GA137. El hombre a la luz del Ocultismo, la Teosofía y la Filosofía .

3ª Conferencia –  Rudolf Steiner – Christiania, 5 de Junio de 1912

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Mis queridos amigos,

Ayer hablamos de cómo el discípulo del ocultismo, cuando ha pasado por la preparación, se encuentra con experiencias que no pueden ser descritas de otra manera que con palabras que aparentemente se contradicen entre sí. Hemos llamado a las tres experiencias de este tipo: la luz de lo no manifestado, la palabra no dicha, y la conciencia sin el conocimiento del objeto.

No es tarea fácil formar ideas claras de estas tres experiencias. El pensamiento de la vida ordinaria y las investigaciones llevadas a cabo en el camino ordinario de conocimiento y más especialmente por las ciencias naturales, están estrechamente relacionadas con el cuerpo físico. Es cierto que el cuerpo físico no es un principio muy activo en la investigación humana, pero es el instrumento necesario que el hombre ha de emplear cuando quiere adquirir el conocimiento de los objetos exteriores que estan a su alrededor. El conocimiento cotidiano, y más especialmente el conocimiento científico, no puede adquirirse de otra manera que a través del instrumento del cuerpo, y en particular del cerebro.

Sin embargo, cuando el alumno del ocultismo se somete a las experiencias de las que hablamos ayer, se llega a un punto en el que es capaz de pensar sin usar el cerebro. Para el materialista de hoy en día esta declaración, por supuesto, le parecerá absurda. Sin embargo, es cierta. El ocultista está seguro a partir de su experiencia interior. Todo el conocimiento y el pensamiento acerca de los objetos externos que se pueden lograr con la búsqueda de la ciencia normal son realmente oscuros y sin vida, en comparación con las formas e imágenes elaboradas por el alma cuando está liberada del cerebro físico.

Hablando a los teósofos, puedo resolver el asunto de inmediato diciendo que el hombre que logra liberarse del instrumento que le fue dado con su cuerpo físico, hace uso de sus cuerpos etérico, astral y de su organización del yo. Es decir, utiliza a otros miembros de su ser, con los que nos hemos familiarizado con la teosofía.

Lo que se presenta ahora en el alma tiene un poder interior mucho mayor y mucho más vivo que los pensamientos que estamos acostumbrados a formar acerca de los objetos externos. Nos da, además, la sensación de estar rodeados por todos los lados de una especie de sustancialidad, que sólo se puede describir diciendo que es como una luz que fluye.

No deben, sin embargo, pensar en la luz que se comunica a través del ojo, es decir, a través de un instrumento corporal externo, sino imaginar que esta sustancia que nos rodea como un mar agitado se siente y se experimenta interiormente, no se manifiesta con cualquier tipo de brillo, pues lo vivimos por dentro, y la intensidad de la experiencia es tal que aleja todo sentimiento que de lo contrario se podría tener de estar en una nada.

El hombre que realmente vive en este elemento no va a decir que él está en una nada, ya que tiene un efecto sorprendente sobre él, a diferencia de cualquier cosa que haya experimentado hasta ahora. Se siente como si fuera a hacerse pedazos y dispersarse a lo largo del espacio, —o también podríamos decir, como si fuera a derretirse y disolverse, o como si estuviera perdiendo el suelo bajo sus pies, como si todo el apoyo material externo desapareciera. Esta es la primera experiencia— que fluye la luz espiritual, sin ninguna manifestación exterior en absoluto. Es la primera experiencia interior con la que cada aspirante al ocultismo tiene que familiarizarse.

Ahora, si el alumno es más bien de naturaleza débil y no se ha acostumbrado a pensar mucho en la vida, en este momento se encontrara en dificultades. En efecto, difícilmente será capaz de encontrar el camino a menos que haya aprendido en la vida a pensar. Esta es la razón para la preparación de la que hablamos ayer, la larga práctica y el desarrollo de una inteligencia sublime y capacidad de juicio. No es la que adquirimos a través del exterior que se le da tanta importancia, es la disciplina que sufrimos para aprender a pensar más profundamente y con claridad. Esta disciplina ahora viene en nuestra ayuda cuando entramos, como aspirantes en el elemento de la luz que fluye, porque no son los pensamientos mismos los que son efectivos aquí, sino el poder que se ha alcanzado por la auto-educación a través de los pensamientos. Estos poderes siguen trabajando, y ahora los tenemos a nuestro alrededor como algo más que fluye de la luz oculta, las formas comienzan a emerger, —formas de las cuales sabemos que no provienen de la percepción de los objetos externos, sino que tienen su origen en el elemento en el que nos encontramos inmersos.

Si llegamos a este punto, entonces no nos perdemos en la luz que fluye, sino que experimentamos formas que son mucho más vivas que las formas vistas por cualquier soñador o visionario. Al mismo tiempo, en ellas no hay nada de la naturaleza de las percepciones externas. Las cualidades que percibimos en las cosas externas por medio de los sentidos están completamente ausentes; pero encontramos en estas formas en mayor medida lo que de otro modo sólo experimentamos cuando nos ensimismamos en nuestros pensamientos. Y sin embargo, los pensamientos que ahora vienen a nosotros no son meros pensamientos, sino formas que tienen fuerza y seguridad  en sí mismas.

Esta es la primera experiencia del aspirante del ocultismo, que se hace continua y va fortaleciéndose en el curso de su vida oculta. Al principio es débil, en un primer momento tenemos que contentarnos con una experiencia pequeña y limitada. Pero va continuándose en nosotros y poco a poco vamos aprendiendo más y más, hasta que llegamos por fin a experimentar un mundo que reconocemos como que está detrás del mundo de los sentidos. En este momento permanece en nosotros un hecho notable. Tenemos fuerzas que nos permiten tener una experiencia que no se encuentra en ningún otro lugar dentro del ámbito de la vida en la Tierra, ni está sujeta a las leyes terrenales,  y al mismo tiempo, observamos que nuestra capacidad para pensar sobre los asuntos de la vida ordinaria y sobre las ciencias naturales, se ha desarrollado en nosotros por fuerzas que pertenecen por entero a la Tierra.

Como sabemos, antes que el hombre alcanzara su forma y figura actual, se sometió a un gran número de transformaciones. Durante ese tiempo de cambio y desarrollo, las fuerzas de la Tierra trabajaron con él. Poco a poco, el cerebro y los órganos de los sentidos recibieron las formas que tenemos hoy en día. Si tuviéramos que explicar el ojo o el oído o incluso el propio cerebro, tal como son hoy, tendría que decir que al principio de la evolución de la Tierra todos estos órganos eran totalmente diferentes. Durante la evolución de la Tierra, las fuerzas de la Tierra han trabajado en ellos y los ha dotado de la forma que tienen actualmente. Cuando pensamos en los asuntos de la vida cotidiana, así como cuando llevamos a cabo investigaciones con el método de las ciencias naturales, usamos el cerebro y los órganos de los sentidos que debemos a las fuerzas de la Tierra. La actividad que desarrollamos en este tipo de pensamiento no contiene nada que no haya sido aportado por las fuerzas de la Tierra. El ser humano normal y corriente que ve las cosas a su alrededor y reflexiona sobre ellas, también el científico que estudia y trabaja en su laboratorio u observatorio, hace uso de los órganos del cerebro o de los sentidos que derivan su origen de las fuerzas de la Tierra.

Sin embargo el desarrollo de nuestro cerebro que nos permite trabajar sobre ello para dar a luz a los miembros más altos de nuestra naturaleza y contemplar la luz espiritual que fluye, no tiene su origen en las condiciones terrenales, pues esto es una herencia de las fuerzas que trabajaron sobre el hombre antes de que la Tierra se convirtiera en la Tierra. Ustedes recordarán que antes de que la Tierra se convirtiera en la Tierra, paso a través de condiciones conocidas como Antigua Luna, Antiguo Sol y Antiguo Saturno. Las fuerzas que capacitan al hombre para de percibir con sus sentidos y penetrarlas con el pensamiento, no provienen de los estados últimos de la Tierra. Pues todo lo que nos libera del trabajo de los sentidos y del pensamiento científico natural, y nos capacita para desarrollar  en nosotros miembros superiores como estirando el cerebro a su máximo y presionando el cuerpo etérico, el astral y el yo hasta que son capaces de vivir en la luz que fluye,  todo esto lo llevamos en nosotros como una herencia de los tiempos del Antiguo Saturno,  Antiguo Sol y Antigua Luna; nos viene de los tiempos pre-terrenales de la evolución y no se encuentran en ninguna parte de la circunferencia existencial de la Tierra.

Cuando la ciencia llegue al punto (y lo hará, aunque tardará mucho tiempo en el camino) de entender el mecanismo de los sentidos y del cerebro, estará extraordinariamente orgullosa de su logro. Pero aún así sólo será capaz de captar el pensamiento y la investigación que pueden explicarse por las condiciones terrenales y que, en consecuencia, sólo son válidas para las condiciones de la Tierra. Mientras se restrinja a las fuerzas de la Tierra el hombre nunca podrá, explicar la totalidad del cerebro, ni la estructura de los órganos de los sentidos, ya que, para dar una explicación completa de las actividades del cerebro y de los sentidos y de cómo llegaron a tener la forma actual, debemos mirar hacia atrás a lo que se denomina como las condiciones del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna precursoras de la Tierra. Las fuerzas que están activas en el hombre cuando no está usando sus sentidos y su cerebro, —es decir las fuerzas que ha heredado del Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna—, han sido retenidas y chequeadas por lo que la Tierra con sus propias fuerzas ha hecho del cerebro y de los sentidos.

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Cuando entramos en la luz que fluye, no nos sentimos atemorizados pensando lo que encontraremos allí. Porque cuando pensamos en un pensamiento tenemos la impresión de que lo estamos pensando ahora; mientras que lo que experimentamos en la luz que fluye no nos da en absoluto la sensación de que estamos pensando. Es muy importante tener en cuenta este punto. Para el clarividente que entra en esta condición, las formas de las que hablé no se parecen a los pensamientos actuales sino a los pensamientos que se han conservado en la memoria, como pensamientos que uno puede recordar.

Ahora se entiende por qué tenemos que hacer caso omiso de nuestro intelecto y acrecentar y fortalecer nuestro poder de la memoria. De este amplio mar espiritual de luz emergen formas que sólo son perceptibles en la forma en que aprehendemos recuerdos. Si nuestra capacidad de memoria no se hubiera sometido a un fortalecimiento, estas formas se nos escaparían y no podríamos percibir nada, sería como si no existiera a nuestro alrededor nada más que un mar de luz que fluye hacia el interior. Si podemos percibir formas de pensamiento que flotan en el mar de la luz interior, es debido al hecho de que somos capaces de percibir, no con el intelecto, sino con un poder reforzado de la memoria, porque estas formas sólo pueden ser percibidas por medio de la facultad de la memoria.

Pero esto no es todo. Lo que se percibe con la facultad de la memoria nos permite mirar hacia atrás a las condiciones del largo pasado de la evolución, de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y de Antiguo Saturno y sus fases evolutivas, pero las formas que percibimos de esta manera y que son como imágenes de la memoria, no son las únicas. De hecho, hacen una impresión menos poderosa sobre nosotros que otra cosa, es algo de lo que podríamos decir  —a pesar de que sabemos muy bien que no es más que un agitado mar de luz— que nos da placer o un dolor que comienza incluso a picarnos y quemarnos pero por otro lado nos llena de felicidad.

¿Qué descubre aquí el ocultista?. En el creciente mar de luz ha llegado a percibir formas extrañas que ahora es capaz de comprender con el entendimiento. Ellos no lo hacen, ya que primero reclaman sólo a la facultad de la memoria que se ha vuelto tan poderosa que lo pueden entender. ¿Cómo lo descubren? ¿Qué es lo que cuentan acerca de ello? Como cuestión de hecho, el ocultista no nota nada especial en estas formas, a menos que previamente se haya interesado en las ideas de la filosofía. Luego reconoce que los pensamientos de los filósofos son sombras de la realidad de las imágenes de lo que ahora perciben con el ojo del espíritu en el agitado mar de luz. Sí, ha llegado el momento en el que podemos al fin aprender lo que es en realidad la filosofía. Toda la filosofía del mundo no es más que pensamientos e ideas que son como reflejos arrojados a nuestra vida física, imágenes cuyo origen está en la vida suprasensible que el clarividente puede percibir en la forma que he descrito. El mismo filósofo no ve lo que hay detrás de esas imágenes, no sabe qué es lo que está arrojando así a la conciencia física. Él tiene sólo las imágenes. Pero el ocultista puede apuntar a su origen, puede señalar el origen de los grandes pensamientos de todos los filósofos que alguna vez han jugado un papel importante en la historia del hombre. El filósofo no ve más que la sombra de la imagen en el pensamiento, el ocultista ve la luz viva y real que está detrás. ¿Cómo puede ser esto?.

La razón es que en nuestro cerebro tenemos todavía  algo de las fuerzas pre-terrestres, fuerzas que vienen de las etapas de la evolución de Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. En términos generales, estas fuerzas en gran medida se han paralizado en nosotros pero conservamos en el cerebro un pequeño remanente, al menos de lo que el cerebro es capaz de hacer en virtud de estas fuerzas. Las fuerzas que trabajan en el cerebro de un filósofo no son las fuerzas terrestres. Son un tenue y débil reflejo de las fuerzas pre-terrenales. El filósofo es bastante inconsciente de esta realidad, pero en su cerebro vive una herencia de los tiempos pre-terrestres, y el uso que hace de su cerebro depende del funcionamiento de esta herencia. Sin embargo no sería capaz de trabajar en absoluto un evento en particular llevado a cabo durante la evolución de la Tierra, algo que el filósofo de los tiempos modernos esta por supuesto, muy poco preparado para admitir. Si la Tierra hubiera sido simplemente la reencarnación de lo que estaba presente en Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna, si solo hubiera podido dar al hombre las fuerzas que ya vivían en él desde la antigua época planetaria, entonces nunca habría surgido en la Tierra algo como la contemplación, el tipo de pensamiento reflexivo que encontramos en un grado tan marcado en la filosofía. Y la filosofía, ya saben, está realmente presente en cada ser humano, todo el mundo filosofa un poco. La filosofía sólo es posible en la Tierra debido a una irregularidad que se deslizó cuando se llevó a cabo la re-encarnación de la Tierra. Una parte importante de las fuerzas creativas que llegaron a nuestra Tierra fue desviada, esas fuerzas no siguieron trabajando de la misma forma que el resto, y ahora tienen una influencia espiritual sobre el hombre similar a la influencia física de la luna sobre la Tierra.

El efecto de la luz de la luna, como ustedes saben, se debe al hecho de que la luna proyecta la luz del sol. La luna refleja la luz del sol. Ahora bien, el hecho de que el hombre sea capaz de trascender la mera imagen de la memoria de la clarividencia y, por así decirlo, de arrojar algo a la existencia física que aparece allí como filosofía, depende de una fuerza espiritual particular que actúa plásticamente en el cerebro humano, formándole y moldeándole. En los libros mosaicos de la Biblia esta fuerza espiritual se llama Iahvé o Jehová; es una luz reflejada del Espíritu, así como en un aspecto físico la luz de la luna refleja la luz del sol.

Con respecto a su cerebro, por lo tanto, el hombre no puede ser explicado totalmente fuera de la herencia que ha traído con él desde las condiciones pre-terrenales. Sólo podemos entender el cerebro humano cuando sabemos que al igual que la luz física del sol es reflejada a la Tierra por la Luna (en un momento en que la propia luz del sol no está brillando en esa parte de la Tierra) el hombre, en la medida en que él vive en su cerebro, recibe la luz espiritual  más allá de la Tierra.

Cada uno recibe la inspiración, no de sus propias fuerzas, sino de más allá de sí mismo, que le ayuda a elevarse a un conocimiento del mundo que puede ser descrito como filosófico. Una comprensión filosófica del mundo es aquella que hace que el hombre busque en toda la diversidad del mundo un fundamento único e indiviso. Esa es la característica de la filosofía. Si el hombre llama a este fundamento del Mundo “Dios” o “Espíritu del Mundo” no es el caso; El deseo que siente de reunir todo y relacionarlo todo a una sola Tierra, se debe a las influencias del mundo espiritual que están activas en su cerebro. En el momento en que se convierte en clarividente y libera su cuerpo etérico, reconoce que no sólo ha logrado activar lo que ha heredado de etapas evolutivas anteriores, sino que en su cerebro tiene influencias que pueden compararse con las del claro de luna, en el sentido que ya he explicado.

En este punto me gustaría llamar su atención sobre un hecho de la filosofía que, creo, puede aclarar todo lo que hemos estado considerando.

Como filósofo, el hombre no tiene lo que el clarividente percibe como fuerza yogui que se mezcla con las fuerzas heredadas de épocas anteriores. Él tiene, sin embargo, las imágenes mentales, sin saber que detrás de ellas están las fuerzas que estaban activas en las condiciones preterrenales, y que se llaman las fuerzas de Iahvé. Eso no lo sabe. Sólo ve las imágenes sombrías del pensamiento que han sido creadas por la obra de su cuerpo eterico sobre la luz fluida, mientras la luz fluye se activa en su cerebro, se producen láminas de sombra que se llaman filosofía. El filósofo mismo no sabe nada del proceso; sólo sabe que vive en estos cuadros de pensamiento. Sólo ve las imágenes sombrías del pensamiento que han sido creadas por obra de su cuerpo etérico sobre la luz fluyente, mientras la luz fluyente se activa en su cerebro, se producen imágenes atenuadas que llama filosofía. El filósofo mismo no sabe nada del proceso; sólo sabe que vive en esas imágenes mentales.

Sin embargo quiero que tengan en cuenta —les será útil más adelante— que como filósofo es clarividente inconscientemente. Es decir, vive en las imágenes atenuadas de estados clarividentes, sin que él mismo sepa nada de clarividencia. Vive en estas imágenes y logra con ellas todo lo que un filósofo puede lograr llegando finalmente a un punto en el que puede conectar y combinar las ideas y concepciones filosóficas que ha elaborado, relacionándolas todas en un solo Ser o Entidad. Porque esa es la característica invariable de la filosofía. Sin embargo, no es posible encontrar dentro de estos pensamientos al Ser de Cristo. Trabajando con toda honestidad y sinceridad con el material de la filosofía, encontramos un solo fundamento del Mundo, pero nunca encontraremos a Cristo. Si encuentran la idea de Cristo en una filosofía, pueden estar seguros de que ha sido tomada de la tradición; se ha importado, —de manera inconsistente, aunque quizás inconscientemente. Si el filósofo permanece en su filosofía, no puede encontrar más que el Dios neutral de los Mundos; pero nunca podrá encontrar a Cristo. Ninguna filosofía coherente puede contener la concepción de Cristo. Es imposible. Seamos muy claros sobre este punto. Que cualquiera que tenga el deseo y la oportunidad de hacerlo, eche un vistazo entre los filósofos y vea si pueden encontrar al Cristo en sus filosofías. Tomemos, por ejemplo, un sistema de filosofía tan ampliamente desarrollado como el de Hegel. Encontrarán que Hegel no puede acercarse al Cristo dentro del sistema de la filosofía. Tiene como que sacarlo del mundo exterior; su filosofía no le da al Cristo.

Por el momento, vamos a dejar que esto sea suficiente para una descripción de la primera experiencia que el aspirante a la clarividencia sufre, una experiencia que aprende a designar como “luz no manifiestada”.

Suave y lentamente  —apenas perceptible, al principio—  se encuentra con una segunda experiencia. De hecho, existen muchos clarividentes que viven la primera experiencia durante mucho tiempo y aún así casi no entienden lo que es la segunda experiencia. El efecto de su enfoque puede describirse de la siguiente manera. Mientras que la luz fluyente es algo que nos hace sentir que estamos dispersos en ella, que nos hace sentir que estamos, por así decirlo, extendidos en el espacio exterior, con la segunda experiencia, que puede llamarse la experiencia de la palabra “tácita” tenemos la sensación de que algo se nos acercara  desde todas las direcciones.

En la misma medida en que en la primera experiencia nos sentimos repartidos por todo el mundo, ahora tenemos la impresión de algo que viene hacia nosotros, se acerca a nosotros desde todos los lados, a la vez que nosotros mismos nos sentimos como disolviéndonos. Para el hombre que tiene esta experiencia y todavía no está familiarizado con ella, la sensación de desvanecimiento va acompañada por un gran temor. Algo nos sobreviene de todas partes; es como si una arista o piel del mundo se nos estuviera acercando. Lo que esto significa para nosotros no podemos expresarlo de otra manera que diciendo que es como si estuviéramos siendo llevados a un lenguaje muy difícil de entender, un lenguaje que nunca se habla en la Tierra. No hay palabra que salga de la laringe humana que se pueda comparar con el discurso que ahora experimentamos.  Sólo pensando lejanamente todo lo que tiene que ver  con el sonido exterior de la palabra hablada, podemos empezar a formarnos una idea del gran sonido cósmico que ahora nos llega por todos los lados. Al principio ejerce sobre nosotros una débil impresión y entonces, por el poder del aprendizaje oculto, de la autodisciplina, esta percepción del mundo espiritual se va haciendo más y más fuerte.

Ahora con la visión clarividente contemplamos acercándonos por todos lados esta vasta piel del mundo, —y sin embargo no es como una piel externa, sino que nos toca con una poderosa tonalidad—, tenemos un sentimiento extraño y notable; y el hecho de que lo tengamos es una señal de que estamos en el camino correcto. Nos encontramos pensando: “Es en verdad mi propio ser el que se acerca a mí; allí me encuentro por primera vez con mi propio yo verdadero! Sólo estoy encerrado en mi piel aparentemente, cuando vivo aquí en el cuerpo físico. Pero en realidad mi ser llena el mundo; y es mi propio ser el que ahora viene a mi encuentro cuando paso al estado oculto. Viene hacia mí desde todas las direcciones”. Así es como toma su curso la experiencia oculta, —primero la expansión de la vida espiritual, luego la concentración. Y a esta última nos conectamos con una idea definida. Porque viene a nosotros como verbo— sonando espiritualmente y lleno de profundo significado; Y formamos el concepto de la “palabra no pronunciada”, el “lenguaje no hablado”.

Ahora debemos ir un paso más allá. Pues así como el hombre tiene una herencia de condiciones pre-terrenales que ayuda a formar y modelar su cerebro, así también ha heredado la permanencia de las condiciones preterrenales que trabajan no en su cerebro, sino en el corazón. El corazón es un órgano muy complicado, y como en el cerebro no sólo están activas las fuerzas terrestres, sino las preterrenales (aunque en un estudio externo y la investigación  como hemos visto solo hacemos uso de lo terrenal), por lo que en el corazón también nos encontramos con fuerzas activas preterrenales. Cualquiera que sea lo que el hombre necesite  —el aire, la nutrición, todo lo necesario para el cuidado de su organismo y para su mantenimiento en la vida todo esto le ha sido dado por las fuerzas terrestres—. Pero la capacidad de percibir lo que hemos denominado la “palabra no hablada” no sólo tiene miembros suprasensibles en su ser, por así decirlo, que se han extraído del cerebro, sino también del corazón.

Puede ocurrir que durante mucho tiempo un hombre sea capaz de percibir como clarividente la luz espiritual, porque ha liberado del cerebro los miembros suprasensibles de su cuerpo. Sin embargo, si estos miembros suprasensibles permanecen firmemente unidos con el corazón, como lo están en la vida cotidiana, entonces tendríamos un clarividente capaz de contemplar la luz que fluye (que lo puede hacer con la ayuda de las fuerzas anímicas que ha liberado del cerebro), pero no será capaz de aprehender la palabra no hablada. Pues sólo podemos empezar a escuchar la palabra no hablada, cuando los miembros superiores, suprasensibles también han sido liberados del corazón. La capacidad del corazón para hacer esto, para que el hombre pueda desplegar una vida anímica que no esté ligada al instrumento del corazón, pertenece al organismo superior del corazón. Nuestra vida anímica ordinaria en el plano físico se une con el órgano del corazón. Cuando los hombres son capaces de liberar a los miembros superiores de su cuerpo desde el corazón físico, llegan a experimentar una vida anímica que está conectada con un organismo superior al músculo del corazón físico y de la sangre. Cuando el alumno aprende a experimentar, en su alma, las fuerzas del corazón que son más elevadas que las relacionadas con el corazón físico, podrá en verdad alcanzar el conocimiento de la palabra no dicha, que se le da a conocer, que viene hacia él por todos los lados. Así, mientras que la percepción de la luz suprasensible depende de la emancipación de lo más elevado del cerebro físico del hombre, la percepción de la palabra no expresada depende de la emancipación de los miembros superiores del corazón físico.

Así como hay personas que sin ser conscientes, ellas mismas de hecho tienen en sí algo de las fuerzas pre-terrestres que formaron y modelaron el cerebro, hay también personas que tienen en ellas algo de las fuerzas pre-terrestres que formaron el corazón. Y son mucho más numerosas de lo que generalmente se supone. Si hoy no hubieran existido aquellos que no sólo tienen estas antiguas herencias en su ser, sino que además están trabajando en ellas (veremos más adelante cómo sucede esto), no habría teósofos. ¡Ninguno de ustedes estaría aquí! La razón por la que ustedes están sentados aquí es simplemente esta, —que en algún momento de su vida, cuando entró en sus manos un libro teosófico o se les comunicó en una conferencia una verdad de la teosofía, inmediatamente se hicieron conscientes de llevan dentro algo de esa antigua herencia que son las fuerzas que trabajaron para formar el corazón antes de que la Tierra fuera creada. El hecho de que lo que les vino a través de la teosofía hiciera una profunda impresión, significa que se ha producido una experiencia similar a la del filósofo con sus imágenes atenuadas. Se experimentan las imágenes atenuadas de una clarividencia del corazón, totalmente desconocida capaces de recibir las palabras no habladas. En ese momento oyeron a través de las palabras, y lo que escucharon fue algo muy maravilloso; de lo contrario no se habrían convertido en teósofos. Para vosotros la palabra externa no es más que un eco que viene de fuera, de lo que el corazón clarividente ha investigado por medio de fuerzas preterrenales, un eco de lo que proviene del reino del ocultismo y que ya os había hablado en Imágenes atenuadas que han podido experimentar. A través de la palabra externa has oído hablar la palabra interior. En la palabra hablada se capta el eco de la palabra no hablada. A través del lenguaje humano oísteis lo que se habla en los Mundos Divinos, en el lenguaje de los Dioses.

Si aquellos que hoy honesta y sinceramente se sienten atraídos al estudio de la teosofía no siempre saben que un grado de clarividencia ya está activo en ellos, entonces es con ellos como lo es con los filósofos que ven inconscientemente las imágenes atenuadas de su cerebro clarividente y no conocen la naturaleza real de los pensamientos en los que están viviendo. El cerebro es más fácilmente susceptible a las fuerzas terrestres y es por esto más fácil convertirlo en un órgano terrenal, por lo tanto, los hombres que en nuestro tiempo investigan las leyes de la Tierra y ocupan su cerebro con el conocimiento externo  refuerzan las partes terrestres de su cerebro mientras que el cerebro supraterrenal está completamente paralizado en el interior. Pero el corazón es mucho menos susceptible a la influencia de las fuerzas terrestres, por esta razón es más fácil para las almas humanas encontrar un acercamiento a través de la teosofía que a través de la filosofía pura. A menos que las personas permitan que los intereses materiales de la vida obstruyan y obstaculicen lo que puede de esta manera hablar a sus corazones, ellos siempre —y especialmente en nuestro tiempo— serán sensibles a las verdades de la teosofía. Las verdades de la Teosofía pueden ser entendidas por todos, exceptuando solamente aquellos que están demasiado absortos —ya sea teórica o prácticamente— en los intereses materiales exteriores de una forma u otra. Personas que se han dejado atrapar y enredar en esos intereses hasta el punto en el que no ver nada más allá de ellos, no pueden concebir la teosofía.  Se extiende una niebla que cubre y oculta lo que debería desarrollarse desde el corazón cuando es tocado por la Teosofía.

Así, para comprender la filosofía, debemos tener en nosotros algo que responda a las formas extrañas y singulares de las que hablamos antes y que arroja imágenes atenuadas de estas formas; debemos haber entrenado nuestro cerebro para pensar pensamientos dentro de los cuales las fuerzas suprafísicas superiores puedan reflejarse; y, como ustedes saben muy bien, esto sucede rara vez. Para comprender la teosofía, no necesitamos tal preparación. Para apreciar la verdad de lo que puede derivarse de la investigación oculta, cuando el investigador ha emancipado del corazón y del cerebro las fuerzas suprasensibles, los miembros espirituales de su ser, para ello todo lo que se requiere es que nuestra atención no se distraiga con la vida externa.

La persona más simple tiene fuerzas suficientes para la comprensión de la teosofía. No hay necesidad de una educación científica. Todo el mundo, con la condición de que no reúna las condiciones de las sentencias preconcebidas, puede entender ciertas verdades teosóficas. Porque estas verdades teosóficas son hechos de la investigación oculta, tal como se refleja en las imágenes atenuadas, en las experiencias ordinarias de la vida. Vienen de la palabra no dicha, que se “oye”  —por decirlo metafóricamente— cuando el hombre ha puesto en libertad desde el corazón físico los miembros superiores de su ser, es decir, cuando puede vivir no sólo en un cerebro suprafísico, sino con el órgano suprafísico del corazón.

Expresar en términos de conceptos científicos y en lenguaje lógico correcto lo que el corazón suprafísico puede investigar, —para ello es, por supuesto, esencial que uno ya esté familiarizado con los conceptos científicos. En teosofía, sin embargo, no hay tal necesidad. Las verdades teosóficas más importantes, pueden de hecho estar revestidas de conceptos simples, vosotros sabéis lo poco que puede ser suficiente para una adecuada comprensión de las verdades fundamentales de la teosofía. Muchísimo de lo que estamos diciendo a menudo en las conferencias no se dice con el propósito de convencer a la gente de mente simple, pues rápidamente pueden seguirnos y unirse a nosotros. Donde el corazón y el alma están sanos, esto siempre será así, todo el que no se ha vuelto materialista estará con nosotros. ¿Qué es necesario, sin embargo, en nuestro tiempo en que la teosofía debe encontrar la protección de los ataques injustos de una ciencia que se considera justificada en sí misma?. Tenemos que colocar ante el mundo las sencillas y fáciles de establecer verdades teosóficas de tal manera que se  demuestre su validez cuando los hombres piensen de forma sutil, con claridad y corrección. (Esta condición, tengan en cuenta, es indispensable.) Luego de un pensamiento libre de prejuicios y bien ordenado, se le hará claro que no existe una verdad que contradiga la teosofía. Tal pensamiento, sin embargo, no sólo es extremadamente raro, es extraordinariamente difícil de alcanzar. Las ideas preconcebidas de la ciencia externa están sorprendentemente extendidas en la actualidad, afirmando que no descansan, es cierto, en la autoridad personal, sino de una indiscutible autoridad externa que no tiene ni firma ni fundamento seguro.

A menudo podemos ver cómo aquellos que piensan que tienen un conocimiento comprensivo de una rama particular de la ciencia, o incluso aquellos que se han familiarizado de una manera popular con algunos de sus resultados, dan por sentado que su pensamiento está lo suficientemente avanzado como para poder tener una visión de la relación de la teosofía con la ciencia. Como regla general, sin embargo, tal discernimiento está completamente fuera de su alcance. El pensamiento claro y bien ordenado no es tan común en nuestro tiempo como se podría suponer. Hay ciencias que se pueden perseguir hoy con un pensamiento no ordenado, con un pensamiento que se ha desarrollado dentro de los límites estrechos de cierta ciencia especializada y no puede pasar más allá de ellas.

Hoy en día, uno puede estar en el mundo literario,  puede ser autor y publicar libros, sin haber desarrollado su pensamiento particular. Por regla general, la gente no examina si detrás de lo que aparentemente es un producto de la habilidad mental y espiritual, existe algún método de pensamiento bien ordenado y correcto. La gente no investiga esto hoy, simplemente porque no tiene a mano ningún medio de detección. Sin embargo, no hace falta mucho para poder valorar el pensamiento, muchas personas tienen esa capacidad como una especie de instinto, y con un poco de conocimiento de la investigación oculta las fuerzas ocultas que lo fortalecerán.

Permítanme como conclusión relacionar un incidente destinado a servir como una ilustración de las extrañas experiencias que le pueden pasar a uno, si uno es un poco sensible a tales cosas. Es una experiencia insignificante, pero ilustra mi punto.

Ayer estaba caminando por una calle determinada. Mi mirada se posó, muy involuntariamente, en un punto particular en el escaparate de una librería. De repente me sentí como si hubiera sido picado,  —en realidad como si un tábano o una abeja me hubiera picado— espiritualmente, eso era lo que sentía. Tenía curiosidad por saber la causa. Para empezar, no pude encontrar nada en la vitrina que pudiera haberme picado así. Pero cuando miré con cuidado, vi un libro donde había una leyenda, destinada, por lo que parece, a reivindicar la tendencia del pensamiento en el libro, el autor queriendo describir con este dicho su propia actitud mental. ¿Pero por qué me picaba? Lo verá ahora. Estas eran las palabras:

 “Your speculative churl  Is like a beast which some ill spirit leads,On barren wilderness, in ceaseless whirl,  While all around lie fair and verdant meads.”

y debajo estaba escrito “de Goethe: Fausto “.

Pero, ¿quién dice esto en Fausto? lo dice Mefistófeles! Estas no son las palabras para elegir cuando quieres citar a Goethe! Son palabras que pone en la boca de Mefistófeles. Y si se citan aparentemente en honesta aprobación con su significado, argumenta un pensamiento desordenado, El autor quiere citar a Goethe; pero las razones internas le obligan a citar a Mefistófeles, es decir, al diablo. Eso me muestra que algo anda mal con su pensamiento. La picadura que experimenté provenía de ese pensamiento desplazado y desordenado.

Traducido por Gracia Muñoz

 

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GA137c2. El hombre a la luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía.

Christiania, 4 de Junio de 1912.

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Mis queridos amigos,

Vamos a considerar al hombre desde los tres puntos de vista: el ocultismo, la teosofía y la filosofía, y será necesario hablar primero del punto de vista oculto. Y podemos hacerlo mejor si empezamos por dar una descripción de cómo en la historia de la evolución de la humanidad uno u otro ser humano ha logrado incrementar por sí mismo la visión oculta del mundo.

Como hemos dicho en la conferencia introductoria, solo unos pocos  se encuentran maduros para tomar parte en todo lo que sucedía en los Misterios y lugares de enseñanza y la educación oculta. Por lo tanto, tendremos que hablar del desarrollo de estos pocos.

Sin embargo, también hemos aclarado en muchas otras conferencias que nos encontramos ahora en un momento en el que a través de la popularización del conocimiento teosófico más y más gente tendrá que participar en la vida oculta, en lugar de los muy pocos que lo hicieron en el pasado. Así que lo que tenemos que considerar hoy en día concierne a todos los que se interesan por la teosofía y saben que el conocimiento oculto —el conocimiento, es decir, los aspectos ocultos de la existencia —ya no deben permanecer en secreto, sino que deben extenderse más y más, de acuerdo con las exigencias de una humanidad en continuo desarrollo.

El hombre que se propone alcanzar el conocimiento oculto tendrá en primer lugar que apartar su mirada del mundo exterior y dirigirla a las fuerzas de su propia alma. Sin embargo, al mismo tiempo, debe seguir siendo un hombre de acción en el mundo, su desarrollo oculto será, por así decirlo, su propio asunto, una cuestión que solo le atañe a él, en el mundo seguirá siendo un hombre entre los hombres, con todos los deberes que la vida le ha traído. Este hecho encuentra su notable expresión en el primer paso que tiene que tomar para el desarrollo de las fuerzas de su alma. Lo primero que el alumno tiene que hacer puede ser descrito con las siguientes palabras: tiene que resignarse con su karma en relación a todo lo concerniente a su voluntad. Reconciliación con el karma (o destino) es lo primero que se le pide a un hombre que está en la fase del desarrollo oculto.

Por favor, no imaginen que tal reconciliación con el karma exija la formación de una teoría completa sobre el karma, lo que se entiende es mucho más un tipo particular de cultura y educación de la vida del sentimiento. Piensen en lo que ocurre con el hombre que está empezando un camino de desarrollo oculto. Antes de este momento en que se hace con este principio, ha vivido en el mundo como un hombre entre los hombres. Si ha adquirido una cierta posición en la vida, él mismo se ha hecho dueño de ciertos pensamientos que le permiten llevar a cabo satisfactoriamente las acciones exteriores que se le demandan. También ha llegado a reconocer ciertos deberes u obligaciones que la costumbre y la sociedad han puesto sobre él. Se puede suponer desde el principio que cualquier hombre que no ha respondido a lo que el mundo exige de él, cualquier hombre, que no quiere desempeñar lealmente sus obligaciones para con el mundo a su alrededor, nunca tendrá la necesidad de someterse al desarrollo oculto De hecho, como regla general, los que podrían ser llamados al desarrollo oculto son hombres que muestran gran habilidad en las posiciones en las que la vida los ha colocado y que también están deseosos de estar en todos los aspectos, igual que con las obligaciones establecidas en ellos por la costumbre y la sociedad. Las capacidades y facultades que un hombre muestra en su posición en la vida, la ronda de los derechos que él reconoce que le corresponden, – éstas son las mismas cosas que constituyen el karma en el sentido positivo. Aquí el karma de un hombre llega a la máxima expresión. Y la primera exigencia formulada en el momento en que un hombre se dispone a salir de los límites de su posición en la vida como tal y entrar en una investigación sobre el mundo espiritual, es que él no debe de ninguna manera apartarse de su karma de vida, tiene que mantenerse intacto. Esto significa que él se hizo una promesa, a sí mismo y a los que le estaban ayudando para penetrar en el mundo de lo oculto, no hacer uso de su posición externa en la vida en todo lo que debe ser adquirido en el campo de la investigación oculta. Su voluntad y la acción tiene que ser tan ordenada que las personas que lo están observando no deben estar al tanto de cualquier diferencia marcada en el comportamiento cotidiano vida desde que ha comenzado a dar pasos en el camino de  la investigación oculta. El poder que se le ha dado en la investigación oculta no debe permitirse que interfiera en la vida externa del plano físico. Esto es lo que se entiende por “la reconciliación con el karma”. El alumno renuncia a todas las ventajas que podrían obtenerse por medios ocultos de su posición en la vida.

Veremos que un correcto y regular seguimiento de la ruta de acceso tiende, como cuestión de hecho a conducir a menudo a una cierta mejora en la posición externa del alumno en la vida. Esto, sin embargo, no tiene nada que ver con la obligación que tiene que ser deliberadamente realizada, y que se establece en el camino oculto. “No trata de hacer cualquier uso de su desarrollo oculto para adquirir una ventaja sobre aquellos que le acompañan en la vida, sino que debe dirigir su vida de acuerdo con las mismas reglas que ha seguido hasta ahora.” Tal fue la orden constantemente dada a los que se sometieron al desarrollo oculto. Es la primera renuncia que se ven obligados a hacer,  a renunciar a todas las aplicaciones para un fin egoísta de los medios adquiridos por la vida oculta. Lo que se acaba de decir está diseñado para ser tomado muy exacta y literalmente, por favor reciban estas palabras tal como son, ni más ni menos. Observarán que tiene que ver con lo que el alumno está en condiciones de hacer, o tiene la obligación de hacer, en el mundo exterior a causa del karma que se coloca sobre él.

Desde el principio la voluntad egoísta del hombre está, pues, consciente y deliberadamente excluida de todo esfuerzo oculto. Este factor por sí solo produce un cambio en el estado total de ánimo y el carácter del alumno. Si reflexionamos por un momento, veremos que esto debe ser así. Hasta ahora la ronda de los deberes que le incumben en su posición externa en la vida ha sido el único mundo en el que vivía y al que se dedicó. Ahora él toma sobre sí la obligación de seguir viviendo en este mundo de acuerdo con las mismas reglas que ha seguido hasta ahora, y, sin embargo, al mismo tiempo tiene fuerzas de sobra para hacer otra cosa muy diferente. Esto significa que se establece en él un límite entre las dos regiones en las cuales está activo. Un mundo se abre ante él del que nunca antes se hizo idea. Eso es un hecho de extraordinaria importancia. Para el hombre verdaderamente comienza un nuevo capítulo en su vida, cuando nuevos intereses entran de repente y se hacen valer con fuerza y persistentemente.

Esto es lo que sucede en el comienzo mismo del desarrollo oculto, la sensación entera de un hombre y el interés son reclamados por un mundo nuevo, un mundo del que no había tenido antes ni parte ni lugar. El alumno tiene que tener estricta vigilancia, especialmente en los misterios más antiguos y las escuelas de desarrollo oculto, para no caer en cualquier falta de armonía con sus círculos de intereses externos. Se requiere  firmeza para cumplir con sus deberes en el sentido más amplio en relación con las demandas hechas por su vocación o por su relación con la forma de estado o de otro tipo de comunidad. Los que hicieron cualquier muestra de no estar dispuestos a hacer esto o de rebelarse contra los deberes de la vida exterior no fueron admitidos en los centros de instrucción de lo oculto. Estoy aquí simplemente sobre los hechos. Estudien la historia del desarrollo de lo oculto, y encontrarán que los que en la vida externa se mostraron rebeldes en una dirección u otra en contra del orden de toda la vida en que vivían no eran miembros de ninguna escuela oculta o lugar de instrucción de misterios.

La segunda cosa que se requiere del pupilo es mucho más difícil de lograr. Consideremos el caso de un hombre que se ha hecho a sí mismo y a sus maestros la promesa de la que hemos hablado. Ha tenido que declarar: “No voy a sufrir para entrar en mi voluntad, ya que se hace sentir en el plano físico, todo lo que ha venido a mí como resultado de la investigación oculta” Él lleva con él la investigacion en el reino de lo oculto con todas las fuerzas de su alma, con la excepción de la voluntad. La voluntad es retenida en conformidad con su promesa, pero todos los otros maestros que tiene a su disposición en el plano físico – el juicio, la fantasía y la imaginación, la memoria, las emociones, – todas estas fuerzas y facultades del alma con las que antes estaba activo en el plano físico, todavía se pueden aplicar activamente en ese plano.

Tome el intelecto o la comprensión, la capacidad del alma, que nos permite discriminar y formar juicios sobre los hechos de la vida. No podríamos vivir sin ello en la vida ordinaria, hay que aplicarlo a cada paso. Ahora supongamos que nos convertimos en un miembro de una sociedad o escuela oculta. Alcanzamos ciertos resultados en la investigación oculta, adquirimos, digamos, el conocimiento de lo que hacemos en nuestra posición externa en la vida. No se nos permite aplicar este conocimiento a nuestra voluntad. Pero para empezar, no hay nada que nos impida pedir ayuda de todos los medios más altos que tenemos de la investigación oculta a fin de  disponer de una observación inteligente de las cosas y las personas que nos encontramos en el plano físico. Por lo tanto, no podemos permitir que los resultados de la investigación oculta fluyan en nuestra acción o en que se resuelva a nuestra voluntad, pero la investigación oculta puede permitir que su influencia sobre la forma en que construimos nuestros pensamientos y conclusiones sobre los reinos de la naturaleza, así como en nuestros semejantes, -en efecto, en todo el camino en el que nos encontramos en el mundo ordinario con nuestro intelecto.

Observará que será necesaria una rígida autodisciplina. ¿Qué es más fácil para un hombre que cumple con los demás hombres y tiene que tomar parte activa en sus vidas que aplicar lo que sabe?.  Supongamos, por ejemplo, que es capaz con la ayuda de su inteligencia percibir lo que tiene que ver con una persona moralmente inferior, nada es más fácil por lo que se debe actuar en consecuencia. Sería lo más natural y obvio hacerlo.

El ocultista, sin embargo, no puede tomar esta línea. Por medio de lo que la investigación oculta le da, puede, ciertamente, dar alas a su inteligencia y de tener una visión más clara de lo que antes podía en el carácter de un semejante, quizá podemos reconocer que es una persona moralmente inferior, pero también puede regular en consecuencia lo que hace a esta persona, porque él no ha aceptado ninguna obligación en relación con sus semejantes, sino sólo en lo que respecta a su propia posición en la vida. Él no tiene la necesidad de abstenerse de aplicar su voluntad en relación con lo que hace a la otra persona. Lo que hace, sin embargo, en su propio nombre, él tiene la obligación de reconciliarse con su karma y no hacer uso del conocimiento que se le acumula cuando aplica su inteligencia, reforzado con los medios de la investigación oculta.

Supongamos un caso real de un hombre que está en la etapa de la cual estamos hablando. ¿Acaso no se había convertido en un ocultista, que quizá habría conocido a la otra persona y no lo reconociera como moralmente inferior, – con el resultado que se habría permitido dejarse engañar por él. Es obvio que tales cosas pueden suceder y suceden en el mundo, como todos ustedes estarán dispuestos a admitir. Uno puede estar equivocado y tener a un hombre como mejor que él, y luego encontrarse a sí mismo engañado.

El ocultista tiene aquí la ventaja de que es capaz de reconocer la inferioridad moral de la persona en cuestión. Pero no tiene por el momento -por favor tengan en cuenta estas palabras- ponerse bajo la obligación de no aplicar este conocimiento oculto con su voluntad, es decir, no aplicarlo a su propia posición en la vida. Él tiene que saber que el otro es un hombre moralmente inferior, y al mismo tiempo, comportarse exactamente igual que antes, tiene que respetar todos los caminos del otro como si nunca hubiera adquirido conocimiento oculto acerca de él.

Aquí tenéis un ejemplo notable de la rígida abnegación que un principiante en el ocultismo tiene que practicar. Se debe trazar una línea clara de distinción entre lo que él puede saber si no se investiga lo oculto y lo que le viene a través de la investigación oculta, que podría darle una ventaja injusta en la vida. El que tiene la fortuna – o bien ser bendecido con talentos naturales o con condiciones especialmente favorables de la vida – como para reconocer, sin ser un ocultista, la inferioridad moral de la otra persona, se inclina a considerar al ocultista un tonto, porque renuncia a cualquier ventaja de que podría asignarse a sí mismo a partir del conocimiento. Y esto sucede con frecuencia. Otras personas a través de alguna buena fortuna o de otra índole son capaces de percibir lo que el ocultista también percibe, pero no actúan en consecuencia, al no estar bajo la obligación de abstenerse de hacerlo. Ustedes siempre encontrarán que esto ocurre, – como también encontrarán a uno u otro que han hecho la promesa de no mantenerlo. Esto es, sin embargo, su propio asunto! Podemos, si queremos, tomar al ocultista como un tonto, porque permite que alguien más tenga la misma ventaja que él, pero no debemos dejar que eso nos lleve a concluir que no tiene medios para percibir el carácter de los hombres.

Tenemos, pues, esta segunda etapa: la renuncia al uso de la voluntad para nuestros propios fines egoístas, al aplicar nuestro conocimiento en el mundo físico externo. Los maestros ocultos de los tiempos antiguos permitieron a sus alumnos permanecer más tiempo en esta etapa. Durante mucho tiempo los alumnos tenían que ir por el mundo aprendiendo a observar más profundamente y con la penetración cada vez mayor y la penetración no sólo de sus semejantes, sino también de los otros reinos de la naturaleza, y sin embargo todo el tiempo seguían caminando por la vida ordinaria exactamente de la misma manera que antes. Esto significaba que tenían que practicar una muy severa autodisciplina, ya que nunca debemos aprender a poner al servicio del egoísmo las ventajas que la mente y el espíritu les da. Esto no fue todo; toda la experiencia los llevó un paso más en otra dirección.

Cuando, después de que el intelecto se ha manifestado, la voluntad viene detrás y agrega la acción que es la secuencia natural de lo que el intelecto ha dicho, esta inteligencia no evoluciona tanto como cuando se utiliza por sí sola, completamente aislada de la esfera de la voluntad. Si un hombre se excluye como un ser de voluntad y egoísmo de un reino en el que se entra por la aplicación de su inteligencia y la comprensión de todo el mundo circundante, entonces se vuelve cada vez más capaz de detectar diferencias sutiles. Su comprensión crece sutil y delicadamente. Su facultad de juicio y discriminación va creciendo con más fuerza.

El alumno ha llegado a la segunda etapa del desarrollo oculto, la etapa que podríamos llamar el “cultivo de la comprensión de la voluntad emancipada”, y está listo para pasar a la siguiente.

Al tener mucho tiempo para aplicar el entendimiento con toda la agudeza y perspicacia, el alumno debe entonces empezar a renunciar incluso a la utilización de este conocimiento. Este paso es muy difícil. El alumno tiene que comprender y juzgar como lo hizo antes de que él se convirtiera en un ocultista. En cuanto a los objetos del plano físico externo debe utilizar sólo el poder de la comprensión y el juicio que tenía con anterioridad. Todo lo que él ha adquirido en el camino oculto, en el camino de una comprensión más profunda y que le ha traído incalculables bienes y ha supuesto un avance definitivo para su espíritu, todo esto tiene que dejarlo ahora fuera de su actividad espiritual, tiene que manejar los asuntos del conocimiento común. Lo que se ha esforzado después de tan profundamente y con energía durante mucho tiempo, a saber, el fortalecimiento de su entendimiento, debe dejarse a un lado, es absolutamente necesario que lo erradique de su alma, en la medida en que pueda aplicarlo de manera consciente y decirse a sí mismo: Como hago con mi vida para cumplir en el plano físico, tengo que pensar y juzgar y discriminar como lo hice antes de mi desarrollo oculto, utilizando sólo el grado de inteligencia que había alcanzado entonces. El alumno, por así decirlo, ha de obligarse a sí mismo a volver a ser tan estúpido como era antes de que se agudizara su entendimiento.

¿Qué pasa con el entendimiento al que se ha renunciado?. Ahora no tiene que aplicarlo. Lo ha hecho durante mucho tiempo, pero ahora no puede hacerlo más. ¿Qué pasa en cualquier caso, con los resultados de nuestra capacidad de juicio y comprensión cuando nos abstenemos de darles un uso directo?.  Pasan a la memoria . Este es el siguiente paso. Todo el conocimiento adquirido por la agudización de la potencia del intelecto viene a convertirse en memoria. El alumno no debe avanzar más en el cultivo de su intelecto, sino que también debe abstenerse de aplicar su intelecto fortalecido, no debe desear ganar con su intelecto ningún conocimiento acerca de las conexiones del mundo. Lo que él ya ha adquirido por medio de su comprensión reforzada, lo debe buscar en su memoria, una y otra vez tiene que elevarse a la memoria. Se esforzará por lograr que el conocimiento que ha obtenido se vuelva como los pensamientos que había tenido, digamos, diez o veinte años, -pensamientos que ya no crean,  pero recuerda.

En las Escuelas de Ocultismo como la de Pitágoras en los tiempos antiguos, y en las Escuelas de Misterios de Asia Menor, la selección de los alumnos era muy estricta. Sólo los que fueron considerados maduros, en los que se podía confiar que mantendrían la promesa de no dejar fluir en su egoísmo los resultados del cultivo del intelecto. Ellos fueron educados a continuación durante un tiempo muy largo en el cultivo del intelecto. En todas las formas posibles se mostraba en primer lugar la forma de distinguir las cosas y luego la forma de combinarlas y conectarlas de nuevo, desarrollando un sentido más agudo de la discriminación, de lo que es posible alcanzar en la vida ordinaria. En las escuelas de los tiempos antiguos y medievales daban la mayor importancia el llevar a caboeste cultivo de la facultad de juzgar a través de largos períodos de tiempo.

A continuación, en segundo lugar el alumno tenía que renunciar a algo más. Él tenia que prometerse a sí mismo y a su maestro que dejaria de juzgar las cosas que ve en el plano físico, dejaría de emplear en lo que se refiere a ellas el poder del juicio que ha adquirido con su comprensión. Tampoco puede caer en una actitud crítica a las enseñanzas que le sean impartidas. Todo lo que puede hacer es comparar lo que recibe de su maestro con lo que él mismo ha adquirido previamente a través de su propio poder de juicio. Él no debe hacer ninguna crítica, solo debe ser un oyente que compara lo que ahora escucha con lo que él mismo ha adquirido con su afilada inteligencia. Tal es la exigencia de la siguiente etapa de desarrollo oculto, se le permitirá seguir jugando  con lo que podría llamarse la fantasía y la imaginación pero tenían que “eliminar el poder de la inteligencia afilada y restringir la vida interior del alma a la memoria” la cual podría reproducirse en las ideas y opiniones al recordar en símbolos o en imágenes imaginativas.

Memoria y fantasía -estas dos potencias del alma vienen por así decirlo, a su propio ser, siendo capaces de manifestarse en toda su eficacia. Por el momento se queda solo, formando como una destilación pura el resto de su vida anímica, en lugar de estar perpetuamente influido y asesorado por el juicio del intelecto.

Con ello el alumno habrá dado un paso más en el desarrollo de lo oculto. El tiempo que tuvo que pasar en esta etapa se gastó por lo general en las comunicaciones que recibía, en forma de ideas, de las verdades reconocidas del ocultismo a medida en que se estaba convertido en una Teosofía. Los alumnos se quedaban con esas fuerzas, ya que las habían adquirido mediante el ejercicio de su facultad de juicio, recordando lo que habían aprendido y al mismo tiempo se abrieron a la influencia de lo que les fue impartido por sus profesores.

No hace falta decir que la duración del tiempo pasado en esta etapa de desarrollo variaba mucho en las diferentes escuelas de misterio, según se creía necesario para los requisitos generales de la evolución humana el impartir más o menos los secretos ocultos a los que fueron sometidos en el desarrollo con el fin de ajustarlos a convertirlos en líderes de la humanidad. En su mayor parte, sin embargo, esta etapa de desarrollo tomó un tiempo considerable.

La siguiente tarea a la que el alumno oculto tuvo que hacer frente fue hacer acopio de todas sus fuerzas para extinguir y eliminar de la conciencia, incluso los recuerdos y las pinturas simbólicas de la fantasía, así como también las ideas que había adquirido por sus propios esfuerzos. Esto era en verdad una tarea de  una dificultad bastante peculiar, y es que, generalmente hablando, es imposible concebir cómo un alumno puede asumir con éxito esa tarea. Va a ser el más capaz el que pueda imaginar que un alumno pueda dominar esta tarea – es decir, derramar el olvido total sobre todo lo que él había adquirido por sus propias fuerzas- si se toma en cuenta que estos alumnos ya habían aprendido a controlar y restringir su voluntad, ya habían practicado la severa auto-disciplina que hemos descrito. Para cuando, en lugar de permitir que jugara el libre albedrío, se vieron obligados a mantenerlo bajo estricta sujeción, adquirieron grandes fuerzas que reservaron en el testamento. Fue literalmente así. Para que un hombre se haga más y más fuerte en su alma, cuando de esta manera está obligado a frenar su voluntad hacia el exterior y permitir que ninguno de los resultados del desarrollo espiritual puediera fluir en ella. Lo hace tan fuerte que al final se convierte en un ser capaz de tomar la gran decisión de reprimir y borrar de la conciencia todo lo que ha adquirido en su formación oculta y hasta ahora ha estado llevando a cabo en el recuerdo. A medida que se borra una idea de la que no se puede hacer uso de la vida, así también debe ser borrada. Tal fue la demanda incondicional.

Ustedes podrán pensar que los alumnos ocultos en este sentido, se convirtieron en seguidores ciegos de sus maestros, recibiendo como autoridad todo lo que se les impartía. Este no era el caso en absoluto. Es fácil que los creyentes en la autoridad sean generalmente también los que en una especie de luz pasajera aplican a la vez una inteligencia perfectamente normal para pronunciar un juicio sobre lo que escuchan. Pero aquellos que han agudizado su primera facultad de juzgar y, a continuación, mantienen sólo en el recuerdo lo que han adquirido por ello, han dejado el trabajo de instrucción oculto en ellos por medio de la memoria y la fantasía, con toda seguridad no serán fáciles creyentes en la autoridad, y no van a recibir lo que imparte la enseñanza oculta de la misma manera como recibimos lo que nos dicta la Naturaleza. Esa será la actitud del alumno oculto ante la instrucción que se le dará ahora, después de haber pasado por las etapas anteriores.

Los propios maestros también se ocuparan de que sus palabras deban trabajar de la misma forma en que funciona la naturaleza, no había en consecuencia necesidad de dar a conocer a sus alumnos su opinión sobre tal o cual o el pensamiento. En realidad, era para que los alumnos, después de todo lo que habían experimentado en el desarrollo de sus facultades de comprensión y  discriminación, se reunieran con las palabras de sus maestros como cuando nos reunimos, diría yo, con un amanecer o con un mar azotado por el viento o algún otro fenómeno natural, que se observa con el deseo de aprender todo lo que se pueda sobre ello, no se acercan de manera crítica, porque entonces nunca desarrollaran la familiarización con ello. Lo conocerann por lo menos con toda la fuerza interior y la fuerza del fenómeno de la naturaleza al que se acercan con simpatía o antipatía. De la misma manera en que se observa la misma naturaleza el alumno oculto podrá ya observar lo que le fue dado en la instrucción de lo oculto.

Cuando los alumnos han vivido esta experiencia por un tiempo, permitiendo que sólo la memoria y la fantasía se activen dentro de ellos, aplicando sus conocimientos a su vocación en la vida externa por sí sola, llega un momento en que tienen que entrar en un período de tranquilidad y descanso interior. Tienen que olvidarse de sus propias fuerzas y destruir sus propios logros. Para que sólo puedan alcanzar el reposo absoluto en el interior del alma, que incluso los recuerdos y la imaginación que han adquirido durante su formación oculta sean borrados de la conciencia.

El alma tiene que quedarse vacía, y luego, cuando este vacía, cuando la voluntad egoísta y la comprensión egoísta, y también la memoria egoísta y la fantasía egoísta sean expulsadas, a continuación, se inaugura ante el alma un mundo absolutamente nuevo.  Primero tiene que vaciarse con el fin de que el nuevo mundo pueda encontrar la entrada en el alma.

Ustedes deben familiarizarse con el hecho de que real y verdaderamente se trata de un nuevo mundo, que penetra en el alma vacía, un mundo totalmente nuevo!. Por lo tanto, no se sorprendan si este mundo tiene cualidades y características extrañas. ¿Pero qué queremos decir con extrañas?. Decimos que una cosa es extraña cuando nos encontramos con que contradice nuestra experiencia previa. Miren a su alrededor en el mundo de hoy y con frecuencia se encontraran con que se hace alguna declaración y la gente lo rechaza de inmediato. ¿Qué razón dan?. Ellos dicen: “Esa declaración es contradictoria”. Lo que quieren decir es que de acuerdo a la capacidad de juicio que hasta ahora han sido capaces de alcanzar, encuentran que la declaración está en contradicción con todo lo que los demás saben y a continuación, llegan a la conclusión de que han superado un punto al hombre que ha presentado la declaración, sólo porque pueden encontrar una contradicción en ello.

Es un hecho que cuando uno empieza a hablar abiertamente de estas cosas, siempre tiene como resultado que los usuarios señalan las contradicciones y declaran que lo que se ha dicho debe ser necesariamente falso, porque contiene una contradicción. Tenemos que reconocer que en este camino de hecho se daran las contradicciones, ya que se acerca a algo que no puede tener alguna similitud con el mundo que nos ha tocado hasta ahora, tendremos que resignarnos a las contradicciones total y absolutas, cuando este nuevo mundo se acerca a nosotros, porque sólo se puede describir en ideas que por necesidad se nos aparecen como contradictorias. Es inevitable que esto sea así, el nuevo mundo no sería un mundo nuevo si estuviera en completa armonía con el viejo y nunca se contradijera de ninguna manera!

No debe sorprendernos por tanto, que cuando llegamos a describir el mundo en el que entra el hombre cuando alcanza la paz del alma que sigue a la etapa del olvido, la primera característica que se puede dar es decir que, desde el punto de vista del mundo a que estamos acostumbrados, son directamente contradictorias.

Hay tres cosas que el hombre encuentra cuando se ha llegado a la etapa que hemos descrito, – tres cosas que sólo pueden ser caracterizadas por la utilización de expresiones que son en sí mismas contradictorias cuando se consideran desde el punto de vista de lo que el hombre sabe del mundo exterior. Tres cosas que el  hombre aprende a conocer cuando entra realmente en lo que podríamos llamar el mundo suprasensible.

La primera es la luz de lo no manifiesto. Mira a tu alrededor en el mundo! ¿No puedes ver la luz en todas partes? Es de la misma naturaleza de la luz revelarse y manifestarse. Y, sin embargo el hombre lo primero que aprende a conocer en el mundo suprasensible es la luz que es inmanifiesta y no revelada,  la luz que es oscura y no brilla.

La segunda cosa que el hombre aprende a conocer en el mundo suprasensible es la palabra no dicha. En el mundo común una palabra que es inexpresada no es una palabra. Tenemos por lo tanto, una vez más una contradicción en términos, cuando decimos que el hombre lo segundo que aprende a conocer en el mundo suprasensible es la palabra no dicha.

La tercera es la conciencia sin ningún tipo de objeto conocido. Reflexionar cómo, cuando se desarrolla una conciencia, cuando se sabe, debe tener siempre un objeto de conocimiento. Pero la conciencia que se encuentra en la tercera cosa que se reunió al entrar en el mundo suprasensible, es una conciencia sin objeto.

Estas son entonces las tres cosas que el alumno encuentra cuando, después de haber sido objeto de la preparación que hemos descrito, entra de lleno en el reino del ocultismo. Estas son las tres primeras cosas ocultas reales que aprende a saber: La luz no manifiesta, la palabra no dicha y la conciencia sin el conocimiento de un objeto.

Es un momento de gran importancia para el alumno de lo oculto cuando puede aprender a unirse en un sentido con lo que parece estar en contradicción completa con todo lo que ha conocido hasta ahora.

Cuando sea capaz de unir algo de su propia experiencia interna, con las tres ideas de “la luz no manifiesta”, “la palabra no dicha” y “la conciencia sin el conocimiento de un objeto”, puede entonces convertirse en un ocultista, en alumno del ocultismo que realmente ha comenzado a recorrer el camino del conocimiento oculto.

Traducido por Gracia Muñoz

GA137. El Hombre a la luz del ocultismo, la Teosofía y la Filosofía – Conferencia: I.

Christiania, 2 de junio de 1012

English version

Mis queridos amigos,

Hemos hablado en anteriores ciclos de conferencias sobre muchos temas importantes que se plantean en relación con la perspectiva teosófica en el mundo. En esta ocasión hemos elegido un tema que está entre los más importantes de todos para la vida y pensamiento teosófico, el hombre mismo. De todas las ramas del conocimiento humano este es un tema de primera importancia y valor, y sin duda para la Teosofía. La Teosofía en realidad debería ser una sensación fresca de lo que el griego entiende por la palabra “Anthropos”. Si queremos encontrar una verdadera representación moderna de la palabra griega, podríamos decir “el que mira hacia arriba, a las alturas.” Esta es la definición del hombre que encuentra su expresión en la palabra “anthropos”, – el que mira hacia arriba en las alturas para encontrar la fuente y el origen de su vida. Tal es el hombre, de acuerdo con el concepto griego. Reconocer al hombre como un ser de esta naturaleza es la gran razón de ser de la Teosofía, la Teosofía quiere elevarse por encima de los detalles de la existencia del mundo de los sentidos y de la actividad exterior de la vida, a las alturas de la experiencia espiritual en la que son capaces de aprender de dónde ha venido y a dónde va el hombre. El hombre mismo, con razón, el objeto de estudio por cada concepción del mundo, tiene que ser pre-eminentemente para la Teosofía.

En este ciclo de conferencias proponemos considerar al hombre en su naturaleza espiritual desde tres puntos de vista: el estudio del hombre que se persigue en todas las grandes concepciones del mundo, aunque en la vida exterior ordinaria por lo general no encontremos el mismo reconocimiento. Me refiero a los puntos de vista del ocultismo, la Teosofía y la filosofía.

Ahora bien, es obvio que primero  tendremos que llegar a un entendimiento conjunto del significado de estas tres palabras. Cuando se habla de Ocultismo, para la mayoría del mundo educado de hoy estamos hablando de algo totalmente desconocido. El Ocultismo para la vida ordinaria y cotidiana, en su forma original y propia, siempre ha sido algo secreto y oculto.

El Ocultismo comienza, en efecto, cuando se parte de la idea de que si se quiere llegar a un autoconocimiento y experiencia del propio ser, el hombre no puede permanecer constantemente con el tipo de visión que le ofrece la conciencia ordinaria, tiene que seguir adelante con una visión totalmente diferente, un tipo completamente diferente de conocimiento. Voy a aclararlo con una comparación.  Tal vez vivamos en una ciudad y veamos las experiencias de unos pocos individuos en esa ciudad. Y si la ciudad es bastante grande, realmente solo podremos saber algunos pequeños detalles de todo lo que se va conociendo en la misma. Supongamos que queremos realizar un mapa de toda la ciudad. Buscaríamos un lugar elevado en el entorno donde obtener un visión que sin movernos no la podríamos tener. Y si quisiéramos conectar y estudiar la vida intelectual y moral del lugar, entonces tendremos que buscar en nosotros mismos una altura espiritual que nos elevase por encima de las experiencias cotidianas.

Este es el paso que tiene ver con el hombre si quiere ir más allá de las experiencias de la conciencia ordinaria,  estas experiencias muestran, en realidad, sólo una parte de lo todo lo que va a experimentar durante toda su vida con todas esas conexiones. El conocimiento debe ir más allá de uno mismo, debe ascender a un punto de visión por encima de la conciencia ordinaria y del conocimiento ordinario. De ello se desprende, naturalmente, que los detalles, tenderán a desaparecer en cuanto a la intensidad de luces, colores y sombras. Cuando subimos a una altura con el fin de obtener una visión más amplia de cualquier ciudad, lo contemplamos como un todo y no nos paramos en los detalles más sutiles que pueden permitirnos una experiencia más cercana. Es lo mismo con un punto de vista que se eleva por encima de la conciencia ordinaria. Se tiene que renunciar a mucho de lo que pertenece a la parte más detallada e individual de la vida. Sin embargo, se obtiene algo del otro lado, que es de capital importancia para el conocimiento de la Naturaleza del Hombre, que le da una visión de lo que está en la base misma de la naturaleza humana y es que es igual para todos los hombres.

La única manera de llegar a ese punto de vista es proceder a la senda del desarrollo y alcanzar lo que se suele llamar el conocimiento clarividente. Podemos leer sobre él en libros sobre el tema y aprender lo que tiene que ver con las almas con el fin de llegar al conocimiento clarividente.  Encontramos descrito cómo los medios ordinarios de conocimiento, la percepción de los sentidos y la reflexión con la facultad ordinaria de la comprensión y el juicio, aquí no son  suficientes, y se muestra cómo estos tienen que ser superados y sustituidos. Un  nuevo medio de adquirir conocimiento, significa que se encuentra escondido en el alma como la semilla en la tierra, y tiene que ser descubierto y desarrollado.

Es probable que ya han aprendido de la literatura sobre el tema las tres etapas que se distinguen en el camino hacia el conocimiento clarividente u oculto. La primera etapa es la del conocimiento imaginativo, la segunda la del conocimiento inspirativo, y la tercera la del conocimiento intuitivo. Si queremos describir en un lenguaje popular los resultados del auto-conocimiento obtenido por medio de la imaginación, la inspiración y la intuición, tendríamos que decir que permite al hombre contemplar las cosas que están ocultas a la conciencia ordinaria. Con el fin de llevarles de una manera sencilla a lo que se alcanza en el conocimiento oculto y la visión clarividente, me basta señalar el contraste entre el sueño y la vigilia. Cuando el hombre está despierto tiene a su alrededor el mundo de los sentidos, forma su entorno, y lo juzga con su intelecto y sus facultades de conocimiento. Cuando entra en el estado de sueño, entonces la conciencia – es decir, la conciencia ordinaria – se oscurece, pero el hombre no deja de ser  el mismo cuando  duerme, ni vendrá a ser diferente cuando se despierte. El hombre está vivo en el tiempo que transcurre entre dormir y despertar, sólo que él no tiene la suficiente fuerza y energía anímica como para percibir lo que está en su entorno cuando está dormido. Para decirlo de otra manera, los poderes de conocimiento del hombre requieren ser afilados por los órganos de los sentidos físicos, y los nervios antes de que pueda tomar conciencia de lo que hay en su entorno. Por la noche, cuando el hombre se aleja de sus órganos de los sentidos y su sistema nervioso, las fuerzas en el alma son demasiado débiles para que él pueda ser capaz de despertarse a sí mismo y de percibir su entorno. Ahora es posible, a través de los medios empleados para la formación del conocimiento oculto, que el alma, que es demasiado débil para percibir su entorno en la noche, pueda entrar en una condición en la que puede percibir, en determinadas circunstancias, incluso cuando se encuentra en el estado sueño normal. De esta manera se abre a la percepción del hombre un mundo nuevo y más amplio, se podría decir -la expresión es en cierto aspecto injustificada- un mundo superior.

Tenemos por tanto que ver con un cambio en el alma, un cambio que está en la dirección del fortalecimiento de las fuerzas interiores del alma, el aumento de la energía del alma. Cuando este cambio se produce, el hombre aprende a conocer lo que es la verdadera naturaleza de lo que sale del cuerpo durante el sueño y entra en él otra vez al despertar. Se entera de que la parte de él que está fuera del cuerpo durante el sueño contiene la semilla interior y el núcleo de su ser, que entra en el cuerpo al nacer y se desvanece de nuevo cuando sale por la puerta de la muerte. Además, el hombre llega a conocer que durante el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento vive en el mundo del alma y del espíritu. En pocas palabras, aprende a tener conocimiento de que es un ser espiritual y que se familiariza con un entorno que es de naturaleza espiritual y oculta para la conciencia ordinaria. En el mundo espiritual se encuentran los cimientos de toda la existencia, incluida la existencia física, de modo que siguiendo el camino del hombre, el conocimiento oculto adquiere la facultad de contemplar los cimientos más profundos y originales de la existencia. Él, sin embargo, sólo podrá adquirir esta facultad, en primer lugar del propio proceso de cambio,  tiene que convertirse en un tipo diferente de “conocedor” de lo que está en la conciencia ordinaria.

El ocultismo sólo puede encontrar su camino hacia el hombre, cuando el hombre se dispone a aplicar en su propia alma los medios que se dan para alcanzar el conocimiento oculto. Ha estado en la naturaleza de las cosas hasta el momento actual –de la que a menudo se encuentran indicios en la literatura– que no era la preocupación de cada ser humano educarse a sí mismo para poder tener una visión directa del mundo espiritual y penetrar en las bases originales de la existencia. Los medios para hacerlo se imparten únicamente en pequeños círculos de personas, y que se toma con estricto cuidado antes de que a un hombre se le den los medios para alcanzar el conocimiento oculto,  debe tener una preparación y entrenamiento que le harán madurar para aplicar esos medios a su propia alma.

Es fácil entender por qué esto tiene que ser así. El conocimiento oculto superior lleva, como hemos visto, a los fundamentos de toda la existencia, que conducen al mundo del que se deriva de nuestro mundo y lo elabora. Al mismo tiempo, el hombre adquiere facultades que no tenía antes, y así, cuando llega a ser capaz de penetrar en los fundamentos de la existencia, está en condiciones de ejecutar obras que no pueden ser llevadas a cabo con los medios ordinarios de conocimiento. Aquí debo referirme a un hecho sobre el cual tendré algo que decir más tarde: por el momento sólo quiero citarlo para demostrar lo imposible que es dar el conocimiento oculto a todo el mundo.

 El hombre tiene que tener el egoísmo implantado en él durante la evolución de la Tierra. Sin egoísmo, no podría cumplir con su tarea en la Tierra, pues su tarea terrestre consiste en la evolución del egoísmo al amor, es a través del amor que él tiene que dominar, ennoblecer y espiritualizar el egoísmo. Al final de la evolución de la Tierra el hombre estará impregnado de principio a fin con el amor, pero no habría podido evolucionar en libertad hasta ese amor, si el egoísmo no se hubiera implantado en su naturaleza desde el principio. Ahora, el egoísmo esta en el más alto grado de peligro y daña cuando trata de llevar a cabo algún acto tras del mundo de la conciencia ordinaria. Toda la historia del hombre está llena de egoísmo, y se ha forjado un daño infinito por esta causa en la vida ordinaria, pero todo el trabajo con el egoísmo en la vida ordinaria es una bagatela en comparación con el daño y perjuicio que causa, si es capaz de trabajar con el conocimiento oculto. Es por ello que siempre se ha requerido de aquellos a quienes se impartieron los medios de conocimiento oculto, que deben tener un carácter disciplinado y completamente preparado para que, aunque la tentación siempre será grande, no volver a trabajar en el sentido del egoísmo. Ese fue el primer y más importante requisito en la preparación para el conocimiento oculto. Cualquier persona que admita dicho conocimiento debe ser totalmente incapaz de permitir que el ocultismo sea desviado para fines egoístas. Naturalmente, esto significa que sólo unos pocos en el curso de la evolución podrían ser elegidos para su recepción en las escuelas ocultas, lo que en la antigüedad fueron llamados Misterios y, a veces también conocido con otros nombres. El conocimiento oculto al que estos pocos alcanzan con características definidas y cualidades.

La característica de la que ahora voy a hablar está actualmente sufriendo un cambio, pero ha sido común a todas las escuelas de ocultismo, pues con razón hasta el momento es este el nombre. En las escuelas ocultas, donde se imparten los medios para el conocimiento oculto a los hombres, entre las muchas cosas que había que superar en el proceso de superar el egoísmo, se requería del alumno que no debía hablar en los misterios ocultos o escuelas con palabras comunes, que no debe tratar de hacerse entender con las palabras cotidianas de la vida de la conciencia externa. Pues una especie de egoísmo refinado y superior entra en el hombre en cuanto se hace uso de las palabras y los pensamientos e ideas que se emplean en la vida externa. A la vez que entran en consideración todas las cosas del hombre que no nos permiten verlo como un ser humano puro y simple, sino como miembro de un pueblo o barrio en particular, con todos los egoísmos que le pertenecen a través del hecho de que él ama a su propia gente. Esto está muy justificado en la vida ordinaria pues para la conciencia externa los hombres deben tener estos egoísmos refinados y superiores, que son algunas de las cualidades más loables de la vida humana. Sin embargo, para el conocimiento más elevado, para el conocimiento de todos los seres humanos, hay que buscar detrás de la vida de la conciencia ordinaria, no podemos llevar con nosotros, aunque se hayan refinado, estos egoísmos superiores. por tanto, debe darse una preparación especial en las escuelas de ocultismo, para la creación y el estudio de un idioma totalmente humano.

El lenguaje de la vida ordinaria no se utiliza en las escuelas de ocultismo, sino un lenguaje que trabaja en el ser humano de una manera muy diferente. Porque es un idioma que no trabaja por medio de palabras y pensamientos, como es el caso del conocimiento ordinario, sino por medio de símbolos. Aquellos de ustedes que conocen las matemáticas fácilmente comprenderán por qué los símbolos fueron elegidos para este propósito, porque los símbolos tienen un significado universal. Mediante el desarrollo de uno mismo hasta la etapa de un lenguaje que habla en símbolos, uno es capaz de ir más allá de todo egoísmo que confunde el juicio y la conciencia común, incluso más allá de los egoísmos más fuertes de los que hemos hablado. Esto significaba sin embargo, que lo que uno podía decir era sólo comprensible para aquellos que habían aprendido el idioma. El idioma constaba de símbolos que puedan ser arrastrados, o rastrear los movimientos de la mano en los rituales, o expresado en combinaciones de color y así sucesivamente. En las escuelas de lo oculto, lo que se impartía con palabras no era de importancia -pues era sólo preparatorio- pero lo que se señala con símbolos comunes es, independiente de las palabras humanas, es independiente incluso de los pensamientos humanos comunes. Por lo tanto, el primer paso a dar en una escuela de ocultismo, es el estudio de un lenguaje de símbolos.

En tiempos muy antiguos los que se iniciaron en los misterios estaban bajo orden estricta de no traicionar ante otras personas ajenas nada del lenguaje de los misterios, pues si un hombre que estaba fuera de los Misterios pudiera conocer los símbolos y eran lo suficientemente inteligente podría llegar a poseer -sin ningún tipo de preparación- un medio de conocimiento oculto. La creación de los símbolos proporcionan la posibilidad de un lenguaje común a todos los hombres. El secreto de mantenimiento de los símbolos impidió que el conocimiento que se expresa en él llegue a los que no están maduros para recibirlo. De este modo, a través del hecho de que uno estaba obligado a hablar y a usar un lenguaje simbólico se prevenía al mismo tiempo de que el conocimiento del misterio se comunicara de manera indiscriminada. El verdadero conocimiento del misterio, el ocultismo verdadero, era un conocimiento que se mantuvo guardado en las escuelas secretas de los Misterios y se tuvo que alcanzar por el desarrollo de las facultades ocultas. Es un conocimiento que por su naturaleza pertenece a toda la Humanidad, sin embargo siempre estuvo limitado a estrechos círculos de personas por el camino que he descrito.

Hay todavía otra razón por la cual el ocultismo no se puede comunicar a la Humanidad en general. Al igual que en verdad es necesario, en primer lugar estar libre de egoísmo, si es que se le permitiera penetrar en el mundo que se abre a la visión oculta, pues lo que realmente hace el hombre es imposible, cuando su poder del conocimiento se ha transformado y se ha hecho capaz de contemplar ese mundo totalmente diferente, de hacer uso allí de las ideas y concepciones a las que está acostumbrado. La creación de símbolos sirve, más allá de este fin: proporciona un medio por el cual uno puede expresar lo que no se puede expresar con ideas o palabras comunes. Pero el ser humano sólo puede dedicarse al ocultismo, cuando no está orientado con los sentidos y el cerebro, cuando está fuera de ellos. Todas las palabras ordinarias, sin embargo, están conectadas en su origen con el cerebro, que surgen de la observación externa, por lo tanto, cuando un hombre percibe un hecho de conocimiento oculto, a la vez siente lo imposible que es darle expresión con palabras ordinarias. El conocimiento oculto es un conocimiento que se obtiene fuera del cuerpo. Darle expresión por el uso de medios que se alcanzan a través del cuerpo es absolutamente imposible.

El conocimiento oculto, sin embargo, aunque solo puede ser adquirido por unas pocas personas que tienen el impulso de descubrirlo, su contenido mismo, es algo que es esencial y de primera importancia para toda la humanidad. El conocimiento oculto es la experiencia de los fundamentos de la existencia y en especial de las bases de la existencia humana, y debe entrar con el derecho a la vida. Pero deben encontrarse medios para llevar el conocimiento oculto a la vida del hombre y llevarlo dentro de la comprensión de la gente en general.

El primer elemento que ayuda a hacer comprensible el conocimiento oculto es, y siempre lo ha sido, lo que en los tiempos más recientes se ha llamado la Teosofía. En  la Teosofía, uno tiene que renunciar a lo que acabamos de ver que es una característica esencial del conocimiento oculto, es decir, el hacer uso solamente de la forma más elevada del lenguaje. Uno abandona esta restricción y se procede a vestirse de verdades ocultas con las palabras humanas comunes e ideas. El conocimiento oculto que se comunica, por ejemplo, a un pueblo determinado en una forma que emplea las ideas y los conceptos actuales de este pueblo. El resultado es que el conocimiento oculto se convierte en algo específico y diferenciado, que aparece en la forma de las comunicaciones realizadas a través de las palabras de una parte de la humanidad. Los que estaban en posesión de un conocimiento secreto, fueron obligados a revestirlo en el lenguaje de un pueblo en particular, y así encontramos vestidos en el idioma de los pueblos en particular lo que es en realidad la propiedad de toda la humanidad.

En los Misterios el objetivo ha sido siempre el de seguir siendo lo más humano posible, en el sentido más amplio de la palabra. Al mismo tiempo, los iniciados de los Misterios tenían que hacerse entender, tenían que expresarse en la lengua de la gente y en las ideas que las personas ya habían desarrollado. Y así los teósofos individuales que se han presentado entre los seres humanos han tenido que esforzarse para hacerse inteligibles en lo que respecta a la finalidad concreta y el objeto o el ámbito particular de la vida sobre la que estaban hablando.

No es fácil de expresar en esta forma el conocimiento oculto, en un idioma en particular o en una forma particular de ideas. Pero se ha hecho y no en pequeño grado, en diversas regiones de la Tierra y en distintos momentos de la historia del hombre. El ocultismo es una cosa en la que uno tiene que encontrar el camino a través de la formación y la disciplina clarividente. La Teosofía, por el contrario, es una cosa que se nos presenta en las ideas y conceptos que tenemos ya y en el que el conocimiento oculto sólo se ha vestido cuando éste ha sido hábil y bien hecho, entonces las verdades ocultas están dentro de la comprensión de cualquier hombre saludable que tiene buen juicio y se esfuerza en dominarlo. La Teosofía es absolutamente comprensible para cualquier persona con una inteligencia sana, pero si él se toma la molestia no tenemos derecho a decir que sólo él puede captar lo oculto en sí mismo que puede desarrollar la visión de lo oculto. Cuando las verdades ocultas están vestidas de las ideas, como lo están en la Teosofía, que están dentro del alcance de toda la inteligencia humana saludable.

Ahora, de acuerdo con las leyes que prevalecen en la evolución de la humanidad (tendremos más que decir sobre esto más adelante) llegó un momento en que era necesario hacer un cambio. En el pasado lejano de la evolución que encontramos entre los pueblos más antiguos (no me refiero aquí a los pueblos decadentes que una antropología de las Naciones Unidas la llama “primitiva”, sino a los pueblos originales de los que habla la ciencia espiritual), entre estos pueblos originarios nos encontramos con misterios y escuelas ocultas que comunican el conocimiento oculto a unos pocos individuos, y encontramos también una Teosofía más ampliamente comunicada, es decir, las verdades ocultas vertidas en ideas familiares. Pero a medida que pasa el tiempo, se observa un cambio. Considerando que, hasta ahora casi la única forma en que el hombre podría acercarse a los primeros cimientos de la existencia estaba en la forma de la Teosofía, que comenzó a transformarse en algo más de carácter religioso. Se reconoció que si bien es cierto que el entendimiento humano sano, si va lo suficientemente lejos, puede muy bien aprovechar la Teosofía, pero con el progreso de la vida humana se estaba haciendo casi imposible para los hombres adoptar el punto de vista integral de un entendimiento humano sano, y la provisión también tenía que ser para aquellos que, simplemente a través de las condiciones de la vida externa, no tenían ninguna posibilidad de desarrollar su inteligencia lo suficientemente lejos para que pueda penetrar en las verdades ocultas. Había que encontrar una forma en la que podría alcanzar como una especie de “fe” en el conocimiento de los fundamentos de la existencia.

En los misterios había lo que podríamos llamar una “sensación” de conocimiento, y fuera de este se desarrollo la forma religiosa del conocimiento, que se convirtió en los últimos tiempos en la forma más popular y más accesible del conocimiento en comparación con la Teosofia. Cuando nos remontamos a un largo recorrido en la evolución de la humanidad, nos encontramos con una concepción del mundo que no tiene un carácter religioso, – en el sentido en que entendemos hoy en día esa palabra. En la primera época post-Atlante, en la antigua India, nos encontramos con un conocimiento oculto de los cuales las personas fueron capaces de tomar parte en la forma de la Teosofía. Para esta época de la Antigua India la “religión” coincide con la Teosofía. Cuando volvemos a la evolución de la religión, nos encontramos con la Teosofía como punto de partida. Con el progreso de la evolución se hizo más y más necesario hacer uso de la forma religiosa en los conocimientos. Ya no se podía suponer que el hombre con su entendimiento humano sano puede tener idea de lo que la Teosofía era capaz de dar. Y así las verdades de la Teosofía comenzaron a verterse en un molde nuevo y se convirtieron en las verdades de la religión.

Pasando a tiempos más recientes, nos encontramos con que en el cristianismo el cambio se ha completado, – el cambio, es decir, de la forma teosófica de los conocimientos a los religiosos. En las diversas iglesias y credos cristianos, que se han desarrollado a través de los siglos, se encuentra muy poco rastro de la Teosofía. La antigua Teosofía ha desaparecido en las profundidades y vemos cómo con el desarrollo del cristianismo se desarrolla también una teología, de modo que en el tiempo que tenemos, además de la fe de una teología, la Teosofía, se convierte en un objeto, si no de odio, en todo caso, de antipatía para los teólogos.

Una tercera forma en la que luchas del hombre después de que los fundamentos de la existencia se han vestido es el filosófico. El conocimiento oculto es adquirido por el ser humano en la medida en que esta libre del cuerpo físico. La Teosofía expresa el conocimiento oculto en los pensamientos y las palabras externas. La filosofía se esfuerza por llegar a los cimientos del mundo con los instrumentos de conocimiento que, a pesar de ser refinados y sutiles en la calidad, están ligados, no obstante al cerebro físico. La filosofía, tal como la encontramos en la época en esencia filosófica de la evolución humana, no se establece, al igual que la Teosofía, de lo que se ha adquirido fuera del cuerpo físico, la filosofía intenta, en la medida en que pueda ser, acercarse a los fundamentos de la existencia por medio de las facultades ordinarias de conocimiento del hombre. Las verdades de la filosofía se esfuerzan pues con facultades de conocimiento que, a pesar de ser más sutil, sin embargo, están conectadas con el cuerpo. La filosofía tiene, en el fondo, la misma meta que el ocultismo y la Teosofía, es decir, buscar los fundamentos de la existencia, haciendo uso del pensamiento y los medios de investigación que están ligados con el cerebro y la percepción exterior. Con la ayuda de ambos, se propone profundizar en los fundamentos de la existencia. Y, trabajando como lo hace con las facultades de conocimiento más sutiles y refinadas del hombre, la filosofía sigue siendo forzosamente la única preocupación de unos pocos. La filosofía nunca podrá llegar a ser popular. Muchas personas sienten la filosofía como algo que es demasiado difícil para ellos,  si no es tediosa y aburrida!.

Ahora la característica mencionada de la filosofía es importante, que trabaje con las facultades de conocimiento que están ligadas a los sentidos, y que elija de éstos lo más sutil y lo más refinado. Porque, en la medida en que emplea los medios que están conectados con la personalidad, la filosofía tiene, inevitablemente, un carácter personal. Sin embargo, cuando el hombre realmente tiene éxito en ejercitar muy sutilmente sus facultades de conocimiento, es posible para él  deshacerse de algo del elemento personal, y en la medida en que es capaz de hacer esto, la filosofía se convierte en Universal, de todos los humanos. Uno tiene que entrar muy profundamente en la filosofía y ser capaz de detectar su carácter universal. Su carácter personal es, por desgracia demasiado evidente. Se requiere una profunda penetración para percibir los principios fundamentales que son comunes a pensadores tan aparentemente diferentes, por ejemplo, como los antiguos filósofos griegos Parménides y Heráclito. Uno puede, sin embargo rápidamente apreciar la diferencia entre éstos y un crítico poco amable como Schopenhauer, que se aproxima más al lado externo de la filosofía, sólo ve lo que se divide en muchos puntos de vista personales distintos, y no ve la secuencia de estos puntos de vista humanos personales.

En este sentido, la filosofía es lo contrario del ocultismo. La filosofía tiene que ser alcanzada por el más personal de los medios, mientras que el ocultismo se logra dejando a un lado la personalidad. Por lo tanto, es difícil para alguien que dirija de una manera filosófica correcta de lo que es personal en él para ser comprendido por sus semejantes. Por otro lado, cualquier persona que tiene éxito en el ocultismo en la confección de las expresiones e ideas que están al día y comprensibles por lo general, obtendra la comprensión de todo el mundo. En el ocultismo se elimina por completo del elemento personal. Los sistemas filosóficos surgen directamente de lo personal en el hombre, el ocultismo surge de lo impersonal y es por esto capaz de ser comprendido en general. Y cuando se trata de expresar el ocultismo en términos de la Teosofía, el esfuerzo siempre está en hablar a cada corazón humano y al alma humana, y esto se puede hacer en gran medida.

La descripción anterior de los tres puntos de vista puede servir como una especie de introducción, de preparación para nuestros estudios, les ha capacitado para ver por sí mismos lo que podríamos denominar las características más externas del Ocultismo, la Teosofía y el punto de vista filosófico.

El Ocultismo es, en sus resultados uno y lo mismo para toda la Humanidad. En realidad no hay tal cosa como una diferencia de perspectiva en el Ocultismo, -no más de lo que son las matemáticas-. Sólo es necesario en lo que respecta a cualquier pregunta en particular disponer de los medios que se tienen a mano para adquirir conocimientos sobre esta cuestión, y el conocimiento será el mismo al que se llega por todos los que tienen los medios adecuados a su disposición. Por lo tanto, hablando en el sentido ideal, podemos admitir la existencia de diferentes puntos de vista en el ocultismo, como podemos imaginar que puede haber diferentes puntos de vista en las matemáticas. Por lo tanto donde quiera que ha hecho su aparición el ocultismo, siempre ha sido reconocido como único y universal. Es cierto que en las diferentes Teosofías que han existido, de vez en cuando se ha facilitado la capa exterior, por así decirlo, de las verdades ocultas, y las diferencias se manifiestan, pero eso es porque las verdades han tenido que ser revestidas de forma diferente para un pueblo o una época, que para otra gente u otra época. En otras palabras, las diferencias entre las Teosofías que existen en la Tierra están en la forma de pensamiento que se utiliza para revestir a las verdades ocultas. Los cimientos del ocultismo son siempre y en todas partes uno y el mismo.

Las religiones, por el contrario, ya que tienen su origen en el ocultismo teosófico, han adquirido las diferencias respecto a las personas y los tiempos. El ocultismo no conoce tales diferenciaciones, no tiene nada que pueda suscitar la oposición entre el hombre y el hombre. No existe motivo para la oposición, ya que el ocultismo es la única propiedad indivisa de toda la Humanidad. Y en la medida en que la Teosofía se preocupa de los tiempos para la prestación de una expresión correcta y apropiada del ocultismo, también debe tener cuidado para absorber lo menos posible las diferenciaciones que se han manifestado en la Humanidad. Debe fijarse el objetivo de tener una expresión fiel a la verdad oculta y a las conexiones ocultas, de este modo es inevitable que también trabajen para el derrocamiento de todas las concepciones del mundo especializadas y ayudar a romper las diferenciaciones religiosas. Tenemos que aprender a superar por completo la inclinación a una Teosofía de un sello definido y colorido. En la historia de la evolución han ido surgido Teosofías que han tendido a recibir un cierto matiz y el color de acuerdo – no voy a decir, con los prejuicios religiosos, pero si con sentimientos religiosos y opiniones preconcebidas. La Teosofía tiene que tener siempre en cuenta sus ideales, -que son un reflejo del ocultismo-. Por tanto, puede haber tal cosa como la Teosofía budista o la Teosofía hindú, o la de Zoroastro o la cristiana. Naturalmente, deben tomarse en consideración las ideas y pensamientos propios con los que determinadas personas se acercan a la Teosofía. Sin embargo, nunca se debe abandonar el ideal de ser una expresión pura de la verdad oculta. Fue, por ejemplo, un rechazo del principio fundamental de los ocultistas de todo el mundo, cuando la Teosofía hizo su aparición entre ciertas sociedades de Europa Central, y se autodenominaba una Teosofía “cristiana”. Como cuestión de hecho, se puede tener una Teosofía cristiana, como una Teosofía budista o zoroástrica.

La Teosofía tiene que asumir que la relación con la religión es la de un expositor de sus verdades. La Teosofía está en condiciones de comprender las verdades de la religión. Y luego, dar forma y expresión a algún aspecto particular del ocultismo y el ocultismo tiene que ser comprendido independientemente de todas estas diferenciaciones.

Como ya he señalado, este debe ser nuestro ideal. Es bastante comprensible que el ocultismo haya sido revestido de muchas y variadas maneras en todo el mundo, aun cuando todos los ocultistas están de acuerdo en cuanto a su conocimiento, sin embargo es de gran importancia que en nuestro tiempo vuelva la posibilidad de hablar con una sola voz sobre el ocultismo. Esto sólo se puede dar si está realmente presente la buena voluntad de sacudirse de una vez por todas las diferencias que tienen su origen en sentimientos y opiniones preconcebidas. Y es alentador ver cómo este deseo ya está ganando terreno para un acuerdo general sobre las cuestiones elementales del conocimiento oculto. En lo que respecta, por ejemplo, al conocimiento de la reencarnación y el karma en un futuro próximo será posible lograr algo así como un acuerdo universal. A medida que nuestra Teosofía se desarrolle, en primer lugar, se preocupará, ante todo, de la difusión por toda la Tierra de las grandes e importantes verdades sobre la reencarnación y el karma. Pues estas verdades están destinadas a prevalecer, e incluso los prejuicios religiosos se rinden ante ellas.

Un gran trabajo por la paz en la Tierra se llevaría a cabo si la unidad y la armonía pueden ser establecidas en lo que respecta a las esferas superiores del conocimiento oculto. Vemos que están ante nosotros como un ideal. Es difícil de alcanzar. Cuando uno reflexiona cuán íntimamente los hombres están encadenados a sus prejuicios religiosos y a todo el camino en el que han sido educados, uno fácilmente percibe la dificultad de presentar algo que no tenga el color de cualquier prejuicio religioso, sino que sea tan fiel como sea posible a la imagen del conocimiento oculto.

Dentro de ciertos límites, debemos estar preparados para reconocer que mientras el budista tome el punto de vista de la fe budista, rechazara el punto de vista del cristiano. Y si la Teosofía adquiere una coloración budista, será natural para la Teosofía budista mostrarse hostil, o al menos indiferente, al ocultismo. También podemos entender lo difícil que es, en un reino en el que prevalecen las formas cristianas, llegar a un conocimiento objetivo, digamos, de aquellos aspectos del ocultismo que encuentran su expresión en el budismo. Nuestro ideal, sin embargo, debe ser siempre cumplir con el punto de vista de la comprensión, tanto de uno como de lo otro y establecer en toda la tierra una relación armoniosa y pacífica basada en la comprensión mutua.

Los budistas y los cristianos que se han hecho teósofos y se entienden entre sí, podrán estar seguros de descubrir el punto de vista en el que están de armonioso acuerdo. Un teósofo tiene delante el ideal de un solo ocultismo universal, libre de todo prejuicio religioso. El cristiano que se ha convertido en teósofo entiende al budista, cuando dice: “No es posible que un Bodhisattva que ha pasado de una encarnación a otra y puede por fin convertirse en Buda (como sucedió en el caso particular con la muerte de Suddhodana) pueda regresar de nuevo en un cuerpo humano. Pues al convertirse en Buda,  ha alcanzado  un grado tan elevado de la evolución humana que no necesita ya pasar de nuevo por un cuerpo humano. El cristiano responde al budista:”. El cristianismo hasta ahora me ha dado una revelación respecto a los Bodhisattvas, pero a medida que se esfuerza después de la Teosofía a aprender a reconocer no sólo que esta verdad fuera de su conocimiento, sino que también debe recibirla como la verdad “Porque así como teósofo, el cristiano se dirá a sí mismo:” Entiendo lo que es un Bodhisattva, sé que el budismo habla de la verdad absoluta acerca de estos seres, que pronuncia una verdad que se puede hablar en las tierras donde prevalece el budismo. Yo entiendo, lo que dice el budista, que un Buda no regresa de nuevo en un organismo de carne. “El cristiano que se ha convertido en teósofo entiende al budista que se ha convertido en teósofo. Y si el cristiano ahora está en su turno para hacer frente a los budistas, puede decir: “Cuando uno estudia la fe cristiana en su contenido oculto, como se estudia en las escuelas de ocultismo, entonces se descubre que el Ser que es designado por el nombre de Cristo “-el nombre de Cristo puede ser bastante desconocido para el otro- es un Ser que nunca estuvo en la Tierra antes del Misterio del Gólgota. Él es un Ser que nunca podrá venir de nuevo en un cuerpo físico, pues eso estaría en contradicción con toda la naturaleza de Cristo.”.

Cuando el budista que se ha convertido en un teósofo oye esto a los cristianos, él les responderá de la siguiente manera: “Así como usted entiende lo imposible que es para mí admitir que un Buda, pueda venir otra vez en un cuerpo carnal, – al igual que usted me entiende, reconociendo lo que se me ha impartido a mí como la verdad, así estoy dispuesto a reconocer la parte de verdad que le ha sido comunicada a usted. Trato de reconocer lo que usted recibe de su fe, es decir, que al principio del cristianismo se encuentra, no tanto un Maestro, sino una escritura, una ley. “Para los lugares ocultistas en los inicios del cristianismo no es Jesús de Nazaret, sino el Cristo, y se establece el mismo momento de su inicio en el Misterio del Gólgota.

El budismo difiere del cristianismo, ya que tiene un maestro personal, como punto de partida, mientras que el cristianismo tiene una escritura, la escritura de la salvación y la liberación, el hecho consumado por la muerte en la cruz en el Gólgota. No es una doctrina, sino un hecho, un acto que se sitúa en la base de la evolución cristiana. El teósofo budista entiende, y recibe lo que se da como la base oculta del cristianismo y, al hacerlo, ayuda a establecer la armonía en la humanidad. Él estaría rompiendo la armonía si aplicara al cristianismo sus ideas budistas. Es la parte de los cristianos, cuando se convierten en teósofos, el comprender el Budismo en sí, para no volver de alguna manera a sus propias ideas acerca de los Bodhisattva y Buda, en lugar de entenderlos, ya que se encuentran en el budismo. Del mismo modo que es la parte de los budistas recibir las ideas cristianas como son, porque constituyen la base oculta del cristianismo. Así como es imposible reunir al Ser que se denomina con el nombre de Cristo con los seres de una especie inferior, es decir, con los Bodhisattvas, así también es imposible, si queremos permanecer fieles al ideal de la Teosofía,  permitir a la Teosofía ser otra cosa que un fiel reflejo del ocultismo indiviso.

Aplicar las propiedades de un Bodhisattva al Cristo sería obstaculizar la gran misión de paz que la Teosofía tiene que cumplir. Por otro lado, la Teosofía cumple con su misión de paz, cuando se compromete a traer a la humanidad las bases universales de la verdad en una forma científica, adaptada a nuestra época y generación. Cuando nosotros, los occidentales entendemos el budismo, el brahmanismo o el zoroastrismo sin prejuicios, o cuando el cristianismo se entiende en la forma en que debe entenderse, entonces será posible que las ideas realmente fundamentales del cristianismo puedan encontrar el reconocimiento y la respuesta entre los hombres.

La humanidad no siempre ha tenido la percepción del hecho de que una acción se sitúa en los inicios del cristianismo y por lo tanto, no puede ser cuestión de un retorno de Cristo. Una y otra vez ha sucedido en el transcurso de los siglos que los hombres se han presentado y han hablado de un retorno de Cristo. Tales enseñanzas siempre han sido silenciadas y refutadas, y lo serán de nuevo, porque van en contra de la misión grande y universal de la vida y la paz que pertenece al cumplimiento de la Teosofía, si quiere ser una expresión pura del ocultismo. El ocultismo siempre ha tenido el carácter de universalidad y es independiente de todos los budistas, así como de todos los matices de coloración cristiana. Por lo tanto, puede comprender objetivamente al musulmán o al de Zoroastro o al budista, así como también al cristiano. Lo que he dicho les ayudará a ver cómo es que el ocultismo, que es universal, ha llegado a asumir en la Teosofía tantas formas diferentes en el curso de la evolución humana. Y serán capaces también de ver por qué en nuestro tiempo es tan importante sostener el ideal, no es que una forma de religión deba obtener la victoria sobre el resto, pues todas las diferentes formas de expresión de la religión deben entenderse mutuamente una a la otra. La primera condición para esto, sin embargo, es que los hombres deben llegar a un entendimiento de las bases ocultas que son las mismas para todas las religiones.

Mi intención en esta conferencia ha sido dar una especie de introducción a las importantes cuestiones que vamos a tratar en los días siguientes.

Traducido por Gracia Muñoz