GA137.c10. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Teosofía y la Filosofía

Christiania, 12 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

No es casual que después de haberles dado una descripción del encuentro con la muerte y con Lucifer que tiene lugar en el hombre cuando cruza el umbral a los mundos suprasensibles, pasara a tratar otra cuestión que  tal vez puede que la hayan encontrado difícil de entender. Comencé por intentar explicarles el verdadero significado del Ser de Cristo; y en el curso de la explicación —cuyo camino encontré de manera muy natural en el tema que estábamos considerando— tuve que hablar de cómo Cristo venció a Lucifer, tal como se puede encontrar relatado en los Evangelios en el capítulo de la Tentación en el desierto. Y luego, después de haber llevado nuestro estudio un poco más lejos, pasamos a una comunicación sobre el Buda.

Recordemos brevemente este encuentro con la muerte y Lucifer. Lucifer aparece de hecho ante el discípulo como el arquetipo de la grandeza humana —sí, e incluso de la grandeza suprahumana y divina— cuando, en este punto, separado de sus andanzas y acciones, se acerca al hombre. Aparece como un Ser que tienta al hombre. Y sólo cuando el alumno vuelve a mirar lo que él mismo ha llegado a ser a través de la influencia de Lucifer, sólo cuando contempla el espantoso cuadro animal en el que el hombre se ha convertido en el curso de sus encarnaciones a través de las seducciones y tentaciones de Lucifer, se cura un poco del poder seductor de la figura que tiene delante. Entonces les conté la ayuda que puede llegar al discípulo de Cristo. Cristo trae una especie de profundo consuelo y esperanza, para contrarrestar la terrible impresión que se produce en el alumno tras el encuentro con la muerte y Lucifer, y además del encuentro con la imagen de sí mismo, —que es en cierto sentido el Guardián del umbral. En el lugar de la muerte, en el lugar del cuerpo humano destruido, aparece algo más.

muerte

Lo que estoy hablando ahora puede ser experimentado, y cuando se experimenta, es exactamente como lo describo. En el lugar de la muerte aparece Cristo mismo, dándonos a entender que ese yo nuestro puede, después de todo, ser retenido. En otras palabras, tenemos en nuestra conciencia una imagen interior que es totalmente independiente de la memoria que nos queda de nuestra vida en los sentidos. Sugerir que tenemos que ver aquí con una ilusión o alucinación sería un disparate; Porque uno puede ser ciego, sordo, sin sentido del olfato o cualquier otro sentido, y sin embargo tiene la experiencia cuando uno llega a este punto en el camino de la iniciación, —la experiencia de Cristo apareciendo en el lugar de la muerte. ¿Qué es lo que el hombre tiene ante sí? Traten de imaginarlo! Tienes delante de ti a Cristo, que aparece en el lugar de la muerte y de Lucifer. Es decir, tenemos la misma imagen descrita por los Evangelistas en la escena de la Tentación en el desierto. No habrá necesidad de recordar los relatos de la Tentación dada en los Evangelios; Lo tendrías allí delante de ti, recibiendo en tu alma el Impulso de todo el acontecimiento de Cristo, que caminó sobre la Tierra, fue crucificado y venció a la muerte. Basta con que tuvieran el cristianismo de San Pablo; no tendrías que haber estado bajo la influencia del cristianismo de los Evangelios. Es muy posible experimentar, independientemente de los Evangelios, independientemente de cualquier impresión externa, algo que se describe en los Evangelios. Tal cosa es perfectamente posible. Piensen en lo que sucede en la vida ordinaria. En la vida ordinaria tienes una experiencia consciente cuando desde fuera se hacen impresiones en tu conciencia y por ello entran en tu conciencia los conceptos e ideas. Ahora, sin embargo, tienes ante ti una imagen que no la puede evocar ninguna impresión exterior. Porque no puedes encontrar a Lucifer en ninguna parte del mundo de los sentidos; Es completamente imposible que Lucifer sea una impresión externa en el mundo físico de los sentidos. Tampoco la imagen de la muerte se encuentra en el mundo de los sentidos. Y cuando finalmente la muerte se convierte en Cristo, tienes ante ti una imagen que ciertamente podrías descubrir en última instancia como el recuerdo de un hecho en el mundo exterior, pero que sin embargo se muestra ante ti ahora, en tu entrada en el Mundo Suprasensible, como una imagen que es alcanzable sin ningún apoyo del mundo externo. Pues no es necesaria ninguna impresión exterior para hacer surgir la imagen de la Tentación de Cristo, la conquista de la muerte y la superación de todo lo que Lucifer hizo del hombre. ¿A qué clase de conciencia llegamos entonces?. A una conciencia sin objeto externo. Me he esforzado por conducirles a la Luz no manifiesta y a la Palabra no expresada. Y ahora ya tienen el concepto de la Conciencia sin objeto externo, una conciencia que recibe el contenido de su propio ser.

Nuestras consideraciones nos llevaron entonces a una asombrosa, pero no menos verdadera, comunicación concerniente al Buda. Esto no fue una mera casualidad. Tuve que comenzar la conferencia de ayer, hablando sobre el hombre del movimiento interior, con el fin de explicar cómo el hombre puede dar un paso más aún en la iniciación en los mundos superiores; Y en ese sentido expresé una verdad que tal vez a primera vista es difícil de comprender (volveremos a ella de nuevo) —la verdad, es decir, que Lucifer se muestra en una forma completamente cambiada cuando avanzamos a esta segunda etapa de la iniciación, apareciendo ante nosotros como el gobernante del reino de Venus. Dije también cómo el Sol, que hasta ahora hemos considerado supremo en poder, ahora aparece como un planeta mas entre los siete planetas, y Cristo como el Espíritu del planeta del Sol. Cristo mismo se manifiesta en esta conexión como un Espíritu planetario, hermano del Espíritu de Venus. En otras palabras, Cristo aparece como un hermano de Lucifer. Esto abrió el camino para una consideración del destino post-terrenal del Buda. Pues el destino posterior del Buda no puede ser experimentado vivamente en su verdad pura y original, sin alcanzar esta segunda etapa de iniciación; Es imposible llegar a la verdad que expusimos ayer sobre el Buda, a menos que uno vaya más allá del primer encuentro con la muerte y con Lucifer donde uno contempla la escena de la Tentación y pasa a la siguiente etapa de iniciación donde se manifiestan los siete Espíritus Planetarios. Por lo tanto esto debía ser descrito, primero. Todavía se podría preguntar si la verdad sobre la vida del Buda después de dejar la Tierra no es de alguna manera alcanzable para la conciencia externa —es decir la conciencia, que está dirigida a las impresiones exteriores— entonces la respuesta debe ser que no es posible que con la conciencia terrestre se pueda hacer tal investigación sobre las condiciones de vida y cultura en Marte, como para revelar lo que el Buda realiza allí. Sin embargo, en el momento en que la iniciación penetra hasta el estadio que describimos ayer, es posible que la conciencia sin objeto externo tenga esa experiencia en virtud de su propia naturaleza. Por lo tanto, en relación con esta verdad acerca de Buda, se trata también de adquirir la conciencia sin objeto externo. Las condiciones y circunstancias de los hechos aquí revelados son por supuesto externos —porque el Buda vive realmente en Marte—. Sin embargo, la conciencia no sale de sí misma; en el reconocimiento de tal verdad no se cede a la influencia de una impresión externa, es todavía una conciencia sin objeto externo. De esta manera, os he llevado a la tercera de las tres cosas que presentamos al comienzo de estas conferencias: la conciencia sin objeto externo.

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Mirando hacia atrás sobre este estudio, vemos que hemos encontrado tres etapas o condiciones de la conciencia humana. Primero tenemos la conciencia física ordinaria. Después tenemos la conciencia que se alcanza en la primera etapa de la iniciación, y os he dado como ejemplo de lo que se experimenta en este estado de conciencia la imagen de la “Muerte y Lucifer” o “Cristo y Lucifer, en la Historia de la Tentación”. Finalmente, la tercera etapa de la conciencia es aquella en la que los siete Espíritus planetarios se manifiestan al hombre. E ilustramos esta tercera etapa por referencia a Buda. En la tercera etapa se experimenta el destino de Buda después de que su conversión a Buda no volviendo más a la existencia física en la Tierra. Hemos considerado así tres condiciones de la conciencia humana: la conciencia física; la conciencia de los mundos superiores en la primera etapa tal como la describimos ayer, ilustrándola con la historia de la Tentación; y finalmente una conciencia aún más elevada, la segunda conciencia de una naturaleza suprasensible. A muchos de ustedes tal vez les gustaría mucho si pudiéramos ir más lejos y describir estados todavía más altos de conciencia, pero el tiempo no lo permite. Voy sin embargo a sólo sugerir otra etapa.

¿Qué es lo que podemos experimentar por medio de la conciencia física? Todo nuestro entorno, todo lo que está presente a nuestros sentidos, todos los objetos existentes de la Tierra. ¿Qué podemos experimentar por medio de la segunda conciencia? Dejando por un lado, por el momento, el ejemplo que presentamos de la historia de la Tentación, descubrimos que por medio de la primera etapa de una clase superior de conciencia, se puede descubrir algo más allá de los objetos de los sentidos. Lo encontrarán descrito en líneas generales en mi libro “La Ciencia Oculta” en la parte donde se habla de la Antigua Luna, esa condición planetaria que precedió a nuestra actual Tierra. Esta Antigua Luna ya no existe, y tiene que ser descrita por medio de una conciencia que trabaja sin objeto exterior. La condición lunar de nuestra Tierra está en los mundos superiores. Está presente en los mundos superiores, conservados, como a menudo me han oído decir, en los Registros Akáshicos. De modo que para la primera conciencia de una clase superior tenemos, además de la Historia de la Tentación, todos los procesos que se puede decir que tienen relación con la antigua Luna. Todo lo relacionado con la Antigua Luna es posible describirlo por esta conciencia.

 Y ahora quiero llamar su atención hacia algo más. Hay un profundo significado en el hecho de que, de entre los muchos tipos de experiencia que el hombre adquiere a través de la primera conciencia superior, escogí la historia de la Tentación. Porque cuando nos dirigimos en el mismo estado de conciencia a la Antigua Luna, encontramos allí una repetición de la historia de la Tentación. (Digo una repetición, ¡pero naturalmente tuvo lugar mucho antes!) Es realmente así. Aprendemos cómo Cristo ya en la Antigua Luna superó a Lucifer, y en la escena que se nos da en los Evangelios tenemos que ver, por así decirlo, una repetición del hecho de que Cristo alcanzó la victoria sobre Lucifer. En la Tierra, Cristo rechaza a Lucifer desde el principio. Y esto se debe a que en la Antigua Luna, cuando Él mismo estaba menos evolucionado —porque Cristo también experimenta la evolución— había rechazado, a través de la devoción extrema de Su Ser a los Poderes Supremos, todos los ataques de Lucifer que en aquella época todavía significaban algo para Él. Ya en la Antigua Luna, Lucifer se acercó a Cristo. En la Tierra ya no era peligroso para Él: en la Tierra Cristo rechaza a Lucifer desde el principio. En la Luna, sin embargo, Cristo tuvo que ejercer todas las fuerzas a su disposición para repeler a Lucifer. Esta es entonces la experiencia añadida que viene a nosotros cuando dirigimos la mirada hacia atrás con la conciencia superior al remoto tiempo de la Antigua Luna.

LA TENTACION

Si vamos aún más lejos y alcanzamos la segunda conciencia de una clase superior, entonces, además de aprender acerca de hechos que tienen un significado para la Tierra, como la historia de Buda, también aprendemos nuevamente lo que ya ha sido descrito en mi Ciencia Oculta, nos vamos a la aún más temprana encarnación de nuestra Tierra, —el Antiguo Sol. En ese tiempo lejano las condiciones eran esencialmente diferentes, y la dificultad que se tiene para entender esta sección particular en la Ciencia Oculta puede ser una indicación de lo difícil que es describir el estado del Antiguo Sol. Allí me tomé el trabajo de describir especialmente las imágenes que están menos alejadas del hombre e incluso pueden recordarnos el paisaje de la Naturaleza. En el tiempo en que se escribió “La Ciencia Oculta” se habría encontrado poca comprensión hacia las cosas de una naturaleza más moral que se experimenta en el estudio de la encarnación del Antiguo Sol.

Cuando volvemos a la época del Antiguo Sol, ¡no encontramos ninguna historia de la Tentación! Encontramos el Sol todavía como un planeta entre los siete planetas, encontramos a Venus con Lucifer como su regente; Y ambos, el Espíritu del Sol y el Espíritu de Venus —en otras palabras, Cristo y Lucifer— aparecen a primera vista como hermanos. Solamente al esforzarnos al máximo en nuestros poderes de percepción podemos observar la diferencia entre ellos. Pues la diferencia entre Lucifer y Cristo, en el tiempo del Antiguo Sol no se aprecia desde una observación de su ser externo, requiere una observación y estudio más interior. En efecto, es extraordinariamente difícil encontrar medios exteriores para demostrar en qué consiste la diferencia. Por lo tanto, por favor, tomen lo que voy a decir como si no fuera más que un intento de caracterizar, si puede ser, la diferencia que la conciencia clarividente puede percibir entre Cristo y Lucifer en la época del Antiguo Sol.

Cuando dirigimos nuestra mirada ahora a Cristo, ahora a Lucifer, una nueva percepción comienza a amanecer en nosotros. Lucifer, el soberano de Venus, aparece en una forma extraordinariamente llena de luz, por supuesto quiero decir de luz espiritual. Tenemos la sensación de que todo el resplandor y la brillantez que podemos experimentar en la Tierra al contemplar una manifestación de luz es débil y tenue en comparación con la majestuosidad de Lucifer en el Antiguo Sol. Pero entonces nos damos cuenta, cuando empezamos a percibir sus intenciones —y somos capaces de ver a través de éstas— que Lucifer es un Espíritu dotado en su misma naturaleza de un orgullo infinito, un orgullo tan grande que puede ser una tentación para el hombre. Porque, como es bien sabido, hay cosas que hasta cierto punto no son tentaciones para el hombre, pero que se patentizan cuando crecen en proporciones majestuosas y el orgullo es una de ellas. Cuando el orgullo es majestuosamente grande, tienta al hombre. La grandeza de Lucifer, el orgullo de Lucifer en su majestuosa figura de luz, contiene un elemento seductor. “Luz no manifiesta”, luz que no brilla exteriormente, pero que tiene en sí misma un poder inmenso y fuerte  —que Lucifer tiene en su totalidad.

 ¿Y cómo se ve la figura de Cristo junto a Lucifer? La figura de Cristo en la época del Antiguo Sol —el Señor y Gobernante del planeta Sol— es una imagen de devoción extrema, devoción entera a todo lo que le rodea. Mientras que Lucifer aparece como alguien que sólo piensa en sí mismo —estamos obligados a vestirlo todo en palabras humanas, a pesar de que son bastante inadecuadas— Cristo aparece como completamente entregado, en devoción, a todo lo que está a su alrededor en la totalidad del mundo.

El Gran Mundo no era entonces como es ahora. Si nos transportáramos ahora al presente Sol, colocándonos en el centro circular y mirando alrededor en todas las direcciones, deberíamos percibir en primer lugar las doce Constelaciones del Zodíaco. Éstas no eran entonces externamente visibles; sino que se presentaban doce grandes Formas, doce Seres que dejaban que sus palabras resonaran desde las profundidades de la oscuridad, pues el espacio exterior todavía no estaba lleno de luz. ¿Qué clase de palabras eran éstas? Eran palabras: —la palabra «palabra» no es más que una improvisación, para indicar lo que aquí se quiere decir— eran palabras que hablaban desde los tiempos primitivos, tiempos que aún entonces venían de un pasado remoto y antiguo. Los doce eran Doce Iniciadores de los Mundos. Hoy vemos en las direcciones de estos Doce Iniciadores de los Mundos los doce Signos del Zodíaco, pero en ellos resuena, para el alma que está abierta a la totalidad, el ser original de la Palabra No Hablada de los Mundos, que podía tomar la forma de las doce Voces. Y—ahora debo comenzar a hablar más en imágenes; las palabras humanas no son suficientes— mientras que Lucifer tuvo el impulso de iluminar todas las cosas con la luz que vivía en él llegando por lo tanto a conocerlo todo, el Cristo, por otro lado se entregó a la Impresión de esta Palabra de los Mundos, la recibió en Sí mismo en su totalidad de modo que el Alma de Cristo devino en el Ser que reunió en Sí Mismo todos los grandes Secretos del Mundo que resonaban en Él a través de la Palabra no Expresada. Tal es el contraste que se presenta; el Cristo que recibe la Palabra de los Mundos y el orgulloso Lucifer, el Espíritu de Venus, que rechaza la Palabra de los Mundos, queriendo fundar y establecerlo todo con su propia luz.

Toda la evolución posterior es el resultado directo de lo que Lucifer y Cristo eran en ese tiempo. El Ser de Cristo, como vimos, recibió en Él los grandes y abarcadores secretos de los Mundos. El Ser de Lucifer, teniendo lo que sólo puedo describir como una “figura orgullosa de Luz”, perdió por lo tanto su reino, perdió su soberanía en Venus.

Por otros motivos, pues entrar detalles nos llevaría demasiado lejos, los otros Espíritus Planetarios perdieron también sus reinos, o más bien cambiaron su naturaleza. Pero no necesitamos pararnos ahora aquí. Lo que es importante para nosotros es el contraste entre Cristo y Lucifer. Llegó el momento en que Lucifer perdió más y más su gobierno; El reino de Venus poco a poco se fue apartando de él.   Lucifer con su luz se convirtió en un gobernante destronado, y el planeta Venus a partir de entonces tuvo que prescindir de un gobernante apropiado y por lo tanto estuvo obligado a sufrir un rezago evolutivo. El Cristo, sin embargo, retuvo durante el tiempo del Antiguo Sol la Palabra de los Mundos, y esta Palabra de los Mundos tiene la cualidad de encenderse a una nueva luz en el alma del que la recibe; de modo que desde entonces la Palabra de los Mundos se convirtió en la Luz de Cristo, y el planeta del cual el Cristo fue gobernante, el Sol, se convirtió en el centro de todo el sistema planetario y los otros planetas se sometieron a Él. Lo mismo ocurrió también con sus Gobernantes espirituales.

Deberíamos dejar que estas escenas vivan ante nosotros, debemos aprender a ver la divergencia que surgió en el tiempo del Antiguo Sol entre el camino de Lucifer y el camino de Cristo. Lucifer se rezagó, tuvo que quedarse atrás en su evolución, y volvió a rezagarse durante el tiempo de la Antigua Luna. Cristo siguió adelante. El Espíritu de Cristo, el Espíritu del Sol, se convirtió en un Espíritu que evolucionó hacia adelante hasta que finalmente pudo aparecer en la Tierra en la Forma que frecuentemente he descrito. A través de su devoción al Mundo, a través de su recibir e identificarse con la Divina Palabra Creadora No Expresada, por haber rechazado todo tipo de orgullo y haber puesto siempre la devoción en el altar de la Palabra de los Mundos, paso de gobernante planetario en el Antiguo Sol, a convertirse en el Gobernante Solar de todos los planetas, que fueron conquistados como parte del reino del Sol. Cuando se conoce esto —estoy hablando aquí más particularmente a aquellos que escucharon mis conferencias en Helsingfors (Los Seres Espirituales en los Cuerpos Celestiales y en los Reinos de la Naturaleza. GA 136)—  sabiendo esto, no lo sentirán como una contradicción con lo que expuse en aquellas conferencias sobre Cristo como un Espíritu del Sol de una clase superior a los Espíritus de los planetas. Porque por supuesto estábamos hablando de nuestro tiempo, del día de hoy. Cristo está muy por encima de los otros Espíritus Planetarios. Él es el Espíritu del Sol.

Aquí, sin embargo, no estamos simplemente describiendo cómo los cuerpos planetarios individuales son acelerados a la vida por sus Espíritus, pues nuestra tarea es sobre todo describir los diversos estados de conciencia, debemos mostrar cómo Cristo a través de Su propio carácter especial y durante el curso de la evolución que tuvo lugar entre el antiguo Sol y el tiempo presente, Su Naturaleza ha pasado por una evolución ascendente y de ser un Espíritu de la misma naturaleza que los Espíritus Planetarios se ha convertido en el Gobernante o Regente de todo el Sistema Solar.

Como he dicho, el tiempo no nos permite entrar en una descripción de la tercera conciencia de grado superior. Sólo mencionaré que la condición del Antiguo Saturno, la primera que ordinariamente se puede describir de las sucesivas encarnaciones de nuestra Tierra, puede ser experimentada con esta tercera conciencia superior. Como pueden ver, es posible hablar de una tercera conciencia superior de un carácter suprasensible. Si realmente queremos seguir la iniciación en su integridad, tendríamos que conducirnos a alturas vertiginosas de la conciencia. Hacerlo parecería desde el principio una especie de presunción y de hecho debemos ser llevados a regiones donde es casi imposible emplear palabras humanas. Por lo tanto, en mi Ciencia Oculta me he abstenido de describir cualquier cosa que pertenezca a estados aún más elevados de conciencia, ya que realmente está fuera de toda cuestión describir las cosas superiores en palabras humanas. En los Misterios se hacía formando signos simbólicos especiales y luego hablando en un lenguaje de símbolos. Por este medio era posible llevar al hombre a estados superiores de conciencia. Tales estados superiores sí existen; podemos hablar de una cuarta y una quinta consciencia de naturaleza suprasensible. Continúa, de hecho, sin límite. Todo lo que podemos hacer es decir que para la conciencia suprasensible la evolución toma su curso en una dirección determinada.

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Teniendo en cuenta todo esto, en cualquier caso serán capaces de concebir la posibilidad de que por medio de los diferentes grados de conciencia suprasensible el hombre vea otros mundos aparte del físico; Y cuando recuerden que los primeros rudimentos del hombre físico comenzaron, como se muestra en “la Ciencia Oculta”, durante la condición del Antiguo Saturno, también verán que hay en el hombre una cierta conexión con el mundo de la tercera conciencia suprasensible. Pero aparte de esto, el hombre es, como ustedes saben, guiado y dirigido por Seres superiores a él. Él puede llegar al conocimiento de estos Seres superiores, pues ellos tienen influencia sobre él. Por lo tanto, no será difícil ver que no sólo el hombre, tal como está ante nosotros, ha sido creado a partir de mundos que van hasta la tercera conciencia suprasensible, sino que también tiene conexión con mundos más elevados.

El conocimiento y la experiencia que hemos descrito como alcanzables por medio de los diversos estados de conciencia pueden ser descritos al ser humano ordinario. Él puede comprender que tales estados de conciencia existen. No tiene experiencia directa como hombre en la Tierra de estos estados de conciencia adicionales, pero experimenta sus manifestaciones externas. La conciencia física, que, por supuesto, experimenta directamente. La primera conciencia suprasensible, de la cual experimenta una indicación en la conciencia onírica que no sólo proporciona imágenes arbitrarias de sueños, sino que conduce a una percepción de realidades pertenecientes a un mundo superior. Un desarrollo sistemático más alto de la conciencia del sueño es todo lo que se requiere para que el hombre llegue a la primera conciencia de una naturaleza suprasensible. Esta primera conciencia suprasensible puede dar información sobre las condiciones que prevalecían en la antigua Luna, la anterior encarnación de nuestra Tierra. Por lo tanto, encontrarán que en las comunicaciones ocultas la mayoría de las descripciones, aparte de las relacionadas con la propia Tierra, se refieren a la Antigua Luna; muy a menudo se detienen allí y no avanzan al Antiguo Sol. Este es el caso, siempre que tales comunicaciones estén basadas en la primera conciencia suprasensible, que es la que se da con mayor frecuencia y es la más fácil de alcanzar. Es en esta conciencia que tiene su origen la mayor parte de lo que dio H. P. Blavatsky en la “Doctrina Secreta”. Los ocultistas que tienen un conocimiento real son muy conscientes de este hecho. Por lo tanto, si leen “la Doctrina Secreta”, entonces en todas las grandes y comprensivas comunicaciones que se dan allí en referencia a los tiempos primitivos, encontrarán una referencia escasa a un pasado más lejano que la Antigua Luna.

 La condición de la conciencia onírica puede considerarse así como un primer comienzo —tiene por así decirlo, un hombre sustituto en la Tierra— para la primera conciencia suprasensible. Cuando el hombre entra en un sueño profundo, su conciencia se oscurece; pero no podemos decir que no existe conciencia. Si la consciencia profunda del sueño despertara, es decir, si se despertara fuera del cuerpo, entonces es la segunda conciencia suprasensible. Va más allá que la primera, y conduce a lo que uno puede experimentar en la condición del Antiguo Sol.

Un poco de reflexión nos aclarara lo siguiente. En la conciencia cotidiana vas haciendo movimientos externos. Tales movimientos están conectados con la conciencia diurna, la conciencia de la Tierra. Por otro lado, los movimientos que tienen lugar dentro del hombre —los movimientos del hombre medio que continúan incluso cuando estás dormido— están regulados por la conciencia que podríamos llamar la conciencia del sueño profundo. Los movimientos del corazón y de la respiración son movimientos conectados con esta segunda conciencia y sólo pueden ser comprendidos en toda su conexión con los mundos superiores cuando el hombre despierta fuera de su cuerpo, es decir, en la condición de sueño profundo del cuerpo.

Como pueden ver es muy posible percibir con la inteligencia ordinaria que están estos tres tipos de conciencia. Nos llevaría demasiado lejos ahora investigar las indicaciones que indudablemente existen para llegar a un tipo de conciencia aún más elevada. Sin embargo, hemos demostrado que cada vez que el hombre comienza a reflexionar sobre su vida como hombre de la Tierra, descubre manifestaciones de las conciencias superiores. Por lo tanto, es posible hablar con el hombre de la Tierra de estos estados superiores de conciencia. Se puede señalar primero cómo el hombre experimenta los procesos ordinarios de la vida en la Tierra por medio de su conciencia ordinaria. Uno puede entonces mostrar cómo, si la conciencia onírica fuera sometida a un realce tremendo, experimentaría todo lo que pertenece a las leyes que han sido traídas a la Tierra, por así decirlo, como un legado de la Antigua Luna; y finalmente como si se despertara en un sueño profundo, independientemente del cuerpo, experimentaría las condiciones del Antiguo Sol en esa forma en la que también se extienden hacia las condiciones de la Tierra. Por lo tanto, es posible comunicar estas cosas al hombre en la actualidad, y describirle cómo se manifiestan; Estamos justificados al hacerlo, ya que el entendimiento puede ser despertado por lo que el ocultista investiga. El ocultista habla de diferentes estados de conciencia. En realidad, son mundos diferentes: y se ha convertido en costumbre, como ustedes saben, llamar a estos diferentes estados de conciencia diferentes planos. Lo que se puede estudiar con la conciencia física se llama el plano físico; Lo que es perceptible a la primera conciencia de naturaleza suprasensible, el plano astral; al segundo, el Devacán inferior o plano mental; Y al tercero, el plano mental superior, o Devacán superior. Todavía más lejos, tenemos el plano Budhi y el plano Nirvana. Todo lo que estamos haciendo aquí es simplemente dar otros nombres a los resultados alcanzados en el camino oculto. Ambos caminos conducen a una imagen del hombre. Pues es siempre el hombre quien en sus diversas condiciones o estados esta activo como miembro de los diferentes planos o mundos. Lo que hemos hecho es conducir el conocimiento del hombre desde el punto de vista del Ocultismo, donde hablamos de diferentes condiciones de conciencia y diferentes condiciones de evolución, al conocimiento del hombre desde el punto de vista de la Teosofía. Pues donde el ocultista habla de condiciones de conciencia, el teósofo habla de planos sucesivos. El Ocultismo puede de esta manera ser comunicado abiertamente como Teosofía.

Ahora debemos retroceder un poco. En el curso de nuestras consideraciones han surgido algunos nuevos puntos de vista, y nos conviene abordarlos un poco más a fondo. Tomemos por ejemplo la percepción a la que llegamos de que el hombre es, en su forma externa, un ser humano de tres veces siete miembros. No tenemos tiempo en estas conferencias para explicar el asunto en detalle, pero les pido que recuerden lo que está escrito en “la Ciencia Oculta”, a saber, que antes de esta condición de la existencia de la Tierra, el hombre pasó por otras tres condiciones: Antigua Luna, Antiguo Sol y Antiguo Saturno, y que el primer fundamento para la forma humana física externa ya estaba presente durante el Antiguo Saturno y posteriormente fue sufriendo un continuo cambio y desarrollo. De modo que el maravilloso cuerpo humano que tenemos ante nosotros es el resultado de una larga evolución. Su evolución ha continuado a lo largo de tres grandes fases de la existencia, —Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. Cada una de ellas puede dividirse en siete, y cada subdivisión de estas grandes fases de la existencia ha dejado su marca en la forma humana. Tres veces siete fuerzas formativas han trabajado sobre la forma y la figura del hombre.

HOMBRE TRIPARTITO

Lo que el hombre ha añadido durante el tiempo de la Tierra, — que por sí solo no se encuentra es, como hemos visto, sólo la parte del hombre que está sujeta a la destrucción. Es la terminación de la forma humana, la acumulación de todas las partes en un todo completo; y esto ha sido destruido por Lucifer. De modo que cuando dividimos al ser humano en tres veces siete miembros, tenemos la expresión del hombre físico en la Tierra tal como viene ante nosotros con todos los cambios que se han ido produciendo en cada condición de las anteriores existencias sucesivas. Es el ser humano físico con el que estamos ocupados aquí. El ocultista debe considerarlo de la manera que hemos hecho en esta conferencia, en la medida que el tiempo lo ha permitido. El teósofo, por otra parte, sólo puede tener su atención dirigida a lo que está presente allí ante él. Podemos decirle: En el hombre, está el cuerpo físico. Cuando nos dispusimos a estudiar al ser humano, llegamos primero a su cuerpo físico, a esa forma sumamente complicada que ha pasado por tantas condiciones de existencia y que hoy se despliega manifestando perpetuamente las huellas dejadas atrás de las condiciones anteriores. Entonces, como recordarán, pasamos a considerar otra cosa. Hicimos un estudio del hombre en sus movimientos interiores; Y permítanme recordarles la conclusión a la que se nos condujo ayer. La forma del hombre la podemos ver, pero los movimientos como tales no lo vemos, y señalé ayer cuán difícil es discriminar entre los movimientos y llegar a una conclusión sobre cuáles son los movimientos esenciales en el hombre. Sin embargo, un hecho surgió naturalmente de nuestro estudio, a saber, que esta facultad de movimiento nos lleva al Antiguo Sol. Por lo tanto, no se sorprenderán cuando continúe diciendo que todos los movimientos interiores en el hombre están conectados con las experiencias que vivio durante la época del Antiguo Sol. Mientras que el hombre como hombre físico lleva en él la impresión de Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna, el hombre como hombre de movimiento interior lleva en él las fuerzas para este movimiento desde la época del Antiguo Sol. El hombre de movimiento interior ha pasado a través del Sol y la Luna, y también la Tierra hasta donde ha llegado. Así distinguimos en el ser humano algo que no es forma, sino que es el fundamento interior del movimiento, y a esto debemos designarlo como el primer hombre invisible. No vemos a este hombre, podemos, sin embargo, ver los resultados externos de su actividad —los movimientos; y lo llamamos el cuerpo etérico, el cuerpo de éter. El cuerpo etérico sólo puede ser percibido por medio de una conciencia superior. El funcionamiento del cuerpo etérico en el mundo físico son los movimientos interiores que el ser humano realiza. Por lo tanto, en la medida en que el hombre ha tenido que someterse a las tres condiciones de existencia que precedieron a la nuestra, se ha convertido en hombre físico; En la medida en que ha tenido que someterse sólo al Sol en el tiempo de la Luna, se ha convertido en un hombre etérico. Y podemos ascender más allá y decir que en la medida en que el hombre ha sufrido el tiempo lunar, se ha convertido en hombre astral, es decir, ha fluido en sus movimientos todo lo que lleva al pensar, sentir y querer. Cuando pasamos más allá de lo externo y corporal, más allá también de lo que está dentro del hombre (en el movimiento interior), llegamos entonces al hombre astral, que tampoco puede ser visto como tal, pero que se manifiesta y llega a expresarse en pensamiento, sentimiento y voluntad. Finalmente, llegamos a ese elemento en el hombre que la Tierra ha comenzado a preparar en él y que será su tarea completar en el futuro. Porque la Tierra está llamada a llevar al desarrollo a la perfección y a formar el Yo del hombre, que ya se ha manifestado en el curso de la evolución de la Tierra y que en el futuro se desarrollará hacia etapas superiores. (Manas, Budhi, Atman). Y ahora tenemos ante nosotros al hombre en sus diferentes miembros.

Por lo tanto, resulta que al tratar de comprender al hombre en su relación con el mundo, no sólo nos encontramos con diferentes condiciones de conciencia que luego identificamos con mundos diferentes, sino que también estamos conducidos a una división del ser humano en varios miembros, —cuerpo físico, cuerpo etérico y así sucesivamente. Por otra parte, por medio de una inteligente observación externa del hombre, podemos llegar a percibir que, si bien el cuerpo etérico no es visible para nosotros, todavía podemos discernir sus manifestaciones aquí en el mundo físico. Las manifestaciones del cuerpo etérico son los movimientos dentro del hombre. Las manifestaciones del cuerpo astral son el pensar, sentir y querer. El Yo se manifiesta a sí mismo, es su propia manifestación. Cuando una vez el hombre es lo suficientemente inteligente como para comprender que los movimientos que hace dentro de él no proceden de su forma, no pueden proceder de nada físico, cuando una vez que puede llegar a la única forma inteligente de considerarlos, a saber, como teniendo su fuente en lo suprasensible, entonces se abre para él la posibilidad —no simplemente de creer, sino de comprender con su entendimiento, la existencia de un cuerpo etérico. Pues vestir el conocimiento oculto en formas que apelan a la conciencia ordinaria, es llevar el ocultismo a la teosofía, vestirla, por así decirlo, con la vestimenta de la teosofía. Así como hallamos que en la teosofía hablamos de planos, volvemos a vestir la verdad con la vestimenta de la teosofía cuando hablamos de los diversos miembros de la naturaleza del hombre. Todo lo que puede decirse del hombre tiene que ser encontrado primero en el camino oculto. Debemos atravesar el mundo entero, debemos alcanzar, como estudiantes de ocultismo, las diversas condiciones de la conciencia; y descubriremos que estas diversas condiciones de la conciencia pueden darnos una explicación del hombre, pueden de hecho mostrarnos lo que realmente es. Sólo a través del ocultismo se puede entender al hombre en su verdadera naturaleza y en su verdadero ser. La teosofía no es más que un intento de vestir el conocimiento oculto en verdades inteligentemente declaradas, para que los hombres puedan tener una visión del conocimiento oculto. Los hechos de los que he estado hablando, si los prueban inteligentemente, los encontrarán armonizando uno con otro de innumerables maneras, armonizados también con el mundo entero. La prueba inteligente es la única manera de encontrar la confirmación de los resultados obtenidos en el Ocultismo.

Aparece un segundo punto que también requiere ser explicado un poco más, puesto que debemos dejar claro que aunque la teosofía y el ocultismo parecen al principio conducir a contradicciones (hemos aclarado en la primera conferencia de este curso cuál es nuestra actitud hacia tales contradicciones), el estudio posterior siempre conducirá a la solución de las mismas. Esto ya lo habrán visto en muchos casos en estas conferencias. Tal vez, sin embargo, ahora se presentarán nuevas contradicciones cuando lo que acabamos de decir se tome en relación con lo que se dijo en anteriores conferencias del curso. Es imposible tratar hoy con todas las posibles contradicciones, pero hay una que me gustaría tratar de resolver con la ayuda del conocimiento oculto alcanzable en la segunda conciencia de tipo suprasensible. Muchos de ustedes recordarán que yo —y otros también— hemos señalado repetidamente el carácter cósmico del Cristo, y he mostrado cómo Él supera en su misma naturaleza a todos los demás fundadores de las religiones. Sólo es de esperar que este carácter único del Ser Crístico se encuentre más fácilmente con el reconocimiento en Occidente, ya que en Occidente se desarrolla especialmente el sentido histórico. Para que la evolución de la Tierra tenga lugar de tal manera que permita a los hombres pasar por muchas encarnaciones diferentes, Occidente buscará naturalmente un “centro de gravedad” para esta evolución. Por lo tanto, sólo puede sorprender que se encuentren todavía occidentales que no estén preparados para admitir este centro de gravedad de la evolución, que es, en efecto, el Impulso de Cristo. Hablar de reencarnación del Cristo sería cometer el mismo error que imaginar que un par de balanzas pudieran mantenerse en equilibrio en más de un punto. Visto desde este aspecto, el asunto es sumamente simple.

Hay, sin embargo, otro fundamento moral que debemos tener en cuenta en su efecto sobre la relación del ser humano con el Cristo, que debe considerarse como el Impulso de la Evolución de la Tierra. Es como sigue. Cristo entró en la evolución de la Tierra en un momento particular. Los hombres que viven en la actualidad se encarnaron antes de la venida de Cristo y ahora están encarnados de nuevo. Así han vivido no sólo durante el tiempo de la evolución de la Tierra cuando Cristo todavía no estaba presente, sino que también viven ahora cuando Cristo  está presente; y la objeción frecuentemente hecha desde el punto de vista materialista, que si Cristo fuera tan importante, entonces una única aparición en la Tierra significaría una injusticia para la Humanidad, se derrumba. Sin embargo todavía se oye a la gente preguntar; “¿Cómo se puede permitir tal injusticia que todos los hombres que vivieron antes de Cristo no han tenido el beneficio de su obra, mientras que los que viven después de Él tienen este beneficio?” ¡Pero son los mismos seres humanos! Tal objeción no debería ser planteada en los aposentos teófilos. Y sin embargo, esta objeción abre un tema de gran importancia. Pues hay algunos casos en los que la objeción esta en cierto sentido justificada; y uno de estos casos, como verán si se detienen a reflexionar, es el caso del Buda.

Mientras que los seres humanos en la Tierra nacen una y otra vez y pueden así siempre llegar a una experiencia del Impulso de Cristo en sus encarnaciones después del tiempo de Cristo, el Buda alcanzó en tiempos pre-cristianos la etapa de evolución que le quitó la necesidad de volver a un cuerpo terrenal. Esto significa que el Buda pertenece por lo tanto a un número muy pequeño de seres humanos que vivieron en la Tierra y luego la dejaron, antes de que Cristo viniera. Y es posible que desee saber, ¿cuál es la relación del Cristo con Buda? Aparte de lo que mencioné ayer, de ese Buda que brilló desde los mundos superiores hacia el cuerpo astral del niño Jesús de Lucas, ¿cómo se unen el Cristo y el Buda? ¿Es realmente así, que Buda dejó la Tierra antes de que Cristo encarnara? Que se dirigió a Marte, de modo que el Buda y Cristo por así decirlo se cruzaron uno con otro? Sólo con la ayuda de un profundo conocimiento oculto podemos esperar resolver este dilema. Recuerden todo lo que he dicho. Les expliqué cómo el Cristo estaba unido con el Sol. De hecho, sólo a través del bautismo de Juan, o mejor dicho, a través del Misterio del Gólgota mismo, el Cristo entró en unión con la Tierra. El Cristo es por lo tanto un Espíritu del Sol y tenemos que buscarlo, antes de que el Misterio del Gólgota tuviera lugar en la Tierra, en estrecha conexión con Su Reino, el Sol. Zaratustra lo buscó allí. Y es durante el tiempo en que Cristo estaba trabajando como Regente en el reino del Sol, cuando todavía no había extendido Su gobierno a la Tierra —en todo caso, aún no por medio de Su Impulso— que la vida de Buda toma su curso en la Tierra. Y ahora debemos volver a las encarnaciones anteriores de Buda, si queremos llegar a la verdad en esta materia. Sabemos que Buda era un Bodhisattva; trabajó en la Tierra durante largos períodos de tiempo como Bodhisattva. Estos Bodhisattvas no tienen en ellos un alma humana ordinaria. Su caso es muy especial. Deben recordar aquí la descripción en La Ciencia Oculta del comienzo de la evolución de la Tierra, —cómo, después del intervalo entre la Antigua Luna y la Tierra, el Sol se reunió con la Tierra y los otros planetas, y cómo todos se volvieron a separar como si fueran una cáscara tras otra. (Ver también mi ciclo de conferencias sobre las Jerarquías Espirituales.) Hubo, por lo tanto, un tiempo donde la Tierra estuvo unida con el Sol. Entonces se separaron, y ustedes saben que después de eso vino también la separación de la Luna, y el fortalecimiento de la Tierra a través de almas procedentes de otros planetas.

Ahora fijemos nuestra atención en el momento en que el Sol se separa de la Tierra. Cuando tuvo lugar esta separación, los dos planetas Venus y Mercurio —les estoy dando sus nombres astronómicos— estaban todavía unidos al Sol. Sólo se separó la Tierra, Venus y Mercurio permanecieron dentro del Sol. Por lo tanto, tenemos ahora el Sol y la Tierra. En la Tierra, la evolución continúa. Sólo queda un pequeño número de seres humanos; otros emigran a los diferentes planetas, para volver más tarde. Con el Sol también se fueron Seres; porque el mundo no consiste sólo en materia externa, sino de Seres. Los Seres que se fueron con el Sol cuando este se separó de la Tierra. Y su Líder es el Cristo. Porque en aquel tiempo en la evolución de la Tierra cuando el Sol se separó de la Tierra, lo que uno puede llamar la prioridad de Cristo sobre Lucifer y los otros Espíritus planetarios ya se había cumplido. Luego, más tarde, Venus y Mercurio se separaron.

Consideremos por un momento la salida de Venus del Sol. Junto con Venus hay Seres que al principio se habían ido con el Sol, pero no pudieron permanecer allí. Entonces se separan y habitan en Venus. Entre ellos estaba el Ser que está detrás del posterior Buda. Era como un mensajero del Cristo para los habitantes de Venus. El Cristo lo envió a Venus, y aquí en Venus Buda pasó por toda clase de etapas evolutivas. Más tarde, las almas volvieron de Venus a la Tierra. Las almas humanas ordinarias estaban, por supuesto, poco desarrolladas. Buda, sin embargo, quien también descendió a la Tierra con las almas de Venus, era un Ser altamente evolucionado, tan evolucionado que pudo convertirse de inmediato en un Bodhisattva y más tarde en un Buda. Así tenemos en Buda a quien mucho tiempo atrás había sido enviado por Cristo y tenía la tarea de preparar la obra de Cristo en la Tierra. Para su misión a los hombres de Venus tenía este significado, —que él debía ir previamente a la Tierra, como precursor del sol. Y ahora podrán comprender que habiendo estado Buda con Cristo por un tiempo más largo que los otros hombres de la Tierra —la Tierra antes de ser separada— sólo necesitaba esa parte del Impulso de Cristo que tenía en él desde el Sol, para permitirle seguir el acontecimiento de Cristo desde mundo espiritual. Eso bastaba a Buda. Los otros seres humanos tuvieron que esperar el evento de Cristo en la Tierra. Pero debido a que Buda tenía esta relación especial con Cristo, porque había sido enviado por el Cristo como un precursor, no necesitaba esperar en la Tierra el acontecimiento de Cristo. Él se llevo de la Tierra la capacidad de recordar —incluso sin la ayuda del Cristo que otros hombres necesitan— lo que el yo significa en la Tierra. Por lo tanto, él también pudo mirar hacia abajo y contemplar el acontecimiento de Cristo desde los mundos superiores. Así fue preparada con antelación en el mundo la notable misión que Buda había emprendido a instancias de Cristo. Porque primero fue enviado a los hombres de Venus, —y comparen lo que ahora estoy diciendo con las conferencias que di en Helsingfors— y después en la Tierra; Luego fue a los hombres de Marte y allí sigue trabajando, llevando a cabo en Marte la misión para la que se había estado preparando desde hacía tanto tiempo. En Marte es así, que los hombres que han permanecido allí están en gran peligro, así como los hombres de la Tierra estaban en peligro, de los cuales Cristo los liberó. El peligro para los hombres de Marte es que su cuerpo astral, —ellos tienen como ustedes saben, no un Yo que se desarrolla como en nosotros— su cuerpo astral y por lo tanto indirectamente su cuerpo etérico, puede sufrir una muy seria disminución de fuerza y llegar a secarse. La naturaleza de los hombres de Marte ha demostrado ser de una especie que lleva a guerras terribles. Los hombres de Marte tienden a establecerse permanentemente en un cierto lugar. Los hombres de la Tierra tienen una inclinación cosmopolita; Los hombres de Marte están casados con el suelo, hay muy pocos cosmopolitas entre ellos. Y hay, o más bien hubo en Marte guerras y luchas constantes, debido a que los cuerpos astrales son muy fuertes y no están templados ni suavizados por un Yo. Si lo piensan, entenderán que entre los hombres que se desarrollan así debe haber inevitablemente una cantidad terrible de luchas y conflictos. Marte no es otra cosa que una especie de Antigua Luna reencarnada; lo que el cuerpo astral sostiene no está templado con la influencia suavizante del yo, con el resultado de que los hombres de Marte tienen una lujuria excepcional para la guerra. Los griegos actuaron sobre un verdadero conocimiento cuando hicieron de Marte el Dios de la Guerra. Uno realmente se llena de asombro y maravilla cuando encuentra en el mundo de la leyenda estos ecos de la verdad. Inolvidable es la impresión que se recibe cuando, habiendo descubierto que allí hubo guerras terribles, se encuentra que este conocimiento oculto está presente en los nombres que fueron dados del conocimiento contenido en los antiguos Misterios.

Piensen en la continuación de la vida de Buda, este Maestro de la Compasión y el Amor, este Maestro en la superación de las distinciones de casta, y comprenderán la misión que Buda tuvo en Marte, —introducir algo a lo que los hombres de Marte nunca podrían acceder sin ayuda, algo que les parecería una piedad exagerada, una especie de actitud monástica hacia la vida. Porque era la misión de Buda por medio de un sobresaliente ejemplo de superación de humildad y de pobreza acelerar la vida de los hombres de Marte en esta dirección. Sólo puedo hacer un esbozo imaginativo de la influencia de Buda sobre Marte. El significado de su trabajo allí para los hombres de Marte que viven sin el Yo, es en realidad enteramente similar a la influencia de un Redentor y un Salvador, que libera a los hombres a una concepción superior del mundo. Y mientras en la Tierra la hermandad universal y el amor al prójimo están conectados en su impulso más profundo con el Cristo, el cosmopolitismo en su carácter esencial está conectado con el Acto de Salvación que Buda tiene que cumplir en Marte.

Hay otro punto en nuestro estudio que podría presentar una dificultad, y me gustaría disponer de él antes de separarnos. Es el hecho de que las diversas religiones en la Tierra, que como cada teósofo sabe tienen una fuente única común, están diferentemente relacionadas con las comunicaciones ocultas. Toda religión tiene que ser remitida a su fundador que a través de esta religión dio a conocer a un grupo de personas, de una manera adecuada a su capacidad, alguna experiencia perteneciente a una etapa particular de iniciación. Tienen, por ejemplo, la religión que no es capaz de elevarse al Cristo, el Espíritu del Sol, sino que está especialmente adaptada para elevarse al alma grande y de largo alcance que vivió en el ser que estuvo muchas veces encarnado como Bodhisattva —Una religión que mira hacia arriba en adoración al que es el gran Iniciador, el gran Inspirador, el Buda. Esta religión no puede ascender a la visión de que el Cristo es el Espíritu del Sol que ha descendido a la Tierra. Sólo ven hasta el que es enviado como mensajero; lo juntan, por así decir, con el contenido que sale del Sol y lo convierten en un Espíritu Planetario. Y podemos entender bien que Buda es considerado como un espíritu planetario.

Tal religión, que eleva los pensamientos de los hombres hacia el Espíritu que guía la evolución del Buda, sólo pudo comprender una figura como la de Vishnu en el Trimurti indio. Además, puesto que una religión de este tipo todavía no ha llegado al conocimiento de la victoria universal de Cristo sobre Lucifer, tampoco es capaz de colocar la figura de Lucifer en tal relación con el Cristo como lo podemos hacer hoy en día. Para los seguidores de tal religión, Lucifer parece estar junto al Cristo como una figura independiente, —Su igual, insubordinado. Hemos visto cómo a Lucifer se le da el lugar de una especie de hermano. Esto es lo que tienen cuando Shiva se enfrenta a Vishnu. Miren en la religión de Shiva, estúdienla cuidadosamente; y me seguirán cuando digo que la religión de Shiva de la India se puede entender cuando se tiene conocimiento del Ser de Lucifer. Porque Shiva es en realidad Lucifer en la forma en que todavía no había sido vencido. Todo su culto y ritual, toda la religión de Shiva con sus 60 millones de adherentes—Visto desde este punto de vista, se muestra como una religión eminentemente luciférica. A partir de estos ejemplos, comprenderán fácilmente cómo todas las formas de conocimiento oculto han sido capaces de imprimir su influencia en las diferentes religiones de las distintas etapas, de acuerdo con el carácter y la disposición de los pueblos interesados.

Y ahora quiero pedirles que me sigan en una consideración más. Hemos hablado de la Luz Inmanifiesta y de la Palabra Inexpresada; Y hemos logrado también llegar por muchos desvíos a la Conciencia sin Objeto. Detengámonos ahora un momento en esta trinidad y preguntémonos: ¿Se manifiestan estas tres cosas en nuestro mundo?

La respuesta es que, reuniendo todo lo que se ha dado en el curso de estas conferencias, podemos sin dificultad llegar a un conocimiento de cómo estas tres cosas se expresan en nuestro mundo. ¡Tomen la luz! Cuando dimos una descripción del orgulloso Lucifer, ¡era todo Luz! La luz es esencialmente un atributo de lo espiritual; Y cuando está en el plano físico, el hombre sólo tiene la luz —y desde luego en su expresión más débil— en sus pensamientos. ¿Y dónde tiene el hombre la Palabra Inexpresable, cuando está aquí en el plano físico? Lo que en el Gran Mundo es palabra inexpresable es palabra expresable aquí en el plano físico, y no tardarán mucho en descubrir cuál es el origen y la fuente de la palabra. Es lo que llamamos el alma en el hombre. Mientras la Luz gradualmente se convierte en lo espiritual en el hombre, la Palabra se revela gradualmente en la naturaleza anímica el hombre. Y la Conciencia ¿cómo se manifiesta en el hombre físico? Por el hecho de que la materia externa le toca. Pues la conciencia física necesita un objeto externo, ¡debe, por así decirlo, tener algo que morder! Arriba encontramos: Conciencia sin objeto, Palabra inexpresable, Luz no manifestada. Abajo, encontramos como su última manifestación en el plano físico: la conciencia humana que trabaja en la materia; El alma que revela, aunque en forma oscura, la palabra; Y finalmente la luz que está presente en forma sumamente débil en el pensamiento del hombre. Sólo en el aura humana puede el vidente ver el pensamiento como luz. Todo lo que proviene de la luz sólo puede verlo como aura. Sin embargo, en el pensamiento —en lo que ya es espiritual en el plano físico— podemos reconocer el último reflejo de la Luz Inmanifiesta. Así que, ya ven, el hombre puede, después de todo, expresar estas tres cosas más elevadas que encontramos. Los descubrimos cuando consideramos al hombre como espíritu, alma y materia. Y en la unificación del espíritu y el alma el hombre encuentra la imagen de su yo como una unidad. Sí, incluso esta tríada que encontramos en el plano físico —materia, alma, espíritu— es una revelación de la más alta Trinidad. Los hombres perdieron estas revelaciones primitivas del ocultismo de los tiempos antiguos, y el ocultismo adquirió gradualmente una nueva forma que se encontró con poca comprensión externa. En nuestro tiempo el ocultismo debe volver a encontrar comprensión, en nuestro tiempo debe convertirse en Teosofía. Ha habido un tiempo intermedio cuando los hombres no se elevaron a las verdades ocultas que se les habían comunicado anteriormente, cuando no entendían lo que hoy vemos en las palabras de la Teosofía. Y en este tiempo intermedio se sostuvieron por la última manifestación, el último producto como si fuera de la obra de la Trinidad Superior,  —se sostuvieron a la materia, el alma y el espíritu. Esta etapa dio nacimiento a lo que podríamos llamar Filosofía, que en realidad apareció por primera vez unos seis siglos antes de Cristo y ha continuado hasta nuestros días. Siempre encontrarán que la filosofía comienza desde la última manifestación externa de la gran trinidad que permanece siempre profundamente oculta. La Filosofía ve esparcir ante ella la vida material, y la vida material sola, como si fuera la comida para la conciencia humana. La Filosofía no comprende la Palabra Inexpresable, pero puede sin embargo tener un sentimiento para el elemento del alma en el mundo cuando se revela en el alma del hombre como la palabra expresada. La Filosofía no encuentra la Luz Inmanifestada, sino que la percibe desde lejos, en la medida en que aparece, en su última actividad, en el pensamiento humano, es decir, en aquella parte del espíritu humano que se manifiesta en el mundo exterior. Cuerpo, alma y espíritu  —la mente de los griegos los ve como un hombre triple, y desempeñan su papel justo a través de la era de la filosofía. La humanidad ha estado pasando por una época en su evolución cuando lo Oculto estaba oculto. Oculta también estaba la Teosofía. Todo lo que quedaba para que el hombre se aferrara era lo más externo de todas las revelaciones, era lo que llamamos cuerpo, alma y espíritu. Y esta época ha durado hasta ahora. Pero el tiempo de la Filosofía se cumple. Los filósofos han tenido su día. Lo único que le queda a la Filosofía es salvar para el hombre aquello que el clarividente debe recordar en la primera etapa de su evolución, el Yo, la autoconciencia. Y es importante que la filosofía no falle en esta tarea. Traten de entender mi “Filosofía de la Libertad” desde este punto de vista. El libro está escrito de tal manera que conduce la conciencia filosófica a la nueva era que viene, cuando aquello que puede dar una imagen más exacta y precisa de la Trinidad Superior debe entrar una vez más en la evolución de la humanidad, La Teosofía debe encontrar su camino en la evolución humana.

La era de la filosofía ha llegado a su fin. Más antigua que la Filosofía es la Teosofía, y la Teosofía tomará el lugar de la Filosofía, a pesar de toda oposición. Tiene, por así decirlo, la vida más larga, excede en duración la edad de la Filosofía. Sólo durante un tiempo limitado se puede estudiar al ser humano desde el punto de vista filosófico. Más allá en el pasado, y también en el futuro, se extiende la edad en que el hombre puede ser considerado desde el punto de vista de la Teosofía. Transcender ambos, y sondear el ser del hombre al extremo, es el Ocultismo. Porque detrás de todo conocimiento humano se encuentra el Ocultismo. El Ocultismo es el más antiguo de todos; Tiene la edad más larga del tiempo. Antes de la teosofía estaba el ocultismo; Después de la teosofía, el ocultismo seguirá siendo. Antes de la filosofía, era la teosofía; Después de la filosofía, la teosofía seguirá siendo.

Y ahora, queridos amigos, intentad, entre otros ideales, aprehender éste, que seáis llamados a comprender cómo en nuestro tiempo el ideal filosófico (que ha sido necesariamente sostenido por unos pocos) tiene que fluir hacia un nuevo ideal, El ideal teosófico, que será comprensible para muchos, porque la teosofía es capaz de hablar al hombre desde profundidades mucho más profundas que la filosofía, que no puede ser más que abstracta, ya que es sólo una última copia débil del ser original del hombre en su triplicidad. Si estudiamos el asunto de la manera que hemos hecho, entonces lo estamos viendo todo en el fondo de la historia del mundo como necesidad histórica; Sentimos lo que la teosofía debe ser para el hombre moderno y reconocemos cómo los tres puntos de vista —filosofía, teosofía, ocultismo— son en verdad maneras de entender al hombre que deben desplegarse una tras otra. Que este pensamiento no permanezca sólo como un pensamiento en la cabeza, sino que se hunda profundamente en sus corazones, y aprenderán a apreciar cuán importante, así como la santa teosofía debe ser para nosotros.

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2017

 

GA202c3. El camino hacia la Libertad y el Amor y su importancia en los acontecimientos mundiales

Rudolf Steiner – Dornach – 19 de Diciembre de 1920

English version

El hombre está en el mundo por un lado como un ser pensante, contemplativo y como hacedor, como un ser de acción, por el otro; Con sus sentimientos vive dentro de estas dos esferas. Con su sentimiento responde, por un lado, a lo que se le presenta a su observación; y por el otro lado, introduce el sentimiento en sus hechos, en sus acciones. Sólo necesitamos considerar cómo un hombre puede estar satisfecho o insatisfecho con el éxito o la falta de éxito de sus actos, cómo en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, y veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la voluntad, de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes somos Hombres en el sentido más verdadero. Consideren también, cómo todo lo que nos da conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos crear interiormente una imagen del mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestro ser esencial. Como hacedores, como hombres de acción, tenemos nuestro lugar en la vida social y fundamentalmente hablando, todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene un cierto significado en esta vida social.

En cuanto que somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos hacedores, es decir, seres sociales, la voluntad operará en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo es nunca, que las cosas puedan simplemente ser pensadas intelectualmente una al lado de la otra; la verdad es que lo que es un factor activo en la vida se puede caracterizar como de un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente, podemos imaginarnos a nosotros mismos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente saciado, la voluntad está continuamente activa. Y de nuevo, cuando estamos haciendo algo, el pensamiento también está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en el camino de las acciones o andanzas —que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social— sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que estamos haciendo. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, está contenido el elemento del pensamiento; y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial ser muy claro acerca de lo que está involucrado aquí si queremos seriamente construir el puente entre el orden mundial moral-espiritual y el orden natural-físico del mundo.

Imaginen que están viviendo por un tiempo puramente en la reflexión como generalmente se entiende, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en el pensamiento. Sin embargo deben comprender, que en esta vida de pensamiento, también esta activa la voluntad; la voluntad está entonces trabajando en su ser interior, irradiando sus fuerzas al reino del pensamiento. Cuando imaginamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos hacemos conscientes de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos afectará con respecto a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, pensamientos distintos a los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tendremos un rico contenido de pensamientos; si nuestra experiencia de la vida ha sido escasa, tendremos un pobre contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno —hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente nuestro; Lo que es intrínsecamente nuestro es cómo conectamos un pensamiento con otro y de nuevo lo disociamos, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento —todo esto es inherentemente nuestro. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es nuestra.

Si estudiamos esta vida de pensamiento en un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, en lo que respecta a su contenido real, nos vienen desde fuera, pero que somos nosotros mismos los que elaboramos estos pensamientos. —Fundamentalmente hablando, por lo tanto, con respecto a nuestro mundo de pensamientos dependemos totalmente de las experiencias que traemos por nuestro nacimiento, por nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que brota de las profundidades del alma, llevamos a lo que viene a nosotros desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestra propiedad.

Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes por un lado, el contenido del pensamiento que nos viene del mundo circundante y por otro lado, la fuerza de la voluntad, que viene de dentro de nuestro ser, irradiando en el mundo del pensamiento. ¿Cómo nos volvemos en realidad interiormente más y más espirituales?  —No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es el mundo físico y material. Correr constantemente en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeable, que llevamos a cabo en nuestros pensamientos.

Por eso la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino en mantener ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad. Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interna de la voluntad en la esfera del pensamiento, en más espirituales nos convertiremos. Cuando tomamos los pensamientos del mundo material exterior —y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos— nos convertimos, como ustedes pueden fácilmente comprobar, en libres; porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos en el mundo exterior; en lo que se refiere al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar como prescribe el mundo exterior; sólo cuando elaboramos los pensamientos nos volvemos libres en el sentido real.

Ahora es posible alcanzar la libertad completa en nuestra vida interior si cada vez borramos y excluimos más el contenido real del pensamiento, en la medida en que este viene de fuera, y acentuamos en mayor actividad el elemento de voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, sacando conclusiones y cosas por el estilo. De este modo, nuestro pensamiento se convierte en lo que he llamado en mi “Filosofía de la Libertad”: en pensamiento puro. Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro también puede llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del Pensamiento llegamos al reino de la Voluntad, cuando nos volvemos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que está enteramente irradiado por la voluntad; ya no toma nada de fuera, sino que su propia vida es de naturaleza volitiva. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la “Filosofía de la Libertad”, “Imaginación Moral”.

La Imaginación Moral se eleva a las Intuiciones Morales que entonces impregnan e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la «necesidad» que impera en el mundo material, nos impregnamos de una fuerza que es inherentemente nuestra y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en el hombre desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.

Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? —Cuando estornudamos, digamos que también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, la intención deliberada y la ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan. Tenemos que aprender a hablar, de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada palabra a golpe de un esfuerzo de voluntad; pues también un elemento instintivo entra en el habla. Al menos, es así en la vida cotidiana, y lo es enfáticamente en el caso de aquellos que no se esfuerzan por la espiritualidad. Los marrulleros, que siempre abren la boca para decir alguna cosa u otra en la que se encuentra muy poco pensamiento, dan a los demás la oportunidad de notar —ellos mismos, por supuesto, no lo notan— cuánto hay en el discurso que es instintivo e involuntario.

Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, por así decirlo, de procesos orgánicos, más llevamos los pensamientos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente una cuestión de vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; caminando realmente hay muy poco; lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así vamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo fluye la voluntad en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no vamos en esta condición, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones y cuando nuestras acciones evolucionan más hacia la perfección, mas se están llevando nuestros pensamientos hacia ellas.

Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando enviamos la voluntad —nuestra propia fuerza inherente— a nuestro pensamiento, cuando impregnamos nuestro pensamiento con voluntad. Traemos la voluntad al pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que gradualmente perfeccionamos nuestras acciones finalmente conseguimos enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones —que proceden de nuestra voluntad— con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Del otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX).

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Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica —¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones?. Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. —Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos mueve a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que impregna nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el Amor.

Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con la voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desarrollamos el amor en nuestras acciones dejando que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento dejando que lo que es de naturaleza volitiva irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como hombres, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y del amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. Cada uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento es forjada en el amor; el pensamiento que está impregnado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.

Así podemos ver cómo en el ser humano los dos grandes ideales, la Libertad y el Amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el hombre, de pie en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, se une uno con el otro para el bien del mundo.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida permeada por la voluntad en el pensamiento? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representara procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos y arraigar cada vez más allí. La voluntad a lo sumo sería capaz de rayar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad sólo puede tener un efecto real si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. ¿Qué debe ser entonces?.

Podrán imaginar lo que debe ser si toman una imagen como punto de partida. Si tienen aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; sfgi luego se colocan detrás del espejo, no encontraran nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen —nada más. Nuestros pensamientos son imágenes en este mismo sentido. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? —

 

En una conferencia anterior dije que la vida del pensamiento como tal no es una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento irradia desde nuestra existencia antes del nacimiento, o más bien, antes de la concepción. La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y así como aquí el objeto se coloca ante el espejo y lo que presenta es una imagen —sólo eso y nada más— así lo que desplegamos como la vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y sólo irradian en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una realidad espejo solamente. Porque esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede penetrar en el espejo de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, veremos que la vida del pensamiento consiste en una imagen-espejo, si miramos el pensamiento en su forma más pura —las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia espejo. A través de las matemáticas, la composición de objetos externos puede ser analizada y determinada; pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad exterior.

Pensadores abstractos como Kant también emplean una expresión abstracta. Dicen: los conceptos matemáticos son a priori. – A priori, (apriority) significa “de lo que es antes”. [E.Ed: Ver Diccionario de Oxford.] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su “aprioridad”. Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no se entiende! Los hombres como Kant tenían una idea débil de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término “a priori” realmente no nos dice nada, en realidad, señala algo meramente formal. En cuanto a la vida del pensamiento, que con su existencia-espejo debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI, Schein.)

Consideremos ahora el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se realizan con el Amor. Aquí nuestra conciencia está, por decirlo así, rayando, rebotando en la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde se despliega la voluntad cuando levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos conceptos suprasensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; pero su complicado proceso de funcionamiento permanece tan escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el sueño sin sueños. Percibimos nuestro brazo; percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablan aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero sin embargo el pensamiento en cierto sentido, esta rebotando de ella durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).

Entre estos dos polos yace el factor de equilibrio que une a los dos: une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, como fluyen en hechos forjados con amor, se sienten, por decirlo así, con el corazón. Este medio de unión es la vida del sentimiento, que es capaz de dirigirse hacia la voluntad así como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento mediante el cual comprendemos, por un lado, lo que viene a expresarse en nuestro pensamiento permeado por la voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que por otro lado tratamos de asegurar que lo que pasa más en nuestras acciones se llene cada vez más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta ambos ha sido llamado desde tiempos antiguos Sabiduría. (Diagrama XI).

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben volver a la vida, pero en una forma completamente diferente —los tres elementos a los que apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, Inspiración, e Intuición.

Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre cuando el hombre despliega su vida de pensamiento? —¡Que la realidad se convierte en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros la cabeza, que con su cráneo duro y su tendencia a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde un tiempo anterior, cuando era realidad, entra en nosotros como apariencia, y del resto de nuestro organismo impregnamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo impregnamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra humanidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año determinado; antes  estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, se convierte en apariencia, y lleva a esa apariencia las fuerzas de su voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en apariencia, se enciende de nuevo para convertirse en realidad del futuro.

Vamos a entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando el hombre se eleva al pensamiento puro, al pensamiento irradiado por la voluntad? —Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de su yoidad, se despliega dentro de él una nueva realidad que conduce al futuro. Él es el portador de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como el suelo-madre; en este suelo-madre se coloca lo que viene del yo individual y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.

En el otro lado, el hombre evoluciona impregnando sus hechos y acciones, su naturaleza de voluntad, con pensamientos; con actos que se realizan con amor. Tales hechos se separan de él. Nuestras acciones no permanecen confinadas a nosotros mismos. Se convierten en acontecimientos del mundo; y si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo que respecta al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones impregnadas de pensamiento. Y así como cuando se despliega una planta ya contiene en su flor la semilla a la que debe venir la luz del sol, el aire exterior, y así sucesivamente, a lo que algo debe ser traído desde el cosmos para que pueda crecer, en lo que se despliega a través de la libertad debe encontrarse un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.

Así, el hombre permanece dentro del gran proceso de la evolución del mundo, y lo que ocurre dentro del límite de su piel y fluye más allá de su piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para él, sino para el mundo, para el Universo. Él pone su granito en la arena de los acontecimientos cósmicos, en los acontecimientos del mundo. Lo que era la realidad en épocas anteriores se convierte en apariencia en el hombre, la realidad se disuelve continuamente, y su apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo una nueva realidad. Aquí tenemos —como si espiritualmente pudiéramos poner nuestro dedo sobre ello— lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está continuamente transformándose en apariencia; y una nueva creación tiene lugar en lo que a través del Hombre, que se presenta ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma nuevamente en Ser (Sein).

También podemos ver esto si nos fijamos en el otro polo  —sólo que este no es tan fácil de percibir. Los procesos que finalmente llevan a la libertad ciertamente pueden ser capturados por el pensamiento imparcial. Pero ver correctamente el caso de este otro polo se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Porque aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rebota cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está verdaderamente permeado por pensamientos; pero la conciencia ordinaria no percibe que así como la voluntad entra más y más en el mundo del pensamiento con una facultad cada vez mayor de juicio, así cuando llevamos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también impregnamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En un polo del ser humano vemos la superación de la materia; en el otro polo, vemos el nuevo nacimiento de la materia.

Como he señalado brevemente en mi libro Enigmas del alma, el hombre es un ser triple: como hombre de sistema nervioso y perceptivo es portador de la vida del pensamiento, de la percepción; como ser rítmico (respiración, sangre circulante), es portador de la vida del sentimiento; como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero ¿cómo, entonces, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega cada vez más en el amor? Opera en que, como el hombre realiza tales actos, la materia es continuamente superada. Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? —¡Nace la materia!— ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestro organismo de las extremidades y del metabolismo.

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Esta es la manera en que debemos estudiar al hombre completo. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo esto se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso de los átomos tiene que ser tomado, considerándolo una realidad firmemente fijada. Y porque el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de esta manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia de que lo que una vez ha estado firmemente fijado en el pensamiento también debe estar firmemente fijado en la realidad.

No es otra cosa que la debilidad del pensamiento en la que se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijos y duraderos. Lo que se revela a nosotros a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es que la materia es continuamente disuelta hasta la nulidad y continuamente reconstruida a partir de la nulidad. Es sólo porque cuando la materia muere, surge la nueva materia, que la gente habla de la conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si un número de documentos fueran llevados a una casa, y copiados allí, pero los originales se queman y las copias se sacaran de nuevo, y entonces creyeran que lo que fue cargado había sido  llevado a cabo—que es la misma cosa. La realidad es que los documentos antiguos han sido quemados y los nuevos reescritos. Es lo mismo con lo que viene a ser en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere y de la apariencia surge la nueva materia, está la posibilidad de la libertad, y también está la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor siempre están van unidos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Libertad. Aquellos que, partiendo de alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el desarrollo pleno del amor por el otro.

Pues sólo por el hecho de que en el hombre el pasado muere, se convierte en apariencia, y el futuro como nueva creación en la condición de una semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor —devoción a algo a lo que no estamos coaccionados por el pasado— y la libertad —acción que no está predeterminada.

La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo para una concepción científico-espiritual del mundo, no de cualquier otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrá que superar antes de que los hábitos de pensamiento prevalecientes en la humanidad moderna puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento imparcial y científico-espiritual. Pues en la imagen del mundo existente en las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.

Cómo la imagen natural-científica del mundo, por un lado y por el otro, la imagen tradicional y antigua del mundo, se relacionan con un desarrollo verdaderamente progresivo, espiritual y científico de la humanidad —de esto hablaremos en alguna otra ocasión.

Traducido por Gracia Muñoz, en Mayo de 2017

GA140. La Antroposofía como sustancia de vida y sentimiento – Veneración y reverencia por lo oculto y los hechos ocultos

Rudolf Steiner. Tubinga, 16 de febrero, 1913 


English version

A veces nos detenemos en consideraciones antroposóficas y nos preguntamos: ¿Qué es lo que nos lleva a un movimiento espiritual como el movimiento antroposófico?. Podemos, por supuesto, responder a una pregunta similar desde diferentes puntos de vista. Pero uno de los puntos de vista (aunque no es el único, es sin embargo el más importante) es que es más capaz que cualquier otro de suministrar una respuesta satisfactoria a la contemplación del curso de la vida del sentimiento que experimenta el alma humana entre la muerte y un nuevo nacimiento. De hecho, los acontecimientos que tienen lugar durante la larga duración de la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento no son menos importantes o detallados que los eventos que tienen lugar entre el nacimiento y la muerte; hoy sólo puedo destacar algunas de las cosas importantes que se experimentan.  Sin embargo tengo que decir que en cualquier momento y en cualquier punto donde observamos la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento siempre nos convencemos de que la humanidad debe prepararse para un momento en el que conocerá y sentirá algo concerniente a los mundos suprasensibles.

Vamos ahora a penetrar inmediatamente en hechos definidos y concretos. Si un clarividente que es capaz de contemplar la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento percibe lo que se describirá más adelante, esta visión de hecho puede inducirlo a considerar como una tarea urgente el difundir el conocimiento del mundo espiritual.

Tomemos el caso de un hombre que ha muerto. El clarividente le busca, trata de verle algún tiempo después de que la persona en cuestión ha pasado a través del portal de la muerte. En la forma en que es posible comunicarse con los difuntos, él puede oír las siguientes palabras pronunciadas por el finado. (Este es un caso concreto.)

El difunto habla con él de la siguiente manera: “He dejado atrás a mi mujer; Yo sé que ella todavía está viviendo en el mundo físico”(Por supuesto, el muerto no se expresa con palabras físicas)”. Mientras vivía con ella en el mundo físico, y asistía a mi trabajo en la oficina de la mañana a la noche, ella siempre fue el sol de mi vida. Cada una de sus palabras me llenaban de felicidad; de hecho, mi vida era tal, que no podía imaginarla sin el sol que derramaba sobre ella la pareja de mi vida. Después pasé a través del portal de la muerte y la dejé atrás. Ahora estoy deseando volver otra vez, siento cómo la extraño; mi alma anhelante busca encontrar el camino que me conduzca a la compañera de mi vida. Pero no puedo encontrar su alma, no puedo penetrar el lugar que habita, es como si ella no estuviera allí. Y a veces tengo una idea de su presencia y siento como si yo estuviera allí, como si estuviera a su lado, pero ella esta muda, por lo que sólo puedo comparar esto con el caso de dos personas, una de las cuales está llena de deseos de hablar mientras que la otra permanece muda y en silencio. De este modo el ser que me ha llenado de felicidad durante mucho tiempo en la vida física se ha vuelto silenciosa”.

Vean ustedes, si investigamos qué puede ser la causa de todo esto, obtenemos la respuesta: no hay un lenguaje en común entre los difuntos y los vivos que se han quedado atrás. Nada llena el alma de una sustancia que pudiera seguir haciéndola perceptible. Porque les falta un lenguaje en común dos almas se sienten separadas.

Pero esto no fue siempre así. Si retrocedemos en la evolución humana nos encontramos con que las almas poseían una cierta herencia espiritual, una espiritualidad que los hacía perceptibles entre sí no sólo en el plano físico, sino también cuando una de ellas habitaba en el mundo físico y la otra en el mundo espiritual. Pero la antigua herencia de la interioridad espiritual se ha agotado. Ya no existe, de modo que realmente puede surgir el caso angustioso de un alma que ha sido amada por la otra con tanto afecto como acabo de describir, pero que no puede ser encontrada más allá de la muerte, porque nada de lo que puede ser percibido por el alma que ha partido vive dentro del alma que permanece sobre la Tierra.

Lo que puede ser percibido por el alma del difunto es el conocimiento y sentimiento espiritual: este es el enlace que conecta al alma sobre la Tierra con el mundo espiritual. Si aquí en la Tierra el alma que ha quedado atrás fomenta el conocimiento del mundo espiritual, y si los pensamientos conectados con el mundo espiritual descansan sobre ella, estos pensamientos pueden ser percibidos por el alma del difunto, incluso los antiguos sentimientos religiosos son suficientes para dar al alma algo que puede ser percibido por la otra.

 Si fuera posible rastrear este caso aún más, el vidente descubriría que, incluso cuando ambas almas hubieran pasado por el portal de la muerte sólo serian capaces de percibirse débilmente; que en modo alguno podría establecerse una conexión recíproca, o tendrían gran dificultad en hacerlo, porque no tienen un idioma en común. La videncia revela el sentido profundo de la Antroposofía: pues es el lenguaje que se irá hablando tanto por los vivos como por los muertos, por los que habitan en el mundo físico y por los que viven entre la muerte y el nuevo nacimiento.

 Las almas que se han quedado atrás y que llevan en su interior pensamientos respecto a los mundos suprasensibles se hacen visibles a las almas de los difuntos. Si han entregado su amor antes de la muerte, lo harán también después de la muerte. Esto puede convencernos de que la Antroposofía es un lenguaje que hace perceptible para el mundo suprasensible lo que ocurre en el mundo de los acontecimientos físicos. De hecho, el peligro que amenaza a la humanidad sobre la Tierra es que las almas se están distanciando cada vez más unas de otras y no serán capaces de construir un puente de conexión, si las ideas espirituales no les permiten encontrar el hilo que las una. Esta es la realidad de la Antroposofía, porque no es una mera teoría. El conocimiento teórico es lo mínimo; lo que llevamos dentro de nosotros es el verdadero elixir del alma, es una sustancia real. Esta sustancia permite que el alma que ha pasado por la muerte pueda ver al alma que ha dejado atrás. Podemos decir que el vidente que sabe de estas cosas, ha percibido un alma llena de deseos de ver a quienes ha dejado atrás sobre la Tierra, pero no puede verlos porque su familia aún no ha encontrado la Antroposofía  —el vidente que percibe cómo sufren las almas ante privaciones similares, sabe que no puede hacer otra cosa que hablar con sus semejantes sobre la sabiduría espiritual, y considerar que ha llegado el momento de que la sabiduría espiritual entre en los corazones de los hombres. Podemos decir que aquellos cuya misión se basa en el conocimiento de los mundos suprasensibles sienten que es una necesidad urgente hablar de estos mundos suprasensibles, una necesidad que no puede ser pasada por alto, pues esto sería el mayor de los pecados. Por lo tanto se siente la necesidad de proclamar verdades antroposóficas, de hacer revelaciones sobre los mundos suprasensibles.

Lo que acabo de decir puede mostrarles la tremenda seriedad relacionada con esta necesidad de revelar verdades espirituales. Pero todavía hay otro aspecto de la comunicación entre los vivos y los muertos. No hemos avanzado mucho en esta dirección, pero gradualmente progresaremos. Con el fin de entender cómo los vivos gradualmente podrán establecer un tipo de comunicación con los que se ya se han marchado, hay que tener en cuenta las siguientes cosas. Muy poco se sabe de hecho en relación con el mundo físico. Porque ¿cómo se adquiere este conocimiento del mundo físico?; mediante el uso de los sentidos, aplicando el pensamiento y el sentir a lo que viene hacia nosotros desde el mundo exterior. Pero esto es sólo una parte de lo que está contenido en el mundo exterior. Contiene aún otras cosas. Me gustaría que ustedes se hicieran a la idea del hecho de que todavía hay otras cosas en el mundo que son mucho más importantes que lo que es real en el sentido físico. No me refiero al mundo suprasensible, sino a otra cosa. Imagínense, por ejemplo, que cualquiera de ustedes está acostumbrado a ir a su oficina todos los días a las 8 am y un día descubren que en esa mañana en particular van con tres minutos de retraso, y les sucede que cruzan una determinada plaza por la que se han visto obligados a pasar a través de una especie de garaje con un techo sostenido por columnas. Ese día en particular en el que cruzan la plaza tres minutos más tarde de lo habitual se percata de que si hubieran sido puntuales  —es decir, sin los tres minutos de retraso— se habrían matado por el colapso del techo. Traten de imaginar esto muy claramente También puede tomar el caso de un hombre que pierde un tren que después se destruye en una colisión; él se habría matado si no hubiera perdido ese tren! Todas estas son cosas que no han tenido lugar y las personas no se dan cuenta de ello. Pero si nos ocurre algo similar sin duda, provocara una gran impresión en nosotros. Por supuesto, el día de la mañana a la noche siempre contiene cosas que no nos han ocurrido. Estas están fuera del rango de nuestra visión por lo que tal vez puedan parecer “inventadas”, sin embargo, pertenecen a los ingredientes más importantes de la vida. Ustedes pueden hacerse una idea de estos hechos, si tienen en cuenta, por ejemplo el caso de cierto hombre en Berlín que había reservado una litera en el Titanic. Se encontró con un conocido que le dijo: “¡Ojalá no te fueras en el Titanic!” En realidad logró persuadirlo a posponer su partida. El Titanic se hundió, por lo que este hombre escapó de la muerte. Esto, sin duda dejó una impresión indeleble sobre él. Este es un caso especial, sin embargo, casos similares pasan continuamente desapercibidos: y si se notan, marcan una profunda huella en el alma humana.

Observemos ahora las cosas desde otro aspecto: el número de impresiones y sentimientos que escapan a nuestra atención porque no somos capaces de percibir los peligros de los que se nos ha preservado!

Si pudiéramos observar todo lo que está tan estrechamente vinculado con estas cosas y que escapan a nuestra atención, atravesaríamos el mundo con sentimientos completamente diferentes. El vidente descubre la siguiente posibilidad: Supongamos que el ejemplo antes citado es verdadero. Realmente cruzas esa plaza tres minutos después de lo habitual. El momento en que cruzas la plaza es el más adecuado para escuchar a un muerto que desea ser percibido por ti, que desea hablar dentro de ti. A continuación, puedes pensar o sentir: ¿De dónde vienen estos sentimientos que ahora surgen dentro de mi alma?. Esto no se limita necesariamente a estos casos particulares, pues esto puede ocurrir de muchas maneras. Los hombres comenzarán a sentir estas cosas si observan también el mundo de los posibles eventos, no sólo el mundo de los acontecimientos físicos. Reales son, por ejemplo, un gran número de arenques en el mar; pero sólo son posibles porque se han puesto una cantidad infinita de huevos. Así, una infinita riqueza de posibilidades se esconde en las profundidades de la vida. Lo que es real, está relacionado con el ejemplo de los arenques de la misma manera que la vida evitada dentro de los huevos. Esto es lo que hace una impresión tan infinitamente significativa sobre el vidente que llega a la línea límite que separa los dos mundos. El vidente puede obtener la siguiente impresión: “¡Cuán infinitamente grandes y llenos de contenido son los acontecimientos que tienen lugar en el mundo suprasensible, pero sólo una pequeña parte de todo esto se vuelve real en nuestro mundo de los sentidos! Y si esto ha sido experimentado, también puede sentirse lo siguiente: “La de cosas infinitas que se esconden en las profundidades de la vida”. Este sentimiento se desarrollará con la ayuda de los pensamientos antroposóficos. Hemos de ser capaces de sentir que en todos los puntos que contienen algo que es real en el sentido físico, algo se oculta dentro de ellos. Detrás de cada flor, cada bocanada de aire, en cada pequeña piedra o en el cristal se encuentran infinitas posibilidades. Los antropósofos desarrollarán gradualmente este sentimiento, de reverencia y devoción por lo que yace oculto dentro de las cosas, lo desarrollarán gradualmente. Y si los seres humanos desarrollan gradualmente este sentimiento, descubrirán de manera totalmente independiente que en momentos como los que acabamos de describir entrarán en una relación con los que están muertos en lo que respecta a la vida terrenal. Los muertos comenzarán a hablar. En el futuro, los hombres experimentarán como algo bastante normal que una persona muerta esté hablando dentro de su alma. Aprenderán gradualmente a conocer la fuente de estas comunicaciones; es decir, reconocerán quién les está hablando. Sólo porque los hombres de hoy pasan tan descuidadamente ante el mundo infinito de los difuntos y la profundidad infinita de lo posible, sólo por eso no oyen lo que los muertos hablan dentro del corazón de los vivos.

El doble aspecto de las cosas que acabo de explicarles, a saber, que a través de las almas que están en la Tierra, a través de los pensamientos de los antropósofos, se forma algo que puede ser percibido por los muertos —y que los muertos podrán hablar a los corazones que han encontrado su camino en los sentimientos antroposóficos– que puede mostrar la transformación que puede tener lugar para el conjunto de la humanidad a través de la difusión de la Antroposofía. Un puente será construido uniendo estos mundos con los mundos del más allá. Y es un hecho que la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento va a cambiar. No será simplemente una teoría, se convertirá en una realidad, porque se establecerá la comunicación entre los vivos y los llamados muertos, que están, sin embargo, más vivos que nosotros. Entonces las almas de la Tierra también serán capaces de sentir lo que puede ser fructífero para los muertos. Porque si no sentimos lo beneficioso que es para los muertos, si nos acercamos a ellos, no podremos hacerlo de la manera correcta.

Tomemos ahora un caso extremo. Esto puede ocurrir si usted es un antropósofo y vive con otra persona como un hermano o hermana, padre o madre, esposo o esposa. Considerando que uno de los dos se siente atraído por la Antroposofía, y la otra puede estar llena de rabia porque el primero se acerca a la Antroposofía! ¿Con qué frecuencia nos encontramos con esto! En efecto, pueden asumir esta forma en el ámbito de la conciencia, pero no dentro del alma. En este caso puede tener lugar otra cosa. En el cuerpo astral está el subconsciente. Mientras que alguien puede estar violentamente furioso contra la Antroposofía, su subconsciente puede estar lleno de un intenso deseo de saber algo acerca de la misma. Cuanto más se arremete contra la Antroposofía, más va a tener en su subconsciente el deseo y el impulso de saber algo de ella. Y cuando se cruza el umbral de la muerte, las cosas adquieren su verdadero aspecto y nada puede enmascararse. Aquí en la Tierra podemos mentir y pretender ser diferentes de lo que realmente somos; pero después de la muerte todo se convierte en verdadero y muestra su autentico rostro. Si durante nuestra vida en la Tierra hemos arremetido fuertemente contra la Antroposofía, un anhelo de la Antroposofía surgirá después de la muerte, y se sufrirán tormentos porque este deseo no puede ser satisfecho. La persona que todavía está viva podría, por ejemplo, imaginar que está sentada frente de uno que ya ha partido; y enunciar pensamientos antroposóficos, pues el alma que ha partido va a entender estos pensamientos, aunque no haya sido un antropósofo durante su vida. Si la persona viva es un antropósofo, en ese caso el difunto podrá percibirlo.

Lo que podríamos llamar, una cierta inclinación hacia la lengua hablada durante la vida, es algo que debe tenerse en cuenta, ya que poco después de la muerte, el difunto todavía tiene una cierta relación con la lengua que ha hablado durante su vida. Por esta razón, debemos vestir a nuestros pensamientos en el lenguaje que la persona muerta estaba acostumbrada a hablar; después de cinco, seis, ocho años, sin embargo —en algunos casos incluso antes— es evidente que el lenguaje del Espíritu es capaz de superar los obstáculos que surjan de la forma externa de la palabra, y el fallecido pueda comprender los pensamientos antroposóficos aunque haya hablado durante su vida en otro idioma. En cualquier caso, se demuestra algo muy hermoso si un antropósofo lee para un amigo desaparecido, sobre todo a uno que no ha sido un antropósofo durante su vida. Esto es un enorme beneficio para los muertos, uno de los mayores servicios de amor. No nos limitaremos a extender la Antroposofía como medio de enseñanza —esto debe hacerse, por supuesto, pues es necesario— pero la Antroposofía también debe ser activada dentro del alma de una manera mucho más discreta. Las tareas espirituales, incluso los oficios espirituales, pueden, por así decirlo, desarrollarse y ser de gran ayuda para las almas en su desarrollo después de la muerte. Y es en esto que debemos esforzarnos más y más: ayudar a las almas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento a superar la gran dificultad, consistente en que la antigua herencia espiritual ya se extinguio y ha llegado el tiempo en el que es muy difícil para las almas encontrar la dirección correcta después de la muerte, en la que es casi imposible para las almas que moran entre la muerte y un nuevo nacimiento encontrar su camino.

El vidente puede entonces descubrir que, entre la muerte y un nuevo nacimiento, hay almas que se ven obligadas a realizar ciertas tareas, las cuales, sin embargo, no entienden. Esto, por ejemplo, es un hecho: el vidente que dirige su mirada clarividente hacia la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento puede discernir a las almas que están obligadas a cumplir tareas definidas. Durante un cierto período de tiempo, deben ser los sirvientes de poderes que son conocidos por nosotros como los espíritus de la enfermedad y la muerte. Aquí hay que hablar de una muerte que no se presenta como un fenómeno normal, sino que se apoderan de los hombres antes de tiempo muriendo en la flor de la vida. Cuando se presentan enfermedades, estos son eventos físicos, que son causados por fuerzas procedentes de los mundos suprasensibles. Las acciones de los seres suprasensibles se encuentran en la base de las enfermedades que se propagan rápidamente. Es tarea de ciertos espíritus traer la muerte prematura. Que esto esté no obstante, enraizado en la sabiduría, es un hecho que no podemos considerar ahora; pero es fundamental tener en cuenta que nos encontramos con las almas que están bajo el yugo de estos seres. Y aunque el vidente debe haberse acostumbrado a cierta calma y serenidad, es doloroso y angustioso mirar a estas almas que trabajan bajo un yugo, que las obliga a traer la enfermedad y la muerte a los seres humanos sobre la Tierra. Y si el vidente trata de recorrer el camino de estas almas hasta llegar a su vida anterior sobre la Tierra, descubrirá por qué estas almas están condenadas a ser siervas de los espíritus de la enfermedad y la muerte. La causa radica en la falta de escrúpulos, que estas almas han desarrollado durante su vida física. En la medida en que han actuado sin escrúpulos durante su vida sobre la Tierra, se condenan ahora a sí mismas como sirvientes de estos seres malignos. Así como la causa y el efecto están conectados cuando dos bolas chocan entre sí, las  personas sin escrúpulos deben convertirse en los sirvientes de estos poderes malignos. ¡Este es un hecho profundamente conmovedor!.  Hay todavía otra cosa, que el vidente percibe: hay almas que están bajo el yugo de los espíritus ahrimánicos; que deben preparar las causas espirituales de todo lo que ocurre aquí en forma de obstáculos e impedimentos a nuestras acciones. Ahriman también tiene esta tarea. Todos los obstáculos que se presentan aquí, son el resultado de las influencias que emanan del mundo espiritual. Son los sirvientes de Ahriman los que hacen esto. ¿Por qué estas almas están obligadas a realizar estos servicios? Debido a que hicieron adictos a una forma cómoda  e indolente de vida durante su existencia entre el nacimiento y la muerte. Y si se tiene en cuenta cuántas personas son indolentes y perezosas, nos encontramos con que Ahrimán puede esperar un gran número de reclutas!. Es esta indolencia perezosa cuya influencia se está extendiendo en gran medida en la vida humana. Incluso los economistas políticos modernos tienen en cuenta no sólo el egoísmo humano y la competencia, sino también esta inclinación hacia una vida cómoda. La comodidad se ha convertido en un factor de la vida.

Otra cuestión es si tenemos estas experiencias para que podamos encontrar nuestro camino y saber por qué debemos experimentarlas, o si las experimentamos inconscientemente, sin saber por qué debemos servir a estos espíritus. Si sabemos por qué estamos bajo el yugo de los malos espíritus que traen enfermedades epidémicas, también sabremos de las buenas cualidades que se requieren en nuestra próxima vida con el fin de llevar a cabo un ajuste cósmico que anule las malas influencias. Si no podemos entender estas experiencias, de hecho formamos el mismo karma, pues creamos algo que se ajustará sólo en la segunda encarnación, de modo que retardamos nuestro progreso real. Por esta razón, es importante aprender a conocer estas cosas aquí en la Tierra, porque después de la muerte las experimentaremos. Debemos aprender algo acerca de ellas aquí en la Tierra. También esto nos muestra la urgencia necesaria de hacer que este nuevo conocimiento sea accesible a los hombres mediante la difusión de verdades espirituales, porque la antigua clarividencia ya no existe. La pregunta: “¿por qué somos antropósofos?” debe ser contestada por los mismos hechos espirituales, que atraen profundamente no sólo a nuestra comprensión, sino también a nuestros sentimientos. Así aprendemos poco a poco a considerar la antroposofía como un lenguaje universal que nos permite romper la barrera entre los mundos en los que nuestra alma se aloja alternadamente dentro de un cuerpo físico y fuera de un cuerpo físico. La pared divisoria que oculta el mundo suprasensible de nuestra vista caerá si la Ciencia Espiritual realmente penetra en las almas de los hombres. Debemos sentir esto, y entonces tendremos un verdadero entusiasmo interior por la Antroposofía.

hombre velado

Permítanme hablar de otro fenómeno. El vidente experimentará que un momento especial entra en la vida de las almas que están entre la muerte y un nuevo nacimiento, un momento que tiene una enorme influencia sobre el vidente y también sobre los que pasan por él. Este momento estará más atrás en el caso de algunas almas, y en el caso de otras aparecerá antes. Si observamos el sueño con la visión clarividente, cuando el ser humano está fuera de su cuerpo físico con su cuerpo astral y su Yo y mira hacia atrás sobre los cuerpos físico y etérico, generalmente obtendremos la impresión de que el cuerpo físico parece morir lentamente.

 Sólo durante la primera infancia, hasta que el niño adquiere la comprensión y comienza su memoria, el sueño en el cuerpo del niño aparece como algo que eclosiona y florece; pero muy pronto, y de una manera que es claramente evidente para el vidente, el cuerpo comienza a desaparecer poco después de que ha entrado en la vida física; la muerte no es más que la última etapa de este proceso de decadencia. Existe el sueño con el fin de que las fuerzas utilizadas en la vigilia puedan llegar a ser regeneradas. Pero esta regeneración es incompleta. La parte no regenerada que queda atrás es siempre, en una pequeña parte, una de las causas de la muerte. Si estas partes no regeneradas se acumulan, por lo que las fuerzas de regeneración ya no pueden hacerse valer, el ser humano cae presa de la muerte física. Por lo tanto, si observamos el cuerpo humano, vemos que la muerte es un proceso gradual. Realmente morimos lentamente y poco a poco desde el momento del nacimiento en adelante. Esto hace una impresión muy profunda sobre nosotros cuando nos hacemos conscientes de ello.

Entre la muerte y un nuevo nacimiento el alma se enfrenta a un momento en el que comienza a desarrollar fuerzas que le permiten entrar en la próxima existencia. Permítanme indicar un ejemplo que muestre que es lo que realmente quiero decir: Hoy en día ya hay un buen número de libros relacionados con el personaje de Goethe y sus disposiciones naturales. Los científicos se esfuerzan por descubrir los antepasados ​​de quien Goethe puede haber heredado una u otra capacidad. Por lo tanto, el origen y la causa de las capacidades espirituales son buscados en la línea física de la herencia. No deseo discutir sobre esto, pero si se sigue el camino del alma entre la muerte y un nuevo nacimiento, se puede descubrir el siguiente hecho: Tomemos el alma de Goethe. Mucho, mucho tiempo antes de que nazca, ya ejerce una influencia sobre sus antepasados desde los mundos suprasensibles, y ya está conectado con los antepasados a través de las fuerzas que viven dentro de ella. Su influencia es tal que incluso reúne de manera apropiada a los hombres y mujeres que seran capaces de suministrar, después de mucho tiempo, las cualidades requeridas por su alma. Esta no es una tarea fácil, porque hay muchas almas involucradas en ello. Si se tiene en cuenta el hecho de que los hombres del siglo XVIII descienden de las almas del siglo XVI, y que todas estas almas han estado trabajando juntas,  reconocerán que tal entendimiento es de lo más importante. Las almas que nacen en el siglo XVIII o XIX deben llegar a un acuerdo con otras almas ya durante el siglo XVI con el fin de organizar toda la red de relaciones. Una gran parte del trabajo debe hacerse entre la muerte y el nuevo nacimiento. No sólo trabajamos de una manera objetiva llenando una parte de nuestro tiempo con los servicios prestados a los espíritus del obstáculo, y así sucesivamente, como se explicó anteriormente –sino que también hay que desarrollar las fuerzas que hacen posible que podamos reencarnar. Entonces parece que debemos preparar nuestra forma en una imagen primaria. Esto hace una impresión muy opuesta de lo que el vidente percibe cuando mira clarividentemente sobre el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Durante el sueño, el cuerpo físico y etérico parecen marchitarse; pero lo que allí se forma como una imagen primitiva que poco a poco va penetrando en la naturaleza física nos da la impresión de algo que eclosiona y florece.

Un momento importante, por lo tanto, aparece entre la muerte y un nuevo nacimiento: se encuentra entre el recuerdo de la vida anterior y la transición a la próxima existencia, cuando el ser humano comienza a construir su organismo físico. Si ustedes se imaginan la muerte física y la comparan con este momento, se darán cuenta de que es el exacto opuesto de la muerte física. La muerte física es la transición de la existencia física a una no-existencia; el momento descrito anteriormente es la transición de la no existencia de una existencia de crecimiento. Si somos capaces de entender este momento, lo experimentaremos de una manera completamente diferente que si no lo comprendemos.

Un pensamiento como este, que trata del aspecto opuesto de la muerte y que se produce entre la muerte y un nuevo nacimiento, realmente debería convertirse en una sensación dentro del alma del antropósofo. No debe ser sólo aprehendido con el intelecto, sino que debe ser sentido e impregnado de sentimiento. Entonces podremos experimentar como se enriquece nuestra vida si el alma toma ideas similares. A continuación surgirá otra cosa: a saber, que, en general, el alma adquirirá gradualmente una idea de las muchas cosas que existen en el mundo. Si caminamos por un bosque en la primavera y meditamos primero en la idea que ya he descrito anteriormente, no estaremos lejos —si realmente notamos estas cosas— de percibir los espíritus que tejen y trabajan entre las cosas físicas. La percepción del mundo espiritual no sería tan difícil si los propios seres humanos no la hicieran así. Si tratamos de penetrar nuestros sentimientos con lo que hemos recibido en nuestros pensamientos, si tratamos de despertarlos interiormente a la vida, este esfuerzo abrirá nuestros ojos espirituales. Cosas tales como las que se han explicado hoy se pretenden como ayuda, para que el esfuerzo antroposófico pueda adquirir vida. La descripción de cosas semejantes siempre nos hace sentir que es como un balbuceo, porque nuestro lenguaje se adapta sólo al mundo físico y se requiere un gran esfuerzo para producir al menos una débil idea de la realidad de estas cosas; De hecho, los medios especiales de descripción deben venir en nuestra ayuda. Pero esta manera de hablar de estas cosas puede despertar en nuestros corazones lo que podemos designar antroposóficamente como una sustancia del sentimiento.

La antroposofía debe ser para nosotros una sustancia del sentimiento y una sustancia de la vida, de modo que no podamos considerar la adquisición de ideas antroposóficas como algo insignificante, sino que debemos apoderarnos de ellas y atribuir la mayor importancia no a los pensamientos mismos, sino a lo que la Antroposofía hace de nosotros.

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2017.

 

GA137.c9. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Teosofía y la Filosofía

Christiania, 11 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Ayer hablamos de cómo el alumno del ocultismo se encuentra con Lucifer y con la muerte, y señalamos que si la situación se experimenta correctamente, el alumno debe haberse dejado en la vida ordinaria en la Tierra el recuerdo del yo o el pensamiento del yo. Vimos también como el hombre de hoy en día encuentra ayuda en este punto si en la Tierra ha sido capaz de recibir el Impulso de Cristo. Y mostramos cómo el Ser que llamamos Cristo se distingue de otros fundadores de la religión ya que no podemos hablar de Él como de un hombre que fue iniciado en la Tierra, sino que el Ser de Cristo trajo con Él todas las fuerzas con las que estuvo trabajando durante los tres años de Su estancia en la Tierra. Esto significa que cuando el Ser de Cristo se hizo hombre, ya estaba en condiciones de hacer ese gran sacrificio, pues para Cristo fue un gran sacrificio hacer uso en un cuerpo humano de fuerzas específicamente humanas. Él manifestó y expresó su conexión con lo divino completamente a través de las fuerzas humanas.

Es esta característica de la vida de Cristo la que se marca como absolutamente sin paralelo. Si quieren comprender con los poderes ordinarios del alma humana —no digo creer, sino comprender— al fundador de cualquier religión, encontrarán que primero es necesario conocer las etapas de su iniciación, porque querrán elevarse a una comprensión de la iluminación particular que fluyó del mundo superior a esta personalidad humana. Esto es lo que se tendría que hacer, por ejemplo, en el caso de Buda. Deben estudiar su iluminación bajo el árbol Bodhi, y llegar a tener una cierta comprensión de cómo pudo suceder que a los 29 años una inspiración entrara en su vida, como lo hizo con Buda bajo el árbol Bodhi. Cuando hayan hecho el esfuerzo para lograr este entendimiento, entonces, si lo piensan, también serán capaces de reconocer algo que se desprende de ello, aunque al principio pueda parecer extraño. Ustedes verán que no sólo deben entender a los grandes fundadores de las religiones conociendo los métodos y las etapas de la iniciación, sino también a los Evangelistas y  a San Pablo.

Si quieren entender a los Evangelistas que escribieron los Evangelios por inspiración, entonces deben ver primero cómo las grandes individualidades ocultas detrás de los nombres de Mateo, Marcos o Juan fueron capaces de llegar a las cosas que están escritas en los Evangelios. Con este fin hemos emprendido, como ustedes saben, un estudio minucioso de los Evangelios, que nos ha permitido percibir lo que en realidad se había perdido hacía tiempo, es decir, que los Evangelistas decían la verdad.

Sin embargo, si queremos entender al Cristo, no necesitamos todo esto. El Cristo puede ser comprendido por cada ser humano, puede ser entendido con los poderes más elementales del entendimiento humano. Es imposible que un hombre porque tenga poca cultura o muy poca educación no pueda entender al Cristo. Y esto es porque el Cristo trabaja con fuerzas que son puramente humanas, lo que Él era, mientras que las comunicaciones de los otros fundadores de las religiones descansan en lo que han visto en los mundos superiores. Por lo tanto y en verdad, se puede decir siempre y cuando la declaración no se tome con un espíritu trivial, que el Cristo fundó la religión para el más simple de los seres humanos, una religión que es accesible a toda inteligencia y entendimiento.

La relación de Cristo con los mundos superiores, —que por supuesto sólo se podía captar mediante la iniciación— ya no es necesario ser un iniciado para comprenderla. Ayer hice el esfuerzo de dejar claro el inmenso servicio hecho por el Cristo al discípulo del ocultismo. Cristo le da los medios para que pueda recordar su yo cuando está en los mundos superiores. Sin el Impulso de Cristo esto no hubiera sido posible. Cristo se convierte así en un ayudante en la iniciación del tiempo moderno y lo será cada vez más para los alumnos del ocultismo. A medida que el hombre avance en sabiduría, se hará consciente de cuán profunda es su necesidad de Cristo. Cristo está allí para el más simple de los hombres; por otra parte Él también está allí para aquellos que necesitan más y  más sabiduría, y otra vez más sabiduría. Esa es la naturaleza del Cristo, y está conectada con todas aquellas cosas de las que estuvimos hablando ayer.

De esto se deduce que cuanto más progresa la evolución del hombre, más comprensión habrá del Cristo. El entendimiento crecerá y se extenderá. Habrá un número cada vez mayor de personas que reconocerán que, aunque hay una justificación completa para decir que Cristo está allí para todos, incluso los más simples y humildes, y que todos pueden encontrarlo, Él está al mismo tiempo también allí para aquellos que están bajo la necesidad de saber, de aquellos que sienten un profundo imperativo interior de seguir a la sabiduría.

Dejemos de momento este pensamiento y volvamos al encuentro del que hablamos ayer. Primero, el encuentro del hombre con Lucifer. Lucifer, como vimos, nos muestra en lo que nos hemos convertido en el paso de las encarnaciones y ayer encontramos que la forma o figura que Lucifer nos muestra es bastante desagradable. Aprendimos de Lucifer en qué nos hemos convertido bajo su influencia durante la evolución de la Tierra Es importante que el alumno aprenda esto de la manera correcta y no permanezca en el punto donde Lucifer le muestra lo que ha adquirido a través de los Dioses diciéndole: “Es tu forma destructible! Lo que has adquirido a través de mí es la inmortalidad!” —¡Y entonces esa forma inmortal se muestra muy desagradable! El alumno no debe detenerse allí. Cuando uno contempla el camino de la iniciación del que estamos hablando nos sobreviene el sentimiento de que Cristo no sólo puede ayudarnos de la manera que describimos ayer, sino que también puede ayudarnos a cambiar esa forma. Esto requiere, sin embargo, que el hombre se resuelva a permanecer fiel al Impulso de Cristo, no perderlo nunca, esforzándose siempre por entenderlo cada vez más. De ahí que nada pueda disuadir a los seguidores de los Misterios modernos de su adhesión al Impulso de Cristo.

Volvamos ahora a nuestro estudio del hombre trino y recordemos cómo conectamos al Hombre Superior o Cefálico con el firmamento estrellado. Y os mostre como la figura conocida en el Antiguo Testamento bajo el nombre de Iahvé o Jehová da al hombre superior o cefálico una especie de compensación por lo que el hombre ha perdido en la Tierra, y este don de Iahvé puede ser considerado como que pertenece a la Luna. Resumiendo, de nuestro estudio de estas conexiones, podemos decir: El hombre cefálico está en cierto modo coordinado con la Luna, mientras que el hombre medio o torácico, que lleva el corazón en su ser, como vimos, está en cierto sentido coordinado con el Sol. En consecuencia, podemos formarnos una idea de lo que los Templos de los Misterios han entendido siempre por la coordinación del hombre intermedio, el hombre que lleva en su corazón al Sol y al hombre que lleva en la cabeza, ya sea a todo el cielo estrellado o a la Luna.

Pero ahora Lucifer también ha tenido su influencia en el hombre. Aun cuando llevamos en nuestro hombre torácico la influencia del Sol y en nuestro hombre cefálico la influencia de la Luna —como lo describí por la antigua clarividencia—, también llevamos en nosotros la influencia de otra estrella, y tenemos que pensar de la manera correspondiente sobre las fuerzas que irradian de esta otra estrella.

Imaginarán fácilmente que esta influencia debe ser de un tipo diferente de la influencia del Sol o de la Luna. La influencia de la Luna todavía funcionaba en tiempos antiguos con tal efecto que la clarividencia humana tomó su curso en un período de 28 días. En el transcurso de 28 días el hombre se sentía ahora en una condición de más clarividencia y después en otra de menos clarividencia. Esta era una influencia que se podía percibir directamente. Las influencias del Sol son obvias. No tendremos que perder muchas palabras sobre el hecho de que todo el hombre medio depende del Sol; Lo que se dijo en la última conferencia debe bastar. La influencia de la tercera  —que se encuentra en la región que nos aparece en la iniciación como la región de Lucifer— obra por otro lado de una manera espiritual.

Aquí ya no podemos hablar de una influencia que sea fácilmente evidente. Muchas de las influencias incluso de las de la Luna pueden ser descreídas en este tema; aun así todavía hay personas que hablan de una influencia de la luna sobre la naturaleza del hombre. En cuanto a la influencia del Sol, nadie negará eso. No hace falta decir, sin embargo, que las influencias de otras estrellas ya no son admitidas por los materialistas. Deben repudiarlas necesariamente, porque son espirituales y no puede admitir la influencia de las fuerzas espirituales. No obstante, es un hecho que, al igual que en el hombre superior, la conexión con la Luna y en el hombre medio la conexión con el Sol, también las influencias de Venus están conectadas con la forma del hombre que se nos presenta cuando cruzamos el umbral de la iniciación. Estamos hablando ahora de la estrella que los astrónomos de hoy llaman “Venus”.

Venus es así el reino de Lucifer. Al principio, aprendemos a través de la iniciación que el hombre inferior, el hombre al que llamamos el tercer hombre de siete miembros, es esa parte de toda la naturaleza del hombre que ha sido repartida por los Dioses superiores al reino de Lucifer. Pero Lucifer, por un método del cual hablaremos más adelante, adquirió dominio sobre todo el ser humano, así como Iahvé o Jehová también tomó posesión de la totalidad del ser humano.

Si quieren tener un cuadro completo del trabajo de Iahvé o Jehová, entonces tendrán que verlo de la siguiente manera. Tomen primero el hombre cefálico tal como se ha comprendido de las conferencias anteriores. En la cabeza del hombre trabaja el poder de Jehová que corresponde a la Luna Nueva, la Luna que está despojada de luz, la Luna que no irradia la luz del sol hacia la Tierra. La luz física que se refleja desde la Luna —que, por otra parte, debe ser considerada como la influencia de las fuerzas de Jehová que proceden de la Luna— al hombre inferior, o metabólico, el tercer hombre. De modo que, dejando de lado al hombre torácico, encontramos, trabajando en el hombre metabólico o inferior, las fuerzas de Jehová que corresponden a la Luna Llena. El hombre medio o torácico recibe, como sabemos, las fuerzas del Sol; aunque como veremos después, las fuerzas de la Luna también trabajan allí. Las fuerzas de Jehová han obtenido de este modo una especie de dominio sobre todo el ser humano. Ellas trabajan en períodos alternados sobre el hombre cefálico y sobre el hombre metabólico, la influencia en el hombre cefálico corresponden a la Luna Nueva, y la influencia en el hombre metabólico a la Luna Llena.

No creo que nadie dude de lo que acabo de decir, si se ponen a considerar el significado que se atribuye en la antigua fe hebrea, en el antiguo ritual hebreo, al festival de Luna Nueva. Estudien los festivales de Luna Nueva e investiguen los sentimientos que los hombres tenían acerca de ellos en tiempos del Antiguo Testamento; y estarán preparados para conocer lo que se ha dicho con inteligencia y comprensión. Las influencias correspondientes de las fases intermedias de la Luna —la luna creciente y la luna menguante— trabajan sobre el hombre torácico. Y ahora deben considerar además que así como la Luna  —es decir, el Espíritu de la Luna, Iahvé o Jehová— trabaja sobre el hombre en la totalidad de sus tres miembros, también lo hace el Sol, pero sobre todo en el hombre torácico; De ahí que las influencias del Sol se difundan en todo el ser humano. Tenemos en consecuencia dos fuerzas cósmicas que trabajan activamente en el ser humano de una manera ordenada y regular.

De Lucifer aprendimos que su reino es Venus. Las fuerzas que encuentran su símbolo físico en la luz de Venus brillando sobre nosotros como Estrella de la mañana o de la tarde, los rayos físicos de Venus que son enviados al espacio cósmico, —son el símbolo de la influencia de Lucifer sobre el hombre, Lucifer no está confinado a trabajar en el hombre inferior. Si lo hubiera hecho, sólo tendría influencia cuando Venus brilla con su esfera de luz, como en Luna Llena. Pues sabemos que Venus tiene fases como la Luna, —Venus creciente, Venus llena y Venus menguante. Los “cuartos” trabajan en el hombre torácico como los “cuartos” de la Luna. La Venus que trabaja espiritualmente, trabaja en el hombre cefálico. Podemos, por lo tanto, ver en el trabajo conjunto en los cielos del Sol, de la Luna y de Venus, una expresión de lo que con respecto al hombre son funcionamientos espirituales. Tomen nota, una expresión de lo que está en el espíritu del hombre.

A medida que el gran Espíritu del Sol obra en relación con el Espíritu de la Luna, es decir, con Iahvé o Jehová, también Lucifer, que siempre está activo en la naturaleza humana, trabaja en relación con estos dos. Si quisiéramos describir por medio de una imagen la ley de su cooperación, no podríamos hacerlo mejor que mirando las constelaciones en los cielos del Sol, de la Luna y de Venus. Como es la relación de estos tres entre sí, ya sea que estén en oposición, o se fortalezcan o se debiliten unos a otros, como cuando uno está frente al otro y lo eclipsa, también lo es en la relación entre estos tres poderes espirituales en el hombre.

La influencia del Sol puede desarrollarse más particularmente en el hombre cuando no está afectada ni por la Luna ni por las fuerzas de Venus. Sin embargo, también puede suceder que las fuerzas del Sol —las fuerzas que están en el hombre torácico,  en el corazón— sean eclipsadas por la Luna, las fuerzas de la cabeza y los eclipses pueden ocurrir también por la acción de Lucifer, es decir, de Venus. Como saben. Hay momentos en los que Venus pasa delante del Sol en el espacio cósmico. Así, la conexión de la trinidad interior en el hombre —el Espíritu del Sol, el Espíritu de la Luna y el Espíritu de Venus o Lucifer— se simboliza en el espacio cósmico y se expresan en la constelación de Sol, Luna y Venus.

Al ver que pudimos dividir toda la forma humana y conectar sus partes y miembros con ciertas estrellas fijas, ciertos Signos del Zodíaco, ahora no será difícil comprender que puede existir una relación entre estas tres Estrellas en el hombre —es decir, las tres grandes potencias espirituales en el hombre— y los diferentes miembros de la forma humana. Tenemos que reconocer, por ejemplo, una fase particularmente significativa de esta relación cuando el corazón en el hombre medio, o más bien cuando los poderes del corazón, los poderes del Espíritu del Sol en el hombre torácico, ejercen su máxima influencia. En el hombre intermedio, recordarán ustedes, vimos la inscripción del signo de Leo. Por lo tanto, podemos decir que cuando el Sol ejerce sus fuerzas especialmente sobre ese miembro de la forma humana al que simbolizamos con el signo de Leo, entonces está presente en el hombre una notable constelación. Otra notable constelación está presente cuando las fuerzas de Jehová están especialmente desarrolladas en su carácter espiritual, digamos, en el Signo de Aries, que significa la postura erguida, o en el Signo de Tauro que denota, como ustedes saben, la dirección de los órganos con el propósito de producir el habla. Pues estas son las partes de la forma humana que necesariamente tienen una relación original y peculiarmente profunda con las fuerzas de la Luna. Cuando estos miembros de la forma del hombre están muy desarrollados, entonces denota una constelación particularmente favorable para el ser humano.

Ahora podréis discernir en qué consiste el principio fundamental, la esencia real de la astrología. Ciertamente, no tengo la intención de profundizar en el tema de la astrología en estas conferencias —no habría tiempo—, pero quiero llamar la atención sobre su verdadera naturaleza. Podemos ponerlo en muy pocas palabras. Vean, el hombre, tal como se presenta ante nosotros con su triple forma de siete miembros, está en conexión y armonía con las Potencias espirituales correspondientes a los reinos cósmicos. Pues como las fuerzas del Espíritu del Sol que trabajan en el hombre corresponden al Espíritu del Sol, las fuerzas de la Luna corresponden al hombre de la cabeza, y al tercer hombre las fuerzas que se distribuyen sobre todo el ser humano de la misma forma que existe una correspondencia entre los diversos miembros de la forma humana y las estrellas fijas, de modo que sus signos pueden atribuirse a estos diversos miembros de la forma humana. Y tenemos delante de nosotros al hombre, completo en su forma física. Ahora bien, la influencia procedente de las potencias que trabajan desde estas direcciones no esta activas sólo cuando la forma humana se formo por primera vez, ha continuado a lo largo del tiempo y siguen activas actualmente. Y vemos el funcionamiento de esta influencia en el hecho de que el destino del hombre puede ponerse en conexión con las constelaciones de las Estrellas, así como tuvimos que conectar con las constelaciones de las Estrellas lo que el hombre ya ha llegado a ser. Si era favorable para la organización del hombre que sus fuerzas solares cooperaran con los miembros de su forma a la cual atribuimos el Signo de Leo, también será auspicioso hoy por ciertas cualidades y características en él si algún momento importante de su vida, especialmente el momento del nacimiento, cae cuando el Sol está en el Signo de Leo, es decir, cuando el Sol cubre a Leo, de modo que estas dos fuerzas se refuerzan mutuamente o se influyen de alguna manera entre sí. Pues lo que del hombre de hoy está escrito en los espacios celestiales, en la escritura de las constelaciones de las Estrellas, también está escrito lo que está por venirle. Este es el fundamento de la verdadera astrología. De lo que estamos considerando podrán deducir que en realidad sólo necesitan conocer el ocultismo para obtener al mismo tiempo el principio de la raíz de la astrología. Esto se mostrará con más claridad a medida que pasemos a describir la segunda etapa de la iniciación.

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Hemos visto que para alcanzar la primera etapa de la iniciación es importante que el alumno parta de la forma humana tal y como se presenta a la vista. Para la siguiente etapa tiene que elegir otra cosa como su punto de partida, es decir, el movimiento interior del hombre. Observen cuidadosamente la distinción:

Primera etapa: partir de la forma humana.

Segunda etapa: Comenzar mejor desde el movimiento interior del ser humano.

Consideremos ahora un poco, como antes hemos considerado la forma o figura del hombre, los movimientos que tienen lugar dentro de él. Tenemos ante todo un movimiento que, si bien en la vida posterior el hombre apenas lo realiza, ha sido llevado a cabo por él con toda su fuerza, de lo contrario seguiría siendo una criatura de cuatro patas, obligada a arrastrarse por el suelo por el resto de su vida. El hombre realiza un movimiento que hace que del gateo pase a ser un niño erguido. Pues el hombre no es meramente un ser recto en su forma, es un ser que en un momento de su vida se incorpora. De modo que el primer movimiento interior que el hombre realiza —porque es un movimiento interior— es el movimiento de elevarse a la posición vertical.

El segundo movimiento interior también lo adquiere desde niño, aunque este movimiento sigue utilizándose durante toda la vida. Es el movimiento de habla, el movimiento de la vida interior que tiene que realizarse para que surja la “palabra”. Pueden entender que es necesaria toda una suma de movimientos internos para que la palabra pueda ser expresada. Hay, sin embargo, otro movimiento, más oculto, que también se aprende en la primera infancia. Podemos decir que el hombre aprende ambos movimientos a la vez. Aunque de hecho, aprende el movimiento de “hablar” antes que el otro. (Ustedes encontrarán una explicación más exacta y detallada de todo esto en mi pequeño libro La Educación del Niño desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual). Tenemos, pues, dos movimientos interiores que el hombre aprende y que ya realiza durante toda su vida. Del movimiento del habla somos muy conscientes. Todo el mundo sabe que lo hace. Pero no todos saben que cuando él piensa, está ocurriendo todo el tiempo en su cerebro un movimiento delicado. Descubrir esto requiere un poder de observación bastante fino y sutil. No inferir que estoy hablando de materia cuando hablo de un “movimiento”. Movimiento hay, sin duda; sólo que es efecto, no causa. Tenemos, pues, aquí dos movimientos interiores, el movimiento del pensar y el del hablar.

Si continuamos más allá, descubrimos como el siguiente movimiento importante el movimiento de la sangre. Este es uno de los movimientos que necesariamente debe tener lugar para que el hombre sea hombre. (La secuencia es aparentemente bastante arbitraria, pero eso no tiene que molestarles.) El quinto movimiento, que ya debe estar allí para que el movimiento de la sangre tenga lugar, es el movimiento de la respiración. Este es un movimiento específico con una existencia propia, independiente, distinta del movimiento de la sangre. Como dije, la secuencia es algo arbitraria. Podríamos, por ejemplo, como se insinuó, intercambiarlos en segundo y en tercero, pero eso no tiene sentido; Aquí de nuevo podríamos poner el aliento ante el movimiento de la sangre, y si estuviéramos considerando más especialmente los pulmones, ciertamente tendríamos que hacerlo. Si, sin embargo, estamos buscando más bien el origen de los movimientos, entonces debemos tomarlos en la secuencia que he dado; Porque, sobre todo en el caso del ser humano masculino, el verdadero centro y origen del movimiento de la respiración está en el diafragma, y éste está debajo del corazón. Cuando, por lo tanto, nuestro objeto es construir una secuencia desde el punto de vista del origen, no tenemos más remedio que tomar los movimientos en la secuencia que he dado.

El sexto movimiento —todavía estamos hablando de movimientos dentro del cuerpo que son necesarios para la vida— es uno que ciertos órganos internos tienen que realizar; Podemos resumirlo en un término general y lo llamaremos movimiento glandular o movimiento de conductos o canales. Los conductos en el cuerpo del hombre deben estar en perpetua actividad, perpetuo movimiento interior, para que el hombre se mantenga con vida. Por ciertas razones que tomaría demasiado tiempo para explicar, prefiero llamarlo simplemente movimiento glandular.

Para que se produzca el séptimo movimiento, ya no se trata simplemente de conductos o glándulas particulares que se mueven para secretar algo que el ser humano requiere dentro de sí mismo. El séptimo es un movimiento realizado por todo el cuerpo como tal, y se lleva a cabo cuando la Naturaleza ha puesto todo en marcha para que nazca un nuevo ser humano. Lo que tenemos aquí es realmente una suma total de todos los movimientos del cuerpo. Mientras que en otros movimientos del conducto o de la glándula tenemos el movimiento de una sola parte del cuerpo, en el caso del movimiento de la reproducción tenemos una clase de acto de secreción realizado por el ser humano completo. Y lo mismo es cierto si hablamos del cuerpo masculino o femenino. Es siempre una secreción realizada por la totalidad del ser humano. Este movimiento lo llamamos el movimiento de la reproducción.

Si los siete movimientos que hemos descrito se comprenden correctamente, entonces con ellos agotamos los movimientos interiores del hombre. Los otros son movimientos exteriores. Cuando el hombre mueve sus pies o sus manos, eso es un movimiento exterior. Los movimientos interiores el hombre los trae con él cuando llega a la Tierra, aunque de hecho la Tierra, los va transformando. Y así como tuvimos que referir la totalidad de la forma del hombre a las estrellas fijas del Zodiaco, y conectar los Signos del Zodiaco con los diferentes miembros de la forma humana, ahora encontramos que estos diferentes movimientos tienen su fuente en todo el Sistema Planetario. De nuestro sistema planetario tenemos que derivar estos siete miembros de lo que podríamos llamar el hombre de movimiento interior. Y puesto que la relación de estos movimientos entre sí corresponde a la relación de los planetas de nuestro sistema planetario, también podemos designar estos diversos movimientos con los Signos que pertenecen a los planetas, así:

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Tengo algo que decir algo sobre el movimiento de la sangre. Este movimiento entra en contacto con lo que hemos aprendido anteriormente a reconocer como el centro de los órganos que pertenecen al hombre intermedio, el “plano de las operaciones” como lo es para el Espíritu del Sol. Así, el movimiento de la sangre, que tiene su centro en el hombre medio, debe ponerse en relación con la fuerza más importante del hombre medio, y tenemos que designar este movimiento de la sangre con el Signo del Sol. Al hacerlo, estamos pensando en el poder y la fuerza del Espíritu del Sol en la medida en que es una fuerza en movimiento. Podemos decir que como una estrella fija,  el Sol actúa sobre el hombre medio como un todo, por otra, que ejerce sus influencias sobre los movimientos que dependen del hombre medio, como el movimiento de la sangre, como uno de los planetas.

Si hago uso de los signos que también son usados por los astrónomos de hoy empleando por lo tanto en este caso no la vieja terminología que fue alterada por Kepler, sino los nombres que son habituales en la astronomía actual – entonces el movimiento de la respiración puede Ser denotado por Mercurio, el movimiento de las glándulas por Venus y el movimiento de la reproducción por la Luna. Pues este último movimiento, localizado como en el hombre inferior, es de nuevo un movimiento que entra en contacto con la influencia del Espíritu de la Luna. Esta influencia aquí se encuentra y se combina con el movimiento interior del ser humano.

Tenemos, por lo tanto, en el ser humano, así como un triple hombre de siete miembros, otro hombre de siete miembros en las conexiones de los movimientos que tienen lugar dentro de él. El alumno debe esforzarse por distinguir los diversos movimientos dentro de él, antes de poder dar el siguiente paso en el camino. No lo encontrará fácil.

La forma humana la tenemos ante nuestros ojos, no así los movimientos interiores. Hay que hacer un esfuerzo especial para sentirlos. Debemos aprender a discernir cada uno por sí mismo. Debemos ser capaces de sentir interiormente, primero el movimiento de elevarnos verticalmente, luego el movimiento del pensamiento, el movimiento de la palabra —este es más fácil—, luego el movimiento de la sangre y —lo cual tampoco es difícil— el movimiento de la respiración. Tenemos que llegar a la sensación de los diversos movimientos que, por regla general, sólo detectamos en sus resultados, como, por ejemplo, cuando nos experimentamos primero como tumbados y luego nos ponemos de pie. Debemos aprender a sentir también de esta manera los movimientos de la secreción.

La facultad de discriminar los diversos movimientos que tienen lugar dentro de él es una necesidad absoluta para el alumno si quiere seguir progresando en su camino. Y si tiene que ver con estos movimientos lo que dije que tenía que ver con la forma humana, entonces, en vez de mirar la forma humana desde afuera, fijarla ante él y esperar la imagen final, debe esforzarse por sentirla interiormente, sentir el movimiento y la actividad que se desarrolla dentro de él, y luego, después de haberla fijado, por así decirlo, interiormente en el sentido corporal, mantener firme esta impresión, —como ayer tratamos de aferrarnos a la impresión de la forma humana. El alumno llegará entonces al punto de reconocer siete formas, donde ayer nos encontramos con dos. Encontramos, como ustedes recordarán, la forma de la muerte y la forma de Lucifer, y aprendimos que cuando recordamos el pensamiento de Cristo, entonces tenemos algo que podemos llevar al mundo suprasensible. Y ahora, cuando el alumno, por así decirlo, sale de su hombre de movimiento interior, se encuentra con siete formas. Empieza a conocer a siete Seres espirituales y sabe que estos siete Seres espirituales corresponden a sus propios movimientos internos de la misma manera que el Sol, la Luna y Venus corresponden a lo que hablamos ayer. Él llega a comprender que él mismo ha crecido fuera de nuestro sistema planetario y que como las estrellas físicas de los planetas están dirigidas por los Espíritus de los planetas, el hombre sólo es capaz, por ejemplo, de levantarse recto a través del hecho de que El Espíritu de Saturno prevalece en él, el Espíritu que tiene su escenario de acción en Saturno como Lucifer tiene el suyo en Venus. Sabe también que su movimiento de pensamiento tiene relación con el Espíritu regente de Júpiter, el movimiento del habla con el Espíritu director de Marte, el movimiento de la sangre con el Espíritu director del Sol, todo el movimiento del aliento con el Espíritu director de Mercurio, todos los movimientos glandulares con el Espíritu director de Venus y finalmente todo el movimiento de reproducción con el Espíritu director de la Luna. Él sabe, además, que todos estos Espíritus trabajan con y por medio del otro. Tienen su asiento, su base de operaciones, en el hombre, y un tipo de movimiento trabaja sobre el otro. El Espíritu de Saturno, por ejemplo, mientras obra principalmente con el movimiento de erguirse del hombre, participa indirectamente en todos los demás movimientos. Una situación significativa ocurre cuando el Espíritu guía de Saturno manifiesta sus fuerzas de una manera peculiar en el Signo de Aries o en el Signo de Tauro. Esto crea una situación muy importante.

Habiendo llegado así al reconocimiento de cómo los Espíritus rectores de los planetas están conectados con los diversos miembros del hombre del movimiento interior, ustedes podrán seguirme cuando digo que en la asignación de los Signos a los diferentes miembros estamos ya tocando el principio fundamental de toda auténtica astrología. Recuerden las conexiones que hemos estado considerando, y reconocerán que en ellas está inherente el principio de la verdadera y auténtica astrología, que no tiene otra fuente que el hecho grande y significativo de que el hombre nace del Cosmos, que el hombre es en verdad un epítome, un extracto del Cosmos.

Para comprender la forma del hombre tuvimos que ascender a las estrellas fijas; y también encontramos cómo la forma del hombre está influenciada por las fuerzas procedentes del Sol, la Luna y Venus. Hemos visto cómo la movilidad interior en el hombre se debe al funcionamiento de los siete Espíritus Planetarios. Siete Seres espirituales son así traídos a nuestro conocimiento. Y aquí descubrimos algo que tiene una importancia peculiar. Entre estos siete Espíritus está el Espíritu de Venus, a quien ya conocemos como Lucifer. Y el alumno ahora se enfrenta a una experiencia extraña y notable. Cuando da el primer paso en la iniciación encuentra a Lucifer; porque es Lucifer quien muestra al hombre la “forma” de la cual hablamos ayer, la forma o figura que el hombre mismo usa. El alumno encuentra a Lucifer como el Ser que le ha hecho parecer más feo; Y ahora, cuando conoce al Espíritu de Venus, vuelve a encontrarse con Lucifer. Pero esta vez Lucifer se ve completamente diferente. No es la misma figura que el alumno conoció antes. Sabe que es el mismo ser, pero Lucifer se muestra en dos formas distintas. Así, el alumno adquiere el conocimiento de que Lucifer puede manifestarse en dos formas. La primera vez que se manifiesta está en el cruce del Umbral (hablamos de él ayer), cuando llama la atención del hombre al hecho de que le debe su propia inmortalidad, diciéndole: “Los Dioses te dieron un cuerpo destructible, pero Yo te he dado la inmortalidad”. Y cuando el discípulo le vuelve a mirar, —he aquí, es el dragón, del cual hablamos ayer. Por lo tanto, esta forma también se llama la primera forma del Guardián del umbral. Pero ahora, en la segunda etapa de la iniciación, nos llega una nueva revelación. Se nos muestra cómo Lucifer puede desplegar fuerzas muy diferentes de las que reconocíamos en él antes. Si no fuéramos capaces de desarrollar en nosotros las fuerzas de secreción y excreción, las fuerzas que proceden de los diversos canales y conductos del cuerpo, no podríamos ser seres humanos; eso está fuera de discusión. La sangre y los movimientos de la respiración por sí solos nunca podrían mantenernos como seres humanos. También deben estar presentes los movimientos de los jugos del cuerpo, es decir los movimientos de los conductos y las glándulas. Esto puede hacernos evidente la diferencia entre todas las tradiciones exotéricas —dondequiera que se encuentren— y el entendimiento que se da aquí. Las tradiciones exotéricas hablan realmente de Lucifer y de los varios Espíritus de los Planetas, pero no pueden dar un conocimiento real y genuino de los hechos. El conocimiento real es en verdad un conocimiento que debe ser recibido con un serio sentido de responsabilidad. En primer lugar nos revela a Lucifer como el que distorsiona y hace desagradable la forma del hombre, y por otro lado es el Espíritu que es esencial para el ser del hombre, quien solo le hace hombre.

A medida que avanzamos en el camino de la iniciación llegamos a otra experiencia notable y significativa. Si logramos mantenernos firmes con Cristo, al unirnos interiormente con Él, para que Él nos permita llevar el pensamiento del yo —la idea del Yo, la autoconsciencia de la Tierra— al mundo suprasensible al que estamos entrando, entonces nos llenaremos de un sentimiento de que este Poder de Cristo tiene que ver con el poder del Sol. Teníamos como si fuera un presentimiento de la conexión. Ahora en la segunda etapa se agrega algo más. El Poder de Cristo se nos revela como una forma,  —yo puedo decir incluso, como una forma o figura que podemos comprender y percibir, que poco a poco podemos aprender a conocer más íntimamente, que se aclara mas y mas en el mundo suprasensible. En esta segunda etapa de la iniciación nos acercamos a un conocimiento más cercano del Cristo suprasensible. Y entonces este Cristo nos muestra que Él llama al Espíritu director de Venus —quien, como sabemos es Lucifer— su hermano, lo llama su hermano, contabilizándole como un Espíritu Planetario entre los otros Espíritus Planetarios. De modo que cuando Lucifer se muestra en la segunda etapa de la iniciación, se revela a sí mismo como un Espíritu planetario tomando su lugar entre los siete Regentes de los planetas entre sus hermanos. Entramos así en un mundo donde encontramos lo que podríamos llamar un Congreso altamente exaltado de siete Espíritus planetarios, y que tienen una relación completamente fraternal entre sí. Pero aquí se esconde un peligro, y el alumno necesita poseer mucho más conocimiento si no quiere venirse abajo en este punto. Porque en ningún caso debe recibir fácilmente lo que aquí se le muestra; Debe esforzarse seriamente por adquirir un conocimiento exacto de lo que hay detrás de él.

Cuando investigamos  en detalle en el conocimiento oculto, podemos buscar ayuda en muchas direcciones para encontrar nuestro camino. Aunque hemos aprendido a reconocer a los siete hermanos que son los Siete Espíritus Planetarios, todavía estamos muy lejos de cualquier conocimiento completo de ellos. Siete hermanos pueden ser muy diferentes unos de otros, y la diferencia no se muestra a primera vista. Tenemos que mirar un poco más cerca, tenemos que estudiarlos en detalle, si queremos obtener un conocimiento más íntimo. En este punto quiero presentar algo que, si lo examinan cuidadosamente y lo comprueban con lo que saben del mito exotérico, encontrarás que está bien fundado y razonado aunque parezca extraño al principio. Resultará ser auténtico, porque es el resultado directo de la investigación oculta. Compárela con los registros religiosos e históricos de los viejos tiempos, y las exigencias de su inteligencia quedaran completamente satisfechas. Cuanto más lo miren con su entendimiento ordinario, más se encontrará capaces de decir “Sí” a lo que ahora voy a decir; ya que es un resultado de la investigación oculta que es comparativamente fácil acercar al hombre de la actualidad.

Primero debemos encontrar algo para tomarlo como punto de partida; debemos partir de algún hecho conocido. Por el momento, que sea el hecho de que hemos llegado a un reino. Sin embargo, sólo hemos aprendido a conocer a los Espíritus gobernantes con sus reinos, los Planetas correspondientes. Ahora debemos ir más allá. Debemos investigar estos reinos más de cerca, en la medida en que la investigación oculta lo permita. Y la siguiente es una de muchas maneras que se ofrecen al hombre de hoy en día que se propone trabajar concienzudamente con los medios proporcionados por el ocultismo moderno. Él puede comenzar, siempre bajo la dirección y el consejo de un ocultista experimentado, el estudio de la vida de Gautama Buda.

He enfatizado con frecuencia y aquí debo enfatizarlo de nuevo que la vida de Buda debe ser entendida como la entienden los budistas y no como es interpretada por los historiadores materialistas. Primero debemos llegar al reconocimiento de que Buda se convirtió en Buda tras pasar por muchas encarnaciones; que primero se hizo un Bodhisattva. Y después de haber nacido como el hijo del rey Suddhodana, ascendió en el año 29 de su vida a la dignidad de Buda. Debemos saber que la ascensión del Bodhisattva a la etapa de Buda significa en realidad que tal individuo tiene su última encarnación en la Tierra en la vida que él vive como Buda. Cuando se ha convertido en un Buda, ya no vuelve a entrar en un cuerpo terrenal, sino que trabaja desde otros mundos que no son terrenales. Esto debe quedarnos  muy claro desde el principio. Debemos saber como un hecho absoluto que el Buda por su exaltación desde Bodhisattva a Buda se elevó a una dignidad cósmica y no requiere, en el transcurso de su evolución posterior, descender nuevamente en un ser humano físico terrenal. Aquellos de ustedes que han seguido mis conferencias recordarán que he aludido a una sola ocasión en que el Buda, por así decirlo, nos permite tener una visión de su evolución ulterior. Cuando explique cómo nacieron dos niños Jesús, el Niño Jesús de Mateo y el Niño Jesús de Lucas, dije que en el nacimiento del Niño Jesús de Lucas el Buda envió desde el mundo espiritual fuerzas astrales que fueron incorporadas al cuerpo astral de Jesús. Se hizo mención, por lo tanto, de que el Buda envió fuerzas a la Tierra. En Norrköping [Nota 1] dije además cómo los iniciados pudieron reunirse con el Buda de otra manera. Sin embargo todavía es cierto decir que desde su vida como Buda no ha vivido más en la Tierra. Un ocultista, sin embargo, que llegue muy lejos en el camino oculto puede seguir la continuidad del camino de Buda. Pero por supuesto, no lo seguirá en ninguna vida de la Tierra. En el campo del ocultismo práctico surge la pregunta: ¿Qué ha sido del Buda, puesto que ya no se encarna en un cuerpo humano físico? Podemos, por así decirlo, ir en busca del Buda, podemos buscarlo en el amplio mundo. Podrá parecerles extraño, pero los iniciados encuentran al Buda comprometido en una gran y poderosa tarea, una tarea de profundo significado. Cuando el ojo del ocultista se abre y mira hacia los vastos espacios del mundo, contempla una panorámica notable. Descubre que el Buda tiene ahora como escenario de acción el planeta que en la astronomía física llamamos Marte; y no se puede hacer otra cosa que relacionar con toda seriedad cómo, desde el momento en que el Buda adquirió la facultad por la que ya no se hizo necesario que volviera a aparecer en la vida de la Tierra, se le ha dado una nueva misión. Esta nueva misión del Buda podemos descubrirla haciendo una observación oculta de Marte.

Al entrar en este estudio, la misión verdadera y original del Buda se nos vuelve clara. Encontramos por la investigación oculta que los seres de Marte que se corresponden a los hombres en la Tierra  —son naturalmente de una naturaleza absolutamente diversa, pero por el momento los llamamos “hombres de Marte”— en un cierto tiempo en su evolución llegaron a una condición de necesidad similar a como estaban los hombres de la Tierra en el Cuarto Período Post-Atlante cuando el Cristo tuvo que acudir en su auxilio. Y como Cristo se convirtió en un Salvador y un Despertador para la Vida, ya que era la misión del Cristo en relación con la humanidad de la Tierra, así es una misión más para ese Bodhisattva después de convertirse en el Buda, convertirse en el Salvador y Redentor de los hombres de Marte. Él tiene que lograr en Marte un evento similar al evento que Cristo llevó a cabo en la Tierra.

Cuando por lo tanto estudiamos la vida del Buda, encontramos que se divide en dos partes. Primero, el tiempo en que Buda trabajó para los hombres de la Tierra y les trajo todo lo que debían recibir de él, incluyendo lo que ya les había traído durante el tiempo en que era Bodhisattva. Luego está la parte posterior de la vida de Buda cuando trabajó fuera y más allá de la Tierra, cuando se elevó a un poder y una fuerza más elevados para los que su curso en la Tierra fue sólo una preparación necesaria. Pues Buda ascendió hacia el poder de quien es un Salvador y Redentor. Si fuéramos capaces de equiparar la influencia de Buda en Marte con la misma influencia de Cristo Jesús en la Tierra y con el Misterio del Gólgota, estaríamos obligados a encontrar una diferencia, debido a la diferencia que existe entre los Hombres de la Tierra y los Hombres de Marte. Si es posible, les diré en otra ocasión más acerca de los sentimientos y la respuesta que los hombres de Marte han hecho surgir por el trabajo de Buda.

Como ven, se establecen tareas para los Seres que evolucionan en el Cosmos. En el momento en que un Ser se eleva de un estado o de un rango a otro, se le asigna una nueva tarea. Y el hombre, que tiene que cumplir el curso de su vida en la Tierra, entra en contacto durante su tiempo en la Tierra con Seres que, al igual que el Cristo, tienen desde el principio una tarea cósmica y también con seres que en su evolución salen de la Tierra y suben entonces a una tarea cósmica, como fue el caso de Buda.

Traducido por Gracia Muñoz en Madrid en Mayo de 2017.

 

GA137c8. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 10 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

El logro del conocimiento oculto —es necesario recordar el hecho de vez en cuando— no es un juego de niños; y si alguien se acerca con la idea de que le ofrecerá teorías a las que puede permanecer indiferente o, si todavía no son tan obtusos como todo eso, teorías que no requieren más que el intelecto para captarlas, encontrará que está muy equivocado.

Hemos estado considerando la forma humana —a toda apariencia algo completamente externo. Y sin embargo les he dicho que es esta forma humana, tal como la hemos descrito con su triplicidad, que el estudiante oculto debe tomar como punto de partida debe, en la mayoría de los casos, comenzar con los sentimientos e impresiones que le llegan del estudio de la forma humana, porque al hacerlo, parte de algo tan independiente como sea posible de su vida interior.

De hecho, esa es otra posibilidad, y a veces incluso deseable, no sólo para el teósofo, sino también para el ocultista, es decir, partir de la vida interior del alma. Sin embargo, nos enfrentamos a un obstáculo casi insuperable. Como ustedes saben, tenemos en nuestro hombre interior no sólo lo que ya estaba presente cuando comenzó la evolución de la Tierra, sino que a lo largo de nuestras encarnaciones sobre la Tierra fuerzas y seres espirituales han contribuido constantemente a su edificación y desarrollo. Desde tiempos primitivos, las fuerzas luciféricas y ahrimánicas han tomado parte en todo el trabajo que se ha hecho sobre nuestro hombre interior. Si toman esto en consideración —y deben hacerlo, porque es la verdad— entonces verán que si tomáramos nuestro punto de partida del hombre interior, habría cierta incertidumbre en cuanto a si deberíamos liberarnos de las fuerzas Luciféricas y Ahrimánicas, o si deberíamos más bien permanecer enredados en sus influencias y estas luego encontraran el camino en nuestra visión oculta. Las fuerzas Luciféricas y Ahrimánicas pueden penetrar fácilmente en el alma sin que el ser humano sea consciente de ello. Muchas de las cosas que componen el contenido de nuestra vida anímica —podemos pensar que son extremadamente buenas y, sin embargo, puede que no sea así, tan mezcladas como están con las influencias ejercidas sobre nosotros por Lucifer y Ahriman.

El camino más seguro para el alumno es, por lo tanto, tomar su salida de la forma o figura humana. Sobre la forma humana las fuerzas de Lucifer y de Ahriman han tenido menos influencia. Tengan en cuenta, digo “menos” influencia. Han influido en la forma humana, pero menos que en el resto; han ejercido una influencia mucho mayor sobre la vida interior del alma. La forma humana siempre permanece, por lo tanto es el punto de partida más saludable si el alumno se aferra firmemente diciendo que el hombre con respecto a su forma es una imagen de la Deidad. El alumno hace bien en seguir este camino; porque se vincula a lo Divino, eligiendo para su punto de partida la imagen de la Deidad, y eso es bueno e importante.

Sin embargo, este camino tiene sus dificultades. Si empiezan desde las experiencias anímicas interiores y por medio del desarrollo oculto, logran salir de estas experiencias anímicas interiores al mundo espiritual, entonces las impresiones del mundo espiritual duran un tiempo comparativamente largo. La consecuencia es que cuando por medio de estas experiencias anímicas alguien logra cruzar el umbral y entrar en el mundo espiritual, entonces experimenta la visión espiritual y puede, por así decirlo, tomarse tiempo para mirar las cosas ante él; no pasan rápidamente, continúan durante un largo período de tiempo. Aquí reside, podríamos decir, la ventaja, la conveniencia de partir de las experiencias anímicas interiores. Tiene, sin embargo, el inconveniente ya indicado, que uno está bastante desprotegido y no puede reconocer o estimar correctamente las influencias de Lucifer y Ahriman. De hecho, es verdad que en ningún momento las personas son menos conscientes de Lucifer y Ahriman que cuando se establecen en el camino oculto de la vida anímica interior. El otro punto de partida tiene el inconveniente de que para la visión que alcanzamos, las Imaginaciones que se presentan, duran poco, no se quedan; de modo que necesitamos desarrollar una cierta presencia mental si queremos atraparlas.

Permítanme ahora darles una imagen de lo que sucede cuando un alumno, partiendo de la forma humana, penetra en el mundo suprasensible. No sé si alguno de vosotros habrá observado en sí una experiencia notable que sucede todos los días, pero que tiene que ser observada de manera consciente si se quiere obtener conocimiento de ella. Me refiero a la experiencia de que cuando dirigen su mirada sobre un objeto brillante, la impresión permanece en el ojo mucho después de que el ojo haya dejado de mirar el objeto. Goethe hizo un estudio muy especial, tal como nos lo dice repetidamente en su Teoría de los Colores, de estas post-imágenes que quedan en el organismo, es decir, dentro de la forma humana. Cuando, por ejemplo, te acuestas en la cama, apagas la luz y cierras los ojos, entonces puedes tener ante ti durante algún tiempo una imagen de la luz resonando, por así decirlo. Como regla, la impresión desde fuera se agota cuando hemos tenido esta experiencia “eco”. La vibración, el movimiento causado por la impresión externa ha terminado, y para la mayoría de las personas eso es el fin del asunto.

Aquí es, sin embargo, donde el alumno debe tomar su comienzo, procediendo, como dijimos, de la forma humana, es decir, de lo que conocemos de la forma humana que está en el plano físico en la vida ordinaria. Mientras siga observando sólo las imágenes posteriores, no sucederá nada importante. El interés comienza cuando algo queda aún después de que la imagen del objeto haya desaparecido. Pues lo que queda entonces no viene en absoluto del ojo, es un proceso, una experiencia que nos es dada por el cuerpo etérico. Quienquiera que haya llevado a cabo este experimento no presentará la sugerencia, por lo demás perfectamente razonable, de que lo que tenemos aquí sólo puede ser una imagen posterior del cuerpo físico. La gente dice esto porque no ha tenido la experiencia. Una vez que han tenido la experiencia, no lo dicen más. Pues lo que queda después es algo totalmente diferente de cualquier cosa que tenga relación con una impresión externa.

En términos generales, lo que queda, por ejemplo, después de una impresión de color o de luz, no es en absoluto una apariencia de color o de luz. ¡De hecho, podemos decir que si es color o luz, entonces es una ilusión! Es un tono, del que uno está bastante seguro de que no lo ha oído con el oído, que el oído no ha tenido parte en que llegara a nosotros. Lo que queda también puede ser alguna otra impresión, pero siempre es diferente de la impresión externa. El ocultista tiene que aprender a superar por completo las impresiones externas, pues el ocultismo está allí por ejemplo para los ciegos, que nunca han visto en su vida un objeto externo, ni una sola impresión exterior de luz por medio del ojo. La mayoría de las figuras fantasmales que la gente ve no son más que imágenes de la memoria de las impresiones sensoriales que han sido cambiadas por el juego de la fantasía. La experiencia oculta no depende de si una persona puede usar algún órgano de los sentidos en particular o no, pues se produce de forma totalmente independiente de los órganos de los sentidos.

Habiéndose hecho una imagen exacta de la figura humana completa, el alumno debe sujetarla firmemente delante de él. Debe vivir ante ella como una Imaginación. Con cuál de los sentidos o de qué manera fije la forma humana no tiene importancia. Lo importante es que de alguna manera él fije esta forma humana, es decir, que a través de la forma humana, se evoque en él un cuadro viviente, una imaginación. El alumno podrá ahora tomar para su punto de partida de la imagen externa de la forma humana. Sin embargo, también es posible partir del sentimiento interior del cuerpo, el sentimiento que se tiene de estar dentro de la forma.

Cuando el ocultista logra experimentar de este modo algo así como una imagen posterior con respecto a la forma humana —es decir cuando, habiendo comprendido por primera vez esta forma humana tal como la encuentra en el mundo físico, la deja “ecoar” en él de la manera en que una imagen posterior se hace eco— cuando es capaz de tener esta experiencia y luego esperar hasta que la imagen de la forma humana se haya pasado y desaparecido, obtendrá una imagen de la forma humana que ya no es una imagen de la forma física sino que se la experimenta en el cuerpo etérico.

Para el alumno es una cuestión de experimentar en el cuerpo etérico. Y cuando ha llegado al punto de experimentarse de esta manera en el cuerpo etérico, ¡entonces esta experiencia es realmente profunda! Entra a la vez en dos experiencias distintas. No permanece entero y solo. Y estas dos experiencias tienen que ser expresadas por dos palabras. Tenemos que decir que el alumno experimenta primero, la muerte y segundo, a Lucifer.

Puesto que las experiencias de las que ahora hablamos no son de los sentidos, sino que son en su esencia y naturaleza experiencias superiores, no es naturalmente fácil describirlas. Las palabras son en su mayor parte tomadas del mundo de los sentidos y nos recuerdan siempre, en su aplicación, el mundo de los sentidos. Pero estas son experiencias que sentimos interiores y no exteriores; y si hacemos uso de las palabras para describirlas, es más bien con el propósito de evocar algún concepto que es sólo una imagen de lo que se experimenta verdaderamente.

La experiencia de la muerte es algo como sigue. El alumno sabe que la forma humana, que ha percibido y tomado como punto de partida, no tiene continuidad fuera de la existencia de la Tierra. Está ligada a la existencia de la Tierra. Quien quiera ir más allá de la existencia de la Tierra, quien quiera contar con una vida suprasensible, debe tener en cuenta que esta figura humana sólo puede ser experimentada como tal en la Tierra; se despedaza —lo hace ante sus ojos— en el momento en que pasa más allá de la existencia de la Tierra, y se muestra como la muerte. En el cuerpo etérico la forma humana no puede mostrarse de otra manera que como entregada a la muerte.

Esta pues, debe ser la primera impresión, y aquí el alumno puede fundarla fácilmente; porque la impresión de la forma humana destrozada y destruida es algo que se hunde muy profundamente en el alma. Es un hecho que muchos de los que han aspirado a ser ocultistas no han podido superar esta primera impresión y se han dicho a sí mismos: “El temor a lo que puede estar por venir me impide ir más lejos.” Es necesario que el alumno pueda contemplar la muerte, por la sencilla razón de que sólo así puede saber con toda certeza que en el cuerpo terrestre es imposible experimentar el mundo superior; uno debe salir directamente del cuerpo, hay que dejarlo.

Esa es la siguiente impresión que el alumno recibe. No quiero decir que el mundo superior nunca pueda ser experimentado mientras esté en el cuerpo de la Tierra. Pero el alumno debe llegar inevitablemente a este punto de la experiencia y conocimiento que he descrito. Puede expresarse en las palabras: experimenta a Lucifer.

Lucifer está allí delante de él y dirige su atención a un hecho que lleva al discípulo a una gran tentación. Si tuviéramos que poner en palabras de lo que se experimenta al conocer a Lucifer, podríamos expresarlo de la siguiente manera. Lucifer hace al alumno atento a la fragilidad y destructibilidad de la forma humana. Él dice: “Mira esta forma humana. Mira lo destructible que es; tienes una forma destructible que te han dado los dioses —los dioses que son mis enemigos”. Eso es lo que Lucifer le dice, y le señala que los Dioses Superiores estaban bajo la necesidad de hacer al hombre destructible en su forma; muestra al alumno que no podían hacer otra cosa, debido a ciertas condiciones de las que hablaremos más adelante. Y luego le muestra lo que él, Lucifer, querría hacer del hombre, qué hombre habría llegado a ser si se le hubiera dado el manejo solo a él, —sin impedimentos por parte de sus oponentes.

Hay algo extraordinariamente seductor en la imagen que muestra Lucifer de lo que el hombre se habría convertido si él, Lucifer, hubiera tenido la tarea solo él. Pues Lucifer dice: “Mirad con vuestros ojos y ved lo que queda de vosotros cuando vuestra forma humana se ha desmenuzado”. Cuando la forma humana ha sido destruida, cuando el hombre se vuelve, por así decirlo, y se ve desollado  —espiritualmente hablando— Cuando se le ha quitado su forma, entonces contempla dos cosas. En primer lugar, ve que lo que queda es, de hecho, conforme al mundo suprasensible, en cierto sentido inmortal, mientras que el cuerpo es mortal. Este hecho pone un poderoso argumento en manos de Lucifer, con el cual puede tentar al hombre. La atención del hombre ha sido dirigida primero a la imagen que tiene de Dios, la cual, sin embargo, es destructible y ligada a la Tierra. Entonces Lucifer lo dirige a algo más en el que es inmortal, no sujeto a la muerte. Ahí radica la tentación. Pero cuando el hombre viene a considerar y observar lo que es inmortal en él, cuando contempla lo que sacude la forma externa después de que se ha dividido en las tres partes de las que hemos visto que se compone, entonces el hombre se ve a sí mismo y ve a qué precio Lucifer le ha hecho inmortal. Pues el hombre, cuando mira hacia atrás en sí mismo, descubre que ya no es hombre. El hombre trino, como lo hemos descrito, siempre se ha expresado en el simbolismo oculto en ciertas imágenes. Estas imágenes, estas Imaginaciones, han tenido a lo largo de los siglos algo que decir al hombre. Muy pocos, sin embargo, han comprendido su maravilloso significado. El hombre superior, como el hombre lo ve cuando se mira a sí mismo, es distinto en las diferentes personas. La imagen que se presenta aquí es también más o menos transitoria. Da, sin embargo, una idea aproximada de la impresión que experimenta el hombre. Ya no hay un rostro humano; El rostro que se sugiere es el de un toro, o bien de un león. Las experiencias en el mundo suprasensible tienen a menudo una apariencia bastante grotesca; y se hace consciente de que, no siempre, pero en términos generales, una mujer se percibe más como un león, y el hombre se percibe más como a un toro. No hay manera de escaparse de ellas, es realmente así! Y conectado con estas dos imágenes —que se entremezclan, porque el hombre no está enteramente desprovisto de león, ni la mujer totalmente desprovista del toro, los dos se funden en otro  —mezclado al mismo tiempo con estos esta la imagen de un ave, que siempre ha sido llamada el águila y que pertenece a todo el cuadro.

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Tampoco ha sido dicho lo peor! Muchos hombres podrían estar dispuestos a tomar la decisión de ser un toro, un león o un águila como precio para la inmortalidad. Esto es, sin embargo, sólo en el hombre superior. La continuación hacia abajo es un dragón violento, salvaje. Aquí tienen la fuente de todas las numerosas sagas e historias del dragón. El simbolismo religioso tradicional siempre ha dado al hombre las cuatro imágenes, —Hombre, León, Toro, Águila; pero no ha dado más que indicaciones, como, por ejemplo, en el relato de la Caída, de que un dragón salvaje también pertenece al hombre. El dragón, sin embargo, tiene su lugar en la totalidad del hombre, se encuentra allí; y el hombre tiene que decirse a sí mismo: Lucifer es realmente capaz de prometerme la inmortalidad —es una promesa segura y bien fundada— pero a costa de tu forma y figura, para que sigas viviendo en la forma en que te has convertido bajo la influencia de Lucifer. Y ahora podemos ver cómo ha ocurrido que hayamos recibido tal forma interior; es debido a la influencia de Lucifer en la evolución de la Tierra. Percibimos también que esta evolución de la Tierra bajo la influencia de Lucifer ha dado al hombre suprasensible un regalo tras otro. La sabiduría y todo lo relacionado con la sabiduría llega al hombre por los muchos y múltiples caminos de Lucifer. Lucifer puede mostrar al hombre, cuando le conoce, cuánto le debe el hombre. Pues lo que acabo de describir ahora también tiene que ser contado entre las cosas que el hombre debe a Lucifer.

Entonces surge la pregunta obligada: “¿No hay entonces ningún rayo de consuelo en este conocimiento de sí mismo?” Porque, de cuanto se ha dicho, no es exactamente reconfortante si esta nueva visión sólo conduce a una descripción de cómo el hombre se degrada al rango de un animal. El animal es, además, tripartito y no pertenece a los animales “superiores”; más bien es el hombre degradado a la etapa animal que existe en la Tierra en la imagen de un anfibio. ¡No, tal concepción difícilmente puede llamarse reconfortante!

Esta es la experiencia que os describí antes como extraordinariamente efímera y transitoria. Se necesita una gran presencia de ánimo para captar la impresión absoluta, para tener la visión de ella, por así decirlo. Va más allá de uno mismo con rapidez. Esa es la desventaja de partir de la forma humana. La gente por regla general no tiene la suficiente presencia mental para captar la muerte y a Lucifer y entonces se vuelve, espiritualmente, y se autoexamina. Nada de lo que vemos trae consuelo, porque en última instancia sólo tenemos dos caminos para elegir. Podemos aferrarnos a lo que es mortal y destructible en nosotros y que viene de los dioses, los oponentes de Lucifer; o podemos elegir la inmortalidad y con ella la degradación de la forma humana.

La presencia de todas estas cosas, la impresión que nos hace, es en el primer momento terrible y paralizante. Por esta razón, gran parte de la tarea del maestro ocultista consiste en advertir al alumno que no preste demasiada atención a tales impresiones, ni tampoco a las primeras impresiones suprasensibles, porque de estas impresiones, ya sean de una especie de alegría o de dolor, nunca se pueden confiar como una guía. Lo correcto es esperar pacientemente, muy pacientemente. Bien puede ser que, cuando se haya realizado el experimento descrito, se produzca una sensación de absoluta desesperanza; entonces perseverar en llamar a la impresión una y otra vez requiere coraje. Pero esto es lo que debemos hacer si queremos hacer progresos prácticos en el ocultismo, y vendrá un momento en que encontraremos, por así decirlo, tierra firme para nuestros pies.

Lo que el momento presente ofrece  —sobre lo el que el hombre no puede confiar. Todo lo que ha logrado en la vida se ve ahora como destructible e impermanente. Y Lucifer promete algo eterno. Pero eso tampoco puede sostener al hombre. Llega un momento, sin embargo, en el que surge algo en lo que puede sostenerse; no es nada del presente, sino un recuerdo de la vida ordinaria en la Tierra que puede permanecer con él. Esta memoria debe permanecer con él como un pensamiento sacado de la vida de la Tierra, y que se entremezcla en el encuentro con la muerte y Lucifer como que fluye de la vida en la Tierra, y de repente está allí, esta memoria, este pensamiento, puede permanecer y dar apoyo al hombre. Pero es singularmente débil, y se requiere gran energía para sostenerlo. Esta única cosa en la vida que el hombre puede recordar como algo seguro y cierto es el pensamiento del Sí mismo, del “Yo”. Es el pensamiento: allí he sido un Ser. Hay, como dije una dificultad extrema en mantener este pensamiento. Muchos de ustedes sabrán lo difícil que es traer un sueño al otro estado de conciencia en el momento presente. Y puede suceder demasiado fácilmente que cuando el hombre ha entrado en el mundo suprasensible, este “yo” sea como un sueño que ha tenido en el mundo terrestre y no lo recuerde. Como un sueño olvidado es este pensamiento “yo”, cuando ha llegado a la otra conciencia; y la dificultad de sostenerlo va aumentado incluso para el hombre en el transcurso de la evolución. En épocas antiguas, en tiempos remotos, en el remoto pasado, era relativamente fácil trasladar la imagen del “yo” de aquí en la Tierra al más Allá, pero en el transcurso de la evolución de la humanidad se ha vuelto más y más difícil.

Cuando digo: “Viene el pensamiento del yo”, deben pensar en ello de la siguiente manera. Para el actual alumno del ocultismo, el pensamiento viene a menudo. No sólo se queda en el hombre como una imagen de ensueño, —no, puede brillar en él más allá como una memoria repentina. Para que esto suceda, sin embargo, se necesita ayuda. Puede suceder, pero no sin ayuda— un punto importante. Cuando el alumno entra en el mundo suprasensible, entonces, bajo las condiciones actuales de evolución, casi seguramente permanecería como un sueño olvidado, si no llegara la ayuda.

Si debo dar un nombre a la ayuda que el alumno del ocultismo necesita hoy para no olvidar el pensamiento del yo cuando asciende al mundo suprasensible, no hay más que una expresión que yo pueda usar y que es estar unido con el Impulso de Cristo en la Tierra. Eso es lo que ayuda! En las condiciones actuales de la evolución de la Tierra todo depende en este punto de qué tipo de relación ha tenido el hombre con el Impulso de Cristo durante su vida en la Tierra, y en qué medida lo ha dejado vivir en él. De esto depende si el pensamiento del yo se pierde en el olvido cuando el hombre asciende al mundo suprasensible, o si permanece con él como el único y seguro apoyo que puede asumir con él desde la Tierra hacia el mundo suprasensible.

El cristiano de hoy tiene muchas cosas notables y hermosas que decir sobre el Impulso de Cristo. Pero el que en el sentido cristiano entra conscientemente en los mundos superiores sabe aún más del Impulso de Cristo. Y esto de más que él sabe es extremadamente importante y significativo. Él sabe que el Impulso de Cristo es la única cosa que puede venir a nuestra ayuda cuando estamos en peligro de olvidar el yo de la evolución de la Tierra. ¿Cómo es que además de todo lo que el Impulso de Cristo ya es capaz de hacer por el hombre en la Tierra, además de las indecibles bendiciones que el hombre ha recibido y sigue recibiendo de El, para su consuelo, para su bondad de corazón y para su educación y  cultura, esta también esto, —que el Impulso de Cristo en la medida en que obra en el hombre, puede hacer que el yo de la Tierra no tenga que ser olvidado? ¿Dónde podemos buscar la explicación de esto?

Si quiero dar una respuesta a esta pregunta, debo llamar la atención a hechos del ocultismo que, aunque ustedes no los conozcan, pueden familiarizarse con un estudio inteligente de los Evangelios. Porque hay dos maneras de llegar a un conocimiento de las razones por las cuales el Impulso de Cristo puede dar esta ayuda. La primera es el camino del ocultismo, un ocultismo como el que corresponde justamente a la etapa de evolución alcanzada por el hombre de nuestro tiempo. Y el segundo es el camino de un estudio inteligente y profundo de los Evangelios. Los Evangelios tienen una característica notable y única, en comparación con otros registros religiosos. La gente no siempre se da cuenta, pero no obstante está allí. Tomen todo lo que puedes encontrar en la historia externa de las religiones, tomen todo el contenido de las religiones fundadas incluso en la época post-cristiana, y comparen eso con lo que leen en los registros cristianos, los Evangelios. Si nos fijamos en la historia del fundador de cualquier religión y nos esforzamos por comprenderlo, descubrirán que sólo pueden hacerlo aprendiendo a conocer y comprender las inspiraciones o intuiciones suprasensibles que recibieron. Pregunten a los fundadores precristianos de la religión de dónde vino su sabiduría y le dirán, por ejemplo, en el caso de Buda, cómo adquirió esa gran y alta iluminación bajo el árbol de Bodhi que le permitió proclamar lo que él llamo la “Santa Doctrina”. Ustedes se verán dirigidos, es decir, si quieren conocer el fundamento y la fuente de la enseñanza de Buda, a una iluminación suprasensible.

Tampoco es diferente en los tiempos post-cristianos. Tomen a Mahoma. Deben mirar las visiones, las revelaciones que Mahoma recibió de los mundos suprasensibles, para explicar por qué esto o aquello fue dicho de tal o cual manera. Lo mismo ocurre con todos los fundadores de las religiones; Y no sólo con los fundadores de religiones, sino con todos los que han dado auténticas revelaciones. Nos dirigen a su inspiración divina, a lo suprasensible que brilla en ellos. Tenemos un conocimiento muy exacto de esto en el caso de Pitágoras. Y en los escritos de Platón podemos encontrar en todas partes indicios de que si bien no dijeron todo lo que sabían, pues de lo que comunicaban recibían inspiración a través de los Misterios, es decir, experimentaban la evolución en mundos superiores. Incluso en el caso de Sócrates leemos de un “Daimon”, y de hecho sería absurdo dejar al Daimon al hablar de Sócrates, que Sócrates desarrolló para el hombre sobre la base de la pura inteligencia, lo que recibió a través de su Daimon. Miren donde quieran, en todas partes encontraran lo mismo.

Ahora déjenme preguntar; para pasar de estos ejemplos a los Evangelios. Vayan a través de ellos con cuidado y encontrarán una sola ocasión en los tres años de su estancia en la Tierra cuando, en el sentido de experiencia de iniciación, Cristo Jesús miró, o tuvo que mirar, el mundo suprasensible. La única vez que encontrarán algo de este tipo está en la escena de la Tentación [e.Ed: Marcos 1: 12-13; Lucas 4: 1-13; Cp Génesis 3: 6; Juan 2:16], e incluso allí no se nos dice que Cristo tuvo que aprender a aferrarse a un Dios suprasensible, sino que Él tuvo un encuentro con lo que para Él era el “mal” —con Satanás, con Lucifer.

Se nos dice que esta Tentación fue para Él desde el principio ninguna tentación. Lean los pasajes ustedes mismos y verán la única imagen que nos dan los Evangelios. Cristo pasó por lo que los iniciadores siempre han tenido que pasar, pero desde el principio Él se aferra a su Dios, resiste los ataques y pronuncia la palabra: “Fuera de aquí, Satanás! Porque está escrito: Adorarás a Dios, tu Señor, y sólo a Él servirás”. Lucifer no puede tentarlo más y le deja. En todas las otras escenas y acontecimientos que siguen a la Tentación, en todo lo demás que los Evangelios nos relatan, no podemos descubrir nada que pueda compararse con los relatos que se deben dar en la vida de los iniciados, donde leemos una descripción de cómo y de qué manera aprendieron en el curso de su vida a penetrar en los mundos espirituales.

Podemos hablar del Cristo, desde el principio, como de un “iniciado”, es decir, que tiene una conexión directa e inmediata con el mundo suprasensible. Como he dicho en mi libro “El cristianismo como hecho místico” y continuamente en conferencias. Pero en el caso de que Cristo no hable de su “iniciación” no se puede hablar en su caso de progreso a través de las iniciaciones. Podemos decir que Él es un “iniciado”, pero no podemos decir nada sobre cómo Él se “inició”. Esta es una profunda distinción.

Comparen todo lo que se cuenta de la vida del “iniciado” con lo que se tiene en los Evangelios. Tal vez ustedes observen  —lo he demostrado en mi libro El cristianismo como hecho místico— que los escritores de los Evangelios sólo necesitaban tomar el ritual antiguo según el cual fue llevada a cabo la iniciación, para describir la vida de Cristo. Al relacionar el ritual estaban relatando los acontecimientos de la vida de Cristo Jesús. Pero nunca pudieron decir que Él realmente sufrió lo que estaban describiendo. Tomen una escena tan llena del significado profundo como la Transfiguración o la Oración en el Monte de los Olivos. Estos son los eventos que si se hubieran propuesto para relacionarlos con alguna otra persona iniciada lo habrían tenido que describir de una manera muy diferente. No podrían simplemente decir que subió al Monte de los Olivos y que allí de él cayeron gotas de sudor como sangre; en el caso de otra persona iniciada tendrían que decir lo que se experimentó allí, cómo cambio en el Monte de los Olivos. Cristo no cambio. El encuentro con Su Dios en el Monte de los Olivos no era de tal carácter que podamos sentir que Él tenía algo que aprender allí. De manera similar, lo que Él pasó a través de la Transfiguración no fue en sí una iluminación. Para los demás, para sus compañeros, fue una iluminación, pero no para Él. Para él era perfectamente natural y comprensible; no podía aprender nada nuevo de ella.

¿Qué debemos esperar por otra parte que se nos informe sobre cualquier otra persona iniciada? Debemos mostrar cómo avanzó paso a paso en el camino del conocimiento. En el caso de los iniciados superiores, podemos esperar que se nos diga cómo trajeron mucho con ellos de encarnaciones anteriores y quizás que sólo necesitaban todavía pasar por la última etapa. No encontramos nada de todo esto con el Cristo. Tenemos la historia de la Tentación, y eso es todo. Lo que encontramos en el Cristo es que Él estaba impregnado completamente en el más alto grado con la Autoconsciencia Divina. Esto marca la escena inicial de los tres años de la vida de Cristo. Y entonces tenemos ante nosotros esta maravillosa imagen, la imagen de las revelaciones divinas altamente exaltadas procedentes directa e inmediatamente de Aquel que es el Hombre de la Tierra. En el caso de cualquier otra persona iniciada, tenemos que decir cómo alcanzó por primera vez esta o aquella etapa de iniciación y entonces fue capaz de hacer tal o cual revelación. Con Cristo Jesús, por otra parte, todo esto fluye libremente en Él desde el principio, y no se nos dice que en el transcurso de los tres años de su vida paso por esta o aquella etapa de iniciación. Si alguien tratara la descripción de la Muerte y la Resurrección de Cristo Jesús como si fueran tales etapas, sólo demostraría su fracaso al percibir el hecho de que la Resurrección tuvo lugar en virtud del poder que ya estaba allí en el Cristo viviente. La Resurrección no es un acto de iniciación. Cristo Jesús no fue despertado a la vida por otro iniciado sino por el Poder Divino que viene de más allá de la Tierra, el Poder que le fue comunicado a través del Bautismo. La Resurrección fue dada en el momento del Bautismo, ya estaba allí en ese momento; Mientras que el acto que en el caso de otras personas iniciadas se llama “Resurrección” tiene que ser producido por los hechos e instrucciones de un iniciado mayor.

Esta es la razón por la que tuve que describir el evento de Cristo como lo hice en mi libro El cristianismo como hecho místico, que fue escrito hace más de diez años y apareció poco después. Tenemos que ver de la siguiente manera algo que Cristo vivió su vida en la Tierra. En esta vida ocurrieron muchos eventos y procesos. ¿Cómo describimos estos eventos y procesos? Los describimos mejor relatando lo que un iniciado de la antigüedad tenía que pasar. Lo que el iniciado en la antigüedad pasó en la Escuela de Misterios, se desplegó en el caso de Cristo como un hecho histórico. Por lo tanto, los Evangelistas podrían usar los antiguos libros de iniciación, no para describir una iniciación de Cristo, sino para escribir su biografía. Esa es la esencia del argumento en mi libro “El Cristianismo como hecho místico”.

Es evidencia de la más profunda equivocación de la vida de Cristo si hablamos de Él no como uno ya iniciado, sino como alguien que tuvo que someterse a la iniciación durante la evolución de la Tierra. Cualquiera que quiera explicar la vida de Cristo como una iniciación está cometiendo un gran error con respecto al Espíritu del cristianismo. Comprendería el cristianismo como si su Fundador no fuera ya un Iniciado, sino que debía ser iniciado primero, como si al describir la vida de Cristo se estuvieran describiendo los procesos de Su iniciación.

En consecuencia, al hablar de la vida de Cristo, es necesario dejar bien claro que las expresiones que se utilizan no pueden aplicarse en el mismo sentido en que se aplican a la antigua iniciación —o cualquier otra— sino que se utilizan en un sentido terrenal absolutamente físico, que se refieren a una historia, a un acontecimiento de la historia que está fuera de la iniciación.

La importancia de esto no puede ser exagerada. No se puede cometer un error más grave que ignorar lo que acaba de ser explicado y hablar de una “iniciación de Cristo”, no en el sentido de que se habla en mis conferencias “Ante la Puerta de la Teosofía” o en las de “El Evangelio de San Juan”, sino explicar la vida de Cristo con la vestimenta de la narración de una iniciación. Al hacerlo, desde el principio se pondría en contradicción con toda interpretación razonable de los Evangelios. Sería imposible encontrar el camino hacia el corazón y al núcleo de este, o para entender lo que el ocultismo tiene que decir sobre Cristo Jesús. No olvidemos nunca que cuando hablamos de otros fundadores de la religión, tenemos que hablar de ellos como hombres que han sido iniciados y estamos justificados y con razón en entender su vida como comprendiendo dentro de ella una iniciación, pero la vida de Cristo ha de ser descrita de manera diferente. Aunque esta vida de Cristo, al tomar su curso en la Tierra, tuvo que hacer revelaciones divinas, no debemos concebir ningún proceso de iniciación que brille como en esta vida de Cristo y la ilumine. No, Cristo mismo fue un iniciador. Lean en mi libro “El cristianismo como hecho místico” el pasaje sobre el verdadero significado del milagro de la resurrección de Lázaro. Entonces ustedes encontrarán que fue una iniciación que realizó Cristo. Él mismo fue capaz de iniciar; pero no podemos decir de ninguna manera que Cristo fue iniciado en la Tierra en el mismo sentido que tenemos que decir que Lázaro fue iniciado por Cristo.

En el lugar de la iniciación tenemos el Bautismo de Juan en Jordania. Sin embargo, si el bautismo hubiera sido el acto de iniciación correspondiente, habría sido descrito de manera diferente. Nos habrían dicho cómo Cristo permaneció allí esperando una iniciación mientras un iniciador mucho más elevado realizaba el acto de iniciación. El otro, sin embargo, que está a su lado como el instrumento para el acto no es un iniciador más alto, pues es Juan el Bautista que no puede, de acuerdo con los hechos, ser situado como más alto que Cristo Jesús mismo.

Ha ocurrido con frecuencia que los hombres han cometido este error. Pero para una correcta relación con el cristianismo, para una verdadera comprensión del cristianismo, tal error siempre es fatal. Debemos, por lo tanto, tener cuidado de hablar como si Cristo hubiese pasado por varias etapas —Nacimiento, Infancia, o de nuevo, Bautismo o Transfiguración o Resurrección— en el sentido en que se puede decir que algunas personas iniciadas pasan por estas etapas. En el momento en que aplicamos al Cristo de la misma manera las expresiones: Nacimiento, Bautismo, Transfiguración, Ascensión, mostramos un completo malentendido del cristianismo.

Todo esto tiene que ser claramente entendido si queremos responder a la pregunta: ¿Cómo ha ocurrido que el Impulso de Cristo es lo que permite al hombre llevar la memoria del yo de la vida ordinaria en la Tierra a la vida de los mundos suprasensibles?

Permítanme pedirles que pongan ante ustedes una imagen de lo que he tratado de mostrarles hoy, cómo el hombre se encuentra con la muerte y con Lucifer y cómo el alumno en el ocultismo entra en una situación desesperada y desolada, de la que sólo puede ser liberado si es capaz de retener un recuerdo del pensamiento del yo. Y recuerden entonces lo que dije que la mayor ayuda para la retención del pensamiento consiste, para el hombre de hoy en día, en ponerse en relación con el Impulso de Cristo durante su vida en la Tierra. Recuerden también cómo, para establecer este hecho, me propuse explicar que la vida de Cristo es diferente de la vida de cualquier otra persona iniciada. Cristo viene ante nosotros desde el principio como Aquel de quien ciertamente se nos dice que realizó obras en la Tierra, pero de quien no se nos dice que fue influenciado como Sócrates por su Daimon, o que Él se sentó bajo el árbol Bodhi como Buda, o que tuvo visiones como Mahoma. Imaginar cualquiera de estas historias haría imposible entender al Cristo. Cómo el Impulso de Cristo se convierte en el medio para que el alumno deje que el pensamiento viva en el mundo espiritual, de modo que no tenga en su lugar sólo los pensamientos que han muerto, y cómo se le aparece entonces el mundo suprasensible lo hablaremos mañana.

Traducido por Gracia Muñoz

 

GA137c7. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 9 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Ayer hablamos de una parte o aspecto del Mysterium Magnum, y algunos de ustedes tal vez habrán sentido una cierta dificultad en abordarlo desde el punto de vista que nos vimos obligados a tomar para aclarar el asunto en detalle. Pero el mundo es complicado, ¡admitámoslo que de una vez por todas! Y si realmente tenemos el deseo de elevarnos al conocimiento de las verdades superiores, no hay problema para ello, pero debemos estar preparados para soportar algunas dificultades en el camino.

Recojamos una vez más para nuestra consideración lo que tenemos que entender por el Mysterium Magnum. Vimos por un lado cómo revela al hombre en sus tres miembros, o mejor dicho, lo revela como compuesto por tres hombres y cada uno de ellos tiene siete miembros, de modo que podemos distinguir un hombre superior, un hombre medio y un hombre inferior. A medida que pasamos por el mundo y tenemos nuestras experiencias, estos tres hombres parecen íntimamente unidos; La conciencia cotidiana no los distingue entre sí. Ese es un aspecto del Misterio. El otro consiste en que, en el momento en que el hombre se eleva de su conciencia ordinaria de la Tierra y alcanza una conciencia de una clase superior, se enfrenta de inmediato con el acontecimiento que he descrito en mi libro Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores, donde dije que el hombre debe entonces esperar a que su conciencia sea dividida en tres, que todo su ser sea dividido en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto. Dividido, por así decirlo, en estos tres seres anímicos;  —así es como el hombre se siente cuando se pone en el camino a una conciencia superior. Entonces tenemos por un lado, el hombre ternario de siete miembros y, por otro lado, tan pronto como nos elevamos de la conciencia ordinaria, nos encontramos con una división de esta conciencia en tres, lo que significa que cada aspirante oculto que se hace clarividente debe, como sabrán del libro ya citado, esforzarse con todo su ser para mantener unidos a los tres miembros de su conciencia, para evitar que su vida anímica caiga en pedazos. De hecho, sería un destino trágico para su ser interior si eso sucediera. Mientras que en la vida ordinaria estamos continuamente tentados a unificar la naturaleza del hombre —que es triple—  y verla como una forma humana única y completa, en nuestra vida anímica interior por otro lado al dar un paso más allá de la conciencia ordinaria, inmediatamente nos hacemos conscientes de que en realidad somos un ser triple, y que estamos en peligro inminente de ser divididos en tres en nuestra vida anímica.

En este sentido, comprenderemos mejor cómo realmente son las cosas si volvemos a empezar de una manera bastante elemental a partir de ciertos hechos de la vida cotidiana que se manifiestan en plena claridad al aspirante oculto, pero que en general no se observa. Pues es así que ya en la vida ordinaria los tres poderes del alma del hombre —o más bien las diversas cualidades de la conciencia que les corresponden y que estamos acostumbrados a distinguir unas de otras— dirigen nuestra atención a lo que aprendimos o entendimos ayer como el ser humano trimembrado.

¡Mira al hombre tal y como está ante de ti en la vida cotidiana! ¿Qué tiene que ocurrir en él para que se produzca la conciencia cotidiana? Para que la conciencia cotidiana esté presente, la conciencia que lleva consigo como hombre pensante de la Tierra, las impresiones del exterior deben trabajar sobre los sentidos. Los sentidos, en la medida en que nos dan información de la vida de la Tierra, se sitúan principalmente en la cabeza, y el contenido de la conciencia está en su mayor parte derivado de estos sentidos. De los tres hombres que aprendimos a reconocer ayer en el ser humano, es sobre todo el hombre de la cabeza o cefálico, el hombre superior, el que recibe las impresiones diurnas, las impresiones de la conciencia ordinaria se hacen sentir en la medida en que el hombre es capaz de salir a su encuentro con el instrumento de su cerebro, de hecho de toda su cabeza.

Un poco de reflexión rápidamente les mostrará que el hombre como hombre de la Tierra no puede ser solo un hombre cefálico. Vimos ayer que para la consideración oculta el hombre tiene tres partes, muy distintas entre sí; y para que el hombre se asemeje a nosotros como hombre de la Tierra, la cabeza debe mantenerse viva gracias a las sustancias y las fuerzas que continuamente se le envían desde el segundo hombre (medio). Por medio de la circulación de la sangre, el alimento fluye dando el sustento al cerebro. Entonces el cerebro es capaz de satisfacer las impresiones sensoriales externas de tal manera que por medio del instrumento del cerebro los pensamientos y las ideas surgen en el hombre como resultado de estas impresiones de los sentidos. El hombre experimenta en la conciencia ordinaria lo que surge de esta manera a través del instrumento del cerebro. Y también sabemos que esta conciencia ordinaria cesa cuando el hombre está dormido; las impresiones sensoriales externas dejan de estar en la conciencia, ya no tienen influencia alguna sobre él. Cuando el hombre está dormido y las impresiones sensoriales externas ya no trabajan sobre el cerebro que es sostenido por el hombre medio, naturalmente las influencias que trabajan desde el hombre medio sobre el hombre superior, desde el segundo hombre sobre las primeras influencias, es decir, sobre el cerebro siguen adelante. Porque en este hombre medio la respiración se mantiene, incluso durante el sueño, y las otras actividades del hombre intermedio continúan. La sangre se lleva al cerebro cuando el hombre está dormido, así como cuando está despierto, aunque con una diferencia; porque la forma en que el instrumento de la conciencia cotidiana es sostenida por el hombre medio no es exactamente la misma al despertar que al dormir. La diferencia encuentra expresión en el hecho de que durante el sueño el número de respiraciones que tomamos es considerablemente menor en proporción que cuando estamos despiertos y la cantidad de gas carbónico en nuestro aliento se reduce en aproximadamente un cuarto; la forma y el método de alimentación también cambia durante el sueño. Cuando, bajo ciertas circunstancias, el proceso de alimentación continúa funcionando de la misma manera durante el sueño, puede tener muy malos resultados. Esto es bien sabido por el hecho de que después de una comida excelente uno no suele dormir bien; El cerebro se altera en su reposo si una comida pesada se toma inmediatamente antes de irse a dormir. Hay, por lo tanto, una diferencia entre las condiciones del sueño y el despertar, incluso en la forma en que el hombre intermedio trabaja en el hombre superior.

¿Podemos ver, en el hombre ordinario de la Tierra, cualquier resultado de esta diferencia? El hecho de que el hombre se aparte del mundo exterior, y que sólo dentro de su cuerpo, totalmente dentro de lo que hemos descrito como la forma o figura del hombre, se ejerce una influencia por las fuerzas del hombre medio en dirección a la parte del hombre superior, tiene el resultado de que la conciencia diurna ordinaria se extingue; De modo que, aunque durante el sueño el hombre todavía tiene su cerebro, no percibe las influencias del hombre medio que están trabajando sobre el cerebro. Las influencias siguen igual, pero sólo están presentes en lo que generalmente denominamos conciencia onírica.

Esta conciencia del sueño es muy complicada. Sin embargo, no tendrán ninguna dificultad en reconocer que una clase particular de sueños está íntegramente conectada con lo que ocurre en el hombre intermedio y debe su origen al hecho de que el cerebro no sólo puede percibir el mundo externo con los sentidos sino que también es capaz de percibir de algún las modo influencias procedentes del hombre intermedio, contemplándolas en forma de imágenes oníricas que hacen uso de todo tipo de símbolos. Si algo está mal con el corazón, puede suceder fácilmente que uno sueña con él, simbolizado por un fuego ardiente. Si no está todo en orden en los intestinos puede ocurrir que uno sueñe con serpientes. El carácter y la condición del interior del hombre a menudo determinan el sueño, que puede entonces ser una indicación de lo que está pasando allí. Quienquiera que se tome la molestia de observar esta notable conexión y estudiarla con la ayuda de la ciencia externa, llegará a la conclusión de que las irregularidades en el hombre medio son percibidas simbólicamente en las imágenes de los sueños.

También hay personas que tienen experiencias mucho más profundas con sueños de este tipo, personas que son capaces de percibir en imágenes simbólicas definidas la inminencia de ciertas enfermedades. Una conexión clara puede frecuentemente ser rastreada en tales casos entre imágenes oníricas de un carácter simbólico que se repite con una regularidad absoluta y una enfermedad de los pulmones o del corazón o del estómago que hace su aparición más adelante.

Es posible establecer muy a menudo, mediante un examen preciso al despertar, que cuando uno ha soñado con una estufa ardiente, su corazón está latiendo más rápido que de costumbre, del mismo modo es posible que las enfermedades del pulmón o trastornos del estómago  —de hecho, todo tipo de enfermedades que aún no se han manifestado exteriormente— pueden anunciar su enfoque simbólicamente en imágenes de sueños. El cerebro humano, o más bien el alma humana, es sensible no sólo a las impresiones externas que se comunican a través de los sentidos, sino también al interior del cuerpo, con la diferencia, que en este último caso no recibe las ideas correctas y verdaderas sino que expresa en ideas imaginarias y simbólicas lo que está sucediendo en el hombre medio.

La explicación que se nos ha dado nos permite reconocer que en el sueño el hombre se percibe a sí mismo. Realmente podemos decir: En mis sueños me veo a mí mismo. Sin embargo, no somos conscientes de esto durante el sueño. Percibimos nuestro corazón, pero no sabemos que es nuestro corazón lo que percibimos. En cambio, percibimos un fuego ardiente, es decir, un objeto fuera de nosotros. Algo que está dentro de nosotros está proyectado hacia afuera y está ahí fuera, para nuestra percepción. En la conciencia del sueño, por lo tanto, el hombre tiene que ver con el interior de su propio cuerpo; esto significa que en la conciencia de los sueños está dividido, se desgarra. Como ustedes saben, en el curso ordinario de la vida cotidiana, nos preocupamos por regla general sólo con despertar y dormir.

Ahora bien, no sólo las condiciones del hombre intermedio se perciben en los sueños, sino también las condiciones del hombre superior, del hombre cefálico. Tenemos en primer lugar, sueños que deben su origen a algún desorden en la cabeza misma. A través de lo que se percibe como un desorden en la cabeza, el cerebro —o yo diría más bien el alma— se percibe por medio del instrumento del cerebro. El hombre superior se percibe a sí mismo. Tales sueños son siempre extraordinariamente característicos. Usted tiene un sueño y despierta con un dolor de cabeza; el sueño es en este caso un reflejo simbólico y fantasioso del dolor de cabeza. Por regla general, tales sueños tomarán la forma de que le conduzcan a grandes distancias o se encuentren en una gran bóveda o cueva. Especialmente característico de estos sueños de dolor de cabeza es la experiencia de una bóveda inmensa por encima de uno. Algo se arrastra o se desliza en el techo de la cueva, o tal vez las telas de las arañas o algo de suciedad o polvo se aferra a ella. O puedes soñar que estás en un gran palacio arqueado! En tales casos te percibes como hombre superior, —pero transpones otra vez lo que percibes al mundo que esta fuera. Sales de ti mismo y colocas fuera de ti lo que está en ti, en tu cabeza. Así que aquí una vez más tenemos una especie de división del ser humano; está, por decirlo así, dividido, se pierde, se extingue.

Las condiciones que he estado describiendo son condiciones de sueño, y nos muestran muy claramente que en la conciencia del sueño el hombre cae en pedazos; su conciencia del yo, su unidad de conciencia, no permanece intacta, y su sueño es en realidad siempre un reflejo, un reflejo simbólico de lo que sucede dentro de su naturaleza corporal.

Para el discípulo del ocultismo no es en absoluto una simple cuestión de pasar de la conciencia de vigilia ordinaria a la conciencia del sueño —no habría nada inusual en eso, no, él debe hacer la transición en una condición de la conciencia totalmente diferente. Mediante la práctica de los ejercicios descritos en las conferencias anteriores de este curso, mediante la supresión, es decir, del intelecto, la voluntad y la memoria, tiene que liberarse de sí mismo y alcanzar una conciencia completamente nueva.

Aunque, como he dicho, esta nueva conciencia no es una conciencia de sueño, sin embargo, si uno no tiene conocimiento de la conciencia clarividente, la conciencia del sueño puede ayudarle a llegar a una comprensión bastante buena de ella. Pues podemos abordarlo de la siguiente manera. Supongamos que nos preguntamos: ¿Qué hay dentro de él que el hombre percibe en el sueño? Entonces debemos responder: Cualquier cosa que sea dolorosa o este fuera de orden. Un momento de reflexión nos mostrará que las condiciones normales ordinarias no son percibidas por la conciencia del sueño. Si un hombre está perfectamente sano en su hombre superior y medio, si todo está en orden allí, entonces duerme un sueño normal y sano; no se puede en circunstancias ordinarias —observar que digo aconsejadamente, en circunstancias ordinarias— esperar que su sueño pacífico sea forzosamente interrumpido con sueños. Ahora el camino que tiene que ser tomado por la conciencia clarividente es aquel que conduce a través de etapas y condiciones que son similares a las de la conciencia del sueño. Sólo que estas etapas se alcanzan por el entrenamiento oculto, y en realidad es que en la clarividencia el hombre no sólo conoce las condiciones dolorosas externas ordinarias de su interior, sino que también percibe sus condiciones normales, que por lo general desaparecen de nuestra conciencia en el sueño pacífico el clarividente llega al conocimiento de estas condiciones. En otras palabras, aprende a conocer su cerebro, su cabeza, al aprender a percibirlo interiormente. Del mismo modo, llega a conocer a su hombre medio. De la misma manera que en ciertos sueños el hombre percibe cuando duerme su hombre superior y su hombre medio, así también el clarividente ha logrado, en el curso de su formación, el conocimiento de su hombre medio y superior.

Prestemos ahora una atención especial a este hombre intermedio. Si consideráis un poco, tendréis que reconocer que no encontráis nada en el hombre intermedio que pueda ser referido inmediata y específicamente al mundo externo. En la cabeza tenemos los ojos y los otros órganos de los sentidos que están en conexión directa con el mundo externo. A través del sentido del tacto, el hombre medio tiene, por supuesto, la posibilidad de entrar en conexión con el mundo externo, pues el sentido del tacto se extiende, como sabemos, sobre toda la piel. La percepción del mundo exterior por el hombre medio es, sin embargo, ligera e insignificante en comparación con el conocimiento del mundo externo que adquirimos a través del hombre cefálico o superior. Incluso la percepción que el hombre medio recibe del calor afecta en lo principal sólo a su propia experiencia interior, su sentido interior de bienestar. Por lo tanto, el hombre medio parece ser una entidad auto-encerrada, con procesos internos que son de gran importancia para sí mismo, pero que tienen poca relación con su relación con el mundo exterior.

Si, sin embargo, nos preguntamos si este hombre interior no tiene tal vez alguna conexión con el mundo exterior que no sea tan obvia para la conciencia ordinaria, descubriremos que este hombre interior o medio tiene, después de todo, una conexión de poca importancia con el mundo exterior. Todo depende del hecho de que el hombre medio está adaptado a las condiciones de la Tierra. Tiene que respirar el aire de la Tierra, necesita para su alimentación las sustancias que se producen en la Tierra. Desde este punto de vista, el hombre medio y la Tierra se pertenecen. Si las sustancias que son necesarias para mantener su vida no están presentes en su entorno terrestre, entonces este hombre medio no podría ser como es. Así que estamos obligados a considerar al hombre medio como parte de la existencia de la Tierra, debemos considerarlo como perteneciendo definitivamente a nuestra existencia aquí en la Tierra.

Y esto no es todo. Porque no se trata sólo de lo que la Tierra puede dar al hombre. ¡La Tierra podría estar allí por mucho tiempo, y sin embargo ningún hombre medio habría llegado a existir! Si el Sol no viniera a la ayuda de la Tierra y hacer que floreciera y madurara sobre ella lo que el hombre medio necesita, entonces el hombre medio no podría existir. Este hombre medio toma las sustancias que requiere para su alimentación, y estas sustancias, aparte del aire que es, por supuesto, esencial para su sustento en la vida, todas estas sustancias que lo alimentan dependen del funcionamiento del Sol sobre la Tierra. Todo lo que el hombre recibe en sí mismo como alimento es producido por el Sol en el ambiente terrestre del hombre. Esto significa, en efecto, que cuando estudiamos al hombre medio tenemos que tener en cuenta no sólo una influencia directa de la Tierra sobre el hombre, sino también una influencia indirecta del Sol. Si no fuera por la luz solar que ilumina la Tierra, el hombre medio no existiría. Todo lo que se encuentra en el hombre medio ha llegado a él a través de la influencia de la luz del Sol sobre la Tierra.

Este hecho notable  —que el hombre medio es un producto de la luz del Sol— se expresa de la siguiente manera. Cuando el alumno del ocultismo se vuelve clarividente, es decir cuando desarrolla la conciencia clarividente, entonces, mientras que en los sueños surgen imágenes que son la expresión de algún desorden en los órganos internos del hombre, en el caso de la conciencia clarividente las imágenes que recibe el discípulo es lo que el Sol está haciendo en el hombre medio, muestran la actividad regular normal del Sol en el hombre medio. Cuando el alumno se vuelve clarividente y surge una percepción de su propio ser interior en su estado normal y sano, entonces tiene delante de él la luz que fluye; a su alrededor ve la luz que fluye. Como el soñador está rodeado de imágenes de  los trastornos en su hombre interior, también el aspirante oculto está rodeado por fenómenos de luz fluida. Él tiene, en primer lugar, esta percepción de la actividad del Sol en su propio ser interior.

Comparen por un momento la conciencia externa ordinaria con esta conciencia especial que surge en el clarividente. Cuando el hombre, como hombre superior, dirige su mirada a algún objeto de la Tierra, lo mira  —es, como ustedes saben, hablando en términos generales, el sentido de la vista el que predomina en la percepción— por medio de la luz del sol que se lanza sobre la Tierra. La conciencia externa y cotidiana percibe como la luz solar ilumina las cosas de la Tierra; pero ahora es lo que la luz del sol le hace, lo que hace posible a su propio hombre medio, cómo penetra el hombre medio con su actividad,  —esto es lo que se revela al hombre como luz fluida cuando se convierte en alumno de ocultismo. Contempla el Sol en sí mismo, de la misma manera en que ve el Sol fuera de él desde el momento en que el día comienza mientras dura y mientras ve objetos a su alrededor por el hecho de que la luz del sol es arrojada sobre ellos, así que ahora ve, cuando ha llegado a cierto estado de clarividencia, algo que es de la naturaleza del Sol reflejada desde su propio ser interior. Es la forma del hombre medio que se muestra así iluminada. Es decir, una experiencia.

Si tuvieran que volver a los tiempos antiguos y estudiar lo que se hizo y experimentó en los antiguos Centros de Misterio, encontrarían que el aspirante oculto aprendió a percibir al Sol en su reflejo en su propio hombre medio, para percibir el funcionamiento del Sol que continúa incluso cuando el hombre está dormido, y que se le escapa durante la conciencia de vigilia porque su atención es reclamada por la conciencia exterior. El hombre como un ser solar, eso fue lo que el alumno percibió en una etapa particular de su iniciación en los Misterios. Aprendió a reconocer que el Sol está en sí mismo, en su propio ser, aprendió que el Sol no sólo funciona externamente en los objetos, sino que también actúa dentro de la forma corporal del hombre.

Pero ahora el alumno, que empieza a ser clarividente, tiene que aprender otra cosa. Tiene que descubrir algo que es comparable con los sueños del cerebro, esos sueños que reflejan las condiciones desordenadas del cerebro, donde, como dije, en casos típicos el hombre siempre percibe símbolos, imaginando, por ejemplo, que está en una cueva o un palacio, teniendo sobre él un gran techo abovedado en el que está mirando. Cuando el alumno es llevado a percibir no sólo las condiciones de su hombre medio, sino también las condiciones de su hombre superior (en la medida en que este último tiene forma y figura), las condiciones del interior del hombre cefálico, entonces nunca tiene la misma experiencia que tiene de su percepción del hombre medio. En vez de eso, ahora tiene ante sí, —simplemente estoy relacionando los hechos—, lo que parece una extensión perfectamente ordenada y regular del sueño que está relacionada con la excitación o la irritación del cerebro sólo que se experimenta en plena conciencia. Lo que el hombre percibe cuando ha cerrado todos los órganos de los sentidos y no tiene percepción externa, cuando dirige toda su atención de la conciencia clarividente sobre su interioridad, sobre el hombre superior, el hombre del cerebro, está en realidad en el cielo estrellado. Contempla la gran bóveda del cielo con las estrellas.

Fue un gran momento en la vida del alumno, especialmente en los Misterios de la antigüedad —oiremos más tarde en qué medida sufrió un cambio en los Misterios posteriores—cuando el discípulo percibió su propio ser interior, en cuanto este ser interior llega a expresarse en la forma humana. Cuando vio al hombre superior, fue como si viera el cielo con todas las estrellas brillantes; miraba hacia el amplio mundo, a pesar de que no tenía los sentidos físicos abiertos. La imagen de los cielos estrellados estaba ante él. Y entonces vino el momento más grande de todos cuando este pupilo no observó lo que está por decirlo así, en la parte superior de su cabeza, sino que cuando miraba desde el hombre superior, desde la cabeza, hacia el hombre medio, percibió, sin abrir ninguno de sus sentidos, la parte inferior de su cerebro y desde él vio al hombre intermedio irradiado de luz. Él mismo en la oscuridad total (porque sus sentidos estaban cerrados, y desde la apariencia exterior era como un hombre que está dormido), percibió, mirando hacia abajo interiormente, el Sol en la noche, en medio de la oscura superficie de los cielos. Esto es lo que se llamaba en los antiguos Misterios “Viendo el Sol de medianoche”, viendo, es decir, la luz que fluye dentro de las estrellas, cuya influencia en relación con el Sol parece tan pequeña. Estas experiencias fueron hitos importantes en la vida de cada aspirante del ocultismo.

Habiendo llegado tan lejos, el discípulo fue capaz de aprehender una verdad de gran significado. Podía decir: “De la misma manera que percibo a través de mí, en mi hombre medio, la luz del sol que fluye, el trabajo verdadero y real del Sol, así ahora puedo percibir por medio del hombre superior los espacios celestiales con sus estrellas. Que pueda ver las estrellas, que no todo esté envuelto en la oscuridad, es debido al hecho de que el cerebro se adapta a las estrellas, como el hombre medio se adapta al Sol”. Así se llegó al conocimiento de que incluso como el hombre medio es sostenido por el Sol, así como todo su ser depende del Sol y pertenece al Sol, así también el hombre superior, el hombre cefálico, pertenece al mundo entero y a sus estrellas.

Cuando el alumno había tenido esta experiencia, podía ir a aquellos que poseían sólo la conciencia del día, pero que, sin embargo, sintieron el impulso —surgiendo de una profunda necesidad interior, de un anhelo de su alma— de encontrar una relación con la conciencia que se debe alcanzar más allá del hombre de la Tierra. En otras palabras, el alumno podría ir a los hombres inclinados religiosamente, capaces de alguna manera de sentir su conexión con el gran mundo y decirles: “El hombre, tal como está en la Tierra, no es simplemente un ser que perteneciente a esta Tierra, es un ser que pertenece en parte, es decir, en el pecho y el tronco, pertenece al Sol, y como hombre cefálico pertenece también a todo el espacio cósmico”. Esto era lo que el discípulo podía decir a los hombres religiosos impartiéndolo como información; y en el hombre religioso esto se convirtió en oración, en adoración.

Los discípulos del ocultismo devinieron de esta manera como fundadores de la religión entre los hombres, y según la relación del pueblo al que llegaron daban una u otra parte de la naturaleza del hombre, pudieron hablar más del uno o del otro. A las personas que estaban más particularmente dispuestas a experimentar una cierta felicidad en el sentido de bienestar en el hombre interior, es decir, que estaban inclinados a hacer que su estado anímico dependiera del bienestar corporal del hombre medio —a tales los alumnos del ocultismo podían ir como fundadores de la religión y decirle: “Tu sentido del bienestar depende del Sol.” Estas personas se convirtieron entonces, a través de la influencia de los alumnos del ocultismo, en seguidores de una religión Solar. Pueden estar seguros de que en toda la Tierra, dondequiera que haya vivido gente del tipo que he descrito, a quienes importaba sobre todo que se les llamara la atención sobre la fuente de su sentido de bienestar, allí se levantó una adoración del Sol.

Pensar que los hombres pasaron a convertirse en adoradores del Sol sin ninguna razón profunda para ello es un mero vuelo de la imaginación por parte de toda la ciencia obstinadamente materialista. Cuando el erudito de nuestro tiempo habla de cómo esta o aquella sección de la humanidad llegaron a ser adoradores del Sol, en realidad sólo están demostrando sus propios poderes de imaginación y fantasía. Los materialistas de hoy están bastante equivocados cuando acusan a los teósofos de tener una inclinación a ser fantásticos, lo que implica que ellos mismos son los verdaderos realistas. Tomado en su conjunto, el materialismo no carece ciertamente de una tendencia a ser fantástico, como podemos ver en este caso cuando se propone explicar cómo ciertos pueblos se convirtieron en adoradores del Sol. Pues construyen un cuadro imaginario y llegan a la conclusión de que a través del trabajo de ciertas condiciones o circunstancias externas el pueblo, movido por algún impulso inexplicable, se topa con la idea de adorar al Sol; cuando la verdad del asunto es que los iniciados, los aspirantes al ocultismo, conocían en el caso de ciertos pueblos: —Tenemos aquí un pueblo que manifiesta especialmente la virtud del coraje, un pueblo en el que se puede ver un desarrollo llamativo del hombre medio; debemos enseñar a este pueblo cómo en lo suprasensible uno puede contemplar el hecho de que este hombre torácico o medio es un producto del trabajo del Sol. Y los iniciados en el ocultismo entonces llevaron a esas personas, en las cuales el hombre medio era de mayor importancia, alejándose del mero sentimiento de bienestar, el mero vivir dentro de sí mismos, en la oración y al culto, enseñándoles a mirar hacia arriba con devoción religiosa al Ser que es la fuente de este hombre medio. De esta manera guiaron a estas personas a una adoración del Sol.

Este ejemplo puede servir para mostrar la tendencia que hay en el materialismo a construir teorías fantásticas. Podrían presentarse otros ejemplos llamativos. Por ejemplo, hemos tenido que leer por fuerza —ya que han sido arrojados bajo nuestros mismos ojos— todo tipo de descripciones de nuestro edificio de Munich. A través de una indiscreción el proyecto encontró su camino en los periódicos, y el hombre materialista de hoy se ha formado su propia idea de lo que es el edificio y cuál es su propósito. Una profusión de información fantástica se ha extendido en el extranjero, suficiente para demostrar que la fantasía es una cualidad del pensamiento actual. Cuando se trata de hablar o escribir sobre cosas de las que no se conoce absolutamente nada, el hombre de hoy no duda en recurrir a las fantasías más locas para construir una explicación. Esto es así en la vida cotidiana ordinaria, y es así también en el ámbito de la ciencia. La mayoría de las explicaciones expuestas por los estudiosos de hoy son pura fantasía; y el intento de describir o explicar la adoración del Sol ciertamente no es una excepción.

Otros pueblos de la Tierra tenían menos inclinación para desarrollar al hombre medio y estaban más dispuestos a pensar, a tener ideas, es decir, a desarrollar al hombre superior; y para ellos había que hacer otro tipo de apelación. Los ocultistas que salieron al mundo como fundadores de la religión llamaron la atención de estos pueblos para buscar la fuente del instrumento por el cual fueran capaces de producir pensamientos, vivir en pensamientos y en ideas. Los ocultistas les dijeron: “Si quieres tener conocimiento de la fuente de tu vida de pensamiento, entonces —puesto que no eres capaz de mirar a los mundos suprasensibles de los cielos (por supuesto los iniciados no dijeron esto, lo añado yo)— tendrás un reflejo externo de esta fuente si permaneces despierto durante la noche y miras hacia arriba en oración a los cielos estelares.

Un verdadero culto a las estrellas  —un culto, también se puede decir, de la Noche, porque la verdad está a menudo vestida de tal manera que en lugar de hablar de los cielos estrellados hablaban de la Noche— a tal estrella o la adoración nocturna prevaleció entre los pueblos que se dieron más al pensamiento. Los pueblos de la antigüedad que gustaban de pensar, reflexionar y profundizar en las cosas, para ellos se fundaron las religiones que señalaban a la fuente del instrumento de su pensamiento, es decir, a su hombre superior. Y muchos de los nombres de los dioses más antiguos de ciertos pueblos tienen que ser traducidos en los idiomas modernos por la palabra “Noche”. La Noche fue objeto de culto, la Noche con todo el misterio de su aparición como la Madre de las Estrellas, que las hace salir para que brillen en los cielos. Pues los iniciados en el ocultismo sabían que el instrumento del cerebro es realmente y verdaderamente un producto de la Noche Estrellada.

Del mismo modo, a menudo encontraremos que las personas que eran adoradores del Sol no sólo fueron guiadas a mirar al Sol; así como el hombre fue conducido de las estrellas a la Madre Noche y muchas palabras de la antigüedad eran interpretadas para denominar a los dioses significando la Noche, en el caso del Sol la atención del hombre fue atraída al hecho de que el Sol dio lugar al Día, que el Sol se hizo Día. En consecuencia, muchas palabras usadas para adorar al Sol entre los pueblos que adoraban específicamente al Sol como el Poder divino más alto, deben traducirse con la palabra “Día”.

 Hablando en general, podemos decir que donde los pueblos se sienten fuertes y valientes y listos para la guerra, encontramos a los principales adoradores del Sol o adoradores del Día, porque sus iniciados los dirigieron al Sol, al Día, como su objeto de culto. Por otro lado, los pueblos más reflexivos e inquietos eran adoradores de la Noche o de las Estrellas, pues fueron guiados de esa manera por sus iniciados.

Llegamos, finalmente, a otro tipo de gente. Porque hay pueblos que no experimentan de manera tan característica la aguda división entre la conciencia del día y la conciencia de noche. Cuando volvemos a la antigüedad, encontramos muchos pueblos que habían conservado condiciones medias o intermedias de conciencia, que no alternaban simplemente en su vida entre el día y la noche, entre la conciencia y la inconsciencia, sino que conservaban la antigua conciencia clarividente que surgió a través de la fusión de la conciencia del Día con la conciencia de la Noche como una especie de semiconsciencia. Encontramos, pues, esta tercera condición de conciencia.

Estas personas también adivinaron a través de su condición de conciencia una conexión entre el hombre y algo fuera de la Tierra. ¿Cómo fue que llegaron a tener tal sentimiento? Para responder a esta pregunta debemos darnos cuenta de que estaban poseídos de una facultad o calidad peculiar en la forma misma de su naturaleza corporal. Como ya se ha dicho, casi todos los hombres estaban dotados, en todo el mundo, de una antigua clarividencia, y tenían la peculiar facultad de ser capaces de percibir en ciertas condiciones de la conciencia su hombre “simetría” —no, como hombre de simetría, pero podían percibir este hombre intermedio en su trabajo sobre el hombre superior.

Si quieren formar una imagen de lo que ocurría en tal persona, entonces deben imaginar una imagen del hombre medio en el cerebro. En la vida normal ordinaria en la Tierra, las impresiones de los sentidos trabajan sobre el cerebro y el cerebro arroja imágenes; es decir, coloca su propio ser en el camino y sostiene las imágenes que vienen del exterior. Nuestra idea del mundo se produce de esta manera como reflejada por el cerebro. Pues eso es lo que todas las ideas del mundo exterior son en realidad, imágenes reflejadas por el cerebro. Cuando miran al mundo, entonces las impresiones externas pasan por el ojo hasta un cierto lugar en el cerebro y ahí son capturadas. Que una idea pueda llegar a ser se debe al hecho de que las impresiones están atrapadas en un cierto punto, no se les permite pasar a través —no, en todo caso, en su totalidad— sino que se reflejan de nuevo. Y cuando un hombre se convierte en clarividente, ya no son sólo objetos externos los que producen impresiones en el cerebro, sino las impresiones del hombre medio, que luego pueden ser reflejadas por el cerebro.

Lo que acabo de describir —las impresiones hechas por el hombre medio sobre el cerebro y el reflejo de estas últimas impresiones— está aún muy lejos del proceso que describí como sucediendo en el verdadero aspirante del ocultismo. Este último tiene una percepción directa e inmediata de su hombre intermedio, no sólo lo percibe a través del cerebro. Él mira dentro de sí mismo y ve allí lo que pertenece al Sol, ve también en su cerebro lo que pertenece a las Estrellas. El estado clarividente, por otro lado, del que ahora estamos hablando, donde los procesos interiores del hombre, la naturaleza del Sol en el hombre medio, son reflejados por el cerebro —aun cuando las impresiones externas que vienen a través de los sentidos se reflejan en el cerebro— es característico de la antigua clarividencia de los hombres en tiempos antiguos. Para ellos, la percepción tuvo lugar por medio del hombre medio. En primer lugar, no percibían las cosas externas. Sólo percibían el Sol como algo que estaba presente en sí mismos y lo percibían en la reflexión, porque lo sostenían en el cerebro y lo percibían como una idea de la naturaleza del Sol dentro de ellos.

Ha habido pueblos de este carácter, que en ciertos estados naturalmente clarividentes se han apoderado, por así decirlo, en su cerebro de la naturaleza del Sol dentro de ellos y han hecho de la percepción una idea. ¿Cómo les apareció entonces? Fue proyectada hacia fuera, pero no se percibía como las ideas a las que estamos acostumbrados, y que tienen su fuente en el mundo exterior; aparecía como la luz del sol interior, —sin embargo, como que venían desde el exterior. Y cuando se hizo la investigación de la fuente de la apariencia, cuando los aspirantes  del ocultismo se dispusieron a aprender cómo se encontraban en tales condiciones, entonces se hicieron claramente conscientes de la naturaleza del Sol que está en el hombre medio. El hombre tiene este elemento parecido al Sol en él, porque él mismo es un ser Solar. Lo que se manifiesta en el instrumento del cerebro se relaciona con el hecho de que el hombre es un ser de las estrellas, que está en verdad formado a partir de todo el espacio cósmico. Lo que ahora percibe, sin embargo, tiene relación con el hecho de que la Tierra ha hecho girar alrededor de ella a la Luna y que la Luna en su revolución alrededor de la Tierra tiene una poderosa influencia sobre el ser humano.

En aquellos tiempos antiguos el hombre estaba constituido de tal manera que la Luna tenía una influencia particularmente fuerte en su cerebro. La consecuencia era que la antigua clarividencia era muy dependiente de las fases lunares y se manifestaba en su mayor parte en las conexiones que se expresaban en las fases de la Luna. Por un espacio de catorce días la clarividencia aumentaba y catorce días después disminuía nuevamente. Su influencia era mayor en el período medio de la Luna. Hubo momentos en que los hombres sabían: somos seres solares. Lo sabían porque podían percibir al Sol a través de la idea interior formada en el cerebro. Pero esto se producia a través de la influencia de la Luna. La antigua clarividencia a menudo funcionaba de la manera indicada. El hombre se entregaba a sí mismo a lo largo de los veintiocho días a la Luna creciente y a la luna menguante. Había días en que la influencia de la Luna era particularmente fuerte y en consecuencia la clarividencia estaba presente en todos; la conciencia clarividente interior se hacía sentir en todos los hombres. Cuando los iniciados en el ocultismo llegaron a personas de este tipo con la misión de determinar para ellos el carácter de su religión, entonces por la misma razón que otros pueblos se hicieron adoradores del Sol (o Día) y de las Estrellas (o Noche) este tercer tipo de personas se hicieron adoradores de la Luna. De ahí el culto de la Luna, que se encuentra entre muchos pueblos antiguos.

Moisés aprendió a conocer esta adoración a la Luna en su forma original a partir de los iniciados egipcios, y fue uno de los más grandes de los que hicieron de la adoración lunar la religión de un pueblo. Porque Moisés la convirtió en la religión del antiguo pueblo hebreo. La adoración a Iahvé del antiguo pueblo hebreo es una adoración muy espiritualizada de la Luna. Y permitió al pueblo hebreo retener en tiempos posteriores la conciencia de que el hombre está conectado con lo que está fuera y más allá de la Tierra, que su ser no está confinado a la Tierra.

Así era con los adoradores de la Luna de épocas muy antiguas, como también con los adoradores del Sol y de las Estrellas, que había muy poco conocimiento entre las mismas personas de cómo las Estrellas, el Sol y la Luna aparecieron al clarividente —espiritualmente, y no en absoluto como objetos que se ven con órganos externos. La gente de los tiempos antiguos no habría comprendido si se les hubiera dicho: “Oren a lo que es la fuente y origen de su hombre medio, pero no lo imaginen como la imagen del Sol que se puede percibir con los sentidos; piensen en ello como algo suprasensible que está detrás del Sol”. Igual de poco habrían entendido los adoradores de las Estrellas si se les hubiera dicho que el órgano de su pensamiento tenía su origen en los lejanos espacios cósmicos, pero que no debían imaginarse que esto significaba, la imagen del cielo estrellado como podía ser percibido con el ojo exterior, debían pensar más bien en lo invisible que está detrás de los cielos estrellados, en la multitud de Seres espirituales que están en las Estrellas. Esto era conocido por los iniciados, pero no podía decirse a los adoradores del Sol y las Estrellas. Del mismo modo, no habría sido de ninguna utilidad decir a los pueblos lunares: “Imagínense a un Ser invisible que tiene como su cuerpo exterior la Luna”. Sin embargo, era posible decir algo más, y esto es lo que Moisés dijo al pueblo hebreo. No podría haberse dicho a los más antiguos adoradores de la Luna, sino sólo al antiguo pueblo hebreo. Porque Moisés no dirigió a su pueblo a la Luna visible, sino al Ser en quien estaba el origen de la antigua clarividencia de todos los pueblos. Esta clarividencia se había dado al hombre, como una especie de compensación, cuando se le colocó en la condición de tener que alternar con su conciencia entre el día y la noche, y le trajo un conocimiento del mundo, que se parecía a lo que viene a la expresión en los rayos reflejados del Sol. La reflexión del Sol sólo podía ser algo externo para el hombre, sólo podía darle una conciencia de la Tierra —una conciencia del día y una conciencia nocturna que, como mucho, sólo era consciente del mundo exterior visible de las estrellas— y así se le dio una clarividencia al hombre de la antigüedad como compensación; le fue dada por la posibilidad de alternancia en esta conciencia diurna y nocturna —una antigua clarividencia que se deriva del Ser espiritual de la Luna y tiene también relación, localmente, con la Luna.

Cuando en el transcurso de la evolución llegó el momento de que esta conciencia clarividente gradualmente se fue oscureciendo y desvaneciendo, se creó para los antiguos hebreos un sustituto más espiritual en la Luna invisible, Iahvé o Jehová de quien Moisés enseñó nunca debe ser confundido con cualquier cosa que se pueda ver exteriormente ni con ninguna imagen que se haga de él para la visión externa. Por lo tanto, Moisés prohibió categóricamente al pueblo hebreo considerar cualquier imagen en el mundo exterior como una imagen de Iahvé; les prohibió también hacerse una imagen que pudiera representar algo que no fuera producto del mundo exterior, así como hacerse cualquier imagen tomada del mundo exterior, del Dios invisible, suprasensible.

La religión de Iahvé se ve así en una notable relación con la religión lunar que fue dada por la antigua clarividencia en los primeros días de la humanidad. Por el bien de aquellos a quienes interesa, podemos mencionar aquí que fue H. P. Blavatsky quien, por motivos absolutamente auténticos, señaló que la religión de Iahvé era en cierto sentido una especie de resurgimiento de la antigua religión lunar. H. P. Blavatsky, sin embargo, no llegó tan lejos en su investigación como podemos hacer hoy, por lo tanto la conexión que aquí se ha establecido no estaba completamente clara para ella. El conocimiento de que la religión de Iahvé es una religión lunar sugirió más bien a H. P. Blavatsky que esta antigua religión de Iahvé era un poco menos digna por eso. Sin embargo, este no es el caso. Cuando uno sabe que la religión a Iahvé del antiguo pueblo hebreo tiene su origen en la antigua clarividencia y conserva, por así decirlo, la memoria de la antigua clarividencia, entonces se puede percibir y apreciar la santidad y profundidad de esta religión a Iahvé.

Nuestro estudio nos ha llevado a una comprensión de ciertas experiencias importantes de los aspirantes del ocultismo, que en una conciencia superior son capaces de aprender por experiencia real que el hombre pertenece en su ser al mundo entero, percibiendo cómo el hombre medio es en realidad un hombre Solar, y el hombre superior un hombre Estelar. Y también hemos visto lo que el ocultismo es capaz de reconocer en las religiones externas, a saber, que fueron en gran medida dados a la humanidad como religiones muy antiguas y hasta como antiguas teosofías. Porque cuando el hombre de los tiempos antiguos desarrolló una necesidad de adoración y oración, en ese momento algo de la vieja clarividencia empezó a moverse dentro de él, de modo que no tenía necesidad de creer simplemente lo que los viejos iniciados le dijeron sino que fue capaz de comprenderlo a pesar de que no podía verlo. Las religiones antiguas son, pues, en gran medida teosóficas. Y las enseñanzas teosóficas que fueron dadas por los ocultistas fueron determinadas de acuerdo a la sección de la Tierra que ese pueblo en particular estaba destinado a habitar.

Como habrán visto, por el momento hemos tenido que dejar de lado al hombre inferior, el tercer hombre de siete miembros. Volveremos a el y encontraremos de una manera notable el “Gran Misterio” que se presentó al alumno, y cómo el discípulo se desarrolla aún más por medio de la iniciación que solo puede conducir a una comprensión de la verdadera naturaleza de hombre.

Traducido por Gracia Muñoz

 

GA137c6. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 8 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

Tal vez os sorprenda que en el curso de estas conferencias vayamos a dedicar tanto tiempo a considerar la naturaleza de lo que después de todo es la parte externa del hombre, su forma y su figura. Sin embargo, si se quiere profundizar en el conocimiento que el verdadero ocultismo puede dar, no se puede omitir de su estudio del hombre los aspectos con los que ahora estamos tratando. Recuerden cuán a menudo en el curso de sus estudios se han encontrado con el pensamiento de que en su forma exterior la figura el hombre es un templo de la Deidad.

Así es, y esto es lo que debemos tener en la mente todo el tiempo que lo estudiemos, como si colocáramos las piedras de construcción del templo, tal y como comenzamos a hacer ayer y como continuaremos haciendo por un tiempo. Veremos que cuando nos tomamos la molestia de buscar en la figura humana los secretos ocultos del mundo espiritual, llegamos a un conocimiento que es de suma importancia para el corazón y el alma humana.

Ayer estudiamos al hombre en sus doce miembros. Ahora estos doce miembros aparecen a primera vista como formando una unidad. Sin embargo, en realidad no es una unidad, y es importante reconocer esto. Pues, en el momento en que estamos despiertos al hecho de que la unidad externa de la forma humana es sólo aparente, en el momento en que nos hacemos conscientes de que toda la forma y figura del cuerpo, tal como lo vemos y podemos tener conocimiento de ello aquí en la vida terrenal  es sólo una apariencia  —en ese momento también podemos comenzar a entender cómo es el Yo, el punto central de la conciencia del hombre.

Vimos ayer cómo este Yo nuestro desaparece de nuestra conciencia cada noche, y es por ello que nuestro Yo solo puede ser para el hombre una imagen; pues de otra manera no se le podría quitar la realidad de la noche. Cada noche algo del yo del hombre (que siempre va con él a través de toda la vida terrena) se retira; Y los Poderes Divinos han ordenado las cosas de tal manera que lo que el hombre pierde en el sueño se le dona en el cuerpo externo; se adhiere en su lugar del cuerpo. Es por ello que el hombre puede mirar su cuerpo como una unidad. Pero en realidad no es unidad. En realidad se compone de miembros que se amalgaman de la manera más complicada.

Aquí estamos acercándonos a uno de los misterios más importantes del ser humano, que nos llevará a profundizar en los secretos fundamentales de la existencia. Uno de los misterios lo tocamos en el mundo exterior; y es importante tomar este camino de fuera hacia dentro para recibir en nuestra conciencia esta idea que no tiene objeto.

  El hombre tal como lo vemos en el mundo consiste en tres partes, y estamos tratando todo el tiempo con una apariencia si simplemente tratamos estas tres partes del hombre como una unidad. La forma del hombre, que ayer vimos compuesta de doce miembros, está realmente dividida en tres, y debemos aprender a comprender cómo el hombre tiene en él, por así decirlo, tres hombres. Pongamos ante nosotros a estos tres hombres en sucesión.

Ayer, cuando pusimos un orden a los miembros de la forma humana, comenzamos con lo que llamamos la postura erguida  y continuamos con que el hombre está orientado en una dirección de avanzar —para expresarlo mejor, para el acto de hablar—Tenemos, por lo tanto, como segundo miembro la dirección de avance, la dirección para el habla. La tercera, como recordarán, era la simetría. Teniendo por el momento sólo estos tres miembros de la naturaleza del hombre, vemos una parte de la forma humana tal y como la contemplamos en el espacio exterior.

Veamos ahora ver si podemos, siguiendo una percepción puramente exterior, buscar otra cosa a la que podemos aplicar la palabra simetría, —y que en su aspecto externo ofrece a una observación cuidadosa muchos problemas interesantes. Por simetría nos referimos, por supuesto, la forma en que el hombre muestra un desarrollo de dos caras. Esta calidad de simetría está presente en todos los órganos de la cabeza, pero a medida que avanzamos hacia abajo desde la cabeza llegamos a una parte de la figura humana donde es aún más patente la evidencia.

Recordarán que hemos dado a  la  “postura erguida”, el nombre de Aries y el signo ♈ , y a la “orientación a la formación de sonido” el Toro nombre (Tauro) y el signo ♉ y a la “simetría” el nombre de Mellizos (Géminis) y el signo ♊. Estos son los nombres dados a los tres primeros miembros del organismo del hombre.

 Llegamos entonces a algo que parece seguir como una especie de continuación de la cabeza y que manifiesta de una manera muy especial la propiedad de la simetría. Me refiero a los brazos y las manos. Es a estos que les voy a pedir ahora tengan en consideración.

Los brazos y las manos del hombre se unen a la parte de la cabeza de tal manera que prefiguran de una manera sorprendente lo que tenemos en el hombre inferior como el muslo, la pierna y el pie. Si consideráis el reino animal, seréis inmediatamente golpeados con la semejanza de estos últimos órganos con aquellos que en el hombre, como brazos y manos, son diferentes. Podréis hacer observaciones muy importantes dedicando un cuidadoso estudio y pensamiento a la diferencia que hay en el hombre entre los brazos y las piernas, y entre las manos y los pies, en contraposición a los animales que están más cerca de él.

Tomemos ahora los nombres que empleamos ayer para las piernas y los pies y los aplicamos de manera correspondiente a los brazos y manos que se unen a la cabeza y que —como una observación bastante superficial nos permitirá ver— tienen conexión espiritual con todo el mundo del pensamiento de la cabeza. No lo encontraremos irrazonable o inapropiado si aplicamos ahora a estos brazos y manos que están conectados con la cabeza, los mismos términos que usamos ayer para las piernas y los pies, y nombrar esta continuación simétricamente extendida de la cabeza de la siguiente manera.

Primero tenemos, como cuarto miembro, el brazo superior, y a esto le damos la misma designación que le dimos al muslo, el Arquero (Sagitario) ♐.

Observamos una diferencia entre el codo y la rodilla, no habiendo desarrollo el codo una correspondencia con la rotula, pero a pesar de ello la similitud es suficientemente obvia. Y así le damos al codo el signo y el nombre que dimos a la rodilla, – Cabra (Capricornio) y ♑.

Asignamos al brazo inferior el mismo signo que tomamos para la pierna, el Signo de Acuario ♒, y las manos se indican con el mismo signo que dimos a los pies,  el signo de los Peces (Piscis) ♓.

Y si ahora juntamos estos miembros de la naturaleza del hombre, por sí mismos, comprendiendo la cabeza y los brazos, obtenemos un hombre de siete miembros. Esta es una percepción importante. Al reflexionar sobre cómo este hombre séptuple completo recibe alimento —la nutrición es naturalmente traída a él del resto del hombre— entonces la idea no será totalmente grotesca si imaginamos por un momento que este hombre séptuple podría recibir su alimento de fuera, como una planta que encuentra alimento preparado para ella en el mundo exterior, y simplemente la recibe y trabaja sobre ella. Podríamos muy bien imaginar que sucedió lo mismo con este hombre séptuple, y que no obtuvo lo que necesitaba para el mantenimiento del cerebro y demás de las otras partes de la naturaleza del hombre, sino directamente del mundo exterior. Este séptimo hombre estaría entonces directamente e inmediatamente ligado al mundo exterior.

Es esencial que el ocultista llegue a una comprensión de este hombre séptuple si quiere elevarse de manera correcta al nivel de una conciencia superior. Lo que acabamos de describir debe encontrar en algún momento un lugar en su mente, esta posibilidad de un hombre séptuple, de la cual uno piensa todas las partes restantes y miembros del ser humano actual.

HOMBRE SUPERIOR

Pasemos ahora a considerar al segundo hombre. Entenderemos mejor al segundo hombre si perseguimos el siguiente tren de pensamiento. El órgano esencial de la cabeza es, como veréis fácilmente, el cerebro. Ahora el hombre tiene algo más en su forma que es similar al cerebro. Difiere del cerebro de la cabeza en lo que aparentemente es un detalle, pero realmente es un punto de gran importancia. El hombre tiene en realidad algo así como un segundo cerebro; Es el cerebro de la médula espinal, que está encerrado en la columna vertebral.

Voy a pedirles que nos detengamos un poco en este pensamiento. Traten de imaginar que la médula espinal no es otra cosa que un cerebro extraño y peculiar. Es muy posible sentirlo como un cerebro que ha sido alargado y se ha convertido como en un bastón —al igual que también podemos ver el cerebro como una médula espinal inflada.

Nos ayudará aquí si imaginamos al hombre asumiendo por el momento la misma postura en el mundo que los animales todavía tienen hoy, es decir, con su columna vertebral no vertical sino paralela a la superficie de la Tierra. Entonces tendría un cerebro que simplemente ha sido sacado en la forma de un bastón. Y ahora observen al ser humano como lo tendría antes, paralelo a la superficie de la tierra, con la espalda recostada horizontalmente en el espacio. En esta posición la médula espinal puede muy bien pasar por una especie de cerebro.

Y ahora notamos algo muy extraño y notable, a saber, que tenemos nuevamente apéndices a la derecha y a la izquierda, aunque naturalmente muy diferentes de los apéndices de los brazos que teníamos antes. Pero imagínense una condición en la que el hombre no hubiera desarrollado la simetría tanto como hoy (que los dos brazos son casi iguales), pero aquí un brazo habría experimentado un peculiar desarrollo propio que lo diferenciara muy claramente del otro. En el día de hoy hay incluso una tendencia —y es una tontería— descartar la derecha y cultivar una igualdad de izquierda y derecha. Pero imagínense ahora que el brazo izquierdo, por el contrario, se convirtiera en un órgano completamente diferente; entonces no os parecerá imposible o absurdo referirnos en la forma en que lo haremos ahora de otros dos apéndices.

Consideremos al ser humano en esta posición, con su columna vertebral arriba, tendido horizontalmente, y unido a él por un lado la cabeza y por el otro lado los pies. Tenemos entonces dos apéndices, como lo habíamos hecho antes con los brazos. Podemos considerar la cabeza como un brazo y los dos pies como el otro brazo. A primera vista, suena muy extraño: pero cuando reflexionan en el reino animal se dan formas que no son muy diferentes a la que he descrito, la idea después de todo tal vez no  parezca tan grotesca.

De hecho, esta idea debe encontrar lugar en nuestra mente, si queremos tener la comprensión de todo el ser que es en verdad un ser de tres miembros. Entonces podemos decir que tenemos aquí apéndices,  —sólo formados asimétricamente; melllizos, digamos, que no son iguales. En efecto, llegamos a percibir que tenemos ante nosotros algo así como una repetición del primer hombre séptuple.

Comencemos entonces asignando a este hombre horizontal de dos formas disimilares Gemelos. Pues podemos llamar de nuevo a los dos apéndices laterales Gemelos (Géminis). En el hombre horizontal, la cabeza por un lado y los pies por el otro se pertenecen; están dispuestos en una relación mutua, y los denotamos en relación con el nombre Geminis.

Y ahora debemos regresar a lo que hemos visto ser un cerebro. Recuerden lo que dijimos antes. Ahora tenemos la imagen del hombre al que ahora miramos tumbándolo. Tenemos ante nosotros la parte media del hombre, el cuerpo como tal. Esto debe considerarse como un mundo encerrado en sí mismo y, además, como un mundo del que pensamos que contiene en él el segundo hombre. Así tenemos la cobertura o el encerramiento de este segundo hombre, y dentro, por encima, una especie de cerebro. Al recinto –el sudario o envoltura por así decirlo– lo designamos como Cangrejo (Cáncer). Todo el recinto del pecho adquiere un carácter completamente nuevo por el hecho de que hemos tumbado al hombre para obtener una imagen correcta de él.

HOMBRE medio

Ahora veamos qué miembros podemos encontrar dentro de este recinto del pecho. Sólo tenemos que seguir a los miembros como los tomamos en su secuencia ayer, en cuanto al lugar donde es posible todavía contarlos como la parte del tronco o del hombre medio. No hay duda del interior al que le dimos el nombre de León (Leo) ♌ y que se concentra en el corazón. Este es el tercer miembro. Entonces recordarán que vimos cómo el hombre está realmente dividido en dos miembros, un contenido interior que está encerrado por el Cangrejo (Cáncer) y un contenido interno que está encerrado por las paredes abdominales. Anatómicamente, el cuerpo del hombre está dividido exactamente por el diafragma en una cavidad superior y una cavidad inferior; lo que está debajo del diafragma también tiene que ser contado con el hombre medio. Lo designamos por el nombre de Virgen (Virgo) con el Signo ♍.

Llegamos entonces al lugar del equilibrio, donde el hombre comienza a no estar encerrado en su propia forma, sino a abrirse al mundo exterior. Cuando usa sus piernas está tomando contacto con lo que está fuera de él. El lugar del equilibrio es el límite en el que el estar totalmente “dentro” llega a su fin. Este quinto miembro se llama Escalas (Libra) y se le da el Signo ♎.

Del modo en que se colocan los órganos de la reproducción en el hombre, se verá que obviamente deben contarse con el hombre medio; Y así tenemos, como sexto miembro, los órganos reproductores, Escorpión (Escorpio) con el Signo ♏.

Y ahora nada queda por hacer sino definir el apéndice que forma el segundo de los Gemelos. Si consideran lo que es el muslo para el hombre y observan cómo su movimiento está condicionado por la naturaleza del hombre medio (porque el muslo está estrechamente relacionado con todo el sistema muscular del hombre medio), verán que debemos contarlo también como miembro. En cuanto a la rodilla, el hombre es hombre medio; las fuerzas del hombre medio entran en el muslo y se extienden hasta la rodilla. Por otra parte, ya hemos incluido el muslo como uno de los gemelos. La cabeza en un lado y el muslo en el otro constituyen el par de gemelos. Al muslo, entonces, lo denotamos con el Signo ♐ y lo llamamos Sagitario.

Cuando vamos más allá y consideramos los pies, encontramos que mientras que el muslo aún conserva una conexión íntima con el hombre medio, la rodilla, la pierna y el pie requieren el apoyo de la tierra. El muslo, es cierto, usa este apoyo, pero la pierna y el pie están allí sólo porque el hombre tiene que estar firme y recto en la tierra. En el muslo todavía tenemos que ver con la continuación del hombre medio. Si no estuviera adaptado a los otros miembros de la pierna y el pie, el muslo, de hecho, podría asumir una forma diferente y permitir al hombre ser una criatura aérea. Órganos muy diferentes podrían ser desarrollados más allá de él, adecuados para nadar o volar. Estos se pondrían en movimiento por medio del muslo, pero entonces todo lo que esta sobre ellos tendría que adaptarse a su propósito.

Vemos por lo tanto, que las partes restantes de la forma del hombre no requieren ser contadas con el hombre medio, de modo que ahora tenemos nuevamente un hombre séptuple. Es el segundo. Si miramos la diferencia entre los dos, encontraremos que es absolutamente asombrosa. En el primer hombre de siete miembros tenemos, al principio, todos los órganos sensoriales importantes, situados en la cabeza. Y cuando contamos en este primer hombre séptuple, como debemos hacerlo, los brazos y las manos, entonces hemos incluido en él órganos que tienen una cualidad distintiva que ninguna otra observación puramente externa y materialista podría dejar de reconocer. Porque los órganos que llamamos brazos y manos, si los estudiáramos seriamente, revelan en alto grado el significado sublime de la naturaleza del hombre.

Si quisiéramos hablar del arte en la Naturaleza  —y todo lo que el hombre considera con razón como el Templo de Dios está maravillosamente imbuido del arte de la Naturaleza— no podremos encontrar mejor expresión que en la maravillosa construcción de las manos y los brazos del hombre. Tomen los órganos correspondientes en otras criaturas que están relacionadas con el hombre. Miren, por ejemplo,  las alas de un pájaro,  —un animal alejado del hombre. Las alas son los miembros delanteros del pájaro, son comparables con lo que tenemos en el hombre como manos. El pájaro no podría volar sin alas. Las alas son órganos que son útiles y necesarios para su existencia— en el sentido más completo, órganos de utilidad. La mano humana no es en el mismo sentido un órgano de utilidad en absoluto. Es cierto que podemos desarrollarla para que lo sea, pero requiere desarrollo. No podemos volar con ellas, ni nadar con ellas, y es incluso torpe en la escalada, en la que los miembros delanteros del mono —el animal que está más relacionado con el hombre— son muy inteligentes. Podríamos casi decir que, mirado puramente desde el punto de vista de la utilidad, hay muy poco significado o propósito en la forma de las manos. Si, sin embargo, observamos todo lo que el hombre tiene que hacer en el curso de la evolución con sus manos, encontramos que son sus posesiones más preciadas. Cuando se trata de llevar a la expresión exterior lo que la mente y el espíritu son capaces de lograr, entonces las manos muestran su valor.

Piensen en los movimientos más sencillos y elementales de la mano. ¿Acaso la mano, cuando acompaña a la palabra con un gesto, no se convierte en el órgano más expresivo? En todos los diferentes movimientos y posiciones de la mano ¿no vemos a menudo algo revelado del carácter interior del ser humano? Supongamos por un momento que las manos fueran adaptadas para escalar o nadar; o suponer que el hombre necesitara sus manos para ayudarse a moverse por la tierra. El mundo podría estar tan ordenado que no tendríamos que aprender a caminar, sino que haríamos uso de nuestras manos para ayudarnos. Para tener en cuenta, que tenemos que aprender a caminar haciendo movimientos que son bastante inadecuados para el propósito —movimientos pendulares con ambas piernas—. Por lo general, no se observa lo poco adaptados para el fin en vista de lo que son los movimientos de la pierna; no hay un solo animal que no tenga sus piernas mucho más útilmente colocadas y ajustadas que el hombre. Y en cuanto a nuestras manos, no tienen nada que ver con este reino de nuestra existencia. Pero supongamos ahora que no fuera así, supongamos que el hombre encontrase más fácil, más natural, moverse con la ayuda de sus manos. ¡En ese caso tendríamos que olvidarnos de toda la cultura humana! ¿Qué no hace un artista con su mano? Todo arte sería simplemente inexistente, si las manos hubieran sido órganos de utilidad.

Este es un hecho que debe tener muy presente el aspirante del ocultismo, que en los brazos y las manos tenemos órganos maravillosos, profunda y fuertemente conectados con la vida espiritual que vive el hombre en la Tierra. Cuando consideramos cómo el hombre en su cabeza tiene un sentido de contacto con el mundo exterior, donde los órganos de los sentidos están principalmente localizados, y luego trabaja en ese mundo externo por medio de sus manos, cuando consideramos cómo puede preparar en su cabeza lo que despues muestra al mundo exterior con sus manos y lo lega como arte y cultura, entonces comenzamos a ver el verdadero carácter de este primer hombre séptuple. Es el hombre esencialmente espiritual, es el hombre en su conexión con el mundo externo. Si miramos a estos siete miembros y vemos cómo forman un todo autocontenido entonces vemos cómo en este hombre séptuple el proceso de la tierra se vuelve consciente para el hombre. Este primer hombre de siete miembros debe considerarse como la naturaleza espiritual del ser humano; es el ser espiritual del hombre, en la medida en que es hombre de la Tierra.

Veamos ahora al segundo hombre. El hecho de que el hombre medio tiene gemelos (Géminis) que muestran desarrollos totalmente diferentes en ambos lados, le da una relación doble con el mundo exterior. Está conectado con el mundo exterior por un lado a través de la cabeza, —porque tiene el conocimiento en la cabeza; y por otro lado, a través del hecho de que el hombre es una criatura que se mueve sobre la Tierra y puede dirigir su movimiento desde dentro. Finalmente, también está conectado con el mundo exterior por medio de los órganos reproductivos que hacen posible la continuidad física del hombre. Si no fuera por estos tres miembros, Géminis por los dos lados, y por los órganos reproductores, no habría conexión con el mundo exterior. Estos tres miembros en el organismo medio permiten al hombre tener conexión por un lado con el proceso de la Tierra y por otro lado con la evolución continua del hombre en la tierra, con la secuencia de las generaciones y la reciprocidad del sexo.

Sin embargo, cuando nos volvemos a los miembros medios que denotamos con las palabras Cáncer, Leo, Virgo y Libra, descubrimos que sólo están allí para el hombre interior —quiero decir, por supuesto, “interior” en el sentido corporal—. Esta naturaleza interna corporal del hombre tiene, es cierto, continuación en dos direcciones exteriores en lo que para él es Géminis; pero el resto está enteramente ocupado con el organismo interior. Para el organismo interior del hombre es de la mayor importancia que tenga un corazón, pero es de muy poco interés para la naturaleza externa, y de poco interés que tenga un abdomen.

Tenemos, pues, tres miembros que son importantes para la naturaleza terrestre externa y otros cuatro que sirven especialmente al propio organismo interno del hombre. Mientras que el hombre superior vive esencialmente en el mundo exterior, en virtud de los sentidos, así como en virtud del mecanismo del brazo y la mano, aquí tenemos fundamentalmente una vida dentro del organismo. Por lo tanto, existen grandes diferencias entre estos dos hombres, el hombre medio y el hombre cefálico.

Ahora debemos pasar a considerar al tercer hombre. Para hacernos más fácil de formar un cuadro mental de este tercer hombre, lo tomaremos en el orden inverso, comenzando desde el otro extremo. Encontraremos que este tercer hombre se separa de los otros dos de una manera perfectamente natural y obvia.

Comencemos con el séptimo miembro, los pies. Sabemos por la conferencia de ayer que conferimos a los pies el nombre de Piscis y el Signo ♓. La forma humana está aquí totalmente adaptada al mundo exterior. Si se piensa un poco sobre ello encontrarán que no hay ninguna pregunta al respecto. Porque es esencialmente la forma del pie lo que hace posible que el hombre sea una criatura que se mueve sobre la Tierra.

Todo lo que se requiere para caminar el hombre tiene que aprenderlo. Es conforme con la naturaleza que el hombre tiene que colocar sobre la Tierra la planta del pie, de modo que la superficie extendida del pie no esté dirigida hacia dentro sino hacia la Tierra. Y ahora, como lo que llamamos la pierna pertenece y corresponde a esta naturaleza del pie, debemos considerar como sexto miembro la pierna, a la que le damos el nombre de Acuario y el Signo ♒.

Llegamos entonces al quinto miembro, la rodilla, que aquí no se debe considerar de otra manera que formando un necesario mecanismo de descanso para el muslo. Debido a que el hombre tiene que poner a su hombre medio en conexión con el hombre inferior —el pie y la pierna— por lo tanto debe haber esta partición en la rodilla. Piensen en lo difícil que sería caminar si la pierna y el pie no se separaran de esta manera. Caminar sería una cuestión aún más difícil de lo que es, si la pierna y el muslo estuvieran hechos de una sola pieza! Si no tuviéramos que caminar, el hombre medio no nos preocuparía. Como sin embargo es así,  necesitamos al hombre medio y, en consecuencia, también se requiere de la rodilla como miembro de conexión. Lo llamamos Capricornio, con el Signo ♑. Este es el quinto miembro.

El cuarto, el muslo, ya lo hemos considerado y hemos visto que pertenece al hombre medio. El muslo tendría que estar allí incluso si el hombre tuviera otro tipo de movimiento. Si, por ejemplo, volara o nadara, seguiría necesitando el muslo, aunque podría tener que asumir otra forma. Si el hombre es capaz de caminar sobre la tierra, no sólo debe adaptarse el pie, la pierna y la rodilla a la tierra, sino también el muslo debe estar en la relación y proporción correcta con la de estos miembros. Debe ser formado de modo que corresponda de la manera correcta a los tres miembros inferiores. Lo reconocerán cuando observen que, en la medida en que el muslo está en correspondencia con los órganos medios, es del mismo tipo en aves, y en los animales de cuatro patas; solo en el hombre se desarrolla de manera diferente. Así, el muslo pertenece al hombre en cuanto tiene de naturaleza animal. Le damos el nombre de Arquero (Sagitario) y el signo ♐.

Se puede ver fácilmente que los órganos de reproducción están formados, por un lado, desde dentro, y por otro en sus funciones se adaptan al trabajo exterior. Permítanme decir de paso que debemos hablar de estas cosas con bastante objetividad, y considerar aspectos de ellas que sólo se pueden considerar cuando se trata el tema con seriedad científica. Los órganos reproductivos se adaptan a la naturaleza externa en el sentido de que relacionan un sexo con el otro. El órgano del macho no sólo se forma fuera del hombre medio, sino que también se le da una dirección externa y un forma adaptada al órgano reproductor de la hembra. Tenemos, por lo tanto, que hablar de los órganos reproductivos como el tercer miembro, que llamamos Escorpión y denotamos con el Signo ♏.

Ahora vamos a lo que se llama la balanza (Libra), el lugar del equilibrio en el hombre. La forma externa de la región del equilibrio es prueba suficiente de que tenemos aquí un miembro de la naturaleza media del hombre. Tengan en cuenta que es porque el hombre se ha vuelto vertical que tuvo que tener aquí este órgano de equilibrio. Debe desarrollarse de tal manera que le permita convertirse en un ser recto. Comparen la región de equilibrio en un animal de cuatro patas con el del hombre y reconocerán que este miembro del equilibrio es diferente pues la parte superior del cuerpo tiene una dirección ascendente o descansa horizontalmente en las piernas y los pies. Así, el lugar donde se encuentra el equilibrio y que designamos como Libra tiene que ser contado como el segundo miembro del hombre inferior.

Y ahora llegamos a algo que no puede sino encontrarse con malentendidos por parte de la ciencia actual. Hemos considerado hasta ahora un hombre de seis envolturas; hemos estudiado al tercer hombre empezando desde abajo hacia arriba y encontramos en él a estos seis miembros. Cuando consideramos a los otros dos, al primer y el segundo hombre séptuple, tomamos como punto de partida en cada caso un cerebro. Al considerar la cabeza, comenzamos con el cerebro y eso nos condujo a los brazos y manos. Entonces aprendimos a ver un segundo cerebro, un cerebro que es como un cuerpo alargado, pero aún así es verdaderamente cerebro,—la médula espinal. Como usted sabrá, la diferencia entre la médula espinal y el cerebro, aunque aparentemente  parece pequeña, es realmente muy grande. La médula espinal es el instrumento para todos los movimientos que el hombre está obligado a realizar; los movimientos que llamamos movimientos involuntarios son controlados por la médula espinal. Cuando, por otra parte, empleamos el instrumento del cerebro, el pensamiento se inserta entre la percepción y el movimiento. En la médula espinal no existe conexión con el pensamiento. Allí el movimiento sigue directamente a la percepción. En el caso del animal la médula espinal desempeña una mayor parte que en el caso del hombre, y el cerebro una parte menor. La mayoría de los animales realizan sus acciones de manera involuntaria. El hombre, sin embargo, en virtud de su cerebro superior, se inclina al pensamiento entre la percepción y el movimiento; por consiguiente, sus hechos muestran un carácter voluntario.

Tratemos ahora de imaginar al tercer hombre de tal manera que en él también descubrimos una clase de cerebro. Como ustedes saben, hay en el hombre un tercer sistema nervioso distinto del cerebro y de la médula espinal. Es el sistema nervioso simpático, el denominado plexo solar, situado en la parte inferior del hombre y que envía sus fibras hacia arriba, paralelas a la médula espinal. Es un sistema nervioso que está separado de los otros dos y en relación con el propio cerebro, puede considerarse como un cerebro peculiar, no desarrollado. Cuando seguimos la forma humana más allá de Libra, encontramos este notable sistema nervioso simpático, el sistema del plexo solar extendido como el cerebro del tercer hombre. Con los órganos especiales que ya hemos enumerado, también está conectado lo que tenemos que considerar como una especie de tercer cerebro, el plexo solar.

Ahora bien, existe una conexión vital —y esto es lo que la ciencia externa no puede sino encontrar difícil de aceptar— entre el plexo solar y los riñones. Como la sustancia del cerebro en la cabeza y las fibras de las vías nerviosas permanecen unidas, también lo hacen los riñones que pertenecen al cerebro del abdomen, al plexo solar. De hecho, el plexo solar y los riñones forman, en conjunto, un tipo peculiar de cerebro subordinado. Reconociendo este cerebro como parte del hombre inferior, podemos designarlo con el término Virgen (Virgo) ♍. Tenemos, pues, ahora nuestro séptimo, o más bien nuestro primer miembro, compuesto por la conexión del plexo solar con los riñones; y en este punto llegamos a completar el tercer hombre séptuple.

HOMBRE INFERIOR

Así, el hombre se encuentra triformado en su composición. Estos tres hombres colaboran entre sí, y no es posible comprender la naturaleza del ser humano hasta que se sepa que en él están activos en realidad tres seres humanos. Tres hombres séptuples trabajan unidos en el hombre.

El último cerebro nombrado toma extraordinariamente poco interés en el mundo externo. Su único propósito es mantener las partes interiores del hombre en posición vertical. Todo el resto de los órganos en el hombre inferior se adaptan al mundo exterior, aunque de una manera muy diferente a la del hombre cefálico. La relación del hombre cefálico con el mundo externo se expresa en el hecho de que él re-forma el mundo de la tierra al mundo de la cultura humana. Por otro lado, en los órganos externos e internos del hombre inferior tenemos que ver con algo que pertenece y sirve al ser humano mismo. Es sólo porque no nos tomamos la molestia de pensar con precisión en estos asuntos que no podemos observar la enorme diferencia que hay entre esta Triformación que engloba la totalidad del ser humano

El ocultismo siempre ha dado el nombre de Mysterium Magnum, el Gran Misterio, al maravilloso secreto de la naturaleza del hombre, cuyo aspecto exterior hemos estado considerando aquí. Este aspecto del Mysterium Magnum es visible en el mundo exterior; sólo que, en general, no estamos en condiciones de entenderlo, porque no distinguimos desde un principio, en lo que parece ser una unidad, un ser tres veces séptuple.

Ahora podemos pasar a considerar el otro aspecto de este misterio. Hablamos antes de la naturaleza del Yo del hombre, y dijimos cómo tiene la apariencia de ser una unidad. Vimos también cómo esta unidad se rompe continuamente, siendo continuamente interrumpida por el sueño. Si leen “Como se alcanza el conocimiento de los Mundos Superiores” encontrarán que se describe un hecho notable, cuando el discípulo de ocultismo da el paso que lo lleva fuera de su conciencia ordinaria algo extraño sucede con su Yo, con su conciencia. El está dividido en tres miembros, y tan eficazmente que es dominado por estos miembros auto-dependientes dentro de él —el alma pensante, el alma sensible y el alma dispuesta—. En la vida ordinaria estas tres cosas —pensamiento, sentimiento y voluntad— están unidas en la naturaleza del Yo, en la conciencia del Yo. En nuestra conciencia cotidiana común juegan entre sí. Sin embargo, tan pronto como damos un paso hacia una conciencia superior, el pensamiento, el sentimiento y la voluntad se desmoronan. Este es un hecho al cual el aspirante del ocultismo debe prestar atención. Cuando sale de su conciencia cotidiana, se encuentra dividido en tres, encuentra la unidad del Yo dividida en un hombre pensante, un hombre sensible y un hombre dispuesto.

Ahí tienen el otro aspecto del Mysterium Magnum. Cuando el hombre se precipita, por así decirlo, cuando realmente pasa por encima de los límites de su conciencia, entonces su unidad del Yo se divide en tres al igual que la aparente unidad de la figura humana externa, tan pronto como llegamos a estudiar el cuerpo más de cerca, se divide en tres, —en tres hombres de siete miembros.

Así, nuestra naturaleza interna del Yo, al igual que nuestra forma externa, es una unidad formada de una trinidad. El hombre exterior se divide en el hombre cefálico de siete miembros, el hombre medio o rítmico se divide en siete miembros  y el hombre inferior o metabólico consta de siete miembros. En consecuencia, el yo interior del ser humano se divide, en cuanto alcanza el primer paso en el reino oculto, en un ser trimembrado, el hombre pensante, el hombre sensible y el hombre dispuesto, que colaboran entre sí en completa independencia. Ese es el segundo aspecto del misterio.

Ambos hechos deben ser reconocidos por el discípulo del ocultismo, cuando da el primer paso hacia una conciencia superior. (Hablaremos mañana del encuentro con el Guardián del umbral.) Así como la conciencia se divide en tres partes, así si avanzamos de la manera correcta, aprenderemos a percibir en la forma externa manifiesta del hombre un ser trino y séptuple. Tenemos aquí dos aspectos de un aspecto múltiple, —el Mysterium Magnum. De los otros aspectos hablaremos más adelante. De momento estamos indicando los primeros y más elementales pasos para el comienzo de este gran y maravilloso misterio. Por eso, cuando se llega a una etapa particular del desarrollo oculto, se encuentra por todos los lados con la fórmula (expresada de muchas maneras diferentes): El gran secreto es —”Tres son uno y uno son tres”. Para el ocultista esta fórmula significa lo que he descrito hoy; aquí tiene su pleno y verdadero significado. Sólo cuando la gente lo malinterpreta y lo convierte en un dogma materialista pierde su verdadero significado. Sin embargo, si lo toman en el sentido que he explicado, puede ser un símbolo correcto para las verdades con las que hemos estado tratando hoy. La fórmula se convierte entonces en una expresión del Mysterium Magnum. Si queremos encontrar el camino correcto en el reino del ocultismo —y esto es lo que intentamos aquí, en muchas conexiones—, entonces debemos aprender a comprender esta misteriosa y aparentemente contradictoria fórmula: Tres son uno y uno son tres. Para el discípulo medieval del ocultismo una y otra vez le fueron pronunciadas las palabras: “Presta atención a lo que se te dice; así podrás entender el misterio de cómo los Tres pueden ser al mismo tiempo Uno, y el Uno al mismo tiempo Tres. “

HOMBRETRIMEMBRADO

Traducido por Gracia Muñoz