Puntos de inflexión en la Historia, II

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y el rostro cambiante de la Cosmología“. Parte I.

English version

Como conclusión de esta semana de trabajo, vamos a tratar de evaluar la importancia de este siglo XX y su posible proyección hacia el futuro. Ayer mencionamos uno de los más importantes sucesos de comienzos del siglo, que de alguna manera expresa bien su carácter. Hoy vamos a añadir dos aspectos suplementarios, uno de comienzos de siglo que coincidió, casi, con la oposición de Plutón y Urano, de la que hablamos, y otro, exactamente de finales de siglo. En 1901 tuvo lugar una gran conjunción Saturno/Júpiter (Fig. 8.1), que tuvo lugar en la constelación de Sagitario. En el año 2.000 tendrá lugar otro gran suceso[1], de nuevo una conjunción Júpiter/Saturno en algún lugar de la zona de transición entre la constelación sideral de Aries y la de Tauro. Son dos de las tres conjunciones posibles que forman parte del gran triángulo del  que hemos hablado anteriormente. Es una de las agujas del gran reloj cósmico que nos permite medir el tiempo, tanto en sentido histórico como cósmico. Cada una de las conjunciones se reproduce cada 60 años. Por ejemplo, la de 1901 se reprodujo en 1961. La que tendrá lugar en el año 2.000 ya se produjo en 1940-41. Además, hemos comprobado que la conjunción de 1961 estaba un poco más avanzada en la eclíptica que la que le precedió en 1901. De la misma manera, la conjunción de 1940 estaba un poco más atrasada pues precedió a la del 2.000. El triángulo gira así,  muy lentamente, como las agujas del reloj que usamos para medir el tiempo.

También podemos volver hacia atrás en la historia y encontrar que la gran conjunción de 1901 nos conduce directamente a un suceso parecido del año 6 antes de Cristo, un ancestro de la conjunción de 1901. A causa de la progresión del triángulo, le encontramos entonces el año 6 a.C. en la constelación de Piscis. Esta fue la gran conjunción, el congreso de Saturno y Júpiter que anunció “el cumplimiento de los tiempos”, el nacimiento de Jesús que, llegaría a ser más tarde el ‘vehículo’ del Cristo. Habría mucho que decir sobre este tema. Lo hemos estudiado en detalle y así lo hemos consignado en nuestro libro “El Cristianismo cósmico”

 f81

 

También el suceso del año 2.000 puede conducirnos al pasado. Encontramos un antepasado de esta conjunción en el año 34 después de Cristo, es decir, un año después del Misterio del Gólgota. La gran conjunción tuvo lugar entonces en la constelación de Leo, después de la cual, recorrió todo el Zodiaco y el año 2.000 saldrá de Aries para entrar en Tauro. Parece ser que el año 34 tuvo lugar la conversión de S.Pablo en Damasco. Así pues, tenemos en estas conjunciones un modelo de inspiración de los sucesos. El comienzo del s. XX  va acompañado en el Cosmos por una conjunción cuya antepasada estaba asociada a la “anunciación”, el año 6 a.C.[2] Rudolf Steiner lo mencionó en la inauguración de la Antroposofía. A finales de siglo se tendrá el recuerdo cósmico del año 34, la conversión de Pablo, en la medida que podamos hacerlo. Desde un cierto punto de vista, estos son los fundamentos del siglo XX. Es importante que lo recordemos. A la vista de lo dicho, ¿de qué manera tiene todo esto que ver con el futuro? ¿Cómo podría esto servir de guía a la Humanidad?       

Para encontrar una respuesta tenemos que considerar este siglo desde un punto de vista más amplio. Decimos que ahora estamos en la era de Piscis y que nos dirigimos, lentamente, hacia la era de Acuario. ¿Qué queremos demostrar con esta afirmación? En sentido cósmico, el comienzo del año no tiene lugar el primero de Enero. El comienzo real, astronómico, del año debería ser considerado como el tiempo del equinoccio de primavera, cuando el Sol se encuentra exactamente en el punto de intersección entre el ecuador celeste y  la eclíptica, alrededor del 21/22 de Marzo. Sabemos que la fecha de Pascua tiene una relación muy íntima con esto, pues se sitúa en el primer domingo que sigue a la primera Luna llena del comienzo de la primavera. Así pues, la posición del Sol en el momento del equinoccio debería considerarse el comienzo del año. Se trata de algo más que una simple y cómoda manera de organizar el calendario anual.

En la actualidad, con ayuda de extraordinarios instrumentos astronómicos, podríamos ver, detrás del Sol, hacia el 21 de Marzo, la constelación de Piscis, pero eso no era así hace 2000 años. En aquella época el Sol se encontraba en la constelación de Aries, durante el equinoccio de primavera, de hecho se estaba preparando para entrar en la constelación de Piscis. En lenguaje astronómico eso se llama el movimiento de “precesión”. Las constelaciones de las estrellas fijas se van retrasando lentamente sobre la eclíptica, alejándose de la posición del Sol durante el equinoccio de primavera. Así pues, la constelación de Piscis ocupó el lugar de la de Aries y muy pronto la de Acuario reemplazará a la de Piscis. En unos 1.600 años la estrella Eta que se encuentra en el cántaro de Acuario será vista detrás del Sol cerca del 21 de Marzo.

Ahora bien,  podremos ver el Sol en esta constelación de Acuario mucho antes. Dentro de unos 400 años el Sol del equinoccio de primavera estará sobre la región del agua que el Hombre-Acuario vierte de su cántaro. Este flujo de agua se manifiesta a través de un gran número de estrellas muy discretas (Fig. 8.2) Alrededor de  2.369 el punto vernal se habrá desplazado hacia un punto situado sobre este flujo de agua. Uno de los peces estará todavía por encima de él. Podríamos decir que esto indica un doble aspecto, al que tendremos que enfrentarnos dentro de unos 400 años. Hoy en día muchas personas parecen tener prisa y sostienen que el punto vernal se encuentra ya en Acuario. Sin embargo, esto contradice los hechos astronómicos basados en las cartas astrales generalmente conocidas. Nuestra afirmación estipulando que la entrada no tendrá lugar hasta dentro de casi 400 años ha sido confirmada por el astrónomo y astrólogo Cyril Fagan que suele ser muy preciso y exacto en sus cálculos.

f82

 De esta manera deberíamos tener entonces en el Cosmos, en el curso del s. XXIV lo que podríamos llamar una proposición triangular: por debajo de la eclíptica estarán las aguas de Acuario, el pez del oeste por encima y, más alto aún, Pegaso. Esta situación tendrá que ser preparada por la Humanidad en el sentido de que una futura y nueva cosmología exigirá que “hablemos” activamente a las estrellas, de manera creadora. El propio Cosmos en el que vivimos se separó, en las etapas precedentes de la Creación, hasta un punto en el que simplemente se refleja, recordando los hechos del mundo divino acaecidos en el pasado, como si estuvieran escritos en una crónica. Ahora es nuestra responsabilidad elevarnos a niveles como el de la Fantasía moral y el pensar intuitivo para ser capaces, finalmente, de contribuir al despertar y revivificación del Cosmos. Estamos en el punto de partida, aún minúsculo, de una nueva Creación. Eso es lo que quiere decir San Pablo cuando habla del primer Adam, la primera Creación, y del segundo Adam, la creación que puede comenzar cuando acogemos el impulso de Cristo en el interior de nuestro propio ser.

La pregunta es: ¿Cómo podemos prepararnos para todo eso? El peligro es que no se pueda producir nada en la Humanidad, porque entonces la fuerzas de Acuario ya no serían constructivas, sino destructivas. Acuario presenta dos aspectos en la mitología: uno tiene que ver con las inundaciones, el otro está ligado a la fertilización de la Tierra. En Caldea estaba asociado a la gran inundación descrita en el relato de Gilgamesh. En la mitología griega Acuario se asimilaba a Deucalion y su mujer Pirra, los únicos supervivientes del diluvio de Tesalia, provocado por Zeus que quería acabar con la Edad de Bronce. Por esta razón la propia Humanidad debe dar los primeros pasos hacia la Imaginación moral y el pensar intuitivo, con vistas a estar preparada, cosa que no se puede alcanzar si antes no se han cumplido las tareas relativas a la era de Piscis, que todavía no ha llegado a término. En sentido de cultura espiritual, no ha hecho más que comenzar. No podemos entrar en la era de Acuario con plena seguridad, antes de haber cumplido las tareas propias de la era de Piscis. ¿Cuáles son esas tareas? Ya no podemos leer en las estrellas lo que debemos hacer ni lo que se espera de nosotros.  Somos nosotros quienes tenemos que decidirlo, sólo nosotros.

Por encima de la constelación de Piscis se encuentra la constelación de Andrómeda (Fig. 8.2), encadenada a una roca y amenazada por un horrible monstruo marino que viene de abajo, de Piscis. Se trata de Ceto una especie de criatura informe,  acuática que vive en el inmenso mar debajo de esta parte del Zodiaco. La madre de Andrómeda, la reina Casiopea, enfadó a Poseidón, dios del mar y, en venganza, éste mandó a su reino al monstruo Ceto, el cual asoló completamente la región. Un oráculo había predicho que sólo habría una cosa que permitiría ayudar al país a liberarse de este sufrimiento: el sacrificio de Andrómeda. Así pues, fue entregada a Ceto para ser devorada por éste. Sin embargo, justo en el momento en que Ceto se aproximaba, la ayuda vino de arriba, con Perseo que regresaba a su casa después de una expedición al norte donde había acabado con la vida de otro monstruo: la Medusa. Ceto y Medusa pertenecen a una generación de monstruos que antaño habían sido seres de una gran belleza. Pero al envejecer, sobreviviendo en tiempos posteriores, se habían convertido en ser repugnantes y peligrosos. Medusa convertía en piedra todo lo que miraba, pero Perseo era hijo de la era de Aries, la de la época cultural greco-latina. Había aprendido a pensar, facultad que más tarde se manifestó de manera maravillosa en los filósofos griegos. Perseo no se había dirigido directamente a Medusa, sino que dándose media vuelta observó su rostro en su escudo que estaba pulido y brillante como un espejo. Se aproximó a ella, sin que pudiera convertirle en piedra, y le cortó la cabeza. En el camino de regreso advirtiendo el peligro en que se encontraba Andrómeda, sacó la cabeza de Medusa de su bolsa y se la lanzó a Ceto que se estaba aproximando. En un instante el monstruo quedó convertido en una enorme roca. Mucho tiempo después, se pensó que una enorme roca negra de la costa fenicia había sido antaño el cuerpo de Ceto.

Estos mitos contienen importantes realidades para la evolución. ¿Qué significado tiene que Andrómeda estuviera encadenada a una roca y sacrificada al monstruo? Éste era una criatura acuática, informe, gigantesca y peligrosa. ¿Quién salva a Andrómeda? Perseo, el que había desarrollado el poder de pensar. Ahí abajo, en el cetáceo, el pensar no existía: era algo atávico, sin formas, una cosa relacionada con el mar. Se trataba de una antigua clarividencia etérica que no había desaparecido con la evolución de la conciencia humana, por lo cual se había hecho peligrosa, aunque curiosamente, muy voluminosa. Tenía aterrorizada a Andrómeda, que debe ser considerada como una imagen del alma humana. Hay que ver en ello un mensaje dirigido en particular a los tiempos actuales. Andrómeda se encuentra por encima de Piscis, la constelación que inspira el actual equinoccio de primavera. Vemos una estrella sobre la frente de Andrómeda, justo en la región del chakra de Júpiter – la flor de loto de dos pétalos, en el entrecejo – que según las doctrinas esotéricas es un órgano de percepción más elevada, como lo describe Rudolf Steiner en su libro La Iniciación, o Cómo alcanzar el conocimiento de los mundos superiores. Andrómeda posee esta estrella junto con Pegaso que la lleva en una de sus alas, y es como si, en las cartas astrales clásicas, Pegaso saliera de la cabeza de Andrómeda. El mito que se expresa en esta historia, es el siguiente: Andrómeda, el alma humana, realmente ligada a la era de Piscis, tiene el impulso de desarrollar la facultad asociada con el chakra de dos pétalos. Se trata de la elevación del pensar a un grado más elevado, hacia un “claro pensar” podríamos decir, que sugiere el equivalente moderno de la clarividencia. En el sentido de la imagen de Pegaso se trata de una “inteligencia alada”, es decir, una “inteligencia cósmica”.

Andrómeda fue salvada por la recién adquirida capacidad de pensar, durante la era de Aries. La capacidad de pensar con el cerebro debía estar bien desarrollada antes de que  fuera posible  progresar hacia el claro-pensar y para que pudieran ser sobrepasados más adelante los atavismos de la naturaleza del monstruo marino. Esa es la misión de la actual era de Piscis. No se trata de parecer pesimistas, pero aún estamos muy lejos de haber alcanzado esa meta. Rudolf Steiner aportó este mensaje a la Humanidad ya en 1893 cuando publicó “La Filosofía de la Libertad”, libro fundamental y punto de partida para el desarrollo de la Fantasía moral y del pensar intuitivo, aspectos de los que la Humanidad está tan necesitada. Cuando intentamos cambiar nuestro punto de vista, siempre encontramos, en todos los aspectos de la vida humana, el mismo fenómeno: tenemos que trabajar con conceptos usados y un pensar que viene del pasado, extraído de los tiempos romanos, en especial en todo lo que tiene que ver con los conceptos políticos que se supone que son los que tienen que regir las comunidades humanas. Esta es la razón del por qué tantas cosas van mal. Simplemente porque no tenemos ideas nuevas, constructivas e independientes. Sólo cuando hayamos desarrollado nuevos conceptos en el  pensar podremos penetrar, con plena seguridad, en la era de Acuario.

¿Qué nos va a exigir la era de Acuario?  Tenemos que tener en cuenta varias cosas: la civilización de Acuario necesitará utilizar y desarrollar las fuerzas de Saturno, es decir, las fuerzas y el poder de la Gnosis en sentido cognitivo. ¿Por qué tendría que ser así? Los planetas tienen sus “domicilios” bien definidos en el Zodiaco, por ejemplo, Júpiter está en su casa en la constelación de Piscis. Esto quiere decir que la cualidad particular de este planeta debe desarrollarse en los tiempos actuales. Goethe fue un claro ejemplo del desarrollo positivo de dichas cualidades: él estaba muy ligado a la constelación de Piscis, así como a Júpiter en el momento de su encarnación. Esto lo demuestra el tipo de pensamiento que desarrolló, así como la manera en que llevó a cabo su relación con el mundo. En el terreno científico, fue la “planta arquetípica”, o “protoplanta”. En otros terrenos, por ejemplo en sus Poemas, creó un arquetipo del ser humano moderno en el personaje de  “Fausto”. Goethe fue, realmente, un miembro de la Era de Piscis, llevando a Júpiter a un cierto grado de realización por todo lo que hizo.

Sin embargo, los tiempos en que el equinoccio de primavera coincidirá con Acuario, y también en Capricornio un poco más tarde, verán las últimas civilizaciones del ciclo actual de las siete civilizaciones de la era post-atlante. Los dos serán desafiados por Saturno, ya que tiene su domicilio en dichas constelaciones. Para comprender el desafío propuesto por Saturno tenemos que remontarnos mucho más atrás en el tiempo, a la época de “Antiguo Saturno”.[3]Evidentemente no estamos queriendo decir que ya en el Antiguo Saturno podíamos encontrar la constelación de Capricornio o la de Acuario, sin embargo, en su lugar habitaban los Seres divinos de la Jerarquías que inauguraron el comienzo de la evolución de la Humanidad y del mundo. Por ejemplo, en el Capricornio de hoy día podríamos leer la historia de los seres espirituales creando los primerísimo gérmenes etéreos de los órganos de los sentidos. Y Acuario nos revela una historia similar, aunque un poco diferente. La forma en que se presenta actualmente esta constelación en el cielo sólo refleja la historia de los sucesos de un lejano pasado. Saturno, que es una réplica-recuerdo del antiguo Saturno, está en relación con Acuario. Tendremos que evolucionar de manera que podamos emplear, al final, esas fuerzas como si fueran las nuestras. Para prepararse, ahora, en nuestra época, tenemos que empezar por cultivar las fuerzas de Júpiter. Más adelante estaremos capacitados y dispuestos para desarrollar las fuerzas saturninas en  el futuro.

¿Cuál será entonces, de hecho, la misión de la Era de Acuario? La mitología hindú relaciona a Acuario con el dios Varuna. Según la descripción que hacen, Varuna es el equivalente, o la pre imagen, de Aura Mazdao de la civilización persa que vino a continuación de la hindú. El Aura Mazdao de la civilización persa representaba “el aura del Sol”, no era el Sol que vemos en el cielo, sino su “aura”, en realidad toda la actividad del Sol que penetra en la totalidad del sistema solar. A este Ser de Luz se le opone, en los cielos, Ariman el “espíritu de las tinieblas”, que habita abajo, en las profundidades de la Tierra. La civilización persa se estableció en base a esta gran imaginación. Es decir, que Zaratustra inauguró una civilización que actuó en todos los aspectos de la vida con estos grandiosos conceptos. Por ejemplo, la agricultura se organizó sobre estas bases. La tierra se roturaba con el arado a fin de permitir que la luz que venía del Cosmos, de Aura Mazdao, se pudiese introducir en la tierra oscura, para que las plantas, que siempre surgen de la oscuridad de la tierra, pudieran crecer. Sus raíces se hunden en la tierra, permitiendo que el tallo, las hojas y las flores puedan elevarse hacia el cielo, manifestando e imitando al Cielo sobre la Tierra. El dios Varuna de la antigua India está descrito por Arthur L. Basham en su libro La civilización de la antigua India, como sigue:

Varuna se muestra, sentado en un magnífico palacio en los cielos. Es el guardián de Rita (en sánscrito se escribe Rta) que es el Orden del gran Universo. Todos los ritmos del Cosmos, el día y la noche, hasta los cambios de las estaciones, son causados y controlados por Rita, el orden cósmico. También la Humanidad tiene que vivir como lo dice Rita. Más tarde en la India la palabra ‘no-Rita’, oponente de Rita o el orden cósmico, se convirtió en la expresión más común para designar la “no verdad”, “pecado” y “anarquía”.

 

Varuna, el gran guardián de la Rita cósmica, recorre el cielo sobre un corcel, el Makara, que en la mitología hindú está asociado a Capricornio, representado algunas voces como un monstruo marino, un enorme cocodrilo. Se trata por supuesto de antiguas imaginaciones y en nuestro tiempo tenemos que encontrar nuevas vías y aprender a hablar de nuevo el lenguaje de las estrellas que la Humanidad moderna comprenderá. Hemos de aprender el significado de Rita en sentido moderno, científico: se trata del mundo de las fuerzas etéreas, las fuerzas formatrices que trabajan desde el Cosmos sobre la existencia terrestre creando la vida en la Naturaleza y en el ser humano. Esa será la gran tarea de la era de Acuario. El ‘agua’ cósmica, y no únicamente el agua terrenal aunque bien es verdad que ésta está ligada a las fuerzas vitales de la Naturaleza, tendrá que ser utilizada de manera muy consciente. Y esto sólo será posible en base a un pensar creador, un pensar intuitivo. El manejo de las fuerzas del día y de la noche, que ya mencionamos más arriba y que en Europa se lleva a cabo incluso con fines prácticos, es el primer paso en esa dirección. Los seres humanos de ese futuro aprenderán a recibir las fuerzas cósmicas en sus manos y aprenderán a trabajar con ellas, aportando así crecimiento y curación a los reinos de la Naturaleza, comprendido el mundo de los hombres.

Para llevar a cabo esas grandes tareas tenemos que aprender primero una cosa: la capacidad en potencia que hemos visto ya, y que está indicada en el Cosmos con la imagen de Andrómeda. Tenemos que llegar a ese pensar intuitivo y a la fantasía moral de los que ya hemos hablado, ligados al desarrollo del chakra de la flor de loto de dos pétalos. La época actual se dirige hacia ello. Así lo sugiere la gran conjunción inaugural de Saturno con Júpiter en 1901, en la constelación de Sagitario. De la misma manera que podemos estudiar la historia pasada de esta gran conjunción, así podemos proyectarnos hacia el futuro. Entonces descubrimos que dentro de unos cientos de años este suceso se producirá en Acuario. En el curso del próximo siglo tendrá lugar en Capricornio y después en Acuario. Por esta razón decimos que nuestro siglo actual[4]es uno de los más importantes de la época después de Cristo. Actualmente nos encontramos en una posición en que la gran conjunción de la “anunciación”, descendiente de su antepasada del año 6 a.C., ha alcanzado una cierta culminación.  Rudolf Steiner lo percibió así, con toda claridad, a principio de siglo (XX), cuando él “habló a las estrellas” y su lenguaje era la Antroposofía: En 1901 cuando tenía lugar en los cielos la gran conjunción, comenzó por dos grandes ciclos de conferencias: “De Buda, a Cristo”[5]y El Cristianismo como hecho místico.[6]

 

Cabe esperar que esta gran conjunción atraviese en los siglos venideros, manteniéndose en el cielo como un perpetuo desafío, como los signos externos de los Congresos entre los seres espirituales asociados a Saturno y Júpiter, que dirán: “Mirando hacia la Humanidad, ¿qué piensa hacer? ¿Cómo responderá a estos desafíos?” Nuestra respuesta sólo puede ser el incesante y paciente desarrollo del legado de Rudolf Steiner a la Humanidad durante el primer cuarto del siglo veinte.

Uno de los primeros libros escritos por Steiner fue: “Cómo alcanzar el conocimiento de los superiores, o la Iniciación”[7]y 12 años antes publicó “La Filosofía de la Libertad”[8].Su intención con estas publicaciones y el resto de las actuaciones que siguieron, era mostrar los caminos que conducirían finalmente a una avanzadilla espiritual en la vía de la percepción espiritual, hacia una nueva toma de consciencia de los mundos superiores, cerrados a los sentidos físicos. De esta manera la Humanidad moderna podrá elevarse a nuevos grados de experiencias y podrá desarrollar nuevas facultades gracias a las cuales podremos llegar ser dueños de nuestra propia vida sobre este planeta, de una manera positiva y constructiva. Rudolf Steiner en ningún momento quiso satisfacer la curiosidad personal, ni tampoco el deseo de distracción. Hizo todo lo que hizo partiendo de la toma de consciencia de que el Cosmos al completo mira hacia abajo, hacia la Humanidad actual, esperando las ideas y hechos que permitirán al mundo seguir avanzando, prosiguiendo el gran trabajo de la Creación que las Jerarquías empezaron hace mucho, mucho tiempo. De esta forma, el significado real del siglo veinte se hizo manifiesto por el trabajo de Rudolf Steiner a lo largo de toda su vida:  ayudar a crear una Humanidad, que en la encrucijada por encontrar la libertad espiritual,  aprenda  a utilizarla con el objetivo de elevarse, en un futuro aún muy lejano, al rango de las potencias creadoras del Universo

Otras obras de Rudolf Steiner relacionadas con la

                              Astrosofía

 

  • Los Guías espirituales del hombre y la Humanidad. (GA 15)
  • Macrocosmos y Microcosmos, el gran y el pequeño Universo. (GA119)
  • El Hombre a la Luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía. (GA 137)
  • Ciencia del cielo, ciencia del Hombre. (GA 323)
  • Las Entidades espirituales en los cuerpos celestes y en los reinos de

      la Naturaleza. (GA 136)

  • Las Jerarquías espirituales y su reflejo en el mundo físico. (GAG 110)
  • El Hombre suprasensible. Recorrido iniciático del hombre en el Cosmos (GA 231)
  • La vida entre la muerte y un nuevo nacimiento (GA 141)
  • La creación del mundo y del hombre. Vida terrestre y acción de las estrellas (GA 354)
  • Intervención de las fuerzas espirituales en el hombre. (GA 102)
  • Antroposofía, una cosmosofía II, el hombre una obra del Cosmos. (GA 208)
  • Pensamiento humano, pensamiento cósmico. (GA 151)
  • Filosofía, cosmología y religión. (GA 215)
  • El Hombre y los astros.
  • La comunión espiritual de la Humanidad. (GA 219)

[1] Willi Sucher impartió este curso de conferencia en Agosto de 1969.

[2] Se trata de la estrella que siguieron los Magos, la cual está asociada al “nacimiento espiritual” de Jesús. (Ver Cristianismo cósmico, capítulo 6)

[3] Ver “La Ciencia Oculta” de Rudolf Steiner. Editorial R. Steiner. Madrid.

[4] El autor se refiere al s.XX que es cuando estaba impartiendo estas conferencias.

[5] (Dadas a un grupo llamado Die Kom-mendem, (Los que van a venir), círculo cultural creado por M.G. Conrad a fines del s. XIX)

[6] El Cristianismo y los Misterios de la Antigüedad (GA  8). Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[7] Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[8]  Id.

Traducido del francés por Maribel Garcia Polo y editado por Gracia Muñoz.

Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

Final de la Primera Parte

 Gracias a los medios de la Ciencia Espiritual, el universo estelar puede ser percibido como un organismo vivo, que respira. Dichos conceptos sobre el cosmos no precisan contradecir los hechos objetivos descubiertos por la astronomía moderna; como fuere, con el correr del tiempo llegarán a destruir las conclusiones hipotéticas que han sido ligadas a los meros hechos de la investigación astronómica.

 

Lo que ha sido escrito aquí, por más pequeño e incompleto que parezca, intenta ser una contribución hacia ese elevado objetivo de lograr que Isis, la Divina Sophia, renazca. Las fuerzas de la oscuridad, o Set, todavía amenazan a la Humanidad. Por ende, debemos dar ante todo los primeros pasos hacia lo Nuevo.

f2

f3

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

 

13. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Piscis

El hecho de que el Zodiaco fue la visión sobre ese drama central del cerrarse una puerta en la era griega, queda claramente expresado por la interpretación griega de la constelación de Piscis, la última que nos atañe discutir. Estaba conectada con el mito de Venus y Cupido, o en términos griegos, con Afrodita y Eros. Afrodita y su hijo Eros fueron perseguidos por un terrible gigante, cuyo nombre se conoce como Tifón. Con el fin de ser salvados del monstruo, fueron convertidos en dos peces. Estos serían los que pueden verse en el cielo en la constelación de Piscis, según los griegos.

En esta historia aparentemente simple, vemos el drama central de la era griega. Afrodita no es otra que la diosa egipcia Isis o la Ishtar mesopotámica de los días arcaicos. En la mitología egipcia, Isis es la esposa o hermana de Osiris. Oímos cómo Osiris es muerto por su siniestro hermano Set o Tifón. Así es como nos cuenta el mito sobre el fin de la gloriosa era dorada de Egipto. Isis rescata el cuerpo de su esposo divino, pero Set se lo arrebata una vez más y lo cercena en catorce piezas. Luego Isis colecta las partes y les da entierro en diferentes lugares de Egipto. El mito continúa narrando cómo fue que los templos dedicados a Osiris, fueron erigidos por encima de esos lugares.

Vemos entonces a Isis como la guardiana de los templos antiguos o centro de Misterio. En sus vestiduras de deidad femenina, ella era el alma divina de Osiris, en quien podemos ver directamente al Ser de la antigua sabiduría solar, actuando sobre la clarividencia natural de aquella Humanidad. El alma de Osiris-Isis era el reflejo de la luz espiritual del Sol, del mismo modo que la Luna porta el reflejo de la luz solar en el cielo, y el Ser de Osiris fue enterrado en las profundidades y en el secreto de los templos antiguos.

Luego sobrevino un tiempo en el que Isis y su hijo, Horus, fueron perseguidos por los poderes de la oscuridad y de la ignorancia espiritual. Ella fue transformada y portada hacia un mundo a grandes distancias del universo. Otra versión cuenta explícitamente que Set-Tifón da muerte a Isis y la deposita en la tumba de las estrellas. Aquí podemos ver una diferencia considerable. Osiris fue enterrado en la tumba de la Tierra, pero Isis desapareció en la dirección opuesta, en las profundidades del mundo estelar.

Ciertamente, tenemos aquí una de las descripciones mejor logradas del ‘cierre de la puerta’ que los griegos vieran aproximarse dentro de la Humanidad. Y no será necesario ir demasiado lejos para darnos cuenta de los hechos reales en los tiempos modernos. El mundo estelar es la tumba de Isis. Los descendientes del poder solar original del pensar, tras haberse convertido en el frío y letal intelecto moderno, han creado aspectos sobre el cielo estelar que realmente lo describen como un cementerio.

En tiempos arcaicos, el cosmos exterior era la expresión y la manifestación de un mundo divino poderoso y creativo. Desde el S.XIV DC, la ciencia moderna ha presentado un universo que consiste solamente en cuerpos materiales muertos, movilizados por meras fuerzas mecánicas. Se considera al cosmos como una especie de máquina gigante e inerte. Tal es la tumba de Isis, luego de haber sido asesinada por un intelectualismo letal.

El mito también narra acerca de la era en la que Isis renacerá desde su tumba. Nos cuenta que Horus crecerá y que vengará la muerte de su padre. Este tiempo parece estar cercano. En Egipto, aquellos que aún intentaban acercársele por medio de los Misterios, vivenciaban a la Isis abandonada que les decía: ‘Yo soy el gran universo que fue, que es y que será. Ningún mortal ha corrido mi velo’. En referencia a esto, un poeta y científico moderno, Novalis, remarcó que si ningún mortal puede levantar el velo de Isis, entonces debemos volvernos inmortales con el fin de hallar nuevamente a los Misterios. Lo así mencionado confirma que la era del renacer de Isis está próxima. De todos modos, es verdad que debemos hallar primeramente el núcleo espiritual eterno en nuestra propia seidad ‘humana’. Entonces, y sólo entonces seremos capaces de ver a la Isis viviente otra vez, a la sabiduría de la deidad manifestada en el mundo estelar, cara a cara. Los seres divinos sólo pueden morir dentro de la consciencia del ser humano, y es allí mismo donde pueden renacer nuevamente.

12-piscis

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

 

 

 

12. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Acuario

Este paso sucesivo de Hércules de su vida post-mortem está representado en la constelación de Acuario o del Aguador, que le sucede a Capricornio. En la mitología griega, Acuario equivalía a Ganimedes, que había sido tomado de la Tierra por Zeus para que sirviese a los Dioses como portador de la copa. La necesidad de hallar un portador para la copa surge debido a que Hebe, quien tenía a su cargo esta tarea, la había perdido. Por lo tanto bien puede decirse que el significado original de Acuario estaba representado por Hebe, portando la copa con el soplo de la eterna juventud. En un cierto sentido, esta copa es el equivalente arcaico del cáliz cristiano del Santo Grial, y que está representado por Acuario. La constelación del Cisne, que se halla bien por encima de Acuario, esclarece eminentemente esta imagen. La mitología griega cuenta que Orfeo, el gran músico y mago, se convirtió en un cisne luego de morir.

De esta manera podemos decir que las constelaciones del cielo veraniego representan al gran mito griego de Hércules, y la constelación que lleva el mismo nombre se ubica en el puesto central. En la representación antigua se lo ve arrodillado sobre el Dragón, y por encima de su cabeza está el Portador de Serpientes u Ofiuco. Este simbolizó para la Humanidad griega el signo cósmico de la esperanza y la llegada de Uno que vendría un día para vencer verdaderamente a la muerte y al declive (Escorpio), ya que el Hércules humano no había triunfado en esto. ¿Cómo se suponía que este Uno habría de lograr esta gran victoria?. En la antigüedad se respondía que era necesario mantener a raya al Dragón y a la Serpiente. ¿Quién es el dragón?; es la constelación misma que sostiene con sus garras al polo de la eclíptica –el trayecto aparente del Sol y de los planetas. Además, ocupa casi por completo el círculo descrito por la así llamada precesión del polo del ecuador celeste.

Sabemos que la Tierra gira alrededor de su eje en el curso de su movimiento diurno, eje que se extiende entre los polos Norte y Sur. Como consecuencia se crea la impresión de que todo el cielo rota día tras día de Este a Oeste, alrededor de un eje que se extiende entre los polos Norte y Sur celestes.

Actualmente, el polo Norte celeste se ubica en la Osa Menor; y este polo celeste se mueve circularmente y que completa su trayectoria en alrededor de unos 26.000 años. Este movimiento se denomina Precesión, y es causado por la oscilación del eje terrestre. En otras palabras, el polo celeste que actualmente se ubica en la Osa Menor, se hallaba sobre la punta de la cola del Dragón hace miles de años atrás. Más atrás en el tiempo lo encontramos sobre el pie de Hércules, etc. Llegado el momento completa su trayecto por el cielo, y allí dentro se halla el dragón. De todos modos, como dicho previamente, este círculo es en realidad un reflejo del movimiento del eje terrestre (véase Fig.1). Como el eje de la Tierra es la expresión externa de la ‘verticalidad’ de nuestro planeta en el espacio cósmico, bien puede comparárselo con la verticalidad en el ser humano. Es esta verticalidad la que nos distingue del animal. Nuestra postura se debe a nuestra capacidad de independencia interior y de pensar.

f1

Consecuentemente, podemos decir que el círculo procesional del polo celeste, dentro del cual domina el dragón, es una representación cósmica de la capacidad del ‘pensar’ en la Tierra. El peligro de esta capacidad en nosotros -más allá de sus méritos- reside en llegar a emanciparse y desprenderse completamente del universo; en consecuencia, se produciría una esterilidad espiritual y una muerte extrema. Este poder cósmico es mantenido en regla a través de la imagen de Hércules. Por lo tanto, Hércules fue una expresión de la esperanza de la Humanidad sobre la llegada de Uno que la salvase de la muerte, causada por la pérdida de todo contacto con el universo viviente.

¿Qué es la Serpiente?. En cierto sentido es la continuación de la Hidra, de Orión con los dos Canes, Eridano y Cetus. Con el correr del tiempo, todos ellos ocupan el ecuador celeste que no es otro que la continuación del ecuador terrestre en el cielo. Dicho de otra manera, estas constelaciones han estado o estarán alternativamente sobre el ecuador celeste, acorde a la precesión del punto vernal. Actualmente, Orión se halla en esa posición; tiempo atrás, cuando el punto vernal se ubicaba en Aries (alrededor de uno o dos milenios AC), la mayor parte de la Serpiente cubría el ecuador celeste.

Tanto en el ecuador celeste como en el terrestre podemos ver una expresión del ‘sentir’ de la Tierra, es decir, de poder aceptar la idea de que la Tierra es un organismo viviente y que sus movimientos se producen por medio de una especie de facultad física inherente a ella. Lo comparamos con el sentir porque es una expresión del impulso de la Tierra el virar en dirección al Sol y las estrellas o el alejarse de ellos, lo que viene a ser una especie de expresión de simpatía o antipatía. De aquí se desprende que estas constelaciones, especialmente la de la Serpiente, son representaciones de una consciencia onírica que está en peligro constante de verse descontrolada por emociones y deseos egoístas. La mitología griega ha expresado esto a escala magnífica. Atañe a Ofiuco, el Portador de la Serpiente, y es la imagen estelar de Asclepio. Fue un hijo de Apolo y un famoso sanador, que realizó actos curativos milagrosos. No solamente curaba todo tipo de enfermedades sino que salvó a gente de la muerte. Plutón, el príncipe del Hades, finalmente acabó alarmándose porque Asclepio hizo revivir a gente que ya había muerto. El reino del Hades se fue vaciando gracias a estos milagros y Plutón se quejó a Zeus. El desafortunado Asclepio fue derribado por un relámpago, pero ascendió al cielo y allí se lo encuentra como Ofiuco. Sujeta a la serpiente con sus fuertes brazos, en la cual podemos ver el símbolo de la antigua sanación, el Caduceo, una vara por donde se enrosca una serpiente. Estas fuerzas que están más ligadas al plano del ecuador, en contraste con la verticalidad de las fuerzas del dragón, pueden poseer cualidades curativas. Ellas corresponden al organismo rítmico de nuestro cuerpo, a la respiración y al pulso cardíaco. Pero se vuelven un veneno mortal si se abusa de ellas con propósitos egoístas. El mito expresa esto cuando habla acerca del castigo por el intento de prolongar la existencia humana sin derecho, robándole a la Humanidad la posibilidad de un renacer espiritual gracias a la muerte. Podría decirse nuevamente que la esperanza expresada en este cuadro estaba basada en la llegada de Uno que no escapará a la muerte, pero que hará de ella un portal hacia una existencia superior –la Resurrección.

Las constelaciones de la Corona y de la Lira, a la izquierda y derecha de Hércules, encaja muy bien en esta gran Imaginación cósmica, aún cuando en la mitología griega no se ven conectadas directamente al mito de Hércules. Se dice que la corona o diadema había sido obsequiada a Ariadna por Baco (Dionisio) luego de que ella fuera abandonada por su esposo Teseo. Esta bella constelación se halla al Oeste de Hércules, y está más ligada a aquella parte del cielo en donde vimos a las imágenes cósmicas  de las principales tareas a cargo del héroe griego. Puede decirse que quienes han realizado labores en la Tierra, recibieron la insignia de la realeza, la diadema celestial. La lira, al Este de Hércules, era considerada por los griegos como la lira de Apolo, quien se la obsequió a Orfeo y que la ejecutaba con tal maestría que incluso Plutón, el príncipe del Hades, quedó encantado cuando Orfeo suplicó por la liberación de su esposa Eurídice del inframundo. Un poeta dice así sobre este instrumento mágico:

He visto con sus claves celestiales

Sus aéreas cuerdas, su fogoso raído

A la gran lira eólica de Samos

Alzándose desde sus siete cordajes

Desde la Tierra a las estrellas fijas.

Los griegos la contemplaron como el instrumento de la ‘música de las esferas’, siendo las siete cuerdas el radio armónico del orden de los siete planetas. Un astrónomo moderno del S.XVII, Kepler, aún cobijaba una comprensión sobre el radio armónico de la distancia entre los planetas, o de la música de las esferas. La lira se ve conectada con aquella parte del cielo en donde vimos los estadios del dramático ascenso de Hércules hacia los cielos. Le fue otorgado el instrumento mágico como una guía dentro de la creación de la música de las esferas, las esferas planetarias que recorre el alma tras la muerte.

De tal modo, percibimos ciertamente que las constelaciones estelares les significaban a los griegos algo semejante a una crónica gigantesca, en la cual ellos podían leer los sucesos de un mundo divino y sus manifestaciones dentro de la Humanidad. Dentro de esta cosmovisión, nada está fuera del lugar y de la relación que le corresponde. El cielo entero semeja a un organismo viviente; y de ser el caso que la Humanidad moderna experimente a esta visión de la mitología griega como una clasificación caótica y arbitraria, entonces la culpa debe adjudicársele a las limitaciones de la mente moderna, que ya no puede comprehender la grandeza y el significado de la mitología antigua.

Vimos como el cielo invernal era para la mente de los griegos, la visión enorme de la apertura de las fases de una lucha por la obtención de nuevas capacidades dentro de la Humanidad. En términos griegos, tales eran poderes del pensar y de la percepción de vigilia. Al mismo tiempo, su obtención equivalió al cerrarse de una puerta hacia capacidades más arcaicas, que facilitaban el acceso hacia las profundidades del significado de la existencia humana. De aquí que el cielo veraniego fuera más bien un intento y una esperanza que un logro real. Una esperanza que consistía en que un día, la guía divina pudiera brindarle a la Humanidad la posibilidad de penetrar en el trasfondo espiritual por medio de esas nuevas capacidades.

En última instancia, podemos contemplar al cielo de la mitología griega como una interpretación ingeniosa sobre las constelaciones del Zodiaco. El Zodiaco fue la expresión de ese cerrarse de una puerta al que siguió el despertar de esas nuevas capacidades. Fue necesario que esto sucediese. Por decirlo de algún modo, estaba incluido dentro del plan evolutivo con el propósito de  brindarle a la Humanidad la posibilidad de desarrollar una consciencia autónoma e independencia.

11-acuario

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

11. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Capricornio

Luego de ser purificado, Hércules asciende hasta el reino de los Dioses. En el cielo, vemos a este paso siguiente en la constelación de Capricornio o Cabra, la cual los griegos denominaron como el Portal de los Dioses, el portal a través del cual las almas de los seres humanos ascendían al cielo. Por encima de esta constelación vuela el águila de Zeus, de quien se dice haber tomado para sí al joven Ganimedes con el propósito de convertirlo en el portador de la copa de los dioses olímpicos. Esto coincide con la representación tardía sobre el ascenso de Hércules. Se encuentra sobre el león corneado y el grupo se ve abarcado dentro de una estructura triangular o piramidal, apoyada sobre la base cúbica llamada Pyra. Desde el ápice de la pirámide, se remonta un águila que transporta al ser inmortal hacia el cielo. Esta imagen ha sido encontrada en monedas romanas, pero pareciera llegar desde Tarso o incluso de fuentes fenicias. De hecho, está comprobado que el mito griego de Hércules posee una profunda conexión con el mito fenicio de Melkarth. El dios fenicio Melkarth de Tiro es, en cierto modo, la figura divina equivalente a Hércules.

Cuando Hércules ingresa en el reino de los Dioses, Hebe, la diosa de la juventud eterna, le fue prometida. Más allá del hecho de que la intención de los griegos era indicar con esta imagen que Hércules había ingresado en la región del mundo espiritual, en donde no existían ni vejez ni muerte, posee también significancia cosmológica.

10-capricornio

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

10. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Sagitario

nessus

Seguido de Escorpio hallamos a la constelación de Sagitario o del Arquero. También está conectado con Hércules en la mitología griega. Una cierta tradición cuenta que Hércules mató al centauro por atacar a su mujer. Reconocemos en esta figura a Nessus y a la historia relatada más arriba. Como hemos oído, Nessus se vuelve la causa de la propia muerte de Hércules. Así fue como el centauro se vio involucrado en su destino, y ciertamente, la ‘raza centáurea’ acompañó a Hércules como si fuera la sombra de su propio ser.

Se dice que fue el centauro Quirón quien le enseñó música y el uso de hierbas medicinales. Se hicieron amigos, pero en el curso de una de las primeras labores de Hércules, éste le da muerte por equivocación. Sucedió así que cuando se dio a la caza del jabalí de Erimanteo, se vio involucrado en una lucha con los centauros. Quirón se apresuró a apaciguar al enemigo, pero desafortunadamente fue alcanzado por una de las flechas envenenadas de Hércules. El centauro moribundo causó gran penar en Hércules, y fue colocado en el cielo, y los griegos dijeron que así fue como surgió la constelación del Centauro, por debajo de Escorpio y de la Hidra. La profunda conexión entre el héroe griego y la raza centáurea coincide con un hecho esclarecedor: la constelación de Hércules también fue llamada Nessus en la mitología cosmológica griega.

El Escorpión (imagen de la muerte) se ve rodeado por los centauros Quirón y Nessus, y bien podemos decir que Nessus-Sagitario es parte de Hércules. El centauro le confrontó con su propia sangre impurificada; por lo tanto, la sangre venenosa de la Hidra juega un rol prominente en los episodios que involucran a Nessus y a Quirón. En Sagitario-Nessus vemos una imagen de aquel Hércules que atravesó por la muerte (Escorpio) y tras ésta se confrontó con su propio ser emocional y que debía ser purificado durante los primeros estadios post-mortem.

La imagen de la experiencia del fuego purificador inmediatamente tras la muerte, es común a todas las cosmologías y religiones antiguas. Consecuentemente, la constelación de Sagitario-Centauro se convierte en la Imaginación de la incesante lucha de la Humanidad por su evolución y ascenso hacia formas más elevadas de la existencia. El cuerpo del centauro está ligado aún a la naturaleza animal, pero la parte frontal que alcanza hasta la naturaleza humana, apunta con arco y flecha hacia un objetivo distante, la superación del mal y de la muerte indicados por Escorpio.

9-sagitario

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

9. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Escorpio

En toda sabiduría estelar antigua se relacionaba a Escorpio con la muerte y con el reino de las sombras. Por ejemplo, los antiguos egipcios conmemoraban la muerte del dios Osiris cada año, cuando el Sol se hallaba en Escorpio; porque era tradición entre ellos que Tifón había matado a Osiris habiendo estado el Sol en esta constelación. Desde aquel momento, Osiris residía en el inframundo como el juez todopoderoso sobre los muertos. En la mitología griega, la muerte de Orión pareciera estar conectada con Escorpio y podemos encontrar muchos otros ejemplos en la mitología arcaica que relacionan a Escorpio con la muerte.

Si bien Hércules triunfa sobre los requisitos de Hades/Escorpio, vemos claramente que él , o mejor dicho la Humanidad de aquella era, fracasó en el intento de resolver el enigma de la muerte, ya que no pudo liberar a Pirito de los lazos de Plutón, y la amenazante figura de Cerbero, el can infernal, se hundió nuevamente en el inframundo porque ningún ser humano pudo soportar su presencia. En realidad, Hércules no pudo conquistar a la muerte, él representa más bien a los problemas de su era y a la gran esperanza de que un día surgiese Uno que lo lograse.

Tras cumplimentar las doce tareas, Hércules fue hombre libre. Escuchamos en el mito que luego vivió su vida personal, si es que podemos llamarla así. Como sea, las historias sobre su vida sugieren todo menos una vida feliz y pacífica. Está plena de los más trágicos sucesos y, de tomarnos realmente el tiempo suficiente para entrar en los detalles de estas historias, encontramos un rasgo predominante en ellas. Hércules fue puesto a prueba por los misterios de la sangre impurificada, que está saturada de emociones. Ya vimos antes el misterio de la sangre en el curso de Hércules. Fue cuando aniquiló a la serpiente de Lerna, cuya sangre era venenosa y en la cual él sumergió la punta de sus flechas. Fue de este modo como el destino de la sangre venenosa le acompañó durante todas las demás tareas, y que en última instancia se convirtió en la razón de su propia muerte, como podremos ver.

Una vez, durante una de sus labores y estando Hércules junto a su esposa Deianira, tuvieron que cruzar el río Eueno. Allí vivía el centauro Nessus, que solía transportar a los viajeros sobre su lomo a través del río. Hércules pide a Nessus que lleve a su mujer hasta la otra orilla, pero a medio camino Nessus decide repentinamente deshacerse de Deianira. La mujer pidió auxilio y Hércules no pudo más que disparar una de sus flechas mortíferas contra el centauro. Nessus supo que moriría inevitablemente, y en los últimos momentos elucubró una venganza. Aconsejó a Deianira que empapase su manto de la sangre que fluía de su herida. Le dijo que diera este manto a Hércules como una especie de recurso mágico, si en el futuro ella llegase a tener la impresión de que su amor por ella menguaba. Obviamente, Deianira desconocía que la sangre del centauro se había tornado venenosa debido a la flecha que Hércules había sumergido en la sangre de la Hidra. Eventualmente llega el momento en que Deianira consideró necesario obsequiarle a Hércules el manto mágico de amor. Esto ocurrió cuando Hércules rechazó a la bella Iole en una de sus aguerridas expediciones. Al retornar con su armada, se vistió con el suntuoso manto que Deianira le envió previamente, y procedió a realizar los ritos sacrificiales por su victoria. Ni bien la vestimenta rozó su piel que sintió un ardiente dolor penetrando por su cuerpo. El veneno de la Hidra que saturaba la prenda comenzó a destruir su cuerpo. Mandó a que se construyese una pira y montó sobre ella en un último esfuerzo. La llamas alcanzaron su cuerpo rápidamente, pero quienes se hallaban cerca viven un acto milagroso: le vieron ascender al cielo. Zeus había tomado a su hijo de la pira y lo ubicó entre las estrellas.

Así fue como devino la constelación de Hércules, según el mito. Y allí se encuentra aún, alta por encima de Escorpio y dominando por sobre la imagen de la muerte.

8-scorpio

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)