GA232c7. Los Misterios de Hibernia

Del ciclo “Centros de Misterio” GA232

Rudolf Steiner — Dornach, 7 de diciembre de 1923

English version

f1c7

 

En la última conferencia tuve que hablar de los Misterios Efesios de Artemisa para llamar su atención sobre ciertas conexiones entre lo que era conocido en el transcurso de la evolución humana y lo que hoy se puede volver a descubrir a través de la comprensión del mundo espiritual. Para ampliar el tema ya tratado, quisiera hablar hoy de otro Centro de Misterios que en cierto sentido también se sitúa en el punto de partida de la vida espiritual moderna, ya que ha dado impulsos a nuestro movimiento espiritual y sin embargo tiene mucho de los movimientos espirituales más antiguos en los que fue consagrada la sabiduría primordial del hombre. Quiero hablar de esos Centros de Misterios que se encontraban en la isla de Irlanda y de sus impulsos clave, los Misterios de Hibernia, sobre los cuales se dan indicaciones en mis Dramas Misterio.

Es relativamente mucho más difícil abordar en el Registro Akáshico —al que me he referido a menudo en mis escritos—es  mucho más difícil acercarse a los antiguos Centros de Misterio de Hibernia, la tan probada isla del Oeste de Inglaterra y  llevar a la visión meditativa las imágenes que están impresas en el Registro Eterno, que en el caso de los otros Centros de Misterios. Pues cuando estos Centros del Misterio de Hibernia se acercan a la visión interior uno tiene la impresión de que las imágenes de estos Centros poseen unas fuerzas extraordinariamente repulsivas, fuerzas que le echan a uno hacia atrás. Sin embargo, si uno avanza con cierto grado de valentía en estas materias, estas fuerzas repulsivas, a través del coraje no son tan difíciles de superar como en otros casos similares; Ofrecen sin embargo, incluso a una valiente mirada espiritual una resistencia que produce, podría decir, una especie de perplejidad. De modo que sólo contra la obstrucción se puede llegar a lo que ahora describiré. Durante los próximos días ustedes comprenderán por qué había que haber tales obstáculos al conocimiento.

En estos Centros de Misterios estaban por supuesto los Iniciados, que habían recibido la antigua sabiduría primordial de la humanidad y que, movidos e inspirados hasta cierto punto por esta sabiduría primordial, pudieron alcanzar una especie de visión propia; y estaban los adeptos, los candidatos a la Iniciación, que por la manera particular en que se impartía la instrucción en ese lugar, eran conducidos a la Palabra Cósmica. Ahora, si nos fijamos en la preparación que recibieron en primer lugar, los candidatos de Hibernia, encontramos que esta preparación consistía en dos cosas.

La primera que aquellos que debían prepararse serian llevados a enfrentar en su alma todas las dificultades del conocimiento. Todo lo que, digamos, puede ser la tortura del camino del conocimiento, no ese camino de conocimiento que conduce a las profundidades de la existencia, sino ese camino que simplemente requiere que cada uno de nosotros intensifiquemos nuestra conciencia cotidiana con tanta fuerza como sea posible —todas las dificultades que se ofrecen a la conciencia ordinaria en este camino de conocimiento fueron llevadas ante las almas de los alumnos. Todas las dudas, todos los problemas, todas las luchas internas y las frecuentes catástrofes de ese esfuerzo interior, el devenir desilusionado a través de la Lógica y la Dialéctica, siendo estas siempre tan buenas, todo esto debía pasar. Los alumnos tuvieron que pasar por todo lo que experimentamos como dificultades si realmente queremos adquirir conocimientos para luego poder verbalizarlos. Uno puede darse cuenta de que una cosa es haber logrado una verdad y otra es ser capaz de expresarla, de formularla. Pisando con seriedad el camino del conocimiento, siempre tenemos la sensación de que lo que podemos aferrar a las palabras es algo que ya no es estrictamente cierto, es una verdad acuñada entre todo tipo de acantilados y trampas. Todo lo que se puede experimentar así, que sólo conoce quién realmente ha hollado el camino de la lucha por el conocimiento, todo esto hubo de ser experimentado por los alumnos.

Lo segundo que tuvieron que experimentar en sus almas fue cuán poco de eso que por la forma habitual de conciencia puede convertirse en conocimiento contribuye a la felicidad humana, qué poco la Lógica, la Dialéctica, la Retórica puede contribuir a la felicidad humana. Por otra parte, se les mostró que el hombre, si quería mantener su equilibrio en la vida, debía tomar parte en lo que en cierta medida le diera alegría y felicidad. Así, los alumnos fueron conducidos por un lado cerca del abismo, y por el otro cerca de otro abismo y siempre forzados a dudar y esperar hasta que construyeran un puente personal sobre cada abismo. Y fueron tan profundamente iniciados en las dudas y dificultades del conocimiento que cuando después de esta preparación fueron conducidos a entrar en los Misterios Cósmicos, llegaron a la conclusión: “si así tiene que ser, entonces renunciaremos a todo conocimiento, renunciaremos a todo lo que no puede traer felicidad al hombre”.

En todos los casos, en los antiguos Misterios, los hombres fueron sometidos a pruebas de rechazo y fueron realmente llevados al punto en que, de la manera más natural y sencilla, desarrollaron sentimientos que el razonamiento ordinario común considera sin fundamento. Es fácil decir: Nadie quiere renunciar al conocimiento, es lógico que el hombre desee adquirir conocimiento, aunque presente grandes dificultades. Esto es lo que las personas dicen con naturalidad cuando no conocen las dificultades y no son conducidas sistemáticamente a estas dificultades como lo fueron los alumnos de los Misterios en Hibernia.

También es fácil decir: El hombre está dispuesto a renunciar a la felicidad interior, así como a la felicidad exterior y sólo desea seguir el camino del conocimiento. Pero para el que entiende estas cosas como son, estos dos dictámenes, tan a menudo oídos, están completamente al lado de la descalificación. Cuando los alumnos estaban preparados hasta el grado requerido, fueron conducidos ante dos estatuas colosales, ante dos enormes estatuas, poderosas y majestuosas. Una era majestuosa debido a sus enormes dimensiones, la otra era igualmente grande pero además era impresionante a través de su aspecto peculiar. Una estatua tenía una forma masculina, la otra femenina.

A través de estas estatuas los alumnos experimentaron el acercamiento de la Palabra Cósmica. Estas estatuas eran para ellos, por así decirlo, las letras externas por medio de las cuales debían comenzar a descifrar el Secreto Cósmico colocado ante los hombres.

Una de las estatuas, la estatua masculina, era de un material totalmente elástico, compresible en cada parte. Los alumnos fueron obligados a presionar la estatua en cada parte. A través de esta acción, se revelaba como un hueco. De hecho la piel de la estatua estaba hecha de material elástico, de modo que después de ser presionada recuperaba la misma forma. Sobre la cabeza de esta estatua que era peculiarmente característica, había algo que representaba al Sol.

Toda la cabeza era tal que uno entendía que era como un Ojo-Anímico. La cabeza como tal representaba microcósmicamente el contenido de todo el macrocosmos. Esta manifestación de la totalidad del Macrocosmos se manifestó a través del Sol en esa colosal cabeza.

Una de las estatuas impresionó directamente al alumno: “Aquí el Macrocosmos trabaja a través del Sol formando la cabeza humana, que conoce cuáles son los impulsos del macrocosmos y se forma interna y externamente según estos impulsos  macrocósmicos”.

La otra estatua era tal que, ante todo, los ojos del alumno cayeron sobre algo como cuerpos de luz, radiando luz hacia el interior, y en el “medio”, una forma femenina, completamente entregada al influjo de esos rayos. Y le llegó la intuición de que la cabeza se creaba a partir de esos rayos. Había algo indefinido en la cabeza.

Esta estatua era de otra sustancia, una sustancia plástica, no elástica sino plástica y extraordinariamente suave. También se le indico al alumno que la presionara. Y cada presión que hacia se quedaba fijada. De modo que cada vez que los alumnos eran llevados a la misma ceremonia ante esta estatua siempre estaba intacta de nuevo. En el caso de la otra estatua elástica, toda la forma se recuperaba por sí misma.

La impresión recibida en el caso de la segunda estatua era que estaba totalmente influenciada por las fuerzas de la Luna que permeaban el organismo y causaban que la cabeza creciera fuera del organismo. Los alumnos experimentaban una impresión extraordinariamente poderosa. A menudo eran llevados ante ella cuando las sangrías eran corregidas. Los alumnos fueron conducidos, a intervalos no muy largos, ante esta estatua.

Cuando estaban ante ella en las primeras ocasiones un sonido de silencio prevalecía alrededor. Fueron conducidos a la estatua por los ya iniciados que los dejaron allí, cerrando la puerta del templo. Dejándolos en su soledad.

Luego llegó un momento en que cada alumno fue llamado para tocar las estatuas, experimentando por sí mismos la elasticidad de la primera, y en el segundo caso la plasticidad en la que permanecían las huellas que habían hecho. Luego se quedaba solo con la impresión que, como ya he indicado, se marcaba poderosamente en él. Y a través de lo que él había experimentado anteriormente por el sendero que les he descrito, en el que paso por todas las dificultades en cuanto al conocimiento, todas las dificultades en cuanto a la felicidad, surgía en él un cierto anhelo. De hecho, experimentar tales cosas significa mucho más que las palabras que ahora uso para expresarlo. Tal experiencia significa que uno pasa por una escala completa de sensaciones, y estas sensaciones hicieron que el alumno tuviera el anhelo más vívido cuando era llevado ante estas dos estatuas, que lo que le parecía un gran acertijo debía de alguna manera resolverse en su alma, que debía llegar a comprender la naturaleza de este acertijo —por un lado, comprender la naturaleza de este acertijo y, por otro, el problema de lo que está en las formas y en la manera en que se relacionaba con ellas. Todo esto trabajaba de una manera profunda, extrañamente profunda, sobre los pupilos. Y se pararon delante de las estatuas con toda su alma y en todo su espíritu como, diría yo, un colosal punto de interrogación. Todo en ellos era una pregunta, preguntaba la razón, el corazón preguntaba, la voluntad preguntaba, todo era preguntado. El hombre de hoy todavía puede aprender de estas cosas, que fueron introducidas perceptiblemente ante la mente en épocas anteriores, cosas que hoy ya no pueden ser llevadas a la mente de esta manera y usadas para la Iniciación, el podía todavía aprender qué escala de sensaciones debe pasar uno para realmente acercarse a la verdad, la verdad que entonces conduce a los secretos del mundo. Porque incluso si el camino correcto para el estudiante es pasar por estas pruebas para un camino interior de desarrollo, exteriormente imperceptible a los sentidos, sigue siendo un hecho que el buscador moderno debe pasar por la misma escala de sensaciones, debe luchar en sí mismo a través de estas sensaciones en una experiencia meditativa interior. Por lo tanto, puede ser experimentada por él la misma escala de sensaciones que pasaron a la antigua manera de la civilización, por los hombres que iban a ser iniciados.

Cuando esto pasó, los alumnos fueron conducidos a una especie de libertad condicional en la que ambas experiencias trabajaron juntas, por un lado, lo que habían pasado previamente en la etapa de preparación en el camino ordinario del conocimiento y en el camino ordinario de la felicidad, y por el otro lado, lo que había llegado a ser en ellos un gran enigma de toda la mente, de hecho de todo el hombre. Eso entonces tuvo que trabajarse a la vez.

Y ahora, porque habían comprendido interiormente el trabajo conjunto de estas experiencias, fueron conducidos en la medida de lo posible en ese momento ante los Misterios Cósmicos del Microcosmos y del Macrocosmos, ante algo de esa unión que hemos tocado en estas conferencias, que formaba el contenido de los Misterios de Artemisa en Éfeso, una parte de la cual se presentaba ante los alumnos durante una especie de tiempo de prueba. Así, se intensificó la gran pregunta en las mentes de los alumnos. De modo que lo que el alumno, experimentó y soportó a través de la tremenda profundización de su mente, fue realmente llevado en forma de pregunta al mundo espiritual. De hecho, su experiencia le llevó a esa región que el alma experimenta cuando siente: “Estoy ante el poder que protege el Umbral”.

En épocas anteriores de la humanidad existían los más diferentes tipos de Misterios, y los hombres eran conducidos de las más variadas formas a lo que debemos sentir en las palabras: “Ahora estoy en el umbral del mundo espiritual. Sé por qué este mundo espiritual está protegido de la conciencia ordinaria, y sé en qué consiste el Ser del Poder protector, el Guardián del Umbral”.

Después de que los alumnos hubieran pasado por este tiempo de libertad condicional fueron llevados de nuevo ante la estatua. Entonces recibieron una impresión bastante notable, una impresión que de hecho sacudió todo su ser interior. Yo sólo puedo representarles la impresión reproduciendo lo que se practicaba de ese idioma antiguo al lenguaje moderno.

Cuando los alumnos habían avanzado hasta donde he descrito, cada uno fue colocado en soledad de nuevo ante la estatua. Pero ahora, el Iniciador, permanecía con el discípulo en el Templo. Y el discípulo vio, una vez más, el sonido silencioso que había escuchado lo que su propia alma podía decirle después de toda su preparación y pruebas, después de un tiempo aún más largo, vio a su sacerdote iniciador como si se elevara por encima de la cabeza de la primera estatua. Y entonces apareció el sol como si estuviera más atrás, y en el espacio entre la estatua y el sol apareció el sacerdote como si eclipsara al sol. Las estatuas eran demasiado grandes para que el sacerdote, de tamaño relativamente pequeño, apareciera solo aquí por encima de la cabeza de la estatua, el resto de él estaba abajo, hasta cierto punto cubriendo el sol. Después se escuchaba en un musical-armónico (la ceremonia comenzaba con un musical armónico) el discurso del iniciador. Y cuando el discípulo llegaba a esta etapa, le parecía que las palabras que sonaban de los labios del Iniciador eran pronunciadas por la estatua. Y las palabras le sonaban de la siguiente manera:

Ich bin das Bild der Welt
Sieh wie das Sein mir fehlt
Ich lebe in deiner Erkenntnis
Ich werde in dir nun Bekenntnis.

Soy la imagen del mundo

He aquí que me falta Ser

Vivo en tu conocimiento

Ahora me consagro en ti.

Esto también hacia, como se pueden imaginar, una impresión poderosa en el alumno, porque se había preparado para ello a través de ese Poder que vino a encontrarse con él en forma de estatua y que le decía:

Ich bin das Bild der Welt
Sieh wie das Sein mir fehlt
Ich lebe in deiner Erkenntnis
Ich werde in dir nun Bekenntnis.

Soy la imagen del mundo

He aquí que me falta Ser

Vivo en tu conocimiento

Ahora me consagro en ti.

A través de su preparación en cuanto a la dificultad del camino ordinario del conocimiento, también estaba dispuesto a aceptar esta Imagen como algo que le liberaba de esas dificultades, aunque no pudo superar en sí mismo la duda en cuanto al conocimiento y fue llevado a tener la sensación de que no podría superar estas dudas. Estaba preparado interiormente, por el hecho de que todo esto había pasado por su alma, para aferrarse, por así decirlo, con toda su alma a esta Imagen, a vivir con el Poder Cósmico que se simbolizaba a través de esa Imagen, a vivir con este Poder Cósmico, a entregarse a él, por decirlo así. Estaba preparado para esto porque experimentaba lo que ahora venía de la boca del sacerdote y que le parecía que la estatua era simplemente el carácter escrito que ponía ante el alumno el significado que se encuentra en estas cuatro líneas.

Después de que el sacerdote retrocediera y el alumno se quedara de nuevo solo en el silencio, después de que el sacerdote hubo salido dejando al alumno solo, al poco tiempo llegaba un segundo Iniciador. Éste apareció entonces sobre la segunda estatua y otra vez en un musical-armónico resonó la voz de este sacerdote-iniciador. Y esta voz pronunció las palabras que os doy como sigue:

Ich bin das Bild der Welt
Sieh, wie Wahrheit mir fehlt
Willst du mit mir zu leben wagen
So werd ich dir zum Behagen.

Soy la imagen del mundo

He aquí, carezco de la Verdad

Si te atreves a vivir conmigo

Yo seré tu consuelo.

Y ahora, después de todos estos preparativos, después de haber sido llevado a experimentar la felicidad interior, la plenitud interior —prefiero decir “la plenitud de la alegría interior” en lugar de “felicidad”, porque la palabra alemana “Gluck” no da el significado correcto— después de que el alumno, a través de toda su experiencia, había sido llevado a sentir la necesidad de que el hombre llegase a esta plenitud de alegría interior, ahora que él, al oír lo que le decía la segunda estatua, había sentido esa necesidad, estaba de nuevo en el punto, no sólo casi, sino en realidad al punto de reconocer al Poder Cósmico que hablaba a través de esta segunda estatua como aquel Poder al que él deseaba dedicarse por completo. De nuevo el Iniciador desapareció. De nuevo el alumno quedó solo, y durante este silencio y soledad cada uno sintió realmente en sí mismo —al menos parecía que cada uno sentía algo que tal vez puede expresarse en las siguientes palabras: “Estoy en el umbral del mundo espiritual. Aquí en este mundo físico hay algo que llamamos conocimiento, pero realmente no tiene ningún valor en el mundo espiritual. Y las dificultades que tenemos en el mundo físico con respecto al conocimiento son sólo el reflejo físico de la inutilidad del conocimiento que en este mundo físico se puede ganar de lo suprasensible, del mundo espiritual”. Así que él tenía la sensación: “Muchos me dicen aquí en el mundo físico, debes renunciar a la plenitud de la alegría interior, debes recorrer el camino del ascetismo para entrar en el mundo espiritual” Pero eso es realmente ilusión, eso es engaño. Porque lo que aparece en esta segunda estatua dice expresamente: “He aquí, carezco de la Verdad”. Así, el alumno, en el umbral del conocimiento, se acercó al sentimiento: “Uno debe luchar a través de la plenitud y gozo interior del alma, de la mente, cerrando lo que aquí en el mundo físico a través de la débil lucha humana, ligada al cuerpo físico, se anhela como verdad. Los alumnos tenían en efecto la sensación de que en ese lado del umbral las cosas se deben mirar de otra manera que de este lado, que lo que se valora de este lado carece de valor en el otro y que incluso conceptos como el conocimiento y la verdad presentan una apariencia totalmente diferente al otro lado del umbral.

Todas estas fueron experiencias que hicieron surgir en el alumno la conciencia de que había llegado mucho más allá de las muchas ilusiones y decepciones en el mundo físico. Pero también de vez en cuando tenia sentimientos que eran como llamas internas de fuego. De modo que se sentía como consumido por el fuego interior, como si estuviera aniquilado interiormente. Y el alma se balanceaba hacia atrás y hacia delante entre un sentimiento y el otro. El alumno estaba, por así decirlo, probado en los equilibrios del conocimiento y la felicidad. Mientras pasaba por esta experiencia interior, era para él como si las estatuas desearan hablar. Ahora había alcanzado algo como la Palabra Interior. Era como si las mismas estatuas hablaran. Una estatua decía: Yo soy el conocimiento. Pero lo que soy no tiene Ser. Y ahora el alumno estaba completamente lleno, se podría decir de esta sensación de miedo radiante: Lo que el hombre tiene de ideas es sólo Idea; No hay Ser en ellas. Deja que el hombre ejerza su cabeza humana —así lo sintió el alumno— que sin duda llegara a las ideas, pero nunca llegara al Ser. Las ideas son ilusión, no Ser.

Y la otra estatua, como si hablara, dijo: Yo soy la Fantasía, pero mi ser no tiene Verdad. Así las dos estatuas se enfrentaron al alumno, una estatua representaba que las ideas no tienen Ser, y la otra que las imágenes de la Fantasía no tienen Verdad.

Os ruego que comprendáis que aquí no se os presenta nada dogmático, no se acuñan frases para expresar conocimientos o verdades. El punto es describir las experiencias del alumno en los santuarios de Hibernia. El contenido de lo que está en estas frases no debe ser anunciado como una verdad, sino que estoy describiendo lo que experimentaba el alumno en el momento de la Iniciación en los Misterios de Hibernia. Todo esto lo experimentaba en la soledad más absoluta. Su experiencia interior era tan poderosa que sus sentidos exteriores dejaron de funcionar. Ya no funcionaban. Después de un tiempo ya no veía la estatua. Pero leía como en letras de fuego en el lugar en el que miraba algo de verdad que no era exteriormente físico, pero que veía con una claridad terrible. Allí donde había visto antes la cabeza de la estatua del Conocimiento, leyó la palabra “Ciencia”, y donde había visto la cabeza de la otra estatua leyó la palabra “Arte”.

Después de haber experimentado esto, fue llevado de regreso a la puerta del Templo. Los dos Iniciadores nuevamente estaban junto al templo. Uno de ellos dirigió la cabeza del alumno hacia aquello que el otro Iniciador señalaba: la Forma de Cristo.

Y al mismo tiempo cayeron palabras de advertencia. El sacerdote que lo había dirigido a la imagen de Cristo le dijo: “Recibe la Palabra y el Poder de este Ser en tu corazón” y el otro sacerdote dijo: “Y recibe de El lo que las dos Imágenes quisieron darte — Ciencia y Arte”.

Estos fueron, por decirlo así, los dos primeros actos de la Iniciación de Hibernia, la peculiar forma en que, en Hibernia, los alumnos fueron conducidos a la experiencia real del más íntimo Ser del Cristianismo.

Y esto se imprimió profundamente en las almas y en las mentes de los alumnos. Y ahora, después de haber impregnado esto en sí mismos, podían seguir adelante en su Camino del Conocimiento. Lo que hay que decir de esto, lo estudiaremos en los próximos días en relación con otros asuntos.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017.

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  1. […] Séptima Conferencia – Dornach, 3 de diciembre de 1923 […]

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