1. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

Primera Parte – 1

En la era presente, nos vemos confrontados con muchos de los antiguos y a veces extraños remanentes de civilizaciones ya desaparecidas. La así llamada Astrología es una de ellas, la cual tiene sus raíces en una tradición muy antigua.

La Astrología se adjudica la capacidad de hacer predicciones con respecto a la constitución y el destino de los seres humanos. Tales predicciones están basadas, hablando en forma generalizada, en las posiciones de los planetas de nuestro sistema solar al momento del nacimiento.

La relación de los planetas, el Sol y la Luna entre ellos y sus posiciones en la eclíptica, así como en relación al espacio terrestre, son considerados como una especie de lenguaje simbólico el cual, si es posible que se lea correctamente, se supone que revela el futuro según esté determinado por la influencia de los cuerpos celestes.

Desafortunadamente, esta Astrología convencional no puede aportar una explicación científica satisfactoria para las supuestas influencias cósmicas sobre los sucesos terrestres. Entre los astrólogos modernos se gestan muchas teorías concernientes a estos problemas. Pero en todas estas teorías se puede detectar una profunda hendidura entre la visión científica moderna del cosmos estelar y las representaciones de la Astrología.

La ciencia moderna ha creado una imagen espacial del universo estelar en cuyas dimensiones gigantescas del universo estelar, nuestro planeta desaparece por completo; nada tiene que decir acerca del ser humano en este planeta. Más allá de estas aparentemente irreconciliables visiones de la ciencia moderna y la Astrología convencional, surgen además otras dificultades. Por ejemplo, la Astrología convencional no puede explicar por qué le atribuye una cierta, definida influencia al Sol cuando éste ocupa una de las 12 porciones o signos. No puede dar una razón sobre por qué la influencia se ejerce así como se la describe según las reglas tradicionales y no de otro modo. La regla específica es tomada como garantizada, y queda por verse si el efecto pronosticado ocurre en el futuro. Desde la experiencia, esto no se da siempre. Las vidas de los individuos modernos revelan cada vez más que las reglas tradicionales de la Astrología se alejan notablemente de la realidad. Uno se inclina a pensar que la Humanidad moderna se ha emancipado a sí misma en un alto grado de los pretextos de una Astrología que se ve enraizada en conceptos obsoletos del mundo.

Haciendo una sumatoria de todos los hechos y síntomas disponibles, se torna evidente que la Astrología convencional, la cual quisiera pasar por ciencia, no puede ser considerada realmente como ciencia en un sentido moderno. No puede contestar los grandes cuestionamientos que surgen de las mentes de las personas de hoy. Estos cuestionamientos culminan en el ansia de obtener un conocimiento satisfactorio sobre la creación, el ser, el futuro del universo y de la Humanidad. La Astrología no puede contestar estas preguntas. De hecho, la Astrología convencional es muy a menudo una especie de guía ciega que realmente no puede responder a las preguntas esenciales del conocimiento acerca de la vida, y cuya guía tiende más bien a privarnos de la capacidad de moldear nuestra existencia partiendo de nuestros propios recursos interiores.

 También se le puede objetar a la ciencia moderna el no poder proveer las respuestas a los grandes problemas y tareas obvias de la Humanidad moderna. La naturaleza de la ciencia moderna, sobre todo la ciencia natural, ha de ser contemplada como evidencia irrefutable de la batalla espiritual que acontece en la Humanidad contemporánea. A menos que la Astrología encuentre un modo de responder a esta lucha de la mente actual, se volverá cada vez más y más obsoleta hasta ser finalmente descartada.

La Astrología convencional es hija de una madre que proviene de un pasado remoto. Las excavaciones hechas en Asia Menor, en Mesopotamia y Egipto durante los siglos XIX y XX, han mostrado que aquella gente de antaño poseía una magnífica cosmología miles de años antes de Cristo. Ellos eran obviamente capaces  de brindar respuesta a aquellas cuestiones a las cuales la mente moderna –incluyendo a los astrólogos modernos– no puede aportar soluciones satisfactorias. Por supuesto, no deberíamos olvidar que los seres humanos de aquellos tiempos tenían capacidades totalmente diferentes y alcanzaron otro nivel de conciencia. Hoy por hoy, uno puede inclinarse por sentir piedad por las así llamadas ‘creencias’ de aquella gente; pero una cosa es cierta, aquellas épocas poseían el don de percibir las expresiones de un mundo divino en los movimientos y gestos de los cuerpos celestes. La evidencia arqueológica y etnológica traída a la luz por la investigación ha probado que los movimientos y relaciones de las entidades cósmicas eran contempladas como las manifestaciones de las intenciones y acciones de los Dioses. Obviamente, comunidades y naciones enteras eran guiadas a través de tales manifestaciones del mundo divino, indicado en los movimientos de las estrellas. No existe duda alguna de que ya no podemos emplear tales métodos. Hemos perdido las antiguas capacidades cognitivas. Cualquier intento de revivir estas prácticas en la época actual sería también incorrecto.

Pero sería injusto por nuestra parte considerar a la antigua sabiduría estelar como una superstición, perdonable solamente por la supuesta ignorancia de los pueblos arcaicos. Realmente, no podemos juzgar las peculiaridades y capacidades  de la consciencia de nuestros antepasados sólo desde el punto de vista del intelecto moderno. No tenemos con qué probar que el horizonte de la mente moderna, con las limitaciones cognitivas del presente, sea una condición standard válida para todas las eras del desarrollo de la raza humana, tanto del pasado como del futuro. La historia más reciente de la Humanidad moderna crea a veces la impresión de que la mente moderna, con sus magníficos logros en ciertos campos, ha fallado por completo en procurar un equivalente eficiente de la antigua sabiduría estelar que influya sobre el ordenamiento de la vida social  de la Humanidad. Tal equivalente, o fuente de conocimiento, puede que exista ya dentro de la Humanidad aunque pase desapercibido; mientras tanto, sería más sabio el no ridiculizar a las así llamadas eras primitivas y oscuras de la historia, en tanto no hayamos encontrado los medios eficientes que pongan en orden nuestra propia casa.

La antigua sabiduría estelar se hallaba especialmente a disposición de los líderes políticos de las naciones, los cuales eran generalmente grandes sacerdotes. Por consiguiente, ellos eran capaces de guiar a sus pueblos hacia el orden social correcto. Por ejemplo, sabemos con certeza que los faraones de las primeras dinastías egipcias habían sido iniciados en la sabiduría de los astros, a través de la cual podían llevar a cabo estas funciones. Se esperaba de ellos que percibiesen las manifestaciones de los Dioses y que ejecutasen su voluntad en beneficio de su pueblo. Esto fue el comienzo de aquel desarrollo en la evolución que condujo a la convicción de que los eventos celestes estaban relacionados a la existencia del individuo, no tan sólo a las naciones como un todo.

Entre tanto, la antigua y magnífica visión del mundo divino fue desvaneciéndose gradualmente, quedando oculta por detrás del universo estelar. Se tornó cada vez más imposible para la Humanidad el reconocer en los movimientos y gestos de los cuerpos celestes a las revelaciones y direccionamientos de la deidad. Si bien la Humanidad aún contemplaba a las estrellas, sabiendo por tradición que sus movimientos tenían una cierta conexión con los sucesos en la Tierra.

De todas maneras, los astros y los planetas se vivenciaban cada vez más sólo como entidades abstractas en el universo. La visión de los Dioses existiendo y actuando ‘detrás’ de las estrellas se había perdido. Así fue como surge lentamente la Astrología y tal fue la forma en que se la introdujo en la civilización europea. Las posiciones de los astros, sus gestos y movimientos, fueron considerados los  creadores  del destino humano. La Humanidad civilizada se tornó cada vez menos capaz de reconocer  la manifestación de la divinidad como tal, gracias a la presencia de los astros. La Astrología, que así debe su existencia, perdió gradualmente la capacidad de proveer satisfactoriamente las explicaciones sobre las reglas que habían sido utilizadas hasta entonces para los pronósticos astrológicos. Esta Astrología se volvió cada vez más incapaz de brindar respuestas convincentes sobre la pregunta acerca del por qué el mundo estelar tendría, de por sí, influencia sobre el ser humano. La antigua sabiduría estelar original no hubiera sido avergonzada por estos problemas. Era capaz de ver ‘a través’ del mundo estelar hasta el centro mismo de la divinidad creativa y dinámica.

La sabiduría estelar original tuvo un profundo efecto en el desarrollo cultural de la Humanidad, incluso hasta en tiempos relativamente recientes. Por ejemplo, aún hallamos su influencia en la grandeza de la mitología sideral de Grecia. Prácticamente todos los nombres de las constelaciones que conocemos del hemisferio norte, nos han llegado desde la antigua Grecia, si bien muchas de ellas son aún más antiguas.

Es un hecho que hoy por hoy, la gente considere usualmente a las constelaciones que podemos ver en el cielo como una acumulación totalmente ilógica y confusa de imágenes de los dioses y héroes del mundo griego. Parcialmente, esto se debe a que  hemos perdido casi por completo la comprensión por la profunda sabiduría espiritual de la herencia mitológica de la Humanidad. Consideramos a estas figuras e imágenes como una invención o más bien una fantasía productiva y como el resultado de concepciones primitivas del mundo, las cuales deberían ser descartadas de nuestra iluminada era.

En las páginas siguientes intentaremos mostrar la estricta interconexión y la sabia, ininterrumpida continuidad de las constelaciones, tal como las percibimos en el cielo. De este modo es como tomaremos consciencia de que el cielo griego era una estructura armoniosa y orgánica, que revelaba la antigua visión de los cielos como un lazo coordinador entre la voluntad divina y la evolución humana.

El mundo de la mitología sideral griega no se nos presentará entonces como una invención de una mente primitiva, sino como un medio para describir las profundas verdades espirituales de la evolución humana.

Con el fin de capacitar a nuestros lectores a que combinen nuestras explicaciones con las observaciones actuales  de los astros, dividiremos al cielo norte en dos partes. El cielo muestra una configuración diferente durante la noche invernal que en la estival, especialmente en las latitudes sureñas (Grecia). Esto se debe a la leve diferencia temporal entre la normalidad de un día compuesto por 24 horas y el así llamado día sideral. Explicar este fenómeno nos alejaría demasiado, pero puede ser estudiado por medio de algún libro de Astronomía. En las dos últimas páginas de este capítulo, hemos añadido dos mapas estelares que muestran  los diferentes aspectos del cielo invernal y estival.

Si estudiamos el cielo invernal (aproximadamente a comienzos de Febrero, entre las 21:00 y las 23:00 horas), percibimos primeramente la familiaridad de las constelaciones del zodíaco, comenzando con Acuario, Piscis y Aries en el cielo oeste. Debajo de Aries, hacia el horizonte sur, observamos a Cetus o la Ballena. Por encima de Aries podemos hallar al Triángulo; un poco más arriba está Andrómeda, y en las vecindades de la Estrella Polar vemos a Casiopea y a Cepheus. Partiendo de Aries y continuando en dirección Este, detectamos a Tauro y a Géminis. Por debajo de Tauro aparece la larga, extensa constelación de Eridanus, y detrás –en el espacio entre Tauro y Géminis– se halla próximo Orión con los Canes Mayor y Menor (el Can Mayor se puede reconocer gracias a la brillante estrella fija Sirio). Entre Tauro y Casiopea, emerge la poderosa imagen de Perseo. Partiendo desde Perseo hacia Géminis, observamos al Áuriga con la brillante estrella fija Capella. Yendo más hacia el Este desde Géminis podemos encontrar a Cáncer, el cual no se distingue fácilmente.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

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