GA96. Signos y Símbolos de la Fiesta de Navidad

Rudolf Steiner — Berlín, 17 de diciembre 1906

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La Fiesta de Navidad, que estamos a punto de celebrar, gana nueva vida a través de una profunda mirada espiritual del mundo. En un sentido espiritual, la Fiesta de Navidad es una fiesta solar, y como tal debemos familiarizarnos con ella hoy. Para comenzar, oiremos aquel hermoso apostrofe al sol que Goethe puso en la boca de Fausto:

Los pulsos de la vida laten con nueva animación
para saludar amorosos el etéreo crepúsculo.
Esta noche también tú, Tierra, estuviste firme,
y con renovados bríos alientas a mis pies;
empiezas ya a rodearme de placer,
despiertas y excitas en mí una enérgica resolución:
la de aspirar sin tregua a la más elevada existencia.
El mundo está abierto ya en una luz crepuscular;
la selva deja oír los mil acentos de la vida;
fuera del valle y el valle mismo extiéndese una faja de neblina;
empero la celeste claridad desciende hasta las profundidades,
y las ramas de los árboles, dotadas de nuevo vigor,
surgen del vaporoso abismo en que dormían sepultadas.
Así también del fondo en que la flor y la hoja destilan temblorosas perlas,
destácase claramente color sobre color.
Todo cuanto me circunda se trueca para mí en un paraíso.
Tienda la vista a lo alto.
Las gigantescas cumbres de las montañas anuncian
ya la hora más solemne.
Antes de tiempo pueden gozar de la eterna luz,
que más tarde desciende hasta nosotros.
Por las verdes praderas de las vertientes de los Alpes
difúndese ahora una nueva luz, una nueva claridad,
que por grados llega a las hondonadas…
¡Aparece el sol…!
Y ¡ay!, deslumbrado ya,
vuelvo el rostro, herido por el dolor de mis ojos.
Lo propio acontece cuando una ardiente esperanza
que, a fuerza de lucha, en lo íntimo de nuestro ser se ha convertido en sublime anhelo,
halla abiertas de par en par las puertas de la realización.
Pero si de aquellas eternas profundidades
surge de golpe un torrente de llamas, nos quedamos suspensos:
queríamos encender la antorcha de la vida, y nos envuelve un mar de fuego.
Y ¡qué fuego!
¿Es el amor, es el odio,
que ardientes nos rodean con espantosas alternativas de dolor y regocijo,
de suerte que nuevamente dirigimos la vista a la tierra
para guarecernos bajo el velo más juvenil?
Quédese, pues, el sol a mi espalda.
Con embeleso creciente
contemplo la catarata que se precipita estruendosa por el escarpado peñasco.
De salto en salto, se revuelve derramándose primero en mil corrientes
y luego en otras mil,
y levantando en el aire con bronco fragor masas de espuma.
Pero ¡cuán majestuoso, naciendo de esta tempestad,
se redondea el cambiante arco multicolor,
tan pronta claramente dibujado,
como perdiéndose en el aire
y esparciendo en torno una lluvia fresca y vaporosa!
Esto retrata el afán del hombre.
Medita sobre ello y lo comprenderás mejor:
en ese colorado reflejo tenemos la vida. [1].

 

Goethe permite que su representante de la humanidad hable estas poderosas palabras en la presencia del radiante sol de la mañana que se eleva. Pero no es este sol despertando renovado cada mañana, con el que nosotros tenemos relación en la fiesta de la que hablamos hoy. Este sol es un ser de honduras mucho más profundas, y su naturaleza será un leitmotiv de nuestras presentes consideraciones.

Ahora oiremos las palabras que reflejan el profundo significado del Misterio de Navidad. Estas palabras han sido oídas por muchos discípulos de los Misterios de todas las épocas antes de entrar a los Misterios mismos:

Contempla el Sol
A la hora de la medianoche,
Y construye con rocas
En la arcilla sin vida.
Para encontrar en el declive del mundo
Y en la noche de muerte
El nuevo comienzo de la Creación
Y la fuerza joven de la mañana.
Deja que las alturas revelen
La palabra eterna de Dios,
Puedan las profundidades preservar y sellar
El pacífico tesoro.
Viviendo en la oscuridad
Ahora crea un Sol!
Tejiendo en substancia
Conoce la Dicha del Espíritu!

 

Die Sonne schaue
um mitternächtige Stunde.
Mit Steinen baue
im leblosen Grunde.
So finde im Niedergang
und in des Todes Nacht
der Schöpfung neuen Anfang,
des Morgens junge Macht.
Die Höhen lass offenbaren
der Götter ewiges Wort;
die Tiefen sollen bewahren
den friedensvollen Hort.
Im Dunkel lebend
erschaffe eine Sonne.
Im Stoffe webend
erkenne Geistes Wonne.[2]

Mucha gente que sólo conoce el árbol de Navidad con sus velas, cree que el tener un árbol simbolizando la Navidad es una costumbre tradicional que data de tiempos antiguos. Esto, sin embargo, no es el caso. Por el contrario, la costumbre de decorar un árbol de Navidad es más reciente, y no data de más que de unos pocos siglos. La costumbre de decorar un árbol de Navidad es un fenómeno reciente, pero la celebración de la Navidad es antigua. La fiesta en tiempos de Navidad fue conocida en los más antiguos Misterios de todas las religiones en todos lados, y siempre fue celebrada. No es meramente un festival solar exterior, sino uno que conduce al hombre a la divinidad de las fuentes de la existencia. Fue celebrada anualmente por el más alto iniciado en los Misterios en el tiempo del año cuando la fuerza del sol era más débil y otorgaba menos calor sobre la tierra. También fue celebrada por aquellos para los que no era posible participar en la celebración entera, sino que les era permitido el experimentar sólo ña expresión pictórica exterior del más alto Misterio. Esta imaginación ha sido preservada a través de las épocas y ha asumido formas en concordancia con las más variadas confesiones religiosas. La celebración de la Navidad es el festival de la Noche Santa, que, en los grandes Misterios, era celebrada por aquellas personalidades que estaban preparadas para traer la resurrección de su yo superior dentro de su ser más íntimo. Hoy diríamos: “dentro de su ser interior ellos daban a luz al Cristo”.

Sólo aquellos que no saben nada del hecho de que, además de las fuerzas químicas y físicas, fuerzas espirituales están activas, y que, así como las fueras químicas y físicas tienen tiempos definidos en el cosmos para su acción, así también lo tienen las fuerzas espirituales – sólo tales personas pueden permanecer indiferentes cuando sucede el despertar del Yo Superior. En los grandes Misterios al hombre le fue permitido contemplar las activas fuerzas en un coloreado brillo, en brillante luz. Le fue permitido percibir el mundo a su alrededor lleno con cualidades espirituales, con seres espirituales, contemplar el mundo del espíritu a su alrededor en el cual él experimentaba la más grandiosa experiencia posible.

Este momento llegará en algún punto para todos. Todos los hombres lo experimentaran en última instancia, incluso quizá luego de muchas encarnaciones. El momento llegará para todos cuando el Cristo se elevará dentro de ellos y una nueva visión, una nueva audición despertarán dentro de ellos.

Aquellos que estaban preparados para el despertar, al igual que a los discípulos de los Misterios, se les enseñaba primero lo que el despertar significaba para el gran universo; sólo entonces era el rito del despertar realizado. Tenía lugar en un tiempo en que la oscuridad en la tierra era mayor, cuando el sol exterior ha alcanzado su punto más bajo en el tiempo de Navidad, porque aquello que estaban familiarizados con los hechos espirituales sabían que en esa época del año, corrientes fluían a través del espacio cósmico y que eran favorables para tal despertar. En su preparación, al discípulo se le enseñaba que aquel que realmente deseara saber, no debería conocer sólo lo que ha tenido lugar durante miles y miles de años en la tierra, sino que debía aprender a reconocer el curso entero de la evolución humana, dándose cuenta que los grandes festivales tienen su lugar dentro de esta evolución, y que deben ser dedicados a la contemplación de las grandes verdades eternas. Los discípulos dirigían sus pensamientos hacia el tiempo cuando la tierra no se había aún convertido en lo que es hoy. Sol y luna aún no existían, sino que ambos estaban unidos con la tierra, y la tierra, sol y luna aún formaban un solo cuerpo. El hombre ya existía en ese entonces, pero no tenía un cuerpo; era un ser espiritual sobre el cual ningún solo exterior brillaba.

La luz solar estaba dentro de la Tierra misma. Su naturaleza difería de la luz solar actual, que brilla sobre los seres y las cosas desde afuera. Tenía la cualidad de que le era posible irradiar desde dentro de sí, y, al mismo tiempo, irradiar desde dentro de la naturaleza interior de cada ser viviente de la tierra. Luego llegó el momento cuando el sol se separó de la tierra y su luz cayó sobre la tierra desde afuera. El sol tuvo que retirarse de la tierra y el ser interior del hombre se volvió obscuro. Este fue el comienzo de su evolución hacia aquel tiempo futuro cuando él pueda encontrar su luz interior de nuevo radiando en su naturaleza interna. El hombre debe aprender a conocer las cosas de la tierra por los medios de su naturaleza externa. Evolucionará hacia un tiempo cuando en su naturaleza interna el hombre superior, el hombre espíritu, brillará y radiará otra vez. Desde la luz, a través de la obscuridad, hacia la luz – tal es el curso de la evolución de la humanidad.

Los discípulos eran preparados por tales enseñanzas, que eran constantemente impresas en ellos. Luego eran guiados a su despertar. Llegaba el momento en que, como  elegidos, experimentaban por medio de sus despiertos órganos espirituales, la luz  espiritual dentro de ellos. Este sagrado momento llegaba cuando la luz exterior era más débil, en el día en que el sol exterior brillaba menos. En ese día los discípulos eran reunidos, y la luz interior se revelaba a sí misma a ellos.

Aquellos que aun no podían participar de esta celebración, les era posible experimentar al menos una semejanza exterior, por la cual aprendían que para ellos también el gran momento llegaría. “Hoy”, les era dicho, “ustedes contemplan sólo una imagen; luego experimentarán lo que ahora ven como semejanza”. Estos eran los Misterios menores. Mostraban en imágenes lo que el neófito experimentaría más adelante. Oiremos hoy acerca de lo que tuvo lugar en los Misterios menores en la noche de Navidad. Era lo mismo en todas partes – en los Misterios Egipcios, los Misterios Eleusinos, los Misterios del Cercano Oriente, los Misterios Caldeo-Babilónicos, así como en los Misterios culto Persa a Mitra y los Misterios Indios de Brahma. En todas partes los discípulos de estas Escuelas de Misterios tenían la misma experiencia a la hora de la medianoche en la Noche de Consagración.

Los discípulos se reunían en la noche temprana. En silenciosa contemplación tenían que hacer claro para sí mismos lo que esté más importante evento significaba. En profundo silencio se sentaban juntos en la obscuridad. Para cuando la medianoche se acercaba, habían estado sentados en una habitación obscura por horas. Pensamientos de eternidad impregnaban sus almas. Entonces, hacia la medianoche, misteriosos tonos se elevaban, resonando a través de la habitación, aumentando y disminuyendo. Los discípulos que oían estos tonos sabían que esta era la música de las esferas. Entonces la habitación de volvía tenuemente iluminada, una única luz que emanaba de un tenue disco luminoso. Aquellos que veían esto sabían que la esfera negra representaba la Tierra.

El sol, sin embargo, que ordinariamente irradia la tierra, estaba oculto; la tierra no podía ya ver el sol. Entonces alrededor del disco-tierra, por el borde exterior, arcoíris de colores se formaban, anillo sobre anillo. Aquellos que veían esto sabían este era el radiante Iris. A la medianoche un círculo violeta rojizo gradualmente surgía en el lugar de la negra esfera de la tierra. Aquellos que veían esto sabían que este era el sol, que aparecía ante ellos en la hora de la medianoche, cuando el mundo alrededor descansa en una  profunda obscuridad. A los discípulos ahora se les decía que ellos habían experimentado lo que es llamado “ver el sol en la hora de la medianoche”.

Quienquiera que realmente sea iniciado aprende a experimentar el sol a la hora de la medianoche, pues en él toda materia es borrada. Sólo el sol del espíritu vive en su yo interior e irradia sobre toda la obscuridad de la materia. Este es el momento de mayor gracia en la evolución del hombre, cuando él tiene la experiencia de que vive en la eterna luz liberada de la obscuridad.

Año tras año, en la medianoche de la Noche de la Consagración, este momento fue así representado en los Misterios. Esta imagen representaba el hecho de que junto al sol físico existe un Sol Espiritual, el cual, como el sol físico, nace de las tinieblas. En orden de dejar esto claro para los discípulos, luego de que han experimentado el surgimiento del Sol, del Cristo, eran guiados hacia una cueva en la cual aparentemente no había nada más que roca – muerte, materia sin vida. Allí ellos tallos de granos elevarse de las piedras como un signo de vida, como una indicación simbólica del hecho de que de la aparente muerte brota, de que de la muerta roca, vida nace. Les era dicho que así como la fuerza del sol, luego de que ha aparentemente muerto, despierta renovada desde ese día, así la nueva vida por siempre es eleva de la vida que muere.

El mismo evento es indicado en el Evangelio de Juan en las palabras “Él debe crecer, pero yo debo menguar”. Juan, el heraldo del Cristo que viene, de la Luz Espiritual, cuyo día festivo cae en el curso del año en la mitad del verano – Juan debe menguar, y simultáneamente con su mengua, la fuerza de la viniente luz despierta, incrementa su poder a la vez que Juan decrece. De igual manera lo nuevo, la nueva vida se prepara en la semilla que debe secarse y decaer para que la nueva planta pueda brotar de ella. Los discípulos de los Misterios podían experimentar que en la muerte reside la vida, que de la decadente materia, los nuevos y gloriosos brotes y frutos de la primavera se elevan, que la tierra rezuma fuerzas de nacimiento. Ellos aprendían que al mismo tiempo algo sucede en el ser interior de la tierra – la superación de la muerte por la vida, que está presente en la muerte.

Esto se mostraba a ellos en la conquista de la luz. Esto ellos sentían y experimentaban cuando veían la luz surgir y brillar en la oscuridad. Ellos contemplaban en la cueva de roca el surgimiento de la borboteante, vida en esplendor y abundancia, de lo aparentemente muerto. Así, la fe en la vida era adoptada por los discípulos. Así eran guiados a elevar en sí mismos lo que puede ser llamado fe en el más grande ideal del hombre. Así ellos aprendían a mirar hacia arriba hacia el más alto ideal de la humanidad, hacia el tiempo cuando la tierra haya completado su evolución y la Luz brillará para todos los hombres. La tierra entonces se desmoronará en polvo, pero la esencia espiritual permanecerá con todos los hombres que se hayan vuelto radiantes en su naturaleza más íntima a través de la Luz espiritual. Tierra y humanidad entonces despertarán a una existencia más elevada, a una nueva fase de la existencia.

Cuando surgió la Cristiandad en el curso de la evolución, portaba este ideal dentro suyo en el más alto sentido. El hombre sentía que dentro de la Cristiandad el Cristo aparecería como el gran Ideal de todo hombre, que Él había nacido en la Noche de Consagración en el tiempo de la obscuridad más profunda como un signo de que por encima de la obscuridad de la materia, un hombre superior puede nacer en el alma humana.

En los Misterios antiguos, antes de que el hombre hablara de un Cristo, hablaba de un Héroe Solar que encarnaba el mismo ideal que está relacionado con el Cristo en la Cristiandad. El portador de este ideal era llamado el Héroe Solar. Así como el sol completa su órbita en el curso del año trayendo un crecimiento y decrecimiento de la luz, y su calor aparentemente se retira de la tierra y luego nuevamente irradia renovado, así como contiene vida en su muerte y deja que su flujo se renueve, de esa misma manera hace el Héroe Solar que, a través del poder de su vida espiritual, se convierte en maestro sobre la muerte y la noche y la obscuridad.

En los Misterios había siete grados de iniciación. Primero el grado de los “Cuervos”, a los que les era permitido acercarse sólo hasta el portal del templo de iniciación. Ellos se volvían los intermediarios entre el mundo externo de vida material y el mundo interno de vida espiritual, y ya no pertenecían ni a lo material ni a lo espiritual. Estos Cuervos pueden ser encontrados por doquier.

Siempre son los mensajeros que pasan de un lado hacia el otro entre los dos mundos transmitiendo  mensajes. Se encuentran en las sagas Germánicas y mitos. Los Cuervos de Wotan, los Cuervos que vuelan alrededor de la montaña de Kyffhäuser.

En el segundo grado el discípulo era llevado lejos del portal hacia el interior del tiempo de iniciación. Allí entonces maduraba hasta que alcanzara el tercer grado, el grado de “Guerrero”, que podía pararse ante el mundo para proclamar las verdades ocultas que les era permitido experimentar en el interior del templo.

El cuarto grado, el de “León”, era alcanzado por aquellos cuya consciencia no era meramente la de un hombre individual, sino que abarcaba a una tribu entera. Así el Cristo fue llamado “el León de la Tribu de David”. Un hombre cuya consciencia abarcara toda una nación había alcanzado el quinto grado. Él ya no tenía un nombre propio sino que era designado con el nombre de su nación. Así, la gente habla de “Persas” o “Israelitas”. Ahora podemos entender cómo fue que Natanael, por ejemplo, fue llamado un “verdadero Israelita”. Fue porque había alcanzado el quinto grado de iniciación.

El sexto grado era el de “Héroe Solar”, y debemos entender lo que este nombre significa. Entonces nos daremos cuenta que temor y reverencia pasaban por el alma del discípulo de los Misterios que sabía algo del Héroe Solar, y que experimentaba en Navidad el Nacimiento de un Héroe Solar. Todo en el cosmos tiene tu curso rítmico. Las estrellas así como el sol, siguen un gran ritmo.Donde el sol cambie su ritmo tan solo por un momento, donde deje su órbita solo un instante, una revolución resultaría en el universo entero de una relevancia inaudita. El ritmo gobierna toda la naturaleza, hasta el hombre. Sólo el hombre hace que la situación cambie. El ritmo que gobierna desde la muerte a través del curso de las estaciones en las fuerzas de crecimiento, propagación,etc., cesa con el hombre. Él se yergue en libertad, y cuanto civilizado es, más este ritmo decrece. Así como la luz desaparece en Navidad, así aparentemente debe el ritmo desaparecer de la vida del hombre y el caos prevalecer. El hombre, sin embargo, da a luz a un ritmo por propia iniciativa, por su propia naturaleza interior. Debe entonces modelar su vida desde su voluntad que toma su curso dentro de límites rítmicos, fuerte y seguro, como el curso del sol. Así como un cambio en el curso del sol es impensable, asimismo es impensable que el ritmo de una vida así sea interrumpido. La encarnación de este ritmo de vida puede ser encontrara en el Héroe Solar. A través de la fuerza del hombre superior nacido en él, conquista el poder de gobernar el ritmo en el curso de su vida. Este Héroe Solar, este hombre superior, nacía en la Noche de Consagración.

Cristo Jesús fue también un Héroe Solar y fue concebido como tal en las primeras centurias de la Cristiandad. La fiesta de su nacimiento fue, por lo tanto, ubicada en la época del año cuando, desde los primeros días, el nacimiento del Héroe Solar era celebrado. Esta es también la razón para todo lo que está vinculado con la historia de la vida del Cristo Jesús. La Misa de Medianoche, que los primeros Cristianos celebraban en cuevas, en remembranza de la cueva de rocas de las que, simbolizadas en los crecientes tallos de grano, la vida nacía. La vida terrestre nacía de la roca muerta. ¡Así, también, desde lo inferior, lo Superior, ¡Cristo Jesús, nacía!

La leyenda de los tres sabios sacerdotes, los tres reyes, estaba vinculada con la Fiesta del Nacimiento del Cristo. Ellos le trajeron al Niño oro, el símbolo exterior del hombre pleno de sabiduría; mirra, el símbolo de la victoria de la vida sobre la muerte, y finalmente, incienso, el símbolo del éter cósmico en el cual vive el espíritu.

Así, en el significado de la Fiesta de Navidad, sentimos algo como un eco hacia nosotros desde los más antiguos tiempos de la humanidad, y viene bajando a nosotros en el especial colorido de la Cristiandad. En sus símbolos encontramos imágenes de los más antiguos símbolos de la humanidad. El árbol de Navidad con sus velas es uno de ellos. Para nosotros, es un símbolo del árbol del Paraíso, que representa todo lo que sea de naturaleza material. La naturaleza espiritual es representada por el árbol del Paraíso que abarca todo el Conocimiento, y por el árbol de la Vida.

Hay una narración que imparte claramente el significado del Árbol del Conocimiento y el Árbol de la Vida. Seth se paró ante las Puertas del Paraíso y rogó que le sea permitido entrar. El Arcángel que guardaba el portal lo dejó entrar. Este es un signo para la iniciación.

Seth, ahora en el Paraíso, encontró el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento cercanamente entrelazados. El Arcángel Micael, que se yergue en la presencia de Dios, le dejó tomar tres semillas de estos arbole entrelazados, que, elevados allí como un solo árbol, apuntaban proféticamente hacia el futuro de la humanidad. Entonces toda la humanidad habrá sido invitada y habrá encontrado conocimiento. Sólo el Árbol de la Vida todavía existirá y la muerte ya no será más. Para el tiempo por venir, sólo el iniciado podría tomar las tres semillas de este Árbol, las tres semillas que significan los tres miembros superiores del hombre.

Cuando Adam murió, Seth plantó las semillas en la boca de Adam, y de ellas creció un arbusto ardiente. De la madera cortada de este arbusto, nuevos brotes y hojas verdes continuamente emergían. Dentro del ardiente círculo del arbusto, sin embargo, estaba escrito “Yo Soy El Que Era, Que Es, Que Será”. Esto apunta a la entidad que pasa a través de las encarnaciones, la fuerza de evolución del hombre que repetidamente se renueva a sí misma, que desciende de la luz a la obscuridad y asciende de la obscuridad a la luz.

El báculo con el que Moisés realizó sus milagros fue tallado de la madera del arbusto ardiente. El portal del Templo de Salomón fue moldeado de él. Esta madera fue llevada a las aguas del estanque de Bethesda, y de ella el estanque derivaba su poder.

De la misma madera la Cruz del Cristo Jesús fue moldeada, la madera de la Cruz que nos muestra la vida pasando hacia la muerte, pero que al mismo tiempo porta el poder en ella misma de traer nueva vida. El gran símbolo del mundo se erige ante nosotros aquí – vida, que se sobrepone a la muerte. La madera de esta Cruz surgió de las tres semillas del Árbol del Paraíso.

La Rosa Cruz también expresa este símbolo de la muerte de la naturaleza inferior y, brotando de ésta, la resurrección de la superior. Goethe expresó el mismo pensamiento en las palabras:

Mientras no hayas
Muerto y renacido
No eres sino un sombrío invitado
Sobre la oscurecida Tierra

¡Que maravillosa conexión existe entre el Árbol del Paraíso y la madera de la Cruz! Incluso aunque la Cruz sea un símbolo de la Pascua, también profundiza nuestro ánimo de Navidad. Sentimos en ella cómo la Idea del Cristo fluye hacia nosotros en una nueva y brotante vida en esta noche de la Natividad del Cristo. Esta idea es indicada en las vivientes rosas que adornan el árbol. Nos dicen que el árbol de la Sagrada Noche no se ha vuelto aún la madera de la Cruz, pero el poder para convertirse en esta madera comienza a surgir en él. Las rosas que crecen desde el verde simbolizan lo Eterno que crece de lo Temporal.

 

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El cuadrado es el símbolo de la naturaleza cuatrimembrada del hombre: cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y ego (yo).

El triángulo es el símbolo del hombre superior: Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu.

Sobre el triángulo está el símbolo de Tarok. Iniciados de los Misterios Egipcios sabían cómo leer este símbolo. También sabían leer el libro de Toth, que consistía en setenta y seis cartas en las que eran recordados todos los eventos del mundo desde el comienzo hasta el final, desde Alpha hasta Omega. Quienquiera que pudiera combinar los números correctos con las imágenes correctas podría leerlo. Esta sabiduría de números e imágenes ha sido enseñada desde tiempos primordiales. En la Edad Media todavía desempañaba un importante rol, pero hoy queda muy poco de ella Arriba el Alpha y la Omega está el signo de Tao. Nos recuerda la adoración de Dios por parte de nuestros ancestros, porque esta veneración tuvo su origen de la palabra Tao. Antes de que Europa, Asia y África fueran tierras de cultura humana, nuestros ancestros vivían en Atlántida, que fue sumergida por una inundación. En las sagas Germánicas de Niflheim, la tierra de las nieblas, la memoria de la Atlántida aún vive. Pues Atlántida no estuvo rodeada de puro aire. Su atmósfera estaba llena de enormes masas de niebla similar a las nubes y a la niebla en las altas cumbres. El sol y la luna no era vistos claramente en el cielo, pero estaban rodeadas de un arcoíris, un Iris sagrado. En ese tiempo el hombre aún entendía el lenguaje de la naturaleza. Lo que hoy le habla en vaivén de las olas, en el silbar y rugir del viento, en el susurrar de las horas, en el ruido del trueno, ya no es comprendido por él, pero en ese tiempo podía entenderlo. Sentía algo que le hablaba desde cada cosa acerca de él. Desde las nubes y las aguas y las hojas y los vientos el sonido corría: Tao (el Yo Soy). Los Atlantes lo oían y lo comprendían, y sabían que Tao fluía por todo el mundo.

Finalmente, todo lo que permea el cosmos está presente en el hombre y es simbolizado con el pentagrama en la punta del árbol. El profundo significado del pentagrama puede no ser ahora mencionado, pero es la estrella de la humanidad, de la humanidad desarrollándose a sí misma. Es la estrella que todo hombre sabio sigue como hicieron los sabios sacerdotes en tiempos antiguos. Simboliza la Tierra que es nacida en la Noche de Consagración, porque la más sublime luz irradia desde la más profunda obscuridad. El hombre vive dirigiéndose hacia un estado cuando la luz nacerá en él, cuando una palabra significativa sea reemplazada por otra, cuando ya no será dicho “La Obscuridad no abarca la Luz” sino cuando la verdad resonará en el espacio cósmico con las palabras “La Obscuridad le abre camino a la Luz que irradia hacia nosotros en la Estrella de la Humanidad, la Obscuridad cede y comprende la Luz”.

Esto resonará desde la celebración de Navidad, y la luz espiritual irradiará desde ella.
Celebremos esta Navidad como la fiesta del más elevado ideal de la Idea de la Humanidad, para que en nuestras almas pueda surgir la alegre confidencia: ciertamente, Yo, también, podré experimentar el nacimiento del hombre superior dentro de mí mismo. El nacimiento del Salvador, del Cristo, también tendrá lugar en mí.

 

[2] Por Rudolf Steiner.
[1] Esta conferencia fue impartida junto a un iluminado árbol de Navidad adornado con los signos descriptos aquí, así como con treinta y tres velas de cera y frescas rosas rojas.

 

Traducido por Nicolás Martín.

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GA127. El Nacimiento del Espíritu del Sol como el Espíritu de la Tierra. Las trece noches santas.

Rudolf  Steiner — Hannover, 26 de diciembre de 1911

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Cuando se encienden las velas en el Árbol de Navidad, el alma humana siente como si el símbolo de una realidad eterna estuviese allí, y que este siempre debe haber sido el símbolo de la Fiesta de Navidad, incluso en un pasado muy lejano. Porque en el otoño, cuando la naturaleza exterior se desvanece, cuando las creaciones del sol caen como en un sueño y los órganos de la percepción externa se alejan de los fenómenos del mundo físico, el alma tiene la oportunidad —no solo la oportunidad sino el impulso— de retirarse a sus honduras anímicas más profundas, para sentir y experimentar: ahora, cuando la luz del sol exterior es más tenue y su calor más débil, es el momento en que el alma se retira a la oscuridad pero puede encontrar dentro de sí misma la luz interior, Luz espiritual. Las luces en el Árbol de Navidad se presentan ante nosotros como un símbolo de la Luz espiritual interior que se enciende ante la oscuridad exterior. Y porque lo que sentimos que es la luz espiritual del alma la que brilla en la oscuridad de la Naturaleza parece ser una realidad eterna, imaginamos que el abeto iluminado que brilla en nosotros en la Nochebuena debe haber estado brillando desde que comenzaron nuestras encarnaciones terrenales.

Y sin embargo, no es así. Hace solo uno o dos siglos, el Árbol de Navidad se convirtió en un símbolo de los pensamientos y sentimientos que surgen en el hombre en la época navideña. El Árbol de Navidad es un símbolo reciente, pero cada año, de nuevo, revela al hombre una gran verdad eterna. Es por eso que imaginamos que siempre debe haber existido, incluso en el pasado remoto. Es como si desde el propio Árbol de Navidad resonara la proclamación de lo Divino en la extensión cósmica, en las alturas celestiales. El ser humano puede sentir que esta es la fuente infalible de las fuerzas de paz en su alma que brotan de la buena voluntad. Y así, de acuerdo con la Leyenda de Navidad, la proclamación también resonó cuando los pastores acudieron al lugar del nacimiento del Niño cuya festividad celebramos en Navidad. Para los pastores, resonó desde las nubes: “Desde la expansión cósmica, desde las alturas celestiales, los Poderes Divinos se revelan a sí mismos, trayendo paz al alma humana que está llena de buena voluntad”.

Durante siglos y siglos, los hombres no pudieron convencerse de que el símbolo presentado al mundo en la Fiesta de Navidad haya tenido un comienzo. Sintieron en él el sello distintivo de la eternidad. Por esta razón, el ritual cristiano ha revestido la insinuación de la eternidad en lo que tiene lugar simbólicamente en la Nochebuena, en las palabras: ‘¡Cristo ha nacido de nuevo!’ Es como si todos los años el alma estuviera llamada a sentir una realidad nueva de lo que se cree que podría suceder una sola vez. La eternidad de este acontecimiento simbólico se nos presenta con un poder infinito si tenemos la verdadera concepción del símbolo mismo. Sin embargo, tan tarde como en el año 353 DC. de que Cristo Jesús hubiera aparecido en la Tierra, el nacimiento de Jesús no se celebró, ni siquiera en Roma. El Festival del nacimiento de Jesús se celebró por primera vez en Roma en el año 354 DC.

Antes, esta Festividad no se celebraba entre el 24 y el 25 de diciembre; el día de la conmemoración suprema para aquellos que entendieron algo de la profunda sabiduría relacionada con el Misterio del Gólgota, la Festividad era el 6 de enero. La Epifanía se celebrada como una especie de Fiesta de Nacimiento de Cristo durante los primeros tres siglos de nuestra era. Era la Fiesta que estaba destinada a hacer revivir en las almas humanas el recuerdo del descenso del Espíritu de Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret en el Bautismo de Juan en el Jordán. Hasta el año 353 DC, el acontecimiento que los hombres concibieron que tuvo lugar en el Bautismo se conmemoraba el 6 de enero como el Festival del nacimiento de Cristo. Porque durante los primeros siglos de la cristiandad, aún se conservaba una idea del misterio que es de todos los misterios el más difícil de entender para la humanidad, a saber, el descenso del Ser de Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret.

¿Cuáles fueron los sentimientos de los hombres que tuvieron alguna idea de los secretos del cristianismo durante esos primeros siglos? Se dijeron a sí mismos: “el Espíritu de Cristo se entreteje a través del mundo que se revela a través de los sentidos y mediante el espíritu humano. En el pasado lejano, este Espíritu de Cristo se reveló a Moisés. El secreto del “yo” humano resonó en Moisés como nos resuena desde el símbolo del Árbol de Navidad de los sonidos IAO — el Alfa y la Omega, precedidos por el Yo. Esto fue lo que resonó en el alma de Moisés cuando el  Espíritu de Cristo se le apareció en la zarza ardiente. Y este mismo Espíritu de Cristo condujo a Moisés al lugar donde debía reconocerlo en su verdadero Ser. Esto se describe en el Antiguo Testamento donde se dice que el Señor llevó a Moisés al Monte Nebo ‘frente a Jericó’ y le mostró lo que aún debía suceder antes de que el Espíritu de Cristo pudiera encarnar en el cuerpo de un hombre. A Moisés en el Monte Nebo, este Espíritu le dijo: “Pero a ti, a quien me revelé con anticipación, no puedes llevar lo que tienes en tu alma a la evolución de tu pueblo”; porque antes tienes que preparar lo que sucederá cuando se cumpla el tiempo.

Y cuando, a través de muchos siglos, la preparación evolutiva se hubo completado, el mismo Espíritu por el cual Moisés había sido retenido,  se reveló de hecho a Sí mismo —al hacerse Carne, al tomar un cuerpo humano, el cuerpo de Jesús de Nazaret. Con esto, la Humanidad como un todo fue conducida desde la etapa de Iniciación significada por la palabra ‘Jericó’ a la indicada por el cruce del Jordán.

Los corazones y las mentes de aquellos que en los primeros siglos de nuestra era entendieron la verdadera importancia del cristianismo se volcaron en el Bautismo en el Jordán de Jesús de Nazaret, en quien Cristo descendió, Cristo el Espíritu del Sol y de la Tierra.

 

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Fue esto —el nacimiento de Cristo— lo que fue celebrado como un misterio en los primeros siglos cristianos. La visión para la cual nos preparamos hoy a través de la Antroposofía, a través de la sabiduría perteneciente a la quinta época de la civilización post-Atlante, brilló en la forma de visión de los vestigios de la antigua clarividencia que aún sobrevivían cuando tuvo lugar el Misterio del Gólgota; brilló en los gnósticos, esos notables e iluminados hombres que vivieron  el punto de inflexión de la antigua a la nueva época, cuya concepción del misterio de Cristo difería en relación con la forma pero no con respecto al contenido, de la nuestra. Lo que los gnósticos pudieron enseñar se escurrió por el mundo y aunque lo que realmente sucedió en el evento indicado simbólicamente por el Bautismo en el Jordán no fue ampliamente entendido, sin embargo, dio una idea de que el Espíritu del Sol había nacido en ese momento como el Espíritu de la Tierra. Que un Poder cósmico había tomado morada en el cuerpo de un hombre en la Tierra. Y así, en los primeros siglos de la cristiandad, el festival del nacimiento de Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret, la fiesta de la Epifanía de Cristo, se celebró el 6 de enero.

Pero la perspicacia, incluso la visión tenue e incierta de este profundo Misterio se fue desvaneciendo paulatinamente a medida que pasaba el tiempo. Y llegó el momento cuando los hombres ya no pudieron comprender que el Ser llamado Cristo había estado presente en un cuerpo físico humano durante tres años. Cada vez se comprenderá más que lo que se logró para toda la evolución de la Tierra durante esos tres años en el cuerpo físico de un hombre es uno de los Misterios más profundos y difíciles de entender. Desde el siglo IV en adelante, con el acercamiento de la era materialista, los poderes del alma humana —aún en la etapa de preparación— no estaban lo suficientemente fuertes como para captar el profundo Misterio que en nuestro tiempo se entenderá en una medida cada vez mayor. Y así sucedió que en la misma medida en que el poder externo del cristianismo aumentó, la comprensión interna del misterio de Cristo disminuyó y la fiesta del 6 de enero dejó de tener su significado esencial. El nacimiento de Cristo fue colocado trece días antes y se concibió como coincidente con el nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero en este mismo hecho nos enfrentamos a algo que siempre debe ser una fuente de inspiración y acción de gracias. En realidad, el 24/25 de diciembre fue fijado como el día de la Natividad de Cristo porque se había perdido una gran verdad, como hemos escuchado. Y sin embargo, aunque el error parece apuntar a la pérdida de una gran verdad, detrás de eso hay un significado tan profundo que —aunque los hombres responsables no sabían nada de eso— no podemos sino maravillarnos con la sabiduría subconsciente con la que se instituyó la fiesta del día de Navidad.

En verdad, en la fijación de esta festividad se puede ver el funcionamiento de la sabiduría Divina. Así como la sabiduría Divina puede ser percibida en la naturaleza externa si sabemos cómo descifrar lo que allí se revela, también podemos percibir que la Sabiduría Divina obra en el alma inconsciente del hombre si se tiene presente lo siguiente. En el Calendario, el 24 de diciembre es el día dedicado a Adán y Eva, y el día siguiente es la Fiesta de la Natividad de Cristo. Así, la pérdida de una verdad antigua hizo que la fecha del nacimiento de Cristo se colocara trece días antes y se identificara con el nacimiento de Jesús de Nazaret, pero de una manera maravillosa el nacimiento de Jesús de Nazaret está relacionado con el concepto del hombre original en la evolución de la Tierra, su origen en Adán y Eva. Todos los tenues sentimientos y experiencias relacionados con esta fiesta del nacimiento de Jesús que estaban vivos en el alma humana —aunque en su conciencia diurna, los hombres no tenían conocimiento de lo que había detrás— todos estos sentimientos que se agitaban en las profundidades del alma hablaron un lenguaje maravilloso.

Cuando se perdió la comprensión de lo que había fluido de los mundos cósmicos en el evento que con razón se había celebrado el 6 de enero, las fuerzas que trabajaban en las profundidades ocultas del alma hicieron que se presentara la imagen del hombre como un ser anímico espiritual antes de la encarnación física, en el punto de partida de la evolución como ser humano físico. La imagen del niño recién nacido cuya alma aún no ha sido tocada por los efectos del contacto con el cuerpo físico, del niño al comienzo de la evolución física en la Tierra. Pero este no es un niño humano en el sentido ordinario; es el niño que estaba allí antes de que los seres humanos alcanzaran el punto de la primera encarnación física en la evolución de la Tierra. Este es el ser conocido en la Kabbala como el Adam Kadmon Hombre, que descendió de las alturas divinas y espirituales, con todo lo que había adquirido durante los períodos del Antiguo Saturno, Sol y Luna.

El ser humano en su estado espiritual en el comienzo de la evolución de la Tierra, nacido en el Niño Jesús, fue presentado a la Humanidad por una sabiduría Divina en la fiesta del nacimiento de Jesús en un momento en que ya no era posible comprender lo que había descendido de los mundos cósmicos, de las esferas celestiales a la Tierra, el recuerdo de su origen, de su estado antes del advenimiento de las fuerzas luciféricas en la Tierra, la evolución fue grabándose en las almas de hombres. Y cuando ya no se dio cuenta de que en el sentido más elevado y verdadero podría decirse del Bautismo de Juan en el Jordán: de los mundos cósmicos ha venido a las almas humanas el poder de la Deidad revelada para que la paz pueda reinar entre los hombres de buena voluntad; cuando se perdió la comprensión de cómo se podía presentar esta imagen como una fiesta sagrada, se presentó otra afirmación en su lugar, la afirmación de que al comienzo de la evolución terrestre, antes de que las fuerzas luciféricas comenzaran su trabajo, el hombre tenía una naturaleza, una entelequia que puede inspirarlo con una esperanza eterna.

El Jesús del Evangelio de San Lucas —no el Jesús descrito en el Evangelio de San Mateo— es el niño a quien adoran los pastores. Para ellos, sonó la proclamación: “Ahora, lo Divino es revelado desde las alturas celestiales, trayendo paz a las almas de los hombres de buena voluntad”. Y así durante los siglos en que la realidad superior estaba fuera del alcance del hombre, se instituyó la fiesta que cada año le recuerda: “Aunque no puedas contemplar las alturas celestiales y reconocer el gran Espíritu Solar, lo tienes dentro de ti, desde el tiempo de tu comienzo terrenal, el Alma-Niño en su estado de pureza, inmaculado de los efectos de la encarnación física; y las fuerzas de este Niño-Alma pueden darte la firme confianza de que puedes vencer a la naturaleza inferior que se aferra a ti como resultado de la tentación de Lucifer”. La vinculación de la fiesta del nacimiento de Jesús con el recuerdo de Adán y Eva dio énfasis al pensamiento de que en el lugar visitado por los pastores, había nacido un alma humana en el estado de inocencia en el que existía el alma antes de la primera encarnación en la Tierra.

En esa época de la festividad, por lo tanto, dado que el nacimiento del Dios ya no se entendía, se conmemoraba el nacimiento de un ser humano. Sin embargo, por mucho que las fuerzas del hombre amenacen con declinar y que sus sufrimientos lo dominen, hay dos fuentes infalibles de paz, armonía y fortaleza. Somos guiados a la primera fuente cuando miramos hacia el espacio cósmico, sabiendo que está impregnado por la elevación, el movimiento y la calidez del Espíritu Divino. Y si nos aferramos a la convicción de que este Poder Divino-Espiritual que atraviesa el Universo puede impregnar nuestro ser para que nuestras fuerzas no desfallezcan, ahí tenemos el pensamiento de la Pascua, igualmente una fuente de esperanza y confianza fluyendo de las esferas cósmicas. Y la segunda fuente puede surgir del débil indicio de que, como ser anímico espiritual, antes de convertirse en la presa de las fuerzas luciféricas al comienzo de su evolución terrenal, el hombre todavía era parte del mismo Espíritu ahora esperado desde los mundos cósmicos como en el pensamiento de Pascua. Volviendo a la fuente que se encuentra en el ser original del hombre, antes del inicio de la influencia luciférica, podemos decirnos: “Todo lo que pueda acontecerle, lo que sea que pueda atormentarle y alejarle de las esferas brillantes del espíritu, de su origen divino es una realidad eterna, oculta aunque sea en las profundidades del alma”. El reconocimiento de este poder interior del alma dará lugar a la firme garantía de que las alturas están a su alcance. Y si conjura ante su alma todo lo que es inocente, infantil, libre de las tentaciones de la vida, libre de todo lo que ya ha sucedido a las almas humanas a través de las muchas encarnaciones desde el comienzo de la evolución terrenal, entonces tendrán una imagen del alma humana como era antes de que comenzaran estas encarnaciones terrenales.

Pero un alma —solo un alma— permaneció en esta condición, es decir, el alma del Niño Jesús descrito en el Evangelio de San Lucas. Este alma se mantuvo en la vida espiritual cuando las otras almas humanas comenzaron a pasar por sus encarnaciones en la Tierra. Este alma permaneció en la tutela de los Misterios más sagrados a través de las épocas Atlante y Post-Atlante hasta el tiempo de los eventos en Palestina. Luego fue enviado al cuerpo predestinado para recibirlo y se convirtió en uno de los dos niños Jesús: el Niño descrito en el Evangelio de San Lucas.

Así la fiesta de la Natividad de Cristo se convirtió en la fiesta del Nacimiento de Jesús.

Si comprendemos correctamente este festival, debemos decir: Lo que creemos que renace simbólicamente cada Nochebuena, es el alma humana en su naturaleza original, el espíritu de la infancia del hombre tal como era al comienzo de la evolución de la Tierra; luego descendió como una revelación desde las alturas celestiales. Y cuando el corazón humano puede hacerse consciente de esta realidad, el alma se llena de una paz inquebrantable que nos puede llevar a nuestros elevados objetivos, si somos de buena voluntad. De hecho, es poderosa la palabra que puede resonar en la noche de Navidad, pero no entendemos su importancia.

¿Por qué la fiesta del nacimiento de Cristo se retrasó trece días y se convirtió en la fiesta del nacimiento de Jesús? Para comprender esto debemos penetrar en los misterios profundos de la existencia humana. De la naturaleza exterior, el hombre cree, porque lo ve con sus ojos, lo que los rayos del sol emiten desde las profundidades de la Tierra, desplegándose en belleza a través de la primavera y el verano, retirándose a esas mismas profundidades en el momento en que la esfera solar exterior se va oscureciendo, y dentro de las profundidades de la Tierra se prepara en las semillas lo que brotará de nuevo el año siguiente. Debido a que sus ojos lo atestiguan, el hombre cree que la semilla de la planta pasa por un ciclo anual, que debe descender a las profundidades de la Tierra para volver a desplegarse bajo el calor y la luz del sol en primavera.

Pero para empezar, el hombre no tiene la noción de que el alma humana también pasa por ese ciclo. Y tampoco se le revela hasta que se inicia en los grandes misterios de la existencia. Así como la fuerza contenida en la semilla de cada planta está ligada a las fuerzas físicas de la Tierra, así el ser más íntimo del alma humana está unido a las fuerzas espirituales de la Tierra. Y así como la semilla de la planta se hunde en las profundidades de la Tierra en el momento que conocemos como Navidad, así el alma del hombre desciende en ese momento a los profundos reinos espirituales, sacando fuerza de estas profundidades al igual que la semilla de la planta para poder florecer en primavera. Lo que el alma experimenta en estas profundidades espirituales de la Tierra está completamente oculto para la conciencia ordinaria. Pero para aquellos cuyos ojos espirituales están abiertos, los Trece Días y las Trece noches entre el 24 de diciembre y el 6 de enero son un tiempo de profunda experiencia espiritual.

Paralelamente a la experiencia de la semilla de la planta en las profundidades de la naturaleza de la Tierra, hay una experiencia espiritual en las profundidades espirituales de la Tierra, verdaderamente una experiencia paralela. Y el vidente para quien esta experiencia es posible ya sea como resultado del entrenamiento o por medio de facultades clarividentes heredadas, puede sentirse penetrando en estas profundidades espirituales. Durante este período de los Trece Días y Noches, el vidente puede ver lo que debe sucederle al hombre por haber pasado por encarnaciones que han estado bajo la influencia de las fuerzas de Lucifer desde el comienzo de la evolución terrenal. Los sufrimientos en el Kamaloca que el hombre debe soportar en el mundo espiritual porque Lucifer ha estado a su lado desde que comenzó a encarnar en la Tierra, la visión más clara de todo esto se presenta en las poderosas Imaginaciones que pueden presentarse ante el alma durante los Trece Días y Noches entre la Fiesta de Navidad y la Fiesta del 6 de enero, la Epifanía.

En el momento en que la semilla de la planta está pasando por su período más crucial en las profundidades interiores, el alma humana está pasando por sus experiencias más profundas. El alma contempla una panorámica de todo lo que el hombre debe experimentar en los mundos espirituales porque, bajo la influencia de Lucifer, se distanció de los Poderes por los cuales fue creado el mundo. Esta visión es más clara para el alma durante estos Trece Días y Noches. Por lo tanto, no hay mejor preparación para la revelación de esa Imaginación que puede llamarse la Imaginación Crística y que nos hace conscientes de que al obtener la victoria sobre Lucifer, Cristo mismo se convierte en el Juez de las obras de los hombres durante las encarnaciones afectadas por la influencia de Lucifer. El alma del vidente vive desde la fiesta del nacimiento de Jesús hasta la de la Epifanía, de tal manera que se le revela el misterio de Cristo. Es durante estos Trece Días y Noches Santas que el alma puede captar más profundamente, la importancia y el significado del Bautismo de Juan en el Jordán.

Es notable que durante los siglos de la cristiandad, donde los poderes de la visión espiritual se desarrollaron de la manera correcta, era sabido por los videntes que la visión penetraba más profundamente durante el período de las Trece noches santas en el momento del solsticio de invierno.  Muchos videntes —educados en los misterios de la era moderna o que poseen poderes de clarividencia heredados— nos hacen evidente que en el punto más oscuro del solsticio de invierno el alma puede tener una visión de todo lo que el hombre debe experimentar debido a su alienación del Espíritu de Cristo, cómo el ajuste y la catarsis fueron posibles a través del Misterio representado en el Bautismo de Juan en el Jordán y luego a través del Misterio del Gólgota, y cómo las visiones durante las Trece noches son coronadas el 6 de enero por la Imaginación Crística. Por lo tanto, es correcto nombrar el 6 de enero como el día del nacimiento de Cristo y estas Trece noches como el tiempo durante el cual los poderes de videncia en el alma humana disciernen y perciben lo que el hombre debe experimentar a través de su vida en las encarnaciones desde Adán y Eva hasta el Misterio del Gólgota.

Durante mi visita a Christiania el año pasado[1] fue interesante para mí encontrar el pensamiento que en palabras bastante diferentes se ha expresado en tantas conferencias sobre el misterio de Cristo, encarnado en una bella saga conocida como “La leyenda del sueño”. Es extraño decir que ha pasado a primer plano en Noruega durante los últimos diez o quince años y se ha vuelto familiar para la gente, aunque su origen es, por supuesto, muy anterior. Es la leyenda que de una forma maravillosamente hermosa relata cómo Olaf Åsteson se inicia, como si fuera por fuerzas naturales, cuando se queda dormido en Nochebuena, duerme durante los Trece Días y Noches hasta el 6 de enero, y vive atravesando todos los terrores que el ser humano debe experimentar a través de las encarnaciones desde el comienzo de la Tierra hasta el Misterio del Gólgota. Y relata cómo cuando llegó el 6 de enero, Olaf Åsteson tiene la visión de la intervención del Espíritu de Cristo en la Humanidad, siendo el Espíritu de Micael su precursor. Espero que en alguna otra ocasión podamos presentar este poema en su totalidad, porque entonces se darán cuenta de que la conciencia de la visión durante los Trece Días y Noches sobrevive incluso hoy y, de hecho, está siendo revivificada. Ahora se citarán algunas líneas características. El poema comienza:

 

Ven a escucharme y escuchar mi canción

La canción de una juventud maravillosa,

Te canto de Olaf Åsteson

Quién durmió muchos días. Es la verdad.

Era la víspera de Navidad cuando yacía

Y durmió tanto sin saberlo,

Él no se despertó hasta el decimotercer día

Cuando a la iglesia la gente iba.

Sí, fue Olaf Åsteson

Quién estuvo tanto tiempo durmiendo

Y así continúa el poema, relatando cómo en su sueño durante los Trece Días y Noches, Olaf Åsteson es guiado a través de todo lo que el hombre debe experimentar a causa de la tentación de Lucifer. Se da una imagen vívida del viaje de Olaf Åsteson a través de las esferas donde los seres humanos tienen las experiencias tan a menudo descritas en relación con el Kamaloca, y de cómo el Espíritu de Cristo, precedido por Micael, fluye en esta visión.

Así, con la venida de Cristo en el Espíritu, se hará cada vez más posible que los hombres sepan cómo las fuerzas espirituales tejen y dominan y que las fiestas no han sido instituidas por opiniones arbitrarias, sino por una sabiduría cósmica que a menudo se encuentra más allá del alcance de la conciencia de los hombres, aún funciona y reina a lo largo de la historia. Esta sabiduría cósmica ha colocado la fiesta del nacimiento de Jesús al comienzo de los Trece Días. Mientras que la Fiesta de Pascua siempre puede ser un recordatorio de que la contemplación de los mundos cósmicos nos ayudará a encontrar dentro de nosotros la fuerza para conquistar todo lo que es más bajo, el pensamiento navideño —si entendemos la fiesta que conmemora el origen divino del hombre y el símbolo que tenemos delante el día de Navidad en la forma del Niño Jesús— nos dice una y otra vez que los poderes que traen la paz al alma se pueden encontrar dentro de nosotros mismos.

La verdadera paz del alma está presente solo cuando esa paz tiene bases seguras, es decir, cuando es una fuerza que le permite al hombre saber:  “en ti vive algo que, si realmente nació, puede, no debe, guiarte a las Alturas divinas, a los Poderes divinos”.—Las luces de este árbol son símbolos de la luz que brilla en nuestras propias almas cuando captamos la realidad de lo que  nos proclama simbólicamente en la noche de Navidad el Niño Jesús en su estado de inocencia: el ser más íntimo del alma humana misma, fuerte, inocente, tranquilo, guiándonos a lo largo del camino de nuestra vida hacia los objetivos más elevados de la existencia. Que estas luces en el Árbol de Navidad nos digan: “si alguna vez tu alma es débil, si alguna vez crees que los objetivos de la existencia de la Tierra están más allá de tu alcance, piensa en el origen divino del hombre y toma conciencia de esas fuerzas dentro de ti que también son las fuerzas del amor supremo. Se interiormente consciente de las fuerzas que le dan confianza y certeza a todo tu obrar, a toda su vida, ahora y en todas los tiempos que están por venir.

 

arbol

 

[1] Del 7 al 17 de junio de 1910, cuando se impartió el curso de conferencias sobre La misión de las almas de los Pueblos

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017.

 

El Ser de la Navidad

Conferencia no Revisada de Willi Sucher – Rudolf Steiner Hall, 30 de Diciembre de 1955

English version

Señoras y señores, creo que se puede decir que la conciencia de la imagen de la Navidad ha crecido enormemente durante las últimas décadas. Incluso las tarjetas de Navidad tradicionales han cambiado de alguna manera, y ahora se puede ver en las felicitaciones copias de las antiguas pinturas de los pintores medievales sobre la Virgen y el Niño. Creo, por lo tanto, que está justificado contemplar esta imagen universal de la Virgen y el Niño, que queremos hacer esta noche.

Hay, por supuesto, algunos obstáculos en el cristianismo moderno que no permiten que la realidad del evento de Navidad, de la gran visión de la Navidad, llegue a una realidad completa. Creo que eso se debe principalmente a la incertidumbre sobre la historicidad del nacimiento de Jesús, que en cierto sentido ha sido creada por la investigación histórica moderna y también por la teología. La fecha tradicional del 25 de diciembre se introdujo durante los primeros siglos del cristianismo, y hoy en día no se sabe con certeza si esa fecha tradicional del 25 de diciembre fue realmente la fecha del nacimiento de Jesús,  de quien leemos en el Evangelio de San Lucas.

Hay opiniones que dicen más o menos que esos días, que ahora llamamos las 12 noches santas, coincidieron en la antigüedad con ciertas fiestas paganas que se referían a la salida del sol. Los Misterios del Sol estaban de alguna manera relacionados con esas festividades antiguas, y a veces se escucha la opinión de que el cristianismo primitivo tomó el control, o trató de hacerse cargo de esas fiestas y las revisó mediante el Misterio, la imagen o la visión del nacimiento de Jesús.

Ahora, esos Misterios del Sol, la salida del sol, que es algo tremendo a lo largo del año, jugaron un gran papel en la vida de aquellos que vivieron en la antigüedad.  En el transcurso del año vemos que el sol se levanta; comenzando desde el 21 de diciembre en adelante, vemos que el arco del Sol se eleva y se hace más y más grande hasta que llegamos al tiempo del pleno verano, cuando vemos el Sol en su punto más alto en el cielo. Luego, después del 23 de junio, el Sol desciende nuevamente; la “marca” diaria del Sol se hace cada vez más pequeña, y hacia el 21 de diciembre el Sol ha alcanzado nuevamente su punto más bajo. Así, en el transcurso del año, este momento en que el Sol volvía a subir e indicaba que la vida, el calor y la luz estaban renaciendo —que era la esperanza de que la oscuridad reinante de los días invernales se superaría algún día—era de enorme importancia y significado para la gente de la antigüedad. Por lo tanto, aquellos días en los que se veían los primeros signos de que el Sol estaba en realidad subiendo, comenzando el 25 de diciembre, esos 12 días se consideraban como el momento más significativo en el transcurso del año.

Estamos hablando aquí desde el punto de vista de la investigación antroposófica con respecto a ciertos hechos espirituales concernientes a la humanidad y la evolución del mundo. Desde este punto de vista, no podemos dejar de ver en los eventos de Cristo, que tuvieron lugar hace unos 2.000 años, eventos que conciernen a la evolución completa de este planeta en el sentido más profundo. También podemos imaginar, no debería ser demasiado difícil de aceptar, el hecho de que todos esos Acontecimientos, que están en el centro de la evolución total de nuestro planeta, se coordinaron con respecto a los eventos cósmicos.

Este es un hecho que ha sido elaborado por la ciencia del espíritu, que de hecho ha confirmado que esos eventos, que tuvieron lugar hace 2.000 años, estaban en total conformidad con los eventos en el cosmos. Espero más tarde tener la oportunidad de explicar de por qué fue así. Por lo tanto, podemos imaginarnos que el nacimiento de Jesús efectivamente tuvo lugar, al menos ese nacimiento del que escuchamos en el Evangelio de San Lucas, durante ese tiempo. Esto significa que el nacimiento de esa nueva Esperanza de la Humanidad, de esa Esperanza concentrada con respecto al futuro de nuestro planeta, en realidad tuvo lugar en conformidad con ese gran símbolo en el cielo, el del Sol naciente: el Sol que en el curso del año se aleja de la oscuridad llegando a las alturas del verano. Sin embargo, hay otro aspecto del que también debemos hablar.

Lo primero de todo es que celebramos la Navidad todos los años en recuerdo del día del nacimiento de Jesús. Por supuesto, esto se ha convertido más o menos en una tradición. Si uno solo toma el nacimiento de Jesús en el día tradicional del 25 de diciembre, como una especie de fecha adoptada y no como la fecha verdadera, la cual no podemos saber, entonces este evento anual tiene una base débil. Sin embargo, si podemos aceptar que los Eventos que tuvieron lugar hace 2.000 años estuvieron en conformidad con los eventos cósmicos, entonces nuestra celebración de Navidad tiene un significado mucho más profundo. Además, cada año volvería a coincidir con el gran símbolo cósmico del sol naciente.

Ahora, hay más en eso. ¿Por qué celebramos la Navidad como un evento que se refiere a algo más que esa misma noche del 24 al 25 de diciembre? ¿Por qué incluimos un intervalo de tiempo de 12 días, o más bien, como estamos acostumbrados a decir, 12 noches en la celebración de este festival?

El concepto de 12 noches es bastante lógico si piensan que a menudo hablamos, cuando se trata de intervalos de tiempo, no de días sino de noches. Hablamos, por ejemplo, de una quincena; o, en algunas Obras de Navidad, escuchamos “sennight”, que son siete noches —no siete días o 12 días o catorce días, sino que hablamos de una semana o quince días. Por lo tanto, lo que cuenta es el elemento de la noche. ¿Por qué entonces celebramos 12 días? ¿Son esos 12 días tan importantes? Aquí nuevamente, a este respecto, podemos revivir nuevamente la experiencia y la importancia de esos 12 días en nuestro tiempo fuera del conocimiento espiritual. Volvemos otra vez al misterio del Sol. Tal como lo tenemos en el momento del Sol naciente, después de su punto más bajo en el transcurso del año, también tenemos un misterio del sol escondido detrás del concepto de esos 12 días, detrás de la imagen de esos 12 días.

Imaginemos que el Sol está en el cosmos brillando en el espacio cósmico. Aquí tenemos la Tierra en la que vivimos. También sabemos que lo más cercano a la Tierra es nuestra compañera la Luna, que viaja alrededor de la Tierra. La Luna, al igual que la Tierra, tiene cierta relación con el Sol. Como cuestión de hecho, si uno investiga la naturaleza del Sol sobre la base de una ciencia espiritual, uno llega a concepciones bastante diferentes con respecto al Sol. Uno llega a la imagen real del Sol como la entidad central en nuestro universo solar, el que mantiene nuestro universo e incluso el creador de todo el universo solar. En nuestro tiempo, mucho después de la existencia del universo solar, este mismo Sol todavía mantiene ese universo solar, lo anima y lo hace trabajar y funcionar, en cierto sentido.

La Luna está viajando alrededor de la Tierra, y sabemos que en ciertos momentos esta Luna entra en una relación bastante definida, bastante específica al Sol, y ese es el tiempo de la Luna Llena. En tiempos de Luna llena tenemos el reflejo completo, como decimos, de la luz del Sol, que la Luna recibe en su superficie. Ahora es un hecho que esto sucede dentro de un cierto ritmo, y ese ritmo es de aproximadamente 29.5 días —es entre 29 y 30 días, que es, por supuesto, un mes. El concepto del mes en nuestro calendario se deriva de la Luna. Mes realmente significa el intervalo de una Luna— es decir, de luna llena a luna llena.

Si nos tomamos el tiempo de manera muy exacta, al observar las Lunas llenas en el transcurso del año, llegaremos a la conclusión de que hay 12 Lunas llenas en un año. A veces, bajo circunstancias muy específicas, es posible que haya trece Lunas llenas, pero eso es excepcional. Si tomamos el ritmo de la Luna —29.5 días— y lo multiplicamos por 12, llegamos a un tiempo de 354 días. Así tenemos en el curso de un año 12 Lunas llenas, que se agrupan alrededor de la Tierra de tal manera que tenemos una especie de progresión. Por lo tanto, llegamos a 12 Lunas llenas en el transcurso de un año. Sin embargo, como podemos ver, queda algo. El intervalo de tiempo de 354 días no cubre todo el año, porque sabemos muy bien que el año contiene 365 días, en realidad 365 y ¼ de un día. Esta cuarta parte de un día después se suma cada 4 años para producir un día bisiesto completo. Tenemos, pues, un año bisiesto cada cuatro años en nuestro calendario, dejando un tiempo sobrante de 11 a 12 días.

Ahora, durante el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para demostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol, y sólo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de la Luna Llena en el transcurso del año. El Sol se mueve demasiado, pues bien, como decimos, está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no debe preocuparnos tanto ahora. El Sol está aparentemente en movimiento alrededor de la Tierra, al igual que las lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra, sólo que el Sol sería mucho más lejos. Por lo tanto, en 365,25 días el Sol se volverá exactamente a la estrella fija mismo donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos el Sol cerca de esa estrella fija mismo donde lo vimos el año anterior. Así tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses lunares.

Ahora, en el transcurso de un año, como sabemos, todo está en movimiento. Para mostrar este movimiento exactamente, tendría que mover la Tierra y también tendría que mover el Sol; y solo entonces podríamos ver que hay un movimiento constante de ese ciclo de Luna Llena durante el transcurso del año. El Sol también se está moviendo; bueno, como decimos, aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra. Hemos aprendido en la escuela que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, pero esto no tiene por qué preocuparnos mucho ahora.   El Sol aparentemente se está moviendo alrededor de la Tierra, justo cuando esas Lunas llenas se mueven alrededor de la Tierra; solo que el Sol está mucho más lejos. Por lo tanto, en 365.25 días el Sol volvería exactamente a la misma estrella fija donde estaba un año antes. Si pudiéramos ver el Sol después de 365 días, veríamos al Sol cerca de la misma estrella fija donde lo vimos el año anterior. Por lo tanto, tenemos este excedente de 11 a 12 días más allá de los 354 días de los 12 meses de la Luna.

Este excedente está contenido en el hecho de las 12 noches santas. Las 12 noches santas son, por así decirlo, el excedente del sol en el año lunar, que claramente no se hace al azar. Como cuestión de hecho, en la antigüedad se encuentra que las personas organizaron su calendario de acuerdo con el ciclo de la Luna. ¿Por qué? Bueno, antes que nada, podían observar la Luna Llena y podían ver cuándo se desarrollaba la Luna Llena. Era un evento en el cosmos que podían observar y según el cual podían organizar su calendario. Eso fue algo que tuvo lugar visiblemente. Hubiera sido mucho más difícil para ellos descubrir el momento en que el Sol regresa a la misma estrella fija. Por lo tanto, el año lunar era mucho más ameno; pero, ya ven, estaba el problema de que ese año lunar de las 12 Lunas llenas hacia un año de solo 354 días, y esto no encajaba con el año de las estaciones.

En aquellas culturas cuyos años fueron calculados por el año lunar, que encontramos, por ejemplo, en el antiguo calendario hebreo y también en muchos otros calendarios de origen oriental, siempre había una diferencia de 11 a 12 días. Por lo tanto, tuvieron que insertar un mes bisiesto completo cada dos o tres años, como se hace incluso hoy en el calendario judío y también en otros calendarios. Ahora, ¿por qué es esto tan importante? ¿Qué podemos ver en este evento de las 12 noches santas que tiene lugar cada año y que también nos concierne? ¿Por qué deberíamos pensar que este evento anual es de tanta importancia con respecto a la celebración de la Navidad? Si tomamos la Navidad no solo como un evento de conmemoración (que por supuesto lo es) sino como un evento que tiene lugar, sobre todo, en el alma humana, entonces debemos de alguna manera crear un concepto apropiado de esta diferencia entre  el año lunar y el año solar.

La Luna —y esto se puede verificar de varias maneras— es un cuerpo, una entidad en el cosmos que trabaja en la Tierra;  No hay duda sobre eso. Eso puede ser investigado y confirmado. La Luna, en la Tierra, trabaja principalmente en la dirección de todo lo que concierne a la necesidad en nuestro planeta; por ejemplo, el crecimiento, como el crecimiento de las plantas, y muchas otras cosas también están conectadas con este influjo de la Luna en la esfera de la Tierra. En la Luna podemos ver un vehículo de fuerzas cósmicas que trabajan en la dirección de la “necesidad” y también funcionan, en cierto sentido, en la dirección de lo que incluso llamamos destino. La “necesidad” es aquello que simplemente no podemos circunnavegar mientras tengamos que vivir en un cuerpo en la Tierra.

El Sol es un vehículo de fuerzas bastante diferentes. Una vez más, debo decir que se puede demostrar muy bien por los medios, que han sido dados por la ciencia espiritual, que las fuerzas que usan el Sol como su vehículo de operación trabajan mucho más en la dirección de la libertad espiritual. El Sol: Bien, pueden imaginar un día de verano muy caluroso, no en nuestra latitud, sino ir más al sur, es decir al ecuador, e imaginar que el Sol estuviera brillando todo el día, todos los días. ¿Qué pasaría?.  La vida física se destruiría. Realmente eso sucede en las partes de la Tierra cercanas al ecuador. ¿Qué está trabajando ahí? Está operando un elemento que, en el extremo, demuestra lo que haría el Sol si estuviera solo en el cosmos. Disolvería externamente todo lo que está ligado a la existencia física y material. Desde un punto externo, las plantas morirían, los seres humanos no podrían vivir, y los animales se extinguirían. Estamos siendo testigos de un elemento que, por sí mismo, eliminaría la incorporación terrenal; es decir, el acto mismo de ser bajado a la tumba de la existencia física y material y de todo lo terrenal que generaría un valor espiritual, que solo se produce por el equilibrio entre el Sol y la Luna. Este es solo un ejemplo extremo. El Sol trabaja sobre la Tierra, y las fuerzas que usa el Sol como vehículo de su operación están funcionando todo el tiempo, incluso si el Sol no está brillando, o si está debajo del horizonte. Incluso entonces, el Sol está funcionando, porque la Tierra como un organismo integrado recibe el impacto del Sol desde el otro lado. Todo el tiempo el Sol está trabajando sobre la Tierra en la dirección de la creación de la libertad, del surgimiento de la libertad espiritual.  Es solo esa actividad de las fuerzas del Sol, que es contrarrestada por el elemento que proviene de la Luna que siempre tiende a guardar la vida en la existencia material. Por lo tanto, se establece en el cosmos un equilibrio perfecto que varía según las fases de la Luna y también según la posición del Sol. La posición relativa del Sol varía, pero sin embargo hay una especie de equilibrio establecido entre los dos: la Luna y el Sol. Pero durante la época navideña, cuando el año lunar ha finalizado y la siguiente Luna Llena debe ser contada en el año próximo, la Luna “se retira”, por así decirlo, de ese año.

Entonces las fuerzas del Sol, a través de la superposición natural y cósmica, predominan durante 11 a 12 días. Tenemos pues un funcionamiento puro del Sol en el elemento de la Tierra. Es durante este tiempo, durante esas 12 noches santas, que realmente podemos experimentar un momento en el año durante el cual podemos despertar en nosotros mismos si nos preparamos adecuadamente, por ejemplo, tomando el tiempo de Adviento como preparación  para  una realidad.

Entonces podemos experimentar realmente un elemento en la Tierra que puede ayudarnos a experimentar, a realizar, un Sol espiritual. Es posible que experimentemos algo que nos pueda guiar, algo que nos brinde una plataforma sobre la cual apoyarnos, o que pueda indicar una puerta, un camino hacia la realización de la libertad espiritual. Por lo tanto, la Navidad no es solo un evento que quiere referirnos al pasado, a lo que ha sido, a lo que tal vez tuvo lugar hace unos 2.000 años. Es también un evento que puede renovarse y convertirse en una experiencia real en nuestra alma. Si nos preparamos y tomamos precauciones, nuestra vida anímica no estará demasiado comprimida por los impactos de la civilización, que nos rodea en la época actual, de una manera casi aterradora. En un sentido cósmico, podemos ver todo esto, como imagen renovada de esa gran visión la Virgen y el Niño: la imagen que alcanzó su punto culminante, en cuanto a la representación pictórica, es la Madonna Sixtina de Rafael Santi. En todo esto que hemos estado diciendo hasta ahora, está escondido el secreto de la Virgen y el Niño, aunque puede no haber sido aparente.

¿Qué es lo que tenemos aquí en las fuerzas lunares? En todo lo que se necesita en la existencia de la Tierra?  No podríamos vivir en este planeta sin la Luna. Sin la Luna no habría vida; ni siquiera habría agua en este planeta, en cuyo caso no podría haber vida en la Tierra. Muy a menudo hablamos de la Luna como una ceniza cósmica, algo que está completamente seco, un desierto completo, y que el crecimiento de la vegetación no es posible en ese planeta. Seguramente eso es así, pero solo en este mismo hecho —que la Luna aparece allí en el cosmos como una tremenda ceniza, como un tremendo desierto— ahí yace el tremendo sacrificio que han realizado las fuerzas que están conectadas con la Luna, que usan la Luna como su vehículo. Han sacrificado todo lo que está conectado con el agua, con el elemento líquido, con el elemento fluido en la Tierra; y por lo tanto, la Luna puede trabajar aún más en lo que ha regalado, en lo que ha dejado atrás, incluso, en la Tierra. Por lo tanto, la Luna es un elemento de fructificación, en lo que respecta a nuestra Tierra, un elemento de éter constantemente vivificante. Si tomamos el camino de la órbita de la Luna alrededor de la Tierra como una realidad, entonces encontraríamos en ese espacio que rodea a la Tierra, el cielo azul. Y en ese cielo azul se encuentra algo así como el gentil manto de fuerzas que son similares, en un sentido cósmico, a lo que se ve en la imagen como la del manto azul en la Virgen Sixtina. Necesitamos esto, porque no podría haber vida en la Tierra si no tuviéramos ese elemento lunar. Por lo tanto, es un elemento Maternal, en cierto sentido, que le da a la existencia de la Tierra la posibilidad de vivir, de existir y de crecer en el transcurso del año. En todo lo que tenemos a través de la Luna, también hay un elemento Maternal, en el más verdadero sentido, contenido en las fuerzas de la Luna.

madona sixtina

¿Y qué hay del Sol? Como dije antes, en el Sol tenemos un elemento que nos lleva a otro principio en el cosmos, que se opone, o parece oponerse a lo que es el elemento contenido en la Luna. El Sol quiere llevarnos a la libertad espiritual, y conectado con ese Ser del Sol (hay, por supuesto, grandes misterios conectados con el Sol, pero no creo que podamos enumerarlos todos esta noche) son fuerzas que quieren guiar al universo hacia la libertad espiritual, hacia lo que en realidad es la superación de la muerte mediante la disolución de la materia. En un sentido externo, habría decadencia; por ejemplo, si las fuerzas del Sol funcionaran solas, habría algo así como un proceso de contracción. Por otro lado sin embargo, tenemos la posibilidad de un nacimiento espiritual, de salir de la prisión de la existencia material, y eso es lo que hace el Sol y las fuerzas que usan el Sol como vehículo. Así podemos ver que así como en la Luna está contenido ese elemento Maternal de preservar la vida, de crear vida, de traer esa fuerza de brote alrededor del tiempo de la Luna Llena de Primavera (porque siempre la Luna Llena está conectada con el brote de vida en la Tierra), así hay un elemento disolviéndose en el elemento espiritual del Sol.  No es tanto lo que llamamos el Sol en el cielo sino lo que se destaca como fuerzas espirituales detrás de esa entidad cósmica. Ahí tenemos un elemento que nos llevará a la libertad espiritual, a un nacimiento en el espíritu. Así, podemos encontrar de nuevo, desde una dirección diferente, lo que es el Niño, a saber, el Niño de la Esperanza, la Esperanza de la evolución, del futuro progresivo de lo que finalmente encontramos en el impulso Crístico.

 

Por lo tanto, todos los años, debido a que existe una justificación de los hechos cósmicos, es necesario celebrar ese momento cuando las fuerzas de la Luna entran en un segundo plano y donde las fuerzas del Sol pueden trabajar sin obstáculos en el cosmos. Es un momento en el año en el que realmente podemos celebrar el nacimiento de ese nuevo impulso de libertad espiritual, el impulso de Cristo, donde podemos celebrar el nacimiento de ese impulso y hacerlo realidad incluso en la vida diaria, llegando directamente a los hechos prácticos. Creo que el futuro de la civilización humana, mucho dependerá de la comprensión de estos hechos que están relacionados con las estaciones del año, como por ejemplo la Navidad. Mucho dependerá de la realización de esos hechos, porque necesitamos esa orientación, necesitamos esa experiencia interior, esa toma de conciencia de lo que ocurre con respecto a todo el organismo de la Tierra y con respecto al cosmos que nos rodea.

Sin embargo, también hay un tercer aspecto, un gran aspecto cósmico que nos puede acercar a la realidad de la conexión entre la Madre y el Niño, acerca de esa gran visión presentada a la humanidad por los pintores medievales.   Este tercer aspecto es la relación entre lo que uno podría llamar, en un sentido cósmico, la relación entre Sophia y el Cristo. Esto es algo de lo que tenemos una gran necesidad en nuestro tiempo. El cristianismo, en la medida en que descansa en los pilares de la tradición y principalmente en los pilares de esa tradición contenida en los Evangelios, ha entrado en una crisis tremenda. Los mismos soportes del cristianismo parecen desmoronarse. Podemos visitar muchos lugares y naciones en toda la Tierra, y encontraremos en todas partes el mismo cuadro: la humanidad cristiana ha perdido gradualmente la comprensión del contenido de los Evangelios. El desarrollo de las ciencias naturales modernas ha tenido un gran impacto en la comprensión de la humanidad moderna, incluso en nuestro enfoque de lo que contienen los Evangelios. Piensen en el Evangelio de San Juan donde habla de las siete grandes obras, las Siete Señales. ¿Quién puede aceptar, sobre una base científica, tal cosa como una de las Siete Señales, por ejemplo, la alimentación de los cinco mil o la resurrección de Lázaro o cualquiera de los otros siete signos? ¿Quién puede aceptar esto? La humanidad cristiana está en una posición deplorable. Solo puede aceptar con fe ciega lo que se presenta en los Evangelios, y solo si ignora por completo todo lo que viene desde el ángulo del materialismo en la conciencia moderna, como los hechos que la ciencia natural moderna ha descubierto. Las preguntas son: “¿Cómo va a continuar esto? ¿Podemos encontrar alguna solución, o el cristianismo está condenado a desaparecer de este mundo? Creo que debemos encontrar nuevas bases para comprender lo que está contenido en los Evangelios; y aquí nuevamente debo decir que la ciencia del espíritu, o antroposofía, puede dar una base sólida para la comprensión de los eventos que se describen en los Evangelios. Además, me gustaría hablar hoy de algo más que está realmente relacionado con esto, y esa es la relación de Sophia, o Isis, como la llamaban en la antigüedad, con el Cristo.

 

Encontramos en Egipto —en el Egipto actual— la visión, la imagen de la Virgen con el Niño. Existen estatuas que muestran a la Diosa Isis con el Niño, el bebé Horus, en su regazo. Podemos preguntar: “¿Cómo es posible? ¿Qué significa que estas cosas existan mucho antes de que ocurrieran los eventos en Palestina?”. Sobre la base de la ciencia espiritual, quizás pueda decir, en el momento, que esas imágenes en tiempos precristianos son en realidad una especie de previsión de lo que vendrá. ¿Por qué es así? Isis, la antigua diosa de la mitología egipcia, también fue llamada la Reina del Cielo; y, por supuesto, en varias naciones ella tenía diferentes nombres. Ustedes ven en representaciones antiguas, por ejemplo, la diosa que se extiende por el cielo. Ella está parada en un extremo del mundo; el mundo se imagina, por supuesto, algo así como un disco plano. Ella se para en un extremo del mundo y llega al otro extremo. Se inclina sobre la Tierra y su cuerpo lleva las estrellas. Ella es en realidad el Ser, el Ser del Alma de las estrellas, lo que vive detrás de las estrellas.

Luego llegó el momento en que los misterios antiguos, toda esa gran y maravillosa sabiduría de la antigüedad, de la que ahora tenemos poco conocimiento, llegaron a su fin. Se acercó el tiempo donde la humanidad gradualmente perdió toda esa conexión instintiva y contacto con el mundo espiritual divino. Así también se perdió el conocimiento de la Divina Isis del mundo divino. Esta pérdida fue en realidad una pérdida para la humanidad, ya que los dioses nunca pueden morir; por lo tanto, debemos darnos cuenta de que Isis nunca murió. Lo que murió fue algo en el corazón de la humanidad, haciéndole incapaz de alcanzar a Isis, de tener una verdadera experiencia interna del ser de Isis. Esto fue comprimido, por así decirlo, en la leyenda de Osiris, que tal vez conozcan.

 

También hay una leyenda de la muerte de Isis. Ella fue asesinada por un oponente de la evolución normal, a quien hoy llamamos Lucifer. Lucifer mató a Isis. Su esposo, Osiris, fue asesinado antes, y Osiris fue bajado a la tumba de la Tierra; en realidad, su cuerpo fue cortado y las piezas fueron enterradas en toda la Tierra. Isis también fue asesinada, pero por Lucifer, y colocada en la Tumba de los Cielos. Ahora debemos aprender a entender esta maravillosa leyenda. ¿Qué quiere decirnos? Quiere decirnos que hay un Ser, hay un poder trabajando en la Tierra —en el alma de la humanidad— que quiere permitirnos usar nuestros sentidos para ver solo lo que es visible. Por ejemplo, el Sol visible, las estrellas visibles, todo lo que se nos aparece y que podemos percibir a través de nuestros sentidos. Ese poder de Lucifer quiere hacer o formar nuestra constitución en una constitución que está dirigida solo hacia lo que nos aparece como el mundo visible. Así, esta leyenda habla de una tendencia en nosotros que está dirigida solo y exclusivamente hacia el mundo de los sentidos. Esa fuerza, por supuesto, mataría algo en nosotros, eliminaría algo de lo que la antigua humanidad era instintivamente consciente, y ese es el hecho de que detrás de lo visible hay fuerzas espirituales invisibles. Hay fuerzas espirituales y seres espirituales trabajando, quienes en primer lugar crearon el mundo cósmico, ese mundo de las estrellas y aquello que lo dirige. Por lo tanto, Lucifer intentó e incluso logró, hasta cierto punto, matar algo en nosotros que originalmente era capaz de percibir el Ser de Isis detrás del mundo de las estrellas visibles. Miren a su alrededor: tenemos una astronomía moderna, hemos acumulado un tremendo conocimiento sobre el mundo cósmico, hemos llegado a conclusiones fantásticas con respecto al tamaño del Universo, hemos calculado sus distancias, las hemos medido, e incluso hemos intentado pesarlas. Hemos tratado todo el cosmos en la astronomía moderna como una máquina y nada más que una máquina. Ya no hay vida en este cosmos. Ha habido una tendencia en el trabajo en la humanidad, que ha creado paso a paso y muy lentamente, una capacidad unilateral que es una certeza altamente cultivada pero dirigida solo hacia lo que se puede ver.

 

Imaginen por un momento, todo lo que se ha hecho y todo lo que se ha logrado en la astronomía moderna se ha construido exclusivamente con el sentido de la vista. Saben que uno habla generalmente de cinco sentidos —la ciencia espiritual incluso habla de 12 sentidos— y de todo ese cosmos de sentidos, hemos escogido para la base de nuestra información en astronomía ese único sentido: el sentido de la vista. Ciertamente, el astrónomo moderno preguntaría: “¿Qué otra cosa podríamos hacer?” Pero hemos distinguido el sentido de la vista y lo hemos convertido en el único espectador en el mundo de las estrellas. Por lo tanto, Isis fue asesinada; pero los Dioses nunca pueden morir, solo pueden morir en la conciencia humana, y eso es lo que ha sucedido. Lo que necesitamos es un nuevo despertar de esas fuerzas.

 

Como dije antes, Isis fue experimentada en la antigüedad como una fuerza maternal en el cosmos. La gente en la antigüedad se dio cuenta de que habían nacido de la totalidad del cosmos, y la ciencia espiritual moderna, trabajando realmente con medios que pueden probar estos hechos, ha encontrado de nuevo esta verdad: que nacemos de la totalidad del Cosmos. En realidad, todo lo que existe en este planeta: mineral, vegetal, animal, seres humanos, con respecto a las fuerzas espirituales, y los elementos espirituales que trabajan en la materia, provienen del cosmos, provienen del mundo de las estrellas. Como ven, Isis no ha muerto, todavía está dando a luz a todo lo que existe en este planeta; solo nosotros debemos aprender a reconocerla y a experimentarla de nuevo. Si hacemos esto, entonces podemos encontrar una imagen mucho más amplia: podemos encontrar la glorificación del cuadro que fue pintado por Rafael. Entonces podemos encontrar que el gran cosmos en el que vivimos, el mundo de las estrellas, realmente nos está dando la existencia que necesitamos en nuestro planeta. Es desde el elemento de la Luna, pero de una manera cósmica expandida y magnificada. Recibimos esta existencia en nuestro planeta Tierra para desarrollar nuestras facultades espirituales: todo lo contenido en la vida de nuestra alma y en las capacidades que podemos desarrollar en el curso de nuestra estadía en este planeta. Piensen en todos los logros culturales de la humanidad, incluidos los logros tecnológicos.

 

Tomando todo en conjunto, habla un lenguaje majestuoso de las capacidades que están ocultas en el ser humano, y lo que se ha logrado es solo una partícula de lo que está escondido en nosotros como capacidades, como facultades que podemos desarrollar, que podemos elevar la existencia a alturas de las cuales, en su mayoría, ni siquiera podemos imaginar hoy. Así que allí tenemos de nuevo la gran imagen de haber nacido como humanidad, como miembros del planeta Tierra que nace de la gran Madre cósmica que es el mundo de las estrellas. Eso es solo un lado. También debemos reconocer el hecho de que recibimos esta existencia para manifestar lo que está escondido en nuestro ser como nuestras capacidades y facultades. Esto se puede realizar en todos los sentidos. Dije que el cristianismo moderno se encuentra en una posición muy difícil, que los documentos antiguos están en su mayoría destruidos.

 

Deberíamos tomar la imagen de la Madre y el Niño muy en serio en un verdadero sentido cósmico. Podemos hacerlo; se puede hacer. Por supuesto, no hay tiempo hoy para entrar en grandes detalles, pero hay una posibilidad, incluso hay muchas posibilidades. Durante esos tres años del ministerio de Cristo, los últimos y decisivos tres años después del Bautismo en el río Jordán, el Cristo caminó por este planeta y ejecutó las obras que escuchamos en los Evangelios. Él habló las palabras de las cuales escuchamos; Mientras tanto, en el cosmos, las entidades cósmicas —los planetas, el sol— se movían en sus cursos.

 

Existe una intima relación entre lo que sucedió en la Tierra hace 2.000 años y lo que sucedió al mismo tiempo en el cosmos. Si estudiáramos los cursos de las entidades celestiales durante esos tres años, encontraríamos algo así como un reflejo, como un espejo, y veríamos lo que sucedió en la Tierra. ¿Por qué es así? ¿Por qué podemos hablar de esto? Bueno, ¿quién era el Cristo? Esa es una de las cosas que un cristianismo moderno no puede entender fácilmente. ¿Quién era el Cristo? La teología, principalmente del siglo pasado y el comienzo de este siglo, llegó a la conclusión de que Cristo era un simple ser humano, el hombre simple de Nazaret, nada especial. Luego, otras religiones de Oriente preguntaron: “¿Por qué deberíamos aceptar a esta persona sencilla? Hay otros: profetas, Buda y otros, ¿por qué no deberían ser ellos también los elegidos y por qué no deberían ser también luces de guía en la humanidad? “. En esto se reveló el hecho de que la cristiandad moderna no podía entender la naturaleza de Cristo. En la ciencia espiritual, la antroposofía habla de que el Ser Crístico vino del cosmos, en realidad descendió del Sol. Cristo fue la guía en los tiempos precristianos, , en cierto sentido el Creador de ese Sol que vemos en el cosmos. Por lo tanto, Él fue el Creador de todo el Universo Solar en el que vivimos.

 

Todo esto se puede resolver en un sentido filosófico estricto e incluso en un sentido matemático, si se investigan las propiedades del sol. El Cristo descendió de ese Sol a la Tierra. Si Cristo fue el Espíritu Guía de ese Sol, que fue y que todavía es el vehículo de la creación, el vehículo que mantiene e ilumina todo el sistema solar, entonces debe haber en el Cristo, un Ser que es el Espíritu del universo entero en el que vivimos; y como tal, descendió a la Tierra. Por lo tanto, durante esos tres años mientras Cristo caminó sobre la Tierra, Su Corte, si me permiten esta expresión (en realidad hay una oración celta que habla de la Corte de Cristo como las Estrellas, que es Su manto y que era Su vestidura en tiempos precristianos, cuando aún no había nacido en la Tierra, cuando todavía moraba en el vientre de la gran Madre cósmica, la Virgen), esta Corte de Cristo se adapto alrededor de todo lo que el Cristo hizo en la Tierra. Ciertamente no fue que ninguna de las obras de Cristo estuviera determinada por lo que sucedió en el cosmos. No, era más bien que el cosmos seguía como la corte de un Rey siguiendo los movimientos, los deseos y las peticiones de un Rey. Así tenemos allá afuera en el cosmos en ese manto azul de la Divina Sophia-Divina Isis en un sentido antiguo el elemento de la gran Madre, y en la Tierra tenemos esas acciones que toman lugar inauguradas por el Cristo.

 

Si podemos leer y volver a despertar al conocimiento o la sabiduría que está detrás o se revela en los movimientos de las estrellas, entonces tendremos una luz de sabiduría. En realidad, a Sophia también se la llama Sabiduría divina en las Iglesias orientales. Siempre se supo que Isis era la Sabiduría Divina de las estrellas. Si volvemos a despertar nuestra capacidad de leer, experimentar y tomar conciencia de lo que funcionó como sabiduría divina detrás de los movimientos de las estrellas durante los tres años del ministerio de Cristo, entonces tendremos algo dentro de nosotros como una Luz de Sabiduría que puede brillar en todo lo que ocurrió hace 2.000 años.

 

Aquí en la Tierra tenemos algo que nos ha llegado a través de la tradición en lo que está contenido en los Evangelios. La humanidad cristiana, como un todo, ha perdido ese enfoque o lo está perdiendo rápidamente hoy. Lo que necesitamos es una Luz de la Sabiduría que nuevamente arroje luz, pero desde una dirección completamente diferente a lo que ocurrió hace 2.000 años. Necesitamos, en cierto sentido, no tanto el Cristo, porque Él se ha unido a la Tierra, pero lo que necesitamos ahora es la Sabiduría que finalmente se encuentra en la comprensión de los movimientos, los ritmos y los gestos del estrellas como una expresión externa de la divina Sophia. Si tenemos eso, entonces la luz puede caer sobre el Ser de Cristo. Por ejemplo, si tuviéramos tiempo para estudiar el Ser del Sol —todo lo que podemos reconciliar, en cierto sentido, con lo que la astronomía moderna ha encontrado con respecto al Sol— y descubrir qué es el Ser del Sol, encontraríamos la luz que arrojaríamos sobre la gran pregunta: ¿Quién es el Cristo y cómo se ha unido el Cristo con la Tierra desde el Misterio del Gólgota? Si tomáramos los eventos en el cosmos estrellado durante esos tres años del ministerio de Cristo, si siguiéramos los gestos de Saturno, Júpiter, Marte, y leyéramos en ellos la vida o la expresión del cosmos (tal como podemos leer en la expresión de un semblante humano la vida interior de ese ser), si pudiéramos leer en los movimientos y gestos externos de los planetas la vida interior de la Divina Sofía, que fue asesinada en tiempos precristianos por Lucifer (a través de ese elemento que quería llevar todo a un nivel materialista), si pudiéramos leer esos movimientos y esos gestos de los planetas durante esos tres años, aprenderíamos de nuevo a comprender lo que ocurrió hace 2000 años. Así habríamos magnificado a dimensiones cósmicas la imagen de la Virgen y el Niño de una manera que, quizás, no solo tendría un atractivo para una especie de conciencia sentimental y experimental del hecho de la Navidad, sino que podría reconciliarse por completo con todo lo que vive en nosotros como el esfuerzo, como el anhelo de un conocimiento de estas cosas. No solo es necesario que la imagen de la Virgen y el Niño sea algo que apele al sentimiento del ser humano, a lo que sin duda y de manera justificada puede traer calor y luz interior al alma humana en el momento de Navidad, pues esta gran imagen, esta gran visión de la Virgen y el Niño podría elevarse al nivel en que lo que puede ser representado por medios artísticos puede reconciliarse por completo, y no solo reconciliarse sino verificarse con lo que podemos encontrar a nivel científico.

 

Este es el mensaje que creo debería sonar en una humanidad moderna, especialmente en la humanidad cristiana moderna. Tal imagen aparentemente simple, como la de la visión navideña, no tiene por qué ser algo meramente empujado a un rincón de la existencia humana por el impacto de la civilización moderna, solo para ser sacado de esa esquina y utilizado como una especie de refrescante y calentamiento de los sentimientos de los seres humanos durante unos días. Más bien, esta gran visión puede mantenerse en medio de la existencia humana, incluso de una existencia humana moderna que está tan interesada en la tecnología, en la ciencia natural y demás. Se puede hacer; y de esto, creo, tenemos que hablar en esta ocasión sobre la base de la ciencia espiritual antroposófica.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017

 

 

GA145c1. El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre

Rudolf  Steiner— La Haya, Países Bajos  20 de marzo de 1913

English version

Hoy voy a hablarles sobre un tema que puede ser importante para muchos en la actualidad; es importante para todos los que intentan de alguna manera hacer de la Teosofía no meramente una teoría, sino que la llevan en su corazón y mente convirtiéndola en algo vital para ellos; algo que entra en la totalidad de su vida como seres humanos del presente.

Será importante, no solo para los verdaderos esoteristas, sino también para aquellos que desean llevar los pensamientos teosóficos a las fuerzas de su alma, conocer los cambios que ocurren en todo el ser humano cuando se llevan a cabo los ejercicios que he mencionado en mi libro “Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores”, o los que se mencionan brevemente en la segunda parte de mi libro “La Ciencia Oculta, un Esquema” o cuando meramente los pensamientos teosóficos se absorben en el corazón y la mente y se hacen propios. La teosofía, cuando se toma en serio, ya sea esotérica o exotéricamente, produce ciertos cambios en la organización total del hombre. Se puede afirmar audazmente que el estudiante se convierte en un hombre diferente a través de la Teosofía, transformando toda la construcción de su ser. El cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el verdadero Ser del hombre se transforman en cierto modo a través de la adquisición interior de la Teosofía. En su orden hablaremos de los cambios que estas envolturas humanas sufren bajo la influencia del esoterismo, o incluso a través del estudio exotérico serio de la Teosofía. Es especialmente difícil hablar de los cambios en el cuerpo físico humano, por la simple razón de que, aunque los cambios que ocurren allí al comienzo de la vida teosófica o esotérica son de hecho importantes y significativos, a menudo son indistintos y aparentemente insignificantes.

Cambios importantes y significativos tienen lugar en el cuerpo físico, pero no pueden ser observados externamente por la ciencia externa. No pueden ser observados, simplemente porque lo físico es lo que el hombre menos tiene bajo su control desde dentro, y porque de inmediato habría peligro si los ejercicios esotéricos o el esfuerzo teosófico fueran dirigidos de tal manera que los cambios en el cuerpo físico fueran más allá de la medida de lo que el estudiante puede controlar por completo. Los cambios en el cuerpo físico se mantienen dentro de ciertos límites; pero aún así es importante que el alumno sepa algo sobre ellos y que los entienda. Para empezar, si deseamos describir brevemente los cambios que el cuerpo físico humano experimenta en las condiciones que acabamos de mencionar, podríamos decir: Este cuerpo físico humano se vuelve más móvil y activo interiormente. Más dispositivos móviles: ¿qué significa eso? Ahora, en la vida normal del hombre, vemos el cuerpo físico humano con sus diferentes órganos en comunicación entre sí y, de cierta manera, conectados. Las actividades de los diversos órganos se transmiten entre sí.

Cuando el alumno toma en serio el esoterismo o la Teosofía, los diversos órganos se vuelven más independientes unos de otros. En cierto sentido, se suprime la vida colectiva del cuerpo físico y se fortalece la vida separada de los órganos. Aunque la extensión de la supresión de la vida colectiva y del fortalecimiento de la vida separada de los órganos es extremadamente pequeña, debemos decir que a través de la influencia del esoterismo y la Teosofía, el corazón, el cerebro, la médula espinal y otros órganos se vuelven más independientes unos de otros, se vuelven cada vez más activos y más móviles. Si tuviera que hablar de manera erudita, debería decir que los órganos pasan de una condición estable a una condición de equilibrio más móvil. Es bueno saber este hecho, porque cuando el alumno percibe algo de este diferente estado de equilibrio en sus órganos, se inclina muy fácilmente a atribuirlo a la enfermedad o la indisposición. Él no está acostumbrado a sentir la movilidad e independencia de los órganos de esta manera. Solo se da cuenta o siente sus órganos cuando no funcionan normalmente. Ahora puede percibir que los órganos se vuelven independientes unos de otros, aunque al principio esto sea difícilmente perceptible, y podría pensar que se trata de una enfermedad. Ve cuán cuidadosos debemos ser cuando tratamos con el cuerpo físico humano. Obviamente, lo que en algún momento puede ser una enfermedad, en otro momento puede ser simplemente un fenómeno perteneciente a la vida teosófica interior. Por lo tanto, es necesario juzgar cada caso individualmente; aunque lo que aquí se alcanza a través de la vida teosófica, en realidad vendrá en el curso normal del desarrollo de la Humanidad. En los períodos antiguos del desarrollo humano, los diversos órganos eran aún más independientes unos de otros que ahora en la vida externa, y en el futuro volverán a ser cada vez más independientes. Como el alumno de la Teosofía debe siempre, , anticiparse hasta cierto punto en los diversos ámbitos de la vida y del conocimiento de las etapas de desarrollo que solo en el futuro alcanzará la masa general de la Humanidad, no debe preocuparse en esta etapa de desarrollo si sus órganos se vuelven más independientes el uno del otro. Este cambio puede tener lugar de forma silenciosa y suave en los diversos órganos y sistemas del organismo. Daré un ejemplo particular.

Todos ustedes están familiarizados con el hecho de que cuando un hombre se queda ‘en casa’, cuando su llamado no le permite viajar mucho, se queda de alguna manera apegado a su entorno inmediato y no desea abandonarlo. Si van al campo encontrarán entre los campesinos, que esto existe en una medida mucho mayor que entre aquellos que viven en las ciudades, y que con frecuencia viven en el país; la gente ha crecido con su suelo y clima, y cuando por alguna razón son transportados a otro distrito o a un clima diferente, les resulta difícil aclimatarse; encontrarán en su alma, en la forma de una enfermedad hogareña que a menudo no pueden superar, el anhelo de su tierra natal. Esto es solo para mostrar cuán necesario es para el alumno hacer algo que consideramos necesario en otro aspecto cuando el hombre entra en una región diferente, es decir, debe adaptar todo su organismo a esta región, a este clima.

En nuestra vida normal, esta adaptación realmente tiene lugar dentro de la totalidad del organismo humano. De cierta manera todo se ve simpáticamente afectado cuando pasamos de las llanuras a las montañas, o cuando viajamos a un lugar algo distante. Ahora bien, en el esoterista, o en el que adopta seriamente la Teosofía, es notable que todo el organismo no se ve afectado simpáticamente por igual, sino que el sistema sanguíneo y circulatorio se separan, por así decirlo, del resto del organismo, y cuando el alumno viaja de un lugar a otro, la circulación de la sangre es la más afectada. Quien se ha vuelto sensible a estas cosas puede observar una diferencia apreciable en la pulsación de la sangre, en el latido del pulso, cuando simplemente realiza un viaje de un lugar a otro. Mientras que en el caso de una persona que no está impregnada de esoterismo o vida teosófica, el sistema nervioso se ve fuertemente afectado por la necesaria aclimatación; en el que toma el esoterismo o una vida teosófica seriamente, el sistema nervioso se ve poco afectado. La unión íntima entre el sistema nervioso y el sistema sanguíneo se debilita y se divide a través de la vida teosófica, el sistema sanguíneo se vuelve más sensible a las influencias del clima y del país, y el sistema nervioso se vuelve más independiente de ellos. Si, mis queridos amigos teosóficos, desean tener pruebas de esto, deben buscarlas de la manera más natural cuando se encuentren en una posición similar, cuando ustedes mismos viajen a un lugar diferente. Traten de observarse y encontrarán confirmados estos hechos de ocultismo. Es extremadamente importante tener en cuenta estos hechos, simplemente porque estas cosas se desarrollan gradualmente en un poder de percepción muy definido. Un hombre teósofo de corazón puede conocer el carácter de una ciudad extraña con su sangre. No necesita profundizar en otras cosas, puede saber con su sangre cómo las regiones de la Tierra son diferentes entre sí.

Por otro lado, el sistema nervioso se separa de todo el organismo de una manera diferente. Un hombre que estudia la Teosofía de la manera correcta gradualmente notará que percibe la diferencia entre las cuatro estaciones del año, —la diferencia entre el verano y el invierno, por ejemplo—, de una manera bastante diferente a la del hombre común actual. Este último por regla general, solo siente en su cuerpo físico, la diferencia de temperatura. El que ha tomado la Teosofía en su alma de la manera reconocida, no solo percibe la diferencia de temperatura, sino que, además, tiene una experiencia particular en su sistema nervioso, por ejemplo,  es más fácil para él en verano meditar ciertos pensamientos que están conectados con el cerebro físico de lo que es en invierno. No es que sea imposible meditar en un pensamiento u otro en invierno, pero uno puede experimentar claramente que es más fácil hacerlo en verano; tales pensamientos fluyen más fácilmente, por así decirlo, en verano que en invierno. Podemos observar que en invierno es más fácil formar pensamientos abstractos, mientras que en verano es más fácil hacerlos concretos y “como una imagen”. Esto se debe a que el sistema nervioso, el instrumento para el plano físico, vibra de una forma muy sutil en armonía con el cambio de las estaciones, y más independientemente de todo el organismo de lo que lo hace comúnmente.

Pero un cambio fundamental en el cuerpo físico es que el estudiante comienza a sentirse con más fuerza que antes, y esto puede tomar formas muy serias, el cuerpo se vuelve más sensible a la vida anímica, se vuelve más difícil de soportar. Es extremadamente difícil explicar esto claramente. Imaginen un vaso de agua en el que se ha disuelto una determinada sustancia, por ejemplo sal, produciendo una solución opaca. Supongamos en la condición normal del hombre que su cuerpo etérico, su cuerpo astral y su Yo sean el fluido, y que el cuerpo físico se disuelva en él como la sal. Ahora enfríen el líquido del vaso. La sal se va endureciendo gradualmente, se vuelve más pesada a medida que se hace más independiente. De la misma manera, el cuerpo físico se endurece a partir de toda la estructura de los cuatro principios del ser humano. Se encoge, aunque solo en un grado insignificante. Esto debe tomarse literalmente. Se encoge en conjunto, en cierto sentido. Ahora no deben imaginarse esto demasiado intensamente, el estudiante no tiene que temer que a través de su desarrollo teosófico se arrugará mas. Este encogimiento es una densificación hacia adentro. Pero a través de esto el cuerpo realmente se siente como algo más difícil de soportar que antes. Se siente como menos móvil que antes. Por otro lado, los otros principios son más flexibles. El alumno siente algo que —cuando estaba bastante sano— no sintió nunca anteriormente; algo que él había abordado con toda comodidad como “yo” que luego siente como algo dentro de él que parece haberse vuelto más pesado, y comienza a experimentarlo como un todo. Y se vuelve especialmente consciente de todas esas partes de su cuerpo que, desde el principio, llevan, por así decirlo, una cierta existencia independiente. Y aquí llegamos a una pregunta que realmente solo se puede entender completamente en este aspecto. Llegamos a la cuestión de la dieta de la carne, por supuesto, no abogamos por ninguna causa, nuestro trabajo es solo presentar la verdad del asunto.

Ahora, al tratar con el cuerpo físico, debemos describir la naturaleza de los alimentos animales, los alimentos vegetales y los alimentos en general. Esto forma un ítem en la discusión de la influencia de la vida teosófica sobre las envolturas del hombre, que puede describirse como el perfeccionamiento, la regeneración del cuerpo físico desde afuera, a través de las sustancias externas que él consume. La relación del hombre con su alimento solo se entiende adecuadamente cuando se tiene en cuenta la relación del hombre con los otros reinos de la naturaleza y, sobre todo, con el reino de las plantas. El reino vegetal, como reino de la vida, lleva las sustancias inorgánicas, las sustancias sin vida, a una cierta etapa de organización. Para que pueda desarrollarse la planta viviente, las sustancias sin vida deben ser elaboradas de una cierta manera, como en un laboratorio viviente y ser llevadas a una cierta etapa de organización. En la planta tenemos un ser vivo que lleva los productos inertes de la naturaleza a una determinada etapa de organización. Ahora el hombre está tan organizado físicamente que está en condiciones de retomar este proceso donde la planta lo dejó, y continuarlo más allá de ese punto, de modo que la organización humana superior se forma cuando el hombre organiza más allá lo que la planta ya ha llevado a una cierta etapa. Las cosas han sido arregladas de tal manera que realmente hay una continuación perfecta cuando un hombre toma una manzana o una hoja y se la come. Esa es la continuación más perfecta. Si todas las cosas estuvieran dispuestas de tal manera que siempre se pudiera hacer lo más natural, podríamos decir que el hombre simplemente debería continuar el proceso de organización donde lo dejo la planta, que debe tomar los órganos de la planta que encuentra fuera y organizarlos dentro de sí mismo. Esa sería una línea directa de organización que no se rompería en ninguna parte de ninguna manera: de la sustancia sin vida a la planta hasta una cierta etapa de organización, y de allí al organismo humano.

Tomemos ahora un caso más grosero, cuando el hombre come carne. En el animal tenemos un ser vivo que lleva a cabo el proceso de organización más allá de la planta, lo lleva a una cierta etapa más allá de la organización de la planta. Por lo tanto, podemos decir del animal, que continúa el proceso de organización iniciado por la planta. Supongamos ahora que un hombre se come al animal; lo que entonces ocurre es, en cierto sentido, como sigue: ahora no es necesario que el hombre ejercite las fuerzas internas que habría tenido que ejercitar si hubiera comido la planta. Si se hubiera visto obligado a organizar la comida donde la había dejado la planta, habría tenido que usar ciertas fuerzas. Estas fuerzas no se usan cuando se come carne porque el animal ya ha llevado la organización de la planta a un cierto nivel superior y el hombre solo necesita comenzar en ese punto. Por lo tanto, podemos decir que él no continúa el trabajo de organización desde la etapa en que pudo haberlo hecho, sino que deja las fuerzas no utilizadas dentro de él y solo continúa el proceso de organización desde una etapa posterior; deja que el animal haga parte del trabajo que hubiera tenido que hacer si hubiera comido la planta. Ahora bien, el bienestar de un organismo no consiste en hacer lo menos posible, sino en poner realmente todas sus fuerzas en actividad. Cuando un hombre come carne lo hace con las fuerzas que, si fuera vegetariano, desarrollarían actividades orgánicas, exactamente lo que haría si dijera: “lo haré sin mi brazo izquierdo, lo ataré de modo que no se pueda usar”. De este modo, encadena sus fuerzas dentro de él cuando come carne, fuerzas a las que recurriría si tuviera que comer alimentos vegetales, y las condena a la inactividad. Pero, a través de su condena a la inactividad, ocurre que las organizaciones en cuestión que de otra manera estarían activas permanecen en barbecho, están paralizadas y endurecidas. De modo que cuando un hombre come carne, mata una parte de su organismo, o al menos lo inhabilita. Esta parte, que se endurece así, la lleva consigo a lo largo de la vida como un cuerpo extraño. En la vida normal, un hombre no siente este cuerpo extraño, pero cuando su organismo se vuelve interiormente más móvil, y cuando sus diversos sistemas organizativos se vuelven más independientes unos de otros, como sucede en la vida teosófica, entonces su cuerpo físico, que incluso sin esto se siente incómodo, comienza a sentirse más incómodo aún, porque ahora tiene un cuerpo extraño dentro de él. Como ya se mencionó, no estamos promulgando ninguna causa especial, sino que solo nos preocupamos por presentar la verdad; y aprenderemos otros efectos de la comida animal; abordaremos este tema más minuciosamente en el curso de estas conferencias. Por lo tanto, se trata de que el progreso interior en la vida teosófica produzca gradualmente una especie de disgusto por la ingesta de animales. No es necesario prohibir los alimentos de origen animal a los teósofos, ya que la vida sana y progresiva del instinto se vuelve gradualmente contra los alimentos de origen animal, y ya no le gusta; y esto es mucho mejor que volverse vegetariano de manera abstracta. Es mejor cuando la Teosofía lleva a un hombre a tener una especie de disgusto o aversión por los alimentos de origen animal; y no es de mucha utilidad, con respecto a lo que se puede llamar un mayor desarrollo, si deja de comer animales por otras razones. Así que podemos decir: “la comida animal produce en el hombre algo que es una carga para su cuerpo físico y esta carga se siente”. Ese es el hecho oculto de la cuestión observada desde un lado.

Lo describiremos desde un punto de vista diferente más adelante en estas conferencias. Como otro ejemplo, podría mencionar el alcohol. La relación del hombre con el alcohol también se altera cuando toma formal y seriamente la Teosofía. El alcohol es algo muy especial en los reinos de la naturaleza. Se demuestra que no solo es un producto gravoso en el organismo humano, sino que se muestra de manera positiva como el producto de un poder opuesto. Cuando observamos las plantas encontramos que en su organización todas alcanzan un cierto punto, con la excepción de la vid, que va más allá de esto. Lo que otras plantas ahorran solo para el germen joven —es decir, toda la fuerza productiva que normalmente se guarda solo para el germen joven y no se vierte en el resto de la planta—  es el caso de la uva también se vierte de cierta manera en la pulpa de la fruta; de modo que a través de lo que se conoce como fermentación, la transmutación de lo que se vierte en la uva, de la fuerza ya desarrollada al máximo en la propia uva, se produce algo que tiene en realidad dentro de la planta un poder oculto solo comparable al poder que el yo del hombre tiene sobre la sangre.  Así, lo que surge en la elaboración del vino, lo que se desarrolla siempre en la producción de alcohol, es que en otro reino de la naturaleza se produce lo mismo que en el hombre se debe producir cuando trabaja sobre su sangre a partir de su yo. Todos ustedes conocen la conexión interna entre el yo y la sangre; esto se expresa externamente por el hecho de que cuando el yo siente vergüenza, se sonroja, y cuando se siente miedo o angustia, la cara se pone pálida. Este efecto habitual del yo en la sangre es ocultamente similar al efecto que aparece cuando se invierte el proceso de la planta, y lo que está contenido en la sustancia de la fruta del racimo de uvas, o en términos generales, lo que proviene de la planta. La naturaleza, se transforma en alcohol. Como hemos dicho, el yo normalmente debe producir en la sangre —hablando desde lo oculto, no químicamente— un proceso muy similar al que se da por el proceso inverso, el retroceso de la organización a través del mero proceso de quimización cuando se produce el alcohol. La consecuencia de esto es que a través del alcohol, tomamos en nuestro organismo algo que desde otra dirección trabaja de la misma manera que el yo en la sangre. Esto significa que con el alcohol tomamos en nosotros mismos un yo que se opone directamente al obrar de nuestro yo espiritual. Desde el lado opuesto, la sangre es influenciada por el alcohol precisamente porque está influenciada por el yo.  Así encendemos una guerra interior y realmente condenamos a la impotencia todo lo que procede del yo cuando tomamos alcohol, que es su oponente. Ese es el hecho oculto. El hombre que no ingiere alcohol se asegura el poder de trabajar libremente en su sangre desde su yo; alguien que bebe alcohol es como alguien que desea derribar una pared golpeando de un lado y al mismo tiempo coloca a otro ser en el otro lado que le golpea a él.  Exactamente de la misma manera, al tomar alcohol, se elimina la actividad del yo en la sangre. Por lo tanto, quien hace que la Teosofía sea el elemento de su vida siente el trabajo del alcohol en su sangre como una batalla directa contra su yo, y por lo tanto es natural que un desarrollo espiritual solo sea fácil para el que no crea esta condición opuesta. De esta ilustración podrán ver cómo lo que normalmente también está presente se vuelve perceptible a través del cambio de equilibrio que se produce en el cuerpo físico del esoterista o el teósofo.

 

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En muchos otros aspectos también los diversos órganos y sistemas del organismo físico humano se vuelven independientes; entre otros, la médula espinal y el cerebro se vuelven mucho más independientes unos de otros. Diremos más en la próxima conferencia sobre la comida, sobre la fisiología oculta de la nutrición; por el momento, nos limitaremos al tema de la independencia de los órganos. La independencia de la médula espinal del cerebro puede hacerse evidente, porque al llenar el alma con la Teosofía, el estudiante gradualmente puede sentir en su cuerpo como si este organismo obtuviera una mayor independencia dentro de sí mismo. Esto nuevamente puede dar lugar a situaciones muy incómodas. Por lo tanto, es muy necesario que uno sepa de estos asuntos. Puede ocurrir, por ejemplo, que mientras que normalmente uno se tiene a sí mismo, como se dice, el estudiante más avanzado de pronto puede encontrarse diciendo ciertas palabras sin tener realmente la intención de hacerlo. Él va por la calle; de repente se da cuenta de que ha dicho algo que tal vez sea su expresión favorita, pero que se habría abstenido de expresar si no hubiera experimentado lo que se conoce como la separación de la médula espinal del cerebro. Lo que generalmente se restringe ahora actúa como mero fenómeno reflejo a través de la médula espinal que se va haciendo independiente del cerebro.

Y en el cerebro mismo, ciertas partes se van independizando de las otras partes. Por ejemplo, las partes internas del cerebro se vuelven más independientes de las externas, mientras que en la vida normal trabajan más en armonía. Esto se manifiesta en el hecho de que para el esoterista o el verdadero teósofo, el pensamiento abstracto se hace más difícil de lo que era antes, y esta oposición se eleva gradualmente en el cerebro. A medida que se desarrolla, es más fácil para el alumno pensar en imágenes, concebir las cosas más a través de la imaginación; es más difícil pensar de manera abstracta. Esto puede notarse muy pronto, particularmente en ardientes teósofos. Parecen tener predilección solo por la actividad teosófica. Ahora comienzan a gustar leer Teosofía y pensar en temas teosóficos, no simplemente porque son teósofos ardientes, sino porque les es más fácil pensar en estas líneas más espirituales. En la medida en que el plano físico se ve afectado, estas ideas más espirituales requieren las partes centrales del cerebro, mientras que el pensamiento abstracto requiere las partes externas; de ahí la falta de inclinación de muchos teósofos excesivamente ardientes al pensamiento abstracto y la ciencia abstracta. Por lo tanto, es de nuevo que algunos teósofos notan con cierto pesar que, aunque anteriormente eran muy capaces de pensar abstraídos, este pensamiento abstracto ahora se vuelve más difícil. Así, los diversos órganos se vuelven relativamente más independientes, e incluso ciertas partes de estos órganos se vuelven más vivos e independientes. Verán a partir de esto que algo fresco, por así decirlo, debe aparecer en alguien que experimenta esto. Antiguamente era la benévola Naturaleza que, sin su acción, puso sus órganos en la conexión correcta; ahora que estos órganos  están más desconectados, ahora debe tener dentro de él la fuerza para restablecer la armonía entre ellos. Esto se logra con un entrenamiento teosófico ordenado, porque todo lo que sostiene el señorío del hombre sobre los órganos que se están independizando se enfatiza continuamente. Por lo tanto, recuerden, mis queridos amigos teosóficos, por qué en nuestra literatura desempeña un papel tan importante, por algo que mucha gente simplemente describe al decir: ‘¡Oh! pero es terriblemente difícil. ‘A menudo tuve que dar una respuesta muy característica cuando me dijeron, ‘para los principiantes el libro Teosofía es realmente muy difícil’. He tenido que responder: “No debe ser más fácil, porque si lo hubiera sido, la gente habría tomado ciertas verdades teosóficas en sus almas, lo que también habría tenido el efecto de hacer que las diversas partes del cerebro fueran independientes; pero este libro se construye como una estructura regular de pensamiento, de modo que la otra parte del cerebro debe entrar continuamente en juego, y no quedarse atrás, por así decirlo”. Esta es la característica del movimiento que descansa sobre una base oculta, no solo de prestar atención a lo que en un sentido abstracto es correcto y simplemente impartir esto de la manera que uno quiera, pues es esencial impartirlo de manera sana y saludable y respetuosamente protege de que estos asuntos se den a conocer en aras de la popularidad de tal manera que puedan causar daño. En la Teosofía, no se trata simplemente de impartir ciertas verdades en libros y conferencias, sino que importa cómo se escriben y cómo se imparten. Y es mucho mejor si aquellos que desean ser el vehículo de tal movimiento no se dejen desviar de llevar a cabo esta regla por motivos de popularidad. En la Teosofía, más que en cualquier otro ámbito del pensamiento, el punto en cuestión es el reconocimiento de la verdad pura y honesta. Y el mismo entrar en una cuestión tal como el cambio en las envolturas humanas a través de la vida teosófica nos hace observar cuán necesario es llevar la Teosofía ante el mundo de la manera correcta. Debo señalar que estas conferencias deben tomarse como un todo, y por lo tanto, muchas dificultades que puedan surgir en varias almas con respecto a lo que se ha dicho en esta primera conferencia se suavizarán más tarde.

 

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

Capítulo I. Reflexión y desviación de los eventos históricos en el Cosmos.

Willi Sucher – Isis Sophia III

El universo estrellado que contemplamos es el resultado del trabajo de las jerarquías espirituales o de las inteligencias divinas, como así las denominó Tomás de Aquino. En el libro del autor, Isis Sophia II – Una nueva sabiduría estelar, en lo sucesivo denominado como Isis Sophia II, nos esforzamos por dar una imagen de la emanación del mundo cósmico externo, del trabajo de ese universo de jerarquías, en el curso de la evolución. Nuestra base de conocimiento es el resultado de la investigación a través de la Ciencia Espiritual. Esta descripción recordó un hecho decisivo; la evolución del universo estelar no puede ser vivida a partir del desarrollo de la humanidad. La gran biografía del universo y la filogenia espiritual del ser humano son los dos lados del mismo proceso: el aspecto exterior e interior de la creación. Por lo tanto, debe de surgir la gran pregunta: ¿cómo se encuentran interrelacionadas en el momento actual de la historia cósmica las dos entidades, el mundo macrocósmico presente en las estrellas y el mundo microcósmico de la creación terrestre?.

Aquí encontramos un amplio campo de habilidades para la investigación que puede emprenderse con aquellas herramientas de conocimiento que proporciona la Ciencia Espiritual. Esto, mantendrá ocupada a la humanidad cada vez más, ahora  y durante mucho tiempo. Las primeras investigaciones en esta dirección han demostrado que todos los reinos de la naturaleza —mineral, vegetal, animal, humano— están estrechamente relacionados con el cosmos. Es posible que estos reinos de la naturaleza se hayan emancipado más o menos, pero las huellas de los lazos con el mundo de las estrellas son inconfundiblemente predominantes. Explorar y descubrir la conexión real entre los dos reinos del Universo con los medios de estricta disciplina científica, proporcionará la posibilidad de penetrar por igual en los orígenes de la existencia y en el significado y propósito de toda la Creación.

Nuestra preocupación en el presente libro estará especialmente enfocada en la presentación de los resultados de nuestras investigaciones sobre la interrelación entre el ser humano y las estrellas. Sin embargo, quisiéramos enfatizar que no intentamos identificar nuestros esfuerzos con ciertas creencias astrológicas. La astrología, tal como existe hoy en día, se basa en tradiciones y métodos de conocimiento muy antiguos. No pretendemos entrar en una discusión sobre estos antiguos métodos de conocimiento, pero queremos establecer un conocimiento que esté de acuerdo con el carácter y los requisitos de la era moderna. Ciertamente, el universo entero está en un estado de evolución ininterrumpida, y como parte del universo estamos constantemente cambiando y evolucionando con respecto a toda nuestra constitución y conciencia. Por lo tanto, nos parece imposible imponer a esta era moderna métodos de acercamiento que se justificaron hace varios miles de años.

En este libro, basaremos nuestras discusiones en dos preguntas fundamentales:

1.-. ¿Existe alguna posible prueba de una conexión entre los movimientos y los ritmos de las estrellas y los seres humanos, a medida que vivimos en la Tierra?

y 2.-. Si existe dicha relación, ¿cuál es el carácter de ésta en las condiciones actuales?

Con el fin de encontrar un enfoque humano más general y amplio, vamos ahora a poner ciertos sucesos históricos y ritmos cósmicos, unos junto a otros. Para este propósito tomaremos las dos últimas guerras mundiales y los movimientos y posiciones correspondientes del planeta Saturno. Sin embargo, quisiéramos enfatizar que no emplearemos ninguna idea preconcebida sobre las influencias de los hechos cósmicos en la historia, etc., sino que simplemente compararemos los últimos con los datos de esos hechos históricos.

La Primera Guerra Mundial comenzó el 1 de agosto de 1914. En ese momento el planeta Saturno se encontraba a 87°43’de la eclíptica. Este es el punto de transición de la constelación de Tauro a Géminis. Después de los primeros meses de la guerra de movimientos, la situación se deterioró, como sabemos, convirtiéndose en una guerra de trincheras. Hasta 1917 no se produjeron nuevos desarrollos en la guerra. Ya en el comienzo de ese año, el alto mando alemán resolvió romper este obvio estancamiento, haciendo uso de ciertos movimientos. Uno de estos fue el traslado de Lenin a Rusia, que por entonces vivía en Suiza, en el exilio. Ya era conocida su extrema actividad revolucionaria, y el alto mando alemán esperaba que él comenzara una revolución en Rusia lo suficientemente efectiva como para evitar que Rusia continuase siendo aliada de las potencias occidentales. Lenin llegó a Rusia en un vagón sellado, en el mes de abril de 1917, y comenzó de inmediato a poner en práctica sus intenciones revolucionarias. Los maestros políticos de Rusia presintieron, por supuesto, los peligrosos esfuerzos de Lenin.

En el transcurso de los meses siguientes, Lenin tuvo que buscar refugio en Finlandia, pero la situación en Rusia se deterioró tan rápidamente que pudo regresar, a salvo, a su país nativo. En otoño, el movimiento Bolchevique se había vuelto tan abrumadoramente fuerte, que el gabinete de Kerensky, que entonces estaba en el poder, no pudo resistir más y fue desalojado por la fuerza a principios de noviembre de 1917, en el curso de la Revolución Bolchevique. Las esperanzas del alto mando alemán de que Rusia se detuviera por la revolución se habían cumplido, no pudiendo continuar la guerra contra Alemania, y retirándose de forma gradual.

Incluso antes de que Rusia se desvaneciera como un opositor de Alemania, los EE.UU. entraron en la guerra. Poco a poco, muchas fuerzas estadounidenses llegaron a suelo continental, entre finales de 1917 y comienzos de 1918. Más tarde los bolcheviques firmaron el humillante tratado de paz de Brest-Litovsk. Durante esos meses de 1917, Saturno se movía a través de la constelación de Cáncer, y en julio estaba, aproximadamente, a 122° de la eclíptica. Esas dos posiciones de Saturno, el 1 de agosto de 1914 y julio de 1917, están indicadas en el cuadro del Zodiaco en la figura 1, que viene a continuación.

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Esta controvertida acción llevada a cabo por el alto mando alemán, tampoco aportó mucho alivio a la desesperada situación de Alemania. A principios de 1918, los alemanes decidieron, por tanto, hacer un gran esfuerzo en el frente occidental. Sin embargo, esta ofensiva no produjo el éxito deseado. Además, los aliados occidentales, después de la ruptura de los esfuerzos alemanes, pasaron ellos mismos, a la ofensiva. El resultado final fue la completa derrota de los ejércitos alemanes. Algunas batallas, en concreto, alrededor de Chateau Thierry en agosto de 1918 fueron tan decisivas que, incluso el alto mando alemán vio como única salvación posible la solicitud de un armisticio inmediato. Sin embargo, la guerra continuó y los alemanes firmaron el armisticio en noviembre de 1918. Así se concluyó con el Tratado de Paz de Versalles, que se firmó el 28 de junio de1919.

En agosto de 1918, Saturno estaba aproximadamente a 138° de la eclíptica, en la transición de la constelación de Cáncer a Leo. El 28 de junio de 1919, se situó a 144°51’de la eclíptica. Todas estas posiciones están indicadas en nuestro diagrama del zodíaco (Fig.1).

Ahora investigaremos la Segunda Guerra Mundial, desde un punto de vista cosmológico similar. Comenzó el 3 de septiembre de 1939 tras el ataque a Polonia por parte de Alemania. Durante el invierno siguiente, parecía que la guerra volvería a bloquearse en el frente occidental en un estancamiento similar al que tuvo lugar entre los años 1914 – 1918. No fue hasta la primavera de 1940, cuando se desarrollaron los sucesos catastróficos. En mayo de 1940, los alemanes atacaron repentinamente Holanda y Bélgica, y luego más tarde Francia. Saturno estaba entonces a unos 38° de la eclíptica, en la constelación de Aries. Después de la conquista de Holanda, Bélgica y Francia por parte de Alemania, volvió a haber un largo período de inactividad, quitando los ataques aéreos contra Inglaterra, etc. Y fue entonces en junio de 1941, cuando la guerra dio un nuevo giro. El 22 de junio, Alemania atacó a Rusia. Saturno estaba parado a 53½° de la eclíptica. Estaba en la transición entre Aries y Tauro. Esto fue seguido por otros sucesos dramáticos en el frente Este.

Hasta ahora, los Estados Unidos se habían mantenido al margen de la guerra, pero se vieron obligados a tomar la decisión a través del famoso ataque de Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. Saturno se había movido de nuevo a 53, 5º de la eclíptica. —Durante el verano anterior, había ido retrógrado y había realizado un bucle, por lo tanto, no se había movido mucho de la posición del 22 de junio—.

De nuevo comenzó un largo período de relativo estancamiento, hasta que en 1944 la guerra pareció entrar en una etapa decisiva. El 6 de junio de 1944, tuvo lugar la famosa invasión de los Aliados en Francia. Casi al mismo tiempo, los rusos presionaron hacia el oeste. Todos estos acontecimientos hicieron que la posición de Alemania se volviera cada vez más desesperada hasta que en 1945 se produjera su colapso final. El 6 de junio de 1944 se mantuvo en 87° de la eclíptica. Había regresado casi exactamente al mismo lugar en el cielo de donde estaba el 1 de agosto de 1914. Todas estas posiciones de Saturno se encuentran en nuestro cuadro del zodíaco en la figura 1. Ahora nos damos cuenta de un sorprendente conjunto de hechos; los sucesos en el lado derecho de nuestro cuadro —primera guerra— corresponden de forma invertida a los sucesos en el lado izquierdo —segunda guerra—. Tomemos los puntos del 28 de junio de 1919 —Tratado de Paz de Versalles— y del 3 de septiembre de 1939 —comienzo de la Segunda Guerra Mundial—. En esa fecha en 1919, Saturno estaba parado 57° a la derecha de la posición inicial el 1 de agosto de 1914 (comienzo de la 1ª guerra), y el 3 de septiembre de 1939 se había movido a un punto 57° a la izquierda de la misma posición de la raíz (Fig.1).

En un sentido cosmológico, existe una conexión obvia entre ambos sucesos. Sin embargo, notamos también que los dos sucesos tuvieron un significado histórico opuesto. El Tratado de Paz del 28 de junio de 1919 concluyó, o al menos se suponía que conduciría a la conclusión de la Primera Guerra. El 3 de septiembre de 1939, comenzó otra guerra. Parece que nos enfrentamos aquí con un fenómeno que es similar, en cierto sentido, a la función de un espejo. En un espejo, aparece la imagen exacta del objeto, excepto que la derecha y la izquierda están invertidas.

Al profundizar un poco más en la naturaleza de los dos sucesos en cuestión, podemos encontrar también una conexión interna. El Tratado de Paz de Versalles fue un fracaso. No sólo no logró resolver los problemas que surgieron durante la guerra anterior, sino que también agravó las complicaciones sociales que llevaron a esa guerra. Fue una mala maniobra de estrategia política. Sobre dicha declaración, no solo debemos confiar en las opiniones de los alemanes, quienes lo sintieron, por supuesto, como un mal trato. Muchas personalidades importantes en los países occidentales llegaron a conclusiones similares, simplemente por las consecuencias económicas y sociales de dicho tratado de paz. Incluso hubo quienes sostuvieron que la Primera Guerra realmente nunca llegó a una conclusión y se llevó a cabo después del Tratado con diferentes medios, es decir, económicos.

Por lo general, uno no es consciente de que los fallos políticos de este tipo podrían llegar a producir las consecuencias correspondientes. Sin embargo, deberíamos poder realizar esto como una ley. En la experiencia cotidiana, sabemos perfectamente que, si destrozamos un utensilio, luego sufriremos por él, de una forma u otra. Del mismo modo, ahora podemos decir que el fracaso en 1919 provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Este no es el lugar para señalar los muchos detalles del deterioro económico y social causado por la impotencia del Tratado de Versalles. Simplemente miramos las implicaciones cósmicas, aunque todavía no podemos entender su funcionamiento. Está el Tratado en 1919, acompañado por la posición de Saturno en Leo; y en el punto de reflexión, tal vez mejor “desviación”, cuando Saturno estaba en Aries —septiembre de 1939—, las potencias occidentales se vieron obligadas a entrar en una nueva guerra. Todo el mosaico político que siguió al Tratado de Versalles fue en vano.

¿No nos enfrentamos aquí con un modelo de ejemplo de cómo la Humanidad moderna está dando forma a su propio destino?. Se puede argumentar que el Tratado de Paz de Versalles fue causado por sucesos precedentes. Ciertamente, la mentalidad de las principales personalidades en la política alemana antes y durante la primera guerra no facilitó la situación. En lugar de sugerencias positivas, el caos reinó en los círculos políticos de Europa Central. Las ideas constructivas, como la de la Triformación Social de Rudolf Steiner, no fueron aceptadas por las naciones de habla alemana, aunque se pronunciaron con la suficiente anticipación antes del colapso en 1918. Sin embargo, uno podría imaginar que las actitudes más perspicaces y las ideas valientes de los creadores del tratado de paz podrían haber aplastado el fatídico círculo de causas y efectos históricos.

Los hechos cosmológicos que hemos elaborado hasta ahora sugieren una actividad “desviada” realizada por Saturno. Si imaginamos una línea recta tomada desde la posición de Saturno el 1 de agosto de 1914, hasta el punto opuesto del Zodíaco, llegamos a la constelación de Sagitario (véase la Fig. 1). Esta línea obviamente actúa como una especie de desviación cósmica, y un punto 57° a la derecha se desvía en una posición 57° a la izquierda —junio de 1919— septiembre de 1939. Ahora podemos intentar formular una opinión más concluyente sobre esta desviación de la actividad de Saturno. En la tercera parte de Isis Sophia II, describimos brevemente la naturaleza de este planeta sobre la base de la investigación espiritual. Señalamos que la esfera de Saturno está estrechamente asociada con la jerarquía de los Espíritus de la Voluntad, y que esta esfera cósmica ha funcionado como la preservación de la Voluntad divina desde las etapas más antiguas de la evolución. Es el órgano de la memoria cósmica y, por lo tanto, actúa como la conciencia de la historia.

Volvamos a tomar la posición de Saturno en junio de 1919. Todas las decisiones y actos realizados por la humanidad fueron acumulados y registrados por el planeta Saturno, el órgano de la memoria cósmica del Universo. Saturno funciona de manera similar a la memoria humana, utilizando el organismo físico para esta actividad. Podemos leer en este órgano cósmico de la memoria el funcionamiento del destino, en la misma medida que el recuerdo del pasado en aras de su redención en el futuro. Cuando, por lo tanto, Saturno entró en el punto de desviación del Tratado de Versalles en 1939, la humanidad se enfrentó a las consecuencias de sus propios actos previos. Esto hace que el trabajo de memoria en el mundo y en el futuro sea la consecuencia de la evolución. La idea de que el cosmos se dé cuenta de lo que sucede en el ámbito humano, aparentemente pequeño, puede parecer fantástica al principio. Sin embargo, aquí están los hechos cósmicos ineludibles que nos pide, al menos, cuestionarnos, la llamada insignificancia de la raza humana dentro de ese universo inimaginablemente grande que la astronomía moderna propone y describe.

Desde otro punto de vista extremo, también se podría argumentar que esta desviación cósmica de los eventos terrestres es sólo una prueba del dominio absoluto del cosmos sobre toda la historia terrestre y humana. Uno podría considerar esos sucesos, por ejemplo, en 1914, 1919 y 1939 como algo completamente fuera del alcance de la libre actividad humana y como algo impuesto a la humanidad al igual que el movimiento de una máquina se impone a su material. Este sería el punto de vista de un fatalismo astrológico extremo. Sin embargo, es una pregunta totalmente filosófica, sobre si somos libres o no con respecto a nuestras semiactividades. Desde aspectos bastante diferentes, que también indicaremos en este libro, hemos llegado a la conclusión de que una cosmología espiritual auténtica no puede sino admitir la posibilidad teórica de un alcance ilimitado para la libertad humana en el marco de los impactos cósmicos en los que nos encontramos. Uno está justificado al decir que, si alguien hubiera encontrado otra solución más práctica que el Tratado de Versalles, en 1919, los acontecimientos de 1939 podrían haber tomado un giro diferente.

Notamos en la Fig.1 el significado de la línea cósmica de desviación, la línea de Géminis a Sagitario. En Géminis, esta línea estuvo marcada por la posición de Saturno en agosto de 1914. Es muy esclarecedor considerar también las implicaciones de Sagitario. Saturno estaba allí en 1929; de hecho, pasó por ese punto, exactamente opuesto al del 1 de agosto de 1914, tres veces por su movimiento retrógrado. Este fue el año de la gran crisis económica en todo el mundo, comenzando en los EE. UU. Esto trastornó la estructura social de muchos países; por ejemplo, Alemania nunca se recuperó realmente, antes de los drásticos sucesos de 1933, y esta fue una de las razones de los desarrollos totalitarios en este país después de 1933. En los EE. UU., la crisis económica se sintió como un golpe demoledor, y los visitantes y observadores de los Estados Unidos han confirmado que el recuerdo de esa catástrofe ha dejado marcas más profundas en el criterio de los estadounidenses que incluso las de la primera guerra. Estas dos catástrofes —la primera guerra y la gran crisis económica mundial— mantienen esa línea de desviación cósmica. Para un observador objetivo y sin prejuicios, la conexión entre los dos eventos es bastante obvia. Sin embargo, aquí también debemos decir que, si entre 1914 y 1929 hubiera prevalecido en la humanidad un liderazgo más visionario, entonces los sucesos de 1929 podrían haber tenido un aspecto diferente.

Una mirada al gráfico del Zodíaco (Fig. 1), en correspondencia con los diversos sucesos históricos, nos mostrará que aparecen indicadas más desviaciones; por ejemplo, los acontecimientos en 1941 son tales desviaciones de 1917. A lo largo de 1917, Rusia fue invadida por la revolución bolchevique y, en consecuencia, no pudo continuar la guerra contra Alemania. Esto ocurrió cuando Saturno estaba a unos 34° a la derecha de su posición inicial en agosto de 1914. El 22 de junio de 1914, Alemania atacó a Rusia y se expuso a una guerra de dos flancos. Saturno estaba a 53.5° de la eclíptica, o 34° a la izquierda de su posición el 1 de agosto de 1914.

Aquí, nuevamente, tenemos un ejemplo perfecto de desviación. En 1917, Rusia quedó paralizada, hasta tal punto, que no pudo continuar la lucha. Esto fue causado por el movimiento del alto mando alemán al enviar a Lenin de vuelta a Rusia. Esto pudo traer un alivio temporal a los alemanes, pero ha hecho entrega a la humanidad de la gigantesca amenaza del bolchevismo agresivo. Este impacto rápidamente entró en la etapa de la historia mundial nuevamente en 1941, cuando Saturno estaba en el punto de desviación correspondiente a 1917. Así como Rusia se había desvanecido de la primera guerra en 1917, entró en la segunda en 1941, e incluso ahora no podemos juzgar por completo las consecuencias futuras de todo este conjunto de acontecimientos históricos. Además, las fechas de entrada de los EE. UU en la primera y segunda guerra mundial (1917 y 1941) corresponden en un sentido similar, aunque no podemos hablar aquí de una reversión de los acontecimientos.

La decisión final de la primera guerra se produjo cuando los alemanes fueron derrotados en el transcurso de 1918, en las batallas de ChateauThiery en agosto de 1918. Saturno se había movido a 138° de la eclíptica, que está a 50° a la derecha de su posición inicial el 1 de agosto de 1914 (ver Fig. 1). El punto de desviación, 50° hacia la izquierda, se refiere a mayo de 1940. En ese momento, los alemanes organizaron su gran ataque sobre Holanda, Bélgica y Francia. Nuevamente encontramos aquí una inversión completa de los sucesos.

Sin embargo, la desviación más sorprendente ocurrió cuando Saturno regresó al punto de su posición el 1 de agosto de 1914. Esto tuvo lugar el 3 de junio de 1944. A Saturno le lleva unos 30 años regresar a la misma posición en la eclíptica. Tres días más tarde tuvo lugar el famoso desembarco de las fuerzas aliadas en la costa francesa. El planeta ya se había movido una fracción de un grado más, por lo que nuestro cálculo no parece ser bastante correcto. Sin embargo, más tarde se reveló que el aterrizaje debería haber tenido lugar el 3 de junio y fue pospuesto debido al mal tiempo en el Canal de la Mancha.

Aquí tenemos una desviación e inversión inconfundibles de los sucesos. El 1 de agosto de 1914 y más tarde, los ejércitos alemanes cayeron como una avalancha en Bélgica y Francia. El movimiento fue de este a oeste, pero después del 6 de junio de 1944, los ejércitos aliados llegaron a Francia desde el oeste. El primero de ellos —1 agosto de 1914— fue el comienzo de la primera guerra, el segundo —6 junio de 1944— corresponde prácticamente a la última etapa de la segunda guerra mundial.

La experiencia ha demostrado que se pueden encontrar muchos más puntos de desviación en relación con las dos guerras. Hemos seleccionado solo algunos de los principales eventos, pero incluso sucesos de un carácter más íntimo tienen su lugar correspondiente en estos escenarios cósmicos.

Un estudio de la historia de la línea de desviación de 87° a 267° de la eclíptica (ver Fig. 1) también es muy esclarecedor. Parece que de ninguna manera es arbitrario. Históricamente, se puede rastrear en relación con la Guerra de los Treinta Años. El 24 de octubre de 1648, se concluyó el Tratado de Paz de Westfalia que puso fin a esa guerra. Saturno estaba parado en la constelación de Tauro. El 29 de junio de 1914, en el momento del asesinato del Archiduque austríaco Fernando, estaba casi exactamente en la misma región del cielo. Los aspectos de mayor importancia con respecto a la vida cultural y social de la humanidad moderna parecen estar conectados con esta línea de desviación.

Nuestras investigaciones han demostrado que la línea de Géminis a Sagitario no es el único medio de desviación, aunque este parece ser el más importante en relación con el destino de la humanidad europea en la actualidad. También hay otras líneas de desviación en diferentes partes de la eclíptica, pero no nos podemos embarcar aquí en más presentaciones de este tema. Nuestra intención era mostrar, mediante un ejemplo, la relación de la humanidad con el mundo de las estrellas. La inmensidad inimaginable del universo, que la ciencia astronómica moderna proclama, sugiere la absoluta insignificancia del planeta Tierra y de la raza humana. Parecemos ser un producto del azar y totalmente dominado por los impactos del gran universo, por mucho que uno esté preparado para admitir su influencia. Queríamos poner los hechos que nuestras investigaciones han revelado contra tal posible concepción. El ejemplo que hemos dado sugiere que hay suficiente campo para el empleo de la actividad humana libre en el curso de sucesos históricos. Sin embargo, si no hacemos uso de nuestra capacidad de pensamiento constructivo y nos movemos sólo en canales de concepciones tradicionales desgastadas, entonces el cosmos estrellado parece tener sobre nosotros las consecuencias de nuestros propios fracasos.

La pregunta de si estamos dominados por los movimientos de las estrellas encuentra una respuesta relativamente simple. En la medida en que desarrollemos la imaginación moral, nuevas ideas y actividad espiritual, es el grado en el que cuál seremos los maestros —guías— de las estrellas. Si no cultivamos nuestras facultades espirituales dormidas, entonces estaremos sujetos al dominio del mundo cósmico que solo nos confronta con la desviación de nuestros propios fracasos. A veces es más angustioso ver a la humanidad gobernada y castigada por sus propios defectos, desviados a través de los movimientos y gestos de las estrellas. Si no penetramos en el fondo real de nuestra relación con el mundo de las estrellas, es demasiado fácil considerar que nuestra historia está completamente gobernada por el cosmos. Tal verdad a medias sólo creará confusión y obstaculizará el camino hacia un progreso espiritual real.

En el siguiente capítulo presentaremos otra relación del ser humano con el cosmos estrellado, que esperamos arroje más luz sobre este delicado problema.

Traducido por Carmen Ibañez Berbel en diciembre de 2017.

 

ISIS SOPHIA III – NUESTRA RELACIÓN CON LAS ESTRELLAS

 

Esta edición de Isis Sophia III se publicó por primera vez en 1952 en forma manuscrita bajo el título de El hombre y las estrellas. El libro ha sido ligeramente editado para ajustarse a un estilo más moderno de puntuación y mayúsculas.

English version

 

Primera parte

 

Segunda parte

  • C1. El impacto del cosmos en la tierra
  • C2. Ideas sobre embriología y las estrellas
  • C3. Deformidades fisiológicas y las estrellas
  • C4. Fundamentos cósmicos y fisiológicos de la vida del alma
  • Conclusión
  • Tabla para la conversión de signos en constelaciones

 

Tercera Parte

  • C1. Cosmología y Embriología
  • C2. El zodiaco y el desarrollo embrionario
  • C3. La constelación de Aries
  • C4. La constelación de Tauro
  • C5. La constelación de Géminis
  • C6. La constelación de Cáncer
  • C7. La constelación de Leo
  • C8. La constelación de la Virgo
  • C9. La constelación de Libra
  • C10. La Constelación de Escorpión
  • C11. La constelación de Sagitario
  • C12. La constelación de la Capricornio
  • C13. La constelación de Acuario
  • C14. La constelación de Piscis
  • Conclusión

 

Cuarta Parte

  • C1. Ritmos cósmicos y evolución
  • C2. La precesión de los equinoccios.
  • C3. La precesión de los equinoccios y la historia
  • C4. El equinoccio vernal en Piscis
  • C5. El equinoccio de primavera en Cáncer
  • C6. El equinoccio vernal en Géminis
  • C7. El equinoccio de primavera en Tauro
  • C8. El equinoccio de primavera en Aries
  • C9. El equinoccio vernal en Acuario
  • C10. El equinoccio vernal en Capricornio o pez gobino
  • Pegaso el caballo alado

Los diagramas en este libro son el trabajo original de Willi Sucher

 

 

 

GA219c7. Procesos interiores en el organismo humano. Sentidos-Percepción, Dormir-Respiración, Despertar-Memoria.

Rudolf Steiner — Dornach, 22 de diciembre de 1922

English version

El hombre percibe las cosas del mundo a través de sus sentidos, pero con su conciencia ordinaria no percibe lo que ocurre dentro de los sentidos. Si hiciera esto en la vida cotidiana, no sería capaz de percibir el mundo exterior. Los sentidos deben, por así decirlo, renunciar a sí mismos si quieren dar a conocer al hombre lo que se encuentra fuera de los sentidos en el mundo que lo rodea inmediatamente en la Tierra. Si nuestro oído pudiera hablar o nuestro ojo pudiera hablar, si pudiésemos de este modo tomar conciencia de los procesos que tienen lugar en esos órganos, no deberíamos poder escuchar lo que se puede oír externamente ni ver lo que se ve exteriormente. Pero es precisamente esto lo que le permite al hombre conocer el mundo que lo rodea, en la medida en que es un ser terrestre; sin embargo, él no aprende a conocerse a sí mismo. Esto presupone que durante el proceso de adquisición del autoconocimiento uno puede suspender toda cognición del mundo exterior, de modo que durante un tiempo no se experimenta nada en absoluto desde el mundo externo.

En Ciencia Espiritual siempre se ha esforzado por descubrir métodos a través de los cuales el hombre pueda adquirir un verdadero autoconocimiento, y ustedes son conscientes de las muchas conferencias diferentes que he dado, que por este autoconocimiento no me refiero al tipo ordinario de melancólica contemplación del ser cotidiano; porque todo lo que el hombre experimenta de ese modo es simplemente una imagen refleja del mundo externo. Él no aprende nada que sea nuevo; simplemente conoce, como en un espejo, lo que ha experimentado en el mundo físico exterior. El verdadero autoconocimiento debe, como saben, proceder a través de métodos que silencien no solo el mundo externo terrenal, sino también el contenido diario del alma que, tal como existe en la conciencia real, es simplemente una imagen especular del mundo exterior. Y a través de los métodos descritos en el libro Como se adquiere el conocimiento de los Mundos Superiores, saben que la investigación espiritual avanza primero a lo que se llama Cognición Imaginativa.

Quien avanza a este Conocimiento Imaginativo tiene ante sí, desde el principio, todo lo que pertenece al mundo suprasensible que puede revestirse de las imágenes y panorámicas de esta forma de conocimiento superior. Y cuando ha adquirido la facultad interior de la visión imaginativa del mundo, ya está en posición de seguir lo que ocurre en los órganos de los sentidos humanos.

No sería posible seguir lo que ocurre en los órganos de los sentidos si solo continuara algo allí mientras el mundo exterior fuera percibido a través de ellos. Cuando veo un objeto del mundo exterior, mi ojo está quieto. Cuando escucho algún sonido del mundo exterior, mi oído está quieto. Esto significa que aquello de lo que el oído da cuenta no es lo que sucede dentro del oído sino lo que viene desde el mundo externo hacia el oído. Pero si, por ejemplo, el oído solo fuera activo en conexión con el mundo externo mientras se llevara a cabo la percepción externa, nunca seriamos capaces de observar el proceso que ocurre en el oído mismo, independientemente del mundo exterior. Pero todos ustedes saben que una impresión sensorial tiene un efecto posterior en los sentidos, aparte del hecho de que los sentidos siempre participan incluso cuando estamos simplemente pensando activamente con nuestra conciencia ordinaria. Es posible retirarse por completo del mundo exterior en la medida en que es un mundo de color, sonido, olor, etc., y prestar atención únicamente a lo que sucede en o por medio de nuestros propios órganos sensoriales. Cuando llegamos a este punto, hemos dado el primer paso hacia la adquisición del verdadero conocimiento del hombre. Para tomar el ejemplo más simple, digamos que queremos entender cómo se desvanece una impresión hecha en el ojo del exterior. Una persona que ha adquirido la facultad de Cognición Imaginativa es capaz, porque no está percibiendo nada en el mundo externo, de seguir esta muerte lejos de la impresión sensorial. Es decir, está siguiendo un proceso en el que está involucrado el órgano de los sentidos como tal, aunque en este momento en realidad no está en conexión con el mundo externo.

O, digamos, alguien puede imaginarse vívidamente algo que ha visto, dándose cuenta de cómo el órgano de la vista participó en el pensamiento viviente de los colores, y así sucesivamente. Lo mismo se puede hacer en el caso de todos los sentidos. Entonces, tal persona realmente se hace consciente de que lo que ocurre dentro de los sentidos solo puede ser percibido por la Cognición Imaginativa. Como por arte de magia aparece ante nuestra alma un mundo de Imaginaciones cuando vivimos, no en el mundo externo, sino en los sentidos mismos. Y luego empezamos a entender que nuestros sentidos pertenecen a un mundo diferente al que percibimos a través de los mismos en nuestra existencia de la Tierra. Nadie que esté verdaderamente en una posición, a través de la adquisición del Conocimiento Imaginativo, de observar la actividad de sus propios sentidos, puede dudar de que el hombre, como ser sensible, pertenece al mundo suprasensible.

En el libro La Ciencia Oculta, he llamado al mundo que el hombre aprende a conocer retirando su atención del mundo exterior y viviendo dentro de sus propios sentidos, el mundo de los Ángeles, los Seres que están en un nivel más alto que el hombre. ¿Qué es lo que realmente sucede en nuestros sentidos? Podemos comprender si somos capaces de observar la actividad interna de los sentidos mientras no estamos percibiendo con ellos. Así como podemos recordar una experiencia que tuvo lugar años antes, aunque ya no está presente, entonces, si somos capaces de observar los sentidos mientras no están ocupados en ningún acto de percepción, podemos adquirir conocimiento de lo que allí sucede. No puede llamarse remembranza, porque eso transmitiría una idea falaz; sin embargo, en lo que percibimos, podemos percibir al mismo tiempo los procesos engendrados en los sentidos por el mundo exterior a través del color, el sonido, el olfato, el gusto, el tacto, etc.

De esta manera, podemos penetrar en algo de lo que el hombre es inconsciente, es decir, la actividad de sus propios sentidos mientras el mundo exterior le transmite sus impresiones.  Y aquí nos damos cuenta de que el proceso de respiración —la inhalación del aire, la distribución del aire en el organismo humano, la exhalación— funciona de manera notable a través de todo el organismo. Cuando respiramos, el aire inhalado pasa a las ramificaciones más finas de los sentidos, y aquí la respiración rítmica entra en contacto con lo que se llama en la Ciencia Espiritual, el cuerpo astral del hombre. Lo que sucede en los sentidos depende de que el cuerpo astral entre en contacto con el proceso de respiración rítmica.

Por lo tanto, cuando escuchas un tono, es porque el cuerpo astral puede entrar en tu órgano de audición en contacto con el aire que vibra. No puede hacer esto en ninguna otra parte del organismo humano, sino solo en los sentidos. Los sentidos están presentes en el hombre para que el cuerpo astral pueda contactar lo que surge en el cuerpo humano a través de la respiración. Y esto sucede no solo con el órgano de la audición, sino en todos los órganos de los sentidos; incluso con el sentido del tacto o sentimiento que se extiende sobre todo el organismo, el cuerpo astral entra realmente en contacto con la respiración rítmica, es decir, con la acción del aire en nuestro organismo.

Es precisamente al estudiar estas cosas que nos damos cuenta de lo necesario que es tener en cuenta que el hombre no es simplemente una estructura sólida, sino casi el 90% una columna de agua; como el aire circula todo el tiempo en los procesos internos del cuerpo, también es un organismo aéreo. Y el organismo aéreo, con su vida entrelazada, entra en contacto, en los órganos de los sentidos, con el cuerpo astral del hombre. Esto ocurre de muchas maneras en los órganos de los sentidos, pero hablando en general puede decirse que este encuentro es el factor esencial en todos los procesos sensoriales.

Observar cómo el cuerpo astral entra en contacto con el aire no es posible a menos que ingresemos en el mundo Imaginativo. Con la Cognición Imaginativa se perciben otras condiciones en el entorno de la Tierra donde las fuerzas astrales entran en contacto con el aire. Pero dentro de nosotros, como seres humanos, lo que es de importancia esencial es que el cuerpo astral entre en contacto con el proceso de respiración y con lo que realmente envía el proceso de respiración a través del organismo corporal.

Así aprendemos a conocer el tejer de la actividad de los Seres pertenecientes a la jerarquía de los Ángeles. La única imagen verdadera que podemos tener de ello es que en el proceso inconsciente que sigue su curso en la percepción de los sentidos, este mundo de Seres suprasensibles está trabajando y tejiendo, entrando y saliendo, por así decirlo, a través de las puertas de nuestros sentidos. Cuando escuchamos y cuando vemos, este es un proceso que no tiene lugar únicamente a través de nuestra voluntad arbitraria, sino que pertenece también a un mundo objetivo, que opera en una esfera donde los hombres ni siquiera estamos presentes, pero a través de la cual somos verdaderamente hombres, hombres dotados de sentidos.

Verán, cuando nuestro cuerpo astral entre el despertar y el dormir entra en relación con la esfera de nuestros sentidos con el aire que ahora es respiración rítmica y por lo tanto ha cambiado de carácter, aprendemos, por así decirlo, a conocer la periferia más exterior del hombre. Pero aprendemos a conocer aún más al hombre si podemos alcanzar la etapa superior de la cognición suprasensible llamada Inspiración en los libros ya mencionados.

En este punto, debemos pensar en cómo el hombre está sujeto a los estados alternantes de la vida de vigilia y la vida del sueño. La percepción sensorial también está sujeta a esta alternancia. Las percepciones no tendrían el efecto correcto sobre nuestra conciencia si no pudiéramos interrumpir continuamente el proceso involucrado. Saben por experiencias puramente externas que la rendición prolongada a una percepción sensorial afecta a  la conciencia de ello.

Debemos retirarnos una y otra vez de una impresión sensorial dada, es decir, debemos alternar entre la impresión y otra condición donde no tenemos impresión. Que nuestra conciencia sea normal en lo que respecta a las impresiones de los sentidos depende de que también podamos retirar los sentidos de la impresión que se está produciendo sobre ellos; la percepción sensorial siempre debe estar sujeta a estas breves condiciones alternas. Estas alternancias también ocurren en períodos más largos de nuestra vida, ya que alternamos una vez cada veinticuatro horas entre el dormir y el despertar.

Ustedes saben que cuando pasamos a la condición de sueño, nuestro cuerpo astral y yo abandonan el cuerpo físico y etérico. Consecuentemente, entre el dormir y el despertar el cuerpo astral entra en relación con el mundo exterior, mientras que entre el despertar y el dormir se relaciona solo con lo que sucede dentro del cuerpo humano. Imagínense estos dos estados, o estos dos procesos: el cuerpo astral entre el despertar y el dormir en conexión con lo que ocurre en el cuerpo físico y etérico humano y el cuerpo astral entre el dormirse y despertar en conexión con el mundo exterior, ya no con el cuerpo físico y etérico del hombre mismo.

Las esferas de los sentidos en nosotros ya son casi un mundo exterior, si puedo usar la expresión que, aunque sea paradójica, lo entiendan. Piensen, por ejemplo, en el ojo humano. Es como un ser independiente —naturalmente quiero decir esto solo de forma análoga— pero es realmente como un ser independiente colocado allí en una cavidad en el cráneo, y luego continúa más hacia el interior con independencia comparativa. El ojo mismo, aunque impregnado de vida, es notablemente como un aparato físico. Los procesos en el ojo y los procesos en un aparato físico se pueden caracterizar de una manera notablemente similar. El alma, es cierto, comprende los procesos que surgen en el ojo, pero, como he dicho a menudo, los órganos de los sentidos o las esferas de los sentidos son como golfos que el mundo exterior extiende dentro de nosotros, por así decirlo, y en las esferas de los sentidos participamos mucho más en el mundo exterior que los otros dominios de nuestro organismo.

Cuando volvemos nuestra atención a algún órgano interno como los riñones, por ejemplo, no podemos decir que allí compartimos algo externo en virtud de experimentar los procesos del órgano mismo. Pero al experimentar lo que sucede en los sentidos, experimentamos el mundo exterior al mismo tiempo. Les ruego que ignoren por completo las cosas que puedan conocer de los tratados sobre la fisiología de los sentidos y demás. No me estoy refiriendo ahora a ninguna de estas cosas, sino al hecho de que es perfectamente accesible para la comprensión humana ordinaria, saber que el proceso que tiene lugar en los sentidos puede captarse más fácilmente como algo que se extiende hacia nosotros desde fuera y de lo cual participamos, como algo que traemos interiormente a través de nuestro organismo.

Por lo tanto, también es un hecho que en los sentidos, nuestro cuerpo astral está prácticamente en el mundo exterior. Especialmente cuando nos hemos rendido deliberadamente a las percepciones sensoriales del mundo exterior, nuestro cuerpo astral está en realidad casi completamente sumergido en el mundo exterior, aunque no en la misma medida en el caso de todos los sentidos. Está completamente sumergido en el mundo exterior mientras dormimos. Entonces, desde este punto de vista, el sueño es una especie de mejora de la entrega de los sentidos al mundo exterior. Cuando tus ojos se cierran, tu cuerpo astral también se retira más al interior de la cabeza; te perteneces más a ti mismo. Cuando miras hacia afuera de la manera normal, entonces el cuerpo astral se introduce en el ojo y participa en el mundo exterior. Si sale totalmente fuera del organismo, entonces te duermes. La rendición de los sentidos al mundo exterior no es, de hecho, lo que normalmente se supone, sino que en lo que respecta a la conciencia, es en realidad una etapa en el camino hacia el sueño.

Así, en los actos de percepción sensorial, el hombre participa en cierta medida en el mundo exterior; en el sueño, participa en él por completo. Con la Inspiración (conocimiento a través de la Inspiración) puede tomar conciencia de lo que está sucediendo en el mundo en el que se encuentra con su cuerpo astral entre el sueño y la vigilia.

Con la Inspiración Cognitiva, sin embargo, el hombre puede tomar conciencia de otra cosa, a saber, del momento de despertarse. El momento de la vigilia es, por así decirlo, algo más intenso, más vivido, pero, sin embargo, se puede comparar con cerrar los ojos.

Cuando estoy posicionado ante un color, entrego mi cuerpo astral a eso en el ojo que,  como dije, está casi afuera, es decir, al proceso ocasionado por un color del mundo externo que causa una impresión en mi ojo. Cuando cierro los ojos, vuelvo a llamar a mi cuerpo astral dentro de mí; cuando me despierto, retiro mi cuerpo astral del mundo externo, del cosmos. A menudo, infinitamente a menudo durante la vigilia del día, en relación con los ojos o los oídos, por ejemplo, hago lo mismo con mi cuerpo astral cuando estoy despierto, solo entonces mi organismo completo está involucrado como totalidad. Al despertar, retiro todo mi cuerpo astral. Naturalmente, este proceso de retracción del cuerpo astral al despertar permanece inconsciente de la manera ordinaria, del mismo modo que el proceso de los sentidos permanece inconsciente. Pero si este momento de vigilia se convierte en una experiencia consciente para alguien que ha alcanzado la etapa de la Inspiración, es evidente a la vez que esta entrada del cuerpo astral tiene lugar en un mundo completamente diferente de aquel en el que vivimos; sobre todo, a menudo es obvio lo difícil que es para el cuerpo astral regresar a los cuerpos físico y etérico. Los obstáculos están ahí.

Se puede decir verdaderamente que aquel que comienza a hacerse consciente de este proceso de retorno del cuerpo astral al cuerpo físico y etérico experimenta percusiones y tormentas espirituales. Estas tormentas espirituales muestran que el cuerpo astral se sumerge en el cuerpo físico y etérico, pero estos cuerpos no son como las descripciones dadas por los anatomistas y fisiólogos, ya que ellos también pertenecen al mundo espiritual. Tanto el llamado cuerpo físico como el cuerpo etérico algo nebuloso están arraigados en un mundo espiritual. En su naturaleza real, el cuerpo físico se revela como algo bastante diferente de la imagen material presentada a la vista o por la ciencia ordinaria.

Este descenso del cuerpo astral hacia los cuerpos físico y etérico puede aparecer en imágenes de infinita variedad. Digamos que una pieza de madera que se quema cae en el agua, es la analogía más simple y abstracta de la experiencia que puede surgir en alguien que recién comienza a tener conocimiento de este proceso. Pero luego se vuelve interiormente real de múltiples maneras, y luego se espiritualiza por completo en la medida en que al principio solo se puede comparar en su apariencia a una furiosa tormenta que luego se permea con movimientos armoniosos, dando la impresión de que algo está hablando, está diciendo o anunciando alguna cosa.

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Lo que se anuncia así se viste, en primer lugar, en imágenes de reminiscencias de la vida ordinaria; pero esto cambia con el tiempo y gradualmente llegamos a experimentar un mundo que también nos rodea pero en el que nuestras experiencias no pueden llamarse reminiscencias de las percepciones ordinarias, porque son de un carácter completamente diferente y porque nos muestran en sí mismas que esto es un mundo diferente. Se puede percibir que el hombre con su cuerpo astral sale de su entorno a los cuerpos físico y etérico a través de todo el proceso de respiración. El cuerpo astral que está activo en los sentidos entra en contacto con las delicadas ramificaciones del proceso de respiración y penetra en los ritmos sutiles en los que el proceso de respiración alcanza la esfera de los sentidos. En el momento de despertar, el cuerpo astral deja el mundo exterior, entra en los cuerpos físico y etérico y se apodera del proceso de respiración que se ha dejado durante el período de sueño. A lo largo del camino del proceso de respiración, del movimiento de la respiración, el cuerpo astral entra en el cuerpo físico y etérico y se extiende como lo hace la respiración misma.

En el momento de la vigilia, la conciencia ordinaria se involucra rápidamente en la percepción del mundo exterior, y rápidamente une la experiencia del proceso de respiración con la experiencia del organismo como un todo. La conciencia en la etapa de Inspiración puede separar este flujo del cuerpo astral a lo largo del camino del ritmo respiratorio y tomar conciencia del resto del proceso orgánico, aunque naturalmente este último no sigue su curso por sí mismo. No solo en este momento de vigilia, sino que en todo momento el movimiento de la respiración en el organismo humano está, por supuesto, conectado internamente con los otros procesos del organismo. Pero en la conciencia superior de la Inspiración, los dos se pueden separar. Seguimos cómo el cuerpo astral, moviéndose a lo largo de los caminos de la respiración rítmica, ingresa en el cuerpo físico, y luego aprendemos a saber algo que de otro modo permanecería completamente inconsciente.

Después de haber experimentado todos los estados de conciencia que acompañan a esta entrada del cuerpo astral y son objetivos —no subjetivos— estados de sentimiento, el conocimiento llega a ese hombre, en la medida en que no es simplemente un ser de sentidos sino también un ser de aliento, tiene sus raíces en el mundo que he llamado en la Ciencia Oculta el mundo de los Arcángeles. Así como los Seres del mundo suprasensible que están una etapa por encima del hombre están activos en sus procesos sensoriales, también lo están los Seres del mundo espiritual que están dos etapas por encima de él activas en el proceso respiratorio. Entran y salen, por así decirlo, entre el dormir y el despertar.

Algo de gran importancia para la vida humana se nos presenta cuando observamos estos procesos. Si nuestra vida de vigilia no fuera interrumpida por el sueño, aunque las impresiones del mundo exterior vinieran a nosotros, estas impresiones durarían solo un corto tiempo. No podríamos desarrollar un poder duradero de memoria. Ya saben cuán fugazmente funcionan las imágenes en los sentidos como imágenes posteriores. Los procesos que se activan más profundamente en el organismo continúan trabajando durante más tiempo; pero las secuelas no continuarán por más de unos días si no dormimos.

¿Qué es lo que realmente sucede en el sueño? Aquí debo recordarles algo que dije recientemente, describiendo cómo durante el sueño, con su cuerpo astral y su yo, el hombre siempre vive en un orden retrospectivo lo que ha experimentado en el mundo físico en el período anterior de vigilia. Tomemos un período de vigilia regular y un período de sueño regular; sin embargo, es lo mismo para períodos irregulares. Un hombre se despierta una cierta mañana, se entretiene durante el día, se va a descansar por la noche y duerme durante la noche la tercera parte del tiempo que estuvo despierto. Entre despertarse e irse a dormir tiene una serie de experiencias, experiencias diurnas. Durante el sueño, en realidad vive en orden inverso lo que se ha experimentado durante el día. La vida de sueño retrocede con mayor rapidez, por lo que solo se necesita un tercio del tiempo.

¿Qué ha sucedido realmente? Si tuviéramos que dormir de acuerdo con las leyes del mundo físico, ahora no me refiero al cuerpo, porque el cuerpo duerme de acuerdo con esas leyes como una cuestión de rutina, pero si en las condiciones de existencia fuera de los cuerpos físicos y etéricos, en nuestro yo y nuestro cuerpo astral, nuestro sueño se rigiera por las mismas leyes que rigen nuestra vida de vigilia, este movimiento hacia atrás no sería posible, ya que simplemente deberíamos avanzar con el flujo del tiempo. Estamos sujetos a leyes totalmente diferentes cuando en nuestro cuerpo astral y yo estamos fuera de los cuerpos físico y etérico.

Ahora piensen en lo siguiente. Hoy es el 22 de diciembre; esta mañana fue para vosotros, cuando os despertasteis del sueño, la mañana del 22 de diciembre. En un momento dado se irán a dormir y para cuando se despierten mañana, las experiencias en su orden retrógrado, les habrán llevado de nuevo a la mañana del día de hoy, el 22 de diciembre. Entonces han pasado por un proceso interno en el que han retrocedido. Cuando se despierten mañana, la mañana del 23 de diciembre, el proceso les habrá devuelto a la mañana del 22 de diciembre. Se despiertan; en el mismo momento, porque ahora el cuerpo astral, contrario a las leyes que ha estado obedeciendo durante su sueño, hace que el tirón atraviese su cuerpo hacia el mundo físico ordinario, al mismo tiempo que se ve obligado en su vida más íntima del alma a avanzar rápidamente con su yo y cuerpo astral hasta la mañana del 23 de diciembre. En realidad, se pasa por este proceso interiormente.

Quiero que entiendan con todo su significado lo que ahora voy a decir. Si tienen algún tipo de gas en un recipiente cerrado, pueden comprimir ese gas para que se vuelva más denso. Este es un proceso en el espacio. Pero puede ser comparado, —naturalmente solo comparado— con lo que acabo de describirles.  Regresas con tu cuerpo astral y tu yo a la mañana del 22 de diciembre, y luego, cuando despiertas, avanzas rápidamente hacia la mañana del 23 de diciembre. Impulsas tu alma hacia adelante en el Tiempo. Y a través de este proceso, tu ser anímico, tu cuerpo astral, se vuelve tan condensado en el tiempo, que lleva las impresiones del mundo exterior no solo por un corto período de tiempo, sino como memoria perdurable. Así como cualquier gas que se condensa al ejercer una presión más fuerte, tiene más poder interno, también el cuerpo astral adquiere el fuerte poder del recuerdo, de la memoria, a través de esta condensación interna en el Tiempo.

Esto nos da una idea de algo que de otra forma siempre se escapa de nuestra conciencia. Podemos concebir que el Tiempo fluye de manera uniforme y que todo lo que tiene lugar en el Tiempo también fluye en forma pareja con él. Con respecto al espacio, sabemos que todo lo que se extiende en el espacio se puede condensar; y su poder interno de expansión aumenta. Pero el elemento anímico que vive en el Tiempo, también se puede condensar —estoy hablando figurativamente, por supuesto— y luego aumenta su poder interno. Y para el hombre, uno de estos poderes es el poder de la memoria.

De hecho, debemos este poder de recuerdo, de memoria, a lo que sucede durante nuestro sueño. Desde el momento de ir a dormir hasta el despertar estamos en el mundo de los Arcángeles, y junto con los Seres de esa jerarquía cultivamos este poder de la memoria. Así como cultivamos el poder de la percepción sensorial y la combinación de percepciones sensoriales junto con los Seres de la jerarquía de los Ángeles, también cultivamos este poder de la memoria, que es un poder mas guardado, más conectado con el centro de nuestro ser, en comunión con el mundo de los Arcángeles.

El verdadero conocimiento del hombre no existe en una forma nebulosa y mística de introspección melancólica; el verdadero conocimiento del hombre, con cada paso adicional que lleva a la vida interior, conduce al mismo tiempo a mundos superiores. Hoy hemos hablado de dos de esos pasos. Si contemplamos la esfera de los sentidos, estamos en la esfera de los Ángeles; si contemplamos la esfera de la memoria, entramos en la esfera de los Arcángeles. El autoconocimiento es, al mismo tiempo, conocimiento de los Dioses, conocimiento del Espíritu, porque cada paso que conduce al ser interior del hombre conduce ipso facto al mundo espiritual. Y cuanto más profunda es la penetración mayor —para usar una paradoja— es el ascenso al mundo de los Seres espirituales. El autoconocimiento, si es serio, es verdadero conocimiento del mundo, es decir, conocimiento del contenido espiritual del mundo.

Por lo que se ha dicho, se puede entender por qué en la antigüedad, cuando ciertos pueblos orientales se esforzaban por adquirir un tipo de visión espiritual instintiva, el objetivo era hacer que el proceso de respiración fuera un proceso consciente mediante ejercicios de respiración especiales. De hecho, tan pronto como el proceso de respiración se convierte en un proceso consciente, entramos en el mundo espiritual.

No necesito volver a decir hoy que esas prácticas antiguas no deberían ser repetidas por el hombre moderno con su constitución diferente, sino que deberían ser reemplazadas por otras que se exponen en los libros mencionados. Sin embargo, se puede decir con verdad en el caso de ambos tipos de conocimiento, el conocimiento basado en la antigua clarividencia mística y el conocimiento producido por la clarividencia exacta propia de la edad moderna, que la observación genuina de los procesos que tienen lugar internamente en el hombre conducen al mismo tiempo al mundo espiritual.

Hay personas que dicen: Todo esto no es espiritual, ya que el objetivo es investigar los sentidos, la respiración. Lo llaman autoconocimiento materialista en comparación con la nebulosa experiencia mística. ¡Pero que intenten practicarlo por una vez! Pronto descubrirán que el conocimiento genuino del proceso sensorial revela que es un proceso espiritual y que considerarlo como un proceso material es pura ilusión. Y lo mismo se aplica al proceso de respiración. El proceso de respiración es un proceso material solo cuando se ve externamente. Visto desde adentro, es a través de un proceso espiritual, que toma su curso en un mundo mucho más elevado que el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos.

Traducido por Gracia Muñoz en Diciembre de 2017.