GA194c3. El pensamiento de Micael. El conocimiento del hombre como un ser suprasensible. El sendero de Micael y los más profundos impulsos de la cuestión social

Rudolf Steiner —Dornach, 23 de noviembre de 1919

English version

Antes de ayer les hablé sobre el hecho de que nosotros, como miembros de la raza humana, vivimos en una esfera que podemos designar como la cuarta esfera de la evolución. Sabemos que la evolución terrestre se ha desarrollado gradualmente de la evolución de Saturno; que la evolución de Saturno fue seguida por la evolución Solar, y ésta a su vez por la evolución Lunar, de la cual, finalmente llegamos a la evolución de la Tierra.

  Si mantenemos en la mente estas cuatro formaciones secuenciales del planeta Tierra a las cuales por supuesto, pertenece la humanidad como tal, debemos considerar únicamente al hombre en la medida en que es un ser cefálico. Haciendo esto debemos saber que la denominación “la cabeza del hombre” es la expresión simbólica de todo lo que pertenece a la percepción sensorial humana, a la inteligencia humana, de todo lo que a su vez fluye en la vida social a través de la percepción sensorial humana, como ser inteligente, debe ser incluida en esta expresión simbólica. Así, si digo: “el hombre es un ser con cabeza”, esto es dicho simbólicamente y se refiere a todo lo que acabo de mencionar.

 Hablamos ligeramente del hecho de que nosotros, como seres humanos físicos, vivimos en la atmósfera que nos rodea. Debemos darnos cuenta de que esta atmósfera nos pertenece. Ya que, ¿no es cierto que el aire que está ahora dentro de nosotros estaba hace un momento fuera de nosotros? No somos concebibles como seres humanos fuera de esta atmósfera. Pues nos hemos habituado a creer que los hombres de períodos anteriores hablaban sobre materias como el aire de la misma manera que la humanidad actual habla sobre ellas. Esto, sin embargo, no fue así. Encontramos extraño decir que igual que caminamos en el aire, también caminamos en una esfera que contiene las condiciones para nuestra existencia como seres sensibles, seres inteligentes, resumiendo, que poseemos todo aquello que puede ser expresado simbólicamente, como se ha afirmado, por virtud de nuestra existencia como seres de cabeza. Ahora, les he dicho que esta es sólo una de las esferas en las que existimos, ya que vivimos en varias esferas. Avancemos en nuestras consideraciones a una esfera de significado práctico para la humanidad y enfoquemos nuestra atención sobre la cuarta esfera en la que ahora vivimos a causa de los tres estados de evolución que han precedido a nuestra Tierra.

 Representemos esto con este plano circular (el Doctor Steiner hace un dibujo en la pizarra) en el que vivimos como nuestra cuarta esfera de evolución. Además de esto, vivimos aún en otra esfera en evolución a través del hecho de que esta otra esfera pertenece a los seres espirituales que son nuestros creadores, igual que esta cuarta esfera nos pertenece. Si hacemos caso omiso del ser humano por un momento y consideramos aquellos seres que siempre hemos llamado, en el orden de las jerarquías por encima de nosotros, los Espíritus de la Forma, los Seres Creativos de la Forma, entonces tendremos que decir que nosotros, como seres humanos, sólo alcanzaremos la esfera que atribuimos a nuestros Seres Creadores Divinos cuando la Tierra haya pasado a través de tres etapas más de evolución, que encontrarán designadas en mi “Ciencia Oculta” como las fases de Júpiter, la de Venus y la de Vulcano, y hayamos alcanzado la octava fase. Así estos Espíritus Creadores están en la etapa que los seres humanos habrán alcanzado después de la evolución de Vulcano. Esta es la esfera que les pertenece así como la cuarta esfera nos pertenece. Pero debemos pensar en estas esferas como estando insertadas una dentro de otra, como interpenetrándose una a otra. Así, si yo designo la esfera de la cual acabo de hablar como la octava esfera, nosotros no sólo vivimos en la cuarta sino también en esta octava esfera por el hecho de que nuestros Creadores Divinos viven en esta esfera junto con nosotros.

 Si ahora mantenemos esta octava esfera a la vista, encontramos viviendo allí no solo a nuestros Divinos Creadores, sino también a los seres Ahrimánicos. Así al vivir en el entorno de la octava esfera vivimos junto con los seres Ahrimánicos. En la cuarta esfera, los seres Luciféricos viven junto con nosotros. Esta es la situación en lo que concierne a la distribución de estos seres espirituales. Somos capaces de entrar en detalles considerando estas cosas solo si sabemos como estamos relacionados nosotros mismos con el entorno correspondiente de esta esfera.

 Así, se revela a la percepción de la ciencia espiritual que somos seres inteligentes y perceptivos a causa de nuestra vida en la cuarta esfera de nuestra evolución. Pero nunca debemos olvidar que el poder Luciférico influyó esta inteligencia en la que debemos siempre incluir las percepciones sensoriales. Este poder Luciférico está íntimamente conectado con la clase especial de inteligencia que el ser humano hoy considera suya propia y la cual prefiere emplear. Aún así, el hombre fue dotado con esta inteligencia sólo a través del hecho de que aquel ser superior del que ya les he hablado como el ser de Micael ha arrojado a los seres Luciféricos abajo a la esfera de los hombres, a la cuarta esfera, la de los hombres. A través de esto  surgió en los seres humanos el impulso de la inteligencia.

Ustedes pueden sentir lo que este impulso de inteligencia significa en la humanidad si dirigen su atención al elemento impersonal de la inteligencia humana de hoy en día. Ustedes saben que nosotros los seres humanos tenemos muchos intereses personales, y que estamos individualizados respecto a ellos. Pero esta individualización se para ante la inteligencia. Hasta donde concierne a la inteligencia y la lógica, todos los seres humanos poseen lo mismo; contamos con esta posesión común. No tendríamos esta posesión común si la influencia luciférica, obtenida por mediación de Micael, no hubiera sido ejercida sobre la humanidad.

 Nos comprendemos unos a otros de esta sencilla manera sólo a causa de tener esta inteligencia en común que se origina en la espiritualidad luciférica. Esta espiritualidad luciférica surgió a través de Micael que impregnó e influyó a los seres humanos con el ser de Lucifer. Estas influencias se desarrollaron posteriormente en la evolución histórica humana. Al lado de ellas, mucho más ha sido desarrollado en el ser humano. Pero hoy esta espiritualidad luciférica que nosotros llamamos nuestra inteligencia es aún considerada por mucha gente la facultad más distinguida del hombre.

 Ustedes deben, para llegar a una mayor claridad en esta materia, dirigir la mirada anímica sobre algo más que puede unir a los seres humanos sobre toda la Tierra una vez que se haya extendido. Este es el impulso de Cristo. Pero el impulso Crístico es algo diferente del impulso de la inteligencia. El impulso de la inteligencia es de naturaleza coercitiva. Ustedes no pueden hacer de la inteligencia de la humanidad su asunto personal. Ustedes no pueden de repente resolver decidir de una manera personal lo que tiene que ser decidido por la inteligencia sin parecer demente dentro de las relaciones de la vida social. Aún así, por otro lado, no pueden adquirir ninguna relación con el impulso Crístico que no sea personal. Nadie puede interferir con la manera de relacionarse con el Cristo de otra persona. Esto es un asunto completamente personal. Pero a través del hecho de que el Cristo ha pasado por el Misterio del Gólgota y se ha unido con la evolución de la Tierra la situación se ha vuelto tal que, a pesar de cuántos seres humanos, independientemente unos de otros, hacen del impulso Crístico su asunto personal: el impulso Crístico, a través de su propia naturaleza, se volverá el mismo para todos. Eso significa, que los seres humanos se unen a través de algo que todos ellos hacen su propio asunto, no coercitivamente como en el caso de la inteligencia, sino a través del hecho de que precisamente a través del impulso Crístico mismo la relación de todo ser humano con el Cristo se forma ella misma de tal manera que es la misma en cada ser humano. Esto, ustedes ven, es la diferencia entre el impulso de la inteligencia y el impulso Crístico. El impulso Crístico puede ser el mismo para toda la humanidad y aún así un asunto personal para cada ser humano individual. La inteligencia no es un asunto personal.

 Ahora, ¿cual era la situación en la cual entró el impulso Crístico? Podemos responder a esta pregunta con las indicaciones que ya he dado. Sabemos que la evolución de la cabeza es regresiva. Con respecto a su cabeza el ser humano se encuentra en un proceso moribundo. Podemos así señalar el siguiente hecho cósmico: Micael ha empujado a las huestes de Lucifer hacia abajo al reino de la humanidad; ellos asumieron su morada en la cabeza humana, pero en la cabeza humana en su estado de muerte gradual.

 Estos seres Luciféricos comenzaron a luchar contra esta muerte de la cabeza humana. Y aquí tocamos un conocido secreto de la naturaleza humana, un secreto conocido en las más diversas formas, pero que está casi completamente oculto para el hombre moderno. Con respecto a esta evolución divina, el hombre lleva en su cabeza un proceso continuo de muerte ; pero en paralelo con este continuo proceso de muerte hay un prendimiento de vida por parte de Lucifer. Es el constante esfuerzo de Lucifer de hacer nuestra cabeza tan viva como el resto de nuestro organismo. Visto desde el punto de vista orgánico, Lucifer apartaría a la humanidad de su dirección divina, si él tuviera éxito en hacer la cabeza humana tan viva como el resto del organismo.

 Esto es precisamente a lo que la dirección divina de la evolución humana se tiene que oponer. El hombre debe permanecer unido con la evolución de la Tierra de tal forma que pueda continuar a través de las evoluciones de Júpiter, Venus y Vulcano. Si Lucifer alcanzara su meta, el hombre no continuaría por su sendero destinado; por el contrario, se haría parte de un cosmos que es inteligente por completo.

Fisiológicamente hablando, es el esfuerzo constante de Lucifer de emitir las fuerzas vitales del resto del organismo a nuestra cabeza. Psíquicamente hablando, Lucifer está constantemente esforzándose en dar al contenido de nuestra inteligencia que meramente comprende pensamientos e imágenes el carácter de sustancia.

Lo que he afirmado antes desde el punto de vista psíquico ahora lo afirmo desde el punto de vista del alma cuando digo que Lucifer tiene la tendencia constante a dar un contenido sustancial real a aquello que nosotros formamos como una imagen en nuestro espíritu –algo de una forma artística, por ejemplo; es decir, tiene la tendencia a impregnar los contenidos de nuestro pensamiento con la realidad terrestre ordinaria. Si él tuviera éxito ocasionaría que nosotros como seres humanos abandonaríamos la realidad y sobrevolaríamos una realidad del pensamiento que sería realidad y no simples pensamientos.

Esta tendencia de permitir que nuestras fantasías se conviertan en realidad está conectada con nuestra naturaleza humana, y los mayores esfuerzos imaginables son hechos para convertir nuestras fantasías humanas en realidades.

Ahora, todo lo que existe en la humanidad como causas de enfermedades internas está conectado con esta tendencia luciférica. Llevar a cabo el trabajo de Lucifer en relación con la conducción de las fuerzas vitales a las fuerzas moribundas de la cabeza humana significa, en realidad, ser capaz de diagnosticar todas las enfermedades internas. El desarrollo científico-mental debe esforzarse por construir su conocimiento sobre este elemento luciférico. Dar este impulso pertenece a las tendencias de la influencia de Micael entrando en nuestra evolución humana.

 La influencia Ahrimánica es el reverso de la tendencia Luciférica. Se hace sentir desde la octava esfera fuera de la cual es creado el resto de nuestro organismo, exceptuando la cabeza,; este organismo está lleno de vitalidad a través de su misma naturaleza. Dentro de estas fuerzas de vitalidad los poderes Ahrimánicos se esfuerzan en enviar las fuerzas de la muerte que debidamente, en el divino proceso de evolución, pertenecen a la cabeza. Así, desde la octava esfera las fuerzas de la muerte vienen a nosotros a través de Ahriman como intermediario. Esto, de nuevo, hablando desde el aspecto físico.

 Hablando desde el aspecto del alma, tendría que decir: todo lo que siente su influencia dentro de nosotros desde la octava esfera actúa sobre la voluntad humana, no sobre la inteligencia. El deseo subyace en la voluntad humana; toda voluntad contiene una cierta cantidad de deseo. Es el esfuerzo constante de Ahriman introducir el elemento personal dentro de la naturaleza desiderativa que subyace en la voluntad; y a través del hecho de que el elemento personal está oculto en nuestra naturaleza desiderativa, nuestra voluntad humana lleva la impronta de nuestra aproximación gradual al momento de la muerte. En lugar de permitirnos ser impregnados por los ideales divinos y dejarlos entrar en nuestros deseos y, por tanto, en nuestra voluntad, el elemento personal se introduce en nuestro deseo, en nuestra voluntad.

 Así estamos realmente en una situación de equilibrio entre el elemento Luciférico y el Ahrimánico. El elemento Luciférico-Ahrimánico nos entrega a la enfermedad y a la muerte en lo físico; en la esfera del alma desarrolla el engaño en la medida en que consideramos una realidad algo que pertenece simplemente al mundo del pensamiento, de la fantasía. En cuanto a la esfera espiritual, el deseo egoísta penetra en nuestra naturaleza humana por este camino.

 Así nosotros vemos esta dualidad –Lucifer-Ahriman– conectada con la naturaleza humana, y ya les he mostrado mediante “el Paraíso Perdido” de Milton, “el Mesías” de Klopstock, y el “Fausto” de Goethe cómo la humanidad civilizada moderna se engaña a sí misma, puede engañarse a sí misma, respecto a esta dualidad. Ahora tenemos que tener en mente que la humanidad en su desarrollo ha pasado más allá del punto medio de la evolución de la Tierra.

La evolución de la humanidad fue, en primer lugar, una ascendente; entonces alcanzó su clímax y ahora está en el camino descendente. Por determinadas razones que no necesitamos discutir hoy hubo un estado de equilibrio en el período Greco-Latino hasta el siglo XV. Desde entonces, sin embargo, la evolución de la humanidad en la tierra está en el camino descendente. La evolución física de la tierra ha entrado en el camino descendente en un período mucho más temprano; ya en el tiempo que precedió a nuestra última edad del hielo; es decir, anterior a la catástrofe de la Atlántida, la evolución de la Tierra comenzó a descender en un aspecto físico.

 Este es un hecho que los antropósofos no necesitan anunciar al mundo; ya que ya es conocido por la geología, como he mencionado frecuentemente, que cuando caminamos sobre la tierra en numerosas regiones caminamos ya sobre la corteza terrestre en estado de deterioro. Sólo necesitan leer las descripciones de la evolución de la Tierra en buenos libros de geología de nuestro tiempo y encontrarán que la ciencia física ha llegado a la conclusión de que la tierra está en la etapa descendente de su evolución. Pero nosotros los seres humanos, también, estamos en la etapa descendente de la evolución. No debemos esperar que ninguna tendencia ascendente surja en nuestro desarrollo corporal. Debemos asumir el control de la tendencia ascendente considerando aquello que conduce al ser humano más allá de la evolución de la Tierra hacia sus formas evolucionarias subsiguientes. Debemos aprender a considerar al ser humano del futuro. Esto significa pensar en el sentido de Micael, tener los pensamientos de Micael.

 Caracterizaré con más precisión lo que significa pensar en el sentido de Micael, pensar Micaélicamente.

 Ya ven, queridos amigos, si afrontan a su prójimo hoy, realmente le afrontan con una conciencia completamente materialista. Ustedes se dicen a sí mismos, incluso aunque no lo digan en voz alta ni incluso lo piensen, pero se lo dicen a ustedes mismos en lo más recóndito e íntimo de su consciencia: Este es un hombre de carne y hueso; este es un hombre de sustancia terrestre. Ustedes dicen lo mismo en el caso del animal, lo mismo en el caso de la planta. Pero lo que ustedes así se dicen a ustedes mismos cuando afrontan a un hombre, un animal o una planta, ustedes están justificados al decirlo sólo en lo que respecta a la naturaleza mineral.

 Tratemos inmediatamente con el caso más extremo, con el hombre. Consideremos al hombre en relación con su forma externa. Aquello que constituye su forma externa ustedes no la ven realmente, no lo afrontan en absoluto con su capacidad física de observación, ya que está formada en más de un noventa por ciento de fluido, de agua. Aquello que constituye la forma como sustancia mineral es lo que ven con sus ojos físicos. Aquello que el hombre une consigo mismo de este mundo mineral exterior es lo que ustedes ven; el ser humano que hace la unión no lo ven. Hablan correctamente sólo si se dicen a sí mismos: lo que afronto aquí son las partículas de materia que la forma espiritual humana acumula en sí misma; esto hace que el ser invisible que está aquí ante mí sea visible. Todos ustedes aquí sentados son invisibles a los sentidos físicos. Un cierto número de formas están sentadas aquí; tienen, a través de un cierto poder interno de atracción partículas acumuladas de materia. Estas partículas de materia son lo que nosotros vemos; nosotros simplemente vemos el mineral. Los seres humanos reales que están sentados aquí son invisibles, son suprasensibles. Decirse esto a uno mismo con plena consciencia en todo momento de la vida de vigilia constituye el modo Micaélico de pensar; dejar de concebir al ser humano como un conglomerado de partículas minerales que él tan solo organiza de una cierta manera, como es también asumido de los animales y las plantas y de los que sólo los minerales están exentos, y llegar a ser consciente del hecho de que caminamos entre seres humanos invisibles –esto significa pensar Micaélicamente.

 Nosotros hablamos de seres Luciféricos y Ahrimánicos, hablamos de los seres de la jerarquía de los Ángeles, Arcángeles Arcai y así sucesivamente. Estos son seres invisibles. Aprendemos a conocerlos por sus efectos. Hemos discutido muchos de estos efectos, incluso durante los últimos días. Aprendemos a conocer a estos seres por sus actos. Bien, ¿es el asunto diferente con el ser humano? Aprendemos a conocer al ser humano –que es invisible– aquí en el mundo físico a través del hecho de que organiza partículas minerales en una forma humanoide. Pero esto es sólo una actividad del ser humano, un efecto de su naturaleza. El hecho de que tenemos que aclararnos sobre los efectos de Ahriman y Lucifer, de los Ángeles, Arcángeles, Arcai, y así sucesivamente, de otra forma significa simplemente que tenemos que aprender a conocerlos de una manera diferente. Pero en relación con el carácter suprasensible de estos seres no hay diferencia entre ellos y los seres humanos si empleamos la razón en nuestro pensamiento sobre el ser del hombre.

 Comprender que no somos diferentes en nuestro ser esencial de los seres suprasensibles significa pensar en el espíritu de Micael. La humanidad fue capaz de progresar sin este entendimiento siempre que aún recibiera algo del mundo mineral. Pero como el mundo mineral está en una evolución declinante, el ser humano debe gradualmente adquirir una concepción espiritual de sí mismo y del mundo.

  Desde los años setenta del siglo XIX él es capaz, en cada vez mayor medida, de encontrar la fortaleza interna para desarrollar la consciencia de que el hombre no es una ordenada conglomeración de partículas de materia sino que es un ser suprasensible, y que estas partículas de materia son sólo un gesto del mundo externo mineral, indicando: aquí hay un ser humano. Sólo a causa de las influencias Ahrimánicas que he caracterizado en una reciente conferencia [Conferencia del 15 de noviembre de 1919, Dornach] el ser humano elude esta consciencia interior, trata de evitarla. Una cosa está conectada con la otra en la vida humana. Y así como trabajamos bajo el engaño de que el hombre es un ser sensual y no suprasensible, así trabajamos también bajo otros engaños. Hablamos de evolución e imaginamos que una cosa procede de otra en un desarrollo continuo progresivo. Ustedes saben que no fue posible seguir tal pensamiento al representar la evolución artísticamente en nuestro Edificio. [Ver Rudolf Steiner, Der Baugedanke des Goetheanum, con 104 fotografías del primer Goetheanum]. Cuando desarrollé las formas para las mayúsculas, tuve que mostrar la primera, segunda y tercera mayúscula en una evolución ascendente, la cuarta permanecía en el medio, la quinta comenzando la evolución descendente, la sexta era aún más simple, la séptima la más simple. Tuve que añadir a la evolución ascendente la evolución descendente.

 Nuestra cabeza está en esta evolución descendente, mientras que el resto de nuestro organismo está en la evolución ascendente. Si creemos que evolución significa una subida continua abandonamos la verdadera realidad. Nosotros entonces mantenemos el punto de vista de Haeckel, quien, bajo la influencia de un cierto engaño, mantenía que hay, primero, seres simples, al avanzar la evolución, hay seres más y más complejos, seres más y más perfectos, y así sucesivamente, ad infinitum. Esto es una tontería.

 Toda evolución que progresa también retrocede y degenera. Todo ascenso es seguido por un descenso; todo ascenso conlleva en sí mismo el germen del descenso. está entre los más insidiosos engaños de la humanidad moderna que es inconsciente de la conexión entre evolución e involución, entre desarrollo progresivo y desarrollo regresivo. Pues de toda evolución ascendente debe resultar la disposición para la evolución regresiva.

 En el momento en que la evolución progresiva comienza a convertirse en regresiva, lo físico pasa por alto en la evolución espiritual. Pues tan pronto como lo físico comienza a convertirse en regresivo, hay lugar para el desarrollo espiritual. En nuestra cabeza hay lugar para el desarrollo espiritual porque el desarrollo físico está en el sendero regresivo. Sólo cuando estamos en posición de ver las cosas a la luz adecuada, es decir, sólo cuando vemos la conexión de nuestra inteligencia con el desarrollo Luciférico comprenderemos realmente el ser del hombre y de ese modo el mundo. Pues entonces evaluaremos estas cosas correctamente y sabremos que nuestra inteligencia necesita un nuevo impulso si es para conducir al hombre a su meta. A través del principio Crístico se debe impedir a Lucifer que haga que el ser humano abandone su rumbo divino predestinado.

 Antes dije: Una cosa está conectada con otra. Los seres humanos están hoy bajo la influencia del mismo engaño que atribuía a los poderes divinos ciertas cualidades Luciféricas. El mismo engaño crea hoy la inclinación en los seres humanos a ver un ideal en su representación parcial, de lo hermoso, por ejemplo. Para asegurarnos, es posible representar lo hermoso como tal. Pero debemos ser conscientes del hecho de que si nosotros como seres humanos nos rindiéramos a lo hermoso, cultivaríamos aquellas fuerzas en nosotros que conducen a canales Luciféricos. Así como no hay una evaluación progresiva parcial en el mundo real, sino que la evolución es seguida por la involución, así también no existe una belleza parcial en el mundo real.

 Lo meramente hermoso utilizado por Lucifer para fascinar y cegar a los seres humanos liberaría a los seres humanos de la evolución de la Tierra; cortaría su conexión con ella. Así como hay una interacción de la evolución y la involución, así tenemos en realidad que hacer con una interacción de la belleza y la fealdad; en realidad, hay una dura batalla entre la belleza y la fealdad. Y si realmente deseamos comprender el arte nunca debemos olvidar que lo máximo en arte en el mundo es la interacción de lo hermoso y lo feo, la presentación de la batalla de lo hermoso con lo feo. Ya que sólo considerando el estado de equilibrio entre lo hermoso y lo feo permanecemos en la realidad; entonces nosotros no existimos en una realidad parcial Luciférica o Ahrimánica que no nos pertenece, en la cual, sin embargo, Lucifer y Ahriman luchan por ponernos. Es muy necesario que tales ideas como las que acabo de exponer entren en la evolución cultural humana.

 Ustedes saben que les he hablado a menudo con gran entusiasmo sobre la cultura Griega, aún así, en la antigua Grecia aún era posible dedicarse uno mismo parcialmente a cultivar la belleza, pues la humanidad de aquella época aún no había tomado el control por la regresión de la evolución de la Tierra, al menos no los Griegos. Desde aquel tiempo, sin embargo, el hombre no debe volver a darse el gusto en el cultivo de lo meramente bello. Esto sería un vuelo desde la realidad. Él debe, audazmente y con coraje, enfrentar la batalla real entre la belleza y la fealdad. Él debe ser capaz de sentir, y experimentar las disonancias en su batalla con las consonancias del mundo.

 Esto dará fuerza a la evolución de la humanidad, y de esta fuerza brotará la posibilidad de lograr aquella condición interna de consciencia que nos eleva por encima del engaño de que el ser humano consiste en su verdadera esencia de materia amontonada, de partículas minerales de sustancia que ha juntado en sí mismo. Incluso desde el aspecto físico puede ser dicho hoy que el hombre no lleva en su ser la firma de la naturaleza mineral, de la naturaleza física externa.

  El mineral exterior es pesado. Pero aquello que nos da, por ejemplo, la posibilidad de desarrollar el elemento alma –no me refiero aquí a la inteligencia– aquello que nos hace capaces de desarrollar cualidades del alma no está vinculado a la gravedad sino a su opuesto, a lo que es llamado la ligereza de los fluidos. Les he descrito en otras ocasiones cómo nuestro cerebro nada en el fluido cerebral. Si no fuera así, los corpúsculos de la sangre contenidos en él serían aplastados. Ustedes saben por sus lecciones de física que Arquímedes, sentado en su bañera, descubrió que se volvía más ligero, y estaba tan contento sobre esto que gritó su famoso “¡Eureka!”.

 En lo que respecta a nuestra alma, no vivimos por ser atraídos hacia abajo, sino por ser elevados hacia arriba. No es por ser nuestro cerebro pesado, sino por ser nuestro cerebro más ligero por estar flotando en el fluido cerebral que vivimos físicamente. Vivimos por medio de lo que nos aleja de la tierra. Esto puede ser afirmado hoy incluso desde el aspecto físico.

 Sin embargo, lo que quería indicarles en las presentes conferencias era y es que, al enfrentarnos a la vida moderna, necesitamos una condición del alma que, en todo momento de la vida vigílica, sea consciente de lo suprasensible en el entorno inmediato, y que no se rinda al engaño de que el ser humano es real porque puede ser visto, y los espíritus no son reales porque no pueden ser vistos. Pues lo cierto es que tampoco vemos a los seres humanos. Este es precisamente el engaño, que creemos que vemos a los seres humanos. No diferimos en absoluto de los seres de las jerarquías superiores. Aprender a comprender la similitud entre los seres de las jerarquías superiores y nosotros mismos, e incluso los animales y las plantas, es la tarea planteada a la humanidad moderna.

 Decimos que a través del Misterio del Gólgota el impulso Crístico ha entrado en la evolución de la Tierra, ha entrado en la evolución de la humanidad, en primer lugar, y está de ahora en adelante unida con ella. La gente dice: No lo vemos. Efectivamente, no lo verán mientras se engañen a sí mismo sobre el hombre mismo, mientras consideren al hombre como algo bastante diferente de lo que realmente es. El momento en que esto deje de ser una teoría sino una realidad del alma sentida vívidamente que nos permite ver en el hombre un ser suprasensible, cultivamos dentro de nosotros la facultad de percibir el impulso Crístico entre nosotros, en todas partes, y de ser capaces de decir con plena convicción: no le buscamos a Él en manifestación externa; Él está entre vosotros por todas partes. Pero la humanidad tendría que desarrollar la fe, la modestia y la humildad, cuesta un gran esfuerzo cultivar la consciencia que, justo desde el comienzo, ve en el hombre un ser suprasensible. Pues si hacemos esto sólo en teoría no sirve de nada. Sólo si no creemos realmente que lo que se nos enfrenta físicamente sea el ser humano real, sólo si sentimos que esto es un absurdo, habremos adquirido el estado del alma al que me estoy refiriendo.

 Mis queridos amigos, si ustedes salieran al terreno de nuestro edificio y recogieran toda clase de basura que hay por allí y a través de una inteligente manipulación de esta chatarra fueran capaces de sujetarla delante de ustedes de tal forma que una persona que les encontrara no pudiera verles sino sólo los pedazos de madera o ladrillos – ustedes no mantendrían que estos pedazos de ladrillos y madera son el ser humano. Pero el asunto no es diferente en ningún aspecto en lo que concierne a las sustancias minerales con las que se enfrentan a sus prójimos, dispuestas en una determinada forma. ¡Aún así ustedes dicen: estas sustancias minerales – ya que sus ojos físicos las ven – son el ser humano!. En realidad son sólo el gesto que apunta al ser humano real.

 Si echamos la vista atrás a los tiempos pre-Cristianos encontraremos que el Mensajero de Dios bajó a la Tierra, visiblemente, por así decirlo, revelándose y haciéndose entender por el ser humano. El mayor Mensajero de Dios Que bajó a la tierra, el Cristo, era a la vez El Que era capaz de revelarse a Si mismo en el mayor suceso de la tierra así como el último de aquellos que podían revelarse a sí mismos sin la ayuda del ser humano. Ahora vivimos en la era de la Revelación de Micael. Existe como las otras revelaciones. Pero no se revela por la fuerza al ser humano porque el hombre ha entrado en su evolución de libertad. Debemos salir para encontrar la revelación de Micael, debemos prepararnos de tal modo que él nos envíe las más poderosas fuerzas y nos hagamos conscientes de lo suprasensible en el entorno inmediato de la tierra. No fracasemos en reconocer lo que esta revelación de Micael significaría para los hombres del presente y del futuro si los hombres se aproximaran a ella en libertad. No fracasemos en reconocer que los hombres de hoy se esfuerzan por obtener una solución de la cuestión social a partir de los vestigios de los antiguos estados de consciencia.

 Todos los problemas que podían ser resueltos con los antiguos estados de consciencia humana han sido resueltos. La tierra está en la fase descendente de su evolución. Las demandas que surgen hoy no pueden ser resueltas con el pensamiento del pasado. Sólo pueden ser resueltas por una humanidad con una nueva constitución del alma. Es nuestra tarea pues dirigir nuestra actividad para que pueda ayudar al surgimiento de esta nueva constitución del alma en la humanidad. El hecho de que los seres humanos no puedan liberarse de los conceptos que han sido fomentados durante milenios oprime nuestras almas como una terrible pesadilla. Vemos hoy cómo los resultados de estos conceptos anticuados que están despojados de todo contenido y no son más que meros cascarones que siguen su curso casi automáticamente. En todas partes se habla sobre los ideales humanos. Pero estos ideales no tienen contenido real, son meramente palabras sonantes, pues la humanidad necesita una nueva constitución del alma.

 Érase una vez la llamada resonó a la humanidad que, traducido a nuestro idioma, dice: “¡Cambia tu forma de pensar, porque el tiempo ha llegado!” En aquel tiempo, sin embargo, los seres humanos eran aún capaces de cambiar su forma de pensar de su antigua constitución del alma. Ahora esto posiblemente ha cesado; si lo que en aquel tiempo fue empezado tuviera que ser cumplido hoy, sería cumplido con una nueva constitución del alma. Micael trasmitió a los seres humanos la tradición de Yahvé, la influencia de Yahvé.

Desde el final de los años setenta del siglo XIX él está ocupado – sólo si vamos a su encuentro – en transmitir la comprensión del impulso Crístico en el verdadero sentido de la palabra. Pero debemos ir a su encuentro. Y salimos a su encuentro si cumplimos dos condiciones.

 En lo que respecta a la constitución de nuestra alma podemos decirnos a nosotros mismos: Tenemos que superar un cierto error. No deseo cargarles excesivamente con limitadas abstracciones y concepciones filosóficas del mundo, pero debo atraer su atención a un síntoma tal de la evolución moderna humana como el filósofo Cartesius (Descartes) que vivió en el amanecer de la era moderna. Él aún sabía algo de lo espiritual que juega a través del moribundo sistema nervioso del hombre. Pero hizo al mismo tiempo la afirmación: “Pienso, luego existo”. Eso es lo opuesto de la verdad. Cuando pensamos no somos; pues al pensar tenemos meramente la imagen de la realidad. Pensar no tendría ninguna consecuencia para nosotros si existiéramos dentro de la realidad con nuestro pensamiento, si pensar no fuera meramente una imagen.

 Debemos ser conscientes del espejo de la personalidad de nuestro mundo de imágenes mentales, de nuestro mundo de pensamientos. El momento que seamos conscientes de este espejo de la personalidad apelaremos a un origen diferente de la realidad dentro de nosotros. De esto, Micael desea hablarnos. Eso significa, que debemos tratar de reconocer nuestro mundo de pensamientos en el espejo de la personalidad; entonces trabajaremos contra la evolución Luciférica. Pues esta última está enormemente interesada en verter sustancia en  nuestro pensamiento, en tratar de engañarnos con la errónea creencia de que el pensamiento está impregnado de sustancia. El pensamiento no contiene sustancia, sino simplemente imagen.

 Nosotros obtendremos sustancia de otros niveles más profundos de nuestra consciencia. Esa es la condición. Sólo necesitamos ser conscientes de que nuestros pensamientos nos debilitan, entonces apelaremos a la fuerza de Micael; pues él va a ser el espíritu que nos señale aquello que es más fuerte en nosotros que el pensamiento, en tanto que hemos aprendido a través de la moderna civilización principalmente a considerar el pensamiento, y al hacer eso nos hemos vuelto seres humanos débiles porque hemos considerado al pensamiento mismo como algo real. Podemos imaginar que estamos dando vueltas siempre tan alejados de la mera inteligencia abstracta, pero esto es una ilusión; ya que los seres humanos modernos estamos en la esclavitud de la inteligencia y no emitimos de los más profundos niveles de nuestro ser a los pensamientos mismos aquello que debería haber en ellos.

 La segunda condición es que introducimos en nuestros deseos, y por tanto en nuestra voluntad, aquello que resulta de una realidad que debemos reconocer como suprasensible. El hecho de que el Misterio del Gólgota en su carácter suprasensible no ha sido tomado absolutamente en serio ha tenido graves consecuencias. Lo he mencionado a menudo aquí. He atraído, por ejemplo, su atención a las opiniones del teólogo liberal, Adolf Harnack. Hay muchos teólogos liberales que confiesan abiertamente: a través de los documentos históricos no puede encontrarse ninguna prueba de la existencia de Cesar o de Napoleón. ¿Por qué? Porque en el Misterio del Gólgota un suceso iba a ser puesto delante de la humanidad para el cual sólo se tendría acceso suprasensible. No se iba a tener acceso a él a través de los sentidos. Para que la humanidad pueda aprender, precisamente a través del Misterio del Gólgota, a alzarse hacia lo suprasensible, no debía haber ninguna prueba externa, sensible, histórica.

 Hemos así indicado dos cosas hacia las que nos debemos esforzar. Primero, reconocer lo suprasensible en el mundo sensorio inmediato, esto es, en el mundo del hombre, del animal y de la planta: este es el camino de Micael. Y su continuación es encontrar en el mundo que nosotros mismos reconocemos como suprasensible, el impulso Crístico.

 Al describirles esto, estoy describiéndoles al mismo tiempo los más profundos impulsos de la cuestión social. Ya que  la abstracta Liga de Naciones no resolverá el problema internacional. Tales abstracciones no unen a la gente por toda la tierra. Pero los espíritus que guían a los seres humanos a lo suprasensible, y de los cuales hemos hablado durante estos días, unirán a la gente.

 Externamente, la humanidad se acerca hoy a graves batallas. En lo que respecta a estas serias batallas que sólo están en su comienzo – lo he mencionado a menudo aquí – y que conducirán los antiguos impulsos de la evolución de la Tierra ad absurdum, no hay remedios políticos, económicos o espirituales que puedan ser tomados de la farmacia de la evolución histórica pasada. Ya que desde estos tiempos pasados vienen los elementos de fermentación que primero, han llevado a Europa al borde del abismo, que enfrentarán a Asia y a América la una contra la otra, y que están preparando una batalla por todo el mundo. Esta dirección ad absurdum de la evolución humana puede ser contrarrestada sólo por aquello que conduce a los hombres por el camino hacia lo espiritual: el camino de Micael que encuentra su continuación en el camino del Cristo.

 

Traductor desconocido.

 

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3 comentarios el “GA194c3. El pensamiento de Micael. El conocimiento del hombre como un ser suprasensible. El sendero de Micael y los más profundos impulsos de la cuestión social

  1. […]  GA194c3.  El pensamiento de Micael. El conocimiento del hombre como un ser suprasensible. El send… […]

  2. José Antonio Alemán dice:

    Hola. Esta conferencia y otras 5 más están publicadas en La misión de Micael de la Ed. Antroposófica de Buenos Aires

  3. Eduardo dice:

    Gracias!❤

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