GA140c1. Visiones del mundo espiritual

Rudolf Steiner – Bergen (Noruega) 10 de Octubre de 1913

English version

Audio en español de esta conferencia

Mis queridos amigos:

Con todo mi corazón contesto al saludo tan amable  recién dirigido por vuestro representante, y estoy seguro de que aquellos amigos que han venido a esta ciudad para tomar parte en un vivir antroposófico en compañía de nuestros amigos de Bergen, se unirán a mí para esto. Hemos hecho un hermoso viaje a través de las grandes montañas que nos dan una bienvenida tan agradable y amistosa, y creo que nuestros amigos gozarán con seguridad de su permanencia en esta vieja ciudad hanseática durante todo el tiempo que podamos estar aquí. Ese maravilloso logro del hombre, el ferrocarril por el cual viajamos, nos dio a conocer, más estrechamente que en otras partes de Europa, la impresión de la energía de la fuerza creadora humana en una combinación real con la Naturaleza misma. Cuando uno ve las rocas que han tenido que ser desmenuzadas para que la mano del hombre pudiera construir ese trabajo, a la par de aquel otro construido y acumulado por la Naturaleza misma, las muchas impresiones que uno recibe hacen verdaderamente de una visita a una región así, una de las más hermosas experiencias posibles. En esta antigua ciudad, nuestros amigos pasarán el tiempo de su permanencia entre hermosas impresiones que serán conservadas en su memoria como el telón de fondo de su visita. Estos serán días de almacenar recuerdos, muy especialmente porque podemos satisfacer en nosotros mismos con la visión física de que aún aquí, en esta parte del mundo, podemos encontrarnos con corazones antroposóficos que laten al unísono con el nuestro en la búsqueda de los tesoros espirituales de la humanidad. Con seguridad, nuestra visita a esta ciudad nos unirá más estrecha y afectuosamente con aquellos que aquí nos han recibido de un modo tan cariñoso.

Bergen

Estamos reunidos aquí por primera vez y lo que deseo deciros tendrá que ser de carácter aforístico. Me gustaría hablar un poco de lo que pertenece al dominio del mundo espiritual, y esto se dice más fácilmente y mejor por la palabra hablada que por la escrita, no sólo porque, teniendo en cuenta los prejuicios existentes en el mundo actual, es difícil confiar a la palabra escrita lo que tengo el gusto de depositar en los corazones de los antropósofos, sino porque es también difícil hacerlo así, ya que las verdades espirituales pueden ser realmente mejor divulgadas con palabras que con la letra escrita o impresa.

Esto se aplica en forma más particular a las verdades espirituales más íntimas. Aunque ha sido necesario que yo permitiera que verdades, espirituales íntimas fueran escritas e impresas, ello siempre me resultó amargo. Por el hecho mismo de que los seres espirituales, de los cuales se habla en tales escritos, no pueden leerlos, es un asunto muy difícil, ya que los libros no pueden ser leídos en los mundos espirituales. Durante un corto tiempo después de nuestra muerte, los libros pueden ser leídos en nuestra memoria, pero los seres de las Jerarquías más altas no pueden leer nuestros libros. Cuando se me pregunta si ellos no desean adquirir el arte de la lectura, me veo obligado a decir que, de acuerdo a mi experiencia, no muestran deseos de hacerlo por ahora, porque no consideran que la lectura de lo que se produce sobre la Tierra les sea útil o necesario. La lectura de los seres espirituales comienza cuando el hombre sobre la Tierra lee lo que está escrito en los libros, y este contenido se convierte en sus pensamientos, los pensamientos vivos de los hombres. Los espíritus pueden entonces leer ese contenido en el pensamiento del hombre. Pero lo  que se escribe o imprime es, digamos, oscuridad para los seres del mundo espiritual. Por eso, al confiar algo a la escritura o a la imprenta, uno siente que está comunicando algo a espaldas de los seres espirituales, algo que sin embargo está dirigido precisamente a ellos. Esto es un sentimiento genuino, mis queridos amigos, un sentimiento que, podría arriesgarme a decir, ni siquiera un ciudadano culto de la época actual podría compartir por completo, aunque cualquier ocultista verdadero debe tener esta sensación de disgusto al escribir o mandar algo a la imprenta.

Cuando penetramos en los mundos espirituales con visión clarividente, parece ser de especial importancia que, en el momento presente y en el futuro cercano, el conocimiento del mundo espiritual deba ser conocido cada vez más ampliamente, porque el cambio de la vida anímica del hombre, que es tan necesario ahora y llegará a serlo mucho más, depende en gran parte de la difusión de la Ciencia Espiritual. Si volvemos la mirada con visión espiritual sólo unos pocos siglos atrás, se puede ver que llegaremos a algo que debe sorprender mucho a cualquiera que ignore estas cosas. Hallamos que el intercambio entre los vivos y los muertos se hace cada vez más difícil, y que había un intercambio mucho más activo entre ellos, hasta hace un tiempo relativamente corto. Cuando un cristiano de la Edad Media, o en realidad, un cristiano de hace pocos siglos, al rezar, dirigía sus pensamientos a los muertos que le eran queridos y cercanos, sus emociones y sentimientos eran entonces más capaces, que lo que podrían serlo ahora, de influir en el ánimo de los muertos.

Era mucho más fácil entonces que las almas de los muertos se sintieran penetradas por el cálido aliento del amor de aquellos que pensaban en ellos y los buscaban en sus plegarias, que lo que lo es ahora, si nos guiamos solamente por la cultura exterior de la época. En la actualidad, los muertos están mucho más aislados de los vivos que hasta hace poco tiempo. Es, en cierto sentido, mucho más difícil para ellos darse cuenta de lo que habita en las almas de los que han dejado atrás. Esto radica en la evolución de la humanidad, pero en esta evolución nuestra debe radicar también la recuperación de esta conexión, este intercambio vital entre los vivos y los muertos. En otros tiempos, era todavía normal que el alma humana estuviera en contacto con los muertos, aunque ya no con entera conciencia porque el hombre había dejado de ser clarividente por un largo tiempo. En épocas todavía más tempranas, el hombre podía buscar a sus muertos con visión clarividente y seguir su vida posterior, y así como entonces era normal tener intercambio vital con los muertos, así también ahora el alma, si obtiene pensamientos e ideas acerca de los mundos espirituales más elevados, podrá obtener el poder de establecer un intercambio vital, con los muertos. Y entre las tareas prácticas de la Antroposofía estará la de construir gradualmente el puente entre los vivos y los muertos por medio de la Ciencia Espiritual. Para que podamos entendernos claramente, quiero, ante todo, atraer vuestra atención hacia algunos puntos relacionados con este intercambio entre los vivos y los muertos.

Comenzaré por un fenómeno muy simple que establece un vínculo para una investigación espiritual más amplia. Aquellos espíritus que acostumbran a examinar un poco las cosas, habrán observado el siguiente fenómeno en ellos mismos —y confío en que muchos también lo hayan hecho. Tomemos el caso de un hombre que haya odiado a alguien o que quizás sólo tenía conciencia de que le era antipático. Ahora bien, cuando la persona que ha sido odiada o no ha gozado de aprecio muere, ocurre a menudo que el hombre que lo odiaba en vida no puede seguir odiándolo con la misma intensidad; no puede mantener su antipatía: Si el odio continúa más allá de la tumba, él experimenta una especie de vergüenza de que así sea. Esta sensación, experimentada por muchos, puede rastrearse en forma clarividente, y durante esta investigación uno se puede hacer la siguiente pregunta: “¿Por qué sentir vergüenza por el odio o la antipatía hacia el muerto, teniendo en cuenta que absolutamente nadie sabe que se abrigan esos sentimientos?”.

Cuando el investigador clarividente sigue, a través de las puertas de la muerte hasta los mundos espirituales, al que ha partido, y allí vuelve la vista hacia el hombre que quedó atrás, encuentra que, en general, aquél tenía una percepción muy clara del odio del que vive; en realidad, si se me permite la expresión, él ve el odio, por así decirlo. El clarividente es capaz de establecer en forma muy precisa que el muerto percibe el odio, y podemos también averiguar qué significado tiene ese odio hacia el muerto. Ese odio crea un obstáculo para sus buenas intenciones en su medio ambiente espiritual, comparable a los obstáculos que, en la Tierra, podemos encontrar atravesando el logro de nuestros propósitos. Es un hecho que, en el mundo espiritual, los muertos encuentran que el odio o la antipatía sentida hacia ellos es un obstáculo en el camino para llevar a cabo sus buenas intenciones. Podemos entender entonces por qué, en un espíritu que bucea un poco en sí mismo, el odio, aun ampliamente justificable, se extinguirá a causa de la vergüenza que produce, después de la muerte del ser odiado. Si un hombre no es clarividente, no conoce con certeza la razón, pero una sensación natural en su espíritu le dirá que está siendo observado. El siente: “El muerto se da cuenta de mi odio. Esta antipatía mía es un obstáculo en el camino de sus buenas intenciones”. Existen en el alma humana muchos sentimientos profundos que se aclaran cuando ascendemos a los mundos espirituales y enfrentamos los hechos espirituales que son la causa de estos sentimientos. Así como en la Tierra no deseamos que nos observen desde afuera, físicamente, cuando hacemos ciertas cosas — y en realidad nos abstenemos de hacerlas si sabemos que nos observan — así también, no seguimos odiando a un hombre después de su muerte si tenemos la sensación de que se nos observa. Pero el cariño, o aun la simpatía, que experimentamos por el muerto, hacen realmente más fácil su viaje; elimina los obstáculos a su paso. Lo que ahora estoy afirmando, es decir, que el odio crea obstáculos y que el amor los elimina, no supone interferencia alguna con el Karma, mayor que la de algunas cosas que ocurren en la Tierra y que no debemos considerar que pertenecen directamente al Karma. Por ejemplo, si tropezamos con una piedra, no debemos atribuir eso siempre al Karma — de todos modos, a un Karma moral. En el mismo sentido, no está en contradicción con el Karma, el hecho de que los muertos experimenten alivio a causa del amor que fluye desde la Tierra o que encuentren obstáculos que obstruyen el camino de sus buenas intenciones.

Otra cosa que interesará aun más poderosamente, en lo que se refiere al intercambio entre los vivos y los muertos, es el hecho de que los muertos necesitan, en cierto sentido, alimento, aunque no, naturalmente, el mismo alimento de los seres humanos en la Tierra, sino un alimento psíquicamente espiritual. Así como en la Tierra nosotros tenemos campos de cosecha, en los cuales maduran los frutos que sostienen nuestra vida física (puedo usar la comparación porque corresponde a los hechos), así también los muertos deben tener sus campos de cosecha en los cuales puedan recoger los frutos que necesiten para el tiempo que media entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Cuando la visión clarividente acompaña a los muertos, se puede ver que las almas humanas dormidas son los campos de cosecha de los muertos. Es, en verdad, no sólo sorprendente, sino perturbador en extremo para el hombre que por primera vez es capaz de ver en el mundo espiritual, darse cuenta de cómo las almas que viven en el período intermedio entre la muerte y un nuevo nacimiento, se precipitan hacia las almas dormidas en busca de los pensamientos e ideas que allí se puedan encontrar. De ellas obtienen la provisión de alimentos que necesitan. Cuando vamos a dormir por la noche, los pensamientos e ideas que han frecuentado nuestra mente en las horas de vigilia, vuelven a la vida — se convierten en seres vivientes, por así decirlo. Luego las almas de los muertos se acercan y participan de estas ideas, y al obrar así, se sienten alimentadas. ¡Oh! es una experiencia conmovedora en extremo el volver nuestra visión clarividente hacia los muertos que visitan de noche a sus amigos dormidos. (Esto se adapta en particular a la consanguinidad). Ellos desean bañarse allí y, por así decirlo, nutrirse de los pensamientos e ideas que los seres vivientes llevan consigo al sueño, pero no pueden hallar nada nutritivo. Es que hay una gran diferencia entre una idea y otra, en lo que se refiere a nuestra condición en el sueño. Si estamos ocupados todo el día con la parte materialista de la vida, dedicando nuestra mente sólo a lo que ocurre en el mundo físico y a lo que allí se puede hacer, y antes de irnos a dormir no dedicamos un solo pensamiento a los mundos espirituales —en realidad hacemos exactamente lo contrario en ciertos aspectos— no podemos ofrecer alimento alguno para los muertos.

Conozco ciertos lugares de Europa donde los jóvenes están educados de tal manera, que van a dormir después de haber tratado de beber toda la cerveza que les es posible soportar. Eso significa que los pensamientos e ideas que se apoderan de ellos no pueden vivir en el mundo espiritual, y cuando los muertos se les aproximan, encuentran un campo árido; esto resulta tan duro para ellos, como lo es para nosotros cuando nuestras cosechas fracasan y llega el hambre. Especialmente en la actualidad, se puede observar que el hambre es muy grande en el mundo espiritual, ya que los sentimientos materialistas son los que prevalecen y hay una gran cantidad de personas que consideran infantil ocuparse del mundo espiritual. Ellos niegan así el alimento anímico necesario a aquellas almas que, después de la muerte, están obligadas a obtener de ellos su nutrición.

Para comprender correctamente este hecho, es necesario aclarar que, después de la muerte, podemos alimentarnos de los pensamientos e ideas de aquellas almas que de algún modo estuvieron en contacto con nosotros durante nuestra vida. No podemos obtener alimentos de aquellos que no estuvieron en contacto con nosotros. Si hoy difundimos la Ciencia Espiritual de modo que podamos tener nuevamente un vivo contenido espiritual en el alma, entonces mis queridos amigos, no solo trabajamos para que los seres vivientes queden satisfechos, sino que tratamos de llenar nuestros corazones y nuestras almas con pensamientos acerca del mundo espiritual sabiendo que los muertos que estuvieron en relación con nosotros en la Tierra, deben alimentarse con ellos. Hoy tenemos la sensación de que no sólo trabajamos para los que llamamos seres vivos, sino también de que servimos al mundo espiritual al difundir la Ciencia Espiritual. Cuando nos dirigimos a los vivos explicando cómo debe ser este diario vivir, entonces, a causa de la satisfacción que estas salmas experimentan, estamos creando ideas para su vida nocturna que pueden ser un alimento provechoso para aquellos cuyo Karma los condujo a la muerte antes que a nosotros. Por eso se siente la necesidad de hacer que la Antroposofía se conozca no sólo por los métodos externos ordinarios, sino que existe también un impulso interior para cultivarla en grupos, ya que es de gran importancia que las personas que estudian Antroposofía puedan asociarse.

Como ya lo he dicho, los muertos pueden obtener alimento sólo de aquéllos con quienes tuvieron contacto en vida, y tratan de unir a las almas entre sí para hacer aun más extensos los campos de cosecha de los muertos. Muchos hombres que no puedan encontrar campos de cosecha después de la muerte, porque toda su familia era materialista, podrán encontrar alguno entre las almas de los antropósofos con los que hubieran estado asociados. Este es el motivo más profundo por el cual debemos trabajar juntos y desear de que cualquier miembro que muera pueda, antes de su muerte, relacionarse con antropósofos que, mientras estuvieron en la Tierra, se ocuparon de cosas espirituales, para que puedan después, cuando estén dormidos, puedan obtener alimento de ellos.

En los primeros tiempos de la evolución del hombre, cuando las almas humanas estaban todavía llenas de cierta vida religiosa y espiritual, las comunidades religiosas, y especialmente las personas consanguíneas, buscaban el intercambio con los muertos. Pero ahora, la consanguinidad ha perdido su poder y debe ser reemplazada cada vez más por el cultivo de una vida espiritual como la de nuestro movimiento. Por eso, vemos que la Antroposofía puede promover la creación de un nuevo vínculo entre los vivos y los muertos, y así podamos ser de utilidad para éstos. Y cuando en la actualidad, con visión clarividente, hallamos personas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento y que experimentan la desdichada suerte de descubrir que todos aquéllos que conocieron en la Tierra, aún sus propios parientes, sólo tienen pensamientos materialistas, reconocemos la necesidad de infundir pensamientos espirituales en la cultura actual. Por ejemplo, hallamos en el mundo espiritual un hombre que conocimos en la Tierra y que recién ha muerto dejando deudos que también conocemos, su esposa e hijos, todos los cuales son buenas personas en su fuero externo. Con visión clarividente vemos que este hombre no es capaz de encontrar a su mujer, que era el sol mismo de su existencia cuando volvía al hogar después de una ruda jornada laboral; y debido a que ella no tenía pensamientos espirituales en el corazón ni en la mente, él no puede ver dentro de su alma, y si está en estado de hacerlo, se pregunta: “Dónde está mi esposa?. ¿Qué se ha hecho de ella?”. Sólo puede volver la mirada a la época en que estaba con ella en la Tierra; pero ahora, cuando ella es su mayor necesidad, no puede hallarla. Y esto puede ocurrir. Hay mucha gente en la actualidad que más o menos cree que los muertos, en lo que a nosotros concierne han llegado a un cierto estado de inanidad, y esta gente sólo puede pensar en ellos con pensamientos completamente materialistas, pensamientos sin provecho alguno. Cuando en la vida después de la muerte miramos hacia alguien en la Tierra que nos apreciaba, pero que no cree en la supervivencia del alma después de la muerte, en ese momento, cuando toda nuestra atención está enfocada en el intento de lograr contacto con el ser querido, nuestra visión resulta como extinguida porque no podemos hallar al amigo que vive, ni entrar en contacto con él. Sin embargo, sabemos que podría hacerse muy fácilmente si tuviera pensamientos espirituales en su mente. Esa es una experiencia de los muertos que es muy frecuente y muy penosa. Con visión clarividente, muchos pueden darse cuenta de que hay almas que, después de la muerte, encuentran muchos obstáculos en el camino de sus intenciones a causa de los pensamientos de odio que los acompañan; y el alma no puede hallar alivio en los pensamientos cariñosos de los que dejó atrás porque no puede entrar en contacto con ellos a causa de su materialismo. Estas leyes del mundo espiritual, que pueden ser apreciadas con visión clarividente, tienen validez real y verdadera, como se puede ver en los casos que ha sido posible observar. Es interesante observar cómo trabajan los pensamientos de odio, y aún de mera antipatía, aunque no estén formados con plena conciencia. Hay maestros de escuela que, en general, fueron tenidos por severos y fueron incapaces de atraerse el cariño de sus jóvenes alumnos, pero cuyos pensamientos de odio y antipatía son inocentes, por así decirlo. Cuando un maestro así muere, uno ve también aquí  cómo los pensamientos que lo acompañan son para él, por así decirlo, obstáculos en el mundo espiritual. El niño o el joven no piensa que, cuando el maestro muere, no debe seguir odiándolo, pero, naturalmente, sigue haciéndolo así al recordar cómo fue atormentado por él. Con estas ojeadas podemos aprender mucho de lo que se refiere a la relación entre los vivos y los muertos, y lo que he estado tratando de exponer hoy ante vosotros tiene el propósito de sugerir algo factible de desarrollo y de buen resultado para nuestros esfuerzos antroposóficos. Me refiero a lo que se conoce como “leer para los muertos”. Se ha probado en nuestro movimiento que rendimos un servicio inmenso a aquellas almas que han muerto antes que nosotros al leerles acerca de cosas espirituales. El modo de hacer esto es dirigir los pensamientos hacia ellos, imaginarlos parados o sentados delante de uno, para que resulte más simple. De esta manera se puede leer a varios al mismo tiempo. No hace falta leer en voz alta sino seguir atentamente los pensamientos escritos, teniendo siempre presente al muerto en la mente, y pensando: “Está parado delante de mí, le estoy leyendo”. Ni siquiera es necesario leerles de un libro, pero no se deben pensar cosas abstractas sino pensar cada cosa en forma clara; ése es el modo de leerles a los muertos. Esto puede ser llevado tan lejos, aunque sea más difícil de hacer, que uno puede leer aún a alguien con quien sólo se hubiera estado en relaciones lejanas. Ello es posible, si se han tenido pensamientos comunes, por ejemplo, una creencia en la misma concepción del cosmos, o si se han tenido relaciones personales a causa de ideas semejantes acerca de ciertos dominios de la vida.

Puede serle de gran ayuda la lectura después de la muerte. Se ha hecho esto en todas épocas. Se me ha preguntado: “¿Cuál es el mejor momento para hacer esto?”. Eso no depende del momento. Lo que importa es que se piense en forma profunda y no superficialmente. El tema debe salir palabra por palabra, como si se hablara desde adentro de uno mismo. Si se obra de esta manera, el muerto lee junto con nosotros. Este tipo de lectura es útil no sólo a los antropósofos ¡muy lejos de eso!. Hace poco tiempo uno de nuestros amigos, y también su mujer, se sentían inquietos todas las noches. Experimentaban un desasosiego; y como hacía poco tiempo que el padre del hombre había muerto, él llegó a la conclusión de que el alma de su padre estaba presente necesitando algo de su hijo. Nuestro amigo vino a consultarme y resultó que su padre, que en vida nunca quiso oír una sola palabra de Ciencia Espiritual, experimentaba ahora una gran necesidad de saber algo de ella. El hijo y su mujer le leyeron entonces el Curso sobre el Evangelio de San Juan que di una vez en Cassel.  Este alma se sintió muy ayudada y elevada por encima de muchas desarmonías que había estado experimentando después de su muerte. Este caso es muy notable porque el muerto había sido un predicador que constantemente se dirigía al público desde su propio punto de vista religioso; sin embargo, después de su muerte, sólo quedó satisfecho al tener una lectura del Evangelio de San Juan dilucidada antroposóficamente. Vemos, entonces, que no es absolutamente necesario que el muerto a quien deseamos ayudar haya sido antropósofo en vida; sin embargo, es natural, ayudamos más especialmente a estos últimos al leerles.

Cuando vemos hechos como éste, mis queridos amigos, adquirimos ideas distintas acerca del alma del hombre. El alma humana es, en verdad, mucho más complicada de lo que generalmente se supone. En realidad, sólo tenemos conciencia de una pequeña parte de nuestra vida anímica. Ocurren muchas cosas en las profundidades subconscientes del alma que el hombre conoce poco. A menudo, es justamente lo opuesto a lo que cree y piensa en su conciencia normal. Puede ocurrir a menudo que un miembro de una familia sea atraído por la Antroposofía, mientras que su hermano, su mujer, o alguien en relación estrecha con él, no están de acuerdo con esa actitud y se enfurezcan con él por haberlo hecho. Existe a menudo una creciente antipatía hacia la Antroposofía en una familia de esa clase, de modo que la vida se hace realmente difícil a causa de la actitud de estos buenos amigos y de sus queridos parientes. Ahora bien, si se investigan esas almas en forma clarividente, ocurre a menudo que en las profundidades de su subconsciente se desarrolla un profundo anhelo por la Antroposofía. A menudo, el pariente que interpone las objeciones más violentas tiene, en realidad, un anhelo subconsciente por la Antroposofía más intenso que el del el miembro que acude a todas las reuniones. Pero la muerte levanta el velo del subconsciente y pone todas estas cosas en su justo nivel. Ocurre a menudo que una persona pueda no advertir claramente las cosas que yacen en su subconsciente, donde quizá exista un fuerte anhelo por la Ciencia Espiritual. Y al enfurecerse contra ella, amortiguará el anhelo del cual no tenía conciencia, pero después de la muerte, el anhelo resurgirá mucho más vigoroso. Por ello, no debemos dejar de leer para aquellas almas que en vida lucharon contra la Antroposofía, porque, en verdad, ocurre a menudo que podemos ayudarlas más que a cualquier otra.

La pregunta que se hace frecuentemente en relación a esto es: “¿Cómo podemos saber que los muertos nos escuchan realmente?”. Bien, es difícil saber esto a menos que se tenga visión clarividente, pero si pensamos regularmente en los muertos y trabajamos para ellos, llegaremos a sentir súbitamente: “Ellos están escuchando”. Esta sensación falta solamente cuando somos desatentos y no nos damos cuenta de la peculiar sensación de tibieza que a menudo se presenta cuando leemos de esta manera. Podemos conseguir realmente esta sensación, pero si fracasamos en ello, mis queridos amigos, existe una ley que hay que aplicar a menudo en nuestra relación con el mundo espiritual. Es la siguiente: Si leemos para los muertos, y nos escuchan, los ayudamos con toda seguridad. Pero, aunque no nos escuchen, estamos cumpliendo nuestro deber, y quizá, con el tiempo, logremos hacernos escuchar. De cualquier manera, verdaderamente obramos bien, porque nos estamos colmando de pensamientos e ideas que servirán seguramente como alimento para los muertos en la forma que mencionamos en primer lugar. De modo que nada se pierde, y la práctica de esta costumbre ha probado que el anhelo de los muertos por aquello que se les lee, está realmente difundido, y que podemos rendir un inmenso servicio a aquéllos a quienes leemos la sabiduría espiritual que ahora ha sido traída a la luz.

Por eso, podemos esperar que la división que separa a los muertos de los vivos se haga cada ver más delgada a medida que la Ciencia Espiritual sea más ampliamente conocida por el mundo. Será en verdad un hermoso resultado del trabajo de la Antroposofía, aunque parezca paradójico, si los hombres aprenden con el tiempo, por la experiencia práctica y no solo teóricamente, que sólo adquirimos una experiencia diferente cuando pasamos por la así llamada muerte y nos encontramos en compañía de los muertos.

Podemos también ayudarlos a compartir aquello que forma parte de nuestra vida física. Al preguntar: “¿Para qué sirve el leer a los muertos?. ¿Acaso no pueden ver ellos mismos todo lo que les leemos y conocerlo mucho mejor que nosotros?”, nos hacemos una idea completamente equivocada de la vida que media entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esta pregunta sólo puede ser hecha por alguien que no esté en condiciones de juzgar aquello que pueda experimentarse en el mundo espiritual. Como es sabido, un hombre puede estar en el mundo físico sin tomar conocimiento del mismo, pues si no es capaz de juzgar esto o aquello, no puede tomar conocimiento del mundo físico. Los animales viven con nosotros en el mundo físico, sin embargo, no lo conocen tan bien como nosotros. El hecho de que los muertos vivan en el mundo espiritual no les da necesariamente el conocimiento del mismo, aunque puedan verlo. El conocimiento que se obtiene por medio de la Ciencia Espiritual, sólo puede ser adquirido en la Tierra; no se lo puede obtener en el mundo espiritual. Por eso, si los seres del mundo espiritual están también destinados a poseerlo, sólo lo podrán obtener de los seres que todavía están en la Tierra. Este es un importante secreto de los mundos espirituales. Podemos vivir en ellos y ser capaces de darnos cuenta de su existencia, pero, el conocimiento necesario de las cosas de estos mundos se puede obtener solamente en la Tierra. Debo hacer aquí mención de algo que tiene que ver con los mundos espirituales y que ampliaré en mi conferencia de mañana — y de lo cual, la mayor parte de la gente no tiene una idea correcta.

Mientras el hombre vive en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, tiene el mismo anhelo por el mundo espiritual que el que tenemos nosotros aquí. Espera de nosotros, que estamos en la Tierra, que le mostremos cosas relacionadas con ella y hagamos que se destaquen, para que él pueda verlas y darle así el conocimiento que sólo se puede obtener en la Tierra. No sin motivo, la Tierra está fundamentada en la existencia cósmica espiritual; se le ha traído a la vida, de modo que sólo aquello que se lleva a cabo en la Tierra puede entrar en existencia. El conocimiento de los mundos espirituales que trasciende la visión y la percepción de estos mismos mundos, sólo puede obtenerse en la Tierra. He aclarado ya que los seres espirituales de los mundos espirituales no son capaces de leer nuestros libros, y debo ahora agregar que lo que habita en nosotros como Antroposofía, es para los seres espirituales, y también para nuestras almas después de la muerte, lo que los libros son para los seres físicos en la Tierra —el medio de adquirir el conocimiento del mundo. Pero estos libros que nosotros mismos somos para los muertos, son libros vivientes.

Hay que entender, mis queridos amigos, este hecho significativo: ¡nosotros proporcionamos literatura para los muertos!. En ciertos aspectos nuestros libros son más perseverantes; por ejemplo, no permiten que sus letras se desvanezcan en el papel mientras las leemos. Nosotros, los seres humanos, quitamos a menudo a los muertos la oportunidad de leer al llenar nuestro espíritu de pensamientos materialistas que son realmente invisibles en el mundo espiritual. Como se me pregunta a menudo si los muertos pueden conocer lo que somos capaces de brindarles, debo decir que no son capaces de hacerlo; la Antroposofía puede existir solamente en la Tierra, y desde aquí debe ser elevada hasta los mundos espirituales.

Cuando observamos estos mundos y tenemos de ellos una pequeña experiencia personal, nos enfrentamos con condiciones bastante diferentes de las que prevalecen aquí, en la tierra. Es muy difícil por eso expresarlas con palabras y pensamientos humanos. A menudo, cuando uno trata de hablar concretamente acerca de los mundos espirituales, todo ello suena paradójico.

 Quizás pueda aquí hablaros incidentalmente de un ser, el alma de un muerto, con el cual, como sabía mucho, he podido realizar investigaciones en el mundo espiritual. Estas investigaciones se refieren al gran pintor Leonardo da Vinci y, en especial, a su conocida obra, “La ultima cena”, que está en Milán. Cuando uno investiga un hecho espiritual con la cooperación de un alma como ésta, ella puede indicar más de un hecho que uno no podría discernir simplemente en los Anales Akáshicos con visión clarividente. El alma humana en  el mundo espiritual puede indicar estos hechos, pero sólo puede hacerlo a un investigador que sea capaz de comprender las cosas que ella pretende señalar. Supongamos que, junto con un alma tal, uno investiga de qué manera Leonardo pintó la mundialmente famosa “Ultima cena”. Lo que hoy queda de esta pintura es apenas algo más que unas pocas manchas de color, pero, en los Anales Akáshicos, uno puede observar a Leonardo en su trabajo y darse cuenta, aunque no es nada fácil, de cómo era la pintura entonces. Si uno puede hacer una investigación de este tipo, acompañado de un alma no encarnada pero que está en contacto con Leonardo da Vinci, y estudia sus pinturas, se puede ver que este alma señala esto y aquello. Por ejemplo, uno puede darse cuenta de las verdaderas caras de Cristo y Judas en el cuadro. Sin embargo, uno toma conciencia de que el alma no puede hacer esto a menos que, en el momento de la experiencia, exista la necesaria compresión de parte del investigador que está vivo. Esta es una condición sine qua non. El alma descarnada, durante el tiempo en que el alma viviente aprende voluntariamente, aprende sólo a comprender lo que hasta ahora pudo ver. Así, el alma con la cual uno ha tenido esa experiencia —que se puede realizar solamente de la manera que indicamos antes— se dirige a uno y le dice, hablando en forma simbólica, naturalmente: “Me has traído este cuadro porque tú mismo sentías la necesidad de estudiarlo; yo, por mi parte, sentía el impulso de mirarlo contigo”. Después de esto siguen varias experiencias, pero llega un momento en que el alma, o bien se desvanece, o dice: “Ahora debo irme”. En el caso al cual me estoy refiriendo, el alma del muerto dijo: “Hasta ahora, el alma de Leonardo da Vinci permitía gustosa que se observara la pintura, pero no desea, que ahora la investigación siga más adelante”.

Al exponer esto, os estoy dando un detalle muy importante de la vida del Espíritu. Así como en la vida física siempre sabemos lo que vemos y siempre sabemos que estamos viendo esto o aquello — como vemos, aquí estas rosas sobre la mesa — así también en la vida espiritual sabemos siempre cuándo un ser espiritual nos está mirando. Cuando pasamos a través del mundo espiritual, sentimos siempre que éste o aquel ser nos están mirando. En el mundo físico, tenemos conciencia de observar las cosas alrededor de nosotros cuando lo atravesamos, pero, en el mundo espiritual, sentimos que éste o aquel ser nos están mirando. Constantemente, nos damos cuenta de que somos observados, tasados, y esto nos conduce a tomar la decisión de hacer una cosa u otra sabiendo que seremos aprobados, o que sucederá lo contrario; y si hay algo que debamos o no hacer, de acuerdo con esto, lo haremos o no.

Así como cortamos una flor porque nos atrae al verla, así, en el mundo espiritual, realizamos una acción porque le agrada a algún ser, y nos cuidamos de hacerla porque no podemos soportar la mirada que recibiría. Debemos acostumbrarnos a este estado de cosas. Allí tenemos la sensación de ser vistos, como aquí tenemos la sensación de que vemos. En cierto sentido, lo que aquí es activo, allí es pasivo; y lo que es pasivo aquí, es activo allí. Por esto, podéis ver, mis queridos amigos, que debemos adquirir conceptos absolutamente diferentes si queremos comprender correctamente las descripciones referentes al mundo espiritual. Veréis qué difícil es acuñar, con el lenguaje humano ordinario, las descripciones del mundo espiritual que a uno le gustaría brindar.

Comprenderéis que, por muchas razones, hay que crear primero la necesaria comprensión. Existe algo más que quisiera que fuese motivo de vuestra atención. Se puede preguntar por qué la literatura antroposófica, en su totalidad, describe en forma bastante libre lo que ocurre en el mundo espiritual inmediatamente después de la muerte, lo que ocurre en el kamaloca, y luego, en el país del Espíritu, pero dice muy poco de las observaciones clarividentes de los detalles particulares. Se podría suponer con mucha probabilidad que es bastante más fácil observar un alma en particular, después de la muerte, que analizar las experiencias descritas en forma general; pero éste no es el caso. Usaré un ejemplo para probarlo. Con la visión clarividente correctamente desarrollada, es más fácil percibir los acontecimientos mayores, tales como el pasaje del alma humana a través de la muerte, hacia el Kamaloca, y su ascensión posterior, que ver las experiencias particulares de un alma dada. Así también, en el mundo físico, es más fácil reconocer lo que está sujeto regularmente a las influencias de los movimientos celestes más grandes, que reconocer lo que, en cierto sentido, sufre la influencia espasmódica de estos movimientos.

Todos podemos contar con el hecho de que el sol saldrá mañana por la mañana, y se pondrá por la noche. Pero no es fácil hacer el pronóstico del tiempo. Lo mismo ocurre con la clarividencia. Los informes que damos generalmente en nuestras descripciones de los mundos espirituales pueden ser comparados con el conocimiento que tenemos del curso general de los cuerpos celestes. Podemos contar siempre con que estas cosas se cumplirán tal como se las ha descrito. Pero, los hechos particulares de la vida que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, son como las condiciones del tiempo en la tierra. Están, naturalmente, sujetas a leyes, pero son más difíciles de reconocer; aún en la tierra, difícilmente se puede decir, estando en un lugar, cómo será el tiempo en otro lugar. No es fácil conocer aquí en Bergen, cómo será el tiempo en Berlín, aunque estemos enterados de las posiciones relativas que tienen allí el sol y la luna. Seguir el curso de una vida individual después de la muerte, es más difícil y requiere un cultivo especial del don de la clarividencia, que seguir el curso general del alma humana. Si se practica correctamente, se obtiene primero el conocimiento de las condiciones generales, y el resto, que parece ser más fácil, llega mucho más tarde —después de estudiar mucho. Un hombre pudo haber sido capaz, durante mucho tiempo, de ver bastante claramente todo, lo que se refiere al Kamaloca y el Devachan, y resultarle, sin embargo, extremadamente difícil ver la hora que marca un reloj escondido en nuestro bolsillo. Las cosas del mundo físico son las más difíciles de todas para la práctica clarividente. Ocurre exactamente lo contrario en la adquisición del conocimiento de los mundos más altos. El hombre se equivoca en eso, porque existe todavía una clarividencia natural que es vaga, y está sujeta a muchos errores. Esto puede durar mucho tiempo, y no dar a la visión clarividente la perspectiva de las condiciones generales descritas por la Antroposofía, condiciones a las cuales, el clarividente práctico, llega más fácilmente. Estos son los temas del mundo espiritual acerca de los cuales fue mi deseo hablaros hoy. Mañana continuaremos estas observaciones y ahondaremos un poco más en ellas.

f1ga102c3

Traductor desconocido.

3 comentarios el “GA140c1. Visiones del mundo espiritual

  1. […] GA140c1. Bergen (Noruega),  10 de Octubre de 1913 […]

  2. Jose luis dice:

    Traducir “warmth” por la palabra “tibieza” me parece muy desacertado. Si uno lee a los muertos o para sí no tiene sensaciones de tibieza, esto es ni frio ni calor, en ese caso mejor dejar de leer. Lo que uno siente es calor animico, la sensacion es de calidez no de tibieza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s