EL HORÓSCOPO PRENATAL (continuación de Astrología III)

Artículo por Willi Sucher, Octubre de 1937

English version

Los sucesos en las esferas planetarias durante el desarrollo embrionario humano, como hemos visto, describen al cuerpo etérico o cuerpo de fuerzas cósmicas, las cuales permean y vitalizan al físico. Por otro lado, tenemos a una múltiple variedad de fenómenos cósmicos, el reunirse y separarse nuevamente de los diferentes planetas, sus conjunciones, oposiciones, etc. Durante este tiempo, el mundo planetario atraviesa una cierta evolución. Se conforman constelaciones que sólo tienen lugar una vez dentro del curso del Gran Año platónico. Todo esto sucede durante la época prenatal que consta de un promedio de 273 días antes del nacimiento y de éste mismo.

Por otro lado, a través de los ciclos de la Luna, todo este drama planetario entra en una relación definitiva con el curso temporal y el ritmo del devenir del ser humano en la Tierra. El  movimiento vivo, fluido del sistema planetario es –por así decirlo– grabado durante aproximadamente diez ciclos lunares, similar a como se puede grabar el curso de sucesos terrenos en un filme. La organización estelar individualizada, la cual se formó de este modo durante el período prenatal, posee una significancia real y verdadera para la vida entera del ser humano. Separado –como forma de decir– de su origen cósmico, se torna una organización independiente en nosotros, un cuerpo en el tiempo. Le llamamos cuerpo etérico.

El cuerpo etérico toma posesión del cuerpo físico en un momento inicial, lo dirige hacia un curso definitivo del desarrollo orgánico en el tiempo, y lo orienta hacia un objetivo determinado. Le arrebata a la substancia material su tendencia natural por la desintegración y lo posiciona en una corriente de desarrollo, metamorfosis y progreso.

Por virtud de estas fuerzas vivas que forman nuestro cuerpo, tenemos una relación más cercana a las fuerzas de la vida y del crecimiento dentro del mundo vegetal, ya que es un principio similar el que actúa en la planta. En su propia esencia, invisible, suprasensible y reconocible a los sentidos físicos sólo a través de sus efectos, se halla vivo en la semilla y provoca que la planta genere una raíz y que crezca en armonía con los ritmos cósmicos de las estaciones. Impulsa al desarrollo de la planta hacia cierto objetivo por medio de la floración hasta la nueva formación seminal.

Este cuerpo etérico suprasensible de la planta convoca desde el mundo material a un cierto despliegue y desarrollo y aporta un cierto balance entre el buen desarrollo, el crecimiento y los procesos de decadencia y desaparición.

Ahora bien, debe considerarse una diferencia esencial cuando se lo compara con el ser humano. Aún con lo maravilloso del ritmo de su desarrollo, la planta nunca queda liberada del ciclo perpetuo que comienza con la formación germinal y conduce nuevamente a esta misma. El curso temporal de una vida humana terrestre, por otro lado, es único, individual y nunca ha de repetirse. Esto es debido a que el cuerpo etérico humano se ve constantemente influido desde la esfera del alma –el así llamado cuerpo astral– y desde el Yo o Ego. Estos miembros superiores –el cuerpo astral y el Yo– no se hallan presentes en la planta. Por de pronto, la planta es una imagen pura y hermosa de la labor del cuerpo etérico, el cual establece el lazo entre los ritmos cósmicos y la inercia de la materia terrestre. El cuerpo etérico aporta vida cósmica y movimiento dentro de la rigidez del mundo mineral terrestre.

Entre las fuerzas del vasto cosmos y aquellas de la Tierra, el principio etérico es el mediador esencial. Pero la misma imagen surge cuando retornamos a nuestro punto de partida, las constelaciones prenatales. El reino planetario, que es un cuadro del cuerpo etéreo, es el intermediario entre el cosmos de las estrellas fijas que se halla concentrado arriba en el zodíaco, y la Tierra como lugar de nacimiento.

Un aspecto de todo esto nos ha sido mostrado en el ejemplo del horóscopo prenatal de Richard Wagner. Las constelaciones de Cáncer y Sagitario aportan un contenido espiritual interno a las conjunciones planetarias que son ocasionadas delante de éstas. Semeja al curso de un drama sobre el escenario; los actores son los planetas, los signos del zodíaco son como el escenario –los bastidores en tiempo y espacio. Sin embargo, el drama también requiere de una audiencia; su efecto ético ha de quedar impreso en los corazones de quienes lo presencian. ¿Dónde está el último elemento a ser encontrado?. Es dentro de la esfera de la Tierra en donde hemos de buscarle. El reino terrestre es la  verdadera contraparte del mundo de las estrellas fijas. El reino etérico de los planetas media entre ambos. Mismo en el período prenatal, el desarrollo físico del embrión tiende hacia el reino terrestre, aunque en su propia forma como espacio terrestre,  el elemento Tierra sólo comienza a hacerse presente al momento de nacer.

¿Cómo se revela esto entonces?. El nacimiento ocurre en un lugar particular de la Tierra y a cierta hora del día o la noche. Esto le otorga al espacio terrestre una relación definitiva con respecto al cielo estelar, ya que en ese momento se eleva una determinada constelación por el horizonte Este y otra constelación se pone por el Oeste, otra se ve pasando por el meridiano, etc. Por lo tanto, también los planetas poseen una relación fija con respecto al espacio terrestre. Por ejemplo, si el nacimiento ocurre durante la mañana, el Sol se estará elevando por el Este; si ocurre por la tarde, el Sol se hallará en el Oeste. Entonces, el espacio terrestre –su configuración característica dada por los planos del horizonte y el meridiano– se relacionará a cada momento de un modo diferente con el cosmos. Este espacio terrestre es el tercer elemento a ser considerado dentro de aquello que habremos de juzgar en las constelaciones prenatales. Si bien esto no es visible durante la época prenatal sino solamente a partir del nacimiento en adelante, el desarrollo prenatal tiende de todos modos a esto.

Los planos del horizonte y del meridiano nos proporcionan una división natural del espacio terrestre en cuatro cuadrantes al ocurrir el nacimiento. Con el transcurrir del tiempo, la Astrología adoptó una visión más elaborada de estos cuadrantes y los dividió en tres respectivamente, obteniendo 4 veces tres, es decir doce partes del espacio que concluyen centrándose sobre el eje norte-sur del espacio terrestre, como si fuesen los gajos de una naranja.

En el espacio así formado, el cosmos –sobre todo el zodíaco– actuará de manera muy diferente según la hora del día y la latitud geográfica.

En el gráfico siguiente hemos intentado representar cómo es que el zodíaco y el mundo planetario irradian hacia el espacio terrestre al acontecer el nacimiento de Richard Wagner, tomando en consideración que no es fácil representar un suceso tridimensional en dos dimensiones. Richard Wagner nació al amanecer, vemos por lo tanto al Sol levarse por sobre la línea del horizonte Este (el Ascendente astrológico), pero se halla suficientemente alejado hacia el Noreste. El zodiaco emerge a través de un arco bastante elongado hasta la línea del meridiano –representado por el MC o Medium Coeli– y a partir de allí desciende en un arco comparativamente corto hacia el Sudoeste. Las relaciones correspondientes se hallarán en el hemisferio espacial por debajo del horizonte, sólo que en orden inverso.

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En el círculo interno obtenemos algo similar a la imagen convencional del horóscopo natal. El Sol sobre el Ascendente, es decir que se eleva. Venus y Mercurio ya se han elevado; la Luna, Marte y Saturno se hallan  cerca del meridiano; Júpiter está por debajo del horizonte. Desde el lugar del nacimiento (representado por una O), el espacio restante se divide en doce partes (cuatro cuadrantes de tres sectores respectivamente, como he descrito arriba) y que pueden ser numerados del 1 al 12 –las tan conocidas casas astrológicas.

Pese a ser tan familiares  en la Astrología moderna, las personas encuentran a menudo las mayores dificultades al querer traducir estos horóscopos  diagramáticos en una imaginación real y verdadera de los hechos cósmicos al momento en que nace un ser humano. Esto es en si lo que se precisa. Podemos suplementar entonces al gráfico de arriba con un dibujo más tridimensional, que nos ayudará a crear una comprensión.

El dibujo ha de ser visto situándose uno en el cosmos exterior. Desde allí vemos al plano horizontal con sus direcciones: Este, Oeste, Norte y Sur. El círculo vertical prolongado es la línea del meridiano, mientras que el círculo oblícuo que lo corta sobre el punto del MC, representa al zodiaco. El plano del horizonte se encuentra con el zodíaco en el Ascendente y lo divide en dos porciones, la visible que está dibujada por medio de una línea continua y la invisible que se la ha representado por una línea punteada por debajo del horizonte. El Sol se está elevando. El arco del zodíaco desde el Ascendente hasta el MC es más largo que aquel del Descendente –el punto por el cual se pone en el Sudoeste. El dibujo nos muestra éstas y otras circunstancias.

Por lo tanto, los fenómenos  son ternarios: en primer lugar está el zodíaco, seguidamente están los planetas que se ubican al ocurrir el nacimiento, proviniendo desde su trayectoria prenatal, y tercero está el espacio terrestre, dividido en cuatro o doce segmentos. Agregar los doce segmentos a nuestro segundo dibujo hubiera sido demasiado complicado, pero de todos modos podemos reconocer los cuatro cuadrantes. El plano del horizonte divide al espacio en un hemisferio superior e inferior, el plano del meridiano lo divide en una mitad Este y Oeste. Así surgen los cuadrantes del I al IV, cada uno de ellos divididos a su vez en tres partes, obteniéndose doce.

En el artículo precedente se mostró cómo pueden ser leídas las relaciones entre los planetas y las constelaciones del zodiaco, incluso como escritura cósmica. Por ejemplo, el movimiento de Saturno en Sagitario, visto en conjunción a Mercurio, Venus y Marte respectivamente, pudo verse como pleno de significancia en la vida  de Wagner. La pregunta sería ahora ¿cómo se enriquece la escritura cósmica por medio de la inclusión del aspecto del espacio terrestre al ocurrir el nacimiento?.

Estas constelaciones acontecieron con Saturno en un lugar del zodiaco que, al producirse el nacimiento, está irradiando hacia el espacio de la 8ª y 9ª casas, desde el lado opuesto hacia las casas 2ª y 3ª también. Este hecho se ve indicado en el círculo exterior del primer diagrama. Pero para empezar, debemos intentar adquirir cierta visión acerca del significado de las así denominadas casas, que especifican y dividen al espacio terrestre en doce partes.

Si los planetas son un cuadro del cuerpo etérico y reciben en ellos –digamos– las intenciones del mundo astral de las estrellas fijas, el espacio terrestre viene a ser una especie de pizarra en donde se escribe desde el cosmos. Es un cuadro de lo puramente físico, de hecho el cuerpo físico de un ser humano, con todas sus peculiaridades visibles, hablándonos de lo hecho por los dioses por medio de las herramientas del universo estelar. El espacio terrestre al momento del nacimiento es una imagen cósmica del cuerpo físico, ya que las doce casas representan a la naturaleza dodecamórfica del cuerpo, como se conoce en ocultismo. Las doce casas, en efecto, es el zodiaco de doce miembros invertido en el reino terrestre. El zodiaco irradia hacia la Tierra mientras que los doce segmentos terrestres se abren receptivos al cosmos circundante.

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No carece de significado el hecho de que en Astrología, se indica tradicionalmente a las doce casas con los símbolos del zodíaco. Debemos recordar solamente que las casas están relacionadas con el cuerpo humano. Consiguientemente, podemos representar a la 1ª casa por medio del signo de Aries, la 2ª por el de Tauro, la 3ª por el de Géminis, hasta llegar a la 12ª representada por Piscis.

De tal modo obtenemos las siguientes relaciones entre las doce casas y el cuerpo humano físico:

1ª Casa = Aries  relacionada con el porte vertical de la cabeza, enfatizando esta línea en contraste a la postura horizontal del animal.

2ª Casa = Tauro   ésta es la imagen de la laringe y todo aspecto del cuerpo relacionado con la formación del lenguaje y el sonido.

3ª Casa = Géminis   conectado con la simetría del cuerpo humano, especialmente ambos brazos; también con la simetría relativa de las dos mitades del rostro, pulmones, etc.

4ª Casa = Cáncer  el símbolo mismo indica el gesto envolvente del tórax, las costillas, etc.

5ª Casa =  Leo   este símbolo es también la pura imagen que revela a Leo en su relación con el sistema circulatorio, con su centro en el corazón.

6ª Casa = Virgo   relacionada con las partes internas del cuerpo que se sitúan por debajo del diafragma.

7ª Casa =  Libra   conectada a la región de las caderas, el punto de balance entre los impulsos superiores que se dirigen hacia el interior, y aquellos inferiores que corresponden a los órganos del movimiento y que están más en contacto con el mundo exterior.

8ª Casa = Escorpio   relacionada a los órganos reproductivos

9ª Casa = Sagitario  aquí nos hallamos en la región de los muslos, mostrando claramente la tendencia hacia el exterior, el ser humano relacionándose con el medio ambiente terrestre.

10ª Casa = Capricornio  relacionada con las rodillas, pero en un sentido más amplio abarca a todas las articulaciones, aportándole al cuerpo su mecánica y su movilidad.

11ª Casa = Acuario  la región de las pantorrillas halla su expresión aquí; también los antebrazos, brindando el poder del movimiento armonioso y bello.

12ª Casa =  Piscis   se asocia a los pies y las manos, que tocan, trabajan y pisan sobre las cosas del mundo físico externo.

En el caso de Richard Wagner, la cuestión significativa es que las conjunciones prenatales a Saturno tuvieron lugar en una región del cosmos en donde se despliegan las casas 8va y 9na, o la 2da y 3ra desde el lado opuesto. La trilogía de la escritura cósmica se presenta del siguiente modo:

  1. constelación del zodíaco: Sagitario;
  2. Saturno bajo diferentes conjunciones;
  3. 8ª y 9ª (2ª y 3ª) casas.

Todos los sucesos que fueron preconfigurados en el cuerpo etérico de Richard Wagner a través del trayecto prenatal del Sol, Mercurio, Venus y Marte por delante de Saturno en Sagitario, ingresan finalmente en esas casas, en las esferas corporales de Tauro y de Géminis. Estos sucesos prenatales corresponden al destino del Richard Wagner de los años 1849, 1853, 1857, 1876-7 (considerado más en detalle en el artículo precedente), durante los cuales Richard Wagner atravesó por tempestades y pruebas en sus experiencias hasta alcanzar la altura de su grandeza histórica y un artista y compositor que marcó época en nuestro tiempo.

 Las fuerzas cósmicas, predispuestas en el reino etérico, encarnaron en las esferas del organismo del lenguaje y de los brazos que ponen en marcha a la acción, es decir en la esfera que permite la experiencia y el manejo de la palabra y el sonido. Se tiene la impresión de que todo esto nació primeramente en un modo germinativo dentro de los órganos del oído y la laringe, para luego afluir en los poemas, las composiciones y las escenas dramáticas logradas por Richard Wagner gracias a sus brazos y manos.

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Todo esto hubo de ser obtenido a través de un arduo y difícil camino de vida. Ciertamente es un hecho impresionante que Wagner no haya podido ser capaz de establecer su arte en el teatro de Bayreuth recién a los 63 años, del modo que respondía a su ideal. Vemos aquí a la tendencia de Sagitario (♐), en donde encontramos la imagen de un ascenso arduo y difícil. Saturno recibe esta tendencia cósmica dentro suyo y la canaliza en la formación del cuerpo etérico, gracias a todos los encuentros con los demás planetas durante el tiempo previo al nacimiento.

Todo esto fue llevado al cuerpo físico del modo en que lo hemos descrito, y la individualidad eterna de Richard Wagner lo tomó e hizo de esto un logro maravilloso, lo cual nos ha sido brindado con su biografía -su trayecto por la vida terrena.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

 

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