GA34c3. La ciencia espiritual y la cuestión social

Rudolf Steiner — Berlín, fines de 1905/principios de 1906

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Robert Owen poseía dos virtudes, las que, en cierto sentido, justifican llamarle un genio del actuar social práctico: la certera visión respecto de benéficas instituciones sociales y su noble amor a la humanidad. Para apreciar en todo su alcance la significación de estas cualidades, considérese lo que con ellas Owen realizó. Creó en New Lennark industrias ejemplares en las cuales los operarios trabajaban en condiciones de una existencia humanamente digna y moralmente satisfactoria. Había entre ellos hombres depravados y alcohólicos, pero también otros, moralmente mejores, que ejercían por su ejemplo una influencia favorable sobre aquellos, lo que finalmente conducía a los resultados más propicios. En vista de tal éxito, no corresponde equiparar la obra de Owen con los más o menos fantasiosos “reformadores del mundo”, los así llamados utopistas; él no salió del marco de realizaciones prácticas, con respecto a las cuales todo aquel que no se incline a quimeras puede esperar que mediante ellas se logre desterrar, por lo menos en determinados dominios, la miseria humana. Tampoco es ilusorio creer que semejante realización delimitada puede servir de ejemplo para estimular un progresivo desarrollo favorable de las condiciones sociales humanas.

Así habrá pensado Owen, y por ello no vaciló en dar un paso más en tal dirección. En el año 1824 se puso a crear en Indiana, Estados Unidos, una especie de pequeño Estado modelo: adquirió un territorio con la intención de fundar allí una comunidad humana sobre la base de libertad e igualdad. Todo se organizó de tal manera que no había posibilidad de explotación ni de sujeción. Quien se propone semejante tarea debe estar dotado de las más nobles virtudes sociales: el anhelo de dar felicidad a sus semejantes, y la fe en la bondad de la naturaleza humana. Tiene que estar convencido de que en el hombre espontáneamente ha de surgir la inclinación al trabajo, cuando por medio de las disposiciones correspondientes, el beneficio del trabajo se presenta asegurado. Owen estaba compenetrado de esta fe, a tal punto que debieron sobrevenir experiencias muy graves para hacerle perder esta fe.

Estas graves experiencias efectivamente se produjeron. Después de largos y nobles esfuerzos, Owen tuvo que convencerse de que “la realización de semejantes colonias infaliblemente ha de conducir al fracaso, si previamente no se logra la transformación de las costumbres y de la moral en general; y que da mejor resultado ejercer influencia sobre la humanidad por la vía teórica que por la de la práctica”. A tal convencimiento fue conducido este reformador social por el hecho de que no faltaron los que rehuían el trabajo, tratando de traspasarlo a los demás, y debido a ello surgieron enemistades, peleas y finalmente la bancarrota de la colonia.

Lo experimentado por Owen es útil para todos aquellos que realmente quieren aprender; pues, de toda clase de organizaciones, que para el bien de la humanidad son ideadas y creadas artificialmente, puede conducirnos a crear el fecundo trabajo social, que verdaderamente cuenta con la realidad de la vida.

Por sus experiencias, Owen tuvo que desilusionarse radicalmente de su creencia de que la causa de toda miseria humana provenga de las “malas condiciones e instituciones” en que la humanidad vive, y que lo positivo y bueno de la naturaleza humana espontáneamente se suscitará, al mejorarse dichas condiciones. Owen tuvo que convencerse de que no es posible mantener las buenas estructuras, a menos que los hombres, por su íntima naturaleza y sincero afecto a las mismas, se inclinen a preservarlas.

Ahora bien, podría pensarse que, antes de crear semejantes estructuras, sería necesario dar a los hombres la debida preparación teórica, haciéndoles comprender, tal caso, lo justo y la utilidad práctica de las medidas a tomar; y es de suponer que Owen, según sus propias declaraciones, también lo haya pensado. Sin embargo, únicamente se llegará a un resultado realmente práctico, si se profundiza el estudio del asunto: de la sola fe en la bondad de la naturaleza humana, creencia por la que Owen se había dejado engañar, se debe pasar al verdadero conocimiento del ser humano. Toda claridad que jamás el hombre pueda alcanzar, con respecto a lo útil y benéfico de las condiciones e instituciones, no conducirá a un resultado duradero.

Pues la sola comprensión de tal índole no basta para dar al hombre el impulso interior para trabajar, si en él, por otra parte, se suscitan los impulsos que nacen del egoísmo. Como el egoísmo forma parte de la naturaleza humana, surge en el sentimiento, cuando el hombre, dentro de la sociedad humana debe vivir y trabajar juntamente con los demás. En cierto sentido, esto conduce necesariamente a que en la práctica la mayoría de los hombres consideren como la mejor organización social lo que mejor llegue a satisfacer las necesidades del individuo. De modo que, por influencia de los sentimientos egoístas, la cuestión social toma naturalmente la forma de esta pregunta: ¿Qué condiciones sociales hay que crear para que cada uno para sí mismo pueda obtener el producto de su trabajo? Y particularmente en nuestro tiempo del pensar materialista son muy pocos los que toman en cuenta otra condición. Frecuentemente se oye decir —cual una verdad absoluta— que no es concebible un orden social basado en benevolencia y el sentimiento humano. Antes bien se considera que la comunidad humana como un todo prospera de la mejor manera si el individuo puede asegurarse el producto “pleno” de su trabajo, o bien, la mayor parte.

La ciencia espiritual que se basa en el profundo conocimiento del ser humano y del mundo, nos enseña justamente lo opuesto; nos explica precisamente, que toda miseria humana es, en verdad, la consecuencia del egoísmo y que, necesariamente, han de producirse miseria, pobreza e infortunio general, si de alguna manera la comunidad se basa en el egoísmo. Empero, para comprenderlo hacen falta conocimientos más profundos de los que se ofrecen dentro del marco de la sociología. Ésta ciencia que trata de las condiciones de desenvolvimiento de la sociedad humana no toma en cuenta las fuerzas más profundas de la vida humana, sino únicamente su aspecto exterior. Es más, en la mayoría de los hombres de nuestro tiempo difícilmente se podrá despertar siquiera una idea de la existencia de esas profundas fuerzas; antes bien consideran como hombre soñador, ajeno a la práctica, al que les habla de semejantes cosas.

Ahora bien, no es posible tratar aquí de exponer la teoría social sobre la base de las fuerzas profundas, pues para ello habría que escribir una extensa obra. No obstante, pueden señalarse las verdaderas leyes del trabajo humano en general y exponerse, asimismo, lo que resulta, como idea social sensata, para el que conoce esas leyes. La plena comprensión de este asunto sólo la alcanzará quien adquiera una concepción del mundo científico-espiritual. No es posible proporcionarla a través de un solo artículo sobre la “cuestión social”. Sólo puede proyectarse sobre este problema una luz desde el punto de vista de la ciencia espiritual. Es de esperar que haya personas que instintivamente comprenderán lo que en pocas palabras pasamos a expresar y que no es posible exponer extensamente.

La ley fundamental que la ciencia espiritual revela es la siguiente:

 “El bienestar de toda una comunidad de personas que en ella trabajan, será tanto mayor cuanto menos cada uno requiera para sí mismo el producto de su trabajo, es decir, cuanto más de este producto él ceda a sus semejantes, y cuanto más sus propias necesidades se satisfagan, no de su propio trabajo, sino del de los demás”. Toda estructura dentro de una comunidad de personas que esté en contraste con esta ley, necesariamente producirá, con el tiempo, en alguna parte, miseria e indigencia.

Esta ley fundamental rige para la vida social con la misma necesidad y exclusividad que para un determinado campo de fuerzas naturales rige la respectiva ley de la naturaleza. Pero no basta con que se reconozca esta ley como una ley general de índole moral, o que ella simplemente se convierta en el sentimiento de que cada uno debiera trabajar al servicio de sus semejantes. En la realidad de la vida, dicha ley rige como debe regir, únicamente si una comunidad humana llega a crear una estructura social en la que jamás nadie puede disponer para sí mismo del fruto de su propio trabajo, sino que en lo posible, el total de este fruto redunde en provecho de la comunidad como un todo. Cada uno, a su vez, deberá recibir su sostén por el trabajo de sus semejantes. Lo que importa, pues, reside en que el trabajo para los demás, y el adquirir un determinado ingreso, sean dos cosas distintas, separadas totalmente la una de la otra. Naturalmente, el representante de la ciencia espiritual sabe que los que a sí mismos se tienen por “hombres prácticos”, tienden a ridiculizar tal “monstruoso idealismo”. No obstante, es cierto que la referida ley es más práctica, que ley alguna que jamás haya sido ideada por los “prácticos”, o establecida en la realidad. Quien verdaderamente examine la vida, encontrará que toda comunidad humana existente, o que jamás haya existido, posee o poseía dos clases de instituciones. Una parte de ellas concuerda con esa ley, la otra está en contraste con ella. Indefectiblemente llega a ser así, no importa que los hombres lo quieran o no. Pues, toda comunidad se desmoronaría inmediatamente, si el trabajo del individuo no fluyese a la sociedad como un todo.

Pero desde tiempo atrás, el egoísmo humano desbarató dicha ley, puesto que trató de sacar para el individuo el mayor provecho posible. Y precisamente lo que de esta manera resultó del egoísmo, en todos los tiempos ha conducido a indigencia, pobreza y miseria. Esto realmente significa que siempre resultará contraria a lo práctico aquella parte de las instituciones humanas que los prácticos llevan a cabo de modo tal que se toma en cuenta o el egoísmo propio, o el de los demás.

Naturalmente, no basta con que semejante ley se comprenda, sino que la realidad práctica comienza con la pregunta: ¿cómo puede realizarse lo que ella expresa? Se entiende que esta ley no dice nada menos que lo siguiente: el bienestar humano es tanto mayor cuanto menos rige el egoísmo. Quiere decir que para traducir esa ley en realidad, es preciso que haya hombres que logren superar el egoísmo, lo que prácticamente no es posible, si la medida de bienestar del individuo se determina por su trabajo. Quien trabaja para sí mismo, necesariamente llegará a recaer en el egoísmo. Sólo podrá convertirse en trabajador sin egoísmo, el que enteramente trabaje para los demás.

Pero para realizarlo, existe una condición previa: cuando uno ha de trabajar para otro, es preciso decirse que en este otro haya un motivo para tal trabajo; y si ha de trabajar para la comunidad, debe tener idea del valor, la naturaleza y la importancia de ella. Esto sólo será posible si la comunidad es algo bien distinto de una cierta suma de individuos. Debe de haber un espíritu que la compenetre y con el cual cada uno se sienta identificado. Esta comunidad tiene que ser de tal índole que cada uno se diga: todo está bien, y yo quiero que así sea. Es preciso que la comunidad tenga una misión espiritual, y que cada uno tenga la voluntad de contribuir a que esta misión se cumpla. Pero semejante misión no puede consistir en ideas progresistas, más o menos abstractas, como comúnmente se formulan: donde éstas rigen, existirá el trabajo del individuo o de grupos de personas, cada parte en su lugar, sin alcanzar de ver lo útil de su trabajo, fuera del interés propio, o de lo vinculado con éste. Lo que hace falta es que el espíritu que rige la comunidad viva en cada individuo.

En todos los tiempos, únicamente hubo prosperidad donde de alguna manera se realizó semejante vida de espíritu de comunidad. Cada ciudadano de las ciudades de la antigua Grecia, como asimismo él de la Ciudad Libre del Medioevo, tenían siquiera un vago sentimiento de tal espíritu de la comunidad. No corresponde objetar que, por ejemplo, la organización de la antigua Grecia sólo pudo hacerse porque se disponía de una legión de esclavos que hacían el trabajo para el “ciudadano libre”, incitados por la superioridad del amo, no por el espíritu de la comunidad. Este ejemplo sólo nos enseña que la vida humana obedece a las leyes de la evolución. En nuestro tiempo, la humanidad ha llegado a un nivel evolutivo en que ya no es posible resolver del mismo modo que en la antigua Grecia la organización de la sociedad. Incluso el griego más noble consideraba la esclavitud, no como una injusticia sino como necesidad de la vida humana. Por la misma razón, el gran Platón pudo sentar el ideal de un Estado en que el espíritu de la comunidad llega a realizarse por el hecho de que los pocos entendidos obliguen a efectuar el trabajo, a los que forman la mayoría. En cambio, la misión del presente consiste en crear condiciones de la vida humana, en que cada uno, guiado por el impulso más íntimo de su ser, llegue a trabajar para la comunidad.

De lo expuesto se infiere que no hay que pensar en una solución definitiva del problema social, sino únicamente en orientar los pensamientos y el actuar, tomando en consideración las necesidades inmediatas del presente. Nadie podrá, como individuo, formarse o llevar a la realidad una teoría que resuelva el problema social. Pues, para hacerlo, debería tener el poder de obligar a una cantidad de personas, a trabajar dentro de las condiciones por él creadas. No cabe duda: si Owen hubiera tenido el poder o la voluntad de obligar, compulsivamente, a todas las personas de su colonia a hacer el trabajo que a cada uno correspondía, habría llegado a un buen fin. Pero en nuestro tiempo no puede tratarse, de modo alguno, de semejante coerción, antes bien, debe hacerse posible que cada uno haga voluntariamente el trabajo para el cual tiene vocación, de acuerdo con sus fuerzas y capacidades. Por consiguiente, de ningún modo puede tratarse de que, en sentido de los citados pensamientos de Owen, se influya sobre los hombres “en sentido teórico”, proporcionándoles meramente una idea acerca de qué condiciones económicas habría que establecer para el bien de todos.

Una teoría económica abstracta, jamás puede ejercer fuerza alguna contra las potencias del egoísmo. Por cierto tiempo, semejante teoría podrá provocar el entusiasmo de las masas, con apariencia de idealismo, el que, sin embargo, no puede conducir a resultado definitivo pues, quien impregna tal teoría al pensar de la gente, sin darle, a la vez, valores realmente espirituales, actúa en contra del verdadero sentido de la evolución humana.

No será posible resolver el problema, sino por una concepción del mundo de carácter espiritual, una concepción que por su propia característica penetre en el pensar, el sentir, la voluntad, o sea, en toda el alma del hombre. La fe de Owen en la fuerza de las virtudes humanas no es acertada, sino parcialmente; por otra parte, es una de las peores ilusiones. Tiene razón en cuanto que en todo hombre ocultamente existe un “yo superior” al que se puede despertar. Pero de su estado latente, este “yo superior” no puede despertarse, sino por una concepción del mundo que posea las citadas virtudes. Con hombres de tal concepción, la comunidad prosperará favorablemente dentro de las condiciones como Owen las había concebido. En cambio, con hombres que no posean esta concepción sucederá que tarde o temprano, lo benéfico de las instituciones necesariamente ha de convertirse en perjudicial; puesto que donde no existe una concepción del mundo de orientación espiritual, resultará que precisamente las instituciones que hacen prosperar el bienestar material, también han de conducir a acrecentar el egoísmo y, por consiguiente, a producir indigencia, miseria y pobreza.

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En el sentido propio de la palabra es correcto decir que, si bien se beneficia al individuo, dándole meramente lo que necesita para vivir: sólo será posible darlo a la comunidad, si se procura proporcionarle una concepción del mundo. Tampoco conduciría a buen fin si dentro de la comunidad se diera pan a cada uno, individualmente; ya que después de algún tiempo lo mismo se llegaría a que muchos quedaran sin pan.

Ciertamente, reconocer estos principios hace perder sus ilusiones a cierta gente que quisiera considerarse bienhechora social. Pues en tal caso se torna bastante difícil trabajar para el bien general, tanto más cuanto ciertas condiciones obligarán a contentarse, paso a paso, con pequeños resultados parciales. La mayor parte de lo que actualmente los partidos políticos presentan como solución del problema social, pierde su valor, se reduce a ilusión y palabras vacías, falto de verdadero conocimiento de la vida humana. Ningún parlamento, ni sistema democrático, ni acción política, tendrán, juzgándolo profundamente, importancia alguna, a menos que consideren la ley especificada más arriba. Es absolutamente ilusorio pensar que, por ejemplo, diputados de algún parlamento puedan contribuir en algo para el bienestar de la humanidad, si su acción no se organiza en sentido de la ley social fundamental.

Dondequiera que se tome en consideración, o que alguien actúe en sentido de esta ley, en la medida que le sea posible en el lugar donde dentro de la comunidad humana le toque desempeñarse, se obtendrá buen resultado, aunque, en cada caso, sea en mínimo grado: el benéfico progreso social necesariamente se compone de la suma de los distintos logros que de tal manera se alcancen. Pero también puede haber casos aislados de grupos mayores de personas que poseen la idoneidad que les permite alcanzar resultados de cierta importancia. Efectivamente, ya existen determinadas comunidades humanas con predisposición de tal característica, comunidades con cuya ayuda será posible que la humanidad llegue a dar un primer paso en el desarrollo social. La ciencia espiritual tiene conocimiento de que semejantes comunidades existen; pero considera que no se debe hablar públicamente de tal asunto.

También habría posibilidades para ir preparando a mayor cantidad de hombres para dar, dentro de un tiempo no muy lejano, semejante paso de desarrollo social. Aparte de todo lo expuesto, cada uno, individualmente, puede actuar dentro de sus propias esferas en sentido de dicha ley. En el mundo no existe posición social alguna por insignificante o prestigiosa que pueda parecer dentro de la cual no fuese posible hacerlo. Con todo, lo más importante reside en que cada uno busque los caminos para formarse una concepción del mundo sobre la base del verdadero conocimiento espiritual. La ciencia espiritual de orientación antroposófica conducirá a tal concepción, para todos los hombres, si realmente llega a desenvolverse de acuerdo a su contenido y sus posibilidades. Ella nos hace saber que no es por casualidad que una persona haya nacido en un determinado lugar y en su tiempo, sino que esto ha sido por necesidad resultante de la ley de causalidad espiritual (el karma). Tal persona comprenderá que un bien fundado destino le ha colocado dentro de la comunidad humana en que le incumbe obrar.

Asimismo podrá percatarse de que sus facultades no las posee debido a circunstancias casuales, sino que esto también está en concordancia con dicha ley. Lo comprenderá no simplemente como concepto lógico sino de tal manera que este entendimiento llega a adquirir íntima vida del alma: el hombre comenzará a sentir que está cumpliendo un designio superior si él trabaja de acuerdo con su posición en el mundo y en el sentido de sus propias facultades. De su entendimiento no resultará un vago idealismo, sino un fuerte impulso de todas sus fuerzas; y el actuar de tal manera le será tan natural como lo es, en otro sentido, el alimentarse.

Además, comprenderá el porqué de la existencia de la comunidad humana a que él pertenece, y cómo ésta se relaciona con otras comunidades. Las individualidades de las distintas comunidades en su conjunto representarán la bien definida imagen espiritual de la misión común a todo el género humano, e incluso llegará a comprender el sentido de la evolución de toda la existencia terrenal. Sólo podrían dudar de lo eficiente de la referida concepción del mundo quienes se resistan a tomarla en consideración. Es cierto que actualmente son pocos los que se inclinan hacia ella. No obstante, llegará el tiempo en que la genuina concepción científico-espiritual se extenderá ampliamente. Esto conducirá a que los hombres lleguen a tomar las medidas adecuadas para realizar el progreso social. El hecho de que hasta el presente ninguna concepción del mundo haya conducido al bienestar de la humanidad, no puede ser motivo para dudar de lo expresado; pues, de acuerdo con las leyes de la evolución de la humanidad, no pudo, en ningún momento del pasado, producirse lo que a partir de ahora se hará posible: hacer llegar a todos los hombres una concepción del mundo con vista al aludido resultado práctico. Hasta ahora, las distintas concepciones del mundo sólo estuvieron al alcance de grupos aislados. No obstante, lo benéfico que hasta el presente pudo realizarse, se debe a las distintas concepciones del mundo; pero al bienestar general sólo conducirá aquella que abarque todas las almas humanas y que en ellas encienda la vida interior. Esto lo logrará el modo de pensar de la ciencia espiritual en cuanto realmente responda a sus principios.

Naturalmente, no basta mirar la configuración a que este modo de pensar ha llegado hasta el presente; sino que, para reconocer lo correcto de lo expresado, es preciso ver que en adelante la ciencia espiritual deberá desarrollarse hacia su alta misión cultural. Por distintas razones, aún no presenta la característica a que, a su tiempo, ha de llegar. En primer lugar debe echar raíces en algún lugar: debe dirigirse a un determinado núcleo de personas, núcleo que está constituido por los hombres que por lo específico de su desarrollo buscan la solución de los profundos problemas del mundo, y que, por su preformación cultural ofrecen las condiciones para la debida comprensión y colaboración. También se entiende que al principio, la ciencia espiritual tenga que servirse de un lenguaje que se adapta al carácter de dicho núcleo, pero con el tiempo encontrará la forma adecuada de expresarse para dirigirse a otros círculos. Únicamente quien insista en que todo debe darse en forma rígida e inalterable, ha de creer que la actual forma de expresarse fuese definitiva, e incluso la única posible. La ciencia espiritual tiene que desenvolverse lentamente, precisamente porque no puede limitarse a la exposición teórica, o a satisfacer la mera curiosidad. El aspecto práctico del progreso de la humanidad forma parte de sus designios; pero para lograr tal progreso, deberá, ante todo, crear las condiciones pertinentes. Y esto no será posible sino por la paulatina conquista de las almas humanas. Únicamente si los hombres lo quieren, el mundo progresará. Y el prerrequisito para despertar tal voluntad, consiste en el íntimo trabajo anímico espiritual de cada uno, trabajo que no podrá realizarse sino paso a paso. De otro modo, incluso la ciencia espiritual llegaría a nada positivo en el campo social, sino únicamente a lo utópico. Próximamente expondremos otros pormenores.

Versión castellana de Francisco Schneider

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GA34c2. La ciencia espiritual y la cuestión social

Rudolf Steiner — Berlín, fines de 1905/principios de 1906

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Con respecto a la “cuestión social” existen dos criterios fundamentales: el uno considera que las causas de lo bueno y de lo malo que se producen en la vida social, deben buscarse en el hombre; el otro dice que principalmente hay que buscarlas en las condiciones de su vida. Los que sostienen lo primero tratarán de fomentar el progreso a través de la elevación de las capacidades espirituales y físicas, como asimismo la moralidad de los hombres. En cambio, los del segundo criterio, ante todo pondrán su atención en mejorar las condiciones de vida, pues piensan que sobre la base de suficiente desahogo y comodidad del existir, se elevarán de por sí las capacidades y la moralidad del hombre. Poca gente habrá que no concuerde en que esta segunda opinión se arraiga cada vez más; y muchos consideran al primer criterio como expresión de un pensar anticuado.

Al respecto se arguye: a quien, desde las primeras hasta las últimas horas del día, le toca luchar contra la extrema necesidad, no le será posible desarrollar sus fuerzas espirituales y morales. Ante todo hay que darle pan, antes de hablarle de asuntos espirituales. Principalmente, frente al afán de la ciencia espiritual, este último argumento fácilmente llega a formularse con carácter de reproche. No son, precisamente, los peores quienes asumen tal actitud; y se les ocurre decir: “De los niveles del Devacán y del kami el típico teósofo difícilmente bajará a la Tierra. Antes bien buscara el conocimiento de diez palabras del sánscrito, en vez de informarse acerca de conceptos económicos”. Así se lee en un interesante libro que recientemente apareció: “La cultura europea al reaparecer el ocultismo moderno” de G. L. Dankmar.

El reproche suele formularse como sigue: se afirma que a veces hay familias de hasta ocho personas obligadas a vivir en una sola habitación, donde les falta aire y luz; y que los chicos van a la escuela en un extremo estado de hambre y debilidad. Y se agrega: los que abogan por el progreso general de la humanidad, ante todo deberían con todas sus fuerzas tratar de subsanar semejantes condiciones. En vez de orientar sus pensamientos hacia los mundos superiores, deberían ocuparse del problema: ¿cómo puede aliviarse la miseria social? El referido libro sigue diciendo: “Hace falta que la ciencia espiritual, de su frío aislamiento descienda a vivir con la gente del pueblo; que en su programa verdaderamente dé prioridad a la necesidad ética de fraternidad general, y que sin tomar en cuenta las respectivas consecuencias, actúe en tal sentido; que convierta en realidad social la palabra de Cristo sobre el amor al prójimo, para que esto llegue a ser un precioso e imperdible bien de la Humanidad”.

Quienes de esta manera arguyen contra la ciencia espiritual, tienen las mejores intenciones, e incluso hay que admitir que tienen razón frente a muchos que simpatizan con las ideas de dicha ciencia. Pues, no cabe duda de que entre estos últimos hay quienes sólo quieren satisfacer sus propios deseos de saber algo sobre la “vida superior”, sobre el destino del alma después de la muerte, etc. También se justifica decir que en nuestro tiempo parece necesario actuar en sentido social y desarrollar las virtudes de amor al prójimo y del bienestar general, en vez de cultivar, aislado del mundo, ciertas facultades latentes del alma. Quienes se entregan a esto, podrían ser considerados como hombres de un refinado egoísmo, más interesados en el propio bienestar anímico que en el cultivo de las virtudes humanas en general.

También se sostiene que dedicarse a pensamientos como los de la ciencia espiritual, únicamente pueden hacerlo personas de “cómoda situación”, las que pueden usar sus “horas de ocio” para semejante estudio. En cambio, quien tiene que trabajar el día entero por un miserable salario, no se conformará con palabras sobre comunidad humana general, sobre “vida superior” y cosas parecidas.

Ciertamente, no faltan adeptos a la ciencia espiritual quienes en este sentido también pecan; pero igualmente es cierto que la bien comprendida vida en sentido de la ciencia espiritual, conducirá al individuo a las virtudes del trabajo abnegado y del obrar por el bien general. De todos modos, la ciencia espiritual no será ningún impedimento a que uno se convierta en hombre tan bueno como los que no la conocen o la rechazan.

Empero, todo lo expuesto no toca realmente el aspecto principal de la “cuestión social”; y para comprender este punto principal, se requiere mucho más de lo que los adversarios de la ciencia espiritual se inclinan a reconocer. No cabe duda de que mucho puede alcanzarse con los medios que ciertos grupos proponen para mejorar las condiciones sociales. Hay partidos políticos que intentan realizar esto o aquello. A un pensar lógico, muchos de semejantes postulados partidistas resultan ilusorios; sin embargo, hay otros que, en su esencia, son muy buenos.

Roberto Owen (1771-1858), uno de los más nobles reformadores sociales, sostuvo e insistió en que el hombre es producto del ambiente en que vive y se forma, que no es el hombre mismo quien plasma su carácter, sino que éste se forma a través de las condiciones de vida en que él se desarrolla. No negamos, de modo alguno, lo acertado de semejante afirmación, ni tampoco la juzgamos con desprecio, si bien ella es algo de lo más natural. Estamos de acuerdo con que en la vida pública andaría mucho mejor si esas verdades se tomaran en cuenta, y por la misma razón, la ciencia espiritual de ningún modo se opondrá a que se lleven a cabo las obras del progreso humano que en sentido de esos principios tratan de mejorar las condiciones de vida de los oprimidos y necesitados.

Pero la ciencia espiritual tiene que ahondar mucho más en la cuestión, puesto que de la referida manera no es posible alcanzar un progreso fundamental y verdadero. Quien no lo reconozca, jamás ha reflexionado sobre las causas de las condiciones de vida en que la humanidad se halla. Pues, en cuanto la vida humana depende de dichas condiciones, hay que tener presente que ha sido el hombre quien las ha creado. ¿No es cierto que también fueron hombres quienes crearon las condiciones e instituciones por las cuales resulta que uno es pobre, y el otro es rico? Al respecto, no tiene importancia el que aquellos “otros hombres” hayan vivido antes que los que con las condiciones creadas prosperan o no prosperan. El sufrimiento que la Naturaleza misma impone al hombre, nada tiene que ver con la situación social, sino indirectamente. Este sufrimiento ha de atenuarse o eliminarse totalmente por la acción humana. Si no se realiza lo que en tal dirección resulta necesario, será simplemente por falta de disposiciones e instituciones humanas.

La exacta comprensión de estas cosas nos enseña que todo el mal que con razón puede llamarse de carácter social, tiene su origen en la acción humana. En este sentido no es, por cierto, el hombre como individuo, sino toda la humanidad el “forjador de su propia suerte”. Pero también es cierto que, en gran envergadura, ninguna parte, ninguna casta o clase de la humanidad provoca, de mala intención, el sufrimiento de otra parte. Todo cuanto en tal sentido se afirma, simplemente se debe a la falta de entendimiento. Si bien esto es otra verdad que no se pone en duda, es necesario mencionarla. Pues, aunque intelectualmente semejantes hechos son bien comprensibles, en la vida práctica el hombre no procede de acuerdo con ellos. Naturalmente, cada explotador de sus semejantes preferiría que por consecuencia de ello, éstos no tuviesen que sufrir. Ya sería mucho si esto no solamente quedara entendido, sino que cada uno ajustase sus sentimientos en concordancia con ello.

Aquellos que poseen un “pensamiento social” seguramente preguntarán: ¿Para qué sirven semejantes conceptos? ¿Esperase que el explotado tenga para con el explotador sentimientos benévolos? ¿No es lo más natural que aquél tenga odio a éste y que el odio le conduzca a su posición partidista? Y se añadirá: ciertamente sería un mal consejo, exigir al oprimido que para con el opresor tenga amor al prójimo, en sentido de las palabras del gran Buda: “Al odio no se lo vence con odio, sino únicamente con el amor”. A pesar de todo, es verdad que únicamente partiendo de este punto se llegará, en nuestro tiempo, al verdadero “pensamiento social”; y es, precisamente, aquí donde entra en consideración el modo de pensar científico-espiritual, el que, en vez de un entendimiento superficial, ha ‘de penetrar en lo hondo de la cuestión. Es por esta razón que la ciencia espiritual no se limita a exponer que estas o aquellas condiciones de vida producen la miseria, sino que —como único examen fecundo— debe llegar a explicar las causas por las cuales esas condiciones fueron creadas y continúan creándose. Frente a lo profundo de estos problemas, la mayoría de las teorías sociales resultan ser vanas especulaciones, cuando no mera fraseología.

En tanto que el pensar se limite a consideraciones superficiales, se atribuirá a las condiciones exteriores un poder que éstas no poseen, ya que ellas no son sino la expresión de una vida interior. Así como no comprenderá al cuerpo humano, sino el que sabe que éste es la expresión del alma, así nadie será capaz de juzgar correctamente las condiciones e instituciones de la vida exterior, sino únicamente el  que tenga presente que se trata de lo creado por los sentimientos y pensamientos del alma humana. Los hombres mismos crean las condiciones en que ellos viven; y únicamente será posible crear condiciones mejores, si se parte de un modo de pensar y de sentimientos distintos de los que poseían quienes crearon aquellas condiciones de vida.

Hay que reflexionar sobre estas cosas en lo particular. Considerándolo exteriormente, parecerá que opresor es aquel que vive con mucho lujo, quien gasta en grandes viajes, etc.; y como oprimido podría considerarse al que no puede vestir bien, ni permitirse otro lujo. Sin embargo, quien no sea inhumano o reaccionario, sino que sepa pensar con claridad comprenderá lo que sigue. A nadie se le oprime o se le explota porque yo esté bien vestido, sino únicamente por el hecho de que yo pague mal al trabajador que me hizo la ropa. En este sentido no hay diferencia alguna entre el rico bien vestido y el pobre con poco dinero para vestirse. No importa que yo sea pobre o rico: exploto al prójimo, si adquiero cosas por las que no pago lo suficiente. En realidad, nadie debería, hoy día, llamar opresor a otro, sin antes observarse a sí mismo. Si lo hace de la justa manera, descubrirá al “opresor” en sí mismo. ¿Es que únicamente para el rico se trabaja o se le provee algo mal remunerado? Ciertamente no es así, ya que la persona que al igual que tú mismo se queja de la opresión, se provee del resultado de tu trabajo exactamente en las mismas condiciones que el rico contra quien vosotros dos dirigís vuestro ataque. El que lo piense debidamente, llegará a puntos de vista, distintos de los habituales, acerca del “pensar en sentido social”. Quien reflexione en esta dirección, comprenderá ante todo, que entre los conceptos “rico” y “opresor” corresponde hacer distinción absoluta. Ser rico o ser pobre depende de la capacidad personal o de los antepasados o bien de otras cosas.

 

 

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Con estos hechos nada tiene que ver el que uno explote la capacidad de trabajo de los demás; al menos, no directamente. Pero mucho tiene que ver con otro aspecto, a saber: con que las instituciones existentes, o las condiciones en que vivimos, funcionan con arreglo al lucro personal. Hay que tenerlo claramente presente, pues, de otro modo, se llegará a un total malentendido de lo que se expone. Si hoy me compro un traje, parece lo más natural, según las condiciones en que vivimos, adquirirlo lo más barato posible. Quiere decir: sólo tengo en cuenta lo que para mí tiene importancia. Con esto se alude, precisamente, a lo que rige toda nuestra vida. Fácilmente se opondrá: ¿No es que las personas y los partidos de orientación social tratan de subsanar este defecto, esforzándose en proteger el “trabajo” y que la clase trabajadora y sus representantes reclaman mejores remuneraciones y reducción de las horas de trabajo? Ya se ha dicho que desde el punto de vista del tiempo presente no hay nada que objetar contra semejantes exigencias y medidas que se tomen. Pero tampoco se trata de hablar en favor de cualesquiera de las exigencias partidistas, ni de tomar partido “pro” o “contra”, en sentido alguno. Tal actitud queda totalmente exenta de las consideraciones de la ciencia espiritual.

Por más reformas que se establezcan para proteger a la clase trabajadora, lo que, sin duda contribuirá mucho a elevar las correspondientes condiciones de vida: con ello no se atenuará lo esencial de la explotación, puesto que ésta se debe a que cada uno adquiere, con arreglo al lucro personal, lo producido por el trabajo de otro. No importa que yo posea mucho o poco: si lo empleo para satisfacer mi interés personal, en sentido egoísta, esto significa, necesariamente, la explotación del prójimo. No importa que yo, persistiendo en dicho punto de vista, contribuya a proteger el trabajo del otro: con ello tan sólo aparentemente hacemos algo. Si yo pago más por el producto del trabajo de otro, él también pagará más por el mío, pues, de otro modo, la mejor situación del uno, repercutirá en empeorar la del otro. Para ilustrarlo, daremos otro ejemplo: uno compra una fábrica con la idea de obtener para sí mismo el mejor beneficio, y por consiguiente, tratará de pagar a los trabajadores lo menos posible, o sea todo se hará desde el punto de vista del lucro personal. En cambio, si se compra la fábrica con la idea de procurar el mejor sostén posible para 200 personas, todas las medidas a tomar adquieren un matiz distinto.

Ciertamente, en la práctica de nuestro tiempo, el segundo caso no se diferenciará mucho del primero. Pero esto simplemente se debe a que dentro de una sociedad que, por lo demás, funciona con arreglo al lucro personal, el hombre desinteresado y abnegado, como individuo, no puede hacer mucho. Pero todo se presentaría muy distinto, si el trabajo desinteresado fuese general. Naturalmente, el que piensa en sentido “práctico”, dirá que meramente por “noble espíritu” a nadie le será posible establecer, para sus propios operarios, mejores condiciones remunerativas, puesto que con la benevolencia no se aumentará el producto de venta de las mercancías, condición indefectible para crear mejores condiciones, incluso para el operario.

No obstante, lo que importa es llegar a comprender que esa objeción es totalmente errónea. Todos los intereses y con ello todas las condiciones de vida cambiarán cuando, al adquirir esto o aquello, se considera, ante todo, no el interés de sí mismo, sino el de los demás. El que sólo trate de servir a su propio bienestar, se empeñará en adquirir todo cuanto pueda, sin tomar en consideración cuánto trabajo de los demás es necesario para satisfacer sus necesidades. Y esto le conducirá a utilizar sus fuerzas en la lucha por la existencia. Al fundar una empresa con fines de lucro para mí, no tomo en consideración de qué manera se movilizan quienes para mí han de trabajar. Pero todo cambia si mi persona no entra en consideración, sino únicamente el punto de vista de cómo con mi trabajo sirvo a los demás. No me veré obligado a emprender nada que resultaría en perjuicio de otros. Pues pondré mis fuerzas al servicio, no de mi persona, sino de los demás; y esto conducirá a un muy distinto desarrollo de las fuerzas y capacidades humanas.

 

Versión castellana de Francisco Schneider

GA34c1. La ciencia espiritual y la cuestión social

Rudolf Steiner – Berlín, fines de 1905/principios de 1906

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Quien actualmente observe con atención al mundo en que vivimos, verá que por doquier se presenta, poderosamente, lo que suele llamarse la “cuestión social”. El que tome en serio lo que la vida exige, deberá reflexionar sobre todo lo relacionado con este problema; y no cabe duda de que un pensar que se propone actuar según los más sublimes ideales de la humanidad, también tenga que ocuparse de las exigencias sociales. Como la ciencia espiritual se identifica con semejante modo de pensar, resulta lo más natural que ella examine lo que con dicho problema se relaciona.

A simple vista podría dar la impresión, que en este campo, nada puede esperarse de la ciencia espiritual. Pues, ante todo, se le reconocerá como su característica sobresaliente, el reconcentrarse en la vida anímica y el despertar de la visión del mundo espiritual. La reconocerán incluso quienes superficialmente, nomás, hayan llegado a conocer las publicaciones de la ciencia espiritual. Empero, es más difícil comprender que el afán de dicha ciencia también pueda tener un significado práctico, y menos aún se verá su relación con la cuestión social. ¿Podrá una ciencia que se ocupa de la “reencarnación”, del “karma”, del “mundo suprasensible” y del “origen de la humanidad”, de modo alguno ser útil para vencer la miseria social? Pareciera que semejante doctrina más bien tienda a volar a las nubes, lejos de toda realidad de la vida, mientras que haría falta que cada uno concentre todas sus fuerzas en dedicarse a las exigencias de la realidad terrena.

Enumeremos solamente dos de las más diversas opiniones que en la actualidad, con respecto a la ciencia espiritual, necesariamente han de aparecer.

Una de ellas consiste en que se la considera como expresión de la más desenfrenada fantasía. Para el adepto a la ciencia espiritual no debiera parecer extraño el que haya semejante opinión. Todo lo que sucede y se habla en torno de él, lo que a la gente causa satisfacción y alegría, le hará ver que él mismo habla un idioma que muchos han de considerar como desatinado. A la comprensión del mundo que le rodea él debe, por el otro lado, sumar la absoluta certeza de hallarse en el camino correcto; pues, de otro modo, no podría mantenerse firme, frente a la discrepancia de sus propias ideas con las de los muchos que pertenecen a los instruidos y cultos. Basándose en la firme certeza, en la verdad y solidez de sus ideas, se dirá a sí mismo: ya sé y también comprendo que en la actualidad fácilmente se me considere hombre iluso; sin embargo, por más que la gente se ría o se burle, la verdad se hará valer, y su eficacia no depende del parecer que de ella se tenga sino de lo sólido de su fundamento.

La otra opinión a que la ciencia espiritual está expuesta, considera que, si bien sus ideas son bellas y satisfactorias, no tienen valor para la lucha de la vida práctica; e incluso quienes, para satisfacer sus inquietudes espirituales, buscan el nutrimiento científico espiritual, fácilmente se inclinan a decirse: está bien, pero estas ideas no pueden damos ninguna explicación de cómo vencer la penuria social, la miseria material.

Ahora bien, precisamente tal parecer se debe a un total desconocimiento de los verdaderos hechos de la vida y, ante todo, a un malentendido con respecto a los frutos de la concepción científico espiritual. Es que casi exclusivamente se pregunta: ¿qué es lo que la ciencia espiritual enseña, y cómo puede demostrarse la verdad de lo que ella sostiene? Luego se busca el fruto en la satisfacción que por las enseñanzas recibidas se siente. Indudablemente, esto es lo más natural, ya que ante todo hay que sentir la verdad del contenido de esas enseñanzas. Sin embargo, en ello no debe buscarse el verdadero fruto de la ciencia espiritual, sino que este fruto sólo se pone de manifiesto cuando con las ideas de dicha ciencia se asumen las tareas de la vida práctica. Lo que importa es: saber si la ciencia espiritual nos conduce a asumir esas tareas, con clara visión, y a buscar con la debida comprensión los medios y caminos para la solución correspondiente. Quien desee actuar en la vida, ante todo debe comprenderla. He aquí el meollo del asunto. Quien se limite a preguntar: ¿qué es lo que la ciencia espiritual enseña?, podrá decir que tal ciencia, es demasiado “alta” para la vida práctica. En cambio, si se dirige la atención hacia el desarrollo del pensar y del sentir, que se obtiene por esta ciencia, se dejará de hacer semejante objeción. Por más extraño que parezca al concepto superficial, hay que reconocer que el pensar de la ciencia espiritual, aparentemente iluso, crea la comprensión para la correcta conducta de la vida cotidiana. La ciencia espiritual agudiza la vista, para comprender las exigencias sociales; justamente a través de la elevación del espíritu a las lucientes alturas de lo suprasensible. Por paradójico que parezca, no deja de ser verdad.

Voy a citar un ejemplo para ilustrarlo. Últimamente apareció en Berlín un libro sumamente interesante: “De obrero en América”. Durante algún tiempo su autor, el consejero gubernamental Kolb, vivió en América, trabajando como jornalero. Esto le permitió formarse un juicio sobre los hombres y sobre la vida, de un modo que evidentemente no le hubiera sido posible durante su vida antes de llegar a la posición de consejero gubernamental, ni tampoco por sus experiencias como tal. Quiere decir, que durante años había ocupado un puesto de bastante responsabilidad, hasta que después de haberlo dejado —por poco tiempo— para vivir lejos de su patria, llegó a conocer la vida de tal manera, que en dicho libro pudo escribir la siguiente frase significativa: “Cuántas veces, en el pasado, al ver mendigar a un hombre sano, me pregunté con indignación moral: ¿por qué no trabaja este holgazán? Entonces lo supe. En la teoría se lo ve distinto a lo que es la práctica; y en el gabinete de estudio se trabaja bastante bien, incluso con las más aborrecibles categorías de la economía política”. Sin dar lugar a malentendidos, hay que tributar admiración a este hombre, que no vaciló en renunciar por un tiempo a una situación cómoda, para trabajar duramente en una fábrica de cerveza y otra de bicicletas. Además, para no despertar la creencia de que nosotros tratamos de censurarle, hemos de destacar el respeto por este cometido. Pero para quien lo observe correctamente, resulta evidente que toda instrucción y toda ciencia que este hombre haya recibido, no le han capacitado para juzgar la vida. Hay que ver claramente qué es lo que aquí se admite, a saber: actualmente puede aprenderse todo aquello que a uno le da capacidad para ocupar posiciones más bien elevadas; no obstante, se está totalmente ajeno a la vida en que se debe actuar. ¿No es esto comparable a haber estudiado, en la facultad de ingeniería, la construcción de puentes, y al verse realmente frente a esta tarea, resulta que no se comprende nada al respecto? No, por cierto, no es exactamente lo mismo. Pues, quien esté mal preparado, para la construcción de puentes, se dará cuenta de este defecto al encontrarse ante la tarea práctica: dará prueba de ser chapucero y será rechazado por doquier. Empero, no se manifestarán tan pronto los defectos de quien esté mal preparado para actuar en la vida social. Puentes mal construidos se derrumban; y para el juicio más parcial queda evidente que el constructor era chapucero. En cambio, lo que se “chapucea” en la actuación social, sólo repercute en hacer sufrir a los demás; y a la relación de este sufrimiento con la chapucería, no se le da la misma atención como a la causalidad entre el derrumbe de un puente y la incapacidad del constructor. Se podrá responder: Está bien, pero ¿qué tiene que ver todo esto con la ciencia espiritual? ¿acaso se cree que la ciencia espiritual con las ideas de reencarnación y karma y de los mundos suprasensibles hubiera conferido al consejero Kolb una mejor comprensión de la vida?

Nadie podrá sostener, que las ideas acerca de los sistemas planetarios y los mundos superiores, hubiesen ayudado al señor Kolb para no tener que confesar, que con las más aborrecibles categorías de la economía política se trabaja bastante bien en el gabinete de estudio. La ciencia espiritual realmente permite responder, como lo hizo Lessing en un determinado caso: yo soy aquel “nadie”, e incluso lo sostengo. Naturalmente, no hay que tomarlo en el sentido como si alguien, con la doctrina de la reencarnación, o el conocimiento del karma pudiese actuar socialmente en forma correcta. Se entiende que en cuanto a los futuros consejeros gubernamentales, no se trata de remitirlos a la “Doctrina Secreta” de Blavatski en vez de emprender un estudio universitario con Schmoller, Wagner o Brentano. Lo que importa es que una teoría de la economía política, basada en la ciencia espiritual, no será de tal naturaleza que con ella se trabajaría bien en el gabinete de estudio, pero que resultaría insuficiente frente a la vida real. ¿Cuándo fracasa una teoría frente a la vida? Esto ocurre cuando tal teoría es producto de un pensar que no se haya formado para la vida. Pero las conclusiones de la ciencia espiritual son, precisamente, las verdaderas leyes de la vida, análogamente a como la ciencia de la electricidad, da las leyes para una fábrica de artefactos eléctricos.

Quien quiera instalar tal fábrica, deberá primero aprender electrotecnia. Y quien desee actuar en la vida, deberá conocer las leyes de la vida. Por lejos de la vida que parezca estar la ciencia espiritual, la verdad es que la abarca muy de cerca. Considerándola superficialmente, parece ser ajena a la vida; pero a la verdadera comprensión de sus verdades se abre la realidad de la vida. No se vive retirado en “círculos de la ciencia espiritual” para obtener allí toda clase de informaciones “interesantes” sobre mundos extraterrestres, sino que se ejercita el pensar, sentir y querer de acuerdo con las “leyes eternas de la existencia”, con el fin de actuar en la vida y de comprenderla con clara visión. Las verdades de la ciencia espiritual son, al mismo tiempo, el camino que conduce hacia el viviente pensar, sentir y querer.

Cuando se llegue a comprenderlo plenamente, sólo entonces el movimiento científico espiritual habrá entrado en su justo cauce. El recto obrar proviene del correcto pensar; y el erróneo actuar tiene su origen en un pensar equivocado, o bien en la irreflexión. Quien realmente quiere tener fe en que en la esfera social se llegue a realizar algo benéfico, ha de consentir que semejante obrar depende de las respectivas facultades humanas. El trabajo de compenetrarse de las ideas de la ciencia espiritual, significa acrecentar las facultades para el obrar social. A este respecto no solamente es importante qué pensamientos se acojan por el estudio de dicha ciencia, sino, cómo a través de ella, se transforma el pensar.

Ciertamente, no se puede negar, que aún no se percibe que dentro de los círculos científico espirituales mismos, se haya realizado mucho trabajo en ese sentido, y que precisamente por tal causa, los extraños a la ciencia espiritual tengan, por ahora, suficiente motivo para dudar de lo expuesto. Por otra parte hay que tener en cuenta que nuestro movimiento científico espiritual aún se halla al comienzo de sus actividades, y que su ulterior progreso ha de buscarse en que se introduzca en todos los ámbitos de la vida práctica *. En cuanto a la “cuestión social” se pondrá entonces de manifiesto, que en lugar de las teorías “con las cuales en el gabinete de estudio se trabaja bastante bien”, habrá otras que darán la capacidad para juzgar la vida, sin prejuicios, encauzando la voluntad hacia un actuar que dará a la humanidad bienestar y fecundo desarrollo. Alguno que otro responderá que justamente el caso del señor Kolb hace evidente que es superfluo apelar a la ciencia espiritual, y que sólo haría falta que aquel que se prepara para una carrera o profesión, no se limite a aprender sus teorías en el gabinete de estudio, sino que, aparte de la instrucción teórica, debiera conocer la vida a travé de un aprendizaje práctico; ya que para Kolb, al tener contacto con la vida, le bastó lo que había aprendido, para llegar a una opinión distinta a la que anteriormente había tenido. Sin embargo, no es suficiente, pues el defecto tiene raíces más profundas.

El percatarse de que una instrucción preparatoria deficiente sólo capacita para construir puentes que se derrumban, todavía no confiere la capacidad, ni mucho menos, para construirlos mejor, sino que primero habrá que adquirir los conocimientos pertinentes. Indudablemente, no hace falta sino observar las condiciones sociales, y aunque se tenga una teoría de las leyes fundamentales de la vida del todo insuficiente, no se dirá, frente a cada uno que no trabaja: “¿Por qué no trabaja este holgazán?”. Es que la misma situación social hará comprender por qué tal hombre no trabaja. Pero con ello no se ha aprendido cómo deben organizarse las condiciones para el bienestar de la humanidad. No cabe duda de que todos los hombres de buena voluntad que hayan presentado sus proyectos para el mejoramiento del destino humano, no juzgaron del mismo modo que el consejero gubernamental Kolb antes de su viaje a América. Es de suponer que todos estaban convencidos de que no corresponde reprender mediante la frase: ¿por qué no trabaja este holgazán?, a cada individuo al que en la vida le va mal. Pero esto no quiere decir que las propuestas de reforma social, divergentes entre sí, hayan sido fecundas. Por la misma razón, se justifica decir que planes reformistas del consejero Kolb, después de su cambio de opinión, tampoco podrían ser de gran efecto positivo. En este campo, el error de nuestro tiempo consiste, precisamente, en que cualquiera se cree capaz de comprender la vida, aunque no se haya interesado por sus leyes fundamentales, y sin haber desarrollado la propia capacidad de pensar para percibir las verdaderas fuerzas de la vida. La ciencia espiritual equivale al desarrollo hacia un sano criterio de la vida, porque ella penetra hasta el fondo de la misma. A nada conduce el darse cuenta de que las condiciones sociales hacen que los hombres sean llevados a situaciones de degeneración: hace falta conocer las fuerzas que generan condiciones más favorables. Nuestros eruditos de la economía política no poseen tal capacidad, por un motivo parecido a que no saben hacer cálculos quienes no conocen la tabla de multiplicar, y por más que se les presenten series numerales, todo resultará inútil.

Análogamente, aquel que no entiende nada de las fuerzas fundamentales de la vida social, tampoco llegará a saber cómo se concatenan las fuerzas sociales para el bien o para el mal de la humanidad.

En nuestro tiempo hace falta un concepto de la vida que conduzca a sus verdaderas fuentes. La ciencia espiritual nos da tal concepto. Ella podría conducirnos a resultados positivos, si todos aquellos que deseen formarse una idea de lo que “a la sociedad hace falta”, se compenetrasen primero de lo que la ciencia espiritual enseña concerniente a la vida. No es admisible el argumento de que la ciencia espiritual en vez de “actuar” solamente “habla”, ni tampoco aquél de que sus ideas aún no han sido ensayadas, y que por lo tanto, podrían evidenciarse como pálida teoría, al igual que la economía política del señor Kolb.

El primer argumento no es válido, puesto que no es posible “actuar” en tanto que los caminos para efectuarlo se encuentren cerrados. Por más que un pedagogo sepa lo que un padre debiera hacer para educar a sus hijos, no podrá “actuar” si ese padre no le llama para hacerse cargo de ello. Hay que tener paciencia y esperar hasta que el “hablar” de la ciencia espiritual haya despertado el entendimiento de los que tienen el poder de “actuar”. Y esto sucederá. El otro argumento tampoco reviste significancia, y no será hecho, sino por quienes desconocen las verdades fundamentales de la ciencia espiritual. Quienes las conocen, saben que no son algo que se busca por el “ensayo” o experimento, sino que las leyes del bienestar de la humanidad integran el principio básico del alma humana con la misma certidumbre con que rige la tabla de multiplicar. Sólo hace falta penetrar en lo profundo de este principio básico del alma humana. Ciertamente, es posible evidenciar lo que, en este sentido, se halla impregnado en el alma, como también puede evidenciarse que dos por dos son cuatro. Pero nadie pretenderá que la verdad de que “dos por dos son cuatro” debe “probarse”, por ejemplo, mediante cuatro porotos que se colocan en dos grupos de dos porotos cada uno. Lo cierto es que dudar de la verdad de la ciencia espiritual, significa no haberla comprendido, del mismo modo que sólo puede dudar de que “dos por dos son cuatro”, quien no lo haya comprendido. Por más que las dos cosas se distingan entre sí, ya que ésta es tan simple y aquélla tan complicada: tienen, sin embargo, semejanza. Por otra parte, no se llegará a reconocerlo, en tanto no se penetre en la ciencia espiritual misma. Por esta razón, al que no la conozca no se le puede dar “prueba” de ello; sólo puede decirse: aprended a conocer la ciencia espiritual, y llegaréis a la claridad.

La importante misión de la ciencia espiritual para nuestro tiempo se evidenciará cuando ella se halle convertida en fermento de la vida humana en general, y sólo quedará al comienzo de su actuar, mientras no haya tomado este camino en toda la extensión de la palabra. Hasta no alcanzarlo, dicha ciencia será tachada de ajena a la vida. Ciertamente, lo es en el mismo sentido en que el ferrocarril era ajeno a la civilización que sólo conocía la realidad de la diligencia. Lo que la ciencia espiritual enseña es algo tan ajeno como el porvenir es ajeno al pasado.

Versión castellana de Francisco Schneider

GA178bc2. Uso incorrecto y correcto del conocimiento esotérico

Rudolf Steiner — Dornach, 19 de noviembre de 1917

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Hemos estado considerando la aparición de una búsqueda de conocimiento con medios inadecuados, y esto ha abierto amplias perspectivas históricas. Ahora con respecto a estos asuntos, y también a lo que dije con la misma intención la última vez que hablé aquí, debo pedirles que sean conscientes de que no nos preocupamos por una teoría o un sistema de ideas, sino por la comunicación de los hechos. Ese es el punto a tener en cuenta; de lo contrario, estos temas no se entenderán claramente. No expongo leyes o ideas históricas, sino que establezco hechos —hechos que están relacionados con los planes y propósitos de ciertas personalidades que se mantienen unidas en hermandades así como a otras que actúan sobre ellas y cuya influencia precisamente ellas buscan, pero que, en su forma de ser, no pertenecen a la especie humana que encarna, sino a la de los seres que se “corporizan” en el mundo espiritual.  En lo que concierne a estas hermandades, tenemos que ver con diferentes partidos (como de hecho habrán aprendido de las explicaciones dadas en conferencias anteriores, por ejemplo, El movimiento oculto en el siglo XIX). Por lo tanto, hay una parte que defiende que ciertas verdades superiores absolutamente secretas; y de nuevo, teniendo en cuenta diversos matices de opinión, hay hermanos, particularmente desde mediados del siglo XV, que sostienen que ciertas verdades, solo las requeridas por las necesidades del momento, deben ser reveladas cuidadosa y pertinentemente. Además de estos dos partidos principales, hay otras variaciones; por lo tanto, verán que cualquier influencia que finalmente se ejerza sobre la evolución humana desde el lado de estas hermandades muy a menudo reflejará algún tipo de compromiso.

A principios de la década de 1840, aquellas hermandades que tenían conocimiento de los impulsos espirituales que actúan en la historia vieron venir la batalla de ciertos seres espirituales con los Espíritus superiores que termino en 1879, cuando ciertos seres angélicos, Espíritus de la Oscuridad, fueron derribados, evento simbolizado por la victoria de Michael sobre el dragón. Cuando, por lo tanto, a mediados del siglo XIX, estas hermandades sintieron que este evento se acercaba, tuvieron que decidir qué actitud adoptar y considerar qué se debía hacer.

Aquellos hermanos que deseaban sobre todo tener en cuenta las exigencias del momento fueron empujados hasta cierto punto con las mejores intenciones, pero se equivocaron en su enfoque del materialismo de la época; pensaban que a los hombres que estaban dispuestos a aceptar solo lo que podía conocerse en términos físicos se les debería ofrecer algo del mundo espiritual en una forma materialista. Así que fue con buenas intenciones que el espiritismo se lanzara al mundo en la década de 1840.

Dado que en ese momento iba a prevalecer en la Tierra una mentalidad crítica, interesada únicamente en el mundo externo, era necesario dar a la gente algún indicio, algún sentimiento, de que existía un mundo espiritual a su alrededor. Y ahora este compromiso, se puso en práctica. Aquellos hermanos que estaban totalmente en contra de comunicar las verdades espirituales a la humanidad se encontraron votando por la fuerza, se podría decir; tuvieron que ceder y estar de acuerdo. Aun así, no era su intención original introducir los fenómenos relacionados con el espiritismo en el mundo. Cuando se trata de grupos colectivos de personas, uno siempre obtiene compromisos, y naturalmente, cuando se ha llegado a una decisión colectiva, no solo aquellos que la favorecen buscarán resultados, sino que aquellos que al principio se opusieron esperarán algo de ello.

Así, los bien intencionados miembros de estas cofradías adoptaron la errónea opinión de que mediante el uso de médiums las personas estarían convencidas de la presencia a su alrededor de un mundo espiritual; entonces, sobre la base de esta convicción, sería posible impartir verdades más elevadas. Esto de hecho podría haber sucedido si los fenómenos que vinieron a través de los médiums hubieran sido de hecho interpretados de la manera prevista, como evidencia de la presencia de un mundo espiritual interpenetrante. Pero —como expliqué ayer— resultó algo bastante diferente. Los fenómenos mediúmnicos fueron interpretados por aquellos que tomaron parte en las sesiones espiritistas como provenientes de los muertos. Por lo tanto, el experimento fue una desilusión para todos los interesados. Aquellos hermanos que se dejaron convencer se sintieron muy afligidos de que las manifestaciones de la sesión pudieran ser interpretadas —a veces correctamente— como viniendo de los espíritus de los muertos. Los hermanos progresistas bien intencionados no esperaban ninguna mención de los muertos, sino más bien de un mundo elemental general, por lo que también se sintieron decepcionados.

Sin embargo, estas actividades las llevaron a cabo personas que habían sido iniciadas de alguna manera. Y además de las hermandades ya mencionadas, tenemos que contar con otras, o con secciones de las mismas hermandades, en donde una minoría de miembros, o incluso una mayoría, consiste en iniciados que dentro de sus hermandades son conocidos como “hermanos de la izquierda”; son aquellos que tratan cada impulso que entra en la evolución humana como una cuestión de poder. Naturalmente, estos hermanos esperaban todo tipo de cosas del espiritismo.

Como dije ayer, fueron estos hermanos de la izquierda los que fueron especialmente responsables de tratar de la manera que describí con las almas de los muertos. Su interés se centraba en observar lo que salía de las sesiones de espiritismo, y gradualmente lograron controlar todo el campo. Los iniciados bien intencionados perdieron gradualmente todo interés en el espiritismo; en cierto sentido, se sentían avergonzados, porque aquellos que desde el principio se habían opuesto al espiritismo dijeron que desde un principio sabían que nada saldría de ello. Pero el resultado fue que el espiritismo cayó bajo el poder de los hermanos de la izquierda. Ayer dije que estos hermanos habían quedado decepcionados de la siguiente manera. Vieron que el espiritismo podría sacar a la luz lo que se habían propuesto y ante todo estaban ansiosos de que esto no sucediera.  Como las personas que asistían a las sesiones de espiritismo creían que estaban en contacto con los muertos, las comunicaciones de los muertos podían revelar lo que los hermanos de la izquierda estaban haciendo con las almas de los muertos.  Las mismas almas de las que estaban abusando podrían manifestarse en el curso de una sesión.

Deben por favor, una vez más, tener en cuenta que no estoy exponiendo teorías sino relatando hechos —hechos que se remontan a individuos particulares. Y cuando las personas se unen en hermandades, difieren en lo que esperan del mismo evento.  Cuando uno habla de hechos que pertenecen al mundo espiritual, siempre se trata de buscar el resultado de los impulsos individuales. En la vida ordinaria, una acción a menudo contradice a otra. Si se discuten las teorías, se debe observar la regla de la contradicción. Pero cuando uno habla de hechos, entonces —solo porque son hechos— muy a menudo encontraremos que los hechos en el mundo espiritual concuerdan tan poco como lo hacen las acciones humanas en el plano físico. Por lo tanto, les pido que tengan esto en cuenta. Uno no puede hablar de realidades en estos asuntos a menos que uno hable de hechos individuales. Ese es el punto. Por lo tanto, debemos mantener separadas las diferentes corrientes y distinguirlas.

Esto está conectado con algo muy importante, que debe ser mantenido claramente a la vista por cualquiera que desee llegar a una perspectiva más o menos satisfactoria del mundo. Es un punto fundamental, y debemos presentarlo ante nosotros, aunque sea algo abstracto.

Una persona que intenta construir una imagen razonable del mundo se esfuerza por armonizar sus elementos por separado. Lo hace por costumbre —un hábito completamente justificado, conectado durante muchos siglos con la posesión más querida de nuestras almas: con el monoteísmo. Por lo tanto, trata de llevar toda la gama de sus experiencias del mundo a un principio unitario. Esto es lo suficientemente válido a su manera —no, sin embargo, en el sentido en que se aplica habitualmente, sino en un sentido bastante distinto del que hablaremos la próxima vez. Hoy trataré solo con el principio esencial.

Si nos acercamos al mundo con la idea preconcebida de que todo debe ser explicable sin contradicciones, como si proviniera de una sola fuente, nos decepcionaremos una y otra vez cuando miramos sin prejuicios al mundo y las experiencias que nos brinda. Hemos adquirido el hábito de tratar todo lo que percibimos a la luz del concepto didáctico que dice que todo conduce a un origen divino unitario —todo se deriva de Dios y, por lo tanto, debe admitir un único modo de explicación.

Pero esto no es así. Las experiencias que encontramos en el mundo no surgen de una base única, sino de diversas individualidades espirituales, que juegan un papel en su producción. Ese es el punto esencial. Hablaremos mañana del sentido en que se justifica el monoteísmo. Hasta cierto punto, y de hecho hasta un nivel alto, debemos pensar en individualidades independientes tan pronto como crucemos el umbral del mundo espiritual. Y luego no podemos esperar explicar todo lo que experimentamos en términos unitarios. Tomen cualquier serie de eventos —digamos las experiencias encontradas desde 1913 hasta 1918. Un diagrama les mostrará naturalmente como se toma el curso desde dos direcciones a la vez …

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Un historiador siempre intentará reducir todo el proceso al funcionamiento de un único principio, pero no es así como suceden las cosas. Directamente cruzamos el umbral del mundo espiritual, ya sea hacia abajo o hacia arriba —es uno y lo mismo— encontramos que diferentes individualidades, relativamente independientes entre sí, están trabajando en estos eventos. Nunca comprenderemos el curso de los eventos si asumimos una única fuente para ellos; los veremos correctamente solo si en la turbulencia de los acontecimientos consideramos las actividades de las individualidades que trabajan con o uno contra el otro.

Esto es algo que pertenece a los secretos más profundos de la evolución humana. Durante siglos, incluso durante milenios, ha sido oscurecido por el sentimiento monoteísta, pero deben tenerlo en cuenta. Si hoy vamos a acercarnos a las preguntas fundamentales, sobre todo no debemos confundir la lógica con la libertad abstracta de las contradicciones. En un mundo en el que las individualidades independientes actúan simultáneamente, es inevitable que surjan contradicciones y esperar que no ocurran conduce a un empobrecimiento de las ideas; a ideas que no pueden abarcar toda la realidad. Las únicas ideas adecuadas serán aquellas que puedan captar un mundo lleno de contradicciones, porque ese es el mundo real.

Los reinos de la naturaleza que nos rodean nacen de una manera muy notable. En todo lo que llamamos naturaleza, en la naturaleza que abordamos a través de la ciencia por un lado y a través de la percepción estética por el otro, están trabajando varias individualidades. Pero en la fase presente de la evolución humana, una sabia Providencia ha ordenado un arreglo que es una gran bendición para la humanidad. Podemos asirnos de la naturaleza con ideas que asumen una dispensación monista, porque la percepción sensorial nos permite normalmente experimentar solo la mayor parte de la naturaleza de acuerdo con ese principio. Detrás del tapiz de la naturaleza hay algo diferente que se sostiene desde una dirección completamente diferente; pero la percepción sensorial lo cierra, admitiendo solo la mayor parte de la naturaleza que puede atravesar el tamiz.

Todo lo contradictorio se ve forzado, y la naturaleza nos es comunicada bajo la apariencia de un sistema monista. Pero directamente cruzamos el umbral y traemos los hechos verdaderos que influyen en la interpretación de la naturaleza —los hechos concernientes a los espíritus elementales o la influencia de las almas humanas, que también pueden actuar sobre la naturaleza— entonces ya no podemos hablar de un sistema monista aplicable a la naturaleza. Una vez más, vemos claramente que tenemos que ver con el funcionamiento de las individualidades que pueden oponerse o reforzarse mutuamente. En el mundo elemental encontramos espíritus de la tierra, gnomos; espíritus del agua, ondinas; espíritus del aire, sílfides; espíritus de fuego, salamandras. Están todos allí, pero no forman una sola banda unificada. Cada uno de los cuatro reinos es en cierto sentido independiente; no trabajan solo en base a un único sistema, sino que se oponen entre sí. Sus propósitos son, para empezar, completamente distintos; el resultado refleja las interacciones de sus propósitos en las formas más variadas. Si sabemos cuáles son estos propósitos, podemos discernir en un fenómeno dado el trabajo conjunto, digamos, de los espíritus de fuego y las ondinas. Pero nunca debemos suponer que detrás de ellos hay una sola autoridad que les dé órdenes definidas. Esta forma de pensar está muy extendida hoy; y filósofos como, por ejemplo, Wilhelm Wundt (a quien Fritz Mauthner describió con cierta justicia como “una autoridad por la gracia de su editor”) —sin embargo, antes de la guerra se clasificó como una autoridad en casi todas partes)— estos filósofos quieren forzar a una unidad toda la multiplicidad del alma, sus conceptos, sus sentimientos, su voluntad, porque dicen que el alma es una unidad y, por lo tanto, todo esto debe pertenecer a un sistema unitario. Pero eso no es así, y las tendencias fuertemente conflictivas en la vida humana, que el psicoanálisis pone en evidencia, no ocurrirían si nuestra vida conceptual no retrocediera más allá del umbral hacia regiones donde está influenciada por individualidades completamente diferentes de las que influencian nuestro sentimiento y nuestra voluntad.

Realmente es extraño! Aquí (dibujando en la pizarra) tenemos en el ser humano una vida conceptual, una vida de sentimientos y una vida volitiva. Sin embargo, un sistematizador como Wundt no puede evitar la idea de que todo esto debe formar un solo sistema. De hecho, la vida de los conceptos conduce a un mundo, la vida del sentimiento a otro mundo, y la vida de la voluntad a otro. La función del alma humana es precisamente unificar las actividades que en el mundo prehumano —y, por lo tanto, en el aun existente mundo prehumano— es triple.

Todas estas cosas deben tenerse en cuenta tan pronto como estudiemos los impulsos que han actuado en la evolución humana. Ya he dicho que cada época post-Atlante tiene una tarea especial, y he descrito la tarea para la humanidad en la quinta época post-Atlante como la de aceptar el mal como un impulso en la evolución del mundo. Hemos hablado de lo que esto significa desde varios puntos de vista. La necesidad indispensable es que las fuerzas que se manifiestan como mal cuando aparecen en el lugar equivocado sean superadas por el esfuerzo humano durante esa época, de modo que los hombres puedan comenzar a hacer de estas fuerzas algo favorable para el futuro de la evolución cósmica. Por lo tanto, la tarea de esta quinta época post-Atlante es especialmente ardua, y muchas tentaciones están por venir. Y a medida que los poderes del mal hacen su aparición en etapas graduales, los hombres naturalmente están mucho más inclinados a cederles el lugar en todos los ámbitos en lugar de luchar para colocar lo que parece ser el mal al servicio del curso correcto del desarrollo mundial. Esto, sin embargo, es lo que tiene que suceder —hasta cierto punto, el mal debe convertirse en un buen fin. De lo contrario, no podremos avanzar hacia la sexta época post-Atlante, que tendrá una tarea bastante diferente. Su tarea será permitir que los hombres, mientras están todavía conectados con la Tierra, tengan el mundo espiritual continuamente a la vista y vivan de acuerdo con los impulsos espirituales. Es precisamente en relación con la tarea de oponerse al mal durante nuestra época que puede ocurrir un cierto oscurecimiento de la personalidad humana.

Sabemos que desde 1879 los Espíritus de la Oscuridad que están más cerca del hombre, y que pertenecen al reino de los Ángeles, están vagando por el mundo humano, porque fueron arrojados desde el mundo espiritual. Por lo tanto, están presentes en los impulsos humanos y trabajan a través de ellos. Solo porque estos seres puedan trabajar invisiblemente, tan cerca del hombre, y por su influencia impedir que reconozca lo espiritual con la razón —que también es una tarea para nuestra época— entonces en esta época hay muchas oportunidades para rendirse a todo tipo de errores y observaciones que pertenecen a la oscuridad del mal. Durante esta época, el hombre tiene que aprender gradualmente a captar lo espiritual con su razón; porque se le ha ofrecido esta posibilidad al vencer a los Espíritus de la Oscuridad en 1879, como resultado de lo cual ha podido fluir desde los mundos espirituales cada vez más sabiduría espiritual. Solo si los Espíritus de la Oscuridad hubieran permanecido allí en los reinos espirituales hubieran podido obstruir este flujo. De ahora en adelante no pueden hacer nada para obstaculizarlo; pero pueden continuar creando confusión y oscurecer a las almas humanas. Ya hemos descrito en parte las oportunidades que tienen para hacer esto, y las precauciones que han tomado para evitar que los hombres reciban sabiduría espiritual. Todo esto, por supuesto, no da ocasión para lamentarnos, sino para fortalecer la energía humana y aspirar a lo espiritual. Porque si los hombres logran lo que se puede lograr en esta época al tomar las fuerzas del mal y convertirlas en buenos fines, entonces al mismo tiempo lograrán algo tremendo: esta quinta época post-Atlante ganará para la evolución humana concepciones más grandiosas que las de cualquier otra época post-Atlante, o de hecho de cualquier época anterior. Por ejemplo, el Cristo apareció y pasó por el Misterio del Gólgota durante la cuarta época post-Atlante, pero solo en nuestra quinta época será posible que la razón humana abarque el significado de este evento. En la cuarta época, los hombres podían comprender que en el Impulso de Cristo tenían algo que llevaría sus almas más allá de la muerte: esto quedó suficientemente claro a través del cristianismo paulino.

La quinta época traerá un desarrollo aún más importante: los hombres llegarán a reconocer al Cristo como su ayudante en la tarea de transformar las fuerzas del mal en bien. Pero conectado con esta característica de la quinta época hay un hecho que debemos inscribir diariamente en nuestras almas y nunca olvidar, aunque estamos prontos a olvidarlo. En esta época tenemos que ser luchadores del espíritu: debemos darnos cuenta de que nuestras fuerzas disminuyen a menos que se las mantenga constantemente en entrenamiento para la conquista del mundo espiritual. En esta quinta época, el hombre depende, en el más alto grado, de su libertad, y debe experimentarla plenamente. Y la idea de la libertad humana debería ser el criterio de todo lo que encuentre en esta época. Porque si las energías humanas se debilitaran, todo podría volverse malvado. El hombre ya no está en condiciones de ser guiado como un niño. Si el objetivo de ciertas hermandades es tratarlo de esta manera, como lo fue en la tercera y cuarta época, están lejos de hacer lo correcto y no están avanzando en la evolución humana. Cualquiera que en esta época hable del mundo espiritual debe recordarse a sí mismo constantemente que debe hacerlo de tal manera que la aceptación o el rechazo se deje en manos de la libertad del individuo. Por lo tanto, solo ciertas cosas pueden ser dichas; pero el dicho es tan importante como cualquier otra forma de presentarlos en otras épocas. Les daré un ejemplo.

En nuestro tiempo la comunicación de verdades —o, si puedo usar una frase trivial, dar una conferencia sobre ellas—  es lo más importante. La gente debería entonces ser dejada a actitud de libre elección.  Uno no debe ir más allá de la conferencia, de la comunicación de verdades; el resto debe seguir la decisión libre, al igual que cuando alguien toma una decisión en el plano físico. Esto se aplica también a las cosas que, en cierto sentido, solo pueden ser dirigidas y guiadas desde el mundo espiritual.

Lo comprenderemos mejor si entramos en detalles. Durante la cuarta época post-Atlante todavía era necesario considerar otras cosas, no solo la palabra hablada. ¿Cuáles fueron estas otras cosas? Tomemos una instancia definida. La isla de Irlanda, para usar su nombre moderno, tiene características bastante especiales que la distinguen del resto del mundo. Cada parte de la Tierra tiene algunas características distintivas —no hay nada inusual en eso— pero el punto aquí es que Irlanda los tiene en un grado excepcional. Saben por mi Ciencia Oculta que es posible mirar hacia atrás y discernir varias influencias que han fluido desde el mundo espiritual hacia la evolución de la Tierra. También han escuchado cómo eran las cosas en la Era Lemuriana y de los diversos desarrollos evolutivos desde entonces. Ayer llamé la atención sobre el hecho de que toda la tierra debe ser considerada como un organismo vivo, y que las diversas influencias que irradian a los habitantes de territorios particulares tienen un efecto especial sobre el “doble”, también mencionado ayer. En la antigüedad, las personas que conocían Irlanda daban expresión a sus peculiares características en forma de mitos y leyendas. Podría hablar de una leyenda esotérica que indica la naturaleza de Irlanda dentro de todo el organismo terrestre. Se decía que Lucifer había tentado una vez a la humanidad en el Paraíso, por lo que la humanidad fue expulsada y esparcida por la Tierra, que ya existía en ese momento. Por lo tanto, se hizo una distinción —por lo que la leyenda nos dice— entre el Paraíso, con Lucifer en él, y el resto de la Tierra. Pero con Irlanda fue diferente. Irlanda no pertenecía en el mismo sentido al resto de la Tierra, porque del Paraíso, antes de que Lucifer ingresara en él, se había creado una imagen de sí mismo en la Tierra, y esa imagen se convirtió en Irlanda.

Vamos a entender esto claramente. Irlanda es esa parte de la tierra en la que Lucifer no tiene participación, no tiene conexión con Lucifer. La parte del Paraíso que tuvo que separarse, para que una imagen terrenal del mismo pudiera existir, se habría interpuesto en el camino de la entrada de Lucifer al Paraíso. De acuerdo con esta leyenda, por lo tanto, se concibió que Irlanda había sido, antes que nada, esa parte del Paraíso que habría mantenido a Lucifer fuera. Solo cuando Irlanda se separara, podría entrar Lucifer.

Esta leyenda, de la que he dado un relato muy incompleto, es muy hermosa. Para muchas personas, explica la tarea bastante individual de Irlanda a través de los siglos. En el primero de mis Dramas Misterio encontrarán lo que se ha descrito a menudo: cómo Europa fue cristianizada por los monjes irlandeses. Después de que Patrick introdujera el cristianismo en Irlanda, se produjo que el cristianismo condujo a la más alta devoción espiritual. En una interpretación adicional de la leyenda que acabo de describir, Irlanda —Ierne para los griegos e Hibernia para los romanos— incluso se la llamó la isla de los santos, debido a la piedad que allí prevalecía en los monasterios cristianos. Esto está relacionado con el hecho de que las fuerzas que irradian de la Tierra y se apoderan del “doble” están en su mejor momento en la isla de Irlanda.

Dirán: entonces los irlandeses deberían ser los mejores hombres. ¡Pero no es así cómo funcionan las cosas en el mundo! La gente inmigra a todas las regiones de la Tierra y tiene descendientes, y así sucesivamente. Por lo tanto, los seres humanos no son simplemente un producto del pedazo de tierra donde viven; su personaje bien puede contradecir las influencias que provienen de la tierra. No debemos atribuir su desarrollo a las cualidades encontradas en una parte particular del organismo terrestre; eso sería meramente sucumbir a las ilusiones.

Pero podemos decir, más o menos como he dicho hoy, que Irlanda es una tierra muy especial y este es uno de los factores entre los que debería obtenerse una fructífera elaboración de las ideas político-sociales. Irlanda es uno de esos factores, y todos estos factores deben tenerse en cuenta conjuntamente. De esta manera, debemos desarrollar una ciencia de las relaciones humanas en la Tierra. Hasta que eso se haga, no habrá salud real en la organización de los asuntos públicos. Lo que puede ser comunicado desde el mundo espiritual debe fluir en cualquier medida que se tome. Por esta razón, he dicho en conferencias públicas que los estadistas y otros interesados en asuntos públicos deberían familiarizarse con estas comunicaciones, ya que solo entonces podrán controlar la realidad. Pero ellos no hacen esto, o al menos no lo han hecho hasta ahora; sin embargo, la necesidad de hacerlo permanece.

Esta conversación, esta comunicación, es lo importante hoy, de acuerdo con las tareas de la quinta época post-Atlante, porque entonces, antes de hablar se pasa a acciones, las decisiones deben tomarse tal como se toman en relación con los impulsos en el plano físico En tiempos anteriores era diferente; otros métodos podrían ser empleados.

En un momento particular en la tercera época post-Atlante, cierta hermandad tuvo la oportunidad de enviar un gran número de colonos de Asia Menor a Irlanda. Estos colonos vinieron de la región donde mucho más tarde, en la cuarta época, nació el filósofo Tales. Fue de este mismo entorno espiritual que los iniciados enviaron colonos a Irlanda, ¿por qué?.  Porque eran conscientes de las características especiales de una tierra como Irlanda, como lo indica la leyenda esotérica que les mencioné.

Sabían que las fuerzas que surgen de la tierra a través del suelo de Irlanda actúan de tal manera que las personas allí están poco influenciadas hacia el desarrollo de la intelectualidad, o el yo, o hacia una capacidad para tomar decisiones. Los iniciados que enviaron estos colonos a Irlanda lo sabían muy bien, y eligieron personas que parecían ser kármicamente adecuadas para exponerse a tales influencias. En Irlanda todavía existen descendientes de los antiguos inmigrantes de Asia Menor que no tenían la intención de desarrollar ningún rastro de intelectualidad o de poder de razonamiento o de decisión, sino que, manifestaban ciertas cualidades especiales del temperamento en un grado sobresaliente.

Así que, como pueden ver, se hicieron los preparativos con mucho tiempo de anticipación para la interpretación pacífica del cristianismo que finalmente encontró alcance en Irlanda, y para los gloriosos desarrollos que condujeron a la cristianización de Europa. Los últimos compatriotas de Tales enviaron a Irlanda personas que demostraron ser muy adecuadas para convertirse en esos monjes que podrían trabajar de la manera que he descrito. Esos planes a menudo se llevaban a cabo en tiempos anteriores, y cuando en la historia externa escrita por historiadores que carecen de comprensión —aunque, por supuesto, pueden ser lo suficientemente inteligentes, porque la inteligencia de hoy puede ser recogida en la calle — si encuentran relatos de las antiguas colonizaciones, deben tener en claro que detrás de ellas yace una sabiduría de gran alcance. Fueron guiados y guiados a la luz de lo que iba a suceder en el futuro, y siempre se tuvieron en cuenta las características locales de la evolución de la Tierra.

Esa fue otra forma de introducir la sabiduría espiritual en el mundo. No debería ser adoptado hoy por nadie que esté siguiendo el camino correcto. Prescribir el movimiento de personas contra su voluntad, para dividir partes de la Tierra, estaría mal. La forma correcta es impartir hechos verdaderos y dejar que las personas decidan por sí mismas sus acciones.

Por lo tanto, pueden ver que ha habido un avance real desde la tercera y cuarta época post-Atlante hasta el presente; y esto es algo que debemos comprender con bastante claridad. Debemos reconocer cómo este impulso de libertad debe penetrar en todas las tendencias dominantes de la quinta época post-Atlante. Porque es precisamente esta libertad de la mente humana a la que se opone ese adversario del que he hablado —el “doble” que acompaña al hombre desde poco antes del nacimiento hasta la muerte, aunque justo antes de la muerte tiene que partir. Si alguien está bajo la influencia que procede directamente del “doble”, puede provocar toda clase de cosas que pueden aparecer en esta época pero que no están en armonía con ella. Entonces no le será posible cumplir su tarea de luchar contra el mal de tal manera que, en cierta medida, el mal se convierta en bien.

¡Solo piensen en todo lo que realmente se esconde detrás de la situación de la humanidad en la quinta época post-Atlante! Los hechos detallados deben ser vistos y entendidos en sus verdaderos colores. Porque donde sea que el “doble” esté fuertemente activo, estará trabajando contra la humanidad. En esta quinta época post-Atlante, la gente no ha alcanzado la etapa de poder juzgar los hechos correctamente; particularmente durante estos últimos tres tristes años, no se han inclinado a formar verdaderos juicios.

Tomemos un hecho que parece estar muy alejado de nuestro tema inmediato. En una ferretería grande, debían cargarse 10.000 toneladas de hierro fundido en camiones ferroviarios. Un número definido de trabajadores —75— fueron asignados al trabajo, y parecía que cada hombre podía cargar 12½ toneladas por día.

Hubo un hombre llamado Taylor en quien la influencia del “doble” prevaleció sobre las necesidades del alma humana en nuestra época. Primero preguntó a los gerentes si no pensaban que un hombre podía cargar mucho más de 12½ toneladas por día. Dijeron que, en su opinión, un obrero podría cargar 18 toneladas al día como máximo. Taylor luego pidió algunos experimentos.

Entonces, ya ven, ¡Taylor procedió a experimentar con los seres humanos! Los estándares de la máquina debían trasladarse a la vida social. Taylor deseaba saber si era cierto, como creían los gerentes, que 18 toneladas diarias era lo máximo que un hombre podía cargar. Ordenó períodos de descanso, calculados en términos fisiológicos para que fueran lo suficientemente largos como para que un hombre recuperara la energía que había gastado previamente. Naturalmente, los resultados variaban según las personas. Esto no importa con las máquinas —simplemente toman la media aritmética— pero no se puede hacer apropiadamente con los seres humanos, porque cada individuo tiene su propia capacidad justificada. De todos modos, Taylor lo hizo, es decir, eligió a aquellos obreros cuya necesidad de descanso correspondía al período que él había calculado; los demás simplemente fueron expulsados. El resultado fue que los trabajadores seleccionados, a fuerza de restaurar completamente sus energías durante los períodos de descanso, fueron capaces de cargar 47 ½ toneladas por día.

Aquí tenemos la mecánica de la teoría darwiniana aplicada a la vida laboral: el ajuste se mantuvo y el no apto se descartó. El ajuste en este caso fueron aquellos que, con la ayuda de los períodos de descanso dados, podían cargar 47½ toneladas, en lugar de las 18 toneladas consideradas anteriormente como el máximo. De esta manera, los obreros también podrían estar satisfechos, ya que se efectuaron economías tan enormes que los salarios podrían aumentarse en un 60 por ciento. Así, los obreros elegidos, que habían demostrado estar en forma en la lucha por la existencia, estaban muy complacidos. Pero, ¡los no aptos podrían pasar hambre!.

Este es solo el comienzo de un principio de largo alcance. Tales cosas se notan poco, porque no se ven —como deben ser vistas— a la luz de los grandes problemas involucrados. Hasta ahora no hemos ido más allá de la aplicación de ideas científicas defectuosas a la vida humana; pero el impulso subyacente permanece. El siguiente paso será hacer un uso similar de las verdades ocultas que se revelarán en el curso de la quinta época post-Atlante. El darwinismo no contiene verdades ocultas, pero su aplicación con experimentos directos en seres humanos tendría resultados horribles. Pero si se introducen verdades ocultas, a medida que estén disponibles, será posible usarlas para obtener un enorme poder sobre los hombres, aunque solo sea mediante una selección continua de los “más aptos”.Pero las cosas no se detendrán allí. Habría un esfuerzo por usar un cierto descubrimiento oculto para hacer que los aptos sean cada vez más aptos… y eso significa que se lograría un tremendo poder para lograr la utilización de los seres humanos —un poder directamente opuesto a las buenas tendencias de la quinta época post-Atlante.

Quería darles estos ejemplos interrelacionados para mostrarles cómo comienzan esas intenciones de gran alcance, y cómo estas cuestiones deben ser iluminadas desde puntos de vista más elevados.

La próxima vez volveremos nuestra atención a las tres o cuatro grandes verdades a las que debe llegar la quinta época post-Atlante, y cómo podrían ser mal utilizadas si, en lugar de alinearse con las tendencias legítimas de la época, fueran colocadas al servicio del “doble”, representado por aquellas hermandades que desean establecer otro ser en lugar del Cristo.

Traducido por Gracia Muñoz en noviembre de 2017.

 

GA178bc1. Uso incorrecto y correcto del conocimiento esotérico

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de noviembre de 1917

English version

Recordarán que hemos estado considerando desde varios puntos de vista, las afirmaciones asociadas actualmente por los psicoanalistas. El punto esencial era poner de manifiesto el hecho de que la idea del inconsciente que prevalece en el psicoanálisis carece de fundamento. Mientras persista esta idea, una idea puramente negativa, diremos que el psicoanálisis se aproxima con medios de conocimiento inadecuados, a un fenómeno de especial importancia para nuestro tiempo. Y debido a que los psicoanalistas están tratando de explorar la mente y el alma e investigar sus implicaciones en la vida social, debemos decir que su forma de abordar es mucho más significativa que cualquier otra cosa que los estudios académicos que ofrecen en este mismo campo. Por otro lado, debido a que el psicoanálisis está intentando, a través de la pedagogía y la terapéutica, y pronto, probablemente, a través de ideas sociales y políticas, influenciar profundamente a la vida humana, siempre deben valorarse muy seriamente los riesgos ligados a tal enfoque.

Ahora surge la pregunta: ¿qué es realmente lo que estos investigadores modernos no pueden alcanzar o no quieren alcanzar? Ellos reconocen que existe un elemento del alma al margen de la conciencia; lo buscan fuera de la conciencia; pero no pueden llegar al punto de reconocer el espíritu mismo.  El espíritu nunca puede ser atrapado por la idea del inconsciente, porque un espíritu inconsciente es como un hombre sin cabeza.  Ya he llamado la atención sobre el hecho de que hay personas, víctimas de ciertas condiciones histéricas, que cuando caminan por las calles ven a los demás solo como cuerpos, sin cabeza. Esa es una enfermedad definida. Así que entre los investigadores actuales hay algunos que creen que pueden discernir todo el espíritu, pero como suponen que es inconsciente, muestran que están bajo el engaño de que un espíritu inconsciente, un espíritu sin conciencia, sería encontrado por cualquiera que cruzara el umbral, ya sea en el sentido correcto, como se describe en el terreno de la investigación científico espiritual, o por el tipo de enfermedad anormal que atrae la atención de los psicoanalistas.

Cuando cruzamos el umbral de la conciencia, siempre entramos en un reino espiritual; si es un reino subconsciente o supraconsciente no hace ninguna diferencia. Siempre entramos en un ámbito donde el espíritu es en cierto sentido consciente, donde muestra una conciencia de algún tipo. Tenemos que descubrir las condiciones bajo las cuales prevalece una forma dada de consciencia; incluso debemos aprender a través de la Ciencia Espiritual la posibilidad de reconocer qué clase de conciencia tiene una espiritualidad particular.

Ya les he contado el caso de la señora que se va de una fiesta, corre delante de un carruaje de caballos y se ve obligada a tirarse al río y regresar a la casa que acaba de dejar, para volver a estar bajo el mismo techo del anfitrión, de quien ella está inconscientemente enamorada. En tal caso, no debería decirse que el espíritu que está fuera de la conciencia de la dama, el espíritu que la impulsa y dirige, es una parte inconsciente del alma: es altamente consciente. La conciencia de este espíritu demoníaco (que llevó a la dama de vuelta a su amante ilegal) es mucho más inteligente que la dama en su piso superior, debería decir, en su conciencia.

Y estos espíritus, que se encuentran siempre que el umbral de la conciencia se cruzan de una forma u otra, y allí son activos y potentes, no están inconscientes; ellos son muy efectivamente conscientes del propósito de sus propias actividades. La frase “espíritu inconsciente”, tal como la usan los psicoanalistas, no tiene sentido: podría simplemente decir, si quisiera hablar meramente desde mi propio punto de vista, que toda la distinguida compañía sentada aquí es mi inconsciente, suponiendo que no supiera nada de ellos. Igual de poco se puede describir como “espíritus inconscientes” aquellos seres espirituales que están a nuestro alrededor, y que pueden echar mano de una personalidad, como en el caso del que les hablé hace una semana. Ellos no están inconscientes; están fuera del alcance de nuestra conciencia normal, pero son totalmente conscientes por su propia cuenta.

Es extraordinariamente importante —precisamente en conexión con la tarea de la Ciencia Espiritual en nuestro tiempo— estar al tanto de esto, porque el conocimiento del ámbito espiritual que se encuentra más allá del umbral, lo que significa un conocimiento de individualidades reales y conscientes, no es simplemente un descubrimiento de la Ciencia Espiritual actual; de hecho es un conocimiento primordial. En tiempos anteriores, llegó a través de la antigua y atávica clarividencia. Hoy debe alcanzarse gradualmente, por otros métodos. Pero el conocimiento de estos seres espirituales, que viven fuera de nuestra conciencia bajo condiciones diferentes a las nuestras, pero que tienen una relación duradera con los seres humanos y pueden apropiarse del pensamiento, sentimiento y voluntad de una persona, este conocimiento siempre ha existido.

Y dentro de ciertas hermandades, que siempre consideraron este conocimiento como una propiedad secreta, fue tratado como altamente esotérico. ¿Por qué fue esto así? Discutir esta pregunta completamente nos llevaría demasiado lejos en este momento, pero debe decirse que ciertas hermandades particulares estaban honestamente convencidas de que la gran mayoría de la gente no estaba preparada para este conocimiento. Y de hecho esto era verdad hasta cierto punto. Pero muchas otras hermandades, llamadas las de la izquierda, intentaron mantener este conocimiento para sí mismas, porque cuando es poseído por un pequeño grupo, les da poder sobre los otros que no lo tienen.  Y así se crean ciertos grupos que se esfuerzan siempre en asegurarse el poder sobre los demás. Por lo tanto, podría ocurrir que cierto tipo de conocimiento se considerara como una posesión esotérica, pero de hecho se utilizaba para obtener poder sobre una cosa u otra.

En este tiempo presente, es particularmente necesario tener mucha claridad acerca de estas cosas. Porque ustedes saben que desde 1879 la humanidad está viviendo en una situación espiritual muy especial. Los espíritus de las tinieblas, particularmente poderosos fueron arrojados del mundo espiritual al reino humano, y aquellas personas que de manera ilícita mantienen en secreto este evento como posesión de sus pequeños grupos son capaces de provocar todo lo posible por este medio. Ahora, ante todo, les mostraré cómo ciertos secretos que conciernen al desarrollo actual pueden aprovecharse indebidamente. Entonces deberán tener cuidado de llevar lo que voy a decir hoy, más bien en líneas históricas, a una estrecha conexión con lo que agregaré mañana.

Como todos ustedes saben, a menudo he llamado la atención dentro de nuestro movimiento al hecho de que este siglo debe llevar la evolución humana a una relación especial con Cristo, en el sentido de que durante este siglo —e incluso durante la primera mitad— se producirá el evento indicado en mi primer Drama Misterio: el Cristo aparecerá ante un número cada vez mayor de personas como un Ser verdadero e inmediatamente presente en el reino etérico. Ahora sabemos que estamos viviendo en la era del materialismo, y que desde mediados del siglo XIX este materialismo ha alcanzado su punto máximo. Pero en realidad los opuestos siempre caminan juntos. Precisamente, el punto álgido del materialismo está necesariamente acompañado de ese desarrollo interior que hace posible que el Cristo sea realmente visto en el ámbito etérico. Ustedes pueden entender que la revelación de este secreto, concerniente a la manifestación etérica de Cristo y a la nueva relación resultante de Cristo con la evolución humana, da lugar a resentimiento y mala voluntad entre los miembros de ciertas hermandades que deseaban hacer uso de este evento, de la aparición del Cristo etérico, para sus propios fines y no querían que se convirtiera en una propiedad común de la Humanidad.

Hay hermandades —y estas agrupaciones siempre influyen en la opinión pública diseminando esto o aquello de tal manera que moleste a la gente lo menos posible— que expresaron la idea de que el tiempo del materialismo pronto terminaría, o de que ya había llegado a su fin. Las pobres y lamentables “personas inteligentes” que hoy se promueven a través de tantas reuniones, libros y sociedades, la idea de que el materialismo ha terminado y que algo del espíritu está ahora al alcance, pero sin poder ofrecer a la gente más que la palabra “espíritu” y pequeñas frases de un tipo similar —estas personas están más o menos al servicio de aquellos que tienen interés en declarar lo que no es cierto: que el materialismo está en ruinas. Eso está lejos de ser cierto: por el contrario, la perspectiva materialista progresa y prosperara mejor cuando a las personas se les enseña que ya no son materialistas.  La perspectiva materialista está avanzando rápidamente y continuará avanzando durante unos cuatrocientos o quinientos años.

Lo esencial, como a menudo se ha enfatizado aquí, es ser claramente consciente de los hechos. La humanidad comenzará a recuperarse cuando, a través del trabajo en la vida del espíritu, las personas lleguen a conocer y ver en su verdadera luz el hecho de que la quinta época post-Atlante está destinada a crear un estado materialista del ser en la corriente general de la evolución humana. Pero tanto más, entonces, debe establecerse un estado espiritual del ser en oposición a este materialismo. Lo que la gente de nuestra época debe aprender es la necesidad de librar una lucha totalmente consciente contra el mal que se está abriendo paso en la evolución. Al igual que en la cuarta época, la lucha fue llegar a un acuerdo con el nacimiento y la muerte, ahora tenemos que aceptar el mal. Por lo tanto, el punto es captar la enseñanza espiritual con plena consciencia, no arrojar arena a los ojos de nuestros contemporáneos, como si el demonio del materialismo no estuviera allí. Aquellos que manejan estos asuntos de una manera honesta saben tan bien como yo sobre el evento de la aparición de Cristo, pero lo tratan de manera diferente. Y para entender esto, debemos prestar atención a lo siguiente.

Ahora que estamos viviendo en la quinta época post-Atlante, es un error decir, como a muchas personas les gusta decir cómodamente: “Durante esta vida entre el nacimiento y la muerte, lo mejor es entregarse a la vida; si después de la muerte entramos en un mundo espiritual se revelará lo suficientemente pronto  —o eso podemos esperar. Aquí y ahora disfrutaremos de nuestra vida, como si solo existiera un mundo material; si más allá de la muerte pasamos a un mundo espiritual, entonces sabremos si hay un mundo espiritual allí”. Eso es tan inteligente como si alguien hiciera un juramento diciendo: “¡Tan cierto como que hay un Dios en el cielo, soy un ateo!”. Sin embargo, hay muchas personas que lo toman literalmente: “Después de la muerte, sabremos cómo son las cosas allí. Hasta entonces, no hay necesidad de ocuparse de ningún tipo de conocimiento espiritual”. Esta forma de pensar ha sido muy tentadora siempre, en todas las épocas, pero en nuestra época es particularmente desastrosa, porque la tentación de disfrutar de ella se acerca mucho a las personas debido al poder y la prevalencia del mal. Cuando en las condiciones actuales de la evolución un hombre atraviesa el portal de la muerte, lleva consigo la forma de conciencia que ha desarrollado entre el nacimiento y la muerte. Si se ha ocupado por completo de conceptos, ideas y experiencias del mundo material, del mundo de los sentidos, se condena a vivir después de la muerte en un entorno relacionado con esas ideas. Mientras que el hombre que ha absorbido conceptos espirituales entra al mundo espiritual de la manera correcta, el hombre que se ha negado a aceptarlos tendrá que permanecer atado a las relaciones terrenales en cierto sentido, hasta —y eso lleva mucho tiempo— que aprenda allí a absorber suficientes ideas espirituales para llevaras al mundo espiritual. En consecuencia, si hemos absorbido o no las ideas espirituales en esta vida se determina nuestro ambiente allí. Muchos de los —uno solo puede decirlo con simpatía— que se resistieron a las ideas espirituales durante esta vida, o se les impidió absorberlas, se encuentran vagando por la Tierra, todavía atados al reino terrenal. Y un alma en esta situación, ya no está separada de su entorno por el cuerpo, y el cuerpo ya no le impide trabajar de manera destructiva: tal alma, si continúa habitando en la esfera terrestre, se convierte en un foco destructivo.

Así vemos que en estos casos —podríamos llamarlos normales hoy en día— cuando las almas que no han querido tener nada que ver con las ideas y sentimientos espirituales, cruzan el umbral de la muerte, se convierten en focos destructivos, porque quedan retenidas en la esfera terrestre. Solo aquellas almas que en esta vida están impregnadas por una cierta conexión con el mundo espiritual pasan por la puerta de la muerte de tal manera que son aceptadas en el mundo espiritual, liberadas de la esfera de la Tierra, y son capaces de tejer los hilos que pueden enlazarse continuamente con los que han dejado atrás. Porque debemos ser claros al respecto: los hilos espirituales entre los muertos y aquellos que estaban cerca de ellos no se cortan con la muerte; permanecen y son mucho más íntimos de lo que fueron durante la vida.

Esto que he estado diciendo debe tomarse como una verdad muy seria e importante. Una vez más, no es algo que conozca yo solo; otros saben que así son las cosas en este momento. Pero hay muchos que hacen uso de esta verdad en un muy mal sentido. Porque si bien hay materialistas equivocados que creen que esta vida es la única vida, también hay iniciados que son materialistas y que diseminan enseñanzas materialistas a través de sus hermandades. No deben suponer que estos materialistas adoptan la débil opinión de que no existe el espíritu, o que los hombres no tienen almas que puedan vivir independientemente del cuerpo. Pueden estar seguros de que cualquiera que realmente haya sido iniciado en el mundo espiritual nunca sucumbirá a la necedad de creer solo en la materia. Pero hay muchos que tienen cierto interés en difundir el materialismo y tratan por todos los medios de asegurarse de que la mayoría de los hombres solo crean en el materialismo y vivan bajo su influencia. Y hay hermandades dirigidas por iniciados que tienen este interés. Se adaptan muy bien a estos materialistas cuando se dice constantemente que el materialismo ya se ha superado. Porque cualquier cosa puede promoverse hablando de ella en un sentido opuesto; a menudo son necesarias maniobras muy complicadas.

¿Cuáles son entonces los objetivos de estos iniciados, que en realidad saben muy bien que el alma humana es una entidad puramente espiritual, independiente del cuerpo, y sin embargo aprecian y cultivan la visión materialista en otras personas? Lo que quieren es que la mayor cantidad posible de almas absorba solo ideas materialistas entre el nacimiento y la muerte. Por lo tanto, estas almas están preparadas para permanecer en la esfera terrenal, y ser retenidas allí. Y ahora observen que hay hermandades que están equipadas para saber todo sobre esto. Estas hermandades preparan a ciertas almas humanas para permanecer después de la muerte en el reino material; luego organizan las cosas, y esto es posible por su infame poder, para que estas almas estén bajo la protección de su hermandad, y de ahí la hermandad adquiere una enorme fuerza. Así que estos materialistas no son materialistas, porque no creen en el espíritu; estos materialistas iniciados no son tan tontos como para hacer eso, y de hecho conocen lo suficiente la verdad sobre el espíritu, pero obligan a las almas humanas a permanecer atadas al reino material después de la muerte, para poder usar estas almas para sus propios fines. Así, estas hermandades construyen una especie de clientela de almas de entre los muertos que permanecen en la esfera de la Tierra. Estas almas tienen en ellas ciertas fuerzas que pueden ser guiadas de la manera más variada, y por este medio es posible alcanzar oportunidades bastante especiales para ejercer poder sobre aquellos que no están iniciados en estas cosas.

Como ven nada menos que ese es el plan de ciertas hermandades. Y nadie entenderá estos asuntos con claridad a menos que mantenga limpios los ojos y se nieguen a dejarse llevar por las sugerencias de que esas cofradías no existen o que sus actividades son inofensivas. De hecho, son extremadamente dañinas; la intención de estos iniciados es que los hombres sean llevados más y más al materialismo y deben llegar a creer que en realidad existen fuerzas espirituales, pero que éstas no son más que ciertas fuerzas de la naturaleza.

Ahora me gustaría describirles el ideal que estos iniciados persiguen. Es necesario un cierto esfuerzo para comprender estas cosas. Imagínense un mundo de personas inofensivas: están un poco engañadas por las ideas materialistas imperantes, un poco alejadas de las antiguas ideas religiosas bien fundadas. Imaginen esto: tal vez un diagrama sea útil.

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Aquí (círculo más grande) está el reino de seres humanos inofensivos. No tienen mucha claridad sobre el mundo espiritual; engañados por el materialismo, no están seguros de qué actitud adoptar hacia el mundo espiritual, y especialmente hacia aquellos que han pasado por la puerta de la muerte. Ahora consideren esto: aquí (círculo más pequeño) tenemos el reino de la hermandad que he descrito. Sus miembros se dedican a difundir la doctrina del materialismo; se están ocupando de que estas personas piensen en términos puramente materialistas. De esta forma, están entrenando a las almas para que permanezcan en la esfera terrestre después de la muerte. Estas almas se convertirán en una clientela de la logia; se pueden tomar las medidas apropiadas para mantenerlos dentro de la logia. Así, la hermandad ha creado una logia que abarca tanto a los vivos como a los muertos; pero son aquellos muertos que aun están relacionados con las fuerzas de la Tierra.

Luego se dispuso que debieran celebrarse las sesiones de espiritismo, tal como se celebraron durante la segunda mitad del siglo diecinueve. Entonces puede suceder —tengan en cuenta esto cuidadosamente— que lo que ocurre en las sesiones se dirige por la logia, con la ayuda de los muertos. Pero la verdadera intención de los maestros que pertenecen a las logias de ese tipo era que las personas no deberían saber que estaban tratando con los muertos, sino que deberían creer que estaban en contacto simplemente con las fuerzas superiores de la naturaleza. Debían quedar convencidos de que estas fuerzas superiores, las fuerzas psíquicas y similares, existen, pero que son fuerzas superiores de la naturaleza y nada más. Debían tener la idea de que, al igual que la electricidad y el magnetismo, también existen fuerzas superiores de un tipo similar. El hecho de que estas fuerzas provienen de las almas era precisamente lo que los líderes de la logia querían mantener oculto. De esta manera, las personas “inofensivas” gradualmente se volverían completamente dependientes en la vida anímica de la logia, sin saber que son dependientes o desde qué corriente son guiadas.

El único arma contra estos procedimientos es saber sobre ellos. Si sabemos sobre ellos, estamos protegidos; si los tomamos en serio y creemos en la verdad de nuestro conocimiento, estamos seguros. Pero no debemos tomar demasiado cómodamente la tarea de hacer que este conocimiento sea nuestro. Todavía no es demasiado tarde. A menudo he insistido en que estos asuntos se pueden aclarar solo por grados, y que solo por grados se pueden reunir los hechos esenciales para completar la imagen.

Como he dicho a menudo, en el transcurso del siglo XIX muchas hermandades introdujeron el espiritismo de forma experimental, para ver si habían llegado tan lejos con la humanidad como lo deseaban. Su expectativa era que en las sesiones espiritistas la gente considerara que estaban trabajando las fuerzas superiores de la naturaleza. Los hermanos de la izquierda quedaron muy decepcionados cuando la mayoría de la gente asumió, en cambio, que se estaban manifestando los espíritus de los muertos. Esta fue una amarga desilusión para estos iniciados; era justo lo que no querían. Querían privar a la humanidad de la creencia en la supervivencia después de la muerte. La eficacia de los muertos y de sus fuerzas debía permanecer, pero la idea correcta e importante de que las manifestaciones provenían de los muertos, eso debía suprimirse. Esta es una forma superior de materialismo; un materialismo que no solo desmiente al espíritu, sino que intenta arrastrarlo al reino material. El materialismo puede tener fuerzas que conducen a una negación de sí mismo. La gente puede decir: “El materialismo se ha terminado, ya estamos hablando del espíritu”. Pero una persona puede seguir siendo un materialista completo si trata la naturaleza entera como un espíritu, de modo que de este proceso resulte el psiquismo. La única forma correcta es aprender a ver en el mundo espiritual real, el mundo de la espiritualidad real. Aquí tenemos el comienzo de una tendencia que cobrará fuerza a lo largo de los próximos cuatrocientos o quinientos años. Por el momento las hermandades malvadas han frenado, pero continuarán sus actividades a menos que se las detenga —y solo pueden detenerse si se supera la complacencia con respecto al mundo científico espiritual.

Por lo tanto, estos hermanos se excedieron en sus sesiones espiritistas: y en lugar de ocultarse, aparecieron. Esto les hizo darse cuenta de que su empresa no había ido bien. Por lo tanto, estas mismas hermandades se esforzaron, desde los años noventa en adelante, en desacreditar el espiritismo durante un tiempo. En este camino, como ven, por medios espirituales se logran resultados muy incisivos. Y el objetivo de todo esto era obtener un mayor poder y así aprovechar las condiciones que deben darse en el curso de la evolución humana.

Hay algo que funciona en contra de esta materialización de las almas humanas, este exilio de las almas en la esfera terrenal. Las logias existen en la Tierra, y si las almas deben manifestarse y ser usadas en las logias, deben mantenerse en este exilio terrenal.  El poder que actúa en contra de estos esfuerzos para operar a través de las almas en el ámbito terrenal es el impulso del Misterio del Gólgota. Y este también es el impulso sanador que actúa en contra de la materialización de las almas. Ahora el camino tomado por Cristo está completamente fuera de las voluntades e intenciones de los hombres. Por lo tanto, no hay ningún hombre en ninguna parte, ni ningún iniciado, cualquiera que sea su conocimiento, que pueda influir en las acciones de Cristo que en el transcurso del siglo XX llevará esa apariencia de la cual he hablado a menudo y que pueden encontrar indicado en mis Dramas Misterio, eso descansa completamente solo en Cristo. El Cristo estará presente como un Ser etérico dentro de la esfera de la Tierra. La pregunta para los hombres es cómo deben relacionarse con él. Nadie, ni el más poderoso iniciado, tiene ningún tipo de influencia sobre esta apariencia. ¡Vendrá! Les ruego que lo mantengan firme. Pero se pueden tomar medidas con el objetivo de velar para que este evento de Cristo sea recibido de una manera u otra y tenga tal o cual efecto.

De hecho, el objetivo de esas hermandades de las que he hablado, que desean confinar a las almas humanas en el ámbito material, es que el Cristo debe pasar desapercibido en el siglo XX; que su venida como una individualidad etérica no debe ser experimentada por los hombres. Y este esfuerzo toma forma bajo la influencia de una idea bastante definida y un propósito bastante definido. Estas hermandades quieren apoderarse de la esfera de influencia de Cristo, que debería extenderse cada vez más ampliamente durante el siglo XX, hacia otro ser —del que hablaremos luego con mayor precisión—. Hay hermandades occidentales que quieren cuestionar el impulso de Cristo y establecer en su lugar otra individualidad que nunca ha encarnado, una individualidad etérica, pero fuertemente ahrimánica.

Todos estos métodos que les he contado, esto de trabajar con los muertos, etc., tienen finalmente un solo propósito —alejar a las personas del Cristo que ha pasado por el Misterio del Gólgota, y asignarle a otro ser el dominio sobre la Tierra. Esta es una batalla muy real, no un asunto de conceptos abstractos; una verdadera batalla que tiene que ver con el establecimiento de otro ser en lugar del Ser de Cristo por el resto de la quinta época post-Atlante, la sexta época y la séptima. Una de las tareas de un desarrollo espiritual sano y honesto será destruir y eliminar tales esfuerzos, que son anticristianos en el más alto grado.  A este otro ser, a quien estas cofradías quieren establecer como gobernante, se le llamará “Cristo”; sí, realmente lo llamarán “¡Cristo!”. Y será esencial que las personas aprendan a distinguir entre el verdadero Cristo, que esta vez no aparecerá en la carne, y este otro ser que está marcado por el hecho de que nunca ha encarnado en la Tierra. Es este ser etérico que estas cofradías quieren establecer en el lugar de Cristo, para que el Cristo pase desapercibido.

Aquí tenemos un lado de la batalla, que se ocupa de falsificar la apariencia de Cristo durante el siglo XX. Cualquiera que mire la superficie de la vida y preste atención a todas las discusiones externas acerca de Cristo y la pregunta de Jesús, etc., no sabe nada de los hechos más profundos. Todas estas discusiones solo sirven para ocultar los problemas reales y alejar a las personas de ellos. Cuando los teólogos discuten acerca de “Cristo” de esta manera, siempre está funcionando una influencia espiritual de algún lugar, y estos hombres doctos de hecho están promoviendo objetivos y propósitos bastante diferentes de aquellos de los que están conscientes.

Este es el peligro de la idea del inconsciente: conduce a un pensamiento poco claro sobre todas esas conexiones. Mientras que las fraternidades malvadas persiguen sus objetivos muy conscientemente, estos objetivos nunca entran en la conciencia de las personas que se involucran en todo tipo de discusiones superficiales. Perdemos la verdad de estas cosas hablando del “inconsciente”, ya que este llamado inconsciente está simplemente más allá del umbral de la conciencia ordinaria, y es la misma esfera en la que alguien que conoce estas cosas puede manipularlas. Aquí tenemos un lado de la situación: varias hermandades realmente desean sustituir el trabajo de Cristo por el trabajo de otro ser y están listas para utilizar cualquier medio para lograrlo.

Por otro lado, hay ciertas cofradías orientales, especialmente las hindúes, que quieren intervenir no menos significativamente en la evolución de la humanidad. Pero tienen un propósito diferente: nunca han desarrollado un método esotérico para lograr algo atrayendo las almas de los muertos al ámbito de sus logias: eso está muy lejos de sus objetivos. Pero a su manera tampoco quieren que los impulsos del Misterio del Gólgota trabajen en el curso de la evolución humana. Como los muertos no están a su disposición, como lo han hecho algunas de las hermandades occidentales que he mencionado, no desean suplantar al Cristo, que debe aparecer como una individualidad etérica durante el siglo XX, por alguna otra individualidad; para eso necesitarían a los muertos. Pero ellos quieren distraer la atención de Cristo; para evitar que el cristianismo se eleve a la supremacía; oscurecer la verdad sobre Cristo, que pasó por el Misterio del Gólgota después de su única encarnación de tres años en la Tierra, y que no puede encarnarse nuevamente en la Tierra. Estas hermandades no quieren controlar a los muertos en sus logias: en lugar de los muertos, emplean seres de otro tipo.

Cuando el hombre muere, abandona su cuerpo etérico, que como ustedes saben se separa del cuerpo físico, poco después de la muerte, y luego normalmente se entrega al cosmos. Este es un proceso algo complicado; lo he descrito de varias maneras. Pero antes del Misterio del Gólgota, algo más era posible, e incluso después aún fue posible, especialmente en Oriente. Cuando un hombre entrega su cuerpo etérico después de la muerte, ciertos seres pueden vestirse en él y convertirse en seres etéricos con la ayuda de estos cuerpos etéricos de los hombres muertos. Esto es lo que sucede en Oriente: los seres demoníacos son tentados a vestirse en los cuerpos etéricos que los hombres han desechado; y son estos espíritus quienes son atraídos a las logias orientales.  Las logias occidentales, por lo tanto, tienen a los muertos que son desterrados a la materia; las logias orientales de la izquierda tienen espíritus demoníacos, espíritus que no pertenecen a la evolución de la Tierra, pero que se insinúan a sí mismos incorporándose en los cuerpos etéricos descartados de los hombres muertos. , pero que se infiltran en ella revesti­dos de los cuerpos etéreos desechados por los hombres.

Exotéricamente, se llega a ello transformando ese hecho en veneración. Una de las artes  de ciertas hermandades, ustedes ya lo saben, es  la creación de fantasías, ya que cuando los hombres desconocen el  alcance de la ilusión que existe en la realidad, es fácil engañarles provocándosela artificialmente: lo que se quiere  lograr se disfraza, pues, de veneración.

Imaginen un grupo de personas, un grupo afín, a quienes digo que han de venerar a un antepasado suyo, después de que yo, por medio de mis poderes de hermano “maligno”, ya he conseguido que una entidad demoníaca se revista con el cuerpo etéreo de ese antepasado.  El antepasado es simplemente su cuerpo etéreo del que se apoderó el demonio gracias a las maquinaciones de la logia.  Así, se implanta la veneración a los antepasados, puras entidades demoníacas en el cuerpo etéreo de uno de ellos.

Los pueblos orientales pueden desviarse del Misterio del Gólgota mediante métodos como estos. El resultado será que para los pueblos orientales —o tal vez para la gente en general, ya que ese es el objetivo final— la manifestación de Cristo en nuestro mundo terrenal pasará desapercibida. Estas logias orientales no quieren sustituir a Cristo; solo quieren que la aparición de Cristo Jesús no sea notada. Por lo tanto, hay un ataque a dos bandas contra el Impulso de Cristo que se manifestará en forma etérica durante el siglo XX; y esta es la situación en la que nos encontramos hoy. Las tendencias particulares son siempre el resultado de lo que están generando los grandes impulsos en la evolución humana. Por eso es tan triste escuchar continuamente decir que las influencias del inconsciente, del llamado inconsciente, son un efecto del amor reprimido o algo similar, cuando de hecho las influencias de una espiritualidad altamente consciente están operando en la humanidad de todos lados, mientras permanecen relativamente inconscientes si no se les presta atención consciente.

Ahora debemos traer algunas consideraciones adicionales. Los hombres con buenas intenciones para el desarrollo de la humanidad siempre han tenido en cuenta las actividades que acabo de describir y han hecho todo lo posible —y ningún hombre puede o debería esperar que se haga más— para arreglar las cosas.

Un hogar particularmente bueno para la vida espiritual, protegido contra todas las ilusiones posibles, fue Irlanda, la isla de Irlanda, en los primeros siglos cristianos. Más que cualquier otro lugar en la Tierra estaba protegida de ilusiones; y es por eso que tantos misioneros del cristianismo salieron de Irlanda en esos primeros tiempos. Pero estos misioneros debían tener en cuenta a la gente sencilla entre quienes trabajaban, porque los pueblos de Europa eran muy simples en aquellos días —y también para comprender los grandes impulsos detrás de la evolución humana. Durante los siglos IV y V, los iniciados irlandeses trabajaron en Europa central y la prepararon para las demandas del futuro. De alguna manera, estaban bajo la influencia del conocimiento iniciado que en el siglo XV —en 1413, como saben— iba a comenzar la quinta era post-Atlante.

Por lo tanto, sabían que tenían que prepararse para una época completamente nueva y, al mismo tiempo, proteger a las personas inocentes e ingenuas. ¿Qué hicieron para mantener a las personas simples de Europa protegidas y encerradas, de modo que ciertas influencias dañinas no pudieran alcanzarlas?. El curso de los acontecimientos fueron guiados, desde fuentes bien instruidas y honorables, de tal manera que, gradualmente, todos los viajes que antes se habían hecho desde tierras del norte hasta América, llegaron a su fin. Mientras que en tiempos anteriores los barcos habían navegado a América desde Noruega para ciertos propósitos —diré más de esto mañana—, gradualmente se arregló que América debería ser olvidada y perder la conexión. En el siglo XV, en efecto, los pueblos de Europa no sabían nada de América. Desde Roma fue de donde se orientó la evolución a fin de proteger la población europea de las influencias que  emanaban del continente americano.  Y los monjes procedentes de Irlan­da, los iniciados irlandeses dedicados a la cristianización del continente europeo, jugaron un papel decisivo en la salvaguarda de sus habitantes contra las influencias americanas.

Solo cuando comenzó la quinta época post-Atlante, América fue nuevamente “descubierta”, como dice la historia. Pero, como ustedes saben muy bien, gran parte de la historia que se enseña en las escuelas es  “fábula convenida”, y una de estas fábulas es que América fue descubierta por primera vez en 1492. De hecho, solo fue redescubierta. La conexión había sido borrada por un período, como el destino requería.   Pero debemos conocer la verdad de estas circunstancias históricas y cómo fue que Europa estuvo cubierta y cuidadosamente protegida de ciertas influencias que no debían entrar.

Estos son medios por los cuales la conciencia se va despertando gradualmente. Los hechos y eventos confirman lo que digo; solo ellos no deben ser pasados por alto. La gente se abre camino ciegamente a través de los acontecimientos, a través de catástrofes trágicas como la actual. Me gustaría primero impresionarles el aspecto histórico de estos asuntos y mañana hablaremos de ellos con mayor detalle.

Quiero agregar un punto más. Habrán visto por mis explicaciones cuán grande es la diferencia entre Occidente y Oriente en relación con la evolución de la humanidad. Algo más a destacar: los psicoanalistas hablan del subconscien­te, de la vida anímica subconsciente, que no es lo importante, porque no se trata de divagar sobre estos asuntos; ya que lo esencial es: ¿Qué pasa más allá del umbral de la conciencia? ¿Qué hay en ese umbral? Muchas cosas existen, desde luego, en ese umbral; mas para sí mismas, son plenamente conscientes.  Lo que hay que enfocar es qué clase de espiritualidad consciente existe más allá del umbral de la conciencia; espiritualidad consciente, no espiritualidad inconsciente,  ¡Hemos de darnos cuenta que el hombre sabe mucho más de lo que registra su con­ciencia ordinaria!  —de hecho, mal nos iría si tuviéramos que ser conscientes de todo. ¡Imagínense cómo debemos hacer frente a la comida y la bebida si tenemos que familiarizarnos con todos los procesos fisiológicos y biológicos que ocurren desde el momento en que tragamos un trozo de comida!. En todo lo que procede inconscientemente, las fuerzas espirituales están trabajando allí, incluso en el ámbito puramente fisiológico. Pero estarán de acuerdo en que no podemos esperar para comer y beber hasta que hayamos aprendido todos los detalles. Es lo mismo con muchas otras cosas: por mucho, la mayor parte de nuestro ser está inconsciente o, mejor dicho, subconsciente.

Ahora lo peculiar es que este subconsciente dentro de nosotros es invariablemente tomado por otro ser. Por lo tanto, no somos solo una unión de cuerpo, alma y espíritu, llevando un alma independiente en nuestro cuerpo a través del mundo, sino que poco antes del nacimiento otro ser toma posesión de nuestras partes subconscientes. Este ser subconsciente nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. En cierta medida, podemos describir este ser diciendo que es muy inteligente y está dotado de una voluntad que está estrechamente relacionada con las fuerzas de la naturaleza. Debo enfatizar otra particularidad de este ser —incurriría en el peligro más grave si, bajo las condiciones actuales, acompañara al hombre hasta la muerte. En este momento no puede hacerlo; por lo tanto, desaparece poco antes de la muerte para salvarse; sin embargo, retiene el impulso de ordenar la vida humana de tal manera que es capaz de conquistar la muerte para sus propios fines. Sería terrible para la evolución humana si este ser que se ha apoderado del hombre fuera capaz de vencer a la muerte y, al morir con el hombre, pasar a los mundos en los que el hombre entra después de la muerte. Este ser siempre debe despedirse del hombre antes de morir, pero en muchos casos esto es muy difícil de hacer, y resultan todo tipo de complicaciones. Por el momento, lo importante es saber que este ser, que tiene su dominio enteramente dentro del subconsciente, está extremadamente dependiente de la Tierra como un organismo completo.

La Tierra es muy diferente de lo que dicen los geólogos, mineralogistas o paleontólogos al respecto; la tierra es un ser vivo de principio a fin. Estos científicos solo se ocupan de su parte mineral, su esqueleto; y su esqueleto es todo lo que percibimos normalmente. Esto es casi lo mismo que si entraran a este salón y, a través de un cambio especial en la visión, solo pudieran ver los huesos de las personas reunidas aquí. Imagínense que entran por la puerta y solo ven los esqueletos que están sentados en las sillas: no es que fueran nada más que huesos —eso iría demasiado lejos— pero que solo pudieran ver los huesos, como un aparato de rayos X. Eso es lo que la geología ve de la Tierra —solo su esqueleto. Pero la Tierra es más que un esqueleto: es un organismo vivo, y desde su centro envía fuerzas particulares a cada punto y región en su superficie.  Las energías que ascien­den procedentes de la Tierra son como irradiaciones de un orga­nismo vivo; y según que el hombre viva en este o aquel lugar. Su alma no está directamente influenciada por estas fuerzas, ya que su alma inmortal es en gran medida independiente de las condiciones de la Tierra, y solo puede depender de ellas mediante artes especiales como las que he descrito hoy. Pero a través del otro ser, que se apodera del hombre antes del nacimiento y tiene que dejarlo antes de la muerte, estas diversas fuerzas terrestres trabajan con especial fuerza en las variedades raciales y geográficas de la humanidad. Así es en este “doble” (Doppelgänger), que el hombre lleva dentro de sí mismo, donde las diversidades geográficas y de otro tipo ejercen una influencia especial.

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Esto es extraordinariamente importante. Mañana veremos cómo se influye en el “doble” desde varios puntos de la Tierra y cuáles son sus consecuencias. Ya he indicado que tendrán que poner en conexión lo que he dicho hoy con lo que voy a decir mañana, ya que una conferencia apenas puede entenderse sin la otra.

Tenemos que tratar de asimilar las ideas que están más seriamente relacionadas con la realidad total en la que vive el alma humana, de acuerdo con su propia naturaleza. Esta realidad atraviesa varias metamorfosis, pero la forma en que ocurren estos cambios depende en gran medida de los seres humanos. Y se produce un cambio significativo si la gente se da cuenta de cómo las almas humanas, según absorban conceptos materialistas o espirituales entre el nacimiento y la muerte, son exiliadas a la Tierra o pasan a sus esferas legítimas. Tenemos que conseguir cada vez más claridad con estos conceptos pues sólo así encontraremos la correcta relación con el mundo en su conjunto; y nos aproximaremos más y más a esa correcta relación.  Esta actitud no sólo es inherente a un movimiento espi­ritual abstracto, sino que, en nuestro caso, se integra en un movimiento espiritual muy concreto, que toma en cuenta la existencia espiritual de una suma de individualidades.

Es una gran satisfacción para mí que estos debates, que son especialmente importantes para aquellos de nuestros amigos que han cruzado ya el umbral de la muerte pero que todavía son miembros fieles de nuestro movimiento, puedan llevar a cabo como una realidad que nos une más y más profundamente con ellos. Digo esto hoy porque nos corresponde pensar con amoroso recuerdo a la Sra. Stinde. Ayer fue el aniversario de su muerte, y con un recuerdo especialmente amoroso, pensamos en alguien que esta tan íntimamente ligada a nuestro Edificio, [El primer Goetheanum, luego destruido por el fuego y reemplazado por el presente Goetheanum actual] y cuyos impulsos están tan íntimamente conectados con los suyos .

Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017.

 

GA177c14. La caída de los espíritus en la Oscuridad: En el futuro

Rudolf Steiner — Dornach, 28 de octubre de 1917

 

English version

Hemos reflexionado sobre los importantes acontecimientos que tuvieron lugar —entre las bambalinas de la historia, por así decirlo— durante el siglo XIX. La naturaleza del tema es tal que si uno no quiere llegar a ser totalmente abstracto, necesitara caracterizar muchas de las cosas que se tienen que decir en relación con el mundo espiritual, considerando que su reflejo o imagen-espejo es el mundo físico, pues los eventos que ocurren en el mundo físico en realidad están reflejando los eventos espirituales.

Antes de continuar, quiero llamar su atención sobre algo de gran importancia que está actuando detrás de todas estas cosas. Como saben, la transición entre el cuarto y el quinto período de la civilización post-atlante llegó aproximadamente en 1413, que ya está en el siglo XV. Esto ya lo he caracterizado desde muchos aspectos, pero hoy quiero añadir que en la dirección espiritual de la Tierra intervienen principalmente miembros de la jerarquía de los Arcángeles —encontrarán algunos de los detalles en el pequeño volumen titulado La guía espiritual del hombre y de la humanidad .[1]  que como ya he dicho, están principalmente involucrados.

Traten con toda la intensidad obtener una imagen de esto: los espíritus angelicales persiguieron sus tareas en los mundos espirituales. Mucho sucedió en la Tierra como resultado. La historia, la vida humana de la cuarta época post-atlante, dio sus resultados en la Tierra. Los Espíritus angélicos que pertenecen a la jerarquía de los Ángeles sirvieron a la más alta jerarquía de los Arcángeles; sin embargo,  lo hicieron de tal manera, que la relación entre los miembros de las dos jerarquías estaba tan por encima de lo terrenal, en el reino espiritual, que apenas afectaba a la vida humana.

Pero esto cambió con la llegada de la quinta época post-atlante, pues los miembros de la jerarquía de los Ángeles se hicieron más independientes en su tarea de guiar a la humanidad. De este modo la humanidad que durante la cuarta época post-Atlante estaba bajo la guía directa de los Arcángeles pasó a estar durante la quinta época —que abarca nuestra época actual, hasta el cuarto milenio— bajo la guía directa de los Ángeles. Por lo tanto, ya no se puede decir que sus relaciones carecen de conexión con el mundo físico. Y es así como se presentan los hechos a nivel espiritual.

También se puede presentar a un nivel más físico, pues todas las cosas físicas son la imagen del espíritu. Buscando la ruta indirecta mediante la cual los Arcángeles guiaron a la humanidad mediante el trabajo con los Ángeles durante la cuarta época post-Atlante, podemos decir: Esto se hizo a través de la sangre humana. Y la estructura social también se había creado a través de la sangre, pues se basaba en la relación sanguínea, en los lazos de la sangre. Tanto los Arcángeles como los Ángeles tenían su morada en la sangre, por así decirlo. En verdad, la sangre no es simplemente algo para que lo analicen los químicos; también es la morada de entidades de los mundos superiores.

Así, durante la cuarta época post-atlante, la sangre fue la morada de los Ángeles y los Arcángeles. Y con la quinta época post-atlante esto está cambiando, pues los Ángeles  —me refiero a los Ángeles de luz, los Ángeles de evolución normal— tomarán más posesión de la sangre y los Arcángeles estarán más involucrados en el sistema nervioso, por decirlo en los términos de la fisiología de la ciencia moderna. Y usando una terminología antigua también podría decir: durante la quinta época post-atlante los Arcángeles esencialmente están trabajando en el cerebro y los Ángeles en el corazón. Como pueden ver se ha producido un cambio importante que puede remontar finalmente hasta en la estructura física de los seres humanos.

Las cosas que la gente logra aquí en la Tierra están conectadas con los espíritus que trabajan en ellas. La gente tiende a imaginar —no siempre correctamente— que los Ángeles y los Arcángeles están en algún lugar de la “nube del cuco”. Si tomamos la totalidad de la vida neurológica humana por un lado y el conjunto de la vida sanguínea por otro y añadimos lo que es de ellos cuando vivimos en el mundo entre la muerte y el nuevo nacimiento, tendríamos los reinos de los Arcángeles y de los Ángeles.

El siglo XV marcó un período específico en la evolución de la Tierra y en la evolución correspondiente en el mundo espiritual. Podemos caracterizar más o menos los acontecimientos de esa época de la siguiente manera: en el siglo XV la Tierra llevó a cabo la mayor atracción de los Arcángeles regulares que estaban buscando hacer la transición desde la sangre al sistema nervioso. Retrocediendo del siglo XIV hasta el siglo XIII, XII y XI nos encontramos con que el poder de atracción de la Tierra es cada vez menor y menor; más allá de ese tiempo iría todavía a menos.

Podríamos decir que los Arcángeles fueron llevados por espíritus superiores al amor por la existencia terrenal, sobre todo durante el siglo XV. Por extraño que pueda parecerles a muchas personas hoy en día que sólo piensan en términos groseramente materialistas, no es menos cierto que los acontecimientos terrenales están conectados con tales cosas. ¿Cómo llegó a ser redescubierta América de una manera tan extraña, y cómo la gente comenzó a hacer que un mundo nuevo fuera suyo —exactamente en ese momento?. Ello fue debido a que en ese momento los Arcángeles estuvieron más atraídos por la Tierra. Por lo tanto guiaron parcialmente la sangre y en parte el sistema nervioso de tal manera que los seres humanos comenzaron a salir de sus centros de civilización para hacer suya toda la Tierra. Eventos como estos deben considerarse en relación con las actividades espirituales, de lo contrario no se pueden entender. Por supuesto, les sonara muy peculiar a las personas que piensan en toscos términos materialistas si se dice: “América fue descubierta y todo lo que leemos en la llamada historia ocurrió porque, dentro de ciertos límites, ese fue el momento en que la Tierra tuvo el mayor poder de atracción para los Arcángeles”.

 Los Arcángeles entonces comenzaron a formar a los Ángeles para que tomaran posesión de la sangre humana, en tanto que ellos hacían la transición hacia el sistema nervioso. Llego el momento a principios de la década de 1840 en que ciertos Ángeles rezagados intentaron ocupar el lugar que pertenecía a los Arcángeles en el sistema nervioso en lugar de residir y reinar en la sangre. Por lo tanto, podemos decir que en la década de 1840 tuvo lugar una batalla significativa de la manera que he descrito y, si consideramos su reflexión física más material, tuvo lugar entre la sangre y el sistema nervioso humano.

 Los Ángeles de la Oscuridad fueron arrojados del sistema nervioso y entraron en la sangre humana, y ahora como ya he descrito están causando estragos en la misma. Todas las cosas que están sucediendo aquí en la Tierra son debidas a la influencia de los Ángeles rezagados que están trabajando en la sangre. Y es debido a que están trabajando en la sangre humana el que las personas, se hayan vuelto tan inteligentes. Todo esto se ha ido desarrollando lentamente y poco a poco, por supuesto, y podemos decir que, si bien la ruptura profunda se produjo en 1841, la totalidad del siglo XIX estaba infectada con ello.

Se ha iniciado así una evolución de profundo significado. Un hecho importante del que ya he llamado la atención en estas conferencias[2] y es que, a más tardar en el séptimo milenio de la evolución de la Tierra las mujeres ya no serán fértiles y la reproducción ya no será posible.  Si las cosas estuvieran totalmente de acuerdo con los espíritus angélicos evolutivos en la sangre, la reproducción humana ni siquiera podría continuar durante ese tiempo; pues sólo continuaría hasta el sexto milenio, o el sexto período de la civilización post-Atlante; según la sabiduría de la luz el impulso para la reproducción no continuaría más allá de este tiempo en el séptimo período de la civilización de esta época postatlante. Sin embargo, se irá más allá del séptimo milenio y, posiblemente, un poco más. La razón será que estos Ángeles caídos se harán cargo de ello y darán los impulsos para la reproducción.

Esto es muy significativo. En el sexto período de la civilización post-Atlante, la fertilidad humana que por sus impulsos depende de los poderes de la luz ira finalizando paulatinamente. Los poderes de la oscuridad tendrán que intervenir para que la misma pueda prolongarse durante un tiempo. Sabemos que las semillas para el sexto período de la civilización postatlante se encuentra en el este de Europa. El Este de Europa elaborará poderosas tendencias que no permitirán que la reproducción física humana continúe más allá del sexto período de la civilización, favoreciendo en cambio que la Tierra entre en una forma de existencia anímico-espiritual. En el séptimo período de la civilización post-atlante, los  impulsos para la procreación que será guiada por los Ángeles rezagados, vendrá de América.

Tengan en cuenta la compleja naturaleza de estas cosas, que sólo pueden ser descubiertas —tengo que insistir una y otra vez— por la observación directa de los mundos espirituales.  Teorizar meramente nos llevará generalmente al error, ya que con esto se tiende a seguir un camino lineal de pensamiento que finalmente conducirá a la afirmación de que la procreación humana se extinguirá en el sexto período de la civilización postatlante. Se necesita una observación espiritual real que nos permita observar las diferentes corrientes que interactúan para producir el conjunto. Ustedes tendrán que esforzarse  mucho si quieren llegar a una mejor aproximación y sus interacciones, tales como las que he descrito.

La enorme complejidad de los seres humanos se hace evidente cuando se tiene en cuenta que ahora, en la quinta época postatlante, los Arcángeles y Ángeles están activos en ella a través de los sistemas nervioso y sanguíneo, pero que también lo están los espíritus rezagados que se les oponen. Aquí es donde se anclan las fuerzas que actúan entre sí, unas contra otras y así sucesivamente; ahí vemos lo que sucede en la realidad. En cuanto en los acontecimientos de la vida exterior, sólo se ve la onda superficial y no las fuerzas que los llevan a la superficie.

Podemos dar otro ejemplo de la forma en que los espíritus de la oscuridad, que han sido derribados en 1879, tratan de ejercer una influencia —antes de 1879 desde el mundo espiritual y desde entonces desde el reino humano—. Recordaran algo de lo que hablé en una conferencia anterior:[3]  que la humanidad en su conjunto es cada vez más joven. Si volvemos a la antigua India, nos encontramos con que la gente se mantuvo joven y capaz de un desarrollo físico hasta una edad muy avanzada; durante la época persa fue a menos, en tiempos egipcio-caldeos aún menos, hasta que en los tiempos grecolatinos las personas sólo fueron capaces de desarrollarse hasta el tramo que se extiende desde su vigésimo octavo a su trigésimo quinto año. Hoy en día es aún más joven y sólo se es susceptible de desarrollo hasta los 27 años.  Vendrá un tiempo en que esto sólo llegara hasta los 26, y así sucesivamente. Recordarán que hice referencia de alguien que está en el centro de las cosas en el momento presente y que sólo puede ser entendido realmente si nos damos cuenta de que la edad de 27 desempeña un papel especial, en la vida actual hoy  —y este es Lloyd George. Para el que siempre es muy significativo cuando la vida del alma coincide con la vida exterior del cuerpo.

El hecho de que en nuestra quinta época post-Atlante las personas sean naturalmente capaces de seguir desarrollándose sólo hasta la edad de 20 años, es importante como base para la acción concertada de los Arcángeles y los Ángeles. Los espíritus normales, los espíritus de la luz, quieren dirigir la evolución humana de una manera determinada. Esta es la siguiente: los seres humanos serán naturalmente capaces de seguir desarrollándose hasta los 20 años; los espíritus de luz quieren mantener este asunto íntimo, dejando que proceda sin más en los seres humanos; y después, de los 28 a los 35 años, el desarrollo que se ha desenvuelto silenciosamente, volverá a emerger. Por lo tanto observen bien. Algo evoluciona en la sangre humana hasta que las personas alcanzan sus 28 años en que ese algo se introduce en la auto-conciencia, algo de la sangre es entregado a la auto-conciencia. Por lo tanto, la intención de los espíritus normales, los espíritus de la luz, es que la vida interior se desarrolle en silencio, sin ambición y desinteresadamente y sólo entre en acción cuando los individuos alcancen la edad de 28 años, cuando dejen tras ellos los años de aprendizaje. Así se van haciendo jornaleros, y finalmente empresarios.

Los espíritus de la oscuridad que habían sido arrojados del mundo espiritual se rebelaron contra esto. Querían que la gente tomara un papel activo en la vida y fueran maestros en el uso de la inteligencia externa a sus veinte años, sin tener que pasar por un paulatino desarrollo interior.

Aquí tenemos un fenómeno social que se remonta a sus fundamentos espirituales. Una importante batalla tendrá lugar entre nosotros. Los espíritus de luz sólo quieren que alcancemos la madurez y estemos listos para asumir un papel activo en la vida pública después de los 28 años. Los espíritus de la oscuridad quieren adelantar el tiempo; quieren empujar a la gente hacia la vida pública en un momento anterior. Todos los impulsos de nuestra vida social que reflejan estos elementos tienen su origen en esto —podemos encontrar en cualquier lugar, la reivindicación para rebajar la mayoría de edad, hasta los 20 años o incluso antes. Eso tiene sus orígenes en estos elementos.

A la gente, hoy en día por supuesto, le resulta incómodo el saber estas cosas. Por lo que se hace evidente en qué medida los espíritus de la oscuridad están causando estragos en los asuntos públicos. Mucho de lo que se ha estado diciendo hasta ahora es conocido por instinto y por atavismo. Esto ha llegado a su fin, y sin embargo, la gente tendrá que estar preparada para obtener un conocimiento consciente de las cosas que solían ser conocidas por instinto y también inculcadas en las mentes humanas por los antiguos misterios. Los principios espirituales deben ser incluidos en la conformación de la estructura social;  tienen que ser considerados, en lugar de a las personas que quieren dar forma al mundo a ciegas sobre la base de meras emociones.  A los espíritus de la oscuridad les resulta más fácil alcanzar sus objetivos si la gente está dormida ante lo que sucede en el espíritu. Entonces pueden fácilmente obtener poder sobre lo que no podrían conseguir si la gente entrara conscientemente en los impulsos espirituales que están activos en la evolución. Gran parte de la falsedad que existe en el mundo hoy en día sirve al propósito del acunar hasta dormir a la gente, para que no vean la realidad, son desviados de la realidad para que los espíritus de la oscuridad manejen a su manera a la raza humana. Todo tipo de cosas se presentan falsamente a la gente para desviarlas de las verdades que podrían experimentar si estuvieran despiertos y que de hecho, deberían experimentar, si la evolución humana quiere proceder de una manera fructífera. Estamos en el tiempo en que los seres humanos deben tomar estos asuntos con sus propias manos.

Es de gran importancia ver ciertas cosas en su verdadera luz,  sin embargo, sólo será posible verlo si se conocen los poderes espirituales involucrados. Podemos decir que el siglo XIX trajo todo lo que puede hacer posible que las personas sean desviadas de la verdad. Basta con pensar lo que significo el darwinismo que intervino tan profundamente en la evolución humana, incluso en el nivel más popular del pensamiento, exactamente durante la fase más importante de la evolución del siglo XIX. Es extraño ver a lo que la gente llega a veces a este respecto. Por ejemplo, el famoso Fritz Mauthner en su Diccionario de Filosofía[4]  Incluye la interesante declaración de que no fue la forma en que Darwin superó a la teleología, la teoría del diseño y el propósito, lo que importaba, sino el hecho de que sí la había superado. En otras palabras, en opinión de Mauthner, fue muy fructífero que alguien presentara la evolución orgánica siguiendo su curso sin involucrar a las entidades espirituales y sus diseños y propósitos.

Ahora, para alguien que puede ver estas cosas en su propia luz, el asunto aparece de la siguiente manera. Si ve un vehículo tirado por caballos, un carruaje con un caballo al frente, el caballo está tirando de la cabina. Por supuesto, dirá que el conductor que está sentado, guía al caballo con las riendas. Pero si se ignora al conductor, le resultará interesante estudiar lo que sucede en el caballo para que conduzca el carruaje; puedes ver cada detalle de cómo el caballo se pone a conducir si se deja de lado el hecho de que es el conductor el que le da su intención.

Esta es la base real de las teorías darwinianas; uno simplemente deja de lado al conductor, diciendo que es una vieja superstición, un prejuicio, decir que el conductor está guiando al caballo. El caballo está llevando el carruaje, cualquiera puede ver que el caballo está al frente. La teoría de Darwin se basa totalmente en este tipo de lógica. Siendo por tanto sesgada, por supuesto ha sacado a la luz algunas excelentes verdades que son de primera magnitud. Pero bloquea toda posibilidad de una visión real. Innumerables hechos científicos sufren a nivel empírico el hecho de que pasan por alto al conductor. Ellos no hablan de causa y efecto; sino que consideran la causa del movimiento del carruaje en el caballo, considerando que se trata de un gran avance. Las personas no se dan cuenta de que este tipo de confusión entre el caballo y el conductor  —tales “teorías del caballo”, si me perdonan el decirlo sin rodeos— existen en la derecha, en la izquierda y en el centro de la ciencia moderna. Estas teorías no pueden resultar erróneas, al igual que no es erróneo decir que el caballo tira del carruaje. Esto es del todo correcto, pero la cuestión no es lo verdadero o falso en el sentido externo. Los pensadores materialistas siempre serán capaces de refutar a un pensador espiritualista que sabe que el conductor también está allí. Aquí se ve donde nos puede conducir el intelecto penetrante, astuto y crítico, que los espíritus de la oscuridad quieren que tengan los seres humanos. No importa el hacer las cosas bien, y mucho menos completas; lo que cuenta es que uno siga el modelo donde el caballo tira del carro. La lógica puede separarse fácilmente de la realidad y seguir su propio camino. Es posible ser completamente lógico y, al mismo tiempo, estar lejos de la realidad.

Hay otra cosa que tiene que tenerse en cuenta cuando se habla de la evolución humana. Y es que los espíritus de la oscuridad tienen poder sobre todo en la mente racional y el intelecto. No pueden controlar las emociones, ni la voluntad y, sobre todo, los impulsos de la voluntad. Esto afecta a una ley profunda y muy significativa de la realidad.  Todos ustedes, aunque en un grado diferente, han alcanzado una edad suficientemente respetable para que sea justo decir que han vivido varias décadas, o dos o tres décadas, por lo menos. En las últimas décadas hemos visto una amplia variedad de esfuerzos sociales, muchos apoyados por el periodismo de la prensa, algunos también por el periodismo de libro, pero muy pocos se basaron en el conocimiento real de los hechos. Hemos visto extrañas formas de vida política y social evolucionando en Europa y América. Sin embargo, de una extraña manera, encontramos en todo esto las ideas que pertenecen a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pero no las emociones, ni los impulsos de la voluntad.  Solo se puede descubrir si llevamos a cabo investigaciones genuinamente honestas y concienzudas en el mundo espiritual. Las personas que descendieron del mundo esparitual en la década de 1840 para encarnar en cuerpos humanos y ahora están en ese mundo otra vez saben sobre estas cosas; tienen el punto de vista del mundo espiritual y saben que en las últimas décadas los intelectos estuvieron activos, que estaban maduros para la época, mientras que los impulsos de voluntad seguían siendo los de la década de 1840. La voluntad se mueve mucho más lentamente en la evolución humana que las ideas. Por favor, tomen esto como una verdad muy importante: la voluntad se mueve mucho más lentamente que los pensamientos. Por ejemplo, los hábitos patriarcales y sólidos de las personas que no eran rebeldes o revolucionarias en la década de 1830 y 1840, sino que estaban más inclinadas a seguir la tendencia general, continuaron viviendo en las décadas de las que ahora estoy hablando. Sin embargo, sus pensamientos avanzaron y hay continuas discrepancias entre la vida del pensamiento y la vida de la voluntad, discrepancias que no se manifiestan en todas, sino en algunas esferas de la vida.

 Es totalmente debido a esto que se hizo posible en el siglo XIX algo que no habría sido posible en ningún siglo anterior. Los historiadores superficiales pueden estar en desacuerdo, pero es inútil ir en contra. Lo que quiero decir es esto: nunca antes en las épocas históricas de la evolución humana el intelecto, o perspicacia, intervinieron positivamente en la vida. Volvamos a las rebeliones de esclavos en la antigua Roma; Los esclavos fueron esencialmente despertados por el rencor, por los impulsos de la voluntad. En el siglo XIX y en el siglo XX esto es diferente. La socialdemocracia moderna no se compara históricamente con las viejas rebeliones de esclavos; Es algo completamente diferente, nacido de teorías producidas por Lassalle[5], pero principalmente por Karl Marx[6], incluyendo su teoría de la lucha de clases. Un elemento puramente crítico, puramente teórico, basado en ideas, puso a la gente en marcha y los convirtió en agitadores. Esto se debió a que las personas que tomaron el marxismo y se convirtieron en agitadores todavía tenían los impulsos de voluntad de la década de 1840. No fueron capaces de ponerse al día en cuanto a la voluntad se refiere. Esta discrepancia en la voluntad tuvo el efecto de que, bajo la guía de ciertos poderes, un movimiento puramente intelectual generó agitación entre las masas.

Esto es algo que no existía antes; muestra, incluso más de lo que dije ayer, que en el siglo diecinueve, en parte durante el tiempo cuando los Espíritus de la oscuridad todavía estaban arriba, y luego, después de haber descendido, buscaron sobre todo alentar el intelecto físico trabajando a través de una corriente particular. Allí los vemos trabajando, apoderándose de las emociones, incluso, en las décadas de 1830 y 1840, y por una vez actuando no como intelecto puro, sino para convencer a la gente. Ustedes pueden ver el efecto directo del intelecto en agitación, en la revolución, en los anhelos revolucionarios. Nunca antes el intelecto había llevado el timón hasta ese punto. Es importante considerar esto. Debemos penetrar el tiempo con la comprensión descubriendo lo que sucede tras las bambalinas en la “historia del mundo”.

Pregúntenle a cualquiera que no tenga mucho interés en estos asuntos, cuan antigua es la historia, y por cuánto tiempo la humanidad ha estado involucrada en la disciplina conocida como “historia” hoy en día. Dirán que tiene un largo camino. Pero la “historia”, tal como la conocemos hoy, no tiene más de cien años.  Antes de eso, los eventos memorables y las “historias” se registraron como “historia mundial”, como se le llamaba, donde se sigue un hilo a través de la evolución humana,  es solo hace poco más de cien años. Miren los relatos o las historias que precedieron a esto. ¿Por qué surgió la historia moderna? Porque es un producto de la transición. ¿Hay alguna razón especial por la que la historia, en la forma en que se maneja hoy, debe considerarse como una ciencia? Bueno, podemos dar una serie de razones, la principal es que varios cientos de profesores están empleados como profesores de historia en todas las universidades de la Tierra. Esto me recuerda a una persona que enseñaba derecho penal y que siempre me viene a la mente cada vez que hablamos de los motivos de los acontecimientos.  Este individuo que enseñaba derecho penal en una universidad siempre comenzaba sus conferencias con lo que él consideraba una prueba de libertad humana. Bien, él no produjo mucho por razones reales: “Caballeros, la libertad tiene que existir, porque si no hubiera libertad no habría ley penal. El hecho es que soy profesor de derecho penal; por lo tanto, si el derecho penal existe; se deduce que la libertad humana también existe”.

Siempre que escuchen opiniones expresadas sobre lo que se dice que son desarrollos en el curso de la evolución humana, escucharán las bellas palabras: “La historia ha demostrado”. Miren las cosas que están siendo escritas sobre los acontecimientos actuales. Una y otra vez se verá la frase “la historia ha demostrado esto”, cuando alguien quiere presentar sus tonterías sobre lo que sucederá una vez que se firme la paz. Ellos dirán: ‘Fue así después de la Guerra de los Treinta Años’, y así sucesivamente.

Estas verdades son del tipo de las que he hablado antes cuando dije que, según los cálculos de la gente, una guerra no puede tomar más de cuatro meses en la actualidad. En realidad, la historia no nos enseña nada. En el pensamiento científico materialista sólo pueden usarse por ejemplo si se han repetido instancias que le permitan a uno sacar conclusiones acerca de la evolución futura. Cuando un químico hace un experimento, él sabe que si combina ciertas sustancias se producen ciertos procesos; la combinación de las mismas sustancias dará lugar otra vez a los mismos procesos, y la tercera vez ocurrirá de nuevo lo mismo. Si uno consigue una cierta combinación de nubes que generan un rayo; una combinación similar volverá a generar un rayo. El pensamiento moderno se basa en premisas según las cuales una ciencia no puede ser una ciencia si se apoya en este tipo de repetición. No piensan en esto. La historia no puede ser una ciencia para las personas que toman el punto de vista materialista, puesto que la historia no se repite, las combinaciones son siempre nuevas. Por lo tanto, no es posible sacar conclusiones mediante el método empleado en otras ciencias. La historia no es más que un producto de transición. Sólo se convirtió en una ciencia en el siglo XIX. Antes de eso, solo hacía referencia a acontecimientos memorables. Como pueden ver, la escritura de la historia familiar no se considera tampoco “historia”. Incluso la palabra alemana para la historia, Geschichte, está lejos de ser antigua. Otros idiomas ni siquiera tienen esta palabra, porque la palabra “historia” tiene un origen muy diferente. En el pasado, el singular era das Geschicht (la historia), como en el das Geschicht der Apostel, y así sucesivamente, “lo que ha llegado a pasar[7].  Entonces el plural de matriz Geschichten llegó a ser usado, que es el plural directo de das Geschicht. Hoy tenemos que decir die Geschichte. Sin embargo, en Suiza die Geschichten seguía siendo el plural de das Geschicht hace 150 años. A continuación, el artículo fue modificado y uno proclamo die Geschichte —singular— lo que había sido el plural cuando la palabra tenía el artículo das. Este es el origen de la palabra; se puede leer en los trabajos sobre la etimología.

El término “historia” solamente tendrá un significado real cuando se tengan en cuenta los impulsos espirituales. No podemos hablar de lo que realmente ha llegado a pasar y, dentro de ciertos límites, de lo que sucede detrás de las bambalinas. Los límites se establecen en la medida en que lo comparamos con lo que se puede predecir para aplicar en el mundo físico, en el futuro —por ejemplo la posición del sol, en el verano que viene, y así sucesivamente—, pero no todos los detalles de las condiciones meteorológicas. El mundo del espíritu también tiene elementos que son como el clima del futuro en relación con la futura posición del sol. En términos generales, sin embargo, el curso de la evolución humana sólo puede ser conocido sobre la base de sus impulsos espirituales. La historia es, por lo tanto embrionaria y no lo que se supone que es; finalmente solo será algo cuando haga la transición de sus 100 años de existencia en la consideración de la vida espiritual que está detrás del escenario de lo que ocurre a nivel superficial en la Humanidad.

Significa que la gente realmente debe despertarse en muchos aspectos. Simplemente necesitamos retomar un tema que no carece de significado para la actualidad, como el tema que acabo de exponer: ¿Qué edad tiene la historia? Mucha gente, —y esto no es para culpar a las personas sino simplemente al sistema educativo utilizado en las escuelas—, nunca tuvo la menor idea de que la historia todavía es muy joven y aún no puede estar de acuerdo con la realidad. ¡Imagina cómo sería si las ciencias naturales tuvieran solo 100 años y quisieras compararlo con etapas anteriores de la ciencia natural! Estas cosas solo se mueven gradualmente de ser algo simplemente aprendido, para convertirse en la vida real. Solo cuando se considera esto seriamente y estos problemas se conviertan en problemas en la educación las personas llegarán a comprender la realidad de la vida.

Por un lado las personas deben ser introducidas en la vida de la naturaleza cuando aún son jóvenes, como se puede ver en algunos –digo algunos– de los relatos en la obra de Brehm,[8]  donde es realmente posible conquistar una percepción viviente de las cosas que suceden a través de las criaturas en el reino animal. Debe hacerse una distinción sobre todo entre algo basado en la realidad y los cuentos alegóricos,  simbólicos,  contados  por  personas  cuyo  enfoque  de  la  naturaleza  es  enteramente superficial. Estos simplemente se interpondrían entre los niños y su comprensión de la realidad. El punto es que no debemos decirles nada simbólico y alegórico, sino presentarles la vida real de la historia natural. Podríamos considerar la vida de las abejas, no de la manera en que lo hacen los zoólogos, sino más bien en el camino de alguien que entra en las cosas con corazón y alma, sin ser sentimental al respecto. El libro de Maeterlinck sobre las abejas[9], por supuesto, es muy bueno, pero no es adecuado para los niños; pero podría inducir a alguien a escribir un libro infantil sobre abejas, o quizá sobre hormigas. Ustedes tendrían que evitar todo tipo de alegorías, ni hablar de entidades espirituales abstractas; tendrían simplemente que referirse hacia la realidad concreta. Por otro lado, la “historia”, que es absurda y dañina para los niños tal como se escribe ahora, debería manejarse de tal manera que uno siempre pueda sentir lo espiritual que actúa en ella. Por supuesto, no se puede decir a los niños, ni siquiera a los niños y niñas de la escuela primaria, qué ocurrió en el siglo XIX; pueden expresar la situación real a través de la forma en que se cuenta la historia, en la forma en que los eventos se agrupan y por el valor otorgado a un elemento u otro.

Las historias inventadas para el siglo XIX  ciertamente no son lo que se necesita para darles a las personas de años más maduros una idea de lo que realmente sucedió. Deberíamos mostrar cómo se estaba preparando algo durante la primera, segunda, tercera y cuarta década de ese siglo, que realmente cobró vida en los años cuarenta. Todo lo que tenemos que hacer es describir las cosas de tal manera que el individuo en cuestión tenga un sentimiento de los acontecimientos en Europa y América durante la década de 1840: este algo especial es “revolcarse y agitarse” allí, si me pueden perdonar la expresión[10]. Luego nuevamente, cuando uno llega a los 1870 ́s, no deberíamos decir que fue el tiempo en que los Ángeles fueron arrojados desde los cielos, sino que podemos hablar en una forma en que las  personas  vean,  y  sientan,  que  un  cambio  mayor  sucedió  en  ese  punto  en  el  siglo  XIX.  La Antroposofía puede también enriquecer la historia temprana. La tontería presentada como historia Griega  y Romana en  las  escuelas  hoy  podría  realmente  revivir  si  los  impulsos  antroposóficos  que hemos llegado a conocer son llevados hasta ella. Sin necesidad de usar exactamente estos términos e ideas, sino contar la historia en tal forma que emerge en el relato. Las personas han recorrido un largo camino alejándose de esto, y deben volver a estar cerca una vez más.

Este es el único camino en el que las personas pueden obtener un sentido de la realidad. Carecen de este sentido hoy incluso en relación a los aspectos más primitivos de la vida que les rodea y los eventos  en  los  que participan. La gente piensa que son realistas y materialistas hoy en día cuando, de hecho, son los teóricos más abstractos que se puedan imaginar, llenos de teorías, dormidos en nada más que teorías y ni siquiera son conscientes de ello. Si uno de ellos se despertara –no es una cuestión de azar, pero si usamos la forma popular de decirlo, podríamos decir:  si  uno  de  ellos  por  azar  despertara  y  dijera  algo,  sería simplemente ignorado. Es la forma en que las cosas funcionan hoy.

Sin  duda  habrán  oído  a  ciertas  personas  una  y  otra  vez  proclamar  al  mundo  que  la democracia  debe esparcirse  por  toda  la  civilización  mundial.  La  salvación  yace  en  hacer  a  toda  la humanidad democrática; todo tendrá que ser destrozado en pedazos para que la democracia pueda esparcirse en el mundo. Bien, si las personas continúan aceptando estas ideas que se les presentan, con una aceptación masiva del término “democracia”, por ejemplo, su idea de la democracia será como la definición del ser humano que les he dado: un ser humano es una criatura con  dos  piernas  y  sin  plumas:  un  gallo  desplumado.  Las  personas  que  están  glorificando  la democracia  hoy  saben  tanto  acerca  de  ella  como  alguien  a  quien  se  le  muestra  un  joven  gallo desplumado puede saber acerca del ser humano. Los conceptos se toman como realidad y, como resultado, la ilusión puede tomar el lugar de la realidad en lo que concierne a la vida humana arrullando a las personas para que duerman con conceptos. Creen que los frutos de sus esfuerzos serán que cada individuo podrá expresar su voluntad en las diferentes instituciones democráticas, y no se dan cuenta de que estas instituciones son tales que siempre son solo unas pocas las personas que tiran de los cables, mientras que el resto es arrastrado. Sin embargo, están persuadidos de que son parte de la democracia y, por lo tanto, no se dan cuenta de que están siendo arrastrados y de que algunos individuos están presionando. A esas personas les resultará mucho más fácil tirar si el resto cree que lo están haciendo por ellos mismos, en lugar de arrastrarlos. Es bastante fácil arrullar a las personas para que duerman con conceptos abstractos y hacerles creer lo contrario de lo que es realmente cierto. Esto le da a los poderes de la oscuridad la mejor oportunidad de hacer lo que quieren.

Y si alguien puede despertar simplemente se le ignora.

Es interesante observar que en 1910 alguien escribió que el capitalismo a gran escala había logrado convertir a la democracia en la herramienta más maravillosa, flexible y efectiva para explotar a toda la población. Los financieros solían ser los enemigos de la democracia, escribió el individuo en cuestión, pero este fue un error fundamental. Por el contrario, dirigen la democracia y la fomentan, ya que proporciona una pantalla detrás de la cual pueden ocultar su método de explotación, y consideran que es su mejor defensa contra cualquier objeción que la población pueda plantear.

Por una vez, por lo tanto, un hombre se despertó y vio que lo que importaba no era proclamar la democracia, sino ver la realidad completa, no seguir lemas, sino ver las cosas como son. Esto sería particularmente importante hoy, porque la gente se daría cuenta de que los eventos que gobiernan con tanta sangre y terror sobre toda la humanidad son guiados y dirigidos desde unos pocos centros. La gente nunca se dará cuenta de esto si persisten en el engaño de que una nación está luchando contra la nación, y permite a la prensa europea y estadounidense sosegarles para que duerman sobre el tipo de relaciones que se dice que existen entre las naciones. Todo lo dicho sobre el antagonismo y la oposición entre las naciones solo existe para arrojar un velo sobre las verdaderas razones. Porque nunca llegaremos a la verdad real si nos alimentamos de palabras para explicar estos eventos, sino si señalamos personas reales. El problema es que esto tiende a ser desagradable hoy. Y el hombre que se despertó y escribió estas declaraciones en 1910 también presentó algunos asuntos muy desagradables en su libro. Él produjo una lista de cincuenta y cinco individuos que consideraba los verdaderos gobernantes y explotadores de Francia. La lista se puede encontrar en “La democratie et les financiers” de Francis Delaisi[11], escrito en 1910; el mismo hombre también escribió “La Guerre qui vient”, un libro que se ha hecho famoso. En su “La Democratie et les Financiers” encontrarán declaraciones de importancia fundamental. Ahí tienen a alguien que se ha despertado a la realidad. El libro contiene impulsos que le permiten a uno ver a través de mucho de lo que deberíamos ver hoy, y también atravesar gran parte de la niebla hecha para lavar los cerebros humanos en la actualidad.Aquí nuevamente, debemos resolver mirar a la realidad.

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El libro, por supuesto, ha sido ignorado. Sin embargo, plantea cuestiones que deberían plantearse hoy en todo el mundo, ya que enseñarían a la gente mucho sobre la realidad que otros intentan enterrar bajo todas sus declaraciones sobre democracia y autocracia y cualquiera que sean los lemas. El libro también da una exposición excelente sobre la extremadamente difícil posición en la que se encuentran los miembros del parlamento. Las personas creen que ellos pueden votar de acuerdo a sus convicciones. Pero ustedes tendrían que  conocer todos los diferentes hilos que los atan a la realidad si quisiera saber por qué ellos votan por una cosa y luego por otra. Ciertos problemas realmente deben plantearse. Delaisi lo hace. Así, por ejemplo, él toma a un miembro del parlamento y hace la pregunta: ¿De qué lado debería apoyar al pobre? ¡La gente le paga tres mil francos al año y los accionistas le pagan treinta mil francos!. Plantear la pregunta es responderla. Entonces el estimado hombre pobre recibe su asignación de tres mil francos del pueblo, ¡y treinta mil francos de los accionistas!. Creo que estarán de acuerdo en que es una buena prueba, un signo de perspicacia real, decir: Qué bueno que un socialista, un hombre del pueblo como Millerand[12] ha ganado un asiento en el parlamento! La pregunta de Delaisi va en otra dirección. Pregunta: ¿Hasta qué punto alguien como Millerand, que ganaba treinta mil francos al año por representar a las compañías de seguros, es independiente?. Entonces, por una vez, alguien se ha despertado.  Él es muy consciente de los hilos que van desde las acciones de un individuo así hasta las diferentes compañías de seguros. Pero tales cosas, informadas por alguien que está despierto y ve la verdad, son ignoradas. Por supuesto, es demasiado fácil hablar de democracia en el mundo occidental. Sin embargo, si quisieran decirle a la gente la verdad, deberían decir: ‘El hombre llamado así y así está haciendo esto,  y el llamado así y así está haciendo esto otro’. Delaisi ha encontrado cincuenta y cinco hombres –no es una democracia sino cincuenta y cinco individuos específicos–  quien, dice, gobiernan y explotan Francia. Allí, alguien ha descubierto los hechos reales, ya que en la vida ordinaria también debe despertarse un sentimiento por los hechos reales.

Aquí hay algo más de Delaisi: Hubo una vez un abogado que tenía todo tipo de conexiones, no solo compañías de seguros, sino centros de finanzas, mundos financieros. Pero este abogado quería apuntar aún más alto; quería el patrocinio no solo del mundo de las finanzas, la industria y el comercio, sino también del mundo académico de la Academia Francesa. Este es un lugar donde el mundo académico puede elevarle a uno a la esfera de la inmortalidad. Sin embargo, había dos “Inmortales” dentro de la Academia que estaban involucrados en negocios de comisiones ilegales. Encontraron que era perfectamente posible combinar su trabajo para la inmortalidad con relaciones de confianza que la ley del país no permitía. Entonces, nuestro agudo abogado defendió a los dos Inmortales en la corte y logró limpiarlos para que no pasaran por ninguna condena. Entonces lo admitieron en las filas de los “Inmortales”. La ciencia, responsable no de las cosas temporales del mundo, sino de las cosas eternas e inmortales, se convirtió en defensora de este desinteresado abogado. Su nombre es Raymond Poincar[13]. Delaisi  cuenta  esta  historia  en  su “La Democratie et les Financiers”.

No es malo saber estas cosas, que son ingredientes de la realidad. Deben ser consideradas seriamente. Y uno se guía a desarrollar una especie de olfato para la realidad cuando toma la antroposofía, mientras que la educación materialista que la gente tiene hoy, con innumerables canales que se abren desde la Prensa, está diseñada para apuntar no a las realidades sino a algo que está oculto en todo tipo de lemas. Y si alguien se despierta, como lo hizo Delaisi, y escribe sobre cómo son realmente las cosas, ¿cuántas personas se enteran? ¿Cuántas personas escucharán? No pueden escuchar, ya que está enterrado por –bueno, por una vida que nuevamente está gobernada por la prensa. Delaisi se muestra a sí mismo como una persona brillante, alguien que se ha tomado muchas molestias para obtener una visión real. No es un seguidor ciego del parlamentarismo ni de la democracia. Él predice que las cosas que la gente piensa hoy que son tan inteligentes llegarán a su fin. Lo dice expresamente, también con referencia a la ‘máquina de votar’ — que  es  aproximadamente  como  él  lo  expone. Es completamente científico y serio en su discurso sobre esta máquina de votación parlamentaria, porque comprende todo el sistema que conduce a estas “máquinas de votación”, donde se hace creer a las personas que una mayoría convencida está votando en contra de una minoría mentalmente trastornada. Él sabe que algo más tendrá que tomar el lugar de esto si tiene que haber un desarrollo saludable.

Esto aún no es posible, porque la gente se sentiría profundamente conmocionada si les pidieras que ocuparan su lugar. Solo las personas iniciadas en la ciencia espiritual realmente pueden saber esto hoy. Las formas que pertenecen al pasado definitivamente ya no tomarán su lugar. No debe temer que alguien que hable por antroposofía promueva algún tipo de ideas reaccionarias o conservadoras; no, estas no serán cosas del pasado, pero serán tan diferentes de la ‘máquina de votar’ que existe hoy que la gente se sorprenderá y la considerará una locura. Sin embargo, entrará en los impulsos de la evolución en el tiempo. Delaisi también dice: en el desarrollo orgánico, ciertas partes pierden su función original y se vuelven inútiles, pero aún persisten durante un tiempo; de la misma manera, estos parlamentos continuarán votando por bastante tiempo, pero toda la vida real se habrá apartado de ellos. Ya saben que los seres humanos tienen partes del cuerpo que son así. Algunas personas pueden mover sus orejas porque los músculos para hacerlo existieron en el pasado. Todavía tenemos esos músculos, pero se han vuelto atávicos y han perdido su función.   Así es como Delaisi ve el parlamento del futuro; los parlamentos serán remanentes atávicos que han muerto y caerán, y algo completamente diferente entrará en la evolución humana.

He citado a Delaisi y su libro que apareció no hace mucho tiempo, en 1910, para mostrarles que realmente hay suficientes personas, ya que uno de estos individuos será suficiente para muchos miles. Sin embargo, es importante no ignorar a estas personas. Además de mis esfuerzos por presentarles las leyes de la vida espiritual y los impulsos de la vida espiritual, también considero que es mi función llamar la atención sobre elementos significativos en la vida actual.  Significa, por supuesto, que inicialmente escuchará aspectos importantes en estas conferencias que no se consideran significativos en la vida exterior, si los encuentra mencionados. Las cosas que hacemos deben ser radical y completamente diferentes de las que se hacen afuera.  Y solo podemos seguir verdaderamente la ciencia del Espíritu de la manera que debería seguirse si aceptamos esto en toda su profundidad y seriedad.

Traducido por Gracia Muñoz en noviembre de 2017.

[1] Rudolf Steiner. La guía espiritual del hombre y de la Humanidad. (GA15).

[2] Ver conferencia 5. http://wn.rsarchive.org/GA/GA0177/19171007p01.html

[3] Ver conferencia 2

[4] Fritz Mauthner (1849-1923), Woerterbuch der Philosophie, neue Beitraege zu einer Kritik der Sprache (traducido como ‘Diccionario de Filosofía, Nuevas contribuciones a una crítica del lenguaje’), 2 vols, 1910/11. La declaración relacionada con Darwin se encuentra en una sección sobre historia. Dice lo siguiente: “No es la forma en que Darwin aniquiló la teleología lo que permanecerá para siempre; lo que no se olvidará es el hecho de que buscó comprender el mundo de la naturaleza sin recurrir a ella”.

[5] Ferdinand Lassalle (1825-1864), socialdemócrata alemán.

[6] Karl Marx (1818-1883), fundador del comunismo internacional moderno.

[7] Das Geschicht, o die Geschichte, deriva del participio pasado del verbo geschehen, que ha sucedido; die Geschichte hoy en día se traduce al inglés como ‘historia’, o ‘historia’, ‘cuenta’, según el contexto. (Traductor)

[8] Ver la Nota 2 de la conferencia 11.

[9] Conde Maurice Maeterlinck (1862-1949), dramaturgo y escritor belga. Premio Nobel de Literatura de 1911. Su libro La vie des abeilles (1901) ha sido traducido al inglés. Maeterlinck también escribió La vie des termites (1926) y La vie des fourmis (1930).

[10] Véase la conferencia del 24 de septiembre de 1916 Los Impulsos interiores de la evolución (GA 171c5)

[11] Francis Delaisi (nacido en 1873), científico social y escritor francés.

[12] Alexandre Millerand (1859-1943), el primer socialista en ocupar la posición ministerial en un gobierno francés. Ministro de Comercio 1899-1902, de Obras 1909-1910, de la Guerra 1912-1913.

[13] Raymond Nicholas Poincar (1860-1934), presidente de la República Francesa 1913-1920; sus políticas fueron extremadamente anti-alemanas.

GA207c6. Cosmosofía – Volumen I

Rudolf Steiner — Dornach, 7 de octubre de 1921

English version

Hemos visto cómo el estudio de las condiciones del alma humana nos lleva a “los espacios del entre”, por así decirlo, entre el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y yo; el estudio de las condiciones espirituales en el ser humano, sin embargo, nos lleva más allá del fenómeno del ser humano tal como está aquí en su vida entre el nacimiento y la muerte en el vasto universo espiritual. Se podría decir que, en la medida en que el ser humano es espíritu, se encuentra absolutamente en relación con todo el universo espiritual. Por lo tanto, es solo en esta conexión con todo el universo que podemos estudiar lo que ocurre en el ser humano como eventos espirituales. El elemento del alma es, por así decirlo, la vida interior íntima del hombre, tomando su curso en una forma triple de tal manera que el aspecto pensante se sitúa entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico, el aspecto de sentimiento entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral, y el aspecto de querer entre el cuerpo astral y el yo. Por lo tanto, permanecemos en nuestro estudio del elemento del alma completamente dentro del ser humano. Tan pronto como nos acercamos a los eventos espirituales reales, sin embargo, debemos dejar al ser humano como generalmente nos confronta como un ser autónomo en el mundo entre el nacimiento y la muerte.

Ahora sabemos, y hace ocho días estuvimos hablando de esto desde otro punto de vista, que cuando ascendemos por primera vez a lo espiritual, llegamos a seres que están dispuestos por encima del ser humano de la misma manera que el ser humano tiene su lugar sobre el animal, las plantas y los minerales. A medida que ascendemos, por lo tanto, tenemos —los nombres no agregan nada al asunto— los seres angeloi o angelicales, los archangeloi o los seres arcangelicales, y los seres Arcai o principios, los espíritus del tiempo. Ya hemos caracterizado desde varios puntos de vista a estos seres que constituyen el ámbito que encontramos cuando percibimos la posición de los seres humanos con respecto a lo espiritual. Los seres que designamos como angeloi o ángeles son aquellos que tienen la relación más estrecha con el individuo, con el ser humano individual. El ser humano en particular tiene una relación con la jerarquía inmediatamente superior a él, de modo que él, en cierto modo, esto no se expresa exactamente, —pero puede decirse de la manera en que se lo expresa comúnmente—, desarrolla una cierta relación con un ser angelical.

Aquellos que luego componen la segunda jerarquía sobre él son los Arcángeles. Podemos decir de ellos que entre sus funciones está la que trabaja como Espíritu del Pueblo, la que, por lo tanto, abarca grupos de personas que se unen como pueblo, aunque aquí existen todas las gradaciones posibles.

Cuando finalmente ascendemos más alto, hacia los Arcai, tenemos los seres que guían a través de ciertas épocas del tiempo, más allá de las diferenciaciones entre los pueblos. Estas no son ciertamente las únicas funciones, digamos, de estos Seres, pero para empezar, recibimos ciertas concepciones si nos atenemos a estas funciones particulares que desempeñan.

Del mismo modo que podemos hacer que la vida física del hombre en la Tierra sea comprensible al preguntarnos qué tipo de relación tiene el ser humano con la organización animal, con la organización vegetal y con la organización mineral, también debemos preguntarnos, para aprender qué es el hombre como ser espiritual, qué tipo de relación tiene con estos seres espirituales de los mundos ascendentes.

Para esto debemos proceder de la siguiente manera. Imaginemos desde cierto punto de vista la forma en que el ser humano atraviesa el portal de la muerte. Sabemos que en este periodo de evolución terrenal que abarca muchos años vivimos como seres humanos de tal manera que están presentes en la conciencia ordinaria las leyes subyacentes al reino mineral. Desde el nacimiento hasta la muerte, el hombre se llena, podríamos decir, con todo lo que hace que el reino mineral en cierto sentido sea comprensible, y tiene la sensación de que con los conceptos e ideas a su disposición puede comprender el reino mineral.

No es lo mismo cuando se trata del reino vegetal. Ustedes saben que la ciencia no llega al ámbito de las plantas; en el mejor de los casos, mantiene el ideal de que la complicada combinación de las células vegetales, de las células vivas en general, algún día será explicable en su estructura. Como ya les he explicado, esto está comenzando completamente en el extremo equivocado, porque la estructura de la planta, o de las células vivas en general, no se distingue por ser una estructura particularmente complicada, sino por una estructura química que pasa al caos. El hombre, sin embargo, no va más allá de los conceptos del reino mineral. Con sus conceptos minerales, llega aún menos —si me atrevo a decirlo— a lo que concierne al reino animal o incluso al autoconocimiento. Todo esto debe ser dado por investigaciones científico-espirituales. El ser humano adopta así una conciencia llamémosla, mineral, es decir, una conciencia adaptada al reino mineral. El ser humano lleva el resultado de esta conciencia, el entrelazamiento que tiene lugar entre el nacimiento y la muerte, con él a través de la muerte. Cuando, por lo tanto, atraviesa el portal de la muerte y vive en el reino espiritual mismo puede viajar a través de su existencia posterior, con lo que le vivió en esta conciencia.

Sin embargo, hay esencialmente algo más que empuja a esta conciencia. Lo que penetra en esta conciencia mineral, a pesar de no pertenecerle, lo que la colorea, es la conciencia moral. Esto es lo que surge de todos los procesos de conciencia conectados a nuestros impulsos de voluntad, a nuestra conducta. Lo que sentimos como satisfacción sobre esto o aquello, lo que sentimos como remordimiento, como reproche y similares, todo esto da color, por así decirlo, a nuestra conciencia mineral y es algo que el ser humano lleva consigo a través del portal de la muerte. Por lo tanto, se puede decir que el ser humano atraviesa el portal de la muerte con una conciencia mineral coloreada por la experiencia moral; con lo que sucedió con esta conciencia, él vive más allá en el ámbito espiritual.

También podemos decir que en la vida entre el nacimiento y la muerte, el hombre está más cerca del Ángel cuando vive en la condición de la cual surgen los sueños, que ciertamente también tienen algo que ver con su ser individual, y que, por un lado, rechaza y, por el otro, se aferra a este ser de pensamiento mineral. El hombre sería incapaz de encontrar incluso la relación subconsciente con la jerarquía de los ángeles, sin esta conciencia mineral coloreada por las condiciones que en cierto sentido duermen, pero que alcanzan la condición de sueño y viven su vida en el mundo de los sueños. El sueño en sí, aunque en sus líneas generales no se adhiere a la realidad sensorial exterior y con frecuencia niega estar en contacto con ella, sin embargo está tejido de la misma sustancia que el mundo de pensamientos entre el nacimiento y la muerte. Al atravesar el portal de la muerte, por lo tanto, para mantener la relación con su ser angelical, el ser humano lleva consigo lo que ha desarrollado en sí mismo dentro de su conciencia mineral.

Ahora, el hombre, en la forma en que vive hoy en la época presente de la humanidad —especialmente entre los que se consideran los más iluminados— penetra poco con su experiencia moral en lo que posee como conciencia mineral. Por el contrario, hace todos los esfuerzos posibles para mantener esta conciencia mineral completamente separada de la esfera moral. Le gustaría al menos establecer estos dos mundos; por un lado, le gustaría estudiar lo que finalmente puede ser comprendido en el reino de la naturaleza mineral, y la naturaleza mineral en los reinos vegetal, animal y humano, y luego le gustaría estudiar el elemento moral como algo que surge de su ser interior. No está en armonía con el Espíritu de la Época pensar que lo que vive en la naturaleza no está al mismo tiempo impregnado de impulsos morales. Allí se abre un abismo entre lo moral y lo mineral. El ser humano no encuentra fácilmente el puente para incorporar lo moral en la naturaleza mineral. A menudo he llamado la atención sobre cómo el hombre imagina la evolución de la Tierra como un asunto puramente mineral, desde el contenido de la teoría Kant-Laplace hasta la naturaleza mineral del pensamiento moderno, y cómo el hombre elimina todo el recorrido del sentimiento moral. De este modo, se llega a la conclusión de que el ser humano solo es capaz de desarrollar una relación extremadamente pequeña con su Ángel; en nuestra época actual, no puede unirse íntimamente con su ser angelical, (por usar una expresión ordinaria).

Si la conciencia mineral estuviera completamente separada de la coloración moral, entonces, en lo que yo llamo la Hora de la Medianoche de la Existencia, el hombre correría el peligro de perder por completo la conexión necesaria con su ser angelical. Digo que enfrentaría el peligro. Hoy en día, solo un pequeño número de personas se enfrenta a este peligro, pero si no se produce una profundización espiritual de toda la evolución de la humanidad en la Tierra, una profundización del pensamiento humano, del sentimiento humano y de la voluntad humana, entonces lo que vive como peligro puede hacerse realidad.  Entonces habría innumerables seres humanos que, al acercarse a la Hora de la Medianoche de la Existencia entre la muerte y un nuevo nacimiento, tendrían que romper la relación con su  ángeles. Es cierto que el ser del ángel siempre mantendría la relación por su parte, pero permanecería unilateral, desde su lado hasta el ser humano. El ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento no podría corresponder adecuadamente. Debemos tener perfectamente claro que en nuestra civilización moderna, apresurándose como lo está hacia el materialismo, el ser humano daña su relación con su Ángel, de modo que esta relación se vuelve cada vez más imprecisa.

Sin embargo, justo cuando el ser humano se acerca a la Hora de la Medianoche de la Existencia, debe entrar en relación con los Arcángeles a través de su Ángel. Esta relación debería ser de tal naturaleza —como bien puede ser cuando el hombre está viviendo en el mundo espiritual— que no solo proviene del lado del ángel que es para la humanidad sino que puede ser correspondido por el ser humano, entonces el hombre debe absorber un contenido espiritual, lo que significa que debe colorear sus impulsos morales religiosamente.

Si la tendencia actual de la evolución persiste, el ser humano de hoy enfrenta el peligro de que su conexión con el Ángel se vuelva tan leve que no pueda formar ninguna relación interna con el Arcángel. El Arcángel, sin embargo, participa en devolver al hombre a la vida física. Este ser arcangélico está particularmente involucrado en la construcción de las fuerzas que devuelven al hombre a la comunidad de cierto pueblo.

Cuando los seres humanos viven interiormente sin espíritu —como ha sido el caso durante siglos— la relación del Arcángel con los seres humanos se desarrolla unilateralmente, y entonces el hombre no crece anímicamente con su pueblo, sino que se inscribe desde el exterior, por así decirlo, por medio del orden estatal, en el pueblo que el Arcángel está asignado a guiar. No se llega a una comprensión de nuestra época actual, que puede caracterizarse por la forma unilateral en que se desarrollan los pueblos, hasta que uno se da cuenta de que esto puede ser atribuido a las almas que han llegado recientemente a la existencia terrenal teniendo una floja relación con su angel y por el hecho de que no tiene una relación interior con el ser arcangélico   —creciendo en su pueblo solo desde fuera (NT. documentación).

La gente permanece así en ellos como un impulso desde el exterior, y es solo a través de estos impulsos externos que los seres humanos toman su lugar dentro de un pueblo, a través de todo tipo de impulsos que se inclinan hacia el chovinismo. El que está anímicamente dentro de su pueblo —y este es el caso con muy pocas personas hoy en día— será incapaz de desarrollarse en la dirección del chovinismo, del nacionalismo unilateral; él toma las fuerzas fructíferas de su pueblo y las desarrolla, las individualiza. Él no va a jactarse de su pueblo de una manera unilateral. Dejará que su pueblo fluya en su ser como el color, por así decirlo, que fluya en sus manifestaciones humanas, pero no lo exhibirá exteriormente y particularmente no con una actitud exteriormente hostil hacia los demás.

El hecho de que hoy es exactamente esto lo que proporciona la nota clave para la política mundial —que todas las relaciones construidas sobre los pueblos crean hoy tales dificultades para la evolución humana— todo esto depende completamente de lo que he estado indicando. Si el vínculo que comienza en la Hora de la Medianoche de la Existencia —antes y después de esto, durante largos períodos— no puede ser animado por la toma de la interioridad religiosa apropiada a través del portal de la muerte —un sentimiento religioso que es espiritual y no meramente una cuestión de servicio verbal— entonces el Arcángel es capaz de trabajar solo en lo que es similar a una planta en el cosmos y que, como naturaleza vegetal, se imparte al ser humano. A través de fuerzas muy subconscientes conectadas con su naturaleza vegetal, lo que significa con lo que se coloca en él por su condición de respiración y se modifica por todo lo que tiene que ver con las condiciones del lenguaje, por todo, por lo tanto, que en el lenguaje empuja de una manera similar a una planta en el organismo humano,  a través de todo esto, el hombre puede ser guiado solo por su arcángel. Entonces sucede que cuando el ser humano nace, cuando crece como niño, él crece en su lenguaje de una manera más o menos externa. Si hubiera podido encontrar la relación, la relación anímica interior con su arcángel a través de su ángel, habría crecido anímicamente con todo lo que tiene que ver con su lenguaje, habría entendido al genio del lenguaje, no meramente lo que constituye el aspecto mecánico externo del mismo.

Hoy, sin embargo, podemos ver cuán fuerte es el hecho de que en muchos aspectos el ser humano es una huella de lo mecánico en su lenguaje, porque en realidad no tiene el elemento del lenguaje como una nota clave en todo su ser, pero recibe una huella exacta de eso. Uno puede ver con bastante claridad cómo la expresión facial en sí misma es una expresión del elemento del lenguaje. Lo que nos confronta con el pueblo, lo que nos confronta como una fisonomía nacional única, llega al hombre desde los arcángeles de una manera completamente externa.

Lo que sucede externamente en la Humanidad, en la medida en que trabaja en lo espiritual del ser humano, en realidad solo puede explicarse a través del tipo de estudio que perseguimos en la ciencia espiritual antroposófica. Toda la antropología moderna y cosas de ese tipo son en realidad lo que podría llamarse un simple juego de terminología. En lo que escriben hoy los antropólogos o sus semejantes sobre la configuración de la humanidad en la Tierra, sobre la diferenciación de la humanidad, realmente en muchos aspectos no tenemos nada que orientarnos, ningún punto de vista guía, porque lo que se entiende como concepto es meramente una clasificación de las características externas. Uno podría igualmente redistribuir la imagen completa. Un contenido real fluye al asunto solo si se estudia espiritualmente. Entonces, sin embargo, uno no debe retroceder si en este estudio real surgen seres espirituales concretos.

Uno ve de esto que solo la profundización espiritual puede sanar los daños de nuestra era moderna. Los daños de hoy, en la medida en que nos confrontan en la vida pública, se basan en la floja relación del ser humano con su ángel y el consiguiente vínculo flojo con el arcángel, que de este modo puede influenciarle solo desde el exterior.

Cuando el ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento sufre su evolución posterior, que después de la Hora de la Medianoche de la Existencia, lo conduce una vez más a la vida física y terrenal, entra especialmente en el reino del Arcai, de los Principados. Estos Arcai, estos espíritus primordiales, en la evolución cósmica actual tienen que ver con conducir al ser humano de regreso a los límites terrenales de su ser.

Cuando el ser humano atraviesa el portal de la muerte, su vida posterior sigue su curso de tal manera que comienza a experimentar las consecuencias de su conciencia mineral con su coloración moral — expandiéndose así, por así decirlo, sobre el mundo. Luego, después de la Hora de la Medianoche de la Existencia, él se traza nuevamente. Primero lo llevan al elemento vegetal, que se incorpora en él. Cuanto más se aproxima a la vida terrenal, más se recompone, de modo que puede nacer una vez más como un ser encerrado en su piel.

Lo que le debe suceder a un ser humano cuando entra al reino del Arcai es una incorporación, una densificación, del elemento vegetal en el elemento animal. Al pasar por la Hora de la Medianoche de la Existencia, el hombre adquiere primero las fuerzas —naturalmente no los órganos sino primero las fuerzas— que determinan su respiración y también la respiración diferenciada. La concentración de estas fuerzas en las fuerzas reales de los órganos se produce solo después de la Hora de la Medianoche de la Existencia, se produce solo en el reino de los Arcai. El hombre se vuelve, por así decirlo, cada vez más humano.

El hecho es, sin embargo, que esta actividad cósmica ejercida sobre el ser humano como fuerzas provenientes del Arcai en realidad lo organiza de tal manera que los órganos tienden hacia la estructura del animal. Si percibimos al ser humano en su relación con el cosmos, encontramos que mientras el ser humano se está alejando de la Hora de la Medianoche de la Existencia hacia una nueva vida en la Tierra, está sujeto a las leyes cósmicas, así como aquí en la Tierra está sujeto a las leyes terrenales. Podemos decir lo siguiente: el ser humano se define a partir de las inconmensurables extensiones del universo, en el sentido de que se unifica cada vez más. Hasta la Hora de la Medianoche de la Existencia hay, por así decirlo, una expansión del hombre, por medio de su conciencia mineral, en las profundidades del Universo (ver dibujo, flechas), en su amplitud inconmensurable. Cuando llega la Hora de la Medianoche de la Existencia (ver dibujo, azul) esas fuerzas se incorporan al ser humano trabajando en él como fuerzas vegetales. El hombre regresa de esta Hora de la Medianoche de la Existencia para confinarse dentro de los límites apropiados para la vida terrenal (flechas entrando). Esta Hora de la Medianoche de la Existencia es en conjunto un momento tremendamente significativo en la evolución humana.

Mientras que después de su muerte, el ser humano vive en el cosmos, se vuelve cada vez más uno con el mundo. Apenas se distingue del mundo. Expresándome figurativamente —naturalmente en el cosmos no podemos hablar de órganos físicos, pero me entenderán si les presento esto en imágenes tomadas de la existencia física— podría decir: el hombre aprende, por así decirlo, cómo el ojo crece junto con la luz y luego ya no distingue el ojo de la luz, o el sonido del oído. Al expandirse hacia las profundidades cósmicas, crece junto con el Universo.

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Habiendo superado la Hora de la Medianoche de la Existencia, donde comienza a recomponerse para volver a ser un ser con límites, se le ocurre una especie de concepción objetiva: este no es el mundo, es el ser humano. La conciencia crece más y más intensamente en el ser humano —una conciencia que se intensifica cuando regresa a la vida terrenal. Sin embargo, como aquí en la Tierra, el contenido de nuestra conciencia son los minerales, las plantas, los animales, las montañas, los ríos, las nubes, las estrellas, el sol y la luna, así que en nuestro camino de regreso a Ta tierra, el ser humano es la concepción principal.

Realmente es así que si tomamos el mundo aparentemente bastante complicado que está fuera de nuestra piel, con todo lo que está dentro de ella, si tomamos el mundo con su alma y elementos espirituales, de hecho es lo más complicado; Lo que se encuentra dentro de nuestra piel, sin embargo, es tan complicado y diferente del mundo exterior solo en tamaño, pero el tamaño no es importante. Entre el nacimiento y la muerte, nuestro mundo es lo que se encuentra fuera de nuestra piel; lo que está dentro de nosotros no podemos observarlo realmente excepto en lo que durante la vida el hombre ciertamente no es, es decir, el cadáver. Sin embargo, desde la Hora de la Medianoche de la Existencia, hasta la siguiente vida en la Tierra, el mundo humano, el ser interno del hombre, es su cuerpo, alma y espíritu (ver dibujo, derecha, azul). Allí el hombre es, por así decirlo, el mundo. Hasta la Hora de la Medianoche de la Existencia, gradualmente perdemos el mundo tal como lo conocemos a través de la conciencia mineral; lo perdemos al vivir en el mundo como si fuéramos nuestro yo, nuestro yo completo y omnímodo, de modo que ya no distinguimos entre nuestro yo y el mundo. Al regresar, nuestro mundo se convierte en el ser humano. No contemplamos las estrellas, vemos la pertenencia a los miembros humanos; no contemplamos todo lo que está contenido en el universo, digamos, entre las estrellas y la Tierra, contemplamos lo que hay dentro de la organización humana, en la medida en que se forma a partir del alma y el espíritu. Contemplamos al ser humano, y lo que contemplamos de esta manera es lo que nos lleva a nuestra renovada existencia en la Tierra. Contemplamos al ser humano recibiendo su forma.

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En el tiempo de la Hora de la Medianoche de la Existencia vivimos en el ser humano que se está formando a sí mismo de acuerdo con lo vegetal. Cuando entramos en la región del Arcai vivimos en lo que forma los órganos del ser humano, en el sentido de las fuerzas animales. He dicho que así como entre el nacimiento y la muerte dependemos de lo que trabaja desde la Tierra, entonces somos dependientes, de lo que está afuera en el Universo, en lo que está más allá de lo terrenal —ya no es una cuestión de espacio, pero, naturalmente, solo podemos presentar esto en términos espaciales.  En el momento en que pasamos por el Arcai, podemos expresar las leyes que funcionan en nosotros en el sentido del Universo  —de la misma manera, como durante nuestra vida aquí en una comunidad terrenal tomamos las leyes de la Tierra por las leyes de la física moderna— podemos expresar estas leyes relacionándolas con Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, etc.

 Al relacionar las posiciones del sol con estas estrellas, con el cielo de las estrellas fijas en general, en las constelaciones del sol con este cielo de estrellas fijas, tenemos las leyes que prevalecen en el reino de la voluntad del Arcai. La voluntad que prevalece allí, que impregna estas leyes, es la voluntad del Arcai.

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Si tuviéramos que buscar leyes naturales que correspondan a nuestras leyes naturales, ya que las leyes naturales nos corresponden aquí en la Tierra durante la existencia terrenal, tendríamos que mirar a estas constelaciones de las estrellas. Permanecemos mucho tiempo en el reino donde dependemos de las constelaciones de las estrellas, —aunque no somos más dependientes de lo que dependemos aquí en la Tierra de las leyes naturales donde nuestra voluntad también trabaja, que es algo más elevado que las leyes de la naturaleza. También allí no podemos hablar del cosmos en el sentido de una ley cósmica que funciona con la necesidad mecánica. Lo que encontramos en las constelaciones de las estrellas, sin embargo, es la expresión, por así decirlo, la imagen, de estas leyes que trabajan allí sobre nosotros. Como antiguamente, cuando estábamos en el reino de los Arcángeles, las leyes de las plantas parecían trabajar sobre nosotros, de modo que ahora trabajan sobre nosotros las leyes vigentes en los reinos animales.

Cuando estas cosas se vuelven a encontrar a través de la Ciencia Espiritual, uno se encuentra con el hecho tremendamente significativo de que las personas en la antigüedad que adquirieron conocimiento de ciertas visiones oníricas del universo, que luego se perdieron, mostraron que estas personas realmente tenían un toque atávico Se podría decir que al nombrar este círculo ilustrado, que representaba para ellos el cielo de las estrellas fijas, el Zodíaco (Tierkreis (Zodiaco), “círculo de animales”). Solo puedo pensar que nuestra nueva Ciencia Espiritual, que nos muestra estas cosas de nuevo, se conduce desde una base completamente diferente a la comprensión de lo que una vez fue captado como un conocimiento débilmente percibido. Es tremendamente conmovedor cuando uno encuentra la enseñanza sobre el Zodíaco y su influencia en el ser humano preservada desde la antigüedad y cuando uno entonces —bastante aparte de lo que se ha conservado— con los medios a disposición de la Ciencia Espiritual actual, viene una vez más a conectar con el conocimiento de las constelaciones del sol, con los signos zodiacales, en otras palabras, con el cielo de las estrellas fijas.

Esto es lo que vincula la Ciencia del Espíritu más reciente con la antigua sabiduría. En nuestro tiempo, cuando deseamos hacer de la Ciencia Espiritual nuestra búsqueda, y el período en que prevalecía la antigua sabiduría, tenemos una época que ha sido realmente necesaria para luchar por la libertad humana; sin embargo esa época  básicamente, fue una era de oscuridad.

Así entramos en el reino de los Arcai y recibimos e incorporamos en nosotros aquello que es nuestra naturaleza animal. ¿Cuál es nuestra naturaleza animal?. Nuestra naturaleza animal es sobre todo la que nos da nuestros órganos, que incluso en número son muy similares a los órganos de los animales superiores. Antes de acercarnos al nacimiento, sin embargo, estamos despojados —si puedo expresarlo así— del reino del Zodíaco y entramos en el reino de los planetas: Saturno, Júpiter, etc.   Al entrar en el reino de los planetas y acercarnos más a la Tierra, en el momento en que tomamos los límites de nuestra forma humana, lo que se incorpora en nosotros a partir de la ley cósmica toma su dirección de la naturaleza animal, si puedo expresarlo de esta manera. Antes de hundirnos en el sistema planetario y, por lo tanto, en las fuerzas del sistema planetario, nuestra columna vertebral, por ejemplo, no ha tomado una dirección alejada de la Tierra, lo que elevaría la cabeza en alto. Estamos más sujetos a las fuerzas direccionales que gobiernan la postura del animal. Todo, por ejemplo, lo que diseña las manos como el órgano de nuestro elemento anímico, no solo como un órgano para asir o caminar —lo que hace de ellos órganos que pueden actuar libremente a partir de los impulsos del elemento anímico, todo esto lo debemos a esta influencia planetaria. Todo lo que nos ayuda a ser verdaderamente humanos, en las etapas más bajas de nuestra organización animal, lo tenemos en virtud de las constelaciones de la luna con el resto de los planetas.

Por lo tanto, somos humanos cuando regresamos a través del sistema planetario. Dije que el hombre mismo, el hombre tal como se forma a sí mismo, es el mundo que está viviendo en nuestra conciencia durante nuestro viaje de regreso desde la Hora de la Medianoche de la Existencia. También vimos cómo al principio todo está presente en él y que finalmente late al ritmo de las fuerzas animales. Vivimos a través de esto de tal manera que realmente experimentamos una especie de declive, una especie de proceso gélido. Todo esto, sin embargo, se libera al entrar en el reino planetario, y este forma primero el mundo cósmico, que vemos como el mundo humano, el mundo representado por el ser humano terrenal que se aparta del elemento animal, que crece del elemento animal. Todo esto ahora nos llena; se convierte en el contenido de nuestra conciencia. Lo llevamos en nosotros como un sistema de fuerzas que el cosmos nos ha dado.

Así, descendemos anímica y espiritualmente de los mundos espirituales. Hemos vivido a través de los mundos en los que estábamos en contacto directo, en conexión con, ángeles, arcángeles, y Arcai. Descendemos como hombres. Es cierto, sin embargo, que si, en la forma caracterizada, no hemos logrado establecer una relación íntima con nuestro angel, tendremos dificultades al penetrar en la región planetaria, porque no hemos podido hacer ninguna conexión divino-espiritual con el mundo de los Arcai. Exteriormente, nos incorporamos a un pueblo. Los Arcai están obligados a trabajar en nosotros, por así decirlo, solo desde afuera. A través de esto se nos da un lugar definido en la Tierra, ya que todas las fuerzas de los Arcai tienden hacia ese fin. Los Arcángeles nos dan nuestro lugar entre un pueblo y nuestro lugar particular dentro de este pueblo está determinado por el Arcai. No imbuidos de alma y espíritu, sin embargo, crecemos de una manera externa y mecánica en este entorno.

Esta es una caracterización de nuestra época moderna: que el ser humano ya no tiene esa relación interna, esa relación interior íntima, que tuvo con su entorno en tiempos más antiguos, cuando creció en este entorno inmediato también con su alma. Esto todavía se mantiene en el mejor caso de una manera caricaturesca —como una caricatura, repito — cuando hoy, que incluso ya está llegando a su fin, los niños tal vez crezcan en algún castillo en particular después de haber sido atraídos previamente por sus antepasados. Aquí tendríamos una relación que en épocas anteriores tenía que ver con el elemento del alma. Hoy, un ser humano es presionado en su entorno de tal manera que básicamente tiene poca relación interna con el lugar en el que se encuentra, a lo que su karma lo lleva de una manera totalmente externa, de modo que siente su ubicación completa en la existencia física como algo externo a él.

Cuando el ser humano se forma a través de la educación y la vida de tal manera que se llena de alma, se llena de espíritu y llega a una concepción espiritual del mundo, entonces llevará esto a través de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento para no perder la conexión interna con su ángel, por lo que a través de su arcángel su alma sea llevada a un pueblo particular, y para que el mundo del Arcai no lo coloque de manera meramente externa en su existencia inmediata. Más bien debería ser capaz de absorber una vez más en su organización animal algo que experimentara de tal manera que diría: hay un profundo significado en el hecho de que solo desde este lugar donde mi conciencia primero se despierta gradualmente, donde se lleva mi educación en —que solo desde este lugar voy a desarrollar mi actividad en el mundo. Esto es ciertamente algo que debería llevarnos a acometer una reforma en la educación, de modo que el ser humano una vez más sienta que desde el lugar donde se educó se lleva algo con él que le da su misión en el mundo. Cuando esto es así, el ser humano crece más allá del reino meramente exterior del Arcai. Experimentará las fuerzas que dirigen a los seres humanos de una manera impregnada de alma y espíritu, y crecerá en su nueva vida de una manera diferente de lo que es frecuentemente el caso hoy en día.

¿Qué sucede, entonces, cuando el ser humano entra en una nueva vida terrenal? Su conciencia está llena de la forma en que se está construyendo a sí mismo desde dentro como un ser humano. Él está lleno de un mundo que él contempla, un mundo de actividad, no un mero mundo de pensamiento. Como ya mencioné, después de la Hora de la Medianoche de la Existencia este mundo gradualmente toma la tendencia de ser humano, y el ser humano se sumerge en lo que se le ofrece a través de la herencia en las generaciones, a través de la sustancia que recibe de su antepasados. En esto se sumerge a sí mismo. Él se envuelve con la envoltura física; él entra al mundo físico. Al observar al ser humano espiritualmente, podemos descubrir el contenido del elemento del alma cuando se sumerge en una nueva vida en la existencia física.

De todos los reinos vividos por el ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento, es natural que un ser humano tenga una relación más cercana con los Ángeles, Arcángeles y Arcai, pero estas cosas se relacionan más con las Jerarquías Superiores. Entre la muerte y un nuevo nacimiento, el ser humano sigue su curso a través de un ámbito en el que su relación con ese reino depende de lo que lleva a cabo a través del portal de la muerte.   El grado en que ha logrado impregnar su conciencia mineral de lo que el espíritu desea elevarse desde lo más profundo de su ser determina hasta qué punto puede intimar con su Ángel. Sin embargo, al ser capaz de intimar de esta manera con su ser Ángel, crece en el mundo de los Arcángeles, para que, por así decirlo, experimentando sus fuerzas fuera de sí mismo, pueda corresponder conscientemente y seguir adelante, a fin de convertirse en el ser individualizado en el que debe convertirse gradualmente si el mundo debe avanzar hacia su ascenso y no a su declive.

Es perfectamente posible dar desde los más variados puntos de vista una descripción profundamente significativa de esta vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Un punto de vista se encuentra en el curso de conferencias que di en 1914 en Viena[1]; hoy he estado desarrollando otro punto de vista para ustedes. Todos estos puntos de vista están destinados a conducir a un mayor conocimiento del ser humano desde su aspecto espiritual. Aquellos que no están dispuestos a explorar todo un mundo espiritual de esta manera, nunca serán capaces de captar lo espiritual en el hombre mismo. Así como debemos entrar en los espacios entre el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y yo para penetrar en el elemento del alma en su naturaleza objetiva, debemos entonces salir del ser humano hacia el mundo espiritual para estudiar su relación con este mundo espiritual. Así descubrimos lo que realmente teje y vive en él como espíritu. Es solo el amor a la comodidad lo que hace que el hombre de hoy hable del espíritu en términos generales. Debemos ser capaces de hablar sobre el espíritu en todos sus detalles, tal como lo hacemos con la naturaleza. Entonces surgirá un verdadero conocimiento humano; tal como el hombre lo necesita, se cumplirá el dicho primigenio de la verdad, el dicho que arroja su luz desde la antigua Grecia, cuyo cumplimiento debe continuar siendo perseguido por el ser humano —el dicho veraz, “conócete a ti mismo”.

El autoconocimiento es conocimiento del mundo, y el conocimiento del mundo es conocimiento del yo, porque si vivimos entre el nacimiento y la muerte, las estrellas, el sol, la luna, las montañas, los valles, los ríos y las plantas, los animales y los minerales son nuestro mundo, y lo que vive dentro de nuestras fronteras humanas es lo que somos. Si vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento, entonces somos lo que se oculta como lo espiritual detrás del sol, la luna y las estrellas, detrás de montañas y ríos, y nuestro mundo exterior es entonces el ser interior del hombre. El mundo y el hombre se alternan rítmicamente, el ser humano vive tanto física como espiritualmente. Para el ser humano aquí en la Tierra, el mundo es lo que está afuera. Para el ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento, el mundo es lo que está dentro. Por lo tanto, se trata solamente de alternar a través de los tiempos para que el hombre pueda decir que, en el sentido más real, el conocimiento del hombre es conocimiento del mundo; y el conocimiento del mundo es conocimiento del hombre.

Traducido por Gracia Muñoz en Noviembre de 2017.

[1]  GA153. La naturaleza interior del hombre y vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, Viena 1914.