5ª CARTA – La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco (continuación)

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher.

English version

Agosto 1944

En las Cartas anteriores hemos desarrollado algunas de las doce constelaciones del Zodiaco en relación con los acontecimientos evolutivos del Antiguo Saturno. Ahora finalizaremos esta imagen describiendo el séptimo gran ciclo de esta existencia planetaria de nuestro universo.

Durante los seis ciclos anteriores se creó un ser consistente en calor, que tiene la apariencia de la vida, de animación, de individualización y que muestra los primeros vestigios de una vida interior. Ahora, en el último y séptimo ciclo, este ser parece haber llegado a una cierta finalización de la gran ronda de la evolución.

Sus acciones son automáticas y acordes con los eventos y actividades que tienen lugar en su entorno. Una vez más, diferentes Seres Espirituales tienen la posibilidad de penetrar con sus fuerzas en estos seres de calor.

Estos son los Espíritus de la Voluntad que ya hemos mencionado en relación con el inicio de la evolución del Antiguo Saturno. En el principio sacrificaron su sustancia-Voluntad, y esta sustancia volitiva se convirtió en la base de las actividades de los otros Seres Espirituales. Esta sustancia se convirtió en el fundamento de la sustancia física de calor creada en el Antiguo Saturno. De hecho, es el origen de todas las sustancias físicas creadas en las etapas posteriores de la creación.

Después de que esta sustancia-Voluntad se transmutara en calor, los Espíritus de la Voluntad fueron capaces de trabajar en estos seres de calor, origen del cuerpo físico humano actual.

De esta forma el inicio de esta gran ronda cósmica de la creación está conectado con su finalización, y, por lo tanto, los acontecimientos revelan el significado interior de toda la existencia del mundo en medio del cual nos encontramos. Durante el último ciclo del Antiguo Saturno, los Espíritus de la Voluntad crean, dentro de estos cuerpos de calor, las capacidades que incluso actualmente el ser humano no puede desarrollar conscientemente, ya que están dormidas y tendrán que esperar a un futuro lejano de la evolución cósmica. Para describir esto, tenemos que empezar desde el otro extremo.

Hemos descrito esta fase de la evolución en las cartas 3ª y 4ª, tal y como podemos leerlas en relación con las constelaciones de Aries, Tauro, Géminis, Sagitario, Capricornio y Acuario, con Cáncer y Leo en el trasfondo. Encontramos además sus huellas en la forma humana, en la cabeza o el cerebro, la laringe o los órganos del habla y el sonido, y en la parte superior del brazo, el codo y el antebrazo.

Así llegamos de nuevo al principio del Antiguo Saturno, donde encontramos escrito el sacrificio de los Espíritus de la Voluntad, y ahora nos reencontramos con su actividad en Piscis durante el último ciclo indicado.

En la forma humana, Piscis está representado en las manos. Las manos son una imagen de los dos peces que nadan en el cielo en direcciones opuestas, y que sin embargo, están conectados por una cinta de tenues estrellas.

Con nuestras manos trabajamos en el mundo. Todos los logros del arte, la ciencia, la construcción, así como millones y millones de pequeñas acciones que hacen que sea posible la vida humana en la Tierra, en última instancia, son hechas por las manos. Estas fuerzas han estado y están constantemente fluyendo de la cabeza a las manos.

Si tratamos de imaginar la gran cantidad de trabajo humano de todo tipo que se ha hecho en el pasado y que se hará en el futuro, podemos mirar con admiración y reverencia la mano humana.

Sin embargo, no sabemos cómo es que nuestros pensamientos se realizan mediante nuestras manos o cómo es posible que podamos manejar la sartén o la pala. Eso todavía está oculto a nuestra conciencia diurna. Pero podríamos imaginar una condición futura del ser humano en la que fuésemos conscientes de lo que sucede cuando movemos los brazos, las extremidades y trabajamos con nuestras manos. Incluso podemos imaginar que en algún momento el ser humano será capaz de utilizar las facultades ocultas de las manos para irradiar las fuerzas que hoy sólo se indican por la forma de las manos.

De hecho, encontramos el destino con nuestras manos. Las manos son la parte del organismo con las que constantemente nos confrontamos con el mundo. Enfrentar al mundo con el trabajo de nuestras manos es encontrarnos con el destino. El destino es lo que a la mayoría de los seres humanos se les aparece como algo que se cierne sobre ellos, y que, ajeno a ellos, les lleva por sorpresa, de una dirección a otra. Lo experimentamos como una poderosa voluntad sobrehumana. El poder de la Voluntad.

Así como hemos encontrado la conexión entre las manos y Piscis, y hemos leído tras Piscis los hechos de los Espíritus de la Voluntad, ahora podemos ver tras Piscis, también en nuestras manos, las fuerzas cósmicas de la Voluntad cósmica que llamamos las fuerzas del destino. En la forma en la que hoy experimentamos esa fuerza de Voluntad se oculta el último rastro, a modo de espejo, de las fuerzas de Voluntad de nuestro Antiguo Saturno, tal como se describió anteriormente.

También podemos imaginar que un día, en un futuro muy lejano, seremos capaces de ser uno con las fuerzas de Voluntad que todavía nos son extrañas e incompresibles; y que, con plena consciencia, podremos cumplir con lo que la Voluntad cósmica desea hacer a través nuestro. Entonces seriamos «como Dios». Queremos estar unidos con la Voluntad del Dios-Padre. Esta capacidad, que sólo puede madurar en nosotros en el futuro, se depositó como una semilla espiritual en aquellos seres calóricos de Saturno por la actividad de los Espíritus de Voluntad. Rudolf Steiner lo llama el germen del Yo Espiritual u Hombre Espíritu.

Esto lo podemos encontrar escrito en la constelación de Piscis: la sustancia-Voluntad de los Espíritus de la Voluntad al comienzo de la evolución del mundo, su cristalización en “Tierra” y “destino” que experimentamos más directamente con nuestras manos y el germen de la unión con la Voluntad del Padre de una manera plenamente consciente y activa.

Ahora hemos encontrado la imagen etérea de la humanidad, creada por los dioses y su conexión con el universo estelar. Es una imagen del ser humano superior, la cabeza con el cerebro, la organización del habla y el sonido, y los brazos —bajando hacia las manos. Es también una imagen del destino del mundo y del ser humano (como la Voluntad de las jerarquías cuando se creó el mundo), del pensamiento y del testimonio de los pensamientos de los Dioses en todo lo que nos rodea y su realización en la existencia terrestre hasta que la Voluntad del Padre se despierte y active en la voluntad del ser humano.

Esta imagen etérea de la parte superior del humano es una imagen de nuestro Ser Superior. No entra, en realidad, en el ser corporal, sólo crea una apariencia dentro del cuerpo. En la Edad Media aún se podía vivenciar de esta manera como el ser humano experimentaba débilmente a los seres angélicos en el mundo espiritual; Seres sólo con cabeza, sin cuerpo, y con alas en lugar de brazos. Raphael Santi, por ejemplo, los pintó así en su Madonna Sixtina. Es una imagen de cómo será la voluntad de los seres humanos en el futuro, cuando se hayan adquirido formas más sutiles y etéreas de existencia.

Como se muestra a continuación, hemos logrado una imagen de la relación entre el ser humano, el universo estrellado, y la evolución del mundo:

 

ANTIGUO SATURNO

 

I       Reflejo de la vida                                                                Aries                  Cabeza—Cerebro

II     Reflejo de la animación                                                    Tauro                Habla—Sonido

III   Reflejo de la individualización y la Personalidad     Géminis            Brazos—simetría

IV    Antepasados de los seres humanos                             Sagitario           Parte superior de los brazos

V     Órganos sensoriales primigenio de los Sentidos    Capricornio      Codos

VI    Metabolismo primigenio                                               Acuario              Antebrazos

VII   Voluntad                                                                              Piscis                  Manos

 

La pregunta que surge es: ¿qué ha pasado con las otras cinco constelaciones del Zodiaco: Cáncer, Leo, Virgo, Libra y Escorpio?.

 Como ya hemos visto en relación con la creación de los órganos de los sentidos y del metabolismo primigenio, con la ayuda de los Ángeles y Arcángeles, estas constelaciones son una imagen de la «vida interior», pero, ya que sólo hay una apariencia de vida dentro de esos cuerpos de calor en Antiguo Saturno, las cinco constelaciones de Cáncer a Escorpio siguen estando, por así decirlo, en segundo plano. Están veladas en las nubes de los ciclos de la evolución que siguen al Antiguo Saturno. Se manifestarán más tarde, cuando el ser humano sea capaz de adquirir vida y animación. Debemos imaginar que están «en el trasfondo» de los acontecimientos del Antiguo Saturno, revelando los más altos motivos y las experiencias más íntimas de los Dioses.

En la siguiente descripción de las características de las doce constelaciones del Zodíaco, según la evolución del Antiguo Saturno, debemos, sin embargo, comprometernos a describir estas cinco constelaciones «perdidas» con el fin de que podamos tener una imagen más o menos completa. En las siguientes cartas se darán las explicaciones.

Las constelaciones del zodiaco son la crónica o la memoria de la creación. Las impresiones que se han plasmado en esas esferas del universo todavía trabajan a través de las constelaciones visibles. El destino del mundo se muestra allí, en la forma en que los planetas se mueven ante las constelaciones. El ser humano puede ser testigo de lo que es la expresión externa de la Voluntad del mundo, así al tratar de entender y comprender esa voluntad, o, si no se quiere llegar a ser testigo, se convierten en objeto del significado de la Voluntad, sujetos a las fuerzas del destino.

Tratar de entender y comprender la Voluntad del mundo significa dar un paso en el camino que conduce hacia la libertad. Por lo tanto, será cada vez más necesario escuchar el lenguaje de las estrellas con el fin de escuchar la voluntad del mundo, la Voluntad del Padre, que tiene su expresión visible en los movimientos de los astros. De esta manera no vamos a escuchar nuestro «destino» o nuestro destino inmutable, sino que vamos a escuchar nuestras tareas espirituales en la Tierra. Consecuentemente podemos percibirlas en el ámbito de un pensamiento activo o actividad espiritual. Es el ámbito en el que podemos alcanzar la libertad, o «freehood», en nuestro tiempo actual de civilización.

Trataremos de leer la escritura de las estrellas en la medida en que los planetas van moviéndose a través de las constelaciones del zodiaco. Por supuesto, sólo podemos encontrar indicaciones generales ya que los planetas no siempre tienen la misma «lectura» cuando van pasando delante de las constelaciones. Cada uno de los planetas modifica su carácter dependiendo del carácter y la actividad especial del planeta que está ante una determinada constelación.

Constelación de Aries

Si algo pasa por la constelación de Aries —si uno o varios planetas están en esta constelación—, significa que un nuevo impulso quiere venir al mundo. Se nos recuerda que abramos los ojos a algo nuevo, a una nueva era de la humanidad, nuevos aspectos de la vida, o tal vez nuevos inventos que traerán un cambio a nuestra vida terrenal. Todavía pueden estar ocultos y puede que tengamos que buscarlos, pero podemos tomarlo como un mensaje del mundo espiritual a los seres de la Tierra para que estemos atentos a nuevas condiciones, para hacernos nuevas preguntas y emprender nuevas tareas. Esto, por ejemplo, sucedió en los tiempos anteriores al nacimiento de Cristo, cuando los profetas del pueblo hebreo hablaron de la venida de Cristo. En los siglos VIII-IX AC, cuando el profeta Elías vivió como el gran precursor del acontecimiento de Cristo, el punto vernal estaba en el centro de Aries.

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Constelación de Tauro

Los acontecimientos en Tauro hablan, por así decirlo, de una «animación» cósmica. En su mayoría son un recordatorio de que tenemos que romper las paredes de la tradición y la rutina que podemos haber acumulado en tiempos anteriores. Los nuevos impulsos y aspectos, que pueden haber nacido en el silencio y la soledad humana, pugnan por llevarse a la realidad. Es como si las vocales y consonantes de un nuevo lenguaje, que hasta ahora no se conocían, tienen que ser aprendidas y practicadas en la vida. Si la humanidad o el ser humano no responden a la llamada de Tauro, entonces las fuerzas cósmicas «animaran» la evolución por medio de catástrofes; por ejemplo, la Guerra de los Treinta Años comenzó cuando Saturno estaba en la constelación de Tauro, y finalizó cuando Saturno retornó de nuevo allí. En aquellos tiempos, incluso todavía hoy, la humanidad tenía que hacer una cierta tarea y no lo quiso entender, y el resultado fue la Guerra de los Treinta Años. Acerca de esta tarea especial hablaremos más tarde.

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Constelación de Géminis

Los acontecimientos estelares en Géminis indican que la humanidad debe despertar para tareas y misiones en relación con el desarrollo de las fuerzas del Yo. Cuando Jesús nació ([medianoche] del 24 de diciembre, 1 AC), Saturno estaba en Géminis, y 30 años después, en el momento del Bautismo en el Jordán cuando el «YO SOY» encarnó en el cuerpo de Jesús, Saturno retornó de nuevo a Géminis. Entonces la tarea de la humanidad fue ser testigo de la vida de Cristo en la Tierra. Sólo unos pocos lo hicieron, pero fueron suficientes como para llevar adelante la corriente de la evolución humana.

Justo en estos días (agosto de 1944) Saturno ha entrado de nuevo en la constelación de Géminis. Una vez más la humanidad se enfrenta a la tarea de la percepción del «YO SOY del mundo», a un nivel superior. Esperemos que suficientes seres humanos escuchen la llamada del mundo espiritual.

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Constelación de Cáncer

En las descripciones anteriores hemos visto que Cáncer está conectado con la creación de los órganos de los sentidos dentro de la evolución del Antiguo Saturno. Fue una interacción entre los Espíritus del Amor y los Arcángeles, o en el lenguaje de las estrellas, de Cáncer y Capricornio. Así los eventos en Cáncer están reclamando «la vida en los sentidos». Luego se nos pide que dirijamos nuestra atención hacia lo que podemos percibir con nuestros sentidos en el mundo de la materia. Si podemos hacer esto sin ningún prejuicio, podremos ser capaces de percibir los misterios más profundos del universo. Podremos percibir el misterio de la muerte y del renacimiento en todas las esferas de la vida.

Esto sucedió en el tiempo en el que Cristo vivió en la Tierra. En ese momento, incluso en el momento del Misterio del Gólgota, Saturno estaba en la constelación de Cáncer. Allí, el Reino de los Cielos estaba abierto al mundo de los sentidos humanos, porque Dios estaba presente en un cuerpo físico, visible a los ojos, y la Palabra de Dios se podía escuchar con los oídos —la Deidad podía ser abordada no sólo desde el mundo espiritual. De este modo, con el misterio de la muerte y la resurrección en el Gólgota, pudo ser percibido el rejuvenecimiento de todo el universo por algunos que estaban despiertos. Los que no estaban despiertos en sus sentidos sólo pudieron ver la muerte y la destrucción. Esto sucede si no se escucha la llamada de Cáncer, tal como ocurrió en el caso de la destrucción de Jerusalén (70 dC) cuando Marte estaba en Cáncer.

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Constelación de Leo

Los eventos en Leo piden la apertura del corazón humano hacia el lenguaje del universo. Encontramos a Leo relacionado con el metabolismo primigenio en el Antiguo Saturno, donde los Espíritus de Armonía junto a los Ángeles establecieron la digestión del calor en aquellos seres de calor. Eran como corazones cósmicos a través del cual los Dioses podían percibir las armonías de los mundos.

Hoy en día, Leo sigue actuando de esa manera. Insta al ser humano a que se trasforme en un gran corazón, en una especie de instrumento musical cósmico a través del cual pueda fluir la corriente de la existencia universal y crear una nueva armonía de las esferas. Este es el lenguaje de Leo: que todos los seres existentes quieran ser despertados y renacer en el «órgano de percepción del corazón» humano.

Muchas grandes individualidades en la historia espiritual de la humanidad, cada una a su manera, respondieron a esta llamada con la que se conectaron a Leo por su nacimiento. Entre ellos se encuentran el famoso poeta Novalis, H.P. Blavatsky y Rudolf Steiner. Todos ellos tienen a Saturno en Leo en el momento de su nacimiento.

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Constelación de Virgo

Virgo se encuentra frente a la constelación de Piscis. El sacrificio de la sustancia-volitiva por los Espíritus de la Voluntad, que fue el fundamento de toda la materia física, está conectado con Piscis. Por lo tanto, si nos fijamos en la constelación de Piscis —y más aún en Virgo— entramos en el portal de los misterios de la sustancia y la materia. En la medida que estos misterios no están aún al alcance del ser humano, los acontecimientos en Virgo exigen mucho de los seres humanos. Piden la mayor devoción y amor hacia el mundo espiritual y al mundo de la existencia física. Allí tiene que desarrollarse una actitud interior; por ejemplo, la que tenía Goethe cuando miraba el mundo que se presentaba a los sentidos y que le permitieron experimentar el «Urpflanze» —la protoplanta. Debemos encontrar la actitud correcta, como la que desenvolvemos en la meditación o en los sacramentos religiosos. De este modo podemos encontrar el misterio de la sustancia y la transubstanciación. Los misterios de la transubstanciación, que se llevan a cabo con el funcionamiento de los poderes del destino, pueden revelarse si el ser humano cultiva las capacidades ocultas del alma.

La Última Cena tuvo lugar cuando la Luna estaba en Virgo. Esto no quiere decir que las obras de Cristo dependan de las constelaciones o de las estrellas, pero revela la nueva actitud hacia las estrellas que viene al mundo por medio de Cristo. Hoy todavía estamos lejos de esta actitud; sólo podemos aprender paso a paso.

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Nuestro universo estrellado se ha convertido en un mecanismo, cuyos movimientos podemos calcular como la estructura y movimientos de una máquina. Sin embargo, cuando Cristo anduvo en la Tierra escribió obras y palabras en los acontecimientos de este universo mecánico de tal manera que los rejuveneció. Así, Cristo dejó impreso en esta posición de la Luna en Virgo, el nuevo misterio de la transubstanciación que fue fundado por Cristo para el bien del futuro de la humanidad. Desde entonces, la Luna puede haber pasado miles de veces por esta Constelación y puede que no haya sucedido nada importante en la familia humana. Sin embargo, el que haya ocurrido una vez puede dar a la humanidad del futuro la posibilidad de llenar esta Constelación con un nuevo contenido espiritual de una voluntad que no será producto de un cálculo sino el resultado de la imaginación moral de las acciones humanas.

En las anteriores descripciones de las constelaciones del Zodíaco, se han mencionado algunos planetas ─Saturno, Marte, Luna─. Esto sólo debe considerarse como ejemplos. El significado y las actividades de los planetas todavía han de ser resueltos en las siguientes Cartas. Hasta el momento, sólo deben tomarse como indicadores, como las manecillas del gran reloj de nuestro universo. Ellos están actuando como mediadores entre el zodíaco y la Tierra.

El carácter de cómo influye el zodiaco se modifica de acuerdo a los diferentes planetas que se encuentran en estas constelaciones. Saturno tiene un poder de modificación muy diferente que, por ejemplo, Marte o la Luna. Pero estas modificaciones aún tenemos que elaborarlas en detalle.

El horóscopo de la muerte

Articulo de Willi Sucher, Febrero de 1938

versión en inglés

Nuestro estudio sobre el horóscopo de nacimiento y las amplias perspectivas que se conectan con él han llegado a una cierta conclusión en los últimos artículos. Ahora vamos a tratar con otra perspectiva de nuestra relación con el mundo de las estrellas. Es el horóscopo de la constelación estelar en el momento de la muerte.

El horóscopo del momento de la muerte es algo completamente nuevo en la astrología e incluso podría parecer, en primer lugar, como un trabajo inactivo, pues lo que normalmente se espera de la astrología es un pronóstico, una previsión de las cosas que están a punto de suceder en el futuro. Sólo el horóscopo de nacimiento, que se produce en el comienzo de la vida terrenal, sería útil para este fin, mientras que el horóscopo de la muerte, que es del fin de la vida, obviamente no nos puede ayudar en el pronóstico de los acontecimientos de esta vida. Sin embargo, desde este horóscopo podemos desplegar otras perspectivas. En él se nos muestra la perspectiva de la vida y la evolución del alma en la existencia post-morten.

Este es el valor positivo del horóscopo de la muerte. La imagen  celeste del momento de la muerte es un punto de enfoque en el que la vida terrenal, que ha llegado a su final recoge sus frutos por un lado (incluso en el fruto se encuentra oculta la esencia interior de una planta), mientras que por otro lado esta constelación nos da el cuadro de un  nuevo comienzo, es decir, el paso del alma a través de los mundos cósmico-espirituales después de la muerte, y su dirección hacia una vida futura en la Tierra.

Por lo tanto, el estudio del horóscopo de la muerte no tiene nada que ofrecer a los motivos egoístas que tan frecuentemente inspiran interés en los horóscopos del nacimiento. Sin embargo, puede llevarnos a percibir y reconocer los frutos espirituales de la vida terrenal, que ya ha pasado. Recoge, a modo de cuadro cósmico, todo lo que uno ha hecho de sí mismo durante su vida en la Tierra y que ahora elaborara tomando decisiones y formando su futuro. El horóscopo de la muerte es como una pieza de educación cósmica para la gente de la Tierra. Se nos muestra cómo aparece en su aspecto cósmico el trabajo humano hecho en la Tierra, estando ya en el pasado, o como el juicio de los dioses. Nos enseña cómo podemos tratar de una manera más fructífera los problemas de nuestra vida pasada. Por lo tanto, incluso para una lectura del horóscopo del nacimiento, haremos bien en tomar muy en serio el horóscopo de la muerte. Esto lo veremos con mayor claridad a continuación.

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Para empezar, vamos a desarrollar con todo detalle las constelaciones de muerte de personajes históricos. Es muy interesante, por ejemplo, la imagen celeste de la muerte de Napoleón. Se nos dice que murió en la noche del 05 de mayo 1821 justo cuando el sol se ponía en el mar.

Napoleon muerte

En la creación de un horóscopo de muerte tenemos que lidiar con las mismas condiciones matemáticas y astronómicas que se aplican en un horóscopo de nacimiento. Además, tomando la imagen cósmica como un todo, tenemos que prever también aquí tres elementos distintos: el primero es el hecho del espacio terrenal, con lo que un aspecto de la imagen es precisamente fijo; el segundo, los planetas, con todas sus posiciones definidas en relación con este aspecto terrenal, ya sea por debajo o por encima del horizonte; en el este o en el hemisferio occidental del cielo y en tercer lugar la relación de los planetas y el espacio terrestre con el Zodiaco.

La constelación de la muerte de Napoleón presenta una imagen muy llamativa. El Sol, que se estaba poniendo, se encuentra en el hemisferio occidental. Cerca del Sol esta Venus. Aún más abajo del horizonte occidental hay un grupo de planetas en la constelación de Piscis, podemos ver a Saturno, Júpiter, Marte y Mercurio en estrecha conjunción. La Luna pasa de Tauro a Géminis. Por último, en Sagitario hay una conjunción –en realidad de importancia histórico-mundial– de los dos recientemente descubiertos planetas Urano y Neptuno. En esta conjunción vemos un evento cósmico de gran importancia histórica que ocurre rara vez dado el movimiento aparente tan lento de estos distantes planetas. La siguiente conjunción de Urano y Neptuno no tendrá lugar hasta finales del presente siglo.

Esto es lo que vemos, simplemente por los fenómenos en los cielos. Todos los planetas, excepto Urano y Neptuno están en el hemisferio occidental, en el descendente, en su relación con el espacio terrenal. Sumado a esto está la congestión peculiar de planetas en Aries y Piscis. Para empezar, no tenemos más que estos fenómenos para trabajar, en agudo contraste con la astrología de nacimiento no existen experiencias tradicionales o reglas para ayudarnos.

¿Con qué, pues, podemos relacionar estos fenómenos?. Primero vamos a dirigir nuestra atención a todo lo que está determinado por la relación Este-Oeste del espacio terrestre con el cosmos. Debajo del horizonte en el oeste vemos una barricada regular de planetas. Da la impresión casi de un puño cerrado. Aquí vemos una imagen del carácter extraordinario de Napoleón, apareciendo así como un cometa en su día y generando algo totalmente inesperado incalculable en sus efectos. El poder apretado y congestionado cae por debajo del horizonte occidental, es como llegar cansado volviendo en la tarde de un día, que ha traído muchos acontecimientos terribles y difíciles.

En el momento del nacimiento, así como en el de la muerte, estas direcciones espaciales tienen un significado aún más profundo. El ascendente de la natalidad es una imagen de la entrada del ser humano desde la esfera lunar a la esfera terrestre. Así también en la muerte, la dirección Este (el ascendente) podemos decir que es una imagen de su salida a la esfera lunar, alejándose de la Tierra. En las hermandades ocultas hasta el día de hoy, cuando las almas pasan por el Portal de la Muerte, se habla de ellos como que se han marchado “al eterno Oriente”. El camino hacia el este muestra el futuro del ser humano en la vida después de la muerte y viceversa, la dirección oeste indicaría lo que ya ha pasado.

Si esto es así, entonces Napoleón por la dirección de su entrada en la esfera Lunar después de la muerte es hacia Libra. En la imagen de la balanza tenemos una indicación de su personaje como un hombre que está constantemente oscilando entre los poderes de la Luz y la Oscuridad, y de hecho no puede entenderse en absoluto como la de un hombre terrenal común y corriente. Condiciones muy distintas de balance o equilibrio prevalecen en él a las del alma humana normal en la Tierra.

Frente a esto, el pasado se indica en el Oeste, es decir, lo que está dejando atrás. Aquí, pues, tenemos la congestión notable de muchos planetas. Para resumirlo en una sola imagen, quizá podamos verlo de la siguiente manera: él sale por el signo de la balanza, Libra, buscando el equilibrio de su propio ser, ya que en su parte posterior se encuentra la pesada carga manifestada en el cielo occidental, la realidad cósmica de todos los resultados terribles de su camino de violencia a través del escenario de la historia occidental, cayendo como una pesada carga de culpa sobre sus hombros.

Podría parecer, al principio, como si esta forma de ver las constelaciones de muerte fueran más bien subjetivas. Sin embargo, tras muchos años de trabajo con este tipo de horóscopos se revela la presencia de relaciones aún más profundas que por fin confirman lo que se ha dicho. Esta confirmación se debe, sobre todo, al guión cósmico del paso de Saturno a través del zodíaco.

Vamos a considerar una vez más la congestión de los planetas en Piscis en el horóscopo de la muerte de Napoleón. Esta es sin duda la característica más importante. Veremos que unos 30 años antes, alrededor de 1791-4, Saturno ocupaba los lugares en el zodiaco que en el momento de la muerte están ocupados por este grupo de planetas. Pues Saturno tarda unos 30 años en dar la vuelta al zodíaco. Además, encontraremos los siguientes datos: en el año 1796 Saturno estaba en el lugar donde se encuentra la Luna en el horóscopo de la muerte. Luego, alrededor de 1800 Saturno estaba en el punto culminante del Zodiaco, en la constelación de Leo. En 1805 pasó a través de Libra, el ascendente de la hora de la muerte, y finalmente en 1812 se encontraba en Sagitario, donde tenían su conjunción en 1821 Urano y Neptuno. Estos son los tránsitos de Saturno en el tiempo pasado. Es lo contrario de lo que es en el horóscopo de nacimiento, a dónde vamos adelante en el tiempo a medida que estudiamos los tránsitos de Saturno y otros planetas a través de los puntos esenciales del horóscopo. Estos últimos tránsitos que Saturno ejecuta referidos al momento de la muerte, dará lugar a datos muy individuales para cada vida humana.

Llegamos así a la siguiente imagen:

Si ahora comparamos la biografía de Napoleón con el panorama en el tiempo en que nos han llevado estos últimos tránsitos de Saturno, descubriremos que por la escritura de Saturno en el cielo podemos comprobar los hechos más importantes de su vida. En el momento de la muerte los planetas encuentran su camino en todos los lugares en los cielos, donde Saturno se situó en los hechos sobresalientes de la vida del hombre.

En las constelaciones del momento de la muerte se hace manifiesta una imagen poderosa del tiempo cósmico. Al igual que las páginas abiertas de una Meath Chronicle, las estrellas contienen la historia de la vida de la persona que acaba de pasar por el Portal de la Muerte.

Pasemos ahora a considerar el horóscopo de la muerte de Napoleón desde este punto de vista. En el dibujo del horóscopo por encima de los últimos tránsitos de Saturno y su secuencia en el tiempo se indican en el círculo más externo. En primer lugar tenemos a los tránsitos más allá de las posiciones esenciales en Piscis y Aries, en los años 1791-4. Es el tiempo de las condiciones caóticas de la Revolución Francesa. El poderoso impulso social que fue el fondo de la fuerza impulsora de estos hechos sufrió un contratiempo grave, de una manera que sucede a menudo. Del caos un solo hombre se abrió camino a una posición de poder absoluto. Fue Napoleón quien se levantó de un comienzo modesto y en el año 1796, el tiempo de tránsito de Saturno por el lugar de la Luna en la muerte, ya estaba al mando de la campaña de Italia. La victoria que consiguió allí fue una etapa importante en su fenomenal ascenso. Saturno se inscribe en el fondo cósmico poderoso de Tauro. A la vuelta del siglo, tenemos el paso de Saturno a través del punto culminante del Zodiaco, Leo, la imagen de la fuerza y el poder. Napoleón estaba en el apogeo de su poder continental de su elección forzada como Primer Cónsul de la República en 1799, para su coronación como emperador y la aplastante derrota de Prusia y Austria en 1804. Después de esto, Saturno se sitúa en el lugar del cielo que está por debajo del horizonte oriental en el horóscopo de la muerte, una perdida le cuestiona a partir de la infeliz campaña rusa de 1812. Esto está relacionado con el tránsito de Saturno, más allá de la conjunción Urano-Neptuno en el horóscopo de la muerte.

Los poderes del destino entran aquí y provocan la caída de este espíritu absolutista que alcanzó con su sed de poder a todo un continente. En esta conjunción de Urano y Neptuno, se revelan profundas relaciones espirituales como el aumento de meteoros como si este extraño ser que, con todo su ímpetu destructivo, sin embargo, trajo involuntariamente muchos impulsos para el bien de la evolución del mundo occidental, el escozor y la agitación en la vida activa de muchas fuerzas latentes tanto en individuos y naciones se despiertan en ese momento.

Finalmente vemos el retorno de Saturno a su punto de partida en Piscis y, en relación con esto, la prolongada enfermedad de Napoleón y la muerte en la isla solitaria. Se repite una vez más lo que ya hemos indicado, las constelaciones en el cielo occidental en este horóscopo de la muerte nos lleva de nuevo al punto de partida, el tiempo de la Revolución Francesa. El impulso hacia una mejor vida social se transformó en su contrario, en el dominio por la pura violencia. A medida que Saturno regresa de nuevo a Piscis –habiendo recorrido el Zodiaco- la vida de este hombre se extingue y en la cama con el dolor de la enfermedad pone fin a una trayectoria de destino tratando de realizar planes gigantescos y ambiciosos, pero sembrado de innumerables casos de dolor y sufrimiento humanos. Pensemos, por ejemplo, en la retirada del gran ejército desde el interior de Rusia. Estas cosas caen pesadamente sobre la culpabilidad del ser de Napoleón. Esta culpa está escrita en gran medida por la posición de los planetas en el cielo occidental en el momento de su muerte. Vemos pues el punto de partida de su carrera de la que podríamos imaginar, que si hubiera seguido los impulsos espirituales verdaderos que subyacen a la Revolución Francesa en sus inicios, podría haber tomado un camino menos cargado de culpa.

Así que el horóscopo de la muerte se revela una especie de resumen de la vida terrenal, que ya ha pasado. Así se nos presenta un cuadro cósmico imponente, de los momentos más importantes que se inscriben en la vida del ser humano. Pero también hay otra cosa conectada con esto.  La investigación espiritual dice -y las personas que han regresado a la vida después de haber estado en peligro inminente de muerte por ahogamiento o por otros medios lo confirman- que en el primer período después de la muerte el alma humana experimenta un fuerte cuadro de memoria de la vida terrenal pasada, en el que están contenidos todos los puntos importantes de esta vida. Esto no es otro que el cuerpo etérico de ser humano, liberado de sus funciones físicas y ahora se revela en su verdadero carácter como un cuerpo-de-tiempo como el que tuvimos que hacer en nuestros estudios del horóscopo prenatal. El cuerpo etéreo se convierte ahora en un cuadro en el tiempo, con todos los recuerdos de la vida. Es este cuerpo del ser humano el que está más íntimamente relacionado con el horóscopo de la muerte.

Además, es Saturno, el que ahora traza este cuadro cósmico. Saturno, en efecto, tiene que ver con la grabación de la historia, es el cronista cósmico, grabando todo lo que sucede en la vida de las personas y de la humanidad. Saturno también  registra lo que sucedió en los tiempos aciagos de la Revolución Francesa (1792-4), la aparición de Napoleón y el desenvolvimiento de su vida en los años siguientes. Todo esto fue registrado silenciosamente y con imparcialidad por el planeta Saturno en la crónica cósmica. Saturno ha registrado las  diferentes entradas en  los diferentes lugares en el cosmos, dados por Napoleón en el recorrido de la vida en la Tierra.

Lo principal es la acción humana, en nuestra forma de trabajar y actuar que esta decididamente dentro de la esfera de la libertad moral. Sin embargo, si alguna vez hacemos que nuestras decisiones se lleven a cabo en nuestra vida, habremos creado para nosotros mismos un destino que trabajara en el futuro. Así también Saturno hace sus entradas, trabajando con la fuerza del destino, de tal manera que la muerte de la persona se produce cuando los planetas están en los lugares del zodiaco en el que los acontecimientos destacados de la vida han sido grabados por Saturno. Así, en los años de la Revolución Francesa, Napoleón sufrió ciertas decisiones internas que llegaron a ser importantes para el resto de su vida terrenal. Saturno las grabo en la constelación de Piscis. Esto llegó a ser tan importante para su destino ulterior que la muerte de  Napoleón tuvo que producirse en un momento en que ciertos planetas estaban en Piscis, como de hecho vemos en su horóscopo de muerte.

Así, la vida terrenal de un ser humano se refleja dos veces en la memoria cósmica. Por un lado tal como aparece en el cuerpo etérico o cuerpo de fuerzas formativas. La memoria, que se mantiene firme allí, se libera en el momento de la muerte para convertirse en el gran cuadro de la toda la experiencia vital. Pero en el gran cosmos también se imprime en ese momento la memoria del cuadro de la vida terrenal pasada. Es una conexión profundamente significativa. El cosmos espera que le llevemos el registro de las vidas terrenales. El cosmos espera que fluyan a través de los cuerpos etéricos humanos una memoria espiritual impregnada de hechos y experiencias terrenales.

Porque el hecho es que muy poco después de la muerte el cuerpo etérico humano se disuelve completamente en el cosmos, por lo tanto, la constelación de las estrellas en el momento de la muerte se adaptan al cuadro que existe en el cuerpo etérico de la persona que ha fallecido  y la muerte se produce en un momento en que los dos están en perfecta armonía. El horóscopo de la muerte es, por así decirlo, un negativo, un molde, una forma hueca, que responde a las condiciones del cuerpo etérico del individuo y se adapta armoniosamente para recibirlo. Para su existencia en el más allá, el cosmos tiene esta sustancia etérica que viene de la humanidad en la Tierra. Nuestro estudio revela estos hechos espirituales en una luz aún más completa.

Traducido por Gracia Muñoz.