7. Antigua mitología griega de las Constelaciones en el hemisferio norte

Del libro Isis Sophia II de Willi Sucher

La Constelación de Virgo

 Podemos detectarlo en la constelación de Virgo en el Oeste, por detrás de Bootes/Atlas. Una abundancia de mitos se relacionan a Virgo, y es bastante evidente que se la consideraba como a una constelación muy antigua. Los antiguos egipcios veían en ella a Isis, la hermana divina de Osiris. En Mesopotamia pareciera habérsela asociado con Ishtar, la Reina del Cielo, que es en suma la misma divinidad que Isis. En los templos antiguos de Egipto se le oía decir sobre sí misma: ‘Yo soy el Universo que fue, que es y que será. Ningún mortal ha podido correr mi velo’.

En Grecia, esta constelación era vivenciada como Ceres, la poderosa deidad de la vida inagotable y de la fertilidad en el universo. Se la veía sosteniendo una espiga de trigo con su mano izquierda, la brillante estrella fija Spica. De este modo podemos decir que la undécima tarea de Hércules consistió realmente en la búsqueda de las fuentes eternas de la existencia y de la vida en el cosmos. El penetrar en la región de las Hespérides, el obtener una rama del árbol de las manzanas doradas, fue el equivalente terreno de la conquista espiritual de la constelación de Virgo.

Reiterando, la mitología de todo este contexto –como fue descrito precedentemente– es una vívida interpretación de las propiedades espirituales de Virgo. Toda sabiduría estelar antigua la describe como la matriz de  toda existencia cósmica y terrestre.

Hemos arribado a la constelación de Virgo al intentar encontrar el significado interior de la undécima tarea de Hércules. Las primeras tres tareas las vimos reflejarse en Leo y en sus alrededores, la Hidra y la Osa Mayor. El progreso desde Leo hasta Virgo parece haber sido muy lento; pero debemos considerar que Hércules tuvo que pasar por un intenso proceso de desarrollo interior y catarsis, antes de ser capaz de proceder con su viaje hasta aquella región exaltada de la existencia cósmica, cuyo reflejo externo es la constelación de Virgo.

Vemos que de la cuarta labor hasta la décima existe un reflejo directo en las constelaciones del cielo invernal, de las cuales ya hemos hablado. En esas siete labores, Hércules se confrontó hasta el extremo con la herencia o fuerzas espirituales que se ven representadas por las constelaciones que comienzan con Cetus, Eridano y demás –en otras palabras, las imaginaciones estelares por debajo del Zodíaco–. Veremos más adelante que él no fue capaz de superar completamente el impacto de aquella región, en donde moraban los seres descendientes de una alta divinidad pero que habían sido arrastradas por las fuerzas terrestres. Su fracaso parcial fue –en última instancia– la razón de su caída. Por medio de la undécima tarea, Hércules se hizo finalmente capaz de aproximarse, atravesando el Portal de Leo, a aquel mundo que está representado por las constelaciones del cielo veraniego. Mientras que anteriormente tuvo que lidiar por el conocimiento y la dominación de la heredad cósmica que llevaba incrustada a su propia organización física, ahora avanzaba hacia aquellas regiones en donde esperaba hallar respuestas a las grandes cuestiones existenciales: devenir y morir.

En la búsqueda por las manzanas doradas de las Héspérides, penetró finalmente en aquella región en donde puede ser hallado el fundamento divino de todo lo que se crea y nace. Este reino está representado en el cielo por la Vírgen. Habiendo encontrado los manantiales cósmicos de la vida, o bien haber llegado cerca de ellos, le restaba a Hércules el último y mayor de los enigmas: el secreto de la muerte. La doceava o última tarea está reflejada en la constelación de Escorpio como el descenso hacia el Hades, el ‘reino de las sombras’, el lugar del destino final de todas las criaturas existentes.

El portal del Hades estaba custodiado por Cerbero, el can infernal de tres cabezas. La última tarea de Hércules consistía en llevar al monstruo a la superficie. Desciende en este reino y obliga a Caronte, el siniestro barquero, a que le ayude a atravesar el Estige, que separaba al mundo de los vivos del de los muertos. Más allá del río se encuentra con los héroes Teseo y Pirito, encadenados a una roca. Ellos habían intentado previamente descender al Hades pero habían sido sujetados por Plutón, el oscuro príncipe del mundo subterráneo. Entonces Hércules se vio luchando contra su más poderoso enemigo, la muerte misma, forzándola para que liberase a Teseo; sin embargo, el desafortunado Pirito hubo de permanecer en la tierra de las sombras. Hércules supera luego a Cerbero y lo lleva consigo a la superficie. Después afronta una visión horrorosa: la saliva que emanaba de la boca del monstruo creaba plantas venenosas por toda la Tierra. Ningún ser humano podía soportar su presencia, con lo cual fue devuelto al inframundo.

Este es un rasgo a destacar en la historia, ya que muestra cómo incluso Hércules no logró conquistar a los terrores de la muerte, bajo cuyo hechizo se hallaba la Humanidad de la era griega.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

(continuar leyendo…)

 

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