SEGUNDA PARTE – El Zodiaco y la Evolución.

Del libro “Isis Sophia II” de Willi Sucher

English version

En la parte precedente, se pretendió mostrar cómo la civilización antigua reconocía a los cielos estelares como a una manifestación exterior del mundo divino. Toda cosmología antigua revela tal hecho, si bien puede que haya diferido según la tipología nacional a lo largo de la Tierra. Por ejemplo, en la mitología céltica el conocimiento sobre la relación entre el mundo cósmico divino y los asuntos humanos se vuelve aún más evidente en Grecia, si bien puede que no se detecte fácilmente. Es de esperar que surja una nueva oportunidad en el futuro por la cual pueda contemplarse la belleza y la grandeza de la mitología sideral céltica.

Como sea, el objetivo de esta publicación es hallar una nueva sabiduría estelar. Puesto que toda cosmología antigua estaba supeditada a un nivel de la consciencia humana completamente diferente y éste es el motivo por el cual no puede ser aplicado a nuestra era moderna. Hemos de buscar una nueva sabiduría estelar que se corresponda con las capacidades actuales.

La concepción actual sobre el cosmos estelar que fue creada por la humanidad, pareciera prohibir cualquier tentativa de contemplar a ese universo como una manifestación del mundo divino. Hemos aprendido a considerar a los astros como cuerpos celestes gigantes, compuestos de una materia similar a la terrestre. Se calculan sus movimientos, edad y las distancias son supuestamente computables. Para la mente humana, el universo completo semeja a un gigantesco mecanismo. Allí no hay cabida para el mundo espiritual; todo parece ser explicable solamente por medio de leyes mecánicas. Ciertamente, esta astronomía moderna ha logrado descubrimientos dignos de asombro, y es de hecho uno de los rasgos característicos de nuestra civilización.

Sin embargo, la mente pesquisadora ha fracasado en su intento de desarrollar teorías cosmológicas basadas en cosmovisiones puramente mecánicas y materialistas. Puede tomarse cualquiera de las teorías que han surgido en lo relacionado a nuestro sistema solar. Si el sistema planetario es descrito como surgiendo a partir de una acción centrífuga desde un Sol central o gracias a la coalición de dos estrellas gigantes, la cuestión sobre la causa original nunca queda en claro. Mayormente se desplaza la causa inicial de un nivel a otro, y cualquier supuesto acto original de la creación cósmica surge en última instancia a modo de algo que aún se desconoce. Por lo general, esas concepciones han sido tomadas desde los hechos y teorías relacionados con las leyes naturales terrestres. Es impresionante constatar cómo, en principio, tales métodos comparativos no permiten que todo el mundo se percate del corto alcance de esas ideas mecánicas unilateralistas. Por ejemplo, de intentar explicar una avalancha a través de causas puramente mecánicas. Se llega a decir que es a causa de condiciones meteorológicas. Pero ¿qué causa los cambios meteorológicos?. Se puede volver a intentar, incluso exitosamente, hallar causas mecánicas también en la meteorología, logrando solamente desplazar el problema hacia otro nivel en donde nuevamente surge la misma cuestión. No se toca fin dentro de esta auto-decepción, de sólo permanecer en la pura esfera mecánico-material.

En última instancia, no existe escapatoria al hecho de que a toda existencia cósmica le subyace el espíritu. Puede que ciertos sectores de la humanidad actual pretendan continuar el intento –incluso por un largo tiempo aún– de explicar la existencia en base a puras causas mecánicas. Todavía quedan incontables posibilidades para esto. Sin embargo, otro sector de la humanidad ya se ha desligado del crudo materialismo. Han cobrado noción sobre el hecho de que la materia no existe del modo en que se imaginaba antes, y que en su lugar consiste de una energía que puede ser calculada hasta cierto punto. Tal es así que algunos astrónomos modernos ya aceptan la idea de que el fundamento del universo sea posiblemente el ‘pensamiento’, puesto que el cosmos opera desde la base de leyes matemáticas.

Estas leyes matemáticas, inherentes al mundo de los astros, supuestamente existieron previamente como una especie de forma pensante antes de haberse podido imprimir en el universo físico. ¿Podemos entonces esperar que tales pensamientos cósmicos hayan atravesado salvajemente el espacio sin antes haberse originado dentro de una inteligencia directiva y supervisora?. No sirve de mucho recorrer medio camino solamente y aquí podemos vernos confrontados con otra de esas prácticas de desplazamiento que tan sólo acarrean el problema desde el nivel de la cosmovisión materialista hacia un cuadro puramente matemático del mundo, sin aportar una solución real.

Por supuesto, resulta en principio poco confortable aceptar la idea de un mundo espiritual real trabajando sobre el físico. El espíritu no se somete a métodos de laboratorio, y existe un miedo muy propagado sobre la posibilidad de volverse poco científico y de no poder ya controlar ni dominar las cosas mediante la experimentación científica. La era actual ha aceptado esa idea, o más bien el dogma de que el espíritu –de existir realmente– es indefectiblemente un terreno inaccesible para el ser humano. Cualquier intento de sobrepasar el umbral es ampliamente considerado como una empresa peligrosa que solamente puede conducir a la decepción, a la especulación enfermiza o a un misticismo incontrolable.

Como científico occidental, Rudolf Steiner describió en muchos libros la existencia de un mundo espiritual real, compuesto de inteligencias cósmicas que crearon al universo físico y que trabajan a través de él. No sólo brindó innumerables detalles sobre el mundo que se oculta frente a los sentidos, sino que en libros tales como ¿Cómo se obtiene el conocimiento de los mundos superiores?, La Ciencia Oculta un esbozo y otros, describió métodos y ejercicios que, de ser seguidos, pueden permitir abrir el portal del conocimiento hacia ese mundo oculto. Ya en los tiempos arcaicos, las cosmovisiones orientales hablaron sobre prácticas que capacitan a los seres humanos a obtener conocimientos sobre los mundos superiores, pero Rudolf Steiner brindó sus métodos de la manera que concaben especialmente a la humanidad occidental moderna. Estos métodos están firmemente construidos sobre la disciplina del pensar moderno. El pensar controla inexorablemente el desarrollo de las capacidades cognitivas superiores, al igual que la disciplina matemática controla la experimentación de laboratorio. Por lo tanto, este pensar superior o percepción espiritual que se obtiene a través del camino sugerido por Rudolf Steiner, no puede ser identificado con ningún tipo de brumoso e ilusorio misticismo. Está basado en un sistema científico estricto y en una disciplina que se aplica sobre la investigación experimental en la ciencia natural.

En su Ciencia Oculta un esbozo, Rudolf Steiner detalla acerca de la creación del universo actual en procesos sucesivos de evolución cósmica. El describe cómo el mundo fue creado por seres espirituales a través de largos estadios, manifestándose a sí mismos. En este libro se describe lo que el autor considera ser una de las muchas manifestaciones y revelaciones de ese mundo de seres espirituales, dentro de las estructuras y las propiedades dinámicas del cosmos estelar actual. De ser posible que la presente edición tenga repercusión en el futuro, el resultado de muchos años de investigación empírica quedará entonces a disposición, lo cual expondrá el impacto de ese cosmos espiritual sobre el quehacer y el obrar terrestres. Debe quedar enfatizado que mismo el autor no se hubiera permitido expresar las declaraciones contenidas en este libro, de no verse justificadas y sostenidas por una intensiva y prolongada investigación –basada por sobre todo en eventos históricos– que lleva a la formulación final del cuadro sobre el cosmos estelar que aquí se presenta. Por lo tanto, las declaraciones propuestas no son solamente vagas especulaciones. Están basadas en la investigación espiritual y en incontables indagaciones astronómicas e históricas [el autor del presente libro se dedicó por muchos años a esta labor descriptiva. Además, trabajó intensamente para confirmar este cuadro del cosmos, basado tanto sobre el camino cognitivo brindado por Rudolf Steiner, como se menciona arriba, así como en conexión con los hechos externos del mundo físico. Puesto que las huellas de esos seres espirituales que crearon al universo y que aún se expresan a través del mismo, han de verse manifestados por doquier tanto en la naturaleza como en el mundo humano. Nota de los Editores].

A efecto de describir los seres espirituales y las obras del mundo espiritual, será empleada la terminología que utilizase Rudolf Steiner en su libro “Ciencia Oculta un esbozo”. Pese a que será explicada con suficiencia, no se remitirá a ella constantemente. Un estudio a fondo de la obra mencionada contribuirá considerablemente como una ayuda al lector.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

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2 comentarios el “SEGUNDA PARTE – El Zodiaco y la Evolución.

  1. Livia dice:

    Me interesa ei tema aunque tendría que leer a Steiner. Gracias

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