Isis Sophia II -Introducción a la edición de 1981

Se torna cada vez más aparente que los enfoques tradicionales y los métodos de la Astrología no aportan ya a la Humanidad moderna lo que ésta necesita. Algunas personas sostienen que la Astrología es simple y fácil de comprender y por lo tanto atraería a la Humanidad del presente. Ahora bien, debemos darnos cuenta de que la simplicidad no siempre cuadra con la verdad. Las perspectivas más sublimes de la existencia humana acerca de las cuales habla la Astrosofía, son complicadas. Además, la consciencia humana y la posición del ser humano en el mundo han cambiado completamente desde que se estableció la antigua Astrología. Estos hechos demandan una revalorización y un cambio fundamental en cada detalle; de otro modo, el ser humano moderno es juzgado y tratado por estándares que ya no se aplican.

Un ser humano moderno puede fácilmente llegar a la conclusión de que en los tiempos antiguos, la conexión entre la Humanidad y las estrellas era simple, incluso primitiva. De todos modos, no debemos pasar por alto el hecho de que la Humanidad arcaica poseía una clarividencia instintiva natural, que aportaba una visión y una perspectiva mucho más profunda del cosmos de la que ahora poseemos por medio de nuestro intelecto moderno y del enfoque científico. La Tierra y todos sus habitantes, incluida la raza humana, se vio otrora guiada y gobernada por el cosmos de las estrellas. Si retrocedemos lo suficiente, encontramos una Astrosofía que reconoce a los cielos estrellados como la expresión del mundo espiritual invisible de las jerarquías de seres divinos que han creado el universo y todo lo que existe en él. Se los vivenciaba en constante labor, recreándola. A esta actividad se la percibía en los ritmos de los movimientos estelares. Más tarde, la Humanidad perdió gradualmente la capacidad de percibir a las estrellas como actos de los seres divinos creadores. A medida en que esto avanzó, la Humanidad y toda la naturaleza se percibió como gobernada por los astros externos. Este fue el momento en que nació la Astrología y se perdió la antigua Astrosofía. En cierto sentido esto puede ser visto como una traición a los misterios sagrados que se  cultivaban en los grandes templos.

Así fue como a través de los siglos y milenios ganó terreno una concepción que consideró al ser humano como gobernado en todos los aspectos vitales por parte de los astros. No hubo mayor indagación acerca de las razones y explicaciones sobre un por qué de este asunto. La mayor parte de las dudas, que emergen a través de la actitud de la ciencia moderna, fue contrarrestada por las aserciones que los pronósticos demostraron al ser correctos por una evidencia quasi-estatística.

Mientras tanto, la era moderna arribó y con ella, la ciencia natural. Los seres humanos demandaron saber. Ya no podían aceptar más las antiguas creencias. Esto fue una expresión del hecho de que la Humanidad había dado un primer paso sobre el camino hacia la libertad espiritual; libre de todos los lazos que en tiempos previos eran aceptados sin cuestionamientos. Fue un paso justificado en la evolución, si bien  los medios para alcanzar una emancipación saludable no siempre fueron satisfactorios.

En el curso de estos desarrollos,  la Astrología tradicional comenzó a ser rechazada ya que no pudo sustentar sus aserciones desde una base científica. Es cierto que los grandes inauguradores de la Astronomía moderna, como Kepler, también se ocupaban de la Astrología, pero es justamente esto lo que la ciencia moderna tiene en su contra. Incluso anteriormente, la Astrología fue considerada como algo en detrimento, ateo y  siniestro, la cual debía ser evitada a toda costa. Se halla documentado que en 1108 DC, al Arzobispo de York se le refutó un entierro cristiano porque debajo de la almohada de su lecho de muerte habían encontrado un libro de Astrología.

En nuestra búsqueda por una nueva sabiduría estelar, o Astrosofía, debemos encontrar la verdadera relación entre el mundo de los astros y el ser humano, así como de todos los seres y objetos de la naturaleza, por medio de estrictos medios científicos. Esto puede ser logrado a través de una sana y armoniosa combinación de la ciencia natural y la espiritual. Desde la base de la ciencia espiritual, ha sido demostrado el significado de las configuraciones celestes al momento del deceso del ser humano que ingresa al mundo espiritual. Las estrellas, particularmente los planetas en el momento de la muerte, reflejan en detalle el pasado biográfico de un ser humano. Es el alma y el espíritu del ser humano el que cobra significado para los astros. En cierto sentido, los astros se hallan a la espera de aquello que el hombre ha de traerles como fruto de sus experiencias terrenas.

Estas investigaciones han sido llevadas a cabo sobre estas bases. El impulso guía es la idea de crear las bases para una Astrosofía que reconoce clara y científicamente nuestra conexión con los astros, pero que respeta completamente nuestra libertad y nuestra dignidad. De tal modo, las cosas fueron cobrando forma gradualmente. Hablar sobre la conexión del ser humano con las estrellas en un sentido general, ya no es suficiente. La experiencia ha demostrado que el organismo humano es conformado por el cosmos tanto antes como al momento del nacimiento; pero también se ha puesto en evidencia que  se debe distinguir entre los diferentes principios de la organización, con el fin de formar un cuadro verdadero. El cuerpo físico, el vital y la organización de la consciencia, todos poseen una conexión particular con el mundo estelar. Estos han de ser distinguidos claramente. Estas asociaciones no deben limitar ni forzar a la libertad del ser humano, como fue el caso en tiempos arcaicos. Estos constituyen las herramientas y los vehículos que el ser humano ha de adquirir para realizar su trayectoria terrestre. La pregunta crucial y decisiva siempre es el cómo utilizaremos esas herramientas. La Humanidad puede y ha de volverse libre. Un artesano capaz no se verá dominado por sus herramientas si es que desea crear una obra maestra. Las capacidades no nos son dadas desde un ámbito externo, debemos adquirirlas. La eventual habilidad de ‘usar nuestros astros’ debe ser debidamente preparada durante la infancia, a lo largo de los años de educación, sin decir con esto que el niño deba estudiar los astros, sino desplegar las capacidades creativas que descansan en él. En su vida posterior, durante los años de independencia, este trabajo con las estrellas puede volverse una capacidad científica. A través de tales perspectivas, podemos vislumbrar el cumplimiento de una nueva Astrosofía.

Willi O. Sucher, 1981

 

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

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