GA219c6. La espiritualización del conocimiento del espacio. La misión de Micael.

Rudolf Steiner — Dornach, 17 de diciembre de 1922

English version

A menudo me he referido al hecho de que desde aproximadamente el primer tercio del siglo XV, la evolución humana ha entrado en una época especial. Se puede decir que la era que comenzó aproximadamente en el siglo VIII a. C. y continuó hasta el primer tercio del siglo XV fue la era de la cultura greco-latina y que la fase más reciente de tiempo en la que aún vivimos hoy, comenzó en el punto que he indicado. Hoy consideraremos las tareas de la humanidad actual en conexión con este hecho.

Sabemos —particularmente por las conferencias dadas aquí últimamente— que entre el nacimiento y la muerte el hombre lleva a su desarrollo físico, psíquico y espiritual en la Tierra la herencia de lo que ha experimentado en la existencia preterrenal. Y recientemente escuchamos en qué sentido la vida social y moral es la herencia de esa condición entre la muerte y el renacimiento cuando el hombre vive en íntima comunión con los Seres de las Jerarquías Superiores. Esta comunión  se experimenta, como ya he descrito, en alternancia rítmica con otra condición —el hombre trae consigo el poder del amor, y este poder del amor es el fundamento de la moralidad en la Tierra. La otra condición es aquella en la que el hombre se retrae a sí mismo, cuando, por así decirlo, sale de esa comunión con los Seres de las Jerarquías. Y como herencia de esta condición, trae consigo a la Tierra el poder de la memoria, el poder del recuerdo, que por un lado se expresa en su egoísmo, pero por otro lado lo predispone a la libertad, a todo lo que le da fuerza interior e independencia.

Hasta la época greco-latina, las facultades que permitieron al hombre moldear su civilización desde dentro eran, en cierto sentido, aún una herencia de existencia preterrenal.

Si nos remontamos a tiempos aún más remotos en la evolución de la humanidad, a la época de la antigua Persia y egipcio-caldea, encontramos evidencia en todas partes del conocimiento, de las ideas, que fluían como si estuvieran fuera de la interioridad del hombre, pero que estaban conectadas con la vida entre la muerte y el renacimiento. En la época de la antigua India, el hombre tenía una clara conciencia de que pertenecía a la misma “raza” a la que pertenecen los Seres divino-espirituales de las Jerarquías.  El hombre de conocimiento en la antigua civilización india se sentía menos ciudadano de la Tierra que del mundo al que pertenecen los Seres divino-espirituales. Sentía que había sido enviado a la Tierra desde las filas de estos Seres Divino-espirituales. Y consideraba que la civilización que se disemina sobre la Tierra estaba allí para que los actos terrenales del hombre e incluso los objetos y los seres de la Tierra se ajustaran a la naturaleza de los Seres divinos y espirituales con los que se sentía relacionado.

En el hombre de la antigua Persia, este sentimiento de parentesco ya había perdido parte de su intensidad anterior, pero también sentía que su verdadero hogar era lo que llamó el Reino de la Luz, el Reino al que pertenece entre la muerte y el nuevo nacimiento, y deseaba ser un guerrero del lado de los espíritus de ese Reino de Luz. Deseaba luchar contra aquellos seres que vienen de la oscuridad de la Tierra para que los espíritus del Reino de la Luz no fueran obstaculizados por estos seres oscuros; él dedicaba toda su actividad al servicio de los espíritus del Reino de la Luz. Y si luego pasamos a los pueblos egipcio-caldeo, vemos cómo su ciencia está llena del conocimiento relacionado con los movimientos de las estrellas. Los destinos de los hombres se leían en lo que revelan las estrellas. Antes de que se hiciera algo en la Tierra, se preguntaba a las estrellas si estaba justificado o no. Esta ciencia, según la cual toda la vida terrenal está regulada, también se sentía como una herencia de la existencia del hombre entre la muerte y el renacimiento, cuando sus experiencias eran de una clase que lo hacían uno con los movimientos y las leyes de las estrellas, tal como aquí en la Tierra, entre el nacimiento y la muerte, él es uno con los seres de los reinos mineral, vegetal y animal.

En la cuarta época post-atlante, la época greco-latina, comenzando en el siglo VIII AC. hasta el siglo XV DC., los hombres ya se empiezan a sentir verdaderos ciudadanos de la Tierra. Sienten que en su mundo de ideas entre el nacimiento y la muerte ya no hay ecos muy distintos de las experiencias en la existencia preterrenal. Se esfuerzan por estar en casa en la Tierra. Y, sin embargo, si penetramos profundamente en el espíritu de la civilización griega e incluso de la primitiva romana podemos decir algo como lo siguiente. Los hombres que estaban fundando la ciencia en esa época estaban decididos a aprender y saber todo lo que sucede en los tres reinos de la Naturaleza en la Tierra, pero a conocerlo de tal manera que este conocimiento también tuviera alguna relación con la existencia extraterrestre.  Entre los griegos hay un fuerte sentimiento de que a través del conocimiento aplicado por el hombre sobre la Tierra y a la luz de la cual él regula sus acciones terrenales, al mismo tiempo debe tener un tenue recuerdo del mundo divino-espiritual. El griego sabia que solo odia obtener su conocimiento de la observación del mundo terrenal; pero tenía la clara sensación de que lo que percibía en los minerales, las plantas, los animales, las estrellas, las montañas, los ríos, etc., debía ser un reflejo de lo Divino-Espiritual que se puede experimentar en un mundo que no es el mundo de los sentidos.

Este es el caso porque en esa época el hombre todavía siente que con la mejor parte de su ser él pertenece a un mundo suprasensible. Este mundo suprasensible, sin duda, se oscureció para la observación humana —así es como el hombre se lo dice a sí mismo: pero durante la existencia terrenal también debe esforzarse por iluminarlo. Es cierto que en la época greco-latina los hombres ya no pudieron regular las acciones ordinarias de la humanidad de acuerdo con los cursos de las estrellas, ya que su dominio de la ciencia de las estrellas no estaba a la par con la de los caldeos y los egipcios; pero, en todo caso, todavía se esforzaron, más bien a tientas, mediante el estudio de las expresiones de la voluntad de los Seres divinos-espirituales, por traer algo del  mundo Divino-Espiritual al mundo terrenal.

En los lugares de los Oráculos y en los Templos, los hombres buscaban determinar la voluntad de los Dioses a través de las sacerdotisas y profetisas, como saben por la historia. Y vemos cómo estos esfuerzos para determinar la voluntad de lo divino-espiritual, de los seres con quienes el hombre mismo es uno durante la existencia preterrenal, también eran habituales en otras regiones de Europa en el momento en que la cultura grecorromana estaba en su mejor momento en el sur.

 En las regiones germánicas de Europa Central, por ejemplo, las sacerdotisas y profetisas eran muy veneradas; se hicieron peregrinaciones hasta ellas y en estados de conciencia extáticos, se daba a conocer la voluntad de los Dioses a los hombres para que sus obras en la Tierra pudieran estar en conformidad con esta voluntad. Podemos ver claramente cómo hasta los siglos XII y XIII —aunque el impulso es por entonces menos intenso— el hombre se esfuerza por formular el conocimiento que busca de tal manera que contiene en sí la voluntad del mundo divino-espiritual. A lo largo de estos siglos de la Edad Media, hasta el siglo XII y XIII, podemos encontrar lugares que en aquel momento todavía se consideraban sagrados y que después se transformaron en nuestros laboratorios. Podemos encontrar lugares donde los llamados alquimistas investigaban las fuerzas de las sustancias y de los procesos de la Naturaleza; podemos leer escritos que todavía dan una imagen tenue del tipo de pensamiento que se aplicaba en esos antiguos centros de investigación y en todas partes descubriremos evidencia de la lucha para llevar a las sustancias mismas a tales combinaciones o interacción mutua que lo Divino-Espiritual pudiera trabajar en el frasco, en la retorta.

En el Fausto de Goethe hay un eco de esta actitud del alma, en la escena en la que Wagner trabaja en su laboratorio para producir el Homúnculo. No fue sino hasta el cambio de los siglos XIV y XV en la civilización occidental que surgió el deseo en el hombre de poner los cimientos de una ciencia en completa independencia, sin poner sus ideas en relación directa con una voluntad divino-espiritual por la cual el mundo está gobernado. Una forma de conocimiento puramente humana surge por primera vez durante este período; es el conocimiento que se emancipa de la voluntad divina-espiritual. Y es este conocimiento puramente humano, emancipado de la voluntad divina del que está compuesta la ciencia de Galileo y Copérnico.

Es la ciencia a través de la cual el universo se presenta al hombre en la imagen abstracta actual de hoy, la imagen de una bóveda —como Giordano Bruno fue el primero en prever—  con las estrellas dando vueltas en ella como cuerpos puramente materiales, o incluso en una condición de descanso tomando su parte en los acontecimientos cósmicos. Esta imagen del universo nos hace pensar que un vasto mecanismo funciona en la Tierra desde el espacio cósmico. E incluso en la investigación de las cosas terrenas, las personas se limitan fundamentalmente a lo que se puede calcular y medir, y así formar parte de un mecanismo abstracto. Sin embargo, este es un mundo de concepciones e ideas que el hombre puede sacar de sí mismo con la ayuda de la observación y el experimento externos, donde se cree que las sustancias físicas por sí mismas se afectan unas a otras, los procesos de la Naturaleza se manifiestan y donde lo divino-espiritual ya no se busca en el mundo de la naturaleza.

Hay una gran diferencia entre este mundo conceptual y el tipo de pensamiento que le precedió en la evolución humana. Es solo desde el primer tercio del siglo XV que los conceptos e ideas del hombre se han vuelto puramente humanos. Y es del Espacio en lo que el hombre se ha interesado principalmente desde que comenzó este período. Si se retrocede aún más a los tiempos de la Antigua India,  Persia, la cultura Egipcio-Caldea, en todas partes encontrarán que las concepciones del mundo se refieren a la Edad del Mundo. Señalan a una época antigua cuando la humanidad todavía guardaba una íntima relación con los Dioses, a una Edad de Oro.

Señalan otra época cuando el hombre todavía experimentaba en la Tierra al menos el reflejo solar de lo Divino: una Edad de Plata, y así sucesivamente. El tiempo y el curso del tiempo desempeñan un papel destacado en las imágenes del mundo de las primeras fases evolutivas. Del mismo modo, cuando se considera la época griega, y de hecho la imagen del mundo que estaba presente al mismo tiempo en las regiones más del norte y centro de Europa, encontrarán que en todas partes la idea del Tiempo juega un papel esencial.  El griego se remonta a la Edad primigenia cuando los sucesos cósmicos son el resultado de la interacción entre Urano y Gaia. La siguiente Era señala, a Cronos y Rea, luego la Era en que Zeus y los otros dioses conocidos en la mitología griega gobiernan el Cosmos y la Tierra. Y es lo mismo en la mitología germánica. El Tiempo juega el papel más esencial en todas estas imágenes mundiales.

Una parte mucho menos importante es el Espacio. El elemento espacial todavía es oscuro en las imágenes del mundo nórdico y germánico con el Mundo del Fresno, el Gigante Ymir y demás. Que algo está sucediendo en el Tiempo es bastante claro, pero la idea del Espacio está apenas amaneciendo; es un factor sin gran significado. No es sino hasta la era de Galileo, de Copérnico, de Giordano Bruno, que el espacio realmente comienza a desempeñar su gran papel en la imagen del Universo. Incluso en el sistema ptolemaico, que sin duda se preocupa por el espacio, el tiempo es un factor más esencial de lo que es en la imagen del mundo que nos resulta familiar desde el siglo XV, en el que el Tiempo juega realmente un papel secundario. La distribución actual de las estrellas en el espacio cósmico se toma como el punto de partida y, a través del cálculo, se llega a conclusiones sobre cómo era la imagen del mundo en épocas anteriores. Pero la concepción del espacio, la imagen del mundo espacial, adquiere una importancia capital. Y el resultado es que todos los juicios humanos se basan en el principio del Espacio. El hombre moderno ha elaborado este elemento del Espacio en su imagen externa del mundo, lo ha elaborado también en todo su pensamiento. Y hoy este pensamiento en términos de Espacio ha alcanzado su cenit.

Piensen en lo difícil que es para el hombre de hoy en día seguir una exposición puramente del Tiempo. Él está contento si el espacio es llevado al menos hasta el punto de dibujar algo en la pizarra. Pero si el sentimiento del Espacio se transmite por medio de imágenes, ¡entonces el hombre moderno está realmente en su elemento! “Ilustración” —y con esto él quiere decir expresión en términos de Espacio—  es lo que el hombre de hoy se esfuerza por lograr en cada exposición. El tiempo, en la medida en que está en flujo perpetuo, se ha convertido en algo que le causa incomodidad. Todavía le agrega valor en la música; pero incluso allí la tendencia hacia lo espacial es bastante evidente.

Solo tenemos que considerar algo que se ha convertido en una característica definida de la vida moderna y esta manía del hombre moderno para adherirse a lo espacial es aparente a la vez. En el cine, es completamente indiferente el elemento de Tiempo en la imagen. Está contento con la fracción más pequeña del elemento de Tiempo y está completamente entregado al elemento de Espacio.

Esta orientación del alma a lo espacial es muy característica del tiempo presente y quien observa la cultura y la civilización modernas con los ojos abiertos la encontrará en todas partes.

Por otro lado, en la Ciencia Espiritual antroposófica nos esforzamos, como saben, por alejarnos de lo espacial. Sin duda, nos encontramos con el deseo de que también tratemos de dar forma tangible a lo espiritual, y eso es justificable para fortalecer la facultad de ideación. Solo que siempre debemos ser conscientes de que esto es puramente un medio de ilustración y que lo esencial es esforzarse, al menos esforzarse, para trascender lo espacial.

Los “devotos” espaciales entre nosotros a menudo causan dificultades haciendo diagramas de las épocas consecutivas del Tiempo, escribiendo “Primera Época con Sub-Épocas”, y así sucesivamente. A continuación, sigue una gran cantidad de títulos y lo que es secuencial en el Tiempo se arrastra a una imagen espacial.

Nuestro objetivo, sin embargo, es trascender lo espacial. Nos esforzamos por penetrar en lo temporal y también en lo supratemporal, en el elemento que conduce más allá de lo que es físicamente perceptible. Lo físicamente perceptible existe en su forma más cruda en el mundo del espacio y allí el pensamiento se dirige en cierta dirección. A menudo he hablado de las intenciones reales de la Ciencia Espiritual antroposófica. Ciertamente, no menosprecia, y mucho menos rechaza, el modo de pensar engendrado en la época de Galileo, Copérnico, Giordano Bruno. La validez de este modo de pensar en el que, como saben, el espacio es el elemento esencial, es plenamente reconocido por la ciencia espiritual antroposófica. Por lo tanto, debe ser capaz de arrojar luz en todos los dominios del pensamiento científico. No debe adoptar una actitud de aficionado a estos dominios del pensamiento científico, sino que debe arrojar luz sobre ellos por su forma de ver las cosas.

Pero una y otra vez se debe enfatizar que la Ciencia Espiritual antroposófica está tratando de guiar de regreso a lo Divino-Espiritual este conocimiento puramente humano que se basa casi por completo en el elemento del Espacio y se emancipa de lo Divino-Espiritual. No nos remontamos a las condiciones antiguas, sino que deseamos guiar la actitud moderna del alma hacia lo espiritual, lejos de su preocupación por lo puramente espacial y material.  En otras palabras, queremos aprender a hablar sobre cosas espirituales, ya que las personas de la epoca Galileo-Copernicana se acostumbraron a hablar sobre sustancias, sobre fuerzas. Con sus métodos de estudio y observación, esta Ciencia Espiritual debe ser compatible con el tipo de conocimiento que se ha estado desarrollando en relación con las cosas y los procesos del mundo material desde el primer tercio del siglo XV.  Su objetivo es el logro del conocimiento espiritual que se relaciona con este conocimiento de la naturaleza, aunque como el primero se refiere a lo suprasensible, el contraste es muy evidente.

Considerado internamente, ¿qué es lo que estamos buscando lograr?.  Si nos trasladamos en el pensamiento a la posición de los Seres divino-espirituales en cuyas filas vivimos entre la muerte y el renacimiento, y discernimos cómo dirigen su mirada hacia abajo, y a través de los diversos medios que he descrito observamos el curso de los acontecimientos en la Tierra, entonces encontramos que estos seres miraron hacia la Tierra en las edades más tempranas de la evolución humana —en las épocas de la Antigua India, Persa, Caldeo-Egipcia— y vieron lo que los hombres estaban haciendo, qué puntos de vista tenían sobre la Naturaleza y su propia vida social. Y entonces, si puedo decirlo así, los Dioses pudieron decirse a sí mismos acerca de las obras y los pensamientos de los hombres: Sus acciones y sus pensamientos son el resultado de su recuerdo, o son un eco de, lo que experimentaron entre nosotros en nuestro mundo. En el caso de los caldeos o los egipcios, era bastante evidente que el deseo principal de los hombres de abajo en la Tierra era llevar a cabo lo que los dioses de arriba habían pensado o estaban pensando. Cuando los Dioses miraron hacia la Tierra, vieron sucesos que estaban de acuerdo con sus intenciones; y era lo mismo cuando miraban los pensamientos de los hombres, como los dioses pueden hacer. Desde el primer tercio del siglo XV esto ha cambiado. Desde entonces, los Seres divinos-espirituales han mirado hacia abajo a la Tierra, y especialmente cuando miran hacia abajo en el tiempo presente, encuentran que las cosas en todas partes son fundamentalmente ajenas a ellos, que los hombres están haciendo cosas en la Tierra que ellos mismos han planeado de acuerdo con los fenómenos y procesos de la existencia terrenal. Y para los Dioses con quienes los hombres viven entre la muerte y el renacimiento, esta es una actitud completamente ajena.

Cuando un alquimista en su laboratorio se esforzaba por determinar la voluntad divina-espiritual a través de la combinación y separación de los Elementos, un Dios habría contemplado algo similar a su propia naturaleza en lo que el alquimista estaba haciendo. Si un Dios fuera a buscar en un laboratorio moderno, los métodos y procedimientos adoptados allí sería intensamente ajeno a él. Se puede decir con absoluta certeza que desde el primer tercio del siglo XV, los Dioses han sentido como si toda la raza humana se hubiera alejado de ellos en cierto sentido, como si los hombres de la Tierra se dedicaran a trivialidades, a cosas que los Dioses son incapaces de entender, ciertamente no los Dioses que aún guiaban las manos y las mentes de los hombres en sus búsquedas científicas en tiempos greco-latinos. Estos Seres divino-espirituales no tienen un interés activo en lo que se hace en los laboratorios modernos, y mucho menos en los hospitales modernos. En una ocasión anterior me vi obligado a decir que cuando los dioses miran hacia abajo a través de las ventanas, como las llamé, lo que menos les interesa en la Tierra es el tipo de trabajo llevado a cabo por los doctos. Lo que va al corazón de alguien que tiene un conocimiento genuino de la moderna Ciencia de la Iniciación es lo que está obligado a decirse a sí mismo: En los últimos tiempos, los hombres nos hemos distanciado de los dioses; debemos buscar nuevamente los puentes para conectarnos con el mundo divino-espiritual. Y es esto lo que acelera el impulso de la Ciencia Espiritual antroposófica. Su deseo es transformar las ideas y los conceptos científicos que son ininteligibles para los Dioses de tal manera que se espiritualicen y así puedan brindar un puente a lo Divino-Espiritual.

Se debe comprender que la luz, por ejemplo, es algo en lo que la divinidad está presente. Esto se sintió fuertemente en la cultura persa antigua, pero hoy, cuando, por ejemplo, se intentan indicar mediante todo tipo de líneas cómo se rompen los rayos de una lente, este es un lenguaje que los dioses no entienden; no significa nada para ellos. Todas estas cosas deben ser abordadas con una actitud anímica que permita que el puente a lo Divino se encuentre una vez más. Comprender esto significa una gran profundización de la comprensión del tipo de tarea que incumbe en la epoca actual en materia de transformar y metamorfosear nuestras ideas no espirituales.

Una verdad cósmica de profunda significación subyace a estas cosas. La concepción del espacio es una concepción enteramente humana. Los dioses con los que el hombre vive en el período más importante de su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento tienen una vívida concepción del tiempo pero ninguna concepción del espacio tal como el hombre la adquiere en la Tierra. Esta concepción del espacio es completamente humana. El hombre realmente entra al Espacio por primera vez cuando desciende del mundo divino-espiritual al mundo físico de la Tierra. Es cierto, como se ve desde aquí, todo aparece en perspectiva espacial. Pero pensar en dimensiones, si puedo decirlo así, es algo que pertenece completamente a la Tierra.

En la civilización occidental, esta concepción del espacio se ha arraigado en el hombre desde el siglo XV. Pero cuando a través de la espiritualización del conocimiento puramente espacial, se han encontrado nuevamente puentes hacia el mundo divino, entonces, ¿qué ha obtenido el hombre de la ciencia del espacio? —en el mismo período en que ha emancipado su pensamiento de manera más drástica del mundo divino, es decir, desde el siglo XV— todo el conocimiento espacial que ha adquirido será importante para el mundo divino-espiritual también. Y el hombre puede conquistar una nueva porción del universo para los Dioses tan solo si trae el espíritu nuevamente a la concepción del Espacio.

Ya ven, lo que he descrito en el libro La Ciencia Oculta —los períodos del Antiguo Saturno, el Antiguo Sol, la Antigua Luna, la Tierra y los periodos futuros de Júpiter, Venus y Vulcano— solo está presente a los Dioses en la secuencia del Tiempo. Aquí en la Tierra, sin embargo, todo se vive en términos de Espacio. Estamos viviendo hoy en el período de la Tierra propiamente dicho, pero en los sucesos de la Tierra aún persisten los ecos de los períodos de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y el Antiguo Saturno.

Si se sumergen en la descripción del período del Antiguo Saturno en La Ciencia Oculta, dirán: El período de Saturno es pasado, pero los efectos de su calor todavía están presentes en nuestra existencia terrenal. Saturno, Sol, Luna, Tierra están uno dentro del otro; ellos existen simultáneamente. Los dioses los ven en la secuencia del tiempo. Aunque en épocas anteriores, incluso durante la época caldea, se los veía en su sucesión, ahora los vemos uno dentro del otro, espacialmente uno dentro del otro. De hecho, esto lleva mucho más lejos y si estudiamos estas cosas en detalle, descubriremos qué hay detrás de ellas.

Imaginen que extienden la mano izquierda. Lo Divino vive en todo lo terrestre. En los músculos, en los nervios, vive lo Divino. Ahora con los dedos de la mano izquierda toquen los dedos de la mano derecha —esto solo se puede hacer en el espacio. El hecho de que sientan su mano derecha con la izquierda, su mano izquierda con la derecha, esto es algo que los Seres divino-espirituales no siguen— Siguen la mano izquierda y la mano derecha hasta el punto de contacto, pero el sentimiento que surge entre los dos es una experiencia que las facultades que poseen los dioses no hacen posible; es algo que surge solo en el espacio. Tan poco como los Dioses contemplan a Saturno, Sol, Luna y Tierra simultáneamente sino solo en sucesión, en el Tiempo, entonces no tienen ninguna de las experiencias puramente espaciales conocidas por el hombre. Cuando miran con los ojos izquierdo y derecho y tienen la línea de visión desde la derecha y desde la izquierda, la actividad de los Dioses está presente en la visión desde el ojo derecho y nuevamente en la visión desde el ojo izquierdo, pero en la unión de las dos líneas de visión se encuentran en un elemento puramente humano. Así experimentamos como hombres, porque hemos sido colocados en el mundo del espacio, algo que se experimenta en un estado de emancipación de la actividad de los dioses.

Solo necesitan extender esta imagen de las manos derecha e izquierda a otros dominios en la vida del hombre terrenal, y encontrarán una gran cantidad de experiencias humanas que caen inmediatamente fuera del campo de visión de los Dioses. En realidad, solo desde el primer tercio del siglo XV el hombre ha traído ideas de un tipo puramente humano a estos dominios. Por lo tanto, el pensamiento humano se ha vuelto cada vez menos inteligible para los dioses cuando miran hacia la Tierra. Y con esto en mente, debemos dirigir nuestra atención a ese evento más importante en el último tercio del siglo XIX, que puede caracterizarse por decir que el reinado del Ser espiritual conocido como Gabriel fue sucedido por la regencia de ese otro Ser espiritual conocido como Michael.

En el último tercio del siglo XIX, el Ser espiritual que llamamos Mikael se convirtió en el Regente, por así decirlo, de todo lo que tiene un carácter espiritual en los eventos humanos en la Tierra. Mientras que Gabriel es un Ser más orientado a las cualidades pasivas del hombre, Mikael es el Ser activo, el Ser que, por así decirlo, pulsa nuestro aliento, nuestras venas, nuestros nervios, para que podamos desarrollar activamente todo lo que pertenece a nuestro humanidad completa en relación con el Cosmos. Lo que se nos presenta como un desafío de Mikael es que nos volvamos activos en nuestros propios pensamientos, elaborando nuestra visión del mundo a través de nuestra propia actividad interna. Solo pertenecemos a Época de Michael cuando no nos sentamos inactivos y deseamos que venga a nosotros la iluminación desde dentro y desde fuera, sino cuando cooperamos activamente en lo que el mundo nos ofrece en forma de experiencias y oportunidades de observación. Si un hombre lleva a cabo algún experimento, no implica fundamentalmente actividad; no hay necesariamente ninguna actividad de su parte; es solo un evento como cualquier otro evento en la Naturaleza, excepto que está dirigido por la inteligencia humana. ¡Pero todos los acontecimientos en la Naturaleza también han sido dirigidos por la inteligencia!. ¿Cómo es la vida mental del hombre hoy en día afectada por los experimentos? No hay participación activa, ya que simplemente mira e intenta eliminar la actividad tanto como sea posible; él quiere que el experimento le cuente todo y considera que todo es fruto de su propia actividad interior.  Es precisamente en sus ideas científicas que los hombres son menos importantes en la era de Micael.

Pero la humanidad debe entrar en la edad de Michael. Si nos hacemos la pregunta: ¿qué significa realmente en todo el entorno cósmico que Gabriel le haya pasado el cetro a Micael? Entonces debemos responder: Significa que de todos los Seres que guían espiritualmente a la humanidad, Micael es el Espíritu que es el primero en acercarse a lo que los hombres aquí en la Tierra están haciendo como resultado de esta emancipación del conocimiento desde el primer tercio del siglo XV. Gabriel se encuentra en completa perplejidad ante las ideas y nociones de un hombre culto de la edad moderna. Micael, que está estrechamente relacionado con las fuerzas del Sol, al menos puede inculcar su actividad en los pensamientos del hombre que pueden darle impulsos para sus obras libres. Micael puede trabajar, por ejemplo, en lo que he llamado en la Ciencia Oculta, el pensamiento puro y libre, que debe ser el verdadero impulso para la voluntad individual del hombre que actúa en libertad en la nueva era. Y con las obras del hombre que surgen del impulso del amor, Michael tiene su propia relación particular.

Por lo tanto, él es el mensajero a quien los Dioses han enviado para que pueda recibir lo que ahora se está llevando del conocimiento emancipado del espíritu al conocimiento espiritualizado. La ciencia que como Ciencia Espiritual antroposófica espiritualiza nuevamente el pensamiento espacial, lo eleva nuevamente a lo suprasensible: esta Ciencia Espiritual trabaja desde abajo hacia arriba, extiende sus manos desde abajo para tomar las manos de Micael que se extiende desde arriba. Es entonces cuando se puede crear el puente entre el hombre y los Dioses. Michael se ha convertido en el Regente de esta Era porque debe recibir lo que los Dioses desean recibir de lo que el hombre puede agregar al Concepto-Tiempo a través del Concepto-Espacio, ya que esto aumenta el conocimiento que poseen los Dioses.

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Los dioses representan a Saturno, Sol, Luna, Tierra, en la sucesión del Tiempo. Si el hombre desarrolla correctamente la última fase de su vida de pensamiento, ve esto en términos de espacio. Los dioses pueden imaginar el estiramiento de la izquierda y de la mano derecha, pero el contacto real es una cuestión puramente humana. Los dioses pueden vivir en la línea de visión del ojo izquierdo, en la línea de visión del ojo derecho. El hombre visualiza en términos de espacio cómo la visión del ojo izquierdo se encuentra con la del ojo derecho. Micael dirige su mirada hacia la Tierra. Él puede, al entrar en conexión con lo que los hombres desarrollan en pensamiento puro y objetivo en pura voluntad, tomar el conocimiento de los ciudadanos de la Tierra, de los hombres, como fruto del pensamiento en términos de Espacio, y elevarlo a los mundos divinos.

Si los hombres se limitaran a desarrollar el conocimiento del espacio y no a espiritualizarlo, si se detuvieran en la antropología y no estuvieran dispuestos a avanzar hacia la antroposofía, entonces pasaría la edad de Micael. Micael se retiraría de su regencia y traería este mensaje a los dioses: la humanidad desea separarse de los dioses.  Si Michael debe devolver el mensaje correcto al mundo de los Dioses, debe hablar con este fin: Durante mi Época, los hombres han elevado a lo Suprasensible lo que ya han desarrollado en la forma de pensar puramente en términos de Espacio; y, por lo tanto, podemos aceptar a los hombres de nuevo, porque han unido sus pensamientos con los nuestros. Si la evolución humana procede de la manera correcta, Micael no tendrá que decir a los dioses: los hombres se han acostumbrado a mirar todo espacialmente; Han aprendido a despreciar lo que vive solo en el Tiempo. Si los seres humanos se resuelven para lograr su objetivo terrenal, Micael dirá: Los hombres han hecho esfuerzos para traer nuevamente el Tiempo y lo Suprasensible al Espacio; por lo tanto, aquellos que no están contentos de mirar fijamente el espacio, que no están contentos de aceptar todo en una forma tan material como era costumbre a principios del siglo XX, se puede considerar que han vinculado sus vidas directamente a la vida de los Dioses.

Si realmente perseguimos la Antroposofía a la luz de la Ciencia de la Iniciación, significa que nos ocupamos de los asuntos cósmicos, con asuntos que la humanidad tiene que resolver en armonía con el mundo de los Dioses. Y en la edad presente, mucho está en juego; es cuestión de si debemos o no sembrar la semilla para la verdadera comunión en el futuro con el mundo divino-espiritual.

Cuando se hagan conscientes de la tremenda importancia de este tema, podrán medir la seriedad y la constancia interna que necesita el alma para que la Antroposofía sea el contenido de su vida de pensamiento.

Traducido por Gracia Muñoz en diciembre de 2017.

 

 

 

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