GA204 – Una imagen de la Tierra – La evolución en el futuro

 

Una conferencia pronunciada por Rudolf Steiner en Dornach el 13 de mayo de 1921

[A partir de un informe taquigráfico, no revisado por el profesor. Publicado con permiso de la Rudolf Steiner-Nachlassverwaltung, Dornach, Suiza.]

English versión

Vivimos un tiempo en el que se está dedicando mucha atención al «espacio exterior», que promueven los científicos, a la manera de ciencia-ficción. Se especula desde varios niveles sobre visitantes de otros mundos. Detrás de todo ello puede haber un sentimiento instintivo -verdadero en sí mismo, aunque a menudo distorsionado en su expresión- de que el aislamiento aparente del hombre sobre la Tierra no es definitivo; que el hombre no está solo en el Universo. Por eso vamos a volver a presentar una conferencia (publicada por primera vez en inglés en el trimestral, «Antroposofía», en la Pascua de 1933, y que estaba fuera de impresión) en la que Rudolf Steiner habló, breve y enigmáticamente, de la necesidad de reconocer y acoger a ciertos seres, «de orden no humano», que desde los años setenta del siglo pasado han descendido de las esferas cósmicas al ámbito de la existencia terrestre, trayendo con ellos «la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual».

Los editores.

Aurora Boreal

Las conferencias que se han impartido recientemente sobre la naturaleza de los colores [Tres conferencias sobre Das Wesen der Farben, en Dornach, del 6 al 8 de mayo de 1921. Publicado en Inglés como libro titulado «Color». Nueva edición en preparación] pueden haber contribuido a mostrarles que podemos empezar a comprender al Hombre en su verdadero Ser solo cuando lo relacionamos con la totalidad del Universo. Si nos preguntamos: ¿Qué es el hombre en su verdadera naturaleza? −Entonces debemos aprender a mirar hacia arriba de la Tierra, a lo que está más allá de la Tierra. Esta es una capacidad que necesitamos desarrollar, sobre todo en nuestro tiempo. El intelecto humano se está volviendo más y más sombrío y, como resultado de ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en el siglo XIX, ya no está arraigado en la realidad.

Esto nos indica, inequívocamente, que es el momento de que el hombre empiece a descubrir la manera de poder recibir un nuevo impulso en su vida anímica; por lo que ahora vamos a centrar nuestra atención en ciertos grandes acontecimientos cósmicos con los que ya estamos familiarizados desde otros puntos de vista.

La mayoría de ustedes han leído el libro «la Ciencia Oculta, un esquema», y saben que uno de los grandes acontecimientos de la evolución terrestre fue la separación de la Luna de la Tierra. La Luna, tal y como la vemos hoy en día, brillando desde el espacio cósmico, estuvo una vez unida a la Tierra. Después se separó y ahora orbita a su alrededor como su satélite. Sabemos qué profundos cambios de alcance global en la evolución están conectados con la separación de la Luna de la Tierra. Tendríamos que ir muy lejos en el tiempo, antes del diluvio Atlante, para encontrar la época en la que la Luna se separó del cuerpo de la Tierra.

Hoy vamos a limitar nuestra atención a lo que aconteció en la Tierra en relación con el ser humano y los reinos de la naturaleza que le rodean, como consecuencia de la separación de la Luna. A partir de las conferencias sobre los colores hemos aprendido que los minerales −es decir, las sustancias minerales con color− en realidad derivan sus diferentes tonalidades de esta relación de la Luna con la Tierra. El reconocimiento de este hecho nos permite hacer de estos eventos cósmicos parte de una concepción artística de la existencia.

aurorab

Imagen: Tim Murray

Pero aquí, entran en consideración otros asuntos de la mayor importancia. El ser humano es el producto de las metamorfosis anteriores de la existencia terrestre −a saber, los períodos de evolución del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, en los que no existía el reino mineral. El reino mineral, tal como lo conocemos hoy en día, apareció por primera vez durante el período de la Tierra. La sustancia mineral, por lo tanto, solo llegó a formar parte del ser humano durante esta evolución de la Tierra. Durante las etapas del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, el hombre no tenía absolutamente nada mineral en él. Tampoco su constitución estaba adaptada para la existencia en la Tierra. En su propia naturaleza era un ser del cosmos. Antes de la separación de la Luna, y antes de que las sustancias minerales con su gama de colores llegaran a existir, el hombre no estaba adaptado a la existencia terrestre.

Déjenme describirlo de manera siguiente. Llegó a ser algo muy crucial para los Seres Espirituales que guían la evolución terrestre qué debía suceder con el hombre. ¿Debería ser enviado a la Tierra o habría que dejarle pasar su existencia en un reino más allá de la Tierra? Verdaderamente se puede decir que la separación de la Luna, con los consiguientes cambios en la Tierra y en el ser humano, fue el resultado de la decisión que tomaron los Seres Espirituales que guían y dirigen la evolución de la Humanidad. Que el organismo del hombre pudiera desarrollarse de tal manera que le fuera posible convertirse en un ser terrenal fue debido a que esta sustancia lunar fue alejada de la Tierra. A través de este evento −la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la Tierra– el hombre se ha convertido en un ser terrenal, viniendo a la existencia en el ámbito de la gravedad terrestre. Sin la gravedad terrestre jamás podría haberse convertido en un ser capaz de alcanzar la libertad. Antes de la separación de la Luna no era, en el sentido real, una personalidad. Fue capaz de convertirse en una personalidad debido a la concentración de fuerzas que iban a construir su cuerpo. Y esta concentración de fuerzas fue el resultado de la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la existencia terrenal. Así el hombre se convirtió en una personalidad, donde la libertad se puso a su alcance.

amatista

La evolución del hombre sobre la Tierra, después de la separación de la Luna, ha continuado a través de muchas etapas diferentes. Y podemos decir que si no hubiera sucedido nada más, excepto esta salida de la Luna de la Tierra, todavía habría sido posible para el hombre extraer de su organismo, de su cuerpo y de su alma, imágenes tal como surgían en la antigua visión clarividente. Tampoco se le privó al hombre de esta facultad con la separación de la Luna. Todavía podía ver el mundo en imágenes de forma que si nada más hubiera sucedido estaría, incluso hoy, viviendo en un mundo de imágenes. Pero la evolución continuó. El hombre no permaneció encadenado a la Tierra. Recibió un impulso para la evolución en la otra dirección −un impulso que en realidad alcanzó su punto culminante en el siglo XIX.

Incluso cuando hace muchísimo tiempo el ser humano, como ‘hombre metabólico’, quedó sujeto a la fuerza de gravedad terrestre, se fue adaptando como ‘hombre cefálico’ para la existencia cósmica. En efecto, el intelecto comenzó a evolucionar. Las antiguas imágenes clarividentes se densificaron en forma de conciencia intelectual, hasta la época del siglo IV después de Cristo. Fue entonces cuando por primera vez el intelecto humano comenzó a sumergirse en la penumbra. Este proceso ha ido acelerándose cada vez más rápido desde el siglo XV, y hoy en día, aunque el intelecto es una facultad totalmente espiritual en el hombre, su existencia ya no tiene sus raíces en la realidad. Sólo tiene una imagen-existencial. Cuando el hombre de hoy piensa con su intelecto y con la facultad de la razón, sus pensamientos no están en absoluto enraizados en la realidad. Cada vez se mueve más en una existencia sombría, que alcanzó su punto culminante durante el siglo XIX. Hoy en día el hombre carece totalmente del sentido de la realidad. Vive dentro de un elemento espiritual, pero al mismo tiempo es un materialista. Sus pensamientos −que son espirituales, pero que aún no son más que sombras del verdadero pensamiento− se dirigen exclusivamente a la existencia material.

Así, el segundo gran proceso o evento fue que el hombre devino más espiritual. Pero una sustancia espiritual que se derivaba de la materia, ya no del alma. Su naturaleza se ha vuelto más espiritual, pero con sus facultades espirituales sólo piensa en la existencia material.

Ustedes saben que un día la Luna se unirá de nuevo con la Tierra. Para los astrónomos y geólogos, que viven en su mundo de abstracciones, esta unión de la Luna con la Tierra se sitúa en miles y miles de años por delante. Pero esto es una mera ilusión. En realidad no se trata de ninguna manera de algo muy lejano. La humanidad se está haciendo cada vez más joven. Los seres humanos están llegando a un punto en su desarrollo físico y anímico que culminará a una cierta edad en la vida. En el momento de la muerte de Cristo, el Evento del Gólgota, los seres humanos en general eran capaces de desarrollarse en cuerpo y alma hasta los 33 años de vida. Hoy en día este desarrollo es posible hasta los 27 años. Llegará un tiempo en el cuarto milenio en que los hombres serán capaces de desarrollarse sólo hasta los 21 años. En el séptimo milenio la naturaleza corporal será capaz de desarrollarse sólo hasta los 14 años. Las mujeres entonces serán estériles. Se dará una reproducción completamente diferente en la vida terrenal. Esta es la época en la que la Luna volverá a acercarse a la Tierra y será parte de ella.

Ya es el momento de que el hombre ponga atención a este tipo de poderosos eventos del reino de la existencia más allá de la Tierra. No se puede seguir soñando, de una forma vaga y abstracta, sobre la Divinidad, tiene que empezar a despertar ante los grandes acontecimientos que están conectados con su evolución. Debe comprender lo que significa que la Luna una vez se separó de la Tierra y que otra vez volverá a unirse con ella.

Del mismo modo que la separación de la Luna fue un acontecimiento decisivo, también lo será su reingreso. Es cierto que como seres humanos habitaremos todavía la Tierra, aunque el nacimiento ya no sucederá de la forma actual. Estaremos conectados con la Tierra por otros medios que no serán por nacimiento. Debemos, sin embargo, desarrollar un cierto respeto por ese tiempo. Y tenemos que aprender a conectar lo que está sucediendo hoy en día −me refiero al hecho de que el intelecto se está volviendo más y más sombrío− con lo que un día será un gran acontecimiento en la evolución terrestre −la reintroducción de la Luna en la sustancia de la Tierra.

Si el intelecto continúa desarrollándose de la manera tan espectral como lo está haciendo ahora, si los hombres no toman la decisión de recibir en su ser lo que ahora fluye desde los mundos espirituales, entonces forzosamente se verán absorbidos en la penumbra grisácea de su vida intelectual.

¿Qué es este intelecto sombrío? Con él no se puede entender la verdadera naturaleza y el ser del hombre. El único reino que este intelecto humano es capaz de entender, hasta cierto punto, es el mundo mineral. Incluso la vida de la planta le sigue siendo enigmática; y más aún la vida del animal; quedando la vida humana en su conjunto más allá del alcance de la mente. Y así el hombre sigue su camino, desarrollando imágenes existenciales que en realidad no son más que un gran cuestionamiento sobre el mundo. Su intelecto no puede comprender la verdadera naturaleza de la planta o del animal, y mucho menos la del ser humano. Este estado de cosas continuará si el hombre no puede escuchar lo que se le está dando en la forma de nuevas Imaginaciones, en las que se le representa la existencia cósmica. La sabiduría viviente que la Ciencia Espiritual es capaz de impartir debe ser recibida en sus  pensamientos y conceptos intelectuales, porque sólo así podrá llenarse de vida la sombría imaginación  del intelecto.

Este llenar de vida las imágenes-sombrías del intelecto no es algo que sucede sólo en el ser humano, sino que es un acontecimiento cósmico. Recuerden el pasaje del libro La Ciencia Oculta donde se habla del momento en el que las almas humanas ascendieron a otros planetas y después descendieron de nuevo a la existencia terrestre. Expuse cómo los hombres de Marte, los hombres de Júpiter y los otros, descendieron de nuevo a la Tierra. Ahora, a finales de los años setenta del siglo pasado, ha acontecido un evento de suma importancia. Es un evento que puede ser descrito sólo a la luz de los hechos que nos son revelados en el mundo espiritual.

Mientras que en los días de la antigua Atlántida los seres humanos llegaron a la Tierra desde Saturno, Júpiter, Marte, y así sucesivamente −es decir, seres dotados con alma se vieron envueltos en el reino de la existencia terrestre−, desde finales de los años setenta del siglo pasado, otros seres −de orden no humano− han ido descendiendo a la Tierra con el objetivo de su ulterior desarrollo. Vienen a la Tierra desde los reinos cósmicos más allá de la Tierra y entran en una relación muy determinada con los seres humanos. Desde los años ochenta del siglo XIX, estos seres supra-terrestres han estado tratando de entrar en la esfera de la existencia terrestre. Del mismo modo que los hombres de Vulcano fueron los últimos en descender a la Tierra, ahora, en realidad, estos seres de Vulcano están entrando en el reino de la existencia terrenal. Seres supra-terrestres que ya están aquí, y el hecho de que seamos capaces de que nuestro cuerpo esté todo el día conectado con la Ciencia Espiritual se debe a la circunstancia de que los seres de más allá de la Tierra están trayendo los mensajes del mundo espiritual hacia la existencia terrestre.

Pero, hablando en términos generales, ¿cuál es la actitud adoptada por la raza humana?.  La raza humana se comporta, si se me permite decirlo así, de una manera muy mezquina ante estos seres que están apareciendo desde el cosmos y que bajan −lenta y paulatinamente, es cierto− a la Tierra. La raza humana no se preocupa por ellos; ignora su existencia. Y esto es lo que va a llevar a la Tierra a unas condiciones trágicas, ya que en el transcurso de los próximos siglos más y más Seres Espirituales estarán entre nosotros −Seres cuyo idioma debemos comprender. Y esto sólo es posible si tratamos de conocer lo que ellos nos traen: a saber, la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual. Ellos quieren darnos y quieren que actuemos en el sentido de la Ciencia Espiritual. Su deseo es que la Ciencia Espiritual se introduzca en el comportamiento y en los actos sociales en la Tierra.

Repito, pues, que desde el último tercio del siglo XIX estos Seres Espirituales están viniendo desde el cosmos a nuestra esfera de existencia. Su hogar es la esfera que se encuentra entre la Luna y Mercurio, pero ellos ya están ejerciendo presión para entrar en el reino de la existencia terrestre y procurando encontrar un lugar aquí. Y serán capaces de encontrarlo si los seres humanos se impregnan con la idea de su existencia. Esto también puede expresarse como lo hice hace un momento, al decir que nuestro sombrío entendimiento debe ser revitalizado con las imágenes de la Ciencia Espiritual. Estamos hablando de un hecho concreto cuando decimos que existen Seres Espirituales que están tratando de descender a la existencia terrenal −y deben ser calurosamente recibidos. Se producirá catástrofe tras catástrofe y la vida en la Tierra caerá en el caos social si se mantiene esta oposición en la existencia humana ante el advenimiento de estos Seres. Ellos no desean otra cosa que ser una especie de custodios de la evolución ante lo que sucederá en la existencia de la Tierra cuando la Luna se vuelva a unir con ella.

Hoy las personas pueden considerar que es relativamente inofensivo elaborar los pensamientos automáticos y muertos que surgen en relación con el mundo mineral y la naturaleza mineral de las plantas, los animales y el hombre. Los materialistas se deleitan con este tipo de pensamientos que son –además– solo pensamientos y nada más. Pero traten de imaginar lo que sucedería si los hombres siguen sin desplegar ningún otro tipo de pensamientos hasta el momento en que, en el octavo milenio, la existencia lunar se una de nuevo con la Tierra. Estos seres de los que he hablado irán llegando poco a poco a la Tierra. Seres de Vulcano, ‘superhombres’ de Vulcano, ‘superhombres’ de Venus, de Mercurio, del Sol, se unirán con la existencia terrestre. Pero, si los seres humanos persisten en su incredulidad u oposición a ellos, la existencia en la Tierra se hundirá en el caos en el transcurso de los próximos mil años.

Es muy posible que los hombres de la Tierra, si así lo desean, puedan desarrollar una forma de intelecto cada vez más y más automática —cosa que también puede ocurrir en medio de condiciones de barbarie. Sin embargo la madurez plena y completa no puede llegar a su expresión en una forma de inteligencia tal, y los hombres no podrán relacionarse con los Seres que desean contactar con ellos en la existencia terrestre. Y todos esos seres, de quienes los hombres tienen una concepción errónea porque su entendimiento sombrío sólo puede captar la naturaleza mineral, la naturaleza crudamente material de los minerales, plantas y animales, o incluso del reino humano en sí, todos estos pensamientos que no tienen ninguna realidad, van a convertirse en realidades sustanciales en el instante en que la Luna se una de nuevo con la Tierra. Y a partir de la Tierra brotará una terrible raza de seres, una camada de autómatas de un orden existencial que se extiende entre los reinos mineral y vegetal, y será poseedor de un abrumador poder intelectual.

red

Este enjambre que tenderá a apoderarse de la Tierra se extenderá sobre la misma como una red de criaturas fantasmales, en forma de araña, y serán de un orden inferior a la existencia de la planta, pero poseerán una sabiduría abrumadora. Estas criaturas-araña estarán todas entrelazadas unas con otras, y en sus movimientos exteriores imitaran los pensamientos que los hombres han tejido en su intelecto de sombras que no han permitido que fueran vivificados por la nueva forma del conocimiento imaginativo de la Ciencia Espiritual. Entonces todos los pensamientos que carecen de sustancia y realidad serán dotados de ser.

seraraña

La Tierra estará rodeada −como lo está ahora con el aire y a veces con enjambres de langostas− con una camada de terribles criaturas en forma de araña, mitad minerales, mitad plantas, que entretejerán con inteligencia magistral, cierto, pero con propósitos intensamente malignos. Y en la medida en que el hombre no ha permitido que sus sombríos conceptos intelectuales puedan ser llenados de vida, su existencia se unirá no con los seres que han estado tratando de descender desde el último tercio del siglo XIX, sino con esta camada espantosa de criaturas mitad minerales, mitad plantas. Él tendrá que convivir con estas criaturas en forma de araña y continuar su existencia cósmica dentro del orden de la evolución en la que entrará entonces esta camada.

Este es un destino que muy ostentosamente forma parte de la evolución humana sobre la Tierra, y en la actualidad es muy conocido por muchos de aquellos que tratan de mantener a la humanidad de espaldas al conocimiento de la Ciencia Espiritual. Porque hay hombres que en realidad son aliados conscientes de este proceso de enredo de la existencia terrestre. Ya no debemos permitir que se nos sorprenda con descripciones de este tipo. Tales hechos son el telón de fondo de lo que se dice a menudo hoy en día por las personas que todavía tienen alguna conciencia de antiguas tradiciones de estas cosas y que luego se consideró adecuado rodearlas con un velo de misterio. Pero este velo del misterio ya no es correcto para el proceso de la evolución terrestre de la humanidad. Por grande que sea la resistencia, estas cosas hay que decirlas, pues, como repito constantemente, la aceptación o el rechazo del conocimiento científico-espiritual es un asunto serio para toda la Humanidad.

Aquí, la cuestión no tiene que ver con obtener conclusiones a partir de lo que esté relacionado con una simpatía o antipatía imparcial, sino con algo que está ligado a todo el contexto del cosmos, tiene que ver con la toma de decisión por parte de la Humanidad de ponerse a la altura de lo que los Espíritus del Bien le aportan desde el Cosmos en la actualidad, o si la humanidad pretenderá buscar la existencia cósmica desde el propio enmarañamiento de sus ensombrecidos pensamientos. Hoy no es suficiente hablar en términos abstractos de la necesidad de la Ciencia Espiritual. Lo único que podemos hacer es mostrar cómo los pensamientos se convierten en realidades. Terribles teorías abstractas son arrojadas a los hombres de hoy, como, por ejemplo, «Los pensamientos se convierten en cosas», o frases similares. Declaraciones abstractas de este tipo no transmiten la realidad completa y concreta. Y la realidad concreta es que los pensamientos intelectuales evolucionados hacia el interior de los hombres de hoy, el día de mañana fluirán sobre la Tierra como una tela de araña en la que se enredarán los seres humanos, si no pueden llegar a un mundo que esté más allá y por encima de sus pensamientos y conceptos sombríos.

Tenemos que aprender a tomar con profunda seriedad los asuntos que indiqué al final de mis conferencias sobre la naturaleza de los colores, cuando dije que la ciencia del color debe ser llevada fuera del ámbito de la física abstracta, a una región donde la fantasía creativa y el sentimiento del artista que entiende la verdadera naturaleza del color debe ir de la mano de una concepción del mundo basada en la Ciencia Espiritual. Hemos visto cómo se puede entender la naturaleza del color y cómo la física moderna, con sus gráficos sin imaginación, la ha enterrado en un mundo Ahrimánico, pero que puede elevarse a la esfera del arte, de forma que se pueda fundamentar una teoría de los colores, que por otro lado, estando muy alejada de los principios de la ciencia moderna, es capaz de proporcionar un verdadero fundamento a la creación artística, si el hombre se deja permear por ella.

Y hay otro pensamiento, también, que debe ser tomado muy en serio. ¿Qué encontramos extendido actualmente en el mundo civilizado? Los jóvenes estudiantes entran en los hospitales o universidades para estudiar la ciencia, donde se les explica la constitución del ser humano. Al estudiar el cadáver aprenden acerca de los huesos y del resto del organismo. Por una serie de pensamientos abstractos se supone que deben ser capaces de tomar conocimiento de la naturaleza del ser humano. Pero con este método sólo es posible aprender algo sobre la parte mineral del organismo humano. Con este tipo de ciencia sólo podemos aprender sobre la parte del ser humano que tiene importancia desde el momento de la separación de la Luna hasta su regreso, cuando los pensamientos sombríos de los tiempos modernos se convertirán en criaturas-araña que tendrán una existencia concreta.

Debe desarrollarse una forma de conocimiento que aporte una concepción diferente del ser humano, y esto podrá ser desarrollado sólo elevando la ciencia al nivel de la percepción artística. Entonces nos daremos cuenta de que la ciencia, tal como es en la actualidad, solo es capaz de captar la naturaleza mineral, ya sea en el propio reino mineral o en los reinos de las plantas, los animales y el hombre. Incluso cuando se aplica al reino vegetal, la ciencia debe convertirse en una forma de arte, y más aún en el caso del reino animal. Pero no tiene sentido pensar que la forma y estructura de un animal pueda entenderse con los medios empleados por los anatomistas y fisiólogos. Y mientras no nos demos cuenta de que no tiene sentido, el intelecto de sombras no podrá ser transformado en una verdadera comprensión espiritual y viva del mundo. Lo que se enseña a los jóvenes estudiantes en la actualidad, bajo una forma tan abstracta en las universidades, debe ser transformado y debe conducir a una verdadera concepción artística del mundo. Porque la propia naturaleza del mundo ya crea como un artista. Y hasta que no nos demos cuenta de que la Naturaleza es un mundo de arte creativo que solo puede ser entendida a través de la sensibilidad artística, nuestra imagen del mundo no tendrá un efecto sanador.

En las cámaras de tortura de los castillos medievales, las personas fueron encerradas en lo que se llamó la «virgen de hierro», donde se les clavaba lentamente con púas de hierro. Este fue un procedimiento físico y más tangible que el que los estudiantes de nuestros días tienen que ver cuando se les enseña la anatomía y la fisiología, y se les dice que de esta manera están adquiriendo el conocimiento de la naturaleza del hombre, pero fundamentalmente se trata del mismo tipo de procedimiento. Todo lo que se puede entender de la naturaleza del hombre por tales métodos se deriva de una actitud de la mente que no es diferente a la actitud de los que estaban a favor de las torturas en la Edad Media.

No. A partir de elementos de tortura anímicos y espirituales el estudiante no aprende nada. El hombre mineral y desmembrado, eso que un día será una tela de araña sobre la Tierra, eso es lo único que aprende.

Es un destino duro que el poder tenga que estar en manos de hombres que consideran los pensamientos más verdaderos como absurdos y que desprecian los impulsos que están vinculados más hacia lo interior e íntimamente ligados con la salvación de la evolución humana, con la misión de la humanidad en el mundo. Es trágico, uno debe poner ante sí esta tragedia. En efecto, sólo cuando se pone ante el alma esta tragedia, se hace posible un despertar de tal manera que los hombres puedan decidir, en la medida que les sea posible, ayudar a que el intelecto sombrío encuentre la posibilidad de acoger lo que el mundo espiritual que viene de lo alto, trae, a fin de que este intelecto pueda adaptarse a las diversas condiciones de los tiempos futuros. No es adecuado que este intelecto de sombras sea conducido hacia abajo, a un orden de existencia inferior al de las plantas, en el de la generación de criaturas-araña que se extenderán sobre la Tierra, sino que el hombre necesita elevarlo a un nivel superior de existencia, cuando llegue el octavo milenio y la Luna se una de nuevo con la Tierra. Entonces lo terrestre quedará atrás, de forma que lo dirigirá y controlará desde el exterior como algo que no tiene por qué llevar con él en la existencia cósmica.

El hombre deberá prepararse de manera que no tendrá por qué estar involucrado en lo que inevitablemente se desarrollará sobre la superficie de la Tierra.

Porque así como el hombre dejó su existencia pre-terrenal y descendió a esta vida terrestre; así como su forma de nacer a través de la mujer comenzó con la salida de la Luna, siendo esta fase de nacimiento físico solo un episodio pasajero en la magnitud de la evolución cósmica que será reemplazada por una etapa en la que el ser humano no nacerá de mujer, esta fase actual está destinada a traer al hombre el sentimiento y la conciencia de la libertad, la autorrealización de la individualidad y la personalidad. Es una fase que de ninguna manera debe ser infravalorada. Es necesaria en la totalidad del proceso cósmico, pero no debe permanecer para siempre, sin transformación. El hombre no debe permitirse el camino fácil de asumir la existencia de un Dios abstracto, tiene que atreverse a mirar, concretamente, los eventos que están conectados con su evolución. Pero su ser anímico-espiritual sólo puede ser estimulado interiormente cuando él entiende de verdad la naturaleza de las realidades concretas relacionadas con la gran época hacia la que le están conduciendo sus sucesivas vidas terrenales.

Eso es lo que una verdadera Ciencia Espiritual nos dice hoy. La voluntad humana está en peligro de ser privada de los impulsos espirituales y de involucrarse en la red de araña que va a deslizarse sobre la Tierra. Hay hombres en existencia que se imaginan que van a lograr sus fines mediante la promoción de su propio desarrollo espiritual y dejando al resto de sus semejantes en un estado de ignorancia. Sin embargo, la gran mayoría vive inconsciente del terrible destino que les espera si se prestan a lo que una antigua forma de conocimiento espiritual llamaba «los dieciséis caminos hacia la corrupción». Porque así como hay muchos caminos por los que puede transitar el intelecto sombrío en su dirección a los impulsos y conocimientos que vienen del mundo espiritual, naturalmente, hay muchos caminos por los que las variedades del intelecto-sombra serán capaces de unirse con los seres-araña que extenderán su red sobre la Tierra en los tiempos por venir. Entonces el intelecto será objetivado en las mismas extremidades y tentáculos de estas criaturas-araña que, en sus maravillosos y entretejidos tejidos y circunvoluciones a modo de caduceo, presentarán una increíble red de intrincadas formas.

Sólo mediante el desarrollo de una comprensión interna de lo que es verdaderamente artístico es como el hombre será capaz de entender el reino que está por encima de la existencia de los minerales, ese reino del que vemos una expresión en la configuración real y la forma de las superficies de las cosas en el mundo.

La teoría de la metamorfosis de Goethe fue un descubrimiento muy significativo. Los pedantes de su época lo consideraron como diletantismo, y es la misma opinión que prevalece en la actualidad. Pero en Goethe, la claridad de visión y la inteligencia se combinaron con una facultad para percibir la naturaleza en sí misma como una expresión activa de creación artística. Sin embargo, en relación con el mundo animal, Goethe sólo alcanzó el punto de aplicación de este principio de la metamorfosis en las formas de las vértebras y los huesos craneales. Pero el proceso por el cual las formas de una existencia anterior se transforman, de forma que el cuerpo de la vida anterior se transforma en la cabeza de la vida posterior, esto solo es posible gracias a una comprensión interior de esta maravillosa transformación artística de los huesos radiales en esféricos, y que realmente podemos percibir en la diferencia entre la cabeza y el resto de la estructura humana. Sin este conocimiento no podemos percibir la conexión interna, orgánica, entre la cabeza y el resto del cuerpo humano.

Pero esta es una forma de arte que es al mismo tiempo ciencia. Siempre que la ciencia no pueda convertirse en arte, degenera en un sofisma, en una forma de conocimiento que precipita a la humanidad en el desastre en cuanto a su existencia cósmica se refiere. Vemos, por tanto, cómo una verdadera Ciencia Espiritual apunta a la necesidad de una intuición y percepción artística. Esta facultad ya estaba viva en el alma de Goethe y llegó a expresarla en su himno en prosa titulado Naturaleza, escrito hacia el año 1780, que comienza así: «¡Naturaleza! Estamos rodeados y abrazados por ella…». Las ideas se entrelazan tan maravillosamente que el himno es como la expresión del deseo de recibir el Espíritu desde la totalidad del cosmos.

Se puede decir verdaderamente que el desarrollo de las ideas contenidas en el himno de Goethe a la naturaleza proporcionaría una morada a los seres que descenderán del cosmos a la Tierra. Pero los conceptos estériles de la fisiología y la biología, la sistematización de la vida vegetal y las teorías que se han ido desarrollando durante el siglo XIX −todos los pensamientos que, como he mostrado en las conferencias sobre el color no tienen realmente nada que ver con la verdadera naturaleza de las plantas− no pueden despertar un conocimiento real, ni pueden decir nada sobre el ser del hombre. Por lo tanto, el conjunto de conocimientos que se considera hoy en día como ciencia es esencialmente un producto de Ahriman, que lleva al hombre en dirección a la destrucción terrenal y que le impide entrar en la esfera que los seres de más allá de la Tierra han estado tratando de poner a su alcance desde el último tercio del siglo XIX.

Cultivar la Ciencia Espiritual no es una búsqueda abstracta. Cultivar la Ciencia Espiritual significa abrir las puertas a esas influencias de más allá de la Tierra, que están procurando bajar a la Tierra desde el último tercio del siglo XIX. El cultivo de la Ciencia Espiritual es en verdad un evento cósmico del que deberíamos ser plenamente conscientes.

Así podemos estudiar todo el lapso del tiempo que va desde la separación hasta el regreso de la Luna. Una Luna, que, como se dice, refleja la luz del sol hacia nosotros, y que está en verdad profundamente conectada con nuestra existencia. Se separó de la Tierra con el fin de que el hombre pudiera llegar a ser libre. Pero este período de tiempo debe ser utilizado por el hombre de tal manera que no prepare el material que, con la reintroducción de la Luna en la esfera terrestre, se combinaría con la sustancia lunar para producir ese nuevo reino del que he tratado de dar una imagen gráfica.

luna4

De vez en cuando surge entre los seres humanos de nuestro tiempo una especie de presagio de lo que vendrá en el futuro. No sé qué significado se ha leído en el capítulo de Así habló Zaratustra, donde Nietzsche escribe sobre el «hombre horrible» en el «valle de la muerte».  Es un pasaje en movimiento trágico. Nietzsche, por supuesto, no tenía una percepción concreta del valle de la muerte en el que se transformará la existencia cuando la generación de arañas de las que he hablado se propague sobre la Tierra. Sin embargo, en el cuadro de este valle de la muerte en la imaginación de Nietzsche, había una visión subconsciente del futuro, y dentro de este valle de la muerte, colocó la figura del «hombre horroroso». Era una especie de premonición de lo que sucederá si los hombres siguen cultivando pensamientos oscuros. Pues en su destino estará ser capturados de una forma horrible por las fuerzas de la existencia Lunar, que solo se limitan a la esfera de la Tierra, y se unirán a la raza de criaturas-araña de la que he estado hablando.

¿Qué objeto tendrá hoy en día mantener estas cosas en secreto como muchas personas desean? Mantenerlas en secreto sería como arrojar arena a los ojos de los hombres.“Mucho de lo que hoy se extiende en el mundo bajo el nombre de enseñanza espiritual no es más que un proceso de arrojar arena a los ojos de los hombres, para que ni un solo caso pueda ser entendido en la historia como lo que realmente es. ¿Cuántas personas son conscientes hoy en día de la importancia trascendental de los acontecimientos que se están llevando a cabo? Ya he hablado de estas cosas. ¿Cuántas personas se preparan realmente para tratar sobre ellas? La gente prefiere cerrar los ojos a lo que está sucediendo y pensar que, después de todo, los eventos realmente no son de tanta importancia. Sin embargo, los signos de los tiempos son inconfundibles y deben ser entendidos.

Esto es lo que quería decir, queridos amigos, como continuación a las consideraciones expresadas sobre el mundo del color y en relación con la manera en que el ser humano está conectado con el cosmos. Continuaremos estas reflexiones en el futuro.

Traducida y elaborada por Gracia Muñoz, Julián Ponce, Diego Milillo y Linda R. Gámez.

El Conocimiento imaginativo y la imaginación artística

Rudolf Steiner – GA96. Conferencia IX: 21 de octubre 1906

English version

Entre las diversas reglas que el maestro da al alumno, la Imaginación es la segunda. Consiste en que no pase por la vida como por inercia, sino en el sentido del decir de Goethe: “Todo lo que es transitorio es solo una semejanza”, en todo momento debe surgir en él algo de lo que se encuentra en cada animal o en cada planta.

Por ejemplo en el azafrán de la pradera podrá descubrir la imagen de un alma melancólica, ,

azafran

en las violetas la imagen de una calma piadosa

GA96

en el girasol la imagen de una vida fuerte, vigorosa, llena de  autonomía y de ambición.

ga96a

Cuando un hombre vive en este sentido, se eleva al conocimiento imaginativo. Y podrá ver que una llama asciende de la planta, una imagen en color, que le eleva al plano astral. Así, es guiado a ver en todo lo que se le presenta a los seres espirituales de otros mundos. Ya he dicho, sin embargo, que el alumno debe seguir estrictamente al maestro oculto, pues solo el  puede decirle lo que es subjetivo y lo que es objetivo. El maestro oculto puede dar al alumno la estabilidad que necesita en el mundo sensible, de tal manera que uno mismo pueda corregir continuamente los errores.

Pero en el mundo astral es muy fácil caer en engaños y se necesita del apoyo de alguien más experimentado. El maestro debe dar una serie de instrucciones al que desea seguir el camino Rosacruz. En primer lugar, le dará las instrucciones precisas cuando llegue a la etapa del desarrollo imaginativo. Le dirá: esfuérzate sobre todo en amar no simplemente a un solo animal, ni formar una relación particular con un solo animal, o experimentar esto o aquello con uno u otro animal. Busca más bien la sensación vital de todo ese grupo de animales. Entonces a través de esa idea, recibirás lo que es un alma-grupo. El alma individual que los hombres, poseemos en el plano físico convive en el plano astral con el alma grupo de los animales. El animal no puede decirse “yo” a sí mismo, aquí en el plano físico.

La pregunta que a menudo se plantea es: “¿Tiene el animal un alma, como el hombre?” Tiene un alma, pero el alma del animal está en el plano astral. El animal es para el alma-grupo, lo que los órganos individuales  son para el alma humana. Si nos duele un dedo, es el alma el que lo experimenta. Todas las sensaciones de los órganos individuales pasan por el alma. Esto mismo ocurre con el alma-grupo de los animales. Todo lo que son experiencias individuales de los animales, las experimenta el alma-grupo. Tomemos, por ejemplo, a todos los leones: las experiencias de los leones, se llevan al alma común. Todos los leones tienen un alma grupo común en el plano astral. Si se inflige un dolor a un solo león o si experimenta placer, esto continúa hasta el plano astral, como el dolor de un dedo llega al alma humana. El hombre puede elevarse a una comprensión del alma-grupo si es capaz de crear una forma que contenga a todos los leones individuales, como concepto general, que guarda las imágenes individuales que le pertenecen.

Las plantas tienen su alma en la región Rupa del plano devakánico. Al estudiar un grupo de plantas y obtener una clara relación con su alma-grupo, el hombre aprende a penetrar en el alma-grupo de las plantas, en el plano Rupa. Cuando el lirio o el tulipán ya no son algo especial para él, sino que cuando ve crecer a todas las plantas, densificando la imagen de tal manera que la convierte en Imaginación, entonces el alumno experimentará algo totalmente nuevo. Lo importante es crear una imagen muy concreta formada individualmente en la imaginación. Entonces el hombre experimentara la planta, como un revestimiento de la Tierra, de tal manera que los prados cubiertos de flores, se conviertan en algo totalmente nuevo para él, que las flores se convierten en una manifestación real del espíritu de la Tierra. Esa es la manifestación de estas plantas en diferentes almas-grupo. Así como las lágrimas humanas son en la expresión de la tristeza interior del alma, así como la fisonomía de un hombre se convierte en una expresión del alma humana,  el ocultista aprende a mirar en el verde de la cubierta vegetal la expresión de los procesos interiores, de la vida espiritual real de la Tierra. Así, algunas plantas se convierten para él en las lágrimas de la tierra, donde brota su dolor interior. Y así vierte un nuevo contenido imaginativo en el alma, al igual que alguien puede temblar y conmoverse ante las lágrimas de un compañero.

Uno tiene que atravesar estos estados de ánimo. Si él sufre un humor tan vis-à-vis del mundo animal, se eleva al plano astral. Y cuando se sumerge en el estado de ánimo del mundo de las plantas, se sitúa en la región inferior del plano devacánico. Y allí observara en la forma-flama que asciende de las plantas que cubren la Tierra antes velada por una suma de imágenes, las encarnaciones de los rayos de luz que descansan sobre las plantas.

Uno también puede acercarse a la piedra inerte de esta manera. Hay una experiencia fundamental en el mundo mineral. Tomemos una montaña de cristal, resplandeciente de luz. Cuando uno la contempla, se dirá a sí mismo: En cierto modo esto representa la materia física, la piedra es materia física. Pero hay una perspectiva de futuro a la que el maestro conducirá al alumno. El hombre de hoy está atravesado por instintos, deseos,  pasiones. Esto satura su naturaleza física, pero ante el ocultista se presenta un ideal. El se dice a sí mismo: la naturaleza animal del hombre poco a poco se puede purificar y llegara un momento en que el cuerpo humano se nos puede presentar interiormente casto y libre del deseo, como este mineral que nada anhela, en el que no se agita ningún deseo ante lo que se le acerca. La naturaleza interior del mineral es casta y pura. Esta castidad y pureza es la experiencia que debe impregnar al alumno cuando contempla el mundo mineral. Estos sentimientos varían pues el mundo mineral se manifiesta en diferentes formas y colores, pero la experiencia fundamental que impregna el reino mineral es la castidad.

ga96b

Nuestra Tierra actualmente tiene una configuración y forma muy particular. Si nos remontáramos a etapas anteriores de la Tierra podríamos ver que tuvo una configuración completamente diferente. Vamos a sumergirnos en la Atlántida y aún más atrás: llegaremos allí a temperaturas cada vez más altas, en las que los metales fluyen como lo hace el agua actualmente. Todos los metales se han convertido en venas de la Tierra, ya que una vez fluyeron como arroyos a lo largo de ella. Así como ahora el plomo es duro y el mercurio es líquido, en tiempos lejanos el plomo era fluido y el azogue algún día se convertirá en un metal sólido. Así, la Tierra va transformándose y el hombre siempre está participando en estas diferentes evoluciones. En las épocas de las que estoy hablando, el hombre no existía como ser físico. Pero sus cuerpos etérico y astral estaban allí, dado que podían vivir en esas altas temperaturas. La envoltura física del hombre comenzó a formarse gradualmente con el proceso del enfriamiento.

Y así como siempre  se está formando en el hombre algo nuevo durante la evolución de la Tierra, algo nuevo se forma también en el exterior en la Naturaleza. Los rudimentos del ojo humano se  planearon por primera vez en la evolución del Antiguo Sol. Primero se formó el cuerpo etérico que a su  vez formó el ojo físico humano. Y asi como se congela un pedazo de hielo a partir del agua,  igualmente se forman los órganos físicos del sutil cuerpo etérico. Los órganos físicos se formaron en el hombre, a la vez que la Tierra se iba solidificando. En cada época, la formación de un órgano humano es paralelo a la formación de una configuración particular en la Naturaleza. A la par que en el ser humano se formaba el ojo en el reino mineral se formó la crisolita. Así, podemos pensar que las mismas fuerzas que articularon la naturaleza de la crisolita formaron el ojo en el hombre.

crisolita

No podemos quedarnos satisfechos cuando generalizamos diciendo que el hombre es un microcosmos y el mundo es el macrocosmos; el Ocultismo tiene que demostrar la relación real entre el hombre y el mundo. En la época Atlante, cuando se formó el órgano físico que hace posible la facultad de razonamiento,  el plomo se solidificó, en el mundo exterior, pasó del estado fluido al estado sólido. Las mismas fuerzas que hacen posible la solidificación del plomo son las creadoras del órgano de la inteligencia. Un hombre sólo puede comprender, cuando puede reconocer las conexiones entre el ser humano y las fuerzas de la Naturaleza.

Hay un grupo particular dentro del movimiento socialista, un grupo que se ha distinguido por su moderación a partir del socialismo. Se trata de los impresores, los que trabajan en la imprenta, que siempre han conservado una buena parte de las facultades de razonamiento. Este grupo especial del movimiento socialista lo componen los impresores, y esto es así porque los impresores trabajan con el plomo. El primer convenio sindical entre los trabajadores y los empresarios salió de los impresores. El plomo produce este estado de ánimo si se toma en pequeñas cantidades.

Puedo citar otro caso a partir de la experiencia en la que, de una manera similar, pude observar la influencia de la naturaleza de un metal en un hombre. El tenia una sensibilidad especial para descubrir fácilmente las analogías con todo lo que era posible. Se podría concluir que eso tenía  mucho que ver con el cobre, y ese fue el caso. El tocaba la corneta en una orquesta, un instrumento que contiene mucho cobre. Cuando algún día se estudie la relación entre el inerte mundo externo y el organismo humano, se encontrara que existe una relación entre el hombre y el mundo circundante en las formas más variadas: por ejemplo, la relación de los sentidos con las piedras preciosas.

Existe una relación de los sentidos con las piedras preciosas basados en la evolución de los sentidos. Ya hemos encontrado la relación entre el ojo y el topacio. También hay una relación entre el ónix y el órgano de la audición. El ónix mantiene una extraordinaria relación con las oscilaciones del sentido del yo y los ocultistas siempre lo han reconocido. Representa, por ejemplo, la vida que sigue a la muerte. Así, en el “cuento de hadas”, de Goethe,  el perro muerto se convierte en ónix a través de la lámpara del anciano. En esta intuición de Goethe, encontramos el resultado de un conocimiento oculto. Ahí está la relación del ónix con el órgano de la audición.

onix

 

 También podemos ver una relación oculta entre el órgano del gusto y el topacio, el sentido del olfato y el jaspe, la piel como el sentido del calor del hombre y la cornalina, el poder productivo de la imaginación y el carbunclo (zafiro). Este fue utilizado como símbolo del poder productivo de la imaginación, que surgió en el hombre, en el momento mismo en que el carbunclo apareció en la naturaleza.

topacio-jaspe

Los símbolos ocultos se extraen de la verdadera sabiduría, y si penetramos en ese simbolismo oculto encontraremos allí un genuino conocimiento.

 El que conoce el significado de un mineral encuentra la entrada a la región superior del plano devakánico. Cuando uno contempla una piedra preciosa y se impregna del sentimiento de lo que la piedra preciosa nos tiene que decir, entonces encontramos la entrada a la región Arupa del Devakán. Así, la mirada del alumno se va ampliando y más y más mundos amanecen para él. No debemos quedarnos satisfechos con una indicación general,  poco a poco debemos encontrar la entrada en la totalidad del mundo.

En la literatura alemana encontramos como una intuición instintiva las fuerzas minerales, que nos muestran  poetas que eran mineros, por ejemplo, Novalis había estudiado ingeniería de minas. Kerning escogió a muchos mineros como arquetipos de sus personalidades ocultas. También está el poeta, Ernst Theodor Amadeus Hoffman, ese espíritu extraordinario que de vez en cuando se sumergía artísticamente en los secretos de la naturaleza, sobre todo en su cuento, “Las minas de Falun.” Ahí encontraremos muchos ecos de la relación oculta entre el reino mineral y el hombre, y muchas indicaciones de cómo los poderes ocultos se apoderan de una manera notable de la imaginación artística.

Los Centros de Misterio son la cuna de la esencia del arte. En el reino astral los Misterios son reales y vivientes. Allí uno puede conseguir la síntesis de la verdad, la belleza y la bondad. Esto era así en gran medida en los Misterios Egipcios y los de Asia, así como en los Misterios Griegos, especialmente en los de Eleusis. Los alumnos realmente podían contemplar cómo las Potencias Espirituales se sumergían en las diversas formas de existencia. En aquellos tiempos no había ninguna otra ciencia como la que se podía contemplar allí. No había otra bondad que la que surgía en el alma cuando uno contemplaba los Misterios. Tampoco había ninguna otra belleza que la que contemplaba como los descendían los Dioses.

Vivimos en una época bárbara, en una época caótica, en una época carente de estilo. En todas las grandes épocas el arte surgía de lo más profundo de la vida espiritual. Si uno observa las imágenes de los dioses griegos podrá distinguir claramente tres tipos diferentes: en primer lugar estaba el tipo Zeus, al que pertenecen Palas Atenea y Apolo. En este tipo, los griegos caracterizan su propia raza. Tenían un modelado definido del óvalo del ojo, la nariz, la boca. En segundo lugar, se puede observar el grupo que puede ser llamado el tipo Mercurial. Allí, las orejas y la nariz son completamente diferentes, el pelo es lanoso y rizado. Y en tercer lugar estaba el tipo Sátiro, en el que encontramos una forma completamente diferente en la boca, la nariz, los ojos, y así sucesivamente. Estos tres tipos están claramente configurados en la escultura griega. El tipo Sátiro es el representante de la antigua raza, el tipo Mercurio la raza siguiente y el tipo Zeus la quinta raza.

tres tipos griegos

  En los tiempos antiguos, la visión del mundo espiritual lo impregnaba y saturaba todo. En la Edad Media todavía llegaba a expresarse en el arte manual, cuando cada cerradura de la puerta era una especie de obra de arte. En la cultura exterior todavía podíamos encontrarnos con lo que el alma había creado. La edad moderna es totalmente diferente, ella presenta un solo estilo, es decir, el almacén. El almacén será tan característico de nuestro tiempo como los edificios góticos —por ejemplo, la catedral de Colonia— lo fueron en la Edad Media, en los siglos XIII y XIV. La historia cultural del futuro tendrá que contar con los almacenes como se cuenta con los edificios góticos de la Edad Media. En estas formas llega a su expresión una nueva vida.

 El mundo se llenará de nuevo con un contenido espiritual a través de la difusión de las enseñanzas de la Ciencia Espiritual. Entonces más adelante, cuando la vida espiritual llega a expresarse en formas externas, vamos a crear un estilo que exprese esa vida espiritual. Lo que vive en la Ciencia Espiritual podrá estamparse posteriormente en las formas externas. Por lo tanto tenemos que buscar la misión de la ciencia espiritual como una misión cultural.

Traducido por Gracia Muñoz

La actividad de los planetas y de las esferas planetarias

 

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y el rostro cambiante de la Cosmología“. Parte I.

English version

En este capítulo vamos a interesarnos por la organización y la vida del sistema solar, pudiendo obtener así una comprensión más precisa de la actividad de los planetas.

Desde sus comienzos, la Edad Moderna de las Ciencias adoptó el punto de vista heliocéntrico de la concepción copernicana, a pesar de que el mismo Copérnico sostenía que no había nada nuevo en ella. Él fue inspirado por los Maestros que le dijeron que desde la antigüedad habían existido unas concepciones parecidas. En este sentido, el Sol es nuevamente, para la Humanidad moderna  el centro del Universo. Y según este concepto, el Sol es la mayor entidad que gobierna  todo el conjunto de planetario.

Pero, de hecho, ¿qué es el Sol?.  Evidentemente es muy diferente  a todos los demás miembros de la “familia solar”. Al principio fue considerado como una bola de fuego, y que sobre su superficie ardían todas las sustancias que emanaban de su interior, ya fueran de materia sólida o de naturaleza gaseosa. En la Edad Moderna la física atómica introdujo la idea de que las transformaciones atómicas, lo que se conoce por las explosiones atómicas sobre la Tierra, tenían lugar sobre la superficie del Sol. Se supone que esas explosiones producen los efectos que nosotros, en la Tierra,  percibimos como la luz y el calor.

En cierto sentido esto parece muy sencillo, pero los problemas que surgen a propósito de estas ideas son enormes. De hecho aún no se ha solucionado la cuestión de dónde proviene el combustible necesario para semejante producción de energía. La Ciencia ha ideado toda clase de teorías sobre la variedad de los procesos de fisión atómica y de reconstitución del átomo, pero esas ideas no son suficientes.

Tratando de encontrar alguna explicación plausible nos encontramos con las indicaciones de Rudolf Steiner sobre este problema. Él confirma, que en cierto sentido, los procesos que tienen lugar sobre la superficie del Sol son una especie de super-combustión. Pero, según él, se trata del fin de toda realidad espacio-substancial de nuestro Universo. La diferencia fundamental de su teoría consiste en que él llega a establecer un concepto del Sol cuyo interior, dice Steiner,  está completamente “vacío”, es decir, que toda cualidad físico-espacial habría sido eliminada del interior del Sol. Se trata de un concepto difícil de asimilar, bajo un aspecto puramente físico, pero no del matemático. Se trata de un proceso de completa espiritualización.

En ese caso, el problema del “combustible” estaría solucionado: el Sol actúa como una especie de bomba de vacío que no solamente aspira el aire de la periferia, como se hace con las latas de conservas envasadas al vacío, sino que aspira todo lo que existe en el espacio desde la periferia del sistema solar alrededor del Sol. Esta “substancia” sería el “combustible” que en el proceso de la super combustión se ha espiritualizado.

Vamos ahora a tratar de explicar la naturaleza de los planetas en base a semejante sistema solar. La figura 6.1 es una sección parcial del sistema solar que indica las órbitas de los planetas, con el Sol en el centro. El Sol aspira, pues, hacia su “espacio vacío” las sustancias que vienen de la periferia a través de esta super succión. Estas sustancias han debido sufrir grandes cambios durante su paso a través de las órbitas o de las esferas de los planetas a todo lo largo de la periferia. Después de haber atravesado, en primer lugar, las órbitas de Saturno, Júpiter y Marte, es decir, a través de sus esferas correspondientes, terminan por llegar a la órbita de la Tierra y de su Luna, después de lo cual, continúan su camino en dirección al Sol, atravesando las esferas planetarias de Venus y Mercurio. Naturalmente estos “ingredientes” que son atraídos por el Sol, se van “condensando” progresivamente a causa del estrechamiento del espacio. Sobre la Tierra terminan por compactarse con la materia terrestre. En el esquema lo hemos indicado con una línea ascendente que muestra el aumento de la densidad de las sustancias retiradas de los “ingredientes siderales” más allá de la periferia del sistema solar. (Ver el Cap. 3 o las detalladas descripciones de la obra El Drama del Universo[1] y su presentación en la obra  Aproximación práctica  a la Astrosofía,[2])

 f6.1

 La noción de la densidad que crece a medida que nos alejamos de la periferia para llegar al interior del Universo está ligada a la fuerza de la gravedad que se encuentra en los planetas. Se trata de un hecho astronómico avalado por la Ciencia. Si tomamos volúmenes precisos de materia en la Tierra, obtenemos un peso medio. Este peso viene causado por la gravedad de la Tierra, la fuerza que atrae hacia el centro. Sobre otros planetas el peso de las sustancias medias es menor que sobre la Tierra pero varía enormemente, según ha descubierto la astronomía, a partir de la gravitación: es muy débil en Saturno, algo más elevado en Júpiter y aún mayor en Marte. El peso más elevado lo adquiere la Tierra. Más allá de la Tierra, en dirección al Sol, vuelve a disminuir, por eso la línea de nuestro esquema sufre un corte. En su conjunto, la imagen hace pensar en una especie de ola que se rompe. Y sobre la superficie del Sol los ingredientes que provienen, por ejemplo, del Zodiaco son finalmente disueltos y espiritualizados.

Lo anterior es una magnífica base para comprender la naturaleza de los planetas. Si al mismo tiempo combinamos todo lo anterior con las indicaciones de Rudolf Steiner respecto a las experiencias del alma después de la muerte, durante su paso a través de las distintas esferas planetarias, se puede llegar a una perfecta cosmografía de dichas esferas.

Durante su estancia en la esfera de Saturno, el alma experimenta los arquetipos del mundo astral, no sólo por la propia astralidad, sino también los arquetipos de este mundo. Aquí, en la Tierra, por ejemplo encontramos las manifestaciones de la astralidad en las emociones humanas, así como también en otros seres vivos. Estas manifestaciones actúan, a continuación, en el nivel puramente físico, el nivel de la materia. Los arquetipos de estas manifestaciones se encuentran en la esfera de Saturno. Por ejemplo, supongamos que tiene lugar una gran batalla en la Tierra. En la esfera de los arquetipos espirituales cósmicos veríamos las verdaderas fuerzas que intervienen en ella, las fuerzas astrales de los seres invisibles en el plano físico, que se encuentran  detrás de todo lo que sucede en la Tierra. En ésta, experimentamos los resultados de las motivaciones mentales y psicológicas, así como también de las tendencias más nobles. Pero en la Tierra no podemos percibir las verdaderas fuerzas involucradas. Éstas viven en la esfera de Saturno, desde donde penetran en todo el sistema solar, incluida la Tierra. (Cuando hablamos de ‘esfera’ de un planeta, nos referimos a todo lo que se encuentra en su órbita. El planeta visible es, en cierta medida, como una ‘Luna’ de la esfera)

Así pues, el elemento anímico que nos guía, en cuanto a nuestras motivaciones para actuar, tiene su origen arquetípico en Saturno. Este elemento ‘astral’ es el que ha guiado nuestra alma durante nuestra encarnación, y también tiene que ver con nuestras encarnaciones precedentes, es decir, con los resultados de las encarnaciones precedentes. En este sentido, podemos decir que Saturno es la región de los arquetipos del alma, o de las motivaciones astrales en todo lo que concierne  la existencia en el plano físico. Por esa razón Saturno está asociado con el esqueleto de la forma humana, con las fuerzas ‘generadoras’ del esqueleto, el cual no tendría forma si no fuera por ellas. Saturno trabaja así en el organismo humano, preparando “astralmente” este esqueleto, mucho tiempo antes de la encarnación, antes de la aparición en el plano físico-material. De la misma manera prepara también un ‘esqueleto’ para toda la encarnación, un karma o ‘esqueleto del destino’ que contiene todos los fundamentos, los esbozos de lo que cada ser humano aporta en su encarnación como el destino resultante de una encarnación precedente.

Después de la muerte y mucho antes del  nuevo nacimiento, encontramos en la esfera de Júpiter los arquetipos del mundo etéreo. Rudolf Steiner describió este mundo en su obra “Teosofía”[3]como un elemento “fluido” que fluye como manantial de vida, en forma de fuerzas arquetípicas de vida que penetran en todos los seres vivos que hayan recibido, en la esfera de Saturno, sus ‘motivaciones’ arquetípicas para la existencia. Por este motivo la vida, o las fuerzas etéreas que actúan en la Tierra necesitan el elemento fluido como vehículo. Sin agua, no podría haber vida. Este elemento jupiterino es, en forma de fuerzas de vida, una fuerza de desarrollo y evolución. En un sentido lógico-cósmico, lo que en principio no era más que una idea, es conducido hacia el porvenir, hacia las formas de realización de esta idea. Por esta razón la actividad de Júpiter aparece en el ser humano en forma de capacidad de pensar, capacidad de llevar a cabo las ideas.

A continuación, entramos en la esfera de  Marte, un espacio que nos acerca a la Tierra. Los ingredientes zodiacales se han ido haciendo cada vez más densos. Así pues,  después de la muerte, en la esfera de Marte nos encontramos con los arquetipos del mundo físico objetivo, enfrentándonos con la realidad y el carácter ilusorio de los objetos físicos, de camino hacia una nueva encarnación. En esta esfera adquirimos la capacidad de enfrentarnos al mundo de los objetos físicos que encontraremos en la Tierra, pudiendo así mantener nuestra propia integridad. Al final, el ser humano estará en condiciones de crear la palabra, desarrollarla, porque la palabra es la capacidad de enfrentarse al mundo de los objetos, pudiendo describirlos por su nombre. Para ello necesita una especie de actitud agresiva que, por lo general, permanece todo el tiempo inconsciente. Podríamos decir que ponemos los objetos en su sitio y a continuación, nos retiramos a nuestra propia integridad física. De esta forma somos capaces de hacer uso de nuestros órganos de los sentidos para finalmente describir los objetos.

Antes de llegar a la Tierra, entramos en la esfera de la Luna, donde tienen lugar las fases finales de la precipitación de los ingredientes de la periferia sideral en la existencia material. Es en esta esfera donde el alma, poco tiempo después de la muerte, se purifica casi por completo: se trata del Kamaloka (el equivalente del Purgatorio). Todos los efectos de la última incorporación en la materia terrestre que aparecieron en el momento de la encarnación, tienen que ser abandonados aquí, lugar donde se produce el descenso más profundo en la materia. Sobre la Tierra vemos la Luna recorriendo sus diferentes fases, desde el cuarto creciente, progresando hacia la Luna llena, pasando por el cuarto menguante hasta su desaparición en la Luna Nueva. La forma de la luna creciente nos permite pensar en un recipiente que, en un cierto momento, recibe las substancias cósmicas, y que en otro momento, el cuarto menguante, las devuelve al espacio cósmico. En ciertos periodos la Luna se separa del Sol, estando entonces expuesta a las órbitas de los tres planetas exteriores, Saturno, Júpiter y Marte: es el momento de su crecimiento, dirigiéndose hacia la Luna llena. Entonces es como si recogiera en su recipiente en forma de copa, la totalidad de los ingredientes cósmicos que llevan desde la periferia sideral, que constituyen las piedras densificadas para la construcción, necesarias para una existencia física en la Tierra. Por esta razón, las fases de crecimiento y Luna llena se consideran, en agricultura, como las más beneficiosas para la siembra y la plantación, de hecho, para todo lo que precisa una aceleración en su crecimiento. Pues en esta posición la Luna puede recoger todas las piedras de construcción y los ingredientes provenientes de la zona zodiaco-sideral. A continuación llega el momento en que la Luna se acerca al otro lado de la Tierra, entre ésta y el Sol, en que  atraviesa su fase menguante, hasta llegar a la nueva Luna. Se ha podido comprobar que es muy difícil que esta luna pueda acelerar las fuerzas de crecimiento: son los momentos menos propicios para la siembra, la plantación, etc. ¿Por qué tendría que ser así? Porque ya hemos pasado del lado de la Tierra orientada hacia el Sol donde los ingredientes condensados y materializados del mundo sideral se van rompiendo poco a poco, disueltos y espiritualizados. Esta periodicidad de la Luna actúa de la misma manera, directamente, en la fisiología del ser humano.

Hemos llegado así a la cresta de la ola cósmica y a su punto de descenso, desde donde refluye hacia la superficie del Sol. Las esferas planetarias de Venus y Mercurio siguen estando entre los dos, revelándose menos densas y ejerciendo una fuerza de gravedad menor que la de la Tierra: nos encontramos aquí con un proceso de disminución de la sustancialidad. Casi se podrían considerar como dos esferas en las que se prepara la transmutación final que tendrá lugar en el Sol. En este sentido, el alma humana, cuando pasa a través de las esferas de Mercurio y Venus en su recorrido hacia un nuevo nacimiento, recibe las capacidades y potencialidades que le permitirán, en su reencarnación, afinar la vida del alma. Al pasar por la esfera de Marte, el ser humano recibe – por supuesto en el grado que lo permita su karma – la capacidad de perfeccionar sus relaciones con su entorno, con el propio entorno humano y con el que está más allá del humano. La esfera de Mercurio hace lo mismo respecto a la facultad de la comprensión inteligente del hombre y de las acciones correspondientes. Después de la muerte, el alma está obligada, en estas esferas, a separarse de los lazos demasiado fuertes propios de esos aspectos en la existencia terrenal.

Podríamos preguntarnos: ¿Por qué tiene lugar ese proceso? ¿Por qué está el Sol situado en el cielo y toma parte en dicho proceso, primero aspirando las substancias del mundo sideral hacia sí mismo, acumulándolas después, densificándolas hasta que el proceso alcanza su punto culminante sobre la Tierra? ¿Todo esto solamente para emprender más tarde su deconstrucción? ¿Qué significado tiene todo esto?

El sentido a todo lo anterior se encuentra en la Tierra. En tanto que seres humanos viviendo en la Tierra, estamos sometidos al mundo físico-material, que está presente también en nuestro cuerpo, del que nos servimos como instrumento, alcanzando una cierta perfección, a pesar de que siempre parece estar buscando algo más. Posteriormente, declina de nuevo hasta que llega el momento en que tiene que devolver este instrumento a los elementos, a partir de los cuales fue construido. Sin embargo, durante todo ese proceso, primero de crecimiento y densificación, y más tarde de decaimiento y disolución, se han ido poniendo las bases para el desarrollo de nuestra consciencia, de la consciencia del Yo. En el enfrentamiento con el mundo físico material vamos acumulando una serie de experiencias que sólo podemos adquirir a través de nuestro cuerpo físico-material. A través de los golpes que recibimos, se van despertando en nosotros, la consciencia, el pensar, el sentir y la voluntad. Constantemente estamos siendo puestos frente a desafíos que pueden llegar a ser la vía que nos conducirá a la libertad del espíritu. Participamos en la recolección de los ingredientes densificados que vienen del lado oscuro de la Tierra, que le ha dado la espalda al Sol momentáneamente. En otras palabras, participamos en todo ese proceso con nuestros cuerpos sólo cuando estamos – por regla general – dormidos, es decir, en estado inconsciente. Más tarde, cuando sale el Sol, nos enfrentamos a un nuevo día, y al despertar se supone que estamos en un estado de plena consciencia. Esto significa que nos implicamos  progresivamente en un proceso de disolución y espiritualización de lo que ha fluido durante la noche, hacia la Tierra. Gracias a nuestro trabajo, a la vez manual y mental, hacemos uso de nuestros cuerpos que poco a poco se van consumiendo.

Durante el día, en general tiene lugar el aspecto opuesto a la creación, es decir, la destrucción de la materia, de la substancia, tal como existe en el cuerpo humano. De la misma manera se crea la consciencia, apareciendo entonces los primeros indicios de la eliminación y espiritualización finales que tienen lugar en el Sol. Este proceso se continúa en las esferas de los planetas Venus y Mercurio, para llegar a su término en el Sol. Así se revela el significado del estado actual de la evolución, que los ocultistas llaman ‘el gran estado cósmico’ de la evolución de la Tierra (la fase terrestre).

Vemos, pues, que en sentido cualitativo, la Tierra es en efecto el centro del Universo, aunque también podemos decir, apoyándonos en las bases de la ciencia moderna, que el Sol es el centro y que la Tierra ‘sólo’ es un planeta que gira en torno suyo. Sobre la Tierra, erguidos entre los impactos de la creación y la disolución físico-material, podemos desarrollar la consciencia del Yo y mediante la actividad de ese Yo, a través del pensar, sentir y voluntad de actuar, llegaremos a ser capaces finalmente de elevar la creación exterior hasta un nivel en el que alcance el poder de una creación espiritual.  En ese momento,  la Tierra habrá cumplido su misión. El Universo actual será destruido y la evolución se dirigirá hacia una nueva etapa, el nuevo Júpiter. Ese futuro estadio ya no estará formado por ninguna substancia físico-material. De la misma manera que podemos contemplar, por ejemplo, las distintas capas geológicas de la Tierra actual,  el nuevo Júpiter estará igualmente formado por capas, esta vez, capas de pensamientos. Así como las capas geológicas de la Tierra son los testigos del pasado, las capas-pensamiento de Júpiter serán los testigos del pensar de la Humanidad actual.

El gran proceso de la creación que hemos descrito usando la imagen de la gran ola cósmica, nos sugiere que podría haber una relación interior entre los planetas de cada lado de la Tierra. En este sentido, Venus sería el disolvente de Marte: éste termina de precipitar los ingredientes cósmicos en el mundo físico-material de los objetos. Venus comienza después a hacerlos salir de nuevo. Marte elabora los fundamentos del mundo que percibimos con los sentidos, y que investigamos con los medios de las Ciencias naturales. Construyéndose así, el implacable mundo físico se ha creado y nosotros tenemos que vivir en él, escindido en innumerables millones de objetos.  Sabemos por experiencia que este mundo tan disgregado a veces es causa de frustraciones, antagonismo y agresiones. En medio de todo ello, Venus se yergue como expresión, o punto focal, de las fuerzas cósmicas de un acogedora comprensión. A fin de cuentas estas fuerzas lo que quieren es volver a unir de nuevo este mundo que ha sido escindido en incontables objetos, resultado de tiempos inmemoriales de la evolución pasada, la cual ha ido dejando a las criaturas en los más variados estados existenciales y, por tanto, desiguales. Las fuerzas de Venus tienen la misión de redimir esta desigualdad y reordenar los objetos creados que han dejado tras de sí, si me permiten la expresión, una participación plena y gratificante en el proceso evolutivo.

Así como Venus puede considerarse como el disolvente de Marte, Mercurio se encuentra en una relación bastante parecida en relación a Júpiter. En éste vemos al representante de la sabiduría e inteligencia cósmicas. En Mercurio se ponen en movimiento las fuerzas que pueden ayudar a transformar la inteligencia cósmica en inteligencia humana, que irradia entonces a través de las manos y pies del ser humano, instrumentos de su voluntad.

Y finalmente, llegamos al Sol, que está profundamente ligado a Saturno. Éste se desplaza hacia la periferia del sistema solar en el sentido que se sitúa en la puerta de entrada de las substancias siderales, al principio en forma astral-psíco-cósmica. De esta forma dan comienzo en la esfera de Saturno los procesos que conducen a la densificación y materialización, mientras que en el Sol se produce exactamente lo contrario. La esencia espiritualizada es lanzada entonces por el Sol, en su calidad de estrella fija, hacia el reino de las estrellas fijas, más allá de nuestro sistema solar. Por tanto, si tomamos en consideración las funciones llenas de sentido de ambos, podemos decir que se complementan el uno al otro.

Fuera de la órbita de Saturno se encuentran las de Urano, Neptuno y Plutón, limitándonos al espacio conocido hasta ahora. Estos últimos forman parte de las esferas en las que todavía no han sido atraídos los ingredientes siderales por la corriente aspiratoria que conduce a una condensación progresiva. Todavía se encuentran en la forma superior de arquetipos espirituales. Por otra parte, son las esferas que tendrán que recibir finalmente las esencias re-espiritualizadas, expulsadas de nuevo por el Sol, una vez terminado el proceso de disolución del espacio material. Podemos así comprender que estas esferas no están directamente conectadas con el sistema solar. Están como en espera y tratan de hablar a los hombres de los mundos invisibles, los mundos espirituales, de las Jerarquías divinas, es decir de todo lo que no es ni materia, ni espacio. Si estos mensajes no son recibidos de manera consciente por los seres humanos, pueden fácilmente expandir la ‘destrucción’ y como consecuencia traer a sus dominios los mensajes sobre la naturaleza temporal de toda la existencia material terrenal. De esta manera esperan aportar a la Humanidad una toma de conciencia sobre el origen espiritual de todos los seres.

A través de esta aproximación a los procesos del mundo planetario vamos a observar  ahora la configuración del cielo en el momento de la encarnación de Leonardo da Vinci (Figura 6.2), nacido el 15 de Abril de 1452.

f6.2

Para empezar, la esfera de Saturno marca una orientación significativa. En el momento del nacimiento de Leonardo, Venus se encontraba casi totalmente en el perihelio de Saturno. El perihelio de un planeta es uno de los “elementos” astronómicos descriptivos de la esfera correspondiente: se trata del punto en el que el planeta, a lo largo de su órbita, está más cerca del Sol. Por el contrario, el afelio es el punto de la órbita del planeta más alejado del Sol. La línea que une el perihelio con el afelio se denomina ‘línea de los ápsides’. Estas líneas no son fijas sino que se desplazan lentamente en relación al Zodiaco. Así  el perihelio de Saturno, viniendo de la región de Tauro, entró en la constelación de Géminis alrededor de 1.400.

Las líneas de los ápsides – pasando por el perihelio y el afelio de los planetas – son una indicación en cuanto a la “atmósfera interior”, tal como era, de la relación entre el planeta y el sistema solar. En el perihelio la esfera planetaria correspondiente se inclina, por decirlo así, de una manera cariñosa, sobre las preocupaciones del universo solar, uniéndose a ellas. El afelio de la esfera expresa más la tendencia a abandonar el sistema solar, a salir del espacio sideral. Pero el Sol tiene siempre la capacidad de persuadir al planeta a no abandonar la familia solar en su conjunto, en virtud del poder que llamamos, en sentido puramente material, la atracción gravitacional.

De esta forma podemos comparar, con todas las reservas al uso, la zona del perihelio de la esfera, con la cabeza y los órganos de los sentidos de la figura humana, que permiten al ser humano “inclinarse” hacia el mundo que se le presenta a través de los sentidos. Podemos considerar la parte de la esfera próxima al afelio como estando ilustrada por la organización del corazón – miembros – movimiento de la figura humana.

Saturno es el “pilar” del karma, la expresión de los motivos anímicos cósmicos del ser humano, aportados en cada encarnación. En el momento del nacimiento de Leonardo da Vinci, el planeta Venus se estaba desplazando por el perihelio de Saturno, como acabamos de caracterizarlo. En el ser humano, Venus tiene que ver con la relación con el entorno y la manera en que él se integra en éste. Si esto se combina con el perihelio de Saturno, nos estaría indicando que Leonardo construyó en su organismo un potencial muy especial para mantener una relación de empatía y sensibilidad con su entorno terrenal. Cosa que se explica por sí misma en esta especie de dualidad representada en la llegada del perihelio de Saturno a la constelación de Géminis alrededor de 1.400. En la vida de Leonardo esto se manifiesta por un lado, en su condición del gran artista que todos admiramos, y por otro como el científico que, en los albores de la época moderna, se ocupó de numerosos proyectos científicos y tecnológicos, por ejemplo, intentó construir un avión por primera vez, aunque no lo consiguió del todo.

La esfera de Júpiter también estaba muy implicada: en el momento de ‘la Época’ de la concepción de Leonardo, Saturno se encontraba cerca de la línea que pasa por el afelio de Júpiter. (El momento de ‘la Época’ se calcula a partir de las posiciones relativas a la Tierra, la Luna y el Sol en el momento del nacimiento. Eso nos lleva, por término medio, a un cierto momento, 273 días antes del nacimiento, que no tiene nada que ver con la concepción física. En ese particular momento  percibimos, en la esfera de la Luna, nuestro cuerpo vital o etéreo). Esta esfera de Júpiter continúa, como un paso complementario, la condensación final de los ingredientes siderales sobre la Tierra. Sin embargo, los conserva todavía en un alto nivel de existencia cósmico-etérea: podemos captarla en forma de ideas, a través del poder de pensar que nos ha sido concedido, al menos para empezar, gracias al sistema nervioso construido en nuestro organismo. Todo esto se hace posible por la intervención de Júpiter. El perihelio de Júpiter se encuentra desde hace mucho en la constelación de Piscis y allí permanecerá durante un cierto tiempo, estando efectivamente ligado al largo periodo de la evolución consagrado al desarrollo del pensar. En cuanto al afelio, se encuentra en la constelación de Virgo, lo cual se corresponde con la necesidad de puesta en movimiento del pensar, hasta llegar a elevarse al pensar intuitivo, a la sabiduría (ver capítulo 5º: Virgo, las tres puertas de la sabiduría).

La asociación de Saturno con el afelio de Júpiter en el cielo de nacimiento de Leonardo indica que en éste había un enorme potencial para la sabiduría “histórica”, lo que se hace visible por ejemplo, en La Cena, cuadro en el que pintó concretamente la asociación de los 12 apóstoles con las 12 constelaciones del Zodiaco, de manera inigualable. Este motivo Júpiter-afelio-Virgo se vio acrecentado por una conjunción (por supuesto, heliocéntrica) de Marte y Venus en la línea del desarrollo embrionario de Leonardo. Finalmente podemos añadir que se introdujo un aspecto de fuerzas de curación, a través del poder amoroso de Venus, en las tendencias de Marte, volcadas hacia los sentidos. Las creaciones artísticas de Leonardo nos hablan realmente de esta cualidad ‘curativa’.

La esfera de Marte está en relación con la última etapa decisiva de la condensación de los ingredientes siderales en la materia. Los elementos de esta esfera estaban igualmente implicados de manera significativa en la configuración de Leonardo da Vinci. A su nacimiento, el planeta Júpiter había casi llegado a la línea del perihelio de Marte, que se encontraba en Acuario, constelación en la que había entrado el año 33 d.JC. Al estar en esa línea Júpiter indica la capacidad potencial de una profunda sabiduría, en relación a los sucesos que tuvieron lugar durante los tres años de la presencia de Cristo sobre la Tierra, del año 30 al 33. Podríamos pensar que se trató de algo más que de una simple relación, que más bien fue una relación basada en la reencarnación. Vista desde esta óptica, La Cena se muestra en una perspectiva muy significativa. Además, en el momento de ‘la Época’ (ver más arriba) Marte se encontraba en la línea del afelio de su propia esfera, en lo que podríamos ver un reflejo del sentido de realismo tan presente en toda la obra de Leonardo a lo largo de su vida, en todo lo que llevó a cabo.

Hemos dicho anteriormente que considerábamos a Venus como el disolvente de Marte, pues gracias a los impulsos del amor y la compasión, su trabajo se centra en reunir y curar todo lo que había sido expulsado por Marte, hacia el aislamiento y la materialización. En el trabajo de Leonardo hubo igualmente un fuerte impulso, como lo indica Júpiter en el afelio de Venus, en Capricornio, durante las primeras etapas del desarrollo embrional. La sabiduría de Júpiter aparece aquí como mediadora entre las esferas de Venus y Marte (Júpiter estaba entonces en el perihelio de Marte, ver más arriba) Esto se asocia al gran amor de Leonardo por la Tierra y todas sus riquezas. Este aspecto viene indicado por la posición de la Tierra en la línea del afelio de Venus, hacia los tiempos de ‘la Época’. Hay un rasgo muy significativo en la vida de esta esfera de Venus: en el curso del desarrollo embrionario de Leonardo se produjo una conjunción superior de Venus con el Sol, visto desde la Tierra. Estas conjunciones se producen cada 8 años, con las conjunciones que tienen lugar, en el sentido inverso, cada cuatro años, es decir, las conjunciones inferiores que siguen a las conjunciones superiores y viceversa (ver capítulo 1º) Así pues, la conjunción superior de Venus en el momento de la encarnación de Leonardo, que se encontraba de manera significativa en su propio afelio, está históricamente ligada con los días que precedieron al Misterio del Gólgota el 3 de Abril del año 33.[4]Venus estaba entonces en conjunción inferior. Las conjunciones inferiores están relacionadas con la aportación de las cualidades cósmicas de Venus en la existencia terrenal, como por ejemplo, la resurrección de Lázaro. Las conjunciones superiores reflejan el reagrupamiento de las cualidades correspondientes al seno del espacio cósmico.

La esfera de Mercurio refleja la posible liberación de las potencialidades espirituales de las cualidades de Júpiter, por ejemplo, en la inteligencia y actividad humanas. Podríamos  esperar igualmente  que esta esfera indicase, en el cielo de nacimiento de Leonardo, sus principales potencialidades, y así es en efecto: podemos distinguir en ella trazos muy característicos y especiales del pintor. Justo antes del nacimiento, Mercurio estaba cerca de su propio afelio en la constelación de Escorpio. Este último está profundamente asociado a la caída de la Humanidad en los reinos de la conciencia material, desprovista de espíritu. En cierto sentido se trata de un proceso de muerte, y eso es lo que indica el aguijón venenoso del escorpión. Fue algo necesario para que el ser humano pudiera adquirir la independencia espiritual y la libertad. Ahora bien,  partir de la libertad, el ser humano tendrá que encontrar – y lo encontrará – el camino que le conducirá de nuevo al conocimiento del mundo espiritual y de los seres que viven allí. Si no fuera así, la Humanidad perdería su integridad y su razón de ser en el proceso cósmico. Así pues, la esfera de Mercurio es la expresión de las terribles batallas en las que está implicada la Humanidad, batallas relativas al desarrollo de la inteligencia. La cuestión es saber si la Humanidad será capaz de elevarse hacia la inteligencia cósmica  y el conocimiento que va más allá de la simple existencia material, o bien ser hundirá cada vez más profundamente en el intelectualismo ligado a la materia y aquejado de miopía, que arrastraría al ser humano hacia el abismo de la no-existencia del Yo. La batalla final tendrá lugar en el futuro: está descrita en la visión de los caballeros del Apocalipsis (cap. VI) y especialmente en la del que monta el caballo rojo. El equinoccio de primavera se situará, en esa época, en el equivalente a la actual constelación de Escorpio.

Esta gran batalla se manifestó también en Leonardo, aunque de forma soterrada. Podemos tener un cierto destello, escuchando la historia de su trabajo en La Cena. La realización del retrato de Judas, el traidor, le causó gran sufrimiento y disgusto. Esto se manifestó en el retraso en la fecha de entrega de esta pintura, hasta el punto que el abad del monasterio que la había encargado, le acusó de dar largas al asunto deliberadamente.

Finalmente nos acercamos al Sol que, como ya hemos indicado, es el complemento de Saturno. Ahora bien, en el caso del Sol, como estrella fija, no encontramos ahí ningún tipo de esfera. En cierta medida, su esfera es la totalidad del sistema solar,  lo que le permite, por el contrario, expulsar los elementos de origen sideral re-espiritualizados, directamente hacia la periferia. Pero si observamos más detenidamente lo que hemos llamado el proceso solar, comprenderemos que el planeta Tierra es el centro cualitativo de la esfera del Sol. Ahí se producen los más elevados niveles de densificación, así como los comienzos de su disolución. Así pues, en los ‘elementos’ de la órbita de la Tierra podemos ver una señal de la vida de la esfera solar. Estos elementos son el perihelio y el afelio de la Tierra, que en la actualidad están orientados hacia Géminis y Sagitario, lo que significa que podemos ver en las líneas de los ápsides de nuestro planeta la expresión de los potenciales que conducen a la realización y elevación de nuestra experiencia del “YO”, que comenzó en la esfera de Saturno como un desafío psíquico cósmico.

En la configuración de la encarnación de Leonardo, en el momento de su nacimiento, vemos que Marte había entrado en el afelio alargado de la Tierra, habiéndose puesto en marcha en el momento de ‘la Época’, muy cerca de su propio afelio.

El afelio de nuestro planeta se encuentra, en la actualidad, a tan sólo 10º del de Saturno, acercándose cada vez más, uno al otro, pero las dos líneas no coincidirán hasta cerca del año 6.000, es decir que estamos ante unos elementos que nos hablan de los últimos estadios de nuestra era dentro de la evolución humana, la 5ª post atlante, que comenzó alrededor del año 7.000 a.C. con la civilización proto hindú y que llegará a su término el año 7.900 más o menos. [5]

El hecho de que Marte se encontrara en el afelio de la Tierra en el nacimiento de Leonardo indica un enorme potencial en su vida. A simple vista podría parecer un defecto, porque él pensaba que no era capaz de conseguir realizar por completo sus propósitos. Sus acciones terrenales fueron intentos en direcciones muy precisas, pero debemos considerarlos con una perspectiva mayor, como orientados hacia el futuro: en cierto sentido, Leonardo estaba preparando los futuros estadios, muy lejanos, del desarrollo humano. Y aun cuando eso podría explicar su imperfección, en relación a nuestra época, nos permiten alimentar grandes esperanzas para el futuro. En ello reside la grandeza de Leonardo, su importancia para la época actual: la realización de esa promesa, contenida en la combinación de Venus con el perihelio de Saturno en el momento de su nacimiento.

Lo anterior sólo pretende ser un ejemplo que muestre cómo podemos considerar, de manera positiva y constructiva, las esferas planetarias: como medios eficaces de interpretación de las relaciones entre el Cosmos y el ser humano. Por tanto no hay que tomarlo como una presentación detallada y completa del tema.

[1]  El drama del Universo, de Willi O. Sucher.

[2]  Aproximación práctica a la Astrosofía, vol. I y II, de Willi O. Sucher

[3]  R. Steiner, Teosofía, Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[4] Ver Cristianismo cósmico, de Willi Sucher. Editorial Rudolf Steiner, Madrid

[5] Respecto a las diferentes eras y épocas de civilización, ver el ciclo de conferencias sobre “El Apocalipsis”,  de Rudolf Steiner. Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

Traducido por Maribel Garcia Polo

Simbología y Cosmología

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y el rostro cambiante de la Cosmología“. Parte I.

 

Ahora vamos a tratar de comprender los símbolos que han sido utilizados desde los tiempos más remotos para designar los signos y las constelaciones del Zodiaco. Se formaron a partir de conocimientos muy profundos: no se eligieron al azar. Algunos de ellos tienen cierto parecido con las imaginaciones que están detrás de las constelaciones, otros por el contrario parecen más oscuros. Incluso tendríamos que modificar alguno de ellos para adaptarlos mejor a nuestra época. Esto nos conducirá a comprender la manera en que la Humanidad ya ha transformado estas constelaciones del Zodiaco a lo largo de la Historia. Sin saberlo, hemos contribuido así a cumplir con la tarea ético-espiritual en relación a las estrellas, en el sentido sugerido por Rudolf Steiner: “En otros tiempos las estrellas hablaron a los hombres. Después quedaron mudas y su silencio es la fuente de un profundo sufrimiento. Pero en la quietud del silencio estamos llamados a “hablar a las estrellas”[1]. Haciéndolo así podremos realizar nuestra naturaleza espiritual como seres humanos.

f5a

El primer símbolo es el de Aries (Fig.5.1ª) En esta imagen podemos apreciar los cuernos del carnero, sin embargo parece una explicación demasiado superficial. Además no nos ayuda a encontrar la explicación en cuanto a la cualidad de esta constelación. La constelación de Aries está ligada al arquetipo cósmico de la cabeza humana. Se trata, en cierto sentido, de la esencia raíz, del comienzo del Zodiaco. En las descripciones y representaciones de la Edad Media, Aries estaba representado tumbado en el suelo, mirando hacia atrás, a la muchedumbre que le seguía, constituida por Tauro, Géminis, Cáncer y todos los demás. Por tanto, Aries es el leader de las huestes del Zodiaco. Contemplando su asociación con la cabeza humana nos preguntamos: ¿Eso es todo? ¿No hay otro desarrollo posible? En función de su forma y de su función, la cabeza humana da la impresión de estar fija y fijada para siempre. ¿No podría haber otra utilidad más elevada en el futuro, escondida en esta cabeza humana? Hasta ahora, su papel era servir de lugar donde se concentran en el cuerpo humano todos los principales órganos de los sentidos: la vista, el oído, el gusto, el olfato. En ese lugar se encuentra igualmente el cerebro, el órgano del pensar intelectual, del pensar “estadístico” que reposa en las percepciones sensoriales.

Ahora podríamos preguntarnos: ¿y que significa todo esto? ¿Cómo  ha ocurrido todo esto? Intentando encontrar alguna indicación para poder responder a estas preguntas, vamos a dirigirnos al mundo de las plantas. La planta puede ser considerada como una “hermana” del hombre, que fue dejada de lado por la raza humana en algún lugar de su camino evolutivo hacia la realización de su condición como ser humano. Por ello la planta puede enseñarnos algo sobre la evolución de la forma humana. La planta está organizada de manera diametralmente opuesta al cuerpo del ser humano. Ella hace penetrar sus raíces en el suelo. Podemos concebir este organismo-raíz como el equivalente a la cabeza humana. Sus miembros – las hojas con sus tallos y flores – están orientados hacia el cielo, recibiendo lo que viene de él y aportándolo al ser de la planta. De esta forma las semillas que sirven a la reproducción llegan finalmente a  madurar. El ser humano, por el contrario, está de pié sobre la tierra, con sus miembros, y todo el conjunto de su sistema metabólico, orientados hacia la Tierra. La cabeza, en cambio, se vuelve hacia el cielo aunque esté completamente encerrada en la caja craneal. Sin embargo hay indicaciones que demuestran que nuestro ser tiene sus raíces en el cosmos. Por ejemplo, el Moisés de Miguel Ángel aparece con dos ‘cuernos’, o dos rayos, que parten de su frente. Miguel Ángel quiso demostrar con esto que, según la antigua sabiduría, Moisés había desarrollado algo más que una simple relación con el Cosmos: se trata de un órgano de percepción espiritual. En Oriente se llama ‘la flor de loto de dos pétalos’ y está situada entre los dos ojos, cerca de la glándula pituitaria. Aunque esto se refiere a estadios pasados de la historia, también podemos ver en ello un anticipo de la cabeza humana del futuro. Moisés inauguró la corriente que finalmente desembocó en la intelectualidad, en la posibilidad de percibir el mundo de manera objetiva. Fue una preparación necesaria para estudiar objetivamente los sucesos de Palestina durante los tres años del ministerio del Cristo sobre la Tierra. Al margen de esto, este ‘órgano’ de Aries indica también la posibilidad de una nueva relación con el Universo, del desarrollo de los órganos de percepción que van más allá que los órganos de los sentidos físicos. Estas flores de loto, conocidas también con el nombre oriental de ‘chakras’ pueden ser desarrollados por cada ser humano que se esfuerce en seguir una disciplina meditativa y contemplativa. Rudolf Steiner dio muchas indicaciones a este respecto. Gracias a dicho desarrollo interior podemos entrar de nuevo en relación con el Espíritu del Cosmos y desarrollar nuestra cabeza, o nuestro ‘órgano de Aries’ para que se convierta en un ser-raíz, en un sentido completamente nuevo.

Naturalmente la realización de esto es una de las cosas más difíciles que le espera a la Humanidad. Algunas personalidades históricas aisladas, tales como Emerson[2] o Grünewald[3] el pintor de la Edad Media, empezaron a tomar ese camino. En particular el Retablo de Issenheim, de Grünewald que muestra el Nacimiento, la Crucifixión y también la Resurrección es, en cierto sentido, una representación de lo que puede llegar a ser Aries en el futuro, gracias a los hombres. A la muerte de Grünewald (1528) y de Emerson (1882) Saturno se encontraba en la constelación de Aries. Contrariamente al cielo en el momento del nacimiento, vemos en la posición de los planetas en el momento de la muerte una imagen de los resultados de una vida humana, de sus éxitos y, por supuesto, también de sus fracasos. Saturno ilustra mejor lo que está en juego con las preocupaciones de la Humanidad, lo asimilado por una consciencia histórica con vistas a la perfección o redención en el futuro.

Otros dos personajes importantes murieron cuando Saturno entraba en la constelación de Aries: se trata de Dostoïevski[4] (✝1881) y Shelley[5] (✝1822), Podemos decir, por tanto, que esta constelación, considerada como arquetipo de la cabeza humana, es una imagen de la Creación (en el sentido del Génesis). Este aspecto está en cierto modo ilustrado por el símbolo tradicional que se utiliza y que indica un flujo desde lo alto hacia abajo (Ver Fig. 5.1a) Pero esta representación tendrá que ser transformada para los tiempos modernos y, sobre todo, para el futuro. Ahora esto recae completamente  en las facultades de la Imaginación ética y de la creación intuitiva de cada individuo. Para ir en esta dirección el símbolo de Aries tendría que darse la vuelta (Fig. 5.1b) de manera que indicara como una floración, una abertura activa hacia las alturas del espíritu, hacia lo que representa la inmensa imagen cósmica de nuestro ser.

f5.2

Tauro (el Toro) está representado con el símbolo de la figura 5.2a que proviene de los tiempos antiguos. En los cuernos de la parte exterior del círculo se puede ver como una especie de cuerno de la abundancia, conteniendo todo el Cosmos, que ha encontrado apoyo en el mundo de abajo, el mundo de la materia. En efecto, antiguamente el Toro estaba íntimamente ligado a la creación del mundo físico material a partir del poder y del ser del Logos en el Universo. Por ello se asociaba igualmente el Toro (Tauro) a la palabra. En el principio fue el Verbo cósmico quien creó el mundo. Ahora también podríamos preguntarnos qué podría ser transformado a este respecto: tendría que ver con la comprensión del origen espiritual de este mundo de la materia. Además tendría también que ver con el desarrollo de las facultades creativas en el sentido de la palabra y el sonido. Podemos encontrar pruebas de ello, por ejemplo, en Ferdinand Meyer[6] uno de los más grandes poetas y novelistas suizos, ‘maestros del verbo’, que murió en 1898 cuando Marte, la Tierra, Neptuno y Plutón se encontraban en Tauro (desde el punto de vista heliocéntrico). En el momento de la muerte de Tennyson[7] Venus, Neptuno y Plutón estaban en el Tauro sideral – Neptuno y Plutón muy próximos. El filósofo alemán Schelling[8] murió (en 1854) cuando Saturno y Venus se encontraban en Tauro. Al principio Schelling se interesó por una “filosofía de la Naturaleza” pero terminó por escribir y dejar a sus contemporáneos una “Filosofía de la Revelación”. Es decir, que partiendo de una contemplación filosófica de la Naturaleza, se volvió hacia el conocimiento de la actividad del espíritu tanto en el seno de la Naturaleza como del ser humano. Por otro lado, Tomás Kempis[9] murió (en 1471) cuando Saturno estaba en Tauro. Fue, posiblemente, el autor de La imitación de Cristo, libro muy conocido de la Edad Media, traducido a más de 50 idiomas y re-editado con más de 6000 ediciones.

Encontramos a Urano en Tauro en el asterograma de muerte de dos grandes personalidades. El primero Gotthilf Heinrich Schubert[10] filósofo alemán muerto en 1860, que fue además científico y, en lenguaje moderno, un buen psicólogo. Además de todo eso fue un eminente cosmólogo, habiendo escrito varios libros sobre la interrelación del microcosmos con el macrocosmos en los cuales trató de describir los secretos espirituales de la Creación a partir del Cosmos, en un estilo muy marcado por la influencia de Tauro. El segundo personaje fue Tomás de Aquino[11] el gran maestro de la escolástica medieval del s. XIII. Murió en 1274 cuando Urano se encontraba en la constelación de Tauro. Estos personajes estaban verdaderamente anclados en la realidad material pero trataron de encontrar los aspectos espirituales del Logos detrás de la existencia materialista exterior. A partir de estas reflexiones nos gustaría modificar ligeramente el símbolo de Tauro (Fig. 5.2b): arriba un inmenso mundo cósmico impregnando, abajo, el mundo físico.

La constelación de Géminis nos recuerda a las Jerarquías bajo diversos aspectos: las grandiosas Jerarquías en la Naturaleza, en el Cielo y sobre la Tierra y, en sentido espiritual, las Jerarquías divinas. También podemos concebir una Jerarquía en sentido social, en particular en las Fundaciones y Órdenes sociales de la antigüedad, construidas de manera jerárquica, por ejemplo en Asia, antes de la venida de Cristo, que sobrevivieron hasta mucho tiempo después. Se trata de un principio que actuaba y sigue actuando siempre en contra del progreso y que es el responsable de la mayoría de los problemas actuales en Asia. Géminis tiene que transformarse: el elemento vertical – arriba y abajo – expresado en el antiguo símbolo de los Gemelos (Fig. 5.3a) tiene que combinarse con el elemento horizontal, el que va de parte a parte, de derecha a izquierda. En la medida que eso concierne a una comunidad quiere decir el establecimiento de la fraternidad. Podemos tratar de expresarlo sustituyendo el antiguo símbolo de los Gemelos por uno nuevo que sería como una cruz (Fig. 5.3b). Con esto se indica que son “dos” pero de tal manera que lo horizontal se combina armoniosamente con lo vertical. Entre las personas que murieron cuando su Saturno estaba en Géminis encontramos a Beethoven (✝1827). Estudiando su vida se puede tener la impresión que él mantenía una especie de relación de “fraternidad” con el mundo espiritual. A partir de esta “proximidad en un sentido horizontal” pudo crear sus grandiosas composiciones. William Blake[12] murió cuando su Saturno estaba en Géminis (en 1827). Él tenía una relación muy especial, “fraternal”, con el mundo invisible de los Cielos. Según parece este mundo invisible se le abrió después de la muerte de su hermano, con el que había estado muy unido durante su vida. Tenían una relación muy entrañable, siempre “uno al lado del otro”, apoyándose, como lo expresa el símbolo horizontal de Géminis. Después de que su hermano entró en el mundo invisible, a través de la muerte, se añadió el aspecto vertical a su relación, expresión de uno que estaba “arriba” en el cielo y el otro “abajo” en la Tierra. Blake fue capaz de expresarlo así tanto en sus pinturas como en sus poemas.

A continuación encontramos el extraño fenómeno de la personalidad del americano Edgar Cayce (1877-1945) que también murió cuando Saturno estaba en Géminis. Era un hombre sencillo, sin ninguna educación superior especial. En cierto momento de su vida descubrió que podía entrar en un profundo trance cuando le venía en gana. Un libro publicado acerca de él le calificaba como “profeta durmiente”. En  estado de trance podía contar cosas llenas de verdad. Muchos enfermos se acercaron a él y en  estado de sueño profundo era capaz de sugerir no sólo diagnósticos, sino terapias realmente eficaces, que aún hoy en día son utilizadas por numerosos médicos en los Estados Unidos. Cuando despertaba del trance, no recordaba lo que había contado entonces. Fue un caso único y singular que no se puede repetir por casualidad. Pero como fenómeno indica el posible potencial de la constelación de Géminis.

Rembrandt[13] también murió cuando Júpiter estaba en Géminis (✝1669). En sus pinturas más conocidas trató de manera muy creativa la problemática de la obscuridad y la luz. Esta es también una “propuesta” de Géminis: conseguir mantenerse una al lado de la otra, la luz y la oscuridad, dejando que una sirva de soporte a la otra.

f5.3

Ahora llegamos a la constelación de Cáncer, para la que se utiliza el símbolo de las dos espirales separadas (Fig. 5.4a). Entre los dos principios se ha introducido un desgarro o un corte. En sentido general se puede entender que uno se refiere a la involución y el otro a la evolución. Entre los dos, un gran abismo. Esto se refiere al antiguo Cáncer del que habla la mitología escandinava, representando el puente Bifrost que antaño permitía la unión de Asgard y Midgard. Este mito expresa que en un pasado muy lejano los habitantes de Midgard tenían acceso al reino del espíritu, a los dioses. Este puente fue destruido en el transcurso de una gran batalla conocida como el “Crepúsculo de los Dioses” que señala la pérdida de la Humanidad de la visión del mundo espiritual. Fue una gran batalla entre los dioses y las fuerzas opositoras conducidas por Loki, el dios del Mal. En mi libro Cristianismo cósmico[14]hemos descrito cómo esta gran ruptura fue superada y reparada por el acontecimiento del Cristo. Juan el Bautista así lo reconoció cuando dijo: “Arrepentíos, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mat. 3,2) El “Sermón de la montaña” revela estos profundos misterios con todo detalle (Mat. 5-7) Esta construcción de “nuevos puentes”, que tiene que ver con Cáncer, necesita una transformación del símbolo antiguo. Por ejemplo, podríamos imaginarnos los dos flancos de una montaña y un profundo abismo entre ellos (Fig. 5.4b) Algo así como un puente uniendo los dos flancos. Evidentemente sólo se trata  de una propuesta. Sin duda en tiempos venideros podremos encontrar nuevos símbolos auténticos para el símbolo de Cáncer. Sin embargo, incluso esta “construcción de puentes” comprende perspectivas concretas.

f5.4

Cuando Cristóbal Colón murió (en 1506) Saturno se encontraba en la constelación de Cáncer y Leo. Él puso las piedras de fundación del puente que va del viejo al nuevo continente. Él sufrió durante años, decenios, antes de alcanzar su meta, descripción viva de lo que Cáncer puede hacer en sentido muy concreto.

 A la muerte de Miguel-Ángel (✝1564) no sólo estaba Saturno en Cáncer, sino también Júpiter, como si el pasado y el futuro de la evolución estuvieran implicados, en ese momento, en una conferencia cósmica. Miguel Ángel empleó para sus obras artísticas el material más duro que pudo encontrar sobre la Tierra, el mármol, transformándolo en maravillosas obras de arte, en especial las que se relacionan con la vida de Cristo. Con ellas edificó puentes por encima del abismo. En su trabajo, el abismo era el duro material que utilizaba, las rocas de la Tierra, lo que cayó más profundamente en el interior de la Tierra, alejándose así lo más posible del espíritu. Él lo transformó en las maravillosas representaciones del Hecho de Cristo en el Gólgota.

El poeta alemán Novalis[15] murió cuando Júpiter estaba en Cáncer (1801). Entre sus obras hay por lo menos tres volúmenes que parecen calendarios en los que habla prácticamente de todo lo que el hombre puede encontrar sobre la Tierra en el terreno de las ciencias, el arte y la religión. Con sólo unas pocas palabras es capaz de dar una visión de gran inspiración de esas esferas, construyendo así los puentes para un mejor conocimiento.

Paracelso murió estando Marte en Cáncer (✝1541). Este gran médico de la Edad Media dedicó toda su vida a construir un puente entre lo que se producía sobre la Tierra como fenómenos de las enfermedades humanas, y lo que trabaja como fuerzas de construcción y de creación en el Cosmos. Lo hizo con ánimo de encontrar remedios eficaces para la curación. En uno de sus libros dijo, por ejemplo: “Esta ciencia que es capaz de aportar las fuerzas del cielo a una substancia intermediaria y ponerlas en actividad en la misma ocasión, es verdaderamente mágica”. Y también: “Es posible que un hombre pueda abrazar y aferrar el conjunto del Universo con su comprensión, con todos sus fundamentos, percibiendo con claridad su perfecta totalidad.”[16]  De esta manera trató de construir un puente entre el Cosmos y el mundo terrenal.

f5.5

    Para la constelación de Leo utilizamos el símbolo de la figura 5.5a. En los tiempos antiguos éste simbolizaba el hecho de salir de la Tierra hacia la periferia y finalmente hacia el Cosmos. También este símbolo tiene que ser modificado en la época presente y todavía será más necesario en el futuro. De momento podemos pensar únicamente en invertir su dinámica. Tenemos que imaginarnos tomando el camino desde la periferia hacia el centro (Fig. 5.5b) directamente hacia el corazón humano. Para llegar a ser verdaderamente humanos tenemos que llegar a una comprensión más profunda que la que podíamos alcanzar hasta ahora, de la actividad de las fuerzas cósmicas, así como desarrollar una cierta facultad para utilizarlas de manea constructiva de manera que el ser humano pueda alcanzar su verdadera cualidad como Hombre sobre este planeta. Encontramos en la historia un ejemplo verdaderamente esclarecedor: cuando murió Goethe (en 1832) Saturno se encontraba en la constelación de Leo. La universalidad del gran poeta, así como la aportación de esta universalidad o “periferia”, a la experiencia de la vida terrenal es la expresión de este nuevo motivo de Leo, al menos en forma de germen. Otro personaje que trató de encontrar la comprensión de la cosmología, de descubrir cómo actuaba el cosmos sobre las substancias terrestres fue Culpeper (1616-1654)  el famoso herborista inglés que también murió cuando Saturno estaba en Leo. Durante su relativamente corta carrera vital, de sólo 38 años, se esforzó en descubrir la acción de los planetas sobre las plantas que se utilizaban con fines medicinales. Publicó numerosos libros ilustrados que describían los nombres de numerosas plantas medicinales. Al mismo tiempo daba, en cada caso, lo que él consideraba que era la relación correspondiente con el mundo planetario.

 Otra extraña personalidad histórica fue el médico Nostradamus (1503-156) que murió igualmente cuando Saturno estaba en Leo. El suyo fue un destino bastante difícil. Recibió formación como médico y cumplió bien su trabajo, sin embargo llegó a ser célebre gracias a sus profecías, que escribió en forma de versos, conocidas como “Centurias”, extrañamente veladas, habiendo sido numerosas las personas que han tratado de descifrar estos poemas. En ciertos casos sólo han sido comprendidas después que tuvieron lugar ciertos acontecimientos. Uno de estos sucesos fue el gran incendió de Londres en 1666. Después de tener lugar alguien comprendió de repente que Nostradamus lo había predicho un siglo antes. Profetizó muchas otras cosas, siempre en el mismo estilo velado que, en el tiempo en que fueron escritas y publicadas, fueron consideradas verdaderos enigmas. Parece ser que él recibía estas profecías de manera extraña. Se dice que vivía en una casa con un patio interior en el que se sentaba, durante la noche, después que su sirvienta se había acostado, y meditaba sobre los reflejos de las estrellas sobre las aguas del estanque que había en el patio. La luz de las estrellas se rompía en el reflejo y en este fenómeno de ruptura él recibía las extrañas revelaciones conocidas como sus profecías.

Gotthilf Heirich Shubert del que ya hemos hablado antes, también murió cuando Saturno se encontraba en Leo. Nos referimos a él en relación a Urano en Tauro. También Jacob Boehme, el célebre místico y teósofo alemán (1575-1624) murió cuando Saturno se encontraba en Leo. Fue una notoria personalidad entre todos los teósofos y místicos de la Edad Media: a pesar de su simple profesión de zapatero, escribió los libros más profundos sobre cuestiones místicas y espirituales. Consiguió unir a la perfección la “periferia” espiritual del ser humano con el mundo terrenal en el que tenía que vivir y que viene indicado en el símbolo de Leo en el pequeño circulito.

f5.6

Para Virgo habitualmente se utiliza el símbolo representado en la figura 5.6a. ¿Cuál es su significado? Es algo extraño. Podemos tratar de entenderlo si lo estudiamos junto al de Escorpio (Fig. 5.8a) Evidentemente entre ambos se encuentra Libra (la Balanza) Las dos representaciones de Virgo y Escorpio parecen ser modificaciones de la letra “m” pero nosotros sugerimos transformarlas en la imagen de tres puertas sucesivas que hay que franquear para alcanzar la Iniciación. De esta forma, en el caso del símbolo de Virgo renovado (Fig. 5.6b) indicamos que finalmente lo que podemos alcanzar es la sabiduría cósmica, lo que viene evocado en la imagen de la serpiente de la sabiduría y de la vida. Sabiduría y vida son dos aspectos del mismo elemento cósmico. Un buen representante de esos dos aspectos es Leonardo da Vinci, que murió cuando Saturno estaba en la constelación de Virgo (1519). El estudio de su vida y sus trabajos puede convencernos de que siempre buscó desentrañar los misterios de la vida en todo lo que hacía. Tomemos por ejemplo su cuadro más conocido: la “Última Cena”.  El estudio de las posturas de los 12 discípulos es una revelación en sí mismo: sus posiciones son una representación de las 12 constelaciones del Zodiaco. En particular los gestos de las manos revelan que Leonardo poseía un profundo conocimiento de los misterios cósmicos y de la sabiduría contenida en las constelaciones. Podríamos citar muchos más personajes que murieron cuando Saturno se encontraba en Virgo, en especial,  uno de los más conocidos: el filósofo griego Platón, muerto en el año 348.

f5.7

Para la constelación de Libra se utiliza como símbolo una balanza con dos platillos (Fig. 5.7a) Podríamos sugerir un nuevo símbolo que sería algo así como un amanecer o un anochecer (Fig. 5.7b) cuando el Sol se encuentra en equilibrio entre la luz y la oscuridad. En la medida que el ser humano está ligado a esta constelación, en efecto podemos encontrarla asociada con todo lo que se relaciona con la decisión y la “acción de pesar”. A título de ejemplo, las configuraciones en el momento de la muerte de tres grandes astrónomos de la Edad Media muestran a Saturno en Libra. El primero es Copérnico[17](✝1543). Introdujo el sistema que lleva su nombre. Le sigue Tycho Brahe[18](✝1601) que no pudo aceptar el punto de vista de Copérnico por razones éticas y espirituales. Saturno también se encontraba en Libra el día de la muerte de Kepler (✝1630). Durante los últimos meses de su vida Tycho Brahe trabajó con Kepler, pero después de la muerte de Brahe, Kepler se sintió obligado a seguir adelante con el sistema copernicano. Con estos tres casos de Saturno en Libra tenemos la imagen de una terrible batalla histórica: Copérnico dudó mucho antes de introducir el sistema heliocéntrico. Tycho de Brahe no lo adoptó porque no podía aceptar que la Tierra fuera destronada de su posición central. Kepler siguió más adelante las indicaciones de Copérnico porque veía en ellas una necesidad para la posterior evolución de la Humanidad moderna. En tiempo mucho más cercano podemos mencionar a Rudolf Steiner[19] fallecido en 1925 cuando Saturno acababa de entrar en la constelación de Libra. En este caso nos encontramos ante una fase totalmente nueva, pues se trataba de una nueva perspectiva de Libra. Ésta está asociada a la apertura de ‘puertas’ de una manera totalmente nueva: se trata de la renovación de los antiguos Misterios cultivados en los templos sagrados. Steiner preparó el camino ofreciendo a la humanidad actual un medio de desarrollo interior y de transformación de uno mismo, de manera que los que decidan seguirlo podrán alcanzar de nuevo el conocimiento del mundo espiritual, llegando a percibir la realidad de ese mundo del espíritu. De esta forma podemos comprender que la constelación de Libra sería como el punto de equilibrio entre Virgo y Escorpio. A través de las puertas de Virgo entramos en los misterios de la sabiduría cósmica y de la vida.

f5.8

Escorpio presenta igualmente tres puertas, pero cuando uno las franquea se encuentra algo diferente de lo que sucede con las puertas de la constelación de Virgo. En Escorpio podemos alcanzar los misterios del alma eterna a condición de que hayamos aceptado considerar la muerte como la puerta de la resurrección (Fig. 5.8b)  Personalidades históricas  muy ligadas a Escorpio tomaron ese camino. Uno de ellos, de quien ya hemos hablado, es Vladimir Soloviev. A su muerte, en 1900, Júpiter se encontraba en Escorpio, que ya estaba en esa posición el día de su nacimiento en 1853. En su carta natal  podemos descubrir una gran  afinidad con la Divina Sofía, la Hagia Sophia, de la que tuvo una experiencia en tres ocasiones a lo largo de su vida. A su muerte este mismo Júpiter, inspirado por los actos realizados durante su vida, hizo visible desde los cielos la nueva imagen de Escorpio. A partir de entonces, desprovisto de su aguijón mortal, como aparecía en el antiguo signo, se representa como el símbolo del paso del alma humana al mundo de las realidades espirituales, vividas como la Divina Sofía.

Otros que también fallecieron cuando Júpiter se encontraba en Escorpio son Bernard de Clairvaux (✝1153) y Rafael (✝1520) el célebre pintor del Renacimiento. Como creemos que estos personajes son bien conocidos del público en general pensamos que no es preciso hacer más comentarios sobre ellos.

f5.9

En la figura de Sagitario (Fig. 5.9a) se expresa un dinamismo preciso: la flecha que el arquero envía hacia el espacio cósmico. Nosotros sugerimos añadir un pequeño círculo en el lugar de donde sale la flecha. ¿Qué queremos indicar con ello? En las antiguas cartas estelares se representaba a Sagitario con la forma de un centauro, mitad inferior animal (caballo), mitad anterior y superior, con forma humana. Volvamos ahora a la forma Centauro-Sagitario de manera que la cabeza sea la Tierra y el cuerpo del caballo se mueva en el firmamento. En otras palabras,  Sagitario se “encarna” en el mundo cósmico en su totalidad, el Zodiaco, así como en las esferas planetarias. Él quiere elevar esta incorporación – evidentemente todavía inconsciente – a la consciencia terrenal totalmente despierta y a la capacidad creativa. Por otra parte, sabemos que Soloviev murió en el momento que Saturno se encontraba en Sagitario y que Júpiter también estaba en la misma constelación en el momento del fallecimiento de Rudolf Steiner. Júpiter también está ligado al nacimiento de la Antroposofía en los años 1900-1901/1902, como pueden dar testimonio diversos hechos bien conocidos.

f5.10

El símbolo tradicional de Capricornio es algo oscuro (Fig. 5.10a) En la antigüedad esta constelación se consideraba como la puerta de los dioses. Se expresa claramente en las asociaciones formadas por los hombres con Capricornio en el momento de su entrada en el mundo espiritual. Es muy significativo el hecho de San Francisco de Asís[20] que murió en 1226 en el momento en que  no solamente Saturno, sino también Júpiter estaban en Capricornio (desde el punto de vista heliocéntrico) San Francisco no sólo tenía conocimiento del mundo espiritual, sino que estaba muy unido a él: basta pensar en la visión que tuvo de un Serafín crucificado que imprimió los estigmas en todo su cuerpo.

El poeta alemán Christian Morgenstern  también falleció cuando Júpiter se encontraba en Capricornio en 1914. Estudiando su vida, ligada a la Antroposofía, y sus poemas, uno se convence que tenía un lazo nada superficial con el mundo espiritual y con la realidad del espíritu.

Swdenborg, el místico y teósofo sueco, (1688-1772) también murió cuando Júpiter y Marte estaban en Capricornio (heliocéntricamente). Hahnemann, (1755-1843), médico alemán fundador de la Homeopatía, falleció cuando Júpiter y Mercurio estaban en Capricornio (heliocéntricamente). Hahnemann sostenía que reduciendo al máximo la sustancia material, gracias a la dilución según el proceso homeopático, podían ser liberadas las fuerzas espirituales y, según él, podían entonces actuar con más fuerza y hacer más efectivos los tratamientos. Demostración de su estrecha relación con el mundo del espíritu.

f5.11

Para Acuario utilizamos el símbolo de la figura 5.11a que muestra con toda evidencia el agua que corre. Pero se trata del “agua” estelar, de las fuerzas etéreas del cielo. Estas últimas constelaciones: Capricornio, Acuario y, en cierta medida, también Sagitario están “reservadas” para el futuro. Nosotros, los seres humanos, todavía no estamos preparados para dominarlas ya que el punto vernal sólo las alcanzará en un futuro muy lejano. Sin embargo tenemos algunos ejemplos aislados que muestran en qué dirección podría ir la evolución. En el momento de la muerte de Culpeper, ya mencionado en relación a Saturno en la constelación de Leo, Júpiter se encontraba en Acuario. Su interés por el mundo de las plantas y sus propiedades terapéuticas atestigua su comprensión del mundo etéreo, es decir, de las fuerzas de vida. Goethe murió en 1823, cuando Júpiter también estaba en Acuario (heliocéntricamente) Su concepto, o mejor, su imaginación de la “proto-planta” nos confirma que también tenía un profundo conocimiento de esta esfera de las fuerzas de vida del Universo. Para terminar mencionaremos a Thomas Vaughan[21] alquimista galés que tenía a Júpiter en Acuario en su carta de muerte, en 1666. Sus estudios alquímicos demuestran que había conquistado el acceso a las fuerzas formatrices y creadoras de la Naturaleza, es decir, del mundo etéreo.

La constelación de Piscis tiene mucho que ver con nuestra Humanidad actual pues, a pesar de lo que dicen ciertas personas, el punto vernal (equinoccio de primavera) todavía se encuentra en el signo de Piscis, si bien es cierto que, de manera segura y cierta las aguas de Acuario se están aproximando al punto vernal. En otras palabras nos dirigimos hacia una doble propuesta en relación a este último. Esta constelación crea un puente estelar entre Aries y Acuario. Aries representa el pasado, cuya misión fue alcanzar las capacidades del intelecto y del cerebro. Acuario es el futuro que exigirá de nosotros la facultad de dominar las fuerzas de origen cósmico de manera correcta. Entre ambos se encuentra la Humanidad actual, llamada a encontrar el justo equilibrio, sin el cual tendría que hacer frente a un desastre total. Eso se expresa con facilidad si completamos el símbolo de la figura 5.12a, para mostrar dos mundos unidos horizontalmente (Fig. 5.12b) La constelación de Piscis se corresponde también con la región arquetípica de los pies y las manos en lo que se refiere a la figura humana, que son los instrumentos para llegar a la independencia y la emancipación, si comparamos la forma humana con la de la planta. Y es esta independencia y libertad espiritual, alejada de cualquier forma de tradición y dogmas, la que necesita conquistar la Humanidad moderna para prepararse para las exigencias del futuro.

f5.12

Uno de los medios para alcanzar la libertad espiritual fue el desarrollo de las ciencias naturales, aunque dicho desarrollo contiene en su interior el peligro de dirigir a la Humanidad hacia la no-libertad y hacia unas ataduras que, a menudo, se nos muestran más terroríficas que las del pasado. Ahora podemos comprender que en las configuraciones de nacimiento de muchos de los científicos modernos  más conocidos, se encuentran ciertos aspectos muy ligados a  Piscis. En el momento del nacimiento encontramos en el cielo los grandes desafíos que se perfilan para el ser humano, que provienen de las potencias que trabajan en relación a la conducta espiritual de la Humanidad. Por supuesto no tenemos ninguna garantía de que el hombre en cuestión responderá a dichos desafíos, porque eso se le deja a su libre voluntad. De los que vamos a hablar a continuación no siempre consiguieron tener éxito al hacerlo. Kepler, del que ya hemos hablado en relación a Copérnico y Tycho de Brahe, nació cuando Júpiter estaba en Piscis (en 1571). Isaac Newton, el físico y matemático inglés, nació en 1642 cuando Júpiter y Saturno estaban a su vez, en Piscis (poco antes de su conjunción heliocéntrica). Faraday[22], inventor de la dynamo eléctrica, vino al mundo en 1791 cuando Saturno estaba en Piscis y Júpiter, en el lado opuesto, en Virgo. Darwin[23] nació en 1809, cuando Júpiter estaba en Piscis.

Aquí nos encontramos con una visión de primera fila de la gran batalla que hace furor en nuestra época. Evidentemente se trata de una lucha por la liberación de los antiguos conceptos y las viejas prácticas. Pero sólo podremos conseguir el éxito si nos preparamos para poder  identificar nuestra propia existencia con libertad de conocimiento, con los motivos cósmicos de la existencia, es decir, con la dinámica de Acuario. Si no nuestra propia integridad estará en peligro y, posiblemente, nos destruiremos a nosotros mismos, lo que parece cada vez más evidente en estos últimos tiempos.

[1] Alusión al poema de Rudolf Steiner del 25 de diciembre de 1922 (ver página 30) y Solsticios y Equinoccios.

[2] Ralph Waldo Emmerson (1803-1882), escritor, poeta y filósofo americano. Se le atribuye la siguiente frase: “tenemos que enganchar nuestro carruaje a las estrellas.”

[3]  Matthias Grünewald (1475-1528), pintor alemán

[4]  Fedor Dostoïevski (1821-1881), escritor ruso

[5] Percy Shelley (1792-1822) poeta inglés considerado como una de las figuras más emblemáticas del  Romanticismo.

[6]  Ferdinand Meyer (1825-1898) escritor suizo.

[7]  Alfred Tennyson (1809-1892) poeta y escritor inglés.

[8]  Friedrich Wilhem Schelling (1775-1854), filósofo alemán

[9]  Thomas a Kempis (ha.1379-1471) monje y escritor alemán.

[10]  Gotthilf Heinrich  Schubert (1780-1860) autor en especial de un libro sobre el simbolismo de los sueños.

[11]  Tomás de Aquino (1228-1274) filósofo y teólogo lombardo.

[12]  William Blake (1757-1827) poeta, escritor y pintor inglés.

[13] Rembrandt van Ryn (1606-1669) pintor holandés.

[14]  Cristianismo cósmico. Willi Sucher.  Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[15]  Friedrich von Hardenberg, llamado Novalis (1772-1801), poeta alemán

[16]  Astronomia Magna, Paracelso, pseudónimo de Theophrastus Philippus Aureolous (1493-1541), médico y alquimista alemán.

[17] Nicolás Copérnico (1476-1543), clérigo, teólogo, médico, matemático y astrónomo polaco.

[18] Tycho Brahe (1543-1601) astrónomo danés.

[19] Rudolf Steiner (1861-1925) filósofo austríaco y fundador de la Antroposofía o Ciencia del Espíritu.

[20] Giovanni Francesco Bernardone (1182-1226), monje y místico italiano, fundador de la Orden Franciscana.

[21] Thomas Vaughan (1622-1666), posiblemente el traductor inglés de Fama Fraternitatis y de Confessio Fraternitatis

[22] Michael Faraday, 1791-1867, físico y químico inglés, conocido por sus trabajos sobre la Electricidad y el Magnetismo.

[23] Charles Darwin, 1809-1882, naturalista inglés, autor de la Teoría de la Evolución que lleva su nombre.

Traducido del francés por Maribel Garcia Polo y editado por Gracia Muñoz

Caminos que conducen a una Cosmología moderna y a la Astrosofía.

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y el rostro cambiante de la Cosmología”. Parte I.

En el capítulo primero hemos hablado de la evolución de la astrología mientras la Humanidad se dirigía hacia los tiempos modernos. Es un hecho establecido que en el curso de los tiempos modernos, entre finales del s.XIX y comienzos del XX, la astrología era considerada una superstición absoluta, como algo que un ser humano sensato no pensaría jamás tomar en consideración. Pero en la actualidad ese ya no es el caso. Tenemos muchos datos que demuestran que la ciencia ha descubierto, o mejor dicho, ha redescubierto la Astrología. Hay profesores universitarios que llegan a decir hoy en día que, después de todo, puede haber algo válido en esta astrología. La ciencia está en camino de descubrir la astrología sobre la base de sus propios datos, de sus estadísticas. A continuación vamos a dar algunos ejemplos de ello.

En los años treinta del siglo veinte apareció en los Estados Unidos un artículo en el que Arthur Fund  describía el descubrimiento de Fernando Sanford[1] en la Universidad de Stanford en California, sobre la correlación existente entre la frecuencia de la aparición de las manchas solares visibles y los ritmos de las conjunciones de Venus. En realidad se trata de lo siguiente: (Fig. 3.1)

f3.1

Partimos del punto de vista heliocéntrico: el planeta Venus se desplaza sobre su órbita a una cierta distancia del Sol que está en el centro. Al lado de la órbita de Venus se encuentra la de la Tierra. Fernando Sanford descubrió que, durante un periodo de 14 años, de 1918 a 1932, cada vez que Venus – vista desde la Tierra – estaba detrás del Sol (lo que técnicamente se llama una conjunción superior) se observó el mayor número de manchas solares: de media se midieron un máximo de 714. En el momento que Venus se encontraba en la posición entre el Sol y la Tierra (conjunción inferior) hubo un mínimo de manchas solares, como término medio, unas 405, lo que supone una diferencia considerable. Las manchas solares aparecen, a través del telescopio, como agujeros en la superficie del Sol. Por supuesto que el ojo sólo puede ver, como mucho, manchas negras sobre la superficie del Sol.

En estos artículos, y mencionaré varios más en otros terrenos de la investigación, por lo general se encuentra la siguiente afirmación: “No se puede dar ninguna explicación a esta correlación de aquí o de allá: simplemente, las cosas son así”. Esto no debe sorprendernos, porque para encontrar una explicación sobre  estos temas tenemos que recurrir a la Ciencia del Espíritu fundada por Rudolf Steiner que nos conduce a la siguiente concepción astronómica: en astronomía se considera al Sol como un cuerpo que ejerce una fuerza de gravedad sobre su entorno. Así pues, atrae los objetos sobre su superficie, manteniendo también a todos los planetas del sistema solar sobre sus órbitas. Rudolf Steiner no estaba de acuerdo con esta teoría. El consideraba al Sol como un “agujero” en el espacio, un lugar donde se acaba el espacio, convirtiéndose en un no- espacio. Esto puede parecer un concepto difícil de aceptar pero ahora no podemos ocuparnos de estos problemas cosmo-físicos (lo haremos más adelante, en el capítulo 6).  Es decir, el Sol actuaría como una super-bomba de aspiración: el principio de una bomba es crear un espacio del que se  puede extraer todo el aire que contiene. Partiendo de este principio podemos aspirar, por ejemplo, el agua. El Sol, más o menos  de la misma manera, considerando que es un espacio ‘vacío’ o un ‘no espacio’, querría atraer hacia él, viniendo desde todas partes, la substancia de los  lejanos espacios del Universo, incluso los que están más allá de nuestro sistema solar. Esta esencia, o substancia, se condensa poco a poco hasta alcanzar el más alto grado de densificación sobre la Tierra y sobre la Luna. Más adelante, al acercarse al Sol, esta substancia se disuelve de nuevo, desapareciendo en ese vacío, o podríamos decir en la total inversión de todo el espacio positivo que, según esa teoría, es la propia naturaleza del Sol. Es decir, hasta la Tierra podemos hablar de una densificación y más allá de la Tierra, de una disolución, de esta esencia o substancia proveniente de las profundidades del Universo.

Prosiguiendo con esta teoría, los planetas Venus y Mercurio, que son los más cercanos al Sol, aparecen entonces como etapas de la disolución progresiva  de esta substancia-espacio a medida que nos acercamos a la superficie solar. Sobre ésta se produce entonces la operación de disolución final de todo el espacio positivo pasando a ser espacio negativo, no-espacio. He aquí el fenómeno solar tal como lo vemos en el cielo: tenemos la sensación de una gran bola de fuego, un lugar de combustión. Ahora surge la pregunta: ¿de dónde proviene el combustible necesario para este proceso de combustión? La Ciencia ha hecho grandes esfuerzos para explicar que el combustible procede del propio Sol, pero esta explicación no basta. Otra explicación sería que el combustible es esta ‘sustancia-espacio’ acumulada, finalmente disuelta sobre la superficie del Sol. Como Venus y Mercurio serían igualmente etapas hacia el camino de la disolución, estarían haciendo de filtros que tamizan la substancia proveniente de la Tierra. Ellos la filtran y la preparan para que al alcanzar la superficie del Sol pueda disolverse con más facilidad. Ahora bien antes hemos señalado la extraña coincidencia de la baja frecuencia de las manchas solares cuando Venus está alineada con la Tierra, encontrándose entre ésta y el Sol. El planeta actúa entonces como un tamiz, preparando las pesadas substancias provenientes de la Tierra para su disolución final sobre la superficie del Sol.

Si Venus se encuentra en conjunción superior, detrás del Sol cuando se le contempla desde la Tierra, eso no se puede producir. En ese caso, la esencia-espacio que ha pasado a través de la Tierra ha adquirido un elevado grado de densificación cristalina, que no puede ser absorbida por el Sol. Se podría decir, incluso, que, en cierto sentido, al no estar preparada entraría en colisión con el Sol, insuficientemente pulverizada. En consecuencia provocaría impactos contra las capas exteriores del Sol y daría origen a las manchas solares que aparecen entonces como manchas oscuras. Esto también explicaría por qué las manchas solares aparecen con toda claridad en los telescopios como agujeros abiertos en la superficie del Sol. Estos últimos serían la consecuencia de los grandes impactos que se producen contra el Sol.

Otro descubrimiento tiene que ver con la relación entre las perturbaciones radioeléctricas, también llamadas ‘ondas-meteo’[2], cuya recepción es variable, según parece en función de las condiciones atmosféricas. Durante mucho tiempo se han estado buscando las razones de este fenómeno: se explicaba, en cierta medida, por las manchas solares que acabamos de mencionar, pero éstas sólo sirven para explicar un pequeño porcentaje de las perturbaciones radioeléctricas. Finalmente J.H. Nelson, investigador de la RCA (Radio Corporation of America) una de las personas más relevantes en el terreno de las comunicaciones de radio descubrió que las posiciones angulares de los planetas del sistema solar, consideradas desde el punto de vista heliocéntrico, eran las responsables de esas perturbaciones (Fig. 3.2)

f3.2

Aquí tenemos las órbitas de los planetas. En un cierto momento podemos encontrar dos o más planetas, digamos Saturno y Júpiter, en una posición de ángulo recto. Invariablemente esto es causa de perturbaciones. Bien es verdad que hay muchas posibilidades de que se den esas posiciones angulares entre los planetas. En nuestro diagrama tenemos una relación angular de 90º. Naturalmente podemos preguntarnos: ¿por qué este ángulo de 90º influencia las ondas radioeléctricas sobre la Tierra? Encontramos  de nuevo la respuesta en los artículos que presentan este hecho estadístico: “No tiene ninguna explicación”. Sin embargo hemos sido un poco audaces al proponer una explicación, en otro contexto,  cuando hablamos de los ritmos de los planetas en el primer capítulo. Tratamos de encontrar las bases de los antiguos símbolos ocultos que han sobrevivido hasta nuestros días, y descubrimos que los sucesos cósmicos que tienen lugar bajo un ángulo de 90º desde siempre fueron conocidos por los astrólogos con el aspecto de ‘cuadratura’, que según ellos era un “mal aspecto”. En los tiempos antiguos esto era evidente gracias a una visión clarividente real. Los tiempos actuales sólo  han conservado el aspecto tradicional. Pero ¿por qué la ‘cuadratura’ tendría que ser negativa?

Se podría encontrar la respuesta basándose en los movimientos del planeta Marte, el ‘agresor’ cuya misión es ser el guerrero de nuestro sistema solar. Sus conjunciones con el Sol se forman en el zodiaco aproximadamente formando un octógono o, como lo mencionamos anteriormente, haciendo un doble cuadrado. (Fig. 1.3) Por eso se consideran las ‘cuadraturas’ como las responsables de provocar las condiciones y perturbaciones de todo el sistema solar, como hemos dicho antes. A menudo estos aspectos se consideran ‘malos’ pero se trata de una expresión nada científica. Tendríamos que desarrollar un concepto más exacto para saber lo que estamos haciendo.

Este fue el descubrimiento de Nelson, descrito en la Revista de la RCA en Marzo de 1951, y de nuevo en un artículo del periódico Ingeniería eléctrica en Mayo de 1952. Después de éste hubo una avalancha de descubrimientos sobre relaciones similares, todos verificados con métodos estadísticos. Por ejemplo el descubrimiento, importante, sobre la interconexión entre las fases de la Luna y las precipitaciones de lluvia en general. Las pruebas estadísticas se han extraído de los años 1900 a 1924 y de nuevo de 1925 a 1949. Mencionan registros de 16.507 precipitaciones máximas, lo que representa 6710 datos particulares. La prueba fue publicada en forma de diagramas mostrando las fases de la Luna, desde la Luna Nueva, cuarto creciente, Luna Llena, cuarto menguante, etc. estableciéndose de manera que las fases de la Luna están real e invariablemente en relación al nivel general de precipitaciones.

Se trata por supuesto de un descubrimiento importante. Todo el que ha vivido estas cosas sabe que, incluso a comienzos del s.XX, la Ciencia ha despreciado y ridiculizado esta idea, considerada entonces como una superstición propia de pastores y agricultores de la Edad Media. Y ahora, esa misma Ciencia se ha visto obligada a rehabilitar a aquellos viejos pastores y agricultores. A primera vista parece fantástico, pero todavía podemos encontrar en esas publicaciones la siguiente afirmación:“No tiene ninguna explicación”. Seguimos deseosos de encontrar las causas de esos fenómenos. (La Oficina oficial de Meteorología de Nueva Zelanda ha llevado a cabo investigaciones parecidas con 50 estaciones, llegando a las mismas conclusiones) Así pues, las investigaciones continuaron: se descubrió que la Luna influenciaba “la concentración de núcleos de hielo” en las capas más elevadas de la atmósfera, así como las tasas de meteoritos que penetran en ellos. Más tarde se detectó, siguiendo métodos similares, que la Luna ejercía ciertos efectos en las perturbaciones geomagnéticas. Hay un buen número de publicaciones al respecto, la mayor parte publicadas en la última década. Para terminar, el profesor H.S. Burr, de Yale, descubrió (siempre siguiendo los métodos de la estadística) que las fases de la Luna estaban en relación con la vida de los organismos vivos, o mejor dicho, y es algo importante a tener en cuenta, con el potencial eléctrico ligado a los organismos vivos. Así lo describió.

Otro profesor, también de Yale (todo esto ha sido publicado en la revista Life) midió el ‘potencial eléctrico’ del ser humano, señalando el ritmo de 14 días que a menudo coincidía con las fases lunares. Más interesantes aún fueron las estadísticas del estado de Nueva York que, en un momento dado, parecían probar que durante las fases de la Luna Llena eran ingresadas en manicomios muchas más personas que en otros momentos. (Es interesante y muy revelador hacer notar que en inglés ‘manicomio’ se dice: ‘lunatic asilum’)

Es preciso ver en estos hechos también los signos de un peligro. Un cosmólogo podría alegrarse, al principio: “Por fin entran en razón, están a punto de descubrir las relaciones entre el Cosmos y el mundo humano terrenal”. Pero el gran peligro es que todas estas cosas se interpretan en términos mecánicos, sólidos, electricidad y magnetismo. Finalmente el hombre llegaría a ser considerado como una parte insignificante y totalmente dependiente del gran mecanicismo, de la gran máquina y potente ordenador llamado ‘Universo’. Y entonces todo, hasta el más mínimo detalle de la vida, sería calculado y determinado, al formar parte de ese universo.

Me gustaría mencionar otro descubrimiento del que dio cuenta un periódico alemán. Se refiere a los niños Dawn, una categoría especial de niños discapacitados. En la antigua Checoslovaquia, un médico que, en principio era muy contrario a todas estas ideas, decidió finalmente colaborar con un astrólogo. Estudiaron las cartas de nacimiento de unos cincuenta niños mongólicos y de 150 de sus hermanos y hermanas que tenían la misma madre. Al principio la búsqueda geocéntrica no proporcionó ningún indicio, pero al utilizar el punto de vista heliocéntrico se quedaron estupefactos con los resultados. Descubrieron que en todas las cartas de los cincuenta niños Dawn, Mercurio estaba ‘mal aspectado’ según los conceptos astrológicos, por ejemplo haciendo cuadratura (90º de distancia) con Venus. Al mismo tiempo descubrieron otros ‘malos’ aspectos entre Neptuno y la Tierra. Las cartas de las hermanas y hermanos no mostraban ninguna de esas configuraciones.

Buscamos en vano, en dicha publicación, una explicación satisfactoria. Ahora bien es muy decepcionante tener que trabajar con algo que uno no comprende, lo que nos puede llevar por mal camino. Nos preguntamos, ¿dónde podríamos encontrar puntos de referencia que nos condujeran a una comprensión satisfactoria? Rudolf Steiner habló muchas veces de las inter-relaciones del ser humano con el cosmos, para empezar en Cristo y el mundo espiritual[3]donde describe, entre otras muchas cosas, el significado de la historia de Parsifal (Perceval) según la versión de Eschenbach, en la que se mencionan con toda claridad ciertas relaciones cósmicas. En otro contexto Steiner indica que Wolfram von Eschenbach dice que Saturno estaba en la constelación de Cáncer cuando Amfortas, el rey del Grial que estaba enfermo empieza a sentir los grandes dolores, cuando Perceval le encuentra en el castillo del Grial. En realidad lo que dice Eschenbach es que Saturno estaba en ese momento en ‘las alturas del cielo’, lo que viene a indicar que estaba en Cáncer. Ya hemos mencionado[4] otro tránsito de Saturno en Cáncer, que tuvo lugar durante los tres años de la presencia del Cristo sobre la Tierra. En ese caso también hubo grandes sufrimientos. En la leyenda del Grial, Parsifal llega al castillo, siendo testigo del sufrimiento del rey Amfortas. En lugar de preguntar la razón de su enfermedad, permanece silencioso. Por ello fue expulsado del castillo del Grial. Después de un largo destierro, una gran depresión y un gran sufrimiento para su alma, vuelve al castillo en el momento en que los dolores de Amfortas eran más fuertes. En ese momento Perceval hace la pregunta que le liberaría y le sanaría. Fue al mismo tiempo una redención de Saturno en la constelación de Cáncer.

Steiner señala en la 5ª conferencia del ciclo El Cristo y el mundo espiritual que tras muchos años de investigación espiritual llegó a la conclusión de que en nuestra época tenemos que enfrentarnos a una especie de renacimiento de la astrología propia de la 3ª época de civilización, la egipcio-caldea, pero basada en nuevos fundamentos. Dicha 3ª época cultural fue el momento histórico en que se desarrolló la astrología que ha llegado hasta nosotros en forma tradicional. R. Steiner sostiene que esta nueva astrología ya no podrá seguir las vías antiguas, ni los antiguos enfoques. Sólo se podrá desarrollar en base a una cosmología y perspectiva cristiana sobre el desarrollo de la Humanidad. En ese sentido, Parsifal es como el prototipo de una nueva humanidad que, gracias a la propia purificación de su alma se desarrollará en armonía con el mundo estelar, con el fin de proporcionar la curación  y la salud a una humanidad doliente.

En otra de sus conferencias, Rudolf Steiner nos describe la bajada del alma humana desde el Cosmos hacia su encarnación, y cómo ella nace de la totalidad del Universo, trayendo a la Tierra la esencia del zodiaco como cuerpo formal, el cual esculpe la materia que se le ofrece al alma en la Tierra a través de los padres, comprimiéndola en un cuerpo físico humano. El Zodiaco representa la imagen grandiosa y divina de la forma humana, que fue fundada en los tiempos más lejanos del pasado de la evolución. (Génesis 1,26) En esta amalgama de un cuerpo de forma cósmica y materia física están interesadas las fuerzas planetarias como base de sus funciones fisiológicas.  De esta manera se infundieron en el organismo humano el movimiento y las funciones. A medida que los seres humanos descienden progresivamente hacia la encarnación, atravesando las esferas celestes, reciben del Zodiaco el cuerpo de forma, y de los planetas, el éter, o cuerpo de vida. Nosotros, hombres de esta época científica, debemos comprender estos hechos de manera consciente y tenemos que darnos cuenta, a través de nuestras sucesivas encarnaciones, que somos portadores de los dones del Universo al completo. Hemos recibido estos regalos para transformarlos y aumentar nuestros “talentos” (Mat. 25,14-30)

Como consecuencia de estas relaciones con el Cosmos la humanidad está comprometida con una actividad parecida a un ritual. Así como el sacerdote toma el pan y el vino, ofreciéndolos a la divinidad para su transubstanciación, los hombres deben desarrollar en sí mismo un sacerdocio espiritual en lo referente a los ingredientes presentes en su organización corporal. Rudolf Steiner lo describe en la conferencia del ciclo El hombre y el mundo de las estrellas: la comunión espiritual de la humanidad[5](Diciembre, 1922) Como especie humana actual, podría parecer que aún estamos muy lejos de haber llegado a realizarlo, pero no hay que olvidar que se trata de una visión de futuro, de una época en la que seremos capaces de captarlo. En esa época podremos tomar lo que, de momento, nos es ofrecido en el momento de la encarnación, como el “pan” de nuestro cuerpo físico y el “vino” de nuestro cuerpo etéreo, o cuerpo de vida, y ofrecerlo para su transubstanciación, para la evolución consciente de nuestra relación con lo divino. (El cuerpo físico, desde el punto de vista de su substancia mineral, puede asociarse al pan, y el cuerpo etéreo puede compararse al vino por su trabajo en los elementos acuosos, en sus fluidos corporales).

Como hemos mencionado, el tiempo futuro en el que se realizará este “ritual cósmico” sin duda está todavía muy lejos. Pero Steiner dio al finalizar el ciclo de conferencias mencionado más arriba, como una especie de prefiguración o inauguración, dos mantras para un trabajo meditativo. A fin de cuentas, necesitaremos realizar el impulso de Cristo en nuestro propio interior, pues el ministerio del Cristo durante tres años, es el gran arquetipo de este “ritual cósmico”[6]. Las capacidades intelectuales que hemos adquirido a lo largo de toda la evolución, no son suficientes para ese trabajo. Gracias a los ejercicios meditativos, tal como nos han sido sugeridos por Rudolf Steiner, seremos capaces de elevarnos hacia un conocimiento imaginativo, no sólo para percibir el mundo de manera abstracta en términos intelectuales, sino para comprenderlo con la ayuda de una percepción “simbólico-imaginativa”[7]. A partir de ahí, podremos, a través de ciertos ejercicios espirituales, elevarnos hacia la Inspiración que nos permitirá percibir las cosas, no sólo en cierta tipo de forma “simbólica”. En ese nivel seremos capaces de “escuchar” por ejemplo, lo que las Entidades Espirituales nos quieren comunicar. En una tercera etapa podremos elevarnos aún un poco más y desarrollar la capacidad de la Intuición gracias a la cual seremos capaces de indentificarnos, con plena consciencia, con los seres del mundo invisible.

A través del desarrollo de esas capacidades, en especial de la Inspiración y la Intuición, los hombres del futuro serán capaces de encontrar lo que, hoy día se encuentra en el interior de sus propios cuerpos, en especial como esencia del zodiaco al completo y las fuerzas del conjunto de los planetas. Estas capacidades permanecen actualmente dormidas en el organismo humano, pero los hombres del futuro desarrollarán la Inspiración y la Intuición, a través de su propio esfuerzo, y serán capaces de despertar de su sueño estos ingredientes cósmicos. De esta forma, en un lejano futuro la humanidad transformará y restituirá lo que ahora está adormecido en la tumba de su cuerpo físico corruptible, realizando lo que el Cristo “re-estableció” en el cuerpo de resurrección, el cuerpo dinámico-cósmico, incorruptible.

Al final de su vida R. Steiner describió, en las Cartas a los miembros (de la Sociedad antroposófica)[8]  en términos muy precisos, nuestra nueva relación con las estrellas tal como él la concebía. Para empezar nos recuerda que en un pasado muy lejano, la Humanidad vivía con las estrellas de una manera muy distinta a la actual. En los comienzos de la Creación no existía realmente ninguna estrella. Los Seres espirituales de las Jerarquías se encontraban de alguna manera en su “sitio” en el cielo (ver por ejemplo, el capítulo sobre el Antiguo Saturno de La Ciencia Oculta). Mucho después llegó un tiempo en el que este “mundo del Ser” se retiró y dejó las primeras indicaciones de un cielo estrellado como revelación de las Jerarquías divinas. Finalmente los dioses se habían alejado tanto del cielo estrellado que sólo quedó el recuerdo de este glorioso pasado en las estrellas que llegaron a ser objeto de percepción sensible. Durante esta época, bastante reciente, cada vez que nos dirigíamos hacia una nueva encarnación en este planeta ya no tenía ningún significado recurrir a las estrellas. Pero ahora, el Arcángel Micael, conocido como “la faz de Cristo”, ha empezado a tomar cartas en el asunto, insistiendo en que nos encarnemos en un momento propicio a fin de que nuestro destino individual coincida con los recuerdos cósmicos representados por la trayectoria de los astros. Estas coincidencias están impresas y trazadas directamente en nuestra organización física y etérea. Con su insistencia, Micael ha conseguido reestablecer la unión con la chispa  dormida, pero latente, de la presencia divina en el ser humano y, a través de este potencial espiritual, terminó por restaurar las estrellas en su ascendencia divina. Micael se esfuerza verdaderamente en despertar, gracias a esta relación potencial, la fuerza redentora del Cristo con vistas a nuevas elevaciones cósmicas. De esta forma tenemos junto a nosotros este silencioso compañero, nuestra propia relación con el mundo estelar, que participa en todos nuestros esfuerzos, trabajos, éxitos y, según parece, también en nuestros fracasos.

Para empezar, resulta difícil ver cómo podría la humanidad ser capaz de transformar y redimir los astros, aunque sólo sea en el caso de la participación, muy limitada, del individuo en el momento de su encarnación. Esta perspectiva cambia radicalmente si, en oposición, tenemos en cuenta la asociación del hombre con las estrellas, es decir, lo que sucede en el momento de la muerte. De esta forma podemos también comprender el tema de la descripción suplementaria de Steiner en la carta citada más arriba. El tiene en cuenta el hecho de que se está desarrollando una nueva relación del hombre con las estrellas. Gracias al desarrollo de una cultura espiritual, en potencia, en nosotros mismos, nos “alimentamos” con este silencioso compañero-estrella del que acabamos de hablar, penetrando así en el Cosmos. En un lejano futuro  transformaremos por completo el Universo actual, apareciendo un nuevo Cosmos. ¿Cómo será posible que el ser humano, este ser tan débil, a veces miserable, sea capaz de transformar, de manera práctica, el Cosmos?. Podemos sugerir alguna que otra explicación. En el momento de la encarnación como ser humano, recibimos las substancias que necesitamos, y que ya hemos mencionado más arriba. De la Tierra recibimos las substancias minerales que toman forma en un cuerpo humano, gracias al cuerpo de forma cósmico-física, llamado algunas veces “germen espiritual” del cuerpo. Después recibimos del Cosmos, justo antes de la encarnación, el cuerpo etéreo o cuerpo de vida. Con las substancias minerales la Tierra nos da un “cuerpo de gravedad”, ligado a la Tierra por la gravedad. Pero el cuerpo etéreo, nacido de la totalidad de la vida del cosmos, infunde en el cuerpo físico las fuerzas formatrices que hacen posible la vida humana. Por lo general no somos conscientes de nuestra lucha continua contra la fuerza de la gravedad, que nos atrae constantemente hacia abajo. Así es cómo actúa el cuerpo vital que nos impide convertirnos en una roca estática, pesada, sin vida. Nos concede la posibilidad de crecer y desarrollarnos y, a fin de cuentas, la posibilidad de tener experiencias en el curso del tiempo, dicho de otra manera, la posibilidad de vivir esta experiencia temporal, o vital, que puede hacer el hombre, no se ha perdido. La biografía completa de un ser humano esta inscrita, por decirlo así, en su cuerpo etéreo. En el momento de la muerte devolvemos lo que se nos había prestado: devolvemos a la Tierra las substancias físico-minerales prestadas. Igualmente el cuerpo etéreo vuelve a su patria de origen, al Cosmos, es decir al reino de los planetas. De esta forma el Cosmos es atravesado e inundado por nuestras experiencias vitales, por nuestra biografía de vida. Durante los tres primeros días después de la muerte, una vez que el cuerpo físico se ha separado, pero seguimos unidos al cuerpo etérico, tenemos la experiencia del gran cuadro panorámico de toda nuestra vida que acabamos de dejar. Lo que en la vida terrenal aparece extendido a lo largo del tiempo, ahora se encuentra integrado en una única imagen coherente.  Este es el cuerpo de vida que se puede considerar, en ese sentido, como un cuerpo de ‘tiempo’. A los tres días desaparece el cuadro al volverse el cuerpo etéreo hacia sus orígenes. Se separa del alma pero conserva aún todo lo vivido por nosotros en la Tierra. Se vuelve hacia el Cosmos e impregna los planetas, es decir, no desaparece sino que sigue viviendo en los planetas, seguramente manteniéndose dispuesto a inspirar a otras almas que se están preparando para reencarnarse. En el  curso de estas exposiciones deberemos dedicar un momento para tratar de probar que ciertas individualidades conocidas de la Historia han penetrado el mundo de los planetas con su cuerpo etéreo, o mejor dicho, con su biografía etérea, así como sus aspiraciones espirituales. Fueron atraídas por ciertos planetas determinados, permaneciendo allí durante mucho tiempo para ser preservadas. Finalmente otras almas, tal vez varios siglos después, que descendían hacia una nueva encarnación seguramente habrán sido inspiradas por los hechos etéreos de dichas personalidades, incorporándolos a sus propios cuerpos etéreos, para hacerlos  evolucionar en su propia encarnación.

Podemos pues decir realmente que estamos a punto de transformar el mundo estelar. Con ayuda de nuestro cuerpo etéreo infundimos en el interior de las esferas planetarias un elemento que no se encontraba en ellas antes: elemento que ha madurado gracias a nuestros esfuerzos de naturaleza moral y espiritual. De esta manera el mundo planetario y el Cosmos en el que vivimos se van transformando progresivamente. Más tarde, en un futuro muy lejano, tendrá que nacer  un nuevo Cosmos gracias a la evolución, en potencia, del género humano. Hoy día eso sucede en el momento de la muerte, y llegará un tiempo en que seremos capaces de realizarlo durante nuestro periplo por la Tierra. Y después seremos capaces de hablar a las estrellas, responder a sus señales siendo espiritualmente creativos.  Conseguiremos el poder de hacerlo a partir de la unión de nuestra alma con el impulso del Cristo y esto tendrá lugar cuando nos hayamos elevado realmente a la experiencia que menciona S. Pablo: “No yo, sino el Cristo en mí”. Entonces podrá tener lugar la segunda Creación. El Cosmos de la primera Creación, se dirige poco a poco alrededor nuestro a su propio fin, esperando su renovación que sólo podrá suceder gracias a nosotros, gracias a nuestra nueva relación con las estrellas que hemos intentado esbozar.

                                   “Un día hablaron las estrellas al hombre.

                                     Su silencio es, el destino del Cosmos.

                                     La percepción del silencio

                                     Puede ser dolor para el hombre en la Tierra.

                                      Pero en la quietud del silencio

                                     madura lo que el hombre habla a las estrellas.

                                     Y la percepción de este hablar

                                     puede tornarse fuerza

                                     para el Espíritu humano.”                                                                   Rudolf Steiner

[1] Fernando Sanford (11856-1948) Físico americano que estudió, entre otros, con Von Helmotz, formando parte del elenco de 22 personas que fundaron la Universidad de Stanford. El artículo mencionado habla de un texto de Sanford publicado en 1936 sobre “Influencia de las configuraciones  planetarias sobre la frecuencia de las manchas solares visibles”, Smithsonian, Washington D.C.

[2] “ondas meteorológicas”

[3] Cristo y el mundo espiritual, y la búsqueda del Grial, Rudolf Steiner, conferencias de 1913, GA 149. Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[4] Ver El Cristianismo cósmico, de Willi Sucher. Editorial Rudolf Steiner, Madrid

[5] Publicada en español la segunda parte: La comunión espiritual de la humanidad. (En venta en la Editorial Rudolf Steiner, Madrid)

[6] Ver Cristianismo cósmico, de Willi Sucher. Editorial Rudolf Steiner

[7]  Ver los libros básicos de Rudolf Steiner: La ciencia oculta. Teosofía. ¿Cómo conocer los mundos superiores?. Editorial R. Steiner, Madrid

[8]  Antroposofía, un camino de conocimiento. El misterio de Micael, Rudolf Steiner, Ed. Rudolf Steiner, Madrid

Origen de los símbolos ocultos en base a los ritmos cósmicos

Del libro “El Cristianismo Cosmico y El rostro cambiante de la Cosmología” de Willi Sucher

English version

Con estas conferencias vamos a tratar de penetrar lo más posible, teniendo en cuenta el tiempo de que disponemos, en el curso histórico del desarrollo de la Cosmología a través de los tiempos. De esta forma esperamos encontrar una base sólida para el establecimiento de una nueva Cosmología y una nueva Astrosofía que satisfagan las necesidades de la Humanidad actual y la del futuro.

En la actualidad, cuando dirigimos la mirada hacia las estrellas, éstas nos parecen más o menos familiares y no nos damos cuenta de que esto no siempre fue así para la Humanidad. Hubo un tiempo en que las estrellas no eran visibles para el hombre. Si nos remontamos hasta la época del antiguo continente de la Atlántida encontramos, a mitad de este largo periodo de evolución, que el hombre no era capaz de ver las estrellas porque el cielo estaba velado, no simplemente por la niebla, sino por una espesa capa de vapor de agua, que ocultaba el cielo por completo. Más tarde, en cierto momento este vapor se condensó y engendró la terrible catástrofe del Diluvio que condujo a la Atlántida a su desaparición. Este proceso terminó con la denominada época glaciar. El agua que se había condensado cubrió toda la Tierra helándose en enormes capas de hielo, en glaciares de los que aún hoy podemos detectar sus huellas y pruebas geológicas. En un cierto momento – seguramente tendríamos que remontarnos a diez o doce mil años antes de Cristo – las espesas nubes de vapor de agua se disiparon dando así al cielo estrellado la posibilidad de revelarse. Entonces la Humanidad pudo, por primera vez, contemplar las estrellas. Por supuesto que antes de esto, la Humanidad había podido tener intensas experiencias interiores. Limitados en sus facultades de percepción sensible, los seres humanos se volvieron hacia ellos mismos, por decirlo así. Dotados de una clarividencia natural, podían alcanzar una experiencia interior inmensamente rica del mundo divino y del mundo de los elementales que se encontraban alrededor suyo. Se trata de experiencias que es muy difícil de imaginar hoy en día. Gran número de cuentos de hadas nos aportan una última y débil luz sobre ellas. Entonces llegó el momento en que las estrellas se hicieron visibles. Los Acadios, una de las razas atlantes, fueron de los primeros en percibir las estrellas, utilizando este descubrimiento en la navegación; podríamos decir que fue la primera raza colonizadora. Exploraron el mundo, navegaron hacia los grandes espacios y fueron capaces de orientarse en sus viajes con ayuda de las estrellas.

Hemos de intentar imaginarnos ese momento de la historia humana, esta experiencia, fuente de una inmensa alegría, cuando las estrellas aparecieron en el cielo por primera vez en la evolución de la Humanidad. El cielo estrellado se mostró a los seres humanos como un inmenso libro de historias cósmicas en relación a todo lo que ellos habían vivido hasta entonces, en relación a su vida interior. Podían decir, por ejemplo: “Lo que para nosotros era hasta ahora solamente una realidad de nuestras percepciones internas, de nuestros sueños, ahora está escrito en el cielo.” Hicieron así la experiencia de la realidad del mundo de los dioses, de las Jerarquías divinas y de sus actos creadores como en un espejo formado por las estrellas. Comprendieron cada vez con mayor claridad que lo que hasta entonces había sido un mundo inmenso de sueños clarividentes, un mundo divino, así como un mundo de seres elementales, ahora se encontraba reflejado en el cielo, como escrito, por decirlo así, en un gran libro con imágenes de tamaño  cósmico que englobaba todas las estrellas. Vivieron así  en esta experiencia, descubriendo progresivamente este mundo reflejo. El conocimiento y la toma de consciencia cada vez más intensa de este mundo estelar fue una ocasión de clarificar aún más su mundo interior de ensoñación en el que habían vivido hasta entonces. En cierto sentido, empezaron a edificar la columna vertebral de una mitología sideral en el seno de sus experiencias internas del comienzo. La Humanidad empezó así a tener experiencias sensibles cada vez más intensas. En el curso del tiempo lo que fue cambiando, en su constitución física particular, fue el sentido de la vista.

Las impresiones del mundo exterior, que reposan en la utilización de los sentidos, ganaron importancia y la Humanidad se dirigió progresivamente hacia el tiempo en que se vio expuesta cada vez más a esta percepción de la naturaleza, por una parte, y del mundo estelar por  otra. Es comprensible que a medida que los hombres contemplaban el mundo de las estrellas iban percibiendo cada vez más detalles: Por ejemplo, llegaron a conocer lo que nosotros llamamos hoy ‘las estrellas fijas’, estrellas que permanecen siempre en la misma posición en ese gran libro de la historia de los cielos, o mejor dicho, que permanecen más o menos en la misma posición. Hoy día sabemos que también las estrellas fijas se desplazan. Por otra parte, aquellos hombres conocieron el mundo de las estrellas que se mueven: los planetas. Por ejemplo, la Luna es un claro exponente de ese mundo de los viajeros del cielo. Es decir que se comprende que aquellos hombres fueron gradualmente capaces de leer este maravilloso libro de imágenes.

Las primeras imágenes debieron ser abrumadoras. Los hombres empezaron por distinguir las constelaciones en el mundo de las estrellas fijas, pudiendo darles  nombre basándose en las “cartas” e “imágenes” que ellas representaban en ese magnífico “libro cósmico”. De la misma manera bautizaron los planetas tomando consciencia de sus respectivas tareas específicas. Gracias a las percepciones sensoriales, combinadas con una visión interior clarividente, ese mundo se hizo cada vez más asequible. Podemos comprender por ello que la Humanidad fue tomando consciencia poco a poco, pudiendo describir las mitologías siderales. Los hombres pusieron en relación varios grupos de estrellas con sus experiencias bien precisas, así como con divinidades especiales. Al contemplar un cierto agrupamiento de estrellas sabían que aquello era una expresión de Zeus, por ejemplo, o una  de Apolo, y así sucesivamente.

Sin embargo, cuanto más nos remontamos hacia atrás en el tiempo, estas mitologías siderales se nos presentan más y más borrosas, más “nebulosas”. Por ejemplo, recordemos que las mitologías china y tibetana son muy voluminosas y contienen grandiosas imaginaciones, pero casi podríamos decir que éstas están más ligadas al mundo de los seres elementales. En el zodíaco chino descubrimos dragones, caballos, etc. Los zodiacos chino y tibetano son muy diferentes de los nuestros. Esa humanidad, tanto los chinos como los tibetanos y japoneses – de hecho la raza mongol como tal – está más unida a la Atlántida que pudiera estarlo la humanidad occidental. Una parte de la humanidad actual proviene de la Atlántida, como si fuera un resto de dicha civilización. Pero los mongoles poseen una herencia más marcada de los tiempos atlantes que las otras. Su mitología estelar refleja el tiempo en que por primera vez, o casi, la humanidad percibió las estrellas en el cielo. Bien es verdad que desde aquella época incluso las constelaciones de estrellas fijas han cambiado su apariencia. Las llamamos “estrellas fijas” para señalar que su posición es fija. Por ejemplo, todos hemos visto la Osa polar en el cielo, con un cuerpo delimitado por cuatro estrellas que forman casi un rectángulo y una cola compuesta por tres estrellas suplementarias. Para los atlantes este grupo de estrellas no se parecía al de los tiempos primigenios y dentro de unos cientos de miles de años, esta constelación se presentará muy diferente. También el Zodíaco era muy diferente para ellos. Así pues, los mongoles recibieron una tradición distinta a la nuestra en occidente. En épocas posteriores, reflejadas en la mitología griega encontramos más o menos las doce constelaciones del zodiaco tal como las conocemos hoy en día. Los griegos las religaron a sus dioses: otras civilizaciones anteriores habían hecho lo mismo. Todo esto no se estableció de una manera arbitraria sino que reposa sobre sólidas bases de la experiencia interior, asociada a la confirmación correspondiente extraída de los sucesos exteriores. Este conocimiento se desarrolló en los templos de Misterios de los tiempos antiguos, como así lo ha descrito detalladamente Rupert Gleadow en su libro Orígenes del zodiaco. En el que cita a Manilius, poeta y astrólogo romano de comienzos de la era cristiana, que escribió a propósito de las constelaciones del zodiaco y de sus asociaciones con los dioses griegos, con Palas-Atenea, Apolo, Zeus, etc. Parece ser que ese zodiaco tuvo su origen más bien en la parte occidental de Asia.

Otra herencia tradicional fue la de los pueblos que se asentaron en los países nórdicos, por ejemplo en Escandinavia. Ellos reconocían en las constelaciones, en particular en las del zodiaco, los reflejos y recuerdos de sucesos y destinos de sus dioses. Tenían un zodiaco que hablaba de Freya, Vali, Saga, Odin, Skladi, Baldur, etc. De esta forma, todo el panteón de la mitología nórdica se mostraba de una sola pasada. Por supuesto que aquellos hombres no asimilaban las constelaciones a los dioses: percibían las constelaciones sólo como expresión exterior, una especie de gran crónica. “Leían” en el cielo las historias que habían vivenciado anteriormente en un estado de clarividencia ensoñadora.

Es probable que al inicio, las estrellas “errantes”, los planetas, hayan hablado de otra manera más impresionante a los hombres ya que se desplazaban más rápidamente que las estrellas fijas. El movimiento de las estrellas fijas es tan lento que, en algunos casos, necesitamos miles de años para detectarlo a simple vista. Pero con los planetas era totalmente distinto.

 Por ejemplo la Luna ilustra de maravilla esos cambios rápidos: se desplaza ante las constelaciones del zodiaco y alrededor de 28/9 días regresa a la misma constelación de la que partió. Además comprobamos que se desplaza a través de distintas fases: en cierto momento se eleva un poco antes que la salida del Sol, mostrándose entonces como una media luna (parecida a una pequeña copa) en el lugar en el que se alzará el Sol. Uno ó dos días después habrá desaparecido completamente. A continuación, al cabo de unos días podremos distinguirla de nuevo, ahora después de la puesta del Sol, como otra delgada media luna por encima del lugar donde se ha puesto el Sol. Eso significa que la Luna está creciendo. La media luna se va haciendo cada vez más gruesa hasta que por fin llega el momento en que podemos ver la cara redonda de la Luna al completo, elevándose por el Este cuando el Sol se acuesta por el Oeste: es el plenilunio. Después el disco va disminuyendo de nuevo hasta llegar a ser de nuevo una delgada media luna por encima del lugar por el que se pone el Sol, como al comienzo de nuestra observación. Todo el ciclo al completo, ha empleado 28 ó 29 días. Se trata de una fase de lunación partiendo de la Luna nueva, pasando por la Luna creciente hasta llegar a la Luna llena y a la Luna menguante, para volver a la Luna nueva. Todo ello es la expresión de un ritmo que coincide con el de las estaciones. El ritmo de las estaciones se extiende a lo largo de 365 días, cosa de la que tomamos consciencia si vivimos al ritmo de la Naturaleza. Los hombres de antaño, que no tenían calendarios impresos como los tenemos hoy día, aprendieron a mirar las estrellas como una especie de calendario vivo. Comprobaron que había 12 lunaciones en un año, y que cada Luna llena se situaba en un sitio diferente del cielo. Por ejemplo, si la Luna se encontraba en Tauro, sabían que 30 días más tarde, poco más o menos, la siguiente Luna llena tendría lugar en la constelación siguiente, la de Géminis. Según los datos que hemos podido recoger sabemos que habían anotado más que eso, como por ejemplo, los eclipses de Sol y los de Luna. Eran capaces incluso de poder calcular sus siguientes apariciones. Por supuesto que un año basado en el calendario lunar comprendía algunos días menos que los 365 del año solar. Los hombres de aquella época lo compensaron insertando cada tres años más o menos un mes bisextil para poner el calendario al día. Para aquellos hombres de la antigüedad las estrellas eran algo práctico y necesario en su vida cotidiana. El agricultor tenía que tener un verdadero conocimiento de los sucesos del cielo, que le servían de calendario para determinar el mejor momento para sembrar, recoger, etc.

Podríamos estudiar el movimiento de los otros planetas y descubrir ritmos similares, aunque mucho más largos, sabiendo que evidentemente los ritmos de los planetas no se pueden observar con tanta facilidad como los de la Luna. Sin embargo, con gran paciencia, los antiguos observaron los movimientos y ritmos de los planetas en el cielo, así como sus relaciones con los sucesos terrenales naturales y su correspondencia con el ser humano, viendo su paciencia recompensada. Por ejemplo, cuando observaban el planeta que llamamos Venus, vieron que, visto desde la Tierra, había un momento en que Venus se encontraba delante del Sol.

f1.1

En ciertos casos vieron incluso a Venus desplazarse justo delante del Sol como un pequeño puntito negro. Además sabían que esto tenía lugar durante una cierta constelación del zodiaco. También sabían que 9 meses más tarde el Sol se encontraría en el punto B y que entonces Venus desaparecería en el espacio por detrás del Sol, haciéndose cada vez más pequeño a medida que desaparecía detrás del Sol.  Nueve meses después el Sol había llegado al punto C y Venus estaba de nuevo delante del Sol. Cuando el Sol alcanzaba el punto D, Venus había vuelto a desaparecer como en el caso del punto B. Finalmente Venus pasaba por última vez delante del Sol en el punto E.

En base a estas observaciones aquellos hombres comprendieron que existía una configuración regular, bien definida, marcada por las conjunciones de Venus con el Sol. Y tomaron consciencia de que, siguiendo las conjunciones solares, Venus dibujaba un pentágono en el Cosmos que rodea la Tierra. Además observaron que se necesitaban cuatro años para que Venus hiciera el ciclo completo, que acabamos de describir y que Venus necesitaba ocho años para que tuviera, en las cinco puntas, una conjunción interior (inferior) y una conjunción exterior (superior) con el Sol (de manera alterna cada cuatro años) El conocimiento de este hecho cósmico se encuentra en la base del simbolismo esotérico y oculto, en lo que se conoce y venera en el ocultismo como el símbolo del Pentágono, la estrella de cinco puntas.

Los sabios de la antigüedad debieron conocer otro ritmo ligado al planeta que llamamos Mercurio (Figura 1.2) En el curso de un año, Mercurio pasa tres veces por detrás del Sol. Esto se produce en tres posiciones diferentes del zodiaco que según parece podemos incluso definir. Además en el curso de un año también pasa tres veces por delante del Sol, es decir, están en conjunción inferior. De esta manera podemos hablar de tres ciclos en relación a Mercurio, partiendo cada uno de una conjunción inferior (en el curso de la cual el planeta hace un bucle), para pasar a una conjunción superior y volver a una conjunción inferior. Estos tres ciclos no se inscriben exactamente en un año de 365 días. Por ejemplo, un ciclo (de A hacia B, y después a C) emplea sólo 116 días, por ello Mercurio necesita 348 días para recorrer los tres ciclos. Es decir que cuando el planeta está a punto de regresar a su punto de partida, al final del tercer ciclo (E hacia F y G) la conjunción superior G (equivalente a A) se produce alrededor de 17 ó 18 años antes de alcanzar la posición inicial.

Descubrimos aquí sobre todo otro símbolo cósmico muy conocido en el esoterismo: Mercurio dibuja un hexágono sobre el zodiaco, o lo que es lo mismo, dos triángulos entrelazados. Uno de ellos en relación a las conjunciones inferiores que se producen delante del Sol, el otro a las conjunciones superiores que tienen lugar por detrás del Sol. Que las puntas de los dos triángulos se desplacen constantemente de manera retrógrada (a causa de la diferencia entre el año solar y el año mercurial) es simplemente la expresión de la continua rotación del hexágono. Tenemos que añadir además que el triángulo de las conjunciones inferiores (B, D y F) es de hecho mucho más pequeño en relación al espacio alrededor del Sol. En esas posiciones el planeta está mucho más cerca de la Tierra que durante las conjunciones superiores (A, C y E)

f1.2

Podemos trasladar esta figura geométrica a una imaginación viva: (Figura 1.2b)

El triángulo mayor podría ser experimentado como la expresión o el rostro exterior de un gran Ser cósmico. El triángulo menor podría representar la percepción imaginativa de un Ser que eleva sus manos hacia el mayor, en un gesto como de súplica. Podríamos describirlo como un ser más próximo a la Tierra, parecido a un ser humano. El mayor podría ser percibido como expresión de un ser divino maternal en el Cosmos que protege y cubre con su manto al aspirante que se encuentra debajo. No se trata de una imagen surrealista: en un sentido puramente espiritual nuestra relación con el planeta Mercurio está en cierta medida construida en base a ese gesto. Surge entonces, lógicamente, la siguiente cuestión: ¿cómo podemos representarnos la forma en que nuestros ancestros pudieron tener conocimiento de esos ritmos mercuriales, teniendo en cuenta la dificultad que tiene la observación de dicho planeta? Sin embargo, como podemos deducir a partir de sus mitologías, los antiguos tuvieron que tener dicho conocimiento. Tenemos que suponer que, sobre todo los sabios de los antiguos Centros de Misterios, poseían un poder de percepción muy diferente del nuestro que se orienta sobre todo a las percepciones intelectualizadas. Su visión, todavía clarividente, combinada con  sus posibilidades aún limitadas de percepción del mundo exterior, les daba la oportunidad no sólo de tomar consciencia de la existencia de Mercurio, sino de conocer igualmente sus ritmos y ciclos.

He aquí otro ritmo que, incluso en tiempos muy remotos, pudo ser observado: el ritmo del planeta Marte:

 f1.3

 

 Cuando lo observamos desde la Tierra, Marte también se encuentra en ciertos momentos detrás del Sol. Hablamos entonces de la conjunción Marte/Sol, algo que sucede más o menos cada dos años. Entre tanto Marte entra en oposición al Sol. En tales momentos vemos al planeta en el zenit, a medianoche, por encima del horizonte Sur, cuando miramos hacia el sur. En tales ocasiones, Marte está especialmente brillante, irradiando una luminosidad rojiza. En esos momentos, que suceden alrededor de poco más o menos dos años, Marte hace un bucle colocándose detrás o en dirección opuesta a su progresión normal en el zodiaco. Por lo general todos los planetas tienen un movimiento aparente en el cielo, de derecha a izquierda cuando miramos en dirección Sur para observarlos. Pero cuando los planetas superiores- Marte, Júpiter y Saturno – entran en oposición al Sol se dan media vuelta y se dirigen marcha atrás (de izquierda a derecha) y sólo después de un cierto tiempo se vuelven a desplazar normalmente. Durante esta fase dibujan un bucle o una curva en forma de horquilla:

f1.3b

Cuando esto se reproduce, cerca de dos años después, Marte dibuja un bucle más lejos en el zodiaco. Por ejemplo, entre los meses de Marzo y Abril de 1967, hizo un bucle en la constelación de Virgo sideral. Esta oposición al Sol se situó más o menos a 205 grados sobre la eclíptica.[1] Dos años después, de Abril a Julio de 1969, apareció un nuevo bucle en Escorpio sideral[2] a casi 250º sobre la eclíptica, correspondientes a una nueva oposición de Marte al Sol. De esta manera la progresión de la oposición y del bucle es de 45º, (más o menos 1/8 de la eclíptica). Después de haberse repetido ocho veces durante un periodo de 15 ó 16 años, este suceso se produce donde había comenzado en el zodiaco. De la misma forma, tienen lugar 8 conjunciones de Marte con el Sol  a través del zodiaco y después de la 8ª la conjunción vuelve a formarse en su posición de partida. Estas conjunciones tienen lugar, más o menos, en los puntos opuestos a las dos oposiciones. Por ejemplo, el bucle formado durante la oposición de 1967 fue precedido en Abril de 1966 por una conjunción a 39º de la eclíptica.

Así pues, cada grupo de 8 posiciones describe un octógono (Figura 1.3) que también se puede representar como dos cuadrados superpuestos uno dentro del otro (figura 1.3c) Esta figura  llego a ser un símbolo para los antiguos. Siendo utilizada en la actualidad en la Astrología como un “aspecto”, una cierta configuración angular entre dos planetas cuyas posiciones relativas forman un ángulo de 45º entre ellos, llamado “semi cuadrado”.

f1.3c

Una humanidad ancestral tuvo que haber observado todos estos hechos y presentir en estos grandiosos ritmos cósmicos una especie de reflejo de sus experiencias íntimas. Para los hombres de aquel tiempo estos ritmos tuvieron que ser la expresión en imágenes de lo que encontraban como su universo interior de conciencia del mundo divino, así como del mundo de los seres elementales.

En relación con las conjunciones y oposiciones periódicas de Saturno y Júpiter tenemos otros sucesos estelares. Acabamos de echar un vistazo a lo que se refiere a los planetas Venus, Mercurio, Luna y Marte. Ellos dibujan en el cielo todas las figuras que, como acabamos de ver, ofrecen los fundamentos de todos los profundos símbolos ocultos. Pasa igual con Saturno y Júpiter. Saturno es un planeta que se desplaza lentamente, necesitando casi 30 años para dar la vuelta a todo el Zodiaco y volver a la constelación de partida. Júpiter es más rápido, sólo emplea 12 años en hacer un ciclo completo, por lo que necesita casi un año para recorrer una constelación. Todos estos hechos pudieron ser observados por los hombres de la Antigüedad. Como estos dos planetas se desplazan a diferente velocidad, se reencuentran periódicamente, igual que  si dos atletas corren en un estadio: si  uno de ellos es más rápido que el otro, aquel alcanzará varias veces al más lento. La relación de las conjunciones de Saturno con Júpiter es muy interesante. Por ejemplo a comienzos del s.XX estos dos planetas se encontraban juntos en la corriente del año 1901 (Fig. 1.4) en la constelación de Sagitario sideral. En 1921 este encuentro se repite de nuevo pero en la constelación de Leo sideral. Una nueva conjunción tiene lugar en 1940/41, esta vez en la constelación de Aries, fácilmente observable. En realidad se produjeron tres veces, durante este mismo año a causa de los movimientos retrógrados, los bucles de estos dos planetas. En tiempos más próximos al nuestro, en 1961 se formó otra conjunción en Sagitario sideral, llegando poco más o menos al mismo lugar que  la de 1901. Pero en 1961 la conjunción se desplazó hacia la cola de Sagitario. En 1981 tuvo lugar otra conjunción, ligada a la de 1921 y moviéndose hacia la constelación de Virgo sideral, mientras que la de 1921 se hizo en la frontera entre Leo y Virgo.

f1.4

Los encuentros de estos dos planetas dibujan en el cosmos un triángulo casi equilátero. En tiempos pasados se le reconocía como el “triángulo de oro” y, en cierto sentido, se le consideraba como un símbolo oculto aún más profundo. Se le menciona en los escritos de la Edad Media, representando la Trinidad divina, o la Trinidad del ser humano: cuerpo, alma y espíritu.[3]

Los griegos consideraban a Saturno como expresión de Cronos, el Padre omnipotente, el Padre del Tiempo, que se preocupaba de que el pasado no se perdiera, haciendo que los hilos del pasado se tejieran de acuerdo con los del presente, como el destino. Por ello Saturno representa la ley divina según la cual fueron creados el Universo y la Humanidad. Él se considera el guardián para la continuación del plan divino establecido en los primeros tiempos de la evolución. Los hombres de aquellos tiempos sabían que las fuerzas divinas hablaban a través de este planeta, poniendo siempre en guardia a la Humanidad cuando había intentos de desviarse del plan divino. Sabían que esas potencias llevaban siempre a la Humanidad por el buen camino aunque a veces a través de severos castigos.

En cuanto a Júpiter tenían una visión diferente. Le percibían como a Zeus, el “Padre Etéreo Omnipotente”. El éter está unido a las fuerzas vitales del Cosmos, las potencias del crecimiento y desarrollo  del futuro. Se habría podido escuchar al “planeta Júpiter” hablando en estos términos: “Tenemos que conservar el hilo de la ley divina en el curso de la evolución, pero también tenemos que pensar en el futuro. Hemos de construir a partir de lo que existe en el presente para conducir a la humanidad hacia el futuro. No seremos tan severos como Saturno que sí tiene que serlo. Queremos dar un poco de libertad a la Humanidad, para que sea “joven”. Tal vez con un poco de ‘jovialidad’ la Humanidad podrá seguir su camino.” Júpiter estaba considerado como una concentración de fuerzas cósmicas, al servicio de los seres humanos, para que estos comprendieran las ideas de manera práctica y concreta. De esta forma los dos planetas, Saturno y Júpiter se combinan y desde épocas muy lejanas han realizado conjunciones como si se tratara de “congresos cósmicos”. Las fuerzas que conservan la memoria del obscuro pasado y las que quieren servir al progreso de la Humanidad se reúnen en esos momentos, discutiendo – es un decir – sobre la manera de ir hacia delante,  a partir de un cierto momento de la historia, hacia el futuro.

Hemos de tener constancia que hay sucesos bien precisos ligados con todas las fechas de esas conjunciones. Precisamente en las Islas Británicas y en Europa, nos acordamos muy bien de los años 1940/41. Estos años, así como las otras fechas ligadas a sucesos cósmicos similares,  tienen que ver con momentos históricos en que los seres humanos tuvieron que rendir cuentas,  de una parte, sobre sus vidas y de otra, recibir las nuevas perspectivas y directrices con vistas al futuro. Por ello podemos comprender que ese triángulo de las grandes conjunciones en tiempos pasados era concebido como un signo del Cosmos, un símbolo cósmico del “ojo de la divinidad que todo lo ve”, para asegurarse que la línea de la evolución se mantiene correctamente y que así se facilitaba el progreso hacia el futuro.

Hemos descubierto así que muchos símbolos tradicionales usados en el ocultismo se remiten, en última instancia, a realidades cósmicas. Esta es una de las razones por la que nosotros pensamos que es necesario establecer una nueva cosmología, espiritual, para allanar el camino con un conocimiento real y, sin embargo, plenamente espiritual, acerca de las verdades contenidas en la tradición esotérica.

[1] La eclíptica es el plano que contiene la órbita de la Tierra. Visto desde ésta, es también la trayectoria aparente del Sol alrededor de la Tierra. Los planetas orbitan igualmente en relación a este plano.

[2] A causa del fenómeno conocido con el nombre de ‘precesión de los equinoccios’, el Zodiaco sideral, ligado a las constelaciones reales, tal como podemos observarlas al mirar el cielo estrellado,  está desplazado en relación al zodiaco tropical, el utilizado en la astrología tradicional, ligado a las estaciones. En la actualidad el desplazamiento es aproximadamente de una constelación entre los dos zodiacos (este desplazamiento entre los dos zodiacos aumenta alrededor de 1º cada 72 años)

Por regla general en este libro cuando se menciona el nombre de una constelación hay que tener en cuenta el punto de vista sideral.

[3] Ver por ejemplo Los símbolos secretos de los rosacruces” en el libro “Antología de Christian Rosenkreutz”. Rudolf Steiner

Traducido por Maribel Garcia Polo

Saturno 2

Del libro CURSO DE COSMOLOGÍA – de  WILI SUCHER

 ~ 22 de Octubre 1954

English version

En el último encuentro hemos hablado de Saturno, que entró en la constelación de Libra en San Miguel, y de la transición del Padre al Hijo. Saturno es un planeta que nos tironea hacia el pasado, pero también nos lleva a ver el futuro. La posición de Saturno en el nacimiento muestra nuestra encarnación pasada, y como en un reflejo, se puede leer el pasado en la misma. Y en esa reflexión hay un vacío, por así decirlo, en el que brilla el futuro.

Nos estamos moviendo en el sentido a la evolución del otoño, el otoño de la Tierra, en el sentido del karma mundial, se puede hablar de otoño. Juan en el libro del Apocalipsis nos muestra una imagen: Hay una mujer en el cielo vestida del sol con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Ella estaba dando a luz a un hijo. Hay un dragón que arraso un tercio de las estrellas a la tierra y estaba esperando para devorar al niño. Podemos ver en este mundo de las estrellas físicas, el mundo de la ciencia moderna.

¿Quién es la mujer? En las conferencias sobre el Apocalipsis el Dr. Steiner, nos da el tiempo de cuando esto se llevará realmente a cabo en la Tierra. Actualmente nos encontramos en la quinta época cultural, a la que seguirán la sexta y la séptima. Sólo después de estas épocas tendrá lugar el momento de la “mujer en el cielo”. Ella es la visión de lo que será el alma después de la muerte. Después de la muerte nos unimos con el alma del universo. Debemos imaginar que en ese tiempo futuro,  la Tierra ya no será física y que la Luna y el Sol se habrán unido a ella. La Tierra tendrá entonces una consistencia distinta. Para entonces ya deberíamos haber aprendido a vivir como después de la muerte, ya que estaremos permanentemente en esa condición. Este es el significado de las enseñanzas que grandes individualidades como Christian Rosacruz nos han traído como preparación para la llegada de los nuevos eventos. Esta es una gran advertencia para aprender a permanecer atentos en este ámbito, después de la muerte. Uno puede pensar que la muerte es un estado de oscuridad, de la nada, pero esta idea debe ser superada. La visión de la “mujer” debe convertirse en una realidad para nosotros.

Aparte de esta imagen, hay algo más. Por debajo de la constelación de Virgo esta la constelación del dragón, la Hidra. El Hidra es el monstruo que Hércules mató al sumergir sus flechas en la sangre del dragón, lo que las hizo venenosas. Finalmente, esta sangre del dragón mató al mismo Hércules. La Hidra está conectada con la sangre y con la conciencia. Tenemos la imagen de la Virgen con el pie en la Luna y en la Hidra. Al lado de la Virgen tenemos el cráter de la copa (el portador de vino), que también está conectado con la sangre.

Tenemos que crear nuestra propia imaginación, y aprender a mirar los planetas tal como lo podríamos hacer con un reloj en el que hacemos ciertas cosas en ciertos momentos. Saturno es un indicador de tiempo, y si remontamos la historia nos encontramos con que Saturno en Libra nos muestra un carácter apocalíptico. Por ejemplo, Mani murió en febrero del año 276, cuando Saturno estaba en Libra. Fue el fundador del maniqueísmo, en Asia Menor,  enseñó  la búsqueda de un saber vivir la interacción de lo espiritual en todas las cosas materiales. Él es un Gran Líder de la Humanidad, pero él y sus seguidores fueron perseguidos, y tuvo una muerte horrible. Rudolf Steiner, dijo que Mani y el maniqueísmo llegaran a un primer plano cuando la Luna se haya reunido con la Tierra. La realidad de la gran tribulación es de gran importancia.

En la Edad Media, también había gente importante que murió cuando Saturno estaba en Libra: Copérnico, como sabemos, fue el que introdujo la concepción copernicana del mundo de los planetas que giran alrededor del Sol central. Él es quien se ocupaba de la tercera parte de las estrellas que fueron arrojadas a la Tierra por el dragón. Tycho Brahe fue también una gran individualidad que murió cuando Saturno estaba en Libra. En una encarnación anterior fue Juliano el Apóstata, que quería introducir los misterios persas en Europa, y en el siglo noveno encarno como Herzeleide, la madre de Parsifal. En un gran esfuerzo, Tycho Brahe quería contrarrestar a Copérnico, quería hacer de la Tierra el centro del universo. En años posteriores se convirtió en un vagabundo y finalmente encontró refugio en Praga, donde conoció a Kepler. Como Julián, él quería que los misterios antiguos se conservaran, y como Tycho,  quería salvar el conocimiento cósmico. En Praga trabajó con Kepler, instándolo a continuar su propia concepción del mundo. Sin embargo, tras la muerte de Tycho Brahe, Kepler trabajó más en la concepción del mundo de Copérnico. Cuando Kepler murió, Saturno también estaba en Libra. Primero fue Copérnico, después Tycho que quería salvar, o fomentar el lado espiritual, y Kepler, que volvió a la visión copernicana.

Cuando Faraday y otros científicos murieron, Saturno estaba en Libra. Saturno en Libra de alguna manera está conectado con los sentidos. Esto también culmina con Rudolf Steiner, pues cuando murió Saturno también estaba en Libra.

Después de la muerte  el cuadro del cuerpo etérico  generalmente permanece intacto durante tres días, y luego se dispersa en las estrellas. Uno puede imaginarse  abandonando poco a poco a las fuerzas de la vida como una espiral saliendo de la Tierra y continuando a través de las esferas. Se puede leer en la posición de Saturno, el dramático momento en la vida de Rudolf Steiner, cuando vivía experiencias que para él fueron una realidad interior. Muchos de los que vivían con él, no podían aceptar la realidad de un mundo espiritual; incluso Hermann Grimm no podía aceptarlo. La pregunta que se  presentó a Rudolf Steiner en cuanto a si debía permanecer en silencio, sin embargo, él decidió hablar. Esta es la esencia espiritual de si el “hijo de la mujer en el Cielo”, podrá trabajar en el futuro. Hay huellas poderosas en Libra, y estos impulsos no desaparecen. Otras personas  descienden a la encarnación para hacer frente a estos impulsos y desarrollarlas aún más. Por ejemplo, Leonardo da Vinci, cuyo Saturno al nacer estaba en el signo de Libra, tuvo la idea de máquinas voladoras, y años más tarde hubo varios que comenzaron estos dramáticos acontecimientos, que habían nacido en Libra. De momento parece que sólo han trabajado de una manera destructiva. Gottfried Hermann Schubert fue otra gran personalidad que nació cuando Saturno estaba en Libra. Tenemos que aprender a mirar cada individualidad única y trabajar con ella en un ejercicio interno de concentración e imaginación.

Respuestas a las preguntas

El zodíaco es como una columna vertebral, y las constelaciones del Zodíaco son como ilustraciones. La esencia de estas fuerzas se cultiva con la actividad del pensar. Las plantas se crean a partir del arquetipo. ¿Cuál es la diferencia entre el arquetipo y lo que se renueva?. ¿Qué hace la transición de lo viejo a lo nuevo?. La creación hasta el momento, fue una creación de la obediencia. En la “nueva” creación, tenemos la posibilidad de decir “no”, tenemos la posibilidad de desviarnos. Lucifer y Ahriman crean de la obediencia (véase el prólogo del Fausto de Goethe a continuación). Ahora tenemos la capacidad para negar la posibilidad de identificarnos desde la libertad y el amor, con el mundo divino. La nueva creación será una creación nacida del amor y de la libertad. Esto es algo totalmente nuevo. No tenemos que aceptar el mundo espiritual, podemos rechazarlo.

Saturno en Libra es una especie de columna vertebral. De alguna manera Saturno trabaja en los sentidos y de otra manera en el esqueleto. Saturno, siendo el planeta más antiguo, sabe en qué dirección tiene que ir el desarrollo del mundo. La dirección de los cielos a la Tierra es la dirección del esqueleto, por lo que Saturno trae la línea de destino a la humanidad. La virtud de Saturno, en un sentido filosófico, es la gnosis.

He mencionado a Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, y Rudolf Steiner: ¿Por qué todos han salido de la tierra con Saturno en Libra? Que tiene que ver la  cosmología con Saturno en Libra?.

 

PROLOGO EN EL CIELO

El Señor  ~ las Huestes Celestiales – detrás Mephistopheles

RAFAEL : El Sol templa, a la antigua usanza, el duelo de canto de las esferas hermanadas y culmina con un rayo su prescrito viaje. Su luz da fuerza a los ángeles, aunque ninguno puede dar razón de él. Las nobles y sublimes obras están tan espléndidas como el primer día.

GABRIEL : Y, con una velocidad inconcebible, la hermosa Tierra gira rápida sobre su eje e intercambia el esplendor paradisíaco con la noche profunda y estremecedora. Grandes oleadas de mar rompen en espuma al estrellarse en la honda base de las rocas, y estas y el mar son arrastradas por el rápido y eterno curso de la esfera.

MIGUEL : Las tempestades rugen con el desafío del mar y la tierra, de la tierra y la mar, a su alrededor e, iracundas, van trenzando una cadena del más poderoso influjo. Allí, una desolación ardiente hace brillar la senda que precede trueno; pero tus mensajeros, Señor, admiran el apacible caminar de tu día.

LOS TRES A LA VEZ : Esta visión da fuerzas a los ángeles, porque nadie puede dar razón de Ti y todas tus nobles obras están espléndidas como el primer día.

MEFISTÓFELES : Señor, ya que te acercas otra vez a preguntar cómo nos va todo por aquí, y ya que te agradó mirarme en otros tiempos, estoy de nuevo entre tu servidumbre. Perdona que no pueda hablarte con palabras elevadas, aunque de mí se mofe toda esta reunión; mi patetismo te haría reír, si no te hubieras acostumbrado a dejar de hacerlo. No sé nada sobre el sol y los mundos, sólo veo cómo se atormenta el hombre. El pequeño dios del mundo sigue igual que siempre, tan extraño como el primer día. Viviría un poco mejor si no le hubieras dado el reflejo de la luz celestial, a la que él llama razón y que usa sólo para ser más brutal que todos los animales. Lo comparo, con licencia de Vuestra Gracia, con esas cigarras zancudas que vuelan continuamente, dando saltos, y, una vez que están sobre la hierba, cantan su vieja canción. ¡Si al menos permanecieran en la hierba!, pero no, tiene que meter las narices donde no le importa.

EL SEÑOR : ¿No tienes nada más que decir?, ¿sólo vienes aquí a acusar? ¿Es que no hay sobre la tierra nada bueno?

MEFISTÓFELES : No, Señor; sinceramente me parece que allí todo va tan mal como siempre. Compadezco la vida de calamidades que llevan los hombres. Ni siquiera me apetece atormentar a esos desdichados.

EL SEÑOR : ¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES : ¿El doctor?

EL SEÑOR : Mi servidor.

MEFISTÓFELES: Sí; y cierto es que os sirve de una manera muy peculiar. Ni la comida ni la bebida de ese insensato son terrenales. Su inquietud lo inclina hacia lo inalcanzable, pero percibe su locura sólo a medias. Le exige al Cielo las más hermosas estrellas y a la Tierra los goces más elevados y, sin embargo, nada cercano ni lejano sacia su pecho profundamente agitado.

EL SEÑOR: Aunque ahora me sirve en la confusión, pronto lo llevaré a la claridad. El jardinero sabe, cuando el arbolito echa renuevos, que le crecerán ramas y le saldrán frutas.

MEFISTÓFELES : ¿Qué apostáis? Todavía habéis de perder si me permitís llevarlo a mi terreno.

EL SEÑOR : Mientras él viva sobre la tierra, no te será prohibido intentarlo. Siempre que tenga deseos y aspiraciones, el hombre puede equivocarse.

MEFISTÓFELES : Te lo agradezco, pues con los muertos nunca me he entendido muy bien. Prefiero unas mejillas frescas y gordezuelas. Con un cadáver no me encuentro nunca a gusto: me pasa lo que al gato con el ratón.

EL SEÑOR: Bien, lo dejo a tu disposición. Aparta a esa alma de su fuente originaria y, si puedes aferrarla por tu camino, llévala abajo, junto a ti. Pero te avergonzará reconocer que un hombre bueno, incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino.

MEFISTÓFELES: ¡Muy bien!, no tardaremos mucho tiempo. No me da miedo la apuesta. Permíteme, si logro mi objetivo, sentirme henchido por mi triunfo. Para mi regocijo, él tendrá que morder el polvo, como mi tía, la famosa serpiente.

EL SEÑOR: Podrás actuar con toda libertad. Nunca he odiado a tus semejantes. De todos los espíritus que niegan, el pícaro es el que menos me desagrada. El hombre es demasiado propenso a adormecerse; se entrega pronto a un descanso sin estorbos; por eso es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio. Pero vosotros, auténticos hijos de Dios, disfrutad de la viviente y rica belleza. Que lo cambiante, lo que siempre actúa y está vivo, os encierre en los suaves confines del amor, y fijad en ideas eternas lo que flota en oscilantes apariencias.

(El Cielo se cierra y los Arcángeles se dispersan.)

MEFISTÓFELES: De vez en cuando me gusta ver al Viejo y me guardo de indisponerme y romper con Él. Es muy generoso que un señor tan grande tenga la bondad de hablar incluso con el diablo.

Traducido por Gracia Muñoz

 ©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN – 1888686-11-1

All rights reserved. These lectures are for private use, study, and research only and are not to be reprinted for any other purpose without the written permission of the Astrosophy Research Center