El perfil del siglo XX

Curso de conferencias no revisadas por WILLI SUCHER del 14 al 21 de julio de 1966 en Hawkwood College, Stroud

(Los dibujos en estas conferencias no fueron dibujados por Willi)

1ª) 14 de julio de 1966 – Antecedentes

English version

2907 AC (Egipto) -747 AC (Grecia-Roma) -1413 DC (Edad Moderna)

 

En estas conferencias, vamos a intentar orientarnos en el contexto del siglo XX para poder encontrar la profunda relación entre el mundo cósmico y nuestro planeta. Por lo cual y para poder guiarnos, consideraremos los ritmos cósmicos desde varios aspectos.

Para ello, primero trataremos sobre la precesión de los equinoccios. Sabemos que el vértice, o equinoccio, indica el comienzo de la primavera alrededor del 21 de marzo, cuando el Sol está relacionado especialmente con una de las constelaciones del Zodiaco de las estrellas fijas. Estas estrellas fijas, situadas en las doce constelaciones del Zodiaco, son una característica estable en los cielos.

Recordemos que el Sol, en su recorrido alrededor de la eclíptica, vuelve a la misma posición cada 365 días, y cuando miramos hacia el Sol, vemos como telón de fondo el mundo de las estrellas fijas en el espacio solar. El Sol va haciendo el recorrido gradualmente de una constelación a otra cada 2,160 años aproximadamente, y a esto se le llama precesión, a la trayectoria del Sol alrededor de la eclíptica (ver Fig. 1). Incidentalmente, nos acercamos a esto desde el punto de vista ptolemaico, en el que, con la Tierra como centro, no tenemos el sentido del movimiento de la Tierra, sino sólo el del movimiento aparente del Sol alrededor de la Tierra sobre la cual nos hallamos.

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Hoy tomaré el movimiento del equinoccio de Otoño en lugar del equinoccio de primavera, que es el punto de vista opuesto, como vemos en la Fiesta de Micael. En Primavera, las fuerzas cósmicas caen sobre nuestra Tierra, pero en el Otoño tenemos una especie de recesión o retirada, dejando sola a la Humanidad. Es entonces el momento en el que podemos y debemos esforzarnos por conservar nuestra integridad y desarrollar nuestra propia conciencia con renovada fuerza interior. Me gustaría que observaran particularmente las constelaciones de Virgo, Libra y Escorpio. Recuerden también que en el tiempo de Cristo el equinoccio de otoño pasó de Libra a Virgo. A esto se le puede llamar una gran transición. En los antiguos templos de misterios, el neófito experimentaba las grandes fuerzas que fluían del sistema solar, ya fuera a través de la meditación profunda o de la intuición, que se puede describir como el elemento Libra o el de equilibrio. Los símbolos abreviados que se asignaron a las constelaciones proporcionan una visión aún más profunda.

En Egipto, Libra se elevaba ante Osiris en el tiempo en que las almas de los muertos le fueran llevadas por Annubis, el de cabeza de perro y se pesaban contra una pluma, para que pudieran considerarse dignas de elevarse al más alto reino espiritual. La constelación de Libra todavía podemos experimentarla como un reino conectado con la libertad condicional y la purificación, con lo cual uno puede evolucionar y ascender interiormente a etapas superiores de experiencia y existencia. Este es el aspecto de Libra en Otoño o la Fiesta de Micael.

Hace más de dos mil años, esto también fue experimentado por el pueblo judío después del Éxodo, cuando se les dio su verdadera tarea en la historia narrada por Moisés. Este fue un tiempo de prueba para ellos, cuando se prepararon para la venida de Cristo a través de diversas vicisitudes, como los cuarenta años en el desierto, hasta su exilio de Palestina. Estas fueron algunas de las tremendas pruebas de la humanidad.

El equinoccio de Otoño está conectado con el elemento de interiorización del alma humana, mientras que el equinoccio de Primavera está conectado con su contraparte cósmica. Por lo tanto, debemos comparar Libra en Otoño con Aries en Primavera. Con el equinoccio de Primavera en la constelación opuesta de Aries, encontramos la indicación al pueblo judío de su preparación para recibir a Cristo. En el Éxodo se les dio el símbolo del Cordero de la Pascua, Aries, cargado simbólicamente con los pecados del mundo entero o del pueblo y empujado al abismo. ¿Por qué un carnero? Juan el Bautista explicó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”. Esta era una imaginación preparada anualmente ante el pueblo judío. La Imaginación del Cristo fue reconocida por Juan el Bautista como el más alto iniciado de la Jerarquía Espiritual de los Kyriótetes, a quien llamaba El Cordero de Dios. Rudolf Steiner se refiere a los Kyriótetes como los Espíritus de la Sabiduría, que donaron a los seres el poder de la vida y Cristo fue su Cabeza.

Ahora, vamos a seguir el movimiento del punto equinoccial a Piscis (Primavera) y a Virgo (Otoño). Hemos visto a Libra como un reino de libertad condicional, aunque ésta es sólo una faceta de la historia cósmica. Rudolf Steiner sugirió que el símbolo de Virgo representaba tres portales, que parecen estar flanqueados por una serpiente. A medida que nos movemos en la dirección de Virgo nos acercamos hacia los grandes misterios cósmicos, no necesariamente los más importantes, sino los que nos conducen a nuestros orígenes cósmicos y los del mundo. Por lo tanto, parece que la iniciación sigue a la libertad condicional, ya que el neófito egipcio fue cuidadosamente preparado y purificado para luego pasar por los tres portales, o etapas de imaginación, inspiración e intuición. Finalmente, el neófito experimentó las etapas de la evolución.

Esta es la experiencia de Otoño de la Era actual y es por ello que la elegimos como nuestro fondo. Rudolf Steiner nos trajo la Ciencia Oculta como un mensaje vital, porque debemos aprender a reconocer la sabiduría de la serpiente cósmica y comprender también la sabiduría cósmica de la Antropo-Sofía.

El equinoccio de Primavera, frente al del Otoño, está en Piscis. En Piscis, los dos mundos parece que se encuentran, mientras que en Géminis se apartan, y el mundos cósmico y el humano están separados en lugar de unidos (véase más adelante). Pero en Piscis se encuentran uno al lado del otro, están unidos, y aquí encontramos el símbolo de la fraternidad cósmica. Debemos aprender nuevamente en esta Era a permanecer en el cosmos, no como entidades separadas, sino para encontrar el mundo espiritual en nuestro propio nivel y elevarnos en una comunión establecida.

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El equinoccio otoñal se trasladará a Leo dentro de unos 500 años, pues Piscis es más extenso. El cosmos da el impulso, pero la inercia de la Tierra es mucho más lenta en su realización. ¿Cuál es la expectativa de Otoño para la humanidad?

El símbolo de Leo parece representar la cabeza de un león con una cola larga y sin cuerpo. Sin embargo, el círculo siempre indica una entidad que ha llegado a ser, una entidad que se ha encontrado a sí misma. La dificultad humana actual es encontrarnos en nuestro ser íntimo y encontrar nuestra propia integridad. Una vez logrado esto, debemos ir a la periferia, hacia el infinito, y ganar una nueva relación con el cosmos. La edad futura del punto otoñal en Leo, con Acuario como punto vernal, indica una relación totalmente nueva para la Humanidad.

Cuando el Sol entre en el punto vernal de Acuario, podemos hacernos conscientes de dos ondas que representan tanto la altura como la profundidad —un movimiento rítmico— tanto arriba, como abajo. Cuando hayamos encontrado nuestro yo en el cosmos como seres egóicos, podemos ir con seguridad a la periferia por primera vez. Nos perderíamos si nuestro yo no fuera lo suficientemente fuerte, pero a través de nuestro fortalecimiento podemos realizar los ritmos cósmicos en libertad, porque habremos trabajado con los ritmos naturales del pasado. En el futuro, se nos requerirá trabajar con ritmos y fuerzas cósmicas y conservar sin embargo nuestra identidad

La E rade Leo / Acuario traerá a la humanidad la necesidad de vivir con ritmos cósmicos. Ya conocemos los ritmos del año y los de la Luna, pero éstos son sólo una fracción de los ritmos cósmicos. Si aprendemos a trabajar con ellos, podremos lograr milagros. Por ejemplo, los ritmos de la mañana y de la noche relacionados con la meditación y los medicamentos: el Dr. Hauschka ha demostrado que estos últimos pueden ser preservados sin alcohol durante años, sólo con la exposición al sol naciente y poniente por períodos cortos a la vez. Debemos aprender a trabajar conscientemente con tales ritmos, y para ello necesitaremos la cualidad de la fiesta de San Miguel de retener nuestra identidad mientras somos capaces de salir al cosmos.

Cuando miramos nuevamente a los puntos de Tauro (Primavera) y Escorpio (Otoño), encontramos que estamos de vuelta a la civilización egipcio-caldea. Nos hacemos conscientes de que hay un misterio y una verdad tremendos en sus símbolos, pero ya no se comprenden. A veces el Escorpión se representa con la picadura apuntando hacia abajo y otras hacia arriba. Podemos compararlo con Virgo, porque también tiene tres portales a la vida cósmica. Pero ahora en nuestro tiempo nos dirigimos hacia abajo para encontrar los nuevos secretos.

Hemos anotado antes que en Libra nos movemos a través de los portales de los misterios. En Virgo comenzamos a penetrar en los misterios cósmicos. A través de Escorpio nos movemos hacia los misterios menores: Isis es la Diosa que representa las fuerzas del alma ante los seres humanos. En Escorpio, Sagitario, etc., podemos ahora entrar en los misterios menores del alma humana y su desarrollo, de la gente y de los principios superiores que se manifiestan en ellos. A Escorpio se le asocia con la muerte —muerte cósmica en el alma humana— en todas las mitologías, incluso en la indio-americana, mientras que Virgo está asociada con la vida cósmica. No sólo el enigma de la muerte es el símbolo del Escorpión, sino también el misterio de la resurrección y el rejuvenecimiento humanos. Por lo tanto, es significativo si su aguijón apunta sólo a la muerte, o si apunta hacia arriba, hacia la resurrección a través de los tres portales. Este impulso hacia arriba es también de lanza y nos recuerda la historia de Parsifal, en la que la lanza había causado tanta desolación y enfermedad. El misterio de la muerte desempeñó un papel importante en los misterios egipcios inspirados por Isis, el ser del alma del cosmos y el gran enigma del alma humana.

Tauro es el opuesto en el equinoccio vernal. Esto da una imagen tremendamente exaltada del cosmos: Aries como el Cordero de Dios y el símbolo Tauro como el Logos. El Dios Ptah fue el gran inspirador de todos los artistas, el Dios guardián de todos los artesanos. Él fue el arquitecto del cosmos, y todo fue creado por Su palabra. Todos los edificios y templos egipcios fueron construidos sobre este principio.

Sin embargo, la puerta del cosmos se cerró lentamente, y la gente dejó de aprender lo que estaba más allá de sus creaciones. Necesitamos estos antecedentes para nuestro futuro trabajo nocturno, especialmente en la perspectiva actual de Virgo y  Piscis. Debemos vivir esta situación, invocada por el Mundo Divino, para atravesar los misterios de la vida cósmica (ver La Ciencia Oculta). También, surge en la humanidad un fuerte impulso espiritual para crear posteriormente la fraternidad en las condiciones externas, pero esta primero debe realizarse espiritualmente. Debemos comenzar con las condiciones sociales humanas. El presente problema que se teje a través de nuestra vida social acerca de qué hacer con el problema racial y los órdenes sociales jerárquicos, con muchos intentos infelices de solución. Esto sólo puede hacerse sobre una base espiritual, estableciendo como fondo a Virgo —nuestros orígenes y futuro—. Esto debe ser recreado de nuevo, a partir de una sabiduría cósmica. Y sólo esto puede resolver el problema de la Era de Piscis.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

1ª. Conferencia. El trabajo de las estrellas en las sustancias de la Tierra

Cuatro conferencias y dibujos dados por Willi Sucher en el Circulo Experimental Biodinámica en Peredur, East Grinstead, Sussex, el 9 hasta el 12 de enero de 1956

9 Enero, 1956

English versión

 

Queridos amigos,

Para hablar sobre el funcionamiento del cosmos y su impacto en la Tierra, necesitamos primero desarrollar una imagen del universo en el que vivimos. El foco central de nuestro cosmos, de nuestro universo solar, es obviamente el Sol, y creo que si trabajamos con una concepción del Sol en un sentido antroposófico tendremos todo lo que necesitamos para construir una cosmología que nos permita desarrollar una idea del funcionamiento del cosmos en las sustancias terrenales. ¿Qué es el Sol?. Todos hemos aprendido probablemente en la escuela que el Sol es o bien un cuerpo sólido o gaseoso. Las modas cambian constantemente por lo que a veces es gaseoso y a veces es sólido!. De todos modos, un cuerpo de composición material que está quemando su superficie. Y el arder de este gran trozo de carbón, por así decirlo, constituye el universo solar en el que vivimos, incluyendo la Tierra, con la luz y el calor. Esta es más o menos, la idea sostenida por la ciencia moderna. Por supuesto, la última moda está de acuerdo con la edad atómica. El Sol se imagina como un cuerpo sólido con explosiones atómicas que tienen lugar en su superficie, y estas son consideradas como la fuente de luz y calor que experimentamos en la Tierra.

Rudolf Steiner habló del Sol señalando que estas ideas de un Sol sólido o gaseoso no son correctas. Dijo que si los científicos tuvieran la oportunidad de ir al Sol no encontrarían nada, de hecho, no sólo nada, menos que nada. En varias conferencias indicó la naturaleza del Sol tal como se concibe sobre la base de la ciencia espiritual, a través de esa percepción espiritual que él ha tratado de demostrar en casi todos sus libros y conferencias. (Ed. Heliosismología ha encontrado ahora que el núcleo del Sol probablemente no tiene masa Véase la revista Científica Americana. Exploración Espacial Número especial de 1990, Vol. 2, nº 1…).

 El habla del Sol como una “entidad no-espacial”, un lugar donde finaliza el espacio. Estoy seguro de que todo esto también será relevante para la lectura y discusión del ciclo de conferencias que hemos elegido para las sesiones de la mañana, en la medida en que el concepto de espacio está estrechamente relacionado con la materia. (El mundo de los sentidos y el mundo del Espíritu, 6 conferencias dadas por Rudolf Steiner, diciembre 27, 1911 a enero 1, 1912 -. GA 134).

Nosotros experimentamos tres dimensiones en el espacio de nuestra existencia terrenal; sin embargo, no sólo lo experimentamos en la materia. La materia ciertamente es tridimensional, pero el aire y el agua son también tridimensionales. Todas estas sustancias están construidas, por así decirlo, en el esqueleto de un espacio tridimensional. Si quitamos ese espacio nos enfrentamos a una situación peculiar. Es algo muy difícil de imaginar, de hecho, sólo podemos experimentarlo por medio de cálculos matemáticos.

Rudolf Steiner utiliza un ejemplo que es bastante drástico, pero nos dará una idea de lo que él entiende por espacio de no-espacio, vacío o negativo. Si usted tiene dinero en su cartera tiene sustancia o, si se quiere, el espacio tridimensional. Después de gastar el dinero, ya no tiene dinero en su bolso, no hay ninguna sustancia. Pero también puede tener deudas, lo que significa que tiene algo menos de sustancia, menos de espacio, y eso esta en alguna parte a lo largo de estas líneas lo que tenemos que imaginar por un espacio no-espacio o espacio negativo.

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Imaginemos el sol aquí en el cosmos (Fig. 1), una entidad no-espacial, un agujero en el espacio. Tal punto en el cosmos, actuaría como un vacío y, de hecho, incluso tendríamos que considerarlo como un super-vacío porque excede cualquier vacío que encontramos en la Tierra. Ahora sabemos cómo trabaja aquí el vacío. Hacemos uso de un vacío en el principio de la bomba de vacío.

En el cilindro hay una bomba a partir de la cual se evacua el aire y podemos sacar todo tipo de sustancias líquidas. El Sol como el super-vacío que estamos imaginando, irradiaría en todas las direcciones del espacio algún tipo de sustancia, cualquiera que sea. Así que tendríamos una corriente de esta sustancia partiendo hacia la periferia. Ahora nos queda averiguar dónde está la periferia de esa actividad y cuál es la naturaleza de esa sustancia.

También hay otro problema. Sabemos que todo lo que se contrae en un espacio limitado se comprime. Imaginemos que cerca de la superficie del Sol (centro), la compresión es más fuerte. Lo que se comprime es una especie de sustancia cósmica, energía, o lo que sea. De esta manera, se ve, se llega a una imagen del Sol, que puede reconciliarse con la idea actual de que los procesos de desintegración se están llevando a cabo en sus capas externas.

Sin embargo, en nuestra imagen no tenemos que pensar en un proceso de ninguna manera similar a la desintegración que encontramos en la Tierra. Además, podemos imaginar que esta desintegración o disolución, es la fuente de la radiación del Sol, de la luz que experimentamos y también de su calor. Además de la luz y el calor, por supuesto, se originan otras influencias  que se irradian hacia el espacio.

También hay un tercer aspecto a considerar. Algo debe desaparecer en ese “agujero” del sol. Si se reduce el espacio, por así decirlo, y finalmente entra en un punto que no extensión, se vuelve a la periferia. Esa es una ley matemática. Ahora no podemos entrar en detalles, pero la sustancia o energía que desaparece, cualquiera que sea su naturaleza, la volvemos a ver en la periferia. Estamos, pues, ante una especie de metabolismo, una especie de transformación. Algo se trae de la periferia del universo solar y es conducido a través de ciertos procesos de condensación y densificación.

Durante la siguiente fase, los procesos que tienen lugar en la superficie del Sol, son la fuente de la luz y el calor que irradia constantemente al universo solar. A continuación, la sustancia se desintegra, desaparece a través de ese punto de no-espacio y vuelve a la periferia del sistema solar. Así pues, tenemos un proceso perfecto en la respiración, el metabolismo, una especie de digestión de materia cósmica que, por el momento, podemos llamar sustancia sideral.

Ahora vamos a tratar de averiguar qué significa este proceso, por qué fue instituido en el cosmos, y quien lo inauguró. Una vez más, podemos llegar a conclusiones definitivas con la ayuda de las indicaciones dadas por Rudolf Steiner. Él nos ha dicho en varias conferencias y ciclos de conferencias que el Sol ha sido, y hasta cierto punto sigue siendo, la morada de los Exusiai, los Elohim del Libro del Génesis.

Los Elohim mencionados en el primer capítulo del Génesis construyeron un foco para sus actividades en el cosmos, y ese foco es el sol. Los Elohim o Exusiai construyeron y crearon el universo solar al que pertenece la Tierra. Aquí entramos en terreno conocido. El Sol habría sido el instrumento de los Elohim. Fueron ellos los que trajeron este tipo de respiración del que estamos hablando. A través de ellos, el universo solar se fue construyendo paso a paso.

Podemos preguntar: ¿Hay algo en la naturaleza humana por la cual también podamos medir la actividad del no-espacio en el cosmos? Sí, la hay. Hay algo en la naturaleza humana que es similar al vacío que encontramos en el lugar del Sol, algo en el reino de lo humano, el Yo, el ego humano. Rudolf Steiner ha hablado mucho de la naturaleza, la capacidad, y el cultivo del Yo.

Él nos recuerda en un gran número de conferencias y en sus libros de la necesidad de desarrollar la capacidad interior —Imaginación, Inspiración, e Intuición— que la Humanidad debe alcanzar a fin de encontrar nuevas fuentes de organización y reactivación de la existencia humana en la Tierra de una manera saludable .

Me gustaría recordarles algunos de los consejos que se nos han dado con respecto a la consecución de esas capacidades de Imaginación, Inspiración e Intuición. En el libro “Como se adquiere el conocimiento de los mundos superiores” de Rudolf Steiner, nos encontramos con una descripción precisa de la preparación y la actitud necesaria para lograr la apertura de estas nuevas facultades de percepción espiritual interna.

Debemos, en cierto sentido, retirarnos del mundo exterior, y encontrar un lugar de paz interior, de concentración y desarrollo interior. Al menos por un tiempo breve, debemos emanciparnos de nuestro enredo con el mundo espacial. Etapa por etapa, ir creando un mundo interior. Así avanzamos por ejemplo, de la Imaginación a la Inspiración que debemos aprender a practicar como una facultad más avanzada. Es el mundo de la Imaginación el que nos mantiene en un estado de “imagen” consciente.

Los hechos y la realidad del mundo espiritual se nos revelan de una manera simbólica. No percibimos el mundo espiritual directamente, sino, por así decirlo, detrás de un velo. Vemos las sombras de lo que se juega en el estadio del espíritu,  sobre un telón todavía velado. Las sombras nos hablan en un lenguaje simbólico de la realidad del espíritu que todavía está oculto para nosotros.

Así como en el sueño, podemos tener un conocimiento de los hechos externos en una forma simbólica, lo mismo en el plano de la imaginación podemos tener una percepción completamente consciente de los acontecimientos y los seres del mundo espiritual. Puede ser un mundo muy hermoso, una experiencia vivificante. Sin embargo, con el fin de penetrar la cortina de la imaginación, de la representación simbólica del mundo espiritual, que oculta los seres de ese mundo de nuestra percepción, debemos entonces renunciar a todo lo que hemos logrado hasta ahora en el plano de la Imaginación.

Eso a veces es muy doloroso, pues las experiencias a nivel imaginativo pueden ser maravillosas, pueden ser verdaderamente vivificantes. Si renunciamos a nuestra imaginación nos adentramos en un mundo de completa vacuidad. Nada, no hay pensamientos, ni sentimientos, debemos entrar en la esfera de la vacuidad que conscientemente hemos provocado. Sólo cuando nos preparamos con la totalidad de nuestra vida anímica para recibir objetivamente lo que está todavía fuera de nosotros, podemos lograr la Inspiración. En ese momento, el Espíritu puede hablar en nuestra alma. Nos puede penetrar la respiración de los Seres Espirituales.

La mayor dificultad es mantener ese vacío sin quedarnos dormidos, porque esa es una gran tentación, derivada de causas naturales. De hecho, nuestro sueño es, en cierto sentido, más que una experiencia en el ámbito de la Inspiración, excepto que en el sueño perdemos la conciencia de uno mismo. Sin embargo, al tratar de avanzar conscientemente al nivel de inspiración debemos mantener ese vacío sin quedarnos dormidos.

Podemos ahora, desde una dirección completamente diferente, acercarnos a una situación que parece similar, al menos en cierta medida, a lo que vamos a encontrar en el Sol, según lo indicado por Rudolf Steiner. El vacío en el Sol y el vacío de la propia creación en el alma parecen ser similares. El ser humano lo logra a través del cultivo de las fuerzas del yo, del ego.

Podemos, por lo tanto, estar en el nivel en que la yoidad, la individualidad, puede producir el vacío en nuestra propia alma como algo semejante a la vacuidad del sol. Sin embargo, nos damos cuenta que en nuestro cosmos el Sol es el órgano no de un yo humano, sino de un yo cósmico, Así que ahora parece que hemos encontrado una base sobre la cual fijarnos.

Las indicaciones dadas por Rudolf Steiner nos dicen que el Sol es la morada de los Elohim o Exusiai, cuya cabeza era el Cristo en los tiempos precristianos. También sabemos que los Exusiai son los seres que nos dotaron en fases sucesivas para la receptividad del yo. Finalmente, cuando Cristo entró en el mundo terrenal, la humanidad fue dotada con la capacidad de desarrollar el Yo Superior, el Yo Cósmico.  Este es el Yo que todo lo abarca, que no sabe de egoísmo en el sentido humano pero que puede abarcar la totalidad del cosmos con el amor.

En el Sol tenemos por lo tanto un elemento que está muy cerca de nosotros, cuya imagen podemos encontrar dentro de nosotros mismos. Creo que este tipo de puentes entre la naturaleza cósmica y la naturaleza humana son los más importantes y nos pueden ayudar a formar concepciones concretas sobre el universo en el que vivimos, concepciones con las que poder trabajar. También nos puede ayudar en el trabajo práctico, como la agricultura.

Es nuestra tarea de averiguar más acerca de la influencia de la periferia, y también acerca de la radiación procedente de las capas del sol. Es fácil percibir que la esencia de flujo está iluminada por los rayos del sol. Por ejemplo, imaginemos que la Tierra está aquí (Fig. 1). Su propio movimiento le permite estar en cualquier lugar. No es necesario que pensemos en ella como que gira alrededor de un sol central fijo como en la concepción del mundo de Copérnico.

Imaginemos el Sol y la Tierra en sus posiciones relativas. ¿No será que la esencia que fluye desde la periferia también afecta a nuestro planeta? Estaría, por así decirlo, golpeando a  la Tierra aquí. (Las flechas apuntando a la Tierra de la Fig.1). ¿Cuál es la condición del lado de la Tierra que recibe el impacto?. El lugar donde entran los rayos o corrientes de esencia cósmica esta obviamente, apartado del sol. En otras palabras, ese lugar o esa parte de la Tierra se hunde en la noche, donde el sol no brilla. Es cierto que no lo hace, de hecho, no le vemos entrar en la Tierra durante la noche, es claramente una sustancia o esencia de una naturaleza invisible. Se trata de “la luz invisible del sol”. Desde un punto de vista como éste, quizás podamos acercarnos a la comprensión de lo que Rudolf Steiner refiere a menudo como el “Sol de Medianoche” en sus conferencias. De todos modos, algo que es de naturaleza invisible llega a la Tierra desde el cosmos exterior.

Desde el lado opuesto, la Tierra estaría entonces iluminada, por así decirlo, por los rayos del sol. Dos fuerzas se encuentran. De un lado viene la “luz invisible” del Sol y del otro lo que a veces llamamos luz visible. Naturalmente, no es del todo correcto llamarlo luz visible. Es la luz que hace que los objetos sean visibles. El Sol ilumina lo que ha aspirado, y en algún lugar en este momento, quizá podremos imaginar la venida a la existencia de la materia.

¿Cómo podemos imaginar la entrada de flujo de la periferia? ¿Sería conveniente pensar en ella como un conjunto de secuencias de rectas? Eso probablemente no sería correcto. No haría justicia a la naturaleza de una esencia cósmica. Se puede sugerir un panorama diferente, algo así como una ola. Ustedes saben cómo algunas salidas en onda, emersiones, llegan a una cresta y a continuación, se rompen (Fig. 2). Aquí está la rotura del oleaje. Creo que esta es la tendencia que tendría tal corriente de sustancia cósmica que entrara en el universo solar.

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Aquí sería el principio (a), en el punto más exterior de los cosmos, y esta sería la dirección en la que se movería la sustancia cósmica. Aquí estaría la cresta (b), y aquí sería retroceder y desaparecer finalmente de nuevo sin espacio a través del “agujero” del sol. Imaginemos ahora que el agente de tal movimiento esta aquí en el sol (c), mientras que la cresta esta aquí, donde está la Tierra (b). Entonces podemos entender que aquí en este punto (b), o donde está la Tierra en un momento determinado, recibe sustancia cósmica o sideral. Habría que acumular, densificar, romper, y en el proceso se convierte en materia.

Si podemos aceptar esa idea, ¿dónde situamos el origen de la esencia cósmica o la sustancia que sea? En algún lugar aquí tendríamos que imaginar una periferia (Fig. 1). ¿No podría ser el zodíaco con sus doce constelaciones, el mundo extra-solar, situado más allá de nuestro universo solar? Podría ser el mundo más allá de los planetas y esto significa, en cierto modo, aquello que está más allá de Saturno.

Con la ayuda de esta imagen podemos ser capaces de entender muchas cosas que en la Tierra encontramos “dividido” en la materia. Ustedes saben, por supuesto, de que ha habido muchos intentos, de acuerdo con las indicaciones de Rudolf Steiner, de encontrar un tipo de orden cósmico en el mundo mineral o el mundo vegetal y animal. Algunos de nuestros amigos se han esforzado, con toda razón, por encontrar doce grandes grupos en el mundo mineral y también en el mundo de las plantas.

Estos intentos tal vez no han tenido siempre éxito. Pero sin duda se han encontrado doce grandes grupos de animales, —no especies sino grupos—- hay artículos sobre ello en diversas publicaciones. ¿Por qué doce? En el mundo vegetal también pueden ser detectadas siete envolturas. Estas siete envolturas también se encuentran en el mundo mineral. Los doce pliegues o envolturas en el mundo mineral luego se compondrán entonces de siete veces doce grupos, ochenta y cuatro grupos, como también existen en el mundo animal. Doce y siete, —pero ¿por qué?

Si podemos aceptar la imagen del cosmos que hemos trabajado, entonces estamos cerca de una solución. ¿Qué es lo que está ahí fuera, más allá de la periferia, fuera de nuestro universo solar? Se trata del Zodíaco, de las estrellas. Desde tiempos muy antiguos las estrellas del zodíaco se han dividido en doce grupos de signos o constelaciones. Ustedes  los conocen como: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer… y así sucesivamente, en total doce. Ahora podemos ver el origen de las doce principales corrientes que vienen de la periferia extra-solar. El zodíaco que rodea a nuestro universo solar constituye doce grandes corrientes.

Las doce grandes corrientes que atraviesan la Tierra, y que debido a las posiciones relativas del Sol y de la Tierra van cambiando en el curso del año, la Tierra estaría expuesta a su vez a las doce corrientes de la periferia del Zodiaco. Por todas partes en la Tierra, en todos los reinos de la naturaleza, podemos encontrar un orden de doce. Los reinos de la naturaleza tienen una composición material, es cierto, pero hay algo más: hay espíritu, el espíritu que se ha “roto”. En otras palabras, algo que viene de la periferia se rompe y que es de una naturaleza de doce, y lo que viene de la periferia mantendría su naturaleza original cósmica de doce pliegues.

Sin embargo, también hay otro aspecto. La Tierra no es el único planeta en nuestro sistema solar, hay más. Ustedes saben que por lo general se habla de los siete planetas, —cinco planetas más el Sol y la Luna. (Descontaremos los planetas descubiertos en los últimos 200 años.) Por lo tanto, ahí tenemos el siete relacionado con el tiempo. Allá a lo largo de la periferia tenemos un espacio de elementos como el fondo del cosmos. Este es el mundo sideral, el mundo del zodiaco, y este es un elemento estático, en cierto sentido, una estática de doce envolturas.

Pero las corrientes que vienen de la periferia pasarían al tiempo a través de siete envolturas. En primer lugar a través de Saturno, —el planeta más exterior— y la esfera de Saturno, después atravesarían Júpiter y así sucesivamente. Ellas descenderían a través de las siete esferas. Ese proceso en el tiempo, ya que las corrientes se mueven en dirección a la Tierra, también mantendrían su carácter y así se expresaría en los siete pliegues que seguramente encontraremos en los reinos de la naturaleza. Se puede detectar estos  siete pliegues en la estructura y organización de una planta, o en cualquier otro ser en los reinos de la naturaleza. [Este proceso de siete envolturas se explica con mayor detalle en el libro de este autor en “Isis Sophia Introducción a la Astrosofía”].

Entonces, ¿cuál es el propósito del Universo Solar en el que vivimos? ¿Cuál es, por decirlo crudamente, el juego? Desde cierto punto de vista, —el punto de vista del Sol—, es lo que parece ser un proceso de construcción en marcha. Es allí en el Sol donde vivían esos grandes seres cósmicos, los Elohim o Exusiai, que crearon el universo solar y que construyeron y crearon todo lo que existe dentro de sus límites.

Esto se mantuvo durante el tiempo en que el Sol era, en cierto sentido, el Gran Guía del cosmos. Sabemos que las condiciones han cambiado desde la época del Misterio del Gólgota. El sol ya no es lo que había sido antes. Es verdad que lleva a cabo su tarea creativa, por así decirlo, de conformidad con la ley de la inercia. Si no fuera así, no podría existir el mundo de la materia. Nada podría “romperse” en la existencia material en la Tierra. La afluencia de la periferia todavía tiene que llevarse a cabo e inaugurarse por el sol. Pero sabemos que el gran Líder de los Espíritus del Sol, el Cristo, la Cabeza de los Exusiai, ha descendido a la Tierra. Cristo encarno en la Tierra y, durante esos tres años, paso a paso se unió el Principio Espiritual del Sol con la Tierra. Primero, Cristo fue amalgamándose más y más con el cuerpo de Jesús, y finalmente en el Evento del Gólgota, se unió al planeta en el que vivimos.

Por lo tanto, tendríamos que imaginar que la Tierra lleva en sí algo de la naturaleza del sol en un sentido funcional. Espiritualmente, es el principio de vacío interior que podemos experimentar al realizar los ejercicios propuestos por Rudolf Steiner para el logro de la percepción espiritual. Es el elemento de vacío en materia de pensamiento personal, en cierto sentido, un vacío externo. Pero en un sentido espiritual, es una plenitud espiritual, la conciencia de la Inspiración. Este principio se ha unido con la Tierra y sin duda ha cambiado el carácter del Universo Solar.

El edificio en construcción de la “casa” del universo solar se ha llevado a cabo desde el punto de vista del Sol. Esto se ha hecho principalmente por los Elohim o Exusiai. Por otra parte, el principio espiritual del Sol se ha unido con la Tierra y ha introducido algo bastante nuevo en el cosmos. ¿Qué es? Sabemos que el Cristo ha abierto la puerta a la humanidad a través de la cual podemos entrar en una conciencia y comprensión del ser superior en el ser humano individual. Esto se puede despertar en cada ser humano que dirige su corazón hacia el Impulso de Cristo y para Cristo.

Por lo tanto, podemos decir con seguridad que hay algo en la Tierra, un elemento dentro de ella, que puede hacer realidad el principio cósmico que solía habitar en el sol. En los tiempos por venir, este principio sin duda también funcionara como una fuerza creadora en el cosmos, pero con una gran diferencia. En el Sol y desde Sol se estaba trabajando como un principio cósmico que era un asunto de las Jerarquías Divinas. Pero de ahora en adelante puede convertirse en un principio de la Humanidad. En el futuro, la Humanidad tendrá la oportunidad de lograr lo que las jerarquías solían hacer, en el plano humano. Podemos experimentarlo en el nivel del Yo humano, del ser humano. Todo el propósito del desarrollo, de la evolución de nuestro universo solar esta, creo, contenida dentro de estos dos aspectos. La Creación, que a veces llamamos la antigua creación, la creación inaugurada por las jerarquías, ha llegado a su fin. A través de y desde el Misterio del Gólgota, algo se ha insertado en él, que es de nueva Creación, la Creación en un nivel diferente. No está al nivel de las Jerarquías, sino al nivel de la Humanidad, de la realización del Yo, y creo que este aspecto es importante.

Todavía tenemos la tarea de averiguar la naturaleza del mundo extra-solar. ¿Qué sabemos acerca de ese mundo extra-solar, es decir, el mundo de las estrellas? Vemos estrellas simples, por ejemplo, en la constelación de Géminis podemos ver a Castor y Pólux, y en la constelación de Tauro se encuentra la brillante estrella Aldebarán. También percibimos estrellas como Sirio, pero Sirio está por debajo del Zodíaco; tendríamos que hablar de ese mundo también. Esas estrellas, ¿qué son? ¿Qué nos dice la astronomía moderna acerca de ellas?. Se nos dice que son soles, que las estrellas son soles. Muy bien, ¿hasta dónde podemos llegar con este concepto?. Hemos tratado de adquirir un concepto determinado hasta el momento, con la ayuda de Rudolf Steiner, tratando de crear una imaginación del Sol, de su ser. Se trata de un agujero en el espacio, un vacío, un vehículo cósmico, por así decirlo, de la individualidad, de la inteligencia cósmica. Muy bien, si las estrellas son soles, tal vez son soles en el mismo sentido que nuestro sol, es decir, vehículos de las jerarquías divinas. Entonces, ¿dónde estamos ahora? Allá afuera en el espacio cósmico, en todo nuestro sistema solar (Fig. 1), tendríamos soles. Estos soles serían los vehículos de Seres Divinos, inteligencias divinas, es decir, las Jerarquías Divinas.

Así, lo que se introduce en nuestro universo solar es la sustancia que estas Jerarquías habían preparado en el oscuro pasado. Podemos considerarla como energía o sustancia astral, tal vez simplemente como sustancia sideral. Las palabras no importan. Siempre y cuando seamos conscientes de la posibilidad de que la esencia de lo que existe ahí fuera es el mundo de la emanación de las jerarquías divinas, entonces estaremos en el camino correcto. Esa esencia se acoge en nuestro sistema solar, donde sufre el proceso que hemos estado describiendo. Así, el mundo ahí fuera, el mundo de las estrellas, sería algo así como la base de toda la existencia en un sentido espiritual. Sería el Padre, el fundamento de toda existencia. Por otro lado, los procesos inaugurados por el ser del Sol en el universo solar fueron obviamente diseñados para una evolución progresiva. Paso a paso y etapa tras etapa, la esencia que viene del Padre, el fundamento de la existencia se ha llevado más y más a la realización en el nivel del yo cósmico. Así pues, tenemos una progresión a través del Padre al Ser del Hijo (el YO SOY). Por último, cuando se vive en la humanidad a nivel del yo individual, podemos imaginar que la esencia de lo que estaba originalmente en el reino del Padre se despierta en el reino del espíritu de la humanidad, del Espíritu Santo. Así podemos ver, tal vez, que nuestro universo solar es en realidad un proceso de enorme importancia para la totalidad del Universo, —del Gran Universo.

Podríamos, por supuesto, argumentar y decir: “Bueno, al igual que nuestro sistema solar tiene siete planetas —cinco, más Sol y la Luna— tal vez, esos soles por ahí también han creado sistemas planetarios similares, competidores, por así decirlo, de nuestro propio universo solar”. Hasta ahora nada de esto ha sido descubierto. Ningún sistema planetario rival en los mundos siderales, no se ha detectado ningún planeta que gire alrededor de esos soles que hay en el espacio extra solar. Parece que nuestro sistema solar se encuentra en una posición muy singular, que en realidad puede tener el único propósito de liderar el elemento Padre por medio del elemento Hijo, a la experiencia del Espíritu Santo en el nivel del Ser, del Yo. Hemos estado hablando sobre el universo solar como si se tratara de un plano, de un disco. Hay una tendencia a imaginarlo como una esfera, sin embargo, es un hecho que todos los planetas y la Tierra, e incluso la Luna de la Tierra, todos se mueven más o menos en un plano común. No es el caso de que un planeta se mueva en una órbita particular (Fig. 3a) y otro planeta en ángulo con él. Los planetas se mueven, más o menos, en un plano en un disco (Fig. 3b), con ligeras desviaciones que son de gran importancia. El universo solar es una esfera que tiene la tendencia a contraerse, por así decirlo, en un plano. Por lo tanto, su periferia toca sólo una banda relativamente estrecha de las estrellas,  que son el Zodiaco y sus doce constelaciones.

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Hay otra cuestión que debemos discutir, y esa una cuestión muy frecuente, es acerca de las estrellas más allá del Zodiaco. Sabemos que por encima y por debajo, también hay estrellas limítrofes con nuestro universo solar. ¿Qué pasa con ellas?. Un estudio intensivo del Zodíaco, de los efectos del mismo y de las constelaciones exteriores, puede llevarnos a la convicción de que las constelaciones exteriores están, de hecho, relacionadas con el Zodiaco. Para explicar lo que quiero decir me gustaría poner como ejemplo la constelación de Piscis.

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Justo encima de Piscis se encuentra en la constelación de Andrómeda, —de hecho todo el complejo del mito de Andrómeda-Perseo. Son todas las constelaciones extra zodiacales. Perseo está ahí, un poco más atrás, por encima de Aries. Más hacia Acuario y por encima del zodiaco representa a Pegaso. Aún más alto en el cielo del norte esta Casiopea, la madre de Andrómeda y Cefeo, su padre. Ustedes probablemente conocen el mito: Andrómeda era su hija. Cefeo, rey de Etiopía, y Casiopea, su madre, se jactó de que su hija era más bella que cualquiera de las hijas del dios del mar. (Realmente necesitaríamos mucho más tiempo para la elaboración de un mito de este tipo, ya que es bastante maravilloso, un almacén de las verdades espirituales. Sin embargo, no podemos hacerlo ahora) El dios del mar se enfureció y envió un terrible monstruo Cetus o la Ballena, a Etiopía. Este monstruo fue enviado para destruir las costas de Etiopía en venganza por este insulto. La destrucción fue tan grande que se consultó al oráculo. La respuesta fue que sólo había una salida posible. Andrómeda, la hija de la pareja real, tenía que ser sacrificada al monstruo, a Cetus. Así que fue llevada a la costa y encadenada a una roca. La ballena se acercó a ella por debajo de Piscis.

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Justo en ese momento Perseo llegó volando por el aire, de regreso de una expedición. Había matado a la Medusa, otro monstruo, y llevaba su cabeza en la mano. Esta cabeza tenía el poder devastador de convertir en piedra a todo el que se mirase su rostro. Incluso Perseo tuvo que caminar hacia atrás y sólo mirar la imagen de la Medusa en el espejo de su escudo, la parte de atrás que era de metal pulido. No podía mirarla a la cara o se convertiría en una estatua. De este modo, le había cortado la cabeza, que ahora estaba llevando al llegar por el aire. En un instante, vio lo que estaba pasando abajo y se dio cuenta de la difícil situación de Andrómeda. Levantó la cabeza de la Medusa, y la ballena se convirtió en un enorme bloque de piedra. Así, Andrómeda fue salvada.

Andrómeda se suele representar en mapas de estrellas antiguas con las cadenas que caen de los brazos en el momento de su rescate. ¿Qué significa la figura femenina en las constelaciones celestes?. En las representaciones mitológicas por lo general se conecta con el elemento alma, por ejemplo, el alma de la humanidad. En el caso de Andrómeda el alma de la humanidad está ligada a una roca. Ella está por encima de Piscis. Ustedes recordarán lo que Rudolf Steiner dice acerca de Piscis, especialmente en relación con nuestra época actual y la precesión del punto vernal.

Nuestra época actual, que comenzó en 1413 AD. esta inspirada por el impacto cósmico procedente de la dirección de Piscis. Por encima de el está Andrómeda encadenada a la roca. Esta es una descripción perfecta de nuestra época actual: el alma de la humanidad esta encadenada a la roca del materialismo. Todo esto, por supuesto, está conectado con la capacidad del pensamiento.

El drama se remonta a la civilización griega. Fue entonces que el pensamiento nace en la humanidad como una capacidad brillante y progresiva. No fue hasta mucho más tarde que degeneró en un intelectualismo alejado de la realidad. A partir de esas cadenas de Andrómeda deben ser liberados. Esa es la tarea de la edad de Piscispeces. En el momento de su rescate, otra constelación encima Waterman, Pegasus, entra en prominencia. La constelación de Pegaso está directamente sobre la cabeza de Andrómeda. De hecho, las dos constelaciones de Andrómeda y Pegaso tiene una estrella en común, y esa estrella se encuentra en el frente de Andrómeda.

Pegaso es el caballo alado profundamente conectados con las Musas. ¿Cuál es el caballo en la mitología? Siempre se asocia con la inteligencia, una imagen de un tipo de inteligencia. En el momento en que Andrómeda se libera, cuando sus cadenas de otoño, el caballo alado (inteligencia con alas) se levanta como si se tratara de su frente, de su cerebro. Esta es una descripción del drama de nuestra época actual.

Hoy en día la humanidad está encadenado al materialismo que ha penetrado en nuestra manera de pensar, el pensamiento de que en tiempos de los griegos era algo glorioso, sino que se ha deteriorado en el transcurso del tiempo a la concepción materialista del mundo. Debe ser liberados, y una vez que se libera puede aumentar de nuevo como “alas” de inteligencia. A continuación, se convertirá en el instrumento para la percepción de la verdad espiritual. Esta historia demuestra cómo las constelaciones y las estrellas fuera del zodíaco están profundamente conectados con el propio Zodiaco.

En cierto sentido, son incluso interpretaciones del Zodíaco. Si desea información acerca de la constelación del Toro, por ejemplo, podemos estar bastante seguros de que podemos ir a las constelaciones limítrofes Bull-a cada lado, por debajo y por encima de ella, y que en esas constelaciones nos encontraremos con algunos aspectos que ayudarán a entender a Tauro.

Esta conferencia ha sido más que un intento de crear una imagen muy incompleta del universo solar, la que vamos a tener que trabajar durante los próximos días. Es esencial contar con una base de este tipo, con el fin de encontrar un enfoque práctico a las fuerzas cósmicas y su impacto en la Tierra y en las sustancias distribuidas entre los reinos de la naturaleza.

Además, parece esencial para eliminar, en la medida de lo posible, el impasse causado por una imagen del universo basada en el materialismo. En cuanto a la astronomía este materialismo es bastante crudo, y vamos a tener que hacer un gran esfuerzo para poder abrirnos paso hacia una concepción del cosmos que nos permita ver lo más claramente posible el funcionamiento de las fuerzas cósmicas en las sustancias terrenales.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

 

SEGUNDA PARTE – El Zodiaco y la Evolución.

Del libro “Isis Sophia II” de Willi Sucher

English version

En la parte precedente, se pretendió mostrar cómo la civilización antigua reconocía a los cielos estelares como a una manifestación exterior del mundo divino. Toda cosmología antigua revela tal hecho, si bien puede que haya diferido según la tipología nacional a lo largo de la Tierra. Por ejemplo, en la mitología céltica el conocimiento sobre la relación entre el mundo cósmico divino y los asuntos humanos se vuelve aún más evidente en Grecia, si bien puede que no se detecte fácilmente. Es de esperar que surja una nueva oportunidad en el futuro por la cual pueda contemplarse la belleza y la grandeza de la mitología sideral céltica.

Como sea, el objetivo de esta publicación es hallar una nueva sabiduría estelar. Puesto que toda cosmología antigua estaba supeditada a un nivel de la consciencia humana completamente diferente y éste es el motivo por el cual no puede ser aplicado a nuestra era moderna. Hemos de buscar una nueva sabiduría estelar que se corresponda con las capacidades actuales.

La concepción actual sobre el cosmos estelar que fue creada por la humanidad, pareciera prohibir cualquier tentativa de contemplar a ese universo como una manifestación del mundo divino. Hemos aprendido a considerar a los astros como cuerpos celestes gigantes, compuestos de una materia similar a la terrestre. Se calculan sus movimientos, edad y las distancias son supuestamente computables. Para la mente humana, el universo completo semeja a un gigantesco mecanismo. Allí no hay cabida para el mundo espiritual; todo parece ser explicable solamente por medio de leyes mecánicas. Ciertamente, esta astronomía moderna ha logrado descubrimientos dignos de asombro, y es de hecho uno de los rasgos característicos de nuestra civilización.

Sin embargo, la mente pesquisadora ha fracasado en su intento de desarrollar teorías cosmológicas basadas en cosmovisiones puramente mecánicas y materialistas. Puede tomarse cualquiera de las teorías que han surgido en lo relacionado a nuestro sistema solar. Si el sistema planetario es descrito como surgiendo a partir de una acción centrífuga desde un Sol central o gracias a la coalición de dos estrellas gigantes, la cuestión sobre la causa original nunca queda en claro. Mayormente se desplaza la causa inicial de un nivel a otro, y cualquier supuesto acto original de la creación cósmica surge en última instancia a modo de algo que aún se desconoce. Por lo general, esas concepciones han sido tomadas desde los hechos y teorías relacionados con las leyes naturales terrestres. Es impresionante constatar cómo, en principio, tales métodos comparativos no permiten que todo el mundo se percate del corto alcance de esas ideas mecánicas unilateralistas. Por ejemplo, de intentar explicar una avalancha a través de causas puramente mecánicas. Se llega a decir que es a causa de condiciones meteorológicas. Pero ¿qué causa los cambios meteorológicos?. Se puede volver a intentar, incluso exitosamente, hallar causas mecánicas también en la meteorología, logrando solamente desplazar el problema hacia otro nivel en donde nuevamente surge la misma cuestión. No se toca fin dentro de esta auto-decepción, de sólo permanecer en la pura esfera mecánico-material.

En última instancia, no existe escapatoria al hecho de que a toda existencia cósmica le subyace el espíritu. Puede que ciertos sectores de la humanidad actual pretendan continuar el intento –incluso por un largo tiempo aún– de explicar la existencia en base a puras causas mecánicas. Todavía quedan incontables posibilidades para esto. Sin embargo, otro sector de la humanidad ya se ha desligado del crudo materialismo. Han cobrado noción sobre el hecho de que la materia no existe del modo en que se imaginaba antes, y que en su lugar consiste de una energía que puede ser calculada hasta cierto punto. Tal es así que algunos astrónomos modernos ya aceptan la idea de que el fundamento del universo sea posiblemente el ‘pensamiento’, puesto que el cosmos opera desde la base de leyes matemáticas.

Estas leyes matemáticas, inherentes al mundo de los astros, supuestamente existieron previamente como una especie de forma pensante antes de haberse podido imprimir en el universo físico. ¿Podemos entonces esperar que tales pensamientos cósmicos hayan atravesado salvajemente el espacio sin antes haberse originado dentro de una inteligencia directiva y supervisora?. No sirve de mucho recorrer medio camino solamente y aquí podemos vernos confrontados con otra de esas prácticas de desplazamiento que tan sólo acarrean el problema desde el nivel de la cosmovisión materialista hacia un cuadro puramente matemático del mundo, sin aportar una solución real.

Por supuesto, resulta en principio poco confortable aceptar la idea de un mundo espiritual real trabajando sobre el físico. El espíritu no se somete a métodos de laboratorio, y existe un miedo muy propagado sobre la posibilidad de volverse poco científico y de no poder ya controlar ni dominar las cosas mediante la experimentación científica. La era actual ha aceptado esa idea, o más bien el dogma de que el espíritu –de existir realmente– es indefectiblemente un terreno inaccesible para el ser humano. Cualquier intento de sobrepasar el umbral es ampliamente considerado como una empresa peligrosa que solamente puede conducir a la decepción, a la especulación enfermiza o a un misticismo incontrolable.

Como científico occidental, Rudolf Steiner describió en muchos libros la existencia de un mundo espiritual real, compuesto de inteligencias cósmicas que crearon al universo físico y que trabajan a través de él. No sólo brindó innumerables detalles sobre el mundo que se oculta frente a los sentidos, sino que en libros tales como ¿Cómo se obtiene el conocimiento de los mundos superiores?, La Ciencia Oculta un esbozo y otros, describió métodos y ejercicios que, de ser seguidos, pueden permitir abrir el portal del conocimiento hacia ese mundo oculto. Ya en los tiempos arcaicos, las cosmovisiones orientales hablaron sobre prácticas que capacitan a los seres humanos a obtener conocimientos sobre los mundos superiores, pero Rudolf Steiner brindó sus métodos de la manera que concaben especialmente a la humanidad occidental moderna. Estos métodos están firmemente construidos sobre la disciplina del pensar moderno. El pensar controla inexorablemente el desarrollo de las capacidades cognitivas superiores, al igual que la disciplina matemática controla la experimentación de laboratorio. Por lo tanto, este pensar superior o percepción espiritual que se obtiene a través del camino sugerido por Rudolf Steiner, no puede ser identificado con ningún tipo de brumoso e ilusorio misticismo. Está basado en un sistema científico estricto y en una disciplina que se aplica sobre la investigación experimental en la ciencia natural.

En su Ciencia Oculta un esbozo, Rudolf Steiner detalla acerca de la creación del universo actual en procesos sucesivos de evolución cósmica. El describe cómo el mundo fue creado por seres espirituales a través de largos estadios, manifestándose a sí mismos. En este libro se describe lo que el autor considera ser una de las muchas manifestaciones y revelaciones de ese mundo de seres espirituales, dentro de las estructuras y las propiedades dinámicas del cosmos estelar actual. De ser posible que la presente edición tenga repercusión en el futuro, el resultado de muchos años de investigación empírica quedará entonces a disposición, lo cual expondrá el impacto de ese cosmos espiritual sobre el quehacer y el obrar terrestres. Debe quedar enfatizado que mismo el autor no se hubiera permitido expresar las declaraciones contenidas en este libro, de no verse justificadas y sostenidas por una intensiva y prolongada investigación –basada por sobre todo en eventos históricos– que lleva a la formulación final del cuadro sobre el cosmos estelar que aquí se presenta. Por lo tanto, las declaraciones propuestas no son solamente vagas especulaciones. Están basadas en la investigación espiritual y en incontables indagaciones astronómicas e históricas [el autor del presente libro se dedicó por muchos años a esta labor descriptiva. Además, trabajó intensamente para confirmar este cuadro del cosmos, basado tanto sobre el camino cognitivo brindado por Rudolf Steiner, como se menciona arriba, así como en conexión con los hechos externos del mundo físico. Puesto que las huellas de esos seres espirituales que crearon al universo y que aún se expresan a través del mismo, han de verse manifestados por doquier tanto en la naturaleza como en el mundo humano. Nota de los Editores].

A efecto de describir los seres espirituales y las obras del mundo espiritual, será empleada la terminología que utilizase Rudolf Steiner en su libro “Ciencia Oculta un esbozo”. Pese a que será explicada con suficiencia, no se remitirá a ella constantemente. Un estudio a fondo de la obra mencionada contribuirá considerablemente como una ayuda al lector.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.