2ª Conferencia – 10 de Enero de 1956

Cuatro conferencias y dibujos dados por Willi Sucher en el Circulo Experimental Biodinámica en Peredur, East Grinstead, Sussex, el 9 hasta el 12 de enero de 1956

English version

Esta noche quisiera hablar sobre el zodiaco, y quizás se me permita repasar muy brevemente lo dicho la noche pasada con el fin de retomar el hilo de la cuestión. Ayer se habló sobre el Sol como de un ‘agujero’ en el espacio, y sobre el hecho de que el Sol –esta especie de super-vacuum en el cosmos– recibe substancia cósmica, una especie de substancia sideral desde la periferia. Se podría imaginar que allí fuera en la periferia del universo se encuentra una reserva, un trasfondo en el cual pueden hallarse todas las bases constitutivas de todo aquello que ha sido y continúa siendo construido dentro del sistema solar. También fue indicado que el universo solar no ha de considerarse como una esfera sino más bien como un disco plano. Todos los planetas se mueven por ese disco, con sutiles desvíos. Lo que nos cabe descubrir esta noche, es algo que se relaciona con la naturaleza de ese trasfondo desde el cual obtiene sus bases constitutivas nuestro universo solar. Obviamente, el trasfondo es el zodiaco.

Ahora bien, aquí nos confrontamos con un cierto dilema. Quizás pueda hacer una breve referencia sobre los métodos que aplica la Astronomía para investigar el cosmos. ¿Qué es lo que se ha logrado?. La Astronomía moderna ha ganado varios puntos!. Se han hecho magníficos descubrimientos desde que fuera inventado el telescopio. Hemos podido penetrar cada vez más profundo dentro del universo y, como es sabido, el número de las estrellas conocidas –especialmente las estrellas fijas- se incrementó enormemente desde que los telescopios se fueron perfeccionando. Por ejemplo, se ha intentado pesar y –naturalmente– medir las estrellas. Se ha puesto empeño en desentrañar su naturaleza, su supuesta naturaleza, directamente por medio del telescopio. De todos modos, el enorme aparato que constituye a la Astronomía moderna ofrece solamente un aspecto unilateralista. Imaginemos por un momento que somos sordos y lerdos, que carecemos de olfato, de tacto y que sólo poseemos el sentido visual. En tal caso se podría acordar sobre cuán distorsionada sería la cosmovisión resultante. La Astronomía se ha basado completamente en el sentido visual. Es todo lo que ha sido capaz de lograr. Se ha magnificado el potencial de los telescopios. Como sabrán, uno de los últimos desarrollados es el telescopio de 200 pulgadas en Mount Palomar. Se depositaron muchas esperanzas en él. Se esperaba que pudiese penetrar más profundamente en el espacio para así descubrir algo relacionado con la infinidad del mismo o sus límites. Pero todo lo que se halló –de hecho ya había sido hallado con telescopios menos potentes– fue más estrellas. Estrellas nunca vistas anteriormente fueron descubiertas en las profundidades del espacio. Además, se ha llegado a una conclusión un tanto extraña que puede tomarse en un sentido simbólico. Se ha descubierto que todo el conjunto del gran universo se esparce y se aleja del sistema solar en el cual vivimos, en donde las distancias se miden de a millones de años luz.

Las distancias de por sí son ya inimaginables. ¿Podemos imaginar un segundo-luz, la distancia que recorre un haz de luz en un segundo?. Esto equivaldría a unas 19.000 millas por segundo. ¿Podemos imaginarlo?. Ningún ser humano es capaz de hacerlo!. Multiplicando esto por 60 obtendremos un minuto-luz, nuevamente por 60 y obtenemos una hora-luz, etc. Con lo cual al hablar de millones de años luz, nos percatamos de que está más allá de toda imaginación humana. Considero como correcto decir que si hablamos de dimensiones más allá de la esfera espacial imaginable, entonces ya estamos realmente fuera del espacio.

No nos es posible saber si tales distancias son correctas o no, puesto que están basadas en condiciones puramente terrestres. Estas condiciones han sido trasladadas o impuestas, digamos, al cosmos. Se asume simplemente que la luz en el cosmos tiene la misma velocidad a la que se supone aquí en la Tierra y tal es la base de los cálculos. De aquí se desprende que todo este andamiaje basado en el cálculo exacto, sólo sea una ilusión.

Aparte de esta concepción sobre espacio y distancia, algo más fue descubierto. Nos vemos inclinados a imaginar que todas estas estrellas y galaxias distantes se mueven tranquilamente por su trayecto, manteniendo una buena unidad. Pero se descubrió lo contrario. Todo el gran universo se separa a una tremenda velocidad. Si bien las galaxias no han alcanzado aún la velocidad de la luz, no están lejos de lograrlo. Nos confrontamos con un gran universo que semeja a una explosión atómica; sus partículas simplemente se desintegran!. No es mi intención explayarme demasiado sobre esta concepción, pero la idea en sí es simbólicamente muy reveladora. En el intento de penetrar el espacio cósmico, lo único que se logró es un cosmos que aparentemente se aparta de nosotros. Vemos cómo el aplicar solamente el sentido visual conduce a un cuadro atemorizador del cosmos.

Cuando oímos hablar sobre un radar astronómico, y se nos quiere decir que se está ‘escuchando’ al universo, hemos de saber que simplemente no es verdad. Sólo seguimos viéndolo, puesto que lo estamos viendo en una pantalla y eso se logra por el sentido visual. No hay más que esto, todo está basado en el sentido de la vista.

Con lo que tenemos a un universo, o más bien a un aspecto del universo que es en extremo unilateral, y de un universo que además se aleja de nuestro sentido visual. En otras palabras, llegamos a un punto –y esto es admitido por astrónomos que saben razonar– en el cual la Astronomía moderna no puede decir mucho más acerca del universo. Hemos llegado a un punto muerto. No podemos ir hasta las estrellas y tocarlas. Ni podemos aplicar nuestro sentido táctil ni pretender oírlas. El sentido visual es el único aplicable en esta esfera. Naturalmente que los astrónomos se ven en la obligación de mantener su postura, pero para nosotros  debe generarse la cuestión de si no es posible aplicar otros sentidos. Yo lo considero posible, pero desarrollando sentidos internos especiales. Estoy seguro de que en el futuro seremos capaces de aplicar el sentido auditivo astronómicamente, del mismo modo en que aplicamos el visual. Habrá que desarrollar una audición que posea algo de la naturaleza inspirativa, en terminología antroposófica.

Debemos considerar  a qué tipo de enfoque práctico podemos recurrir ahora. ¿Cómo se puede  investigar la naturaleza del zodíaco?. Deseamos descubrir un obrar del zodíaco que nos ayude a comprender lo que fluye constantemente hacia nuestro sistema solar. Obviamente, deberemos confeccionar diferentes instrumentos y hallar otros medios diferentes a aquellos que han sido utilizados hasta el momento por la Astronomía. ¿Cómo se puede lograr esto?. La solución es bastante simple. Existe un excelente y muy fino instrumento a nuestro alcance que puede ser utilizado para la observación de los astros, y éste es el ser humano. El ser humano es por lejos el mejor de los instrumentos, en lo que respecta a su naturaleza corporal y su organización. ¿Cómo es esto posible?.

Ayer se habló sobre la substancia o esencia proveniente desde la periferia de nuestro sistema solar. Fue dicho que posee una naturaleza divisible en  doce partes, dado que se origina en el zodíaco, viéndose éste mismo constituido por las doce constelaciones que nos son familiares. También fue dicho que hallamos rastros de tal substancia o energías provenientes desde más allá de nuestro sistema solar dentro de los reinos naturales. Podemos encontrarlos allí porque todos los reinos naturales fueron construidos gracias a las fuerzas cósmicas que son absorbidas por la super-succión solar, por el ‘agujero’ en el espacio. Más allá de los reinos mineral, vegetal y animal, existe otro ser que reúne a la división doceava y éste es el ser humano!. En el hombre no hay una separación de estos doce grupos diferentes. En nuestra organización corporal somos una manifestación completa de las doce constelaciones. Lo que se ve disperso en los reinos naturales está unificado y forma un organismo integral en el ser humano. Este es el tema a ser tratado. Ya que al estudiar la constitución doceava de la organización humana, encontramos que se trata simplemente de un zodíaco humanizado, al menos en lo concerniente a su forma. No considero que deba elaborar una razón del por qué en este momento. Todos sabemos que el ser humano, el alma humana, desciende desde las alturas cósmicas hasta su encarnación terrestre. Mucho antes de nacer, ciertamente durante todo el tiempo que dista entre dos encarnaciones, el ser humano se ve completamente ocupado en construir la base espiritual de su cuerpo físico, de su futura organización física. Recibimos esta base desde el mundo que se nos aparece externamente como las doce constelaciones del zodíaco. El ser humano trae consigo a esta forma espiritual a la Tierra –o cercano a ella– y al producirse la concepción, esta forma de naturaleza cósmica, hecha de substancia o energía cósmica, queda impresa en el elemento material terrestre. Cada organización humana conlleva la impronta del majestuoso trasfondo de las doce constelaciones del zodíaco.

Por lo tanto, la tarea que nos hemos propuesto es estudiar al organismo humano. Debemos ser capaces de leer sobre el impacto dinámico por parte de las constelaciones del zodíaco. Se trata de una tarea formidable de por sí, y no creo que podamos ir más allá de las generalidades esta noche. De todos modos, espero ser capaz de brindar una indicación acerca de la dirección en la que habremos de investigar, con el fin de comprender estos hechos.

Existe una manera de expresar la naturaleza de las constelaciones del zodíaco por medio de un lenguaje abreviado. Se halla contenido en los símbolos del zodíaco. Sobre ellos sabemos desde tiempos antiguos, y se han ido modificando en el transcurso de la historia de la humanidad moderna. Aún podemos reconocer en las formas dinámicas a la naturaleza del obrar de las constelaciones en la materia. Quisiera agregar que debe considerarse al ser humano desde dos aspectos, y uno de ellos es la cabeza. La cabeza es algo como un cosmos en sí mismo. Más allá de esto, también la totalidad de la organización humana es un cosmos, sólo que ha sido modificada; en cierto sentido, ha sido colocada en la verticalidad. Todo el conjunto del organismo humano deja entrever el impacto de las fuerzas dinámicas del zodíaco.

Veamos cómo se puede hallar la primera de todas las constelaciones, la de Aries, en la cabeza. ¿Dónde encontramos a Aries allí?, ¿dónde está actuando?. Está impresa en la cabeza (Fig. 1a) y éste es el símbolo que se utiliza para Aries. ¿Qué significa este símbolo?. Simplemente que tenemos allí a un gran cosmos, todavía indiferenciado. En ese gran cosmos ingresa un impulso que llevará algo a cabo (Fig. 1b), aportando movimiento y evolución.

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Surge algo que semeja a una acción iluminadora, algo que pretende dirigirse en cierta dirección. Esto puede verse también en el antiguo símbolo del Tao. Arriba, en la línea horizontal, hay algo que reposa. La línea vertical desciende; tiene la tendencia de abandonar la inmovilidad. Ciertamente, tal tendencia se halla presente en la inmovilidad del cráneo (Fig. 1a). En cierto sentido, el cráneo es un cosmos contenido en sí mismo. Pero luego, podría decirse que en la parte inferior de la cabeza tenemos un miembro. La mandíbula es como un miembro, sirve al movimiento. El maxilar se mantiene fijo, pero la mandíbula ha conseguido al menos un cierto porcentaje de liberación o movimiento.

Esto también puede hallarse dentro de la totalidad del organismo humano. ¿Cómo hallar esto?. Bien, aquí tenemos a la cabeza y aquí a los miembros (Fig. 1c). Aquí vemos claramente la tendencia descendente, liberadora, como si abandonase la esfera de la cabeza que representa a la imagen del cosmos. Por ejemplo, el cerebro humano se ajusta a la esfera del cráneo, pero la espina dorsal desciende a lo largo del cuerpo. Esta es una de las manifestaciones de Aries dentro de cuerpo. De este modo es como ingresa un impulso en un universo que tiende al reposo.

El próximo paso nos conduce a Tauro. Este es el símbolo que le adjudicamos (Fig. 2a).

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Tauro

Vemos que ha tenido lugar un cierto proceso. El mundo superior, el majestuoso, maravilloso mundo cósmico aún se reposa en su perfección. Pero a través del impulso dinámico se ha conseguido desarrollar otra cosa. El símbolo expresa tal progreso. Se ofrece una indicación sobre una esfera que se inicia desde una formación córnea. Podría conectarse esto con el cerebro, pero los cuernos superan a la esfera de la cabeza. El círculo más pequeño corresponde al cerebro (Fig. 2b). Con lo cual tenemos dos entidades: una esfera mayor por encima de la cabeza, que es una imagen del reino del pensar cósmico, y una esfera menor –el cerebro– que viene a ser un espejo de la mayor. El mundo del pensar humano, ligado al cerebro, aún permanece estrechamente cercano al pensar cósmico, pero sin ser ya más que un reflejo. El pensamiento humano tiene su origen en el pensamiento cósmico divino, pero fenece en una existencia sombría tan pronto como toca el cerebro humano. Aquí vemos realizarse el impacto de Tauro dentro de la cabeza.

¿Qué hay de Tauro en lo que resta del ser humano?. Allí se manifiesta en la laringe (Fig. 2c) la cual está ligada a Tauro. Desde las alturas hemos recibido la capacidad del habla –se convirtió en humana. ¿Dónde se originó?. En la Palabra cósmica que creó el universo y que hizo nacer a todo lo que vemos a nuestro alrededor como mundo de los objetos. En el primer capítulo del Evangelio de San Juan escuchamos las palabras: ‘En el principio era la Palabra’ y ‘todas las cosas fueron hechas por ella y sin ella, nada de lo hecho estaría hecho’.

Podemos ver al símbolo de Tauro casi de forma literal en la organización humana. Considérese a la laringe como una esfera necesaria para generar el habla. Como es sabido, desde esta laringe se extienden dos tubos que llegan hasta el oído medio. Tal es la impronta de Tauro en el organismo humano.

¿Cómo podemos describir el principio de la constelación de Tauro. Seguramente, se trata de un elemento que ha descendido un paso más por debajo de Aries. Aries no representa más que un impulso inicial; aún no se ha conseguido nada, sólo la tendencia de hacer algo. En Tauro se ha logrado algo, pero todavía está ligado estrechamente a su origen cósmico, el pensamiento cósmico. Puede decirse que este pensamiento cósmico es nuestra gran morada en el espíritu, desde donde hemos descendido al mundo material.

Este principio es llevado hasta la constelación de Géminis. En la cabeza (Fig.3a) tenemos a una manifestación múltiple de esta constelación. Por ejemplo, existen ‘gemelos’ en los dos hemisferios cerebrales, pero también tenemos ‘gemelos’ en la polaridad que existe entre la esfera del cráneo y la parte inferior de la cabeza. Digamos que los gemelos se corresponden pero sin llegar a ser idénticos (Fig. 3a).

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Géminis

Este es el símbolo utilizado para Géminis (Fig. 3b). Vemos dos mundos que se separan. Esta es una tendencia que podemos encontrar por doquier en la cabeza. Un ejemplo de esto es la diferenciación entre izquierda y derecha. Sabemos que el costado derecho del rostro se diferencia del izquierdo. Son ‘gemelos’ y ligados entre sí, pero cada uno está formado de manera diferente. Luego tenemos una diferencia en la vertical y entre el frente y la parte posterior.

¿Qué hay del ser humano como un todo?. También allí existen ‘gemelos’ en muchas direcciones, por ejemplo, entre la cabeza y el resto del organismo (Fig. 3c). Estos gemelos están conectados; son desiguales pero unidos estrechamente por la columna vertical. El uno precisa del otro. También hay gemelos en la dirección izquierda-derecha, especialmente en lo referido a los brazos. Y de tomar simplemente al conjunto del ser humano y contemplamos su organización, nuevamente hallamos gemelos en una dirección diferente, la vertical-horizontal, que queda expresada en los contornos del cuerpo humano (Fig. 3d).

¿Cuál es la naturaleza arquetípica de la función cósmico-dinámica que encontramos aquí?. Es la tendencia a separarse. Ambos mundos se han separado suficientemente, pero todavía están conectados. Tal es el impacto dinámico de la constelación de Géminis. Puede hallarse en innumerables manifestaciones en el mundo. Esto se origina en Géminis, diversificándose a medida en que va pasando a través del mundo planetario, antes de descender finalmente hasta la Tierra y emerger en la materia.

Los símbolos son realmente una especie de lenguaje arquetípico que puede ayudarnos a comprender las actividades fundamentales de las constelaciones.

La constelación que continúa, la de Cáncer, también se manifiesta a sí misma en el ser humano de diversas maneras. Veamos primeramente la cabeza. Sabemos que en el bebé, las fontanelas aún están abiertas. Esto indica que todavía existe una comunicación cordal con el universo. Hasta no pasado cierto tiempo luego del nacimiento, este portal no se cierra (Fig. 4a).

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Cáncer

De contemplarlo desde arriba, podremos ver la ovalación del cráneo humano (Fig. 4b). Primeramente está abierto pero luego se cierra. Aquí podemos reconocer al símbolo de Cáncer. En primera instancia todavía existe una conexión con el mundo cósmico, pero tan pronto como se cierran las fontanelas, ésta queda truncada y el ser humano se aparta del cosmos. Esto queda expresado por el símbolo de Cáncer. En la figura 4 pueden observarse dos curvas, una que expresa al extenso desarrollo pasado, es decir a toda la evolución previa del cosmos que el hombre recapitula antes de nacer y que culmina en ese instante. Ahora debe inaugurarse algo nuevo. El alma que encarna es enviada con el fin de que desarrolle ciertas capacidades en el aislamiento de la Tierra. Estas fuerzas son solamente adquiribles en la Tierra. Sabemos que están directamente conectadas con el desarrollo del Yo. Es así como el hombre es enviado y separado del mundo cósmico, y es en esta separación donde debe hacerse de una nueva evolución y participar en la creación de un nuevo cosmos. La nueva evolución queda indicada por la segunda curva del símbolo (Fig. 4c).

El espacio que queda establecido entre ambas curvas, ¿puede ser superado?. Esto es algo de gran importancia hoy día. Quisiera darles una indicación sobre cuán importante son estas cosas: cuando tuvo lugar el Misterio del Gólgota, el planeta Saturno se ubicaba en la constelación de Cáncer. El Cristo trajo consigo a todas las fuerzas del cosmos a la Tierra, y la Tierra quedó impregnada con las fuerzas que permean y mueven a los astros. Cada ser humano que se une al impulso del Cristo puede participar de aquellas fuerzas celestes que el Cristo ligó a la Tierra. Lo que leemos de un evento tal –Saturno en la constelación de Cáncer– es el hecho de que la Tierra y la humanidad fue imbuida de potencias espirituales cósmicas, las cuales nos permiten puentear el abismo o espacio que hay entre la involución y la evolución. Vemos al pasado de la Tierra y del cosmos como un proceso en involución, y vemos como evolución al desarrollo de un nuevo cosmos que avanza hacia el futuro. Nos percatamos de este modo de que durante el suceso en el Gólgota, estaban obrando fuerzas e impulsos. Sin su incorporación, la Tierra no hubiera sobrevivido.

Dentro del total del ser humano, hallamos a las fuerzas de Cáncer en lo que conforma al tórax humano (Fig. 4d). Si bien han sido modificadas hasta cierto punto, en un sentido u otro mantienen el mismo principio –una actividad de cierre. En la cavidad torácica moramos con nosotros mismos; es la ‘residencia’ en la cual habitamos, donde late nuestro corazón, y donde en cierto sentido nos aislamos del gran hogar del universo.

Vayamos ahora a la constelación de Leo. Ya consideramos que en el tórax el hombre vive en su propia morada, pero escindido del gran cosmos. ¿Dónde encontramos este impulso de Leo?. El cráneo ya ha atravesado por el impacto de Cáncer; a partir de aquí, una nueva evolución habrá de ser impulsada desde el Yo, al cual sólo podrá ser desarrollada dentro del espacio abierto que se ubica entre las dos curvas del símbolo de Cáncer. Este Yo, indicado por un círculo en la Fig. 5a, es algo que fue encapsulado en sí mismo y dejado a su suerte. Está llamado a construir un nuevo cosmos, lo que puede describirse por medio de una curva que desciende y se extiende. De este modo llegamos al símbolo de la Fig. 5a y b.

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Existen dos maneras de representar el símbolo de Leo. Uno parte desde la periferia para arribar al punto (Fig. 5b). Este correspondería a Leo en involución, un movimiento por el cual el cosmos espiritual se contrajo y se densificó hasta ‘abrirse paso’ en la materia. Se pone de manifiesto cada vez que encarna un ser humano, viniendo desde la periferia del cosmos espiritual, encarnando paso a paso, llegando finalmente hasta la esperada simiente en la Tierra, lo cual es un trabajo muy tedioso y que puede llevar muchos años. Una vez encarnados, nos vemos convocados a colaborar en la construcción de un nuevo cosmos. Podemos hacer esto si desarrollamos las facultades mencionadas por Rudolf Steiner: Imaginación, Inspiración e Intuición. Estas se convertirán en los cimientos de un cosmos nuevo.

También encontramos al principio de Leo en el total de la organización humana, particularmente en el tórax. Primero tenemos al espacio cerrado, la ‘casa’. Por dentro late el corazón (Fig. 5c). Aquí tenemos dos acciones, el salir de la circulación y el retorno desde la periferia al cuerpo. ¿Cómo podemos describir el impacto de Leo a través de un concepto simple que nos ayude a comprender, en un sentido universal, a la naturaleza de las fuerzas que actúan desde la dirección de Leo?. Obviamente, el principio consiste en la relación que existe entre el centro y la periferia, y la cuestión se trata más bien de si el centro es activado desde fuera o si adquirió la capacidad de auto-activarse. Puede cobrar variedad infinita. Puede suceder, por ejemplo, que una persona no pueda encontrar el centro y se vea inclinada a vivir en la periferia. Puede parecer que uno viva enajenado de la Tierra, sin encarnar propiamente, o participando plenamente de la vida terrestre. También puede suceder lo opuesto, y uno puede verse demasiado encerrado en su propia celda y no le es posible acceder a la periferia, el entorno, etc.

Un número considerable de investigaciones ha verificado que tales tendencias se encuentran presentes en la naturaleza humana, pero también podemos encontrarlas por doquier en los reinos de la naturaleza, de buscar allí diligentemente. Corresponde tanto a nuestra tarea como a la capacidad de transformarlas y hasta incluso ofrecerles resistencia. Podemos lograr esto desarrollando las facultades mencionadas anteriormente.

Contiguo a Leo encontramos a la constelación de Virgo. En la cabeza humana encontramos su impacto directamente a como se indica en la Fig. 6a. Hasta aquí, el contraste entre periferia y centro sólo ha sido una tendencia, pero en Virgo se inicia una labor real. En cierto sentido, la constelación de Virgo es una especie de laboratorio de los Dioses, la matriz del divino mundo cósmico. Allí se activan las grandes transformaciones. ¿Cómo se lee este símbolo?. Nos habla de una región muy misteriosa, en donde se albergan los secretos de la vida y del devenir. Se hallan cuidadosamente guardados de ser profanados como si fuera un santuario, por detrás de sus tres velos. Si nos preparamos correspondientemente, seremos capaces de atravesar los tres velos y así ingresar finalmente al recinto más íntimo del Templo, en donde están preservados los misterios de la vida y del devenir. Los tres velos quedan expresados por los tres trazos que conforman al símbolo (Fig. 6b).

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Habiéndolos pasado encontraremos a la Divina Sabiduría Suprema, quien es también la vida. Esto queda indicado por la especie de serpiente que vemos al final del símbolo, la Serpiente de la Sabiduría. Es allí donde tienen lugar esas actividades misteriosas dentro del espejo del cerebro, que traducen la percepción en concepto para luego distribuirlo por todo el cuerpo (Fig. 6a). Nadie sabe o comprende todavía cómo un ser humano es capaz de realizar un movimiento. En la mente tenemos a la imagen del movimiento ‘quiero hacer esto’, pero cómo es que se produce la ejecución en nuestro organismo no ha sido descubierto todavía. Aquí nos confrontamos con grandes misterios.

Encontramos misterios similares en todo el ser humano, puesto que la constelación de Virgo está ligada a la misteriosa región del plexo solar y de la digestión, en donde se ubican los órganos en la esfera que está por debajo del diafragma.

Esta región misteriosa, la cual no se llega a comprender muy bien, es aquella en donde –por ejemplo– tiene lugar la desintegración de la substancia alimenticia, pero no sabemos cómo se lleva a cabo. Nuevamente, es una región velada en forma triple (Fig. 6c) y profundamente ligada a los misterios de la vida y el devenir, ofreciendo muchos otros aspectos además del de la digestión.

A Virgo le sigue la constelación de Libra. En la cabeza humana la hallamos encarnada en el complejo organismo de la audición. En el oído interno se encuentra el misterioso órgano del equilibrio. El símbolo representa a una balanza, algo que está en suspensión y debe mantener la horizontal con el fin de permanecer balanceado (Fig. 7a). En la totalidad del organismo humano está conectada a las caderas (Fig. 7b), también una región de equilibrio –la balanza entre el organismo superior e inferior. Sólo podemos comprender a pleno este equilibrio y a su símbolo de entender a la constelación de Escorpio, a continuación de Libra.

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En Escorpio nos confrontamos una vez más con fuerzas provenientes del universo que están veladas tres veces. Pero estos misterios se ven conectados con los estadios cósmicos que apuntan hacia la realización del Yo. Son los misterios del logro, en última instancia es el hecho que surge desde el ego emancipado. Nuevamente tenemos un primer, segundo y tercer portal (Fig. 8a y b) en los tres trazos del Símbolo. Solamente luego de haberlos atravesado podemos ingresar en el terreno dentro de cual buscamos el fundamento para realizar algo, o que al menos pretendemos lograr. Esto queda indicado por la flecha al final del símbolo. En la cabeza encontramos a Escorpio en la región de la laringe (Fig. 8a); de hecho, le atañe toda la región que sirve al proceso vocal. Sabemos que la constelación de Escorpio está opuesta a Tauro, que también está ligada al habla, la laringe y los tubos que llegan hasta el oído medio (las trompas de Eustaquio). De todos modos, en Tauro aún conservamos una fuerte afinidad con el mundo cósmico y que es donde nació la palabra humana. En Escorpio, la Palabra se convierte en palabra humana, emancipada del cosmos. Debe nacer desde la actividad interior del ser humano. En la conferencia VI del ciclo ‘El mundo de los sentidos’, 1 de Enero de 1912, Rudolf Steiner habla sobre el hecho de que la audición irá desapareciendo gradualmente. Esto esta conectado con Tauro y con la antigua creación que ha llegado a su fin. El órgano de la laringe y el habla, todo aquello ligado a Escorpio se encuentra en ascenso. Los seres humanos del futuro tendrán a disposición las bases de una nueva Palabra creativa en Escorpio purificado. En la totalidad del ser humano, Escorpio se manifiesta en toda la esfera reproductiva y de propagación. Aquí también subyacen grandes misterios que, en un cierto sentido, debieron ser profundamente velados.

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Ahora podemos comprender por qué Libra se ubica entre las constelaciones de Virgo y Escorpio. Por un lado están los portales hacia los misterios de la vida y del devenir y por el otro, los misterios de la muerte y del obrar. Con el fin de ingresar en dichas regiones con plena consciencia, deberá alcanzarse un alto grado de equilibrio. De carecer de este máximo alcance, los efectos de Virgo y Escorpio se convertirían en fuerzas destructivas para nosotros.

Seguido a Escorpio está la constelación de Sagitario. Allí, todo se manifiesta al servicio de la acción e irradia hacia afuera. Por ejemplo, podemos hallar esto en los huesos de la mandíbula (Fig. 9a). En la totalidad de la organización humana lo vemos surgir en la parte superior de las piernas y de los brazos. En dichas regiones notamos una tendencia hacia la exteriorización, de salir del encierro que todavía queda expresado por Virgo, de aquello que aún permanece guardado, aislado y velado. Esto queda referido por el símbolo de la flecha. En los miembros, la acción se ve dirigida hacia la Tierra. Esta es la tarea de la humanidad moderna, la de obrar en la Tierra (Fig. 9b) partiendo del impulso de la libertad interior y del amor.

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Por lo tanto, desde la dirección de Sagitario vemos fuerzas que fluyen hacia la Tierra y que tienen la tendencia de surgir en el mundo como impulsos de acción, como si fueran flechas que atraviesan el espacio. Como seres humanos, podría ser incluso nuestra tarea el sopesar y considerar que tales impulsos no se agoten en sí mismos por carecer de un objetivo. Esto puede lograrse de disponer del conocimiento. Nuestra tarea reguladora deberá ser posible de aplicar en la agricultura.

Por supuesto que con el fin de manejar tales fuerzas debemos primero conocerlas, saber cómo y cuándo ingresan a la Tierra. Por ejemplo, si sabemos que el año entrante o dentro de unos años Saturno se ubicará en la constelación de Sagitario, entonces se podrá calibrar el impacto sobre la Tierra. Estos se manifestarán por doquier en la naturaleza. De poseer estos conocimientos, seremos capaces de usar o moldear estas fuerzas como corresponde.

La constelación siguiente es la de Capricornio, Cabra o Pez Cabra. Primero me gustaría explicar el símbolo. Este es el que utilizamos para Capricornio (♑ Fig. 10a). En el continente se utiliza esta figura (Fig. 10b) que es similar. En ambos casos, algo que semeja a una Luna creciente (Fig. 10c), la cual puede extenderse hasta una circunferencia, es sostenida o portada. La parte inferior de símbolo nos recuerda a Cáncer, que en sí se ubica opuestamente a Capricornio.

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 ¿Qué habíamos encontrado en Cáncer?. Un movimiento de separación, hacia la emancipación total. Podríamos decir que Capricornio es completamente lo opuesto. Allí existe una tendencia a reestablecer nuevamente un contacto entre un elemento superior con otro inferior. Una parte de Cáncer, la espiral inferior, se desarrolló en un grado tal que puede elevar a esa esfera hasta las alturas. En un cierto sentido, la flecha de Sagitario que se vería disparada hacia el infinito de no verse retenida, se ve direccionada. Queda transformada y redirigida hacia un objetivo preciso. Porta al cosmos consigo por medio de aquellas facultades adquiridas en crisis previas, por ejemplo en las crisis de independencia que fueron indicadas en la constelación de Escorpio.

En la forma humana se manifiesta como capacidades de sostén. Dibujaré el símbolo aquí arriba (Fig. 10c y d). Fisiológicamente, la cabeza es transportada por el cuerpo. Pero metafóricamente, podemos imaginar a la cabeza llevando al cuerpo. La cabeza es un antiguo mundo, realmente un residuo de la encarnación previa. El cuerpo, separadamente de la cabeza, es el inicio de futuro. En primer lugar, el cuerpo es la simiente de una encarnación futura, pero en última instancia es el germen o la contribución para un universo futuro. La cabeza, que proviene de un viejo mundo y que ha atravesado por estadios de emancipación y materialización, debe ahora servir a un propósito final y portar al cuerpo, la simiente del futuro. Debe trabajar y transmitir su última facultad adquirida como pensar auto-consciente a lo que indica un nuevo cosmos.

Dentro del total de la organización humana, encontramos a Capricornio en las rodillas (Fig. 10c). Aquí también se dispone de la actividad de Sagitario. ¿Podemos imaginar al hombre sin rodillas, con piernas como palos?. Su vida sería completamente diferente. Sería extremadamente difícil adquirir flexibilidad y gracia en nuestros movimientos. Seríamos incapaces de encarnar completamente en la Tierra o de desarrollar un sentido de responsabilidad frente a ella dentro de nuestra labor cotidiana. Además de las rodillas, Capricornio está asociado con todas las articulaciones en el cuerpo humano.

¿Qué tipo de fuerzas son las que se introducen desde Capricornio?. Obviamente poseen un potencial que puede ser aplicado en la reunificación de lo que fue separado en Cáncer -el cielo y la Tierra.

Estas fuerzas pueden ser empleadas en el establecimiento y la aplicación de un nuevo conocimiento de las energías cósmicas que obran en la materia terrestre. Estoy convencido de que de saber cómo, podríamos suscitar milagros con ellas. Muy probablemente, mucho es lo que podría hacerse a partir de estas fuerzas cósmicas de lo que se logra extraer de la física atómica.

Continuemos con la constelación de Acuario. Nos confrontamos nuevamente con todo un mundo nuevo, descrito por un simple símbolo. Aquí, algo fluye y se mueve. Un cierto proceso a sido llevado un paso más allá. Esto comenzó en Sagitario, fue tomado y modificado por Capricornio y aquí en Acuario ha recibido un movimiento armonioso. En Capricornio fue descubierto un mundo nuevo, un cosmos nuevo contenido dentro de una simiente, que es el del cuerpo humano. En Acuario tenemos al subir y bajar del movimiento y el desarrollo hacia el futuro. Pero el punto más importante que representa este símbolo consiste en que la libertad nacida desde las profundidades se ajusta a sí misma –gracias a la decisión propia– al movimiento y la evolución en las alturas. Dicho de otro modo, Acuario irradia fuerzas que desean armonizar con las aplicaciones prácticas de la Cosmología o Astrosofía dentro de los asuntos terrestres. La germinación y el crecimiento de una simple planta son manifestaciones de la cooperación entre el cielo y la Tierra. De todos modos, es la tarea de nuestra individualidad libre el establecer esta cooperación conscientemente. De otra manera, la existencia terrena se desecará espiritualmente y se volverá estéril.

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En la cabeza humana, encontramos indicada una de las manifestaciones de Acuario en los labios (Fig. 11a). Los labios son los órganos que formulan finalmente lo que fluye hacia el mundo como habla. Ellos crean una armonía entre lo que vive interiormente en el ser humano y aquello que recibe a la palabra humana en el mundo exterior. En la totalidad de la forma humana lo hallamos en las pantorrillas (Fig. 11b). Esta es una región que todavía está sin desarrollar completamente en el organismo humano, pero que jugará un importante rol en el futuro. Aquí, el calor interior se encuentra con el exterior. Sabemos que las corrientes sanguíneas alcanzan la periferia del organismo humano en las pantorrillas. Por ejemplo, allí se puede corroborar y regularlas en caso de fiebre. Por lo tanto, aquí también tenemos a un órgano de comunicación entre el mundo exterior de las fuerzas formativas y el mundo interior. Sin embargo, en cierto sentido esta región del organismo humano aún está en su infancia. Atravesará por muchas transformaciones antes de convertirse en un órgano de creación cósmica activa.

Finalmente llegamos a la constelación de Piscis. Aquí se debería esperar un logro definitivo, puesto que es la última constelación del zodíaco. Comenzamos por una estrecha conexión con el cosmos. Esto se mostró aparente en Aries, Tauro, etc. Luego llegamos hasta una tendencia emancipativa del cosmos. Ingresamos en nuestra propia ‘casa’ y nos establecemos a nosotros mismos. Luego de haber ingresado, nos encontramos en una esfera crítica por habernos escindido del sostén cósmico en nombre de la libertad y laindependencia. A continuación llega el impulso del obrar individual y la obra en sí misma. Pero tuvimos que hacer una preparación considerable para que la obra pudiera ser controladay finalmente reestablecemos una conexión con el gran cosmos. Esto fue hecho empero desde nuestra propia libertad y amor por los propósitos cósmicos divinos.

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Llega ahora el paso final, en donde nos encontramos cara a cara con el cosmos del cual nos separamos una vez, y al que rencontramos tras ardua labor. Sólo que ahora hay una diferencia fundamental, una diferencia que se revela gracias al símbolo de Piscis. Este es el símbolo (Fig. 12a). Colocaré el símbolo de Géminis a su lado (Fig. 12b). ¿Cómo vivenciamos a Géminis?. Allí teníamos un cuadro del orden jerárquico. El gran cosmos estaba indicado por la esfera superior, obrando todavía fuertemente sobre el ámbito inferior. Pero inclusive allí había signos de separación, a lo cual se llega en el signo de Cáncer. No obstante, en Piscis las dos esferas se ven sobre una base de igualdad. Están conectadas en la horizontalidad. Al alcanzarse este estadio, la persona ya no es la misma criatura en el orden jerárquico sino que se ha convertido en creadora. Por supuesto que este estadio se refiere a un futuro distante del género humano.

Lo que todavía estaba en un estado de dependencia en Géminis, se pondrá lado a lado con las jerarquías. Esto se nos recuerda por medio de las palabras del Cristo en los últimos capítulos del Evangelio de San Juan, donde dice: ‘a partir de ahora no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hará su amo, sino que os llamaré amigos, ya que todas las cosas que he oído del Padre os las he hecho saber’ (XV,15).

Tal es lo que está contenido en Piscis, pero es un camino largo y doloroso hasta allí. Los Peces han obrado sobre el cosmos desde el principio, y establecieron en las manifestaciones y reflejos del organismo humano el ‘lado a lado’ como visión evolutiva. Por ejemplo, en la cabeza humana (Fig. 12c) tenemos a los dos ‘peces’ de los ojos, de las orejas, etc. Si bien izquierda-derecha corresponden a una naturaleza diferente (la derecha es más activa la izquierda más pasiva-receptiva) no obstante colaboran. Pies y manos también difieren con respecto a izquierda-derecha, pero se encuentran ‘lado a lado’ y los utilizamos  de modo fraternalmente cooperativo. Todas estas partes del cuerpo, manos, pies, etc., son evidencia de la labor de Piscis. Con el fin de manejar estas fuerzas conscientemente cualquiera sea el ámbito, habremos de desarrollar una actitud fraternal frente a los demás, frente a los reinos naturales, las substancias de la Tierra, el cosmos, etc.

Admito que ésta ha sido una descripción muy esquemática del zodíaco y sus símbolos. No ha sido más que una indicación sobre la dirección en la cual habremos de movernos según el propósito de investigar la naturaleza de las constelaciones, y para hallar modos y medios que sirvan al manejo de sus impactos, en tanto son una manifestación de la naturaleza que nos rodea e inclusive dentro de nuestro propio organismo humano. Pero nunca debemos olvidar que nuestra vida anímica debe permanecer independiente  de las fuerzas del cosmos. Aquí debemos distinguir estrictamente que en lo que respecta a nuestro organismo corporal, participamos de las fuerzas que fluyen desde el zodíaco, modificadas por los planetas hasta que ‘romperse’ en los objetos y las cosas que hallamos en la Tierra. Esta reserva contiene el preciado fruto de toda una era de trabajo en favor de la libertad espiritual. No debemos perderla, de lo contrario perderemos también la integridad de nuestra individualidad.

Esto ha sido un intento de trabajar sobre los símbolos, sin aceptarlos de la manera tradicional sino intentando comprender su significado interior. Han llegado a nosotros por tradición y no nos podemos basar enteramente en ella. Quizás deberíamos inventar nuevos símbolos, al menos en parte. Espero que esto suceda en algún futuro. De hecho me he sentido en la obligación de  traducir los símbolos a un lenguaje más acorde a las concepciones modernas. Como sea, disponemos de una base sobre la cual sostenernos y trabajar de frente al futuro, en el cual esperamos ser capaces de comprender y emplear las fuerzas que fluyen desde las esferas planetarias hacia la Tierra.

En una época en donde se reconoce con creces solamente la realidad de lo terrestre, las fuerzas y substancias materiales, la integración activa del conocimiento espiritual sobre el cosmos y nuestra labor en la Tierra será de una importancia considerable. De otro modo, podemos caer en un abismo de catástrofes inimaginables. Desconociendo el manejo del trasfondo cósmico no podemos trabajar eficientemente  en este planeta, ya que nos veríamos inclinados a dejar de lado una mitad de la existencia y caeríamos presos  en concepciones turbias y vagas sobre la otra mitad.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

 

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