15ª Carta – La naturaleza del mundo Planetario : El Sol III

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

 

Junio de 1945

English version

 

En las últimas dos cartas hemos hablado sobre el Sol y su actividad en conexión con el momento del nacimiento. Ahora observaremos al Sol desde el aspecto del desarrollo prenatal del ser humano.

Sabemos que el desarrollo prenatal del ser humano dura alrededor de nueve meses. Este tiempo es diferente, por supuesto, en cada caso individual. Si tomamos este lapso de nueve meses como promedio, veremos que el Sol se mueve a través de 3/4 del zodiaco, o a través de nueve constelaciones, mientras que atravesaría el zodiaco completo si el estadio embrional durase un año. Esta es la razón del hecho de que en cada horóscopo queden unas tres constelaciones por las cuales el Sol no ha pasado durante la evolución prenatal. Estas son aquellas que se hallan entre la posición del Sol en el momento de la concepción y el nacimiento. Son constelaciones diferentes según el día del nacimiento del ser humano. Por ejemplo, si alguien nace el 21 de Junio, cuando el Sol entra en la constelación de Géminis, entonces podemos asumir que el Sol no ha estado en las constelaciones de Géminis, Cáncer y Leo, pues comenzó su curso nueve meses antes partiendo de Virgo.

Si nos imaginásemos situados sobre el Sol, veríamos a la Tierra opuesta directamente a nuestra posición en el Sol. De todos modos, a mitad del desarrollo embrionario, desde el punto de vista del Sol, veríamos a la Tierra en esas constelaciones.

Debajo en la figura 1 podemos ver el trayecto del Sol durante los nueve meses del desarrollo embrionario. Comienza en la constelación de Virgo y se ubica en Géminis al ocurrir el supuesto nacimiento, con lo que quedan abiertas las constelaciones de Géminis, Cáncer y Leo.

La figura 2 muestra el trayecto de la Tierra durante el mismo tiempo. La Tierra puede ser vista desde el Sol en Géminis, Cáncer y Leo cuando este se halla en Sagitario, Capricornio y Piscis, es decir a mediados del desarrollo embrionario. Es por ello que estas tres constelaciones del “espacio abierto” están particularmente conectadas con el planeta Tierra y su especial significado en el universo.

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Es en la Tierra, donde hemos descendido los seres humanos, donde buscaremos y quizás encontremos nuestro objetivo, donde nos esperan la alegría y la preocupación. Las tres constelaciones del “espacio abierto” del horóscopo prenatal indican la naturaleza de aquellas experiencias en la Tierra que nos están esperando.

Dijimos que esta posición de la Tierra puede ser observada desde el Sol hacia el periodo medio del desarrollo embrionario, durante el 4º, 5º y 6º mes; este periodo, más los eventos cósmicos que ocurren en el, es un reflejo de estadios importantes de la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento. Es una especie de pronóstico de la mitad del periodo de la vida que se iniciará, especialmente en la época entre los 30 y 35 años de edad.

Hasta aquí da la sensación de que fuese una tarea de la Tierra, y que la conexión con el Sol pareciera ser indirecta. Pero aquí se oculta un profundo misterio relacionado con lo que se teje espiritualmente entre el Sol y la Tierra.

Desde la muerte en el Gólgota, el Cristo se ha unido a la Tierra y es el Espíritu Guía, la Individualidad Cósmica, digamos, de este planeta. Cristo descendió a la Tierra desde las alturas cósmicas y habitó en el cuerpo de Jesús. El descenso fue observado por los iniciados de las culturas pre-cristianas. Sabían que el Cristo era el Espíritu del Sol, el Guía de los Seres Solares que descendió en pos de salvaguardar y acobijar a la evolución terrestre. Fue el hecho fundamental que llegará lejos en el futuro, ya que a través de este evento, la condición presente de nuestro Universo cambiara completamente, y la Tierra se convertirá en un nuevo “Sol”. Con lo cual la Tierra es portada por el Espíritu del Sol, por el Cristo, y cuando el alma pasa a través de la esfera solar durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, ya no encuentra al Cristo en este reino.

Ahora podemos imaginar que tan pronto como el alma se ve penetrada por el deseo de descender a una nueva encarnación en la Tierra, mira hacia abajo a la Tierra como el único lugar en el universo que, desde la época del misterio del Gólgota, puede experimentar al Cristo; el ansia del alma por descender a ese lugar en donde se puede vivenciar al Cristo, halla su reflejo en esa parte del horóscopo que hemos denominado “espacio abierto”.

Podemos leer esto en los impulsos y decisiones que ha tomado el alma mientras aun se hallaba en el regazo del mundo espiritual. Muestra como a partir de las experiencias y los errores de vidas pasadas, el alma desea unirse a la Tierra en la gran labor de amor, en pos de transformarla en la vestidura brillante del Cristo.

Cuando el alma nace en la Tierra y habita su cuerpo, un velo de inconsciencia oculta todas esas experiencias prenatales. Y pese a ello, se hallan vivas en el esfuerzo del alma por la verdad, en los múltiples caminos por los cuales nos conduce el destino hasta que él o ella encuentran la verdad y la paz del alma. Quizás nunca lleguemos a conocer nuestras intenciones e impulsos prenatales, quizás hasta los traicionemos, pero tras la muerte nos daremos cuenta en donde hemos fallado, y ese conocimiento nos ayudará a construir los cimientos de nuestras futuras encarnaciones terrenas, para redimir nuestro propio pasado. Es posible que haya llegado el momento en el que cada uno de nosotros deba esforzarse por reconocer conscientemente nuestras propias resoluciones prenatales, y con este propósito podría permitírsenos mirar nuestra propia natividad, especialmente en este caso acerca del “espacio abierto” y su trasfondo de eventos espirituales.

Para ilustrar y elaborar lo dicho acerca de este tercer aspecto del Sol, consideraremos ahora algunas natividades de personalidades históricas.

En las cartas previas hemos hablado de Tomas Moro, quien nació el 4 de Febrero de 1478. El Sol se hallaba por entonces en la constelación de Acuario. Su concepción debe haber tenido lugar alrededor de comienzos de Mayo de 1477. El Sol ingresa después en la constelación de Tauro. Esto quiere decir que el Sol no estuvo en la constelación de Acuario (solo ingreso al momento de nacer), Piscis y Aries. Esto constituye el “espacio abierto”; en este “espacio abierto” Júpiter hizo un lazo en la transición de Piscis a Aries, durante el desarrollo embrionario de Tomas Moro. De haber sido capaces de presenciar desde el Sol el descenso de este alma hasta la encarnación, en un cierto momento hubiésemos visto —hacia el 5º mes de su desarrollo embrionario— a la Tierra en la constelación de Piscis y detrás de ella, a la brillante luz de Júpiter. La Tierra con Júpiter es la constelación que ilumino el empeño por el reconocimiento de lo divino en la vida terrena, pero también debemos considerar a las constelaciones de Acuario y Aries.

Tomas Moro aparece, quizás en contra de su voluntad, como una fuerte figura en la vida social y política de su época. Muchas veces estuvo a punto de desaparecer completamente de la esfera política para seguir una vida de estudio y devoción, pero el destino lo trajo una y otra vez de vuelta al escenario político. A los 37 años de edad escribe su UTOPIA, que le hizo famoso. Allí expone sus visiones acerca de cómo crear un estado ideal e hizo severos juicios sobre las instituciones social y culturalmente corruptas de su tiempo. De por sí, baso su ideal de un estado perfecto, enteramente sobre la soberanía de la religión, incluso la soberanía de la iglesia.

Por lo tanto, experimento la esencia de la existencia terrena en la esfera de la vida social. Así le exigió el destino una y otra vez, que buscase la experiencia de lo divino, no solamente en la paz anímica, sino también de cara a la humanidad, en el cuerpo social. Fue la esfera en donde buscó la presencia y la realización del Espíritu del Sol, que se ha unido a la Tierra tras el Misterio del Gólgota. La Tierra en la constelación de Piscis conlleva al empeño por la vivencia del Espíritu del Sol en el cuerpo de la Humanidad, ya que es la realización cristiana del Hombre Espíritu, que fue creado al principio de la evolución del mundo (véase 5ª Carta) y que labora por detrás de Piscis. Este vivenciar de lo divino desde la Tierra en la constelación de Piscis, continuó recibiendo ayuda en la vida de Tomas Moro de las otras dos constelaciones del “espacio abierto”, Acuario y Aries. Aries le brindo el poder de tomar consciencia de lo divino en la Humanidad por medio de un pensar purificado. Sabemos que fue un humanista y un discípulo devoto de Erasmo de Rotterdam; el aspecto de la Tierra en Acuario le brindo el poder de experimentar al Espíritu solar de la Tierra en su corazón, lo cual abrió su bondad y amor por todas las criaturas del universo. Su aprendizaje no fue materia de formalidad, sino que estaba conectado a una profunda reverencia y devoción por el Universo del Creador.

Otro ejemplo de significancia universal es Ralph Waldo Emerson. Nació el 25 de Mayo de 1803. El Sol se hallaba en Tauro; en el momento de su concepción se hallaba en Leo. Con lo cual el “espacio abierto” compromete a las constelaciones de Tauro, Géminis, Cáncer y una parte de Leo, con Géminis en el centro. La Tierra en Géminis indica una búsqueda del Espíritu Solar en la esfera del yo, en lo más intimo de la vida anímica. Y ciertamente encontramos esto realizado en el esfuerzo de Emerson, a tal grado que solo podemos mirar a esta personalidad con profunda admiración. A la edad de 30 años, a volver de su viaje por Italia, Francia, Escocia e Inglaterra escribió: “una persona contiene todo lo necesario para gobernarse a si misma… todo lo verdaderamente bueno y malo que pueda ocurrirle a uno ha de venir de uno mismo… existe una correspondencia entre el alma humana y todo lo que existe en el mundo; más exactamente, todo lo que se conoce. En lugar de estudiar las cosas fuera de uno mismo, los principios de cada cosa han de penetrar en uno… el propósito de la vida pareciera ser el poder informarse sobre sí mismo; la más alta revelación es que Dios se encuentra en cada uno”.

 Luego se traslado a Concord y desarrolló lo que usualmente se conoce como Trascendentalismo. Como fuere, en cada cosa que surgía de su enseñanza, se revelaba a sí mismo como un maestro de la independencia. “Es mi deseo decir que lo que hoy pienso y siento, con la advertencia de que quizás mañana lo contradiré todo”. Esta es la experiencia del Espíritu Solar en la individualidad humana o la Tierra en Géminis (sobre Géminis, ver Cartas 3ª y 5ª). Esto fue secundado por la Tierra en Tauro, que trajo la experiencia de la presencia de lo divino en la multiplicidad de las cosas creadas. Y aparece especialmente en las conferencias y ensayos de “Grandes hombres en la historia” y en “Filosofía  de la historia”. Pero su actitud interior frente a la historia y las grandes personalidades en ella, revela ahora otra experiencia del Espíritu Solar. Si leemos sus ensayos sobre Napoleón I, Swedenborg y otros, pronto notaremos que no juega un papel de crítico o juez, sino como un portador de un cáliz dentro del cual han fluido los hechos, los logros y los errores de esas personalidades. Fue un verdadero sacerdote que porto cuidadosa y devotamente la copa del empeño humano en la Tierra, y la ofreció en transubstanciación al Espíritu Divino que trabaja en la Humanidad. Esta es la búsqueda del Espíritu Solar que labora desde la Tierra en Cáncer o el cáliz.

El conde Leo Tolstoy nació el 9 de Septiembre de 1828 [calendario juliano]. Ese día, el Sol se hallaba en la constelación de Leo, muy cercano al punto de transición entre Leo y Virgo. En el momento de su concepción, el Sol estaba en Escorpio. Por lo tanto, el “espacio abierto” comprende las constelaciones de Virgo, Libra y parte de Escorpio, pero Virgo es la constelación dominante. Esta es la constelación opuesta a Piscis, que encontramos tan fuertemente conectada con Tomas Moro. Consiguientemente, el empeño por la vivencia del Espíritu Solar en la Tierra, en Tolstoy estaba vivo de una manera bastante diferente que en Tomas Moro, sin embargo estaban en un mismo nivel, pues también buscó al Espíritu Solar en el orden social.

Moro vivenció lo divino de la Tierra a través de la visión del estado ideal, dirigido completamente por la religión; el individuo humano es tomado por la influencia de  esta religión objetiva, la cual ordena su existencia en la comunidad.

Para Tolstoy, el empeño por una comunidad justa y armoniosa se revela como lo opuesto. No podía partir de una institución religiosa objetiva capaz de albergar en sus brazos guardianes y guiadores al ser humano. De hecho, en un cierto momento de su vida corto con los lazos que le unían con la iglesia ortodoxa. Tenía que partir desde su propio ser interior. Para él, la pregunta era: “¿Cómo puedo encontrar en mi mismo la ‘religio’ eterna, como puedo trasmutar mi ser imperfecto?”. Podemos hallar esta búsqueda del verdadero “humanismo” en los libros tempranos tales como “Los cosacos”; entonces arriba a la experiencia de lo divino en la vida comunitaria, en el interactuar de la humanidad inclusive hasta cuando raya extrañamente en lo caótico. Todas sus novelas muestran esto, especialmente su libro Resurrección.

En su visión de Utopía, Tomas Moro miro el rostro de lo divino como revelado dentro del orden social; Tolstoy ha de descender hasta lo insondable de la profundidad de la naturaleza humana en pos de hallar, más allá de la caricatura individual, la brillante imagen de lo divino realizada a través de la hermandad humana. Así encontró al Espíritu Solar de la Tierra o la Tierra en Virgo, la “revelación secreta” del enigma de la vida. Pero algo más le fue revelado del Divino Espíritu de la Tierra, que llevo la experiencia en Virgo a una culminación más elevada. A través de su propio destino, había llegado a la convicción de que el equilibrio del alma es la medicina que necesitamos para llegar a ser verdaderos seres humanos. En su juventud, había vivido la vida irrestingida y salvaje de un joven noble ruso, hasta que se percato del efecto ruinoso de ese tipo de vida sobre su verdadera humanidad. A partir de ese momento lo vemos esforzándose y luchando por el equilibrio, y en muchas figuras de sus novelas podemos ver realizado este balance de la vida, en bellas descripciones. Son los centros curativos dentro del alboroto de los eventos. Es la realización de la búsqueda del Divino Espíritu de la Tierra, que está indicado por la posición de la Tierra en Libra como tuvo lugar en el horóscopo de Tolstoy. Hubo de luchar duramente por el equilibrio de su alma; una y otra vez tuvo que atravesar crisis en donde cada cosa que había logrado, parecía quedar hecha pedazos volviéndose indigna. Pero una y otra vez se levanto y avanzo hasta altos estadios de la perfección humana. Estas continuas experiencias de muerte se tornaron en la fuente de su tremenda actividad y productividad. Esta es la vivencia de la Tierra en Escorpio; como constelación opuesta a Tauro, conlleva el empeño por la revelación de lo divino en la multiplicidad de la creación, y la Tierra en Escorpio enciende así el impulso de búsqueda de la manifestación del espíritu solar en el espíritu creativo inconquistable, que surge de la muerte y la destrucción.

El famoso astrologo Tycho de Brahe nació el 14 de Diciembre de 1546, cuando el Sol se hallaba en la constelación de Sagitario. En momento de su concepción acababa de ingresar en Piscis; por lo tanto, el Sol no había pasado por las constelaciones de Sagitario, Capricornio y Acuario, y forman el “espacio abierto” o el aspecto terrestre de esta natividad.

Tycho había nacido en el seno de una noble familia dinamarquesa; su padre quiso que realizara una carrera política, así que bajo la guía de un tutor, lo envió a la universidad para que estudiase jurisprudencia. Pero ni la severidad del tutor impidió que Tycho siguiera su camino; cuando el tutor dormía, el subía a la azotea de la casa y observaba las estrellas con instrumentos precarios. A la edad de 16 años hizo descubrimientos importantes. Nada impidió que deviniese matemático y astrónomo. Tras numerosos viajes, con la ayuda del rey de Dinamarca, se asentó en la pequeña isla de Hveen; a los 30 años construyo allí un observatorio y por un prolongado y pacifico tiempo, fue capaz de realizar extensivas observaciones astronómicas. Entre otras cosas, produjo un catalogo que contenía las posiciones exactas de unas mil estrellas que hasta entonces eran desconocidas. Esto fue un logro remarcable, si consideramos que tuvo que hacer sus observaciones a simple vista.

La determinación con la cual esta individualidad siguió su propio camino ya desde edad temprana, nos señala la dirección de su búsqueda del Espíritu Solar de la Tierra. Es la Tierra en Capricornio la que le penetró con el impulso de buscar en aquello donde su ojo pudiera revelarle la multitud estelar por encima suyo.

En Cáncer, la constelación opuesta, encontramos en conexión a Emerson a la experiencia del cáliz en donde fluyen los hechos humanos, pecados y esperanzas durante el curso de la historia. Tycho de Brahe observo y se volvió el alto sacerdote del otro cáliz, donde van las almas humanas al morir y de donde vienen cuando nacen. Es el cáliz del cosmos en el que descansa la Tierra. En la visión otorgada por medio de la actividad de su ojo, vivenció al Espíritu Divino de la Tierra. El Universo por encima de él no fue, con seguridad solo un mundo mecánico. Para él era un ser viviente gracias al cual pudo flotar a través del espacio cósmico, pudiendo comprender su pulso y su lenguaje. El no fue tan solo lo que podríamos llamar hoy un astrónomo, fue también un astrologo, si bien debemos imaginar que esto tenía otra implicación en su época, de la que se le da actualmente; predijo la muerte del emperador turco Solimán, muy cercana al día en que realmente sucedió. También predijo otros eventos que se volvieron realidad tras su muerte. En esta conexión interior con las estrellas y en la percepción de su lenguaje, detectamos ahora otra vivencia del espíritu solar de la Tierra, indicada por la Tierra en Acuario, pero esto no abarca totalmente el carácter universal de esta personalidad. Aun había más; su observatorio en la pequeña isla de Hveen era una construcción muy extraña. En la azotea, donde estaba instalado el observatorio, se encontraban los instrumentos para la medición de los ángulos de las posiciones estelares. Pero en el sótano de la casa había algo similar a un laboratorio alquimista, en donde se cocinaban las substancias terrestres que eran examinadas en relación a las estrellas. Este empeño en pos de un conocimiento de la naturaleza cósmica de las substancias terrestres, revela ahora otra relación con el Espíritu Solar que se unió mismo con la Tierra. Esto está indicado por la posición de la Tierra en Sagitario, cosa que tuvo lugar en el horóscopo de Tycho de Brahe del modo que explicamos anteriormente.

Estos son unos pocos ejemplos que pueden mostrar como experimenta a la Tierra un alma que desciende desde las alturas cósmicas, siendo ésta el único lugar en donde uno puede encontrarse con el Espíritu Solar de nuestro universo. Cuando el alma pasa a través del Sol durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, experimenta una situación preocupante. Encuentra que el Sol ha sido dejado por el Espíritu Guía que alguna vez estuvo allí, porque el Cristo se unió con la Tierra. Entonces el alma desarrolla el deseo de retornar a la Tierra para poder experimentar aquí al Espíritu Solar.

Las revelaciones del Espíritu Divino de la Tierra son múltiples, y el alma humana puede recibirlas según las condiciones de “percepción” adquiridas en encarnaciones pasadas; la dirección de esas posibilidades está indicada en el “espacio abierto” del horóscopo y en lo que allí ocurre. Esto abarca, por supuesto, solo una parte de las doce que constituyen la revelación del Cristo. Es la “dote” (o “talento”, según el proverbio de los evangelios) que nos fue dada por el Señor del destino, pero es tarea nuestra incrementar el regalo y debe volverse un ideal cristiano el vivenciar mas y mas la revelación del Espíritu Solar de manera comprehensiva.

Es innecesario mencionar que es imposible brindar ninguna regla definitiva sobre el carácter de la relación Tierra—Sol en las variadas constelaciones. Este es justamente el carácter distintivo del tercer misterio del Sol: que podemos acercárnosle a tanto nos tornemos activos y creativos en nuestras propias almas. Nada sucederá si nos limitamos a quedarnos sentados a la espera de que algo llegue a nosotros, excepto que la “dote” que hemos recibido nos sea arrebatada.

Si aprendemos a mirar a la natividad, al horóscopo, desde el punto de vista de nuestra propia actividad espiritual, y si logramos ver en ella al indicador hacia la perfección y cumplimiento de nuestra existencia como seres humanos, entonces podemos llegar a desarrollar una cognición completamente diferente del “horóscopo”. Entonces ya no será el oscuro, incluso cruel dominador de nuestras vidas, sino la mano guía de nuestro amigo en el cielo, quien nos muestra el camino hacia una Humanidad verdadera y cristiana.

 

LOS EVENTOS EN EL CIELO

En los últimos meses hemos atestiguado las escenas finales de un drama histórico que ya había comenzado doce años atrás. Si hemos mirado con ojos sapientes a los eventos que ocurrían en Europa central en el año 1933 y posteriores, entonces deberíamos haber visto que portaban en ellos las semillas de la destrucción. Los eventos de 1944 y 1945 fueron tan solo la revelación del gigantesco espacio hueco que ha sido creado en donde existió una vez Alemania. A menudo nos preguntamos: ¿Cómo fue posible esta destrucción, y que es lo que ha producido esta decadencia?.

La escritura estelar puede ayudarnos a encontrar la respuesta a estas preguntas. Pero no hemos de buscarla dentro de los eventos actuales en el cielo. Las causas reales se hallan bien atrás en el tiempo. Para decirlo claramente, la mayor parte de las tendencias que se originaron en 1933 tienen sus raíces en los sucesos conectados a la conquista de México a comienzos del S. XVI. No todo, pero gran parte tiene sus orígenes allí. La escritura estelar deja en claro esto.

Hernán Cortes deja la isla de Cuba  el 18 de Noviembre de 1518 en pos de conquistar México; desembarca en sus costas en Marzo de 1519 y funda la ciudad de Veracruz. En ese mismo momento, el planeta Saturno ingresa en la constelación de Capricornio. Cortes incendia los barcos en los cuales han cruzado el mar tanto él como sus hombres, con el fin de que nadie escapase a la contienda que venía. Pronto avistaron la hermosa ciudad de México, que estaba construida en el centro de un lago y en donde residía el emperador Montezuma. Tras numerosas aventuras y desesperadas empresas contra las tribus indígenas rojas, Cortes debe afrontar un levantamiento por parte del imperio mexicano. Derrota al enorme ejercito mexicanos el 7 de Julio de 1520, y si bien disponía de un pequeño grupo armado, tenía la ventaja de disponer de armas de fuego, a las que los indígenas rojos no estaban acostumbrados. Luego de la batalla, la ciudad de México fue derrotada y conquistada el 13 de Agosto de 1521. Esto condujo a una terrible exterminación de los indígenas; durante todo este tiempo, Saturno se hallaba en la constelación de Capricornio.

A finales de 1932 y comienzos de 1933, Saturno ingresa en la constelación de Capricornio. Con lo cual tenemos en aquellos sucesos un reflejo de la historia de los comienzos del S.XVI. Mas allá de esto, un estudio oculto nos mostraría que las amenazas kármicas de uno de los actores principales en el drama de 1933, nos llevan a los comienzos del S.XVI y a México.

Mucho ha sido dicho acerca de la crueldad de Cortes y sus hombres, con la cual quebraron y exterminaron al imperio mexicano. Aparentaban actuar a guisa de grupillo de aventureros que nada tenían que perder y que eran alentados por la más grande codicia por el oro y los tesoros de los mexicanos. Debemos también imaginarnos la situación confrontada por los españoles, pese a que fuesen en general poco morales de carácter.

Los últimos restos decadentes, que para la mente europea representaban el extremo de la crueldad humana, eran practicados en los templos mexicanos. No solo se practicaban sacrificios humanos allí, sino que se extraían los órganos de los cuerpos vivos, mayormente cautivos de otras tribus, y se ofrecían en sacrificio a las imágenes de los ídolos indígenas. Iríamos demasiado lejos si tratásemos de explicar el origen de estos ritos decadentes, que fueron el portal de la magia negra.

Los españoles, desde el punto de vista de su civilización europea, lo consideraron denigrante y destruyeron esas ceremonias, pero su Cristiandad era aun demasiado débil como para que enraizara en las profundas causas de estos signos de extrema decadencia, que estaban conectados con antiquísimos e insondables misterios de la sangre; desde el punto de vista de la Cristiandad, el actuar de los españoles fue un equívoco. ¿Y cuál ha sido el resultado?. En el S.XX, esas fuerzas oscuras de los misterios de la sangre resurgieron y ejercitaron su crueldad, estando plenos de odio por la civilización de la humanidad cristiana.

Es así como la escritura estelar nos puede enseñar y darnos la llave de la comprensión espiritual y la comprehensión de los eventos terrestres. Pero también puede ser un severo llamado de atención…

(Traducido por  y Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz)

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