La Renovación de los Antiguos Misterios Persas

Willi Sucher – 17 de julio de 1966

English version

Rudolf Steiner habló acerca de de la importancia de la cronología persa, y debemos hacer un gran esfuerzo para conseguir ver por detrás de sus palabras. La antigua relación persa era que 12 meses era igual a un mes de 28/29, 30, 31 días. Ésta era la base de la astrología persa en la era de Géminis.

¿Qué se obtiene de esto?, Cronos (Saturno) se ve referido al tiempo, siendo un tipo de medida. Sabemos que cada día consiste en 24 horas, o una rotación de la Tierra alrededor de su eje. Un mes es la rotación del calendario lunar. Estas lunaciones (órbita sinódica) progresan de Luna Nueva a Luna Nueva, lo que toma 29,5 días. Un año es cronometrado por la trayectoria aparente del Sol alrededor de la Tierra, volviendo a la misma posición en 365 días.

Estos son todos los estándares cósmicos, y son la base de todas nuestras mediciones de tiempo (dibujo). Una órbita es el camino de la rotación de la Tierra alrededor de su eje. El Sol, la Luna y los planetas transitan a través de sus propias órbitas.

f1

También sabemos que en la prospección de la Tierra se utiliza un punto fijo para evaluar el tamaño de un espacio de tierra particular. Se  proyecta un estándar minimizado del espacio en un espacio más grande, o un tiempo minimizado en un tiempo más grande, con respecto a la medida del espacio y del tiempo. Esto se llama progresión; Por ejemplo, un día es esencialmente lo mismo que un año, aunque toma menos tiempo. Representa simbólicamente una rotación más grande. Esto puede usarse como un medio para descubrir el tiempo. Un día -o grado-  solar  después del nacimiento puede representar un año de vida. Si el Sol se mueve diez grados después del nacimiento, esto se refleja en el décimo año de la vida. Hay todo tipo de progresiones que demuestran que la parte refleja el todo, y el todo refleja la parte. Hoy tomaremos tales proyecciones, por ejemplo, el estándar de la lunación.

f2

Cuando un lado de la Luna está iluminado por el Sol, tenemos una Luna Nueva en la Tierra, y esta Luna regresa al mismo lugar después de 27,3 días, pero el Sol se habrá movido a otra posición que la Luna debe seguir. Así que añadimos dos días, y este es el mes sinódico. Durante un año, hay doce lunaciones, con una brecha de unos días excedentes, o 12,37 días. Experimenten donde vuelve el mes sinódico, recordando que tenemos que esperar que 29,5 días sean similares a los 365 días.

Los persas usaron esto en los Misterios con una plena conciencia de sus implicaciones, por lo que debemos tratar de penetrar  en la obra de los persas. Digamos que estamos viviendo en el año 2907 AC, al comienzo de la Era de Tauro y en el tiempo de Zaratustra, y que decidimos tener una “vista previa” del año 747 AC, que representa el comienzo de la Era de Aries.

Restando 747 de 2907, llegamos a 2160, que es la longitud de tiempo de cada Era de la civilización. Las fuerzas cósmicas fluían hacia abajo desde Aries, lo que nos lleva a la civilización del tiempo de Cristo. Pero primero investigaremos esa época egipcio-caldea del año 2907, la cual estaba impregnada por las fuerzas de Tauro.

f4

En el 2907 AC, al final de la Era de Géminis y de la Época Persa, el gran iniciado Zaratustra había pronosticado la futura salvación. Esto lo hizo en un momento en que la humanidad se deslizaba por el abismo más profundo. Sabía entonces que debía venir el momento de la Resurrección, y que el punto más profundo en el que podría tener lugar sería en el Misterio del Gólgota. Tales Iniciados debían guiar a su pueblo, y por lo tanto fueron llamados Reyes. Por ejemplo, el rey Arturo, en la tradición celta, es realmente un grado de iniciación. Aconsejaron a su gente en la economía, en la agricultura y espiritualmente. Todos los reyes eran iniciados, al igual que los faraones; Por lo tanto, se veían obligados a mirar hacia el futuro para sus visiones y cálculos. Los Reyes Magos tenían un don especial para leer las profecías de la estrellas. Las estrellas pueden dar un recuerdo de la realidad espiritual, que se puede experimentar en el propio ser.

Tomemos el año 2687 AC, que es 220 años después del comienzo de la Era de Tauro. En ese tiempo, Júpiter y Saturno estaban en una Gran Conjunción en Piscis, y los persas sabían calcular tales cosas de antemano. Ahora debemos transmutar estos 220 años en lunaciones. Para ello, tenemos que multiplicar 220 años por el número de lunaciones en un año —12,37—para llegar al número de lunaciones de 29,5 días cada uno, lo que ocurre en un año de 365 días. Estamos mirando a partir del 2907 hacia el 2687-Equivalentes a un año solar (un año lunar equivalente a un año solar). Esto nos deja un balance de 33 años, a través de la transformación de estas lunaciones en años solares.

f7

¿Qué vieron entonces estos sabios? Ellos vieron esta Gran Conjunción de Saturno y Júpiter en Piscis, que se refiere a la Gran Conjunción del año 6 AC. que siguieron los Tres Reyes, y que fue el tiempo de su Encarnación Espiritual. Este era su faro guía en los cielos, llevándolos al lugar donde había tenido lugar el Nacimiento. De hecho, esperaban con ansia el momento en que el gran cumplimiento se llevase  a cabo, algo que Zaratustra había predicho a través de sus cálculos como la Gran Redención. Piscis, como sabemos, es un símbolo de cumplimiento. La obra retrata este hecho espiritual, por su símbolo: ♓ o (“lado a lado” o “dos mundos”), sugiriendo que después de una larga lucha, dos mundos entrarían en un estado de comunión que exige sufrimiento y curación para su cumplimiento. De esta manera, los Iniciados, en virtud de la cronología, fueron capaces de calcular el tiempo del acontecimiento en el año 33 DC. La gente moderna podría llamarlo coincidencia. Los antiguos, sin embargo, no eran tan primitivos como para ser incapaces de corroborar esto por otro método de progresión—por la transmutación del tiempo.

Sabemos que Saturno tarda 29,458 años en recorrer su órbita y volver a la misma estrella fija. Esta es una revolución sideral. De acuerdo con la citada ley de Progresión, esto equivale a un año del Sol que atraviesa su órbita, de modo que un año Solar equivale a un año de Saturno. Por lo tanto, si tomamos un año de Sol como equivalente a un año de Saturno de 29,458 años, encontraremos que los persas usaron este cálculo y llegaron al año 2806 AC. Esto fue aproximadamente 100 años después del comienzo de la Era de Tauro, y 120 años (dos Grandes Conjunciones) antes de 2687 AC, cuando se produjo  otra Gran Conjunción entre Saturno y Júpiter en Piscis:

f8

Los cronistas persas vieron a través de las perspectivas del tiempo. Tales comparaciones calculadas, aunque sin la rigidez de una computadora, nos dan una base segura y correcta sobre la cual establecer una astrología espiritualizada, y también otorgan la espina dorsal a nuestra visión en el mundo espiritual.

Si retrocedemos  ahora al año 747 AC, hasta el comienzo de la Era de Aries, un cosmólogo entrenado en los misterios podría llegar  nuevamente  a un resultado similar de ese predecesor de la Gran Conjunción en Piscis de 6 AC. Trabajando con esta ecuación del tiempo, uno se encontraría de nuevo en el tiempo de Cristo, y volvería a encontrar la profecía. Para probar esto, sólo tenemos que escoger algunos ejemplos como un punto de vista general. Se podría incluso verificar tales cálculos con respecto a las posiciones geográficas.

¿Qué vamos a hacer con este aspecto pre-cristiano? Para hacer frente a la edad moderna, se exige una recreación de la astrología a través de un rejuvenecimiento de la cronología persa por el Impulso de Cristo.

Pero hoy me gustaría hablar de la proyección del tiempo desde el propio Gólgota. En el año 1910, Rudolf Steiner habló en Estocolmo sobre la Segunda Venida. La ciudad entonces sostuvo una rama de la Sociedad Teosófica, cuyo líder imploró a Steiner que no diera clases debido a unas configuraciones planetarias adversas. Se producía lo que se llama una “cruz” en los cielos formada por cuatro planetas en cuadratura y las cuadraturas son mortales para el astrólogo. Sin embargo, el Dr. Steiner insistió en hablar de la Segunda Venida tal como se muestra en Hechos I. Este es un ejemplo de lo que debemos hacer cuando nos enfrentamos a las estrellas, no sucumbir al miedo, sino desarrollar acciones espirituales positivas.

Tomemos ahora la ecuación de un año Solar a un año de Saturno. Rudolf Steiner señaló que a partir de los años 1933-5-7 hasta un futuro lejano —durante los próximos 3000 años— se nos daría la oportunidad de experimentar la Presencia de Cristo en el Cuerpo Etérico. Tomaremos un año lunar, que equivale a 12,37 lunaciones, iguales a un año Solar. Por lo tanto, un año solar representa 12,37 años en la Historia. En una lunación (un mes), Saturno mueve un grado de su órbita, llegando a 12° al año.

A partir de 1933 DC (la Segunda Venida), restamos 33 (el ritmo de Cristo Jesús), dándonos 1900 años, o 1900 grados de Saturno. Esto es cinco ciclos de Saturno, más 100 grados (5 x 360 grados = 1800 + 100 grados) = 1900.

f9

¿Qué podemos ver con esto? En el año 188 DC Saturno había pasado por 1900 grados de su órbita desde el 33 DC. En ese año 33 DC, Júpiter estaba en su nodo ascendente en géminis, recordándonos el Gólgota; mientras que Saturno, entrando en el nodo de Júpiter en el año 30 DC, nos recuerda el bautismo.

f5

Saturno está conectado con el Padre y Júpiter con el Hijo. Urano entró en el nodo ascendente de Júpiter en el año 188 dC, lo que indica que tuvo lugar una especie de acontecimiento equivalente del bautismo en un nivel superior. De esta manera, podemos progresar con Saturno a través de la historia

Cuando se crearon las pinturas de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, Saturno estaba en este nodo ascendente de Júpiter. Aquí se hace eco otra vez de la voz del Padre, como diciendo: “Será”, así como San Juan Bautista oyó las palabras: “Este es mi Hijo Amado, en quien yo me doy como Yo” -como el Yo Cósmico. En el tiempo del Gólgota, Júpiter entró en su propio nodo, pues Júpiter está conectado con las fuerzas del Hijo, que preparan el futuro. Dentro de la esfera de Júpiter, se realizan hechos que se preparan para el futuro de este cosmos solar. El Hijo se ha hecho cargo de la jurisdicción, y ésta es la semilla de toda evolución futura. Seguramente es una cuestión de llevar el pasado hacia el futuro.

En el año 188 DC, Urano se ubicó sobre este nodo planetario de Júpiter. Urano representa una octava superior, porque proviene de un sistema extra- solar, y está conectado con Manas, un principio superior de nuestro ser. Esto demuestra que algo tal como la Segunda Venida, puede llegar a trascender la existencia meramente física. Con respecto al 188 DC, hemos estado tratando con ritmos puramente temporales que apuntan a un tiempo de crisis invisible, de la cual no hay evidencia documental.

Esta es una indicación de una cronología de los Misterios Persas que pueden ser revividos. Sin embargo, nuestras investigaciones deben estar impregnadas de la esencia del Cristianismo y de ese impulso de Cristo que conduce a perspectivas tan grandiosas del futuro -como el Apocalipsis.

nodos-de-los-planetas

 

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

 

GA159. Las cuatro grandes virtudes

Rudolf Steiner – Zürich 31 de enero de 1915

English version

Nuestra ciencia espiritual tiene la tarea de eliminar de nuestra conciencia —de hecho, de toda nuestra vida interior— la brecha que existe entre nuestra conciencia humana exterior dirigida al mundo físico, donde el hombre vive entre el nacimiento y la muerte y el mundo espiritual donde el hombre vive la otra parte de la totalidad de su existencia, el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Para alguien que vive la ciencia espiritual con cada fibra de su alma, esto es bien conocido, e incluso obvio. Podemos  decir además que en momentos como éste se torna en algo particularmente sagrado. A través de los graves hechos de la guerra hemos perdido en muy poco tiempo unos cuantos queridos amigos y miembros, y otros están a punto de acompañarles en sus últimos pasos por la Tierra. Mañana por la mañana a las once tendremos aquí en Zürich la cremación de un querido miembro, la señora Dr. Colazza, y acabamos de escuchar que nuestro querido amigo Fritz Mitscher murió esta tarde alrededor de las cinco, cerca de Davos. Con estos dos miembros, almas queridas que han dejado el plano físico;  la ciencia espiritual nos ha mostrado el camino para entender en un sentido mucho más elevado que dichas almas no se pierden, sino que permanecemos unidos con ellas.

Contamos con un número considerable de almas que pertenecen a nuestro movimiento y que han pasado a través del portal de la muerte. Y a partir de las fuentes de las que fluye hacia nosotros el conocimiento del espíritu, se puede decir que estas almas se han convertido en fieles compañeros que trabajan con nosotros desde el mundo espiritual, cada uno según le compete. Con la plena responsabilidad con la que esto se puede decir, teniendo una base firme en el conocimiento espiritual, puedo afirmar que con ellos hemos cimentamos los pilares que sostienen nuestro movimiento espiritual. Muchos de los que han pasado por el portal de la muerte trabajaron dentro de nuestro movimiento espiritual,  y ahora lo contemplan y sobre el dirigen su amor. Durante el periodo entre el nacimiento y la muerte permanecieron unidos a la aspiración que se representa en nuestro círculo. Ellos han dejado algo tras de sí en nuestra sociedad, y lo llevan en sí mismos en su camino entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Así como podemos mirar hacia atrás en el mundo de la naturaleza que nos rodea, podemos hacerlo con nuestra vida física a partir de ese momento, que podemos comparar con el nacimiento del hombre. Inmediatamente después de la muerte, el hombre entra en una condición que puede ser comparada con la vida embrionaria, con la vida dentro del cuerpo materno, excepto que este periodo en la vida después de la muerte se puede contar en días, y es mucho más corto que la vida embrionaria en relación a la vida física. Luego sigue lo que puede ser comparado con el nacimiento en el mundo físico, con la primera respiración. A esto lo podemos llamar el despertar en el mundo espiritual; se tiene la percepción de que la voluntad del alma que ha pasado por el portal de la muerte es recibida por los seres de las jerarquías más elevadas. Al igual que el ser humano que entra en el mundo físico a través de su madre se encuentra preparado para recibir el aire exterior despertando gradualmente sus sentidos, de la misma manera llega un momento después de la muerte, donde el alma siente que el poder de su voluntad —que durante la vida física estaba confinada en los límites del cuerpo físico—  ahora fluye hacia el universo. Y siente cómo es recibida por los seres de la jerarquía más próxima, la jerarquía de los Ángeles. Esto es semejante a una primera respiración en el mundo espiritual y al crecimiento gradual en el ambiente espiritual; la experiencia espiritual nos lo muestra.

Me gustaría hablar del destino de aquellos que en el transcurso de los años, han dejado el plano físico. Quisiera mirar a los que se han unido a nuestro movimiento espiritual aquí, y que informan a las almas humanas que aún están encarnadas sobre las condiciones en que ellos viven. Ser capaz de relacionarse así en la memoria de la vida terrenal es algo que incluso aquí, en el mundo físico pertenece ya al mundo espiritual. Para aquellos que han pasado por el portal de la muerte esto es algo infinitamente precioso y significativo cuando, como un afluente de río, pueden fluir por la corriente que va hacia ellos desde el mundo físico y que tiene su origen en lo que experimentaron en nuestro movimiento —la corriente de los pensamientos de quienes están  vinculados a ellos por amor o por lazos familiares— entonces la comunidad une mucho más  de lo que  podría llegar a estarlo  en nuestros tiempos materialistas pues esta basada en relaciones espirituales.

Podemos decir: más de uno de los que han atravesado temprano el portal de la muerte hacia el mundo espiritual, da la impresión de que lo hubieran hecho desde un íntimo amor por nuestro movimiento espiritual, con el fin de poder ayudar teniendo mayores fuerzas desde mundo espiritual. Entre un número considerable de los que han cruzado el umbral, vive en sus almas una sensación maravillosamente clara sobre las necesidades de nuestro movimiento espiritual. Para el que puede mirar en el mundo espiritual a todos los que han pasado por la puerta de la muerte, y ahora miran hacia abajo al movimiento con el que estaban conectados, son como mensajeros espirituales de nuestro movimiento. Llevan sus normas ante nosotros, y nos dicen constantemente: estábamos convencidos de la necesidad de este movimiento mientras convivimos con vosotros. Pero ahora que hemos ingresado en el mundo espiritual, sabemos que podemos ayudar y cómo hacerlo en un momento en el que este movimiento es necesario.

Esto es algo que para quienes permanecen aquí en el plano físico se hará cada vez más perceptible al perder a las personas queridas. Para ellos, lo que se ha dicho puede darles el consuelo más profundo, porque encuentran aquí todo lo que puede generar una conexión aún más profunda entre las almas con las que ya no podemos conectarnos en el ámbito de la manifestación externa, a través de los ojos y palabras físicas.

Este movimiento espiritual, del cual somos parte, ha de generar algo de magnitud. Hoy me gustaría tocar un capítulo en particular. En un tiempo como el nuestro, en el que la civilización —a pesar de los últimos ecos de las antiguas religiones— se basa completamente en una conciencia materialista, sólo puede desarrollar los impulsos de la vida moral de una manera tal que únicamente reconoce la vida entre el nacimiento y la muerte. Entre las muchas cosas que deberían tener lugar en nuestro movimiento espiritual, una de ellas sería el desarrollo de un nueva vida moral de la humanidad. Puesto que  los hombres tendrán que aprender a considerar la vida moral desde un punto de vista que se extiende más allá del nacimiento y la muerte y que reconoce el hecho de que el alma humana pasa a través de vidas consecutivas a la Tierra  y que el alma que portamos en nosotros entre el nacimiento y la muerte ha pasado ya por muchas otras vidas, y puede esperar otras vidas futuras. Cuando extendemos nuestra visión de una sola vida a una serie de vidas sucesivas, obtenemos una comprensión más amplia de nuestra existencia y una comprensión más sólida de lo que es la virtud y la moral.

Cuando hablamos de las virtudes humanas podemos distinguir cuatro de ellas que se pueden describir en el lenguaje de uso común. Hay otra virtud, que como indicare más adelante vive en las profundidades del alma humana y de la cual debemos hablar lo menos posible —como veremos—  por razones sagradas. Todas las otras virtudes que existen en la vida y que en su conjunto constituyen la moral, pueden considerarse como ejemplos particulares de las cuatro virtudes que vamos a considerar, cuatro virtudes de las cuales la antigüedad  especialmente tenía mucho que decir.

Platón, el gran filósofo de la antigua Grecia, distingue estas cuatro virtudes en particular, porque fue capaz de tomar su sabiduría de los ecos de los antiguos Misterios. Bajo la influencia de los Misterios, Platón pudo distinguir las virtudes mucho mejor que los filósofos posteriores y los de nuestra época, donde la sabiduría de los Misterios se ha vuelto tan remota y caótica.

La primera virtud que vamos a considerar, si hablamos de moralidad a partir de un conocimiento integral de la naturaleza humana, es la virtud de la Sabiduría. Pero esta Sabiduría debe entenderse en un sentido más profundo de lo que se suele hacer, más en relación con la ética.

La Sabiduría no es algo que llega al hombre por sí misma; menos aún se puede aprender en el sentido corriente. No es fácil describir cuál debería ser su significado. Si pasamos por la vida de tal manera que los acontecimientos actúan en nosotros y aprendemos de ellos, considerando cómo podríamos haber hecho esto o aquello más adecuadamente, cómo podríamos haber usado nuestras capacidades con más fuerza y eficacia  —si estamos atentos a todo en la vida, de manera que cuando nos encontramos por segunda vez con una experiencia similar podemos tratarla con mas tiento al habernos beneficiado con la primera experiencia— entonces nuestra Sabiduría se acrecentará. Si preservamos a lo largo de la vida un estado de ánimo capaz de aprender de ella, de poder considerar todo lo que nos trae la naturaleza y la experiencia de tal manera que aprendemos de ella, no simplemente acumulando conocimiento sino haciéndonos interiormente mejores y más enriquecidos, entonces hemos recogido la Sabiduría y lo que hemos experimentado no ha sido inútil para nuestra vida anímica.

La vida será inútil para nosotros si pasan décadas y todavía seguimos juzgando  algo que hemos experimentado de la misma manera que lo hicimos anteriormente. Si atravesamos la vida de esa manera, nos estamos alejando de la Sabiduría. El karma nos puede haber confrontado  en la juventud con algo que nos enfureció y condenamos tal o cual acción humana. Si mantenemos esta actitud, estamos haciendo un mal uso de nuestras vidas. La usamos bien si, suponiendo que en nuestra juventud formamos juicios severos, en una etapa posterior de la vida ya no lo juzgamos con dureza sino con la comprensión y el perdón, si hacemos el esfuerzo de querer comprender. De mantener el carácter que desde el nacimiento se irrita por alguna cosa y nos despierta una ira furiosa y  a medida que envejecemos ya se va desvaneciendo el enojo de nuestra juventud, ya no sentimos ira y nos hemos vuelto más tolerantes —entonces hemos usado la vida de acuerdo con la Sabiduría. Si éramos materialistas en nuestra juventud pero despues nos permitimos experimentar lo que nuestro tiempo nos puede traer como revelaciones del mundo espiritual, entonces hemos usado nuestra vida de acuerdo con la Sabiduría. Si nos cerramos a las revelaciones del mundo espiritual, no estamos usando nuestra vida de acuerdo con la Sabiduría.

Para enriquecernos de esta manera y alcanzar un horizonte más amplio, podemos hacer uso de la vida de acuerdo con la Sabiduría. Lo que la ciencia espiritual nos propone es capaz de ayudarnos a abrirnos hacia la vida  a fin de ser más sabios. La Sabiduría es algo que se opone fuertemente al egoísmo humano. La Sabiduría es algo que siempre cuenta con el curso de los acontecimientos universales. Nos dejamos instruir por el curso de los acontecimientos universales porque esto nos libera del juicio estrecho establecido por nuestro ego. Fundamentalmente, un hombre sabio no puede juzgar de manera egoista; porque si uno aprende del mundo y crece en entendimiento sobre el mundo, entonces permite que el juicio sea corregido por el mundo.  Así la Sabiduría nos aleja de la visión estrecha y limitada y nos pone en armonía con nosotros mismos. Se podría describir mucho más para formar gradualmente una imagen de la Sabiduría. No debemos intentar una definición de tales ideas, sino mantener nuestros corazones abiertos con el fin de crecer más sabios, incluso en Sabiduría.

Aquí en el mundo físico, para todo lo que el hombre debe experimentar en la vida de vigilia debe usar los instrumentos de la naturaleza externa física y etérica. Entre el nacimiento y la muerte estamos fuera de nuestro cuerpo físico y etérico con nuestro ser anímico, es decir el Yo y el cuerpo astral, durante nuestros períodos de sueño. En nuestra condición consciente y despierta usamos como instrumentos nuestros cuerpos físico y etéreo. Cuando nos imbuimos de Sabiduría, cuando intentamos vivir acorde a la Sabiduría en la acción y  el pensamiento, en los sentimientos y las percepciones, utilizamos los órganos de nuestros cuerpos físicos y etérico que son, por así decirlo, los más perfectos en nuestra vida terrenal. Órganos que se han desarrollado durante un período más largo, que fueron preparados en A. Saturno, A. Sol y A. Luna y que forman parte de nuestras vidas como una herencia, habiendo alcanzado una cierta culminación.

Me gustaría darles desde otro punto de vista, una idea de lo que puede ser entendido por los órganos más o menos perfectos. Tomemos por un lado nuestro cerebro. El cerebro no es el órgano más perfecto, pero aún podemos decir que es más perfecto que otros órganos, por ello ha necesitado más tiempo para su evolución. Podemos comparar el cerebro con nuestro torso, al cual pertenecen nuestras manos. Cuando tenemos la intención de hacer algo con nuestras manos, generamos el pensamiento: yo extiendo mi mano, tomo el vaso, y retiro la mano. ¿Qué he hecho? Extendí la mano no sólo física, sino también la etérica, la mano astral y una parte de mi Yo; la parte física fue con ellos.

Si sólo pienso, la conciencia clarividente puede ver cómo algo a modo de brazos espirituales se extiende  desde la cabeza, pero el cerebro físico permanece dentro del cráneo. Así como mi mano etérica y astral pertenecen a mi mano física, algo etéreo y astral pertenece al cerebro. El cerebro no puede seguirles, pero las manos pueden seguir. En un tiempo futuro las manos se fijarán  y sólo podremos mover su parte astral. Las manos están en camino de convertirse en lo que hoy ya es el cerebro. En épocas anteriores, durante los antiguos períodos del Sol y de la Luna, lo que hoy se extiende desde el cerebro como algo que es sólo espiritual, todavía estaba acompañado por el órgano físico. El cráneo lo ha cubierto ahora, de modo que el cerebro físico se mantiene firme dentro de él durante la evolución de la Tierra. El cerebro es un órgano que ha pasado por más etapas de evolución. Las manos están en el camino de llegar a ser similares al cerebro, ya que el hombre en su totalidad está en camino de convertirse en un cerebro. Así, hay órganos que son más perfectos, y que han evolucionado hacia algo más contenido  en sí mismo, y otros que son menos perfectos. Los órganos más perfectos se usan para aquello que obtenemos por medio de la Sabiduría. Nuestro cerebro común y corriente es realmente usado sólo como instrumento para la forma más inferior de la Sabiduría, la inteligencia terrenal. Cuanto más adquirimos Sabiduría, menos dependemos de nuestro cerebro, más actividad se retira (algo desconocido para la anatomía externa) a nuestro cerebelo, a ese cerebro más pequeño encerrado en nuestro cráneo que semeja a un árbol. Cuando nos hemos vuelto sabios, cuando nos hemos convertido en Sabiduría, nos encontramos de hecho bajo un “árbol”, que es nuestro cerebelo y que luego comienza a desplegar su actividad.

ga159f1

Imaginad cómo un hombre que ha llegado a ser especialmente prudente extiende los órganos de su Sabiduría poderosamente, como las ramas de un árbol. Se originan en el cerebelo, que se mantiene dentro de la cubierta dura del cráneo; pero los órganos espirituales se extienden lejos, y el hombre entonces está bajo el árbol, el árbol de Bodhi, en la realidad espiritual.

buda2

Y así vemos también que lo que hacemos con Sabiduría es lo más espiritual de nosotros, o al menos pertenece a lo más espiritual, porque los órganos ya están en reposo. Si hacemos algo con nuestras manos, debemos usar parte de nuestra fuerza en el movimiento de la mano. Si formamos un juicio sabio o decidimos algo sabiamente, los órganos permanecen en reposo, la fuerza ya no se usa sobre el órgano físico. Allí somos más espirituales; esos órganos que utilizamos en el plano físico para el desarrollo de la Sabiduría, son aquellos en los que necesitamos usar la menor cantidad de energía —en ese sentido son los más perfectos.

De este modo la Sabiduría es algo en la vida moral que permite a los hombres experimentarse a sí mismos de una manera espiritual. Está conectado con lo que el hombre alcanza en el camino de la Sabiduría y que le permite obtener el mayor producto de sus encarnaciones anteriores. Debido a que podemos vivir en la Sabiduría dentro del espíritu y sin ningún esfuerzo por parte de los órganos físicos, estamos más capacitados a través de la vida para hacer fructífero lo que hemos adquirido para esta vida, lo que ganamos en Sabiduría de encarnaciones anteriores.

Tenemos en alemán una buena expresión de un hombre que se niega a ser sabio. Lo llamamos un filisteo. [ en alemán e inglés los significados de la palabra son bastante diferentes. (Tr.) ] Un filisteo es un hombre que se resiste al desarrollo de la Sabiduría, que quiere permanecer y recorrer su vida sin alterar sus opiniones. Un hombre que trata de llegar a ser sabio hace el esfuerzo de trabajar por conseguirlo, y su trabajo se va almacenando en el curso de las encarnaciones anteriores. Cuanto más sabios nos volvemos, más traemos de encarnaciones anteriores al presente, y si no deseamos llegar a ser sabios, de modo que dejamos estéril la Sabiduría desarrollada en encarnaciones anteriores, entonces hay alguien que viene a buscarla: Ahriman.

A nadie le gusta más que a Ahriman el que no seamos capaces de lograr una mayor Sabiduría. Tenemos el poder para hacerlo. Hemos ganado mucho, mucho más en encarnaciones anteriores de lo que creemos; ganamos mucho más durante los tiempos en los que hemos pasado a través de las antiguas condiciones de clarividencia. Todo el mundo podría llegar a ser mucho más inteligente de lo que consigue ser. Nadie tiene la excusa de que no podría traer mucho más del pasado. Pues ser sabio significa que uno desarrolla lo que se ha ganado en encarnaciones anteriores de tal manera que nos llena en esta encarnación.

Otra virtud puede ser llamada —aunque es difícil de describir con exactitud—  la virtud del Coraje. El Coraje es un estado de ánimo que no permanece pasivo ante la vida, que está listo para usar su fuerza y actividad. Se puede decir que esta virtud viene del corazón. De quien tiene esta virtud en la vida ordinaria, se puede decir: él tiene su corazón en el lugar correcto. Esta es una buena expresión de nuestra condición cuando no nos acobardamos ante lo que la vida nos pide, cuando estamos dispuestos a actuar y sabemos cómo intervenir cuando sea necesario. Tenemos esta virtud cuando nos ponemos en movimiento, con confianza y valentía. Está conectada con una vida de sentimiento saludable, desarrollar la valentía en el momento oportuno, mientras que su ausencia provoca la cobardía. Esta virtud naturalmente se puede utilizar en el curso de la vida física sólo a través de órganos específicos. Estos órganos, a los que pertenece el corazón físico y etérico, no son tan perfectos como los que sirven a la Sabiduría. Estos órganos están en vías de transformación y de hecho, serán diferentes en el futuro

Hay una gran diferencia entre el cerebro y el corazón en su relación con la evolución cósmica. Supongamos que un hombre pasa por el umbral de la muerte, y atraviesa la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Su cerebro es por sobre todo una obra de los dioses. El cerebro está permeado por fuerzas que lo abandonan por completo cuando pasa por la muerte de manera que en su próxima vida el cerebro será completamente nuevo, no sólo físicamente, sino también lo serán sus fuerzas interiores. Este no es el caso del corazón. Con el corazón, no propiamente el corazón físico sino las fuerzas que actúan en él, continúan existiendo. Estas fuerzas acompañan al cuerpo astral y al Yo, continuando su existencia entre la muerte y un nuevo nacimiento. Las mismas fuerzas  que llenaron nuestros corazones, latirán de nuevo en nuestra la próxima encarnación. Lo que funciona en el cerebro ha desaparecido;  no aparece en la siguiente encarnación. Pero las fuerzas activas del corazón vuelven a aparecer en la próxima encarnación. Si contemplamos el interior de la cabeza podemos decir: las fuerzas invisibles que componen el cerebro están trabajando allí. Pero cuando el hombre pasa por el portal de la muerte,  estas fuerzas retornan al universo. Pero si percibimos el latido del corazón humano, percibiremos fuerzas espirituales que no sólo están presentes en esta encarnación sino que van a continuar viviendo en la próxima encarnación, atravesando la muerte y pasando a un nuevo nacimiento.

El sentimiento popular tiene unas ideas maravillosas sobre tales cosas. Es por esto que se preocupan tanto por el sentimiento del latido del corazón, no porque se valore tanto el latido físico en sí mismo, sino porque estamos mirando algo mucho más eterno cuando consideramos el latido del corazón humano. Si tenemos la virtud del valor, de la valentía, para ello sólo podemos utilizar una parte de ciertas fuerzas. Debemos usar la otra parte que corresponde a  los órganos que son el instrumento para esta virtud. Son órganos para los que todavía tenemos que utilizar parte de las fuerzas en cuestión. Si no somos valientes, si nos dejamos ir y nos amilanamos, abandonándonos a nuestra propia gravedad, entonces no podemos dar vida a aquellas fuerzas que tienen que acompañar el uso de la cualidad del Coraje en la vida.

Cuando recorremos la vida de una manera cobarde, las fuerzas que deben activar nuestros corazones permanecen sin utilizar. Entonces son semillas para Lucifer. Él se hace cargo de ellas y careceremos de las mismas en la próxima vida. Pues ser cobarde ante la vida significa abandonar una serie de fuerzas a Lucifer; y éstas nos faltarán cuando tratemos de construir nuestro corazón para nuestra próxima encarnación. Y este corazón debe ser el órgano, el instrumento para el valor. Entonces volvemos al mundo con órganos defectuosos, subdesarrollados.

La tercera virtud cuenta con los órganos menos perfectos, los que lograrán una forma en el futuro, los que en la actualidad contienen sólo la semilla. Esta virtud puede llamarse Templanza. [La palabra alemana “Besonnenheit” parece imposible de traducir adecuadamente al inglés. “Templanza” es ampliamente utilizado para la palabra de Platón σωφροσύνη) (Tr.)] Una sombra de ella se puede llamar “moderación”. Tenemos, pues, tres virtudes: Sabiduría, Coraje y Templanza. [Otra traducción para la σωφροσύνη de Platón es ‘Prudence.’ – e.Ed].

alegoria-templanza

Alegoría de la Templanza

Ahora es posible ser destemplado en las formas más variadas. Uno puede ser destemplado en el exceso de comer y beber; esta es su forma más inferior. Aquí el alma queda absorbida por el deseo corporal  y vivimos a través de nuestro cuerpo en su totalidad. Pero si controlamos nuestro deseo, si ordenamos al cuerpo lo que no debe hacer, entonces somos templados o moderados. Con tal moderación mantenemos en el orden correcto a las fuerzas que deben ayudarnos, para que no abandonemos en Lucifer los órganos concernientes para la siguiente encarnación. Pues entregamos a Lucifer aquellas fuerzas que malgastamos en una vida de pasión. Lo hacemos de la peor manera cuando nuestras pasiones nos embriagan, y nos contentamos con vivir en un estado ilusorio y somnoliento.

Cuando perdemos nuestra clara conciencia a través de la intemperancia estamos siempre abandonando poderes a Lucifer. Él toma estos poderes y así nos priva de las fuerzas que necesitamos para los órganos de la respiración y la digestión. Volvemos con órganos de respiración y digestión defectuosos si no practicamos la virtud de la moderación. Aquellos que se dejan devorar por sus deseos, que se entregan a la vida de sus pasiones, son candidatos a ser seres humanos decadentes en el futuro, aquellos seres humanos futuros que sufrirán todo tipo de faltas en su cuerpo físico.

Se puede decir que esta virtud de la Templanza depende de los órganos humanos menos perfectos, esos órganos que están en el comienzo de su desarrollo y que tienen que ser fundamentalmente transformados. Cuando consideramos nuestros órganos de digestión y todo lo que está conectado con ellos, se ponen en movimiento por el uso de Yo,  del cuerpo astral,  del cuerpo etérico y del cuerpo físico.

Es diferente con aquellos órganos que son los instrumentos para el Coraje. Aquí nuestro Yo se mantiene más o menos por fuera y nos movemos libremente; sólo lo que es astral y etérico en nosotros queda absorbido por lo físico.

Si vamos más allá, a las virtudes abarcadas por la Sabiduría, conservamos el Yo y el cuerpo astral en un libre desapego. Porque a medida que nos volvemos más sabios, desarrollamos la organización del cuerpo astral y conseguimos el control sobre ella. Eso es lo esencial, que al hacernos sabios transformamos el cuerpo astral en el Yo-Espiritual y entonces sólo el cuerpo etérico acompaña al físico.

En el cerebro sólo lo etérico acompaña al físico. Mientras que durante la vigilia —en relación con el resto del cuerpo—  estamos estrechamente conectados, al menos con nuestra naturaleza astral, con el órgano físico, retenemos para el cerebro la condición que tenemos en el sueño en el más alto grado. Por lo tanto, necesitamos dormir físicamente especialmente por el cerebro. Porque cuando estamos despiertos también estamos fuera del cerebro con nuestro Yo y nuestro cuerpo astral, y éstos tienen que hacer los mayores esfuerzos dentro de sí mismos sin  apoyarse por el órgano externo.

Así, encontramos una conexión entre nuestro ser humano y las virtudes. Podemos decir que la Sabiduría es una virtud que pertenece al hombre como ser espiritual, donde está libremente activo con su Yo y su cuerpo astral, utilizando sólo los órganos físicos y etéricos como una especie de base. Podemos nombrar al Coraje como la virtud activa, donde el hombre sólo es libre con su Yo, y que se apoya en su cuerpo astral, etéreo y físico. Y por último, podemos hablar de la Templanza, en donde la semilla contenida en nuestro Yo se está liberando; donde nuestro Yo está todavía ligado a los cuerpos astral, etéreo y físico,  sin embargo con nuestro Yo estamos empezando a trabajar nosotros mismos en liberarnos de estos lazos.

Hay, pues, otra virtud que es quizás la más espiritual de todas. Está relacionada con todo el ser humano. Hay un ejercicio del ser humano que perdemos temprano, que sólo lo poseemos en los primeros años de la infancia. He mencionado esto a menudo. Cuando entramos en el plano físico aún no tenemos la actitud que forma parte de nuestra dignidad humana: nos arrastramos, gateamos. He señalado que sólo alcanzamos la actitud correcta, la posición vertical, a través de nuestras propias fuerzas. Desarrollamos también las fuerzas que intervienen en el habla. En los primeros años de nuestra vida desarrollamos las fuerzas que en su mayor parte nos guían a la posición que tenemos en el mundo como verdaderos hombres. No entramos en el mundo de tal manera que ya logramos hallar la dirección correcta. Rastreamos. Pero nos ubicamos en ella razonablemente cuando dirigimos la cabeza hacia afuera, hacia las estrellas. Esto corresponde a las fuerzas interiores.

En la vida posterior perdemos estas fuerzas. Ya no aparecen. No hay nada que ingrese de nuevo en la vida humana tan radicalmente como el aprender a caminar y permanecer erguido. En relación con la posición vertical nos vamos cansando más y más. Si empezamos por la mañana a vivir con nuestro cerebro, entonces cuando concluye el día estamos cansados y necesitamos dormir. Lo que nos hace permanecer erectos en la infancia, cuando estamos cansados, seguimos cansados  a lo largo de la vida y nos debilita, y nada es comparable a los logros que como niños conseguimos para la vida posterior.

¿Y cómo nos dirigimos a la vida cuando aprendemos a hablar? Las fuerzas de dirección también funcionan cuando aprendemos a hablar. Pero las fuerzas que usamos en la primera infancia no se pierden para nosotros en la vida posterior. Permanecen en nosotros, pues están conectadas con una virtud; con una virtud que se relaciona con la rectitud y el derecho, con la virtud de la Justicia que todo lo abarca, la cuarta virtud. El mismo impulso  que ponemos en práctica cuando somos niños para levantarnos, vive en nosotros si tenemos la virtud de la Justicia, la cuarta mencionada por Platón.

Quien realmente ejerce la virtud de la Justicia pone cada cosa y cada ser en su lugar correcto, y sale de sí mismo para entrar en los otros. Eso es lo que comprende la Justicia. Vivir en Sabiduría significa sacar los mejores frutos de las fuerzas que hemos almacenado durante las encarnaciones anteriores. Aquí tenemos que señalar hacia lo que nos fue impartido durante las encarnaciones anteriores, donde todavía estábamos permeados por las fuerzas divinas;  con la Justicia debemos señalar hacia algo más: hemos surgido del universo. Ejercemos la Justicia desarrollando aquellas fuerzas que nos relacionan espiritualmente con todo el universo. La Justicia es la medida de la conexión del hombre con lo divino. En la práctica, la injusticia es equivalente a la impiedad; equivalente a aquel que ha perdido su origen divino; Nosotros blasfemamos contra Dios, al Dios de quien surgimos, si cometemos una injusticia a cualquier hombre.

cristo-redentor

Por lo tanto tenemos dos virtudes, la Justicia y la Sabiduría, que nos llevan a épocas anteriores, a encarnaciones anteriores,  a los momentos en los que estábamos todavía en el seno de la divinidad. Y tenemos otras dos virtudes, el Coraje y la Templanza, que nos guían hacia encarnaciones posteriores. Cuanto más usemos estas virtudes, menos fuerzas damos a Lucifer. Hemos visto cómo lo que corresponde a  la naturaleza del Coraje y de la Templanza ingresa en los órganos, y cómo de ese modo se preparan los órganos para la próxima encarnación. De la misma manera la vida moral se extiende hacia el futuro, cuando nos llenamos de espiritualidad. Dos virtudes brillan desde la última encarnación: La Sabiduría y la Justicia. El Coraje y la Templanza brillan a lo largo de las encarnaciones venideras.

Un tiempo vendrá cuando los hombres verán claramente que están cayendo por sí mismos en las fauces de Ahriman, cuando se encierran fuera de la Justicia y la Sabiduría. Lo que era suyo de encarnaciones anteriores, lo que pertenecía al mundo divino, sería arrojado a Lucifer a través de acciones destempladas o cobardes. Todo lo que puede ser aprovechado por Lucifer arrebata los poderes a nuestra disposición para la construcción de nuestro cuerpo en la próxima vida.

No podemos practicar la Sabiduría y la Justicia sin volvernos desinteresados, como ya he indicado. Sólo un hombre egoísta puede ser injusto. Sólo un hombre que busca el ego puede estar dispuesto a permanecer imprudente. La Sabiduría y la justicia nos llevan más allá de nuestro propio Ser y nos hacen miembros de todo el organismo de la humanidad. El valor y la templanza nos hacen, en cierto sentido, miembros de todo el organismo de la humanidad; Sólo experimentando el Coraje y la Templanza y expresándolos en nuestras vidas, nos proveemos para el futuro de un organismo más fuerte que tomará su lugar dentro de la humanidad. Entonces no perdemos lo que de otro modo lanzaríamos a Lucifer.

El egoísmo se transforma por sí mismo en abnegación cuando la Justicia se extiende correctamente sobre todo el horizonte de la vida y el hombre encuentra su lugar a la luz de la cuarta virtud. Eso es lo que traerá la Sabiduría espiritual para el futuro del hombre, y se extenderá sobre la ética y la vida moral.

Esto se verterá en el método educativo también. A través de la comprensión de la Sabiduría y la justicia en el sentido que he indicado, surgirá el deseo de aprender todo a través de la vida. Se verá que uno tiene que comenzar a aprender de la manera correcta cuando uno ya ha dejado atrás la juventud  —mientras que la gente piensa ahora que no necesitan aprender nada más, una vez que su juventud ha pasado. De esta manera, incluso las obras de arte más grandes y más nobles de los grandes poetas se perderían. Los entenderíamos mejor si los retomamos de nuevo en la vejez. Si la gente lee la Ifigenia de Goethe o el Tell de Schiller, generalmente piensan:  ya leímos eso en la escuela. Eso no está bien; uno no debe olvidar que estos escritos tienen su mejor efecto si son leídos en la vida posterior, pues entonces desarrollan la Justicia y la Sabiduría.

Y de nuevo la educación de los niños traerá fruto especial si la virtud del Coraje y la virtud de la Templanza se ven en la luz adecuada. Donde los niños deben ser educados, estas virtudes deben ser consideradas de manera individual, al mostrar a los niños una y otra vez que las necesitan para apoyarse en la vida con valor y no tener miedo o sustraerse a todo tipo de cosas; y que capten la vida con moderación y moderadamente, con el fin gradual de liberarse de sus pasiones. Una cantidad inmensa se puede hacer por la educación de los niños de esta manera. En el curso posterior de nuestro estudio de la ciencia del espíritu estas cosas tendrán que ser desarrolladas con mayor detalle.

Así vemos que, si bien la vida ética sólo provee leyes relacionadas con la vida entre el nacimiento y la muerte, en el plano físico externo  las consideraciones de la ciencia espiritual se extienden a un horizonte ilimitado. Lo mismo ocurre con otras cosas en la ciencia espiritual. La humanidad ha tenido que experimentar en relación con la ciencia de la naturaleza la extensión de sus horizontes. Giordano Bruno mostró a los hombres que no sólo está la Tierra, sino muchos otros mundos en el espacio cósmico. La ciencia espiritual muestra a los hombres que no hay una sola vida terrenal  sino muchas vidas terrenales. Antes de Giordano Bruno los hombres creían que había un límite fijo en el cielo. Giordano Bruno demostró que no hay límite, que el azul del cielo no es un límite. La ciencia espiritual muestra que el nacimiento y la muerte no están allí, sino que los introducimos en la vida a través de la limitación de nuestra comprensión.

Así, el abismo entre lo físico y lo espiritual puede ser superado. Las cosas que descansan sobre un fundamento científico-espiritual son así para los que buscan fundar un Monismo genuino y veraz. Aquellos que a menudo se llaman monistas hoy manejan su Monismo muy simplemente. Ellos toman una parte del mundo y hacen de ella una unidad arrojando la otra mitad. El verdadero Monismo se produce al permitir que ambas mitades tengan su influencia significativa sobre las demás. Esto llega a través de la ciencia espiritual. Esto no sólo debe surgir de manera significativa para nuestra conciencia  sino para toda nuestra vida. Tenemos que acercarnos cada vez más al conocimiento real, mirando al mundo: en todo lo que vive y trabaja a nuestro alrededor algo suprasensible está presente, no sólo en lo que ven nuestros ojos, sino también en lo que percibimos por el entendimiento que está ligado al cerebro. En todas partes existen fuerzas espirituales, detrás de cada fenómeno, detrás del fenómeno del arco iris, detrás del movimiento de la mano, etc.

Si ustedes leen el ciclo de conferencias que di en Leipzig a finales del año pasado año, [Cristo y el mundo espiritual . La búsqueda del Santo Grial (seis conferencias, Leipzig, 28 diciembre 1913 a 2 enero 1914), publicado por el Rudolf Steiner Press. ] encontrarán cómo el Impulso de Cristo obró  a través del Misterio del Gólgota y la forma en que Cristo vive dentro de los asuntos más importantes de la humanidad, no sólo en el conocimiento consciente humano. Por ejemplo, hubo disputas sobre los dogmas. Pero mientras que los hombres estaban discutiendo, el Impulso de Cristo vivía y generaba los eventos necesarios.

Tomen la figura de la doncella de Orleans. En la historia europea aparece la sencilla chica pastora. Ella surgió de una manera notable; vivían en su alma no sólo aquellas fuerzas  que  por lo demás se encuentran en los seres humanos, sino el Impulso de Cristo obrando en esta personalidad, dándole vida y manteniéndola a través de su poderosa influencia. Ella se convirtió en una especie de representante del mismo Impulso de Cristo en su tiempo. Ella pudo ser capaz de hacerlo, porque el Impulso de Cristo podía ingresar y vivir en ella.

Ustedes saben que celebramos la Fiesta de Navidad en el momento en que el Sol tiene menos poder, en la más profunda oscuridad del invierno, porque podemos estar convencidos de que en este momento la luz interior, la luz espiritual, tiene su mayor potencia.

Las leyendas nos dicen que en Navidad, hasta el 6 de enero, la gente tiene experiencias especiales, porque en este momento la vida de la Tierra y las fuerzas interiores de la Tierra, están más concentradas. Los que tienen la disposición adecuada para ello, experimentan entonces a las fuerzas espirituales dentro de las fuerzas terrestres. Innumerables leyendas describen esto. El mejor momento para esto abarca trece días antes del 6 de enero.

juanadearco

La doncella de Orleans pasa a través de estos trece días en un estado particular, en una condición en la que la vida del sentir  aún no se había visto  afectada por el mundo exterior. Es notable que el tiempo durante el cual la doncella de Orleans estaba en el cuerpo de su madre concluyó durante la época de Navidad del año 1411. Ella nació, después de haber sido llevada esos trece días en el cuerpo de su madre, el 6 de enero. Antes de que ella tomara el primer aliento, antes de ver la vida física con los ojos físicos, experimentó lo que es terrenal durante estos trece días en el sueño, a través del cual el hombre pasa antes de entrar en el mundo físico.

Aquí estoy indicando algo inmensamente significativo, que muestra cómo el mundo es guiado desde lo espiritual; cómo lo que sucede en el mundo físico tiene su dirección desde el mundo espiritual; cómo, a través de lo físico, está fluyendo el mundo espiritual.

Así, en nuestro tiempo debemos trabajar cada vez más conscientemente para eliminar a través de la ciencia espiritual el abismo entre lo físico y lo espiritual. Hacemos esto  cuando nos volvemos conscientes de que dentro de nuestro movimiento, están operando los poderes de aquellos que se unieron en alma y cuerpo durante su vida terrenal con nuestro movimiento y han pasado por el portal de la muerte. Si miramos hacia el otro lado de la corriente, donde están activos, sintiéndonos unidos con ellos, dirigiendo nuestros pensamientos hacia ellos, lo hacemos pues en plenitud de conciencia, una conciencia adquirida a través de la ciencia espiritual. Sabemos que estamos en una conexión más viva con aquellos que han pasado por el portal de la muerte, y sabemos que ellos nos proporcionan las mejores fuerzas. Cuando hacemos esto, o podemos pensarlo, consideramos la vida como un campo que debe ser sembrado. Y de entre lo sembrado por nosotros, veremos surgir plantas por todas partes que no podríamos haber hecho crecer nosotros mismos. Entonces podremos saber: estas plantas han sido colocadas por aquellos a quienes se concede estar en el mundo del espíritu, aquellos con los que nos sentimos conectados, aquellos con los que nos unimos.

ga159f2

Llevaremos todo esto en nuestras almas, y guardaremos como sentido permanente esta cualidad característica, uniéndonos con este movimiento espiritual que nos ha sido muy querido. La hermandad humana con aquellos que ya no están en un cuerpo físico será el signo característico de este movimiento y de aquellos que se sienten como miembros de este movimiento, o se considerarán como pertenecientes a él en el futuro. Otras sociedades, fundadas sólo en las cosas terrenales, serán capaces de eliminar muchas barreras entre los seres humanos. Las barreras entre los vivos y los muertos serán cada vez más llevadas por el movimiento que une a aquellos hombres que desean estar unidos en el signo de la ciencia espiritual. Llevaremos todo esto en nuestras almas, y guardaremos como sentido permanente esta cualidad característica, uniéndonos con este movimiento espiritual, que nos es tan querido.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

GA130. Buda y Cristo – La Esfera de los Bodhisattvas

Rudolf Steiner – Milán, 21 de septiembre de 1911

English version

En esta conferencia quiero hablar sobre ciertos hechos que pertenecen esencialmente al dominio ético y moral y nos ayudarán a comprender la misión de la ciencia espiritual en nuestro tiempo.

Estamos profundamente convencidos de la gran verdad de la reencarnación, de las vidas terrenales consecutivas, y deberíamos saber que esta repetición tiene su propio propósito en la evolución de la Tierra. A la pregunta: “¿Por qué  reencarnamos?”. La investigación oculta da la respuesta de que nuestras experiencias son diferentes en cada una de las épocas en las que volvemos a nacer en la Tierra. En las encarnaciones inmediatas a la catástrofe atlante, las experiencias del alma humana eran completamente diferentes de las obtenidas en épocas pre-cristianas posteriores así como en nuestro propio tiempo.

Basta con mencionar brevemente que en los tiempos inmediatamente después de la catástrofe atlante, las almas estaban dotadas de una cierta clarividencia elemental proveniente de los cuerpos que entonces habitaban. Esta clarividencia, que una vez fue una facultad natural en el hombre, se fue perdiendo gradualmente, principalmente como resultado de las condiciones culturales imperantes en la época greco-romana. Desde entonces, el hombre se ha desarrollado de tal manera que ha logrado un gran progreso en el plano físico y durante el curso de la presente época post-atlante irá recuperando gradualmente la clarividencia.

Estamos viviendo en la quinta época cultural post-Atlante; la primera época cultural se denomina la Antigua India, la segunda la antigua Persia, la tercera la Babilonia-caldea y la cuarta la Greco-romana; a nuestra quinta época cultural le seguirán la sexta y la séptima. Después otra gran catástrofe caerá sobre la Tierra y la Humanidad, como ocurrió hacia el final de la época Atlante.

La investigación oculta es capaz de indicar la tendencia característica de la evolución humana en cada una de estas épocas de la civilización post-atlante –incluyendo la quinta, sexta y séptima–. La característica esencial de nuestra presente quinta época es el desarrollo de la inteligencia, de la razón. La característica principal de la sexta época será el desarrollo  de un sentimiento muy definido en las almas humanas,  con respecto a lo que es moral y lo que es inmoral. Delicados sentimientos de simpatía se despertarán por hechos amables y compasivos y sentimientos de antipatía por acciones maliciosas. Ningún ser humano que vive en la actualidad puede tener la menor idea de la intensidad de estos sentimientos.

La sexta época será seguida por la séptima, donde se profundizará aún más la vida moral. Mientras que en la sexta época el hombre sentirá placer ante las acciones buenas y nobles, en la séptima época el resultado natural de tal placer será el impulso moral , es decir, habrá una firme resolución de hacer lo que es moral. Hay una gran diferencia entre sentir placer ante una acción moral y el ejecutarla. Por lo tanto, podemos decir: nuestra época es la época del intelectualismo; la característica esencial de la época siguiente será el placer estético en el bien y el disgusto estético ante el mal; y la séptima se caracterizara por una vida moral activa.

En la actualidad sólo las simientes de lo que pasará a formar parte de la Humanidad en épocas futuras están contenidas en el alma humana, y se puede decir que todas estas aptitudes o predisposiciones en el hombre –aptitudes intelectuales, predisposiciones que conducen a los sentimientos de simpatía o antipatía que despiertan ciertas acciones, e impulsos morales– todo esto se relaciona con los mundos superiores. Cada acción moral tiene una relación clara con los mundos superiores. Nuestras aptitudes intelectuales tienen una conexión suprasensible con el plano astral. Nuestras simpatías y antipatías para el bien o el mal están conectadas con la esfera del Devacán inferior; y el dominio de los impulsos morales en el alma está conectado con el Devacán superior. Por lo tanto, también podemos decir: en nuestra época actual son principalmente  las fuerzas del mundo astral  las que penetran e ingresan  con vigor en el alma humana; en la sexta época serán las fuerzas de  Devacán inferior las que penetrarán más profundamente en el alma; y en la séptima, las fuerzas del Devacán superior actuarán con especial fuerza en la Humanidad.

A partir de esto, es comprensible que en la cuarta época post-atlante previa (greco-romana) fueran las fuerzas del plano físico las que ejercieron la influencia más fuerte en el alma del hombre. Es por ello que la cultura griega fue capaz de producir ese tipo de esculturas maravillosas, a través de las cuales se le otorgó a la forma humana tan magnífica expresión en el plano físico. Por lo tanto, las condiciones en aquella época eran especialmente adecuadas para que los hombres experimentaran al Cristo en el plano físico dentro de un cuerpo físico. En nuestra quinta época, que durará hasta el cuarto milenio, las almas se volverán gradualmente capaces –a partir del siglo XX en adelante– de experimentar al Ser de Cristo en una forma etérea en el plano astral, al igual que en la cuarta época el Cristo fue visible en el plano físico dentro de una forma física.

Con el fin de comprender la naturaleza del desarrollo de la sexta época cultural, es bueno considerar lo que serán las cualidades características del alma en futuras encarnaciones. Hoy en día, en nuestra época intelectual, la intelectualidad y la moralidad conforman esferas  prácticamente separadas en la vida del alma. Hoy en día es factible que un hombre sea muy inteligente y al mismo tiempo inmoral, o viceversa –ser profundamente moral y cualquier cosa menos inteligente–.

En la cuarta época, la futura yuxtaposición de la moralidad y la intelectualidad fue proféticamente prevista por un pueblo, a saber, el hebreo. Ellos se esforzaron por lograr la armonía artificial entre la moralidad y la intelectualidad, mientras que entre los griegos tal armonía era más una cuestión natural, por supuesto. Hoy en día podemos aprender de la Crónica Akáshica cómo los líderes del antiguo pueblo hebreo se esforzaron por establecer esta armonía entre la intelectualidad y la moral. Ellos portaban símbolos consigo, de los cuales el resto no tenía tan profundo entendimiento, en los que concentraban la mirada para volverse receptivos a sus influencias, así podían establecer una cierta armonía entre lo que era bueno en un sentido moral y lo que era conveniente. Los sacerdotes del antiguo pueblo hebreo usaban estos símbolos sobre su vestimenta. El símbolo de la moralidad fue llamado Urim, el símbolo de la sabiduría, Tumim.

[ De acuerdo con la nota al pie en el texto alemán de esta conferencia, Urim = Glanz (Resplandor o Lustre) y Tumim = Wahrheit (Verdad). La mayoría de los libros en inglés de referencia dan “luces” y “perfecciones”, como las interpretaciones, al tiempo que reconoce la incertidumbre. La Septuaginta los traduce como “manifestación” y “verdad”. No hay unanimidad en cuanto a si los objetos en cuestión se pueden identificar de forma fiable, pero las referencias bíblicas sugieren que eran piedras preciosas. Algunos estudiosos suponen que eran las doce piedras del pectoral del Sumo Sacerdote. Lo que parece ser cierto es que en estos objetos fueron grabados los nombres de las doce tribus, y que el sumo sacerdote las utilizaba como un oráculo con el fin de determinar la voluntad de Dios. (Véase entre otras referencias bíblicas: Éxodo 28, 9-30 ; Levítico 8, 8 .) Robertson Smith escribió en el Antiguo Testamento en la Iglesia judía: “En la antigüedad, el oráculo sacerdotal de Urim y Tumim era muy sagrado; en I Sam. XIV: 41 . el texto verdadero, ya que todavía se puede restaurar desde la LXX, Saul hace rezar, si la maldad sea en mí o Jonathan, dar Urim; pero si es en Israel, dar Tumim. Este lote sagrado estaba conectado con el efod, que en el tiempo de los jueces era algo muy parecido a un ídolo “. Véase en la traducción Moffatt de la Biblia I Sam. xiv. 18-43 . – Nota de DSO y MK ]

Si un sacerdote hebreo quería descubrir si una determinada acción era a la vez buena y sabia, se volvía receptivo a las fuerzas del Urim y Tumim; el resultado era la inducción de una cierta armonía entre la moralidad y la intelectualidad. Efectos mágicos se producían por medio de estos símbolos y de este modo se establecía un vínculo mágico con el mundo espiritual.

urim-y-tumim

Nuestra tarea consiste ahora en lograr en futuras encarnaciones, a través del desarrollo anímico interior, el sentido que en épocas anteriores se producía por medio de estos símbolos.

Pensemos una vez más acerca de  las fases de la evolución que van a través del quinto, sexto y séptimo periodo cultural post-atlante, con el fin de comprender cómo la intelectualidad, la estética y la moral se expresarán en la vida anímica de los hombres.

Mientras que en la presente quinta época, la intelectualidad puede permanecer intacta incluso si no se siente placer ante las acciones morales, en la sexta época será bastante diferente. En la sexta época, es decir, partiendo del el tercer milenio en adelante, la inmoralidad tendrá un efecto paralizante sobre la intelectualidad. Las facultades mentales de un hombre que es intelectual y, al mismo tiempo inmoral sin duda se deteriorarán y esta condición se hará más y más pronunciada en la evolución futura de la Humanidad. Un hombre que no tiene moral será despojado de su poder intelectual pues esto dependerá enteramente de sus acciones morales; y en la séptima época, la inteligencia sin moral será inexistente.

En este punto correspondería tener en cuenta la naturaleza de las fuerzas morales en las almas individuales en sus encarnaciones actuales. ¿Cómo es posible que en nuestra fase de la evolución un ser humano puede llegar a ser inmoral?. Se debe a que en sus sucesivas encarnaciones, el hombre ha descendido más y más profundamente en el mundo físico y por lo tanto, se ha visto impulsado cada vez en más hacia el mundo de los sentidos.

Tanto más intensamente actúen las fuerzas correspondientes a la fase descendente de la evolución sobre un alma, tanto más fuerte será la tendencia a ser inmoral. Este hecho es confirmado por un hallazgo muy interesante de la investigación oculta. Es sabido que cuando un hombre pasa por el umbral de la muerte, deja a un lado sus cuerpos  físico y etérico y por un breve tiempo, tiene una visión retrospectiva de su vida pasada en la tierra. Sigue una especie de sueño y después de unos meses, o quizás años, se despierta en el plano astral, en el Kamaloka. Luego continúa  la vida en el Kamaloka,  en donde se vivencia de manera inversa la vida terrenal, tres veces más velozmente.

Al comienzo de la vida en el Kamaloca, a cada individuo le sobreviene una experiencia muy significativa. En el caso de la mayoría de los europeos o, en general, de los hombres que pertenecen a la civilización moderna, esta experiencia se muestra de la siguiente forma. Al comienzo de la vida en el Kamaloka, una individualidad espiritual nos muestra todo lo que hemos hecho por motivos egoístas en la última vida; nos muestra un tipo de registro de todas nuestras transgresiones. Cuanto más concretamente se lleguen a imaginar esta experiencia, mejor. Al comienzo del período del Kamaloka, en realidad es como si una figura se nos  presentara con el registro de nuestra vida física. El hecho importante –para lo cual, naturalmente, no se puede ofrecer ninguna prueba, puesto que sólo puede ser confirmado por la experiencia oculta– es que la mayoría de los hombres que pertenecen a la civilización europea reconocen a Moisés en esta figura. Este hecho se ha conocido siempre en la investigación Rosacruz desde la Edad Media y en los últimos años ha sido confirmado por investigaciones de un carácter muy sutil.

Se puede deducir de esto que al principio de su vida en el Kamaloka, el hombre siente una gran responsabilidad hacia las potencias pre-cristianas por haberse permitido caer, y es un hecho real en la vida oculta que es la individualidad de Moisés la que exige el ajuste de cuentas por los errores cometidos en nuestro tiempo.

Los potencias y las fuerzas que elevan al hombre nuevamente hacia el mundo espiritual, se dividen en dos categorías: las que impulsan al hombre hacia el camino de la sabiduría, y aquellas que lo llevan por el camino de la moral. Las fuerzas a las que se debe principalmente el progreso intelectual proceden del impulso brindado por una gran individualidad de la cuarta época post-atlante, que es conocido por todos como el Gautama Buda. Es un notable descubrimiento de la investigación espiritual que los pensamientos más penetrantes, más significativos que fueron  concebidos en nuestra época actual, hayan procedido de Gautama Buda. Esto es tanto más notable por cuanto hasta los días de Schopenhauer –Por lo tanto, no hace mucho tiempo– el nombre de Gautama Buda era casi desconocido en Occidente. Esto es muy comprensible, ya que cuando Gautama Buda nació como el hijo del rey Suddhodana, se elevó de Bodhisattva a Buda, y llegar a ser un Buda significa que la individualidad en mención no encarnará de nuevo en la Tierra en un cuerpo físico.

El Bodhisattva que se convirtió en Buda cinco o seis siglos antes del comienzo de la era cristiana, no ha encarnado más debido a  que ya no puede encarnar en un cuerpo físico.Pero en su lugar, logra que sus fuerzas desciendan desde los mundos superiores, desde los mundos suprasensibles, e inspira a todos los portadores de la cultura que aún no están permeados por el Impulso de Cristo. La conciencia de esta verdad se demostró en una hermosa leyenda escrita por Juan de Damasco en el siglo VIII y fue bien conocida en toda Europa en la Edad Media. Es la leyenda de Barlaam y Josafat, que relata cómo el que se había convertido en el sucesor de Buda (Josafat es una variación fonética de ‘Bodhisattva’) recibió las enseñanzas de Barlaam sobre el Impulso de Cristo. La leyenda, que fue posteriormente olvidada, nos dice que el Bodhisattva que sucedió a Buda Gautama fue instruido por Barlaam y que su alma fue encendida por el impulso cristiano. Este es el segundo impulso que, además del de Buda, continúa trabajando en la evolución de la Humanidad. Es el Impulso de Cristo y está conectado con el futuro ascenso hacia la Moralidad de la Humanidad. Aunque la enseñanza de Buda es en sentido particular  una  enseñanza moral, el Impulso de Cristo no es una enseñanza, sino un poder real que actúa como tal y que, en grado creciente, impregna a la humanidad de fuerza moral. [ I Cor IV, 20 . ]

En la cuarta época post-atlante,  el Ser de Cristo  que desciende desde las alturas cósmicas tenía primero que aparecer en un cuerpo físico. En nuestra quinta época, la intensa consolidación de las fuerzas intelectuales hará posible que el hombre contemple al Cristo como una figura etérea. Esto tiene su inicio  incluso en nuestro siglo. A partir de los años treinta a los años cuarenta del siglo XX en adelante, van a surgir personas que se habrán desarrollado de un modo tal que serán capaces de ver la forma etérica de Cristo, así como en la época de Jesús de Nazaret pudieron ver al Cristo físico. Y durante los próximos tres mil años, el número de personas capaces de contemplar al Cristo etérico aumentará constantemente, hasta que en unos tres mil años, contando desde el momento presente, habrá un número suficiente de seres humanos en la Tierra que no necesitarán evangelios u otros registros, porque tendrán la visión real del Cristo dentro de su propia alma.

luz_do_mundo.jpg

Por lo tanto, debemos entender claramente que en la cuarta época post-Atlante los hombres sólo fueron capaces de contemplar al Cristo físico; consecuentemente, hubo de habitar en un cuerpo físico. En nuestra propia época y en el tercer milenio, la humanidad se tornará gradualmente capaz de contemplar al Cristo etérico. Nunca más regresará en un cuerpo físico.

Si tenemos en cuenta el hecho de que cuando un hombre de la época actual logra unirse cada vez más profundamente con el Impulso de Cristo, pasa al Kamaloca y ve llamar su atención por una figura que personifica una fuerza moral –por Moisés– entenderemos cómo puede llevarse a cabo una transformación de la figura de Moisés. Porque ¿qué es lo que Moisés nos muestra cuando nos confronta con el registro de nuestros pecados y transgresiones?. Nos muestra lo que se interpone en el deber de nuestro karma. Para un alma de nuestra época es de gran importancia que, a través de la inspiración del Buda, sea comprendida  la doctrina del karma, puesto que la realidad del trabajo del karma después de la muerte se nos revela por la figura del Antiguo Testamento de Moisés.

A medida que las influencias del Cristo suprasensible impregnan las almas de los hombres en una medida cada vez mayor, la figura de Moisés se transforma después de la muerte en la de Cristo Jesús. Esto significa que nuestro karma está vinculado con Cristo, que Cristo se une con nuestro karma.

Es interesante cobrar la noción de que en las enseñanzas de Buda, el karma es una cuestión abstracta, que tiene un carácter impersonal. En las futuras encarnaciones de los hombres, como Cristo entra en conexión cada vez más estrecha con el karma, éste adquirirá la calidad de existencialidad, de vida potencial.

Nuestras primeras etapas de la evolución, la vida en el pasado, pueden estar relacionadas con las palabras: Ex Deo Nascimur. Si dirigimos nuestro desarrollo de tal manera que después de la muerte, en lugar de Moisés encontramos a quien se unificará con nuestro karma, a Cristo, esto queda expresado en el Cristianismo Rosacruz –que existe desde el siglo XIII– por medio de las palabras: In Christo Morimur .

Del mismo modo que el grado de Buda sólo se puede alcanzar en el plano físico, la calificación para el encuentro con Cristo en la muerte, puede ser adquirida por el alma humana sólo en el plano físico. Un Buda es primero un Bodhisattva, pero se eleva al rango de Buda durante una encarnación física y entonces ya no le es necesario volver a la Tierra. La comprensión de Cristo, en el sentido que acabamos de explicar, se puede adquirir sólo en el plano físico. Por lo tanto, durante los próximos tres mil años  los hombres tendrán que adquirir en el mundo físico el poder de contemplar al Cristo suprasensible, y es la misión del Movimiento Antroposófico crear, en primer lugar, las condiciones para lograr que la comprensión de Cristo sea posible en el plano físico, para después adquirir la capacidad de contemplarle.

En la época en la que Cristo trabaja en el mundo de los hombres como el Cristo Etérico, no importa si estamos viviendo en un cuerpo físico o nos hallamos entre la muerte y un nuevo nacimiento, si en el plano físico hemos adquirido el poder para verle. Supongamos, por ejemplo, que a causa de su muerte un hombre no tuvo en principio la oportunidad de contemplar a Cristo en su forma etérica actual. No obstante, si durante su vida en el mundo físico tal hombre había adquirido el conocimiento necesario, la visión del Cristo será posible para él entre la muerte y el nuevo nacimiento. Un hombre que se mantiene apartado de la vida espiritual y no adquiere la comprensión de Cristo, permanecerá sin tal conocimiento hasta que pueda adquirirlo en su próxima encarnación.

Lo que se acaba de decir pretende indicar que a medida que la Humanidad vaya pasando por  la Quinta, Sexta y Séptima Épocas de la Civilización, el Impulso de Cristo va a ganar cada vez más peso en la Tierra. Habéis oído que en la Sexta Época, la intelectualidad se verá perjudicada por la inmoralidad. El otro aspecto es que un hombre que ha paralizado su facultad intelectual como resultado de la inmoralidad debe volverse a Cristo con  la mayor de sus fuerzas, con el fin de que Cristo lo pueda conducir a la moral e impregnarlo con ella.

Lo que he dicho, ha sido investigado de cerca sobre todo por los Rosacruces desde el siglo XIII, pero es una verdad que es conocida por muchos ocultistas en todo momento.

Si se llegara a afirmar que podría haber una segunda aparición de Cristo en la Tierra en un cuerpo físico, de acuerdo con el ocultismo sería equivalente a decir que una balanza funcionaría  de manera más eficiente si se la apoya sobre dos puntos en lugar de en uno. En verdad, los tres años de duración de la vida de Cristo en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret, constituyen el punto de apoyo de la evolución de la Tierra; y así como no puede haber más que sólo un punto en el que está fijado el fiel de una balanza, solamente  puede haber un único punto de apoyo de la evolución de la Tierra.

cristo-redentor

La enseñanza del desarrollo moral no es lo mismo que el impulso para su desarrollo. Antes del Evento del Gólgota, el Bodhisattva que sería el sucesor de Buda estaba presente en la Tierra con el fin de prepararse para ese evento y brindar sus enseñanzas a los que le rodeaban. Él encarnó en la personalidad de Yeshu ben Pandira [Ver Yeshu ben Pandira , dos conferencias dadas por Rudolf Steiner en Leipzig, el 4 y 5 de noviembre de 1911, y las referencias en su posterior ciclo sobre  El Evangelio de San Mateo], un siglo antes el nacimiento de Jesús de Nazaret. Por lo tanto hay que distinguir entre el Yeshu ben Pandira, encarnación del Bodhisattva que es el sucesor de Gautama Buda, y la encarnación de Jesús de Nazaret al comienzo de nuestra era, que durante tres años de su vida fue impregnado por el Ser Cósmico que llamamos el Cristo.

El Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y también en otras personalidades, volverá una y otra vez, hasta que en unos tres mil años a partir de ahora, alcanzará el grado de Buda y atravesará su encarnación final como el Maitreya Buda. La individualidad de Cristo que moró en la Tierra en el cuerpo de Jesús de Nazaret durante tres años ya no volverá a tomar  un cuerpo físico; en la quinta época post-atlante reaparecerá en un cuerpo etérico, en la sexta época en un cuerpo astral, y en la séptima lo hará a modo de un poderoso Yo cósmico que representará el gran Alma–Grupo de la Humanidad.

Cuando un ser humano muere, sus cuerpos físico, etérico y astral se desprenden de él y su Yo pasa a la siguiente encarnación. Sucede exactamente lo mismo con el planeta Tierra. Lo que es físico en nuestra Tierra decaerá a finales del período  terrestre, y las almas humanas en su totalidad pasaran a reubicarse en la condición de Júpiter, la próxima manifestación  planetaria de la Tierra. Y al igual que en el caso de un ser humano individual, su Yo es el centro de su evolución posterior,  el conjunto de la humanidad futura conformará el Yo de Cristo en los cuerpos astrales y etéricos de los hombres, y pasará a ser parte de la vida existencial de Júpiter. Por lo tanto, podemos ver cómo a partir de hombre físico en la Tierra, el Cristo evoluciona gradualmente desde Cristo etérico, luego como Cristo astral hasta llegar a ser finalmente el Cristo-Yo, siendo éste el Espíritu de la Tierra que luego se irá elevando a etapas más altas, junto con toda la Humanidad.

¿Qué es lo que hacemos  cuando enseñamos la ciencia espiritual?. Estamos enseñando lo que la sabiduría oriental proclamaba tan claramente, cuando el Bodhisattva que entonces fuera  el hijo del rey Suddhodana, alcanzó el grado de  Buda. En esas enseñanzas orientales se expresó la idea de lo que sería la tarea del próximo Bodhisattva –que con el tiempo se convertirá en un Buda– el divulgar por la Tierra el conocimiento que revelaría a Cristo a los hombres  en su verdadera luz. Así, el Bodhisattva que encarnó en Yeshu ben Pandira y demás, se convirtió en el Gran Maestro del Impulso de Cristo. Esto se indica muy claramente en la leyenda de Barlaam y Josafat, que cuenta cómo Josafat (es decir, el Bodhisattva) es instruido por Barlaam, el maestro cristiano. Las enseñanzas ocultas orientales llaman a este Bodhisattva el “Portador de lo Bueno” –Maitreya Buda–. Y sabemos gracias a  las investigaciones ocultas que en este Buda Maitreya está presente la concepción del poder de la Palabra en un grado que los hombres de la actualidad no pueden imaginar todavía. Hoy en día es posible gracias a una mayor percepción clarividente del proceso de evolución mundo descubrir cómo el Maitreya Buda enseñará al cabo de tres mil años. Gran parte de su enseñanza también puede expresarse en formas simbólicas. Pero hoy –debido a que la Humanidad no está lo suficientemente madura– todavía no le es posible pronunciar palabras como las que surgirán de los labios del Maitreya Buda.

En la trayectoria del óctuple sendero, el Buda Gautama brindó las grandes enseñanzas espirituales sobre el correcto hablar, el correcto pensar, el correcto actuar y así sucesivamente. Las palabras pronunciadas por el Buda Maitreya contendrán un poder mágico que se convertirán en impulsos morales en los hombres que las escuchen. Y si debería haber un  Evangelio revelador  del Buda Maitreya, el escritor tendría que usar unas palabras que difieren de las utilizadas por Cristo en el Evangelio de San Juan: “Y la Palabra se hizo carne”. El evangelista del Buda Maitreya tendría que declarar: “Y la carne fue hecha Palabra”. Las declaraciones del Maitreya Buda se impregnarán de una manera milagrosa con el poder de Cristo. Investigaciones ocultas nos muestran hoy en día que en cierto modo,  incluso la vida externa del Buda Maitreya será un reflejo de la vida de Cristo.

En los tiempos antiguos, cuando una gran Individualidad aparecía y debía convertirse en un Maestro de la humanidad, los signos que indicaban esto se mostraban en la temprana juventud del niño en cuestión, en talentos y cualidades especiales del alma. Sin embargo, existe un tipo diferente de desarrollo en el curso del cual se hace evidente un cambio completo en la personalidad en un cierto punto de su vida. Sucede así que cuando este ser humano ha llegado a una cierta edad, su Yo se libera de sus envolturas corporales y un Yo diferente ingresa en su cuerpo. El mejor ejemplo de esto es el del mismo Jesús, quien en su trigésimo año de vida cedió su cuerpo a la individualidad de Cristo. Todas las encarnaciones del Bodhisattva que se convertirá en el Buda Maitreya  indican  que su vida semejará a la de Cristo en este sentido.

En ninguna de las encarnaciones del Bodhisattva se sabrá, ya sea en su infancia o en su juventud, que se convertirá en un Bodhisattva. Cada vez que un Bodhisattva se convierte en Buda existe evidencia de que a la edad de 30 o 31, otra individualidad toma posesión de su cuerpo. El Bodhisattva nunca se revelará a sí mismo como tal en su primera juventud, pero en su trigésimo o trigésimo primer año de vida manifestará cualidades muy diferentes, porque otro Ser tomara posesión de su cuerpo. Individualidades que tomaron posesión de la personalidad de un ser humano de esta manera y no atravesaron por una niñez son, por ejemplo, las individualidades como Moisés, Abraham, Ezequiel.

Lo mismo sucederá en nuestro siglo presente en el caso del Bodhisattva que más adelante, al cabo de tres mil años, se convertirá en el Maitreya Buda. Sería diletantismo oculto afirmar que este Ser será reconocible en sus primeros años como Bodhisattva. Es entre los 30-31 años donde se revelará a sí mismo a través de su propio poder, sin tener que ser proclamado por otros. Él  convencerá  al mundo a través de su propio poder y  éste será el modo de reconocer que, si el Bodhisattva fuese anunciado en algunos sectores o pretendiera revelarse a sí mismo por medio un ser humano de menos de treinta años de edad, ese mismo hecho sería una prueba de la falsedad de tales declaraciones. Con frecuencia se han hecho afirmaciones de este tipo. Por ejemplo, en el siglo XVII un determinado individuo se proclamó como la encarnación del Mesías, de Cristo. Su nombre era Sabbati Zewi y representantes de toda Europa, desde España, Italia y Francia, peregrinaron a Esmirna para conocerle.

Es cierto que en nuestro tiempo se ha arraigado una falta de inclinación por reconocer el genio en los seres humanos. Pero por otro lado, dado que la pereza mental es muy prevalente, se genera el resultado de que las personas están más que dispuestas a reconocer a un individuo como un gran alma por el mero peso de la autoridad. Es importante para la Antroposofía que se presente de una manera tal que se base en el menor grado posible sobre la creencia en la autoridad.

Mucho de lo que hoy he dicho solo puede ser justificado por medio de la investigación oculta. Sin embargo, yo ruego que no se otorgue crédito a estas cosas sólo porque yo las diga, sino para ponerlas a prueba por medio de todo lo conocido  a través de  la historia –sobre todo por lo que se puede aprender desde la propia experiencia– y estoy absolutamente seguro de que cuanto más cerca lo examinen, más fácilmente encontraran la confirmación. En esta era de intelectualismo, no apelo a la creencia en la autoridad, sino a la capacidad de examinar inteligentemente. El Bodhisattva del siglo XX no dependerá de ningún heraldo que le anuncie como el Maitreya Buda, sino será el poder de sus propias palabras; el permanecerá, por sus propios pies en el mundo.

Lo que se ha dicho en esta conferencia puede quizás resumirse de la siguiente manera.

En nuestro período de evolución, están trabajando dos corrientes de vida espiritual; una de ellas es la corriente de la Sabiduría, o la corriente de Buda, que contiene la enseñanza más sublime de la sabiduría, la bondad del corazón y de la paz en la Tierra. Para habilitar esta enseñanza del Buda e impregnar el corazón de todos los hombres, es indispensable el Impulso de Cristo. La segunda corriente es la corriente del propio Cristo que conducirá a la Humanidad desde la intelectualidad, por medio del sentir y el contemplar estético, hasta lo moral.

Y el más grande Maestro del Impulso de Cristo será en todas las épocas el sucesor de ese Bodhisattva que encarna una y otra vez y que, en tres mil años a partir de ahora, se convertirá en el Maitreya Buda. Pues la declaración contenida en las crónicas orientales es cierta: que exactamente cinco mil años después de que el Gautama Buda alcanzara la iluminación bajo el árbol Bodhi, el Maitreya Buda encarnará en la Tierra por última vez.

Como tal, la sucesión de los Bodhisattvas y Budas no tiene relación con el Ser Cósmico que llamamos Cristo; fue un Bodhisattva –no el Cristo– el que encarnó en el cuerpo de Yeshu ben Pandira. Cristo encarnó en un cuerpo físico una vez y sólo una vez por un período de tres años. El Bodhisattva aparece en cada siglo hasta alcanzar el grado de Maitreya Buda.

La misión de la Antroposofía es llegar a ser una síntesis de las religiones. Podemos concebir una forma de religión que esté  comprendida en el Budismo, otra forma dentro del Cristianismo, y en la medida en que la evolución avance, tanto más estrecha será la unión entre las diferentes religiones, de la misma forma en que el Buda y Cristo  están unidos en nuestros corazones.

Esta visión por sobre la evolución espiritual de la Humanidad nos permite además tomar consciencia acerca de la necesidad del impulso de la Antroposofía, como una preparación para comprender el progreso de la cultura y de los sucesos en el gran proceso de la evolución.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.