Puntos de inflexión en la Historia, II

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y el rostro cambiante de la Cosmología“. Parte I.

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Como conclusión de esta semana de trabajo, vamos a tratar de evaluar la importancia de este siglo XX y su posible proyección hacia el futuro. Ayer mencionamos uno de los más importantes sucesos de comienzos del siglo, que de alguna manera expresa bien su carácter. Hoy vamos a añadir dos aspectos suplementarios, uno de comienzos de siglo que coincidió, casi, con la oposición de Plutón y Urano, de la que hablamos, y otro, exactamente de finales de siglo. En 1901 tuvo lugar una gran conjunción Saturno/Júpiter (Fig. 8.1), que tuvo lugar en la constelación de Sagitario. En el año 2.000 tendrá lugar otro gran suceso[1], de nuevo una conjunción Júpiter/Saturno en algún lugar de la zona de transición entre la constelación sideral de Aries y la de Tauro. Son dos de las tres conjunciones posibles que forman parte del gran triángulo del  que hemos hablado anteriormente. Es una de las agujas del gran reloj cósmico que nos permite medir el tiempo, tanto en sentido histórico como cósmico. Cada una de las conjunciones se reproduce cada 60 años. Por ejemplo, la de 1901 se reprodujo en 1961. La que tendrá lugar en el año 2.000 ya se produjo en 1940-41. Además, hemos comprobado que la conjunción de 1961 estaba un poco más avanzada en la eclíptica que la que le precedió en 1901. De la misma manera, la conjunción de 1940 estaba un poco más atrasada pues precedió a la del 2.000. El triángulo gira así,  muy lentamente, como las agujas del reloj que usamos para medir el tiempo.

También podemos volver hacia atrás en la historia y encontrar que la gran conjunción de 1901 nos conduce directamente a un suceso parecido del año 6 antes de Cristo, un ancestro de la conjunción de 1901. A causa de la progresión del triángulo, le encontramos entonces el año 6 a.C. en la constelación de Piscis. Esta fue la gran conjunción, el congreso de Saturno y Júpiter que anunció “el cumplimiento de los tiempos”, el nacimiento de Jesús que, llegaría a ser más tarde el ‘vehículo’ del Cristo. Habría mucho que decir sobre este tema. Lo hemos estudiado en detalle y así lo hemos consignado en nuestro libro “El Cristianismo cósmico”

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También el suceso del año 2.000 puede conducirnos al pasado. Encontramos un antepasado de esta conjunción en el año 34 después de Cristo, es decir, un año después del Misterio del Gólgota. La gran conjunción tuvo lugar entonces en la constelación de Leo, después de la cual, recorrió todo el Zodiaco y el año 2.000 saldrá de Aries para entrar en Tauro. Parece ser que el año 34 tuvo lugar la conversión de S.Pablo en Damasco. Así pues, tenemos en estas conjunciones un modelo de inspiración de los sucesos. El comienzo del s. XX  va acompañado en el Cosmos por una conjunción cuya antepasada estaba asociada a la “anunciación”, el año 6 a.C.[2] Rudolf Steiner lo mencionó en la inauguración de la Antroposofía. A finales de siglo se tendrá el recuerdo cósmico del año 34, la conversión de Pablo, en la medida que podamos hacerlo. Desde un cierto punto de vista, estos son los fundamentos del siglo XX. Es importante que lo recordemos. A la vista de lo dicho, ¿de qué manera tiene todo esto que ver con el futuro? ¿Cómo podría esto servir de guía a la Humanidad?       

Para encontrar una respuesta tenemos que considerar este siglo desde un punto de vista más amplio. Decimos que ahora estamos en la era de Piscis y que nos dirigimos, lentamente, hacia la era de Acuario. ¿Qué queremos demostrar con esta afirmación? En sentido cósmico, el comienzo del año no tiene lugar el primero de Enero. El comienzo real, astronómico, del año debería ser considerado como el tiempo del equinoccio de primavera, cuando el Sol se encuentra exactamente en el punto de intersección entre el ecuador celeste y  la eclíptica, alrededor del 21/22 de Marzo. Sabemos que la fecha de Pascua tiene una relación muy íntima con esto, pues se sitúa en el primer domingo que sigue a la primera Luna llena del comienzo de la primavera. Así pues, la posición del Sol en el momento del equinoccio debería considerarse el comienzo del año. Se trata de algo más que una simple y cómoda manera de organizar el calendario anual.

En la actualidad, con ayuda de extraordinarios instrumentos astronómicos, podríamos ver, detrás del Sol, hacia el 21 de Marzo, la constelación de Piscis, pero eso no era así hace 2000 años. En aquella época el Sol se encontraba en la constelación de Aries, durante el equinoccio de primavera, de hecho se estaba preparando para entrar en la constelación de Piscis. En lenguaje astronómico eso se llama el movimiento de “precesión”. Las constelaciones de las estrellas fijas se van retrasando lentamente sobre la eclíptica, alejándose de la posición del Sol durante el equinoccio de primavera. Así pues, la constelación de Piscis ocupó el lugar de la de Aries y muy pronto la de Acuario reemplazará a la de Piscis. En unos 1.600 años la estrella Eta que se encuentra en el cántaro de Acuario será vista detrás del Sol cerca del 21 de Marzo.

Ahora bien,  podremos ver el Sol en esta constelación de Acuario mucho antes. Dentro de unos 400 años el Sol del equinoccio de primavera estará sobre la región del agua que el Hombre-Acuario vierte de su cántaro. Este flujo de agua se manifiesta a través de un gran número de estrellas muy discretas (Fig. 8.2) Alrededor de  2.369 el punto vernal se habrá desplazado hacia un punto situado sobre este flujo de agua. Uno de los peces estará todavía por encima de él. Podríamos decir que esto indica un doble aspecto, al que tendremos que enfrentarnos dentro de unos 400 años. Hoy en día muchas personas parecen tener prisa y sostienen que el punto vernal se encuentra ya en Acuario. Sin embargo, esto contradice los hechos astronómicos basados en las cartas astrales generalmente conocidas. Nuestra afirmación estipulando que la entrada no tendrá lugar hasta dentro de casi 400 años ha sido confirmada por el astrónomo y astrólogo Cyril Fagan que suele ser muy preciso y exacto en sus cálculos.

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 De esta manera deberíamos tener entonces en el Cosmos, en el curso del s. XXIV lo que podríamos llamar una proposición triangular: por debajo de la eclíptica estarán las aguas de Acuario, el pez del oeste por encima y, más alto aún, Pegaso. Esta situación tendrá que ser preparada por la Humanidad en el sentido de que una futura y nueva cosmología exigirá que “hablemos” activamente a las estrellas, de manera creadora. El propio Cosmos en el que vivimos se separó, en las etapas precedentes de la Creación, hasta un punto en el que simplemente se refleja, recordando los hechos del mundo divino acaecidos en el pasado, como si estuvieran escritos en una crónica. Ahora es nuestra responsabilidad elevarnos a niveles como el de la Fantasía moral y el pensar intuitivo para ser capaces, finalmente, de contribuir al despertar y revivificación del Cosmos. Estamos en el punto de partida, aún minúsculo, de una nueva Creación. Eso es lo que quiere decir San Pablo cuando habla del primer Adam, la primera Creación, y del segundo Adam, la creación que puede comenzar cuando acogemos el impulso de Cristo en el interior de nuestro propio ser.

La pregunta es: ¿Cómo podemos prepararnos para todo eso? El peligro es que no se pueda producir nada en la Humanidad, porque entonces la fuerzas de Acuario ya no serían constructivas, sino destructivas. Acuario presenta dos aspectos en la mitología: uno tiene que ver con las inundaciones, el otro está ligado a la fertilización de la Tierra. En Caldea estaba asociado a la gran inundación descrita en el relato de Gilgamesh. En la mitología griega Acuario se asimilaba a Deucalion y su mujer Pirra, los únicos supervivientes del diluvio de Tesalia, provocado por Zeus que quería acabar con la Edad de Bronce. Por esta razón la propia Humanidad debe dar los primeros pasos hacia la Imaginación moral y el pensar intuitivo, con vistas a estar preparada, cosa que no se puede alcanzar si antes no se han cumplido las tareas relativas a la era de Piscis, que todavía no ha llegado a término. En sentido de cultura espiritual, no ha hecho más que comenzar. No podemos entrar en la era de Acuario con plena seguridad, antes de haber cumplido las tareas propias de la era de Piscis. ¿Cuáles son esas tareas? Ya no podemos leer en las estrellas lo que debemos hacer ni lo que se espera de nosotros.  Somos nosotros quienes tenemos que decidirlo, sólo nosotros.

Por encima de la constelación de Piscis se encuentra la constelación de Andrómeda (Fig. 8.2), encadenada a una roca y amenazada por un horrible monstruo marino que viene de abajo, de Piscis. Se trata de Ceto una especie de criatura informe,  acuática que vive en el inmenso mar debajo de esta parte del Zodiaco. La madre de Andrómeda, la reina Casiopea, enfadó a Poseidón, dios del mar y, en venganza, éste mandó a su reino al monstruo Ceto, el cual asoló completamente la región. Un oráculo había predicho que sólo habría una cosa que permitiría ayudar al país a liberarse de este sufrimiento: el sacrificio de Andrómeda. Así pues, fue entregada a Ceto para ser devorada por éste. Sin embargo, justo en el momento en que Ceto se aproximaba, la ayuda vino de arriba, con Perseo que regresaba a su casa después de una expedición al norte donde había acabado con la vida de otro monstruo: la Medusa. Ceto y Medusa pertenecen a una generación de monstruos que antaño habían sido seres de una gran belleza. Pero al envejecer, sobreviviendo en tiempos posteriores, se habían convertido en ser repugnantes y peligrosos. Medusa convertía en piedra todo lo que miraba, pero Perseo era hijo de la era de Aries, la de la época cultural greco-latina. Había aprendido a pensar, facultad que más tarde se manifestó de manera maravillosa en los filósofos griegos. Perseo no se había dirigido directamente a Medusa, sino que dándose media vuelta observó su rostro en su escudo que estaba pulido y brillante como un espejo. Se aproximó a ella, sin que pudiera convertirle en piedra, y le cortó la cabeza. En el camino de regreso advirtiendo el peligro en que se encontraba Andrómeda, sacó la cabeza de Medusa de su bolsa y se la lanzó a Ceto que se estaba aproximando. En un instante el monstruo quedó convertido en una enorme roca. Mucho tiempo después, se pensó que una enorme roca negra de la costa fenicia había sido antaño el cuerpo de Ceto.

Estos mitos contienen importantes realidades para la evolución. ¿Qué significado tiene que Andrómeda estuviera encadenada a una roca y sacrificada al monstruo? Éste era una criatura acuática, informe, gigantesca y peligrosa. ¿Quién salva a Andrómeda? Perseo, el que había desarrollado el poder de pensar. Ahí abajo, en el cetáceo, el pensar no existía: era algo atávico, sin formas, una cosa relacionada con el mar. Se trataba de una antigua clarividencia etérica que no había desaparecido con la evolución de la conciencia humana, por lo cual se había hecho peligrosa, aunque curiosamente, muy voluminosa. Tenía aterrorizada a Andrómeda, que debe ser considerada como una imagen del alma humana. Hay que ver en ello un mensaje dirigido en particular a los tiempos actuales. Andrómeda se encuentra por encima de Piscis, la constelación que inspira el actual equinoccio de primavera. Vemos una estrella sobre la frente de Andrómeda, justo en la región del chakra de Júpiter – la flor de loto de dos pétalos, en el entrecejo – que según las doctrinas esotéricas es un órgano de percepción más elevada, como lo describe Rudolf Steiner en su libro La Iniciación, o Cómo alcanzar el conocimiento de los mundos superiores. Andrómeda posee esta estrella junto con Pegaso que la lleva en una de sus alas, y es como si, en las cartas astrales clásicas, Pegaso saliera de la cabeza de Andrómeda. El mito que se expresa en esta historia, es el siguiente: Andrómeda, el alma humana, realmente ligada a la era de Piscis, tiene el impulso de desarrollar la facultad asociada con el chakra de dos pétalos. Se trata de la elevación del pensar a un grado más elevado, hacia un “claro pensar” podríamos decir, que sugiere el equivalente moderno de la clarividencia. En el sentido de la imagen de Pegaso se trata de una “inteligencia alada”, es decir, una “inteligencia cósmica”.

Andrómeda fue salvada por la recién adquirida capacidad de pensar, durante la era de Aries. La capacidad de pensar con el cerebro debía estar bien desarrollada antes de que  fuera posible  progresar hacia el claro-pensar y para que pudieran ser sobrepasados más adelante los atavismos de la naturaleza del monstruo marino. Esa es la misión de la actual era de Piscis. No se trata de parecer pesimistas, pero aún estamos muy lejos de haber alcanzado esa meta. Rudolf Steiner aportó este mensaje a la Humanidad ya en 1893 cuando publicó “La Filosofía de la Libertad”, libro fundamental y punto de partida para el desarrollo de la Fantasía moral y del pensar intuitivo, aspectos de los que la Humanidad está tan necesitada. Cuando intentamos cambiar nuestro punto de vista, siempre encontramos, en todos los aspectos de la vida humana, el mismo fenómeno: tenemos que trabajar con conceptos usados y un pensar que viene del pasado, extraído de los tiempos romanos, en especial en todo lo que tiene que ver con los conceptos políticos que se supone que son los que tienen que regir las comunidades humanas. Esta es la razón del por qué tantas cosas van mal. Simplemente porque no tenemos ideas nuevas, constructivas e independientes. Sólo cuando hayamos desarrollado nuevos conceptos en el  pensar podremos penetrar, con plena seguridad, en la era de Acuario.

¿Qué nos va a exigir la era de Acuario?  Tenemos que tener en cuenta varias cosas: la civilización de Acuario necesitará utilizar y desarrollar las fuerzas de Saturno, es decir, las fuerzas y el poder de la Gnosis en sentido cognitivo. ¿Por qué tendría que ser así? Los planetas tienen sus “domicilios” bien definidos en el Zodiaco, por ejemplo, Júpiter está en su casa en la constelación de Piscis. Esto quiere decir que la cualidad particular de este planeta debe desarrollarse en los tiempos actuales. Goethe fue un claro ejemplo del desarrollo positivo de dichas cualidades: él estaba muy ligado a la constelación de Piscis, así como a Júpiter en el momento de su encarnación. Esto lo demuestra el tipo de pensamiento que desarrolló, así como la manera en que llevó a cabo su relación con el mundo. En el terreno científico, fue la “planta arquetípica”, o “protoplanta”. En otros terrenos, por ejemplo en sus Poemas, creó un arquetipo del ser humano moderno en el personaje de  “Fausto”. Goethe fue, realmente, un miembro de la Era de Piscis, llevando a Júpiter a un cierto grado de realización por todo lo que hizo.

Sin embargo, los tiempos en que el equinoccio de primavera coincidirá con Acuario, y también en Capricornio un poco más tarde, verán las últimas civilizaciones del ciclo actual de las siete civilizaciones de la era post-atlante. Los dos serán desafiados por Saturno, ya que tiene su domicilio en dichas constelaciones. Para comprender el desafío propuesto por Saturno tenemos que remontarnos mucho más atrás en el tiempo, a la época de “Antiguo Saturno”.[3]Evidentemente no estamos queriendo decir que ya en el Antiguo Saturno podíamos encontrar la constelación de Capricornio o la de Acuario, sin embargo, en su lugar habitaban los Seres divinos de la Jerarquías que inauguraron el comienzo de la evolución de la Humanidad y del mundo. Por ejemplo, en el Capricornio de hoy día podríamos leer la historia de los seres espirituales creando los primerísimo gérmenes etéreos de los órganos de los sentidos. Y Acuario nos revela una historia similar, aunque un poco diferente. La forma en que se presenta actualmente esta constelación en el cielo sólo refleja la historia de los sucesos de un lejano pasado. Saturno, que es una réplica-recuerdo del antiguo Saturno, está en relación con Acuario. Tendremos que evolucionar de manera que podamos emplear, al final, esas fuerzas como si fueran las nuestras. Para prepararse, ahora, en nuestra época, tenemos que empezar por cultivar las fuerzas de Júpiter. Más adelante estaremos capacitados y dispuestos para desarrollar las fuerzas saturninas en  el futuro.

¿Cuál será entonces, de hecho, la misión de la Era de Acuario? La mitología hindú relaciona a Acuario con el dios Varuna. Según la descripción que hacen, Varuna es el equivalente, o la pre imagen, de Aura Mazdao de la civilización persa que vino a continuación de la hindú. El Aura Mazdao de la civilización persa representaba “el aura del Sol”, no era el Sol que vemos en el cielo, sino su “aura”, en realidad toda la actividad del Sol que penetra en la totalidad del sistema solar. A este Ser de Luz se le opone, en los cielos, Ariman el “espíritu de las tinieblas”, que habita abajo, en las profundidades de la Tierra. La civilización persa se estableció en base a esta gran imaginación. Es decir, que Zaratustra inauguró una civilización que actuó en todos los aspectos de la vida con estos grandiosos conceptos. Por ejemplo, la agricultura se organizó sobre estas bases. La tierra se roturaba con el arado a fin de permitir que la luz que venía del Cosmos, de Aura Mazdao, se pudiese introducir en la tierra oscura, para que las plantas, que siempre surgen de la oscuridad de la tierra, pudieran crecer. Sus raíces se hunden en la tierra, permitiendo que el tallo, las hojas y las flores puedan elevarse hacia el cielo, manifestando e imitando al Cielo sobre la Tierra. El dios Varuna de la antigua India está descrito por Arthur L. Basham en su libro La civilización de la antigua India, como sigue:

Varuna se muestra, sentado en un magnífico palacio en los cielos. Es el guardián de Rita (en sánscrito se escribe Rta) que es el Orden del gran Universo. Todos los ritmos del Cosmos, el día y la noche, hasta los cambios de las estaciones, son causados y controlados por Rita, el orden cósmico. También la Humanidad tiene que vivir como lo dice Rita. Más tarde en la India la palabra ‘no-Rita’, oponente de Rita o el orden cósmico, se convirtió en la expresión más común para designar la “no verdad”, “pecado” y “anarquía”.

 

Varuna, el gran guardián de la Rita cósmica, recorre el cielo sobre un corcel, el Makara, que en la mitología hindú está asociado a Capricornio, representado algunas voces como un monstruo marino, un enorme cocodrilo. Se trata por supuesto de antiguas imaginaciones y en nuestro tiempo tenemos que encontrar nuevas vías y aprender a hablar de nuevo el lenguaje de las estrellas que la Humanidad moderna comprenderá. Hemos de aprender el significado de Rita en sentido moderno, científico: se trata del mundo de las fuerzas etéreas, las fuerzas formatrices que trabajan desde el Cosmos sobre la existencia terrestre creando la vida en la Naturaleza y en el ser humano. Esa será la gran tarea de la era de Acuario. El ‘agua’ cósmica, y no únicamente el agua terrenal aunque bien es verdad que ésta está ligada a las fuerzas vitales de la Naturaleza, tendrá que ser utilizada de manera muy consciente. Y esto sólo será posible en base a un pensar creador, un pensar intuitivo. El manejo de las fuerzas del día y de la noche, que ya mencionamos más arriba y que en Europa se lleva a cabo incluso con fines prácticos, es el primer paso en esa dirección. Los seres humanos de ese futuro aprenderán a recibir las fuerzas cósmicas en sus manos y aprenderán a trabajar con ellas, aportando así crecimiento y curación a los reinos de la Naturaleza, comprendido el mundo de los hombres.

Para llevar a cabo esas grandes tareas tenemos que aprender primero una cosa: la capacidad en potencia que hemos visto ya, y que está indicada en el Cosmos con la imagen de Andrómeda. Tenemos que llegar a ese pensar intuitivo y a la fantasía moral de los que ya hemos hablado, ligados al desarrollo del chakra de la flor de loto de dos pétalos. La época actual se dirige hacia ello. Así lo sugiere la gran conjunción inaugural de Saturno con Júpiter en 1901, en la constelación de Sagitario. De la misma manera que podemos estudiar la historia pasada de esta gran conjunción, así podemos proyectarnos hacia el futuro. Entonces descubrimos que dentro de unos cientos de años este suceso se producirá en Acuario. En el curso del próximo siglo tendrá lugar en Capricornio y después en Acuario. Por esta razón decimos que nuestro siglo actual[4]es uno de los más importantes de la época después de Cristo. Actualmente nos encontramos en una posición en que la gran conjunción de la “anunciación”, descendiente de su antepasada del año 6 a.C., ha alcanzado una cierta culminación.  Rudolf Steiner lo percibió así, con toda claridad, a principio de siglo (XX), cuando él “habló a las estrellas” y su lenguaje era la Antroposofía: En 1901 cuando tenía lugar en los cielos la gran conjunción, comenzó por dos grandes ciclos de conferencias: “De Buda, a Cristo”[5]y El Cristianismo como hecho místico.[6]

 

Cabe esperar que esta gran conjunción atraviese en los siglos venideros, manteniéndose en el cielo como un perpetuo desafío, como los signos externos de los Congresos entre los seres espirituales asociados a Saturno y Júpiter, que dirán: “Mirando hacia la Humanidad, ¿qué piensa hacer? ¿Cómo responderá a estos desafíos?” Nuestra respuesta sólo puede ser el incesante y paciente desarrollo del legado de Rudolf Steiner a la Humanidad durante el primer cuarto del siglo veinte.

Uno de los primeros libros escritos por Steiner fue: “Cómo alcanzar el conocimiento de los superiores, o la Iniciación”[7]y 12 años antes publicó “La Filosofía de la Libertad”[8].Su intención con estas publicaciones y el resto de las actuaciones que siguieron, era mostrar los caminos que conducirían finalmente a una avanzadilla espiritual en la vía de la percepción espiritual, hacia una nueva toma de consciencia de los mundos superiores, cerrados a los sentidos físicos. De esta manera la Humanidad moderna podrá elevarse a nuevos grados de experiencias y podrá desarrollar nuevas facultades gracias a las cuales podremos llegar ser dueños de nuestra propia vida sobre este planeta, de una manera positiva y constructiva. Rudolf Steiner en ningún momento quiso satisfacer la curiosidad personal, ni tampoco el deseo de distracción. Hizo todo lo que hizo partiendo de la toma de consciencia de que el Cosmos al completo mira hacia abajo, hacia la Humanidad actual, esperando las ideas y hechos que permitirán al mundo seguir avanzando, prosiguiendo el gran trabajo de la Creación que las Jerarquías empezaron hace mucho, mucho tiempo. De esta forma, el significado real del siglo veinte se hizo manifiesto por el trabajo de Rudolf Steiner a lo largo de toda su vida:  ayudar a crear una Humanidad, que en la encrucijada por encontrar la libertad espiritual,  aprenda  a utilizarla con el objetivo de elevarse, en un futuro aún muy lejano, al rango de las potencias creadoras del Universo

Otras obras de Rudolf Steiner relacionadas con la

                              Astrosofía

 

  • Los Guías espirituales del hombre y la Humanidad. (GA 15)
  • Macrocosmos y Microcosmos, el gran y el pequeño Universo. (GA119)
  • El Hombre a la Luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía. (GA 137)
  • Ciencia del cielo, ciencia del Hombre. (GA 323)
  • Las Entidades espirituales en los cuerpos celestes y en los reinos de

      la Naturaleza. (GA 136)

  • Las Jerarquías espirituales y su reflejo en el mundo físico. (GAG 110)
  • El Hombre suprasensible. Recorrido iniciático del hombre en el Cosmos (GA 231)
  • La vida entre la muerte y un nuevo nacimiento (GA 141)
  • La creación del mundo y del hombre. Vida terrestre y acción de las estrellas (GA 354)
  • Intervención de las fuerzas espirituales en el hombre. (GA 102)
  • Antroposofía, una cosmosofía II, el hombre una obra del Cosmos. (GA 208)
  • Pensamiento humano, pensamiento cósmico. (GA 151)
  • Filosofía, cosmología y religión. (GA 215)
  • El Hombre y los astros.
  • La comunión espiritual de la Humanidad. (GA 219)

[1] Willi Sucher impartió este curso de conferencia en Agosto de 1969.

[2] Se trata de la estrella que siguieron los Magos, la cual está asociada al “nacimiento espiritual” de Jesús. (Ver Cristianismo cósmico, capítulo 6)

[3] Ver “La Ciencia Oculta” de Rudolf Steiner. Editorial R. Steiner. Madrid.

[4] El autor se refiere al s.XX que es cuando estaba impartiendo estas conferencias.

[5] (Dadas a un grupo llamado Die Kom-mendem, (Los que van a venir), círculo cultural creado por M.G. Conrad a fines del s. XIX)

[6] El Cristianismo y los Misterios de la Antigüedad (GA  8). Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[7] Editorial Rudolf Steiner, Madrid.

[8]  Id.

Traducido del francés por Maribel Garcia Polo y editado por Gracia Muñoz.

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