GA137c8. El Hombre a la luz del Ocultismo, la Filosofía y la Religión

Christiania, 10 de junio de 1912

English version

Mis queridos amigos,

El logro del conocimiento oculto —es necesario recordar el hecho de vez en cuando— no es un juego de niños; y si alguien se acerca con la idea de que le ofrecerá teorías a las que puede permanecer indiferente o, si todavía no son tan obtusos como todo eso, teorías que no requieren más que el intelecto para captarlas, encontrará que está muy equivocado.

Hemos estado considerando la forma humana —a toda apariencia algo completamente externo. Y sin embargo les he dicho que es esta forma humana, tal como la hemos descrito con su triplicidad, que el estudiante oculto debe tomar como punto de partida debe, en la mayoría de los casos, comenzar con los sentimientos e impresiones que le llegan del estudio de la forma humana, porque al hacerlo, parte de algo tan independiente como sea posible de su vida interior.

De hecho, esa es otra posibilidad, y a veces incluso deseable, no sólo para el teósofo, sino también para el ocultista, es decir, partir de la vida interior del alma. Sin embargo, nos enfrentamos a un obstáculo casi insuperable. Como ustedes saben, tenemos en nuestro hombre interior no sólo lo que ya estaba presente cuando comenzó la evolución de la Tierra, sino que a lo largo de nuestras encarnaciones sobre la Tierra fuerzas y seres espirituales han contribuido constantemente a su edificación y desarrollo. Desde tiempos primitivos, las fuerzas luciféricas y ahrimánicas han tomado parte en todo el trabajo que se ha hecho sobre nuestro hombre interior. Si toman esto en consideración —y deben hacerlo, porque es la verdad— entonces verán que si tomáramos nuestro punto de partida del hombre interior, habría cierta incertidumbre en cuanto a si deberíamos liberarnos de las fuerzas Luciféricas y Ahrimánicas, o si deberíamos más bien permanecer enredados en sus influencias y estas luego encontraran el camino en nuestra visión oculta. Las fuerzas Luciféricas y Ahrimánicas pueden penetrar fácilmente en el alma sin que el ser humano sea consciente de ello. Muchas de las cosas que componen el contenido de nuestra vida anímica —podemos pensar que son extremadamente buenas y, sin embargo, puede que no sea así, tan mezcladas como están con las influencias ejercidas sobre nosotros por Lucifer y Ahriman.

El camino más seguro para el alumno es, por lo tanto, tomar su salida de la forma o figura humana. Sobre la forma humana las fuerzas de Lucifer y de Ahriman han tenido menos influencia. Tengan en cuenta, digo “menos” influencia. Han influido en la forma humana, pero menos que en el resto; han ejercido una influencia mucho mayor sobre la vida interior del alma. La forma humana siempre permanece, por lo tanto es el punto de partida más saludable si el alumno se aferra firmemente diciendo que el hombre con respecto a su forma es una imagen de la Deidad. El alumno hace bien en seguir este camino; porque se vincula a lo Divino, eligiendo para su punto de partida la imagen de la Deidad, y eso es bueno e importante.

Sin embargo, este camino tiene sus dificultades. Si empiezan desde las experiencias anímicas interiores y por medio del desarrollo oculto, logran salir de estas experiencias anímicas interiores al mundo espiritual, entonces las impresiones del mundo espiritual duran un tiempo comparativamente largo. La consecuencia es que cuando por medio de estas experiencias anímicas alguien logra cruzar el umbral y entrar en el mundo espiritual, entonces experimenta la visión espiritual y puede, por así decirlo, tomarse tiempo para mirar las cosas ante él; no pasan rápidamente, continúan durante un largo período de tiempo. Aquí reside, podríamos decir, la ventaja, la conveniencia de partir de las experiencias anímicas interiores. Tiene, sin embargo, el inconveniente ya indicado, que uno está bastante desprotegido y no puede reconocer o estimar correctamente las influencias de Lucifer y Ahriman. De hecho, es verdad que en ningún momento las personas son menos conscientes de Lucifer y Ahriman que cuando se establecen en el camino oculto de la vida anímica interior. El otro punto de partida tiene el inconveniente de que para la visión que alcanzamos, las Imaginaciones que se presentan, duran poco, no se quedan; de modo que necesitamos desarrollar una cierta presencia mental si queremos atraparlas.

Permítanme ahora darles una imagen de lo que sucede cuando un alumno, partiendo de la forma humana, penetra en el mundo suprasensible. No sé si alguno de vosotros habrá observado en sí una experiencia notable que sucede todos los días, pero que tiene que ser observada de manera consciente si se quiere obtener conocimiento de ella. Me refiero a la experiencia de que cuando dirigen su mirada sobre un objeto brillante, la impresión permanece en el ojo mucho después de que el ojo haya dejado de mirar el objeto. Goethe hizo un estudio muy especial, tal como nos lo dice repetidamente en su Teoría de los Colores, de estas post-imágenes que quedan en el organismo, es decir, dentro de la forma humana. Cuando, por ejemplo, te acuestas en la cama, apagas la luz y cierras los ojos, entonces puedes tener ante ti durante algún tiempo una imagen de la luz resonando, por así decirlo. Como regla, la impresión desde fuera se agota cuando hemos tenido esta experiencia “eco”. La vibración, el movimiento causado por la impresión externa ha terminado, y para la mayoría de las personas eso es el fin del asunto.

Aquí es, sin embargo, donde el alumno debe tomar su comienzo, procediendo, como dijimos, de la forma humana, es decir, de lo que conocemos de la forma humana que está en el plano físico en la vida ordinaria. Mientras siga observando sólo las imágenes posteriores, no sucederá nada importante. El interés comienza cuando algo queda aún después de que la imagen del objeto haya desaparecido. Pues lo que queda entonces no viene en absoluto del ojo, es un proceso, una experiencia que nos es dada por el cuerpo etérico. Quienquiera que haya llevado a cabo este experimento no presentará la sugerencia, por lo demás perfectamente razonable, de que lo que tenemos aquí sólo puede ser una imagen posterior del cuerpo físico. La gente dice esto porque no ha tenido la experiencia. Una vez que han tenido la experiencia, no lo dicen más. Pues lo que queda después es algo totalmente diferente de cualquier cosa que tenga relación con una impresión externa.

En términos generales, lo que queda, por ejemplo, después de una impresión de color o de luz, no es en absoluto una apariencia de color o de luz. ¡De hecho, podemos decir que si es color o luz, entonces es una ilusión! Es un tono, del que uno está bastante seguro de que no lo ha oído con el oído, que el oído no ha tenido parte en que llegara a nosotros. Lo que queda también puede ser alguna otra impresión, pero siempre es diferente de la impresión externa. El ocultista tiene que aprender a superar por completo las impresiones externas, pues el ocultismo está allí por ejemplo para los ciegos, que nunca han visto en su vida un objeto externo, ni una sola impresión exterior de luz por medio del ojo. La mayoría de las figuras fantasmales que la gente ve no son más que imágenes de la memoria de las impresiones sensoriales que han sido cambiadas por el juego de la fantasía. La experiencia oculta no depende de si una persona puede usar algún órgano de los sentidos en particular o no, pues se produce de forma totalmente independiente de los órganos de los sentidos.

Habiéndose hecho una imagen exacta de la figura humana completa, el alumno debe sujetarla firmemente delante de él. Debe vivir ante ella como una Imaginación. Con cuál de los sentidos o de qué manera fije la forma humana no tiene importancia. Lo importante es que de alguna manera él fije esta forma humana, es decir, que a través de la forma humana, se evoque en él un cuadro viviente, una imaginación. El alumno podrá ahora tomar para su punto de partida de la imagen externa de la forma humana. Sin embargo, también es posible partir del sentimiento interior del cuerpo, el sentimiento que se tiene de estar dentro de la forma.

Cuando el ocultista logra experimentar de este modo algo así como una imagen posterior con respecto a la forma humana —es decir cuando, habiendo comprendido por primera vez esta forma humana tal como la encuentra en el mundo físico, la deja “ecoar” en él de la manera en que una imagen posterior se hace eco— cuando es capaz de tener esta experiencia y luego esperar hasta que la imagen de la forma humana se haya pasado y desaparecido, obtendrá una imagen de la forma humana que ya no es una imagen de la forma física sino que se la experimenta en el cuerpo etérico.

Para el alumno es una cuestión de experimentar en el cuerpo etérico. Y cuando ha llegado al punto de experimentarse de esta manera en el cuerpo etérico, ¡entonces esta experiencia es realmente profunda! Entra a la vez en dos experiencias distintas. No permanece entero y solo. Y estas dos experiencias tienen que ser expresadas por dos palabras. Tenemos que decir que el alumno experimenta primero, la muerte y segundo, a Lucifer.

Puesto que las experiencias de las que ahora hablamos no son de los sentidos, sino que son en su esencia y naturaleza experiencias superiores, no es naturalmente fácil describirlas. Las palabras son en su mayor parte tomadas del mundo de los sentidos y nos recuerdan siempre, en su aplicación, el mundo de los sentidos. Pero estas son experiencias que sentimos interiores y no exteriores; y si hacemos uso de las palabras para describirlas, es más bien con el propósito de evocar algún concepto que es sólo una imagen de lo que se experimenta verdaderamente.

La experiencia de la muerte es algo como sigue. El alumno sabe que la forma humana, que ha percibido y tomado como punto de partida, no tiene continuidad fuera de la existencia de la Tierra. Está ligada a la existencia de la Tierra. Quien quiera ir más allá de la existencia de la Tierra, quien quiera contar con una vida suprasensible, debe tener en cuenta que esta figura humana sólo puede ser experimentada como tal en la Tierra; se despedaza —lo hace ante sus ojos— en el momento en que pasa más allá de la existencia de la Tierra, y se muestra como la muerte. En el cuerpo etérico la forma humana no puede mostrarse de otra manera que como entregada a la muerte.

Esta pues, debe ser la primera impresión, y aquí el alumno puede fundarla fácilmente; porque la impresión de la forma humana destrozada y destruida es algo que se hunde muy profundamente en el alma. Es un hecho que muchos de los que han aspirado a ser ocultistas no han podido superar esta primera impresión y se han dicho a sí mismos: “El temor a lo que puede estar por venir me impide ir más lejos.” Es necesario que el alumno pueda contemplar la muerte, por la sencilla razón de que sólo así puede saber con toda certeza que en el cuerpo terrestre es imposible experimentar el mundo superior; uno debe salir directamente del cuerpo, hay que dejarlo.

Esa es la siguiente impresión que el alumno recibe. No quiero decir que el mundo superior nunca pueda ser experimentado mientras esté en el cuerpo de la Tierra. Pero el alumno debe llegar inevitablemente a este punto de la experiencia y conocimiento que he descrito. Puede expresarse en las palabras: experimenta a Lucifer.

Lucifer está allí delante de él y dirige su atención a un hecho que lleva al discípulo a una gran tentación. Si tuviéramos que poner en palabras de lo que se experimenta al conocer a Lucifer, podríamos expresarlo de la siguiente manera. Lucifer hace al alumno atento a la fragilidad y destructibilidad de la forma humana. Él dice: “Mira esta forma humana. Mira lo destructible que es; tienes una forma destructible que te han dado los dioses —los dioses que son mis enemigos”. Eso es lo que Lucifer le dice, y le señala que los Dioses Superiores estaban bajo la necesidad de hacer al hombre destructible en su forma; muestra al alumno que no podían hacer otra cosa, debido a ciertas condiciones de las que hablaremos más adelante. Y luego le muestra lo que él, Lucifer, querría hacer del hombre, qué hombre habría llegado a ser si se le hubiera dado el manejo solo a él, —sin impedimentos por parte de sus oponentes.

Hay algo extraordinariamente seductor en la imagen que muestra Lucifer de lo que el hombre se habría convertido si él, Lucifer, hubiera tenido la tarea solo él. Pues Lucifer dice: “Mirad con vuestros ojos y ved lo que queda de vosotros cuando vuestra forma humana se ha desmenuzado”. Cuando la forma humana ha sido destruida, cuando el hombre se vuelve, por así decirlo, y se ve desollado  —espiritualmente hablando— Cuando se le ha quitado su forma, entonces contempla dos cosas. En primer lugar, ve que lo que queda es, de hecho, conforme al mundo suprasensible, en cierto sentido inmortal, mientras que el cuerpo es mortal. Este hecho pone un poderoso argumento en manos de Lucifer, con el cual puede tentar al hombre. La atención del hombre ha sido dirigida primero a la imagen que tiene de Dios, la cual, sin embargo, es destructible y ligada a la Tierra. Entonces Lucifer lo dirige a algo más en el que es inmortal, no sujeto a la muerte. Ahí radica la tentación. Pero cuando el hombre viene a considerar y observar lo que es inmortal en él, cuando contempla lo que sacude la forma externa después de que se ha dividido en las tres partes de las que hemos visto que se compone, entonces el hombre se ve a sí mismo y ve a qué precio Lucifer le ha hecho inmortal. Pues el hombre, cuando mira hacia atrás en sí mismo, descubre que ya no es hombre. El hombre trino, como lo hemos descrito, siempre se ha expresado en el simbolismo oculto en ciertas imágenes. Estas imágenes, estas Imaginaciones, han tenido a lo largo de los siglos algo que decir al hombre. Muy pocos, sin embargo, han comprendido su maravilloso significado. El hombre superior, como el hombre lo ve cuando se mira a sí mismo, es distinto en las diferentes personas. La imagen que se presenta aquí es también más o menos transitoria. Da, sin embargo, una idea aproximada de la impresión que experimenta el hombre. Ya no hay un rostro humano; El rostro que se sugiere es el de un toro, o bien de un león. Las experiencias en el mundo suprasensible tienen a menudo una apariencia bastante grotesca; y se hace consciente de que, no siempre, pero en términos generales, una mujer se percibe más como un león, y el hombre se percibe más como a un toro. No hay manera de escaparse de ellas, es realmente así! Y conectado con estas dos imágenes —que se entremezclan, porque el hombre no está enteramente desprovisto de león, ni la mujer totalmente desprovista del toro, los dos se funden en otro  —mezclado al mismo tiempo con estos esta la imagen de un ave, que siempre ha sido llamada el águila y que pertenece a todo el cuadro.

cuatrotipos

Tampoco ha sido dicho lo peor! Muchos hombres podrían estar dispuestos a tomar la decisión de ser un toro, un león o un águila como precio para la inmortalidad. Esto es, sin embargo, sólo en el hombre superior. La continuación hacia abajo es un dragón violento, salvaje. Aquí tienen la fuente de todas las numerosas sagas e historias del dragón. El simbolismo religioso tradicional siempre ha dado al hombre las cuatro imágenes, —Hombre, León, Toro, Águila; pero no ha dado más que indicaciones, como, por ejemplo, en el relato de la Caída, de que un dragón salvaje también pertenece al hombre. El dragón, sin embargo, tiene su lugar en la totalidad del hombre, se encuentra allí; y el hombre tiene que decirse a sí mismo: Lucifer es realmente capaz de prometerme la inmortalidad —es una promesa segura y bien fundada— pero a costa de tu forma y figura, para que sigas viviendo en la forma en que te has convertido bajo la influencia de Lucifer. Y ahora podemos ver cómo ha ocurrido que hayamos recibido tal forma interior; es debido a la influencia de Lucifer en la evolución de la Tierra. Percibimos también que esta evolución de la Tierra bajo la influencia de Lucifer ha dado al hombre suprasensible un regalo tras otro. La sabiduría y todo lo relacionado con la sabiduría llega al hombre por los muchos y múltiples caminos de Lucifer. Lucifer puede mostrar al hombre, cuando le conoce, cuánto le debe el hombre. Pues lo que acabo de describir ahora también tiene que ser contado entre las cosas que el hombre debe a Lucifer.

Entonces surge la pregunta obligada: “¿No hay entonces ningún rayo de consuelo en este conocimiento de sí mismo?” Porque, de cuanto se ha dicho, no es exactamente reconfortante si esta nueva visión sólo conduce a una descripción de cómo el hombre se degrada al rango de un animal. El animal es, además, tripartito y no pertenece a los animales “superiores”; más bien es el hombre degradado a la etapa animal que existe en la Tierra en la imagen de un anfibio. ¡No, tal concepción difícilmente puede llamarse reconfortante!

Esta es la experiencia que os describí antes como extraordinariamente efímera y transitoria. Se necesita una gran presencia de ánimo para captar la impresión absoluta, para tener la visión de ella, por así decirlo. Va más allá de uno mismo con rapidez. Esa es la desventaja de partir de la forma humana. La gente por regla general no tiene la suficiente presencia mental para captar la muerte y a Lucifer y entonces se vuelve, espiritualmente, y se autoexamina. Nada de lo que vemos trae consuelo, porque en última instancia sólo tenemos dos caminos para elegir. Podemos aferrarnos a lo que es mortal y destructible en nosotros y que viene de los dioses, los oponentes de Lucifer; o podemos elegir la inmortalidad y con ella la degradación de la forma humana.

La presencia de todas estas cosas, la impresión que nos hace, es en el primer momento terrible y paralizante. Por esta razón, gran parte de la tarea del maestro ocultista consiste en advertir al alumno que no preste demasiada atención a tales impresiones, ni tampoco a las primeras impresiones suprasensibles, porque de estas impresiones, ya sean de una especie de alegría o de dolor, nunca se pueden confiar como una guía. Lo correcto es esperar pacientemente, muy pacientemente. Bien puede ser que, cuando se haya realizado el experimento descrito, se produzca una sensación de absoluta desesperanza; entonces perseverar en llamar a la impresión una y otra vez requiere coraje. Pero esto es lo que debemos hacer si queremos hacer progresos prácticos en el ocultismo, y vendrá un momento en que encontraremos, por así decirlo, tierra firme para nuestros pies.

Lo que el momento presente ofrece  —sobre lo el que el hombre no puede confiar. Todo lo que ha logrado en la vida se ve ahora como destructible e impermanente. Y Lucifer promete algo eterno. Pero eso tampoco puede sostener al hombre. Llega un momento, sin embargo, en el que surge algo en lo que puede sostenerse; no es nada del presente, sino un recuerdo de la vida ordinaria en la Tierra que puede permanecer con él. Esta memoria debe permanecer con él como un pensamiento sacado de la vida de la Tierra, y que se entremezcla en el encuentro con la muerte y Lucifer como que fluye de la vida en la Tierra, y de repente está allí, esta memoria, este pensamiento, puede permanecer y dar apoyo al hombre. Pero es singularmente débil, y se requiere gran energía para sostenerlo. Esta única cosa en la vida que el hombre puede recordar como algo seguro y cierto es el pensamiento del Sí mismo, del “Yo”. Es el pensamiento: allí he sido un Ser. Hay, como dije una dificultad extrema en mantener este pensamiento. Muchos de ustedes sabrán lo difícil que es traer un sueño al otro estado de conciencia en el momento presente. Y puede suceder demasiado fácilmente que cuando el hombre ha entrado en el mundo suprasensible, este “yo” sea como un sueño que ha tenido en el mundo terrestre y no lo recuerde. Como un sueño olvidado es este pensamiento “yo”, cuando ha llegado a la otra conciencia; y la dificultad de sostenerlo va aumentado incluso para el hombre en el transcurso de la evolución. En épocas antiguas, en tiempos remotos, en el remoto pasado, era relativamente fácil trasladar la imagen del “yo” de aquí en la Tierra al más Allá, pero en el transcurso de la evolución de la humanidad se ha vuelto más y más difícil.

Cuando digo: “Viene el pensamiento del yo”, deben pensar en ello de la siguiente manera. Para el actual alumno del ocultismo, el pensamiento viene a menudo. No sólo se queda en el hombre como una imagen de ensueño, —no, puede brillar en él más allá como una memoria repentina. Para que esto suceda, sin embargo, se necesita ayuda. Puede suceder, pero no sin ayuda— un punto importante. Cuando el alumno entra en el mundo suprasensible, entonces, bajo las condiciones actuales de evolución, casi seguramente permanecería como un sueño olvidado, si no llegara la ayuda.

Si debo dar un nombre a la ayuda que el alumno del ocultismo necesita hoy para no olvidar el pensamiento del yo cuando asciende al mundo suprasensible, no hay más que una expresión que yo pueda usar y que es estar unido con el Impulso de Cristo en la Tierra. Eso es lo que ayuda! En las condiciones actuales de la evolución de la Tierra todo depende en este punto de qué tipo de relación ha tenido el hombre con el Impulso de Cristo durante su vida en la Tierra, y en qué medida lo ha dejado vivir en él. De esto depende si el pensamiento del yo se pierde en el olvido cuando el hombre asciende al mundo suprasensible, o si permanece con él como el único y seguro apoyo que puede asumir con él desde la Tierra hacia el mundo suprasensible.

El cristiano de hoy tiene muchas cosas notables y hermosas que decir sobre el Impulso de Cristo. Pero el que en el sentido cristiano entra conscientemente en los mundos superiores sabe aún más del Impulso de Cristo. Y esto de más que él sabe es extremadamente importante y significativo. Él sabe que el Impulso de Cristo es la única cosa que puede venir a nuestra ayuda cuando estamos en peligro de olvidar el yo de la evolución de la Tierra. ¿Cómo es que además de todo lo que el Impulso de Cristo ya es capaz de hacer por el hombre en la Tierra, además de las indecibles bendiciones que el hombre ha recibido y sigue recibiendo de El, para su consuelo, para su bondad de corazón y para su educación y  cultura, esta también esto, —que el Impulso de Cristo en la medida en que obra en el hombre, puede hacer que el yo de la Tierra no tenga que ser olvidado? ¿Dónde podemos buscar la explicación de esto?

Si quiero dar una respuesta a esta pregunta, debo llamar la atención a hechos del ocultismo que, aunque ustedes no los conozcan, pueden familiarizarse con un estudio inteligente de los Evangelios. Porque hay dos maneras de llegar a un conocimiento de las razones por las cuales el Impulso de Cristo puede dar esta ayuda. La primera es el camino del ocultismo, un ocultismo como el que corresponde justamente a la etapa de evolución alcanzada por el hombre de nuestro tiempo. Y el segundo es el camino de un estudio inteligente y profundo de los Evangelios. Los Evangelios tienen una característica notable y única, en comparación con otros registros religiosos. La gente no siempre se da cuenta, pero no obstante está allí. Tomen todo lo que puedes encontrar en la historia externa de las religiones, tomen todo el contenido de las religiones fundadas incluso en la época post-cristiana, y comparen eso con lo que leen en los registros cristianos, los Evangelios. Si nos fijamos en la historia del fundador de cualquier religión y nos esforzamos por comprenderlo, descubrirán que sólo pueden hacerlo aprendiendo a conocer y comprender las inspiraciones o intuiciones suprasensibles que recibieron. Pregunten a los fundadores precristianos de la religión de dónde vino su sabiduría y le dirán, por ejemplo, en el caso de Buda, cómo adquirió esa gran y alta iluminación bajo el árbol de Bodhi que le permitió proclamar lo que él llamo la “Santa Doctrina”. Ustedes se verán dirigidos, es decir, si quieren conocer el fundamento y la fuente de la enseñanza de Buda, a una iluminación suprasensible.

Tampoco es diferente en los tiempos post-cristianos. Tomen a Mahoma. Deben mirar las visiones, las revelaciones que Mahoma recibió de los mundos suprasensibles, para explicar por qué esto o aquello fue dicho de tal o cual manera. Lo mismo ocurre con todos los fundadores de las religiones; Y no sólo con los fundadores de religiones, sino con todos los que han dado auténticas revelaciones. Nos dirigen a su inspiración divina, a lo suprasensible que brilla en ellos. Tenemos un conocimiento muy exacto de esto en el caso de Pitágoras. Y en los escritos de Platón podemos encontrar en todas partes indicios de que si bien no dijeron todo lo que sabían, pues de lo que comunicaban recibían inspiración a través de los Misterios, es decir, experimentaban la evolución en mundos superiores. Incluso en el caso de Sócrates leemos de un “Daimon”, y de hecho sería absurdo dejar al Daimon al hablar de Sócrates, que Sócrates desarrolló para el hombre sobre la base de la pura inteligencia, lo que recibió a través de su Daimon. Miren donde quieran, en todas partes encontraran lo mismo.

Ahora déjenme preguntar; para pasar de estos ejemplos a los Evangelios. Vayan a través de ellos con cuidado y encontrarán una sola ocasión en los tres años de su estancia en la Tierra cuando, en el sentido de experiencia de iniciación, Cristo Jesús miró, o tuvo que mirar, el mundo suprasensible. La única vez que encontrarán algo de este tipo está en la escena de la Tentación [e.Ed: Marcos 1: 12-13; Lucas 4: 1-13; Cp Génesis 3: 6; Juan 2:16], e incluso allí no se nos dice que Cristo tuvo que aprender a aferrarse a un Dios suprasensible, sino que Él tuvo un encuentro con lo que para Él era el “mal” —con Satanás, con Lucifer.

Se nos dice que esta Tentación fue para Él desde el principio ninguna tentación. Lean los pasajes ustedes mismos y verán la única imagen que nos dan los Evangelios. Cristo pasó por lo que los iniciadores siempre han tenido que pasar, pero desde el principio Él se aferra a su Dios, resiste los ataques y pronuncia la palabra: “Fuera de aquí, Satanás! Porque está escrito: Adorarás a Dios, tu Señor, y sólo a Él servirás”. Lucifer no puede tentarlo más y le deja. En todas las otras escenas y acontecimientos que siguen a la Tentación, en todo lo demás que los Evangelios nos relatan, no podemos descubrir nada que pueda compararse con los relatos que se deben dar en la vida de los iniciados, donde leemos una descripción de cómo y de qué manera aprendieron en el curso de su vida a penetrar en los mundos espirituales.

Podemos hablar del Cristo, desde el principio, como de un “iniciado”, es decir, que tiene una conexión directa e inmediata con el mundo suprasensible. Como he dicho en mi libro “El cristianismo como hecho místico” y continuamente en conferencias. Pero en el caso de que Cristo no hable de su “iniciación” no se puede hablar en su caso de progreso a través de las iniciaciones. Podemos decir que Él es un “iniciado”, pero no podemos decir nada sobre cómo Él se “inició”. Esta es una profunda distinción.

Comparen todo lo que se cuenta de la vida del “iniciado” con lo que se tiene en los Evangelios. Tal vez ustedes observen  —lo he demostrado en mi libro El cristianismo como hecho místico— que los escritores de los Evangelios sólo necesitaban tomar el ritual antiguo según el cual fue llevada a cabo la iniciación, para describir la vida de Cristo. Al relacionar el ritual estaban relatando los acontecimientos de la vida de Cristo Jesús. Pero nunca pudieron decir que Él realmente sufrió lo que estaban describiendo. Tomen una escena tan llena del significado profundo como la Transfiguración o la Oración en el Monte de los Olivos. Estos son los eventos que si se hubieran propuesto para relacionarlos con alguna otra persona iniciada lo habrían tenido que describir de una manera muy diferente. No podrían simplemente decir que subió al Monte de los Olivos y que allí de él cayeron gotas de sudor como sangre; en el caso de otra persona iniciada tendrían que decir lo que se experimentó allí, cómo cambio en el Monte de los Olivos. Cristo no cambio. El encuentro con Su Dios en el Monte de los Olivos no era de tal carácter que podamos sentir que Él tenía algo que aprender allí. De manera similar, lo que Él pasó a través de la Transfiguración no fue en sí una iluminación. Para los demás, para sus compañeros, fue una iluminación, pero no para Él. Para él era perfectamente natural y comprensible; no podía aprender nada nuevo de ella.

¿Qué debemos esperar por otra parte que se nos informe sobre cualquier otra persona iniciada? Debemos mostrar cómo avanzó paso a paso en el camino del conocimiento. En el caso de los iniciados superiores, podemos esperar que se nos diga cómo trajeron mucho con ellos de encarnaciones anteriores y quizás que sólo necesitaban todavía pasar por la última etapa. No encontramos nada de todo esto con el Cristo. Tenemos la historia de la Tentación, y eso es todo. Lo que encontramos en el Cristo es que Él estaba impregnado completamente en el más alto grado con la Autoconsciencia Divina. Esto marca la escena inicial de los tres años de la vida de Cristo. Y entonces tenemos ante nosotros esta maravillosa imagen, la imagen de las revelaciones divinas altamente exaltadas procedentes directa e inmediatamente de Aquel que es el Hombre de la Tierra. En el caso de cualquier otra persona iniciada, tenemos que decir cómo alcanzó por primera vez esta o aquella etapa de iniciación y entonces fue capaz de hacer tal o cual revelación. Con Cristo Jesús, por otra parte, todo esto fluye libremente en Él desde el principio, y no se nos dice que en el transcurso de los tres años de su vida paso por esta o aquella etapa de iniciación. Si alguien tratara la descripción de la Muerte y la Resurrección de Cristo Jesús como si fueran tales etapas, sólo demostraría su fracaso al percibir el hecho de que la Resurrección tuvo lugar en virtud del poder que ya estaba allí en el Cristo viviente. La Resurrección no es un acto de iniciación. Cristo Jesús no fue despertado a la vida por otro iniciado sino por el Poder Divino que viene de más allá de la Tierra, el Poder que le fue comunicado a través del Bautismo. La Resurrección fue dada en el momento del Bautismo, ya estaba allí en ese momento; Mientras que el acto que en el caso de otras personas iniciadas se llama “Resurrección” tiene que ser producido por los hechos e instrucciones de un iniciado mayor.

Esta es la razón por la que tuve que describir el evento de Cristo como lo hice en mi libro El cristianismo como hecho místico, que fue escrito hace más de diez años y apareció poco después. Tenemos que ver de la siguiente manera algo que Cristo vivió su vida en la Tierra. En esta vida ocurrieron muchos eventos y procesos. ¿Cómo describimos estos eventos y procesos? Los describimos mejor relatando lo que un iniciado de la antigüedad tenía que pasar. Lo que el iniciado en la antigüedad pasó en la Escuela de Misterios, se desplegó en el caso de Cristo como un hecho histórico. Por lo tanto, los Evangelistas podrían usar los antiguos libros de iniciación, no para describir una iniciación de Cristo, sino para escribir su biografía. Esa es la esencia del argumento en mi libro “El Cristianismo como hecho místico”.

Es evidencia de la más profunda equivocación de la vida de Cristo si hablamos de Él no como uno ya iniciado, sino como alguien que tuvo que someterse a la iniciación durante la evolución de la Tierra. Cualquiera que quiera explicar la vida de Cristo como una iniciación está cometiendo un gran error con respecto al Espíritu del cristianismo. Comprendería el cristianismo como si su Fundador no fuera ya un Iniciado, sino que debía ser iniciado primero, como si al describir la vida de Cristo se estuvieran describiendo los procesos de Su iniciación.

En consecuencia, al hablar de la vida de Cristo, es necesario dejar bien claro que las expresiones que se utilizan no pueden aplicarse en el mismo sentido en que se aplican a la antigua iniciación —o cualquier otra— sino que se utilizan en un sentido terrenal absolutamente físico, que se refieren a una historia, a un acontecimiento de la historia que está fuera de la iniciación.

La importancia de esto no puede ser exagerada. No se puede cometer un error más grave que ignorar lo que acaba de ser explicado y hablar de una “iniciación de Cristo”, no en el sentido de que se habla en mis conferencias “Ante la Puerta de la Teosofía” o en las de “El Evangelio de San Juan”, sino explicar la vida de Cristo con la vestimenta de la narración de una iniciación. Al hacerlo, desde el principio se pondría en contradicción con toda interpretación razonable de los Evangelios. Sería imposible encontrar el camino hacia el corazón y al núcleo de este, o para entender lo que el ocultismo tiene que decir sobre Cristo Jesús. No olvidemos nunca que cuando hablamos de otros fundadores de la religión, tenemos que hablar de ellos como hombres que han sido iniciados y estamos justificados y con razón en entender su vida como comprendiendo dentro de ella una iniciación, pero la vida de Cristo ha de ser descrita de manera diferente. Aunque esta vida de Cristo, al tomar su curso en la Tierra, tuvo que hacer revelaciones divinas, no debemos concebir ningún proceso de iniciación que brille como en esta vida de Cristo y la ilumine. No, Cristo mismo fue un iniciador. Lean en mi libro “El cristianismo como hecho místico” el pasaje sobre el verdadero significado del milagro de la resurrección de Lázaro. Entonces ustedes encontrarán que fue una iniciación que realizó Cristo. Él mismo fue capaz de iniciar; pero no podemos decir de ninguna manera que Cristo fue iniciado en la Tierra en el mismo sentido que tenemos que decir que Lázaro fue iniciado por Cristo.

En el lugar de la iniciación tenemos el Bautismo de Juan en Jordania. Sin embargo, si el bautismo hubiera sido el acto de iniciación correspondiente, habría sido descrito de manera diferente. Nos habrían dicho cómo Cristo permaneció allí esperando una iniciación mientras un iniciador mucho más elevado realizaba el acto de iniciación. El otro, sin embargo, que está a su lado como el instrumento para el acto no es un iniciador más alto, pues es Juan el Bautista que no puede, de acuerdo con los hechos, ser situado como más alto que Cristo Jesús mismo.

Ha ocurrido con frecuencia que los hombres han cometido este error. Pero para una correcta relación con el cristianismo, para una verdadera comprensión del cristianismo, tal error siempre es fatal. Debemos, por lo tanto, tener cuidado de hablar como si Cristo hubiese pasado por varias etapas —Nacimiento, Infancia, o de nuevo, Bautismo o Transfiguración o Resurrección— en el sentido en que se puede decir que algunas personas iniciadas pasan por estas etapas. En el momento en que aplicamos al Cristo de la misma manera las expresiones: Nacimiento, Bautismo, Transfiguración, Ascensión, mostramos un completo malentendido del cristianismo.

Todo esto tiene que ser claramente entendido si queremos responder a la pregunta: ¿Cómo ha ocurrido que el Impulso de Cristo es lo que permite al hombre llevar la memoria del yo de la vida ordinaria en la Tierra a la vida de los mundos suprasensibles?

Permítanme pedirles que pongan ante ustedes una imagen de lo que he tratado de mostrarles hoy, cómo el hombre se encuentra con la muerte y con Lucifer y cómo el alumno en el ocultismo entra en una situación desesperada y desolada, de la que sólo puede ser liberado si es capaz de retener un recuerdo del pensamiento del yo. Y recuerden entonces lo que dije que la mayor ayuda para la retención del pensamiento consiste, para el hombre de hoy en día, en ponerse en relación con el Impulso de Cristo durante su vida en la Tierra. Recuerden también cómo, para establecer este hecho, me propuse explicar que la vida de Cristo es diferente de la vida de cualquier otra persona iniciada. Cristo viene ante nosotros desde el principio como Aquel de quien ciertamente se nos dice que realizó obras en la Tierra, pero de quien no se nos dice que fue influenciado como Sócrates por su Daimon, o que Él se sentó bajo el árbol Bodhi como Buda, o que tuvo visiones como Mahoma. Imaginar cualquiera de estas historias haría imposible entender al Cristo. Cómo el Impulso de Cristo se convierte en el medio para que el alumno deje que el pensamiento viva en el mundo espiritual, de modo que no tenga en su lugar sólo los pensamientos que han muerto, y cómo se le aparece entonces el mundo suprasensible lo hablaremos mañana.

Traducido por Gracia Muñoz

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Planetas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s