GA140c2. La transformación de las fuerzas terrenales en facultades clarividentes

Del ciclo: Visiones del mundo espiritual

Rudolf Steiner – Bergen (Noruega), 11 de Octubre de 1913

English version

Cuando la gente se interesa por las diferentes ramas del conocimiento antroposófico, se justifica que deseen mayor información acerca de muchos puntos. Ocupemos, entonces, parte de nuestro tiempo del día en hacernos la clase de preguntas que podrían surgir de este modo. Al responder a tales preguntas, uno se ve, a menudo, obligado a calar más profundo en la conexión de los hechos cósmicos en cuanto el mundo espiritual afecta a estos hechos, y en especial, en la conexión entre estos hechos y la naturaleza del hombre.

Cuando una persona nota gradualmente la importancia y el gran significado delo que llamamos reencarnación, surge una pregunta en su espíritu: “¿Cómo es que hoy día, en su vida ordinaria, el hombre no tiene recuerdos de sus anteriores vidas terrenales?”. La conciencia clarividente puede, en realidad, extender la memoria a un grado tal, que los recuerdos de antiguas vidas terrenales suben a la superficie; pero, en la vida ordinaria de la humanidad de hoy, esto no ocurre. Si la pregunta se hace desde el punto de vista de la investigación clarividente, toma la forma siguiente. Uno se da cuenta entonces que la fuerza necesaria para la investigación clarividente, surge de lo más recóndito del hombre, del fondo mismo de su alma. Se debe evolucionar desde el punto de vista ordinario, hasta el punto de vista de la clarividencia.

Las fuerzas que nos permiten mirar atrás, hacía nuestras antiguas vidas terrenales, deben existir naturalmente en todo ser humano. La pregunta, entonces, es: “¿Qué ocurre con estas fuerzas?. ¿Qué hace la naturaleza humana con estas fuerzas que están presentes en el hombre, que han nacido con él, pero que él no puede llevar a una condición tal que lo puedan ayudaren el recuerdo retrospectivo de su anterior vida terrenal?”. Si investigamos este asunto en forma clarividente, nos vemos obligados a buscar estas fuerzas en la más temprana infancia. Solamente allí encontraremos en acción esas fuerzas que puedan ser usadas en la clarividencia para la visión retrospectiva de vidas anteriores. En el hombre actual, estas fuerzas se usan para construir la laringe humana y todo lo que pertenece a ella, y especialmente, todo lo que permite que ese órgano sea usado luego para hablar. Estas fuerzas, que le permiten mirar atrás, hacia sus anteriores vidas terrenales, existen en todos los hombres. Pero, actualmente, se las usa en gran escala para construir el órgano humano de la palabra, de modo que, en circunstancias normales, el hombre no puede tener en su vida posterior recuerdos del pasado. Hubo antiguos tiempos en los que el hombre tuvo estar memoria retrospectiva, y esto ocurría en casi todo el mundo. Y esto era así, porque esas fuerzas no se usaban totalmente para construir la laringe; algunas quedaban en reserva. El desarrollo de la humanidad fue tal, sin embargo, que la palabra asumió gradualmente una forma que, en nuestro ciclo presente, depende más que antes de las fuerzas del cuerpo etérico. Por eso ahora, el hombre no puede darse cuenta de estas fuerzas que quedan detrás porque la mayor parte se usó para construir la laringe. Si pudiera hacerlo, como debe hacerlo el clarividente, sería capaz de mirar atrás, hacia sus antiguas vidas terrenales. Esta es la razón del hecho que indiqué en la conferencia pública: si un hombre llega tan lejos como para desarrollar esa actividad del cuerpo etérico que, de otra manera, sólo se desarrolla en favor del órgano de la palabra, y la libera de la laringe; si es gradualmente capaz de escucharse interiormente sin hablar y de desarrollar esta sensación cada vez más, entonces, el ejercicio de esa fuerza puede reproducir realmente el recuerdo de vidas pasadas. El hombre moderno no presta atención a las fuerzas suplementarias de su órgano vocal que pueden ser usadas para la retrospección de las anteriores vidas terrenales. Este es uno de aquellos casos en los cuales, por medio de la investigación clarividente, uno puede indicar el lugar ocupado en la vida normal por aquellas fuerzas que, usadas de otro modo, permiten que el hombre tenga acceso a la vida espiritual.

Esto se aplica también a las fuerzas que el hombre usa hoy para crear la llamada substancia gris del cerebro, que constituye en gran parte el órgano del pensamiento. Naturalmente, el pensar no se cumple realmente con el cerebro, pero necesitamos el cerebro como instrumento del pensamiento. Y esas fuerzas del pensamiento que, si estuvieran totalmente a su disposición, capacitarían al hombre para asir con facilidad lo que puede hallarse en mi Ciencia Oculta, el hombre normal las usa para la fabricación de la substancia gris de su cerebro. En el hombre de la antigua Grecia de los siglos quinto o sexto, está substancia gris no estaba tan bien organizada como en el hombre medio de la actualidad. En lo que respecta a esto, la naturaleza del hombre se altera mucho más rápidamente que lo que se supone. Así, para los griegos de los tiempos prehistóricos, los griegos de los siglos X, XI y XII a. c., era muy natural que, en cierta época de la vida, todo aquello que ahora se revela por medio de la Ciencia Espiritual, se les presentara en forma clarividente. Debemos, por eso, usar esas fuerzas que todavía nos quedan después de fabricar la substancia gris, para intentar adquirir, del modo indicado, una idea clara de lo que se describe en la Ciencia Oculta. ¿Cuál es la razón de que estas cosas se describan de tal manera en ese libro?. Las descripciones que allí se dan, no son demasiado difíciles de entender para el hombre actual; casi se podría decir que es sorprendente que mucha gente no haya aprendido esas cosas por propia voluntad. Uno dudaría de que estas descripciones encuentren mucha oposición, porque realmente, no es difícil, relativamente hablando, llegar al grado de clarividencia necesario para observarlas. Todo lo que hay que hacer es lo siguiente. Aunque las palabras del Fausto bien se pueden aplicar aquí: “Es fácil, en verdad; ¡pero, lo que parece fácil es difícil, sin embargo!”. El desarrollo del cerebro se lleva a cabo en forma más activa durante los primeros años de la vida humana. En forma clarividente, se puede ver a los cuerpos etérico y astral trabajando activamente para construir y formar el cerebro. Este trabajo dura un tiempo relativamente largo. No es excesivo afirmar que, aunque este trabajo se haga en forma más lenta en los años posteriores, el hombre, sin embargo, se hace cada vez más inteligente a través de la experiencia de la vida, y el trabajo continúa siempre en la substancia de su cerebro. Lo que sigue, sin embargo, no ha sido observado, ni puede serlo.

Si a cierta edad, el hombre decide suspender por un tiempo una ocupación mental que le es querida (esto se aplica a las cosas externas, porque por medio de ellas se plasma la substancia gris del cerebro; pero, naturalmente, la Antroposofía se puede estudiar siempre, mientras no se la estudie como cualquier otra ciencia) — si un hombre decide dejar de estudiar algo que ha sido su preocupación favorita para muchos años y se obliga a abandonarla en forma estricta, y si entonces, en una meditación tranquila, trata de hacer surgir las fuerzas que ha economizado de este modo — fuerzas que podrían usarse en la actividad continua pero que pueden usarse ahora de otra manera — entonces, le será relativamente fácil obtener, pr lo menos, el alto grado de autoconocimiento de las cosas que se describen en mi Ciencia Oculta. La razón de que tan poca gente obre de esta manera, estriba en el hecho de que la posibilidad insinuada más arriba se lleva a cabo raras veces.

El hombre que realmente tenga una ocupación a la cual se haya dedicado fervientemente, tendrá difícilmente el poder de negarse a sí mismo en forma deliberada para abandonarla durante siete años enteros. Se ve entonces que, parte de las cosas que ahora se divulgan, se pueden obtener con relativa facilidad.

Si se observa nuestra civilización moderna, y toda su sorprendente actividad exterior, no hace falta preguntarse si una gran cantidad de las fuerzas que pertenecen al cuerpo etérico tuvo que ser usada para el trabajo del cerebro del hombre. En realidad, casi toda la cultura exterior es el resultado del trabajo del cerebro humano. Todas las fuerzas se usan para hacer trabajar al cerebro. Muchos pueden decir: “Bien, pero yo no he tomado parte en este trabajo; no tengo nada que ver con él”. Un hombre puede engañarse realmente respecto a esto, ya que ése no es el caso. Apenas sería posible encontrar un lugar de la tierra, por muy aislado que esté, donde la civilización exterior no haya penetrado tanto como para no obligar al hombre a tomar parte en ella con sus propios pensamientos. Y esto será suficiente para distraer nuestras fuerzas delo que podemos llamar la adquisición de una conciencia clarividente.

Naturalmente, alguien podría objetar: “Bien, pero los salvajes no participan de este trabajo de la mente, y sin embargo, no se puede decir que los salvajes hayan desarrollado en esta dirección, fuerzas clarividentes especiales”. Esto resulta de la vigencia de una ley espiritual muy especial que prescribe que lo que se obtenga en forma clarividente, debió haber sido preparado de un modo particular. El salvaje quizá pueda desarrollar fuerzas clarividentes completamente diferentes, pero las fuerzas que hacen falta para observar lo que se describe en mi Ciencia Oculta, no pueden ser desarrolladas por él porque no está preparado para ello, ya que estas fuerzas deben ser la transmutación de otras fuerzas.

Alguien podría observar: “Bien, pero mucha gente nunca tuvo lo que usted llama una ocupación favorita. ¿Por qué, entonces, no han llegado a ser clarividentes?”. La razón estriba en que el desarrollo de las fuerzas clarividentes no surge de la nada, sino de la transmutación de lo que ya existe.

Uno debe haber ya desarrollado sus propias fuerzas en cierta dirección, y haber adquirido una tendencia hacia la inteligencia especial que pertenece a nuestra civilización moderna. Si entonces, uno renuncia al uso de éstas fuerzas por un tiempo, ellas resultan, en cierto sentido, transmutadas; y de ese modo, uno está capacitado para seguir en forma clarividente, los hechos descritos en la Ciencia Oculta. Al obrar así, se usan las mismas fuerzas que en el desarrollo normal del hombre lo capacitan para usar las fuerzas más elevadas del cerebro. Por otra parte, la transmutación de otras fuerzas y facultades humanas conduce, no a los grandes puntos de vista universales descritos en la Ciencia Oculta, sino más bien, a diferentes circunstancias peculiares. Por ejemplo, se puede adquirir el poder de mirar atrás, hacia antiguas vidas terrenales, reteniendo en esa dirección ciertas fuerzas que, de otro modo, se usarían para formar los órganos de la palabra. Ciertas fuerzas, que, por lo general, no se observan, tienden a impedir, con más fuerza que las demás, que el hombre progrese en la penetración de los mundos espirituales.

He mencionado dos clases de fuerzas que permiten al hombre, la visión de los mundos espirituales: una, aquéllas que hoy se usan para formar la substancia gris del cerebro y que permiten al hombre la visión de los mundos espirituales; la otra, aquéllas que están conectadas con la formación de la palabra y que permiten que el hombre mire atrás, hacia sus anteriores vidas terrenales. Pero, además de éstas, existen otras más apropiadas para capacitar al hombre en la visión de lo que el alma humana individual hace allí; esto se describe, en general, en la Ciencia Oculta, pero, es bastante diferente de la visión real del mundo espiritual. Esta visión necesita otras fuerzas, fuerzas que se observan difícilmente durante la vida. Existe una cosa en la vida para la cual el hombre hace uso de muchas fuerzas; es para adquirir, en la temprana infancia, el poder de estar de pie, en lugar de andar toda su vida sobre pies y manos. Las fuerzas que permiten que el hombre tome la posición vertical sonde tal naturaleza que, el que haya penetrado en el mundo espiritual, siente hacia ellas un respeto especial. Contemplar cómo el niño aprende a caminar, es un misterio maravilloso, visto por el que se ocupa de la investigación espiritual. De las fuerzas que se usan en la infancia para aprender a estar de pie, quedan aquéllas que nos permiten mirar en el mundo que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, pero estas fuerzas son muy poco observadas.

Si podemos avanzar tan lejos como para recordar la manera y los esfuerzos que hicimos para aprender a caminar, podremos descubrir en nosotros mismos las fuerzas que guardamos en nuestro cuerpo etérico, ya que ese cuerpo tuvo que esforzarse especialmente por sí mismo. (Existen otros métodos para descubrir estas fuerzas, éste es sólo un camino). Si podemos descubrir en nosotros mismos las fuerzas que ahorramos entonces — que todavía existen en todos nosotros — podemos traer a la superficie gran parte de lo que nos permite volver hacia la vida transcurrida entre nuestra última muerte y nuestro último nacimiento. Alguien puede preguntar: ¿Cómo se hace esto?. Si tenemos la suerte de poder llevar adelante nuestro Movimiento Antroposófico, habremos establecido el punto de partida para poner de manifiesto estas fuerzas. Si todo va bien, estas fuerzas, por lo común, comienzan a actuar después de un período de siete años. Ahora ha tenido lugar un comienzo, y esto hará su trabajo en la naturaleza del hombre; pero, por regla general, estas fuerzas pasan inadvertidas.

En general, podemos suscitar el descubrimiento de estas fuerzas en nosotros mismos, practicando cierta clase de danza natural. Hace menos de un año, en ciertos círculos, se comenzó a estudiar los movimientos del cuerpo etérico de acuerdo con ciertas reglas básicas; a este arte, lo llamamos Euritmia. Esto no lleva simplemente a nada en particular, como el baile común, sino que los movimientos que se practican están completamente de acuerdo con los movimientos del cuerpo etérico. Al practicar estos movimientos, nos damos cuenta paulatinamente de las fuerzas que todavía quedan en ese cuerpo y que salen a la luz con los movimientos de la danza libre. Por este camino, se crean poco a poco los medios que nos permiten percibir las fuerzas ocultas en el hombre, fuerzas que despiertan en éste una visión interior de los mundos espirituales en los que vivió entre su última muerte y su nacimiento. De esa manera, la Antroposofía puede realmente trabajar en forma práctica sobre la cultura humana. Podéis estar seguros de que no se reducirá simplemente a enseñar unas pocas verdades abstractas; la Antroposofía tendrá una influencia tal sobre la humanidad, que ella aprenderá que las fuerzas hoy adormecidas pueden despertarse, y que el hombre puede realmente elevarse hasta la realización de la vida espiritual. Estas son cosas curiosas, pero deben decirse, porque son verdaderas.

Cuando el hombre descubra las fuerzas que quedaron de su aprendizaje del caminar, estas fuerzas le permitirán llegar a ser clarividente y a mirar en los mundos que habitamos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esto puede hacerse también con la meditación; pero, como quiera que sea, la meditación debe ir tan lejos como para llegar a resumirse en emoción; y la emoción es lo más difícil de adquirir por medio de la meditación.

Hay que hallar esas fuerzas, fuerzas que permitan al hombre mirar en el mundo que está entre la muerte y un nuevo nacimiento, fuerzas por medio delas cuales pueda contemplar lo que ocurría mucho tiempo antes de nacer. En este campo, hay una gran cantidad de cosas que capacitan al hombre para comprender la vida como no lo hizo antes.

Por ejemplo, supongamos que nos enfrentamos con la desgracia; al principio, tendremos sólo la sensación de que es, realmente, una desgracia, una desgracia, que hayamos difícil de soportar. Pero si conocemos el por qué, pues arreglamos las cosas de ese modo hace unas décadas o aún varios siglos antes de nuestro nacimiento, entonces, la hallaremos más fácil de soportar.

Sabemos que era una prueba, un medio de hacernos más perfectos. Se experimentan también otras cosas, cuando podemos volver la vista hacia esa parte de los mundos espirituales en la cual soportamos la preparación de nuestro presente. No voy a describir ahora las condiciones generales que existen allí; las encontraréis en mis libros. Pero me gustaría mostrar, con pocos ejemplos, cómo la vida anterior al nacimiento tiene influencia sobre la vida subsiguiente.

Aunque parezca extraño, cuando hemos pasado la mitad de nuestra vida prenatal — que dura generalmente algunos cientos de años — la experiencia interior del alma está centrada principalmente sobre la tierra; y cuando volvemos a esa época, la impresión que obtenemos está llena de las cosas que ocurrían abajo, en la tierra, y de aquello que los seres humanos de la tierra pensaban y sentían. Cada alma recibe impresiones propias de sí misma. Por ejemplo, al prepararse para una vida futura, un alma puede estar viviendo de nuevo en la segunda mitad de su vida espiritual, cuando el nuevo nacimiento está cercano, y verse a sí mismo, al ser espiritualmente activo, mirando cada vez más hacia aquellos que están abajo. Algunos de éstos pueden parecer admirables para el alma que está arriba; y en realidad, puede ocurrir que el alma que está arriba fije su atención particularmente sobre una o dos figuras activas de la tierra que está abajo.

Supongamos que un hombre ha nacido en la segunda mitad del siglo diecinueve y, por consiguiente, estuvo en los mundos espirituales durante el comienzo de ese siglo y el final del precedente. Desde allí miró hacia las personas importantes que tuvieron influencia en nuestra civilización durante esa época. Entre ellos, hubo varios que admiró especialmente y le fueron queridos; una de nuestras experiencias es ésta: mirar hacia las personas que se desenvuelven aquí. Al obrar así, tenemos influencia real sobre ellos, pero no de un modo, que interfiera realmente en su libertad, sino más bien, de manera tal que la sensación de ser observados por alguien del mundo espiritual surge en sus almas. De este modo, los seres humanos de la tierra son estimulados a ser activos y creadores por las almas que van a nacer después de ellos y que ahora los están observando. Esto puede ocurrir en cosas íntimas, y también en asuntos más amplios.

Conozco el caso de un alma que vivió en el mundo espiritual durante el final del siglo dieciocho y el comienzo del diecinueve, y que tomó como propio ideal a un personaje prominente de la tierra, resolviendo imitarlo después de nacer. En forma clarividente, podemos ver los libros que escribía la persona que él deseaba imitar, mientras él miraba hacia abajo, desde el cielo a la Tierra, con cierto anhelo, con cierta ansiedad interior; y, aunque naturalmente con una sensación un poco diferente, nosotros, como seres vivientes, volvemos la vista hacia el otro lado, hacia el Cielo. Existe, sin embargo, esta diferencia considerable entre las dos experiencias. La visión del habitante de la tierra que mira hacia el Cielo sin tener conocimiento alguno de la Ciencia Espiritual, está propensa a permanecer más o menos indistinta; mientras qué el alma que vive en el mundo espiritual, puede ver las condiciones terrestres en forma muy clara. Ve el alma humana que admira tanto, y los libros que tanto desea leer, con gran claridad. En pocas palabras, en la segunda mitad de la existencia espiritual que media entre la muerte y un nuevo nacimiento, uno puede llegar al conocimiento de un alma humana aún hasta en pequeños detalles, porque uno puede mirar dentro de esa alma.

Nosotros mismos, en nuestra vida presente, podemos darnos cuenta de que existen almas que viven en el mundo espiritual y que esperan nacer en la próxima década o más o menos. Esas almas están mirando dentro de las nuestras con ojos ansiosos porque ven allí lo que les hace falta para su preparación para la vida terrestre. En este período de su vida espiritual ven nuestras almas con gran claridad, tanto como el hombre de la tierra, por su parte, ve su Cielo con gran vaguedad. Esto es simplemente una imagen, pero servirá para mostrar cómo, aún teniendo solamente un ligero conocimiento del mundo espiritual, podemos darnos cuenta de que somos observados, como en verdad lo somos, de múltiples maneras. La mirada de los seres espirituales, y en especial de aquéllos que se encarnarán pronto, está vuelta hacia nuestras almas. Vemos, por esto, que la Ciencia Espiritual no puede sino hacer el bien, ya que tiende a lograr que la gente sea más digna de aquellos que están en los mundos espirituales y que todavía no han nacido. Cuando la investigación clarividente examina todas estas cosas, experimenta el efecto de cosas notables, y a menudo, impresionantes. Y entre las más sorprendentes, está la visión de las almas, en su camino hacia el nacimiento, que miran hacia la tierra y buscan a aquellos que serán sus padres. En otros tiempos, esto era aún más notable que ahora, pero la observación de esas almas es todavía una de las experiencias más tocantes, y uno sale con gran abundancia de impresiones. Describiré una que tengo muy a mano.

Un alma que se prepara para la encarnación, sabe que necesitará para ella una clase particular de conocimiento, que debe ser adquirido en la temprana juventud; al mirar hacia abajo, observa, aquí y allá, posibilidades de obtenerlo. Puede ocurrir, sin embargo, que para obrar así, deba renunciar a los padres que le corresponden. Estos, en otros aspectos, le hubieran brindado la mejor de las vidas; pero, se ve obligado a tomar su vuelo natal hacia otros padres, que no pueden brindarle una vida feliz. Si fuera a elegir los otros padres, no estaría en condiciones de aprovechar las experiencias más importantes. No debemos pensar que todas las condiciones de la vida espiritual difieren absolutamente de la nuestra. Por ejemplo, un alma que, antes de nacer, tuviera su espíritu terriblemente lacerado y estuviera indecisa, podría decirse: “Quizá seré terriblemente maltratado en la infancia por padres rudos y groseros”. Si esta duda existiera, estalla un terrible conflicto dentro de sí mismo. En el mundo espiritual, uno ve muchas almas que tienen que pasar por esto cuando se preparan para el nacimiento. Debemos darnos cuenta deque, en estas luchas, las almas se enfrentan consigo mismas en el mundo espiritual, y que esas dificultades son para ellas, en cierto sentido, una especie de mundo exterior.

Lo que estoy explicando, no es solamente un conflicto interior del alma, ni tampoco sólo una batalla de las pasiones interiores, sino que está proyectado al exterior, y está, por así decirlo, completamente alrededor de uno. Se puede ver, en estampas visibles, las imágenes que pintan cómo estas almas, interiormente divididas, descienden hacia sus nuevas encarnaciones.

Cuando tenemos desplegadas ante nuestra vista todas estas circunstancias, podemos comprender muy bien por qué a muchas personas no les gusta la Ciencia Espiritual. La mayor parte de la gente prefiere creer que, tan pronto como han muerto, penetran en la felicidad eterna. Sin embargo, éste no es el caso, y está bien que las cosas sean como son, ya que, con las circunstancias existentes, el mundo alcanzará finalmente la etapa de perfección que le está destinada.

El poder de investigar nuestra vida, o la de otro, en el mundo espiritual, puede ser adquirido — lo que no deja de ser curioso — por medio de las fuerzas que, al aprender a caminar, dejamos en el cuerpo etérico. La práctica de la clarividencia nos muestra que estas fuerzas, cuando han sido realmente desarrolladas, tienen ciertas ventajas sobre las fuerzas clarividentes que se desarrollan con el objeto de volver la vista hacia vidas más antiguas. Deseo que prestéis una atención especial a esta diferencia que existe entre ellas, ya que este hecho puede, en muchos aspectos, arrojar luz sobre varias cosas. No existe mejor medio para desarrollar fácilmente una clarividencia peligrosa, que el de usar las fuerzas que existen en el hombre actual para desarrollar los órganos de la palabra, las cuales, si se reservan, lo capacitan para mirar dentro de sus antiguas vidas terrenales; ya que estas fuerzas están muy relacionadas con los instintos y las pasiones más bajas que existen en el hombre. No hay camino mejor para llegar cerca de Lucifer y de Ahriman que el desarrollo de estas fuerzas; pues, aunque nos conducen realmente hasta la alta posición de ser capaces de volver la vista hacia las vidas pasadas de otra gente y de uno mismo, conducen también hacia el reino de la ilusión. Y si no están correctamente desarrolladas, el clarividente puede, bajo su influencia, caer a un nivel moral muy bajo, en lugar de elevarse hasta las alturas. A causa de esto, estas fuerzas son de las más peligrosas, y solamente deberían desarrollarse si, al mismo tiempo, el maestro está decidido a desarrollar la moralidad más pura en sus discípulos. Por esto, un maestro experimentado no se dejará persuadir fácilmente, y en forma sistemática, para desarrollar las fuerzas que capacitan al hombre para observar antiguas encarnaciones. Es tan raro encontrar las fuerzas objetivamente desarrolladas, es decir, desarrolladas correctamente, o sea, usando solamente las fuerzas de la palabra, como es común hallar cierta clarividencia de bajo nivel que puede mirar dentro de los mundos espirituales y dar descripciones de algunas regiones espirituales. Es por ello que se usan generalmente otros medios cuando se quiere conducir a las personas a observar sus antiguas encarnaciones, y tocamos aquí un punto interesante que muestra que necesario es prestar atención a cosas que, en general, no se tienen en cuenta. Es muy raro que alguien, por medio de su instrucción espiritual, sea capaz de volver la vista hacia sus antiguas vidas terrenales desarrollando solamente las fuerzas de la palabra; es un caso muy raro, pero existen muchas personas en la actualidad que pueden hacerlo.

Generalmente, se obtiene este fin con otros medios, uno de los cuales puede impresionar como muy extraño, y sin embargo, descansa sobre una profunda verdad. Supongamos un hombre bien entrado en años; requeriría demasiado esfuerzo, y quizá, la prueba sería excesiva, si él tratara de volver la vista kármicamente hacia sus antiguas vidas desarrollando las fuerzas de la palabra.

En consecuencia, las fuerzas espirituales tienen el auxilio de otros medios que muchos suponen que son meramente accidentales. El puede encontrarse con alguien que lo llame por un nombre especial, o haga referencia a cierta época, o a cierta gente. Esto obra exteriormente sobre su alma de tal modo que, como resultado, él podrá desarrollar las fuerzas necesarias que sirvan de apoyo a la clarividencia. Se dará cuenta entonces de que el nombre por el cual era llamado, o las palabras pronunciadas lo conducirán, sin que el que habla tenga conocimiento de ello, a la visión retrospectiva de sus vidas pasadas. Este es un caso en que se recurre a medios externos. La persona en cuestión oye la referencia a un nombre, a una época o a un país, y con eso se la estimula desde afuera, por así decirlo, a observar sus anteriores encarnaciones terrenales.

Estos estímulos externos son a veces de gran importancia para una observación clarividente del mundo. Uno tiene lo que parece ser una experiencia completamente accidental, pero de aquí irradia un estímulo para las fuerzas clarividentes que uno posee, de otra manera, sólo en forma rudimentaria.

 Estas son unas pocas indicaciones aforísticas que quería brindaros como el medió de hacer que el mundo espiritual penetre dentro del mundo terrenal; éste es un asunto realmente muy complicado. Vemos, por lo tanto, que el volver la vista hacia las anteriores vidas terrenales es un procedimiento más o menos peligroso, ya que las fuerzas de la tentación tienen algo que ver con esta práctica. Pero, en cambio, hay muy pocos hombres que, al desarrollar sus fuerzas clarividentes con el objeto de observar la vida que transcurre en el mundo espiritual antes del nacimiento, serían propensos a la tentación de hacer mal uso de ellas. Por lo general, sólo almas con cierta pureza, con cierta moralidad natural, pueden volver la vista con cierto grado de certeza hacia la vida transcurrida en el espíritu antes de su actual vida terrenal. Esto ocurre porque las fuerzas que se usan como fuerzas clarividentes para mirar en la época prenatal, son fuerzas de la infancia, fuerzas economizadas al aprender a caminar. Son las fuerzas más inmaculadas que existen en el hombre. Estas fuerzas inocentes —pido a algunos que tomen nota de esto— son también aquéllas por medio de las cuales el hombre, cuando las desarrolla, es capaz de mirar dentro de la vida que precedió a su nacimiento. Esta es también la razón del porqué una criatura produce tanto encanto y satisfacción. Los niños pequeños están rodeados en su aura por esas fuerzas que, en su mayor parte, se usan para aprender a caminar —fuerzas que son también capaces de iluminarlas cosas que ocurren antes del nacimiento. En lo que concierne a la experiencia clarividente, un niño, en cuyo semblante sean patentes la inocencia y la inexperiencia del mundo, manifiesta en su aura algo mucho más interesante que lo que pudiera observarse en el aura de una persona mayor.

Las luchas y conflictos que se suceden en el país del espíritu antes del nacimiento, y que determinan su destino, hacen de lo que rodea al niño como su aura, una cosa infinitamente grande y llena de sabiduría. Esa sabiduría es a menudo mucho más grande que la que un ser humano, en el resto de su vida,pueda encerrar en palabras. El semblante del niño puede ser una cosa indefinida, pero el clarividente que lo observa puede aprender muchísimo si su visión es capaz de percibir lo que rodea al niño como un aura. Y si las fuerzas que pertenecen a la infancia se desarrollan más tarde en forma clarividente, uno puede percibir las circunstancias concretas que preceden al nacimiento del hombre. Quizá sea una satisfacción personal el poder mirar dentro de ese mundo, pero reviste particular interés para el que está ansioso de comprender la conexión total. Una búsqueda en los anales Akáshicos relacionada conciertas personalidades de la historia del mundo, no consiste solamente en leerlo que está allí inscrito acerca de sus vidas en el plano físico, sino que debe mostrarnos también cómo preparan ellos sus próximas vidas en ese plano, mientras viven como almas en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Ahora bien, las fuerzas que pueden arrojar luz sobre las anteriores encarnaciones, si las conservamos en estado de pureza, no se han guardado tanto deja infancia como de esa edad del ser humano en que se desarrollan las pasiones (a menudo las más bajas y las peores). Estas fuerzas, que se ocupan

de tareas diferentes en la naturaleza del hombre, se desarrollan mucho después que aquéllas que están relacionadas con la formación de la palabra. Estas fuerzas están unidas a todo aquello que se desarrolla en el hombre bajo la forma de sentimientos de amor sensual, y a todas las cosas que están relacionadas con estos sentimientos. Existe una relación especial entre todo lo que conduce hacia el amor sensual y todo lo que conduce a la palabra. Y esto se manifiesta en el ser humano en las alteraciones sonoras que conducen al cambio de la voz. A partir de esta edad se almacenan muchas de estas fuerzas, y si las conservamos en estado de pureza, pueden conducirnos a una visión retrospectiva de nuestras antiguas vidas terrenales; pero, si no las conservamos en estado de pureza, estas fuerzas pueden revelarse como los instintos sensuales del hombre, y conducirnos entonces a una depravación oculta muy grande. Estas fuerzas clarividentes, economizadas en aquella época especial de la vida, son las más propensas a la tentación.

Comprendéis así, mis queridos amigos, la relación total. El clarividente que está pronto a hablar acerca de la época transcurrida entre la muerte y un nuevo nacimiento (y alguno de vosotros debe de haberse dado cuenta de lo poco que se habla acerca de éste), ha desarrollado en sí mismo las fuerzas que economizó en su temprana infancia. Pero se debe desconfiar del clarividente que habla mucho —por lo general, tonterías— acerca de las antiguas encarnaciones de la gente, y esto, ocurre muy a menudo. Ciertas personas manejan esa información como si estuviera servida en una bandeja, por así decirlo. Debernos desconfiar de tales personas, porque las fuerzas que se suscitan en este dominio son las que están más abiertas a la tentación. Las fuerzas que pueden economizarse con este objeto, se guardan desde la época en que se desarrolla el amor sensual, cuando el hombre todavía no se manifiesta en la vida social. Estas fuerzas conducen algunas veces a una gran tontería, y especialmente a tonterías ocultas, porque éstas, más que ninguna, están sujetas a errores sucesivos en los dominios del mundo espiritual.

¿Por qué, entonces, la información de los clarividentes que están sujetos a estas fuerzas particulares es, tan a menudo, poco digna de fe?. Esto ocurre porque, entre ellas, se despiertan en el hombre al mismo tiempo, como un vaho, los instintos y los impulsos más bajos; y entonces, cuando Ahriman y sus espíritus ahrimánicos se aproximan, de esa especie de vaho que se levanta, ellos forman fantasmas que pueden observarse y que se consideran entonces como pertenecientes a antiguas encarnaciones.

El tipo correcto de clarividencia, que permite describir circunstancias como las que se mencionan en la Ciencia Oculta, puede ser fácilmente desarrollado con la economía de las fuerzas que sólo podrían reservarse en una etapa posterior de la vida — después de los veinte a los veinticinco años. Las fuerzas que se desarrollan entonces, están comúnmente relacionadas con la vida del intelecto y, durante esta época, la vida puede tomarse con cierto tranquilo sentido común. De este modo, las investigaciones en este dominio están menos sujetas a errores y a engaño.

Vemos, entonces, que las grandes relaciones del mundo, las grandes relaciones espirituales, se pueden determinar por medio de esas fuerzas que, en la naturaleza humana, trabajan para el desarrollo del cerebro. La visión de antiguas vidas terrenales se puede adquirir con el cultivo de aquellas fuerzas que se economizan en la juventud, cuando ya no hacen falta para el desarrollo de la palabra y rigen el dominio y los órganos de los deseos sensuales. El país del espíritu propiamente dicho, que es de especial interés porque allí se prepara la nueva vida, se puede investigar por medio de aquellas fuerzas que se economizan en la temprana infancia, cuando el niño aprende a caminar.

Los hechos enunciados son, en verdad, notables, pero si deseamos penetrar en el mundo espiritual, debemos acostumbrarnos a aceptar muchas nuevas concepciones que, al principio, deben de parecernos paradójicas. El mundo espiritual no existe simplemente para proporcionar una continuación del mundo físico de los sentidos —y realmente, en muchos aspectos, es exactamente lo opuesto de éste último. El hombre aparece como un ser muy importante en el universo cuando miramos la única cara de su transcurrir en la vida terrenal, su destino, su capacidad, y sus actividades. Por el otro lado, si se aprende a entender lo espiritual, vemos la vida muy diferente que tuvo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Recién entonces contemplamos al hombre en su entera significación y destino.

En estas dos conferencias traté de brindaros una idea, una descripción de varias cosas que existen en el mundo espiritual. Quise hacerlo así de un modo muy aforístico, porque nos hemos encontrado aquí por primera vez, y porque podréis conocer más de las exposiciones sistemáticas de mis libros y publicaciones. Por eso, quise agregar un poco aquí y allá a lo que ya había expuesto en otra parte. Me pareció que esto sería más útil, para los amigos de esta ciudad, que haber elegido un capítulo más orgánico de la Ciencia Espiritual. Si me permitís expresarme así, al final de una unión, para mí, tan feliz, quisiera que la Ciencia Espiritual penetrara en los corazones y en las almas de los hombres de la época actual, tanto como sea posible. Esto es importante por dos razones.

Primero, porque si consideramos la vida que nos rodea, y observamos los hechos de esa vida, y cómo el hombre se vuelve cada vez más materialista en su espíritu a pesar de los grandes adelantos de la cultura, nos damos cuenta de que es cada vez más necesario que el hombre posea la Ciencia Espiritual, tanto como le haga falta, y ello ocurre solamente porque esta vida exterior lo hace tan materialista. Sólo por esto, porque los grandes hechos de la vida exterior pueden convertir al hombre en un ser materialista, éste necesita el contrapeso de la Ciencia Espiritual. La Ciencia Espiritual es una necesidad para la vida terrenal de la humanidad, y debe llegar a serlo cada vez más en un futuro cercano. Cualquiera que reflexione sobre el grado en que la vida externa, no obstante los grandes adelantos de la civilización, puede gradualmente descender cada vez más hondo en el materialismo, y paulatinamente decaer, y extinguirse, sentirá dentro de sí mismo el anhelo de ver que la Ciencia Espiritual penetra en los corazones y en las almas de los hombres. Nuestra civilización puede progresar más, y llegar a ser cada vez más grande; pero aunque necesitemos nuestros ferrocarriles y vapores, los teléfonos, los aviones, y todo lo que la civilización pueda proporcionarnos, sin embargo, así como las aves, canoras son rechazadas por el humo de nuestras chimeneas, también la alegría, la frescura y la armonía de nuestra vida anímica desaparecerá bajo, la influencia de esta cultura materialista, a menos que la Ciencia Espiritual conduzca al hombre hacia la espiritualidad. En consecuencia, el que sea capaz de conservar claramente las circunstancias, debe experimentar la necesidad de hacer que la Ciencia Espiritual se conozca más ampliamente; esto es una necesidad.

Por otra parte, está el hecho de que, a causa de esta cultura materialista, el hombre nunca ha rechazado tan poderosamente la Ciencia Espiritual, ni la ha odiado tanto como en la actualidad.

Hoy nos enfrentamos con estos dos hechos inevitables, la Necesidad y la Incomprensión. Están frente a nosotros como dos pilares entre, los cuales debemos pasar, si queremos difundir la Ciencia Espiritual por el mundo. Para nosotros, que deseamos madurar nuestras almas para la Ciencia Espiritual, habrá en cada pilar un desafío, un severo llamado a realizar todo lo que esté en nuestro poder para que la Ciencia Espiritual llegue a nosotros y a todos aquellos que claman por ella.

Quise dirigirme a vosotros desde este punto de vista la primera vez que hablé en esta ciudad, y desde este mismo punto de vista quiero decir mis palabras de despedida: de este modo, algo de aquello que se me ha permitido expresar podrá llegar a vuestros corazones y a vuestras almas, y no sólo a vuestras mentes. Debéis sentiros, entonces, más estrechamente unidos a nosotros y a todos aquellos que desean difundir este movimiento por el mundo en una forma más activa que como lo han hecho hasta ahora.

Como no podemos permanecer reunidos en el espacio como lo hemos estado hasta ahora —por la primera vez— me gustaría tener la sensación de que esta visita acercará nuestras almas más estrechamente que antes. Con este deseo, mis queridos amigos, me despido de vosotros y de vuestra numerosa ciudad. Tengo plena conciencia de que, cuando una reunión como ésta ha tenido lugar, nuestra unión en el espacio ha sido un estímulo para una unión que no depende del tiempo ni del espacio. Con estas palabras os saludo y me despido de vosotros. Que el hecho de haber estado juntos en el espacio pueda proporcionar el estímulo para una unión permanente y constante en el espíritu.

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Un comentario el “GA140c2. La transformación de las fuerzas terrenales en facultades clarividentes

  1. […] GA140c2. Bergen (Noruega),  11 de Octubre de 1913 […]

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