El zodiaco como revelación de los estados de la evolución cósmica

Del libro Isis Sophia II – Willi Sucher

 

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Puede decirse que los tres grandes estadios de la evolución cósmica pasada que quedan rememorados a través de nuestra organización ternaria, eran ya conocidos por toda antigua sabiduría genuina. La mitología de los diversos pueblos arcaicos narra esto en forma pictórica. Generalmente se los representaba bajo deidades de exaltada naturaleza. Nos es comprensible que se hayan utilizado los más variados nombres para ello. Aquí daremos uso a las concepciones que la ciencia espiritual propone para estos tres estadios. En el libro La Ciencia Oculta, un esbozo, Rudolf Steiner los llama:

  1. Antiguo Saturno – Primer estadio
  2. Antiguo Sol – Segundo estadio
  3. Antigua Luna – Tercer estadio

 

Estos tres fueron amalgamados dentro de un cuarto estadio, la presente evolución terrestre.

 

 

La evolución del antiguo Saturno

 

El estadio del Antiguo Saturno representa el comienzo, la fundación del universo físico a partir de la pura existencia espiritual. Está representada –o ‘recordada’– por la parte superior del ser humano, y en el zodíaco por las constelaciones que van desde Géminis a Sagitario vía Piscis (ver fig. 21).

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Por lo tanto podemos decir que el Antiguo Saturno representa algo semejante a un gigantesco proceso embrionario, en donde las primeras indicaciones de un ‘ser craneano’ son creadas a partir de la nada, es decir desde el mundo espiritual. Si lo comparamos con los misteriosos estadios iniciales del desarrollo embrionario humano, podemos comprender que esta ‘cabeza’ no presenta similitud alguna con la de ser humano actual. Por de pronto, no debemos imaginar otra cosa que un mundo de seres espirituales que crearon al ‘óvulo’, por llamarlo de alguna manera, a partir del cual surgiría el universo futuro. Ante todo, requeriremos un cuadro bien claro del coro jerárquico que se presentan como Inteligencias individuales en todos los Misterios de la Antigüedad. En la lista siguiente brindaremos sus nombres divinos tal como se estilaba en la antigüedad y como los expresa Rudolf Steiner en sus diversos escritos:

 

CIENCIA OCULTA BIBLIA GRIEGO
Espíritus del Amor Serafines
Espíritus de la Armonía Querubines
Espíritus de la Voluntad Tronos
Espíritus de la Sabiduría Dominaciones Kyriotetes
Espíritus del Movimiento Poderes o Virtudes Dynamis
Espíritus de la Forma Potencias Exusiai
Espíritus de la Personalidad Principios Arcai
Espíritus del Fuego Arcángeles Arcangeloi
Espíritus del Crepúsculo Ángeles Angeloi

 

La investigación espiritual nos conduce hacia atrás hasta un punto en que ni tiempo ni espacio existían. En esas condiciones sólo vivían los seres espirituales jerárquicos. Podemos hacernos una débil idea acerca de una condición existencial tal, al intentar comprender la naturaleza atemporal y no espacial del pensamiento. Entonces, los Espíritus de la Voluntad o Tronos toman la iniciativa y –acorde con el consejo de las altas divinidades– sacrificaron una parte de su propio ser anímico o substancia. Frente a la percepción espiritual, esta substancia aparece como una entidad de fuerzas volitivas divinas. Subsecuentemente, dicha substancia se convirtió en el fundamento de toda existencia física. Podemos decir que en realidad, la fuerza anímica divina es la esencia de todo ser físico-material y por lo tanto, podemos también entender que las concepciones del mundo oriental consideraban al mundo material como una maya, la gran ilusión. Acorde a esas visiones antiguas, nacidas a partir de la percepción espiritual, la materia no existe como una realidad en sí misma. Se la consideraba como espíritu o substancia anímica divina que había sido densificada al punto de ser percibida como materia.

La voluntad que había sido sacrificada por los Tronos y por tal motivo separada de su origen, formó una especie de cuerpo celeste de naturaleza caótica. Otra jerarquía de seres divinos comenzó a obrar sobre este cosmos de substancia anímica, los Espíritus de la Sabiduría o Kyriótetes. Con el adviento de esta tarea, la evolución ya había cruzado el límite hacia las primeras indicaciones de un desarrollo en tiempo y espacio. A partir de aquí podemos hablar sobre los sucesos que se continuaron. Se puede deducir que el obrar de los Tronos y los Kyriótetes ha de haberse desplegado a lo largo de vastos períodos de tiempo. En favor de nuestros propósitos, les denominamos ‘rondas’ o ‘condiciones de vida’ y de este modo podemos hablar acerca de este obrar inicial de las jerarquías mencionadas como la primera ronda del Antiguo Saturno. Allí hallaremos siete de tales rondas o vastos ciclos de evolución, al igual que en los ciclos subsiguientes del Antiguo Sol, Luna y Tierra.

Siguiendo el sentido de nuestras observaciones anteriores, intentaremos ahora ubicar la memoria cósmica de esta primera ronda del Antiguo Saturno en el zodíaco. Vemos al Antiguo Saturno conectado con aquellas constelaciones que tienen una cierta afinidad con la parte superior de nuestro cuerpo. Su raíz es la cabeza, especialmente el cerebro, que ya vimos en relación a Aries. Podemos encontrar a esta primera fase del Antiguo Saturno rememorada en Aries. En la antigüedad se le llamaba el príncipe del zodiaco, el líder que mira hacia atrás por sobre el rebaño que le sigue.

 

Aries es el primer signo del zodiaco. Se ubica en el cosmos como un indicio de algo que comienza. Piscis es la última constelación y por ende, apunta a algo que ha llegado a su fin, alcanzando una cierta perfección. De este modo vemos en Piscis a la imagen memorial del gran acto sacrificial de la voluntad, ofrendado por los Tronos. Tras un largo desarrollo ‘interior’ o espiritual, arribaron a un punto en donde una parte de su propio ser llegó a tal perfección que les permitió ofrendarla. Por supuesto que hablamos aquí en términos de tiempo que parecieran contradecir lo dicho previamente acerca del inicio del Antiguo Saturno. Como fuere, mientras debamos aplicar el lenguaje humano no cabe más que adaptar los hechos a tiempo y espacio. Aún así podemos tener una impresión interior de lo que debemos considerar aquí, al imaginar experiencias internas o espirituales del ser humano que no están ligadas al tiempo y al espacio y que pueden, tal como sabemos, tener lugar en instantes de tiempo. Con lo cual debemos imaginar que los Tronos habían llegado a un punto en que uno de sus principios alcanzó absoluta perfección. Podemos compararlo con el momento en que un ser humano fallece y deja atrás su existencia terrena. Se debería esperar que para ese entonces la vida ha alcanzado cierta perfección y la esencia de esa vida pueda ser brindada a otros poderes del universo. Esta comparación, por supuesto, no es de largo alcance como tal y debemos imaginar el sacrificio de los Tronos dentro de un nivel de consciencia infinitamente más elevado que el del plano humano.

Sin embargo, no debemos imaginar que una especie de proceso gigantesco como éste se halle ‘fijado’ solamente a la memoria cósmica de Piscis. Estamos hablando de rondas evolutivas, de intervalos inconmensurables de tiempo que se encuentran en los límites más lejanos del concepto sobre el tiempo, en términos humanos. Deberíamos imaginar estos ciclos o rondas de tiempo abarcando todo el zodiaco. El desarrollo interior de los Tronos queda expresado, por decirlo de algún modo, como un movimiento que comienza por Piscis, pasando por Acuario, etc., hasta alcanzar una madurez o clímax que luego es ofrendado. Con respecto al cosmos visible actual, generalmente hablamos sobre movimientos rítmicos más breves o más largos, como por ejemplo la lenta precesión del punto vernal  a lo largo del zodiaco, que culmina tras unos 26.000 años. De todos modos, existen ritmos cósmicos más extensos como el movimiento del perigeo que, según cálculos actuales, requiere más de cien mil años por revolución, y han de existir otros aún más extensos por descubrir. Estos ritmos debieron ser iniciados por algún tipo de fuerza cósmica y es esta actividad interior la que se expresa, calculable externamente como sucesos astronómicos, siendo en sí lo que debemos tener en mente cuando hablamos de rondas o ciclos. (El perigeo, según la concepción copernicana, es el punto más próximo del Sol a la órbita elíptica de la Tierra).

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Al inicio sólo existió actividad puramente espiritual e inconmensurable, la cual se volvió movimiento calculable mucho más tarde gracias al zodiaco. El zodiaco actual y sus ritmos son solamente una especie de eco cósmico de lo sucedido en el pasado, cuando el universo externo no existía aún en el sentido actual. Por lo tanto, en la progresión del zodiaco que va desde Piscis hasta Aries deberíamos hallar inscrito el sacrificio de la voluntad de los Tronos, así como la actividad de los Kyriótetes o Espíritus de la Sabiduría. Esto constituyó la primera ronda del Antiguo Saturno.

¿Cómo podemos leer las obras de estos Espíritus de la Sabiduría en Aries?. Su nombre sugiere que están conectados con la sabiduría divina. Los Tronos aportaron el ímpetu inicial, ya que a través de su sacrificio crearon el cáliz de toda existencia posterior. La más elevada sabiduría divina fue necesaria con el fin de moldear ese cáliz (la totalidad de la criatura), según las intenciones y propósitos premeditados de la más alta divinidad. Hubo de infundírsele a esa criatura un ‘plan’ para las fases y las configuraciones subsecuentes de toda la evolución, no obstante debemos confesar que el concepto de ‘plan’ no es mayormente satisfactorio, pues sugiere algo abstracto e inerte acorde a los estándares actuales del pensar. De todos modos, de visualizar procesos de crecimiento orgánico en la naturaleza, puede llegarse a una mejor comparación. Por ejemplo, una planta crece a partir de una pequeña simiente; se expande en el espacio según un arquetipo invisible pero muy definido según su especie. Alcanza una cierta culminación de la existencia, para luego marchitar y dar así comienzo a la decadencia. Todo esto tiene lugar acorde a un ritmo estricto, el cual es la regla común a la especie de la planta. Esta ley o arquetipo de la especie es obviamente una entidad poderosa. Podría ser llamada como ‘idea’ activa. Con respecto a la planta singular, ésta se expresa a sí misma en tanto la ‘vida’ se manifiesta en el tiempo y el espacio. Es este el tipo de ‘idea’ o de ‘vida’ la que –extendida en la totalidad de toda la evolución pasada y futura- debemos tener en mente al hablar de los Kyriotetes como portadores del plan divino, de la sabiduría divina vital en su ser. Por lo tanto, es aconsejable imagina esta actividad planificadora de los Kyriotetes como a la totalidad absoluta de los núcleos de los arquetipos cósmicos de vida.

A partir del poder de esta dignidad jerárquica, los Kyriótetes trabajaron sobre la substancia volitiva del mundo divino del Padre. La investigación espiritual revela que no les fue posible el permear con vida al cuerpo celeste, consistente de voluntad. Aquí se nos confronta con una de las leyes más fundamentales del desarrollo espiritual, tanto en el cosmos como en el ser humano. Sólo una mente abstracta podría esperar que la evolución se sucediese en línea recta, desde la intención hasta el propósito. El hecho es que la evolución se sucede en curvas. Las intenciones e impulsos originales pueden llevar a los objetos hacia cierto grado de perfección, pero luego acontece un relajamiento por el cual se reúnen nuevas fuerzas. Luego de este período de reposo se realiza otro esfuerzo para llevar a la evolución hacia una cercanía de su objetivo. De tal modo es generada la inmensa variedad de objetos y seres en el universo.

La actividad de los Kyriótetes no pudo ser asimilada aún por el cuerpo del Antiguo Saturno. En su lugar, fue creado un cierto reflejo de ello, como un espejo, que no obstante tuvo un profundo efecto sobre el Antiguo Saturno. Naturalmente, es extremadamente difícil imaginar lo acontecido entonces. Allí tenemos a los núcleos arquetípicos que portan el potencial espiritual absoluto de todas las manifestaciones de vida posibles, elaborando y cubriendo al cuerpo celeste del Antiguo Saturno. Allí sólo pueden existir como reflejos, pero se ven arrojados hacia el entorno de esta ‘estrella’. ¿Dónde podemos encontrar en el mundo actual que semeje a una recolección de estos sucesos del pasado?. La función cerebral del ser humano es una recapitulación microcósmica de los sucesos ocurridos durante la primera ronda del Antiguo Saturno. Decimos que gracias a la capacidad del cerebro, somos seres pensantes. Tenemos un cierto contacto con el mundo exterior por medio de nuestros sentidos. En nuestros pensamientos concebimos a la naturaleza de los objetos a nuestro alrededor, pero experimentamos una y otra vez que nuestros pensamientos son entidades ensombrecidas que van y vienen. En cierto sentido están conectados con la sabiduría inherente del mundo objetivo, pero aún así percibimos que esos pensamientos son sólo reflejos de una realidad a la que aparentemente no podemos acceder directamente. Esta es una situación similar a la del Antiguo Saturno, solamente que a un nivel completamente diferente de nuestra existencia microcósmica. Por supuesto que no habremos de esperar encontrar en aquel cuerpo celeste y en aquella instancia algo semejante a un cerebro u objeto al cual le fuera inherente el pensamiento o la sabiduría. Más bien debemos imaginar que el pensamiento o la sabiduría no estaban incorporados a ningún tipo de objeto. Sólo existía un mundo objetivo de pensamiento divino o sabiduría, una parte del ser de los Kyriótetes. Esto creaba un reflejo en el Antiguo Saturno; en otras palabras, estableció el germen de una capacidad para comprender al ser objetivo de la sabiduría divina a modo de imágenes difusas e inertes. De este modo se fundó la base inicial de la capacidad cerebral que el ser humano posee en la actualidad. Podemos percibir la culminación de este primer paso de la evolución en las propiedades espirituales cósmicas de la constelación de Aries. Esta región del cosmos es ciertamente el campo desde donde emanan aquellas fuerzas que capacitan al ser humano para construir las bases etéricas de la cabeza y el cerebro, mucho antes del nacimiento. Por lo tanto, la ciencia espiritual de toda época consideró a Aries como la región arquetípica de la cabeza y del cerebro, como se acaba de mencionar.

Luego de que la fase de la evolución iniciada por los Espíritus de la Sabiduría llegase a cierta culminación, el universo del Antiguo Saturno ingresó en otra etapa de su evolución. Ahora, otra jerarquía de seres divinos estaban tan evolucionados que fueron capaces de tomar la posta del estadio precedente. Eran los Espíritus del Movimiento o Dynamis, quienes tomaron a su cargo la tarea de continuar desarrollando lo logrado por los Espíritus de la Sabiduría. Compenetraron esto con actividad interior, lo que en gran escala puede ser comparado con aquello que existe como impulso anímico, con las emociones y sentimientos que viven en el ser humano. De este modo, añadieron movimiento interior y el poder de ejecutar la voluntad divina a la calma y sublime sabiduría de los Kyriótetes. Fue así como se convirtieron en los padres de todo lo que más tarde fluyó como manifestación cósmica externa y actividad. Por ejemplo, son los originadores de los movimientos y ritmos en el mundo de los astros. Tales movimientos surgieron primeramente gracias a grandes impulsos, sentimientos y emociones cósmicas, los cuales ya existían en los Espíritus del Movimiento antes de que los astros se volviesen cuerpos visibles a como los percibimos actualmente. En aquel momento sólo existía ese mundo anímico de los Dynamis en el lugar de las estrellas. Más tarde se retiran, dejando al universo de la creación a su suerte por el bien de la evolución de la libertad. Consecuentemente, un universo estelar emancipado y físicamente objetivo pudo tan sólo imitar los movimientos anímicos originales, a modo de ritmos mecánicos y computables.

La actividad de los Espíritus del Movimiento fue recibida por el Antiguo Saturno con pasividad reflectiva. Ya anteriormente no había sido capaz de ser permeado por los impulsos vitales  de los Espíritus de la Sabiduría, y menos aún se hallaba en condiciones de asimilar la actividad animada de los Espíritus del Movimiento. Por lo tanto, el reflejo de su impacto físico se mezcló con aquellas fuerzas vitales que rodeaban al Antiguo Saturno, aportadas por los Espíritus de la Sabiduría previamente. Se dio lugar a un amalgamamiento entre la vida y las fuerzas anímicas cósmicas, y esta entidad consistente en la vida y el alma de mundo envolvió al Antiguo Saturno como un poderoso zodiaco o aura suprasensible. Fue de este modo como la vida del cosmos, que era la emanación del sabio plan del cosmos, fue permeada y animada por aquellas fuerzas anímicas sublimes que luego activaran los  movimientos y ritmos de los astros. En otras palabras, la vida cósmica divina se vio organizada por medio de un orden estelar arquetípico, puramente físico.

Este fue un paso decisivo dentro de la evolución cósmica para toda la creación posterior, si bien da la impresión de estar basado en la imposibilidad de que el Antiguo Saturno recibiese tanto a la vida como a la psique del cosmos en su propio ser. La vida del mundo, que contenía la potencialidad arquetípica de todas las configuraciones y objetivos posteriores de la evolución cósmica en un estado de calma divina y sublime, se vio revestida con la capacidad de abarcar el ‘arco temporal’ de las eras cósmicas sucesivas. El tiempo fue activado y reforzado por aquellas fuerzas que ‘requieren tiempo’ para manifestar la voluntad divina. Son las mismas fuerzas que actuaron como ritmos sujetos al tiempo y a los movimientos en el cosmos estelar. Este aura cósmica vital y anímica no creó, como se dijese anteriormente, más que un reflejo en el Antiguo Saturno. Por medio de esto fue instaurada la primera fundación arquetípica de los reinos físicos de la Tierra; y este es el origen de la división del reino mineral en doce grupos de substancias, de las doce especies del reino animal, de las doce partes del cuerpo humano, etc. El patrón de doce, así como otros principios numéricos cósmicos, aún portan la impronta de ese reflejo impreso en el Antiguo Saturno por el amalgamamiento de aura cósmica, formado por la vida y el alma cósmicas o fuerzas astrales (astrum, latín –astron, griego– estrella en sentido espiritual).

Toda esta fase de la evolución del Antiguo Saturno está escrita en la constelación de Tauro. Esto ha de haberse sabido antiguamente, ya que en antiguos mapas estelares se muestra al toro con la cabeza gacha, a punto de realizar un potente movimiento hacia adelante. Pero aquí se oculta más. Ya fue destacado anteriormente que Tauro fue siempre reconocido por la sabiduría estelar como la región arquetípica de la laringe humana, y de los órganos adyacentes del oído y el habla. Ciertamente, la experiencia puede mostrar que esta región de la organización humana está construida a partir de la dirección cósmica de Tauro. De todos modos, no sólo la laringe humana está formada por esas fuerzas. Se hallan activas en la totalidad de la naturaleza, y podemos reconocer en Tauro a la esfera cósmica que está relacionada con el comienzo de toda la creación.

La Creación es la manifestación sucesiva de la Palabra divina en el mundo físico. Podríamos también llamarle un verterse de la Palabra divina en la multiplicidad del Universo, en el sentido expresado en el primer capítulo del Evangelio de San Juan: ‘En el comienzo era la Palabra, y la Palabra era con Dios… y todas las cosas fueron hechas por ella, y sin ella nada de lo hecho podría haber sido hecho’.

Esta Palabra divina arquetípica, cuyo origen puede ubicarse allí en el Antiguo Saturno, debe ser localizable espiritualmente en la región de Tauro. Podemos decir que Tauro es la laringe divina. Incluso la palabra humana revela este origen. Sabemos que el proto-alfabeto fue un reflejo de hechos cósmicos. Se percibió al origen de  las consonantes en las constelaciones del zodíaco, las vocales en los siete cuerpos planetarios. Por supuesto que con el correr de la historia, la palabra humana fue perdiendo mucho de su carácter cósmico luego de que los lenguajes se desarrollaran e individualizasen. Pero aún podemos darnos cuenta de que el pensamiento puede volverse creativo una vez que la voz entra en contacto con éste. Luego, el reflejo de la sabiduría del pensamiento y el movimiento psíquico se unifican. Esto tuvo su inicio por medio del amalgamado de la vida de la sabiduría divina y las fuerzas anímicas cósmicas en el Antiguo Saturno.

Encontramos a esta creatividad arquetípica de las fuerzas de Tauro en todas las mitologías antiguas. Por ejemplo, en el antiguo Egipto se veneraba a Hathor/Isis. Hathor era imaginada como una vaca cósmica, la cual brindaba nutrición a todas las criaturas. Mismo en tiempos más tardíos, Isis era representada con una corona hecha a partir de cuernos de vaca. Este es un ejemplo de cómo las fuerzas divinas de Tauro se vivenciaban en tiempos arcaicos; puesto que era Isis la que se dirigía a quienes se acercaban a los templos, a la búsqueda de sus Misterios, expresándose: ‘Yo soy el Todo que ha sido, es y será…’. Se la vivenciaba como a la Gran Madre de todo lo creado y de aquello que devendría en el futuro. Así quedaron expresados los tiempos arcaicos, por medio de un lenguaje propio, como el conocimiento del trasfondo creativo cósmico de Tauro.

Volviendo una vez más a la evolución en el Antiguo Saturno, debemos ser conscientes del hecho de que a través del amalgamado de la vida cósmica divina y las fuerzas cósmicas físicas, fue creada una región en donde se ubicaron los arquetipos espirituales de la diferenciación física tardía. Estas fuerzas fueron retenidas en el aura del Antiguo Saturno en un estado de latencia pero extremadamente poderoso al mismo tiempo; y con el fin de guiar su impacto dentro de la manifestación físicamente diferenciada –en otras palabras: dentro de la voluntad caótica de la cual consistía el cuerpo del Antiguo Saturno, fue necesario dar otro paso evolutivo.

Luego del ciclo que vemos rememorado en Tauro alcanzó una cierta culminación, otra jerarquía de seres espirituales pasan al frente: los Espíritus de la Forma o Exusiai. Ellos eran capaces de dar forma a lo que aún carecía de ella, pero también portan consigo el impulso de individualizar. Son ciertamente aquellos seres jerárquicos que hicieron hincapié sobre el desarrollo del ego o ‘YO’. Sus esfuerzos siempre estuvieron focalizados en establecer esta facultad en la criatura. Pese a todo, no pudieron despertar dicha cualidad en la substancia del Antiguo Saturno, y sólo les fue posible lograrlo en un estadio muy posterior. Consecuentemente, su impulso resultó incapaz de permear el cuerpo del Antiguo Saturno, pero su actividad dejó una huella o reflejo sobre él. Sucedió así que durante su fase de influencia, aparecieron imágenes externas de esa individualización o diferenciación en la substancia del cuerpo celeste. Esto tuvo un doble efecto. La substancia caótica de la que hemos hablado al principio, se vio dividida en numerosas entidades pequeñas. Esto no fue más que un reflejo, una imagen de lo que sucedía en el aura del planeta. Dado que la actividad de los Espíritus de la Forma se vio reflejada hacia el entorno del Antiguo Saturno, allí quedó individualizado un sutil zodíaco consistente en sabiduría y vida divina y cualidades anímicas cósmicas. Las partículas del núcleo planetario del Antiguo Saturno, que portaban la imagen de la individualización y la diferenciación, se convirtieron más tarde en el vehículo corporal de todos los objetos y seres de los reinos naturales, incluido el reino humano. Todo el ‘planeta’, como podría llamársele si un observador lo hubiera podido contemplar desde fuera, habría semejado una baya. Fue de esta manera que los impulsos de los Espíritus de la Forma prepararon el camino para la manifestación ulterior del mundo divino en la realidad física, estableciendo asimismo como hecho que la interrelación de los reinos del mundo físico fuesen una imagen del orden cósmico. Los reinos mineral, vegetal y animal representan una especie de proyección sobre la Tierra de las leyes y el orden dentro de los mundos planetarios y zodiacales. La humanidad de antaño representó esto en sus organismos sociales orientados jerárquicamente. Actualmente ha perdido esta conexión, pero deberá re-descubrir conscientemente ese orden cósmico arquetípico si es que desea sobrevivir.

Este gran ciclo del Antiguo Saturno está inscrito en la constelación de Géminis. En todos los antiguos mapas estelares los encontramos a ambos, y de considerar a todas las mitologías ligadas a Géminis nos podremos dar cuenta de que aquí nos confrontamos con la ‘división celular’ original en la creación. Ciertamente, la constelación de Géminis indica la dirección en la que debemos buscar la división celular arquetípica por parte de los Espíritus de la Forma, cuando ellos dividieron el cuerpo del Antiguo Saturno en partículas unitarias. Esta división arquetípica todavía se halla presente como un reflejo en la región geminiana de la organización humana. Como fuera demostrado anteriormente, Géminis queda manifestado en los hombros, brazos y manos, así como en la columna espinal que establece la conexión entre los ‘gemelos’ de la cabeza y los miembros. Nos vemos obviamente confrontados con una especie de memoria de los principios de la división celular cósmica en el pasado. Todo lo que en el cuerpo humano aparece en conexión a la simetría está basado en esto. Sin embargo, existe otro aspecto. Con sus manos, uno es capaz de palpar y comprender un mundo natural externo. El ser humano es incluso capaz de moldear hasta cierto grado a ese mundo externo gracias a su actividad. Por medio de esta confrontación, el ser humano se experimenta a sí mismo como un ser emancipado e individual. De este modo hemos recapitulado en la región geminiana tanto al proceso cósmico de emancipación como el de auto-realización, que fueran iniciados en el Antiguo Saturno por los Espíritus de la Forma.

Con el propósito de alcanzar la auto-realización, se debe ser una personalidad. Por supuesto que el hombre no era aún capaz de manifestarse a sí mismo como una personalidad en el Antiguo Saturno. Allí fueron creadas las primeras indicaciones y condiciones fisiológicas solamente, las cuales posibilitarían la auto-realización mucho más tarde, ya como ser humano emancipado. Indudablemente, no podemos hablar de la existencia de un ser humano con brazos y manos en el Antiguo Saturno. Aún no existía un mundo exterior en el sentido actual, uno frente al cual el hombre pudiese posicionarse y así lograr la auto-realización. Todo esto hubo de ser preparado a lo largo de inconmensurables eras de evolución cósmica. Por ejemplo, de contar con la posibilidad de dar con el momento justo durante el desarrollo embrionario de la formación de los brazos, etc, obtendríamos un cuadro fidedigno de las fuerzas de Géminis.

Con el propósito de preparar el campo de trabajo para estas fuerzas de Géminis, otra jerarquía divina, la de los Arcai o Espíritus de la Personalidad, ejercieron su influencia tras la de los Espíritus de la Forma. Ellos habían alcanzado un grado evolutivo considerable, ya que se vivenciaban a sí mismos dentro de un nivel de consciencia similar a la nuestra humana en la actualidad. De un modo u otro, se vivenciaban como individuos. Esto fue posible gracias a toda la evolución precedente en el Antiguo Saturno. Nos ha sido dicho que el cuerpo del Antiguo Saturno actuaba como una especie de espejo reflector de las actividades de las jerarquías espirituales. Gracias a esto, algo que originalmente era de naturaleza anímica divina, la voluntad, se aprestaba a su externalización. Esto ayudó a los Espíritus de la Personalidad a encontrar un plano de resistencia contra el cual ganar percepción de su propia personalidad. Extendieron su propio ser hasta aquellas entidades indiferenciadas que formaban al ‘planeta’, y en la resistencia pasiva que hallaron en esta región pudieron ver su propio reflejo como si se tratase de un espejo. Tenemos nuevamente un aspecto dual. Los Espíritus de la Personalidad fueron capaces de atravesar por una especie de desarrollo ‘humano’, y las entidades diferenciadas –en las cuales hemos de ver a los ‘ancestros’ de la humanidad– recibieron un reflejo o una imagen impresa de una personalidad emancipada.

Este efecto puede entenderse igualmente como una especie de efecto ‘fisiológico’ solamente, pero que causó un tremendo cambio en la naturaleza de aquellas entidades. La substancia volitiva, una substancia física cósmica, fue transformada en calor. Este calor fue la base de todo aquello que hallamos más tarde en la evolución cósmica a modo de substancia ‘física’. Se trató obviamente el primer indicio de una emancipación de la substancia anímica divina original, de un desprenderse del origen. Por esta razón hemos descrito la naturaleza de ese reflejo, que fuera causado por el desarrollo ‘humano’ de los Arcai sobre los ancestros de la Humanidad. Aquí tenemos al momento en la evolución cósmica en donde podemos ver a un elemento cósmico-físico divino modificado en algo de naturaleza aparentemente no-divina (en materia), una especie de cambio de perspectiva. Los antiguos pueblos orientales que tenían conocimiento sobre este hecho podían afirmar que el aspecto exterior del mundo es Maya y la realidad que lo subyace es el Espíritu.

Otros dos hechos están conectados con esta fase pasada de la evolución cósmica. El primero de ellos trata sobre la verdadera necesidad que la humanidad actual presenta en su estado actual de su desarrollo como esfera de resistencia a partir del cuerpo humano, con el fin de alcanzar la auto-consciencia de nuestra individualidad. Todas las experiencias que podamos adquirir por medio de nuestra organización física, inclusive las enfermedades, etc., nos permite ser conscientes de la distinción entre nuestra propia individualidad y el mundo circundante. Aquí podemos ver una especie de recapitulación de la experiencia ‘humana’ de los Arcai en el Antiguo Saturno, si bien a un nivel completamente diferente.

Ya el hecho de que precisemos del calor en nuestra sangre con el fin de reconocernos a nosotros mismos como un ‘yo’ revela la íntima conexión con esta etapa del Antiguo Saturno, cuando la voluntad fue transformada en calor gracias al impacto de la personalidad experimentada por los Arcai. La corriente sanguínea humana y su calor son el vehículo del auto-reconocimiento como un ‘yo’. De este modo encontramos otra correlación con el ciclo de Géminis en el Antiguo Saturno, donde ya hemos visto actuar a los Espíritus de la Forma y más tarde a los de la Personalidad.

Vemos a la externalización y a la individualización, comenzando por el Antiguo Saturno, expresadas también en una dirección cósmica diferente. Fue dicho que Géminis constituye una región cósmica que contiene como tendencia arquetípica al ‘status nascendus’ de la externalización y la radiación, tal como se expresa en el cuerpo físico. El acto de partir desde un punto central en dirección a la periferia queda indicado en el brazo y la pierna superiores. Como fue mencionado previamente, son una manifestación de Sagitario, quien se halla opuesto a Géminis en el cielo. Por tal motivo debemos incluir al aspecto de Sagitario en toda esta fase evolutiva del Antiguo Saturno. En otras palabras, podemos ver a las actividades de los Espíritus de la Forma y de los de la Personalidad inscritas en la interacción entre las constelaciones de Géminis y Sagitario. A través de esto se logra la base de una instrumentalización fisiológica, la organización de Sagitario, por medio de la cual el hombre pudiera verse ‘empujado’ dentro de la soledad de la auto-percepción, como una entidad corporal desprendida del universo exterior. De aquí que podamos comprender también cómo surge la Imaginación del Centauro en los pueblos antiguos al contemplar en dirección a Sagitario. El centauro es un ser mitad caballo  mitad hombre y que se halla a medio camino de convertirse en un ser humano pleno. A través de la lucha entre el ser superior empeñándose por volverse humano y la organización animal inferior es como se alcanza el objetivo de la percepción del Yo. El Arquero apunta con arco y flecha hacia algo a la distancia, que no es otra cosa que alcanzarse a sí mismo.

Basado en los comienzos de la externalización, el impulso fisiológico de la emancipación y la auto-percepción fue implantado en los ancestros de la humanidad en el Antiguo Saturno. Luego, el planeta ingresa a otro ciclo de su existencia. Se puede deducir lógicamente que un ser que fuera colocado sobre el camino evolutivo mencionado, requiera tarde o temprano de órganos que le permitan percibir a ese mundo exterior que se contradice con la interioridad de su propio ser. Según el modelo de la existencia humana actual, sería de esperar que esos órganos fueran de tipo sensorio. Ciertamente, fue durante la fase siguiente del Antiguo Saturno cuando se establecen las primeras bases indicativas de nuestros órganos sensorios. Para poder lograr esto, otra jerarquía de seres espirituales –los Arcángeles– entran en escena.

En aquel momento no habían alcanzado aún el nivel de consciencia de un ser humano del presente. Debido a ello, no fueron capaces de actuar independientemente. Sólo estuvieron a la altura de asistir a una jerarquía mucho más elevada, a los Serafines o Espíritus del Amor. Esta jerarquía ya había alcanzado un alto nivel de desarrollo. Ellos percibían lo que acontecía en el Antiguo Saturno por medio de poderosas Imaginaciones. Pero supieron sacrificar sus visiones y de este modo fue posible que los Arcángeles trabajasen sobre esa substancia sacrificial, obteniendo así las primeras bases etéricas de los órganos sensorios. Esos gérmenes irradiaban ‘luz’ sobre la oscuridad del Antiguo Saturno, y los Serafines permearon esas irradiaciones con sus sublimes experiencias clarividentes del universo saturnal.

Es de este modo como nos vemos confrontados con la generación de un universo exterior objetivo, el cual ahora percibimos por medio de nuestros sentidos. El devenir en existencia del universo exterior está estrechamente ligado al desarrollo de la actividad sensorial de nuestros órganos. Originalmente se trató de una contemplación clarividente por parte de los Serafines o Espíritus del Amor; luego pasó a ser sacrificada. Dicho de otra manera, fue emancipada de su origen y transformada gracias a la facultad creativa divina de los Arcángeles en apariencia objetiva que existe en y a través de los sentidos.

Desde otro ángulo, aquí nos confrontamos nuevamente con el trasfondo de una anciana verdad: la esencia del universo que experimentamos por medio de los sentidos es realmente espiritual. La humanidad actual ha olvidado esta verdad y es por tal razón que el universo semeja estar desvinculado del espíritu. Como fuere, el momento ha llegado en el que la humanidad debe aprender nuevamente que el mundo que se presenta a sí mismo a través de los sentidos, cobija una realidad espiritual oculta mucho mayor ‘por detrás’ de la apariencia.

Ahora hemos alcanzado la capacidad de percibir plenamente conscientes a la subjetividad espiritual que subyace oculta tras el velo de la ‘objetividad’ del universo exterior. Podemos acercarnos gradualmente a la sublime verdad ‘Yo soy el universo y el universo es en mí’. De aquí se toma consciencia de que éste es uno de los aspectos más profundos del Cristianismo espiritual. Por supuesto que, a rasgos generales, la Humanidad del presente se encuentra aún muy lejos de cobrar noción sobre esto, pero si ella ha de alcanzar el ideal paulino ‘Yo existo; mas no yo sino por el Cristo en mí’ (epístola de San Pablo a los Galateos), entonces algunos han de verse capaces de emprender este camino.

El ciclo de la actividad combinada de los Serafines y los Arcángeles en el Antiguo Saturno se halla inscrito en la constelación de Capricornio y la opuesta a ella, la de Cáncer. Sin embargo, con el fin de obtener un cuadro claro de la progresión evolutiva tal como se muestra en el zodiaco, debemos añadir otro punto de vista más a nuestras consideraciones previas sobre los ciclos de Géminis que ya hemos visto. Durante uno de aquellos ciclos, vimos actuar a los Espíritus de la Forma o Exusiai sobre el Antiguo Saturno. Esto fue ubicado dentro de la constelación de Géminis. Luego les siguieron los Espíritus de la Personalidad o Arcai, y su actividad es perceptible en la constelación de Sagitario o el Arquero. Debe imaginarse que la actividad de los Arcai parte desde Géminis en dirección a Sagitario, la constelación opuesta.

El Arquero (Sagitario) es una especie de Imaginación del ancestro del ser humano en el Antiguo Saturno, en cuyo organismo calórico experimentaron su humanidad los Arcai. Por ello deberíamos encontrar dos impulsos o ciclos evolutivos inscritos en Géminis. En cierto sentido, puede decirse incluso que es Géminis quien surge como constelación, mientras que Sagitario no existe todavía. Luego, a través de la actividad de los Arcai es como quedan establecidas las bases de la nueva constelación de Sagitario. En otras palabras, las bases de una nueva jerarquía –Humanidad– fueron creadas mientras Géminis se manifestaba. Gracias a esto, la dualidad de Géminis estaría mostrando un impulso cósmico doble, lo que también genera la creación de Géminis como constelación visible. De esta forma aparece la intención divina de los Espíritus de la Forma, quienes prepararon durante eras inconmensurables de evolución cósmica el momento en que la criatura fuera capaz de recibir la ‘individualidad eterna’, la cual pasa de encarnación en encarnación como entidad indestructible. Aquí también quedó inscrito el impulso de los Arcai o Espíritus de la Personalidad de revestir al ser humano con una ‘personalidad’ –la experiencia del propio ser enmarcada en un cuerpo. Ahora es posible comprender el mito de Castor y Pólux, siendo el último el gemelo inmortal y Castor el ser de naturaleza mortal.

Hemos podido seguir la evolución desde Géminis llegando hasta Sagitario, y los ciclos siguientes los hallaremos entonces en la constelación de Capricornio y su opuesta, Cáncer.

Visto desde esta óptica, el zodiaco se convierte ciertamente en una especie de crónica de la labor del mundo divino sobre el Antiguo Saturno. Sin embargo, no podemos olvidar que para entonces no existía todavía un zodiaco visible. En su lugar, el Antiguo Saturno se veía rodeado por una especie de aura que ya mencionamos con anterioridad, la cual devino en nuestro zodiaco actual mucho después.

En la dinámica de las constelaciones de Capricornio y Cáncer, ¿es acaso posible reconocer las bases etéricas de los órganos sensorios?. La Imaginación de la Cabra en antiguos mapas estelares, nos muestra una criatura que está sobre la cumbre de una alta montaña, alcanzando con sus poderosos cuernos las elevadas esferas de pura luz y calor. Puede que aquí hallemos una señal o indicación por sobre la más alta de las jerarquías, los Serafines; pero con su parte trasera, el animal alcanza un reino mucho más profundo. En representaciones que nos llevan atrás en el tiempo miles de años antes de Cristo, el íbex es representado con una cola de pez en lugar de las patas posteriores. Podríamos tomar esto como una indicación del sacrificio de los Serafines. Incluso el símbolo arcaico que representa a Capricornio expresa claramente esta dualidad:

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En la parte superior del símbolo aparece un elemento de la receptividad universal, mientras que la parte inferior muestra una especie de involución.

La Imaginación de Cáncer nos presenta a un animal que está encerrado en un fuerte caparazón. Algunas especies poseen la habilidad de moverse hacia atrás con gran rapidez, de retraerse dentro de la cautividad de su propia morada. En este cuadro vemos enfatizada la labor de los Arcángeles en el Antiguo Saturno. Con el propósito de crear aquellos indicios etéricos de los órganos sensorios, ellos tuvieron que trabajar desde dentro del ancestro humano. Lo envolvieron en una especie de caparazón o piel muy sutil, y estos órganos primitivos podrían estar más relacionados con ‘sentido del tacto’. Pero la Imaginación de Cáncer también demuestra una afinidad con la cola espiral de la Cabra, como recibiendo el sacrificio de los Serafines a modo de acto involutivo. Esto queda fuertemente enfatizado por el símbolo que utilizamos para Cáncer: ♋

Una pregunta permanece sin ser respondida: ¿cómo podemos reconciliar estas visiones con los arquetipos zodiacales en el cuerpo humano?. Capricornio está conectado con las articulaciones de los brazos y las rodillas. Dichas articulaciones darían la impresión de llevar a cabo una función exclusivamente mecánica, pero también poseen otro significado. En el cuerpo humano, la parte superior de brazos y piernas representa la tendencia de salir hacia afuera desde una esfera interior cerrada. De no existir articulaciones que intercepten brazos y piernas, éstos constituirían más bien una especie de torpes instrumentos, como estacas. Sin embargo, gracias a estas ‘intersecciones’ se establece una relación gradual y armoniosa con el mundo exterior. En cierto sentido, los brazos y piernas inferiores son ya parte del mundo exterior. Si luego ampliamos el concepto ‘órgano sensorio’ suficientemente, podríamos llamar a órganos sensorios a todas las articulaciones en un sentido primitivo. Estas establecen un foco entre las dinámicas internas y externas. En Capricornio o la Cabra podemos ver cómo entonces se manifiesta en el cuerpo humano a modo de memoria de aquello sucedido en el Antiguo Saturno y también como un atisbo sobre la función futura de este órgano primitivo que fuera creado entonces. Esta conexión entre Capricornio y los órganos sensorios fue siempre conocida por el ocultismo. Era sabido que esta constelación es la región arquetípica del sentido visual. Un estudio sobre el ojo humano puede justificar la idea de que el ojo es una rodilla transformada en un órgano visual, puesto que en el ojo, el impacto del así llamado mundo exterior se encuentra con el medio conceptual interior del ser humano.

El Cangrejo, que se manifiesta en el tórax del ser humano, posee un carácter diferente. El tórax rodea y protege al corazón y los pulmones del hombre. Pero inclusive estos órganos pueden considerarse como sensorios, si bien sus ‘percepciones’ permanezcan por debajo de la superficie de la consciencia humana de la actualidad. El aspecto introspectivo, interior se enfatiza aún más. La sabiduría esotérica establece una conexión entre Cáncer y el sentido del tacto, algo que podría llamarse como una especie de ‘sentido cutáneo’ primitivo. Es así como encontramos aquí una perspectiva de los hechos que conducen en última instancia hacia atrás, hasta esta fase del Antiguo Saturno que fue descrita anteriormente. Por supuesto que sería un error el imaginar que allí existía algo semejante a los órganos sensorios actuales, puesto que tampoco existía un mundo ‘exterior’ sobre el cual actuar sensorialmente. Los sentidos existían sólo como puras potencialidades etéricas. Puede resultar de ayuda el imaginar que durante las primeras fases del desarrollo embrionario ya existen indicaciones sutiles de los órganos, como por ejemplo los ojos, oídos, etc. Estos se desarrollarán hasta llegar a ser órganos sanos, pero no pueden ser utilizados como tales durante la gestación.

Los Arcángeles desarrollaron su propio ser sobre la base arquetípica de los órganos sensorios en nuestros ancestros humanos. Pudieron hacer uso de ellos, pero el ser humano no tenía consciencia de lo que acontecía a través de éstos. Para tal fin son necesarias capacidades anímicas. Estas se desarrollaron mucho más tarde en la evolución, pero las bases de dichas funciones fueron establecidas ya en el Antiguo Saturno. Esto tuvo lugar durante otro ciclo evolutivo. Luego de que los Arcángeles lograsen aquello que las condiciones permitían, la jerarquía de los Ángeles o Hijos del Crepúsculo comenzaron su labor. En nuestros ancestros humanos, ellos encontraron una especie de metabolismo arquetípico. Sin embargo, al hallarse todavía por debajo del nivel de consciencia de los Arcángeles, con respecto a sus habilidades fueron menos capaces de obrar independientemente. Debido a esto, requirieron la cooperación de la exaltada jerarquía de los Querubines o Espíritus de la Armonía. Su nombre sugiere que ellos moraban en la esfera de las armonías celestes, es decir en la música que permeaba a todo el universo del Antiguo Saturno, el cual ellos experimentaban desde fuera como si se tratase de un gran instrumento musical con el que crear sonidos, según las leyes que dispone la música. Siendo los Ángeles sus servidores, implantaron los efectos de aquellas composiciones musicales cósmico-espirituales en los cuerpos de los seres de Saturno.

Podemos obtener una humilde imagen de sus actividades si intentamos imaginar aquellas fuerzas que obran sobre el vegetal. Las fuerzas dinámicas que provocan el crecimiento del vegetal, toman para sí la materia y la configuran como un ser que, inocentemente, imita a los grandes ritmos y estructura del cosmos estelar. Podemos imaginarnos este tipo de metabolismo cuando hablamos de la actividad de los Ángeles. En cierto sentido, el vegetal es un ‘cosmólogo’ mucho más eficiente de lo que lo somos nosotros, que podemos comprender la grandeza del cosmos solamente a través de uno solo de nuestros sentidos –el visual. El vegetal lo ‘concibe’ de una manera completamente diferente, por medio de facultades mucho más comprehensibles, sólo que inconscientemente.

Ahora bien, no debemos olvidar que el metabolismo de Saturno difería totalmente de las condiciones actuales. Era un metabolismo calórico. Variaciones de calor fluían por aquellos cuerpos en el Antiguo Saturno. De todos modos, el calor aún se hallaba muy cercano a sus orígenes, la voluntad divina de los Tronos. Con lo cual podemos imaginar que con aquel calor, las intenciones e ideas más sublimes de las más altas jerarquías espirituales fluían a través de la humanidad, siendo ‘digeridas’. Es así como la potencialidad de poseer y dar uso a la razón en una etapa posterior de la humanidad vio crear sus bases. Gracias a su capacidad germinal, las exaltadas experiencias de la armonía divina por parte de los Querubines al ‘oír’ los acontecimientos sobre aquel planeta, se vuelven manifiestas en el ser humano del Antiguo Saturno. Un débil reflejo de esto aún perdura en la humanidad actual, cuando las experiencias sensorias adquieren una comprensión y son seleccionadas o ‘digeridas’ dentro del ámbito de la razón. Es entonces cuando el ser humano se da a la búsqueda de las armonías arquetípicas de todas las cosas. Es sabido que la música posee la capacidad de estimular el pensar.

Podemos encontrar a esta fase del Antiguo Saturno inscrita en las constelaciones de Acuario y Leo. En todos los antiguos misterios verdaderos, como también en la ciencia espiritual moderna, ambas constelaciones son reconocidas como regiones arquetípicas desde donde se originan el corazón y las funciones circulatorias dentro del cuerpo humano. Leo está más relacionado con aquello que obra más como facultad contractiva, por ejemplo en la función cardíaca, mientras que el obrar de Acuario se percibía en los brazos inferiores y las piernas. En dichas regiones, la circulación sanguínea proveniente desde el corazón ‘se pierde’ a sí misma periféricamente. Es de conocimiento común que el organismo calórico del cuerpo humano puede ser influenciado y regulado en los brazos inferiores y las piernas. De este modo tenemos en Leo-Acuario a una dirección cósmica desde el que nace el metabolismo calórico de la circulación sanguínea, que fuera establecido en el Antiguo Saturno durante el ciclo de Leo-Acuario, pese a que no sea posible hablar de una vida circulatoria dentro de aquella humanidad. Sólo poseía un reflejo vital, causado por la vida circulatoria que fluía a través de ella. Dentro de las olas de calor de Saturno, puede decirse que las intenciones e ideas divinas se movían inherentes a la voluntad divina. En consecuencia, lo que aparecía en la humanidad tenía el carácter de prestado o reflejado. Podemos crear una imagen similar a los de estos acontecimientos si pensamos en la existencia ofuscada de los pensamientos y las ideas. Estas poseen una existencia espiritual objetiva, pero se presentan de manera nebulosa en el hombre, como reflejos inertes.

En cierto sentido, esto nos lleva a recordar lo que ya fuera dicho en relación al ciclo de Aries del Antiguo Saturno, pero esos reflejos ofuscados son ahora incorporados al ancestro de la humanidad. Durante el tiempo intermedio se individualizaron y constituyeron una especie de vida en préstamo, al igual que los pensamientos dentro de la cabeza de la humanidad actual. Esta comparación con la cabeza humana es válida ampliamente, dado que la cabeza sólo puede permitirse un cierto mínimo de vida en préstamo con el fin de cumplir sus funciones. En este sentido, podemos incluso contemplar al ciclo de Leo-Acuario particularmente –y a toda la evolución del Antiguo Saturno en general– como al estado de la creación durante el cual devinieron las primeras indicaciones arquetípicas de la cabeza humana. De esta manera nos aproximamos al aspecto del ser humano cósmico desde un ángulo completamente diferente al anterior. Inclusive la investigación embriológica moderna confirma –también desde otro ángulo– que la cabeza es la primera estructura del embrión. De todos modos, no puede pretenderse que nuestro ancestro de Saturno tuviera una cabeza similar a la del ser humano de hoy. Más bien debemos imaginar que fuera creada la funcionalidad potencial de convertirse en cabeza, semejante a la estructura de la cabeza humana durante las primeras semanas del desarrollo embrionario.

Ahora arribamos al último gran ciclo del Antiguo Saturno. El ser humano aparece aquí perfeccionado tan elevadamente como permitían las condiciones planetarias de entonces, partiendo de los estados del desarrollo precedentes. No poseían vida ni consciencia y en cierto sentido, los seres humanos eran una especie de minerales como los del presente, pero consistentes en una sustancialidad totalmente distinta. Tenían la apariencia de un autómata, eran un reflejo de aquello que acontecía en el entorno, bajo la guía de los seres de las jerarquías espirituales. Consecuentemente, mostraban una imagen fidedigna de las intenciones e impulsos del mundo divino a través de su ser. Una débil sombra de esta especie de objetividad absoluta pero inconsciente prevalece aún en nuestro cuerpo físico actual, si bien se halla muy por fuera del alcance de nuestras fuerzas volitivas autónomas. Vemos entonces una réplica de esta cualidad del Antiguo Saturno en el cuerpo físico. Aquellas entidades calóricas que habían sido creadas allí, fueron los orígenes del marco corporal humano actual. La corrupción se apoderó de ellos en tanto se les añadiera substancias del orden de lo gaseoso, líquido y sólido en el curso de la evolución cósmica. Dejando a un lado dichas corrupciones, nos es posible observar un cuerpo físico que es el perfecto arquetipo del ser humano, tal como fuera la intención del mundo divino. Por ello es que puede llamarse a esta última fase del Antiguo Saturno como ciclo de la manifestación de los seres humanos cósmicos divinos, a modo de imagen inerte e inconsciente de la totalidad del cosmos divino.

Este último ciclo del Antiguo Saturno está inscrito en Piscis. Antes de llegar a una completa comprensión del significado de todo esto, debemos intentar crear un cuadro de este ser humano del Antiguo Saturno. Ciertamente, estos intentos nos conducirán tan sólo un trecho, puesto que todos los conceptos que empleamos con el fin de describirle son tomados de las condiciones del mundo actual, y por ende son inadecuados.

Básicamente, distinguimos siete grandes ciclos o rondas en el Antiguo Saturno, tal como se las denomina en el ocultismo. Al comienzo de la primera ronda pudimos ver el sacrificio de la voluntad divina por parte de los Tronos o Espíritus de la Voluntad. Luego, los Kyriótetes o Espíritus de la Sabiduría comenzaron a trabajar sobre esta substancia volitiva, imprimiéndole un reflejo de la vida. Fue dicho que este fuera el primer indicio de un cerebro, el cual debemos considerarlo como un ‘cerebro cósmico’ indiferenciado. Vimos además a este suceso cósmico rememorado en la constelación de Aries. En la cabeza humana, Aries queda rememorado por lo que sería la figura formada por la nariz y las cejas. Posee la misma forma que el símbolo que utilizamos para Aries (Fig.1). La naturaleza empleó aquí los más fundamentales principios de la creación, tal como se verá en las páginas siguientes. En un sentido simbólico, puede ser también leído como en la Fig. 2

Esto nos señala a la constelación opuesta, a Libra, que también ha de ser considerada. Allí podemos percibir aún más el ‘acto divino’ del sacrificio de la voluntad divina (Fig.3 y 4).

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El símbolo de la Fig. 4 pretende indicar algo como una puesta de Sol, el sacrificio de las fuerzas cósmicas divinas.

De combinar ambas, obtenemos el siguiente símbolo (Fig. 5 y 6)

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El ser del Sol, representando a las fuerzas cósmicas divinas, desciende hacia un nivel más bajo de la existencia, otorgando de este modo un impulso evolutivo fundamental y es así que se genera un reflejo. Dicho reflejo puede verse en la Fig7. Es algo sutilmente similar al cráneo humano, la estructura básica de un cráneo que consiste solamente en la base del cerebro y que posee la posibilidad inmanente de un desarrollo ascendente y descendente. Esto es sorprendentemente similar a las primeras fases de la osificación de la cabeza durante los estados embrionarios del ser humano.

En Tauro fue posible ver inscrita la segunda gran ronda del Antiguo Saturno. Los Espíritus del Movimiento pretendieron permear al planeta por medio de sus fuerzas anímicas cósmicas. Estas se vieron rechazadas y se unieron a las fuerzas vitales originadas por la actividad de los Espíritus de la Sabiduría, estableciendo así al mundo divino. El símbolo de Tauro es el siguiente (♉) que bien podemos transformar en la imagen de la antigua vaca egipcia Hathor, luego conocida como Isis (Fig.8)

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Aún existen representaciones egipcias de Hathor como una vaca celestial con un disco solar dorado entre sus cuernos. A las fuerzas solares supremas de vida se les añade las fuerzas lunares de la existencia anímica cósmica, pero no se internalizan en la vaca sino que permanecen sobre ella. Esto queda enfatizado por la constelación opuesta, Escorpio. En épocas antiguas, Escorpio no existía; en su lugar se le percibía como al Águila. Para el Águila nos permitiremos usar este símbolo ( simbolo), que sugiere al elemento flotante (Fig.9).

No obstante, en el cuerpo del Antiguo Saturno se produjo un reflejo que puede contemplarse al desarrollar aún más la imagen de Aries. El cráneo veríase densificar todavía más que antes, como muestra la Fig10. Sin embargo, cabe enfatizar que no estamos considerando a los ciclos del Antiguo Saturno partiendo directamente desde Aries para luego pasar a Tauro. Más bien imaginamos a un impulso cósmico que se inicia en Piscis, para luego continuarse por el zodiaco a través de Acuario, Capricornio, etc., hasta alcanzar su culminación en Aries.

Pudimos ver a la tercera ronda en Géminis, cuando los Espíritus de la Forma provocaron un vuelco hacia la individualización y la emancipación en el universo del Antiguo Saturno. Gracias a ese proceso fue generado otro reflejo en el planeta, que logró que su substancia apareciera dividida en numerosos cuerpos singulares. Podemos indicar esta actividad por medio del símbolo tradicional (♊). Hemos llamado a esto como división celular arquetípica, y podemos comprenderle como la continuación del desarrollo del símbolo de Tauro (Fig.11). Aplicado a la imagen del ancestro humano en el Antiguo Saturno, la Fig.12 sugiere mayor o menormente esta dirección.

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Tenemos aquí al origen cósmico de la simetría del cuerpo humano, emplazada por medio de una especie de división arquetípica en el cerebro primordial con sus dos hemisferios. Es posible imaginar que el impacto que dio origen a la división arquetípica de este cerebro se ‘hundió’ en el organismo durante etapas posteriores de la evolución, creando así la simetría interior.

Durante la cuarta ronda vemos a los Espíritus de la Personalidad continuar a los de la Forma. Por medio de su actividad se logra dar un giro a la evolución. Hasta aquí podíamos hablar solamente acerca de un planeta consistente de substancia física cósmica; ésta se convierte ahora en calor. El cosmos del Antiguo Saturno se hallaba en camino de crear una esfera de ‘existencia exterior’ dentro de sí mismo. Esto fue visto como un suceso que podríamos describir en nuestro lenguaje moderno como una interacción entre Géminis y Sagitario. El símbolo tradicional de Sagitario es (♐). Podemos transformarle en nuestra imagen del hombre de Saturno como fuera propuesto en la Fig.13. La tendencia de Sagitario surge entonces como una primera indicación de un descenso hacia la mandíbula, lo que es al mismo tiempo un volcarse hacia el mundo exterior. Por decirlo de algún modo, los hemisferios divididos en el cerebro primordial propusieron una primera externalización propia, la parte inferior del cráneo. La mandíbula bien puede considerarse como brazos y piernas. Podemos imaginar nuevamente que fueran creadas durante una etapa muy posterior. Debe recordarse que no hemos de imaginar a la humanidad en el Antiguo Saturno con un cuerpo que posee miembros desarrollados de ningún tipo. Lo que fue creada es la potencialidad para ello y adicionada al cuerpo, quedando indicada por la elongación de la espina dorsal que parte del cerebro y llega hasta el organismo inferior.

Durante la quinta ronda del Antiguo Saturno, los Arcángeles comenzaron a construir los gérmenes de los órganos sensorios del ancestro humano. Esto fue hecho en conjunto con los Serafines. Vimos que dicho desarrollo fue inscrito en las constelaciones de Capricornio y Cáncer. El símbolo de Capricornio es (♑). Ya fue destacado que –en un sentido más profundo– Capricornio está relacionado con el sentido visual. Si modificamos el símbolo de Capricornio hasta arribar a un concepto más arquetípico como sugerido anteriormente entonces llegamos a la imagen del ser humano arquetípico de la Fig.14. Los cuernos son una indicación de la capacidad emergente de comprender la realidad ‘exterior’, mientras que la espiral apunta hacia un combinar de esta capacidad con las facultades del cerebro primordial. Esto no se refiere únicamente a los órganos sensorios de la visión ocular, sino que en un sentido más pronunciado, al órgano auditivo. El órgano coclear espiralado imita la cola en espiral de la Cabra.

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A esto se le añade el impacto de Cáncer (♋). Gracias a ello se logra una base para la formación posterior del cráneo superior (Fig.15). Esto puede indicarnos cómo devinieron las condiciones ulteriores de la substancia (el calor en el Antiguo Saturno). En tanto la actividad de los órganos sensorios se fuera alejando de su origen divino durante las etapas posteriores, tanto más se fue condensando el mundo físico en aire, agua y finalmente en substancia sólida. De aquí que veamos a la constelación de Cáncer estrechamente ligada al materialismo filosófico, según el ocultismo. Es la herencia de Saturno-Cáncer, llevada hasta su conclusión final dentro del proceso de la creación.

Durante el sexto ciclo del Antiguo Saturno, los Angeles –en cooperación con los Querubines– establecieron un metabolismo arquetípico. Este estadio fue visto como inscrito en las constelaciones de Acuario y Leo. Sus símbolos son (♒  ♌). De incluir esta actividad dentro de la cabeza humana, obtenemos un cuadro muy interesante (véase Fig. 16). Por supuesto que el hombre de Saturno no disponía de una boca. En su lugar, debemos imaginar corrientes calóricas ingresando y saliendo al igual que sucede con la nutrición. Las corrientes calóricas estaban permeadas por el reflejo de aquellas armonías del cosmos de Saturno, que estaban reguladas y dirigidas por los Espíritus de las Armonías. Es de este modo que queda establecida en la humanidad la capacidad potencial de percibir la armonía universal por medio de la razón. Gracias a la unión de la corriente externa y la capacidad interior ubicada en el cerebro primordial (en términos cósmicos sería gracias al actuar de Acuario y Leo), se creó el potencial de imbuir de pensamiento ala corriente aérea que pasa a través de la boca y la laringe. Esto hizo posible que durante la evolución terrestre, el lenguaje fuese una expresión pura de la actividad humana y la volición.

Finalmente, durante la séptima ronda del Antiguo Saturno, el arquetipo del ser humano alcanzó una cierta perfección. Aún carecía de vida y era semejante a un autómata del mundo divino circundante. Ha de imaginársele como un fantasma o como una imagen sutil de la cabeza humana surgiendo desde los velos del calor en el Antiguo Saturno. Este acto final del Antiguo Saturno puede ser reconocido en las dinámicas de las constelaciones de Piscis y Virgo. Naturalmente que esta cabeza no presentaba similitud alguna con la cabeza del ser humano del presente. Digamos que era una especie de máscara, mientras que su origen vital era la totalidad del mundo espiritual circundante. De este modo podemos hallar también un acercamiento a los postulados religiosos, en los que se menciona que el ser humano fuera creado a imagen de Dios. Más adelante continuaremos tratando esta última fase del Antiguo Saturno y las constelaciones de Piscis y Virgo.

Retornemos ahora a las consideraciones propuestas al comenzar esta Segunda Parte. La organización de la cabeza humana es una memoria viva del Antiguo Saturno. Existen muchas otras memorias de este estadio de la evolución cósmica en la naturaleza, pero la cabeza o el ser humano superior es la más representativa de todas. Sin embargo, sería un error imaginar a los seres humanos del Antiguo Saturno como una cabeza similar a la actual. La forma corporal de entonces parecía mucho más un tórax que una cabeza. Parecía un tórax en el sentido de que la parte restante de la organización era semejante a una vértebra, como costillas que irradiaban desde esa cabeza. Todo ese organismo constituido por calor era sumamente sutil y completamente abierto, como un recipiente o tamiz, expuesto a las influencias del entorno.

El ser humano, tal como se lo presenta en el Misterium Magnum, es ciertamente un cuadro de toda la evolución cósmica del pasado. La cabeza o persona superior porta los trazos del Antiguo Saturno, la persona media recapitula aquellos del Antiguo Sol, y la persona inferior se asemeja a los estadios de la Antigua Luna. No obstante, esto no deja de ser postulados completamente correctos, dado que las tres organizaciones atravesaron por muchas metamorfosis antes de llegar a ser lo que son hoy en día. Ya fue indicado que la cabeza del Antiguo Saturno semejaba más a un tórax. Dicho ser torácico es realmente el origen de nuestra forma material. Luego se deteriora mucho más tarde hasta alcanzar las formas endurecidas de la cabeza. Esto insinuaríauna contradicción, pero podremos obtener un cuadro más satisfactorio de intentar imaginar al principio formativo arquetípico que obra por sobre las tres organizaciones del ser humano.

Con respecto a sus propiedades funcionales, la cabeza humana contiene de por sí a todo nuestro ser a modo de abreviación. Si consideramos la formación del esqueleto de la cabeza, el hecho se torna obvio (Fig.16). La parte superior se halla totalmente predispuesta a la actitud de reposo. De hecho, sólo puede cumplir su misión bajo una condición estacionaria. La parte inferior del cráneo, especialmente la mandíbula, constituye una especie de sistema membrado de la cabeza. En el medio de ambos sistemas encontramos aquellos órganos que sirven a la respiración y a la ingesta de alimento. Consecuentemente, es un ámbito que está relacionado al sistema rítmico del ser humano y por ende, se halla presente en la cabeza como una especie de arquetipo o premonición de todo el sistema ternario del ser humano. Aquí es posible reconocer también al principio dinámico fundamental de la existencia humana en sí. La parte superior con los órganos de percepción y cognición indica una inclusión de la humanidad dentro de todo el proceso de la creación. Es allí donde los seres humanos tienen la posibilidad de obtener un reflejo de aquello que existe en el espacioexterior. Incluso el tener noción del propio marco corporal se corresponde con ese mundo de existencia externa, el resultado de inconmensurables eras de evolución cósmica. En la parte inferior de la cabeza contamos con indicaciones de una relación con el universo totalmente diferente. Existen órganos y formaciones que se remiten a una tendencia interior hacia la transformación, incluso hacia una transubstanciación. Respiración y digestión son indicaciones externas de esa urgencia interior en el ser humano. Con respecto a la dinámica de su diseño, la cabeza humana manifiesta la idea del ser humano y su divino propósito en la evolución. Nos vemos convocados a correspondernos con la totalidad de la creación con el propósito de transformarla en algo nuevo que no existía previamente. Un impulso binario de esta índole bien puede representarse por medio de la lemniscata. De tomar al círculo como un símbolo de significado universal, éste no indicaría más que algo que ha alcanzado su grado máximo de perfección, llegando así a un estado de reposo. Pero la lemniscata representa a una polaridad; de hecho, surge desde ella con el fin de lograr una transformación de aquello existente en algo nuevo. Contamos con una lemniscata de este tipo en la cabeza humana (Fig.18).

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El surgimiento de este principio dual a partir del círculo perfecto o esfera, queda expresado de manera sorprendente por medio de la formación del esqueleto torácico. Allí, la tendencia circular es potentemente enfática todavía, pero en la formación de la vértebra ya contamos con la indicación de un segundo foco en ‘status nascendus’ (Fig.19). Dicho estado ha de ser buscado en la evolución del Antiguo Saturno. De aquí que fuera dicho que la cabeza de Saturno semejara un tórax, es decir una mónada carente de vida con la sola indicación de dos focos. Con el correr de los estadios evolutivos posteriores, el foco representado por la vértebra de desarrolló cada vez más. Finalmente, el desarrollo alcanza una especie de exageración. Luego pasamos a la imagen de la cabeza humana (ver Fig.17) en donde el ‘polo-vértebra’ del cráneo superior predomina por sobre el ‘polo-costilla’ de cráneo inferior. Dicha exageración coincide con el desarrollo de las capacidades intelectuales del hombre que están relacionadas con las funciones del ‘polo-vértebra’, el cerebro.

Este desarrollo unilateral tuvo su contraparte gracias a otra exageración. La parte inmóvil que comparte la misma tendencia que la superior de la bóveda del cráneo y el polo móvil ganando preponderancia. Este es el modo en que podemos imaginar el surgimiento de las extremidades inferiores (Fig.20). El ‘polo-vértebra’ prácticamente desaparece y las costillas se sobre-extienden formando las piernas. La organización media retiene un alto grado de ese ‘status nascendus’ del arquetipo original, manteniéndole flexible. De un modo u otro,la cabeza y los miembros han logrado osificar las posibilidades extremas de la polarización. El conjunto de los tres sistemas establece una especie de balance.

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Hemos visto que este arquetipo del ser humano posee una relación definida con las constelaciones del zodíaco. ¿De dónde surge esta conexión?. La Ciencia Espiritual nos brinda la respuesta. En tanto ingresamos o aproximamos a la existencia física, vamos descendiendo desde el mundo cósmico divino. Durante este pasaje por el mundo espiritual antes de nacer, construimos una forma corpóreaespiritual. Tomamos las substancias del universoestelar, de las constelaciones que reúnen la historia de las grandes fases del pasado evolutivo del cosmos. Al ir construyendo ese núcleo espiritual, que luego estará a cargo de moldear el embrión material hasta darle forma humana, obtenemos al mismo tiempo el gran ‘génesis de la creación’. Por consiguiente, este génesis se expresa así mismo por medio de los rasgos del cuerpo humano. Hasta donde ha sido posible elaborar la evolución del Antiguo Saturno, vemos que algo similar a los rasgos de la cabeza humana es creado a partir de la memoria substancial del zodíaco. Este ‘humano-cabeza’ porta el potencial de verse metamorfoseado en el total de la forma humana a lo largo de toda su trimembración (ver Fig.21)

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El zodíaco es la expresión de los seres del mundo divino, de las jerarquías espirituales. ¿Cómo podemos imaginarnos el devenir en existencia del zodíaco visible actual?. En el Antiguo Saturno, el mundo estelar no existía visiblemente. En su lugar tendríamos una especie de círculo gigantesco rodeando al planeta. Dicha circunferencia espiritual era la morada de aquella divinidad jerárquica que obraban sobre el planeta desde la periferia. Gracias al gran sacrificio de los Espíritus de la Voluntad, se da inicio a una línea de evolución que queda establecida como principio guía a lo largo de los estadios subsiguientes.

En un cierto momento, las jerarquías se retiran de los objetos de su actividad, luego de pasarle la iniciativa a una jerarquía espiritual inferior. El propósito de la creación consistió en permitir que el mundo creado descendiese gradualmente hasta laemancipación del propio origen, para así brindarle la posibilidad de ser independiente y libre. Su retiro puede ser visto como un dejar atrás de sus vestiduras, dellogro de sus actividades. La emancipación del mundo creado se expresa a sí mismo por medio de un incremento de la densificación. De este modo se genera la base de un universo estelar y de un zodíaco visible. La grandeza de los astros es la esencia emancipada del mundo divino.

En lugar de un zodíaco, en el Antiguo Saturno encontramos un mundo de seres, al mundo jerárquico en sí mismo.

El actual planeta Saturno, con sus anillos, imita externamente a las condiciones que prevalecieron durante el Antiguo Saturno (Fig.22).

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Mucho más tarde, cuando las jerarquías comenzaron a retirarse, el aura fue densificándose en cierto grado. Estaba en camino de convertirse en un zodíaco, pero las jerarquías todavía eran capaces de manifestarse directamente a través de él. En lugar de un mundo de estrellas fijas calculable, encontraríamos un mundo de revelaciones que manifiesta espontáneamente las intenciones de los dioses. Podemos llamar a este universo como Antiguo Sol, según la usanza ocultista.

Tras una fase de la evolución que el ocultismo denomina Antigua Luna, las jerarquías espirituales ya se habían emancipado de aquel universo ‘exterior’ en un alto grado, provocando una densificación aún mayor. Pese a ello, siguió siendo posible el revelar el actuar del mundo divino. De haber sido posible atestiguar dicho universo, hubiera sido posible reconocer las intenciones y decisiones de la divinidad gracias a los movimientos de las primeras indicaciones de este mundo estelar exterior. Era este reflejo difuso de este actuar lo que todavía subsistía en los pueblos de antaño, quienes percibían la manifestación de la voluntad de sus deidades a través de los ritmos y movimientos de los astros visibles.

Finalmente, las jerarquías espirituales se emancipan casi por completo de la esfera de lo creado, logrando que se densificara hasta el punto de la materia sólida. Como consecuencia surge un universo estelar calculable y que da la impresión de funcionar mecánicamente. Es un universo que conmemora tan sólo en su grandeza al obrar del mundo divino en el pasado. Pasa entonces a ser un gigantesco monumento de la creación. También nosotros nos vemos insertados en este vórtex de emancipación. Gracias a ello hemos ganado tanta distancia de aquellos seres jerárquicos todopoderosos, que nos vemos en la oportunidad de buscar el trasfondo espiritual del cosmos en plena libertad y amor por la verdad. El universo de la labor divina, de la revelación, y del ser absoluto divino sólo se halla oculto ‘detrás’ del telón del surgimiento de un cosmos mecánico.

Hemos intentado encontrar un equivalente espiritual al zodíaco del Antiguo Saturno dentro del arquetipo dinámico del cuerpo humano, particularmente en la cabeza. De este modo arribamos a un aspecto central del Antiguo Saturno: el ser humano como objeto de la creación, ubicándose en el centro de aquel universo (ver Fig.21). En la periferia veríamos obrar a las jerarquías desde las alturas espirituales del planeta.

Como fuera destacado anteriormente, no habremos de imaginar a las jerarquías fijadas sobre una sola constelación. Cada una de ellas abarca la totalidad del zodiaco según corresponda su nivel (la espiral en la Fig.23 pretende indicar estos niveles). Pero de un modo u otro,  ellas concentran su actividad dentro de una ‘morada’ o dirección cósmica espiritual. De la misma manera en que percibimos al ser humano cósmico como una imagen de la totalidad del zodiaco, igualmente hemos de asignar sus órbitas respectivas a las jerarquías. Así es como llegamos al cuadro de las esferas celestes de las jerarquías como ‘concéntricas’, tal como se las conocía en la antigüedad.

Resta la pregunta: ¿qué existía en el Antiguo Saturno en el lugar que ocupan las constelaciones de Virgo, Libra, Escorpio y Sagitario? Para responder a esto dispondríamos tan sólo de una respuesta, que será propuesta con la mayor de las cautelas. Por detrás de estas constelaciones podemos ver la esencia de los ámbitos más elevados de la divinidad, la Trinidad, como sigue:

 

Virgo                                    El Padre

Libra                                     El Hijo

Escorpio (o Aguila)          Espíritu Santo

 

Se trata luego de una sugerencia tentativa, que precisaría de una mayor elaboración para así evitar equívocos.

Sagitario estaría representando a la raza humana. En conexión con la cuarta ronda del Antiguo Saturno, el trasfondo de esta idea ya fue presentado. Representa a la humanidad en el ‘seno de los dioses’. Es de esperar que la constelación de Sagitario ocupase el centro del universo, tal como el ser humano en la Fig.21 ocupa el centro de la espiral. Ciertamente, la ciencia astronómica moderna ha descubierto que la galaxia o magno universo –del cual nuestro sistema solar no es más que una pequeña partícula– rota alrededor de un centro que se ubica aproximadamente en la misma dirección que las densas nubes estelares de Sagitario (según investigaciones independientes por astrónomos como Lindblad, Oort y Plaskett). Sagitario se ubica en la dirección del punto central de la espiral, inclusive en un sentido externo. Sabemos además que todo nuestro sistema solar se mueve a gran velocidad hacia un punto que se ubica por encima de Sagitario, en la constelación de estrellas fijas de Lira, próxima a Hércules (A.M.Harding, Astronomy, NY).

Luego de estas excursiones, podemos regresar a la séptima ronda del Antiguo Saturno, a la cual relacionamos con las constelaciones de Virgo y Piscis. En este estadio, la humanidad se presenta como un autómata. Pero no podemos dejar de lado el hecho de que la Humanidad, con todas sus imperfecciones y precariedades, era para entonces un reflejo perfecto y altruista, aunque inerte, de todo el universo espiritual alrededor de Saturno. Gracias a este proceso le fue otorgada una capacidad que, mismo en el presente, se encuentra en latencia y que será desarrollada en un futuro aún muy lejano. Los Espíritus de la Voluntad o Tronos crearon un germen en la humanidad que llamamos Hombre-Espíritu o Atma, según la terminología oriental. A través del desarrollo de este principio, el ser humano del futuro no sólo será capaz de percibir las obras y los seres del mundo espiritual o volverse clarividentemente creativo en ese mundo, sino que una vez que ya no precise del cuerpo físico obtendrá la capacidad de manifestar al cosmos espiritual por medio de su propio ser. Por ejemplo, de ser capaz de desarrollar esta capacidad en el presente, no sólo sería capaz de percibir el potencial espiritual de Tauro u otras constelaciones sino que le sería posible emplear dicho potencial. Por supuesto, esto significaría un adquirir de fuerzas mágicas en gran escala cósmica, inimaginables en la actualidad. Estas capacidades surgirán a partir de un amalgamado armónico y consciente de esa polaridad fisiológica a la que nos referíamos cuando describimos la formación dinámica de la cabeza. El polo inmóvil (percepción) está destinado a convertirse en un órgano perceptivo universal, que en un futuro no se verá ya ligado a un cerebro físico que sólo aporta un cuadro difuso del universo. El polo móvil (transformación) dispone de una cualidad latente aún más profunda, la de transformar todo aquello que ingresa en nosotros desde el mundo exterior. Gracias a un desarrollo superior, un día nos veremos capacesde crear un nuevo cosmos en conjunto con las jerarquías superiores. En un sentido divino, crear forma parte de del potencial latente dentro de ese campo de fuerzas del ser humano.

Por medio de la cualidad cósmica de Piscis, la dualidad arquetípica –o más bien la trimembración– del ser humano halla una expresión inequívoca. El símbolo tradicional de Piscis es (♓). Podemos aplicar lo expuesto sobre nuestro cuadro anterior de la cabeza de Saturno, como se muestra en la Fig.24. Ambos peces de la constelación se ven ligados entre sí gracias a un delgado lazo de estrellas. Como si fuera un símil, los dos polos de la cabeza humana se conectan entre sí por un sistema intermedio.

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Para la constelación de Virgo utilizamos este símbolo (♍). Aquí se percibe más el aspecto de aquel exaltado principio del Hombre-Espíritu, que fuera implantado en la humanidad para ser desarrollado en un futuro lejano. Se trata de un principio que aún está oculto por tres velos místicos –las tres encarnaciones futuras de la Tierra así como las tres pasadas: Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. Luego de que la actual Tierra concluya, se continuarán tres fases evolutivas que la ciencia espiritual denomina como Júpiter, Venus y Vulcano. Recién sobre Vulcano seremos capaces de desarrollar completamente las capacidades del Hombre-Espíritu. Estos tres velos místicos quedan indicados por las tres volutas del símbolo (♍). El agregar de una curva lemniscatoria puede leerse como un signo de la unión armoniosa de los dos polos opuestos. En consecuencia, podemos insertar una lemniscata invertida en nuestro arquetipo de la cabeza humana como un signo de la unión entre el polo perceptivo inmóvil y el polo de transformación y creación activa (Fig. 25 y 26).

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La inversión de la lemniscata pretende enfatizar las características introspectivas de Virgo; esto fue introducido en la humanidad como potencial germinal sobre el Antiguo Saturno. Por lo tanto, queda inscrito dentro del marco físico, como por ejemplo en la metamorfosis del esqueleto completo.

Durante la séptima ronda del Antiguo Saturno se alcanzó una cierta perfección, dentro de lo que las condiciones de entonces permitían. Luego todo es disuelto en la pura existencia espiritual. El planeta y las jerarquías espirituales ingresan en una de esas fases que la ciencia espiritual llama ‘inexistencia’ o Pralaya, según la tradición oriental.

 

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Hemos esbozado brevemente la evolución del Antiguo Saturno, acorde a la terminología usada por Rudolf Steiner en su libro La Ciencia Oculta en Esbozo. Como base de nuestras consideraciones, hemos tomado la imagen arquetípica del cuerpo humano, especialmente el organismo de la cabeza. Este es un camino a tomar, pero debemos considerar que existen otros medios de representación. Hemos elegido el más simple, puesto que no presupone mayor conocimiento sencillo ni detalle.

No obstante, se ha querido enfatizar el hecho de que las condiciones del Antiguo Saturno no pueden ser comparadas con nada de la naturaleza material de la Tierra actual. El calor que fuera creado allí nace del sacrificio de la substancia volitiva de los Espíritus de la Voluntad o Tronos. No nos es posible hablar de un universo espacial durante aquella fase de la evolución cósmica. Su substancia aún se hallaba cerca de su origen psíquico-espiritual. Un observador armado de las capacidades actuales de percepción sensoria, sólo hubiera podido percibir graduaciones de calor, como efluvios de un aura invisible en actividad. Es por tanto que el ser humano no pudo haber existido en forma física sobre el Antiguo Saturno. La corporeidad consistía de substancia volitiva que se desviaba sutilmente de su origen divino. Gracias a esto se convirtió en algo potencialmente reflectivo, es decir en calor. La forma humana que se imprimió sobre ese calor era solamente un potencial a devenir.

La voluntad del mundo divino era inherente al ancestro humano de Saturno. Existía tan sólo como una imagen reflejada en un espejo. Ese espejo era el calor del planeta. La manifestación de esa imagen pudo lograrse tras largas eras de evolución posterior. Y esta es la razón por la cual no podemos hablar de un espacio en el Antiguo Saturno, mas sobre el nacimiento del tiempo.

Luego de que la evolución del Antiguo Saturno alcanzara una cierta perfección, todo el universo se replegó en una especie de reposo cósmico puramente espiritual. La ciencia espiritual llama a esta condición como ‘noche existencial’ o Pralaya, según la terminología oriental. Luego, en algún momento, las jerarquías del mundo divino reaparecen y nace un nuevo universo. Este estadio es conocido por la ciencia espiritual como la condición del Antiguo Sol.

 

 

Traducido por Diego Milillo.

 

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La sabiduría en la actualidad

                                                       Willi Sucher – 18 de Julio de 1966

English version

En el presente, estamos atravesando por un extraño desarrollo con respecto a la astrología y la cosmología.

De repente, la astrología se ha puesto de moda, y los astrólogos se sienten triunfantes. Se han estado empeñando por décadas para establecer una validez.

En América existe un programa radial de pronóstico meteorológico bajo la conducción de John H. Nelson –quien considero que ha de haber sido astrólogo en una vida pasada– que además de los pronósticos también brinda reportes acerca de los múltiples disturbios que están afectando las transmisiones, mensajes radiales e incluso a los teléfonos. La suma de estos disturbios se ven mayormente conectadas con los campos electromagnéticos, que generalmente coinciden con el apogeo de las manchas solares, las cuales ocurren dentro de un ciclo de once años. Sin embargo, esto cuenta tan sólo para un pequeño porcentaje de los disturbios radiales.

Sabemos que los aspectos de 90° entre Saturno y Júpiter (Fig.1) también pueden causar tales disturbios. Nelson pronosticó disturbios radiales que tuvieron una certeza de un 90%, y esto con meses de anticipación. Sin embargo, él desconoce las fuerzas planetarias causantes de ello. Puede comunicarlas pero no interpretarlas. Yo conozco mucha de la información meteorológica; se las publica en los más diversos medios, pero siempre carecen de explicación.

18julio5

 

Sabemos que antaño, los paisanos solían guiarse por la Luna y sus fases en su labor agrícola, pero acabaron siendo considerados como supersticiosos por los expertos. Ahora, tanto las oficinas meteorológicas de Estados Unidos como de Nueva Zelandia ‘descubrieron’ que esas fases tienen una influencia sobre las precipitaciones sobre toda la Tierra, pero continúa siendo una especulación y no una explicación.

Un investigador de la Universidad de Yale trazó los movimientos de los planetas en relación a civilizaciones pasadas. Otro ha descubierto los cálculos babilónicos y los aplica en la investigación. Estos cálculos planetarios han sido usados en investigaciones sobre ciclos económicos.

Un investigador del Colegio Tecnológico de Massachusetts propuso que si las relaciones terrestres y planetarias no son meras coincidencias, entonces podría resultar en una nueva ciencia que revitalizaría la antigua astrología. El pronóstico del tiempo basado en las fases lunares es ahora un acierto establecido.

Se ha descubierto un campo electromagnético en el cuerpo humano. Es una especie de aparato electrónico en sí mismo!. Se dice que, evidentemente, este campo fluctúa y se modifica con el de la Tierra, y que ambos están relacionados con los astros y las galaxias. De este modo se nos está sugiriendo un pronóstico meteorológico psico-cósmico, desarrollándose y actuando dentro del mundo humano como una sugestión e histeria masiva, relacionándolas con revoluciones y guerras.

Esto parecería ser un resurgir amenazador de la antigua astrología pero bajo otros nombres, tal como solaristas y lunaristas. De introducir esto en las universidades, donde Ahriman lleva las de ganar, suprimirá y oprimirá a la humanidad de una forma terrible. La gente perderá su identidad completamente al ser oprimida por la ciencia terrestre como también por esas influencias cósmicas.

Ahriman sabe obviamente que no podrá ignorar la colaboración entre el hombre y el cosmos, por eso la caricaturiza como si fuera una relación fantasmagórica. ¿Cómo podemos afrontar esto? Desarrollando una astrología del Grial, tal como fuera sugerida por Rudolf Steiner en su ciclo de conferencias ‘El Cristo y el mundo espiritual’.

Consideramos a la investigación cósmica como un receptáculo o estructura, y luego introducimos en ella al Sol para darle substancia. Mucho ha sido logrado en este área, especialmente en cosmología. En su ciclo de conferencias de 1921, Rudolf Steiner dijo que la astronomía en sí misma no es de ayuda ninguna. Nos guía hacia un espacio en el cual nos perdemos. Este es solamente un terreno de procesos mentales, no de hechos. Por ello él propuso a la ciencia embriológica como contraparte de la astronomía. La astronomía nos lleva hasta el mundo de las ideas, mientras que la embriología nos conduce hacia la Imaginación. Debemos combinar la idea con la realidad.

El gráfico está basado en la postura geocéntrica, ya que los sucesos celestes están relacionados con el desarrollo embrionario. Aquí percibimos que el Sol se traslada tres cuartos de la eclíptica durante la gestación (Fig.2). A la derecha tenemos el orden natural de los planetas. Rara vez ocurre que los planetas respeten exactamente esta relación en el cielo –algo que aconteció parcialmente en 1962.

Podemos ver la división de los planetas entre los exteriores, como Saturno, Júpiter y Marte, y los interiores como Mercurio, Venus y la Luna, que se ubican entre la Tierra y el Sol. Esto podemos relacionarlo directamente con el desarrollo embrionario.

Sabemos que al comenzar nuestra existencia física se desarrollan tres capas (las líneas a la derecha indican al amnión por encima y al saco vitelino por debajo). Cobrando forma en el medio e indicado por las líneas de la izquierda, está el ectodermo, que es una especie de envoltura exterior y ayuda a construir la piel, los órganos sensorios y el sistema nervioso. También sabemos que los ojos se generan a través de la transformación de la piel. En segundo lugar está el endodermo, que aporta los elementos que construyen al sistema metabólico, incluyendo el tracto digestivo, el sistema respiratorio, etc. Tercero está el mesodermo, que es la capa intermedia entre ambos y que conecta los tejidos y los cartílagos al sistema óseo. Naturalmente que hemos simplificado todo esto con el propósito de desarrollar nuestro objetivo. Estos tres elementos también están relacionados con los tres aspectos del sistema solar: el endodermo con los así llamados planetas inferiores, Mercurio, Venus y la Luna; el mesodermo con el Sol y el ectodermo con el resto de los planetas exteriores hasta Saturno.

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Tal es la ciencia del cáliz del Santo Grial. Debemos continuar desarrollando una ciencia a partir de esto, para obtener un cuadro más comprensible que pueda ayudarnos en nuestro paso por la Tierra. Debemos llenar ese cáliz con el Sol espiritual, y esta es nuestra tarea (gráfico). Puede ser logrado a través de la educación, por ejemplo, y por medio de la elección vocacional. Estamos transformando constantemente nuestro material constitutivo, y en estos momentos de nuestra época debemos partir de la astrología convencional. Digamos que Saturno en Géminis está conectado con la cabeza, como parte del cáliz. Si decidimos que una persona ha de tener una cierta vocación, no estaríamos trabajando con el Grial, puesto que la persona estaría siendo determinada por el punto de vista de esos astros que se encuentran por fuera de nuestro ser. Ahora nos corresponde hallar una ciencia estelar que nos aporte puntos de vista e ideas para cada individuo. Para otras personas que presenten la misma posición de Saturno, puede que surjan desarrollos bien distintos a partir del libre albedrío.

La astrología convencional es poco útil puesto que es fatalista. Debemos hallar aspectos que nos abran a nuevas posibilidades. Debemos utilizar nuestros cálices como lo harían diferentes artistas o escultores con un bloque de mármol, ya que cada uno crearía algo diferente.

Este es un despertar de la creatividad, especialmente a través de la educación, por la cual cada quien puede transformar su propia capacidad. Ya no podemos basarnos en la antigua astrología; ahora debemos darle paso a una nueva que signifique un desarrollo para más de una vida. Sin embargo, sólo es posible comenzar pensando correctamente y sobre los rieles correctos. En la medida en que esto sea apreciado en el presente, será posible introducirle en el futuro, puesto que posee una relevancia para el universo y para todo el cosmos que coexiste en cada uno de nosotros.

Hoy pretendo hacer un experimento práctico con el fin de lograr esto. Son las 10 de la mañana, y desde aquí reproduciremos al cielo tal como se presenta en este momento. Este es un hecho cósmico asociado tanto con nuestro Saturno personal como con el celeste. Debemos prestar atención a esta interacción entre el mundo planetario y nuestro propio organismo. Intentemos entonces producir algo espiritual creativo.

Dibujaremos al firmamento incluyendo al zodiaco, ubicándonos sobre nuestro horizonte y mirando hacia el sur.

Mercurio está próximo al Sol, pasando por delante ya que se encuentra retrogradando. Júpiter está conjunto a Venus en el meridiano y Saturno no está lejos de poniente. El rasgo más importante lo conforman Plutón y Urano subiendo juntos desde el horizonte Este. Hay una distancia de 15° entre Plutón y Urano, sin embargo es todavía una conjunción. De hecho se trata de la misma sobre la que hemos estado hablando en nuestro journal. Recordemos también lo que fuera dicho acerca de los puntos de naciente y poniente con respecto a las substancias médicas.

La astrología convencional preguntaría: ¿qué significa esto? De esta manera sólo se predispone a aceptar lo estipulado. Es una astrología determinista que se introduce nuevamente de la forma que ya hemos explicado.

Más bien debería preguntarse: ¿qué puede hacerse con tal de responder espiritualmente? Podemos hacer uso de aquello mencionado en nuestro journal. La conjunción entre Plutón y Urano retorna rítmicamente de manera regular en la historia.

Plutón se ubica ahora en Leo, donde estuvo también en 1712, 1457 y 1203. En el año 1 AC, Plutón estaba en Libra y Urano en Aries, es decir opuestos. ¿Qué encontramos cuando retrocedemos en la historia? En 1453, ambos planetas estaban próximos uno del otro, llegando a la conjunción en 1457. Fue entonces que los turcos conquistan Constantinopla; en 1712 hubo grandes disturbios en Europa; y en 1203, Genghis Kahn se convierte en líder de los mongoles y preparó sus grandes invasiones. Puede decirse que estas son situaciones amenazantes. Sin embargo, nuestra mirada es distinta y nueva, ya que en 1203 contamos con la época de los trovadores, de Eschenbach y Chretien de Troyes, quienes crearon las baladas que hablaban de Parsifal y del Santo Grial. Los trovadores se desarrollaron a partir de las tradiciones cátaras francesas.

Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz, el documento fundamental del movimiento rosacruz, data de 1459, y podremos notar como Plutón y Saturno aún estaban conjuntos.

En 1712 nace Rousseau, entre otras cosas, pero volveremos a esto más tarde. En 1203, todo el trasfondo del Santo Grial proveniente del siglo IX, se ve teñido por este aspecto. Está asociado con la externalización del Cristianismo esotérico. En los siglos VI y VII, la Iglesia romana exterminó al Cristianismo cósmico celta. Desde el punto de vista espiritual, esto sirvió incluso de ayuda para el desarrollo de un Cristianismo esotérico. El Dr. Steiner sostuvo que el espíritu nacional de los celtas se convierte luego en el espíritu del Cristianismo esotérico, representado por el Grial y separándose de la Iglesia.

Esto resurge más tarde a través de los Caballeros Templarios. Siempre es posible reconocer al cáliz y a su contenido espiritual. Los Caballeros Templarios custodiaban el Sepulcro, la tumba del Cristo resucitado. Fueron exterminados por Felipe el Hermoso y su codicia, y por la Iglesia católica y su afán de exterminar el esoterismo.

El Rosacrucismo llega. Su símbolo es conocido. Puede verse a la cruz negra como una estructura y a las rosas como resurrección espiritual. El altar cristiano no va más allá del Viernes Santo, no llega a la Resurrección como lo hace el Rosacrucismo, cuyo símbolo es una revelación.

En 1712 tenemos a un aspecto crucial que se asocia con el contexto de la natividad espiritual de Goethe. Si bien nace más tarde, estaba igualmente relacionado con este aspecto espiritualmente. Esta natividad fue desarrollada a lo largo de su vida, y lo que escribió fue probablemente concebido con anterioridad –especialmente su Leyenda, que es tanto un cuento de hadas como un Misterio Rosacruz.

En 1966 llegamos a la actualidad. Pero antes retornemos una vez más al pasado, al año 1 AC –el año cero, antes del punto de conversión. Esto puede considerarse como el ancestro de la conjunción Plutón/Urano, sólo que aquí están en oposición. Plutón en Libra y Urano en Aries, sobre el punto vernal.

Aquí contamos con una nueva ‘primavera’ en sentido esotérico-oculto. Los cálculos sugieren a Marzo de ese mismo año como el momento de la Anunciación, cuando el Jesús de Lucas se convirtió en el cáliz en el que más tarde ingresaría el Cristo.

Tal es el calendario evolutivo y su progresión con respecto al Cristianismo esotérico. El año 1966 y lo que acontezca está en nuestras manos. Podemos medir el calibre de nuestras tareas como actividad espiritual frente a un trasfondo semejante.

Estas tres fechas: 1966, 1712 y 1457, representan tres estadios del Rosacrucismo y su manifestación. Es el individuo quien ha de decidir la forma de su cumplimentación. En 1459, el corazón del movimiento rosacruz queda representado por la Imaginación de las Bodas Químicas. Esto pareciera estar sacado de una ficción, no obstante son términos de una alquimia tangible. 1712 se refiere a Goethe (y a otros más). Aquí, el impulso rosacruz se eleva hasta el nivel de la Inspiración. Hay una cierta certeza en el hecho de que Rousseau atravesase por una especie de experiencia inspirativa a los 37 años, causándole una enorme tempestad emocional durante un viaje –tanto que arribó en un estado crítico. Este fue el punto de conversión de toda su carrera, tras el cual se convierte en el Rousseau que conocemos históricamente. El Rosacrucismo de Goethe porta la vestimenta de poeta y escritor, que alcanza un apogeo en su Leyenda.

Si lo expuesto es cierto, el Rosacrucismo estaría alcanzando el nivel de la Intuición en 1966. Debemos pensar esto en términos de la individualidad. Nos hallamos en camino hacia una astrología del Grial, prestando oídos al cosmos pero actuando espiritualmente con el fin de aportarle substancialidad.

Algo a ser considerado: Plutón y Urano estuvieron en oposición en el año 1 AC sobre los puntos vernales primavera/otoño. Este es el aspecto ancestral de la conjunción de 1712 y 1966. Una oposición tuvo lugar en el medio, en 1794, cuando Goethe escribe su Leyenda de la serpiente verde y la bella Lilia. Otra de dichas conjunciones ocurrió ya en la modernidad, en Aries. La última tuvo lugar en 1850.

 

Traducido por Diego Milillo en Octubre de 2017

 

Los ritmos estelares durante el siglo XX

Curso de conferencias no revisadas por WILLI SUCHER del 14 al 21 de julio de 1966 en Hawkwood College, Stroud

(Los dibujos en estas conferencias no fueron dibujados por Willi)

Willi Sucher – 16 de julio de 1966

English version

Esta noche contemplaremos algunos de los mayores ritmos estelares durante el siglo XX y su conexión con algunos de los planetas descubiertos más recientemente. Parte de esta información ya fuera mencionada en nuestro journal.

El planeta Urano se ubica actualmente en su perihelio, siendo esto un rasgo considerable de su esfera. Todos los planetas muestran una variación del plano de sus órbitas y forman ángulos en relación al movimiento de la Tierra, generando así un corte orbital a través del plano geométrico terrestre. Dichos puntos representan una realidad espiritual y se les denomina nodos planetarios. Urano precisa 84 años para completar una vuelta por su órbita. Aquel punto en donde un planeta se ubica más próximo al Sol se llama perihelio, afelio es el más distante. Actualmente, Urano se ubica sobre su perihelio, como puede verse en el diagrama. Los seres espirituales asociados con Urano obran dentro de esta órbita. Los nodos planetarios son aquellos puntos donde el planeta toca la esfera de la Tierra, en relación con el Sol. Estos nodos son portales o puentes entre la Tierra y los mundos espirituales. La Luna también corta el plano de la eclíptica terrestre en dos puntos, y tales pueden ser denominados como portales entre el mundo astral y la Tierra.

Cuando un planeta se halla más próximo al Sol, presenta una constitución diferente a cuando está más alejado, sobre su afelio. Todo aquello en nuestro sistema solar que se aproxima al Sol deviene una cabeza, dicho de un modo u otro. Por ejemplo, los cometas dirigen su cabeza en dirección al Sol mientras el resto forma una cola o estela. Todo aquello que se aleja en dirección de mundo de las estrellas fijas, alejándose del Sol, tiende a convertirse en un miembro y ésta es la clave del afelio.

 

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Considerando ahora que Urano se ubica sobre su perihelio, esto tiene un cierto significado para nuestra época porque nos vemos confrontados con una contracción, en donde todo pareciera querer convertirse en una ‘cabeza’ por medio de una economía interior. ¿Cuán positivo puede resultarnos esto?

Generalmente, los astrólogos convencionales se ven sumergidos en una oscuridad frente a los presagios estelares. Se crea un determinismo, una pasividad expuesta a influencias cósmicas adversas. El antídoto residiría en proponer actitudes espirituales positivas, con las cuales redirigir el curso de los cielos hacia una victoria sobre nuestras debilidades.

Durante este año, 1966, Urano se ubica sobre su perihelio, algo que también aconteció en la época de Novalis, sobre quien hemos hablado previamente. Fue un hombre que desarrolló un número considerable de cosas en poco tiempo, las inspiraciones fluían a través suyo como si fuera un río. Su persona no es lo suficientemente conocida, aunque se esté intentando traducir su obra y así darle más publicidad. De todos modos, nos resulta alentador ahora en 1966 el contemplar los últimos años de esta individualidad.Este fue un momento en la historia durante el cual algo devino una cabeza y Urano se volvió perceptible para el hombre en base a un conocimiento superior. Pues al hablar de Urano se está tratando con seres elevados, resulta provechoso el intentar comprender a alguien que fuera influenciado por este planeta. Rudolf Steiner dijo mucho sobre él y brindó indicaciones sobre encarnaciones pasadas de alto rango.

Tomemos entonces a Urano en su afelio, durante 1925 (véase gráfico). Aquí encontramos un existir dentro de los miembros y de la esfera volitiva (en Novalis, las fuerzas de Urano se expresaban más como cabeza). Rudolf Steiner ingresa en el mundo espiritual hacia esa época, cuando las fuerzas de la voluntad divina le hablaban a la esfera terrestre. Ya sabemos todo aquello que Rudolf Steiner brindó a la humanidad –sobre todo a partir del impulso volitivo en los últimos años de su vida, cuando su impulso más destacado no consistió solamente en aportar conocimiento, sino de impregnarlo de fuerza volitiva como para que la humanidad preparase su camino hacia la evolución futura. Es a través de este doble aspecto de Urano, su perihelio y su afelio, tanto en Novalis como en Steiner, que podemos hallar una certeza.

Veamos ahora el ingreso del alma al mundo espiritual, pasando por la muerte, sin hacer tanto hincapié en la perspectiva tradicional del ingreso al mundo físico a través del nacimiento. Rudolf Steiner también nos aportó este aspecto con el fin de poder ayudar a quien desencarna por medio de aquellos que aún están en la Tierra –en el antiguo Tibet era una ciencia reconocida el estudiar el alma luego de ocurrida la muerte.

Al encarnar, recibimos de la Tierra los ingredientes necesarios para existir. Al desencarnar, nuestro cuerpo etérico se separa del físico y éste retorna a la Tierra. El cuerpo etérico permanece intacto por alrededor de tres días, y durante este tiempo se despliega un panorama de lo ocurrido en nuestra vida como una totalidad, que pasa a ser tomada por el cosmos como una gran Imaginación -casi una pintura. Luego de tres días, el cuerpo etérico se expande. Así como el cuerpo físico está sometido a la gravedad terrestre, del mismo modo se libera y eleva el cuerpo etérico. Su deseo tras la muerte es regresar al cosmos, y entonces nuestro alma pierde su vínculo con el cuerpo. Este cuerpo etérico se integra a los planetas como una maravillosa Imaginación, con lo cual se convierte en fructífera la labor del alma en beneficio del universo.

Normalmente, la configuración planetaria al producirse el deceso permite que el cuerpo etérico se ‘deslice’ dentro de las ‘cavidades’ planetarias, con todos los sucesos que ahora están retratados como majestuosos cuadros de memoria. El alma humana sacrifica sus fuerzas cósmicas con el propósito de que éstas penetren nuevamente en el cosmos tras haber sido enriquecidas a través de la vida terrestre.

Todo aquello logrado por Novalis en sus últimos años está contenido en el perihelio anterior de Urano, resonando una vez más en el cosmos. Es también un hecho de que las oposiciones son necesarias, y los últimos años de la vida de Rudolf Steiner dejaron igualmente un mensaje positivo en el cosmos.

En 1900, Urano se ubicó sobre el nodo descendente (en la constelación de Escorpio). De hecho, Urano había descendido por debajo del plano de la eclíptica, creando un fuerte contacto con la Tierra. Este fue el año en que Rudolf Steiner comienza a comunicar su mensaje antroposófico -el año de nacimiento de la Antroposofía.

En el año 1945, Urano se ubicó sobre el nodo ascendente, y este fue el año en que se lanzaron las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki (véase Fig.3). Se ubicará nuevamente sobre el nodo descendente en 1984, lo que nos recuerda sobre la aterrorizadora novela profética de George Orwell. De hecho, se ubicará en oposición al nodo de Hiroshima. Recordemos al super-dictador de Orwell y la intromisión tecnológica hasta el último rincón de la vida personal humana.

En una estadística reciente, se obtuvo como resultado que un 60% de jóvenes universitarios americanos creían honestamente que los americanos no eran capaces de distinguir individualmente entre bueno y malo, y que deberían someterse a una guía general que controlase sus vidas. También consideraban que la policía debería permitirse los métodos más brutales con el fin de obtener confesiones. Este es el peligro de una humanidad resignada. Ya es sabido que es posible escuchar y grabar las conversaciones más privadas gracias a aparatos especiales, y que dichos aparatos son de fácil acceso económico. Grandes compañías empresariales los hallan útiles para ‘espiar’ el sostén financiero de sus clientes. Pero éste es el principio del fin -una monstruosa preparación para el super-dictador de Orwell (compárese esto con las oportunidades actuales de rastrear individuos por medios tecnológicos. NdE)

¿Por qué eligió 1984, coincidiendo con la posición de Urano? Esta fecha también está próxima al retorno del cometa Halley (hacia 1986) que pasó por allí en 1910. Fue decubierto por Halley en 1780, quien calculó su regreso. Fue un espectáculo tremendo, y su órbita comprende 76 años.

Estos cometas provienen de grandes distancias, pasan rodeando al Sol y vuelven a desaparecer (diagrama). La parábola entera requiere ser calculada. Sin embargo, muchos de ellos no retornan. Son lo opuesto a los planetas, que van recorriendo su órbita casi con regularidad monótona. Pero los cometas aparecen y desaparecen, y esto es benéfico. En la Edad Media se les llamaba ‘azotes de Dios’, y se encargan de barrer los desperdicios y restos de la atmósfera astral de nuestro sistema solar. Su particularidad es que no retornan. Sólo algunos lo hacen. Puede que estén en camino de convertirse en planetas o que ya lo sean, pero no da igual compararles. Sucede como cuando alguien adquiere habilidades nuevas: se destaca más que una habilidad natural. Incluso puede que se comporten más neciamente que un planeta. Rudolf Steiner advirtió que el cometa Halley se relacionaba con el descenso de la humanidad hacia un materialismo aún más profundo.

Si combinamos este aspecto con la oposición de Urano en 1945 (Hiroshima), la situación se llena de presagios. Con el fin de brindar un poco de alivio, he propuesto comparar el año 1900 con 1984. No es que sus aspectos negativos puedan eliminarse, pero puede ofrecérseles resistencia –o al menos doblegarles. Sabemos que 1899 marcó el final del Kali Yuga o época oscura, y la Antroposofía surge como una cura a ella. Aún considerando a este cometa, debemos recordar que este descenso en el materialismo puede ser resistido. En 1910, justo antes de la aparición del cometa Halley, Rudolf Steiner advirtió que el materialismo debe tener un límite. De quererlo así, disponemos del poder en nosotros como para prevenir un descenso irrevocable.

La historia nos relata mucho más acerca de este aspecto. Urano sobre el nodo descendiente puede dar prueba de otro tipo de resultados. La Luna de Rafael al fallecer se ubicó sobre el mismo lugar que al nacer, adentrándose en la constelación de Escorpio –un Viernes Santo de 1520. La Luna también estuvo allí en 1483, cuando nace Rafael. Este aspecto está asociado a la Madona Sixtina. En casos tales, la generación siguiente puede llevar la inspiración más lejos, reflejando estas Imaginaciones de las más variadas formas, incluso más elevadas. Por ejemplo, el gran filósofo Soloviev, reflejó esta Imaginación en Escorpio al elaborarla aún más en su poema sobre los tres encuentros con la HagiaSophia. Sabemos que la Madona Sixtina es realmente la Sophia Divina, portando al Hijo del Hombre en sus brazos como imagen del futuro.

Soloviev ‘revive’ esta experiencia por primera vez en una catedral rusa. Luego una segunda vez como estudiante de Teología en un museo británico, donde Ella le pide viajar a Egipto con el fin de revelársele. Y así lo hizo, vistiendo su tan formal traje negro y siendo casi asesinado por los beduinos, que le tomaron porun diablo. Allí pasó la noche, y al amanecer pudo presenciar de lleno la gloria de HagiaSophia. Soloviev fallece en 1900, llevando consigo el estandarte de Sophia.

A partir de estos ejemplos, tenemos a disposición dos grandes elementos terapéuticos que se apoyan directamente desde el corazón central de esta amenaza, otorgándonos un nuevo coraje para reconocer que el mundo espiritual trabaja con nosotros constructivamente, desde el corazón de cada situación por más atemorizadora que parezca.

El momento del deceso es al mismo tiempo un momento de resurrección, en tanto las almas humanas vierten los frutos de sus vidas en el cosmos. Y si el contenido de esas vidas es propicio, entonces es un momento de rejuvenecimiento de cosmos. Rudolf Steiner enfatiza que la misión humana del futuro consiste en brindar un nuevo contenido espiritual al cosmos, algo que lograremos si seguimos al Cristo.

Como fuera mencionado, podemos ver una relación entre la Luna en Escorpio y la Madona Sixtina, la cual Rafael llevaba contenida e inscrita en su cuerpo etérico. De este modo, el ser humano es capaz hasta de redimir el aguijón mortífero de Escorpio. Esta Imaginación fue ‘pintada’ en el cosmos como un gran acto terapéutico de la humanidad. Tales son los aspectos positivos sobre los que podemos echar manos como contrapartida a las amenazas que mencionamos anteriormente.

Cuando en 1900 son brindados los primeros mensajes de Rudolf Steiner, él se vio acompañado por tutores espirituales desde los mundos superiores –por aquellos que habían atravesado la muerte, como Schröer. Rudolf Steiner le conoció como profesor en el Colegio Técnico de Viena, siendo Goethe su foco de atención. Gracias a él, Steiner se vio guiado dentro de la corriente goetheana, la cual continuó desarrollando. Como fue dicho antes, Soloviev también ingresa en el mundo espiritual en 1900.

Ahora nos enfocaremos sobre Neptuno, que también se ubicó sobre su afelio en 1966 (debemos recordar que el perihelio no es algo mayormente estable –como también es el caso de Urano- como si quisiera escapar al cálculo).

La posición del afelio de Neptuno ha de ser considerada como un aspecto referido a los miembros, como una gran voluntad cósmica fluyendo a través del mundo. Urano representa una especie de corriente ocultista que ingresa en nuestro mundo humano desde la periferia del universo. Pero Neptuno tiene más que ver con el elemento fluido de la evolución humana, un elemento que la abarca.

¿Cómo se relaciona Neptuno con los ritmos de este siglo?. Se ubicó sobre su afelio a comienzos del siglo .XIX, llegando allí hacia 1800. Considerando una vez más a Novalis, quien fallece en 1801, descubrimos algo muy valioso. Sabemos que en esa época se manifiesta el Gran Colegio de Micael en los mundos espirituales –fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Allí se prepararon las almas para sus tareas futuras, inclusive las correspondientes a este siglo. Según Rudolf Steiner, este Colegio se reflejó en la realidad terrestre por medio de la leyenda de Goethe ‘La serpiente verde y la bella Lilia’. En esta obra se describe cómo la humanidad construye un puente entre los mundos material y espiritual gracias a grandes sacrificios y esfuerzos. La serpiente verde entrega su cuerpo con el fin de crear este puente sobre el río que divide ambos mundos. Es esencial conocer esta leyenda, puesto que contiene el mensaje necesario para este momento de la historia. Es el reflejo de ese colegio celeste, conducido por el Arcángel Micael. Novalis escribe los fragmentos de su conocida novela, que contiene la leyenda de Klingsor. Posee el mismo calibre que la de Goethe, ya que también refleja el Colegio de Micael. Todo esto se combina con la búsqueda de la humanidad por la Divina Sophia. En estos momentos, es sumamente recomendable la lectura de ambas leyendas, especialmente en lo que se refiere a la convivencia humana por más pequeña que resulte, y al puente que ha de ser construido.

 

Traducido por Diego Milillo en Octubre de 2017