GA232C5. Los Misterios Efesios de Artemisa.2

Dornach, 1 de diciembre de 1923

English version

A través de lo que les he dado en la última conferencia, ahora ya es posible hablar más exactamente de muchos de los acontecimientos que ocurrieron en el curso de la evolución de la Tierra y que le han producido su forma actual. Recordaréis que aquél que ha alcanzado el conocimiento a través de la visión interior, entra en una cierta relación con los metales de la Tierra, por el hecho de que la Tierra está impregnada de venas de metal, lleva dentro de sí varios tipos de metales. Y esta relación que el hombre puede establecer con los metales le permite mirar hacia atrás en lo que le ha sucedido a la Tierra.

Es particularmente interesante mirar hacia el pasado de la Tierra en el tiempo que precedió a la evolución atlante, ese período que he descrito de una manera algo externa, como la época lemuriana; como recapitulación del período de tiempo que precedió a este, cuando la Tierra pasó por la etapa del Antiguo Sol.

Durante la época Lemuriana la Tierra recapitulo la etapa de la Antigua Luna. Es interesante mirar hacia atrás en todos estos acontecimientos, para que podamos recibir una impresión de lo maravilloso que es todo en la esfera de la existencia terrenal.

Hoy en día estamos acostumbrados a considerar que la Tierra tal como está, en la forma que se nos presenta hoy ya está completa. Vivimos en los continentes como seres humanos, y estamos rodeados por lo que la Tierra lleva con ella en el camino de las plantas, los animales, las aves del aire, y así sucesivamente. Sabemos que nosotros mismos vivimos, en cierto sentido, en una especie de aire-oceánico, la atmósfera que rodea a la Tierra, y que de esta atmósfera tomamos el oxígeno y que nuestra relación con el nitrógeno también juega un cierto papel. Nos imaginamos en general que esta atmósfera, que nos rodea consiste en oxígeno y nitrógeno. Después miramos los océanos, los mares —no necesito entrar en cada detalle— y nos formamos una imagen del planeta que habitamos en el Universo.

La Tierra no siempre fue como la vemos hoy; ha sufrido enormes cambios. Si volvemos a los tiempos que acabo de indicar, a la época de Lemuria y un poco más atrás encontraremos una condición muy diferente de la Tierra que tenemos en la actualidad.

Comencemos con la atmósfera en la que vivimos, y que consideramos inerte, sin vida; Incluso esta atmósfera se muestra en esas épocas tempranas como algo muy diferente. Si vamos aún más atrás tenemos que observar algo más. Hoy en día, tenemos esta Tierra sólida y alrededor de ella la atmósfera. Un cuadro mental similar también podría hacerse incluso en aquellos tiempos muy antiguos, pero no podría haber ninguna cuestión de que haya alrededor de la Tierra algo como el aire que ahora respiramos. En el aire que respiramos hoy en día el oxígeno y el nitrógeno juegan la parte principal, el carbono y el hidrógeno desempeñan un papel menos importante, y el azufre y el fósforo son aún menos significativos. En lo que se refiere a esos tiempos muy antiguos, no es posible hablar de oxígeno, nitrógeno, carbono, azufre, etc., simplemente porque lo que el químico denomina con estos nombres, no existía en ese período antiguo. Si un químico de hoy conociera a un ser espiritual de ese tiempo y hablara de carbono, oxígeno, nitrógeno, etc., ese ser respondería que “tales cosas no existen”. Es posible hablar hoy de oxígeno, nitrógeno, carbono, etc., pero en aquellos tiempos antiguos no había absolutamente ninguna posibilidad de hablar de estas cosas porque sólo podían estar presentes como tales después de que la Tierra hubiera alcanzado cierta densidad y hubiera adquirido las fuerzas que hoy en día tiene en su interior. El oxígeno, el nitrógeno, el potasio, el sodio y así sucesivamente, todos los llamados metales ligeros simplemente no existían en aquella época de la antigüedad. En aquella época, en el lugar donde hoy tenemos la atmósfera existía algo que era de una naturaleza fluida, extremadamente fina, de una consistencia a medio camino entre nuestro aire presente y el agua. Era de naturaleza fluida, pero en su fluidez era similar a la albumina; de manera que en realidad la Tierra en aquel tiempo estaba totalmente rodeada por una atmósfera albuminosa. La albúmina en los huevos de hoy es mucho más densa, pero puede ser comparada con lo que estamos hablando ahora.

De este ambiente de la Tierra, cuando poco a poco se va densificando, fueron diferenciándose gradualmente lo que ahora llamamos carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y así sucesivamente. No estaban allí de tal manera que pudiéramos decir que esta antigua atmósfera albuminosa estaba compuesta de estos elementos, pues no tenía estos elementos como ingredientes. Hoy generalmente pensamos que las cosas están formadas por la combinación, pero eso no tiene sentido. Lo que conocemos como ciertas sustancias superiores no siempre se componen de lo que aparece cuando se analizan, pues estas cosas dejan de estar presentes en la sustancia superior. El carbono no está presente allí como carbono, ni el oxígeno como oxígeno, pues son parte de una sustancia de una naturaleza superior. Como he dicho, esta sustancia de acuerdo a sus cualidades puede realmente ser descrita como albúmina en una condición excesivamente fluida. La totalidad de esta sustancia que rodeaba a la Tierra en ese momento estaba impregnada con el éter cósmico del Universo, que le dio la vida. De modo que tenemos que representarnos el éter cósmico como proyectándose en esta sustancia y dándole vida.

nubesverdes

 

Esta sustancia vivía porque el éter cósmico se proyectaba en ella. No sólo estaba viva, sino que también se diferenció de una manera notable, p.e. en una parte aparece como una gran estructura  en la que el hombre siente que se asfixia, en otra parte aparece otra gran estructura en la que el hombre siente haber recuperado especialmente una nueva vida y actividad si pudiera haber estado allí en ese momento como un ser humano, y así sucesivamente. Surgieron formaciones que producían unos efectos que recuerdan a los elementos químicos de hoy, pero los elementos químicos en nuestro sentido moderno no existían. Entonces todo estaba impregnado de reflejos de luz, destellos de luz, rayos de luz, destellos de luz. Y todo el conjunto estaba vivificado por el éter cósmico.

Tales eran las características en ese período temprano de la atmósfera de la Tierra. Lo primero que se formo desde el Cosmos es lo que describí en la última conferencia como las primeras montañas primitivas. Éstas fueron formadas desde el Cosmos. Así, el cuarzo que se encuentra allí en las montañas en su hermosa forma, en su relativa transparencia, se formó en cierta medida en la Tierra desde el Universo. Por eso, si nos trasladamos hoy, a través de la visión imaginativa a estas rocas de las montañas a lo que ahora son las formaciones más duras de la Tierra, ellas serian para nosotros como los ojos de la Tierra a través de los cuales mira hacia el Universo. Pero también fue el Universo el que implantó estos ojos en la Tierra. Ahora están allí. El Universo los ha colocado en la Tierra. El cuarzo, la sílice y similares que luego impregnaron toda la atmósfera y fueron gradualmente depositados como montañas no eran tan compactos como hoy. Este estado endurecido  vino después, a través de las circunstancias que se desarrollaron más tarde. Todo lo que así se formó del cosmos en ese tiempo lejano era apenas más duro que la cera.

Si ustedes van ahora a esas regiones montañosas y allí ven un cristal de cuarzo, es tan duro que, como he dicho antes, si usted golpeara su cabeza contra él su cráneo se rompería pero no el cuarzo. En aquel tiempo lejano, sin embargo, debido a la vida que todo lo impregnaba, el cuarzo era realmente tan suave como la cera. Podemos, por lo tanto, decir que estas rocas de las montañas salieron del cosmos como una especie de cera goteando.

Todo lo que así se deslizó en la Tierra desde el cosmos fue transparente, y su relativa dureza, su dureza como cera se puede describir solamente empleando mentalmente el sentido del tacto. Si hubiéramos podido tocarlo lo habríamos sentido como cera.

Fue de esta manera que estas antiguas montañas fueron depositadas desde fuera del cosmos como una especie de sustancia de cera goteando y luego gradualmente se fue endureciendo. La sílice tenía una consistencia parecida a la cera en el momento en que fue depositada del cosmos a la Tierra.

Lo que hoy está presente más espiritualmente y que describí en la última conferencia, que al transponerse en esta roca dura se tiene imágenes del cosmos, este fenómeno era entonces perceptible espiritualmente, y de tal manera que cuando tales silicatos en la condición de la cera empezaron a condensarse se podía distinguir en ellos algo así como una especie de planta. Cualquiera que haya estudiado un poco sobre la naturaleza sabe muy bien que se encuentra algo como las marcas distintivas de tiempos antiguos. En el mundo mineral hoy. Encontramos piedras, las tomamos en nuestras manos, las miramos atentamente, y encontramos que tienen dentro de ellas algo así como el contorno de una planta. En ese momento era un fenómeno bastante habitual el que entrara en esta atmósfera albuminosa, empujada como si fuera contornos que no sólo se podían ver, sino que eran fotografiados sustancialmente en este cuerpo parecido a la cera.

Entonces se produjo la peculiar configuración de que la albúmina fluida que existía en la atmósfera llenaba estos contornos y por lo tanto se volvía algo más dura, algo más densa. Y ya no eran simplemente formas esbozadas. La parte silicosa se desprendió de ellos y se dispersó en el resto de la atmósfera. En la primera parte de la época lemuriana tenemos esas gigantescas plantas flotantes que nos recuerdan algo de las formas de las algas de hoy, que no están arraigadas en el suelo, pues aún no había suelo allí. Flotaban en este fluido albuminico con el que estaban permeadas y del que formaron su propia sustancia. No sólo flotaban en ese fluido albuminico, sino que también brillaban, podría decir, que se iluminaban y luego se desvanecían. Fueron capaces de transformarse en la medida en que pudieron surgir y desaparecer. Coloquen esta imagen claramente ante sus mentes. Es una imagen muy diferente de cualquier cosa que nos rodea hoy. Si nosotros, como hombres modernos, pudiéramos transponernos a esa época antigua, si, digamos, pudiéramos establecer una pequeña guarida en algún lugar y observar lo que sucedía alrededor, si desde ella pudiéramos mirar hacia ese mundo antiguo desde todas direcciones veríamos como se dispara una forma de planta, una formidable forma de planta, como nuestras algas presentes (algas marinas) o incluso como una palmera. Pero salen vertiginosamente. No brotan de la Tierra en primavera y mueren en otoño; Se disparan, apareciendo en la primavera (el tiempo de primavera era mucho más corto entonces) y alcanzan un tremendo tamaño. Luego desaparecen de nuevo en el elemento albuminico fluido. Ese observador vería que el verde siempre aparecía y luego se desvanecía. No hablaría de plantas que cubrían la Tierra, sino de plantas que, como las nubes en el aire, aparecen desde el cosmos, se densifican  y después se disuelven, algo verde que crece en este elemento de albúmina. Después, en el tiempo que correspondería algo a nuestro verano diría: Este es el tiempo cuando el ambiente de nuestra Tierra crece verde. Pero tendría que mirar hacia el verde arriba en vez de mirar hacia abajo.

fuegoartificio

 

Por este camino nos podemos hacer una idea de cómo la parte de la atmósfera se inclina hacia la Tierra, y cómo la fuerza de la planta que está realmente ahí fuera en el cosmos la atrae hacia sí misma, cómo el mundo de las plantas se acerca a la Tierra desde el Cosmos. En el período que ahora estoy hablando, tenemos que decir: Este mundo vegetal es algo que surge y desaparece en la atmósfera.

Voy a decir algo más. Si hoy en día como seres humanos nos trasladamos a través de esta relación con los elementos metálicos de la Tierra en esos tiempos antiguos, sentiríamos como si todo esto nos perteneciera a nosotros mismos, como si tuviéramos algo que ver con lo que entonces crecía verde en la atmósfera y luego desaparecía. Cuando hoy recordamos nuestra propia infancia, nuestra memoria se extiende a un lapso de tiempo relativamente corto. Sin embargo, así como podemos recordar un dolor que experimentamos en la infancia —y eso es algo que nos pertenece— de la misma manera en este recuerdo cósmico despertado por el elemento metálico de la Tierra experimentamos este proceso de convertirse en verde y desvanecerse como algo que nos pertenece. El hombre ya estaba entonces conectado con la Tierra, esa Tierra que vivía en esta atmósfera albuminosa acuosa. Estaba unido a ella como un ser humano, pero de tal manera que, como hombre, era todavía totalmente espiritual. Expresamos una realidad cuando decimos: El hombre debe adquirir el concepto de que estas plantas que vemos allí en la atmósfera en ese momento es algo separado, algo arrojado de lo que es humano. El hombre que está unido a la Tierra saca esto de su propio ser. Y tiene el concepto, o debería tenerlo, de algo más que él coloca fuera de él, algo muy diferente. También ocurrió lo siguiente.

Todo lo que he descrito hasta ahora se produjo a través de la sustancia de sílice en la atmósfera que ya se ha depositado en la sustancia como de cera de la que he hablado. Pero aparte de eso, esta atmósfera albuminosa se extiende por todas partes. En esta atmósfera trabaja el Cosmos. Sobre esta atmósfera trabajan las innumerables fuerzas múltiples que fluyen a la Tierra desde el Cosmos por todas partes, aquellas fuerzas de las cuales nuestra ciencia moderna no tiene ningún interés de saber nada. De ahí que nuestra ciencia no tenga realmente un conocimiento verdadero, porque los fenómenos más diversos que ocurren en la Tierra no ocurrirían si no fueran producidos por impulsos y fuerzas cósmicas.

Pero los sabios de hoy no hablan de estas fuerzas cósmicas, no hablan de lo que es la realidad sobre todas las cosas. No toman en cuenta en ninguna parte lo que realmente está vivo. Incluso en la partícula más pequeña que miramos bajo el microscopio, viven no sólo fuerzas terrestres sino cósmicas, y si esto no se tiene en cuenta no hay realidad.

Así estaban las fuerzas cósmicas activas en ese momento sobre este fluido albuminico en el ambiente de la Tierra. Estas fuerzas cósmicas trabajaron en muchas partes de esta albumina de tal manera que la congelaron, de modo que uno podía ver por todas partes la albumina congelada por las fuerzas del cosmos; esta albumina congelada cósmicamente nadaba en el ambiente terrestre. Estas formas de albúmina congelada cósmicamente no eran meras masas imaginarias de nubes, eran seres vivos que tenían formas definidas. Éstas eran en realidad animales que consistían en esta albumina congelada engrosada a la densidad de la gelatina o incluso a la de nuestro cartílago actual. Tales animales gelatinosos existieron en esta atmósfera albuminosa fluida. Tenían una forma que encontramos hoy en menor escala en nuestros reptiles, en lagartos y criaturas de ese tipo; no eran tan densos como estos, pero tenían cuerpos gelatinosos y el poder del movimiento. En un momento tenían los miembros alargados, en otro estos miembros se adentraban en el cuerpo. En resumen, todo acerca de estas extremidades eran como un caracol que puede extender y retirar sus sensores.

Mientras que todo esto se estaba formando algo más se estaba depositando en la Tierra desde el cosmos, otra sustancia además de la sílice, y eso es lo que se encuentra hoy en día como la tiza o piedra caliza de la Tierra. Si ustedes van a las montañas primitivas, o simplemente a las montañas del Jura, se encuentran esta piedra caliza. Esta piedra caliza vino ciertamente a la Tierra más adelante pero vino al igual que la sílice del Cosmos. Así encontramos la tiza como la segunda sustancia en la Tierra.

montañas del jura

 

Esta tiza está continuamente rezumando y lo esencial es que trabaja de tal manera que el granito de la Tierra se vuelve gradualmente más y más denso. En ciertas localidades la sílice se incorpora a la tiza. Porque la tiza conserva las fuerzas cósmicas. De hecho, la tiza es algo muy diferente del material grosero que presentan los químicos de hoy. Contiene fuerzas formativas, relativamente activas aunque no sean reconocidas.

Ahora llegamos a una cosa peculiar. Si consideramos un tiempo algo posterior al que he descrito en relación con el fenómeno del surgimiento y desaparición del verde, encontramos que en esta atmósfera albuminosa hay un continuo aumento y caída de la sustancia calcárea. Se forma una niebla de tiza que luego cae como lluvia. Hubo un período en la Tierra cuando el agua que hoy se levanta en niebla y cae como lluvia era de una naturaleza de tiza que subía y bajaba, ascendiendo y descendiendo. Ahora lo curioso es que esta tiza es especialmente atraída por las formas gelatinosas y gruesas; Las impregna, los impregna de sí misma. Y a través de las fuerzas terrestres que están en ella (les dije que las fuerzas terrestres viven en la tiza), a través de estas fuerzas toda la masa gelatinosa se disuelve gradualmente, la masa que, como hemos visto, se formó allí como albúmina coagulada. La tiza abstrae la albúmina y la acerca más a la Tierra y de ella surgen gradualmente los animales que tienen huesos que contienen cal. Eso es lo que se desarrolla en el tiempo posterior a  la época lemuriana.

Por lo tanto, primero debemos considerar las plantas en su forma más antigua como regalos puros del cielo. En los animales, en todo lo que posee una forma animal, tenemos que ver algo de la Tierra, después de que los cielos le hubieran dado la tiza, la tomó y la convirtió en una forma terrenal. Estas son las cosas maravillosas que descubrimos en aquellos tiempos antiguos. Nos sentimos tan unidos a estas cosas que sentimos todo este proceso como una expansión del ser humano en el Cosmos.

Tales cosas suenan naturalmente paradójicas porque tocan una realidad de la que el hombre de hoy no suele tener idea; sin embargo, son absolutamente ciertas. ¿No se corresponde con la realidad de hoy cuando alguien dice de lo que recuerda: “Cuando yo era un niño de nueve años, tenía un amigo con quien me pegue o herí” Ese recuerdo es algo que surge del interior. El orador puede sentir placer en ello o no. Puede causarle dolor, pero surge dentro de él. Del mismo modo surge en el hombre a través de la relación con los metales una conciencia humana aumentada que se convierte en una conciencia de la Tierra: “mientras tú has formado en la Tierra todo tu ser desde los cielos, en el descenso has separado las plantas de ti. Ellas son desechadas de ti. Tú también desechaste la naturaleza animal. En forma de gelatina coagulada o de cartílago, primero hiciste que la naturaleza animal se convirtiera en un producto segregado de ti mismo. Pero en este caso tuviste que ver cómo las fuerzas terrestres anteriores han sacado esta obra de ti y le han dado las formas animales de manera que es un resultado de la creación de la Tierra”. Y así, a modo de  recuerdo cósmico, uno puede ver esto como su propia experiencia, tal como se puede ver en el caso que acabo de darles como una experiencia de una corta vida terrenal. Uno se siente, como se ha dicho, unido como ser humano a todas estas cosas.

Pero todo esto está conectado con muchos otros procesos. Sólo puedo bosquejar los principales acontecimientos. Muchas otras cosas sucedieron. Por ejemplo, mientras todo lo que he descrito estaba ocurriendo, toda la atmósfera estaba llena de azufre en un estado finamente dividido. Este azufre finamente dividido se unió a otras sustancias y de la unión surgieron lo que yo llamo los padres de todo lo que hoy se encuentra en los minerales como piritas, galena, sulfuro nativo de cinc, etc. En una forma más antigua, suave, gruesa y como de cera. El cuerpo de la Tierra estaba impregnado de estas cosas.

Cuando estos minerales, estas sustancias metálicas se desarrollaron a partir de la sustancia albuminosa general y formaron la corteza sólida de la Tierra, los metales realmente no tenían mucho más que hacer, a menos que el hombre hiciera algún uso de ellos que reflexionar sobre lo que había sucedido en el pasado. Los encontramos todavía haciendo esto, trayendo gráficamente a la mente de quien tiene visión interior todo lo que ha sucedido a la Tierra. Ahora, porque tiene como suya esta experiencia cósmica o por lo menos telúrica, dice: “A través de haber desechado de ti mismo todo esto, por haber desechado la forma vegetal primitiva, se han desarrollado después las formas vegetales posteriores, por haber rechazado lo que todavía existe de una manera más complicada como la creación animal que he descrito, tú has separado de ti mismo lo que antes te impedía tener tu voluntad como hombre”.

Todo lo que he descrito era necesario. El hombre tenía que desechar estas cosas de sí mismo, al igual que hoy tiene que deshacerse de la transpiración y otras materias. El hombre tenía que desechar estas cosas para dejar de ser sólo lo que los dioses quisieran, y para poder tener una voluntad propia, no un libre albedrío ciertamente, sino una propia voluntad. Todo esto era necesario como preparación para la naturaleza terrenal del hombre.

A través de lo mucho que sucedió todo se fue transformando gradualmente. Como los metales estaban ahora dentro de la Tierra, toda la atmósfera se transformo. Se convirtió en un ambiente diferente, mucho menos sulfuroso. El oxígeno gradualmente ganó la ventaja sobre el azufre, mientras que en los tiempos antiguos el azufre era de gran importancia para la atmósfera de la Tierra. Toda la atmósfera de la Tierra se transformó.

Y en esta atmósfera transformada, el hombre pudo desprender de sí mismo algo más. Lo que el hombre separaba ahora apareció como los sucesores de las plantas y los animales anteriores.

Gradualmente se desarrollaron las formas vegetales posteriores. Éstas tenían una especie de raíz por la cual se aferraron a una sustancia terrosa todavía extremadamente suave. Y allí surgieron reptiles, animales tipo lagartija, criaturas más complicadas, impresiones que la geología actual todavía puede descubrir. De las criaturas más antiguas de las que he hablado nada se puede encontrar. Sólo en ese período posterior, cuando por segunda vez el hombre separó de sí formas más complicadas, sólo entonces hubo criaturas como las que he estado describiendo. En primer lugar, estructuras nubosas, continuamente surgiendo y desapareciendo, creciendo en verde y luego desapareciendo; formas suaves que eran en realidad animales, formas que poco a poco se consolidaron, tuvieron una vida propia y luego desaparecieron en la vida terrena común. Este fue el caso de todos estos seres. Y de todo esto surgió algo que se condensó todavía más.

Entre estos animales estaba uno que se puede describir como sigue: tenía un órgano muy grande como un ojo rodeado por una clase de aura. Cerca de él tenía una especie de hocico, que además se alargaba hacia delante, algo parecido al cuerpo del lagarto, pero con poderosas aletas. Surgió una forma como esta, que ahora desarrolló más firmeza en sí misma. Los animales se levantaron poseídos de lo que podría llamar alas como aletas, porque estos animales no eran criaturas marinas, ya que no había mar todavía, había una masa terrosa suave y alrededor un elemento aún más suave de los cuales sólo el azufre había sido parcialmente eliminado. En estos alrededores el animal volaba o nadaba, era una actividad entre volar y nadar.

Además de éstos había otros animales que no tenían este tipo de miembros. Tenían miembros que ya estaban formados más por las fuerzas de la Tierra misma, y que también nos recuerdan los miembros de los mamíferos inferiores de hoy.

Así, si partiendo de la actualidad pudiéramos recorrer el tiempo en vez de pasar por el espacio hasta ese período que une la época lemuriana con la de la Atlántida, nos enfrentaríamos a una perspectiva peculiar. Deberíamos ver estos gigantescos lagartos voladores, con una especie de linterna en sus cabezas que brillaba y daba calidez. Abajo está la suave Tierra que tiene algo extremadamente familiar, porque ofrece a los visitantes de hoy una especie de olor, algo entre un olor a humedad y el olor proveniente de plantas verdes, algo entre los dos. Algo seductor por un lado y extremadamente simpático por el otro sería ofrecido por el barro de la blanda Tierra. En este pantano también nos encontramos moviéndose como criaturas de animales de pantano que ya tienen extremidades más parecidas a las de nuestros actuales animales inferiores, pero se extienden por debajo de ellos, algo así como las patas palmeadas de un pato pero, por supuesto, mucho más grandes. Con estas “palas” se propulsan en el pantano, y también se balancean de un lado a otro.

El hombre tuvo que pasar por todo este proceso de desechar para poder prepararse una independencia de sentimiento durante su existencia en la Tierra.

Así tenemos primero una creación vegetal-animal que consistía en productos segregados del hombre, preparando así la posibilidad de que el ser humano en la Tierra se convierta en un ser de voluntad. Si todo esto hubiera permanecido en el hombre, no habría tomado posesión de su voluntad. Su voluntad se habría convertido entonces en una función física. Al separar estas cosas de sí mismo, lo físico se coloca fuera de él y la voluntad asume un carácter psíquico.

De la misma manera, a través del esta segunda creación el sentimiento asume un carácter psíquico. Hasta mediados de la época atlante no se desarrollan estos animales y plantas que son similares a los actuales. La Tierra en ese momento había alcanzado una etapa similar en apariencia a lo que es ahora. Las mismas sustancias químicas que son reconocidas por los químicos también estaban en existencia. Poco a poco se desarrolló lo que conocemos como carbono, oxígeno, metales pesados, alcalinos y similares. Todo esto fue desarrollándose en ese tiempo.

Así el hombre fue capaz de hacer la tercera separación de sí mismo, es decir, lo que hoy forma su entorno como el mundo vegetal-animal. Y a medida que separó esto de sí mismo surgió alrededor de él la creación actual, preparándose para vivir en la Tierra como un ser pensante.

Por lo tanto, debemos decir que la Humanidad no estaba entonces dividida como lo está hoy en individualidades. Había una Humanidad común, todavía de naturaleza psíquica y espiritual, hundiéndose en el éter. Porque esta Humanidad común descendió del cosmos con el éter que fluyó a la Tierra desde el Cosmos.

La humanidad pasó entonces por esos acontecimientos que ustedes encontraran descritos en mi libro “La Ciencia Oculta, un esquema”. Llegó a la Tierra, se fue a los otros planetas, y volvió de nuevo en la época Atlante. Esto siguió continuando junto con los otros acontecimientos, pues cuando algo se separaba, la Humanidad no podía permanecer en la Tierra. Tenía que desaparecer para fortalecer las fuerzas interiores, que ahora eran de una naturaleza mucho más sutil y más psíquica. Entonces la Humanidad bajó de nuevo. Ustedes pueden leer acerca de estos eventos con más detalle en mi “Ciencia Oculta un Esquema”. El hombre, la Humanidad, pertenece realmente al Cosmos, y preparó para sí su propio ambiente terrenal enviando al dominio de la Tierra las cosas que fue apartando de él y que luego se metamorfosearon en los otros reinos de la Naturaleza. Ahora están en el dominio de la Tierra, donde el hombre está rodeado por ellos. Y ahora podemos decir: “Enviando estos productos de desecho al dominio de la Tierra, el hombre gradualmente desarrolló dentro de si lo que le proporcionó como ser humano terrenal voluntad, sentimiento y pensamiento”.

Pues lo que el hombre es hoy como ser pensante, sensiente y volitivo, que durante el período entre el nacimiento y la muerte descansa sobre un fundamento orgánico físico, sólo se ha desarrollado gradualmente y está conectado con aquellos seres que, por el bien de la evolución de los seres humanos, se han separado en el curso del tiempo del reino humano. Debido a esta separación se han metamorfoseado en sus formas actuales.

Como pueden ver no hablamos simplemente de una manera abstracta general sobre esta relación con lo que es de naturaleza metálica en la Tierra. Pues cuando uno se une a estos metales, que ocultan en ellos el recuerdo de los acontecimientos terrenales, pueden entonces hablar realmente de lo que uno recuerda, y encuentra realmente lo que les he relatado hoy.

Cuando volvemos a esos tiempos anteriores, encontramos que todo es más fugaz, va desapareciendo más rápidamente. Contemplen sólo la grandiosa y majestuosa perspectiva que les he descrito. Esas formas silíceas móviles parecidas a la cera en las que surgen las formas esbozadas del mundo vegetal que se sumergen de lleno en la blanda sustancia albuminosa y, por lo tanto, presentan en el ambiente terrenal al que miramos algo que crece verde y se desvanece de nuevo. Piensen en estas cosas y ustedes mismos dirán: “En contraste con las plantas que crecen en la Tierra hoy con raíces firmes y hojas sólidas; O, en comparación con los árboles de hoy en día con su duro tronco, todo esto fue una imagen fugaz”. ¡Piense en lo fugaces que fueron esas formas anteriores comparadas con el roble de hoy!. (El roble mismo no se enorgullece de su firmeza, pero los que viven en torno a él lo son generalmente, porque confunden su propia debilidad frecuente con la firmeza del roble.) Si comparan la dureza del roble de hoy con la sustancia de las antiguas formas de las plantas, cuán débil es su elevación, cuán débil es su desaparición, como sombras que se elevan en la atmósfera, condensándose y luego desapareciendo!. O si comparas esto con un caso más grosero, digamos, un hipopótamo o un elefante de hoy, o cualquier mamífero vivo en su piel robusta – comparen esto con las criaturas de ese tiempo temprano, cuando como albúmina coagulada salieron de la masa albuminica común y fueron aprovechados por la tiza, y con ese proceso en una manera algo más densa desarrolló las indicaciones de los huesos en la naturaleza animal de la Tierra; cómo de esta manera se vuelven algo más densos y desarrollan los primeros indicios de un sistema óseo. Si consideran toda esta solidez de hoy en comparación con lo que la Tierra fue una vez ya no serán capaces de dudar de que cuanto más allá retrocedamos, más fugaces e inestables son las condiciones.

Luego nos remontamos a donde sólo hay formaciones de colores que surgen, tejen y viven, que surgen y pasan. Si ustedes toman la descripción del Antiguo Sol, del Antiguo Saturno, los predecesores de la Tierra como los encontrarán en mi “Ciencias Oculta un Esquema”, ustedes dirán que todo esto es comprensible cuando sabemos que tenemos que volver del tiempo presente a una condición anterior. Allí, esta evanescente formación vegetal absorbe la albúmina convirtiéndose en algo así como una formación de nubes. En un período aún más antiguo encontramos formas que se manifiestan sólo en color, como las que he descrito al hablar de la existencia del Antiguo Sol o de la existencia del Antiguo Saturno.

Así, gradualmente, si seguimos lo que es físico a lo largo del tiempo, nos alejamos de lo grosero y elefantino, a través del refinamiento de lo físico a lo espiritual, y de esta manera, prestando atención al hecho real, volvemos al origen espiritual de todo lo que pertenece a la Tierra. La Tierra tiene su origen en lo espiritual. Ese es el resultado de una visión verdadera, y creo que es una hermosa idea poder decir: Si penetras en el interior de la Tierra y dejas que los duros metales te digan lo que recuerdan, te contaran lo siguiente: “Una vez estuvimos extendidos en el espacio cósmico de tal manera que no fuimos sustancia física en absoluto, pero en el espíritu fuimos la esencia del color, tejiendo en el cosmos, surgiendo y desapareciendo”.

La memoria de los metales de la Tierra nos devuelve a esa condición donde los metales eran colores cósmicos, permeándose unos a otros, donde el cosmos era una especie esencial de arco iris, una especie de espectro que luego se diferenció gradualmente volviéndose físico.

Este es el punto en que lo que yo llamo la impresión meramente teórica comunicada por el elemento metálico de la Tierra pasa a ser una impresión moral. Pues cada metal nos dice al mismo tiempo: “Yo procedo de las extensiones del espacio y de las formas de la Tierra. Yo me levanto del reino celestial. Estoy aquí atraído hacia abajo y encantado en la Tierra. Pero espero mi redención, porque una vez más llenaré el Universo de mi ser”. Cuando de esta manera aprendemos a entender el lenguaje de los metales, entonces el oro nos habla del Sol, el plomo nos habla de Saturno, el cobre nos habla de Venus. Y entonces estos metales nos dicen: “Erase una vez que nos extendimos lejos, el cobre a Venus, nos conducimos a Saturno. Hoy estamos encantados aquí. Pero cuando la Tierra haya cumplido su tarea de tal manera que el hombre haya alcanzado lo que sólo sobre la Tierra puede alcanzar, nos extenderemos allá afuera. Hemos sido encantados de esta manera para que el hombre en la Tierra pueda llegar a ser libre. Cuando el hombre se haya adquirido la libertad, entonces nuestro desencantamiento también puede comenzar”.

Este desencantamiento ya ha comenzado. Sólo tenemos que entenderlo. Debemos entender cómo la Tierra, junto con el hombre, se desarrollarán más en el futuro.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017.

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Un comentario el “GA232C5. Los Misterios Efesios de Artemisa.2

  1. Rubén Porcel dice:

    Muchas gracias por compartir y por el gran esfuerzo de la traducción

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