El portal de la Luna

(La mística moderna y la opinión de la ciencia) –  Artículo de Willi Sucher

Diciembre de 1937

English versión

Lo que hemos logrado en el curso de estos estudios, de hecho, ha sido nada menos que penetrar en el trasfondo espiritual del ascendente de nacimiento. Porque como ya vimos en la elaboración del horóscopo prenatal de Richard Wagner, el ascendente en el nacimiento, o el descendiente según sea el caso, indica el lugar en el que se sitúa la Luna en el comienzo del evento prenatal cósmico que estamos considerando.

Ahora también debemos ser capaces de mirar el asunto desde otro lado, con el fin de percibir lo que es espiritualmente importante. Poco antes del nacimiento, el alma humana se somete a la fase final del descenso al mundo terrenal. Y se reviste con los tres cuerpos o vehículos. Este es el hecho esencial del pasaje a través de la esfera de la Luna –inmediatamente antes de la entrada real en la esfera terrestre. Para empezar, está el alma pura y el espíritu del ser humano, el Yo esencial que ya se revistió de un cuerpo de fuerzas anímicas, generalmente llamado el cuerpo astral. Luego, en un momento determinado el alma busca la conexión con el germen físico proporcionado por los padres. Entonces tiene lugar la concepción. Por este tiempo el alma humana –que sólo tiene una parte– entra en contacto con la forma embrionaria para hacerse con un cuerpo etérico extrayéndolo del éter cósmico circundante, tal como nos revela la investigación suprasensible moderna. Todos estos eventos están muy relacionados con la Luna.

El alma debe esperar hasta el momento en que la Luna esté en un lugar determinado del Zodíaco, respondiendo a las exigencias internas del propio alma. Sólo entonces puede encontrar su camino hacia la esfera terrestre, reuniendo para sí el cuerpo etérico que necesita.

Este momento coincide con el comienzo de la constelación prenatal –en el caso de Richard Wagner es el 15 de agosto 1812–. Desde allí se desarrolla todo el curso de los acontecimientos prenatales entre las estrellas, dominado por la Luna a través de diez vueltas circulares del Zodiaco. Esta es la imagen cósmica arquetípica del cuerpo etérico que se está apoderando del embrión físico, formándose en él y a través de él, haciéndose el portador de una biografía que se irá desarrollando en el tiempo.

Una y otra vez debemos poner énfasis en el hecho de que el punto desde el cual la Luna comienza en este horóscopo prenatal progresivo se convertirá en el ascendente o descendente en el momento del nacimiento. Tomemos el caso de Wagner una vez más. El 15 de agosto de 1812, la Luna se sitúa en el comienzo de la constelación de Escorpio, alrededor de un grado en el signo de Sagitario.

En el momento del nacimiento este punto está en el descendente, que es el lugar donde se encuentra el horizonte occidental en el Zodíaco. El punto opuesto, es la constelación de Tauro, que por lo tanto, esta ascendiendo en el nacimiento. Ahora bien, en astrología al ascendente se le atribuye la mayor importancia. Al estimar el horóscopo de un ser humano, se depende de ello. De este modo, se aplican una serie de reglas; reglas que han crecido más y más hasta ser voluminosas en el curso del tiempo. A menudo se recurre a reglas externas, basadas en bastante información empírica, pero entonces nos perdemos en las reglas y ya nos volvemos realmente incapaces de ver a través de los hechos espirituales subyacentes del ser humano, la conexión con el cosmos. Queda poco más que una suma aritmética a través de la que es más que probable que se reduzca la posibilidad de elevarse.

Por sobre todo, hay que tener en cuenta que el hogar esencial de la astrología está en el Este, que se originó en un período de tiempo en que todavía existía una clarividencia instintiva, de ensueño que, dentro de ciertos límites, aún puede hallarse todavía en el Este. Este poder de la percepción onírica, en su mejor momento, ciertamente no necesitaba compendios de normas destinadas a ayudar a desentrañar el guión cósmico cuando se miraba hacia el cielo estrellado. Misteriosamente, las estrellas impartían sus verdades a la humanidad de antaño. El portal a este tipo de conocimiento está en su mayor parte cerrado a la humanidad occidental. Hemos de seguir otras vías para penetrar de nuevo en el mundo espiritual. Afianzando nuestro camino por medio de toda la disciplina del pensamiento científico, debemos finalmente dirigirlo hacia las realidades del mundo espiritual que están detrás de los hechos y fenómenos externos.

Hemos tratado aquí de dar al menos un pequeño paso en este camino. Al hacerlo, hemos visto que detrás del ascendente o descendente al nacer está el lugar donde la Luna se situó en el inicio del horóscopo prenatal, y que a partir de entonces se despliega una imagen múltiple y muy valiosa de los ciclos lunares prenatales, lo que a su vez nos da un reflejo por adelantado de toda la corriente de la vida y del destino que se desarrollará en el tiempo.

Así, el alcance y concepto del ascendente natal se muestra pleno de realidad cualitativa, teniendo su origen en el gran universo; una imagen plástica ampliamente extendida de afinidades espirituales de una persona, que ahora podemos aprender a comprender conscientemente. Es muy cierto que algunas de nuestras descripciones son poco más que un boceto o esquema al desnudo, pero en el curso posterior será posible complementarlos, al redondear la imagen y hacerla más real.

Ahora, al igual que podemos penetrar en la esencia espiritual del ascendente natal de esta forma, también nos será posible hacerlo con respecto a los otros componentes del horóscopo de nacimiento. La posición de la Luna en el cielo en el momento del nacimiento es una clave, más aún, una puerta de entrada a los secretos de nuestra propia naturaleza anímica. Que esto es así, ya se indicó en nuestro primer artículo y ahora se explicará con mayor detalle.

Veamos a continuación, una vez más el horóscopo de nacimiento de Richard Wagner. La Luna está en la constelación de Capricornio, o a 15,5° en el signo de Acuario. Para entender lo que significa esta posición de la Luna, debemos en cierto sentido pasar por el portal de entrada de la Luna. Lo hacemos teniendo en cuenta la relación entre el nodo lunar y la Luna en el nacimiento. El nodo lunar, muy abstractamente hablando, es el punto de intersección de las órbitas solar y lunar. Hay, pues, dos nodos en posiciones opuestas en el cielo: un nodo ascendente, generalmente representado por el signo y un nodo descendente con el signo .

En efecto, las órbitas solares y lunares no se hallan en un mismo plano sino en distintos que forman un cierto ángulo. Así es cómo surgen los dos puntos opuestos de intersección.

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 La peculiaridad de estos dos puntos de intersección es que no están quietos sino que se mueven lentamente. El plano de la trayectoria lunar gira en relación al plano de la trayectoria solar, de modo que los dos nodos se mueven alrededor. Se mueven alrededor del zodíaco en dirección contraria a la rotación de los planetas, es decir, hacia atrás desde Aries a través de Piscis, Acuario, etc. Una revolución completa de un nodo lunar tiene lugar en 18 años y 7 meses, después de este tiempo, por lo tanto, el nodo –el nodo ascendente, por ejemplo– está de nuevo en la misma posición en el zodiaco a como lo estaba antes. El nodo ascendente es, por lo tanto, el punto matemático donde (en un momento dado y de nuevo después de 18 años y 7 meses) la órbita lunar se eleva por encima de la órbita solar, mientras que en el punto opuesto el nodo descendiente se ubica por debajo de ésta. Tendremos más para decir dentro de lo que sigue en relación a este hecho, detrás del cual yace oculta una realidad espiritual muy importante.

En el caso de Richard Wagner, la Luna al nacer estaba a 15,5 ° en el signo de Acuario. Al mismo tiempo, el nodo descendente estaba en 14 grados 12 minutos del mismo signo. Puesto que el nodo se desplaza hacia atrás a través del Zodiaco, podemos ver que estuvo en 15.5° de Acuario (la posición de la Luna en el momento del nacimiento) poco antes del nacimiento, es decir, alrededor de finales de abril de 1813. En ese momento había una constelación determinada en los cielos de gran importancia para Richard Wagner. Venus entró en la constelación de Aries, mientras que Marte, acercándose a la esfera de Capricornio, estaba al mismo tiempo en cuadratura a Venus. En el dibujo de arriba, esta constelación está registrada en el círculo exterior. Marte y Venus fueron de una importancia especial en la vida de Wagner, por lo que podemos dejar de lado los otros planetas por ahora.

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La pregunta ahora es: ¿Qué puede decirnos esta constelación acerca del ser humano? Ya hemos indicado que esto tiene que ver con la formación de nuestra concepción del mundo, nuestra filosofía de la vida. En los símbolos espirituales del zodiaco y del mundo planetario, tenemos que buscar su relación con las múltiples filosofías que son posibles a la humanidad en la Tierra. Rudolf Steiner lo hizo en su notable ciclo de conferencias sobre “El pensamiento humano y el pensamiento cósmico”, en el que describió las siguientes relaciones: Las doce tendencias indicadas aquí pueden llamarse las diferentes clases de filosofía o tonos de perspectiva filosófica. Pero también hay siete estados de ánimo-filosóficos -cualidades anímicas- relacionados a los siete planetas: Saturno=Gnosis, Logismo=Júpiter, Marte=Voluntarismo, Empirismo=Sol, Misticismo=Venus, Trascendentalismo=Mercurio, Ocultismo=Luna.

Es posible, por ejemplo, para un ser humano en una vida terrenal el desarrollar muy fuertemente el Espiritualismo en el estado de ánimo gnóstico. (No hará falta mencionar que se trata del Espiritualismo en el sentido filosófico de la palabra, no en el sentido de espiritismo moderno). En términos cósmicos, diremos entonces que para este ser humano Saturno está en Capricornio. Tal será pues la natividad espiritual de esta persona, frente a la natividad de la astrología ordinaria. En las descripciones de Rudolf Steiner no está directamente indicado ni puede incluso reconocerse si esta constelación de la filosofía cósmica tiene alguna relación con el horóscopo de nacimiento en sí. Todo lo que se revela a primera vista es que los horóscopos de nacimiento no parecen indicar tal conexión. Por otra parte, Rudolf Steiner indicó expresamente que esta constelación de la filosofía cósmica podría suceder en algún momento antes o incluso después del nacimiento. Fue sólo después de largas investigaciones empíricas que surgió la verdad, a saber, que este nacimiento espiritual está conectado no sólo con los acontecimientos actuales en el cosmos externo, sino también con el horóscopo de nacimiento del individuo, conectado en la forma en que se ha indicado en el ejemplo de Richard Wagner.

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Este descubrimiento, junto con todos los hechos de la constelación prenatal, nos lleva por fin a un cuadro armonioso y total de las conexiones del ser humano como un todo integrado al Universo. En el horóscopo de nacimiento tenemos el equivalente cósmico de la entrada en el mundo físico. En la constelación prenatal u horóscopo prenatal tenemos la imagen cósmica de la organización etérica, durante el recorrido en el que se apodera de la forma física. Sin embargo, la constelación de la filosofía cósmica nos da una idea de lo astral, de la estructura psicológica o psíquico-corporal, que se expresa sobre todo en la tendencia innata y la dirección de la propia filosofía. En esta forma también tenemos en la astrología un camino de triple acceso a su verdadera esencia suprasensible, la naturaleza corporal del ser humano: los cuerpos físico, etérico, astral tal y como se conoce en el ocultismo.

Cuando el nodo lunar (que puede ser el nodo ascendente o el descendente) se encuentra en el lugar en el zodíaco donde se encuentra la Luna en el nacimiento, este es precisamente el momento en que la constelación filosófica está presente en los cielos. Puede ser antes o después del nacimiento, dentro de un rango probable de 18 años y 7 meses. En el caso de Richard Wagner estuvo muy cercano al alumbramiento, sólo un mes antes del nacimiento el nodo lunar descendiente se encontraba en el lugar en el que la Luna misma se encontraba en el momento del nacimiento. A continuación, el nacimiento espiritual de Richard Wagner fue retratado en los cielos. Bien podría haber sido que hubiéramos tenido que buscar este nacimiento espiritual en el momento en que el nodo ascendente pasó por el lugar donde la Luna se situó en el nacimiento. Esto habría sido aproximadamente nueve años y tres meses antes o luego del momento en que se ha fijado como a finales de abril de 1813. Vemos, pues, que las variaciones son posibles —en este caso son tres— y debemos estar bien familiarizados con la psicología de la persona y su carácter espiritual a fin de elegir correctamente entre las posibles alternativas. Aquí hay de hecho un elemento de liberación. Este horóscopo espiritual no puede ser calculado simplemente, aún prevalece una cualidad de libertad. Así se abre el camino hacia una clase de astrología en la que ya no será posible buscar las conexiones de las personas con el cosmos a fuerza de mero cálculo; será necesario desarrollar una sensibilidad interior para profundizar en el carácter de la persona en cuestión. En el caso de Richard Wagner, tenemos en la constelación de la filosofía cósmica a Venus en Aries y a Marte pasando de Sagitario a Capricornio. La tendencia filosófica así indicada sería: El Idealismo en el estado de ánimo del Misticismo, y el Espiritualismo en el estado de ánimo de Voluntarismo. (La experiencia con estas constelaciones ha demostrado que para los estados de ánimo filosóficos son más importantes las constelaciones reales que los signos de la eclíptica). Estos dos aspectos están relacionados por una cuadratura entre sí. Al juzgar los horóscopos de nacimiento, la cuadratura es más bien conocida como obstaculizadora, como un factor perturbador, pero en los procesos que estamos tratando aquí las condiciones se invierten. En el horóscopo espiritual los aspectos malos son buenos, mientras que los aspectos buenos a menudo son obstaculizantes. Esto también fue indicado por Rudolf Steiner y la experiencia lo confirma.

De una manera maravillosamente clara, se revelan los aspectos anteriores en la creación espiritual de Wagner en la tendencia general de su concepción del mundo. Ya en una fase temprana, comienza a tomar los temas mitológicos de las leyendas nórdica y germánica. Hay una adivinación de esto incluso en su Tannhaeuser. Con un asombroso crecimiento de la experiencia mística interior él avanza a lo largo de esa línea. A menudo los poemas dramáticos están ahí desde hace mucho tiempo y sólo mucho más tarde se añade la música que les pertenece. Así él va avanzando —por indicarlo muy brevemente— a través de la experiencia del mito de Sigfrido en el Anillo de los Nibelungos; a través de la muerte de amor de Tristán e Isolda, que tiene sus raíces en la esfera espiritual celta; a la más alta, la experiencia de la salvación en Parsifal. Experimentando interiormente la mística de su propio destino vital, surge en su alma el drama del “Holandés errante”, en busca de su hogar y de su salvación. En el drama de Sigfrido tenemos una imagen de la batalla del despertar de la conciencia del “Yo” con los poderes amenazantes de la oscuridad. En Parsifal tenemos el despliegue —tenuemente sentido como perteneciente a un futuro más lejano— de la voluntad de sanación que se encuentra oculta en las profundidades de su propio ser. En las profundidades místicas, Wagner descubre los poderes cósmicos formativos y creativos del universo, incluso mientras están trabajando en su propio destino; las ideas arquetípicas llegan incluso hasta la vida del individuo. Él les da forma en su obra de arte. En sus creaciones se vive la esencia del Misticismo (íntimamente relacionados, ya que es la mitología), coloreada por el Idealismo. Así pues, en la forma de ideas cósmicas retrata los poderes universales trabajando en sí mismos los destinos personales e históricos.

Aquí también obtenemos un acceso al otro aspecto, la constelación de Marte en Capricornio —Voluntarismo en el Espiritualismo— se encuentra en el carácter total del alma y el espíritu de Wagner, introduciéndose en toda su obra donde se siente el proceso universal como un ente volitivo, que vive y se mueve en una esfera espiritual sometiéndose a la transmutación en los reinos de las jerarquías espirituales. Pese a que también tenía dificultades para hacerle frente, de manera que esta imagen del mundo no se desenvolvió más que como un sentimiento dominante en su alma, aún vivió en él y que representó el estado de ánimo fundamental de su trabajo artístico. Es, por supuesto, muy difícil cuando se habla en este sentido de tendencias filosóficas y concepciones del mundo el formular estas cosas de una manera fácil y concisa. Pues la concepción del Idealismo o del Espiritualismo, por ejemplo, deben ser tomados de la filosofía pura, y no de las muchas variaciones populares o significados convencionales. Hay una diferencia muy grande entre lo que comúnmente se llama idealismo en la vida diaria y lo que se entiende por el idealismo filosófico. En la mencionada conferencia del ciclo “El Pensamiento humano y el pensamiento cósmico”, se elaboran y representan estos conceptos puramente filosóficos, sobre todo, en su secuencia (como van evolucionando uno a otro) siguiendo el curso dinámico del Zodiaco. No es posible describir todo esto en detalle aquí. De lo poco que se ha dicho acerca de la constelación de la filosofía cósmica, ya se puede reconocer el tremendo significado que este horóscopo espiritual habrá de tener para nosotros. Porque, en efecto, representa la motivación dominante de nuestra alma y espíritu, motivación que regirá en un alto grado el curso y el carácter de nuestra vida. De hecho, en algunos aspectos es incluso más importante que el horóscopo de nacimiento.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

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