13. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Piscis

El hecho de que el Zodiaco fue la visión sobre ese drama central del cerrarse una puerta en la era griega, queda claramente expresado por la interpretación griega de la constelación de Piscis, la última que nos atañe discutir. Estaba conectada con el mito de Venus y Cupido, o en términos griegos, con Afrodita y Eros. Afrodita y su hijo Eros fueron perseguidos por un terrible gigante, cuyo nombre se conoce como Tifón. Con el fin de ser salvados del monstruo, fueron convertidos en dos peces. Estos serían los que pueden verse en el cielo en la constelación de Piscis, según los griegos.

En esta historia aparentemente simple, vemos el drama central de la era griega. Afrodita no es otra que la diosa egipcia Isis o la Ishtar mesopotámica de los días arcaicos. En la mitología egipcia, Isis es la esposa o hermana de Osiris. Oímos cómo Osiris es muerto por su siniestro hermano Set o Tifón. Así es como nos cuenta el mito sobre el fin de la gloriosa era dorada de Egipto. Isis rescata el cuerpo de su esposo divino, pero Set se lo arrebata una vez más y lo cercena en catorce piezas. Luego Isis colecta las partes y les da entierro en diferentes lugares de Egipto. El mito continúa narrando cómo fue que los templos dedicados a Osiris, fueron erigidos por encima de esos lugares.

Vemos entonces a Isis como la guardiana de los templos antiguos o centro de Misterio. En sus vestiduras de deidad femenina, ella era el alma divina de Osiris, en quien podemos ver directamente al Ser de la antigua sabiduría solar, actuando sobre la clarividencia natural de aquella Humanidad. El alma de Osiris-Isis era el reflejo de la luz espiritual del Sol, del mismo modo que la Luna porta el reflejo de la luz solar en el cielo, y el Ser de Osiris fue enterrado en las profundidades y en el secreto de los templos antiguos.

Luego sobrevino un tiempo en el que Isis y su hijo, Horus, fueron perseguidos por los poderes de la oscuridad y de la ignorancia espiritual. Ella fue transformada y portada hacia un mundo a grandes distancias del universo. Otra versión cuenta explícitamente que Set-Tifón da muerte a Isis y la deposita en la tumba de las estrellas. Aquí podemos ver una diferencia considerable. Osiris fue enterrado en la tumba de la Tierra, pero Isis desapareció en la dirección opuesta, en las profundidades del mundo estelar.

Ciertamente, tenemos aquí una de las descripciones mejor logradas del ‘cierre de la puerta’ que los griegos vieran aproximarse dentro de la Humanidad. Y no será necesario ir demasiado lejos para darnos cuenta de los hechos reales en los tiempos modernos. El mundo estelar es la tumba de Isis. Los descendientes del poder solar original del pensar, tras haberse convertido en el frío y letal intelecto moderno, han creado aspectos sobre el cielo estelar que realmente lo describen como un cementerio.

En tiempos arcaicos, el cosmos exterior era la expresión y la manifestación de un mundo divino poderoso y creativo. Desde el S.XIV DC, la ciencia moderna ha presentado un universo que consiste solamente en cuerpos materiales muertos, movilizados por meras fuerzas mecánicas. Se considera al cosmos como una especie de máquina gigante e inerte. Tal es la tumba de Isis, luego de haber sido asesinada por un intelectualismo letal.

El mito también narra acerca de la era en la que Isis renacerá desde su tumba. Nos cuenta que Horus crecerá y que vengará la muerte de su padre. Este tiempo parece estar cercano. En Egipto, aquellos que aún intentaban acercársele por medio de los Misterios, vivenciaban a la Isis abandonada que les decía: ‘Yo soy el gran universo que fue, que es y que será. Ningún mortal ha corrido mi velo’. En referencia a esto, un poeta y científico moderno, Novalis, remarcó que si ningún mortal puede levantar el velo de Isis, entonces debemos volvernos inmortales con el fin de hallar nuevamente a los Misterios. Lo así mencionado confirma que la era del renacer de Isis está próxima. De todos modos, es verdad que debemos hallar primeramente el núcleo espiritual eterno en nuestra propia seidad ‘humana’. Entonces, y sólo entonces seremos capaces de ver a la Isis viviente otra vez, a la sabiduría de la deidad manifestada en el mundo estelar, cara a cara. Los seres divinos sólo pueden morir dentro de la consciencia del ser humano, y es allí mismo donde pueden renacer nuevamente.

12-piscis

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

 

 

 

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