Cap.III. La interpretación del asterograma de la muerte.

Willi Sucher – Del libro Isis Sophia III

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En el capítulo anterior, hablamos más sobre el asterograma de la muerte desde el punto de vista técnico. Lo vimos como un panorama, la suma total de una vida humana en la Tierra. Este aspecto nos lleva de regreso al pasado, y algunas veces hemos llamado a las posiciones anteriores de Saturno, relativas a los lugares de los planetas en la muerte, como los tránsitos “anteriores” (zurükliegende) de Saturno. Sin embargo, también hay otro aspecto del asterograma de la muerte que conduce al futuro, a las diversas etapas de la vida después de la muerte, a través de las cuales el alma debe pasar. Para este propósito, llevaremos a cabo una interpretación cualitativa de las posiciones de los planetas en el momento de la muerte de Tycho Brahe.

Encontramos a Marte en la constelación de Leo. Para elaborar una interpretación de Leo, buscamos el diagrama llamado Etapas de Evolución en la tercera parte de Isis Sophia II. Ahí encontramos una indicación que nos lleva de vuelta al sexto gran ciclo del Antiguo Saturno. (Véase también la constelación en oposición de Acuario). Este fue el gran escenario en el primer comienzo, cuando los Espíritus de las Armonías, o Querubines, impulsaron las armonías (o “la Música de las Esferas”) en el Antiguo Saturno. Podemos Imaginar que un mundo estelar físicamente visible aún no existía, y en lugar de las estrellas fijas que vemos ahora, había una “galaxia” más profunda y armoniosa, un sonido de esencia divina. Éste era el mundo en donde los Espíritus de la Armonía estaban activos. Aquí tenemos, en una imaginación cósmica, la imagen del gran cosmólogo Tycho Brahe, quien de niño podía ver en la astronomía una manifestación de lo divino.

Además, nuestro diagrama indica una conexión de Leo con el segundo gran ciclo de la evolución del Antiguo Sol. Entonces los Espíritus del Movimiento estaban activos. Vivieron en el reflejo de esas “Armonías de las Esferas”, que se manifestaron mucho más tarde en los movimientos de los planetas de nuestro sistema solar. Este poder de movimiento y dirección en el Antiguo Sol todavía estaba en un estado de alma o formación astral que reflejaba la armonía de la gran galaxia más allá del universo del Antiguo Sol. En esta astralidad cósmica o fuerza del alma, vivieron y trabajaron los Espíritus del Movimiento. También lo irradiaron a la humanidad en el antiguo Sol. Sin embargo, la humanidad todavía no podía realizar la actividad del alma, y sólo permaneció en nuestros primeros ancestros un reflejo del funcionamiento de los Dynamis. Así, se estableció la primera base de nuestro sistema rítmico, que aún hoy refleja los ritmos cósmicos. Nuestra respiración y latidos cardíacos están relacionados con el ritmo del año platónico (ver Isis Sophia II, Tercera parte). Somos, con respecto a nuestra organización Leo, un cosmólogo perfecto, pero inconsciente.

Ahora con Marte en Leo, podemos ver aún más claramente la imagen del gran astrónomo. También podemos corroborar nuestro punto de vista anterior sobre Marte cuando lo conectamos con los años 1563/65. Fue entonces cuando Tycho Brahe finalmente decidió convertirse en astrónomo. Él obedeció a su propia vocación; el cosmos estaba vivo en su ser más íntimo.

Otra indicación concerniente a Leo se refiere al segundo gran ciclo de la Antigua Luna. (Isis Sophia II, Tercera parte). En el transcurso de esa etapa de la evolución, el planeta de la antigua Luna se condensó a tal grado que los rangos superiores de las jerarquías espirituales ya no pudieron habitar en él. Separaron una parte de las sustancias más refinadas y fundaron otro cuerpo celeste, una especie de antiguo Sol renacido, como su foco de actividad. Estos gigantescos sucesos cósmicos se reflejan en Libra, pero vemos al separado Sol yendo por un tiempo a su manera en Leo.

Aquí ahora miramos más profundamente en el destino de Tycho Brahe. No se convirtió en astrónomo por mero deseo de conocimiento. Un profundo propósito espiritual estaba trabajando en él. Anteriormente hemos indicado que se opuso a las opiniones de Copérnico sobre los movimientos de los planetas y la posición del Sol. ¿Por qué hizo esto?

Copérnico simplificó la concepción de nuestro sistema solar al considerar que el Sol se encuentra en el centro del universo planetario. Los puntos de vista más antiguos, que en parte eran extremadamente complicados, consideraban a la Tierra como el foco central. Nuestra época está tan acostumbrada al esquema copernicano que a veces encontramos los aspectos más antiguos, por ejemplo, los sistemas ptolemaicos, extraños y propios de la naturaleza primitiva de la humanidad en esos tiempos. Sin embargo, los sistemas antiguos se fundaban en ideas y estados de conciencia completamente distintos, que la mentalidad de nuestro tiempo, difícilmente puede comprender.

Originalmente, los antiguos esquemas del cosmos se basaban en la concepción de las esferas de los planetas. Estas esferas, indicadas por las órbitas de los cuerpos celestes, fueron concebidas como las más importantes. Se consideraba que los dioses, o jerarquías espirituales, vivían en ellos, y movían las esferas. Por lo tanto, los planetas, que se fijaron a las esferas, también se movieron, pero eran de importancia secundaria. Solo una época que se movía hacia interpretaciones mecánicas de todo lo que existe en el universo, podría descartar tan fácilmente esos puntos de vista antiguos. Por lo tanto, era posible que un hombre como Copérnico pudiera sentar las bases de una concepción del sistema solar que se pudiera explicar de manera similar al funcionamiento de una máquina. Tycho Brahe era muy consciente de esto. Él tenía una conexión profunda con los Misterios antiguos de encarnaciones previas en los cuales, las esferas planetarias eran experimentadas como las moradas de los dioses. Por lo tanto, debe de haberse horrorizado ante los puntos de vista de Copérnico, que tienden a convertir al universo en un puro mecanismo. Luchó mucho por poner en su lugar algo mejor,  pero no lo logró muy bien; su tiempo estaba en su contra.

Por lo tanto, él se encontraba entre la Edad de Oro de los Misterios, cuando la humanidad todavía vivía con los dioses, y un futuro que aún retiene el renacimiento de los Misterios en su seno. La dirección hacia este futuro, y la profunda conexión interna de Tycho Brahe con ella, la encontramos indicada en la asociación de Leo con el sexto gran ciclo de la evolución de la Tierra (Isis Sophia II, Tercera parte). La humanidad de esa sexta etapa de la Tierra serán los verdaderos cosmólogos. Entonces  comprenderán por completo la interacción entre las fuerzas astrales cósmicas y su propio ser y los seres de la naturaleza.

Estas implicaciones de Leo están indicadas por la posición de Marte en esa constelación. El alma experimenta en la esfera de Marte después de la muerte, el trasfondo espiritual del mundo físico-material, que había conocido previamente en la Tierra. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte.) Así podemos imaginar que Marte en Leo señala el tipo de experiencias que Tycho Brahe tuvo después de la muerte en esa esfera cósmica. Él pudo ver la verdad espiritual completa sobre la interconexión física entre el cosmos y la Tierra. Se convirtió en un gran “astrólogo” en un sentido espiritual y pudo inspirar a quienes vivían en la Tierra. Podía leer la profecía de los futuros eventos terrestres y así ayudar a las almas a cumplir su destino.

Estos aspectos pueden ser ampliados por un estudio de las vidas de otras almas cuyo Marte también estaba en Leo en el momento de la muerte. De los muchos ejemplos que tenemos ante nosotros, tomamos el del famoso poeta de la Divina Comedia, Dante. Murió el 14 de septiembre de 1321 cuando Marte estaba en Leo. El tránsito anterior o previo de Saturno sobre esta posición, apunta al año 1301. Dante estaba involucrado en ese momento en agitaciones políticas en su ciudad natal de Florencia, en el curso de las cuales tuvo que ir al exilio. Nunca se le permitió regresar a Florencia, y deambuló de un lugar a otro durante los últimos veinte años de su vida. Externamente, se vio obligado a llevar una vida inestable, pero durante todos esos dolorosos años, el poeta de la insuperable Divina Comedia, nació espiritualmente. En 1300, el año anterior a la catástrofe, tuvo una profunda experiencia interna en la que había concebido ese gran poema, y Saturno estaba en Leo. Todos los que conocen la Divina Comedia estarán de acuerdo en que se basa en una gran concepción de la naturaleza espiritual del interior de la Tierra y del cosmos de las estrellas. Por lo tanto, Dante también era un cosmólogo que se inició en la interrelación entre el ser humano y las estrellas. Vemos en eso una confirmación de lo que dijimos sobre Marte en Leo.

Ahora pasamos a la posición de Júpiter en Virgo, en el momento de la muerte de Tycho Brahe. Una experiencia en la esfera de Júpiter después de la muerte, los arquetipos espirituales de todas las fuerzas de la vida. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte.) Se da cuenta de los orígenes de la enorme sabiduría-de vida que fluye a través de todas las criaturas vivientes y une su existencia en la gran corriente de la evolución divina. Así podemos imaginar que Júpiter en Virgo señala la estancia de Tycho en esa esfera donde vio la verdad de los impulsos eternos que hay detrás de toda la vida y la evolución, el origen común y el objetivo final de todas las criaturas vivientes. También debe haber comprendido su propia posición en esta corriente gigantesca de vida y desarrollo cósmicos. En la existencia terrenal de la humanidad, esta participación individual en la corriente tan sabia y múltiple de la evolución cósmica que está oculta detrás de su actitud interna hacia la vida, generalmente expresada en los temperamentos humanos y en la concepción de su vida entera.

Júpiter estaba en la constelación de Virgo. Además de la evolución del Antiguo Saturno, encontramos esta constelación asociada con el primer gran ciclo del universo del Antiguo Sol. (Véase Isis Sophia II, Tercera parte). Esa primera etapa del cosmos solar vio la recapitulación del Antiguo Saturno. La base misma de toda sustancia física se recreó, pero ahora estaba parcialmente impregnada de vida. Algo similar sucedió durante el ciclo inicial de la Antigua Luna que también asociamos con Virgo. Más aún, en relación con la evolución de la Tierra, encontramos allí la indicación de la etapa final de la Tierra. Hasta entonces nos habremos desarrollado, con respecto a nuestro yo, que seremos capaces de darnos cuenta de nuestra unidad espiritual, nuestra conexión interna con el universo, y con todo lo que existirá en ese universo futuro como los descendientes de los reinos actuales de la naturaleza, de las estrellas, etc.

En este escenario, encontramos al Júpiter de Tycho Brahe. Indica que después de la muerte, debe haber obtenido una visión profunda del funcionamiento, orígenes y propósitos últimos de la vida. Debe haber sido transmitido a esta alma, la Sabiduría divina, que opera en toda vida y que es la expresión de la poderosa corriente de evolución cósmica, tal como fue contemplada por las jerarquías espirituales más elevadas. También debe haber alcanzado una visión exaltada del funcionamiento de estas fuerzas vitales en el simple objeto, en la química de la materia, en la alquimia del destino humano, etc.

No podría haber aspirado a tales realizaciones si no hubiera puesto los cimientos para ellos en la Tierra. Las posiciones de los planetas en el asterograma de la muerte implican dos aspectos, como hemos visto: uno se refiere al pasado terrenal, el otro al futuro, a la vida después de la muerte. El pasado está indicado por los tránsitos previos o anteriores de Saturno. En relación con este último, encontramos información interesante, como se describió anteriormente. En 1569, Saturno estaba en el lugar posterior de Júpiter, y Tycho Brahe estaba entonces en Augsburgo, dedicado a estudios astronómicos y alquimistas.

Nuestra era actual tiende a menospreciar los esfuerzos de la alquimia medieval como una especie de superstición debido a la ignorancia de esas personas. Esto es cierto con respecto a las prácticas de un gran número de charlatanes que intentaron, o pretendieron, hacer oro. El verdadero alquimista, sin embargo, no dedicó energías a la satisfacción de la codicia humana básica. Trató de encontrar los secretos ocultos del funcionamiento de la naturaleza, las manifestaciones del espíritu en las propiedades y las sustancias de la Tierra. Mediante una profunda actitud devocional, se preparó para vislumbrar el funcionamiento de los seres elementales en la materia -la sabiduría cósmica- y las fuerzas de la vida, etc. Éste era el oro que deseaba encontrar, el metal de oro sólo era la manifestación externa de la Luz Divina de Sabiduría. Sin saber que expresiones como oro, mercurio o azufre, etc., significaban fuerzas invisibles y creativas en la naturaleza, para el genuino alquimista, no podemos entender el extraño lenguaje de los libros medievales sobre Alquimia.

Debemos imaginar que Tycho Brahe hizo experimentos de este tipo. Por supuesto, no sabemos lo que logró, pero continuó con sus experimentos en la isla de Ven. Él preparó medicinas e hizo uso de ellas en ciertas ocasiones. Por muy imperfectos que hayan sido estos intentos, fueron el fundamento de sus experiencias después de la muerte en la esfera de Júpiter, cuando se encontró cara a cara con la verdad espiritual del funcionamiento del mundo jerárquico cósmico en lo físico en las alas de las fuerzas de vida.

Encontramos a Júpiter asociado con Virgo en los asterogramas de la muerte de las siguientes personalidades: Pico della Mirandola, fallecido el 17 de noviembre de 1474. Estaba profundamente preocupado por el deterioro de la astrología convertida en un medio de adivinación y, por lo tanto, se oponía a ella. Sin embargo, tenía una opinión muy alta sobre la verdadera cosmología y sabiduría de las estrellas y deploraba su profanación.

Cuando William Blake murió el 12 de agosto de 1827, Júpiter también estaba en Virgo. Los tránsitos previos o anteriores de Saturno sobre esta posición de Júpiter coincidieron con el comienzo de la gran obra de Blake, Jerusalén. Por difícil que sea emitir una opinión sobre las obras de Blake, podemos decir con seguridad que su Jerusalén es una concepción apocalíptica de la gran transformación alquímica de la Tierra en un futuro estado de existencia. Sin duda es una interpretación artística de la Revelación de Juan el Divino. Podríamos agregar muchos más ejemplos, pero estos dos pueden ser suficientes para desarrollar lo que dijimos sobre el Júpiter de Tycho Brahe en Virgo.

Saturno estaba en la constelación de Libra en el momento de la muerte de Tycho. De la descripción de Saturno en Isis Sophia II, Tercera Parte, nos damos cuenta de que es el gran conservador de la “entelequia”, el flujo de evolución no transitado a través de toda la existencia. El alma experimenta en esa esfera después de la muerte, los arquetipos espirituales de toda la existencia del alma, los motivos divinos de todas las emociones, impulsos, nociones, etc., que se encontraron en la Tierra sin saber de dónde venían. Podemos imaginarnos que Tycho Brahe conoció el trasfondo real de su composición psicológica. Por ejemplo, estaba en él el profundo deseo de servir a la sabiduría de las estrellas que moldeó toda su vida. ¿De dónde vino? Solo en la esfera de Saturno podemos obtener respuestas a tales preguntas. Allí, el conocimiento y la realización de encarnaciones pasadas proporciona las claves para la comprensión de las formaciones individuales del alma.

En la constelación de Libra encontramos la huella del último gran ciclo de la evolución del Antiguo Sol y la segunda etapa de la Antigua. Luna (Véase Isis Sophia II, tercera parte). Durante la séptima etapa del Antiguo Sol, los antepasados de la humanidad alcanzaron la perfección más elevada de la que entonces eran capaces. En una actitud similar a una planta, eran un espejo perfecto del universo del Sol y seguían infaliblemente sus direcciones. Esto nos da una idea del carácter de la individualidad de Tycho Brahe en encarnaciones anteriores. Estaba profundamente conectado con los antiguos misterios del Sol y se inició en vidas anteriores en los secretos de la naturaleza espiritual del Sol.

En la tercera parte de Isis Sophia II, hemos indicado brevemente el triple carácter del Sol, del presente que es, en cierto sentido, una réplica del Antiguo Sol. Esta individualidad se inició en vidas anteriores en secretos como éstos del triple Sol. Esta fue la razón por la que se convirtió en cosmólogo en su encarnación como Tycho Brahe. Era el arquetipo espiritual de su composición psicológica y puede explicar muchas de sus características y su destino.

Existe el otro aspecto de Libra, el segundo ciclo de la Antigua Luna. Ocurrió entonces la dramática salida del renacido Antiguo Sol con las jerarquías espirituales superiores. Por primera vez en la historia del universo, surgió una profunda brecha entre las fuerzas divinas superiores y las regiones inferiores de la existencia. Se hizo en aras del desarrollo de la independencia y de la libertad, pero también ofreció la posibilidad de que el mal, la muerte y la enfermedad se introdujesen en el universo.

Este aspecto de Libra apunta a otro aspecto del mundo del alma de Tycho Brahe. Anteriormente hemos mencionado su aversión por las visiones del mundo copernicano. En parte le influenció la herencia de los Antiguos Misterios del Sol, sin embargo, no fue capaz de retroceder en la rueda de la evolución. Después de su muerte, incluso su más estrecho colaborador del último año, Kepler, se pasó al copernicanismo y cada vez tenía más éxito. Por el bien del pensamiento y la libertad independientes, la humanidad tuvo que olvidar por un tiempo las antiguas concepciones espirituales del universo y experimentarlo solamente como un sistema material y mecánico. Ver a la humanidad moviéndose en esta dirección debe haber sido una experiencia trágica para Tycho Brahe.

Sin embargo, sobre la base del asterograma de la muerte, también podemos encontrar que esta experiencia de Saturno en Libra fue para esta alma el amanecer de una nueva luz. Mucho después de la muerte, debe haberse dado cuenta del gran cambio que había tenido lugar a través de la unión de Cristo con la Tierra. Percibió los nuevos Misterios del Sol que también había conocido en una encarnación anterior. (Tratamos de describir algunos de estos hechos en la tercera parte de Isis Sophia II.) Encontró y retomó el hilo de los Misterios que, para él, en su vida como Tycho Brahe, parecían haberse roto.

Saturno en Libra presagia, de hecho, las grandes decisiones en el curso de la evolución, también los grandes impulsos que hicieron posible el progreso de la humanidad en tiempos de crisis. Encontramos a Saturno en Libra en los asterogramas de la muerte de Copérnico y Kepler. Hemos mencionado ambos ya en relación con Tycho Brahe. El drama de la batalla a favor y en contra del sistema copernicano se hizo visible aquí. También en el asterograma de la muerte de Rudolf Steiner, Saturno estaba en Libra.

Ahora vamos a considerar brevemente la Luna y a los planetas interiores. En su caso, nos gustaría emplear las divisiones de la eclíptica en lugar de las constelaciones de las estrellas fijas del zodíaco. La astrología ortodoxa los llama signos, y desafortunadamente se les dan los mismos nombres y símbolos que a las constelaciones. (Las figuras 6a y 6b pueden ayudarnos a entender la diferencia. Los signos y las constelaciones se están separando lentamente. Esta creciente divergencia es causada por la precesión del punto vernal).

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Los planetas interiores están más conectados con el camino (aparente) del Sol o la eclíptica; por lo tanto, los consideramos desde el punto de vista de los signos. Además, la Luna tiene una afinidad más fuerte con la eclíptica. De la descripción de la Luna en la tercera parte de Isis Sophia II, concluimos que esta esfera cósmica es el gran almacén, por así decirlo, del cual todos los objetos físicos obtienen las sustancias que necesitan para su existencia corporal. Además, nuestro cuerpo se crea bajo la influencia de las fuerzas lunares, durante el tiempo de gestación. Después de la muerte se nos pide que abandonemos nuestra afinidad con el mundo corporal en la esfera de la Luna.

En el asterograma de la muerte de Tycho Brahe, encontramos a la Luna en la fase menguante y en el signo de Libra (♎). Los signos están más asociados con los ritmos estacionales y con el funcionamiento de las fuerzas formativas o de la vida en la naturaleza. En (♎) es el signo en el que se encuentra el Sol al comienzo del otoño, cuando en la naturaleza, la “caída” de la hoja comienza. Podemos ver en esta Luna de Tycho Brahe una indicación de su condición corporal hacia el final. Debe haber estado muy agotado, no solo desde el punto de vista fisiológico, sino también con respecto a su fondo interno de resistencia y naturaleza positiva hacia la vida. Bien podría ser que su vana lucha contra su tiempo hubiera sido extremadamente exigente, más aún porque su naturaleza no era en modo alguno plácida, sino más bien colérica.

Se puede decir, con cierta justificación, que sus últimos años ya fueron un proceso de purificación interna, que el ser humano normalmente experimenta sólo después de la muerte. La Luna menguante en el signo de Libra (♎) es una cierta amplificación de esto. Los lazos de Tycho Brahe con la existencia material ya no eran muy fuertes cuando murió; por lo tanto, su ascenso a las alturas espirituales fue probablemente bastante rápido y sin oposición.

El planeta Venus aparece aquí en la constelación de Leo (figura 7a), que corresponde al signo eclíptico de Virgo ♍ (véase la figura 6a y 6 b). Asociamos la esfera de este planeta en nuestras investigaciones con el “Mercurio de los Antiguos Misterios”. En la tercera parte de Isis Sophia II, hemos delineado nuestros puntos de vista sobre este asunto de “M-Mercurio”. También recogemos de esas descripciones que esta esfera está especialmente conectada con todo lo que podemos llamar “relaciones”.

Sin embargo, para llegar al punto de vista de la esfera de Venus (M-Mercurio), no es suficiente tener en cuenta únicamente la posición momentánea del planeta. Toda la órbita es una indicación de la “esfera”. Por lo tanto, debemos extender nuestras observaciones a los gestos del planeta en el transcurso del tiempo. Los gestos más reveladores de los planetas interiores son sus conjunciones con el Sol, cuando están más o menos en la misma posición que el Sol, tal como los percibimos desde la Tierra. Hay dos posibilidades: el planeta puede colocarse frente al sol, o detrás de él. A la primera posición se le llama “conjunción inferior”, a la segunda conjunción superior. Ambas se alternan en el tiempo. En la figura 7a y 7b (abajo), presentamos un diagrama de estos ritmos de Venus (M-Mercurio), primero sobre la base de la vista ptolemaica (con la Tierra en el centro) y en segundo lugar desde la visión copernicana. Hemos elegido los gestos sobre el momento de la muerte de Tycho Brahe.

Vemos en el diagrama que el “M-Mercurio” (o Venus) de Tycho Brahe tenía una conjunción inferior, antes de su muerte, con el Sol en el signo de la eclíptica Leo (♌). Visto desde la Tierra, parecía estar en un bucle causado por el movimiento retrógrado del planeta. Después de la muerte de Tycho Brahe, se movió a una conjunción superior en el signo de la eclíptica Tauro ♉. Estos gestos nos dan una idea de la condición de la esfera en ese momento. Podemos leer en él el carácter de la relación que este alma tuvo con su mundo circundante tanto durante la vida como también después de la muerte.

La posición en el signo de la eclíptica de Virgo (♍) nos da una indicación de la dirección que debemos buscar. Es un signo que está muy relacionado con la madurez. Cuando el Sol está allí en el curso de las estaciones, está madurando en la naturaleza (en el hemisferio norte). Este signo también tiene un carácter muy sutil y sensible, que ciertamente fue el caso con respecto a la vida de Tycho Brahe. Era como un ser con su piel sin protección, y su temperamento colérico podía estallar a la menor provocación. Tenía un fuerte sentido de la dignidad y era muy consciente de su propio peso e importancia espiritual. Esto también se indica por el tránsito previo de Saturno sobre esta posición en 1597, cuando dejó la isla de Ven. Estaba profundamente herido por la actitud de la corte del joven rey Christian y estaba dispuesto a renunciar al trabajo que había creado durante 21 años, en lugar de continuar bajo las difíciles circunstancias que habían surgido.

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La conjunción superior en el signo de  Tauro (♉), que tuvo lugar después de su muerte, está conectada con las experiencias de esta alma más allá del umbral de la muerte. El alma toma conciencia en la esfera del “M-Mercurio” de las implicaciones morales y los valores de sus relaciones y conexiones con grupos y comunidades. Los gestos del planeta en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe sugieren que experimentó un cambio tremendo en esa esfera después de la muerte. Su sensación de “sensibilidad” se volvió muy refinada en cierto sentido, incluso resignada. Debió haberse dado cuenta de que, a través de su vida de sufrimiento en la Tierra, había preparado el camino para algo mucho más grande. Poco a poco, se convirtió en un guía espiritual e inspirador de las almas que moraban en la Tierra. Sabemos de inspiraciones definidas que procedían de él a personas de importancia histórica, y también somos conscientes de que en esta era presente puede ser consejero de almas que luchan por encontrar y cumplir la llamada interna de su destino. También puede ser experimentado como un espíritu líder de grupos, de aquellos que luchan por una unión espiritual y armonía entre los cielos estrellados y el destino terrestre. Desafortunadamente, no podemos explicar las bases de las afirmaciones anteriores. Para ello habría que realizarlo en una publicación posterior, ya que ésta necesitaría al menos un volumen.

Mercurio estaba en el signo de la eclíptica de Libra (♎), como la Luna. Consideramos los movimientos y gestos de este planeta como indicaciones de la esfera (invisible) de “Misterioso-Venus” (M-Venus). En la figura 8a y 8 b, presentamos un diagrama de estos gestos en el momento de la muerte de Tycho Brahe. Lo que dijimos antes sobre “M-Mercurio” se refiere también a “M-Venus”; solo, los ritmos son diferentes. Mercurio (M-Venus) está conectado con el desarrollo de la personalidad humana integrada, con la auto-manifestación de una persona como un ser inteligente en la familia de la humanidad. Después de la muerte experimentamos en esa esfera los aspectos morales de nuestras afiliaciones con instituciones y comunidades religiosas, filosóficas, etc.

 

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El planeta Mercurio, que indica esta región, se situó en el signo de Libra (♎), donde también tenía una conjunción inferior con el Sol (un lazo, véase la Fig. 8a) antes de la muerte de Tycho Brahe. Con referencia al asterograma de la muerte, vemos en esto una indicación de una actitud más bien desapegada, una especie de restricción que resulta de la seguridad de su propia dignidad personal, especialmente en años posteriores. Aunque el contacto social no fue difícil, existía el deseo de mantenerse al margen de cualquier asociación con grupos, etc. Por ejemplo, no se sabe nada sobre una conexión más profunda con ninguna institución religiosa. Debe haber sido una personalidad con un fuerte sentido de independencia y autosuficiencia espiritual.

Esta tendencia al desprendimiento después de la muerte hizo posible un ascenso bastante pronunciado hacia las regiones más altas de la vida, más allá del umbral. Las indicaciones adicionales de “M-Venus”, una conjunción superior en el signo de Escorpio (♏) y un lazo o conjunción inferior en Capricornio (♑) (véase la figura 8a), sugieren que atravesó por una transformación fuerte y profunda. Su conocimiento íntimo de las estrellas y sus puntos de vista espirituales en el cosmos, lo ayudaron a preservar la conciencia en un alto grado después de la muerte. No todas las almas humanas pueden permanecer despiertas después de la muerte cuando se enfrentan a la deslumbrante luz del mundo espiritual. El cultivo de una sabiduría espiritual estelar ciertamente puede ayudar a un alma a atravesar las regiones más allá de la muerte en plena conciencia.

Finalmente, llegamos al Sol en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe, que estaba en Virgo, o más bien a los pies de esa constelación. Las experiencias del alma después de la muerte en la esfera del Sol son bastante peculiares. El alma, en cierto sentido, se remite a la Tierra. En la Tercera Parte de Isis Sophia II, hemos descrito el gran cambio que ha tenido lugar con respecto al Sol y la Tierra. En un momento determinado, el gran líder espiritual de las jerarquías del Sol vivió en la esfera del Sol y al comienzo de nuestra era se unió a la Tierra. La humanidad cristiana llama a este espíritu el Cristo. Desde ese momento las cualidades espirituales del Sol han comenzado a funcionar dentro de la Tierra. Si las almas humanas entran a la esfera del Sol ahora, después de la muerte, la encuentran, en cierto sentido, desprovista de su gran líder espiritual, el Cristo. Solo podrán avanzar si pueden mirar hacia atrás en las experiencias del Espíritu del Sol, el Cristo, en la Tierra. No necesitan haber pertenecido a ninguna de las instituciones religiosas cristianas, pero solo pueden soportar la prueba de pasar por encima del umbral de la esfera del Sol, cuando han experimentado conscientemente en la Tierra el gran impulso de amor y hermandad de todos los seres en las que el Cristo se manifiesta. Sólo entonces el alma puede ascender a las regiones más elevadas del mundo espiritual, donde se enfrentará con su propio y verdadero “Yo” superior. Por lo tanto, la posición del Sol en el momento de la muerte indica, más bien, el camino del alma desde la Tierra a través de las regiones cósmicas y a través de la puerta del Sol al reino donde mora su propio y eterno arquetipo espiritual. En nuestras investigaciones encontramos que el alma generalmente regresa a la siguiente encarnación de la misma región donde ascendió después de la muerte precedente. Esta zona está indicada por la posición del Sol en el zodíaco en el momento de la muerte.

El Sol a los pies de Virgo en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe nos recuerda el último gran ciclo de la evolución de la Tierra (Tercera parte de Isis Sophia II). Lo encontramos también en las visiones de Juan (San Juan). Es la imaginación en el Capítulo XII del Libro de Apocalipsis: La Mujer en el Cielo, vestida con el Sol, de pie sobre la Luna y coronada con doce estrellas, es perseguida por un poderoso dragón. Él está esperando que nazca su hijo, el “Hijo del Hombre”, porque quiere destruirlo. Entonces el Arcángel Miguel con sus huestes viene al rescate de la mujer. Se desata una poderosa batalla en el cielo, y el dragón es derrotado y destruido.

Vemos en esta imaginación la imagen del comienzo de las etapas finales de la evolución de la Tierra. La mujer en el cielo es el Alma del Mundo, de quien vive una reflexión en cada alma humana. El niño, el “Hijo del Hombre”, es el fruto espiritual de la evolución de toda la humanidad, en la medida en que apunta a la realización de las fuerzas de Cristo en cada corazón humano. Contra este nacimiento espiritual en un ser humano, resisten otras fuerzas que quieren evitar el ascenso de la humanidad a las alturas espirituales de la existencia. Quieren aferrarse a la etapa actual de un universo material, preservarlo para sus propios fines como un mecanismo gigantesco, sin vida y sin alma. Estas son las fuerzas del dragón.

La posición del Sol en el asterograma de la muerte de Tycho Brahe delata su asociación con las “huestes de Micael”, que se preparan para luchar contra el adversario de la mujer en el Cielo. Él no puede ser llamado cristiano en el sentido ordinario y convencional. El cristianismo con el que entró en la esfera del Sol 25 es mucho mayor. Su lucha por una concepción del cosmos de las estrellas como manifestación de la divinidad es, para alguien que puede ver más profundamente en el alma humana, un testigo seguro del cristianismo cósmico de Tycho Brahe. En duras batallas que se remontan a encarnaciones anteriores a esta, en la Edad Media, se abrió paso a la realización de Cristo como el gran Espíritu del Sol que descendió a la Tierra, sufrió la muerte en la Cruz y pasó por la resurrección por el bien de la salvación. Así, esta alma ha ingresado al mundo espiritual y está trabajando para un cristianismo cósmico-espiritual, que no es solo una cuestión de palabras elocuentes, sino de obras de gran alcance y penetrantes. Algún día entrará en otra existencia terrenal y se mantendrá en las filas de aquellos que luchan por preservar la vida espiritual contra las fuerzas que proclaman el agotamiento del universo y la insignificancia de la Tierra y de la humanidad, y así sucesivamente. Estos parecen ser los únicos aspectos de los que una determinada sección de la ciencia actual es capaz.

 

Traducido por Carmen Ibañez Berbel en enero de 2018.

 

 

 

 

GA60. Zaratustra

Rudolf Steiner— Berlín, 19 de enero de 1911

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La reencarnación ocupa un lugar principal de entre las ideas defendidas por la ciencia espiritual. La idea de que la individualidad humana tiene que manifestarse una y otra vez en una personalidad en el curso del desarrollo de la humanidad en la Tierra es en la actualidad muy poco comprendida y, además, suele ser impopular. Como hemos visto y veremos aún, surgen muchas preguntas en la ciencia espiritual, entre ellas la del significado de las repetidas vidas terrestres.

Cuando se estudia la evolución de la vida humana en la Tierra a la luz de la ciencia espiritual, nos encontramos con que hay un significado muy profundo detrás del hecho de que la individualidad humana pasa, no sólo una vez, sino muchas veces por vidas terrenales. Cada época y cada era tiene su contenido especial, sus características especiales, y todas las variadas posibilidades que ofrece tienen que ser asimiladas una y otra vez por el germen vital del hombre. Esto es posible porque el hombre, con todo lo que compone su ser, está conectado, y no una sola vez, sino una y otra vez, con la corriente viva de la evolución. Mirando esta evolución como un progreso racional en el que se van vertiendo nuevos contenidos y nuevas cualidades, empezamos a comprender el verdadero significado de esos Grandes Seres que han sido los principales espíritus y Guías de las diferentes épocas. De cada uno de estos Grandes Seres, han ido emanando cualidades nuevas y nuevos impulsos para la evolución progresiva de la humanidad, y en el curso de estas conferencias contemplaremos datos significativos que se consideran importantes relacionadas con estos líderes de la humanidad.

Hoy nuestra atención se dirige a una individualidad que, en lo que respecta a la investigación histórica, es un misterio, una individualidad perdida en oscuras épocas prehistóricas, de las cuales no existen registros documentales. Me refiero a la personalidad de Zoroastro.

Una personalidad como la de Zaratustra, cuyos dones a la humanidad en la medida en que se conservan para nosotros, parece tan extraña para la época actual, hace que nos demos cuenta de las grandes diferencias que surgen en la suma total de la naturaleza humana en las distintas épocas. Una opinión superficial podría afirmar que desde que el hombre ha sido hombre, ha pensado, sentido y concebido las ideas de la moral tal y como lo hace hoy en día. Pero la Ciencia Espiritual nos muestra que la vida del alma humana y la naturaleza del pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre, han sufrido grandes cambios en el curso de la evolución humana. La conciencia humana en los tiempos antiguos era de naturaleza muy diferente, y tenemos razones para creer que, en el futuro, pueden alcanzarse otras etapas de la conciencia, también muy diferentes de la conciencia normal de hoy en día.

Cuando dirigimos nuestra atención a Zaratustra, debemos mirar hacia atrás durante un periodo de tiempo infinitamente largo. Es cierto que algunos investigadores modernos han fijado el tiempo de Zaratustra como contemporáneo al Buda, lo que significaría que habría vivido hace unos cinco o seis siglos antes de la era cristiana. Sin embargo, es significativo que los historiadores modernos, después de una cuidadosa investigación de las tradiciones referentes a Zaratustra, se han visto obligados a indicar que la personalidad oculta bajo el nombre de “Zaratustra”, el fundador original de la religión persa, se debe colocar un gran número de siglos antes de Buda.

Historiadores griegos han señalado reiteradamente que Zaratustra debería de haber vivido unos cinco o seis mil años antes de la guerra de Troya. Estamos preparados para afirmar que la investigación histórica, aunque involuntariamente, con el tiempo se verá obligada a admitir que la tradición griega es correcta en lo que respecta a la época en que Zaratustra vivió. La Ciencia Espiritual, que se basa en el conocimiento interior, está de acuerdo con la tradición griega, y por ello es razonable indicar que Zaratustra, viviendo como lo hizo miles de años antes del nacimiento del cristianismo, se enfrentaba a una conciencia completamente diferente de la del presente.

Muchas veces he señalado, y voy a insistir en ello, que la conciencia humana en la antigüedad estaba ligada a ciertos estados de ensueño, o estados de antigua clarividencia, en su vida humana normal. El hombre primitivo no contemplaba el mundo con las definidas fuertes y claramente percepciones sensoriales de hoy en día. La mejor manera de entender lo que el hombre de aquellos tiempos primigenios llevaba a su conciencia sobre su medio ambiente, sería si pensamos de la conciencia antigua como en un último remanente todavía en sueños. Todo el mundo sabe cómo las imágenes del sueño aparecen y desaparecen, cómo surgen y se desvanecen. Para la conciencia actual serían imágenes oníricas en su mayor parte, reminiscencias sin sentido del mundo exterior. Aunque mezcladas con estados superiores de conciencia, serían incomprensibles para los hombres de nuestro tiempo. Imágenes, siempre cambiantes, cuadros, símbolos equivalentes a nuestra conciencia de sueño. Todo el mundo ha experimentado cómo un incendio, por ejemplo, se simboliza en un sueño. Piense en la diferencia entre un sueño y la conciencia de vigilia ordinaria. Así de esa manera ese estado de sueño representaría el remanente de la conciencia primitiva del hombre. Entonces el hombre vivía en un mundo de imágenes, imágenes no vagas ni vacías, pero partiendo de un mundo real externo. En este sentido antiguo había estados intermedios entre la vigilia y el sueño y en estos estados el hombre estaba cara a cara con el mundo espiritual. El mundo espiritual en realidad entraba en su conciencia. Hoy en día la puerta hacia el mundo espiritual está bloqueada en contra de la conciencia normal del hombre, pero ese no fue el caso en los tiempos antiguos, porque entonces entraba en los estados intermedios entre la vigilia y el sueño cuando el mundo espiritual se le aparecía en imágenes oníricas. En estas imágenes oníricas veía el trabajo y el tejido del espíritu que estaba detrás del mundo físico de los sentidos. Tenía la experiencia directa del mundo espiritual, aunque ya para el tiempo de Zaratustra esto ya era confuso y oscuro. Un hombre de la antigüedad podría decirse a sí mismo: “Yo veo el  mundo físico exterior y la vida sensible, pero también tengo experiencias y percepciones en un estado diferente de conciencia, y sé que hay otro mundo detrás del mundo de los sentidos, un mundo espiritual”.

La evolución consiste en que para ser adquirida una facultad tiene que ser a expensas de otra, y así fue como las épocas fueron tomando su curso, la facultad de que el hombre tomase posesión de la comprensión del mundo espiritual se fue apagando paulatinamente. Nuestras facultades de claro razonamiento cognoscitivo, nuestro actual pensamiento lógico que consideramos como la característica más importante de la cultura moderna, no existían en aquellos tiempos. Tenían que ser desarrollados por el hombre en la época a la que entonces pertenecían, a expensas de la antigua conciencia clarividente. La conciencia clarividente tendrá que ser cultivada de nuevo en la futura evolución de la humanidad, pero de una manera diferente. Tiene que ser añadida a la conciencia puramente física que está ligada a la facultad de la lógica intelectual. Puede rastrearse un aumento y una caída en la evolución de la conciencia humana y vemos en ella un profundo propósito en el desarrollo del hombre.

La antigua conciencia descrita anteriormente se remonta a una época prehistórica de la que no hay pruebas documentales. Zaratustra pertenece a esta época de la que, hasta ahora, no hay tradiciones históricas que hayan llegado hasta nosotros. Fue una de las principales personalidades que dieron un estímulo para dar grandes pasos adelante en la civilización de la humanidad. Sea cual sea el nivel de la conciencia humana en cada momento, es necesario recurrir a estas personalidades como fuente de lo que podemos llamar la iluminación, la iniciación en los misterios superiores del universo. Entre estas personalidades estuvieron Hermes, Buda y Moisés, así como también Zaratustra, a quien vamos a estudiar en el curso de estas conferencias.

Zaratustra vivió por lo menos ocho mil años antes de nuestra era actual, y los dones a la civilización que fluyeron de su espíritu ilustrado brillan claramente a través de los siglos. Los que penetran en las corrientes internas de la evolución humana pueden detectarlo incluso después de este lapso de tiempo. Zaratustra fue uno de aquellos cuya alma había experimentado la Verdad, la Sabiduría y la Intuición en una medida que trasciende con mucho la conciencia normal de la época. En aquella parte de la Tierra que más tarde fue conocida como el Imperio Persa, Zaratustra proclamó poderosas verdades procedentes de los mundos suprasensibles, de regiones que se encuentran muy por encima de la conciencia normal de los hombres de aquel tiempo.

 

Si queremos entender el significado de las enseñanzas de Zaratustra, debernos darnos cuenta de que su misión fue comunicar una determinada concepción del universo a un segmento particular de la humanidad, mientras que otras corrientes tuvieron, por así decirlo, una misión diferente en la cultura humana. La personalidad de Zaratustra es aún más interesante para nosotros, en cuanto que él vivió en una parte del mundo directamente colindante por su lado sur con otra tierra cuyo pueblo transmitió a la humanidad un sistema de espiritualidad completamente diferente. Me refiero a los pueblos de la India, de la cual surgieron los poetas védicos. La región impregnada con el poderoso impulso de Zaratustra se encuentra al norte de la tierra de la que salió la gran enseñanza de Brahma. El mensaje de Zaratustra al mundo fue fundamentalmente diferente de las enseñanzas Brahmánicas de los grandes líderes de pensamiento de la antigua India. Estas enseñanzas de la India han llegado hasta nosotros en los Vedas, y en la profunda filosofía del Vedanta, de las cuales las revelaciones de Buda representan, por así decirlo, el esplendor final.

Vamos a establecer la diferencia entre estas dos corrientes de pensamiento: la que procede de Zaratustra y por el otro lado las enseñanzas antiguas de la India, teniendo en cuenta que el hombre puede alcanzar el mundo espiritual aproximándose a lo largo de los dos caminos. Hay dos maneras en las que podemos elevar los poderes internos del alma por encima de su nivel normal, para que podamos pasar del mundo de los sentidos al mundo suprasensible. Una de ellas es penetrando profundamente en nuestras almas, sumergiéndonos, por así decirlo, en nuestro ser interior. El otro camino está detrás de los velos que se extienden alrededor de nosotros por el mundo físico. Ambos caminos llevan al mundo suprasensible. Si en las experiencias íntimas de la vida del alma profundizamos en nuestros sentimientos, ideas e impulsos de manera que las potencias del alma se hacen más y más fuertes, podremos descender místicamente hasta el “Yo” (el Ser). Al pasar por esa parte de nuestro ser que pertenece al mundo físico, podemos encontrar nuestra verdadera esencia espiritual, la esencia imperecedera que pasa de una encarnación a otra. Al atravesar el velo del ser interno con todos los deseos, las pasiones y las experiencias interiores del alma (que son sólo una parte de nosotros en la medida en que vivimos en un cuerpo físico) podemos entonces llegar a nuestra esencia eterna y entrar en el mundo del espíritu. Por otro lado, si desarrollamos poderes que no sólo perciben el mundo físico con sus sentidos, colores, sensaciones de calor y frío —si fortalecemos nuestros poderes espirituales de tal forma que puedan penetrar el velo que rodea al color, sonido, calor, frío y otros fenómenos físicos— entonces el fortalecimiento de nuestras fuerzas espirituales llegará hasta los mundos suprasensibles, extendiéndose ante nosotros en distancias ilimitadas hasta el infinito. La primera forma es la de la mística y la segunda el camino de la Ciencia Espiritual. Fue en una u otra de estas dos formas en las que los grandes maestros alcanzaron las revelaciones de la verdad que tenían que inculcar a la humanidad como base de la cultura.

En los tiempos primitivos de la evolución de la humanidad sucedió que sólo una de las dos formas estuvo abierta a un pueblo en particular. Sólo más tarde, en la época griega (coincidiendo con el inicio de la era cristiana) se hizo que estas dos corrientes se mezclaran  y poco a poco se convirtieran en una sola corriente de la cultura. Cuando se habla de la ascensión a los mundos superiores, es correcto afirmar que el hombre que iba a realizar ese ascenso debía, en cierta medida, desarrollar los dos tipos de poderes espirituales dentro de su alma, los poderes místicos de la vía interior del yo y los poderes desarrollados por la ciencia espiritual, ya que ésta penetra en el mundo exterior. Hoy en día estos dos caminos ya no están estrictamente separados el  uno del otro, ya que es parte del propósito de la evolución humana que las dos corrientes se deben cumplir. Antes de las épocas griega y cristiana estos dos métodos de desarrollo fueron practicados por los diferentes pueblos que viven en regiones no muy distantes en el espacio. Encontramos rastros de ellos en la cultura de la antigua India, en las canciones védicas y en la civilización Zaratustriana hacia el Norte. Todo lo que tanto admiramos en la cultura de la India antigua —que más tarde encontró su expresión en el budismo— todo esto se logra a través de la contemplación interior, apartándose del mundo exterior. El ojo tenía que ser insensible al color físico, el oído al sonido físico, los sentidos tenían que alejarse de las impresiones exteriores, y, finalmente, tras fortalecer sus poderes anímicos interiores, el hombre alcanzaba a Brahma. En Brahma, el hombre se sintió unido con el ser interior del Cosmos, el movimiento y creatividad. Y así fue como surgió la doctrina de los santos Rishis, que desembocó en los Vedas y vivió en la filosofía Vedanta y en el budismo.

En cuanto a las vías y resortes de las enseñanzas de Zaratustra, él dictó a sus discípulos el secreto de cómo reforzar las fuerzas de comprensión con el fin de penetrar el velo del mundo exterior de los sentidos. Zaratustra no enseñaba al igual que los místicos de la India que decían: “Aléjate de colores y sonidos y de todas las impresiones exteriores de los sentidos, y busca el camino hacia los mundos espirituales en su totalidad por medio de la contemplación interior, en la vida de tu propia alma”.

Por el contrario, Zaratustra enseñaba así: “Fortalece las facultades de conocimiento y la comprensión de todo lo que vive, ya sea vegetal o animal; entiende todas las cosas que viven en el aire y el agua, en las alturas de las montañas o en los valles. ¡Hazte con el mundo!”. Sabemos que para el místico hindú, este mundo era Maya, ilusión; y se apartó de él con el fin de encontrar al Brahmán, pero Zaratustra enseñó a sus discípulos a penetrar en el mundo a través de la comprensión y a sentir, por detrás del reino exterior de los fenómenos físicos, la realidad de un poder espiritual, activo y creativo. Este es el otro camino.

Es notable cómo estos dos caminos convergen en la época griega, donde la comprensión de las cosas espirituales era mucho más profunda de lo que es en nuestro tiempo. Esta comprensión se expresa en imágenes simbólicas, en la mitología. Las dos corrientes de pensamiento, el camino místico al ser interior y el otro que lleva al cosmos exterior, se mezclaron en la cultura griega. Una corriente derivaba su nombre del Dios místico Dionisio, el ser misterioso que se encontraba cuando el hombre descendía más y más profundamente en su ser interior y allí descubría al elemento sub-humano que antes no conocía, y del cual evolucionó a la plena humanidad. A este elemento, todavía sin purificar, aún animal en parte, se le conoce con el nombre de Dionisio. El otro elemento, en el que los ojos del espíritu vieron los fenómenos del mundo físico, fue conocido por el nombre de Apolo[1]. Así nos encontramos con las enseñanzas de Zaratustra expresadas en el culto de Apolo, así como con la doctrina mística de la contemplación en el culto a Dionisos en Grecia. En la antigüedad, estas dos corrientes surgieron por separado, pero en los cultos apolíneos y dionisíacos ambos estaban unidos y mezclados. Si nosotros, en nuestra cultura moderna, nos sometiésemos a un verdadero entrenamiento espiritual, podríamos volver a experimentar a los dos en uno.

Nietzsche tenía una idea de la diferencia significativa entre los cultos de Apolo y Dionisos. Es cierto que no entró muy profundamente en el asunto, pero en su primer ensayo “El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música”, muestra que los cultos apolíneos y dionisíacos de la antigua Grecia se representan por un lado, en la mística actual, y por el otro en la corriente que ahora se expresa a través de la Ciencia Espiritual.

Zaratustra enseñó a sus discípulos a ver el Espíritu detrás de cada fenómeno físico. Toda la civilización inspirada en él se basó en este principio. Ahora bien, no basta con decir que detrás del mundo de los sentidos está lo divino-espiritual. El hombre puede pensar que ha descubierto una gran verdad  ahí, pero ello no conduce a nada, sino a un vago panteísmo[2]. Podemos pensar que expresarnos una verdad cuando decimos: “Dios está actuando detrás de cada fenómeno físico”, pero eso no es más que la concepción de un poder espiritual nebuloso detrás de todas las cosas físicas. Un maestro, como Zaratustra, que en realidad había ascendido al mundo espiritual, no hablaba con esta terminología abstracta y vaga a sus discípulos y a su pueblo. Él demostró que, cuanto más diferentes son los fenómenos físicos individuales, la esencia espiritual detrás de ellos es a la vez más evidente, a otro nivel. Él enseñó cómo detrás del Sol físico -origen de toda vida y actividad- está el centro de la vida espiritual.

Vamos a tratar de condensar en un lenguaje sencillo las doctrinas que Zaratustra trató de inculcar a sus discípulos. El habló así: “El hombre, tal como lo percibimos, no sólo está formado por un cuerpo físico, pues ese cuerpo físico no es sino la manifestación exterior del Espíritu. Así como el cuerpo físico no es sino la cristalización manifiesta de lo espiritual en el hombre, el Sol, en la medida en que es un cuerpo de materia luminosa, no es más que el cuerpo exterior de un Sol espiritual”. A la parte espiritual del hombre se le llama el “Aura” —o “Ahura”, para usar la antigua expresión— a diferencia de su cuerpo físico, y en el mismo sentido la parte espiritual del Sol físico puede ser llamada el “Gran Aura” ya que lo abarca todo. Zaratustra llama a lo que está detrás del Sol físico, Aura Mazdao Ahura Mazdao, el gran Aura. Todas las experiencias espirituales y las condiciones están vinculadas con esta esencia espiritual detrás del Sol, así como la existencia y el bienestar de las plantas, los animales y todo lo que vive en la Tierra están vinculados con el Sol físico. Detrás del Sol físico vive el espíritu del Señor y Creador, Ahura Mazdao. Esta es la derivación del nombre “Ormuz”, el Espíritu de la Luz. Mientras que los hindúes buscaron místicamente en el interior para encontrar a Brahma, el Eterno, que brilla como un centro luminoso en el hombre, Zaratustra señaló a sus discípulos a la gran periferia, mostrándoles que el poderoso Espíritu del Sol, Ahura Mazdao, el Espíritu de la Luz, habitaba en el cuerpo físico del sol. Ahura Mazdao tenía que enfrentarse a su enemigo —Ahriman, el Espíritu de las Tinieblas— al igual que el hombre, que lleva dentro de sí a los enemigos de sus buenos impulsos, se esfuerza por elevar a su verdadero ser espiritual a la perfección, y tiene que luchar contra sus bajas pasiones, deseos, y las imágenes engañosas de la mentira y la falsedad.

Zaratustra fue capaz de transmutar su concepción del universo desde la mera doctrina hasta el sentido real, la visón real. Y así fue capaz de enseñar a sus discípulos que dentro de ellos había un principio activo de perfección. Cualquiera que fuera su desarrollo les enseñó a darse cuenta de que este principio de perfección podría hacerles ascender a estados cada vez más altos de la existencia. Les enseñó que las pasiones y deseos, la mentira y el engaño dentro del alma dan lugar a la imperfección. Zaratustra muestra los ataques que se le hacen a Ahura Mazdao en el mundo exterior por el principio de la imperfección, por el mal que ensombrece a la luz, por Angra Mainyu-Ahriman.

Los discípulos de Zaratustra pudieron así darse cuenta de que el gran universo se refleja en cada individuo. El verdadero significado de esta doctrina no radica en sus conceptos teóricos e ideas, sino en la sensación que provocó en el hombre, un sentimiento que le enseñó su relación con el universo y le hizo capaz de decir: “Aquí estoy yo, un pequeño mundo, pero un mundo que siendo pequeño es una réplica del gran mundo. En los seres humanos, el principio de la perfección se opone al mal; en el gran universo, Ormuz y Ahriman se enfrentan uno al otro. Todo el universo es, por así decirlo, un hombre grande que ha crecido inconmensurablemente y las más altas fuerzas humanas son Ahura Mazdao. Su enemigo es Ahriman”.

Si el hombre dirige su atención verdaderamente al mundo físico finalmente tiene que descubrir que todos los fenómenos son parte del gran proceso cósmico, y se llena de temor cuando la observación celestial le pone de manifiesto el hecho de que las mismas sustancias que existen en la Tierra existen también en las más lejanas estrellas. A la luz de las enseñanzas de Zaratustra, el hombre siente en su ser espiritual que forma parte del espíritu de todo el Universo, y siente que emana de ese Espíritu. En esto radica la gran importancia de su doctrina.

Tal enseñanza no es abstracta sino muy concreta. Incluso cuando la gente de nuestro tiempo tiene un cierto sentimiento de lo espiritual detrás del mundo físico, es muy difícil hacer que se den cuenta de que necesariamente debe de haber más que un poder espiritual central. Pero así como hay diferentes fenómenos naturales: temperatura, luz, fuerzas químicas y otras similares, de la misma forma hay diferentes órdenes de poderes espirituales inferiores, fuerzas subordinadas cuyo ámbito de actividad es más limitado que el de aquel poder omnímodo que todo lo abarca. Zaratustra hizo una distinción entre Ormuz y otros seres espirituales inferiores, que eran sus servidores. Antes de pasar a considerar a estos seres espirituales inferiores, démonos cuenta de que la doctrina de Zaratustra no es el dualismo simple, una enseñanza de los dos mundos, de Ormuz y de Ahriman. Él enseñó que detrás de estas dos corrientes en el universo hay un poder de donde proceden ambos, el reino de la luz (Ormuz) y el reino de las tinieblas (Ahriman). Antiguos escritores griegos nos dicen que la unidad detrás de Ormuz y Ahriman era adorada por los antiguos persas, como la Unidad Viviente, pero es difícil recrear esa idea hoy en día. Zaratustra llama a esto Akarene Zervane, lo que está detrás de La Luz. Para poder llegar a una concepción del significado de esto, pensemos en el curso de la evolución. Debemos concebir toda la creación como un viaje hacia la perfección cada vez mayor, de modo que si miramos hacia el futuro, el Ahura de Ormuz crece más y más en claridad. Mirando hacia el pasado, vemos a los poderes ahrimánicos en oposición a Ormuz, y en el transcurso del tiempo, sin embargo, su existencia habrá de cesar. En todas estas cosas, debemos entender que una observación del futuro y del pasado conduce al mismo punto. Es muy difícil para el hombre de hoy darse cuenta de esto. A modo de ilustración pensemos en un círculo. Si empezamos por el punto más bajo y pasamos a lo largo de un lado llegamos al contrario, al punto más alto. Si se pasa a lo largo del otro lado, también se llega al mismo punto. Si ampliamos el círculo, tenemos que seguir avanzando, y la curva del arco se hace más plana y más plana. Dibuja el círculo más grande y más grande, y el arco finalmente se convierte en una línea recta, a partir de entonces las dos líneas llevan hasta el infinito. Pero antes de esto, con un círculo más pequeño, llegamos al mismo punto a lo largo de ambos lados. ¿Por qué no suponer que el mismo resultado se obtiene cuando los lados del círculo son planos y sus líneas rectas? En el infinito, el punto entonces debe seguir siendo el mismo en un lado como en el otro. Por lo tanto para concebir el infinito, podemos imaginar una línea continua indefinidamente en ambos lados, lo cual constituye, en efecto, un círculo.

Esto es una concepción abstracta de lo que subyace en la doctrina Zaratustriana de la Zervane Akarene, esto es, la Zaruana Akarana. Tomando el concepto del tiempo, mira hacia el futuro por un lado, y al pasado por el otro. El tiempo, sin embargo, está soldado en un círculo; la terminación se lleva  a cabo en el infinito. Esto se representa simbólicamente como la serpiente que se muerde su propia cola, en la serpiente del Poder de la Luz que crece más y más brillante, que se teje por un lado, y por el otro el Poder de las Tinieblas, que parece crecer más y más profundamente. Mientras nosotros permanecemos en el centro, Ormuz y Ahriman, la luz y la sombra, se entremezclan, y en todo esto se teje el autónomo y misterioso “Zaruana Akarana”, el Tiempo.

Esta antigua concepción del universo no se limita a indicar vagamente: “Fuera y por detrás del mundo de los sentidos, que actúa sobre los ojos y los oídos, está el Espíritu”. Sino que una especie de alfabeto, lo que son los registros del mundo espiritual, fue revelado. Supongamos que hoy en día tenemos una página de un libro. Vemos en ella las letras y construimos palabras de estas letras, pero primero tenemos que haber aprendido a leer. Los que no han aprendido a leer en sentido espiritual, no pueden entender a Zaratustra, no pueden leer el sentido de su enseñanza, sino que simplemente ven signos y símbolos. Sólo aquellos que saben cómo construir estas señales en una doctrina a la que sus almas responden, pueden entender a Zaratustra.

Ahora bien, detrás del mundo de los sentidos, en la agrupación ordenada de las estrellas, Zaratustra percibió una escritura simbólica en el espacio cósmico. Así como tenemos un alfabeto escrito, Zaratustra vio en los mundos estelares del espacio, una especie de alfabeto de los mundos espirituales, un lenguaje mediante el cual se convirtió en articulado. Así surgió la ciencia de penetrar en el mundo espiritual y la lectura e interpretación de las constelaciones. Sabía también la forma de descifrar los signos en que los espíritus cósmicos inscriben sus actividades en el espacio. Su lenguaje era la agrupación y el movimiento de las estrellas. Zaratustra y sus discípulos vieron que Ahura Mazdao crea y se manifiesta mediante la descripción de un círculo aparente en los cielos, en el mismo sentido que nuestra Astronomía, y este círculo era para ellos el signo externo de la forma en que Ormuz manifestaba su actividad al hombre. Zaratustra mostró -y esto es un punto muy importante- que el zodiaco es una línea que vuelve sobre sí misma, formando un círculo como expresión de la rotación del Tiempo. En el sentido más elevado, enseñó que, mientras una rama del Tiempo se adelanta hacia el futuro, la otra se vuelve hacia atrás hacia el pasado. Zaruana Akarana, la línea auto-contenida del Tiempo, el círculo descrito por Ormuz, el Espíritu de Luz, es lo que más tarde fue llamado el Zodiaco. Esto es expresión de la actividad espiritual de Ormuz. El curso del Sol a través del Zodiaco es la expresión de la actividad de Ormuz. El Zodiaco es la expresión de Zaruana Akarana. Y Zaruana Akarana y el Zodiaco son una y la misma palabra, como Ormuz y Ahura Mazdao. Y hay dos cosas que aquí deben ser recordadas.

Cuando el Sol pasa en verano a través de la luz, sus plenos poderes caen sobre la Tierra, son las fuerzas de la luz espiritual enviadas por Ormuz desde su reino de luz. Los signos del zodíaco a través de los cuales pasa Ormuz en verano o durante el día revelan su actividad sin verse obstaculizados por Ahriman. Los signos del Zodíaco en el horizonte son símbolo del reino de la sombra a través del cual pasa Ahriman. ¿Cuáles, entonces, son las expresiones de Ormuz (que representa a la parte clara del Zodíaco) y de Ahriman (la parte oscura), en su actividad en la Tierra?

zodiacohumano

 Hay una diferencia entre la influencia del Sol en la mañana y al mediodía. Cuando Ormuz asciende desde Aries a Tauro, el efecto de sus rayos no es lo mismo que cuando está descendiendo. Sus rayos difieren tanto en verano como en invierno y se diferencian con cada signo a través del cual pasa el Sol. El curso del Sol a través de los signos del zodíaco reveló a Zaratustra las múltiples facetas de la actividad de Ormuz, y vio aquí las expresiones de los seres espirituales que son, por así decirlo, los servidores, los “hijos” de Ormuz, quienes ejecutan sus órdenes. Estos poderes subordinados, cada uno con su propia actividad especial, son los “Amschaspands” o “Pentas Ameschas”. Mientras que Ormuz representa la actividad colectiva del Zodiaco, los Amschaspands tienen que realizar las actividades especializadas que se expresan en la radiación del Sol desde Aries, Tauro, Cáncer, y así sucesivamente. La actividad de Ormuz se expresa en la irradiación del Sol a través de todos los signos de la luz del zodiaco de Aries a Libra o Escorpio. Según Zaratustra, Ahriman trabaja desde el centro de la Tierra, desde la oscuridad donde habitan,sus siervos, los Amschaspands, y son los adversarios de los genios buenos que rodean a Ormuz. Zaratustra distinguió doce tipos de seres espirituales, seis o más bien siete, en el lado de Ormuz, y seis, o más bien cinco, en el lado de Ahriman. Se les simboliza como genios buenos y genios malos, o espíritus serviles, en función de si el curso del Sol pasa  por los signos del zodiaco de luz o por los signos oscuros. Goethe estaba pensando en estos ayudantes de Ormuz, cuando escribió al principio del Fausto, en el Prólogo del Cielo:

 

 

“Pero vosotros, puros hijos de Dios,

Disfrutad de la belleza eterna:

Dejad que lo que siempre opera y vive

Os encierre dentro de los límites de su amor,

Y se apodere de pensamientos dulces y melancólicos

Fantasmas al frente de su hermosura”.

 

Los Amschaspands de Zaratustra son los mismos seres a los que Goethe se refiere como los “hijos puros de Dios”, que sirven al más alto Poder Divino.

Hay doce Amschaspands o genios, y a continuación hay otros poderes espirituales de los cuales la enseñanza de Zaratustra distingue veintiocho grados. El número es aproximado, ya que varía entre los veinticuatro, veintiocho, y treinta y uno. Estos poderes subordinados se llaman Izerads o Izods. ¿Qué clase de seres son? Si pensamos en los Amschaspands como las doce grandes potencias en el espacio, a continuación los Izods son las fuerzas subordinadas que están detrás de las actividades más bajas de la Naturaleza, y de éstos  hay entre veinticuatro y treinta y uno. Hay todavía un tercer grupo de poderes espirituales, poderes que, en nuestro sentido, no son muy activos en el mundo físico como tal. Zaratustra les llama Ferruhars o Frawashars. Las doce fuerzas detrás de las cuales viven los Amschaspands están activas en todas las actividades físicas de la luz sobre la Tierra: detrás de los Izods debemos imaginar a las fuerzas que afectan al reino animal. Los Frawashars deben ser considerados como los seres espirituales que guían las almas de grupo de los animales.

Así, Zaratustra vio un mundo real suprasensible detrás del mundo de los sentidos: primero Ormuz y Ahriman, detrás de ellos Zaruana Akarana, y por debajo de ellos los Amschaspands, buenos y malos. Ahora, ¿cuáles son los Izods y Frawashars? Según Zaratustra son la esencia espiritual que impregna el macrocosmos, la esencia de la vida de los fenómenos físicos externos que percibimos con nuestros sentidos. El hombre, tal y como él está en el mundo, es una réplica de este mundo superior, y por tanto contiene dentro de sí todos los poderes que dan alma al mundo superior. Así como hemos reconocido a Ormuz en la lucha del hombre hacia la perfección, y a Ahriman en los instintos impuros del hombre y de sus impulsos, así también podemos encontrar en el hombre la huella de otros seres espirituales, los genios menores.

Y ahora tengo que hablar de algo que hoy en día puede parecer extraordinario a las concepciones habituales mantenidas por el hombre sobre el Cosmos. No está muy lejos, sin embargo, el tiempo en que la ciencia externa descubrirá que hay elementos suprasensibles detrás de todos los fenómenos físicos, un mundo espiritual que está detrás del mundo de los sentidos. Entonces se dará cuenta de que el cuerpo físico del hombre en todas sus partes, es una imagen de todo el Cosmos. El Cosmos se derrama y se densifica en el cuerpo físico del hombre. Por lo tanto, de acuerdo con la concepción de Zaratustra -que se parece mucho a la de la Ciencia Espiritual- podemos decir que tanto Ormuz como Ahriman trabajan sobre el hombre: Ormuz como el impulso hacia su  perfección, y Ahriman como el impulso en oposición al mismo. Pero las actividades espirituales de los Amschaspands también actúan sobre el hombre. Tenemos que pensar de estos seres, hasta ahora densificados en el hombre, que son físicamente manifiestos.

En el tiempo de Zaratustra no había, por supuesto, ciencia de la anatomía en nuestro sentido de tal expresión, pero él y sus discípulos, dentro de su concepción espiritual del mundo, vieron a las doce corrientes de Amschaspands como una realidad. Vieron estas corrientes que fluyen hacia el hombre y su acción sobre él. La cabeza humana era para ellos la expresión visible de las actividades de las siete corrientes buenas de Amschaspands, así como de las cinco malas. ¿Cómo se expresa esta verdad en el momento actual? Hoy en día, el anatomista ha descubierto la existencia de doce pares de nervios craneales que se repiten en el cuerpo. Estas son las contrapartes físicas, las corrientes congeladas, por así decirlo, de los Amschaspands. Hay doce pares de nervios y por medio de ellos el hombre puede alcanzar la máxima perfección, o hundirse en el mayor de los males. Así, la enseñanza espiritual dada por Zaratustra a sus discípulos aparece de nuevo, materializada, en nuestra época. La gente puede considerar una fantasía por parte de la Ciencia Espiritual decir que Zaratustra se refería a los doce pares de nervios craneales cuando enseñó acerca de los Amschaspands, pero el mundo tendrá mucho que aprender de esto, pues un día constatará que todo el tejido del Cosmos en movimiento actúa continuamente sobre el hombre. Las antiguas enseñanzas de Zaratustra están siendo revividas de hecho en la fisiología moderna.

Los veintiocho a treinta y uno Izods ocupan la misma posición subordinada a los Amschaspands al igual que los veintiocho nervios de la espina dorsal actúan con relación a los nervios del cerebro. Los nervios espinales que estimulan la vida del alma del hombre son creados desde afuera por las corrientes espirituales de los Izods, ellos actúan en nosotros y se cristalizan, por así decirlo, en los nervios espinales. Y en cuanto a aquello que no pertenece a la naturaleza de los nervios, pero que nos hace individuos, que no es introducido desde fuera, sino que vive dentro, ahí viven los Frawashars o Ferruhars. Ellos viven en esos pensamientos que trascienden la actividad meramente física del cerebro y los nervios.

Hay una notable conexión entre las tendencias de nuestro tiempo y las doctrinas que Zaratustra dio en imágenes espirituales que fluyen tras el velo del mundo de los sentidos. Sin embargo hay una cosa importante a tener en cuenta. Las enseñanzas de Zaratustra influyeron en el pensamiento de la gente por mucho tiempo y posteriormente pasaron a segundo plano. A veces fue el camino místico de pensamiento el que predominó, a veces lo oculto tras el pensamiento griego mantuvo unidas en cierta medida a las dos corrientes. Hoy en día parece que hay una tendencia a la vía mística. Muchos se sienten atraídos hacia el ocultismo de la India con su tendencia a la introspección, y esto explica el hecho de que en la vida espiritual de hoy en día se preste poca atención a las características esenciales de las doctrinas de Zaratustra. Aunque todavía hay mucho del pensamiento antiguo persa en nuestra propia vida espiritual, sin embargo, en cierto sentido, sus características más esenciales, la esencia misma de la doctrina de Zaratustra, se ha perdido en nuestra época. Cuando nos damos cuenta una vez más que las enseñanzas de Zaratustra son los prototipos espirituales de innumerables ejemplos de la investigación física, la nota clave de nuestra cultura de hoy será reemplazada por otra.

Ahora bien, una característica importante en casi todas las otras corrientes místicas de la cultura no se encuentra en la religión de Zaratustra, y la razón de esto es que su preocupación total se dirige a los fenómenos macrocósmicos. Otros sistemas religiosos han acentuado los contrastes presentados por la división de los sexos. Y mientras en los sistemas religiosos más antiguos las diosas y los dioses son símbolos contrastados de las dos corrientes que actúan en el mundo, la religión de Zaratustra eleva por encima de esta concepción los símbolos del Bien como luz y del Mal como oscuridad. Y la razón, de ello es la pureza sublime de esta religión y su nobleza, que se eleva por encima de las ideas que desempeñan un papel desagradable en cualquier esfuerzo que profundice en la vida del pensamiento de nuestro tiempo. Incluso los escritores griegos declararon que la más alta divinidad tuvo que crear forzosamente a Ahriman, así como a Ormuz con el fin de que pudiera existir el contraste necesario. Esto implica que un poder primordial fue creado en perjuicio del otro. En la religión hebrea, la mujer, Eva, fue el símbolo del mal que vino a este mundo, mientras que en la religión de Zaratustra no existe ningún elemento de antagonismo sexual. Las cosas desagradables que hoy en día entran en tan gran medida en nuestra literatura actual, se introducen en nuestros pensamientos y sentimientos y así acentúan desagradablemente las principales causas de enfermedad y salud, sin afectar a los elementos esenciales de la vida, y todo esto desaparecerá cuando la “heroica” concepción de Ormuz y Ahriman sea entendida, cuando la verdadera influencia Zaratustriana se propague en la cultura actual, vestida con las palabras de su gran fundador.

Estas cosas siguen su propio camino en el mundo y nada puede detener el progreso de la verdad inherente a la cultura de Zaratustra. Si seguimos el progreso de la cultura en Asia Menor, hasta los últimos tiempos entre los asirios, babilonios, egipcios, e incluso hasta la era cristiana, encontramos las huellas de conceptos derivados de la iluminación del gran Zaratustra. Y no nos vamos a extrañar del punto de vista expresado por un escritor griego, de que los grandes líderes espirituales de las razas impartieron a la gente parte de una futura cultura de la que se encontraban necesitados. Este escritor griego señalaba a Pitágoras mostrando lo que había aprendido de sus grandes predecesores —Geometría de los egipcios, aritmética de los fenicios, astronomía de los caldeos— y cómo él se había vuelto a las doctrinas de Zaratustra para aprender de ellas la enseñanza sagrada de las relaciones del hombre con el mundo espiritual y del desarrollo verdadero de la vida. El mismo autor afirma que la conducta de vida establecida por Zaratustra conducía al hombre por encima de todos los conflictos menores, ya que todos ellos culminaban en el gran conflicto entre el Bien y el Mal, donde la victoria sólo puede ser adquirida por medio de la purificación del mal, de la mentira y de la falsedad. El peor enemigo de Ormuz llevaba el nombre de “calumnia”, una de las cualidades principales de Ahriman. El escritor griego nos dice que Pitágoras no pudo encontrar la más alta idea moral (la purificación moral del hombre) entre los egipcios, de quienes aprendió geometría, ni entre los fenicios de quienes aprendió aritmética, ni entre los caldeos de quienes aprendió la Astronomía; pero que tuvo que recurrir a los seguidores de Zaratustra para entender la concepción heroica del universo, ya que la purificación por sí sola puede vencer al mal. Esto demuestra el alto valor dado a las nobles enseñanzas de Zaratustra en los tiempos de la antiguedad.

Lo que he dicho puede ser ilustrado con citas de documentos históricos. Plutarco, por ejemplo, dice que Zaratustra enseña el culto de la luz porque la luz es el factor más importante para el bienestar de la Tierra y el más alto factor espiritual es la Verdad. Ello está completamente de acuerdo con lo que se ha dicho.

Pero volvamos de nuevo a las concepciones védicas antiguas. Ellas fueron el resultado de un descenso místico hasta el ser interior. Antes de que el hombre pueda penetrar en la luz interior de Brahma, se encuentra con sus propias pasiones, con sus impulsos salvajes y semi-humanos, pues éstos se oponen a su entrada en la verdadera vida del espíritu y el alma. Los místicos de la India se dieron cuenta de que la unión mística con Brahma sólo podría ser alcanzada mediante la eliminación de todas las impresiones del mundo físico, y de que las llamadas sensuales de colores y sonidos tenían que cesar. En tanto que estos elementos entrasen en la meditación, los opositores a la consecución de la perfección estarían ahí presentes. El místico indio habría dicho: “Echad todo lo que de las potencias exteriores pueda entrar en el alma; profundizad en vosotros mismos en el núcleo más íntimo de vuestra propia alma; descended al reino de los Devas, y cuando hayáis vencido a los Devas inferiores encontraréis el reino de Brahma. Pero huid del mundo de los Asuras, esos seres que de tan buena gana intentan penetrar en vosotros desde el mundo de Maya, el mundo exterior. A éstos en ningún caso deberá de permitírseles la entrada”.

Y ahora escuchen lo que Zaratustra enseñó a sus discípulos: “Los pueblos del Sur están constituidos de diferente manera y por ello buscan el mundo espiritual de otra forma. Su manera no ayudaría a una nación que tiene como misión no sólo la de soñar y meditar sobre este maravilloso mundo, sino la de enseñar a la humanidad el arte de la Agricultura y la conquista de la barbarie. No miréis las cosas externas solo como Maya, sino que debéis penetrar detrás de este velo de color y sonido que hay a vuestro alrededor. Rehuid todo lo que amenace con mantener vuestra alma dentro de los lazos del egoísmo, y huid de todo lo que lleve el sello de las cualidades dévicas. Abríos camino a través del reino de los Asuras inferiores y ascended a los superiores. Vuestra naturaleza es tal que podéis hacer esto si lo queréis”. En la India los Rishis habían enseñado que el hombre no estaba estructurado como para poder buscar lo que se encontraba en el reino de los Asuras, y que por lo tanto el hombre debería de huir de su mundo y entrar en el de los Devas.

Esta es la diferencia entre las culturas india y persa. A los pueblos hindúes se les enseñaba que los Asuras eran los malos espíritus y que debían de ser evitados, pues la estructura de los indios era tal que sólo podían conocer los Asuras inferiores. Los pueblos persas, por el contrario, sólo conocían los Devas inferiores y por lo tanto se les enseñó: “Penetrad en el reino de los Asuras y seréis capaces de ascender desde allí al reino de los Asuras superiores”.

El impulso que Zaratustra dio a los hombres de su época residía en el hecho de que él tenía un don para la humanidad que podría actuar a través de todas las edades, un regalo que haría despejar el camino de ascenso y conquistar todas las falsas doctrinas que engañan al hombre en su camino hacia la perfección. Zaratustra por lo tanto, se veía a sí mismo como siervo de Ahura Mazdao, y como tal, él conocía personalmente la labor de oposición de Ahriman. Su enseñanza fue pensada para ayudar a la humanidad a una conquista heroica del principio ahrimánico. Encontramos sus palabras registradas en los documentos de una época posterior. Inspirado por el impulso interior de su misión y, encendido por la pasión con la que se sintió como antagonista de Ahriman, dijo: “¡Voy a hablar! Vosotros que viajáis desde lejos, y vosotros que con ganas de escuchar venís de cerca. ¡Fijaos bien en mis palabras! Ya nunca más el Maligno, el falso líder, conquistará al Espíritu del Bien. Demasiado tiempo ha impregnado al habla humana con su mal aliento. Voy a refutarle con el discurso que el Altísimo, el Uno Primordial, ha puesto en mi boca. Voy a trasmitir lo que Ahura Mazdao me dice. Y el que no oiga mis palabras, ni entienda su significado tal y como yo las digo, experimentará mucha maldad al final de los ciclos del mundo”.

 Así habló Zaratustra.

Caigamos en la cuenta a través de estas palabras de que el mensaje de Zaratustra a la humanidad puede ser sentido y experimentado a través de todas las épocas culturales futuras. Aquellos de nosotros que tengan oídos para escuchar los ecos oscuros que aún viven en nuestro tiempo, y si escuchan con oídos espirituales, que escuchen los sutiles tonos de las palabras de Zaratustra a la humanidad de hace miles de años. Para aquellos que tienen oídos para oír, el mensaje de Zaratustra y el de otros grandes líderes de los cuales hablaremos en estas conferencias, pueden resumirse en las siguientes palabras: “Estos Espíritus enviados de Dios brillan como estrellas en los cielos de la Vida Eterna. Que se conceda a cada alma el poder contemplar su esplendor en los ámbitos de la vida terrenal”.

Traductor desconocido.

 

[1] (véase el capítulo VI de “El Oriente a la Luz de Occidente” por Rudolf Steiner)

[2] Panteísmo. Doctrina y creencia según la cual todo cuanto existe participa de la naturaleza divina porque dios es inmanente al mundo. El panteísmo es el sistema de creencia de quienes sostienen que la totalidad del universo  es el único Dios. Esta cosmovisión y doctrina filosófica afirma que el universo entero, la naturaleza y Dios son lo mismo. En otras palabras, la existencia (todo lo que fue, es y será) puede ser representada a través de la noción teológica de Dios.