Capítulo I. Reflexión y desviación de los eventos históricos en el Cosmos.

Willi Sucher – Isis Sophia III

El universo estrellado que contemplamos es el resultado del trabajo de las jerarquías espirituales o de las inteligencias divinas, como así las denominó Tomás de Aquino. En el libro del autor, Isis Sophia II – Una nueva sabiduría estelar, en lo sucesivo denominado como Isis Sophia II, nos esforzamos por dar una imagen de la emanación del mundo cósmico externo, del trabajo de ese universo de jerarquías, en el curso de la evolución. Nuestra base de conocimiento es el resultado de la investigación a través de la Ciencia Espiritual. Esta descripción recordó un hecho decisivo; la evolución del universo estelar no puede ser vivida a partir del desarrollo de la humanidad. La gran biografía del universo y la filogenia espiritual del ser humano son los dos lados del mismo proceso: el aspecto exterior e interior de la creación. Por lo tanto, debe de surgir la gran pregunta: ¿cómo se encuentran interrelacionadas en el momento actual de la historia cósmica las dos entidades, el mundo macrocósmico presente en las estrellas y el mundo microcósmico de la creación terrestre?.

Aquí encontramos un amplio campo de habilidades para la investigación que puede emprenderse con aquellas herramientas de conocimiento que proporciona la Ciencia Espiritual. Esto, mantendrá ocupada a la humanidad cada vez más, ahora  y durante mucho tiempo. Las primeras investigaciones en esta dirección han demostrado que todos los reinos de la naturaleza —mineral, vegetal, animal, humano— están estrechamente relacionados con el cosmos. Es posible que estos reinos de la naturaleza se hayan emancipado más o menos, pero las huellas de los lazos con el mundo de las estrellas son inconfundiblemente predominantes. Explorar y descubrir la conexión real entre los dos reinos del Universo con los medios de estricta disciplina científica, proporcionará la posibilidad de penetrar por igual en los orígenes de la existencia y en el significado y propósito de toda la Creación.

Nuestra preocupación en el presente libro estará especialmente enfocada en la presentación de los resultados de nuestras investigaciones sobre la interrelación entre el ser humano y las estrellas. Sin embargo, quisiéramos enfatizar que no intentamos identificar nuestros esfuerzos con ciertas creencias astrológicas. La astrología, tal como existe hoy en día, se basa en tradiciones y métodos de conocimiento muy antiguos. No pretendemos entrar en una discusión sobre estos antiguos métodos de conocimiento, pero queremos establecer un conocimiento que esté de acuerdo con el carácter y los requisitos de la era moderna. Ciertamente, el universo entero está en un estado de evolución ininterrumpida, y como parte del universo estamos constantemente cambiando y evolucionando con respecto a toda nuestra constitución y conciencia. Por lo tanto, nos parece imposible imponer a esta era moderna métodos de acercamiento que se justificaron hace varios miles de años.

En este libro, basaremos nuestras discusiones en dos preguntas fundamentales:

1.-. ¿Existe alguna posible prueba de una conexión entre los movimientos y los ritmos de las estrellas y los seres humanos, a medida que vivimos en la Tierra?

y 2.-. Si existe dicha relación, ¿cuál es el carácter de ésta en las condiciones actuales?

Con el fin de encontrar un enfoque humano más general y amplio, vamos ahora a poner ciertos sucesos históricos y ritmos cósmicos, unos junto a otros. Para este propósito tomaremos las dos últimas guerras mundiales y los movimientos y posiciones correspondientes del planeta Saturno. Sin embargo, quisiéramos enfatizar que no emplearemos ninguna idea preconcebida sobre las influencias de los hechos cósmicos en la historia, etc., sino que simplemente compararemos los últimos con los datos de esos hechos históricos.

La Primera Guerra Mundial comenzó el 1 de agosto de 1914. En ese momento el planeta Saturno se encontraba a 87°43’de la eclíptica. Este es el punto de transición de la constelación de Tauro a Géminis. Después de los primeros meses de la guerra de movimientos, la situación se deterioró, como sabemos, convirtiéndose en una guerra de trincheras. Hasta 1917 no se produjeron nuevos desarrollos en la guerra. Ya en el comienzo de ese año, el alto mando alemán resolvió romper este obvio estancamiento, haciendo uso de ciertos movimientos. Uno de estos fue el traslado de Lenin a Rusia, que por entonces vivía en Suiza, en el exilio. Ya era conocida su extrema actividad revolucionaria, y el alto mando alemán esperaba que él comenzara una revolución en Rusia lo suficientemente efectiva como para evitar que Rusia continuase siendo aliada de las potencias occidentales. Lenin llegó a Rusia en un vagón sellado, en el mes de abril de 1917, y comenzó de inmediato a poner en práctica sus intenciones revolucionarias. Los maestros políticos de Rusia presintieron, por supuesto, los peligrosos esfuerzos de Lenin.

En el transcurso de los meses siguientes, Lenin tuvo que buscar refugio en Finlandia, pero la situación en Rusia se deterioró tan rápidamente que pudo regresar, a salvo, a su país nativo. En otoño, el movimiento Bolchevique se había vuelto tan abrumadoramente fuerte, que el gabinete de Kerensky, que entonces estaba en el poder, no pudo resistir más y fue desalojado por la fuerza a principios de noviembre de 1917, en el curso de la Revolución Bolchevique. Las esperanzas del alto mando alemán de que Rusia se detuviera por la revolución se habían cumplido, no pudiendo continuar la guerra contra Alemania, y retirándose de forma gradual.

Incluso antes de que Rusia se desvaneciera como un opositor de Alemania, los EE.UU. entraron en la guerra. Poco a poco, muchas fuerzas estadounidenses llegaron a suelo continental, entre finales de 1917 y comienzos de 1918. Más tarde los bolcheviques firmaron el humillante tratado de paz de Brest-Litovsk. Durante esos meses de 1917, Saturno se movía a través de la constelación de Cáncer, y en julio estaba, aproximadamente, a 122° de la eclíptica. Esas dos posiciones de Saturno, el 1 de agosto de 1914 y julio de 1917, están indicadas en el cuadro del Zodiaco en la figura 1, que viene a continuación.

f1

Esta controvertida acción llevada a cabo por el alto mando alemán, tampoco aportó mucho alivio a la desesperada situación de Alemania. A principios de 1918, los alemanes decidieron, por tanto, hacer un gran esfuerzo en el frente occidental. Sin embargo, esta ofensiva no produjo el éxito deseado. Además, los aliados occidentales, después de la ruptura de los esfuerzos alemanes, pasaron ellos mismos, a la ofensiva. El resultado final fue la completa derrota de los ejércitos alemanes. Algunas batallas, en concreto, alrededor de Chateau Thierry en agosto de 1918 fueron tan decisivas que, incluso el alto mando alemán vio como única salvación posible la solicitud de un armisticio inmediato. Sin embargo, la guerra continuó y los alemanes firmaron el armisticio en noviembre de 1918. Así se concluyó con el Tratado de Paz de Versalles, que se firmó el 28 de junio de1919.

En agosto de 1918, Saturno estaba aproximadamente a 138° de la eclíptica, en la transición de la constelación de Cáncer a Leo. El 28 de junio de 1919, se situó a 144°51’de la eclíptica. Todas estas posiciones están indicadas en nuestro diagrama del zodíaco (Fig.1).

Ahora investigaremos la Segunda Guerra Mundial, desde un punto de vista cosmológico similar. Comenzó el 3 de septiembre de 1939 tras el ataque a Polonia por parte de Alemania. Durante el invierno siguiente, parecía que la guerra volvería a bloquearse en el frente occidental en un estancamiento similar al que tuvo lugar entre los años 1914 – 1918. No fue hasta la primavera de 1940, cuando se desarrollaron los sucesos catastróficos. En mayo de 1940, los alemanes atacaron repentinamente Holanda y Bélgica, y luego más tarde Francia. Saturno estaba entonces a unos 38° de la eclíptica, en la constelación de Aries. Después de la conquista de Holanda, Bélgica y Francia por parte de Alemania, volvió a haber un largo período de inactividad, quitando los ataques aéreos contra Inglaterra, etc. Y fue entonces en junio de 1941, cuando la guerra dio un nuevo giro. El 22 de junio, Alemania atacó a Rusia. Saturno estaba parado a 53½° de la eclíptica. Estaba en la transición entre Aries y Tauro. Esto fue seguido por otros sucesos dramáticos en el frente Este.

Hasta ahora, los Estados Unidos se habían mantenido al margen de la guerra, pero se vieron obligados a tomar la decisión a través del famoso ataque de Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. Saturno se había movido de nuevo a 53, 5º de la eclíptica. —Durante el verano anterior, había ido retrógrado y había realizado un bucle, por lo tanto, no se había movido mucho de la posición del 22 de junio—.

De nuevo comenzó un largo período de relativo estancamiento, hasta que en 1944 la guerra pareció entrar en una etapa decisiva. El 6 de junio de 1944, tuvo lugar la famosa invasión de los Aliados en Francia. Casi al mismo tiempo, los rusos presionaron hacia el oeste. Todos estos acontecimientos hicieron que la posición de Alemania se volviera cada vez más desesperada hasta que en 1945 se produjera su colapso final. El 6 de junio de 1944 se mantuvo en 87° de la eclíptica. Había regresado casi exactamente al mismo lugar en el cielo de donde estaba el 1 de agosto de 1914. Todas estas posiciones de Saturno se encuentran en nuestro cuadro del zodíaco en la figura 1. Ahora nos damos cuenta de un sorprendente conjunto de hechos; los sucesos en el lado derecho de nuestro cuadro —primera guerra— corresponden de forma invertida a los sucesos en el lado izquierdo —segunda guerra—. Tomemos los puntos del 28 de junio de 1919 —Tratado de Paz de Versalles— y del 3 de septiembre de 1939 —comienzo de la Segunda Guerra Mundial—. En esa fecha en 1919, Saturno estaba parado 57° a la derecha de la posición inicial el 1 de agosto de 1914 (comienzo de la 1ª guerra), y el 3 de septiembre de 1939 se había movido a un punto 57° a la izquierda de la misma posición de la raíz (Fig.1).

En un sentido cosmológico, existe una conexión obvia entre ambos sucesos. Sin embargo, notamos también que los dos sucesos tuvieron un significado histórico opuesto. El Tratado de Paz del 28 de junio de 1919 concluyó, o al menos se suponía que conduciría a la conclusión de la Primera Guerra. El 3 de septiembre de 1939, comenzó otra guerra. Parece que nos enfrentamos aquí con un fenómeno que es similar, en cierto sentido, a la función de un espejo. En un espejo, aparece la imagen exacta del objeto, excepto que la derecha y la izquierda están invertidas.

Al profundizar un poco más en la naturaleza de los dos sucesos en cuestión, podemos encontrar también una conexión interna. El Tratado de Paz de Versalles fue un fracaso. No sólo no logró resolver los problemas que surgieron durante la guerra anterior, sino que también agravó las complicaciones sociales que llevaron a esa guerra. Fue una mala maniobra de estrategia política. Sobre dicha declaración, no solo debemos confiar en las opiniones de los alemanes, quienes lo sintieron, por supuesto, como un mal trato. Muchas personalidades importantes en los países occidentales llegaron a conclusiones similares, simplemente por las consecuencias económicas y sociales de dicho tratado de paz. Incluso hubo quienes sostuvieron que la Primera Guerra realmente nunca llegó a una conclusión y se llevó a cabo después del Tratado con diferentes medios, es decir, económicos.

Por lo general, uno no es consciente de que los fallos políticos de este tipo podrían llegar a producir las consecuencias correspondientes. Sin embargo, deberíamos poder realizar esto como una ley. En la experiencia cotidiana, sabemos perfectamente que, si destrozamos un utensilio, luego sufriremos por él, de una forma u otra. Del mismo modo, ahora podemos decir que el fracaso en 1919 provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Este no es el lugar para señalar los muchos detalles del deterioro económico y social causado por la impotencia del Tratado de Versalles. Simplemente miramos las implicaciones cósmicas, aunque todavía no podemos entender su funcionamiento. Está el Tratado en 1919, acompañado por la posición de Saturno en Leo; y en el punto de reflexión, tal vez mejor “desviación”, cuando Saturno estaba en Aries —septiembre de 1939—, las potencias occidentales se vieron obligadas a entrar en una nueva guerra. Todo el mosaico político que siguió al Tratado de Versalles fue en vano.

¿No nos enfrentamos aquí con un modelo de ejemplo de cómo la Humanidad moderna está dando forma a su propio destino?. Se puede argumentar que el Tratado de Paz de Versalles fue causado por sucesos precedentes. Ciertamente, la mentalidad de las principales personalidades en la política alemana antes y durante la primera guerra no facilitó la situación. En lugar de sugerencias positivas, el caos reinó en los círculos políticos de Europa Central. Las ideas constructivas, como la de la Triformación Social de Rudolf Steiner, no fueron aceptadas por las naciones de habla alemana, aunque se pronunciaron con la suficiente anticipación antes del colapso en 1918. Sin embargo, uno podría imaginar que las actitudes más perspicaces y las ideas valientes de los creadores del tratado de paz podrían haber aplastado el fatídico círculo de causas y efectos históricos.

Los hechos cosmológicos que hemos elaborado hasta ahora sugieren una actividad “desviada” realizada por Saturno. Si imaginamos una línea recta tomada desde la posición de Saturno el 1 de agosto de 1914, hasta el punto opuesto del Zodíaco, llegamos a la constelación de Sagitario (véase la Fig. 1). Esta línea obviamente actúa como una especie de desviación cósmica, y un punto 57° a la derecha se desvía en una posición 57° a la izquierda —junio de 1919— septiembre de 1939. Ahora podemos intentar formular una opinión más concluyente sobre esta desviación de la actividad de Saturno. En la tercera parte de Isis Sophia II, describimos brevemente la naturaleza de este planeta sobre la base de la investigación espiritual. Señalamos que la esfera de Saturno está estrechamente asociada con la jerarquía de los Espíritus de la Voluntad, y que esta esfera cósmica ha funcionado como la preservación de la Voluntad divina desde las etapas más antiguas de la evolución. Es el órgano de la memoria cósmica y, por lo tanto, actúa como la conciencia de la historia.

Volvamos a tomar la posición de Saturno en junio de 1919. Todas las decisiones y actos realizados por la humanidad fueron acumulados y registrados por el planeta Saturno, el órgano de la memoria cósmica del Universo. Saturno funciona de manera similar a la memoria humana, utilizando el organismo físico para esta actividad. Podemos leer en este órgano cósmico de la memoria el funcionamiento del destino, en la misma medida que el recuerdo del pasado en aras de su redención en el futuro. Cuando, por lo tanto, Saturno entró en el punto de desviación del Tratado de Versalles en 1939, la humanidad se enfrentó a las consecuencias de sus propios actos previos. Esto hace que el trabajo de memoria en el mundo y en el futuro sea la consecuencia de la evolución. La idea de que el cosmos se dé cuenta de lo que sucede en el ámbito humano, aparentemente pequeño, puede parecer fantástica al principio. Sin embargo, aquí están los hechos cósmicos ineludibles que nos pide, al menos, cuestionarnos, la llamada insignificancia de la raza humana dentro de ese universo inimaginablemente grande que la astronomía moderna propone y describe.

Desde otro punto de vista extremo, también se podría argumentar que esta desviación cósmica de los eventos terrestres es sólo una prueba del dominio absoluto del cosmos sobre toda la historia terrestre y humana. Uno podría considerar esos sucesos, por ejemplo, en 1914, 1919 y 1939 como algo completamente fuera del alcance de la libre actividad humana y como algo impuesto a la humanidad al igual que el movimiento de una máquina se impone a su material. Este sería el punto de vista de un fatalismo astrológico extremo. Sin embargo, es una pregunta totalmente filosófica, sobre si somos libres o no con respecto a nuestras semiactividades. Desde aspectos bastante diferentes, que también indicaremos en este libro, hemos llegado a la conclusión de que una cosmología espiritual auténtica no puede sino admitir la posibilidad teórica de un alcance ilimitado para la libertad humana en el marco de los impactos cósmicos en los que nos encontramos. Uno está justificado al decir que, si alguien hubiera encontrado otra solución más práctica que el Tratado de Versalles, en 1919, los acontecimientos de 1939 podrían haber tomado un giro diferente.

Notamos en la Fig.1 el significado de la línea cósmica de desviación, la línea de Géminis a Sagitario. En Géminis, esta línea estuvo marcada por la posición de Saturno en agosto de 1914. Es muy esclarecedor considerar también las implicaciones de Sagitario. Saturno estaba allí en 1929; de hecho, pasó por ese punto, exactamente opuesto al del 1 de agosto de 1914, tres veces por su movimiento retrógrado. Este fue el año de la gran crisis económica en todo el mundo, comenzando en los EE. UU. Esto trastornó la estructura social de muchos países; por ejemplo, Alemania nunca se recuperó realmente, antes de los drásticos sucesos de 1933, y esta fue una de las razones de los desarrollos totalitarios en este país después de 1933. En los EE. UU., la crisis económica se sintió como un golpe demoledor, y los visitantes y observadores de los Estados Unidos han confirmado que el recuerdo de esa catástrofe ha dejado marcas más profundas en el criterio de los estadounidenses que incluso las de la primera guerra. Estas dos catástrofes —la primera guerra y la gran crisis económica mundial— mantienen esa línea de desviación cósmica. Para un observador objetivo y sin prejuicios, la conexión entre los dos eventos es bastante obvia. Sin embargo, aquí también debemos decir que, si entre 1914 y 1929 hubiera prevalecido en la humanidad un liderazgo más visionario, entonces los sucesos de 1929 podrían haber tenido un aspecto diferente.

Una mirada al gráfico del Zodíaco (Fig. 1), en correspondencia con los diversos sucesos históricos, nos mostrará que aparecen indicadas más desviaciones; por ejemplo, los acontecimientos en 1941 son tales desviaciones de 1917. A lo largo de 1917, Rusia fue invadida por la revolución bolchevique y, en consecuencia, no pudo continuar la guerra contra Alemania. Esto ocurrió cuando Saturno estaba a unos 34° a la derecha de su posición inicial en agosto de 1914. El 22 de junio de 1914, Alemania atacó a Rusia y se expuso a una guerra de dos flancos. Saturno estaba a 53.5° de la eclíptica, o 34° a la izquierda de su posición el 1 de agosto de 1914.

Aquí, nuevamente, tenemos un ejemplo perfecto de desviación. En 1917, Rusia quedó paralizada, hasta tal punto, que no pudo continuar la lucha. Esto fue causado por el movimiento del alto mando alemán al enviar a Lenin de vuelta a Rusia. Esto pudo traer un alivio temporal a los alemanes, pero ha hecho entrega a la humanidad de la gigantesca amenaza del bolchevismo agresivo. Este impacto rápidamente entró en la etapa de la historia mundial nuevamente en 1941, cuando Saturno estaba en el punto de desviación correspondiente a 1917. Así como Rusia se había desvanecido de la primera guerra en 1917, entró en la segunda en 1941, e incluso ahora no podemos juzgar por completo las consecuencias futuras de todo este conjunto de acontecimientos históricos. Además, las fechas de entrada de los EE. UU en la primera y segunda guerra mundial (1917 y 1941) corresponden en un sentido similar, aunque no podemos hablar aquí de una reversión de los acontecimientos.

La decisión final de la primera guerra se produjo cuando los alemanes fueron derrotados en el transcurso de 1918, en las batallas de ChateauThiery en agosto de 1918. Saturno se había movido a 138° de la eclíptica, que está a 50° a la derecha de su posición inicial el 1 de agosto de 1914 (ver Fig. 1). El punto de desviación, 50° hacia la izquierda, se refiere a mayo de 1940. En ese momento, los alemanes organizaron su gran ataque sobre Holanda, Bélgica y Francia. Nuevamente encontramos aquí una inversión completa de los sucesos.

Sin embargo, la desviación más sorprendente ocurrió cuando Saturno regresó al punto de su posición el 1 de agosto de 1914. Esto tuvo lugar el 3 de junio de 1944. A Saturno le lleva unos 30 años regresar a la misma posición en la eclíptica. Tres días más tarde tuvo lugar el famoso desembarco de las fuerzas aliadas en la costa francesa. El planeta ya se había movido una fracción de un grado más, por lo que nuestro cálculo no parece ser bastante correcto. Sin embargo, más tarde se reveló que el aterrizaje debería haber tenido lugar el 3 de junio y fue pospuesto debido al mal tiempo en el Canal de la Mancha.

Aquí tenemos una desviación e inversión inconfundibles de los sucesos. El 1 de agosto de 1914 y más tarde, los ejércitos alemanes cayeron como una avalancha en Bélgica y Francia. El movimiento fue de este a oeste, pero después del 6 de junio de 1944, los ejércitos aliados llegaron a Francia desde el oeste. El primero de ellos —1 agosto de 1914— fue el comienzo de la primera guerra, el segundo —6 junio de 1944— corresponde prácticamente a la última etapa de la segunda guerra mundial.

La experiencia ha demostrado que se pueden encontrar muchos más puntos de desviación en relación con las dos guerras. Hemos seleccionado solo algunos de los principales eventos, pero incluso sucesos de un carácter más íntimo tienen su lugar correspondiente en estos escenarios cósmicos.

Un estudio de la historia de la línea de desviación de 87° a 267° de la eclíptica (ver Fig. 1) también es muy esclarecedor. Parece que de ninguna manera es arbitrario. Históricamente, se puede rastrear en relación con la Guerra de los Treinta Años. El 24 de octubre de 1648, se concluyó el Tratado de Paz de Westfalia que puso fin a esa guerra. Saturno estaba parado en la constelación de Tauro. El 29 de junio de 1914, en el momento del asesinato del Archiduque austríaco Fernando, estaba casi exactamente en la misma región del cielo. Los aspectos de mayor importancia con respecto a la vida cultural y social de la humanidad moderna parecen estar conectados con esta línea de desviación.

Nuestras investigaciones han demostrado que la línea de Géminis a Sagitario no es el único medio de desviación, aunque este parece ser el más importante en relación con el destino de la humanidad europea en la actualidad. También hay otras líneas de desviación en diferentes partes de la eclíptica, pero no nos podemos embarcar aquí en más presentaciones de este tema. Nuestra intención era mostrar, mediante un ejemplo, la relación de la humanidad con el mundo de las estrellas. La inmensidad inimaginable del universo, que la ciencia astronómica moderna proclama, sugiere la absoluta insignificancia del planeta Tierra y de la raza humana. Parecemos ser un producto del azar y totalmente dominado por los impactos del gran universo, por mucho que uno esté preparado para admitir su influencia. Queríamos poner los hechos que nuestras investigaciones han revelado contra tal posible concepción. El ejemplo que hemos dado sugiere que hay suficiente campo para el empleo de la actividad humana libre en el curso de sucesos históricos. Sin embargo, si no hacemos uso de nuestra capacidad de pensamiento constructivo y nos movemos sólo en canales de concepciones tradicionales desgastadas, entonces el cosmos estrellado parece tener sobre nosotros las consecuencias de nuestros propios fracasos.

La pregunta de si estamos dominados por los movimientos de las estrellas encuentra una respuesta relativamente simple. En la medida en que desarrollemos la imaginación moral, nuevas ideas y actividad espiritual, es el grado en el que cuál seremos los maestros —guías— de las estrellas. Si no cultivamos nuestras facultades espirituales dormidas, entonces estaremos sujetos al dominio del mundo cósmico que solo nos confronta con la desviación de nuestros propios fracasos. A veces es más angustioso ver a la humanidad gobernada y castigada por sus propios defectos, desviados a través de los movimientos y gestos de las estrellas. Si no penetramos en el fondo real de nuestra relación con el mundo de las estrellas, es demasiado fácil considerar que nuestra historia está completamente gobernada por el cosmos. Tal verdad a medias sólo creará confusión y obstaculizará el camino hacia un progreso espiritual real.

En el siguiente capítulo presentaremos otra relación del ser humano con el cosmos estrellado, que esperamos arroje más luz sobre este delicado problema.

Traducido por Carmen Ibañez Berbel en diciembre de 2017.

 

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