GA171c2. La Influencia de los Seres Luciféricos y Ahrimánicos en el Desarrollo Histórico. La clara Percepción del Mundo Sensorial y Imaginaciones Libres como la Tarea de Nuestro Tiempo. Genghis Khan y el descubrimiento de América

Rudolf Steiner – Dornach, 17 de septiembre de 1916

English version

Ayer tratamos de caracterizar las fuerzas que impregnaron Grecia y Roma para obtener una idea de las influencias que han sido portadas desde la cuarta a la quinta época post-atlante, y dimos algunas indicaciones sobre dónde hemos de buscar hoy en día signos de la actividad continuada de las fuerzas de la cuarta época post-Atlante. Quiero pedirles ahora que dirijan su atención una vez más a nuestra descripción de las civilizaciones de Grecia y Roma.

Debido a la forma en que se desarrolló, la civilización de Grecia fue motivo de gran decepción para los poderes luciféricos. Uno sólo puede, por supuesto, decir estas cosas a partir de la cognición imaginativa, y esto también se cumple para lo que se les va a presentar hoy. El desarrollo de la civilización griega fue una gran decepción para los poderes luciféricos porque esperaban de ella algo bastante diferente. Piensen en lo que esto significa. Habían esperado que la civilización de Grecia, la cuarta época de los tiempos post-atlantes, trajera a la existencia para ellos todo lo que se habían esforzado por alcanzar durante los tiempos Atlantes. Durante la Atlántida habían desarrollado ciertas actividades, ciertas influencias y fuerzas y habían esperado ver los frutos de su labor en la cuarta época post-Atlante. ¿Qué era lo que estaban buscando realmente?

Para hablar de tal asunto miremos justo en el alma luciférica. Llegamos a conocer esta vida luciférica que se esfuerza continuamente, esperando poder conseguir ciertos resultados, pero que continuamente se encuentra con una nueva decepción. Un lógico preguntaría naturalmente, “¿Por qué no dejan de intentarlo estos poderes luciféricos? ¿Por qué no ven que deben acabar siempre y repetidamente decepcionados?” Tal conclusión sería propia de la sabiduría humana, no de la luciférica. En todo caso, los poderes luciféricos tienen aún que llegar a esta conclusión. Por el contrario, su práctica es redoblar sus esfuerzos donde experimenten la decepción.

¿Qué era, entonces, lo que los poderes luciféricos esperaban de esta cuarta época post-atlante? Querían obtener el dominio sobre todas las fuerzas anímicas del pueblo griego, aquellas fuerzas anímicas que, como hemos visto, estaban dirigidas a trasladar las antiguas imaginaciones del período Caldeo-egipcio, e incorporarlas en las creaciones de sus propias fantasías. Los poderes luciféricos se esforzaron por actuar con tanta fuerza sobre los seres humanos de la civilización griega, de tal forma que sus imaginaciones, refinadas y destiladas hacia la fantasía, llenaran todo su ser. Los griegos se hubieran perdido entonces en un mundo anímico, en un pensamiento, sentimiento y voluntad cotidianos que hubiera consistido enteramente de estas sutiles imaginaciones que se hubieran tornado completa fantasía.

Si los griegos no hubieran desarrollado nada en sus almas excepto estas imaginaciones refinadas hasta la fantasía, si estas tentadoras imaginaciones hubieran llegado a colmar sus almas por completo, los poderes luciféricos hubieran sido capaces de extraer a los griegos y a una gran parte de la humanidad fuera de la evolución humana para situarlos en su propio mundo luciférico. Esta era la intención de los poderes luciféricos. Desde la época Atlante en adelante, su esperanza era lograr durante la cuarta época post-atlante lo que no habían conseguido en la Atlántida. La humanidad, en la etapa que había alcanzado entonces, habría sido incorporada al cosmos. Querían nada menos que crear para sí mismos un mundo separado en que la gravedad terrestre no existiera, en que los seres humanos habitaran con una absoluta liviandad suprasensible, enteramente entregados a una vida de fantasía. La esperanza de los seres luciféricos era crear un cuerpo planetario, que contuviera a aquellos miembros de la humanidad que hubieran alcanzado este elevado desarrollo en la vida de fantasía. Trataron por todos los medios de llevar las almas de los griegos lejos de la Tierra. Si lo hubieran logrado, estas almas hubieran renunciado gradualmente a ella. Los cuerpos que aún encarnaran hubieran degenerado. Hubieran nacido seres sin yoidad, la Tierra entera habría caído en la decadencia y hubiera comenzado un especial reino luciférico. Pero esto no llegó a suceder. ¿Por qué?

Esta condición no surgió porque, entremezclado con la “locura auto-divinizante” de la poesía griega, citando a Platón, estaba el genio y la grandeza de la filosofía y sabiduría griegas. Los filósofos griegos –Heráclito, Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Parménides, Sócrates, Platón y Aristóteles– salvaron a la civilización griega de espiritualizarse completamente en una vida de fantasía. Mantuvieron a los griegos sobre la Tierra, proporcionando las más vigorosas fuerzas que mantuvieron a Grecia dentro de la evolución terrenal. Al considerar el curso de la historia, debemos siempre tener en cuenta las fuerzas que residen tras la realidad física y que son las verdaderas causas de todo lo que sucede. Fue, entonces, de esta forma como Grecia se preservó para la evolución terrenal.

Ahora bien, los seres luciféricos hubieran sido incapaces de lograr nada en absoluto sin el concurso de los seres ahrimánicos. Contaron con su apoyo en todas sus intenciones y esperanzas. Ciertamente, en esta clase de actuaciones, siempre debe suceder que dos fuerzas aúnen sus esfuerzos. Del mismo modo que los seres luciféricos quedaron decepcionados con Grecia, igualmente los seres ahrimánicos quedaron decepcionados con Roma y con la forma en que se orientó. Los seres luciféricos querían alejar las almas griegas del planeta Tierra y los seres ahrimánicos querían contribuir con sus esfuerzos a que la civilización romana asumiera una determinada forma. Los seres ahrimánicos ejercieron sus mayores esfuerzos en Roma, igual que los seres luciféricos lo hicieron en Grecia. Calcularon que surgiría una cierta petrificación sobre la Tierra debido a una obediencia y sometimiento ciegos a Roma. ¿Qué querían conseguir los poderes ahrimánicos en Roma? Querían establecer un imperio romano que se extendiera por todo el mundo conocido en aquel entonces, comprendiendo dentro de él toda actividad humana. Estaría enteramente dirigido desde Roma con la centralización más estricta y el desarrollo máximo de la ley del poder. Buscaban establecer una maquinaria de estado enormemente enérgica que incluiría y sometería toda vida religiosa y artística. Su meta sería erradicar toda individualidad. Cada pueblo y cada ser humano constituiría meramente alguna pieza de esta poderosa maquinaria del estado.

Gracias a la claridad de sus filósofos, sin embargo, Grecia no se adormeció en el sueño luciférico, ni Roma se endureció como deseaban estos poderes ahrimánicos, porque en Roma, también, había algo actuando contra ellos. Esto se describió en la conferencia anterior como los ideales romanos, pero los ideales legales, políticos y militares que se desarrollaban entonces no hubieran podido contener solos a Ahriman. Dentro de la civilización romana los poderes ahrimánicos se reunieron para un tremendo ataque. Ese intento fue como una repetición de su intento hecho en los tiempos atlantes, y desarrolló poderes y fuerzas infinitamente grandes. Pero la intención de Ahriman fue dificultada desde otra dirección. Fue, al principio, evitada por algo que, a primera vista, podría contemplarse como un rasgo inferior del carácter romano, pero no era el caso. En realidad, los romanos tenían necesidad de lo que puede parecer que describí con cierta antipatía en la conferencia anterior. Necesitaban su implacable y pertinaz egoísmo, esa agitación continua de las emociones, para ser capaces de marchar contra los poderes ahrimánicos. La historia romana –les ruego expresamente que noten esto– no es una revelación de los poderes ahrimánicos. Aunque están en el trasfondo, es una lucha contra ellos. Si todo es confuso y egoísta, pareciendo tender cada vez más hacia una politización del mundo entero, es porque sólo de esta manera podían resistirse a la mecanización de Ahriman.

Todo esto solo, sin embargo, no hubiera tenido mucho valor. Roma también había recibido el cristianismo, que hubiera asumido una determinada forma otorgando a Ahriman una espléndida oportunidad para lograr sus objetivos ya que, a través del declive espiritual de una ley romana que se hubiera transformado en un papado, podría haberse logrado la mecanización de la cultura. Así que tuvo que añadirse otro poder externo contra Ahriman, que actúa con medios mucho más externos que Lucifer. Ahriman, como hemos visto, desvió las fuerzas del cristianismo para su propio servicio. Otro poder debía enfrentarse a él. Este poder fue el ataque de las tribus germánicas provocado por la migración de los pueblos en Europa. A través de este ataque a Roma, se impidió la mecanización del mundo bajo un único y omniabarcante Imperio Romano. Si estudian todo lo que tuvo lugar en la migración de estos pueblos, encontrarán que pueden obtener una verdadera comprensión de esto cuando lo ven desde este punto de vista. Cuando sucede la migración de pueblos en el mundo romano, no se acaba de ese modo con la historia romana, sino que son repelidos los poderes ahrimánicos, combatidos a lo largo de la historia por los romanos.

Así conoció Ahriman su decepción, como Lucifer conoció la suya. Pero asumirán sus tareas nuevamente durante la quinta época post-atlante con mucha más determinación. Aquí está el punto en que debemos comprender las fuerzas actuantes en nuestra época, en la medida en que tal comprensión sea posible hoy en día.

La cuarta época post-atlante se extiende tanto hacia atrás como hacia delante a partir de su punto central en el 333 d.C. Finalizó alrededor del 1413 d.C. y comenzó sobre el 747 a.C. Estas son, por supuesto, fechas aproximadas. Acabo de decirles que las decepciones de Lucifer y de Ahriman, por las formas que habían asumido las civilizaciones griega y romana, les ha conducido a hacer esfuerzos aún mayores durante nuestra quinta época post-atlante. Sus esfuerzos ya se encuentran activos en las fuerzas humanas actuantes desde el siglo XV. No importa si algo sucede unas décadas antes o después. En la realidad exterior física, que asume la forma de la “gran ilusión”, las cosas aparecen algo “descolocadas”.

El hecho de que la civilización romana pudiera mantenerse en la evolución de la humanidad de la forma que lo hizo, se debió a los sucesos provocados por las migraciones de los pueblos. Si Roma se hubiera desarrollado de tal forma que hubiera surgido un omniabarcante imperio mecanizado, sólo hubiera sido habitable para los seres humanos carentes de yoidad, que se hubieran quedado sobre la Tierra después de que Lucifer hubiera extraído sus almas en el camino de la cultura y el arte griegos. Ustedes ven cómo actúan juntos Ahriman y Lucifer. Lucifer quiere arrebatar las almas de los hombres y fundar con ellas un planeta propio. Ahriman tiene que ayudarle. Mientras Lucifer succiona el zumo del limón, por así decirlo, Ahriman lo exprime, endureciendo de ese modo lo que quede. Esto es lo que trató de hacer con la civilización de Roma. Aquí tenemos un importante proceso cósmico en acción, todo ello debido a la intención y resolución de los poderes luciféricos y ahrimánicos. Como he dicho, estaban decepcionados. Han continuado sin embargo con sus esfuerzos, y nuestra quinta época post-atlante aún tiene que aprender cuán fuertes son estos ataques. Ahora sólo están empezando, pero se harán más y más fuertes. Esta época debe aprender también que la necesidad de comprender estos ataques será cada vez más perentoria. Al comienzo de una época los seres retardados no pueden actuar con fuerza. Aún estamos sólo al comienzo, e incluso aunque se manifestasen sólo posteriormente, los poderes luciféricos y ahrimánicos comenzaron a ejercer sus fuerzas antes del fin de la cuarta época post-atlante.

Para comprender cómo actúan estos poderes durante la quinta época post-atlante, debemos dirigir nuestra atención por un momento a lo que está previsto para el hombre en el curso normal de su evolución. Está legítimamente previsto que dé un paso más hacia delante. El paso dado por la humanidad en la cuarta época post-atlante se reveló en la cultura de los griegos y en el desarrollo político de los romanos, y fue a través de la batalla con Lucifer y Ahriman como se produjo lo que estaba realmente previsto. Estas fuerzas opositoras son siempre de tal naturaleza que encajan en el plan progresivo del mundo. Pertenecen a él y son necesarias como fuerzas opositoras. ¿Pero qué especiales cualidades han de desarrollar los hombres de la quinta época post-atlante, la nuestra?

Sabemos que esta es la época del desarrollo del alma consciente y que, para lograr esto, deben hallarse activas una serie de fuerzas, anímicas y corporales. Primero, es necesaria una clara percepción del mundo sensible. Esta no existía en tiempos anteriores porque, como ustedes saben, había un elemento visionario, imaginativo actuando continuamente en el alma humana. Los griegos aún poseían fantasía pero, como hemos visto, después de que la fantasía y la imaginación se hubieran apoderado de la humanidad, como sucedió con los griegos, se hizo necesario entonces que los hombres desarrollaran la facultad de ver el mundo natural externo sin que lo iluminara una visión tras dicho mundo. No necesitamos imaginar que tal visión ha de ser una visión materialista. Ese punto de vista es en sí mismo una percepción ahrimánicamente pervertida de la realidad sensorial. Como se indicó antes, la observación de la realidad sensorial es una tarea que le incumbe al alma humana en nuestra quinta época post-atlante.

La otra tarea es desarrollar imaginaciones libres al lado de la clara visión de la realidad, en cierto modo, una especie de repetición de la época Egipcio-caldea. Hasta la fecha, la humanidad no ha progresado demasiado en esta tarea. Las imaginaciones libres buscadas a través de la ciencia espiritual significan imaginaciones no como las de la tercera época post-Atlante, sino imaginaciones sin restricciones y sin reducirse a la fantasía. Significa imaginaciones en las que el hombre se mueva tan libremente como lo hace solamente en su intelecto. Esa, entonces, es la otra tarea de esta quinta época. El desarrollo de estas dos facultades conducirá a un correcto desarrollo del alma consciente en nuestra época actual.

Goethe tuvo una maravillosa comprensión de esta clara percepción, que, contraria al punto de vista materialista, describió como su “fenómeno primordial” (Urphänomen). Encontrarán que se ha tratado esto con extensión en las obras de Goethe, y he hablado de ello en mi explicación del fenómeno primordial. La suya es una clara y pura percepción de la realidad y de su fenómeno primordial. Goethe no sólo dio el primer impulso para las percepciones libres de toda visión sino también para las imaginaciones libres[1]. Lo que él nos ha dado en su Fausto, incluso aunque no ha abundado demasiado en la dirección de la ciencia espiritual, y en comparación con la ciencia espiritual es aún más o menos instintivo, es sin embargo el primer impulso hacia una vida imaginativa libre. No es un mero mundo de fantasía, aunque hemos visto cuán profundo es realmente ese mundo de fantasía que se desarrolla en las imaginaciones libres del maravilloso drama Fausto.

Así, en contraposición a este fenómeno primordial, tenemos lo que Goethe llama percepción intelectual típica. Lo encontrarán descrito en detalle en mi libro The Riddle of Man [El Enigma del Hombre (GA 20)]. Este modo de pensamiento debe seguir desarrollándose. Los hombres de la quinta época post-tlante, sin embargo, no deben contemplar meramente la realidad. Deben ser capaces de vivir con la realidad. Deben empezar a trabajar, como Goethe, y, actuando de una manera bastante diferente a la de los físicos materialistas, hacer realmente tal uso de su equipo de laboratorio, que produzca el fenómeno primordial para ellos. Tendrán entonces que concebir alguna forma de introducir el fenómeno primordial en la vida práctica. Como ustedes saben, está en la naturaleza y predomina totalmente en ella. Las intenciones de la humanidad que provengan de las imaginaciones libres tendrán que estar incluidas en este fenómeno primordial de la naturaleza. Por una parte, los hombres tendrán que dirigir su mirada con bastante imparcialidad al mundo exterior para trabajar en él y obtener conocimientos de él. Por otro lado, mediante una poderosa aplicación de sus personalidades, tendrán que ponerlo todo en movimiento interno para encontrar las imaginaciones para la actividad y el conocimiento exteriores. Gradualmente, el alma consciente y su cultura lograrán esta transformación.

Habrá ciertamente unilateralidad en esta época cultural. Eso no hace falta decirlo. Nuestra cognición dirigirá sus esfuerzos solamente hacia el exterior, como en el caso de Bacon, o sólo hacia el interior, como Berkeley. Ya hemos hablado de esto. La vida imaginativa que mana desde el interior no se desarrollará sin todo tipo de influencias perturbadoras. Pero incluso ahora podemos señalar momentos en este desarrollo en que alguien sienta esta vida imaginativa libre brotando en su alma. En estos comienzos no es aún en gran medida libre, pero podemos afirmar cómo un hombre tan significativo como Jacob Boehme, poco después de que comenzase la quinta época post-atlante, sintió cómo estaba tratando de desarrollarse en su alma. Él expresó esto en su obra Aurora, y al leerla podemos sentir cómo actuaba en su interior la vida imaginativa. Debe llegar a ser libre; Boehme aún la siente un poco restringida. No obstante, sabía que era algo creador divino que estaba actuando en él. Así que Boehme estaba, en cierto sentido, en el polo opuesto a Bacon, cuyos esfuerzos siempre dirigían su atención al mundo externo. Jacob Boehme, sin embargo, estaba totalmente absorto en el mundo interior, y describió este mundo maravillosamente en la Aurora:

“Declaro ante Dios, dice porque está hablando de su alma interior, que no sé cómo llegó a sucederme esto”. Se refiere con esto a cómo surgieron las imaginaciones en él. “Sin sentir el impulso de la voluntad, tampoco sé lo que tengo que escribir”.

Así es como Boehme habla del surgimiento de las imaginaciones en sí mismo. Detecta el comienzo de fuerzas que deben crecer y fortalecerse continuamente en los hombres de la quinta época post-Atlante.

“Declaro ante Dios que no sé cómo llegó a sucederme esto. Sin sentir el impulso de la voluntad, tampoco sé lo que tengo que escribir. El espíritu me dicta con un grande y maravilloso conocimiento lo que escribo, así que a menudo no sé si estoy en este mundo con mi espíritu, y me regocijo extremadamente de que este seguro y continuo conocimiento me sea así concedido”.

Boehme describe el influjo del mundo imaginativo. Podemos ver que siente armonía y reposo en su alma, y describe cómo las almas de los hombres, en el progreso normal y correcto de su evolución, permitirán que estas fuerzas interiores se apoderen de ellas, fuerzas interiores que han de fortalecerse en ellos en la quinta época post-Atlante. Pero uno debe tomar posesión de ellas en el puro ser interior del espíritu y evitar de ese modo tortuosos senderos. En el siglo XVII uno tenía que hablar de estas fuerzas de un modo muy parecido a Boehme, que habló como un hombre completa y totalmente entregado a la rectitud divina.

El objetivo completo de la acción de los poderes luciféricos y ahrimánicos en la quinta época post-atlante, en lo relativo tanto a la percepción del fenómeno primordial como al desarrollo de las imaginaciones libres, es entorpecer estas fuerzas para que no surjan en el hombre. Los poderes luciféricos y ahrimánicos actúan durante esta quinta época post-atlante para perturbar a estas fuerzas en el alma humana, para emplearlas con un fin incorrecto, extrayendo así las almas de los hombres de la esfera terrestre para establecer una nueva esfera propia. Muchos factores deben trabajar conjuntamente para perturbar el desarrollo correcto, reposado y lento de estas fuerzas. Noten bien que digo el desarrollo reposado y lento porque el período completo de 2160 años, que comenzó en 1413 DC., debería utilizarse para el desarrollo gradual de las fuerzas que he nombrado, es decir, las imaginaciones libres y el desarrollo gradual del trabajo con el fenómeno primordial. En intervalos –a trompicones, por así decirlo- los seres luciféricos y ahrimánicos arrojan todo el peso de su oposición contra esta correcta evolución. Cuando tenemos en mente que todo está preparado por el mundo más allá de la Tierra mucho antes de que suceda, no nos sorprenderá entonces encontrar que se hacen preparativos para oponer las mayores fuerzas contra la evolución normal de la humanidad.

Ya hemos visto cómo los poderes luciféricos y ahrimánicos vertieron lo que habían desarrollado en los tiempos Atlantes en Grecia y en Roma. Ahora, de una forma alterada, han tratado de repetir estos esfuerzos antes de la llegada de la quinta época post-atlante. No les sorprenderá que afirme, que para esta quinta época, también, había de hallarse presente un poderoso ímpetu portando las secuelas, en un sentido luciférico y ahrimánico, de la Atlántida. Sabemos que las influencias atlantes se extendieron desde una región que fue llamada Atlántida incluso por Platón. Hagamos un diagrama e imaginemos a la Atlántida aquí, entonces a su derecha estaría Europa y Asia, y aquí a la izquierda estaría América. Las antiguas fuerzas atlantes, incluyendo las antiguas fuerzas luciféricas y ahrimánicas, se extendieron desde la Atlántida. Alguna parte de estas fuerzas atlantes, sin embargo, fue contenida, y vino a actuar en nuestra quinta época post-atlante en forma de fuerzas luciféricas y ahrimánicas. Es decir, una parte de las fuerzas del Bien, que estaban en su lugar durante los tiempos atlantes, fueron trasladadas a nuestro propio tiempo para convertirse en fuerzas luciféricas y ahrimánicas. Sólo el centro fue transferido a otra región.

[1] Esta distinción entre la percepción pura libre de imágenes de la memoria y las visiones por un lado, y una imaginación objetiva que comienza con el pensamiento independiente del cerebro por el otro, se desarrolla en Boundaries of Natural Science [Los límites de la Ciencia Natural], Anthroposophic Press, 1983.

La Atlántida, como sabemos, ya no está, y el centro se trasladó a Asia. Deben imaginarlo en el lado opuesto de mi dibujo y deben imaginar también los efectos de la antigua cultura atlante, desplegándose desde ella como una preparación para la quinta época post-Atlante.

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Trataron de luciferizarla y ahrimanizarla. Realmente fueron los descendientes de los antiguos maestros atlantes los que ahora actuaban desde un lugar de Asia. Allí un sacerdote había sido educado para contemplar, para tener una visión tardía, por así decirlo, de lo que los atlantes llamaban el “Gran Espíritu” y recibir sus órdenes. El sacerdote comunicaba estas órdenes a un joven de energía y fuerza extraordinarias quien, en virtud de su autoridad, recibía el nombre de “El Gran Gobernante de la Tierra” por parte de su comunidad. Este joven era Genghis Khan. El Gran Espíritu, a través de su seguidor y a través de ese sacerdote, dio a Genghis Khan la orden de convocar a todos los poderes de Asia para extender la influencia que conduciría a la quinta época post-atlante de una forma luciférica retardataria. Estas fuerzas –que eran mucho más poderosas que las fuerzas establecidas en la cultura griega– se emplearon por completo con este fin. Las imaginaciones libres iban a ser transformadas en antiguas imaginaciones visionarias. Se hicieron todos los esfuerzos por adormecer el alma humana para que soñara en una atenuada experiencia de imaginaciones en vez de una experiencia libre, llena por completo de clara comprensión.

Con la ayuda de las fuerzas especiales que se habían preservado desde la Atlántida, el propósito pretendido era ejercer una influencia en Occidente que volviese “visionaria” su cultura (conducida por imaginaciones espirituales).  Entonces hubiera sido posible separar las almas de los hombres con respecto de la Tierra y formar un nuevo continente, un nuevo cuerpo planetario con ellos. Todo el malestar y las molestias que entraron en la evolución del hombre moderno a través de las invasiones mongolas, todo lo relacionado con ellas que ha seguido actuando en la quinta época post-atlante, todas estas molestias, que fueron preparadas hace mucho, no son nada más que el gran intento que se está realizando desde Asia para provocar una cultura europea visionaria. La apartaría de las condiciones de su desarrollo ulterior y la alejaría totalmente de la vida terrena, igual que Oriente ha experimentado una y otra vez este sentimiento de estar lleno con la visión y el anhelo de separarse de la tierra.

Era necesario algo que contrarrestara esta tendencia. Había de crearse una tendencia opuesta como contrapeso que se moviera en la dirección de la evolución normal de la humanidad. La influencia del sacerdote de Genghis Khan estaba pensada para provocar una especie de liviandad “levitante” en la raza humana que alejaría al hombre de la Tierra. En contraposición a esto, tenía que haber una pesantez correspondiente, proveniente del peso de la Tierra (gravedad); esto lo proporcionó el descubrimiento del mundo occidental. América, con todo lo que conlleva, fue descubierta y de ese modo se dio al hombre la pesantez de la Tierra, el deseo de permanecer en ella. El descubrimiento de América y todo lo relacionado con ella, y la forma en que el hombre vivenciaba su vida en los múltiples nuevos lugares descubiertos sobre la Tierra, todo esto, cuando se contempla en su conjunto completo de relaciones, se muestra como una fuerza de contrapeso a la actividad de Genghis Khan. América tenía que ser descubierta para que el hombre pudiera acercarse más a la Tierra, para que se hiciera cada vez más materialista. El hombre necesitaba peso y fuerza de gravedad para contrarrestar la espiritualización, que era el objetivo de los descendientes del “Gran Espíritu”.

Junto a este proceso regular a través del cual se extendió el campo de acción de la vida humana hasta el continente americano, encontramos las otras fuerzas, los poderes ahrimánicos del “Gran Espíritu”, interviniendo de nuevo. Una influencia vino de América a Europa, y otra vino desde Asia para impregnar América. Así, se desarrollaron las fuerzas regulares (progresivas) por medio del descubrimiento de América, a la vez que se desarrollaron poderosos ataques ahrimánicos. Al principio actuaban con menor fuerza, pero seguirán actuando en nuestro tiempo y en el futuro. Debemos aprender a reconocer estas fuerzas ahrimánicas.

Lo que Roma había logrado con la Iglesia y el estado eclesial fue aprovechado por las influencias ahrimánicas. Mientras que es comparativamente fácil ver cómo las influencias luciféricas actuaron sobre Genghis Khan –tenemos el conocimiento exacto del hecho de que un sacerdote fue iniciado por el seguidor del “Gran Espíritu”– es mucho más difícil decir cómo actuaba el espíritu ahrimánico. Esto es porque la influencia ahrimánica es dispersa y aislada. Pero sólo necesitan estudiar cómo España, tan estrictamente católica y romana como lo fue, se quedó fascinada por todos los tesoros de oro que se descubrieron en América. ¡Qué dominación tenía sobre ella! Pueden observar lo fuerte que aún era la acción espectral del antiguo romanismo en un gobernante como Fernando de Aragón (y Castilla) o Carlos V, el gobernante del reino sobre el que “el sol nunca se ponía”. Estudien la reacción de Europa al descubrimiento y apertura gradual de América y verán qué tentaciones vinieron de aquella dirección. Tomada en su conjunto, constituye una historia de tentación entrelazada con una historia que sigue un curso regular.

Por favor no vayan por ahí diciendo que he presentado el descubrimiento de América como un acto ahrimánico. En realidad, he dicho lo contrario. He dicho que América tenía que ser descubierta y que ese acontecimiento era necesario para el progreso del mundo. Sin embargo, entraron las fuerzas ahrimánicas, y se establecieron en violenta oposición a lo que estaba sucediendo con bastante legitimidad en el curso normal del progreso evolutivo. Las cosas no son tan simples como para que podamos decir, “Ahí está Lucifer, y ahí está Ahriman; actúan y se comportan de tal y cual manera, y se dividen el mundo entre ellos”. De ningún modo las cosas son tan simples como eso.

Encontramos, por tanto, muchas fuerzas actuando en conjunto cuando nos disponemos a escucharlas en su campo de acción tras el plano físico. Estas fuerzas se apoderan de otras. Tratan de apoderarse de las fuerzas que han continuado en el hombre desde la cuarta época post-atlante para distorsionarlas y hacer que sirvan a sus propósitos. Consideren a un hombre como Maquiavelo. Encontrarán en él, el símbolo para la politización del pensamiento que comienza en el Renacimiento. Él es una auténtica revelación de todo el proceso. Fue un extraordinario y poderoso espíritu pero que, bajo el ataque de las fuerzas que he mencionado, da vida de nuevo a toda la actitud de pensamiento y mentalidad que tiene su origen en la Roma pagana de los tiempos antiguos. Obtendrán una verdadera imagen de Maquiavelo cuando estudien la historia de su tiempo y le vean, no como una simple personalidad, sino como la extraordinaria expresión de muchos que piensan del mismo modo. En él pueden observar estas fuerzas tratando de arremeter con toda velocidad, ayudándose de fuerzas atávicas –es decir luciféricas– que se han dejado atrás. Si las cosas hubieran ido como pretendió Maquiavelo, toda Europa se hubiera convertido en una máquina política. Oponiéndose al violento ataque de tales fuerzas se hayan aquellas que actúan en la dirección correcta (regular). En contraste a una figura como Maquiavelo, que fue puramente político y transformó todo el pensamiento del hombre en pensamiento político, podemos situar a otra gran figura, Tomás de Kempis, que también fue contemporáneo de Maquiavelo. Él permanece por completo en la corriente de “la lenta y gradual evolución”, actuando lenta y gradualmente. Fue cualquier cosa excepto un político.

 

Así podemos seguir las diversas corrientes en la historia. Encontraremos corrientes de evolución regular, y encontraremos también corrientes que fluyen desde tiempos remotos y son utilizadas por las fuerzas de las que les he hablado. Muchas fuerzas actúan juntas en la historia y es importante observar y estudiar sus relaciones. Un hombre como Jacob Boehme sintió surgir en su interior imaginaciones libres. Podemos decir de él que se fortificó contra los ataques de Lucifer y Ahriman por medio del carácter completo de su vida anímica y logró seguir el sendero recto de la evolución sin estorbos.

 

Al este de Europa, sin embargo, en toda la cultura del este, encontramos un incontable número de personas que sufren enormemente bajo la inquietante influencia de Lucifer. Su influencia es, como sabemos, alejar más y más al hombre de la Tierra, extraerle justo de su cuerpo físico para que caiga perpetuamente en un estado en que se convierte en poco más que una imagen de sí mismo y que todo sea alma. Esa es la tendencia que se ha introducido en Europa Oriental.

A Occidente se le dio el sentimiento de ser alejado en la otra dirección. El mundo imaginativo fue descendido al pesado cuerpo físico, de tal modo que lo que legítimamente debería ser una imaginación libre actuando meramente en el alma se convierte, en vez de ello, en algo que conduce al alma hacia el organismo, provocando de este modo que el organismo también viva con las imaginaciones. A duras penas encontrarán una descripción más elocuente de lo que quiero decir, que las palabras de Alfred de Musset en las que trata de darnos una imagen de la condición de su alma. De Musset es alguien que siente la presencia de la vida imaginativa en sí, pero también siente el ataque sobre su vida imaginativa, que pretende descenderla hacia la naturaleza corporal. Esta vida imaginativa, que no pertenece a la naturaleza corporal sino que debiera desarrollarse libremente, suspendida en el alma y existiendo únicamente como algo anímico, es poseída por la gravedad terrestre y por lo que pertenece al cuerpo. En su libro, Elle et Lui, que fue inducido a escribir a partir de su relación con Georges Sand, encontrarán una magnífica descripción de su vida anímica. Me gustaría citar aquí un pasaje que servirá para mostrarles cómo se siente al estar situado dentro de una vida imaginativa que es escenario de conflicto y disputa. Dice: “La creación me perturba y me desconcierta; me hace temblar. La ejecución, siempre demasiado lenta para mi gusto, mi corazón comienza a latir salvajemente. Llorando, y conteniéndome con dificultad para no gritar, doy nacimiento a una idea. En el momento de su nacimiento me intoxica, pero a la mañana siguiente me llena de aversión. Si trato de modificarla y cambiarla, sólo empeora y se me escapa completamente. Sería mejor para mí olvidarla y esperar otra. Pero ahora me viene otra con tal desconcierto y con unas dimensiones tan insondables que mi pobre ser no puede captarla. Me aplasta, me tortura, hasta que puede realizarse. Entonces vienen los otros sufrimientos, la agonía del parto, dolores realmente físicos que soy bastante incapaz de definir. Así es mi vida cuando me dejo gobernar por este gigantesco artista que hay en mí… “

Noten el contraste con Boehme, que siente a Dios en él. Con Musset es un “gigantesco artista“.”Sería mejor que viviera como he decidido, cometiendo excesos de todo tipo para matar a este gusano roedor, que otros modestamente llaman inspiración y que yo a menudo llamo abiertamente enfermedad…”

Casi cada sentencia de esta cita se puede relacionar con una sentencia de nuestra cita de Boehme. ¡Qué singularmente representativo! Recuerden lo que acabo de decir, que la evolución regular busca progresar lentamente. Tendremos más que decir sobre esto mañana. Aquí, como lo describe de Musset, se trata de una carga salvaje; no puede ser lo bastante rápida. La imagen que nos da mientras se estudia a sí mismo es maravillosa. “La creación me perturba y me desconcierta; me hace temblar”, dice, porque esto irá más y más rápido y se lanza al asalto sobre él desde el lado ahrimánico, dificultando lo que aún trata de progresar lentamente.

“La ejecución, siempre demasiado lenta para mi gusto, mi corazón comienza a latir salvajemente”. Aquí tienen la psicología completa del hombre que quiere vivir en imaginaciones libres y está angustiado y desconcertado por el ataque de las fuerzas ahrimánicas.

“Llorando, y conteniéndome con dificultad para no gritar…” ¡Piensen en ello! Las imaginaciones actúan tan físicamente en él que se siente a punto de gritar cuando encuentran expresión en él.

“Doy nacimiento a una idea. En el momento de su nacimiento me intoxica, pero a la mañana siguiente me llena de aversión”. ¡Esto es porque proviene de su organismo y no de su alma!

“Si trato de modificarla y cambiarla, sólo empeora y se me escapa completamente. Sería mejor para mí olvidarla y esperar otra”. Aquí quiere ir constantemente más y más rápido, más rápido de lo que la evolución normal puede ir.

“Pero ahora me viene otra con tal desconcierto y con unas dimensiones tan insondables que mi pobre ser no puede captarla. Me aplasta, me tortura, hasta que puede realizarse. Entonces vienen los otros sufrimientos, la agonía del parto, dolores realmente físicos que soy bastante incapaz de definir.” Entonces, cuando contempla a este gigantesco artista que actúa en su interior, dice que mejor debería seguir la vida que se ha marcado para sí mismo; es decir, no tener nada que ver con todo este mundo imaginativo, porque dice que es una enfermedad.

Ahora contrástenlo con la frase de Jacob Boehme, “Declaro ante Dios que no sé cómo llegó a sucederme esto”. Aquí tienen una expresión de gozo y éxtasis. Por otra parte, se puede escuchar confusión y desconcierto en las palabras de de Musset, “La creación me perturba y me desconcierta; me hace temblar. La ejecución, siempre demasiado lenta para mi gusto, mi corazón comienza a latir salvajemente”.

Con Boehme todo procede del alma, y cuando quiere escribir, no se siente como si un gigantesco artista, que le hace infeliz, le estuviera dictando, sino que le dicta un espíritu. Se siente transportado al mundo donde el espíritu le dicta. Está en ese mundo y es supremamente feliz de estar allí porque se le da una corriente continua de conocimiento, que fluye lenta y continuadamente. Boehme se siente inclinado a recibir esta lenta corriente de conocimiento. No la encuentra demasiado lenta porque no está abrumado por el rápido ataque de la fuerza que les he descrito. Todo lo contrario, está protegido de ella.

Si el tiempo lo permitiera, podríamos presentar muchos más ejemplos de las formas en que los seres humanos individuales están situados en el proceso del mundo. Los ejemplos que he elegido son de aquellos, cuyos nombres se han preservado en la historia pero, en cierto sentido, toda la humanidad está sujeta a estas mismas condiciones de una forma u otra. He escogido estos ejemplos en particular sólo para expresar lo que está ampliamente extendido realmente, y tomando casos especiales he sido capaz de proporcionarles una descripción de ello en palabras. Si trataran de hacer un estudio de lo que hemos estado diciendo, serían capaces de comprender mucho de lo que ha surgido en el curso de la evolución.

Sería bastante posible, en relación con esto, estudiar muchos otros fenómenos de la vida. Si, no obstante, nos limitamos hoy a la vida espiritual, y además a aquella región especial de la vida espiritual que comprende el conocimiento y la cognición, seremos capaces de encontrar en él cualidades que son características del hombre moderno, y cuyo reconocimiento hará comprensibles muchas cosas de la vida. Ya que no es posible decir mucho sobre la vida externa actual, debido a los prejuicios existentes y porque las almas de los hombres se hayan tan profundamente vinculadas con las condiciones de los tiempos en que viven, comprenderán fácilmente que sólo podemos hablar de una forma limitada sobre las cosas que portan su influencia hasta el presente inmediato. No puede ser de otra forma, como les he aclarado frecuentemente. Me gustaría, sin embargo, indicar ciertos fenómenos de nuestro tiempo que están pensados para levantar pasiones y emociones en menor medida. Déjenme describirles algunos fenómenos, que seleccionaré de la vida cognitiva y del sentimiento. Creo que hallarán que tales subyacen a todo lo que he estado diciendo sobre las fuerzas que actúan durante la quinta época post-atlante. Consideraremos primero estos fenómenos de una forma puramente histórica para después contemplar su relación con estas fuerzas.

Tomemos primero un fenómeno en el que todos necesariamente sentimos el más profundo interés. La clase de comprensión que los hombres tienen de la Naturaleza y el Ser de Cristo es de gran importancia, y así seleccionaremos ejemplos de varios tipos de comprensión que están al “alcance de nuestra mano”. Primero de todo tenemos un ejemplo moderno en La Vida de Jesús, de Ernest Renan, que apareció en el siglo XIX y pasó rápidamente por muchas ediciones. Creo que la vigésima edición apareció en 1900, tras su muerte. Después tenemos La Vida de Jesús, que en realidad no es la vida de Jesús en absoluto, de David Friedrich Strauss. Después tenemos –no podemos decir que sea una vida de Jesús- viniendo del este de Europa una visión y concepción de Cristo de una profunda importancia. No es una vida de Jesús sino una comprensión del Cristo que culmina en lo que Soloviev escribió sobre Él y sobre Su aportación en la evolución de la Tierra. Qué importantes son estas tres expresiones de la vida espiritual del siglo XIX: La Vida de Jesús de Renan, La Vida de Jesús de Strauss, que en realidad no es la vida de Jesús en absoluto y pronto oiremos por qué, y la concepción de Soloviev del significado del suceso de Cristo en la evolución de la Tierra, pues es cierto, en cualquier caso, decir que toda su obra culmina en la idea del Cristo.

¿Cuál es la premisa fundamental de la descripción de Renan sobre la vida de Jesús? Si quieren apreciar correctamente el libro de Renan, comprenderlo como un documento de su tiempo, entonces deben compararlo con las presentaciones anteriores de la vida de Jesús. No necesitan leer solamente los relatos literarios de Su vida; también pueden contemplar las pinturas de los artistas. Encontrarán que la representación de la vida de Jesús siempre toma el mismo camino. En los primeros siglos del cristianismo romano, no sólo se asumió desde el Este el Cristianismo sino también la forma en que se representaba a Jesús. El arte griego de representación pictórica estaba en occidente, como sabemos, pero la habilidad de representar al Cristo permaneció en oriente. El rostro de Jesús característico del arte bizantino se encontraba repetidamente en occidente hasta que, en el siglo XIII, comenzaron a surgir impulsos e ideas nacionales, esas ideas e impulsos nacionales que posteriormente se desarrollaron de la manera que he indicado en estas últimas conferencias.

Debido al impulso nacional, surgió un cambio gradual en el tradicional rostro estereotipado de Jesús, que se había retratado durante tanto tiempo. Cada una de las diversas naciones se apropió del tipo de Jesús y le representó a su manera, y así debemos reconocer muchos impulsos diferentes en acción en las diferentes representaciones. Estudien, por ejemplo, la cabeza de Jesús según la pintaron Guido Reni, Murillo y Lebrun, y verán cuán notablemente se infiltra el punto de vista nacional. Estos son sólo tres ejemplos que se podrían escoger. En cada caso hay un fuerte deseo de representar a Jesús de una manera nacional. Uno tiene la impresión de que en las pinturas de Guido Reni, en mayor grado que en sus predecesores, podemos detectar el tipo italiano en el rostro de Jesús; de manera similar, en las representaciones de Murillo, el tipo español; en las de Lebrun, el tipo francés. Los tres pintores muestran evidencias también de la actuación de la tradición eclesial; detrás de cada una de sus pinturas está el poder de la Iglesia.

Por el contrario, encontrarán una resistencia al amplio alcance del poder de la Iglesia, que reconocemos en el arte de Murillo, Lebrun y Reni, en las obras de Rubens, van Dyck y Rembrandt, una resistencia a ese poder y un trabajo en libertad a partir de su propia y pura humanidad. Al considerar el arte en relación a sus representaciones del rostro de Jesús, tienen ustedes aquí una rebelión artística directa. Verán ahora que no hay descanso aún en esta progresión de la representación de Jesús porque las fuerzas que actúan en el mundo también actúan justo en este dominio. Podemos ver cómo el aliento del Romanismo flota sobre las obras de Lebrun, Murillo y Reni, mentalizados todos ellos nacionalmente, y cómo en Rubens, van Dyck y especialmente en Rembrandt, la oposición al Romanismo llega a una expresión clarísima en sus pinturas de los rostros, no sólo de Jesús sino de cualquier otro personaje bíblico. Así vemos cómo todas las actividades espirituales del hombre toman forma gradualmente a lo largo de los diversos impulsos que se hacen sentir en la evolución humana.

De manera similar, encontrarán que con los tiempos la pintura y el arte representativo han dado lugar a la palabra, pues desde el siglo XVI la palabra ha tenido la misma importancia en tales asuntos, como la tuvo la representación pictórica en tiempos anteriores, encontrarán que la figura de Jesús, del Cristo, está de nuevo cambiando continuamente. Nunca es fija y constante sino que siempre se concibe de acuerdo a cómo afluyen las diversas inspiraciones a los escritores. Permaneciendo ante nosotros como los últimos productos, digamos, tenemos el Jesús de Renan, el Jesús de Strauss, que no es ningún Jesús, y el Cristo de Soloviev. Estos son los últimos productos, ¡y qué enormemente diferentes son!

El Jesús de Renan es por entero un Jesús que, como hombre, vive en la tierra de Palestina como una figura histórica humana. Palestina es maravillosamente representada. Con la ayuda de lo mejor de la sabiduría moderna se describe de tal forma que uno tiene ante sí el paisaje palestino completo con su gente. Vagando por este paisaje presentado tan realistamente, y entre sus gentes, se haya la figura de Jesús. Se trata de explicar esta figura de Jesús sobre la base de este paisaje y sus habitantes; explicar cómo crece y se hace hombre, y explicar cómo fue posible que surgiera un hombre así en esta tierra. El extraordinario carácter de la descripción de Renan sólo se revelará cuando se compare con relatos y representaciones anteriores. Estos últimos toman el curso interior de los sucesos descritos en los Evangelios y los sitúan en un paisaje que en realidad no está en ningún lugar en particular. Los hechos tal y como se describen en los Evangelios son simplemente relatados una y otra vez y el entorno en el que sucedieron se ignora completamente. Se representa de tal forma que podrían desarrollarse en cualquier lugar.

Renan, sin embargo, trabaja para retratar la Tierra Santa de una manera realista y detallada, de forma que Jesús se convierte en un verdadero palestino en esta Tierra Santa. Jesucristo, que debería pertenecer a toda la humanidad, se convierte en un Jesús que vive y camina por Palestina como una figura histórica, que debe comprenderse en relación con la Palestina de los años 1 a 33 DC., es decir, comprenderse desde las costumbres, puntos de vista, opiniones y entorno del país, una descripción correcta, adecuada y realista. Por una vez, Jesús iba a ser mostrado como una personalidad histórica e iba a ser descrito como cualquier otro personaje de la historia. Para Renan, no hubiera tenido sentido retratar a un Sócrates abstracto que podría haber vivido en cualquier lugar, en cualquier tiempo, y tampoco hubiera tenido sentido igualmente, retratar a un Jesús abstracto que pudiera haber vivido en cualquier lugar de la Tierra. En completa concordancia con la ciencia del siglo XIX, se propone representar a Jesús como una figura histórica que vivió entre los años 1 y 33 de nuestra era, y lo hizo de una forma enteramente comprensible según las condiciones prevalecientes en la Palestina de aquel tiempo. Jesús vivió del año 1 al 33 de nuestra era. Murió en el año 33, igual que cualquier otro hombre podría haber muerto en este o en cualquier otro año. Si Él sigue actuando en el mundo, es de la misma forma que cualquiera otra persona muerta podría haber seguido actuando. Encajado completamente en el punto de vista moderno, Jesús fue una personalidad histórica justificada por el entorno en que Él vivió. Eso es lo que Ernest Renan nos da en su Vida de Jesús.

Ahora dirijámonos a la Vida de Jesús que en realidad no es la vida de Jesús, de David Friedrich Strauss. He dicho que no es la vida de Jesús. Strauss también trabaja como un hombre altamente erudito y sabio. Cuando se dispone a investigar algo, lo hace con una profundidad afín a la de Renan en su dominio. Strauss, sin embargo, no dirige su atención al Jesús histórico. Para él,  sólo es una figura a la que atribuye algo muy diferente. Así, Strauss investiga todo lo que se dijo de Jesús en la medida en que Él fue el Cristo. Examina lo que se dijo sobre Su milagrosa entrada en el mundo. Su maravilloso y milagroso desarrollo, Su expresión de grandes y especiales enseñanzas, y cómo sobrellevó el sufrimiento, la muerte y la resurrección. Estos son los relatos de los Evangelios que Strauss seleccionó para su investigación.

Naturalmente, Renan, también, utilizó los Evangelios pero los redujo a lo que él, desde su detallado y exacto conocimiento de Palestina, pudo concebir de la vida de Jesús. Este acercamiento no tiene interés alguno para Strauss. Él mismo dice que los Evangelios relatan esto o aquello que concierne a Cristo, que vivió en Jesús. Entonces se pone a investigar el grado en el cual lo que se relata de Cristo también vivió como mito en otras partes del mundo, por ejemplo, cómo se puede encontrar la historia del nacimiento milagroso y del desarrollo de Jesucristo en varios otros mitos folclóricos, así como el Misterio del Gólgota, que ahora se refiere a un Dios y después a otro. Así, Strauss ve en la figura del Jesús histórico solamente la oportunidad de concentrar la actividad formadora de mitos de la humanidad en una personalidad. Jesús no le importa en absoluto. El único valor que Él tiene para Strauss es que los mitos,  distribuidos por todo el mundo, están concentrados en este único hombre, Jesús. “Cuelgan” todos de Él, como si dijéramos. Estos mitos, sin embargo, surgen todos de un impulso común. Todos ellos dan testimonio del poder formador de mitos que vive en la humanidad. ¿De dónde surge este poder formador de mitos?

Según lo ve Strauss, en el curso del desarrollo terreno de la humanidad, desde los tiempos de los primeros comienzos de la Tierra hasta su final, la humanidad tiene, y siempre tendrá, un poder más elevado que el poder meramente externo que se desarrolla sobre el plano físico. Un poder que discurre justamente a través de la humanidad que siempre se dirigirá a lo supraterrenal; este elemento supraterrenal encuentra su expresión en los mitos. Sabemos que el hombre porta algo suprasensible en sí que busca encontrar expresión en el mito, ya que no puede expresarse en la ciencia física externa. Así, Strauss no ve a Jesús en el individuo, sino más bien al Cristo en todos los hombres, el Cristo que ha vivido en todos los hombres y a través de todos ellos desde su comienzo, y que ha provocado que se cuenten mitos de Él. En el caso de Jesús se trata únicamente de que Su personalidad da ocasión para que el poder formador de mitos se desarrolle con extremada fuerza y energía. Se halla concentrado en Él. Strauss, por tanto, habla de un Jesús que en realidad no es Jesús, sino que fija sobre Él la fuerza espiritual del Cristo que habita en el conjunto de la humanidad. Para Strauss, la humanidad misma es el Cristo, y Él siempre actuó y actuará antes y después de Jesús. La verdadera encarnación del Cristo no es el individuo Jesús, sino toda la humanidad. Jesús es sólo el representante supremo de Cristo en la humanidad.

Lo principal en todo esto no es Jesús como figura histórica, sino una humanidad abstracta. Cristo se ha convertido en una idea, que encarna en la humanidad y a través de toda ella. ¡Esa es la clase de pensamiento altamente refinado que un hombre del siglo XIX es capaz de concebir! El elemento vital en la idea se ha convertido en el Cristo. Se concibe enteramente como una idea y Jesús es pasado por alto. Esta es una vida de Jesús que no es más que un registro del hecho de que la idea, lo divino, encarna continuamente en toda la humanidad. Cristo es reducido a una idea, es pensado meramente como una idea.

Hasta aquí en cuanto a la segunda vida de Jesús, La Vida de Jesús según David Friedrich Strauss. Así que tenemos La Vida de Jesús de Ernest Renan, que establece la figura histórica de Jesús entre los individuos que Le rodean así como por Sí mismo. Después tenemos en el libro de Strauss la “idea del Cristo”, que discurre a través de toda la humanidad. En esta forma altamente refinada, sin embargo, continúa siendo una mera abstracción.

Cuando llegamos a Soloviev, observen, ya no es Jesús, sino sólo el Cristo. No obstante, es el Cristo concebido como viviente. No actuando en los hombres como una idea, con la consecuencia de que su poder se transforme en él en un mito, sino más bien actuando como un Ser viviente que no tiene cuerpo, está siempre presente entre los hombres y es, en efecto, positivamente responsable de la organización externa de la vida humana, el Fundador del orden social. Cristo, que está siempre presente; un Ser viviente que nunca hubiera necesitado un Jesús para venir entre los hombres. Naturalmente, no encontrarán esto expresado tan radicalmente en Soloviev, pero eso no tiene importancia. Es el Cristo como tal el que está siempre en segundo plano, el Cristo, además, como el Viviente que sólo puede comprenderse a nivel imaginativo, pero por estos medios puede comprenderse verdaderamente como un Ser suprasensible real y verdadero que actúa en la Tierra.

Ahí tienen tres figuras. El mismo Ser viene a nuestro encuentro en el siglo XIX en una descripción triformada. La Vida de Jesús de Ernest Renan, completamente realista; historia realista a fortiori; Jesús como figura histórica; un libro escrito con toda la sabiduría del siglo XIX. Después llegó David Friedrich Strauss con esa idea de la humanidad, actuando, atravesando toda la humanidad, pero permaneciendo como una idea, nunca despertando a la vida. Y en último lugar, el Cristo de Soloviev; poder viviente, sabiduría viva, completamente espiritual.

Una vida realista de Jesús según Renan; una vida idealista de Jesús según Strauss que también es una presentación idealista del impulso de Cristo; una presentación espiritual del Impulso de Cristo según Soloviev.

Hoy, quiero situar ante ustedes, una al lado de la otra, como tres expresiones de la vida moderna, estas tres formas de conocer la figura de Jesucristo. Mañana veremos cómo ocupan su lugar entre los diversos impulsos que hemos reconocido actuando en la humanidad.

 

Traductor desconocido (A la espera de que se ponga en contacto y poder pedir permiso y dar su autoría)

 

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GA171c1. Los efectos de Grecia y Roma en nuestro tiempo

Rudolf Steiner — Dornach, 16 de septiembre de 1916

English version

Durante los próximos días trataré de proseguir el estudio efectuado sobre la relación del hombre con el Universo. Quiero conducirles hoy a un dominio nuevo y más genérico, y hablarles de las fuerzas que se encuentran operativas en la evolución humana, especialmente aquellas que están actuando en el desarrollo de nuestra propia época. Primero, sin embargo, debo comenzar con una introducción histórica que concordará, por supuesto, con los puntos de vista presentados en la Ciencia Espiritual. Como ustedes saben, hemos recalcado a menudo el grado hasta el cual, el método convencional de observar la corriente de la evolución histórica no es más que una “fábula convenida”, demostrando que solamente desde la observación científico espiritual se puede arrojar luz, también sobre esta evolución histórica.

Como ustedes conocen bien, cuando estudiamos la evolución en sus principales características, hemos de considerar siempre entre los procesos activos en el presente, ciertos elementos que permanecen anclados al pasado. Como habrán observado en recientes ciclos, los denominamos luciféricos o ahrimánicos, dependiendo de su naturaleza. Así, nuestro estudio sólo nos conducirá a la plena comprensión cuando tengamos en cuenta lo que progresa de una forma regular, y también lo que queda del pasado.

Hoy me gustaría dirigir de nuevo su atención a la época Grecolatina, la cuarta época cultural post-Atlante de la civilización y presentarles ciertas cosas que pueden abrirles el camino hacia una comprensión de cómo esta época precedente actúa en nuestra propia época. Así podremos percibir cómo las fuerzas de aquella época aún se encuentran activas. Esto nos ayudará a entender cómo el hombre, estando en la mitad de la evolución presente, puede encontrar su camino a través de las diversas influencias que están actuando. Sólo cuando encuentre su camino, y se halle en la posición de saber cómo conducirse correctamente en cada momento de su vida,  merecerá ser llamado hombre.

En lo que respecta a los hechos verdaderos y concretos, me sitúo hoy, por supuesto, en una extraña posición por la posibilidad de confusión, y, como hemos experimentado frecuentemente, por las maniobras deliberadas de confusión. En los últimos tres meses he sido considerado un rabioso germanófilo por un grupo de personas, mientras que otras dicen que no tengo ninguna comprensión de la naturaleza alemana y sólo soy capaz de comprender el mundo clásico, el único mundo cuyas fuerzas siento en mi interior. Por consiguiente, no se sorprenderán de ver que soy bastante consciente de que pueda haber algunas dificultades para comprenderme. Sin importar cómo pueda recibirse, procedo a expresar mi convicción sobre que es la verdad.

Hoy, pues, dirigiremos nuestra atención a la época grecolatina, que brilla en todo lo que ha encontrado su camino desde Grecia y Roma hasta el presente. Tratemos de imaginarnos lo que el mundo griego significa para nosotros. Muchas almas apasionadas sienten un anhelo por este mundo, que ha sido objeto del profundo estudio de numerosas mentes distinguidas. En realidad, todos saben algo de este mundo, ya sea a partir de la historia o de los muchos restos de la cultura griega. Sabemos, por un lado, algo de Grecia por los libros de historia, en la que están registrados los hechos de los griegos y sus organizaciones sociales. Tales descripciones comienzan a menudo con la guerra de Troya y prosiguen después hasta las guerras Médicas, guerra del Peloponeso, etc., conduciendo finalmente a la conquista de Grecia por los romanos.

Toda esa historia constituye, sin embargo, solamente un capítulo del gran libro mundial de la historia que nos habla de la Grecia de la que tan a menudo he hablado. Otro capítulo incluye los poemas de Homero, los trabajos poéticos de Eurípides, Sófocles y Esquilo en la medida en que han llegado hasta nosotros, las canciones del gran Píndaro, nuestros recuerdos del gran arte de Grecia, y lo que queda de la filosofía griega. Ese es el otro capítulo, que habla sobre un tesoro infinito de experiencias, de sentimientos, de puntos de vista e ideas relativas a la estructura del mundo. Y atravesando todo esto, como una luz brillando sobre todo ello, están los mitos griegos, aquellas sagas divinas que expresan tan maravillosamente en imágenes lo que los griegos eran capaces de percibir de los secretos del cosmos. Y también nos ha llegado algo de los Misterios griegos que pertenecen ciertamente a este otro capítulo de la historia griega. Aquí, cualquiera que quiera elevar su alma a la esfera espiritual encontrará mucho más para interesarle que lo que encontrará en el primer capítulo. Hoy, cuando nos preguntamos qué significan los griegos para nosotros, debemos prestar mucha más atención a este capítulo que al primero, que sólo puede proporcionar información de los hechos pasados por los que los héroes se hicieron famosos, pero pocos de estos vestigios son de verdadera importancia para el alma en la actualidad. Los contenidos del segundo capítulo, sin embargo, pueden hacerse vivos para nosotros, si entramos de buena gana en aquel elemento entusiasta y creativo de los griegos. Esta es la parte de la época greco-latina que podemos situar ante nuestra alma.

Entonces comenzamos a ver cómo Grecia se mueve rápidamente hacia su plena maduración en las esferas espirituales. Es una experiencia maravillosa seguir esto en detalle. Tomemos la filosofía griega, ese extracto de la vida espiritual de Grecia. Vea cómo se desarrolla a partir de los grandes filósofos de lo que Nietzsche llamó “La Edad Trágica” —Thales, Heráclito, Parménides, Anaximandro, Anaxágoras — hasta Sócrates, que anunció una nueva era, y finalmente a Platón, maravilloso camino a los ideales espirituales y puntos de vista del mundo de las ideas. Luego llegamos a Aristóteles, que formo las ideas más comprensivas y penetrantes con tanta fuerza que, siglos después, los hombres que tuvieron que repensar su pensamiento después de él se ven incapaces de hacer un uso pleno y justo de sus ideas. Sabemos que Goethe más tarde cambió la frase “Entelequia de Fausto”, en la última escena de Fausto, por “la parte inmortal de Fausto”. La idea aristotélica original encontrada en “entelequia” expresa de una manera mucho más íntima que “parte inmortal” el elemento del alma del hombre que pasa por la puerta de la muerte. “Parte inmortal” es una expresión negativa mientras que “entelequia” es positiva. Goethe, sin embargo, comprendiendo que la “entelequia” no daría una idea clara de lo que significaba, más tarde lo cambió al término más común de “parte inmortal”. Sin embargo, tenía una idea de la profundidad de la idea de entelequia. Aún no hemos terminado con esto y con ideas similares de los griegos. Las elaboraran de una manera verdaderamente plástica, sacándolos de la realidad, pero los hombres de la quinta época post-atlante, y también la Edad Media, tuvieron suficiente para intentar comprender las ideas más toscas de la realidad material exterior. Esas ideas más refinadas, que según Aristóteles unen la realidad material externa con la realidad espiritual, estaban algo más allá de su alcance.

Así vemos desplegarse en la vida y cultura griegas algo hermoso, maravilloso. Según continuó progresando esta cultura, en parte madurando en exceso, fue conquistada, en un sentido externo, por Roma. ¡Un extraordinario proceso, esta supuesta conquista de Grecia por Roma! En estas dos corrientes de civilización tenemos lo que constituye la cuarta época post-Atlante. Una comprensión de las mismas puede arrojar luz de una manera externa, exotérica sobre lo que obra y entreteje interiormente durante esta época. Externamente, Grecia fue sometida a Roma de tal forma que la crónica de su relación conforma un capítulo maravillosamente interesante de la historia del mundo.

Miremos ahora hacia Roma, que se haya en una relación con nuestra época actual distinta a la de Grecia. Muchas almas entre nosotros están buscando el mundo griego. Pero debemos buscarlo. Debemos extraerlo de las grises profundidades del espíritu, por así decirlo. No sucede eso con Roma, que sobrevive en el presente europeo con una fuerza mucho más viva de lo que normalmente se cree. Recordemos, por ejemplo, durante cuánto tiempo el pensamiento completo de los pueblos de la civilización y cultura europeas, y de aquellos pueblos que vivieron con ella, se expresó en latín. ¡Qué gran importancia tiene aún el latín, este “romanismo cristalizado”, para aquellos que tienen que prepararse para ocupar puestos destacados en la vida! ¡Cuántas de las ideas y conceptos que formamos en nuestras almas están tomados del mundo Romano! Hasta cierto punto aún pensamos como los romanos. Casi todo el pensamiento legal, y gran parte de nuestros conceptos e ideas en otros ámbitos, se transmiten de esta forma. Aquellos que se preparan para puestos destacados tienen, en el curso de su educación, que absorber junto con el latín, toda una plétora de sentimientos e ideas pertenecientes a la época romana. El resultado es que hoy nuestra vida pública se haya impregnada por doquier de conceptos e ideas que surgen de Roma. Poca gente se da cuenta de hasta qué grado esto es cierto.

El campesino podrá refunfuñar contra toda esta influencia latina pero él, también, la acepta al final. Después de todo, permite que se le diga la Misa en latín. Esta influencia latino-romana es, como si dijéramos, inyectada en la sangre de aquellos que están preparándose para asumir puestos destacados, y así el pensamiento de las clases superiores europeas que están involucradas en la historia, política, ley y gobierno, está impregnado en un alto grado por Roma. Esto es cierto no sólo en los nombres y términos utilizados, sino también en el método y carácter. Así que ustedes ven que un europeo está en una relación diferente con la corriente romana, la otra corriente de la cuarta época post-Atlante, que con la primera, la corriente griega.

Situemos ahora a la antigua Roma al lado de la antigua Grecia, que es lo que debemos hacer si realmente queremos comprender las cosas correctamente. Puestas una al lado de la otra, difícilmente podemos encontrar entre los factores de la evolución reciente (estoy tomando Grecia y Roma como pertenecientes a los tiempos modernos) un mayor contraste en la esfera espiritual. Cuando miramos a Grecia desde una cierta distancia en el tiempo, nos parece sumergida en la fantasía, el arte y la filosofía, radiante en sus formas y significado interno, elocuente en su alma y espíritu. Roma, por el contrario, no tuvo nada en su naturaleza de lo que es tan profundamente característico de Grecia. Los romanos fueron un pueblo desprovisto de fantasía. A diferencia de los griegos, sus almas no estuvieron impregnadas en una profunda comprensión de la naturaleza directamente cósmica de la vida humana. A pesar del hecho de que los griegos tenían esclavos, como civilización la vida griega se revela como una civilización de excepcional libertad. Después vemos esta vida griega maravillosamente libre ser sometida a Roma, una civilización profundamente desprovista de fantasía e imaginación en cualquier esfera de la cultura: legislativa, militar y política. Si se hablara desde el Conocimiento y no desde la carencia del mismo, incluso aquellos que aman el elemento romano en la historia moderna confesarían que ni en la esfera de la ciencia ni en la del arte, fue Roma en modo alguno original. Cuando Roma conquistó Grecia política y militarmente, adquirió el arte y la ciencia griegas. Incluso si pensamos en los más grandes poetas de Roma, comparados con la grandeza del arte y la poesía griega, no son sino imitadores.

Roma, sin embargo, se hizo grande en una esfera bastante distinta, una en la que los griegos no estaban muy interesados. Por la peculiar constitución de los romanos, desarrollaron unas percepciones y sentimientos tan enérgicos en el dominio legal, político y militar, que aún siguen actuando en el presente.

Esta distinción entre Grecia y Roma se revela especialmente cuando consideramos las lenguas griega y romana en sus aspectos espirituales internos. Los hombres que han profundizado más en estas cosas como, por ejemplo, Herbart en el siglo XIX, estaban preocupados porque la educación secundaria no se viera tan inundada por las olas de aquella poderosa corriente de Roma, como ha sucedido. Herbart quería que los estudiantes aprendieran primero el griego, antes que el latín habitual, porque en su opinión el latín insensibilizaba el alma de un hombre a la actuación más interna e íntima del idioma griego. Aún no ha surgido nada de esta sugerencia, pero es todavía un ideal mantenido por muchos profesores con visión, actuales. Como ustedes saben, nuestra época no está guiada por la inteligencia y debe así acarrear el karma de ese fracaso.

El lenguaje griego revela repetidamente una corriente que fluye detrás de la vida espiritual griega, que proviene de las antiguas imaginaciones de la época egipcio-caldea (tercera era cultural post-atlante). Nuestra humanidad moderna no es ciertamente lo bastante sensible como para sentir este elemento viviente detrás de cada palabra griega, pero para el alma griega cada palabra era más bien un gesto externo de una plena experiencia interna. Por supuesto, la imaginación no estaba ya presente en la misma medida en los griegos como lo estuvo en los hombres de la época caldeo-egipcia, pero aún podemos detectar en las palabras griegas un fuerte sentimiento, vestigio de la fuerza inspiradora de la antigua ideación imaginativa. Se puede sentir en los griegos una total indiferencia por la mera palabra y una saturación del lenguaje con el alma. Este elemento anímico interno aún puede sentirse en aquellas palabras griegas, que nos han sido transmitidas en su forma más pura. Vemos a través de la palabra; no sólo la oímos sino que vemos a través de ella un proceso anímico que tiene lugar detrás de ella. Esto se expresa en las mismas configuraciones fonéticas y gramaticales de los griegos.

El lenguaje romano-latino es otro asunto. Incluso en la mitología romana pueden reconocer una característica del idioma romano-latino. En la mitología griega con sus nombres tradicionales para los dioses encontrarán por doquier detrás de estos nombres divinos los sucesos más concretos del mito y, viviendo con estos eventos, a los dioses. Los dioses mismos permanecen ante nosotros y los vemos pasar. Se nos muestran en carne y hueso, por así decirlo. (Estoy hablando, por supuesto, del alma). Pero los nombres divinos de los romanos —Saturno, Júpiter, etc.— se han convertido casi en conceptos abstractos. Lo mismo es cierto para el idioma romano-latino al completo. Mucho de lo que reside detrás del lenguaje griego se ha perdido, y ahora se concentra la atención en la palabra, cómo suena y se forma gramaticalmente en el discurso. Uno vive en la palabra. El elemento anímico directo, el núcleo, el sentimiento interior que captamos en el griego se ha enfriado en el latín. No era necesario para los romanos escuchar detrás de este lenguaje el eco de la vida de la imaginación. Ciertamente ya no estaba allí. En vez de ello, el romano necesitaba pasiones y emociones para poner su mundo en movimiento porque el latín es esencialmente lógico. Para que fuera algo más que una corriente de fría lógica, tendría que ser continuamente encendido de nuevo por el elemento emocional que estuvo siempre detrás de la vida y la historia de Roma. El segundo capítulo, como lo establezco ante ustedes para Grecia, no se puede encontrar de la misma manera en la historia de Roma. En Roma tiene lugar esencialmente el contenido del primer capítulo, y es esto lo que aún estudian hoy nuestros jóvenes como el factor determinante de la evolución.

El secreto del latín ha llegado a ser comprender la ley y la jurisprudencia y representar las relaciones humanas según se desarrollan a partir de las emociones. Debemos observar tales cosas sin simpatía ni antipatía si queremos comprenderlas realmente. Es importante comprenderlas porque juegan un papel muy importante en nuestra vida cultural actual.

Consideren sin simpatía ni antipatía, sino solamente a nivel histórico lo que es absorbido por nuestros jóvenes cuando estudian la historia romana. Por supuesto, mucho no está puesto en palabras, pero lo inexpresado es recibido por el cuerpo astral y perdura en los sentimientos. Lo que hoy llamamos “derecho” existía, sin duda, de una u otra forma antes de la civilización romana. Sin embargo, la forma en que comprendemos el derecho fue, en cierto sentido, un descubrimiento romano. El derecho que se presta a ser escrito, que puede establecerse en párrafos, que puede ser exactamente definido, etc. es una invención de los romanos.

¿Por qué no deberían los romanos haber proclamado al mundo lo que es correcto y cómo actuar de una manera correcta? Este fracaso está directamente ilustrado por el hecho de que los romanos remontan su historia hasta Rómulo, que asesinó a su hermano y después reunió a todos los descontentos y criminales e hizo de ellos sus primeros ciudadanos romanos. Entonces se propagaron a través de la violación de las Sabinas. Por tanto, parece que los romanos, gracias a la fuerza que actúa al esforzarse por lo opuesto, fueron ciertamente el pueblo que fue llamado a inventar el derecho y a extirpar el mal. ¡He aquí una nación cuyos hombres se remontan a ladrones y cuyas mujeres se remontan a una violación! Muchas cosas en la historia del mundo encuentran su explicación en los opuestos.

Los romanos construyeron gradualmente un imperio poderoso y vean cómo los siete reyes, que fueron más que mitos, rigieron y murieron finalmente a través del orgullo. Avancemos hasta el tiempo de la República, que la gente nunca admitirá que tiene tan poco interés o importancia hoy. Este es el período que aún juega un papel tan importante en la educación de nuestra juventud. Las luchas entre los patricios y los plebeyos, la lucha algo repugnante entre Gaio Mario y Lucio Cornelio Sila, Roma temblando bajo Catilina, las interminables y terribles guerras de esclavos, toda esta sucesión de desagradables eventos aún proporciona en gran medida el material para la educación y cultura de nuestros jóvenes. Entonces vemos cómo, mientras todo esto ocurre en suelo romano, su dominio se extiende gradualmente hasta que Roma se transforma en un imperio que se esfuerza en abarcar todo el mundo conocido, y que en realidad, finalmente lo consigue.

También encontramos cuán solo se siente el romano, una cualidad de su alma que es apta de pasar por alto. ¿Cómo encajan los actos de un Caracalla o de cualquier otro con el descubrimiento del derecho para el bien de la humanidad? Tendemos a olvidar que estos romanos combinaron su sentido del derecho y su autocontrol con una terrible esclavitud a la que sometieron a sus colonias y a los pueblos que conquistaron. Mirando a Roma desde este punto de vista por una vez, vemos que no debemos corregir los hechos, sino muchos de los sentimientos que hemos adquirido en nuestro estudio de la historia romana. Si uno mirase el asunto con simpatía o antipatía, pero de tal forma que uno fuera parcial debido a las frecuentes simpatías y antipatías que prevalecen hoy en día, podría preguntarse: “¿No le dieron los romanos posteriormente a las colonias la ciudadanía romana? ” Ahora, sin embargo, si consideran el motivo detrás de esto, lo verán bajo otra luz. Fue Caracalla quien hizo eso, y no fue un hombre al que se le pudieran atribuir motivos altruistas. Fue un hombre con un egoísmo característicamente romano. Eso dice bastante sobre la vida anímica de los tiempos antiguos. Había, por supuesto, rectos abogados que se entregaban a la jurisprudencia con toda su alma. Papinio, por ejemplo, fue un hombre noble, pero Caracalla le hizo asesinar. Uno podría continuar presentando tantos ejemplos que podría corregir nuestros sentimientos habituales.

De las formas que pudo, esta civilización romana se apoderó de Grecia. Espiritualmente, Roma fue conquistada por Grecia, pero Grecia tuvo que pagar por esta conquista con su propia caída como comunidad política, uno no puede decir “unidad”, pues eso nunca lo fue Grecia. Bossuet dijo con razón –se maravilla de sus palabras pero las palabras pueden aún ser correctas sin importar cómo uno las siente— “Uno sólo oye hablar de la grandeza del nombre de Roma”. En el mejor tiempo del gobierno romano fue la grandeza de su nombre, que había entrado en la palabra y se sentía como su cualidad más importante. En cuanto a las condiciones sociales, Roma nos muestra las infinitas riquezas y tesoros que fluyeron a ella desde sus colonias, y junto con su riqueza, la terrible pobreza de una gran parte de la población.

En la primera época de sus conquistas, Roma se apoderó de Grecia. Entonces vemos cómo el cristianismo impregnó la civilización romana, permitiéndole extenderse con el elemento formal que pertenecía a Roma. Todas las instituciones del cristianismo primitivo fueron recibidas en la estructura de la administración legal romana y, perpetuando el antiguo elemento romano, preservadas en las formas de la Iglesia. Muestra por doquier en sus formas institucionales que se ha desarrollado en Roma. También adoptó el latín como lengua y así llegó a latinizar su pensamiento. Con la expansión del cristianismo, este elemento latino-romano se extendió por toda Europa.

Como ustedes saben, después de absorber a Grecia y al cristianismo, llegó un momento en que Roma ya no podía comprender lo que había recibido, y ya no deseó comprenderlo. Lo sentía como elementos extraños. En el tiempo en que Grecia fue conquistada, la influencia griega actuó poderosamente sobre Roma, pero los romanos fortalecieron gradualmente su poder político y legal. El elemento griego se sentía entonces como un cuerpo extraño que ya no era deseado. Como consecuencia final, las escuelas atenienses de filosofía fueron cerradas por el Emperador Justiniano, el regente del siglo VI del imperio romano oriental que codificó los principios legales y políticos de Roma en el Corpus Juris Civilis. Justiniano, que fue una especie de encarnación del elemento romano-latino, fue el emperador que finalmente cerró las escuelas y puso fin a la filosofía griega, prohibiendo categóricamente su práctica. También detuvo la libre expansión original del cristianismo, haciendo que las obras de Orígenes, que unió la sabiduría de Grecia con las profundidades del cristianismo, aportando también conocimientos esotéricos, fueran condenadas por la Iglesia.

Así vemos cómo Roma fluyó en las instituciones de Europa por medio de la Iglesia. Las demás instituciones políticas coincidieron con ella, podemos incluso decir que tomaron su origen de ella, porque los regentes europeos valoraban mucho su título de “Defensores de la fe”. Posteriormente, por supuesto, cuando quisieron divorciarse de la Iglesia, perdieron el título y fundaron una iglesia propia. Bien, no siempre la gente se toma las cosas con tanta seriedad. Así los regentes se llamaban a sí mismos “Defensor de la fe”, “el más Cristiano de los Monarcas”, etc. Las instituciones públicas se desarrollaron a partir del pensamiento y costumbres romanas, y Roma lo infectó todo, injertando su propia naturaleza en la cultura europea. Después de que Justiniano hubiera establecido el código de pensamiento legal y político romano, hubiera barrido la filosofía griega y hubiera condenado a Orígenes, Roma continuó viviendo en las instituciones de Europa sin el contenido griego. Después de haber extraído la savia vital misma, su contenido espiritual, sólo quedó lo externo, petrificado en la palabra y creció fuerte y testarudo en las instituciones externas. Los ocultistas con perspicacia siempre han tenido un cierto sentimiento que aún se conserva, un sentimiento compartido por aquellos que no tienen razones para ocultarlo. Este sentimiento se expresa en la frase: “El fantasma de la antigua Roma aún vive en las instituciones de Europa”.

Ahora vemos una y otra vez en la historia cómo lo que se ha ido es trasladado de nuevo a sucesos posteriores donde surge a la vida de nuevo, a través de ellos. Así, encontramos cómo Roma fructificó gracias a Grecia por segunda vez. Durante la primera etapa, la República se estaba desarrollando en el seno de un Imperio, y el arte, la filosofía y la vida espiritual griegas fluyeron hacia Roma. Fue la época en que los romanos vivenciaron Grecia, por así decirlo. Se comportaban como grandes señores y pensaron que sería fácil apoderarse de toda la cultura griega. Utilizaron sabios griegos, que en realidad eran esclavos, como preceptores de sus hijos, lo cual, según los estándares romanos era la forma de adquirir una cultura conquistada.

Entonces, después de una época de estancamiento, siguió otra, de la que incluso la historia nos cuenta poco. Fue una época en la que el derecho estaba compenetrado por la influencia de la Iglesia; en que la Iglesia estaba impregnada por la política y la esfera legal. Le siguió algo parecido a una renovación de la cultura griega desde Dante hasta la caída de Florencia, la etapa del Renacimiento, en la que Grecia volvió de nuevo a la vida en Roma. Cuando Goethe viajaba a Italia, buscaba allí no a Roma, sino a Grecia. Trató por doquier de reconocer en la cultura romana la forma de pensamiento y la vida de Grecia. Durante el Renacimiento, el Cristianismo y Grecia se hallaban tan fusionados, que hoy en día ya no podemos distinguir lo cristiano de lo griego en el arte de la época. En relación con la famosa pintura de Rafael, “la Escuela de Atenas”, a menudo se plantea la cuestión de si las figuras centrales representan a Platón y Aristóteles o a Pedro y Pablo. Hay tantas buenas razones para una opinión como para la otra. Así, en una de las más extraordinarias pinturas del Renacimiento, uno no puede afirmar con certeza si las figuras son griegas o cristianas. Los dos elementos se han fusionado de tal forma que el maravilloso matrimonio entre lo espiritual y lo material en la vida del pensamiento griego puede igualmente expresarse por Pedro y Pablo o por Platón y Aristóteles. Platón, a quien a muchos les gustaría ver en esta pintura, está representado como un anciano que señala con su mano a las esferas celestiales, y a su lado está Aristóteles con su mundo conceptual, que señala hacia abajo al mundo material buscando lo espiritual en él. Podemos, sin embargo, ver también a Pedro en la figura que señala arriba y a Pablo en la que señala abajo.

platon y aristoteles

Pero durante el Renacimiento encontramos este tipo de dicotomía siempre por una buena razón. Después del Renacimiento, que fue, como hemos visto, un resurgimiento de Grecia, tenía que venir algo fresco y original, y esto sólo podía suceder a través de una síntesis más elevada. Hoy en día los dos gestos, uno apuntando a los cielos y el otro apuntando hacia la tierra, se encontrarán en la misma persona. Entonces también necesitamos lo luciférico y lo ahrimánico en su contraste. Lo que ustedes ven dividido entre dos personas en una de las mayores obras de arte del Renacimiento, tendrán que verlo en los gestos de la figura del Representante de la Humanidad en nuestro grupo escultórico, que va a ser modelado en breve: ¡ambos gestos! a la vez.

La Edad Media o el comienzo de nuestra época requerían esa Re-animación de la antigua Grecia, el Renacimiento. Cuántas cosas han derivado desde entonces la vida del Renacimiento. Vemos cómo, en un filósofo como Nietzsche, este Renacimiento viene de nuevo a la vida en sus mejores años. Vemos cuán maravillosamente vive en todas las enseñanzas de Jacob Burckhardt. Hasta en los tiempos modernos continúa este Renacimiento influyendo, trayendo un hálito de los antiguos tiempos griegos a nuestra época moderna.

Podemos afirmar con certeza que mientras Grecia fue externamente aniquilada por Roma, gran parte de su fuerza espiritual ha permanecido. La influencia de los héroes griegos espirituales perduraron hasta cerca del 333 d.C., su ataúd comenzó a construirse en el siglo IV, y Justiniano posteriormente sólo le clavó la tapa. Entonces, estos héroes del espíritu reaparecen en la época del Renacimiento como impulsos del Mundo espiritual que han quedado atrás. Igual que en la evolución de la Tierra y del hombre ciertas fuerzas lunares se encienden de nuevo en un momento determinado, haciendo de este modo posible el nacimiento de la inteligencia y el lenguaje humanos, del mismo modo el mundo griego se encendió de nuevo en los siglos XV y XVI para crear el Renacimiento.

Tenemos aquí un ejemplo viviente de cómo algo que ha quedado atrás y continúa actuando en un tiempo posterior, incluso aunque sea luciféricamente, es utilizado no obstante para el progreso de la humanidad. La Grecia que reaparece de nuevo en el Renacimiento puede ciertamente llamarse luciférica, pues al lado de figuras tales como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Rafael ¡están las figuras del Papa Alejandro VI, César Borgia y el resto! Europa necesitaba el Renacimiento, que le aportó mucho. Así, desde los siglos XV y XVI en adelante tenemos de nuevo las dos corrientes con las que empezamos, aunque ahora están disfrazadas. Una fue llamada a la vida de nuevo en el Renacimiento, la otra siempre ha estado con nosotros en el romanismo, habiendo experimentado solamente múltiples cambios de forma. Las dos corrientes fluyen juntas de nuevo y ambas poseen una influencia profunda en la humanidad. Al describir estas cosas debemos aprender a observar el mundo y la vida, de tal forma que veamos las cosas objetivamente sin asociar simpatías o antipatías con las palabras utilizadas.

Muchas ideas y conceptos del Renacimiento nos vienen no tanto de la escuela sino a través de nuestra vida espiritual completa. La gente no piensa en estas cosas, pero las ideas del Renacimiento viven en todos. Constituyen un elemento distinto a las ideas y puntos de vista del romanismo que nunca ha desaparecido y siempre se encuentra actuando. El Renacimiento fue, en cierto modo, la salvación del elemento imaginativo. Representa una liberación del elemento latino meramente lógico y frío, que, al ser tan frío, requiere siempre un impulso emocional para darle vida. En contraste, vemos la vida elevadora, imaginativa que fue traída a Europa a través del Renacimiento y que ha sido portada desde la antigua Grecia. Mañana veremos qué significa realmente que, cuando se estaba pasando de la cuarta etapa post-Atlante a la quinta, se reavivara esta vida imaginativa. Permaneció como una especie de “apadrinamiento” durante el nacimiento de la quinta época post-Atlante, que hoy debe liberarse del romanismo que hemos descrito no a través del uso de impulsos emocionales, sino a través del conocimiento. No estamos aquí menospreciando la grandeza de este romanismo, pero las cosas deben estar correctamente equilibradas. La salvación y curación de la humanidad reside en equilibrar las cosas correctamente y no permitir que deriven hacia los extremos.

Hay muchas ideas en la vida intelectual de Europa que engañan y tientan a los hombres. Han quedado atrás desde la civilización romana y evocan conjuntos de ideas y sentimientos en el alma de los que los hombres no son siempre plenamente conscientes. Como he dicho, no se puede afirmar que los romanos inventaran completamente el pensamiento político-legal, aunque lo hicieron en el sentido del que hemos hablado hoy. En contraste con aquello que los griegos observaron entre los hombres a través de su imaginación viviente, o a través de su herencia de imaginaciones vivientes, Roma formó un concepto definido que vino a la vida por primera vez con el romanismo. Es una planta que crece en un suelo político-legal. Este es el concepto de ciudadanía; el hombre deviene ciudadano, ciudadano romano. Por tanto, al concepto de hombre se le da un tinte político-legal. Lo que pasó así a la sangre de los pueblos europeos con el concepto de ciudadano está íntimamente relacionado con lo que describí en la última conferencia[1] como la “politización” del mundo del pensamiento. Ha habido abogados en los tiempos modernos que han basado la relación del hombre moderno con Roma simplemente sobre este concepto de ciudadanía. En virtud de esto, cuando se experimenta vívidamente, el hombre asume su lugar en la comunidad de una manera política y legal, incluso aunque no lo admita ante sí. Aristóteles habló del Zöon politikon (Animal Político). Aún relacionaba lo político con el Zöon, el animal. Esa era una clase completamente distinta de pensamiento, un pensamiento imaginativo que aún no era pensamiento político, una politización del concepto.

O Baron Arild Rosenkrantz10

Así este elemento político-legal crece en nuestro pensamiento humano. La gente a menudo no es consciente de cómo el hombre está situado en una categoría político-legal a través de la asociación natural de ideas. En la palabra “civilización”, que yo llamaría concepto monstruoso ya que es algo que sólo tuvo su significado adecuado en la antigüedad, en este monstruoso concepto de “civilización” sentimos, aunque a menudo inconscientemente, nuestra cercana relación con el mundo romano esencialmente político y legal. “Civilización” proviene de civis, y dentro y detrás de ella está el romanismo. Toda esta charlatanería de la civilización que a menudo escuchamos hoy día, no es otra cosa que un romanismo irrealizado que se siente a menudo. Con frecuencia sucede que un hombre puede usar una palabra para expresar algo sublime y extraordinario sin tener idea de cómo, al utilizar la palabra, se conecta con las grandes fuerzas de la historia. Cuando uno es capaz de percibir todo el trasfondo político y judicial de la civilización mundial, entonces el oírlo pronunciar a menudo es suficiente para hacerle estremecer.

Estas cosas deben decirse ya que la ciencia espiritual no es para guardarla como algunas personas parecen pensar, sino para revelar un conocimiento serio del mundo. En la presencia de este conocimiento, muchas de las ideas que el hombre ha elevado como ídolos y a los que “reza”, se caen de sus altares. No es la intención de la ciencia espiritual acercar simplemente a los seres del mundo espiritual al hombre, para que éste pueda experimentar una especie de íntima relación con ellos, como podría experimentar con los poetas, por ejemplo. No, la ciencia espiritual está aquí para que el hombre mismo se acerque al mundo espiritual y a sus impulsos con toda seriedad.

[1] Conferencia pronunciada el 11 de septiembre de 1916, contenida en el volumen GA 272. Nunca se publicó en inglés.

Notas sobre la evolución de la libertad humana y la conciencia personal

Rudolf Steiner — Dusseldorf, 19 de de enero de 1905

English version

Las conferencias sobre el ser y el color,  muestran la naturaleza real del hombre en relación con el Cosmos, volviéndose de la Tierra a lo que es supraterrenal. Nuestro tiempo lo exige. Hemos visto que el poder  del pensamiento humano se ha vuelto oscuro y ya no descansa en la realidad. Esto indica que el hombre debe necesariamente recibir nuevos impulsos en su alma.

En el libro “La Ciencia Oculta leemos que ciertos grandes eventos han trabajado en la evolución humana. Por ejemplo, la Luna que hoy brilla desde el espacio cósmico estuvo unida anteriormente con la Tierra. Sabemos que se llevaron a cabo importantes transformaciones en el hombre cuando la Luna salió de la Tierra en el momento de la inundación atlante.  Hemos visto que los minerales deben su existencia al hecho de que la Luna salió de la Tierra. Tenemos que llevar todos estos eventos cósmicos a una comprensión artística. El hombre lleva en su ser a Saturno, el Sol y la Luna. Durante estas transformaciones no existía ningún reino mineral en el ambiente del hombre. Lo que llamamos materia mineral fue insertado en el ser humano durante la época de la Tierra. El hombre en cuanto a su totalidad estaba inserto en el Cosmos antes de que la Luna saliera de la Tierra. El mineral evolucionó en la Tierra en los colores que vemos hoy. Originalmente el hombre no estaba destinado a la Tierra. Durante un tiempo su destino pendía en el equilibrio; fue una cuestión de los guías espirituales de la evolución terrenal en cuanto a si el hombre debía pasar su existencia sobre la misma Tierra o fuera de ella. Que fuera posible que el hombre se convirtiera en un ser terrenal desde la salida de la Luna fue debido a un impulso de los guías de la Humanidad. Por lo tanto, cambio su relación con el Cosmos. El hombre no era originalmente un ser personal y se convirtió así porque las fuerzas que construían su cuerpo fueron presionadas para que de esta manera obtuviera la libertad. Su desarrollo en la Tierra tuvo lugar en varias etapas después de la salida de la Luna. Si nada hubiera intervenido, el hombre habría seguido teniendo el poder de formar las antiguas imágenes clarividentes. Este poder no desapareció por la salida de la Luna, pero la evolución ha progresado y el hombre no ha permanecido encadenado a la Tierra; ha sufrido una evolución hacia atrás (retrogradación NT) que alcanzó su punto culminante en el siglo XIX.

En la antigüedad, el hombre, hasta cierto punto, estaba dotado de las funciones de asimilación y sujeción a la gravedad terrenal; por otro lado como hombre cefálico era capaz de llevar una existencia cósmica. Es decir, el hombre desarrolló un intelecto en el que las antiguas imágenes clarividentes se endurecieron hasta el siglo IV DC. y a partir del siglo XV se volvieron cada vez más oscuras. Aunque el intelecto humano es espiritual no tiene existencia real, tiene una existencia de sombra. Esto culminó en el siglo XIX. Los pensamientos del hombre ya no estaban arraigados en la realidad; ahora faltaba la espiritualidad; el hombre vive en un elemento espiritual de pensamiento pero se ha vuelto materialista, sólo piensa en la materia. Ya no está animado por las imágenes, sólo concibe el mundo material.

Sabemos que algún día la Luna volverá a unirse con la Tierra. Esto es conocido por la astronomía abstracta y otras ciencias, pero empujan a un tiempo lejano en el futuro —no obstante, no está muy lejos.

En el transcurso de la evolución, la Humanidad se está volviendo cada vez más joven y conserva el poder de evolucionar en cuerpo y alma hasta una edad definida. En la India antigua, el hombre conservaba la plasticidad hasta los 56 años. En la época del Gólgota, a la edad de 33 años; ahora, a la edad de 27. En la sexta época post-atlante será a la edad de 21-14 en la 7ª época, 14-7.

La mujer dejará de ser fértil, otra forma de entrar en la vida terrenal tendrá lugar cuando la Luna vuelva a unirse con la Tierra, en el año 8.000 DC la re-unión de la Luna con la Tierra será de gran importancia; estaremos conectados con la Tierra de una manera diferente.

natalidad

El intelecto se volverá más y más oscuro. Si el hombre no resuelve impregnarse de lo que ha de descender del mundo espiritual, pasará totalmente al lado sombrío de su intelecto. El intelecto ahora sólo es capaz de comprender el reino mineral, no puede penetrar al ser humano. La vida vegetal es para él un profundo enigma, la vida animal lo es aún más, y vida humana le es completamente opaca. La formación de imágenes desprovistas de realidad continuará a menos que el hombre resuelva desarrollar la Imaginación. Si lo hace, las imágenes sombrías serán reanimadas por la Ciencia Espiritual, y se convertirán no sólo en eventos humanos, sino también cósmicos.

Leemos en “La  Ciencia Oculta” que las almas humanas dejaron un tiempo la Tierra emigrando hacia otros planetas, volviendo más tarde a la existencia de la Tierra. Así, los seres de Marte, Júpiter y los otros planetas regresaron a la Tierra. Todos estos acontecimientos están comprobados por investigaciones del mundo espiritual y en este sentido encontramos un acontecimiento extremadamente significativo en la 7ª década del siglo XIX. El hombre estuvo regresando a la Tierra desde los otros planetas hasta 1879. Desde entonces otros seres de regiones cósmicas exteriores entran en relación con el hombre sobre la Tierra.

En la Atlántida el hombre fue el último ser en entrar en la Tierra; desde 1879 los seres vulcanianos están descendiendo a la evolución terrenal. Ellos son los primeros seres supraterrenales en traer mensajes; a ellos les debemos nuestra Ciencia Espiritual. La raza humana no da la bienvenida a estos Seres, en general los ignora. Y esto llevará a la Tierra a una condición trágica en última instancia. Seguirán descendiendo, pero el hombre no entenderá su discurso si no ha comprendido que la Ciencia Espiritual debe transformar el ambiente social. Estos Seres de Vulcano, cuya esfera abarca entre la Luna y Mercurio, están tratando de asentarse en la existencia terrenal. Buscan ser los precursores del final de la Tierra y del retorno de la Luna. Nuestra comprensión intelectual sombría debe ser reanimada por las imágenes de la Ciencia Espiritual. Surgirá la conmoción después del choque y la Tierra se disolverá en el caos si estos seres se encuentran con la resistencia de la Humanidad. Porque el hombre solo podrá entenderles si comprende que la Ciencia Espiritual debe transformar el ambiente social.

Puede parecer inofensivo el pensar automático sobre el mineral, la planta, el animal o el hombre; tal y como se piensa hoy en día, pero si esto continúa hasta el retorno de la Luna, el resultado será el caos. La plena humanidad deberá ser atraída hacia el intelecto. Los pensamientos incorrectos e irreales recibirán de golpe la verdad real en la re-unión de la Luna. Estos pensamientos materialistas producirán entonces una terrible raza de seres automáticos que son en su naturaleza, entre los reinos vegetal y mineral. Estarán dotados de gran poder de intelecto y de entendimiento y encerrarán a la Tierra en una especie de red o tela de araña. Incluirán lo que el hombre imagina sin la Ciencia Espiritual. (La maquinaria es realmente pensamiento derramado en lo mineral). Todos los pensamientos irreales modernos serán dotados de ser. Así como la Tierra está hoy cubierta por la atmósfera, estas plantas minerales —como arañas, terriblemente malvadas, tejiéndose entre sí, cubrirán la Tierra como mosquitos en el aire. Si el hombre no se une con los Seres Espirituales Vulcanos, tendrá que unir su propio ser en la medida en que no está espiritualizado con esta raza de arañas; tendrá que vivir con ella y continuar su evolución en medio de ella. El hombre avanzado dirigirá su cuerpo desde fuera como las almas grupo.  Hay personas que son conscientes de todo esto y que sin embargo desean parar la evolución; son aliados conscientes de estos seres araña que conocen de antiguas tradiciones. El hombre no debe encogerse ante descripciones de esta naturaleza, porque gran parte de esto está detrás de lo que muchos dicen hoy. Nuestra evolución no puede progresar a menos que el velo del secreto sea retirado y estas cosas conocidas, para que la Ciencia Espiritual pueda ser aceptada o rechazada. La Humanidad buscará esta unión con la raza araña; esto significa el ulterior desarrollo del pensamiento sombrío en la existencia cósmica. No basta con aceptar las fórmulas de la Ciencia Espiritual, debemos ver cómo los pensamientos se hacen realidad: si el alcance y la importancia de esto no se realiza, la Humanidad corre el peligro de quedarse enredada en esta red.

La forma de liberación es mediante la seria aceptación de elevados pensamientos al sentimiento, al ser y la visión científica, elevando la teoría a lo artístico.

¿Qué pasa con la educación, la medicina y la ciencia? En la física moderna, se explica al ser humano con pensamientos abstractos. Aprenden por medio del cadáver. Esta es la parte mineral del hombre que comenzó con la salida de la Luna y terminara con su regreso a la Tierra. El conocimiento y la ciencia deben elevarse a la realidad. Hoy en día sólo se entiende lo mineral. Para entender la planta, el pensamiento debe elevarse a la comprensión artística, a conceptos artísticos. Es necesario un verdadero impulso de voluntad para fructificar el pensamiento.

En el año 8.000 DC el hombre ya no nacerá de mujer. El nacimiento físico comenzó con la salida de la Luna y a esto debe el hombre su intelecto, su personalidad y su individualidad. Sin embargo, este cambio es sólo temporal. La Ciencia Espiritual puede enseñarnos estas cosas. El entrelazamiento mutuo de esta tela de araña se asemejará al estado de Mercurio. El hombre sólo puede conocer y comprender a estos seres al elevarse a una percepción y penetración artística, vimos cómo a través de la naturaleza prevalece algo de índole artística.  La verdadera Ciencia Espiritual apunta a una comprensión artística.  Existe el anhelo de absorber a los Seres Espirituales desde el Cosmos. La terrible sala de tortura de las ideas inartísticas predominantes no da un verdadero conocimiento de la naturaleza real de la planta, el animal o el ser humano. La ciencia moderna es un producto de Ahriman que puede llevar a la humanidad a la destrucción terrestre. El estudio de la Ciencia Espiritual no es algo abstracto; abre la puerta a las influencias cósmicas que han tratado de derramarse en la Tierra desde el último tercio del siglo XIX.

La Luna que refleja la Luz del Sol fue separada de la Tierra para que el hombre pudiera convertirse en un ser humano libre.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Septiembre de 2017.

 

GA202. El Progreso del Alma a través de Vidas Repetidas en la Tierra

El aspecto histórico de la vida social en su realidad

Rudolf Steiner — Berna, 14 de diciembre de 1920

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Es nuestra intención hoy comenzar por considerar el progreso del alma a través de las sucesivas vidas terrenales. Ustedes ya están familiarizados con los fenómenos externos relacionados con esto como resultado de sus estudios antroposóficos; pero hoy es nuestra intención hablar de ciertas cosas que requieren un estudio aún más detallado.

Como ustedes saben, cuando el ser humano atraviesa el portal de la muerte, primero deja a un lado su cuerpo físico; entonces él está en posesión de lo que llamamos el yo. Además de esto él tiene su cuerpo astral, y al principio, aunque sólo por un corto tiempo, también el cuerpo etérico. Este breve período durante el cual el ser humano todavía tiene un cuerpo etérico está dedicado a una visión retrospectiva de su última vida terrenal, que aparece como una panorámica ante su alma. Este período termina cuando el cuerpo etérico es, se podría decir, empujado hacia el espacio cósmico, así como el cuerpo físico es empujado hacia abajo hacia la Tierra.

Entonces el ser humano se queda con su cuerpo astral. En este cuerpo astral todavía encontramos los efectos secundarios del cuerpo etérico, es decir, todo lo que este cuerpo astral ha experimentado al estar ligado en la última vida terrena con el cuerpo etérico y también con el cuerpo físico. Como ustedes saben, transcurre un tiempo considerable antes de que el cuerpo astral también sea despojado.

Ya he señalado en nuestra literatura que no se puede hablar simplemente de disolución de los cuerpos etérico y astral, sino que esta disolución es en realidad una liberación en el cosmos de las fuerzas que el ser humano tiene en sí mismo. El cuerpo etérico lleva en sí, por así decirlo, las huellas de todo lo que el ser humano ha pasado en la vida. Este es un agregado de lo que yo llamaría estructuras de forma. Este agregado de estructuras de forma, cada vez más difundido, se sella en el cosmos; lo que ha sucedido así en nuestra vida y lo que se ha impregnado en el cuerpo etérico continúa trabajando en el cosmos como fuerzas. Nos comprometemos con el cosmos con la naturaleza y modo de nuestro comportamiento hacia el cuerpo etérico. Nuestra vida no está en ningún momento fuera del Universo. Es precisamente a través del conocimiento de la ciencia espiritual antroposófica que el ser humano adquiere un fuerte sentimiento de responsabilidad, porque se ve obligado a saber que lo que incorpora en su cuerpo etérico por medio de su vida intelectual, su vida sentimental, es decir, por medio de su moral, se imparte a todo el cosmos. En el cosmos está contenida, si me permite decirlo así, la conducta de aquellos seres humanos que han vivido en tiempos pasados. Lo que a través de nuestra conducta en la vida contribuye a la configuración del cuerpo etérico, se desprende de cierta manera sólo para ser recogido en todo el gran Universo. ¡En realidad participamos en la fabricación del mundo! Y debemos desarrollar este sentido de responsabilidad que nos haga sentir como participantes en la creación del mundo.

Lo que continuamos soportando como nuestro cuerpo astral no debe considerarse como algo que meramente se dispersará más adelante, simplemente para ser disuelto en el cosmos. Este no es el caso. El cuerpo astral también se imparte al Universo, aunque es cierto, a la parte espiritual del alma del Universo.

Y cuando el Yo se ha liberado de este cuerpo astral, después de que se ha logrado la transición al mundo del alma, entonces lo que hemos incorporado en nuestro cuerpo astral se encuentra fuera en el universo, sólo ahora el Yo y el cuerpo astral toman caminos separados. El cuerpo astral, dividido del Yo, toma ahora su propio camino, y de manera similar el yo toma su propio rumbo. No podemos, sin embargo, hablar de la destrucción del cuerpo astral; por el contrario, este cuerpo astral continúa evolucionando. A través de su interrelación con el Universo, sigue evolucionando simplemente como resultado de haber implantado en él los efectos de ciertos impulsos morales; y con la forma que ha adquirido como resultado de estos impulsos morales, se imparte al Cosmos, se inserta, por decirlo así, en la parte anímico espiritual del universo con el cual entra en actividad recíproca. De hecho, incluso se puede decir así (aunque mitad figurativo, sin embargo, corresponde a los hechos): el cuerpo astral se expande cada vez más, pero alcanza un cierto límite en esta expansión; y cuando no puede expandirse más, comienza a contraerse. Y la velocidad o lentitud con la que se expande o contrae depende esencialmente de lo que se ha incorporado en el en el transcurso de la vida. Se puede decir así que el cuerpo astral se imparte al universo; si puedo usar la expresión, golpea contra los límites exteriores de nuestro cosmos anímico espiritual y es rebotado de nuevo.

El yo sigue su camino en un mundo muy diferente al del cuerpo astral. Como expresé en la conferencia de ayer (Berna, 13 de diciembre de 1920, Los resultados de la ciencia espiritual y sus relaciones con el arte y la religión), el yo desarrolla cierta clase de anhelo interior. Y es principalmente este anhelo el que hace que el yo se sienta atraído por este cuerpo astral que ha sido rebotado, y que sin embargo se ha convertido en algo diferente. De hecho, se produce una especie de unión entre el cuerpo astral metamorfoseado y transformado, y el yo. De este modo, cuando el ser humano se acerca al tiempo de su regreso a la Tierra, adquiere ciertas inclinaciones, diría yo, en diversas direcciones.

He indicado cómo el cuerpo astral se expande en el Universo, luego vuelve, y cómo el yo de cierta manera lo encuentra de nuevo. Podemos seguir esto en la forma externa humana, si miramos el ser del hombre en su totalidad.

Pues debemos imaginar que el ser humano, tal como aparece cuando nace en la Tierra, está realmente formado por dos direcciones. Les he descrito ahora cómo el cuerpo astral se expande en el Universo y cómo vuelve de nuevo; este cuerpo astral, por así decirlo, ahora se encuentra con el yo. Figurativamente hablando, se aproxima en forma de una esfera hueca, una especie de esfera hueca que se va haciendo cada vez más pequeña. Así se acerca al yo. Tiene parentesco con el sistema planetario. El yo en su camino entre la muerte y un nuevo nacimiento desarrolla otra clase de anhelo. Aunque tiene un anhelo por el cuerpo astral, desarrolla un anhelo aún mayor por un cierto lugar en la Tierra, por un cierto pueblo, una cierta familia. Por otro lado, hay un trazo de lo que viene del exterior como el cuerpo astral transformado y el yo después de haber completado el período entre la muerte y un nuevo nacimiento con su fuerte inclinación hacia el reino terrenal hacia un pueblo, una familia, etcétera. Si miramos al ser humano después del nacimiento, con especial referencia a la superficie externa de su cuerpo, podemos ver lo que está sujeto a las fuerzas del cuerpo astral metamorfoseado. Lo que está organizado desde fuera, desde la piel hacia adentro, incluyendo los órganos de los sentidos, se construye para nosotros desde el Cosmos. Pero lo que se produce orgánicamente a través del sentimiento del yo, ligado a la Tierra, se siente atraído hacia la Tierra, crea la organización desde dentro hacia fuera, lo que es contrario a la otra organización; crea más bien la organización del músculo óseo, y así sucesivamente, la parte que irradia desde dentro, por así decir, contra lo que irradia hacia dentro desde la piel y los sentidos. En lo que se refiere a la periferia externa de nuestro cuerpo, estamos organizados por el macrocosmos, pero lo que fluye a través de nuestro Yo, lo que crece desde dentro hacia afuera contra la formación del sentido de la piel, está organizado por la Tierra. Así, el ser humano realmente nace del Universo. Y su estancia en el cuerpo materno sólo proporciona la oportunidad para que estas dos fuerzas, una Macrocósmica y la otra una fuerza terrenal, se unan. Pero el hombre es definitivamente un ser que no brota de un solo punto, del germen. Es más bien la fusión de las fuerzas extraterrenales, que se mantienen unidas por su cuerpo astral metamorfoseado, y es esa fuerza que, soportando la influencia de la Tierra, se contrapone a estas fuerzas extraterrenas. Lo que llamamos nuestra facultad mental, nuestro intelecto, nuestro poder de formar imágenes mentales, es profundamente afín e íntimamente conectado con lo que nos viene del cosmos. Nuestro poder de formar imágenes mentales apunta de hecho a nuestra vida terrena anterior. Adquirimos este poder de formar cuadros mentales en virtud de que lo que hemos tejido en nuestro cuerpo astral en nuestra vida terrena anterior que se ha expandido al cosmos, ha vuelto de nuevo, y ahora elige nuestra cabeza, por así decir, como su órgano principal, nuestra cabeza que se ha formado desde fuera como un órgano sensitivo de la piel. El resto de la organización del sentido de la piel es, por decirlo así, sólo un apéndice de la cabeza. Nuestra organización de la voluntad, sin embargo, se expresa en lo que se relaciona con las fuerzas terrestres, porque el yo humano al acercarse al nacimiento se siente atraído por un lugar particular de la Tierra. Así podemos decir que cuando renacemos, recibimos nuestra mente de los Cielos y nuestra voluntad de la Tierra. Entre los dos está el sentimiento, que no nos es dado ni por el cielo ni por la tierra, sino que se basa en una especie de continuo balanceo entre la tierra y el cielo y que tiene su órgano exterior principalmente en el sistema rítmico del hombre, el sistema respiratorio, la circulación sanguínea, etc. Se sitúa en el medio entre la organización propia de la cabeza, que es esencialmente el producto del macrocosmos que actúa sobre el gran circuito del cuerpo astral anterior, y nuestra organización de la voluntad, que viene a nosotros desde la Tierra. Entre estos dos soportes nuestro sistema rítmico, está nuestra vida sentimental, que puede desarrollarse sobre la base de este sistema rítmico y que, diría yo, también traemos a la expresión exterior visible entre el cielo y la tierra. Nuestra cabeza apunta más a nuestro origen extraterrenal; nuestra voluntad está íntimamente relacionada con lo que es nuestro de la Tierra. Entre los dos soportes se siente nuestra vida y, desde un punto de vista físico, nuestra circulación, nuestra vida de respiración.

GA202F1

Ninguna visión completa y exhaustiva del hombre puede ser tomada unilateralmente, ya sea desde el aspecto del alma o desde el aspecto físico, pues estos dos, el alma y la naturaleza física en una visión total, deben interpenetrarse unos a otros.

Además, porque estamos conectados con el macrocosmos entero, llevando dentro de nosotros sólo en nuestra organización principal algo formado por el macrocosmos, podemos ver que somos dirigidos de nuevo a nuestro pasado a través de nuestro intelecto; solo que con nuestra conciencia ordinaria no descubrimos cómo nos referimos así a nuestras vidas anteriores de la Tierra.

En la antigua lucha oriental por la sabiduría, los alumnos de los iniciados trataron de establecer una conexión entre su vida rítmica y su vida principal. Para la época en que floreció la antigua sabiduría oriental, era natural buscar una etapa superior del desarrollo humano haciendo que la respiración fuera un proceso consciente y, por tanto, también el proceso de circulación; la respiración de acuerdo con las reglas definidas planteó el proceso de respiración, así como la circulación a la conciencia. El antiguo oriental podía hacerlo porque su alma y su espíritu no estaban todavía tan intensamente ligados al cuerpo como lo está en el hombre actual. Si, aplicando una especie de anacronismo, cualquiera fuese simplemente a practicar hoy este antiguo método oriental, sin llegar al conocimiento superior, arruinaría más o menos su cuerpo humano; ya que estaría interfiriendo demasiado con la salud del cuerpo físico, ahora que el ser humano está mucho más íntimamente conectado con su cuerpo de lo que alguna vez fue el caso, por ejemplo, en el momento en que el antiguo hindu buscaba la sabiduría.

Pero, ¿qué obtuvo un estudiante al pasar por estos ejercicios en la antigua India? Hizo que el proceso de respiración fuera algo consciente, es decir, inhaló conscientemente. A través de estos ejercicios adquirió gradualmente la posibilidad de seguir el proceso que tiene lugar cuando la presión de la inhalación hace que el líquido cerebral oscile hacia el cerebro a través del canal espinal y golpee, por así decirlo, contra el cerebro. Es este impacto del líquido cerebral contra las partes sólidas del cerebro (este fluido cerebral, que se precipita hacia arriba durante la inhalación, cayendo de nuevo durante la exhalación), es este impacto lo que hace que surjan imágenes mentales. La producción de imágenes mentales es algo mucho más complicada de lo que se imaginan hoy, cuando todo es pensado de manera materialista. Hoy en día se piensa —o al menos fue hasta hace poco, porque hoy la gente ya no está interesada en pensar en conceptos claros— se cree que algún tipo de evolución, algunos nervios subyacen a la formación de imágenes mentales. Esto no tiene sentido. El hecho real es que en realidad hay un golpe constante del líquido cerebral contra el sistema nervioso que da lugar, que comienza los procesos subyacentes a las fuerzas del sistema nervioso. El antiguo estudiante de sabiduría hindú elevaba esta actividad a la conciencia. ¿Qué aprendió siguiendo este proceso conscientemente? Aprendió de él cómo los procesos subyacentes que habían formado su cerebro realmente apuntan de nuevo a antiguas vidas de la Tierra. A través de su sistema rítmico actual experimentaba, por decirlo así, su antigua vida terrenal; esa vida pasada en la Tierra se convirtió en una certeza para él. Para tal estudiante de la sabiduría era simplemente evidente que había tenido una vida anterior en la Tierra. Podía percibirlo, ustedes entiendan, elevando su proceso de respiración a la conciencia. Hoy esto debe ser logrado de otra manera. No puede ser provocado hoy por la meditación que surge de una manera especial de dar forma al proceso de la respiración; porque este método no debe ser utilizado por el ser humano moderno. Muy por el contrario, la meditación de hoy debe proceder de una quietud de las imágenes mentales: así comienza desde el lado opuesto, y por lo tanto toma en consideración el hecho de que el hombre moderno está mucho más estrechamente unido a su cuerpo físico. Pero al morar tranquilamente en un cuadro mental, aprendemos a conocer este matiz del sistema rítmico desde el otro lado, desde el lado anímico espiritual. Llegamos a conocer el proceso desde el otro lado; de tal manera, que no penetremos más profundamente en nuestro cuerpo, como lo hizo el antiguo indio, de hecho no debemos hacerlo, porque ya hemos penetrado profundamente en él; pero al liberarnos de la naturaleza corporal, trazamos todo el cosmos en el reino anímico espiritual y el cosmos nos enseña cómo la vida terrestre anterior está conectada con esta vida.

Pueden ver, queridos amigos, que las declaraciones de la antroposofía no son abstractas y fanáticas, sino que se basan en un penetrante conocimiento de la organización humana visto desde dentro; no se basan en un examen externo del organismo como un cadáver, o incluso si no como un cadáver exterior, sino del conocimiento que procede del interior, del contacto íntimo con ambos aspectos, la acción recíproca entre los sistemas rítmico y nervioso por un lado y por el otro entre los sistemas rítmico y metabólico (pues el sistema rítmico también tiene un impacto sobre el metabolismo). Y al conocer del otro lado este entrelazamiento de los procesos rítmicos y metabólicos, nos aseguramos de que el germen de la próxima vida terrenal está enterrado dentro de nosotros, pues el metabolismo en su aspecto espiritual contiene el germen de la próxima vida terrena. A pesar de que es la parte más baja del organismo humano para esta vida terrenal, desde el aspecto espiritual contiene el germen de la próxima vida en la Tierra. Así nos elevamos a una consideración del ser humano como un todo.

A este respecto, las personas que viven en el ámbito de la civilización occidental a menudo son como un hombre ciego que se enfrenta al color. Tal vez lo que voy a decir está lejos de los pensamientos de muchos de ustedes, pero quisiera llamar su atención sobre lo siguiente: Todo lo que concebimos como matemáticas, todo lo que entra en juego en formas lineales o angulares, en la vertical o la horizontal, así como todo lo que medimos, todo lo que concebimos matemáticamente, lo desarrollamos realmente en nuestro ser interior; es el fundamento de nuestra vida interior. En el momento en que aprendemos a percibir lo que subyace a nuestro ser interior, ya no hablamos a la manera kantiana, derramando simplemente aquello que nace dentro del ser interior del hombre en una especie de expresión ininteligible. Se dice que la matemática es “conocimiento a priori”. ¡A priori! Ahora, esa es una palabra, ¿no? Significa “allí desde el principio”, a priori. Pero si uno aprende a ver internamente, entonces uno sabe de dónde surge este curioso conocimiento matemático. El cuerpo astral ha pasado por las matemáticas de todo el universo, y todo esto se ha condensado de nuevo. Simplemente dejamos que salga del alma que hemos experimentado en una encarnación anterior, que ha pasado por todo el cosmos, para emerger una vez más en la pureza de las líneas matemáticas y geométricas.

Vemos así que en esta concepción a priori del mundo se expresa análoga a la concepción del color del hombre ciego. De otro modo, habría que decir que lo que se llama en el sentido kantiano “a priori” surge de nuestras encarnaciones anteriores y aparece en esta encarnación en una forma metamorfoseada, después de haber pasado por todo el macrocosmos.

He estado hablando aquí, queridos amigos, acerca de las leyes que subyacen a todo el ser humano que se revelan cuando consideramos la vida a medida que pasa por encarnaciones repetidas. Nuestra época moderna es muy renuente a prestar atención a tales cosas. Es por eso que nuestra actual concepción del mundo permanece externa. Quisiera dejar esto claro por medio de una ilustración.

Supongamos que ahora estamos examinando —de acuerdo con el método predominante— un pueblo perteneciente a una determinada localidad en la Tierra. Ahora, ¿qué hacemos hoy como historiadores? Decimos: vive la generación presente; otra le precedió; esta generación fue, a su vez, precedida por una aún más atrás. Volvemos así a los siglos anteriores, de vuelta a la Edad Media y, diría yo, seguimos las corrientes de sangre a través de las generaciones, seguimos todo lo que se transmite a través de la herencia externa y llegamos a la conclusión de que lo que vive en la gente presente puede remontarse a las primeras fases de desarrollo de ese pueblo.

Así es considerada hoy la historia. Si un historiador típico desea seguir la historia alemana, francesa o inglesa lo más atrás posible, lo hace volviendo a través de la cadena de ancestros según sus características físicamente heredables. Se supone que lo que una generación actual de una determinada gente manifiesta en la vida se entiende de lo que las generaciones anteriores de este pueblo han experimentado, es decir, de lo que puede ser heredado físicamente; esta es la forma en que la gente habla. Sin embargo, esto no es otra cosa que el pensamiento materialista aplicado a la historia. Porque si consideráis lo que la ciencia espiritual antroposófica os ofrece, no como una mera teoría, sino como algo a trasladar a vuestra visión de la vida, entonces no debéis contentaros con especular sobre la repetición de la vida terrena, considerando como algo aislado el hecho de que tu alma ha pasado por vidas pasadas de la Tierra, y pasará por otras en el futuro, pero también debes considerar con esto en mente lo que ocurre en toda la Tierra. Porque si miramos a una u otra generación que vive hoy, ciertamente podemos remontarla a las generaciones anteriores a través de la sangre —a través de características externas, físicamente heredables; estas antiguas generaciones pudieron haber vivido en la misma parte de la Tierra o, si consideramos las corrientes de las migraciones, pueden remontarse a antepasados que en una época anterior vivieron en otra parte de la Tierra; pero al hacer todo esto permanecemos enteramente en el reino material físico.

Hay, sin embargo, algo más. En esta época tenemos ante nosotros una generación de personas que, en lo que respecta a su naturaleza física corporal, desciende de sus antepasados; pero las almas que habitan en los seres humanos individuales no necesitan estar relacionadas con estos antepasados. De hecho, el alma no ha experimentado con ellos en la Tierra lo que ha sucedido en el transcurso de muchas generaciones y lo que exteriormente representa el destino de estos antepasados; esto el alma lo ha experimentado en el mundo anímico espiritual durante la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Miramos atrás a nuestro abuelo, bisabuelo, tatarabuelo. Bueno, entonces no habíamos nacido todavía; nuestra alma estaba todavía en el mundo espiritual. Nuestro cuerpo ha heredado de todos ellos, pero nuestra alma —nada! Ha vivido en un mundo completamente diferente durante todo este tiempo; en sus propias experiencias no tiene nada que ver con lo que nuestro cuerpo ha heredado de nuestros antepasados. Y si la investigación de estas cosas se hace en el reino del espíritu, los resultados a menudo parecen paradójicos para la observacion exterior. En general uno debe darse cuenta claramente que la especulación o filosofar sobre los hechos verdaderos de la vida suele dar lugar al absurdo. Sólo la percepción espiritual revela la verdad. Y un investigador espiritual a menudo se asombra de sus propios resultados. De hecho, encuentra en la misma sorpresa despertada por sus resultados una especie de verificación de ellos; pues, si sólo encontraba lo que ya había anticipado en sus pensamientos, podría no sentir una confirmación tan fuerte. Simplemente el hecho de que las cosas son, en su mayor parte, diferentes de lo que uno se imagina, generalmente hace posible ver que, al dedicarse a la verdadera investigación espiritual, uno está trabajando no en un ámbito subjetivo, sino en un objetivo.

De esta fuente, verá, que algo sale a la luz relacionado con lo histórico en la humanidad. Ya lo he señalado antes, y lo que he dicho no se corregirá en ningún sentido aquí, sino que sólo se amplificará, porque nos estamos moviendo en un ámbito muy complicado. Hemos dicho en una ocasión anterior, y esto es en cierto sentido perfectamente cierto, que tenemos por ejemplo entre los pueblos de Europa numerosas personalidades que como almas vivieron anteriormente en el sur durante los primeros siglos cristianos y ahora viven en el norte —están, sin duda, encarnados en Europa, pero más en el norte— esto es totalmente cierto, pero no se aplica a la mayoría de la población. En relación con esto, debemos buscar otro lugar para aprender los hechos reales. En el caso de la mayoría, principalmente de los occidentales actuales, pero también de los pueblos centroeuropeos, e incluso parte de la población rusa, la investigación científica espiritual nos remite a aquellos tiempos en que los conquistadores sometieron a los aborígenes de América. Estos americanos originales, estos indios americanos tenían extrañas cualidades anímicas interiores. Por regla general, no hacemos justicia a tales cosas, si nosotros, alardeando egoístamente de nuestra “cultura superior”, consideramos todo esto como mera barbarie; no hacemos justicia si no tomamos en cuenta las características enteramente diferentes de aquellas personas que fueron conquistadas y exterminadas después del descubrimiento de América; si no consideramos que tienen cualidades especiales propias, sino simplemente miramos hacia abajo desde la perspectiva de una cultura superior. Estos primeros habitantes de América, los indios americanos tenían, por ejemplo, notables sensaciones panteístas. Adoraban al “Gran Espíritu” que impregnaba todo ser. Sus almas estaban impregnadas por la creencia en este Gran Espíritu que todo lo impregna. A través de todo lo que estaba ligado a esta creencia en la vida sentimental de estas personas, estas almas estaban predestinadas a pasar por una existencia relativamente corta entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero la relación que se había desarrollado, por un lado, entre ellos y todo su entorno, su tierra natal, y por el otro entre ellos y el destino que habían sufrido al ser exterminados, fue decisiva para su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y de esto ha ocurrido que la mayoría, por paradójico que parezca, es simplemente un hecho, que la mayoría de los occidentales, los medios y hasta una parte de los europeos orientales (no todos, sino una gran parte de ellos) tienen almas que antes habitaban en los cuerpos de los antiguos indios americanos, aunque ciertamente descienden de los antepasados físicos de la Edad Media en lo que respecta a su sangre. Aunque esto puede sonar paradójico, es, sin embargo, cierto con respecto a la mayoría de la población europea. Este sentimiento, una vez experimentado por el Gran Espíritu, reaccionó con lo que ciertamente reside en el desarrollo histórico externo de la descendencia lineal, y que acogemos con los primeros sentimientos de amor en la infancia, especialmente cuando lo practicamos desde nuestro ser interior a través de imitación. Lo que asumimos así es en gran medida algo absorbido desde fuera. Entra en actividad recíproca con lo que surge en el alma de las encarnaciones anteriores. Y la vida europea no se entiende correctamente si se la considera sólo unilateralmente desde un punto de vista carente de realidad, es decir, según características heredadas. Sólo puede comprenderse cuando sabemos de dónde vienen las almas que se han unido con estas características heredadas para llevar a cabo una actividad recíproca. Y lo que ahora se ha convertido en realidad en la historia europea se formó sólo como resultado de esta cooperación entre lo que las almas fueron a través de sus vidas anteriores en la Tierra y lo que han recibido en esta vida a través de la herencia; también a través de la educación, de la educación en su sentido más amplio.

Estos pueblos se mezclaron extensamente con las almas que vivieron en el sur durante los primeros siglos del cristianismo y que también reencarnaron en la Europa occidental y del este; pero todo lo que ha ocurrido en la vida social, y especialmente lo que está sucediendo cada vez más en estos días catastróficos, insinúa que la realidad de esta vida europea es complicada. Y el investigador espiritual encuentra que se hace especialmente complicada porque las almas amerindias reencarnadas se unen con lo que aparece como características heredadas en las distintas nacionalidades.

Debemos contrastar esto con otra población europea, que encontramos en los primeros siglos cristianos, en el momento de las migraciones de los pueblos —hablando en términos de historia exterior. Me refiero a esa población europea del pasado que, como bárbaros, absorbieron el cristianismo a medida que avanzaban desde el sur, transformándolo en algo completamente diferente de lo que en los primeros siglos se había desarrollado como el cristianismo en el mundo griego y romano. Estas almas que pertenecían a la época de las migraciones de los pueblos y también de los siglos siguientes, se constituyeron de tal forma que, además de sus tendencias originales, se mostraron profundamente impresionadas por el cristianismo mientras se dirigían hacia el norte desde el sur. Debemos darnos cuenta claramente de que esta población de Europa que absorbió el cristianismo en el momento de las migraciones populares trajo a la superficie cualidades muy especiales. Hubo en este pueblo una notable tendencia a formar el organismo físico de una manera que hizo que la conciencia del yo apareciera con un vigor especial. Y la conciencia del yo que así se manifestaba estaba unida a la abnegación del cristianismo. Como resultado, el alma fue moldeada de una manera especial. Estas eran entonces almas que, por así decirlo, absorbieron el cristianismo unos siglos después de su nacimiento. Aunque las almas que han encarnado en la mayoría de la población europea de hoy han aprendido sobre el cristianismo de una manera externa a través de la educación, así como a través de lo que se puede heredar como sentimientos, no habían absorbido nada del cristianismo en sus vidas anteriores en América. Podemos comprender fácilmente la relación de la población europea actual con el cristianismo una vez que hemos descubierto que estas almas en su mayor parte no han experimentado nada del cristianismo en sus encarnaciones anteriores; que el cristianismo en ellos es meramente una cuestión de educación, de una tradición transmitida a través de generaciones, una tradición perpetuada por la educación.

Pero hay otro aspecto: aquellas almas que llegaron a conocer el cristianismo en Europa, es decir, en su desarrollo temprano, encarnaron, a medida que los tiempos presentes se acercaban, más hacia el este, más hacia Asia. De modo que, de hecho, aquellas almas que alguna vez estuvieron un poco impregnadas del cristianismo ahora oscilan en la otra dirección y absorben lo que ha permanecido en el Oriente de las viejas tradiciones orientales y que allí han caído en decadencia. Los japoneses, si son estudiados de una manera científico espiritual, a menudo son reencarnaciones típicas de almas que una vez vivieron en Europa en el momento de las migraciones.

Es más, podemos desarrollar un entendimiento para personalidades prominentes si conocemos tales hechos. Traten de comprender la extraña personalidad de Rabindranath Tagore desde este punto de vista: “Lo que le fue educado del orientalismo, especialmente de la tradición india, le llega a través de la herencia. Así, lo que se le da a través de la herencia, a través de la educación, le viene de afuera. Esto es en su mayor parte decadente, y por esta razón tiene un carácter “ingenioso”. Pues de cierta manera, lo que se oye de Rabindranath Tagore se formula de una manera extremadamente “ingeniosa”. Pero al mismo tiempo el europeo siente algo en Tagore que brilla intensamente a través de todo lo que se presenta de una manera tan ingeniosa. Y eso viene del hecho de que esta alma vivió en una encarnación anterior entre un pueblo que había aceptado el cristianismo.

Se puede ver que no es menos abstracto observar el mundo externo desde un punto de vista meramente materialista que desarrollar otra concepción de vida irreal. ¿Qué sabemos de la humanidad actual si sólo sabemos de su relación de sangre, de su descendencia de sangre, si no somos capaces de tomar en consideración lo que las almas han traído con ellos de una encarnación anterior? Este elemento, se puede ver, se funde con los elementos externos de la herencia y la educación en una sola totalidad.

Aquellas almas que habitaban en la Europa media en el momento de las migraciones populares estaban predestinadas por toda la configuración de sus almas y sobre todo por su permeación interior con el cristianismo a permanecer más tiempo de lo habitual en el mundo del espíritu entre la muerte y un renacimiento, para experimentar este reino más intensamente.

Cuando el científico espiritual investiga el presente, es conducido de vuelta al tiempo del Misterio del Gólgota, o poco antes o poco después del evento. En Asia, la población no había absorbido nada de este Misterio del Gólgota. La sabiduría oriental, sin embargo, esa sabiduría que floreció en el carácter oriental como resultado de la devoción, sentó las bases para cualquier entendimiento que se trajo al cristianismo en sus primeros tiempos. El Misterio del Gólgota está allí para nosotros como un hecho único. Visto desde las diferentes épocas, se puede entender de las más variadas formas. El pueblo de los primeros siglos del desarrollo griego y romano se acercó a este Misterio aplicándole la sabiduría que venía de Oriente. De la sabiduría oriental recibieron los conceptos a través de los cuales entendieron la encarnación de Cristo en el hombre, Jesús de Nazaret.

Sin embargo, el pueblo que vivió en Asia antes, en el momento y después del Misterio del Gólgota, todavía estaba dotado de una fuerza creadora mucho más activa que la que se encuentra en el Oriente actual, aunque en ese momento ya se había vuelto algo tenue. Estas personas, que entonces habitaban en Asia, al menos una gran parte de ellas, se encarnan hoy en la mayor parte de la población americana. Como resultado de su cultura oriental especialmente desarrollada,  esta parte de la humanidad tuvo que pasar mucho tiempo en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento;  así son en realidad almas viejas. Están naciendo en América en cuerpos en los que, si puedo decirlo, no se sienten muy cómodos, y que por lo tanto, prefieren considerar más desde el exterior que desde el interior. Es por eso que hoy encontramos en América una predilección especial por una visión externa de la vida. Así se revela la curiosa paradoja: aquellas almas que vivían en el Oriente, que aún no habían aceptado el cristianismo, pero que tenían una buena cultura espiritual, viven ahora en los cuerpos americanos. Una parte de estas, diría yo, muestra en un fenómeno aislado cómo funcionan estas cosas. El oriental tenía una inclinación hacia lo espiritual en el mundo. Como estas almas aparecen de nuevo hoy en América, desarrollan una especial predilección por el mundo espiritual, pero esto ahora se ha vuelto abstracto, no tiene más la calidad interna, viva. En épocas pasadas, en encarnaciones anteriores, todas las experiencias relacionadas con el mundo espiritual estaban conectadas con un descuido del mundo físico, con un desprecio por las cosas físicas. Entre los partidarios de la Ciencia Cristiana esto aparece en una forma decadente; la existencia de la materia se niega, no desean mirar la materia. Uno siente que estas personas, de cierta manera, continúan rindiendo homenaje a la antigua, pero una vez viva espiritualidad, que ahora se ha vuelto más amortiguada, más cadavérica, que ha adquirido ahora una forma cadavérica espiritualmente. Pero esto sólo se aplica a unos pocos distinguibles entre la población. En general, se puede ver en el punto de vista americano cómo las almas no se sienten sólidamente dentro de sus cuerpos, cómo tratan, por consiguiente, de aprehender el cuerpo desde fuera, cómo incluso la ciencia de la psicología en América adquiere un carácter en el que no se tiene un concepto verdadero del yo. Debido a que el alma estuvo una vez acostumbrada a sentirse en lo supraterrenal, esta encarnación del yo, como ocurre ahora en el oeste, no se lleva a cabo como debe ser. De esto se deriva que un pensamiento no está debidamente ligado a otro. Esto entonces se llama la “psicología de la asociación”. En ella el ser humano se convierte en una especie de juguete, arrojado por los pensamientos al asociarse unos con otros. Y aquí, curiosamente, surge algo que podría ser expresado por una frase a menudo usada despectivamente por ciertas personas al referirse a nuestra doctrina de vidas terrestres repetidas; hablan de la “transmigración del alma”. Pero no debemos usar la frase: “transmigración del alma” cuando nos referimos a vidas terrestres repetidas, a menos que tengamos, de hecho, la intención de hablar despectivamente. Porque hablando de las repetidas vidas terrenales, se trata de una evolución, de un desarrollo del alma, no de lo que se nos acusa de enseñar. Pero en otro sentido podemos hablar de transmigraciones del alma, pues de hecho las almas que habitan una parte de la Tierra durante un cierto período, no permanecen en el mismo lugar en la Tierra en la próxima época, sino que van a un lugar diferente. Por lo tanto, encontramos las almas que se encarnaron en el sur durante los primeros siglos cristianos encarnados ahora en la Europa occidental, central y oriental, más hacia el norte; pero esta población ahora está intercalada con otras almas que se encarnaron en los cuerpos indios americanos. En Asia encontramos las almas que vivieron en Europa en el momento de las migraciones populares, o incluso antes y después; y en América se encuentran las almas que vivieron en Asia en el mismo momento en que tuvo lugar el Misterio del Gólgota.

Estamos ahora sin duda frente a una época en la que la gente va a desarrollar un anhelo de penetrar la plena realidad. Hoy existe todavía una fuerte oposición a esta penetración de la realidad plena, no sólo en el ámbito teórico, sino también en el ámbito de la vida exterior. Consideremos solamente cómo he tenido que caracterizar una y otra vez, desde los más diversos ángulos, esta enfermedad del intelectualismo, que ha aparecido en los últimos años. A menudo, incluso en las conferencias públicas he tenido que señalar en términos agudos a este engaño de una gran parte de la humanidad por el intelectualismo. En esto también encontramos algo aludido, pero en una forma ya bastante abstracta, que por supuesto ha aparecido gradualmente en el pensamiento social como el resultado del materialismo. Lentamente en el curso del siglo XIX surgió el principio de la nacionalidad, este acentuar de la nacionalidad, este deseo de vivir sólo en la nacionalidad. Esto representa la antítesis de la naturaleza del alma-espíritu; porque esta naturaleza anímico espiritual no se preocupa por la nacionalidad. Muchas de las almas que hoy viven en Europa estuvieron antes encarnadas en América. Las almas que hoy viven principalmente en cuerpos japoneses no deben señalar a sus ancestros, en lo que respecta a sus almas, sino a la época de las migraciones populares en Europa. Sí, de hecho, los estadounidenses no deben enorgullecerse de sus antepasados, su ascendencia europea de sangre. Más bien debería señalar el hecho de que una vez vivieron en Asia en el momento del Misterio del Gólgota, y pasó por una cultura que aún no estaba permeada por el cristianismo; así también son aquellos que aceptan el cristianismo a través de la tradición externa y la educación externa. Todavía hay una fuerte oposición de esta parte a una concepción anímico-espiritual del mundo.

No sólo en la ciencia encontramos el materialismo, sino a través de toda la civilización externa. Y lo que los políticos quieren hacer de Europa hoy, este nuevo mapa de Europa, está totalmente creado a partir de sentimientos materialistas, a partir de impulsos materialistas. La humanidad sólo despertará cuando añada a estos impulsos nacionalistas —que son materialistas, basados únicamente en una observación de la continuidad externa de las generaciones— la consideración histórico-social de la vida en su verdadera realidad. Entonces veremos también las almas que viven en los cuerpos actuales. Estas almas sólo tienen como envoltura exterior lo que se transmite a través de sucesivas generaciones por medio de la herencia física o lo que se les transmite a través de la tradición como cultura espiritual y meramente aceptada como tal a través de la educación.

En las profundidades de las almas humanas, ya prevalece el anhelo de ir más allá de lo que una concepción puramente materialista puede proporcionar. Por supuesto, los resultados de la verdadera investigación espiritual, comparados con el pensamiento acostumbrado de hoy, a menudo parecen paradójicos. Pero cualquiera que desee profundizar en la vida, especialmente en la vida actual (que de hecho está llena de dificultades) verá, por ejemplo, que muchas cosas se hacen comprensibles cuando se está dispuesto a escuchar lo que dice el investigador espiritual de su investigación exacta y concienzuda. Las personas están acostumbradas a atribuir algún valor a lo que les comunican los observatorios astronómicos o similares. Si en algún lugar se ha hecho un descubrimiento astronómico, la gente no dice que lo acepta por la fe en la autoridad. No son conscientes de que de hecho lo aceptan por la autoridad, aunque en conexión con un razonamiento humano sano que considera que lo que un observatorio da al resto del mundo no es insensato; que las cosas se organizan de manera sensible, de modo que no hay razón para que la gente ponga en duda la verdad de lo que se les comunica. El tejido de la vida es tal que no necesitamos decir que aceptamos algo meramente por fe en la autoridad. Pero también debemos pensar de la misma manera cuando aparecen ocasionalmente investigadores espirituales, al igual que los astrónomos ocasionales, y anuncian los resultados de su investigación espiritual; porque encontraremos estos resultados verificados en todas partes en la vida si estamos dispuestos a aplicar el sentido común.

La ciencia espiritual antroposófica ciertamente seguiría siendo teórica y abstracta en referencia a la vida, si no permeara cada rama separada de la vida humana. No deben imaginar que la historia, por ejemplo, debiera estar influenciada por la ciencia espiritual de tal manera que ahora desarrollemos solamente, aunque algo más profundamente, la historia de las épocas, de las generaciones o similares; esa no es la intención. Pero la investigación espiritual debe combinarse con los hechos externos de la visión pragmática u otra de la historia, y de esto debe surgir una visión de la realidad completa.

Por muy grande que sea el anhelo en las profundidades inconscientes de la vida humana para tal visión de la vida, que corresponde a la realidad, existe sin embargo, con tanta fuerza y en la parte más consciente de la vida humana, la oposición a nuestros puntos de vista. Y para dar la apariencia de justificación, nuestros adversarios buscan todos los medios. No se reducen a ningún tipo de difamación. Ya les mostré ayer, en un ejemplo, cuán erróneos son estos opositores, cómo simplemente mienten, declarando la falsedad objetiva. [* Berna, 13 de diciembre de 1920, conferencia pública: “Los resultados de la ciencia espiritual y sus relaciones con el arte y la religión”. (En esta conferencia se hace referencia a la falsedad de ciertas declaraciones hechas por teólogos en Basilea en relación con el grupo plástico en el Goetheanum.) Aparte del hecho de que estos son ataques a la ciencia espiritual antroposófica —que no nos preocupa mucho— son las cualidades humanas las que se nos revelan así!.

Más aún, queridos amigos, debemos sacar fuerzas de las fuentes que, a pesar de todo esto, nos dan la imagen del mundo que necesita la Humanidad en la actualidad, y que la necesitará aún más en un futuro próximo, especialmente aquella parte que todavía está en su apogeo hoy. ¡Ya no se podrá vivir con la antigua imagen del mundo! Debemos sacar fuerzas de una visión del mundo tal como lo amplía la perspectiva histórica y hablar del origen de las almas, no meramente del origen de los cuerpos. Y además, debemos adquirir la fuerza para defender la Antroposofía, donde sea que podamos. La Antroposofía, mis queridos amigos, necesitará de personas que le apoyen. Lo que aparece hoy como oposición a nuestro trabajo no disminuirá y no asumirá formas más agradables en el futuro. Por el contrario, esta oposición adoptará formas peores. Quien sea consciente de lo que significa la Antroposofía podrá, a través de esta conciencia misma, encontrar la base a partir de la cual él, en su posición en la vida, puede trabajar de la manera adecuada. Porque lo que se hace a través de la Antroposofía no es realmente para fines personales; se hace por el bien de la Humanidad. Y no debemos dejarnos desanimar por el hecho de que nuestros oponentes van a ser cada vez más fuertes y cada vez más virulentos —por el hecho de que hoy en día se emplean muchos métodos desagradables. La mezquindad de nuestros opositores seguirá aumentando. Si, por esta razón, perdemos el valor, no habremos entendido realmente lo que la Antroposofía significa para el futuro desarrollo de la Humanidad.

Con estas últimas palabras ha sido mi deseo llamar la atención sobre algo que debería ser considerado dentro de nuestro Movimiento. He conectado intencionalmente estas últimas palabras con el importante estudio que hemos emprendido hoy acerca del progreso de las almas a través de repetidas vidas terrestres, y la forma en que nuestra organización humana se está construyendo desde dos direcciones, desde el gran Universo y desde la Tierra. Lo que la ciencia externa sabe de estas cosas es muy poco. Esta ciencia externa se ha limitado a la consideración de lo que es, después de todo, sólo el cuadro final de las fuerzas verdaderamente activas —ectodermo, endodermo, etc.,— sin saber qué significado macrocósmico tiene el ectodermo, qué significado telúrico tiene el endodermo, cómo estos, de nuevo, están conectados con la imagen mental y la voluntad.

Al no tener en cuenta estas profundas interrelaciones, el método de percepción materialista sólo considera las externalidades, sólo los hechos externos al último grado. Y lo mismo ocurre en el campo histórico, donde el ojo se fija en lo que podría decir, fluye a través de la sangre de las generaciones, y debe ser observado a través de la tradición en el curso de la continuidad lineal del desarrollo histórico en cualquier territorio que ustedes puedan nombrar mientras que el hecho es que la realidad plena se puede comprender, si nos preguntamos no sólo qué sangre fluye en las venas de una persona, sino de dónde viene el alma que usa esta sangre. Debemos esforzarnos por una consideración total de la humanidad, después de una verdadera visión de la realidad; pues esto es lo que demanda el mundo y se exigirá cada vez más. La antroposofía está dispuesta a dar esto.

Esto es lo que quería decirles hoy. Esperemos que pronto nos veamos de nuevo para que podamos continuar tales estudios, que pueden conducir a una comprensión del presente y del futuro, a una comprensión de la naturaleza humana y del universo en la medida en que el hombre es nacido de ella.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Septiembre de 1917.

 

GA266. De los Contenidos de las Clases Esotéricas

Rudolf Steiner – Múnich, 17 de marzo de 1908

versión inglesa

Es la tarea de la 5 ª Época Post-atlante desarrollar el Yo Espiritual o Manas. Esto se inicia en la Época hindú donde el Yo Espiritual se hunde el cuerpo sensible.

En la siguiente subraza, la protopersa, el Manas penetra en el alma sensible y por lo tanto entra en un nuevo elemento, el elemento del alma. El resultado de esto es que ciertos demonios que antes no tenían poder sobre los hombres fueron liberados y se hicieron hostiles. La demonología surge en esta raza; Ningún demonio había sido mencionado en sagas y mitos anteriores.

En la tercera sub-raza el Manas se hunde en el alma intelectual o racional de los egipcios, babilonios, asirios y semitas. Nada cambia mucho, porque Manas permanece en el mismo elemento del alma.

En la cuarta, penetra en el espíritu de la sub-raza greco-romana  donde se desarrolla en el alma consciente que también permanece en el elemento anímico. Y Cristo Jesús baja a la Tierra. Él tiene el poder de superar a los demonios hostiles, la Biblia dice que él ató a Satanás por mil años. Continua nuestra quinta sub-raza y ahora el Manas pasa a un nuevo elemento. Comienza a vivir en su propio elemento: el Yo Espiritual en el yo espiritual. Así se liberan nuevos poderes hostiles que la Humanidad no conocía antes. Y es que estos enemigos salen del propio corazón del hombre. Los hombres se obstaculizan mutuamente influenciándose más de lo que nunca lo habían hecho anteriormente. Puede servir como ejemplo un caso que fue investigado ocultamente.

Cuatro personas vivían juntas. El primero era un poco débil de mente y loco. El segundo era considerado un hombre muy talentoso, era productivo y trabajaba exteriormente. El tercero era un hombre llamado promedio y el cuarto era un hombre muy desarrollado, aunque no podía expresarse. ¿Cómo se ve esto desde una perspectiva oculta?. El primero tiene una voluntad muy débil, pero normalmente está dispuesto. El número res aparentemente promedio está desquiciado interiormente y se lo arroja al primero. ¿Qué pasa con el segundo hombre talentoso y productivo? Él realmente sólo tiene el talento de ser capaz de expresar algo. El contenido valioso de todo lo que produjo fue una transferencia del conocimiento y fuerzas de sabiduría del cuarto, que sin embargo no tenía la capacidad de expresarse. Pero cuando tartamudeaba una oración, allí había mucha más fuerza real que en las palabras brillantes que salían del número dos, que impresionaba tanto a los hombres.

Es tarea de un hombre hoy liberarse cada vez más de las influencias restrictivas de su ambiente y no dejar que tales influencias salgan de él. Se supone que el hombre se vuelve cada vez más libre. Se supone que un hombre reconoce y realiza las leyes eternas del bien por su propia voluntad. El mundo espiritual sólo se revela a un ser humano interiormente libre. Cuando algunos alumnos esotéricos dicen que escuchan voces que les dicen qué hacer en sus asuntos cotidianos, se están engañando a sí mismos. Los maestros son silenciosos sobre los asuntos cotidianos. Sólo hablan si un hombre se eleva por encima de su existencia a las grandes leyes mundiales relativas a la evolución humana y del mundo. El hombre debe aprender a ser libre e independiente en su pequeño círculo, para que pueda entrar en el mundo espiritual como un ser libre y consciente de sí mismo, pues sólo así podrá convertirse en un miembro útil en la evolución humana.

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Traducido por Gracia Muñoz en Julio de 2007

 

GA211. Las Esferas Planetarias y su Influencia en la Vida del Hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 24 de Abril, 1922

 

12 conferencias sueltas del 21 de mar a 11 de junio de 1922  en diversas ciudades. del ciclo  “El misterio del Sol y el misterio de la muerte y la Resurrección. Cristianismo exotérico y esotérico”.

 

English version

 

Mis queridos amigos,

Es de la mayor importancia que exista en este tiempo un cierto número de personas que sepan en qué punto de su evolución espiritual se encuentra el hombre y que también conozcan cuál debería ser el próximo paso para que la civilización no se vaya completamente abajo. ¿Porque qué es lo que está sucediendo hoy? Al hablarles, queridos amigos, puedo usar la terminología antroposófica y decir de inmediato que las fuerzas ahrimánicas, que están actuando dondequiera que el hombre piense o actúe sobre una base materialista, están en nuestros días tratando de encadenar al hombre hacia la Tierra ganando la posesión de su intelecto. Estas fuerzas ahrimánicas son muy poderosas en este momento y buscan todo tipo de formas para acceder a las almas de los hombres, con el objeto de llevarlas a la adopción de una perspectiva puramente materialista, una comprensión puramente intelectual del mundo. Es por esto muy importante que existan, como he dicho, cierto número de personas que sepan cómo debe continuar la evolución del hombre para que pueda alcanzar su meta.

Echemos un vistazo al pasado. Podríamos ir mucho más lejos, pero por el momento no necesitamos ir más allá de tres o cuatro mil años antes del Misterio del Gólgota. Y luego seguiremos, desde un punto de vista, el curso de la evolución del hombre desde esa época.

De la época que quiero hablar primero, es una civilización que floreció en el Oriente y que en mi libro “La Ciencia Oculta” he llamado la antigua civilización persa. El maestro de la humanidad durante el auge de esta civilización fue Zaratustra, Zoroastro. No es el Zaratustra de quien habla la historia; ese vivió más tarde. Zaratustra es un maestro de la humanidad mucho más antiguo. En aquellos tiempos era, como ustedes saben, una costumbre bastante común que los alumnos de un maestro grande y elevado continuaran durante mucho tiempo llevando su nombre; y el Zaratustra del que habla la historia es en realidad el último de una sucesión de alumnos del gran Zaratustra. Ahora bien, este gran maestro de la humanidad fue iniciado de una forma muy maravillosa y notable en los secretos de la existencia, y pudo presentarse ante los hombres de su tiempo y enseñarles como un eminente y sublime iniciado. Zaratustra sabía —y fue su iniciación lo que le permitió tener el conocimiento— que en ese lugar del cielo donde se dirigen nuestros ojos cuando miramos al Sol, vive un gran y omnipresente Espíritu. Al principio no vio el Sol físico en absoluto; en el lugar en los cielos donde hoy, con nuestra conciencia ordinaria, vemos el Sol físico, Zaratustra vio un gran y omnipresente Espíritu Cósmico. Y este Espíritu cósmico lo influyó de una manera espiritual, con lo cual pudo saber que con la luz del sol, con los rayos que caen del Sol sobre la Tierra, vienen también rayos espirituales, rayos de gracia y bondad divino-espiritual que encienden en el alma y en el espíritu del hombre, ese “hombre superior” al cual el hombre ordinario en nosotros debe aspirar continuamente.

En aquellos tiempos antiguos, los iniciados no recibían nombres por ningún motivo externo, sus nombres les llegaban a causa de lo que sabían. Y así este sublime iniciado de quien hablamos fue llamado por sus discípulos —y también se llamó a sí mismo— Zaratustra, Zoroastro, la Estrella Radiante; fue nombrado como la divinidad radiante que envía a la Tierra los rayos de la sabiduría. La iniciación de Zaratustra fue, en relación con todas las iniciaciones que vinieron después de él, la más elevada y sublime. Cuando miraba el Sol cósmico espiritual, estaba buscando la fuente de todas las fuerzas que hacen que las piedras de la Tierra sean duras y sólidas, que hacen que de las plantas salgan las semillas y crezcan, que vivan los animales que se extiendan sobre la faz de la Tierra en sus diferentes especies y hace que el hombre florezca y evolucione en la Tierra. El más antiguo de los Zaratustra, la Estrella Radiante, tenía conocimiento de todo lo que ocurría en la Tierra; y tuvo este conocimiento porque pudo experimentar el Ser Espiritual del Sol.

Entonces llegó un tiempo en que el hombre ya no fueron capaces de penetrar tan profundamente en los Misterios de los Mundos, —el tiempo que he nombrado, en mi “Ciencia Oculta”, como la civilización Egipcio-Caldea. El hombre seguía mirando hacia el Sol, pero ya no lo veía tan radiante como el que envía sus rayos; el sólo lo vio brillando, como iluminando la Tierra con su luz. Los hombres hablaban en aquellos tiempos de Ra, cuyo representante en la Tierra era Osiris; Ra significaba para ellos el Sol que se movía alrededor de la Tierra, dando luz. Algunos de los secretos se habían perdido; El iniciado ya no era capaz de ver con plena claridad interior al radiante Dios cósmico, como lo habían hecho los iniciados de la época antigua. Sólo podían ver que las fuerzas astrales primitivas provienen del Sol. Zaratustra veía en el Sol un Ser, el todavía era capaz de ver en el Sol un Ser. Los iniciados de Egipto y de Caldea vieron en el Sol las fuerzas que llegan a la Tierra, —fuerzas de luz, fuerzas de movimiento. Lo que vieron fueron hechos— algo inferior del Ser; es verdad, pero no es un ser espiritual.  Y los iniciados egipcios hablaron de Aquel que representa en la Tierra las fuerzas del Sol que el hombre lleva dentro de sí; y lo llamaron Osiris.

Cuando llegamos a la época Griega, encontramos que en el siglo octavo, séptimo y quinto antes del Misterio del Gólgota, el hombre había perdido todo el poder de mirar los Misterios del Sol, sólo podía ver el efecto de la influencia del Sol en el medio ambiente de la Tierra. El hombre vio el funcionamiento del Sol en el éter que llena todo el espacio alrededor de la Tierra. Y a este éter, que se extiende alrededor de la Tierra e impregna también al hombre mismo, los iniciados griegos —no el pueblo en general, sino los iniciados— lo llamaron Zeus.

Tenemos entonces estas tres etapas en la evolución cultural de la Humanidad. Primero estaba la etapa en que los iniciados contemplaban en el Sol un Ser Divino-Espiritual; después vino una segunda etapa, cuando los iniciados vieron actuando las fuerzas del Sol y finalmente una tercera etapa, cuando los iniciados contemplaron sólo la influencia del Ser del Sol en el éter de la Tierra.

Ahora bien, en un tiempo posterior hubo un hombre que se acercó tanto a las enseñanzas de la iniciación como fue posible acercarse en ese tiempo y que estaba familiarizado con la enseñanza de estos tres aspectos del Sol —el aspecto del Sol de acuerdo con Zaratustra, el aspecto del Sol asociado con Osiris y el aspecto del Sol visto y comprendido por Pitágoras y Anaxágoras. Me refiero a Julián el Apóstata. Juliano el Apóstata no fue capaz de contemplar al Sol en los tres aspectos, pero conocía la enseñanza; lo sabía como una tradición que había descendido de los Centros de Misterio. Y tan impresionado estaba Juliano el Apóstata por esta enseñanza de los tres aspectos del Sol que para él lo que trajo el cristianismo le parecía pequeño en comparación. Porque todavía sabía de la inexpresable gloria y esplendor que Zaratustra había contemplado; había aprendido también a conocer las actividades del fuego y de la luz, de las fuerzas químicas cósmicas y de las fuerzas vitales cósmicas, que el hombre había podido contemplar en los antiguos Misterios. Todo esto lo pudo aprender Juliano aunque sólo por la tradición. Y toda esa enseñanza le pareció tan sublime, tan poderosa, que se encontró incapaz de aceptar el cristianismo. De hecho, los pensamientos y propósitos de su mente tomaron otra dirección. Se apoderó del deseo de impartir a la humanidad los Antiguos Misterios en los que él mismo se había iniciado hasta cierto punto. Y esto, queridos amigos, fue lo que finalmente llevó al desembarazo de la daga que llevó su vida a un final violento. La mano que levantó la daga pertenecía a uno de los que consideraron un pecado comunicar las elevadas enseñanzas de la iniciación a la humanidad en general y que quería que la gente oyera hablar del Sol solo en su manifestación externa, es decir, en los términos externos que eran la costumbre de esa época.

Julián el Apóstata declaró que el Sol tiene tres aspectos: primero, el aspecto del éter terrestre; en segundo lugar, el aspecto de la luz del cielo que está detrás del éter terrestre, que es el aspecto químico, del calor del fuego y de las fuerzas vitales; Y por último, el aspecto del puro Ser espiritual. Y por esto fue puesto fuera del camino. Si bien hay que admitir que todavía no había llegado el momento en que la humanidad en general estuviera madura para recibir tales verdades graves y solemnes.

Un estudio de la historia puede, sin embargo, sacar a la luz algo más en este sentido, y que es de gran importancia. Buena parte de esta triple enseñanza de Zaratustra, Osiris y Anaxágoras —la enseñanza del Sol espiritual; del Sol elemental; y de Zeus, en el ambiente etérico inundado con el Sol a la Tierra—  que encontró su camino en la cultura exotérica externa de Grecia. Y el mundo nunca habría tenido un arte griego tan sublime, ni una filosofía griega tan maravillosa, nunca habría tenido un Platón y un Aristóteles, si no fuera porque en el arte y la filosofía de Grecia, pudieron fluir las corrientes de esta antigua sabiduría.

Sin embargo, llegó el momento en que las verdades iniciáticas transmitidas desde épocas pasadas ya no estaban suficientemente protegidas de la profanación. Muchas enseñanzas que tuvieron su fuente en la sabiduría de la iniciación pasaron a manos de distinguidos romanos, especialmente los emperadores romanos. Entre todos ellos, tal vez sólo de Augusto, se puede decir que todavía supo valorar la sabiduría iniciática que se le impartió. En el mundo romano, en general, no se entendía el factor esotérico del arte y de la sabiduría griega, no se reconoció que estos elementos contenidos pudieran remontarse a la enseñanza de una antigua sabiduría. Por consiguiente, la desesperadamente prosaica civilización bárbara de Roma se apoderó de lo que podríamos llamar el brillo superficial, el brillo de la cultura griega, pero fue incapaz de transmitir, en su verdadera forma, a las generaciones posteriores lo que vivía en el corazón de esta cultura. Y así, cuando las influencias romanas comenzaron a penetrar en el cristianismo que desde el misterio del Gólgota había entrado en el mundo, no había posibilidad de que el cristianismo recibiera, junto con todo lo que venía de Roma, la verdadera esencia de la antigua cultura.

Cuando describo acontecimientos históricos de la manera que acabo de hacer, no deben tomarlo como una expresión de culpa o de crítica. Era necesario para la evolución de la humanidad que las cosas sucedieran como lo hicieron. Sin embargo, también es necesario que no estemos ciegos al hecho de que, debido a que Roma no supo valorar y guardar la iniciación, se impidió a las verdaderas iniciaciones el encontrar su camino hacia Occidente. Debemos hacernos conscientes de que nosotros, como seres humanos que poseemos la conciencia ordinaria de los tiempos modernos, hemos sido excluidos de las verdades sagradas de los tiempos antiguos porque Roma fue incapaz de entender estas verdades. Como sabemos, fue un hombre que salió de Roma el que expulsó de Europa a los últimos filósofos griegos y los obligó a buscar refugio en el Oriente.

Tengo que llamar a estas cosas a la mente; la consideración del tema que tenemos entre manos hace necesario que comencemos refiriéndonos a ellos —recuperando nuestros pensamientos, aunque sea por un breve tiempo, hasta el lejano momento en que los maestros espirituales del hombre todavía podían volver su mirada a los cielos estrellados y contemplar allí el triple sol. El único remanente de este conocimiento que ha quedado para las generaciones posteriores es el símbolo de la triple corona usada por los Papas de Roma. El símbolo externo permanece; La realidad interna se ha perdido. Pero a través de la nueva iniciación de los tiempos modernos, se ha abierto otra  vez para el hombre el poder mirar hacia atrás a las épocas anteriores de su evolución. Esta nueva iniciación de la que cuenta nuestra enseñanza antroposófica nos permite mirar hacia atrás y ver cómo fue para el hombre cuando elevaba su mirada desde la Tierra hacia el Sol y escuchaba lo que el Sol le enseñaba sobre los misterios de la evolución humana .

Queridos amigos, cuando los discípulos de los antiguos iniciados miraban hacia el ancho universo y hablaban de lo que veían allá fuera de la Tierra en el funcionamiento del Sol, sí, en el Sol mismo, cuando hablaban del sublime Ser Espiritual del Sol proclamado por Zaratustra, estaban hablando del mismo Ser a quien, en estos últimos tiempos, designamos como Cristo. De modo que nos adherimos estrictamente a la verdad cuando decimos que los iniciados de los tiempos antiguos vieron al Cristo fuera de la Tierra en el Cosmos, en el Cosmos que tiene su centro y representante en el Sol. La verdadera esencia del Misterio del Gólgota no radica en el hecho de lo que enseña Cristo. Los iniciados de los tiempos antiguos también lo sabían y enseñaban. Sólo que hablaban de Él no como viviendo en la Tierra, en las fuerzas de la Tierra, sino como viviendo dentro de las fuerzas del Sol. Es un error pensar que los antiguos iniciados no hablaban del Ser Crístico. Se habló de Cristo continuamente antes el Misterio del Gólgota, —como un Ser que está fuera y más allá de la Tierra. Los hombres han perdido de vista esta verdad y son capaces de considerar que la declaración es anticristiana. Pero, ¿por qué una declaración semejante debe considerarse como anticristiana, ya que los Padres de la Iglesia primitiva sin duda sostuvieron esta opinión?. Ellos dijeron: “Los sabios de la antigüedad que a menudo son descritos como paganos son, en un sentido más profundo, cristianos. Los primeros Padres de la Iglesia no dudaron en hablar de los paganos como cristianos antes del Misterio del Gólgota “.

Lo que ocurrió en el Misterio del Gólgota no fue nada menos que el Ser que antes no se encontraba en la Tierra, a quien sólo se podía encontrar fuera de la Tierra cuando se iniciaba en los Misterios Estelares. Estando encarnado en Jesús de Nazaret, vivió en la Tierra, fue crucificado y sepultado y apareció ante sus discípulos iniciados como Resucitado —Como Aquel que ha resucitado en el cuerpo espiritual. El gran y sublime Sol descendiente de las alturas cósmicas, descendió a la Tierra, ese es el acontecimiento que sucedió en el Misterio del Gólgota. Y cuando descendió de los mundos espirituales y pasó por la muerte, y su cuerpo fue colocado en la Tierra, entonces este mismo Cristo —después de Su muerte, después de Su resurrección—- tuvo discípulos iniciados. Y es importante que muchos conozcan hoy lo que Cristo enseñó en ese tiempo a Sus discípulos iniciados; Es importante que muchos conozcan esta enseñanza del Cristo Resucitado, para que puedan participar de las fuerzas que ahora están trabajando para la evolución ulterior de la humanidad.

Volvamos una vez más al iniciado de la antigüedad. ¿Cómo recibió su enseñanza? Todos los iniciados de tiempos antiguos fueron instruidos por Seres que estaban fuera y más allá de la Tierra. Y la instrucción se llevaba a cabo de la siguiente manera. Los alumnos de los Misterios fueron entrenados y preparados para poder ver cuando estaban fuera de su cuerpo, y luego a través de este tipo de visión, llegaron a conocer a los Seres. Hemos hablado de cómo Zaratustra llegó al conocimiento de Cristo como el sublime Ser Solar. Los iniciados de la antigüedad llegaron a conocer también otros Seres de las Jerarquías. Y el lenguaje, el lenguaje espiritual que fue utilizado por un Ser que descendió de esta manera para enseñar a los iniciados, era un lenguaje por medio del cual, era en aquellos tiempos aún posible impartir enseñanzas a los hombres.

Había así en tiempos antiguos maestros divinos. Y el Cristo,  —Él era también un maestro divino. Para aquellos a quienes Él dio instrucción después de Su Resurrección Él fue el maestro divino. Y lo que Él podía enseñarles era nuevo; era más de lo que enseñaban los primeros maestros divinos.

Los maestros divinos de épocas anteriores hablaron a los hombres de los secretos del nacimiento, pero no hablaron de los secretos de la muerte; Porque en el mundo divino de donde los primeros maestros divinos descendían para enseñar a los iniciados de la antigüedad, no había seres que hubiesen sufrido la muerte. La muerte era algo que sólo podía ser experimentada en la Tierra por el hombre. Los Dioses miraron hacia abajo y vieron que el hombre muere; Su conocimiento de la muerte era un conocimiento meramente externo. Pero Cristo aprendió a conocer la muerte en la Tierra. Porque no sólo se incorporaba, brillando en algún ser humano en ciertos momentos, como era el caso de los Divino Maestros de la antigüedad. Cristo aprendió a conocer la muerte en tanto que Él, un Dios, vivió en la Tierra como un alma humana en un cuerpo humano físico. Así, Él aprendió a conocer la muerte en su realidad. Pasó por la muerte. Y aprendió algo más.

Mis queridos amigos, si el Cristo hubiera sufrido solamente lo que ocurrió desde el bautismo en el Jordán hasta la época de la Crucifixión y la muerte en la cruz, después de haber sufrido todo esto, todavía no habría podido hablar de los Misterios de los cuales habló a Sus discípulos iniciados después de Su Resurrección. Debo explicarles que, a los Maestros divinos que pudieron descender a la Tierra y a los Maestros iniciados en tiempos antiguos, todos los Misterios estaban abiertos en todo el mundo, salvo los Misterios del interior de la Tierra.

 Los iniciados sabían que allá abajo, dentro de la Tierra, había Seres espirituales de otra clase distinta que los Dioses, que mantienen el mando, y que antes del Misterio del Gólgota usaban una y otra vez para hacer descender a los seres humanos. Los griegos, por ejemplo, no desconocían los Seres Espirituales en el interior de la Tierra; en su mitología los llamaron los Titanes. Pero Cristo fue el primero de los dioses superiores en aprender a conocer el interior de la Tierra. Eso es un hecho importante. El Cristo, porque fue sepultado en la Tierra, llevo el conocimiento a los dioses superiores de una región de la cual no se tenía conocimiento. Y este secreto, de que los dioses también sufren una evolución —este secreto Cristo lo comunicó a sus discípulos iniciados después de su resurrección. Este secreto también lo aprendió Pablo a través de la iniciación natural que experimentó en las puertas de Damasco. Lo que aturdió y sacudió a Pablo hasta las profundidades de su ser fue el conocimiento de que el Poder que antes se había buscado en el Sol se había unido ahora con los poderes de la Tierra.

¿Por qué Pablo, siendo aún Saulo, persiguió a los seguidores de Cristo? La razón era que había aprendido en la vieja iniciación caldea que el Cristo vive fuera de la Tierra en el Cosmos y que aquellos que declaran que Cristo vive en la Tierra están en error. Pero cuando Pablo recibió la iluminación en su camino a Damasco, en ese momento supo que era él mismo quien estaba equivocado, ya que estaba dispuesto a creer sólo lo que hasta entonces había sido verdad. Pero ahora veía que lo que había sido verdad, había cambiado; El Ser que antes habitaba sólo en el Sol había descendido a la Tierra y continuaba viviendo en las fuerzas de la Tierra.

Así el Misterio del Gólgota, fue para el entendimiento de aquellos que primero lo hicieron conocer a los hombres, no un acontecimiento solo para la Tierra, sino un evento cósmico, un acontecimiento para todos los mundos. Así fue como se entendió en los primeros tiempos cristianos. Y los verdaderos iniciados describieron el evento de la siguiente manera.

los primeros cristianos fueron profundamente iniciados, y sabían que el Cristo, a quien pensamos hoy como el Ser que pasó por el Misterio del Gólgota al principio de nuestra era, — sabían que el Cristo, que vino aquí desde el Sol, también había descendido al Sol desde alturas aún más distantes. Fue en el Sol cuando Zarathustra lo vio. Entonces su poder pasó a los rayos del Sol. Los iniciados de Egipto lo vieron en los rayos del Sol. Y entonces Su poder vivió en el ambiente de la Tierra. Fue allí donde los iniciados de Grecia lo contemplaron. Y ahora en este tiempo –decían los primeros cristianos iniciados— Se le da al hombre que contemple a Cristo como Aquel que caminó sobre la Tierra en un cuerpo terrenal, y que es visto por nosotros en Su verdadera forma cuando lo vemos como el Resucitado el Cristo que está en la Tierra y ha visto el Misterio de la Tierra y ahora puede hacer que este Misterio fluya gradualmente en la evolución de la humanidad.

Hubo un maravilloso calor y resplandor sobre el modo en que esta enseñanza esotérica fue comunicada en escuelas dispersas y solitarias de iniciación, durante los primeros siglos después de Cristo, —viniendo desde el Este y extendiéndose continuamente hacia el oeste por canales secretos. Sí, no hay duda de ello, hubo en verdad una enseñanza esotérica del cristianismo. Los primeros Padres de la Iglesia sabían más de lo que se conoce hoy. Pero también vieron al mismo tiempo el ataque que amenazaba desde el lado de Roma. Los historiadores modernos tienen muy poca idea de la magnitud de esa colisión entre el temprano impulso cristiano y el mundo anti-espiritual de Roma. Lo que hizo el mundo romano fue arrojar un manto de superficialidad sobre los misterios cristianos más profundos.

Los hombres de antaño tenían una relación viva con los poderes del Universo, tal como es casi imposible imaginar hoy con nuestra conciencia ordinaria. Los hombres que vivieron tres, cuatro, cinco mil años antes de Cristo sabían muy bien que cuando comían esta o aquella sustancia, continuaban trabajando en su cuerpo y llevaban los poderes del Cosmos dentro de ellos. Miren por ejemplo, el tipo de instrucción que Zaratustra les daba a sus discípulos. Solía enseñarles de la siguiente manera. “Ustedes comen los frutos del campo. Estos frutos han sido iluminados por el Sol, y en el Sol vive el elevado y sublime Ser Espiritual. El poder del alto Ser Espiritual, procedente del lejano Cosmos, entra con los rayos del Sol en los frutos del campo. Ustedes comen los frutos del campo; lo que la sustancia te trae te llena con las fuerzas espirituales del Sol, cuando digieres los frutos del campo, el Sol “se levanta” en ti, te diré lo que debes hacer en los momentos solemnes del festival. Toma algo que se ha preparado de los frutos del campo. Medita sobre ello. Recuerda que el Sol está dentro de él. Medita sobre ello hasta que el pedazo de pan se vuelva radiante para ti. Cómetelo y ten conciencia de cómo el Espíritu del Sol que ha descendido del vasto Universo, ha entrado en ti y vive dentro de ti”.

¿Qué queda de todo esto? Simplemente su expresión exterior —la eucaristía en la misa. Y aquellos que continúan celebrando este rito en el espíritu y la comprensión que Roma ha introducido en el cristianismo son los mismos que se oponen con mayor ferocidad a cualquier sugerencia de que el hombre necesita sabiduría cósmica para comprender las enseñanzas de Pablo; Porque Pablo vio el resplandor que irradiaba de las nubes la fuerza que es el Poder del Sol, el Ser supracorpóreo, el Cristo, que en el Misterio del Gólgota descendió a la Tierra, la Deidad Cósmica unida a las fuerzas del sol. En los primeros tres o cuatro siglos de la evolución cristiana, todavía se conocía mucho de este Misterio. Más tarde, el conocimiento externo del mundo adquirió tal dominio sobre el hombre que apenas nos es posible hoy, cuando leemos los relatos que han llegado hasta nosotros de los primeros siglos cristianos, reconocer de éstos cuán profundamente espiritual era el cristiano primitivo la concepción del acontecimiento del Gólgota. Pero ahora ha llegado el momento en que es de la más alta importancia para el hombre mirar hacia atrás y llamar de nuevo a la memoria el entendimiento espiritual del cristianismo que tuvo en los primeros siglos después de Cristo. Desde entonces el hombre ha pasado por un desarrollo que le ha permitido alcanzar una sabiduría terrenal maravillosa. A través de esto se ha convertido en un ser libre. En tiempos antiguos incluso los iniciados no eran libres. Cuando querían trabajar con impulsos profundos, se dejaban guiar por los Dioses. Por el logro de la sabiduría terrenal, y sólo por eso, el hombre puede llegar a ser libre. Sin embargo, en un futuro próximo esto tendrá como resultado que las fuerzas anti-cristianas, puedan apoderarse de las almas de los hombres. A estas fuerzas anticristianas, las llamo las fuerzas ahrimánicas.

Tenemos en nuestros días una ciencia altamente desarrollada, pero aún no está cristianizada. Hablamos mucho de nuestra civilización y cultura, pero nadie ve ninguna ocasión para cristianizar la ciencia natural sobre la cual se funda. Sin embargo, debe ser cristianizada; De lo contrario nos privaremos de todo lo que necesitamos del Cosmos. Lo perderemos por completo. Hace mucho tiempo, cuando los hombres eran más sensibles, fueron capaces de recibir comprensión junto con el alimento que disfrutaban. Pero a medida que pasaba el tiempo, se separaban cada vez más de la vida cósmica. En la parte posterior de la época de la cultura egipcio-caldea, los iniciados eran todavía capaces de hablar de las fuerzas de los dioses, las fuerzas que entran en la planta y la piedra. Y así podría surgir en este tiempo una ciencia de la curación y la medicina. Y como cuestión de hecho, nuestros remedios más efectivos hoy provienen de esa época antigua, como la gente poco sospecha. Sí, en el ámbito de la curación también tendremos que volver a las verdaderas fuentes del conocimiento y desarrollar un arte de la medicina que se base en una comprensión más profunda de las fuerzas de las cosas que nos rodean. Reside en la ciencia de la iniciación moderna el encontrar el camino. El movimiento antroposófico no está ahí para nada más que para impartir al hombre lo que le es posible alcanzar hoy. Porque desde 1879, la Edad Oscura —como la llamaron los profetas de antaño— ha finalizado. Todo lo que nos rodea es el mundo espiritual, un mundo espiritual viviente que puede ser revelado; podemos percibirlo y tener conocimiento de ello. Y es para nosotros el oír y escuchar lo que el mundo espiritual nos está revelando. Ese es el objetivo y propósito que tenemos en nuestro movimiento antroposófico; Queremos hacer que los hombres estén atentos a las revelaciones del mundo espiritual. Verdaderamente, esta es una tarea y misión que no es asunto solo de la Humanidad, sino de los mundos cósmicos.

Mis queridos amigos, cuando empezamos a comunicar hechos singulares y concretos a partir del conocimiento de la ciencia espiritual, no debemos sorprendernos si una u otra verdad se encuentra con el ridículo y el desprecio. Recuerden lo que dije al comienzo de mi conferencia, —que hoy hay necesidad de que las personas tengan un conocimiento claro y detallado sobre la evolución de la humanidad, hay necesidad en el mundo actual de las personas que han adquirido tal conocimiento de la ciencia de la iniciación. Y creo que, según las descripciones que se han dado, que es importante no contentarnos con el reconocimiento de las verdades amplias y generales, sino traer estas verdades al mundo cotidiano de la humanidad y que vivan allí. Esto lo podremos hacer, pues las verdades de la ciencia de la iniciación tienen en ellas el vigor de la vida y pueden hablar con fuerza y precisión de la vida del hombre sobre la Tierra. Déjenme darles un ejemplo.

Durante la época de una de las últimas Cruzadas, vivía en un monasterio de Italia un joven monje, notablemente dotado, que se dedicaba a un estudio especial del conocimiento que venía, no en escritos, sino transmitido de boca a boca desde los primeros tiempos cristianos. Tal conocimiento continuó viviendo durante mucho tiempo como tradición, notablemente en algunos de los monasterios. Un monje mayor, por ejemplo, se lo impartía a uno joven cuando estaban solos; y el joven monje del que estoy hablando aprendió mucho de los primeros conocimientos cristianos de esta manera. Luego dejó Italia y se unió a la Cruzada. Cayó enfermo en Asia Menor, y mientras le cuidaban se encontró con un monje aún más mayor que había sido iniciado en los Misterios del Cristianismo. Como resultado de este encuentro, se despertó un intenso anhelo en el joven de llegar a un verdadero conocimiento y comprensión de los Misterios Cristianos más profundos. Luego murió allí en el Este. Y nació de nuevo en nuestra época, nació de nuevo como una persona en quien las fuerzas que vinieron de su encarnación anterior trabajaron fuertemente y se mostraron de una manera notable. Como dije justo ahora, cuando uno comienza a hablar sobre el terreno del conocimiento de la iniciación sobre asuntos prácticos de la vida, realmente no es más de lo que se puede esperar si la gente lo convierte en ridículo. Sin embargo, es absolutamente necesario que esto se haga en nuestros días; Y vendrá el tiempo en que tendremos la percepción de ver que las cosas que se disciernen espiritualmente se pueden hablar de hechos históricos con la misma franqueza y seguridad con que hablamos de los hechos de la ciencia externa. La personalidad de quien hablo no es otra cosa que el cardenal Newman. Sigan el curso de su vida desde la juventud en adelante; Miren el conocimiento que poseía, lean sus propias palabras. Creo que se puede ver que en el Cardenal Newman tenemos una fuerte personalidad imbuida de un cristianismo que es diferente del cristianismo de su entorno. Comprenderán por qué quería alejarse del tipo de cristianismo intelectual que encontraba a su alrededor y soñaba con otro tipo de conciencia tal como la poseían los primeros discípulos de Cristo Resucitado. Sigan su vida más adelante y anoten las significativas palabras que pronunció en el momento de su investidura, cuando declaró que no puede haber salvación para la religión, a menos que el hombre reciba una nueva revelación. Piénsenlo todo, y verán claramente que esta búsqueda nació del anhelo profundo y poderoso que venía de su vida anterior en la Tierra. El hombre percibió la presencia y el impulso de aquellas fuerzas espirituales de las que hable en la segunda parte de mi conferencia. Sintió —aunque débilmente— que podría ser posible en nuestros días, al experimentar un desarrollo especial, alcanzar un nuevo conocimiento de iniciación para recibir una nueva revelación. Y sin embargo él mismo finalmente aceptó su comprensión del cristianismo — ¡una tradición! No necesito decirles a dónde le llevó su búsqueda; Ustedes pueden leer la historia. Se esfuerza por alcanzar a través de la “oscuridad” una “luz” que está más allá, pero permanece todo el tiempo dentro de la nube. Un conocimiento más profundo de su ser nos revela que Newman no era realmente culpable de esto, sino que era a este respecto un sacrificio, una víctima de su época, una víctima de las fuerzas ahrimánicas, como les llamé ahora. Estas fuerzas Ahrimánicas tuvieron una influencia extraordinariamente fuerte en el cardenal Newman; cayeron sobre él y cautivaron su poder de pensamiento, y por consiguiente fue incapaz de desarrollarse libremente y encontrar su camino hacia la espiritualidad. Pues el que desplegara hoy su vida en libertad, primero debe ser libre en su pensamiento, debe liberar su poder de pensamiento de la esclavitud del cerebro.

Ahriman logra sus mayores éxitos al acortar la segunda mitad de la vida del hombre después de la muerte. Saben que transcurre un cierto tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. He descrito en mis Dramas de Misteriosos cómo este tiempo consiste en dos mitades, la segunda mitad toma su curso después de lo que he llamado la Medianoche Cósmica. Es esta última mitad —el período desde la Medianoche Cósmica hasta el momento del nuevo nacimiento— que Ahriman intenta acortar. Y al hacerlo, se apodera del cerebro humano y de su pensamiento. Con energía impetuosa y salvaje, se ata al cerebro, e intenta mantener a los hombres fascinados por la Tierra. Así es como las fuerzas Ahrimánicas están trabajando hoy, —y en cada vez mayor medida; tratan de acercar cada vez más el poder del hombre al mundo terrenal, alejándolo del mundo espiritual. Así, los seres humanos se encarnan uno o dos siglos antes. Este método de ataque por parte de las fuerzas ahrimánicas debe ser superado con energía espiritual y determinación. En el momento en que el cardenal Newman seguía sosteniendo el timón de su vida, era incluso entonces incapaz, con toda su energía espiritual, de liberar su pensamiento lo suficiente, o no habría hablado como lo hizo de la necesidad de una nueva revelación, el mismo habría encontrado el camino hacia la misma”. No podemos omitir de nuestras consideraciones a una persona como el Cardenal Newman cuando estamos llamando la atención sobre la espiritualidad que puede traer al hombre en nuestra época a una nueva vida. Pues esta espiritualidad ayudará a los hombres, como ya he indicado, a comprender el Misterio del Gólgota. Esto les permitirá reunir sus más amplios poderes humanos para su comprensión; Y el Misterio del Gólgota vivirá dentro de ellos, dentro de su ser más íntimo. Hablando aquí en Inglaterra, he citado a propósito al cardenal Newman como un ejemplo. El estudio de figuras trágicas como la suya nos puede traer muy a la fuerza la necesidad de nuestro tiempo; Y ustedes encontrarán muchos casos similares aquí en Inglaterra. Por eso es tan urgente que haya entendimiento en este país de la necesidad de ese conocimiento espiritual y vida espiritual, de la cual el Cardenal Newman fue arrebatado por las fuerzas Ahrimánicas. El conocimiento espiritual y la vida espiritual deben volver a ser hechos accesibles a la humanidad, si la civilización debe ser salvada de la ruina.

La penetración en las conexiones que hemos estado considerando puede estimular en nosotros la determinación de hacer todo lo que esté en nuestro poder para el avance de la vida espiritual de la humanidad. Realmente no hay otro camino posible. Pero no estemos ciegos al hecho de que los poderes ahrimánicos son muy fuertes. La verdad de la que damos testimonio tiene enemigos feroces y obstinados, que se inspiran en estos poderes ahrimánicos. Estos poderes crecen fuertes y cada vez más fuertes! Quiero decirles esto hoy, para que no se sorprendan cuando descubran que tan pronto como el movimiento antroposófico empiece a aparecer en el mundo, tendrá que luchar continuamente y cada vez con fuerzas enemigas más magníficas. Que mis palabras les despierten, por un lado, para tener una idea de la voluntad y la intención que está detrás de todos nuestros esfuerzos antroposóficos y, por otro lado, estar atentos a los ataques —que a menudo son groseramente calumniosos— de los enemigos que quieren sofocar este movimiento desde el momento de su nacimiento. Tan fuertes como pueden ser estos enemigos, no menos fuertes debemos ser, cada uno de nosotros en el poder positivo de la propia energía e iniciativa. La concepción antroposófica del mundo debe ser puesta ante el mundo con claridad y sinceridad, aunque en la forma en que se plantea, debe encontrarse a menudo con malentendidos y con una inclinación a desconfiar de los fines y propósitos de nuestro movimiento.

Por lo tanto, mi deseo sincero es que haya muchos entre ustedes que se moverán y se animarán a trabajar incesantemente por el tiempo en que esta espiritualidad, a pesar de todo lo que se está haciendo para desfigurarla y oscurecerla, prevalecerá en el mundo. Que sientan un impulso de hacerlo significará que están despiertos al hecho de lo urgentemente necesaria que es esta espiritualidad para la futura evolución de la humanidad.

Si, queridos amigos, nos hemos acercado un poco más entre nosotros en un entendimiento común de la naturaleza íntima del Ser Antroposofía, y de su importancia para nuestra época, entonces será esta reunión para la que hemos tenido que esperar algunos años han dado fruto, soportado ciertamente lo que por mi parte estaré dispuesto a reconocer como buenos y bellos frutos. Llevando esta esperanza en nuestros corazones, entonces resolvamos permanecer juntos en el alma, aun cuando en términos de espacio estamos separados.

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2017.

 

GA151c4. El pensamiento humano y el pensamiento cósmico

Rudolf Steiner – Berlín,  23 de Enero de 1914

Versión en inglés

Hemos estudiado los distintos matices y temples de las concepciones del mundo que pueden cundir en el alma humana, y como que, realmente, no puedo sino entresacar algunos puntos de vista del vasto dominio de este tema, voy a destacar uno de ellos con base en un ejemplo especial.

Pongamos el caso de una persona cuya vida transcurre predispuesta para el idealismo: se satura del matiz de la concepción del mundo propia del idealismo, y lo convierte en factor dominante de su vida interna, gracias a que apunta hacia él y se alimenta de él, el temple anímico que ayer designé como misticismo o temple venusiano. Por lo tanto, recurriendo a los símbolos de la astrología podamos decir que la constelación espiritual de esa persona en cuanto a sus dotes espirituales, es la de Venus en Aries.

Para que no haya malentendido, insisto expresamente en que esas constelaciones son mucho más significativas para la vida del hombre que las del horóscopo ordinario, pero que en manera alguna coinciden con su “natividad”. En efecto, la influencia acrecentada que el misticismo en el signo del idealismo puede ejercer sobre el alma humana, aguarda el momento propicio para lograr los óptimos frutos de un misticismo que se encuentra en el signo del idealismo. En manera alguna, esto significa que la preponderancia de dichas influencias coincida con la hora del nacimiento; pueden situarse antes o después.  Según la interna configuración orgánica, se aguarda el momento de que estas disposiciones puedan mejor integrarse en el organismo humano.

No entra en consideración pues la natividad astrológica, a pesar de lo cual sea acertado decir que cierta alma tiene una disposición que, espiritualmente hablando, corresponda a Venus en Aries, el misticismo en el signo del idealismo. Ahora bien, las fuerzas que nacen de esta manera, no subsisten por toda la vida; se modifican, es decir, el hombre  se halla expuesto a otras influencias, a otros signos zodiacales espirituales y también a otros temples anímicos. Supongamos que nuestro idealista místico se modifica de modo que, en el curso de su vida, el misticismo avanza al empirismo, y que éste se halla en el signo del racionalismo.

De acuerdo con el esquema que les tracé ayer, yendo de dentro hacia afuera, el paso al temple del empirismo, en imagen simbólica, constituye un avance en relación con el misticismo, tal como el Sol sigue a Venus. Al mismo tiempo, el alma se ha colocado en el signo del racionalismo que ha cambiado de concepción del mundo, y sus creaciones, sobre todo, si fue una personalidad vigorosa en el intervalo en que su misticismo se hallaba bajo el signo del idealismo, las cambiará y traspasará a otro matiz de concepción del mundo; hará otras aseveraciones cuando, de la manera descrita, su temple místico haya avanzado hacia el empírico, y cuando éste se haya ajustado al signo del racionalismo. De lo que antecede puede deducirse asimismo que las almas humanas tienden a cambiar de signo y temple de su concepción del mundo; pues, para ellas, ya se haya prefigurada la tendencia al cambio. Supongamos ahora que aquella misma alma quiere continuar dentro de la misma tendencia,  es decir, avanzar del empirismo al voluntarismo. Y si hiciera lo mismo en el zodiaco espiritual, entraría en el matematismo; pasaría a una concepción del mundo que, en esta imagen simbólica, se desvía de la primera línea, en que el misticismo se encontraba en el signo del idealismo, en un ángulo de 60º. Y esa alma expresaría entonces, en el curso de la misma encarnación, un edificio matemático del mundo, penetrado y sustentado por la voluntad.

Pero entonces resulta algo y les suplico se fijen bien en cómo voy a explicar el asunto: dos de esas constelaciones que están presentes en el alma en tiempos sucesivos, se estorban e influyen desfavorablemente, si se encuentran bajo un ángulo de 60º. En la astrología física,  ésta es una constelación “favorable”; en la espiritual, esta posición llamada sextil, es aciaga, lo que se expresa por el hecho de que esta última posición: voluntarismo en el signo del matematismo, tropieza con un grave obstáculo en el alma. En consecuencia, esa posición no puede llegar a concretarse, ya que no encuentra ninguna predisposición a admitir lo que el matematismo ofrece. Así se expresa lo desfavorable del sextil: no puede formarse la posición del voluntarismo en el signo de matematismo. En consecuencia, ni siquiera se hace el intento de que el temple anímico avance en ese sentido. Lo que sucede entonces es que el alma que se halla ante ese dilema, cambia de rumbo y, desde su posición actual, esto es, empirismo bajo el racionalismo, busca la salida, y se coloca en oposición a la dirección anterior, que aun le es posible mantener. El avance al voluntarismo, no se realiza, pues, como se esperaría según la línea punteada, sino que el alma, con su recién adquirido voluntarismo se pone en oposición a su anterior empirismo: el voluntarismo entrará en oposición al racionalismo en el signo del dinamismo. Y en el curso de su vida, semejante alma tendría como posible constelación la de representar una concepción del mundo que se apoya en una peculiar penetración de fuerzas o de dinamismo en el mundo, impregnado de voluntad: voluntad que quiere imponerse por medio de fuerzas. Una vez más, hay aquí una diferencia entre la astrología espiritualista y la física: en ésta, la oposición tiene muy distinto significado que en aquélla. Aquí, la oposición se produce en virtud de que el alma no puede proseguir por un camino adverso, y vira a la posición opuesta.

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Lo que aquí les tracé corresponde a la biografía psíquica de Nietzsche. Traten de comprender el camino de sus primeras obras: se explica por la posición del misticismo en el  signo del idealismo. En esa época de su vida, Nietzsche escribió: “El nacimiento de la tragedia”, “David Strauss, confesor y escritor”, “Utilidad y desventaja de la historia para la vida”, “Schopenhauer como educador”, “Ricardo Wagner en Bayreuth”; el alma avanza; viene una segunda época a que pertenecen “Cosas humanas y demasiado humanas”, “Aurora”, “La ciencia alegre”. De la posición en oposición, surgieron las obras que se apoyan en la voluntad del poder, en la voluntad penetrada de fuerza y poder.

Existe, pues, una estricta correlación entre el cosmos espiritual y la manera de como el hombre se articula en él. Valiéndonos de los símbolos de la astrología, si bien con significado distinto, podemos decir: en determinada época de la vida de Nietzsche, Venus estuvo en Aries, pero cuando esta constelación anímica pasó a Sol en el signo de Tauro, no podía seguir adelante, no podía avanzar con Marte al símbolo de Géminis,  sino que pasó a la oposición, esto es, con Marte al signo de Escorpión: he ahí lo que singulariza su última fase. Pero el hombre solo soporta esta constelación, si penetra en la posición debajo de la horizontal idealismo-realismo en alguna concepción espiritualista del mundo: ocultismo o algo similar; de lo contrario estas constelaciones reaccionan desfavorablemente sobre el hombre mismo. De ahí el destino trágico de Nietzsche. Las constelaciones superiores se soportan si uno sabe acomodarse adecuadamente a las condiciones del mundo externo, lo que está debajo de la línea idealismo-realismo solo se resiste si uno se sumerge en el mundo espiritual, lo que Nietzsche no pudo hacer. Con decir “acomodarse a las condiciones del mundo externo”, me refiero, por ejemplo a integrarse por medio de la educación, o de las condiciones externas de la vida, condiciones que entran en consideración para todo lo que existe arriba de la mencionada horizontal. En cambio, la vida meditativa, la dedicada al estudio y comprensión de la ciencia espiritual, entra en juego para todo lo que se encuentra debajo de dicha línea.

Para apreciar el alcance de lo que se ha bosquejado en este ciclo de conferencias, hay que poner en claro cuál, es el papel del pensamiento y como se introduce en la experiencia humana.

El materialista burdo de nuestra época considera adecuado a sus intenciones el hablar de que el cerebro, o el sistema nervioso central respectivamente, genera el pensamiento. Para quien cala la realidad esto es tan cierto como el creer que, al reflejarse en el espejo, el espejo ha creado el rostro que se contempla. El espejo no produce la cara que une ve, sino que ésta se encuentra fuera de él: el espejo no hace sino reflejar la cara; esto lo expuse incluso en varias de mis conferencias públicas. Algo muy similar sucede con los pensamientos que el hombre vive, haciendo caso omiso, por ahora, de otros contenidos del alma: la vivencia mental quese agiliza y se realiza en presencia del pensamiento, no la produce el cerebro, ni más ni menos que la imagen del rostro no es producida por el espejo. En verdad, el cerebro es simple instrumento que refleja la actividad anímica a fin de que esta se torne visible para sí misma. El cerebro nada tiene que ver con los pensamientos que el hombre registra, como el espejo nada tiene que ver con la cara si la ven en el espejo.

Pero existe otra cosa: en el acto de pensar, el hombre propiamente no percibe sino las postreras fases de su actividad o experiencia pensante, y para explicarlo, recurriré nuevamente a la comparación con el espejo. Imagínense parados sin poder verse la cara; por mucho que claven su mirada, no la ven. Si la quieren ver tienen que elaborar algún material que refleje su rostro, es decir, preparar el material primero para que produzca la imagen refleja. Y al igual de lo que el hombre haría con el espejo, tiene que hacer el alma con el cerebro: en el caso de que, por ejemplo, ustedes quieran percibir el pensamiento “león”, a la actividad pensante que lleve a percibir el pensamiento, le precede un trabajo pensante que empieza por movilizar las partes profundas del cerebro, de modo que se vuelvan espejo para la percepción del pensamiento “león”, y ¿quién convierte al cerebro en espejo? ¡Ustedes mismos! Lo que finalmente perciben como pensamientos, son las imágenes reflejas; lo que tienen que preparar primero para que aparezca la imagen refleja respectiva en alguna sección del cerebro. Ustedes mismos con su actividad anímica, son los que imparten a su cerebro la estructura y capacidad necesaria para reflejar como pensamientos, lo pensado.  Si quieren retrotraerse a la actividad que subyace en el pensar,  encontraran la actividad anímica que interviene y se agiliza en el cerebro. Y si su alma ejecuta cierta actividad en el cerebro, se logra en este un reflejo que permite percibir el pensamiento “león”. Ya ven ustedes, lo primero que ha de estar ahí, es lo anímico-espiritual que ha de trabajar sobre el cerebro. Entonces, gracias a la actividad anímico-espiritual, el cerebro se convierte en aparato que refleja el pensamiento. He ahí lo que en verdad sucede, eso que a mucha gente del presente confunde tanto que no pueden captar.

El que hace algún progreso en la percepción oculta, puede mantener separadas las dos fases de la actividad anímica; seguir de cerca cómo, al querer pensar algo, tiene la necesidad, no solo de captar el pensamiento sino prepararlo;  en otras palabras, preparar su cerebro. Cuando en la investigación oculta, uno desea formarse una imagen mental de las cosas,  se impone al principio la tarea, no de representar de una vez,  sino de ejercer primero la actividad preparatoria de la representación: he ahí lo que importa tener en cuenta, pues sólo enfocándolo, tenemos delante de nosotros el pensamiento humano en su efectividad real. Por fin, ya sabemos cómo funciona la humana actividad pensante: primero, ella afecta el cerebro o alguna parte del sistema nervioso central; ejerce alguna función, mueve, digamos,  las partes atomistas de alguna manera, las pone en algún movimiento, y así se convierten en aparato reflector: el  pensamiento es reflejado y el alma adquiere conciencia de él. Hemos de distinguir, pues, dos fases: desde lo anímico-espiritual, el trabajo cerebral para la externa vivencia física; luego, la percepción, después de que el alma ha terminado el trabajo cerebral necesario para hacerla posible. En el hombre ordinario, ese trabajo cerebral permanece del todo en el subconsciente, y él tan sólo percibe el reflejo; en cambio, para el hombre dedicado a la investigación oculta, es una realidad la vivencia de la preparación. Hay que experimentar cómo verter la actividad anímica y acondicionar el cerebro, para que se preste a representarnos los pensamientos.

Lo que acabo de decir es algo que ocurre continuamente durante la vigilia: la actividad pensante trabaja constantemente sobre el cerebro y lo convierte en aparato reflector de los pensamientos. Pero no basta con que sea objeto de trabajo mental sólo aquello que nosotros mismos a él supeditemos, pues la función ahí ejercida por lo anímico espiritual es actividad estrechamente delimitada. Si despertamos por la mañana, si estamos despiertos durante el día, si nos dormimos de noche, la actividad anímico-espiritual asociada al pensar consiste en trabajar durante todo el día sobre el cerebro, de modo que se convierta en aparato reflector. Pero el cerebro ha de existir primero, y la actividad anímico-espiritual puede apuntar en él sus pequeñas grabaciones: existe, pues en sus rasgos esenciales, pero esto no basta para nuestra vida humana.

El cerebro no podría beneficiarse de nuestro trabajo cotidiano, si todo nuestro organismo no se hallara estructurado para servirle de base, estructuración o preparación que se realiza desde el cosmos. Así como, diariamente, trabajamos durante la vigilia en la perfilación del cerebro, convirtiéndolo en aparato reflector para los pensamientos cotidianos, del mismo modo es necesario que nos modele el cosmos, ahí donde nosotros mismos no seamos capaces de tallarnos y perfilarnos. Así como nuestros menudos pensamientos trabajan y llevan a cabo sus pequeñas grabaciones, del mismo modo, todo nuestro organismo ha de quedar configurado según el mismo patrón de actividad pensante, gracias a la influencia cósmica que actúa sobre él desde fuera. Y esto sí es posible, porque lo que actúa en nosotros sobre nuestras pequeñas grabaciones, existe también en el cosmos, impregnándolo con el vaivén y la urdimbre de su actividad pensante. Por ejemplo, lo que, en última instancia, se presenta bajo el signo del idealismo, preexiste ya como su actividad causante en el cosmos espiritual, y puede actuar sobre el hombre inclinándole hacia el idealismo. Del mismo modo, los otros matices, temples y signos se labran en el hombre desde el cosmos espiritual.

La figura del hombre es resultado de los pensamientos del cosmos; es el cosmos el gran pensador que, hasta la última uña del dedo, graba nuestra forma en nosotros, en analogía a como, nuestro menudo trabajo mental ejecute las pequeñas grabaciones en el cerebro durante el día. Así como nuestro encéfalo, mejor dicho, sus pequeñas secciones donde pueden tener lugar las grabaciones, se halla bajo la influencia del trabajo pensante, asimismo nuestro hombre entero se halla bajo la influencia del cósmico trabajo pensante. ¿Qué nos significa el ejemplo que les di de Nietzsche?. Que por el karma de sus encarnaciones anteriores, el estaba preparado para que, en determinado momento, las fuerzas del idealismo y del misticismo, mancomunadas debido a que este se hallaba en el signo de aquel; actuaran sobre su constitución física de modo que inicialmente pudiera convertirse en idealista místico; pero luego cambió la constelación, conforme indiqué.

Estamos siendo pensados desde el cosmos; el cosmos es quien nos piensa. Y así como en nuestra pequeña faena mental cotidiana, nos corresponden las minigrabaciones en nuestro cerebro, y luego, como reflejos de lo que primero preparamos en el cerebro, es decir, de lo que gracias a la preparación del cerebro, terminamos por percibir, nos llegan a la conciencia las representaciones arriba, abajo, izquierda y derecha, asimismo las entidades de las jerarquías cósmicas actúan llevando a cabo la gran actividad pensante que graba en el mundo aquello que es superior en categoría a lo nuestro en faena mental cotidiana. Tenemos, pues, que no sólo nacen nuestras diminutas grabaciones que luego se reflejan individualmente en forma de pensamientos, sino que nosotros mismos, con la integridad de nuestro ser, les aparecemos a las entidades de las jerarquías superiores como sus pensamientos. Así como nuestros pequeños procesos cerebrales reflejan nuestros pequeños pensamientos, nosotros, a nuestra vez, grabados en el cosmos reflejamos sus pensamientos: cuando las jerarquías cósmicas piensan, piensan, por ejemplo, al hombre. Y así como de nuestras menudas partículas cerebrales, proceden nuestros pensamientos fugaces, del mismo modo provienen, de lo que las jerarquías crean y de cuya creación formamos parte, sus pensamientos. Y así como las secciones de nuestro cerebro son nuestros aparatos de reflejo que primero adaptamos a nuestros pensamientos, del mismo modo nosotros, seres humildes, somos aquello que las  jerarquías cósmicas adaptan a sus pensamientos. En cierto modo, cabe, pues, decir: podemos sentirnos frente al cosmos, como se sentiría una pequeña parte de nuestro cerebro frente a nosotros mismos. Y del mismo modo que, en lo anímico-espiritual, no somos idénticos a lo que es nuestro cerebro, así tampoco las entidades espirituales son idénticas a nosotros. De ahí que seamos autónomos frente a las jerarquías superiores. Digamos, pues, que, en cierto modo nos hallamos a su servicio para que ellas puedan pensar gracias a nosotros; pero al mismo tiempo, somos entidades autónomas que conservan su identidad, a semejanza de como incluso las partículas de nuestro cerebro tienen cierta vida propia.

Encontramos, pues, la conexión entre el pensamiento humano y el cósmico. Aquél es el regente del cerebro; éste es un regente en cuya ejecutoria nosotros nos hallamos insertados con todo nuestro ser. Mas, en virtud de nuestro Karma, él no puede, en cualquier momento, dirigir hacia nosotros la totalidad de sus pensamientos de una sola manera; por lo que hemos de ser configurados conforme a su lógica, nosotros,  los hombres, poseemos, pues, una lógica según la cual pensamos; las jerarquías espirituales cósmicas tienen la suya propia, expresada en lo que hemos trazado en el pizarrón, en forma esquemática. Así como nosotros, por ejemplo, al pensar que el león es un mamífero asociamos dos conceptos en un juicio, así las jerarquías espirituales cósmicas aglutinan en un solo pensamiento, por ejemplo, misticismo o idealismo, en tanto que nosotros les separamos diciendo: el misticismo  aparece en el idealismo. Imagínense esto, por de pronto, como actividad preparatoria del cosmos. Luego resuena el “Fiat” creador, el verbo creador. El acto preparatorio de las entidades espirituales, consiste en que, en un individuo de antecedentes kármicos correspondientes, se deposita la disposición a convertirse en idealista místico. Lo que nosotros, en lenguaje terrenal, llamaríamos un pensamiento, se refleja hacia esas jerarquías cósmicas y viene siendo, para ellos, expresión de un hombre que es idealista místico, pensado por ellas, después de haber preparado el juicio cósmico: ¡aparezca el misticismo en el signo del idealismo!.

Así hemos trazado, pudiéramos decir, el interior del verbo o pensamiento cósmico. El esquema de lógica cósmica que hemos trazado, visualiza el modo de pensar de las jerarquías cósmicas, por ejemplo ¡aparezca el empirismo en el signo del racionalismo!; etc. Tratemos de imaginarnos lo que, de esta manera, puede ser pensado en el cosmos: Puede nacer el pensamiento cósmico: ¡aparezca el misticismo en el signo del idealismo! ¡Transfórmese!  ¡nazca el empirismo en el signo del racionalismo! ¡Resistencia!. Lo que seguiría, sería un juicio cósmico falso: el pensamiento se desvía, a manera de como nosotros rectificamos los nuestros. Ha de aparecer el  tercer punto de vista: ¡voluntarismo en el signo del dinamismo!. Todo esto, tres juicios pronunciados sucesivamente en los mundos cósmicos da por resultado el hombre “Nietsche” y es reflejado hacia el cosmos en forma de pensamiento.

Así es cómo habla el conjunto de las jerarquías espirituales en el cosmos. Y nuestra humana actividad mental constituye unpequeño trasunto de ello. Los mundos guardan con el espíritu, o con los espíritus, del cosmos, la misma relación que nuestro cerebro con nuestra alma. Así se nos permite un atisbo de algo que, por cierto, sólo deberíamos contemplar con temor reverencial, pues nos encontramos aquí ante los misterios de las individualidades humanas. Aprendemos a comprender que, hablando en metáfora, los ojos de los seres de las jerarquías superiores se deslizan sobre los individuos humanos, y que éstos son para ellas, lo que para nosotros las letras individuales del libro que leemos. Y esto es lo que sólo hemos de contemplar con temor reverencial: somos testigos mudos de la actividad pensante del cosmos.

En nuestra época, es necesario levantar hasta cierto grado el velo de semejante misterio, porque las leyes que aquí hemos señalado como las que rigen los pensamientos del cosmos, se hallan activos en el hombre. Y su estudio nos ayuda a comprender la vida, así como a que comprendiéndola, nos comprendamos a nosotros mismos. Nos comprendemos, aún cuando las condiciones de la vida nos obliguen a cierta postura unilateral, de modo que sepamos que pertenecemos a un gran todo, que somos integrantes de la lógica pensante del cosmos: la ciencia espiritual nos capacita para calar estas relaciones, y nos da una instrucción que nos permite, por una parte, comprender la unilateralidad de nuestras dotes y, por la otra, hacernos más universales gracias a los conocimientos que nos proporciona. De este modo, alcánzanos el temple anímico que nuestra época necesita.

En virtud de que ni rastro de intuición de estas relaciones existe, en nuestra época, en muchas de las mentes prominentes, asistimos al fenómeno de que, no obstante, se hallan sujetas a esas relaciones, pero sin saber qué tipo de vida mejor se adapta con ellas. Y así, ellos dan origen a algo que clama por una compensación. Recuerden el ejemplo de Wundt presentado ayer: su unilateralidad es resultado de una bien determinada constelación. Supongamos que Wundt pudiera, algún día, abrirse paso hacia la comprensión de la ciencia espiritual; adoptaría entonces, frente a su propia unilateralidad la actitud de decirse: a consecuencia de que yo me hallo aquí con mi empirismo, etc., soy capaz de realizar un buen trabajo en ciertas áreas; a ellas me limito, y lo demás lo complemento con la ciencia espiritual.

Este sería el juicio a que Wundt llegaría pero él vuelve la espalda a esa ciencia espiritual. Y, en tanto que podría llevar a cabo un trabajo benéfico, productivo dentro de la constelación que es la suya propia, erige en filosofía global aquello para lo cual esa constelación le hace particularmente apto. Wundt podría rendir muchísimo más, verdaderamente útil, sí dejara de filosofar y experimentara sobre las almas, como muy bien sabe hacerlo, y si investigara la naturaleza de los juicios matemáticos, en lo que también está acertado, en vez de alambicar una mescolanza filosófica, pues entonces estaría en su carril correcto.

Esto vale para muchos otros. De ahí que la ciencia espiritual tiene una doble misión: por una parte, generar una actitud conciliatoria entre las diversas concepciones del mundo, por la otra, llamar enérgicamente la atención a quienes transgreden los límites impuestos por la constelación, y que causan gran daño influyendo en el mundo sugestivamente con juicios que se emiten sin tener en cuenta su peculiar, constelación. Hemos de rechazar categóricamente los puntos de vista parciales que se quieren hacer valer por el todo. No es posible que un especialista pretenda explicar la universalidad del mundo. Y si hace ese intento y quiere fundar una filosofía, esta filosofía tendrá efectos nefastos; a la ciencia espiritual le incumbe la misión de rechazar la arrogancia de su pretensión que presume ser una totalidad. Mientras menos exista en nuestra época, sentido y actitud comprensiva hacia la ciencia espiritual, tanto más descollará la unilateralidad caracterizada.

Vemos, pues, que precisamente la intuición de la naturaleza del pensamiento humano y cósmico, puede llevarnos a comprender el significado y la misión de la ciencia espiritual en nuestra época, y a comprender asimismo cómo puede ella entrar en la correcta relación con otras de las llamadas corrientes espirituales, particularmente las filosóficas. Sería deseable que, precisamente, las intuiciones como las que hemos tratado de asimilar en estas conferencias, se inscribieran profundamente en el corazón y alma de nuestros amigos, para que la corriente espiritual antroposófica encuentre su debido y genuino cauce. Teniendo esto en cuenta, el hombre se hará consciente, más y más de que él está siendo formado por los pensamientos cósmicos que en él viven.

A raíz de estas explicaciones, captamos toda la hondura del siguiente pensamiento de Fichte: Depende de la clase de hombre que se es, la clase de filosofía que se tenga. Rubrico calurosamente este aforismo. Y el que Fichte, en la primera fase de su última encarnación, pudiera formular como médula de su concepción del mundo: “Nuestro mundo es el material sensorializado de nuestro deber”, muestra, al igual que el mencionado pensamiento que pertenece a una fase posterior, como su alma cambió su constelación en el cosmos espiritual, es decir, cuan rica era su configuración, de modo que  las jerarquías espirituales pudieron transformarla, y así enriquecerse con nuevas modalidades, de su propio pensamiento. Algo similar podría decirse de Nietzsche, por ejemplo.

Si se tienen presentes las verdades a que se ha hecho referencia en estas  cuatro conferencias, surge una variedad de enfoques del mundo. El mejor fruto es, sin duda, que por medio de esas verdades, ahondemos la trama del mundo, no sólo con nuestro intelecto, sino también con nuestro sentimiento. Mi esperanza es que, con este ciclo de conferencias, se haya logrado el que muchos de ustedes se digan: “si uno quiere sumergirse en el mundo espiritual, es decir, en el mundo de la verdad y no en el del error, hay que resolverse a emprender el camino. Muchísimo es lo que hay que tener en cuenta con esta actitud, para avanzar a las fuentes de la verdad. Y aunque, en un principio, me parezca que, aquí o ahí, surge alguna contradicción o incomprensión, he de decirme que el mundo no tiene por objeto principal el que pueda captarlo cualquier nivel de entendimiento humano, y que es mejor quedar en buscador que convertirme en persona cuya actitud se limite a preguntar: ¿qué puedo comprender?, ¿qué no puedo comprender?” Si uno emprende seriamente el camino de la búsqueda, se descubre que es necesario concentrar los impulsos de todos lados, para adquirir una comprensión del mundo. Y así, se aleja de adoptar frente al mundo la actitud de: ¿lo comprendo?, ¿no lo comprendo?; simplemente continua buscando y buscando. Los peores enemigos de la verdad son las concepciones del mundo conclusas y concluyentes, que lanzan un par de pensamientos y creen que sobre ellos puede erigirse un edificio universal.

El mundo es infinito, en lo cualitativo y en lo cuantitativo. Y será una bendición que algunas mentes estén dispuestas a ver claro con respecto a las arrogantes parcialidades que pretenden ser el todo y que tantos estragos causan en nuestra época. Con el corazón sangrando, digo lo siguiente: el mayor impedimento para la certera intuición del hecho de que en el cerebro se efectúa un trabajo previo a la actividad pensante y que, así, el cerebro se convierte en espejo que refleja la vida anímica, hecho cuya  intuición podría. verter infinita luz sobre muchas otras intuiciones fisiológicas, el mayor impedimento, digo, es la enloquecida fisiología actual que habla de dos clases de nervios: los motores y los sensorios. He insistido sobre ello en varias conferencias. Para engendrar esa teoría que, por doquiera, trasguea en la fisiología, fue necesario que primero perdiera todo sentido común; y, no obstante, esa teoría se halla hoy reconocida en el mundo entero, y obstruye toda verdadera comprensión de la índole del pensamiento y de la índole del alma. Jamás podrá conocerse el pensamiento humano, con el obstáculo que constituye la fisiología. Incluso hoy se ha llegado al extremo de que una fisiología infundada usurpa el principio de todo libro de texto de psicología y la hace dependiente de sí. Con esto, se cierra el camino hacia la comprensión, no sólo del pensamiento humano, sino asimismo del cósmico.

Sólo se llega a saber lo que es el pensamiento en el cosmos, si uno, al ocuparse del pensamiento humano siente la verdad de este pensamiento del que ya hemos dicho que, en cuanto a pensamiento no tiene que ver con el cerebro más que el ser su soberano. Pero si uno ha reconocido el pensamiento en su esencia; si se ha reconocido a sí mismo como pensamiento humano, ya se siente ubicado en el cosmos, y el conocimiento de la verdadera naturaleza del pensamiento humano, se ensancha al conocimiento de la verdadera naturaleza del pensamiento cósmico. Si aprendemos a reconocer correctamente lo que pensamos, aprendemos también a reconocer cómo estamos pensados por las potencias cósmicas. Es más, adquirimos la posibilidad de lograr un atisbo de la lógica de las jerarquías. Ya destaqué en el pizarrón los singulares ingredientes de los juicios y conceptos de las jerarquías: en los doce signos del zodíaco espiritual, en los siete temples de las concepciones del mundo, etc., háyanse contenidos los conceptos de las jerarquías. Y los hombres somos juicios del cosmos, surgidos de esos conceptos. Así nos sentimos dentro de la lógica del cosmos, esto es, en realidad, dentro de la lógica de las jerarquías cósmicas, nos sentimos, como almas, cobijadas en el pensamiento cósmico, del mismo modo como sentimos cobijado en nuestra vida anímica, el pequeño pensamiento que pensamos.

Mediten ustedes sobre la idea: “pienso mi pensamiento” y “soy un pensamiento pensado por las jerarquías del cosmos”. Lo eterno en mí consiste en que el pensar de las jerarquías es eterno. Y una vez que una categoría de jerarquías haya terminado de pensarme, una vez que me haya excogitado, seré transmitido de una categoría a la siguiente, a semejanza de como el pensamiento humano es transmitido del maestro al alumno, para que ella me piense en mi verdadera naturaleza eterna. Así me siento insertado, en el mundo de los pensamientos cósmicos.

Versión Castellana JUAN BERLÍN