GA204 – Una imagen de la Tierra – La evolución en el futuro

 

Una conferencia pronunciada por Rudolf Steiner en Dornach el 13 de mayo de 1921

[A partir de un informe taquigráfico, no revisado por el profesor. Publicado con permiso de la Rudolf Steiner-Nachlassverwaltung, Dornach, Suiza.]

English versión

Vivimos un tiempo en el que se está dedicando mucha atención al «espacio exterior», que promueven los científicos, a la manera de ciencia-ficción. Se especula desde varios niveles sobre visitantes de otros mundos. Detrás de todo ello puede haber un sentimiento instintivo -verdadero en sí mismo, aunque a menudo distorsionado en su expresión- de que el aislamiento aparente del hombre sobre la Tierra no es definitivo; que el hombre no está solo en el Universo. Por eso vamos a volver a presentar una conferencia (publicada por primera vez en inglés en el trimestral, «Antroposofía», en la Pascua de 1933, y que estaba fuera de impresión) en la que Rudolf Steiner habló, breve y enigmáticamente, de la necesidad de reconocer y acoger a ciertos seres, «de orden no humano», que desde los años setenta del siglo pasado han descendido de las esferas cósmicas al ámbito de la existencia terrestre, trayendo con ellos «la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual».

Los editores.

Aurora Boreal

Las conferencias que se han impartido recientemente sobre la naturaleza de los colores [Tres conferencias sobre Das Wesen der Farben, en Dornach, del 6 al 8 de mayo de 1921. Publicado en Inglés como libro titulado «Color». Nueva edición en preparación] pueden haber contribuido a mostrarles que podemos empezar a comprender al Hombre en su verdadero Ser solo cuando lo relacionamos con la totalidad del Universo. Si nos preguntamos: ¿Qué es el hombre en su verdadera naturaleza? −Entonces debemos aprender a mirar hacia arriba de la Tierra, a lo que está más allá de la Tierra. Esta es una capacidad que necesitamos desarrollar, sobre todo en nuestro tiempo. El intelecto humano se está volviendo más y más sombrío y, como resultado de ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en el siglo XIX, ya no está arraigado en la realidad.

Esto nos indica, inequívocamente, que es el momento de que el hombre empiece a descubrir la manera de poder recibir un nuevo impulso en su vida anímica; por lo que ahora vamos a centrar nuestra atención en ciertos grandes acontecimientos cósmicos con los que ya estamos familiarizados desde otros puntos de vista.

La mayoría de ustedes han leído el libro «la Ciencia Oculta, un esquema», y saben que uno de los grandes acontecimientos de la evolución terrestre fue la separación de la Luna de la Tierra. La Luna, tal y como la vemos hoy en día, brillando desde el espacio cósmico, estuvo una vez unida a la Tierra. Después se separó y ahora orbita a su alrededor como su satélite. Sabemos qué profundos cambios de alcance global en la evolución están conectados con la separación de la Luna de la Tierra. Tendríamos que ir muy lejos en el tiempo, antes del diluvio Atlante, para encontrar la época en la que la Luna se separó del cuerpo de la Tierra.

Hoy vamos a limitar nuestra atención a lo que aconteció en la Tierra en relación con el ser humano y los reinos de la naturaleza que le rodean, como consecuencia de la separación de la Luna. A partir de las conferencias sobre los colores hemos aprendido que los minerales −es decir, las sustancias minerales con color− en realidad derivan sus diferentes tonalidades de esta relación de la Luna con la Tierra. El reconocimiento de este hecho nos permite hacer de estos eventos cósmicos parte de una concepción artística de la existencia.

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Imagen: Tim Murray

Pero aquí, entran en consideración otros asuntos de la mayor importancia. El ser humano es el producto de las metamorfosis anteriores de la existencia terrestre −a saber, los períodos de evolución del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, en los que no existía el reino mineral. El reino mineral, tal como lo conocemos hoy en día, apareció por primera vez durante el período de la Tierra. La sustancia mineral, por lo tanto, solo llegó a formar parte del ser humano durante esta evolución de la Tierra. Durante las etapas del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna, el hombre no tenía absolutamente nada mineral en él. Tampoco su constitución estaba adaptada para la existencia en la Tierra. En su propia naturaleza era un ser del cosmos. Antes de la separación de la Luna, y antes de que las sustancias minerales con su gama de colores llegaran a existir, el hombre no estaba adaptado a la existencia terrestre.

Déjenme describirlo de manera siguiente. Llegó a ser algo muy crucial para los Seres Espirituales que guían la evolución terrestre qué debía suceder con el hombre. ¿Debería ser enviado a la Tierra o habría que dejarle pasar su existencia en un reino más allá de la Tierra? Verdaderamente se puede decir que la separación de la Luna, con los consiguientes cambios en la Tierra y en el ser humano, fue el resultado de la decisión que tomaron los Seres Espirituales que guían y dirigen la evolución de la Humanidad. Que el organismo del hombre pudiera desarrollarse de tal manera que le fuera posible convertirse en un ser terrenal fue debido a que esta sustancia lunar fue alejada de la Tierra. A través de este evento −la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la Tierra– el hombre se ha convertido en un ser terrenal, viniendo a la existencia en el ámbito de la gravedad terrestre. Sin la gravedad terrestre jamás podría haberse convertido en un ser capaz de alcanzar la libertad. Antes de la separación de la Luna no era, en el sentido real, una personalidad. Fue capaz de convertirse en una personalidad debido a la concentración de fuerzas que iban a construir su cuerpo. Y esta concentración de fuerzas fue el resultado de la separación de la Luna y la incorporación del reino mineral en la existencia terrenal. Así el hombre se convirtió en una personalidad, donde la libertad se puso a su alcance.

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La evolución del hombre sobre la Tierra, después de la separación de la Luna, ha continuado a través de muchas etapas diferentes. Y podemos decir que si no hubiera sucedido nada más, excepto esta salida de la Luna de la Tierra, todavía habría sido posible para el hombre extraer de su organismo, de su cuerpo y de su alma, imágenes tal como surgían en la antigua visión clarividente. Tampoco se le privó al hombre de esta facultad con la separación de la Luna. Todavía podía ver el mundo en imágenes de forma que si nada más hubiera sucedido estaría, incluso hoy, viviendo en un mundo de imágenes. Pero la evolución continuó. El hombre no permaneció encadenado a la Tierra. Recibió un impulso para la evolución en la otra dirección −un impulso que en realidad alcanzó su punto culminante en el siglo XIX.

Incluso cuando hace muchísimo tiempo el ser humano, como ‘hombre metabólico’, quedó sujeto a la fuerza de gravedad terrestre, se fue adaptando como ‘hombre cefálico’ para la existencia cósmica. En efecto, el intelecto comenzó a evolucionar. Las antiguas imágenes clarividentes se densificaron en forma de conciencia intelectual, hasta la época del siglo IV después de Cristo. Fue entonces cuando por primera vez el intelecto humano comenzó a sumergirse en la penumbra. Este proceso ha ido acelerándose cada vez más rápido desde el siglo XV, y hoy en día, aunque el intelecto es una facultad totalmente espiritual en el hombre, su existencia ya no tiene sus raíces en la realidad. Sólo tiene una imagen-existencial. Cuando el hombre de hoy piensa con su intelecto y con la facultad de la razón, sus pensamientos no están en absoluto enraizados en la realidad. Cada vez se mueve más en una existencia sombría, que alcanzó su punto culminante durante el siglo XIX. Hoy en día el hombre carece totalmente del sentido de la realidad. Vive dentro de un elemento espiritual, pero al mismo tiempo es un materialista. Sus pensamientos −que son espirituales, pero que aún no son más que sombras del verdadero pensamiento− se dirigen exclusivamente a la existencia material.

Así, el segundo gran proceso o evento fue que el hombre devino más espiritual. Pero una sustancia espiritual que se derivaba de la materia, ya no del alma. Su naturaleza se ha vuelto más espiritual, pero con sus facultades espirituales sólo piensa en la existencia material.

Ustedes saben que un día la Luna se unirá de nuevo con la Tierra. Para los astrónomos y geólogos, que viven en su mundo de abstracciones, esta unión de la Luna con la Tierra se sitúa en miles y miles de años por delante. Pero esto es una mera ilusión. En realidad no se trata de ninguna manera de algo muy lejano. La humanidad se está haciendo cada vez más joven. Los seres humanos están llegando a un punto en su desarrollo físico y anímico que culminará a una cierta edad en la vida. En el momento de la muerte de Cristo, el Evento del Gólgota, los seres humanos en general eran capaces de desarrollarse en cuerpo y alma hasta los 33 años de vida. Hoy en día este desarrollo es posible hasta los 27 años. Llegará un tiempo en el cuarto milenio en que los hombres serán capaces de desarrollarse sólo hasta los 21 años. En el séptimo milenio la naturaleza corporal será capaz de desarrollarse sólo hasta los 14 años. Las mujeres entonces serán estériles. Se dará una reproducción completamente diferente en la vida terrenal. Esta es la época en la que la Luna volverá a acercarse a la Tierra y será parte de ella.

Ya es el momento de que el hombre ponga atención a este tipo de poderosos eventos del reino de la existencia más allá de la Tierra. No se puede seguir soñando, de una forma vaga y abstracta, sobre la Divinidad, tiene que empezar a despertar ante los grandes acontecimientos que están conectados con su evolución. Debe comprender lo que significa que la Luna una vez se separó de la Tierra y que otra vez volverá a unirse con ella.

Del mismo modo que la separación de la Luna fue un acontecimiento decisivo, también lo será su reingreso. Es cierto que como seres humanos habitaremos todavía la Tierra, aunque el nacimiento ya no sucederá de la forma actual. Estaremos conectados con la Tierra por otros medios que no serán por nacimiento. Debemos, sin embargo, desarrollar un cierto respeto por ese tiempo. Y tenemos que aprender a conectar lo que está sucediendo hoy en día −me refiero al hecho de que el intelecto se está volviendo más y más sombrío− con lo que un día será un gran acontecimiento en la evolución terrestre −la reintroducción de la Luna en la sustancia de la Tierra.

Si el intelecto continúa desarrollándose de la manera tan espectral como lo está haciendo ahora, si los hombres no toman la decisión de recibir en su ser lo que ahora fluye desde los mundos espirituales, entonces forzosamente se verán absorbidos en la penumbra grisácea de su vida intelectual.

¿Qué es este intelecto sombrío? Con él no se puede entender la verdadera naturaleza y el ser del hombre. El único reino que este intelecto humano es capaz de entender, hasta cierto punto, es el mundo mineral. Incluso la vida de la planta le sigue siendo enigmática; y más aún la vida del animal; quedando la vida humana en su conjunto más allá del alcance de la mente. Y así el hombre sigue su camino, desarrollando imágenes existenciales que en realidad no son más que un gran cuestionamiento sobre el mundo. Su intelecto no puede comprender la verdadera naturaleza de la planta o del animal, y mucho menos la del ser humano. Este estado de cosas continuará si el hombre no puede escuchar lo que se le está dando en la forma de nuevas Imaginaciones, en las que se le representa la existencia cósmica. La sabiduría viviente que la Ciencia Espiritual es capaz de impartir debe ser recibida en sus  pensamientos y conceptos intelectuales, porque sólo así podrá llenarse de vida la sombría imaginación  del intelecto.

Este llenar de vida las imágenes-sombrías del intelecto no es algo que sucede sólo en el ser humano, sino que es un acontecimiento cósmico. Recuerden el pasaje del libro La Ciencia Oculta donde se habla del momento en el que las almas humanas ascendieron a otros planetas y después descendieron de nuevo a la existencia terrestre. Expuse cómo los hombres de Marte, los hombres de Júpiter y los otros, descendieron de nuevo a la Tierra. Ahora, a finales de los años setenta del siglo pasado, ha acontecido un evento de suma importancia. Es un evento que puede ser descrito sólo a la luz de los hechos que nos son revelados en el mundo espiritual.

Mientras que en los días de la antigua Atlántida los seres humanos llegaron a la Tierra desde Saturno, Júpiter, Marte, y así sucesivamente −es decir, seres dotados con alma se vieron envueltos en el reino de la existencia terrestre−, desde finales de los años setenta del siglo pasado, otros seres −de orden no humano− han ido descendiendo a la Tierra con el objetivo de su ulterior desarrollo. Vienen a la Tierra desde los reinos cósmicos más allá de la Tierra y entran en una relación muy determinada con los seres humanos. Desde los años ochenta del siglo XIX, estos seres supra-terrestres han estado tratando de entrar en la esfera de la existencia terrestre. Del mismo modo que los hombres de Vulcano fueron los últimos en descender a la Tierra, ahora, en realidad, estos seres de Vulcano están entrando en el reino de la existencia terrenal. Seres supra-terrestres que ya están aquí, y el hecho de que seamos capaces de que nuestro cuerpo esté todo el día conectado con la Ciencia Espiritual se debe a la circunstancia de que los seres de más allá de la Tierra están trayendo los mensajes del mundo espiritual hacia la existencia terrestre.

Pero, hablando en términos generales, ¿cuál es la actitud adoptada por la raza humana?.  La raza humana se comporta, si se me permite decirlo así, de una manera muy mezquina ante estos seres que están apareciendo desde el cosmos y que bajan −lenta y paulatinamente, es cierto− a la Tierra. La raza humana no se preocupa por ellos; ignora su existencia. Y esto es lo que va a llevar a la Tierra a unas condiciones trágicas, ya que en el transcurso de los próximos siglos más y más Seres Espirituales estarán entre nosotros −Seres cuyo idioma debemos comprender. Y esto sólo es posible si tratamos de conocer lo que ellos nos traen: a saber, la sustancia y el contenido de la Ciencia Espiritual. Ellos quieren darnos y quieren que actuemos en el sentido de la Ciencia Espiritual. Su deseo es que la Ciencia Espiritual se introduzca en el comportamiento y en los actos sociales en la Tierra.

Repito, pues, que desde el último tercio del siglo XIX estos Seres Espirituales están viniendo desde el cosmos a nuestra esfera de existencia. Su hogar es la esfera que se encuentra entre la Luna y Mercurio, pero ellos ya están ejerciendo presión para entrar en el reino de la existencia terrestre y procurando encontrar un lugar aquí. Y serán capaces de encontrarlo si los seres humanos se impregnan con la idea de su existencia. Esto también puede expresarse como lo hice hace un momento, al decir que nuestro sombrío entendimiento debe ser revitalizado con las imágenes de la Ciencia Espiritual. Estamos hablando de un hecho concreto cuando decimos que existen Seres Espirituales que están tratando de descender a la existencia terrenal −y deben ser calurosamente recibidos. Se producirá catástrofe tras catástrofe y la vida en la Tierra caerá en el caos social si se mantiene esta oposición en la existencia humana ante el advenimiento de estos Seres. Ellos no desean otra cosa que ser una especie de custodios de la evolución ante lo que sucederá en la existencia de la Tierra cuando la Luna se vuelva a unir con ella.

Hoy las personas pueden considerar que es relativamente inofensivo elaborar los pensamientos automáticos y muertos que surgen en relación con el mundo mineral y la naturaleza mineral de las plantas, los animales y el hombre. Los materialistas se deleitan con este tipo de pensamientos que son –además– solo pensamientos y nada más. Pero traten de imaginar lo que sucedería si los hombres siguen sin desplegar ningún otro tipo de pensamientos hasta el momento en que, en el octavo milenio, la existencia lunar se una de nuevo con la Tierra. Estos seres de los que he hablado irán llegando poco a poco a la Tierra. Seres de Vulcano, ‘superhombres’ de Vulcano, ‘superhombres’ de Venus, de Mercurio, del Sol, se unirán con la existencia terrestre. Pero, si los seres humanos persisten en su incredulidad u oposición a ellos, la existencia en la Tierra se hundirá en el caos en el transcurso de los próximos mil años.

Es muy posible que los hombres de la Tierra, si así lo desean, puedan desarrollar una forma de intelecto cada vez más y más automática —cosa que también puede ocurrir en medio de condiciones de barbarie. Sin embargo la madurez plena y completa no puede llegar a su expresión en una forma de inteligencia tal, y los hombres no podrán relacionarse con los Seres que desean contactar con ellos en la existencia terrestre. Y todos esos seres, de quienes los hombres tienen una concepción errónea porque su entendimiento sombrío sólo puede captar la naturaleza mineral, la naturaleza crudamente material de los minerales, plantas y animales, o incluso del reino humano en sí, todos estos pensamientos que no tienen ninguna realidad, van a convertirse en realidades sustanciales en el instante en que la Luna se una de nuevo con la Tierra. Y a partir de la Tierra brotará una terrible raza de seres, una camada de autómatas de un orden existencial que se extiende entre los reinos mineral y vegetal, y será poseedor de un abrumador poder intelectual.

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Este enjambre que tenderá a apoderarse de la Tierra se extenderá sobre la misma como una red de criaturas fantasmales, en forma de araña, y serán de un orden inferior a la existencia de la planta, pero poseerán una sabiduría abrumadora. Estas criaturas-araña estarán todas entrelazadas unas con otras, y en sus movimientos exteriores imitaran los pensamientos que los hombres han tejido en su intelecto de sombras que no han permitido que fueran vivificados por la nueva forma del conocimiento imaginativo de la Ciencia Espiritual. Entonces todos los pensamientos que carecen de sustancia y realidad serán dotados de ser.

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La Tierra estará rodeada −como lo está ahora con el aire y a veces con enjambres de langostas− con una camada de terribles criaturas en forma de araña, mitad minerales, mitad plantas, que entretejerán con inteligencia magistral, cierto, pero con propósitos intensamente malignos. Y en la medida en que el hombre no ha permitido que sus sombríos conceptos intelectuales puedan ser llenados de vida, su existencia se unirá no con los seres que han estado tratando de descender desde el último tercio del siglo XIX, sino con esta camada espantosa de criaturas mitad minerales, mitad plantas. Él tendrá que convivir con estas criaturas en forma de araña y continuar su existencia cósmica dentro del orden de la evolución en la que entrará entonces esta camada.

Este es un destino que muy ostentosamente forma parte de la evolución humana sobre la Tierra, y en la actualidad es muy conocido por muchos de aquellos que tratan de mantener a la humanidad de espaldas al conocimiento de la Ciencia Espiritual. Porque hay hombres que en realidad son aliados conscientes de este proceso de enredo de la existencia terrestre. Ya no debemos permitir que se nos sorprenda con descripciones de este tipo. Tales hechos son el telón de fondo de lo que se dice a menudo hoy en día por las personas que todavía tienen alguna conciencia de antiguas tradiciones de estas cosas y que luego se consideró adecuado rodearlas con un velo de misterio. Pero este velo del misterio ya no es correcto para el proceso de la evolución terrestre de la humanidad. Por grande que sea la resistencia, estas cosas hay que decirlas, pues, como repito constantemente, la aceptación o el rechazo del conocimiento científico-espiritual es un asunto serio para toda la Humanidad.

Aquí, la cuestión no tiene que ver con obtener conclusiones a partir de lo que esté relacionado con una simpatía o antipatía imparcial, sino con algo que está ligado a todo el contexto del cosmos, tiene que ver con la toma de decisión por parte de la Humanidad de ponerse a la altura de lo que los Espíritus del Bien le aportan desde el Cosmos en la actualidad, o si la humanidad pretenderá buscar la existencia cósmica desde el propio enmarañamiento de sus ensombrecidos pensamientos. Hoy no es suficiente hablar en términos abstractos de la necesidad de la Ciencia Espiritual. Lo único que podemos hacer es mostrar cómo los pensamientos se convierten en realidades. Terribles teorías abstractas son arrojadas a los hombres de hoy, como, por ejemplo, «Los pensamientos se convierten en cosas», o frases similares. Declaraciones abstractas de este tipo no transmiten la realidad completa y concreta. Y la realidad concreta es que los pensamientos intelectuales evolucionados hacia el interior de los hombres de hoy, el día de mañana fluirán sobre la Tierra como una tela de araña en la que se enredarán los seres humanos, si no pueden llegar a un mundo que esté más allá y por encima de sus pensamientos y conceptos sombríos.

Tenemos que aprender a tomar con profunda seriedad los asuntos que indiqué al final de mis conferencias sobre la naturaleza de los colores, cuando dije que la ciencia del color debe ser llevada fuera del ámbito de la física abstracta, a una región donde la fantasía creativa y el sentimiento del artista que entiende la verdadera naturaleza del color debe ir de la mano de una concepción del mundo basada en la Ciencia Espiritual. Hemos visto cómo se puede entender la naturaleza del color y cómo la física moderna, con sus gráficos sin imaginación, la ha enterrado en un mundo Ahrimánico, pero que puede elevarse a la esfera del arte, de forma que se pueda fundamentar una teoría de los colores, que por otro lado, estando muy alejada de los principios de la ciencia moderna, es capaz de proporcionar un verdadero fundamento a la creación artística, si el hombre se deja permear por ella.

Y hay otro pensamiento, también, que debe ser tomado muy en serio. ¿Qué encontramos extendido actualmente en el mundo civilizado? Los jóvenes estudiantes entran en los hospitales o universidades para estudiar la ciencia, donde se les explica la constitución del ser humano. Al estudiar el cadáver aprenden acerca de los huesos y del resto del organismo. Por una serie de pensamientos abstractos se supone que deben ser capaces de tomar conocimiento de la naturaleza del ser humano. Pero con este método sólo es posible aprender algo sobre la parte mineral del organismo humano. Con este tipo de ciencia sólo podemos aprender sobre la parte del ser humano que tiene importancia desde el momento de la separación de la Luna hasta su regreso, cuando los pensamientos sombríos de los tiempos modernos se convertirán en criaturas-araña que tendrán una existencia concreta.

Debe desarrollarse una forma de conocimiento que aporte una concepción diferente del ser humano, y esto podrá ser desarrollado sólo elevando la ciencia al nivel de la percepción artística. Entonces nos daremos cuenta de que la ciencia, tal como es en la actualidad, solo es capaz de captar la naturaleza mineral, ya sea en el propio reino mineral o en los reinos de las plantas, los animales y el hombre. Incluso cuando se aplica al reino vegetal, la ciencia debe convertirse en una forma de arte, y más aún en el caso del reino animal. Pero no tiene sentido pensar que la forma y estructura de un animal pueda entenderse con los medios empleados por los anatomistas y fisiólogos. Y mientras no nos demos cuenta de que no tiene sentido, el intelecto de sombras no podrá ser transformado en una verdadera comprensión espiritual y viva del mundo. Lo que se enseña a los jóvenes estudiantes en la actualidad, bajo una forma tan abstracta en las universidades, debe ser transformado y debe conducir a una verdadera concepción artística del mundo. Porque la propia naturaleza del mundo ya crea como un artista. Y hasta que no nos demos cuenta de que la Naturaleza es un mundo de arte creativo que solo puede ser entendida a través de la sensibilidad artística, nuestra imagen del mundo no tendrá un efecto sanador.

En las cámaras de tortura de los castillos medievales, las personas fueron encerradas en lo que se llamó la «virgen de hierro», donde se les clavaba lentamente con púas de hierro. Este fue un procedimiento físico y más tangible que el que los estudiantes de nuestros días tienen que ver cuando se les enseña la anatomía y la fisiología, y se les dice que de esta manera están adquiriendo el conocimiento de la naturaleza del hombre, pero fundamentalmente se trata del mismo tipo de procedimiento. Todo lo que se puede entender de la naturaleza del hombre por tales métodos se deriva de una actitud de la mente que no es diferente a la actitud de los que estaban a favor de las torturas en la Edad Media.

No. A partir de elementos de tortura anímicos y espirituales el estudiante no aprende nada. El hombre mineral y desmembrado, eso que un día será una tela de araña sobre la Tierra, eso es lo único que aprende.

Es un destino duro que el poder tenga que estar en manos de hombres que consideran los pensamientos más verdaderos como absurdos y que desprecian los impulsos que están vinculados más hacia lo interior e íntimamente ligados con la salvación de la evolución humana, con la misión de la humanidad en el mundo. Es trágico, uno debe poner ante sí esta tragedia. En efecto, sólo cuando se pone ante el alma esta tragedia, se hace posible un despertar de tal manera que los hombres puedan decidir, en la medida que les sea posible, ayudar a que el intelecto sombrío encuentre la posibilidad de acoger lo que el mundo espiritual que viene de lo alto, trae, a fin de que este intelecto pueda adaptarse a las diversas condiciones de los tiempos futuros. No es adecuado que este intelecto de sombras sea conducido hacia abajo, a un orden de existencia inferior al de las plantas, en el de la generación de criaturas-araña que se extenderán sobre la Tierra, sino que el hombre necesita elevarlo a un nivel superior de existencia, cuando llegue el octavo milenio y la Luna se una de nuevo con la Tierra. Entonces lo terrestre quedará atrás, de forma que lo dirigirá y controlará desde el exterior como algo que no tiene por qué llevar con él en la existencia cósmica.

El hombre deberá prepararse de manera que no tendrá por qué estar involucrado en lo que inevitablemente se desarrollará sobre la superficie de la Tierra.

Porque así como el hombre dejó su existencia pre-terrenal y descendió a esta vida terrestre; así como su forma de nacer a través de la mujer comenzó con la salida de la Luna, siendo esta fase de nacimiento físico solo un episodio pasajero en la magnitud de la evolución cósmica que será reemplazada por una etapa en la que el ser humano no nacerá de mujer, esta fase actual está destinada a traer al hombre el sentimiento y la conciencia de la libertad, la autorrealización de la individualidad y la personalidad. Es una fase que de ninguna manera debe ser infravalorada. Es necesaria en la totalidad del proceso cósmico, pero no debe permanecer para siempre, sin transformación. El hombre no debe permitirse el camino fácil de asumir la existencia de un Dios abstracto, tiene que atreverse a mirar, concretamente, los eventos que están conectados con su evolución. Pero su ser anímico-espiritual sólo puede ser estimulado interiormente cuando él entiende de verdad la naturaleza de las realidades concretas relacionadas con la gran época hacia la que le están conduciendo sus sucesivas vidas terrenales.

Eso es lo que una verdadera Ciencia Espiritual nos dice hoy. La voluntad humana está en peligro de ser privada de los impulsos espirituales y de involucrarse en la red de araña que va a deslizarse sobre la Tierra. Hay hombres en existencia que se imaginan que van a lograr sus fines mediante la promoción de su propio desarrollo espiritual y dejando al resto de sus semejantes en un estado de ignorancia. Sin embargo, la gran mayoría vive inconsciente del terrible destino que les espera si se prestan a lo que una antigua forma de conocimiento espiritual llamaba «los dieciséis caminos hacia la corrupción». Porque así como hay muchos caminos por los que puede transitar el intelecto sombrío en su dirección a los impulsos y conocimientos que vienen del mundo espiritual, naturalmente, hay muchos caminos por los que las variedades del intelecto-sombra serán capaces de unirse con los seres-araña que extenderán su red sobre la Tierra en los tiempos por venir. Entonces el intelecto será objetivado en las mismas extremidades y tentáculos de estas criaturas-araña que, en sus maravillosos y entretejidos tejidos y circunvoluciones a modo de caduceo, presentarán una increíble red de intrincadas formas.

Sólo mediante el desarrollo de una comprensión interna de lo que es verdaderamente artístico es como el hombre será capaz de entender el reino que está por encima de la existencia de los minerales, ese reino del que vemos una expresión en la configuración real y la forma de las superficies de las cosas en el mundo.

La teoría de la metamorfosis de Goethe fue un descubrimiento muy significativo. Los pedantes de su época lo consideraron como diletantismo, y es la misma opinión que prevalece en la actualidad. Pero en Goethe, la claridad de visión y la inteligencia se combinaron con una facultad para percibir la naturaleza en sí misma como una expresión activa de creación artística. Sin embargo, en relación con el mundo animal, Goethe sólo alcanzó el punto de aplicación de este principio de la metamorfosis en las formas de las vértebras y los huesos craneales. Pero el proceso por el cual las formas de una existencia anterior se transforman, de forma que el cuerpo de la vida anterior se transforma en la cabeza de la vida posterior, esto solo es posible gracias a una comprensión interior de esta maravillosa transformación artística de los huesos radiales en esféricos, y que realmente podemos percibir en la diferencia entre la cabeza y el resto de la estructura humana. Sin este conocimiento no podemos percibir la conexión interna, orgánica, entre la cabeza y el resto del cuerpo humano.

Pero esta es una forma de arte que es al mismo tiempo ciencia. Siempre que la ciencia no pueda convertirse en arte, degenera en un sofisma, en una forma de conocimiento que precipita a la humanidad en el desastre en cuanto a su existencia cósmica se refiere. Vemos, por tanto, cómo una verdadera Ciencia Espiritual apunta a la necesidad de una intuición y percepción artística. Esta facultad ya estaba viva en el alma de Goethe y llegó a expresarla en su himno en prosa titulado Naturaleza, escrito hacia el año 1780, que comienza así: «¡Naturaleza! Estamos rodeados y abrazados por ella…». Las ideas se entrelazan tan maravillosamente que el himno es como la expresión del deseo de recibir el Espíritu desde la totalidad del cosmos.

Se puede decir verdaderamente que el desarrollo de las ideas contenidas en el himno de Goethe a la naturaleza proporcionaría una morada a los seres que descenderán del cosmos a la Tierra. Pero los conceptos estériles de la fisiología y la biología, la sistematización de la vida vegetal y las teorías que se han ido desarrollando durante el siglo XIX −todos los pensamientos que, como he mostrado en las conferencias sobre el color no tienen realmente nada que ver con la verdadera naturaleza de las plantas− no pueden despertar un conocimiento real, ni pueden decir nada sobre el ser del hombre. Por lo tanto, el conjunto de conocimientos que se considera hoy en día como ciencia es esencialmente un producto de Ahriman, que lleva al hombre en dirección a la destrucción terrenal y que le impide entrar en la esfera que los seres de más allá de la Tierra han estado tratando de poner a su alcance desde el último tercio del siglo XIX.

Cultivar la Ciencia Espiritual no es una búsqueda abstracta. Cultivar la Ciencia Espiritual significa abrir las puertas a esas influencias de más allá de la Tierra, que están procurando bajar a la Tierra desde el último tercio del siglo XIX. El cultivo de la Ciencia Espiritual es en verdad un evento cósmico del que deberíamos ser plenamente conscientes.

Así podemos estudiar todo el lapso del tiempo que va desde la separación hasta el regreso de la Luna. Una Luna, que, como se dice, refleja la luz del sol hacia nosotros, y que está en verdad profundamente conectada con nuestra existencia. Se separó de la Tierra con el fin de que el hombre pudiera llegar a ser libre. Pero este período de tiempo debe ser utilizado por el hombre de tal manera que no prepare el material que, con la reintroducción de la Luna en la esfera terrestre, se combinaría con la sustancia lunar para producir ese nuevo reino del que he tratado de dar una imagen gráfica.

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De vez en cuando surge entre los seres humanos de nuestro tiempo una especie de presagio de lo que vendrá en el futuro. No sé qué significado se ha leído en el capítulo de Así habló Zaratustra, donde Nietzsche escribe sobre el «hombre horrible» en el «valle de la muerte».  Es un pasaje en movimiento trágico. Nietzsche, por supuesto, no tenía una percepción concreta del valle de la muerte en el que se transformará la existencia cuando la generación de arañas de las que he hablado se propague sobre la Tierra. Sin embargo, en el cuadro de este valle de la muerte en la imaginación de Nietzsche, había una visión subconsciente del futuro, y dentro de este valle de la muerte, colocó la figura del «hombre horroroso». Era una especie de premonición de lo que sucederá si los hombres siguen cultivando pensamientos oscuros. Pues en su destino estará ser capturados de una forma horrible por las fuerzas de la existencia Lunar, que solo se limitan a la esfera de la Tierra, y se unirán a la raza de criaturas-araña de la que he estado hablando.

¿Qué objeto tendrá hoy en día mantener estas cosas en secreto como muchas personas desean? Mantenerlas en secreto sería como arrojar arena a los ojos de los hombres.“Mucho de lo que hoy se extiende en el mundo bajo el nombre de enseñanza espiritual no es más que un proceso de arrojar arena a los ojos de los hombres, para que ni un solo caso pueda ser entendido en la historia como lo que realmente es. ¿Cuántas personas son conscientes hoy en día de la importancia trascendental de los acontecimientos que se están llevando a cabo? Ya he hablado de estas cosas. ¿Cuántas personas se preparan realmente para tratar sobre ellas? La gente prefiere cerrar los ojos a lo que está sucediendo y pensar que, después de todo, los eventos realmente no son de tanta importancia. Sin embargo, los signos de los tiempos son inconfundibles y deben ser entendidos.

Esto es lo que quería decir, queridos amigos, como continuación a las consideraciones expresadas sobre el mundo del color y en relación con la manera en que el ser humano está conectado con el cosmos. Continuaremos estas reflexiones en el futuro.

Traducida y elaborada por Gracia Muñoz, Julián Ponce, Diego Milillo y Linda R. Gámez.

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2 comentarios el “GA204 – Una imagen de la Tierra – La evolución en el futuro

  1. Fernando dice:

    Te sugiero esta traducción para una parte del segundo párrafo comenzando por el finaltu magnifico trabajo:
    “Mucho de lo que hoy se extiende en el mundo bajo el nombre de enseñanza espiritual no es más que un proceso de arrojar arena a los ojos de los hombres, para que ni un solo caso pueda ser entendido en la historia como lo que realmente es.”

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