1. La Entidad Corporal del Hombre

TEOSOFÍA  – Rudolf Steiner

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El cuerpo del hombre puede ser conocido mediante los sentidos físicos, y el método de contemplarlo no puede ser diferente de aquel con que se aprende a conocer los demás objetos que se perciben con los sentidos. Como se examinan los minerales, las plantas y los animales, así también se puede examinar al hombre. El está emparentado con estas tres formas de existencia. Como los minerales, construye su cuerpo con las substancias de la Naturaleza; como las plantas, crece y se reproduce; como los animales, percibe los objetos que lo rodean, y basándose en las impresiones que recibe, forma sus experiencias interiores. Se puede, por consiguiente, atribuir al hombre una existencia mineral, vegetal y animal.

La diferencia de estructura de los minerales, de los vegetales y de los animales, corresponde a las tres formas de sus respectivas existencias; y es precisamente esta estructura —la forma— que es percibida por los sentidos, y la que sólo puede ser llamada cuerpo. El cuerpo humano, sin embargo, difiere del animal, lo que debe ser reconocido por todos, cualquiera sea la opinión que se tenga del parentesco del hombre y del animal. Hasta el materialista más convencido, que niega todo lo que es anímico, no podrá menos que admitir la siguiente sentencia enunciada por Carus en su obra Organon der Naturund der Geistes: “Es verdad que la estructura más íntima del sistema nervioso, y sobre todo, del cerebro es aún un problema insoluble para los fisiólogos y los anatomistas; pero es un hecho absolutamente reconocido que la complejidad de esos órganos acreciéndose continuamente en la serie animal, alcanza en el hombre tal grado que no se encuentra en ningún otro organismo. Este hecho es de la mayor importancia por el desarrollo de la inteligencia en el hombre, y podemos aseverar que nos da ya una explicación suficiente. Donde el cerebro está precariamente desarrollado, donde su pequeñez e imperfección se manifiesta como en los microcéfalos o en los idiotas, es cosa evidente que no se podrá hablar de la manifestación de ideas originales y de la facultad del conocimiento: de la misma manera que no se podrá esperar la propagación de la especie, de un hombre que tenga los órganos reproductivos completamente atrofiados. La estructura normal, vigorosa y bella de todo el cuerpo humano, y del cerebro en particular, no podrá ciertamente substituir al genio, pero proporcionará, seguramente, la primera y más indispensable condición para la posibilidad de conocimientos superiores.

Como se atribuyen al cuerpo humano estas tres formas de existencia: mineral, vegetal y animal, se le debe atribuir también una forma de existencia particular además de aquéllas: la humana. Mediante su forma de existencia mineral, el hombre está emparentado con lo que es visible; mediante la vegetal, con todos los seres que crecen y se reproducen y, por la animal, con todos los seres que perciben el ambiente circundante y que, en base a impresiones exteriores adquieren experiencias interiores. Por su forma de existencia humana, él forma un reino en sí, mirándolo solamente desde el punto de vista físico.

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