Simbología y Cosmología

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y el rostro cambiante de la Cosmología“. Parte I.

 

Ahora vamos a tratar de comprender los símbolos que han sido utilizados desde los tiempos más remotos para designar los signos y las constelaciones del Zodiaco. Se formaron a partir de conocimientos muy profundos: no se eligieron al azar. Algunos de ellos tienen cierto parecido con las imaginaciones que están detrás de las constelaciones, otros por el contrario parecen más oscuros. Incluso tendríamos que modificar alguno de ellos para adaptarlos mejor a nuestra época. Esto nos conducirá a comprender la manera en que la Humanidad ya ha transformado estas constelaciones del Zodiaco a lo largo de la Historia. Sin saberlo, hemos contribuido así a cumplir con la tarea ético-espiritual en relación a las estrellas, en el sentido sugerido por Rudolf Steiner: “En otros tiempos las estrellas hablaron a los hombres. Después quedaron mudas y su silencio es la fuente de un profundo sufrimiento. Pero en la quietud del silencio estamos llamados a “hablar a las estrellas”[1]. Haciéndolo así podremos realizar nuestra naturaleza espiritual como seres humanos.

f5a

El primer símbolo es el de Aries (Fig.5.1ª) En esta imagen podemos apreciar los cuernos del carnero, sin embargo parece una explicación demasiado superficial. Además no nos ayuda a encontrar la explicación en cuanto a la cualidad de esta constelación. La constelación de Aries está ligada al arquetipo cósmico de la cabeza humana. Se trata, en cierto sentido, de la esencia raíz, del comienzo del Zodiaco. En las descripciones y representaciones de la Edad Media, Aries estaba representado tumbado en el suelo, mirando hacia atrás, a la muchedumbre que le seguía, constituida por Tauro, Géminis, Cáncer y todos los demás. Por tanto, Aries es el leader de las huestes del Zodiaco. Contemplando su asociación con la cabeza humana nos preguntamos: ¿Eso es todo? ¿No hay otro desarrollo posible? En función de su forma y de su función, la cabeza humana da la impresión de estar fija y fijada para siempre. ¿No podría haber otra utilidad más elevada en el futuro, escondida en esta cabeza humana? Hasta ahora, su papel era servir de lugar donde se concentran en el cuerpo humano todos los principales órganos de los sentidos: la vista, el oído, el gusto, el olfato. En ese lugar se encuentra igualmente el cerebro, el órgano del pensar intelectual, del pensar “estadístico” que reposa en las percepciones sensoriales.

Ahora podríamos preguntarnos: ¿y que significa todo esto? ¿Cómo  ha ocurrido todo esto? Intentando encontrar alguna indicación para poder responder a estas preguntas, vamos a dirigirnos al mundo de las plantas. La planta puede ser considerada como una “hermana” del hombre, que fue dejada de lado por la raza humana en algún lugar de su camino evolutivo hacia la realización de su condición como ser humano. Por ello la planta puede enseñarnos algo sobre la evolución de la forma humana. La planta está organizada de manera diametralmente opuesta al cuerpo del ser humano. Ella hace penetrar sus raíces en el suelo. Podemos concebir este organismo-raíz como el equivalente a la cabeza humana. Sus miembros – las hojas con sus tallos y flores – están orientados hacia el cielo, recibiendo lo que viene de él y aportándolo al ser de la planta. De esta forma las semillas que sirven a la reproducción llegan finalmente a  madurar. El ser humano, por el contrario, está de pié sobre la tierra, con sus miembros, y todo el conjunto de su sistema metabólico, orientados hacia la Tierra. La cabeza, en cambio, se vuelve hacia el cielo aunque esté completamente encerrada en la caja craneal. Sin embargo hay indicaciones que demuestran que nuestro ser tiene sus raíces en el cosmos. Por ejemplo, el Moisés de Miguel Ángel aparece con dos ‘cuernos’, o dos rayos, que parten de su frente. Miguel Ángel quiso demostrar con esto que, según la antigua sabiduría, Moisés había desarrollado algo más que una simple relación con el Cosmos: se trata de un órgano de percepción espiritual. En Oriente se llama ‘la flor de loto de dos pétalos’ y está situada entre los dos ojos, cerca de la glándula pituitaria. Aunque esto se refiere a estadios pasados de la historia, también podemos ver en ello un anticipo de la cabeza humana del futuro. Moisés inauguró la corriente que finalmente desembocó en la intelectualidad, en la posibilidad de percibir el mundo de manera objetiva. Fue una preparación necesaria para estudiar objetivamente los sucesos de Palestina durante los tres años del ministerio del Cristo sobre la Tierra. Al margen de esto, este ‘órgano’ de Aries indica también la posibilidad de una nueva relación con el Universo, del desarrollo de los órganos de percepción que van más allá que los órganos de los sentidos físicos. Estas flores de loto, conocidas también con el nombre oriental de ‘chakras’ pueden ser desarrollados por cada ser humano que se esfuerce en seguir una disciplina meditativa y contemplativa. Rudolf Steiner dio muchas indicaciones a este respecto. Gracias a dicho desarrollo interior podemos entrar de nuevo en relación con el Espíritu del Cosmos y desarrollar nuestra cabeza, o nuestro ‘órgano de Aries’ para que se convierta en un ser-raíz, en un sentido completamente nuevo.

Naturalmente la realización de esto es una de las cosas más difíciles que le espera a la Humanidad. Algunas personalidades históricas aisladas, tales como Emerson[2] o Grünewald[3] el pintor de la Edad Media, empezaron a tomar ese camino. En particular el Retablo de Issenheim, de Grünewald que muestra el Nacimiento, la Crucifixión y también la Resurrección es, en cierto sentido, una representación de lo que puede llegar a ser Aries en el futuro, gracias a los hombres. A la muerte de Grünewald (1528) y de Emerson (1882) Saturno se encontraba en la constelación de Aries. Contrariamente al cielo en el momento del nacimiento, vemos en la posición de los planetas en el momento de la muerte una imagen de los resultados de una vida humana, de sus éxitos y, por supuesto, también de sus fracasos. Saturno ilustra mejor lo que está en juego con las preocupaciones de la Humanidad, lo asimilado por una consciencia histórica con vistas a la perfección o redención en el futuro.

Otros dos personajes importantes murieron cuando Saturno entraba en la constelación de Aries: se trata de Dostoïevski[4] (✝1881) y Shelley[5] (✝1822), Podemos decir, por tanto, que esta constelación, considerada como arquetipo de la cabeza humana, es una imagen de la Creación (en el sentido del Génesis). Este aspecto está en cierto modo ilustrado por el símbolo tradicional que se utiliza y que indica un flujo desde lo alto hacia abajo (Ver Fig. 5.1a) Pero esta representación tendrá que ser transformada para los tiempos modernos y, sobre todo, para el futuro. Ahora esto recae completamente  en las facultades de la Imaginación ética y de la creación intuitiva de cada individuo. Para ir en esta dirección el símbolo de Aries tendría que darse la vuelta (Fig. 5.1b) de manera que indicara como una floración, una abertura activa hacia las alturas del espíritu, hacia lo que representa la inmensa imagen cósmica de nuestro ser.

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Tauro (el Toro) está representado con el símbolo de la figura 5.2a que proviene de los tiempos antiguos. En los cuernos de la parte exterior del círculo se puede ver como una especie de cuerno de la abundancia, conteniendo todo el Cosmos, que ha encontrado apoyo en el mundo de abajo, el mundo de la materia. En efecto, antiguamente el Toro estaba íntimamente ligado a la creación del mundo físico material a partir del poder y del ser del Logos en el Universo. Por ello se asociaba igualmente el Toro (Tauro) a la palabra. En el principio fue el Verbo cósmico quien creó el mundo. Ahora también podríamos preguntarnos qué podría ser transformado a este respecto: tendría que ver con la comprensión del origen espiritual de este mundo de la materia. Además tendría también que ver con el desarrollo de las facultades creativas en el sentido de la palabra y el sonido. Podemos encontrar pruebas de ello, por ejemplo, en Ferdinand Meyer[6] uno de los más grandes poetas y novelistas suizos, ‘maestros del verbo’, que murió en 1898 cuando Marte, la Tierra, Neptuno y Plutón se encontraban en Tauro (desde el punto de vista heliocéntrico). En el momento de la muerte de Tennyson[7] Venus, Neptuno y Plutón estaban en el Tauro sideral – Neptuno y Plutón muy próximos. El filósofo alemán Schelling[8] murió (en 1854) cuando Saturno y Venus se encontraban en Tauro. Al principio Schelling se interesó por una “filosofía de la Naturaleza” pero terminó por escribir y dejar a sus contemporáneos una “Filosofía de la Revelación”. Es decir, que partiendo de una contemplación filosófica de la Naturaleza, se volvió hacia el conocimiento de la actividad del espíritu tanto en el seno de la Naturaleza como del ser humano. Por otro lado, Tomás Kempis[9] murió (en 1471) cuando Saturno estaba en Tauro. Fue, posiblemente, el autor de La imitación de Cristo, libro muy conocido de la Edad Media, traducido a más de 50 idiomas y re-editado con más de 6000 ediciones.

Encontramos a Urano en Tauro en el asterograma de muerte de dos grandes personalidades. El primero Gotthilf Heinrich Schubert[10] filósofo alemán muerto en 1860, que fue además científico y, en lenguaje moderno, un buen psicólogo. Además de todo eso fue un eminente cosmólogo, habiendo escrito varios libros sobre la interrelación del microcosmos con el macrocosmos en los cuales trató de describir los secretos espirituales de la Creación a partir del Cosmos, en un estilo muy marcado por la influencia de Tauro. El segundo personaje fue Tomás de Aquino[11] el gran maestro de la escolástica medieval del s. XIII. Murió en 1274 cuando Urano se encontraba en la constelación de Tauro. Estos personajes estaban verdaderamente anclados en la realidad material pero trataron de encontrar los aspectos espirituales del Logos detrás de la existencia materialista exterior. A partir de estas reflexiones nos gustaría modificar ligeramente el símbolo de Tauro (Fig. 5.2b): arriba un inmenso mundo cósmico impregnando, abajo, el mundo físico.

La constelación de Géminis nos recuerda a las Jerarquías bajo diversos aspectos: las grandiosas Jerarquías en la Naturaleza, en el Cielo y sobre la Tierra y, en sentido espiritual, las Jerarquías divinas. También podemos concebir una Jerarquía en sentido social, en particular en las Fundaciones y Órdenes sociales de la antigüedad, construidas de manera jerárquica, por ejemplo en Asia, antes de la venida de Cristo, que sobrevivieron hasta mucho tiempo después. Se trata de un principio que actuaba y sigue actuando siempre en contra del progreso y que es el responsable de la mayoría de los problemas actuales en Asia. Géminis tiene que transformarse: el elemento vertical – arriba y abajo – expresado en el antiguo símbolo de los Gemelos (Fig. 5.3a) tiene que combinarse con el elemento horizontal, el que va de parte a parte, de derecha a izquierda. En la medida que eso concierne a una comunidad quiere decir el establecimiento de la fraternidad. Podemos tratar de expresarlo sustituyendo el antiguo símbolo de los Gemelos por uno nuevo que sería como una cruz (Fig. 5.3b). Con esto se indica que son “dos” pero de tal manera que lo horizontal se combina armoniosamente con lo vertical. Entre las personas que murieron cuando su Saturno estaba en Géminis encontramos a Beethoven (✝1827). Estudiando su vida se puede tener la impresión que él mantenía una especie de relación de “fraternidad” con el mundo espiritual. A partir de esta “proximidad en un sentido horizontal” pudo crear sus grandiosas composiciones. William Blake[12] murió cuando su Saturno estaba en Géminis (en 1827). Él tenía una relación muy especial, “fraternal”, con el mundo invisible de los Cielos. Según parece este mundo invisible se le abrió después de la muerte de su hermano, con el que había estado muy unido durante su vida. Tenían una relación muy entrañable, siempre “uno al lado del otro”, apoyándose, como lo expresa el símbolo horizontal de Géminis. Después de que su hermano entró en el mundo invisible, a través de la muerte, se añadió el aspecto vertical a su relación, expresión de uno que estaba “arriba” en el cielo y el otro “abajo” en la Tierra. Blake fue capaz de expresarlo así tanto en sus pinturas como en sus poemas.

A continuación encontramos el extraño fenómeno de la personalidad del americano Edgar Cayce (1877-1945) que también murió cuando Saturno estaba en Géminis. Era un hombre sencillo, sin ninguna educación superior especial. En cierto momento de su vida descubrió que podía entrar en un profundo trance cuando le venía en gana. Un libro publicado acerca de él le calificaba como “profeta durmiente”. En  estado de trance podía contar cosas llenas de verdad. Muchos enfermos se acercaron a él y en  estado de sueño profundo era capaz de sugerir no sólo diagnósticos, sino terapias realmente eficaces, que aún hoy en día son utilizadas por numerosos médicos en los Estados Unidos. Cuando despertaba del trance, no recordaba lo que había contado entonces. Fue un caso único y singular que no se puede repetir por casualidad. Pero como fenómeno indica el posible potencial de la constelación de Géminis.

Rembrandt[13] también murió cuando Júpiter estaba en Géminis (✝1669). En sus pinturas más conocidas trató de manera muy creativa la problemática de la obscuridad y la luz. Esta es también una “propuesta” de Géminis: conseguir mantenerse una al lado de la otra, la luz y la oscuridad, dejando que una sirva de soporte a la otra.

f5.3

Ahora llegamos a la constelación de Cáncer, para la que se utiliza el símbolo de las dos espirales separadas (Fig. 5.4a). Entre los dos principios se ha introducido un desgarro o un corte. En sentido general se puede entender que uno se refiere a la involución y el otro a la evolución. Entre los dos, un gran abismo. Esto se refiere al antiguo Cáncer del que habla la mitología escandinava, representando el puente Bifrost que antaño permitía la unión de Asgard y Midgard. Este mito expresa que en un pasado muy lejano los habitantes de Midgard tenían acceso al reino del espíritu, a los dioses. Este puente fue destruido en el transcurso de una gran batalla conocida como el “Crepúsculo de los Dioses” que señala la pérdida de la Humanidad de la visión del mundo espiritual. Fue una gran batalla entre los dioses y las fuerzas opositoras conducidas por Loki, el dios del Mal. En mi libro Cristianismo cósmico[14]hemos descrito cómo esta gran ruptura fue superada y reparada por el acontecimiento del Cristo. Juan el Bautista así lo reconoció cuando dijo: “Arrepentíos, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mat. 3,2) El “Sermón de la montaña” revela estos profundos misterios con todo detalle (Mat. 5-7) Esta construcción de “nuevos puentes”, que tiene que ver con Cáncer, necesita una transformación del símbolo antiguo. Por ejemplo, podríamos imaginarnos los dos flancos de una montaña y un profundo abismo entre ellos (Fig. 5.4b) Algo así como un puente uniendo los dos flancos. Evidentemente sólo se trata  de una propuesta. Sin duda en tiempos venideros podremos encontrar nuevos símbolos auténticos para el símbolo de Cáncer. Sin embargo, incluso esta “construcción de puentes” comprende perspectivas concretas.

f5.4

Cuando Cristóbal Colón murió (en 1506) Saturno se encontraba en la constelación de Cáncer y Leo. Él puso las piedras de fundación del puente que va del viejo al nuevo continente. Él sufrió durante años, decenios, antes de alcanzar su meta, descripción viva de lo que Cáncer puede hacer en sentido muy concreto.

 A la muerte de Miguel-Ángel (✝1564) no sólo estaba Saturno en Cáncer, sino también Júpiter, como si el pasado y el futuro de la evolución estuvieran implicados, en ese momento, en una conferencia cósmica. Miguel Ángel empleó para sus obras artísticas el material más duro que pudo encontrar sobre la Tierra, el mármol, transformándolo en maravillosas obras de arte, en especial las que se relacionan con la vida de Cristo. Con ellas edificó puentes por encima del abismo. En su trabajo, el abismo era el duro material que utilizaba, las rocas de la Tierra, lo que cayó más profundamente en el interior de la Tierra, alejándose así lo más posible del espíritu. Él lo transformó en las maravillosas representaciones del Hecho de Cristo en el Gólgota.

El poeta alemán Novalis[15] murió cuando Júpiter estaba en Cáncer (1801). Entre sus obras hay por lo menos tres volúmenes que parecen calendarios en los que habla prácticamente de todo lo que el hombre puede encontrar sobre la Tierra en el terreno de las ciencias, el arte y la religión. Con sólo unas pocas palabras es capaz de dar una visión de gran inspiración de esas esferas, construyendo así los puentes para un mejor conocimiento.

Paracelso murió estando Marte en Cáncer (✝1541). Este gran médico de la Edad Media dedicó toda su vida a construir un puente entre lo que se producía sobre la Tierra como fenómenos de las enfermedades humanas, y lo que trabaja como fuerzas de construcción y de creación en el Cosmos. Lo hizo con ánimo de encontrar remedios eficaces para la curación. En uno de sus libros dijo, por ejemplo: “Esta ciencia que es capaz de aportar las fuerzas del cielo a una substancia intermediaria y ponerlas en actividad en la misma ocasión, es verdaderamente mágica”. Y también: “Es posible que un hombre pueda abrazar y aferrar el conjunto del Universo con su comprensión, con todos sus fundamentos, percibiendo con claridad su perfecta totalidad.”[16]  De esta manera trató de construir un puente entre el Cosmos y el mundo terrenal.

f5.5

    Para la constelación de Leo utilizamos el símbolo de la figura 5.5a. En los tiempos antiguos éste simbolizaba el hecho de salir de la Tierra hacia la periferia y finalmente hacia el Cosmos. También este símbolo tiene que ser modificado en la época presente y todavía será más necesario en el futuro. De momento podemos pensar únicamente en invertir su dinámica. Tenemos que imaginarnos tomando el camino desde la periferia hacia el centro (Fig. 5.5b) directamente hacia el corazón humano. Para llegar a ser verdaderamente humanos tenemos que llegar a una comprensión más profunda que la que podíamos alcanzar hasta ahora, de la actividad de las fuerzas cósmicas, así como desarrollar una cierta facultad para utilizarlas de manea constructiva de manera que el ser humano pueda alcanzar su verdadera cualidad como Hombre sobre este planeta. Encontramos en la historia un ejemplo verdaderamente esclarecedor: cuando murió Goethe (en 1832) Saturno se encontraba en la constelación de Leo. La universalidad del gran poeta, así como la aportación de esta universalidad o “periferia”, a la experiencia de la vida terrenal es la expresión de este nuevo motivo de Leo, al menos en forma de germen. Otro personaje que trató de encontrar la comprensión de la cosmología, de descubrir cómo actuaba el cosmos sobre las substancias terrestres fue Culpeper (1616-1654)  el famoso herborista inglés que también murió cuando Saturno estaba en Leo. Durante su relativamente corta carrera vital, de sólo 38 años, se esforzó en descubrir la acción de los planetas sobre las plantas que se utilizaban con fines medicinales. Publicó numerosos libros ilustrados que describían los nombres de numerosas plantas medicinales. Al mismo tiempo daba, en cada caso, lo que él consideraba que era la relación correspondiente con el mundo planetario.

 Otra extraña personalidad histórica fue el médico Nostradamus (1503-156) que murió igualmente cuando Saturno estaba en Leo. El suyo fue un destino bastante difícil. Recibió formación como médico y cumplió bien su trabajo, sin embargo llegó a ser célebre gracias a sus profecías, que escribió en forma de versos, conocidas como “Centurias”, extrañamente veladas, habiendo sido numerosas las personas que han tratado de descifrar estos poemas. En ciertos casos sólo han sido comprendidas después que tuvieron lugar ciertos acontecimientos. Uno de estos sucesos fue el gran incendió de Londres en 1666. Después de tener lugar alguien comprendió de repente que Nostradamus lo había predicho un siglo antes. Profetizó muchas otras cosas, siempre en el mismo estilo velado que, en el tiempo en que fueron escritas y publicadas, fueron consideradas verdaderos enigmas. Parece ser que él recibía estas profecías de manera extraña. Se dice que vivía en una casa con un patio interior en el que se sentaba, durante la noche, después que su sirvienta se había acostado, y meditaba sobre los reflejos de las estrellas sobre las aguas del estanque que había en el patio. La luz de las estrellas se rompía en el reflejo y en este fenómeno de ruptura él recibía las extrañas revelaciones conocidas como sus profecías.

Gotthilf Heirich Shubert del que ya hemos hablado antes, también murió cuando Saturno se encontraba en Leo. Nos referimos a él en relación a Urano en Tauro. También Jacob Boehme, el célebre místico y teósofo alemán (1575-1624) murió cuando Saturno se encontraba en Leo. Fue una notoria personalidad entre todos los teósofos y místicos de la Edad Media: a pesar de su simple profesión de zapatero, escribió los libros más profundos sobre cuestiones místicas y espirituales. Consiguió unir a la perfección la “periferia” espiritual del ser humano con el mundo terrenal en el que tenía que vivir y que viene indicado en el símbolo de Leo en el pequeño circulito.

f5.6

Para Virgo habitualmente se utiliza el símbolo representado en la figura 5.6a. ¿Cuál es su significado? Es algo extraño. Podemos tratar de entenderlo si lo estudiamos junto al de Escorpio (Fig. 5.8a) Evidentemente entre ambos se encuentra Libra (la Balanza) Las dos representaciones de Virgo y Escorpio parecen ser modificaciones de la letra “m” pero nosotros sugerimos transformarlas en la imagen de tres puertas sucesivas que hay que franquear para alcanzar la Iniciación. De esta forma, en el caso del símbolo de Virgo renovado (Fig. 5.6b) indicamos que finalmente lo que podemos alcanzar es la sabiduría cósmica, lo que viene evocado en la imagen de la serpiente de la sabiduría y de la vida. Sabiduría y vida son dos aspectos del mismo elemento cósmico. Un buen representante de esos dos aspectos es Leonardo da Vinci, que murió cuando Saturno estaba en la constelación de Virgo (1519). El estudio de su vida y sus trabajos puede convencernos de que siempre buscó desentrañar los misterios de la vida en todo lo que hacía. Tomemos por ejemplo su cuadro más conocido: la “Última Cena”.  El estudio de las posturas de los 12 discípulos es una revelación en sí mismo: sus posiciones son una representación de las 12 constelaciones del Zodiaco. En particular los gestos de las manos revelan que Leonardo poseía un profundo conocimiento de los misterios cósmicos y de la sabiduría contenida en las constelaciones. Podríamos citar muchos más personajes que murieron cuando Saturno se encontraba en Virgo, en especial,  uno de los más conocidos: el filósofo griego Platón, muerto en el año 348.

f5.7

Para la constelación de Libra se utiliza como símbolo una balanza con dos platillos (Fig. 5.7a) Podríamos sugerir un nuevo símbolo que sería algo así como un amanecer o un anochecer (Fig. 5.7b) cuando el Sol se encuentra en equilibrio entre la luz y la oscuridad. En la medida que el ser humano está ligado a esta constelación, en efecto podemos encontrarla asociada con todo lo que se relaciona con la decisión y la “acción de pesar”. A título de ejemplo, las configuraciones en el momento de la muerte de tres grandes astrónomos de la Edad Media muestran a Saturno en Libra. El primero es Copérnico[17](✝1543). Introdujo el sistema que lleva su nombre. Le sigue Tycho Brahe[18](✝1601) que no pudo aceptar el punto de vista de Copérnico por razones éticas y espirituales. Saturno también se encontraba en Libra el día de la muerte de Kepler (✝1630). Durante los últimos meses de su vida Tycho Brahe trabajó con Kepler, pero después de la muerte de Brahe, Kepler se sintió obligado a seguir adelante con el sistema copernicano. Con estos tres casos de Saturno en Libra tenemos la imagen de una terrible batalla histórica: Copérnico dudó mucho antes de introducir el sistema heliocéntrico. Tycho de Brahe no lo adoptó porque no podía aceptar que la Tierra fuera destronada de su posición central. Kepler siguió más adelante las indicaciones de Copérnico porque veía en ellas una necesidad para la posterior evolución de la Humanidad moderna. En tiempo mucho más cercano podemos mencionar a Rudolf Steiner[19] fallecido en 1925 cuando Saturno acababa de entrar en la constelación de Libra. En este caso nos encontramos ante una fase totalmente nueva, pues se trataba de una nueva perspectiva de Libra. Ésta está asociada a la apertura de ‘puertas’ de una manera totalmente nueva: se trata de la renovación de los antiguos Misterios cultivados en los templos sagrados. Steiner preparó el camino ofreciendo a la humanidad actual un medio de desarrollo interior y de transformación de uno mismo, de manera que los que decidan seguirlo podrán alcanzar de nuevo el conocimiento del mundo espiritual, llegando a percibir la realidad de ese mundo del espíritu. De esta forma podemos comprender que la constelación de Libra sería como el punto de equilibrio entre Virgo y Escorpio. A través de las puertas de Virgo entramos en los misterios de la sabiduría cósmica y de la vida.

f5.8

Escorpio presenta igualmente tres puertas, pero cuando uno las franquea se encuentra algo diferente de lo que sucede con las puertas de la constelación de Virgo. En Escorpio podemos alcanzar los misterios del alma eterna a condición de que hayamos aceptado considerar la muerte como la puerta de la resurrección (Fig. 5.8b)  Personalidades históricas  muy ligadas a Escorpio tomaron ese camino. Uno de ellos, de quien ya hemos hablado, es Vladimir Soloviev. A su muerte, en 1900, Júpiter se encontraba en Escorpio, que ya estaba en esa posición el día de su nacimiento en 1853. En su carta natal  podemos descubrir una gran  afinidad con la Divina Sofía, la Hagia Sophia, de la que tuvo una experiencia en tres ocasiones a lo largo de su vida. A su muerte este mismo Júpiter, inspirado por los actos realizados durante su vida, hizo visible desde los cielos la nueva imagen de Escorpio. A partir de entonces, desprovisto de su aguijón mortal, como aparecía en el antiguo signo, se representa como el símbolo del paso del alma humana al mundo de las realidades espirituales, vividas como la Divina Sofía.

Otros que también fallecieron cuando Júpiter se encontraba en Escorpio son Bernard de Clairvaux (✝1153) y Rafael (✝1520) el célebre pintor del Renacimiento. Como creemos que estos personajes son bien conocidos del público en general pensamos que no es preciso hacer más comentarios sobre ellos.

f5.9

En la figura de Sagitario (Fig. 5.9a) se expresa un dinamismo preciso: la flecha que el arquero envía hacia el espacio cósmico. Nosotros sugerimos añadir un pequeño círculo en el lugar de donde sale la flecha. ¿Qué queremos indicar con ello? En las antiguas cartas estelares se representaba a Sagitario con la forma de un centauro, mitad inferior animal (caballo), mitad anterior y superior, con forma humana. Volvamos ahora a la forma Centauro-Sagitario de manera que la cabeza sea la Tierra y el cuerpo del caballo se mueva en el firmamento. En otras palabras,  Sagitario se “encarna” en el mundo cósmico en su totalidad, el Zodiaco, así como en las esferas planetarias. Él quiere elevar esta incorporación – evidentemente todavía inconsciente – a la consciencia terrenal totalmente despierta y a la capacidad creativa. Por otra parte, sabemos que Soloviev murió en el momento que Saturno se encontraba en Sagitario y que Júpiter también estaba en la misma constelación en el momento del fallecimiento de Rudolf Steiner. Júpiter también está ligado al nacimiento de la Antroposofía en los años 1900-1901/1902, como pueden dar testimonio diversos hechos bien conocidos.

f5.10

El símbolo tradicional de Capricornio es algo oscuro (Fig. 5.10a) En la antigüedad esta constelación se consideraba como la puerta de los dioses. Se expresa claramente en las asociaciones formadas por los hombres con Capricornio en el momento de su entrada en el mundo espiritual. Es muy significativo el hecho de San Francisco de Asís[20] que murió en 1226 en el momento en que  no solamente Saturno, sino también Júpiter estaban en Capricornio (desde el punto de vista heliocéntrico) San Francisco no sólo tenía conocimiento del mundo espiritual, sino que estaba muy unido a él: basta pensar en la visión que tuvo de un Serafín crucificado que imprimió los estigmas en todo su cuerpo.

El poeta alemán Christian Morgenstern  también falleció cuando Júpiter se encontraba en Capricornio en 1914. Estudiando su vida, ligada a la Antroposofía, y sus poemas, uno se convence que tenía un lazo nada superficial con el mundo espiritual y con la realidad del espíritu.

Swdenborg, el místico y teósofo sueco, (1688-1772) también murió cuando Júpiter y Marte estaban en Capricornio (heliocéntricamente). Hahnemann, (1755-1843), médico alemán fundador de la Homeopatía, falleció cuando Júpiter y Mercurio estaban en Capricornio (heliocéntricamente). Hahnemann sostenía que reduciendo al máximo la sustancia material, gracias a la dilución según el proceso homeopático, podían ser liberadas las fuerzas espirituales y, según él, podían entonces actuar con más fuerza y hacer más efectivos los tratamientos. Demostración de su estrecha relación con el mundo del espíritu.

f5.11

Para Acuario utilizamos el símbolo de la figura 5.11a que muestra con toda evidencia el agua que corre. Pero se trata del “agua” estelar, de las fuerzas etéreas del cielo. Estas últimas constelaciones: Capricornio, Acuario y, en cierta medida, también Sagitario están “reservadas” para el futuro. Nosotros, los seres humanos, todavía no estamos preparados para dominarlas ya que el punto vernal sólo las alcanzará en un futuro muy lejano. Sin embargo tenemos algunos ejemplos aislados que muestran en qué dirección podría ir la evolución. En el momento de la muerte de Culpeper, ya mencionado en relación a Saturno en la constelación de Leo, Júpiter se encontraba en Acuario. Su interés por el mundo de las plantas y sus propiedades terapéuticas atestigua su comprensión del mundo etéreo, es decir, de las fuerzas de vida. Goethe murió en 1823, cuando Júpiter también estaba en Acuario (heliocéntricamente) Su concepto, o mejor, su imaginación de la “proto-planta” nos confirma que también tenía un profundo conocimiento de esta esfera de las fuerzas de vida del Universo. Para terminar mencionaremos a Thomas Vaughan[21] alquimista galés que tenía a Júpiter en Acuario en su carta de muerte, en 1666. Sus estudios alquímicos demuestran que había conquistado el acceso a las fuerzas formatrices y creadoras de la Naturaleza, es decir, del mundo etéreo.

La constelación de Piscis tiene mucho que ver con nuestra Humanidad actual pues, a pesar de lo que dicen ciertas personas, el punto vernal (equinoccio de primavera) todavía se encuentra en el signo de Piscis, si bien es cierto que, de manera segura y cierta las aguas de Acuario se están aproximando al punto vernal. En otras palabras nos dirigimos hacia una doble propuesta en relación a este último. Esta constelación crea un puente estelar entre Aries y Acuario. Aries representa el pasado, cuya misión fue alcanzar las capacidades del intelecto y del cerebro. Acuario es el futuro que exigirá de nosotros la facultad de dominar las fuerzas de origen cósmico de manera correcta. Entre ambos se encuentra la Humanidad actual, llamada a encontrar el justo equilibrio, sin el cual tendría que hacer frente a un desastre total. Eso se expresa con facilidad si completamos el símbolo de la figura 5.12a, para mostrar dos mundos unidos horizontalmente (Fig. 5.12b) La constelación de Piscis se corresponde también con la región arquetípica de los pies y las manos en lo que se refiere a la figura humana, que son los instrumentos para llegar a la independencia y la emancipación, si comparamos la forma humana con la de la planta. Y es esta independencia y libertad espiritual, alejada de cualquier forma de tradición y dogmas, la que necesita conquistar la Humanidad moderna para prepararse para las exigencias del futuro.

f5.12

Uno de los medios para alcanzar la libertad espiritual fue el desarrollo de las ciencias naturales, aunque dicho desarrollo contiene en su interior el peligro de dirigir a la Humanidad hacia la no-libertad y hacia unas ataduras que, a menudo, se nos muestran más terroríficas que las del pasado. Ahora podemos comprender que en las configuraciones de nacimiento de muchos de los científicos modernos  más conocidos, se encuentran ciertos aspectos muy ligados a  Piscis. En el momento del nacimiento encontramos en el cielo los grandes desafíos que se perfilan para el ser humano, que provienen de las potencias que trabajan en relación a la conducta espiritual de la Humanidad. Por supuesto no tenemos ninguna garantía de que el hombre en cuestión responderá a dichos desafíos, porque eso se le deja a su libre voluntad. De los que vamos a hablar a continuación no siempre consiguieron tener éxito al hacerlo. Kepler, del que ya hemos hablado en relación a Copérnico y Tycho de Brahe, nació cuando Júpiter estaba en Piscis (en 1571). Isaac Newton, el físico y matemático inglés, nació en 1642 cuando Júpiter y Saturno estaban a su vez, en Piscis (poco antes de su conjunción heliocéntrica). Faraday[22], inventor de la dynamo eléctrica, vino al mundo en 1791 cuando Saturno estaba en Piscis y Júpiter, en el lado opuesto, en Virgo. Darwin[23] nació en 1809, cuando Júpiter estaba en Piscis.

Aquí nos encontramos con una visión de primera fila de la gran batalla que hace furor en nuestra época. Evidentemente se trata de una lucha por la liberación de los antiguos conceptos y las viejas prácticas. Pero sólo podremos conseguir el éxito si nos preparamos para poder  identificar nuestra propia existencia con libertad de conocimiento, con los motivos cósmicos de la existencia, es decir, con la dinámica de Acuario. Si no nuestra propia integridad estará en peligro y, posiblemente, nos destruiremos a nosotros mismos, lo que parece cada vez más evidente en estos últimos tiempos.

[1] Alusión al poema de Rudolf Steiner del 25 de diciembre de 1922 (ver página 30) y Solsticios y Equinoccios.

[2] Ralph Waldo Emmerson (1803-1882), escritor, poeta y filósofo americano. Se le atribuye la siguiente frase: “tenemos que enganchar nuestro carruaje a las estrellas.”

[3]  Matthias Grünewald (1475-1528), pintor alemán

[4]  Fedor Dostoïevski (1821-1881), escritor ruso

[5] Percy Shelley (1792-1822) poeta inglés considerado como una de las figuras más emblemáticas del  Romanticismo.

[6]  Ferdinand Meyer (1825-1898) escritor suizo.

[7]  Alfred Tennyson (1809-1892) poeta y escritor inglés.

[8]  Friedrich Wilhem Schelling (1775-1854), filósofo alemán

[9]  Thomas a Kempis (ha.1379-1471) monje y escritor alemán.

[10]  Gotthilf Heinrich  Schubert (1780-1860) autor en especial de un libro sobre el simbolismo de los sueños.

[11]  Tomás de Aquino (1228-1274) filósofo y teólogo lombardo.

[12]  William Blake (1757-1827) poeta, escritor y pintor inglés.

[13] Rembrandt van Ryn (1606-1669) pintor holandés.

[14]  Cristianismo cósmico. Willi Sucher.  Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[15]  Friedrich von Hardenberg, llamado Novalis (1772-1801), poeta alemán

[16]  Astronomia Magna, Paracelso, pseudónimo de Theophrastus Philippus Aureolous (1493-1541), médico y alquimista alemán.

[17] Nicolás Copérnico (1476-1543), clérigo, teólogo, médico, matemático y astrónomo polaco.

[18] Tycho Brahe (1543-1601) astrónomo danés.

[19] Rudolf Steiner (1861-1925) filósofo austríaco y fundador de la Antroposofía o Ciencia del Espíritu.

[20] Giovanni Francesco Bernardone (1182-1226), monje y místico italiano, fundador de la Orden Franciscana.

[21] Thomas Vaughan (1622-1666), posiblemente el traductor inglés de Fama Fraternitatis y de Confessio Fraternitatis

[22] Michael Faraday, 1791-1867, físico y químico inglés, conocido por sus trabajos sobre la Electricidad y el Magnetismo.

[23] Charles Darwin, 1809-1882, naturalista inglés, autor de la Teoría de la Evolución que lleva su nombre.

Traducido del francés por Maribel Garcia Polo y editado por Gracia Muñoz

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Un comentario el “Simbología y Cosmología

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