el orden en los movimientos de los Planetas hasta que armonicen unos con los otros. Esta ordenación del movimiento de los Planetas, el hecho de que el movimiento de cada uno de ellos tenga en cuenta el de los demás, corresponde a la actividad de los Querubines.>> (7 Abril 1912 .Helsingfors. R.S.)

 

No se ha pensado únicamente en los Planetas del Sistema Solar. Las Estrellas también pueden estar rodeadas por Planetas, y la Astronomía moderna lo admite claramente, estos Planetas reciben la Luz y la Vida de su Estrella, pero no pueden volverse visibles por si mismos. Por otra parte como hemos visto las estrellas en general han ascendido del rango de planeta al rango de estrella, y esto de una forma análoga a la de nuestro Sol, que debió separarse de la Tierra porque ésta no podía seguir el ritmo de su evolución.

<<Una estrella es un Planeta que ha ascendido de grado y que ha expulsado todo lo que no podía seguirla en su desarrollo. Las más altas Entidades se han creado una existencia en las estrellas. Cada estrella ha nacido de un Planeta, (…) Nosotros nos transformaremos junto con la Tierra en Entidades de un rango más elevado capaces de soportar la existencia Solar>> (8 Febrero 1908. Stuttgart. Las influencias de otros mundos sobre la Tierra. Rudolf Steiner.)

<<Cada sistema planetario, con la estrella que lo conduce, de alguna manera, bajo la dirección de los Querubines, tiene relaciones con los demás sistemas planetarios, los de las demás estrellas. Se comunica con Ellos en el lugar que ocupa en el espacio, y sobre su propio significado, de la misma forma que los hombres se entienden y hablan juntos de sus actividades comunes. Igual que los hombres crean un sistema social por que tienen necesidad de relacionarse unos con otros, los sistemas planetarios y las estrellas tienen necesidad de relacionarse. Es solamente bajo esta condición como puede existir el Cosmos. Lo que los sistemas planetarios se dicen así a través del espacio cósmico, para llegar a ser un Cosmos, esta regulado por los Espíritus que llamamos Serafines>> ( Febrero 1908. Stuttgart. Rudolf Steiner. )

Estas palabras nos conducen hasta alturas casi inconcebibles de la actividad Espiritual. Estamos inmersos en un sentimiento de proximidad con el Cosmos, de protección por el Cosmos, muy diferente de todos los sentimientos que puede provocar la concepción científica moderna.

Las estrellas se vuelven para nosotros colonias de Entidades Espirituales así como Rudolf Steiner las llamaba siempre que quería pasar del “Maya” exterior a la realidad. Él indicó que la Tierra también sería considerada como una colonia, si pudiéramos contemplarla desde fuera con la ayuda de la clarividencia, la veríamos entonces poblada por las almas-grupo de las plantas, y de los animales, las Almas individuales de los Hombres, las Almas de los Pueblos, etc. La parte física tendría finalmente mucha menos consideración. Igualmente cada estrella nos indica en que dirección podemos encontrar una colonia del mismo tipo, pero compuesta por Seres mucho más sublimes.

Es preciso tomar en serio la palabra “dirección” que debe atraer nuestra atención sobre el lugar en donde están reunidas ciertas Entidades Espirituales. No es preciso imaginarse de hecho que los Seres Espirituales mismos se encuentren en una estrella que vemos brillar, Ellos ya no están directamente ligados a la estrella, e incluso podemos decir en cierto sentido que si la estrella esta allí, si es visible a nuestros ojos, es por que ya no es el cuerpo ni la residencia de una colonia de Dioses. Aquí tocamos de nuevo el misterio de la evolución Divina, del desarrollo de las Entidades Espirituales, que les conduce de Era en Era a niveles ascendentes. Hemos visto que un planeta puede convertirse en estrella, y después ascender todavía más alto, desde la existencia estelar a la existencia zodiacal.

Pero la estrella atraviesa también una metamorfosis debido a su progresión y al avance de los Seres que están unidos a ella. Y es así como llegó un día, durante la Era Terrestre, en que las Entidades Espirituales no tuvieron necesidad de utilizar sus cuerpos estelares y los abandonaron, como el Hombre abandona su cuerpo físico al morir. “Las estrellas son cuerpos divinos abandonados”, tenía costumbre de decir Rudolf Steiner.

<<Estos cuerpos divinos que están repartidos por el espacio cósmico se han convertido en estrellas. Las Entidades Espirituales habían recorrido toda una evolución mientras llegaban al punto que para el Hombre terrestre significa la muerte física, la materia física se les escapaba y se convirtió entonces en una estrella. Las estrellas son los cuerpos de los Dioses cuyas Almas continúan actuando en el mundo independientemente de su cuerpo,  y de una forma distinta.

( Rudolf Steiner 21 Agosto 1911. Dionisos y la consciencia del Yo. Munich.)

Los Serafines, los Querubines, los Tronos, que están ligados al Zodiaco, los Espíritus de la Sabiduría que han alcanzado la existencia de las estrellas, no es a ellos a quienes percibimos en las estrellas.

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La existencia de los espíritus luciferinos está en principio descrita de tal forma que se puede comprender lo que los une al mundo estelar. De hecho se diferencian según la jerarquía a la que pertenecen, pero en la que han perdido su verdadero rango, después de haber permanecido rezagados en la evolución. En lo que concierne a las estrellas, se trata sobre todo de espíritus luciferinos salidos de la Tercera Jerarquía, también llamados Ángeles y Arcángeles caídos. He aquí lo que caracteriza a las Entidades de la Tercera Jerarquía, normalmente evolucionadas:

<<Perciben en realidad lo que manifiestan a partir de sí mismos, y cuando penetran en su interior no encuentran nada ahí, al contrario de lo que le ocurre al hombre, como algo autónomo, cerrado en su Yo. Sienten más bien brotar de su interior las Fuerzas y las Entidades de las Jerarquías que están por encima de Ellas , en un nivel superior.

 Estas Entidades de la Tercera Jerarquía, no pueden pues ocultar nada en sí mismas, de lo que produce su propio pensamiento, o su propio sentimiento, pues todo lo que elaboran, se muestra forzosamente al exterior.>> (Rudolf Steiner. Helsingfors 1912.)

Este es el caso de los Ángeles, Arcángeles, y Archais (Espíritus de las Épocas), normalmente avanzados en la evolución.

<<Pero cuando reniegan de su naturaleza y adquieren el deseo de vivir en su Ser interior algo que no manifiestan inmediatamente hacia el exterior, entonces están obligados a tomar otra naturaleza.

Esto realmente ha ocurrido en el curso del tiempo, Ellos quisieron sobrepasar el estado donde la substancia de las Jerarquías Superiores les colmaba en Espíritu, no querían ya ser únicamente colmados y saturados por estas Jerarquías Superiores, sino serlo también por su propia entidad.

No podían hacerlo de otra forma que aislándose, disociándose de las Entidades de las Altas Jerarquías, a fin de procurarse por este medio una substancia propia, salida de la substancia de estas Altas Jerarquías.>> ( Rudolf Steiner. 8 Abril 1912. Helsingfors.)

<<Por cualquier lugar al que dirijamos la mirada oculta sobre una estrella, encontraremos en principio Espíritus normales de la Sabiduría, pero si estos Espíritus actuasen solos, el Cielo permanecería totalmente invisible a nuestros ojos físicos. Solo sería visible para una consciencia clarividente.

 Así pues por todas partes los Espíritus Luciferinos están mezclados con los Espíritus normales de la Sabiduría, e introducen en el mundo estelar la luz de la que se han apropiado, la luz física.

 Cuando el firmamento nocturno nos muestra sus innumerables puntos de luz, es en realidad Phosphoros quien actúa en ellos. Si los Espíritus normales de la Sabiduría, actuasen solos, el firmamento sería ciertamente visible al ojo espiritual, pero permanecería oscuro al ojo físico.

 sinatmosfera

Gracias a Lucifer o gracias a los Espíritus Luciferinos, que están, y deben estar activos por todas partes, el Cielo se nos muestra como Maya.>> (R.S. 14 Abril 1912. Helsingfors.) Es necesario pues distinguir dos elementos en el mundo estelar. En principio el elemento Espiritual Divino, sublime, que está ahí pero permanece invisible, no solamente porque se ha retirado de las estrellas, sino incluso porque lo que es verdaderamente espiritual no puede ser visto por los ojos físicos, y a continuación el elemento espiritual rebelde, luciferino, que nos vuelve accesible el cielo estrellado, porque Lucifer como nosotros sabemos, “ha abierto nuestros ojos”. Sin embargo quien experimentara una decepción, pensando que lo Divino no habla directamente a través de las estrellas, se equivocaría.

Pues lo Divino habla a través del mundo estelar por medio de otra cosa distinta que la simple luz, vive en algo que es perceptible, incluso si está ahí con la ayuda de Lucifer, se trata de la configuración de las diferentes Constelaciones, la forma en que las estrellas se agrupan para formar figuras características. Tomemos por ejemplo constelaciones bien conocidas como la Osa Mayor, Orión, o Leo. Si estas formas son lo que son, si esas estrellas están de esa forma unidas entre sí y guardan su característica configuración recorriendo la bóveda celeste, es resultado, vestigio, de la colaboración entre las Entidades Espirituales Divinas. Ahí están los actos vueltos visibles de Seres de las más Altas Jerarquías. Las Constelaciones tienen una importante significación espiritual, sus formas son los arquetipos de todas las formas y de todas las figuras que se encuentran en la Tierra, volveremos sobre este tema con más detalle.

constelaciones

Bien entendido, la objeción que se hace habitualmente no tiene ningún valor desde el punto de vista espiritual, que estas estrellas no están dispuestas así más que por “azar” y que en realidad nada prueba que exista entre ellas la menor relación. Tal objeción es perfectamente natural si partimos del concepto científico moderno, si concebimos las inconmensurables distancias entre las estrellas, la disposición de las siete estrellas principales de la Osa Mayor, no puede ser más que una imagen ficticia, y todo el firmamento nocturno no es finalmente más que pura apariencia. Y por tanto los astrónomos no salen de su asombro, al descubrir desde el siglo pasado, que en lo que respecta a ciertas propiedades, y ciertas direcciones de sus movimientos, la mayoría de las estrellas de la Osa Mayor, las Pléyades, las Hyades, etc. constituyen sistemas precisos, ”conjuntos” en cierta forma, de tal manera que podemos preguntarnos si no hay algo de real en las constelaciones tradicionales.

Para la mirada espiritual las siete estrellas de la Osa Mayor, por no hablar más que de esta constelación, son el rastro dejado por siete sublimes espíritus a los que los Hindúes llamaron los siete Rishis. Su colaboración afectó la disposición formal que vemos todavía hoy en el Cielo. Es necesario de todas formas añadir que las posiciones respectivas de estas estrellas, han podido cambiar un poco en el curso de los milenios, a causa de los desplazamientos propios de las estrellas que se han descubierto bastante recientemente.

La Humanidad antigua que no se inquietaba por las teorías modernas de la Astronomía, veía estas Constelaciones como figuras imaginativas, y jamas hubiera podido considerarlas como agrupamientos fortuitos. Aquel en quien la vista haya sido un poco agudizada por la Ciencia Espiritual, no tiene más que observar Orión por ejemplo cuando se levanta muy oblicuo en el horizonte, después se endereza al Sur y vuelve a estar oblicuo al ponerse en el Oeste,o mejor todavía una constelación circumpolar como justamente la Osa Mayor, la Osa Menor, o incluso el Dragón, en veinticuatro horas, o bien en el curso del año se les ve hacer un giro alrededor del Polo Celeste guardando rigurosamente su forma. Cada una de ellas da la impresión de un todo coherente, y esta impresión, que a decir verdad nos es dada por Lucifer pues sin él no veríamos nada en el firmamento, puede tomar una importancia muy particular para el hombre encarnado. En sus conferencias sobre el Karma, Steiner habló de la influencia que tendrá para nuestra próxima vida terrestre la atención, el interés que tengamos o no tengamos, en esta vida por ciertas cosas.

<<Hay personas que en toda su vida no han mirado jamas las estrellas, y esto existía ya en épocas muy antiguas. Estas personas ignoran donde está Leo, Aries, Tauro, y esto no les interesa. Estas personas nacerán en su próxima encarnación, con un cuerpo débil y sin fuerza, incluso si reciben de sus padres un modelo corporal vigoroso, el cuerpo que ellas se construirán a continuación por sí mismas, permanecerá ablandado y sin fuerza.>>

 ( Rudolf Steiner. 1 Marzo 1924. El Karma,consideraciones esotéricas Iª a VIª conferencias GA 235-240 E.A.R.)

Aquí, interiorizamos que lo que el Hombre puede recibir de la contemplación del firmamento en el curso de su vida, le proporciona para su vida siguiente, un esqueleto sólido, una estructura corporal robusta, la adquiere contemplando las formas características de las constelaciones. No se trata de experimentar una emoción difusa a la vista de las estrellas, sin discriminación. Al contrario,este tipo de emociones que desdeña o ignora las Constelaciones, con sus contornos característicos, para exaltar simplemente la vista de miríadas de estrellas centelleantes, está en gran parte bajo la influencia de los Espíritus Luciferinos y en las antípodas del elemento Divino que reina en el Universo. Este estado de ánimo tiene también ciertas consecuencias, y no está exento de peligro. La conferencia del 29 Enero 1921 Rudolf Steiner. “La responsabilidad del Hombre en el desarrollo del Universo por su pertenencia a la Tierra y al Mundo de las Estrellas.” Dornach.en GA 203 en “Lucifer y Ahriman su influencia en el Alma y en la Vida”. E.A.R.

Explica cual es el origen kármico.

<<Podemos contemplar la Vía Láctea, y todo el resto del Cielo estrellado, porque se trata de la manifestación del ser Luciferino en el Mundo. Todo este Universo luminoso, irradiante, que nos rodea, es en el presente lo que es, por que ha quedado rezagado en un estado anterior de su existencia. Corremos pues el peligro de hacernos cada vez más luciferinos cuando nos entregamos al mundo sensible sumergiéndonos en el aspecto del Cielo. Entre el nacimiento y la muerte tenemos tendencia a entregarnos a la contemplación del Cielo estrellado, es un instinto que permanece en nosotros del tiempo que hemos pasado en los mundos espirituales antes del nacimiento, pues nosotros vivíamos entonces con los Astros. Hemos adquirido una afinidad demasiado fuerte con los mundos cósmicos, nos hemos vuelto demasiado parecidos a ellos, y nos queda esta tendencia, que no es por otro lado particularmente fuerte en la humanidad, a perdernos en la contemplación de las estrellas. Desarrollamos esta tendencia, cuando nuestro karma nos ha conducido a permanecer demasiado dormidos durante la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, sin elevarnos a la plena consciencia. >>

 

Cuando contemplamos el Cielo estrellado, el elemento verdaderamente Divino que nos habla a través de la manifestación luminosa se mezcla con el elemento luciferino retrasado. Efectivamente el mundo de los Astros es la expresión de lo Astral, la palabra lo indica ya, y el mundo Astral es tanto la manifestación del Espíritu Santo como la morada de los espíritus luciferinos. De la misma forma que lo etérico se vuelve visible en el azul del Cielo, el cuerpo astral del Cosmos se vuelve visible en el resplandor de los astros.

<<Cada astro que vemos brillar es en realidad una puerta de acceso para el astral. Por todas partes donde las estrellas se encienden a nuestros ojos, es lo astral lo que se enciende. Si miráis el Cielo estrellado en su multiplicidad, aquí estrellas reunidas en grupos, allá estrellas dispersas, debéis deciros que en la admirable configuración de todas estas luces, un mundo invisible, el cuerpo astral del Cosmos se vuelve visible. Es por lo que no tenemos el derecho a mirar el mundo de los Astros sin ver ahí el del Espíritu. Hablar de un Universo gaseoso o incandescente es un poco como si, perdonen esta paradójica comparación pero es justa al más alto grado, alguien que os amase os acariciase la mejilla apartando un poco sus dedos, y que dijeseis entonces ahí están pequeñas cintas posadas en vuestra mejilla. Cuando alguien os acaricia, no es eso, no son simplemente pequeñas cintas colocadas en vuestra mejilla. Pues bien de la misma forma no son las entidades de las que nos habla la física las que ejercen continuamente influencias en lo alto del cielo, sino el cuerpo Astral del Universo, de la misma forma que una caricia sobre vuestra mejilla ejerce una influencia sobre vuestro organismo etérico. La única diferencia es que el cuerpo astral del Universo está organizado para durar por un tiempo muy largo. He aquí por que una estrella que representa siempre una influencia emanante del mundo astral sobre el éter universal, dura más largo tiempo que una caricia.

 

El Hombre no soportaría que lo acariciasen tan largo tiempo. Pero en el Universo se trata enseguida de masas gigantescas. Es preciso pues ver en el Cielo estrellado una expresión de lo Astral Cósmico. De esta forma, una cantidad verdaderamente enorme de vida psíquica se vierte en el Cosmos. Pensad hasta que punto el Cosmos está muerto cuando al mirarlo no vemos ahí más que cuerpos gaseosos incandescentes. Y como todo esto cobra vida cuando sabemos que los astros son la expresión del amor con el que el Cosmos astral actúa sobre el Cosmos etérico, he aquí una expresión completamente adecuada.>>

(La Conferencia de Dornach del 4 de Junio 1924 en El Karma II GA 236,E.A.R. Rudolf Steiner ) Si queremos caracterizar la naturaleza profunda de los Astros, estamos siempre obligados a utilizar expresiones prestadas de la vida moral. Es preciso rechazar el creer que se puede comprender el mundo de los Astros a partir de hipótesis puramente físicas o de simple cálculo.

<<Se calcula,se calcula, se calcula. Es exactamente como la araña que teje su tela, y que imagina que esta tela envuelve todo el Universo. Pero estas leyes a partir de las cuales se calcula, no son válidas allá arriba, y se puede como mucho emplear lo que tienen en sí de moral para forjarse ideas sobre lo que existe allá arriba. En el Cielo estrellado, en efecto, todo ocurre moralmente, a veces también inmoralmente, de una forma Ahrimánica, Luciferina,etc. Si empleo el término moral en su sentido más amplio, puedo decir que todo tiende a tomar un valor moral, y no físico.>> ( Rudolf Steiner. 28 Julio 1923. Las individualidades espirituales de nuestro sistema planetario. Los Planetas que determinan el destino y los que liberan al Hombre. Dornach. GA 228.)

Aquí se abre un verdadero abismo entre la concepción científica actual, y la concepción Espiritual Antroposófica. Los fenómenos que han sido descubiertos por la Astronomía, de una forma tan digna de admiración, ciertamente no pueden ser refutados. Encontrarán confirmación en su justo lugar y en sus justos límites, a condición de ser considerados como una interpretación reducida, lo que resulta por otra parte del método utilizado para descubrirlos, por ejemplo el análisis espectral.

Desgraciadamente los astrónomos interpretan todavía estos fenómenos, en el sentido del puro materialismo del siglo XIX. La idea de la evolución tal y como se aplica a las estrellas, no solamente en las obras divulgativas si no incluso en la de los especialistas más serios se quedan al nivel del Darwinismo más primario, con su “lucha por la vida” y otras teorías de este tipo.

Así que las Ciencias Biológicas justamente acaban de abandonar un poco de ese Darwinismo primario, por que recientemente se han hecho descubrimientos que han enfermado algunos de esos primeros dogmas ortodoxos. Para las estrellas no se ha podido hasta la fecha realizar experiencias de este tipo, dado que se las considera inaccesibles, que no se puede pensar incluso en “una acción de los astros en las sustancias terrestres” y aun menos intentar estudiar la naturaleza de las estrellas por vías experimentales. La teoría ha sido aquí mucho más fatal que para las ramas “terrestres” de la Ciencia, por que faltan posibilidades de rectificación. Y es así que se complacen todavía en hablar del nacimiento de mundos a partir de nebulosas, de la eclosión y el declinamiento de las estrellas, de su desaparición por enfriamiento progresivo, o por colisiones entre cuerpos celestes, o incluso por explosión a consecuencia del rozamiento con el polvo cósmico, etc. Se desarrolla para el Universo entero un cuadro que nos ha sido ya esbozado en el Siglo XIX para la Tierra, su nacimiento en la nebulosa primitiva, y su muerte por entropía, toda la vida espiritual y moral se ensombrece entonces desde el nacimiento. En nuestros días este cuadro ha sido simplemente multiplicado miles o millones de veces.

Y esta imagen del Universo ha sido gravada en el corazón de los Hombres, miles y millones de veces por la vulgarización científica. Falta oponerle otra y es por lo que estudiamos aquí los fundamentos Antroposóficos de una concepción espiritual de la evolución, partiendo de Entidades Suprasensibles y de sus niveles de existencia moral. La importancia de esta oposición nos hará quizás perdonar haber traído tantas citas de conferencias de Rudolf Steiner. Se trataba de desarrollar aspectos delicados de una cuestión tan sublime que únicamente las palabras del investigador espiritual mismo podían parecer convincentes. Lo que falta por decir a propósito de este capítulo de Astrosofía constituirá el tema de la próxima carta de Navidad.

Nota para las citas de las conferencias de Rudolf Steiner.

GA seguido de un número se refiere a edición completa en Alemán.EAR Ediciones Antroposóficas Romandes, Ginebra.

Traducido del alemán por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

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