GA218c6. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 19 de noviembre de 1922

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Mis queridos amigos,

Hoy me gustaría llevar nuestros recientes estudios a una cierta conclusión. Para empezar, podemos recordar, lo que le espera al ser humano inmediatamente después de la muerte. El cuerpo físico se deja a un lado, quedándose  en una condición en la que no se ha encontrado nunca, durante la vida terrenal con la conciencia predominante de nuestra época. Dentro y alrededor de él, tiene su yo, su cuerpo astral y su cuerpo etérico. Desde el nacimiento hasta la muerte, como saben, el cuerpo etérico permanece unido al físico. Incluso en el sueño es el cuerpo astral y el yo del ser humano el que sale de lo físico, y por lo tanto salen del cuerpo etérico también. Ahora, sin embargo, por un corto tiempo después de la muerte (sólo una cuestión de días), el hombre todavía habita en su cuerpo etérico —el cuerpo de fuerzas formativas—  y con ello se permite mirar hacia atrás en el curso de su vida terrenal pasada, que  de hecho, siempre se encuentra en el cuerpo etérico. Como he mencionado en los discursos públicos recientes, esto puede suceder en la iniciación también, cuando el hombre es capaz de dejar libre el cuerpo etérico, él ve el panorama completo de su vida terrena.

Sin embargo, no es por mucho tiempo que podamos retener el cuerpo etérico después de la muerte. Perteneciendo como lo hace a todo el Cosmos, el cuerpo etérico siempre quiere expandirse. Incluso durante la vida, si perdemos nuestro cuerpo físico por un solo instante, nuestro cuerpo etérico se inclinaría de inmediato —como si fuera una fuerza elástica— a disolverse en el cosmos. Solo el cuerpo físico, en el que permanece a lo largo de nuestra vida, lo mantiene unido. Y luego, cuando el poder coherente del cuerpo físico ya no es nuestro, de inmediato el cuerpo etérico comienza a expandirse, tanto que dentro de unos días ya no está para nosotros. Es como cuando tomas una pequeña gota de agua; la gota está allí ante ti; la calienta y se evapora y expande en todas las direcciones; entonces ya no está allí; ya no puedes verla. Así el cuerpo etérico se expande en el Cosmos después de la muerte; después de unos pocos días ya no está allí.

 La ciencia oculta indica que esto solo puede durar unos días. Los iniciados son capaces —artificialmente, por así decirlo— de hacer uso del cuerpo etérico, incluso durante la vida terrena. A pesar de que permanece en el cuerpo físico, nos volvemos capaces de hacer caso omiso de este último, con el cuerpo etérico como tal. A la vez tenemos el panorama de nuestra vida terrena hasta el momento. Sin embargo, al mismo tiempo vemos como resplandece y brilla en nuestro cuerpo etérico, un reflejo del gran universo. La totalidad de los cielos estrellados están en el cuerpo etérico. De inmediato tenemos el panorama de nuestra vida terrenal hasta el momento dado. Sin embargo, al mismo tiempo vemos irradiar y brillar en nuestro cuerpo etérico un reflejo del gran Universo. Todo el Cielo estrellado está allí en el cuerpo etérico. De hecho, no se puede ver el cuerpo etérico separado del físico sin mostrar a la vez el mundo estrellado en todas las direcciones: incluidos los planetas y las estrellas fijas. Son los planetas y las estrellas fijas los que finalmente reciben nuestro cuerpo etérico. La ciencia espiritual muestra que podemos mantener las imágenes en nuestro cuerpo etérico solo durante tres o cuatro días como máximo; luego se desvanecen, y para evitar ser desconectados del todo, debemos regresar a nuestro cuerpo físico antes de que esto suceda; de lo contrario, el cuerpo etérico ya no se mantendrá unido. Y así, de hecho, unos días después de la muerte, el cuerpo etérico se desvanece, no lo tenemos más. Sin embargo, nosotros mismos somos progresivamente recibidos en el mundo de las estrellas.

Al principio, cuando nos despojamos de nuestro cuerpo etérico, nos sentimos como extraños en medio del mundo de las estrellas. Sólo la luna, las fuerzas lunares nos son familiares. La Luna emerge por un lado como una imagen detrás de su apariencia física. Al mismo tiempo sin embargo, empezamos a descubrir qué tipo de fuerzas espirituales están conectadas con ella. Nos hacemos conscientes de cómo, con la Luna, está conectado Iahvé —el poder del universo, como se explicó en la conferencia anterior. Para el alma que ha pasado por la Puerta de la Muerte, la Luna se transforma, por así decirlo, en una colonia de seres espirituales, y Iahvé es su líder. Ahora, después de la muerte, realmente aprendemos a conocer lo que la ciencia espiritual nos relata, pues las imágenes de estas verdades espirituales pueden ser recibidas por la Ciencia Espiritual incluso en la vida terrenal. Aprendemos a conocer lo que significa que el hombre en la Tierra tiene que morir. Sí, es a través de la Luna —a través de los Poderes de Iahvé— que aprendemos el significado de la muerte.

En cuanto a la muerte desde el punto de vista terrenal, vemos el cuerpo físico del ser humano sin vida, en tanto que el alma, el espíritu y el cuerpo etéreo que lo llenaron hasta la fecha han desaparecido. El cuerpo físico es recibido por las fuerzas de la Tierra, es decir, por los elementos —por la tierra y el agua si se ha enterrado o si es cremado por el aire y el fuego. El cuerpo humano físico, que se dejó a un lado por el ser humano que lo moraba, es recibido ahora por las fuerzas de la Tierra. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿Qué significa para el cuerpo físico que se le deje a un lado por el hombre y sea entregado a la destrucción? La verdad es que: cuando el hombre nace y trae con él la fuerza de crecimiento infantil —es más, incluso antes de su nacimiento, cuando, como embrión en el vientre de su madre, como cuerpo que ya pertenece a la Tierra— son estas mismas fuerzas, las que se manifiestan como fuerzas de destrucción, cuando el hombre muere, las que ayudan a construir su cuerpo. Las mismas fuerzas que se desprenden del cuerpo físico humano en la muerte, que se manifiestan en la muerte donde el cuerpo físico se desintegra, juegan un papel esencial en la construcción de este mismo cuerpo. A través de sus experiencias astrales etéreas y subsecuentes, el hombre mismo va al Mundo Espiritual, sin embargo, algo de importancia sucede también aquí en la Tierra. Del cuerpo físico se libera una aparición espiritual que emerge, por así decirlo, del cuerpo humano. Mientras que el ser humano real sigue su camino, aquí, en el otro lado, podríamos decir que otro ser proviene del cuerpo humano. Verdaderamente es así cuando un ser humano muere. Allí yace su cuerpo físico, el hombre mismo se está alejando de él, y al mismo tiempo otro ser lo abandona. ¿Qué es este otro ser? Son las fuerzas de la Luna, viviendo como lo hacen también aquí en la Tierra. Aunque se concentran en la entidad cósmica que llamamos Luna, el alcance de estas fuerzas se extiende a lo largo y ancho, y en la Tierra se manifiestan en los poderes de la Muerte. Además, los poderes de la Muerte son al mismo tiempo los de Nacimiento. Conducen al ser humano a la vida terrenal y se manifiestan cuando él lo abandona. Así comenzamos a darnos cuenta de la profunda conexión entre el nacimiento y la muerte. Tomen a todos los seres humanos que mueren en tiempos sucesivos. De cada uno de ellos, a su vez, surge por así decirlo la aparición de la muerte se une a una atmósfera espiritual que está allí alrededor de la Tierra, no menos que el aire que respiramos. Esta atmósfera espiritual contiene lo que la muerte renuncia y el nacimiento recibe. Desde las mismas fuerzas que se elevan hacia arriba, por así decirlo, desde los cadáveres humanos, nacen a su vez los seres humanos. Espiritualmente, nuestros poderes de crecimiento están íntimamente conectados con esta esfera de fuerza de muerte, o fuerzas que se manifiestan en la muerte, que rodea a la Tierra.

Ahora, mis queridos amigos, piensen en lo siguiente: Estas fuerzas espirituales, de la muerte y el nacimiento a la vez, como hemos visto son las fuerzas de la Luna, y en ellas se mezcla todo lo que el ser humano muerto, a lo largo del camino desde el nacimiento hasta la muerte, acumula a través de los poderes morales, de los valores morales. Si has sido bueno de alguna manera, en la esfera de estas fuerzas lunares de muerte encontrarás, por así decirlo, un ser específico, imbuido de la fuerza interna que se deriva de tu bondad. Sin embargo, el mismo ser está imbuido de todo lo que se deriva de tu maldad. Es un ser que engendramos nosotros mismos, durante el tiempo, mientras vivimos en la Tierra. Desconociéndolo como estamos en nuestra conciencia normal, lo acarreamos en nosotros. Lo dejamos todas las noches cuando estamos durmiendo, porque en efecto, esta entidad permanece en el cuerpo físico cuando al dormir salimos de él. Ya les dije, ¿no es cierto, que nuestros sentimientos morales y religiosos se quedan dormidos en el cuerpo físico y etérico? También queda atrás este ser real que nosotros mismos damos a luz durante la vida terrenal, —el portador de nuestro Karma.

Este ser ahora permanece con nosotros después de la muerte mientras permanecemos en el reino de las fuerzas de la Luna. De hecho, solo porque este ser nos mantiene en medio de las fuerzas lunares, es decir, en el vecindario cercano de la Tierra, durante la primera etapa después de la muerte estamos obligados a permanecer conectados con ellas y con nuestro propio Karma, tanto que vivimos de nuevo a través de todos los actos que hicimos en la Tierra desde el nacimiento hasta la muerte. Tenemos que vivirlos de nuevo de una forma espiritual, tres veces más rápido de lo que lo hicimos en la Tierra. Lo vivimos nuevamente en orden inverso. Entonces pasamos un período de tiempo después de la muerte, obligados a hacer cosas íntimamente conectadas con nuestros actos terrenales. Estamos unidos, es verdad, ya no a través del cuerpo físico con las fuerzas de la muerte de la Luna (porque hemos dejado el cuerpo físico a un lado), y sin embargo como seres anímico espirituales estamos obligados a llevar a cabo acciones íntimamente conectadas con nuestras obras en la Tierra. Y a medida que avanzamos en nuestra vida nuevamente en orden retrógrado, nuestro Karma se nos hace cada vez más convincente.

Sin embargo, con todo esto, mis queridos amigos, deben recordar sobre todo juzgar estos asuntos espirituales de una manera espiritual. Si apreciabas a un ser humano en la Tierra, ahora puedes estar sintiendo: ¡ay!, después de su muerte, él vivirá de nuevo a través de todo lo que fue malo o defectuoso en sus acciones. Desde un punto de vista físico y terrenal, lo sientes por él. Pero si le preguntas al alma misma que ha atravesado la puerta de la muerte, si él también lo juzga así, él respondería: “No. No quisiera someterme a esta vida después de la muerte de otra manera que no sea con el juicio que es mío aquí y ahora, como un ser puramente anímico espiritual, experimentando de nuevo todas las cosas, para impresionarlos aún más profundamente en mi verdadero ser. Si he sido responsable de cualquier acción que me haga parecer un hombre moralmente imperfecto, y si no pudiera volver a vivirlo con toda la profundidad interior como lo estoy haciendo ahora, no sentiría el fuerte impulso de poder hacerlo mejor. No quisiera liberarme de este, mi fallo. Precisamente al experimentar la acción una y otra vez en alma y espíritu, nace en mí el impulso para superarlo con una mejor acción”. No, por nada en el mundo, los muertos renunciarían a esta oportunidad para hacerlo mejor otra vez, porque solo esto le dará poder para alcanzar su plena humanidad, le dará la fuerza para ser completo. En este aspecto, pueden estar seguros, así como un paisaje se ve muy diferente visto desde el valle o desde la cima de una montaña, la vida misma se ve diferente desde este mundo físico donde estamos ahora y desde ese otro lado. Con demasiada frecuencia, las relaciones entre la vida terrenal y la vida después de la muerte, que después de todo trasciende lo físico, son mal juzgadas por esta razón. Piensen en otro ejemplo, mis queridos amigos. Tal vez eres un antropósofo muy bueno, muy interesado en la ciencia espiritual, pero estás viviendo en la misma casa y en estrecha relación con alguien que la detesta, que considera la antroposofía como su mayor enemigo. Ahora puede decir que lamenta mucho haberle causado tanto dolor por su apego a lo que detesta. Desde el aspecto de la vida terrenal esto puede ser juzgado correctamente. Visto desde el otro lado, sin embargo, muy a menudo resulta que por el Karma de la otra persona no podía acercarse a la antroposofía debido a los obstáculos traídos de una vida anterior,  haciéndola muy odiosa en su cabeza. En cuanto a su cabeza, simplemente no podía soportarlo. Se enojaba y se excitaba cada vez que oía hablar de verdades antroposóficas. Sin embargo, en lo más íntimo de su corazón, puede que no sea reacio a ellas en absoluto, y cuando muere, bien puede ser que después tenga un profundo anhelo por la antroposofía. A menudo, por lo tanto, harán justo lo que se necesita para alguien que la odió durante la vida terrenal, si después de su muerte recurren a él con pensamientos derivados de la Antroposofía, para llevárselos. Por paradójico que parezca, no pocos parientes que se enfurecieron y asaltaron cuando otro miembro de la familia se convirtió en un antropósofo se han apegado profundamente a él después de la muerte. A este respecto, una vez más, deben tomar en serio lo que dije durante mi última estancia aquí: juzgamos la vida de forma muy diferente desde ese lado que desde este lado.

Sí, el hombre se vuelve muy diferente después de su muerte. Porque también deberían pensar en esto: en la vida física y terrenal el cerebro está dentro en la cavidad del cráneo; un poco más abajo está el pulmón y luego los otros órganos. Más hacia afuera, en la superficie del cuerpo, están los sentidos. Por todo lo que está contenido dentro de los límites de la piel, pueden percibir el mundo exterior. Ahora después de la muerte tú mismo sales al mundo. Al principio las estrellas solo brillan en tu cuerpo etérico, pero cuando el cuerpo etérico también ha sido dejado de lado, en realidad te identificarás con las estrellas. Antes, tenías en ti un cerebro; ahora tendrás en ti las esencias espirituales de Venus, Mercurio, el Sol, etc. Puedes decir realmente: incluso cuando en la Tierra tenía en mí mi pulmón, mi corazón, mis riñones y demás, entonces Luna, Mercurio y Sol están en mí ahora. Tú en tu ser interno eres uno con el gran Universo. ¿Te imaginas que el Universo te proporcionará el mismo tipo de percepción y comprensión que tu cerebro? ¡El mundo se verá muy diferente a ti ahora! La Tierra misma se ve diferente cuando la contemplamos desde el Sol que cuando nosotros mismos estamos en la Tierra y miramos hacia el Sol.

Entonces, experimentamos en toda su realidad esta recapitulación hacia atrás de nuestra vida, tiempo durante el cual permanecemos en estrecha conexión con la Luna, Mercurio y Venus, mientras que nuestra relación con las estrellas más distantes: con Marte, Júpiter y Saturno, y con el Estrellas sobre todo, aún está débilmente desarrollada.

Cuando hemos retrocedido así en nuestras acciones hasta el nacimiento, entonces las juzgamos desde el punto de vista de las estrellas; y en nuestro juicio de nosotros mismos ya no miramos hacia atrás sino hacia adelante. Tenemos el tipo de juicio que nos dice: debes hacer esto para equilibrar esta acción, y así equilibras otra acción, y así sucesivamente.

Estamos inmersos en la recapitulación de nuestra vida durante los primeros veinte o treinta años después de la muerte, de acuerdo con la edad que alcanzamos; toma un tercio de la vida terrenal. (Los niños que han muerto lo pasan rápido: mientras que para los niños muy pequeños, concluirá fácilmente, apenas se cuestiona). Conectados todavía en alma y espíritu con la vida terrenal pasada, viven nuevamente en secuencia hacia atrás. Y cuando al fin haya llegado al momento del nacimiento, solo el “recuerdo” del mismo permanecerá con nosotros. Es como si en este momento tuviéramos que dejar de lado otro cuerpo más. Estamos acostumbrados a decir que dejamos de lado el cuerpo astral. Lo que sucede en realidad es que la acción viviente en la que se estaba inmerso ahora se transforma en una imagen mental, solo que se piensa con una conciencia perteneciente a las estrellas, mientras que aquí en la Tierra se estaba pensando con una conciencia terrenal.

A medida que se avanza ahora en el camino más allá en el mundo espiritual, se vive con los Seres de quienes la refulgencia física es el Sol, la Luna y las Estrellas. Con los Seres espirituales de las estrellas vivirán ahora. Además, en esta vida en medio de las estrellas, llevas contigo el recuerdo de la entidad kármica que debiste dejar a un lado con tu cuerpo astral. Una vez más, el “dejar de lado” significa nada más que el hecho de que la vida en la que estábamos inmersos y en la que nos hemos involucrado activamente ahora no es más que un recuerdo para nosotros: un recuerdo que nosotros, como Hombres cósmicos, llevamos incorporado. Ponderado con este recuerdo, el legado de nuestra vida terrenal, nos adentramos en un mundo puramente espiritual.

Mientras se somete a la recapitulación antes mencionada de la vida terrenal pasada, el hombre está esencialmente dentro de la esfera planetaria. Avanzando de las fuerzas espirituales de la Luna a las de Venus, Mercurio, Sol, Marte, Júpiter y finalmente Saturno, viviendo por lo tanto entre las esferas de la Luna y Saturno, sintiendo dentro de sí mismo el Cosmos Planetario, a lo largo de este tiempo el hombre aún se está sometiendo a la recapitulación hacia atrás de su reciente vida terrestre. Hace unos días les contaba cómo las fuerzas de la Luna y Saturno que llevan al hombre al reino terrenal, buscando una y otra vez mantenerlo en la Tierra, Saturno, por otro lado, busca llevarlo al Universo de estrellas. Sin embargo, debemos comprender esto verdaderamente, porque cuando el hombre entra en el Universo de las Estrellas entre la muerte y el nuevo nacimiento, ya no ve el reflejo físico de las Estrellas; él está viviendo ahora con los Seres, a quienes pertenecen las Estrellas.

Cuando después de la muerte pasamos la esfera de Saturno, llegamos a estar maduros para experimentar el mundo espiritual puro. En el libro “Teosofía”, este momento se describe como el paso del mundo del alma a la tierra del Espíritu. Sin embargo, traumatizado por el recuerdo de su pasada vida terrenal, el hombre es incapaz de cruzarlo él solo. Él necesita un ayudante en el mundo espiritual, y de esto también, recordarán, lo he explicado en conferencias recientes. En la época anterior al Misterio del Gólgota, los Iniciados en los Misterios podían decir a sus discípulos: Si han enviado debidamente sus ofrendas religiosas al mundo espiritual, podrán encontrar el Ser sublime del Sol que los acompaña desde el momento en que tú mismo te apartas de la esfera solar. Él en Su Ser espiritual los acompañará al otro lado, donde, por así decirlo, el Sol brilla espiritualmente en el espacio cósmico, incluso mientras Él mismo brilla físicamente sobre la Tierra. El Ser sublime del Sol irá contigo; Él los escoltará a la esfera de Saturno y más lejos desde allí a la esfera de las Estrellas. El Sol espiritual, por así decirlo, estará brillando para ti; y así recorrerás tus pasos del mundo anímico hacia la Tierra del Espíritu.

Ahora a través del Misterio del Gólgota algo diferente se ha extendido. El Ser del Sol descendió a la Tierra, tomando un cuerpo en el Hombre, Jesús de Nazaret. Al volverse ahora con el corazón, la mente y el sentimiento al Cristo y al Misterio del Gólgota, ya aquí en la Tierra, el hombre recibe el poder que le permitirá ir más allá de las esferas del Sol y Saturno, para entrar en la Tierra del Espíritu,  —en otras palabras, en el mundo de las Estrellas.

Luego viene el estado en el que el hombre experimenta su vida posterior entre la muerte y el nuevo nacimiento. Y ahora voy a contar más sobre este estado, en la forma en que el hombre de hoy en día —después del misterio del Gólgota— puede sufrirlo en virtud del poder que ha recibido de Cristo, debo insertar lo siguiente. En primer lugar, debo señalar lo que realmente significa, cuando estamos en el mundo de las Estrellas, en la Tierra del Espíritu, que tengamos el “recuerdo” de nuestra vida terrenal. Lo siguiente les ayudará a entenderlo.

Al ir más allá de la esfera de Saturno, entramos en lo que se llamó el Zodíaco, en las concepciones del mundo antiguo. Aunque se suponía que tipificaría los cielos de estrellas fijas como un todo —la Tierra del Espíritu, en otras palabras— en la suma total de las estrellas que constituyen el Zodíaco, tenemos una imagen completa del camino que el Hombre debe atravesar, construyendo desde el Cosmos, con la ayuda de los Seres de las Jerarquías, la semilla del Espíritu de su cuerpo físico para la próxima encarnación. Si dijeran: “Aquí en la Tierra tenemos un trabajo tan interesante que hacer, construir una civilización, trabajar para nuestros semejantes y demás; cuán pobre debe ser dedicarse solo a formar un cuerpo para nosotros mismos” estarían cometiendo un gran error. Nada de lo que se pueda hacer en la Tierra puede ser tan grande y múltiple como lo que tienes que hacer cuando, desde los mundos estelares, construyes este templo de los Dioses que es el cuerpo humano. Esta es, con mucho, la tarea más grande y más múltiple. Tampoco haces meramente tu propio cuerpo por ti mismo. Como veremos en un momento, realmente lo haces para que pertenezca a la humanidad como un todo. Asociado como estas por el Karma con un ser humano u otro, mientras construyes tu nuevo cuerpo lo imbuyes con la tendencia de unirte de nuevo de una manera beneficiosa, para que junto con ellos se puedan hacer las cosas bien. Estás trabajando para la humanidad en un grado mucho más alto que el que puedes hacer aquí en la Tierra. Ahora, en cuanto a cómo se trabaja en medio de las estrellas, déjenme describirlo con más detalle, solo recuerden lo que dije antes. Contar los sublimes mundos de allá, solo puedo hacerlo en imágenes; los conceptos humanos de nuestro tiempo no están tan formados como para permitirnos expresarlo de otro modo.

Una vez más, tienes que construir en su totalidad la semilla espiritual de tu próximo cuerpo físico. Lo construyes con los ingredientes del Universo. Cuando, por ejemplo, vives en y con los Seres espirituales que tienen su reflejo físico en la constelación de Aries, el Carnero, trabajarás con las Jerarquías de Aries en la formación de tu futura cabeza, que de hecho es un Universo en sí misma. No importa cuán contraída esté aquí en el cuerpo físico, en tu cabeza llevas todo el Cosmos: el Cosmos visto desde el aspecto de Aries. Y mientras, en el escenario de Aries, estás trabajando con la Jerarquía de esa constelación, los planetas están brillando; a medida que brillan físicamente sobre la Tierra, también brillan espiritualmente hacia el otro lado. Digamos, por ejemplo, que has trabajado desde Aries hasta la siguiente constelación: Tauro, el Toro. Mientras trabajas con las Jerarquías de Tauro, elaboras la región de tu laringe en su conexión con los pulmones. Mientras tanto, Marte, desde las esferas planetarias, brilla en la esfera de Tauro, y en los movimientos de Marte se expresa todo lo que hiciste con tus órganos del habla, correcta o incorrectamente, mientras estabas en la Tierra. Cada mentira que un hombre pronunció brilla espiritualmente desde el planeta Marte mientras está trabajando a través de la esfera de Tauro. Por lo tanto, pueden imaginarse cuál es la naturaleza de la “memoria” que conservamos de nuestras propias obras. Las encontramos después de la muerte, escritas en el Universo; como el mismo Logos, hablando desde el Universo desde ese otro lado de la existencia del mundo.

Por lo tanto, tenemos que trabajar en nuestro cuerpo futuro para la región de los órganos del habla, obstaculizando o ayudando de acuerdo a como mentimos o contamos la verdad. Y así es, por tomar otro ejemplo es cuando estamos pasando por la constelación de Leo. Es el Sol ahora el que arroja luz espiritual sobre todas las imperfecciones de nuestro corazón, más o menos profundas o superficiales como lo hemos sido con nuestros sentimientos y con nuestras simpatías o antipatías, pertenecientes a nuestro temperamento y a la circulación de la sangre mientras estábamos en la Tierra. Entonces, mientras trabajamos y construimos nuestro cuerpo futuro, el lenguaje de los Planetas, que suena en los espacios cósmicos, expresa toda nuestra vida precedente. Es así de hecho y en verdad, por extraño que pueda parecer desde un punto de vista terrenal. Vemos los movimientos planetarios desde ese lado, incluso desde fuera —Marte, por ejemplo, moviéndose en la constelación de Tauro. Los movimientos se forman a sí mismos en una escritura cósmica, pero la escritura no es muda, realmente suena en el Universo. Tal es la escritura de las estrellas, de nuestras propias obras inscritas en los espacios cósmicos. No es de extrañar que a nuestro regreso preparemos lo que será nuestro: la medida de nuestro Karma. Porque solo podemos construir el cuerpo físico para nuestra vida futura bajo la influencia incesante de este hablar de las Estrellas.

Entonces, continuamos nuestro camino a través del reino espiritual. Cuanto más tiempo pasamos en este viaje espiritual, mayor es la proporción de nuestra conciencia plena en la vida terrenal pasada a la conciencia débil que teníamos como niños pequeños.   Porque ahora estamos en un estado de conciencia que trasciende la conciencia que teníamos en la Tierra, así como nuestra conciencia terrenal como hombres y mujeres adultos trasciende el estado soñador de la infancia. Existen claramente estas tres etapas. Si un hombre vivió hasta la edad de treinta años y pasó los primeros cinco años en la conciencia ensoñadora de la infancia, vivirá seis veces más en una conciencia más plena. Así que ahora, de nuevo, vive seis veces más que toda su vida terrenal con la plena conciencia que le pertenece en medio de las estrellas. Por lo tanto, lo entendemos de manera muy simple: un niño que muere vivirá solo por un corto tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento. Mientras más años vive un hombre en la tierra, más tiempo debe pasar allí. Porque con su larga vida en la Tierra, su conciencia superior se oscureció por un tiempo más prolongado, me refiero a la conciencia superior a la  terrenal a la que se sometió en el mundo espiritual después de su muerte anterior. Cuanto más se oscurezca esta, más tiempo debe trabajar para volver a encenderse. Porque debemos entrar completamente a la luz.

Cuando estamos completamente en la luz, llega el momento entre la muerte y el nuevo nacimiento que encontrarán descrito en uno de los Dramas Misterio como la medianoche en la vida espiritual del hombre. Es aproximadamente en la mitad del tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento. Este es el momento en que nuestra conciencia, en medio de los Seres de las Jerarquías del mundo espiritual, está más impregnada de luz espiritual. Sin embargo, en este momento también experimentamos más profundamente: allá abajo en la esfera planetaria está el registro permanente de todo lo que tú, hombre, hiciste. No puedes abandonarlo, no puedes dejarlo así, así nos lo dijimos a nosotros mismos, ni puedes alterarlo mientras estés aquí; puedes cambiarlo solo bajando a la Tierra. Y así surge la urgencia, de descender nuevamente a la Tierra, —acordándolo, por así decirlo, con la Luna y Saturno. Las fuerzas de la Luna se delinean para nosotros una vez más y decidimos seguirla, por lo tanto, iniciamos nuestro viaje de regreso.  Si un hombre creció hasta la vida adulta en su última encarnación,  será siglos después.

Mientras vamos acercándonos a la esfera planetaria y notablemente a las esferas de Mercurio, Venus y la Luna, más vamos perdiendo la conciencia de comunidad con los Seres de las Jerarquías. Por decirlo con más precisión: la conciencia en la que entramos ahora contiene solo las revelaciones de estos Seres espirituales, mientras que hasta hace poco nos sentíamos viviendo entre ellos y dentro de ellos. Mientras preparamos la cabeza humana de nuestra próxima encarnación, por ejemplo, nos sentimos trabajando muy íntimamente con ellos. Ahora nos aparecen como en imágenes. Mientras tanto, dentro de nosotros van surgiendo las fuerzas de la Luna. Nos sentimos una vez más: somos un ser destinado a vivir nuestra propia vida. Aunque todavía no estamos en un cuerpo físico, tenemos una premonición de vivir en nosotros mismos, como extraños del Cosmos. Ya no vemos los Seres espirituales como realmente son; todo lo que ahora poseemos son sus imágenes.

Mientras revisamos estas imágenes, la semilla espiritual del cuerpo físico que estábamos preparando cae cada vez más lejos de nosotros y desaparece. Estamos obligados a presenciar esto: la semilla espiritual se nos ha caído; se ha convertido en una madre y un padre físicos, entrando en las fuerzas de la generación, en la corriente de la generación sobre la Tierra física. Entonces lo es en toda la realidad. El cuerpo físico que también estábamos preparando va contrayendo paulatinamente y cae en la corriente de la generación —en un padre y madre físicos en la Tierra— mientras que nosotros, como seres anímico espirituales, somos dejados atrás, sintiendo que pertenecemos a lo que nos ha caído, pero que no podemos unirnos directamente a ello. En esta condición —es nuestro único medio para volver a unirnos con ello— ahora comenzamos a atraer hacia nosotros las fuerzas del Éter que están en el Cosmos; comenzamos a formar nuestro cuerpo etérico. Hacemos esto cuando la semilla espiritual de nuestro cuerpo físico ya ha caído de nosotros y está allá abajo en la Tierra, preparando el cuerpo físico en el útero de la madre, mientras estamos reuniendo las fuerzas con las que formamos nuestro cuerpo etérico. Con este cuerpo etérico nos unimos, cuando la semilla humana ya lleva un tiempo en el útero materno.

Tal es el proceso de retorno a la vida terrenal. Hemos estado viviendo con las imágenes, nada más que las imágenes, de los Seres espirituales; ahora incorporamos lo que podemos tomar en nosotros mismos solo a través de las fuerzas de la Luna. Lo que hasta ahora no era más que el “recuerdo” de nuestra propia entidad kármica, ahora lo tomamos como fuerzas efectivas reales, directamente en nuestro cuerpo etérico. Y así, luego van apareciendo en la Tierra de tal manera que nosotros mismos ocasionamos el desarrollo de nuestro destino, de nuestro Karma. Es al atravesar las fuerzas lunares donde concebimos el anhelo de vivir y cumplir nuestro Karma en la Tierra.

Tal, mis queridos amigos, es el ciclo a través del cual el hombre vive desde la muerte hasta el nacimiento. Primero experimenta el ascenso hacia la conciencia independiente dentro de la esfera espiritual. A partir de entonces, esta conciencia gradualmente se empapa nuevamente en el crepúsculo; la esfera del Espíritu permanece con él solo en imágenes, y recibe en sí la voluntad del Karma. Regresa a la Tierra para trabajar una vez más en un cuerpo físico. Así que continúa, hasta que a través de una secuencia de tales vidas en la Tierra se vuelve capaz de otra metamorfosis, de otro modo de ser.

En el tiempo terrenal actual es como he estado relatando. En su descenso de las esferas estrelladas, el hombre tiene el recuerdo de su antigua existencia terrestre y ahora comienza desde este recuerdo. Después de haberlo preparado para sí mismo dentro de las esferas estrelladas, en su descenso ahora se une con su propio cuerpo físico. Pero ahora estamos viviendo en un período muy importante de la existencia de la Tierra, cuya importancia solo podemos comprender si primero sabemos lo que acaba de relatarse, cómo en las esferas estrelladas nos preparamos, trabajamos y adquirimos el cuerpo físico donde finalmente nos incorporamos cuando de nuevo bajamos a la Tierra. En este punto, está a punto de suceder algo de gran significado en nuestra época. Diré más sobre esto en la tercera parte de la conferencia.

A menudo he llamado la atención sobre el hecho de que en el último tercio del siglo XIX, los cambios cuyo origen está en el mundo espiritual comenzaron a afectar el curso completo de la vida terrenal humana. Las puertas del conocimiento estaban en cierto modo abiertas al mundo espiritual. Si el hombre está debidamente activo por su parte, ahora puede alcanzar el mundo espiritual con verdadera cognición, mientras que durante muchos siglos antes, mientras se desarrollaba el conocimiento material, esta posibilidad no le había sido dada.

El cambio tuvo lugar al principio en el mundo espiritual, en el sentido de que los Seres que habían estado dirigiendo hasta ahora fueron reemplazados por ese Ser espiritual que por su semejanza de carácter con lo que tradicionalmente se conoce con este nombre puede describirse como el Ser de Michael, podemos decir verdaderamente, que Michael se ha hecho cargo de la guía espiritual de la humanidad. El hecho de que Michael ahora está entrando en la vida anímico espiritual de la humanidad tiene su equivalente visible en la Tierra. Un número cada vez mayor de personas comienza a darse cuenta de que el hombre está viviendo constantemente conectado, no solo a través de su cuerpo físico con la Tierra, sino a través de su alma y espíritu con el mundo espiritual. El hombre está creciendo en conocimiento espiritual consciente. Este es un aspecto del liderazgo de Michael, pero también hay otro. Estar sinceramente lleno de conocimiento espiritual también afecta el corazón humano, al alma humana. Cuanto más se difunda la luz de la Ciencia Espiritual, menos seguirá siendo una mera teoría; se derramará en el sentimiento humano, estará presente en forma de verdadero amor humano, en círculos cada vez más amplios.

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¿Cuál es, en efecto, la relación con el ser humano de todo el aprendizaje y la información acumulados en los últimos siglos? Vive como conocimiento en la cabeza humana; no llega al hombre completo, no fluye desde la cabeza hacia el ser humano como un todo. El conocimiento de este tipo se convierte en una especie de tumor en el alma. Al no recibir las fuerzas adecuadas del resto del ser humano, se endurece gradualmente. Esto es lo que ocurre cuando simplemente nos hacemos más inteligentes en nuestra cabeza, y los sentimientos apropiados, surgidos del resto de nuestro ser humano, ya no impregnan nuestra creciente inteligencia. Se establece un tipo de crecimiento canceroso en nuestra alma y vida espiritual. La cabeza en sí misma no puede prosperar realmente si el ser humano no está viviendo en el mundo con amor sincero, y con disposición a lo que ama.

Sin embargo, el hombre nunca entenderá lo que el liderazgo de Michael pretende a menos que salga a su encuentro con su propia contribución activa, a menos que abra su mente a la iluminación espiritual y se llene del amor humano que brota de tal iluminación. Cuando lo haga, también se hará consciente, con una comprensión cada vez mayor, del significado del liderazgo y la guía de Michael.

La gente del Antiguo Testamento, —ellos también hablaron de un liderazgo de Michael, y al hablar así concibieron a Michael como el servidor de Iahvé. Por lo tanto, Michael, en los tiempos del Antiguo Testamento, trabajó con esas fuerzas espirituales que son las fuerzas de Iahvé. Él era el rostro de Iahvé. Ayudó en la lucha inexorable de la que hablé antes: la lucha con los poderes ahrimánicos. En nuestra época, por otro lado, el liderazgo de Michael comienza ahora a ayudar a regular los destinos históricos de la humanidad, también significa que la palabra se hará realidad en el presente: El liderazgo de Cristo se extenderá por la Tierra. Es como si Michael fuera antes, llevando la luz del conocimiento espiritual, mientras que después de Él viene el Cristo, llamando al hombre al amor universal y omnímodo. Ahora esto implica un cambio no solo para la Tierra; implica cambios también para la vida que el hombre pasa entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Desde los tiempos antiguos de la evolución terrenal ha sido como lo describí hoy. El ser humano prepara la semilla espiritual de su propio cuerpo físico, que asume cuando entra en su nueva vida en la Tierra. Ahora, sin embargo, desde que comenzó el liderazgo de Cristo-Michael, los hombres podrán tomar cada vez más una decisión importante antes de descender a la Tierra. Hasta ahora, solo unos pocos lo harán; pero con el paso del tiempo será un número creciente. Porque el conocimiento espiritual arroja su luz no solo en la Tierra, sino también en los reinos superiores. A través de la dirección actual de Michael, el hombre aprenderá a tomar una decisión muy importante en el momento en que ya ha asumido su Karma y lo ha incorporado a su nuevo cuerpo etérico, pero todavía está emprendiendo el camino hacia lo físico.

Con la creciente difusión del conocimiento espiritual en la Tierra y con la creciente experiencia del hombre en sí mismo del amor humano universal, surgirá la siguiente posibilidad para la humanidad en el tiempo venidero. Cuando esté en el punto de descender a una próxima vida terrenal, el hombre podrá decirse a sí mismo: “Este es el cuerpo que he estado preparando; sin embargo, habiéndolo enviado a la Tierra y habiendo recibido mi Karma en el cuerpo etérico que he tejido desde el Cosmos, veo cómo es este Karma. A través de algo que hice en vidas pasadas, veo que he herido gravemente a otro ser humano”. Porque siempre corremos el peligro de herir a otros a través de las cosas que hacemos. La luz del juicio en cuanto a lo que le hemos hecho a otro hombre será particularmente vívida en este momento en el que aún vivimos solo en nuestro cuerpo etérico, sin haber tocado aún lo físico. Aquí también trabajaran en el futuro la luz de Michael y el amor de Cristo. Y entonces podremos lograr un cambio en nuestra decisión, es decir, darle al otro hombre a quien hemos lesionado el cuerpo que hemos estado preparando, mientras nosotros mismos asumimos el cuerpo que él preparó.

Tal es la poderosa transición que tendrá lugar de ahora en adelante en la vida espiritual de los hombres. Nos será posible por nuestra propia decisión entrar en el cuerpo forzosamente preparado por otra alma humana a la que una vez hicimos un daño grave; él, por otro lado, podrá ingresar al cuerpo que preparamos. Lo que somos capaces de lograr en la Tierra producirá una compensación kármica de otra manera que hasta ahora. Nosotros, los seres humanos, podremos incluso intercambiar nuestros cuerpos físicos. De hecho, la Tierra nunca podría alcanzar su objetivo si esto no ocurriera; la humanidad nunca crecería como un todo. En preparación para futuras encarnaciones planetarias de la Tierra, debe llegar un momento en la evolución terrenal cuando será imposible que un individuo disfrute de las cosas en la Tierra a expensas de otros. Como en una planta, la hoja o el pétalo individual se siente miembro del todo y comparte, —pictóricamente hablando— el bienestar de toda la planta, así debe venir un futuro para el planeta Tierra cuando el ser humano no quiera disfrutar la felicidad a expensas del todo, pues el hombre se sentirá miembro de la humanidad. Y será la verdadera contrapartida espiritual de esto cuando aprendamos a preparar el cuerpo físico incluso el uno para el otro.

De hecho, estamos emergiendo de la época cuando cada uno de nosotros tenía por así decirlo, su propia continuación del cuerpo físico para sí mismo. En la nueva época que ahora está comenzando, —provocada por el actual liderazgo de Michael—Cuando estamos eligiendo nuestro cuerpo físico, esto determinará nuestra decisión. Si te preparas para este evento, incluso ahora en la Tierra —prepararse para ello por la Sabiduría del Hombre y por el Amor del Hombre— lo que estás haciendo tendrá realidad en el mundo espiritual. Y esta es la verdadera “magia ideal”. Es la verdadera “magia blanca” como se la llamaba en los antiguos tiempos, y en ella está a punto de entrar la humanidad.

Quería contarles acerca de este vital factor que ahora ha entrado en la senda evolutiva de la humanidad. No debemos encogernos por falta de coraje cuando es necesario revelar hechos del mundo espiritual que entran profundamente en la vida humana. Porque todo el futuro de la humanidad depende de que el hombre aprenda realmente a vivir con el mundo espiritual con la misma naturalidad como en la Tierra vive con lo físico. La humanidad debe aprender a sentirse nuevamente en casa en el mundo espiritual como lo estuvo al principio, en el tiempo primigenio. Solo haciéndolo, estaremos ayudando al futuro de la humanidad. En el verdadero sentido, debemos entender las palabras de Cristo: “Mi Reino no es de este mundo”. ¿Cómo entonces lo entenderemos? ¿Después de todo, no descendió a la Tierra? ¿No debería, por lo tanto, haber dicho:

Mi reino es de este mundo? No, él no dijo eso, porque tenía la intención de transformar gradualmente la Tierra en un Reino que no debería ser completamente absorbido en las cosas terrenales, sino que debería pasar, cada vez más, a un estado espiritual. El Reino de Cristo no es como ha sido la Tierra hasta el Misterio del Gólgota, ni como todavía continuaba, corriendo en las viejas líneas como por efecto de la inercia. El Espíritu prevalecerá sobre la Tierra, ¡ese es Su Reino! Y esto sucederá cuando la humanidad realmente comprenda el liderazgo de Michael. Tampoco puede probarse la verdadera comprensión de ninguna otra manera que no sea la búsqueda que ahora he indicado: la búsqueda de la iluminación espiritual y humana, llena del amor de Cristo.

Traducido por Gracia Muñoz en abril de 2018.

 

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GA218c5. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 16 de noviembre de 1922

English version

Mis queridos amigos,

Hoy quiero hablar de los poderes espirituales y de los seres que viven en el entorno del hombre. Son poderes y seres suprasensibles que no podemos percibir con nuestros sentidos; sin embargo, están allí y juegan un papel en nuestra existencia terrenal. Los hechos que tienen lugar entre tales seres espirituales, las relaciones que tienen entre sí, son, por supuesto, completamente diferentes de las andanzas y acciones del hombre durante su vida terrenal; por lo tanto, es difícil describir en el lenguaje humano, creado expresamente para las condiciones y las relaciones humanas, la naturaleza y actividades de estas Inteligencias suprasensibles, de estos seres suprasensibles. Sin embargo, dado que en nuestra época es importante que estas cosas lleguen al conocimiento del hombre, debemos hablar de ellas de la única manera posible, es decir, en imágenes. Esto significará que con frecuencia describiré las cosas como si me estuviera refiriendo a las condiciones y relaciones humanas. Las cosas que se dicen de esta manera serán bastante verdaderas y correctas; solo que, dado que el lenguaje debe tomarse prestado de las relaciones humanas, la verdad se presentará en una imagen.

Para empezar tenemos a nuestro alrededor el mundo de la Naturaleza en sus diversos reinos, mineral, vegetal y animal, —y también podemos agregar a estos el reino humano, en lo que concierne al ser físico del hombre. Detrás de la naturaleza se encuentra una especie de segunda naturaleza, una naturaleza espiritual, suprasensible. La primera, la naturaleza a la que estamos acostumbrados, la que el hombre percibe con sus sentidos. La naturaleza suprasensible que está detrás, no la percibe. Pero tiene una gran influencia sobre él.

Y luego tenemos que reconocer que los seres humanos también tenemos algo de naturaleza física dentro de nosotros. Cuando miramos dentro, percibimos esta naturaleza física en nuestros instintos y nuestras pasiones. Estos son, por supuesto, astrales, pero se elevan desde la Naturaleza física. Y esta Naturaleza física que tenemos dentro de nosotros y que percibimos en nuestros instintos, deseos y pasiones, tiene a su vez, esta vez tenemos que decir debajo de ella, un reino de seres, que están íntimamente conectados con el hombre,   pero que son realmente subhumanos.

Por lo tanto, mirando a nuestro alrededor con la ayuda de nuestros sentidos, contemplamos la superficie de la Naturaleza, su apariencia externa; y detrás de ella tenemos que adivinar la presencia de una naturaleza suprasensible. Por otro lado, cuando nos miramos hacia adentro y nos percibimos en nuestros instintos y pasiones, entonces tenemos que adivinar bajo estas la presencia de una Naturaleza subsensible.

La naturaleza suprasensible que nos rodea puede ser comprendida y apreciada sólo por aquel que está dotado de visión espiritual, y que no siempre centra la atención, como lo hace la ciencia natural hoy en día, en las estrictas leyes de la naturaleza y de lo que tiene lugar dentro de su marco. Pues las Ciencias Naturales, como sabemos, se ocupan de la investigación de lo que se lleva a cabo de acuerdo con las leyes físicas de la Naturaleza. Lo suprasensible que está detrás de la naturaleza externa nunca se revelará a estas investigaciones. No obstante, se pondrá de manifiesto cuando hayamos aprendido a mirar con aguda visión espiritual las cosas que no son explicadas por la ley natural, pues son generalmente consideradas como cuestiones de azar.

De este carácter son los fenómenos del clima, todas las irregularidades de la atmósfera en todas partes,   las cuatro estaciones del año. Si se detienen a considerar, por ejemplo, en detalle cómo la niebla londinense [Hubo una inusual niebla espesa en Londres durante la visita del Dr. Steiner] sigue su curso, tal vez se descubra que en sus eventos principales se puede rastrear la aplicación de ciertas leyes. Sin embargo, no se podrá hacer esto con todos sus cambios y movimientos continuos. Cuando se trata de los fenómenos particulares del viento y el clima, nos inclinamos a decir que estamos a merced del azar. Por supuesto, pueden leer en los periódicos una descripción de qué tipo de clima es probable que tengamos en el futuro cercano, pero no se basará en él con la certeza con la que se confía en que saldrá el sol mañana por la mañana. Los fenómenos que muestran el funcionamiento de la ley natural pertenecen a una categoría completamente distinta de los fenómenos del viento y el clima, que se atribuyen más o menos generalmente al funcionamiento del azar. La gente puede y adquiere cierto don profético con respecto a estos fenómenos, pero este don profético no puede darse en el marco de la ley natural, tiene más el carácter de inspiración o intuición.

Como cuestión de hecho,  viven seres  en todas las diversas manifestaciones del viento y el clima, —seres que no se ven porque no tienen un cuerpo visible a los sentidos, pero que están presentes y vivos. Seres que viven en el viento y el clima y tienen un cuerpo que consta de aire y de calor, un cuerpo que carece de agua  —no tienen ningún tipo de fluido— y tampoco tierra sólida, consisten únicamente en aire y calor. Y este cuerpo está continuamente experimentando cambios repentinos. En un momento asumirá una u otra forma, y de nuevo se disolverá y desaparecerá. Las cambiantes formaciones de nubes que observamos en el cielo, el juego de las corrientes del viento, —estos no son el cuerpo, que permanece más oculto, no son más que la expresión exterior, las obras, de los seres de los que estoy hablando. Cuando, por lo tanto, miramos hacia la atmósfera que rodea nuestra Tierra, y dentro de la cual nosotros mismos vivimos, tenemos a nuestro alrededor un mundo de seres, que están compuestos meramente de aire y calor. Son del mismo tipo que los seres a quienes he llamado en mis libros y de los que hablo frecuentemente en conferencias como los seres Luciféricos.

Ahora, estos seres tienen un objetivo específico a la vista con respecto al hombre. A pesar de que habitan en un elemento que a menudo encontramos lejos de ser agradable y placentero —viviendo, como ya hemos dicho, ¡en el clima!— estos seres otorgan gran valor al elemento moral en el orden social humano. Tan altamente lo valoran, que en su opinión sería mejor para el hombre el no tener un cuerpo físico en absoluto —no, en ningún caso, un cuerpo que participe de los elementos acuosos o terrenales. Si pudieran haber formado al hombre a su manera, habrían hecho de él un puro y simple ser moral. El hombre, por supuesto, en ese caso no habría tenido libertad, habría sido moral sin ser interiormente libre. Como están las cosas estos seres libran una terrible batalla en el transcurso del año, luchando por arrancar al hombre de la Tierra y atraerlo a su propia esfera. Les gustaría arrancarlo de la Tierra, —un completo extraño a ellos. En este sentido, son particularmente peligrosos para las personas que se inclinan por cualquier tipo de idealismo visionario o vago misticismo. Tales personas caen fácilmente en la trampa de estos seres que buscan alejar al hombre de la Tierra y le otorgan una especie de naturaleza angelical, de modo que bajo ninguna circunstancia se verá tentado a ser diferente de lo puramente moral. Por lo tanto, por extraño y paradójico que suene, queridos amigos, —habitando las fuerzas  que pulsan a través del aire circundante en todos los caprichos del viento y el clima, son seres que, aborreciendo la libertad humana y deseando su completa aniquilación, quieren hacer del hombre un autómata moral, quieren hacer de él una especie de ángel bueno. Y luchan duro para alcanzar su fin; por usar una expresión terrenal, luchan a dentelladas.

Además de estos seres que construyen, por así decirlo, sus fortalezas en el aire —no reparen en la palabra, como ya dije estoy obligado a hablar en imágenes— también hay seres de naturaleza contraria, a quienes aludí en mi última conferencia en otra conexión. Y esta última clase de seres tiene que ver con todo lo que se expresa en las pulsiones e impulsos instintivos del hombre, en sus deseos y pasiones. Sin embargo, no deben pensar en ellas como pertenecientes primero y ante todo al hombre. En el hombre podemos ver los resultados de su actividad. Pero tienen su hogar, por así decirlo, en la Tierra. Solo que no podemos verlos, porque estos seres tampoco tienen un cuerpo que esté formado de tal forma que nos sea visible. Tienen, de hecho, un cuerpo que vive completamente en los elementos de la tierra y el agua. Y sus obras se pueden ver en el flujo y reflujo de las mareas, en las erupciones volcánicas y en los terremotos. La ciencia natural, como es bien sabido, no puede encontrar una explicación satisfactoria para estos fenómenos. Sin embargo, aquel que tiene una aguda percepción espiritual puede ver detrás de ellos un mundo de seres subhumanos, que están bajo el control de los poderes a los que siempre he dado el nombre de los poderes ahrimánicos.

Ahora bien, estos poderes ahrimánicos también atesoran un objetivo particular con respecto al hombre. Con la ayuda de sus diversos sub-espíritus, que habitan los elementos terrestres y acuáticos de nuestra Tierra y pueden, por ejemplo, ser reconocidos incluso en los kobolds o brownies de los cuentos de hadas, ayudados por estos, los poderes Ahrimánicos se han establecido para llevar a cabo otro proyecto diferente. Si uno considera a estos seres Luciféricos y Ahrimánicos por sí mismos, tal como son, uno no puede,  ya saben, estar enojado con ellos. ¿Por qué enojarse con los seres luciféricos, por ejemplo? Quieren convertir al hombre en un ser que sea completamente moral. ¿Que podría ser mejor? El hombre, es verdad, nunca sería libre bajo su influencia, sería un autómata; pero lo que buscan y desean para él, sin embargo, puede describirse sinceramente como bueno.

Ahora veamos cuál es el objetivo de estos otros seres, que construyen sus fortalezas inmediatamente debajo de la superficie de la Tierra, y cuyas actividades ascienden al metabolismo del hombre, pues los fenómenos que observamos en las mareas y con menor frecuencia en las erupciones volcánicas y los terremotos siempre están presentes en el flujo y reflujo del metabolismo humano. Mientras que los espíritus Luciféricos construyen, como dijimos, sus fortalezas en el aire, para luchar por el elemento moral en el hombre —contra lo terrenal— los seres ahrimánicos luchan por endurecer al hombre; quieren hacerlo como ellos mismos. Si tuvieran éxito, el hombre llegaría a ser extremadamente inteligente en el ámbito material: increíblemente astuto e inteligente. No pueden lograr su fin directamente, pero apuntan a hacerlo indirectamente. Y sus esfuerzos, que en realidad han estado sucediendo durante miles de años, de hecho han tenido éxito en la producción de una raza completa de seres subhumanos. Su método es el siguiente.

Supongamos que un hombre tiene instintos fuertes y groseros. Estos seres se aferrarán a su naturaleza instintiva y se apoderarán de ella. El hombre luego cae víctima de los poderes Ahrimánicos. Él está completamente entregado a sus pasiones y llevando una vida salvaje y disoluta. Cuando un hombre se ha convertido en una presa, durante su vida terrenal, de los poderes ahrimánicos, estos poderes podrán aferrarse a su naturaleza instintiva y arrancarlo de él después de la muerte. Ya existe en la Tierra toda una población de seres que han surgido de esta manera. Están allí, en los elementos de la tierra y el agua, una raza subhumana. Y entonces, ¿qué es lo que pretenden los poderes ahrimánicos con esta raza subhumana? Como hemos visto, extraen de un ser humano su naturaleza instintiva y lo convierten en un ser de tierra y agua. Estos seres de agua y tierra habitan los estratos inmediatamente debajo de la superficie de la Tierra; y aquellos que descienden a las minas, si pueden mirar con visión espiritual, estarán bastante familiarizados con ellos. Son seres que han sido arrebatados al hombre en el momento de la muerte. ¿Y con qué objetivo final? Ahriman está esperando. Los poderes ahrimánicos están esperando el momento en que los hombres descenderán a la encarnación y, a causa de un karma que sus instintos y pasiones han preparado para ellos, se sienten particularmente atraídos por algunos de estos seres y se digan a sí mismos: “No volveré al mundo espiritual; cuando haya dejado mi cuerpo físico” —desde el cual, como saben, el hombre generalmente va a una vida suprasensible—”Me incorporaré en un ser subsensible de este tipo. Y eso significará que podré permanecer en la Tierra. No moriré más, sino que estaré permanentemente unido a la Tierra. Sí, elegiré ser un ser subsensible”.

Puede sonar increíble —y de hecho es sorprendente, considerando lo extraordinario que es— pero es un hecho que los seres ahrimánicos persisten en creer que finalmente serán capaces de atraer a un número tan grande de seres humanos a su propia raza, que la Tierra algún día estará poblada por completo con tales seres subhumanos ahrimánicos. De esta manera, esperan hacer que la Tierra misma sea inmortal, para que nunca llegue la hora de que perezca y se disperse en el espacio cósmico.

Así tenemos a nuestro alrededor en nuestro entorno terrenal dos huestes de seres; unos en el aire, que quiere hacer al hombre moral, pero alejarlo de la Tierra, y también tenemos, inmediatamente debajo de la superficie de la Tierra, los seres Ahrimánicos que quieren atraer al hombre hacia abajo y sujetarlo permanentemente a la Tierra.

Cuando consideramos la relación entre estas dos clases de seres, encontramos que en el reino mineral, en el reino vegetal, en el reino animal, e incluso en el reino humano como lo es por naturaleza antes de que las pasiones y los deseos del hombre comiencen a arrancar lo mejor de él, las dos clases de seres tienen que estar de acuerdo, deben soportarse el uno al otro. En un pasado primitivo remoto, la Deidad que es llamada en la religión cristiana el Dios Padre, estableció la paz en este respecto. La paz fue establecida por el Dios Padre para los minerales, las plantas y los animales, y también para el hombre en su naturaleza animal, en la medida en que no se permite ser pervertido y contaminado por la pasión y el deseo.

Tomen en su mano un cristal, o cualquier otro mineral, o de nuevo una planta; no encontrarás que en ese cristal o planta haya conflicto entre estas dos clases de seres. Pero en el momento en que diriges tu observación a un hombre cuyo cuerpo está saturado e impregnado de alma, de inmediato discernirán las señales de su conflicto. Los seres Luciféricos le están diciendo a Ahriman: “Prometimos al Dios Padre que no pelearíamos ni pelearemos por los minerales, las plantas, los animales, ni por el hombre mientras él permaneciera como un ser inconsciente como en los tiempos antiguos y no hubiera adquirido el poder de la reflexión, pero vivió más como un animal; pero en cuanto a los hombres que han adquirido autoconciencia —entonces lucharemos hasta con los dientes”.

Y es así: una guerra tremenda se libra todo el tiempo entre los seres de aire-fuego y los seres de tierra-agua; ellos luchan para obtener la posesión del hombre. Y es importante que el hombre esté al tanto de esta guerra que se libra constantemente en él; él no debe estar ciego a eso. En nuestros días, hemos avanzado mucho en nuestro conocimiento de la Naturaleza externa. Aquí, como hemos visto, las condiciones son bastante diferentes; aquí los seres Luciféricos viven en paz con los seres Ahrimánicos. Pero el conocimiento del hombre no alcanza a lo que yace detrás del mundo de los sentidos, no alcanza a la Naturaleza suprasensible, ni tiene ningún conocimiento de la Naturaleza infrahumana. Y estos dos reinos albergan seres que continúan, como ya he dicho, una guerra terrible, luchando por la posesión del hombre.

El Ser que en el Antiguo Testamento se llama Iahvé, tiene su asiento —no necesito recordarles lo que dije al principio de la conferencia sobre el uso de tales expresiones— tiene su asiento en la Luna. Es decir, Iahvé es ese Ser espiritual en el Cosmos que encuentra expresión en los fenómenos físicos de la Luna. Y en el orden del mundo, este Ser tiene la siguiente tarea que realizar. Cuando el hombre desciende del mundo espiritual divino para vestirse en un cuerpo, es Iahvé quien lo lleva a la Tierra.  Tampoco el Ser Iahvé pierde parte en la vida del hombre cuando el hombre ya ha venido a la Tierra; él toma en la mano el orden de todo lo que está conectado con la generación.

El Ser Iahvé, que tiene su asiento en la Luna y que lleva al hombre a la Tierra, reclama el control del hombre sobre todo lo que tiene que ver con los instintos y los impulsos de la generación. Sin embargo, el proceso de generación no puede ser regular o estar regulado por sí mismo, ya que está conectado con los otros instintos e impulsos. En consecuencia, el Ser Iahvé necesita ayudantes, necesita seres que, por ejemplo, regulen los instintos relacionados con la comida y la bebida, y los pongan en armonía con los instintos de la generación. Necesita ayudantes que, de hecho, se encargarán de ordenar toda la vida instintiva del hombre. Y Iahvé —el Dios de la Luna, si podemos llamarlo así— encuentra tales ayudantes en Mercurio y Venus.

Se ha hecho una especie de pacto en el universo espiritual entre la Luna, —es decir, el Ser Iahvé y los seres que habitan con él en la Luna— y Mercurio y Venus, y es la voluntad y la preocupación de los seres que se han unido de esta manera, controlar, desde la Luna, Mercurio y Venus, toda la naturaleza de carne y hueso del hombre. El hombre de ninguna manera es simplemente un ser terrenal; las influencias le llegan desde la totalidad del gran Universo.

Volviendo ahora a los seres a los que llamé Ahrimánicos y que tienen su fortaleza justo debajo de la superficie de la Tierra —los seres de tierra-agua—  ¿Cómo se comparan estos con Iahvé y los seres de Mercurio y Venus? ¿Qué lugar se les asigna en el orden mundial?. No están maduros para tomar su morada en un cuerpo celestial, en la forma en que Iahvé tiene su morada en la Luna, y sus ayudantes en Mercurio y Venus. No, estos seres Ahrimánicos están condenados a buscar un lugar de residencia justo debajo de la superficie de la Tierra. En consecuencia, no les sorprenderá descubrir que no es con los seres de fuego y aire que estos seres de la tierra-agua se sienten en oposición sino particularmente también con Iahvé y con los poderes de Venus y Mercurio.

Y esto, a pesar del hecho de que ellos mismos carecen de moralidad. (La naturaleza instintiva del hombre, siendo regulada por Iahvé desde afuera y más allá de la Tierra, está por lo tanto sujeta a otro reinado que el de los seres ‘morales’ antes mencionados; pero bajo su gobierno no se volvería inmoral). Los seres ahrimánicos hacen la guerra continuamente a Iahvé y a los poderes de Venus y Mercurio, y están decididos a usurpar a Iahvé su legítima soberanía. Porque es debido a la legítima soberanía de Iahvé que la raza humana tal como la conocemos ha nacido en la Tierra; necesitaba los poderes de la Luna y también de Mercurio y Venus para lograr esto.

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En un espíritu de represalia, los seres ahrimánicos están fundando —en contra de la raza de Iahvé, que es la humanidad—  esta otra raza de la que he estado hablando. Y un medio excelente para que ellos alcancen su fin es el dispositivo que expliqué en la última conferencia. Recordarán que les conté cómo se acercan al hombre mientras duerme y le dicen: “El bien es malvado; el mal es bueno”. El hombre escucha esto con demasiada facilidad cuando está dormido, y luego lo trae consigo a su cuerpo físico y su cuerpo etérico. Los seres ahrimánicos confían en que podrán lograr su fin por medio de estos susurros malignos.

El hombre debería, como ven, depender completamente —en su naturaleza inferior— de los poderes de la Luna, Venus y Mercurio. La naturaleza inferior del hombre no es en sí misma malvada o degenerada; es así solo porque los poderes que son antagónicos a Iahvé se insinúan a sí mismos en él de la manera que he descrito. Lo que Iahvé desearía es que estos seres de agua-tierra se expresen simplemente en el flujo y reflujo de las mareas, en las erupciones volcánicas, en los terremotos. Pero se esfuerzan en cada nervio para establecerse también en el hombre, para hacer sentir su presencia en el hombre también; y no contentos con atacar allí a los seres de fuego-aire, lanzan sus ataques con particular fuerza contra Iahvé y sus ayudantes. Por lo tanto, el hombre se encuentra en medio de un conflicto. En un lado se encuentran Iahvé y sus anfitriones, que están luchando por la rectitud; en el otro lado, las huestes de Ahriman, que, con respecto a la astucia, superan ampliamente al hombre, y cuya preocupación es repudiar por completo la naturaleza moral del hombre y convertirlo en un puro autómata inteligente.

Tales son las influencias que fluyen desde la tierra y el agua, y trabajan en el hombre. Porque el hombre está obligado a comer de los productos de la tierra y el agua; él no puede alimentarse del aire, ¡ni vivir solo de calor!.

En la otra dirección están los seres que se incorporan en el aire y el calor. Estos también, al igual que los enemigos de Iahvé, son inmaduros. Y los seres maduros correspondientes son en su caso seres que habitan en Marte, Júpiter y Saturno. Y así descubrimos que estos seres de aire-fuego hacen salidas desde sus fortalezas no solo sobre los poderes Ahrimánicos, sino sobre las influencias que deberían estar llegando continuamente al hombre desde Marte, Júpiter y Saturno. Ahora, las influencias de estos planetas más distantes, —o mejor dicho, de sus seres espirituales— se encuentran particularmente en los ojos, en los oídos, en resumen, en los órganos de los sentidos del hombre. De modo que, mientras que la Luna y Venus ejercen su influencia en los órganos interiores del cuerpo del hombre, Saturno, Júpiter y Marte trabajan en el exterior del hombre, trabajan en sus órganos sensoriales. Las influencias, por ejemplo, de Saturno se encuentran principalmente en el ojo humano.

Estos seres, —los seres de Saturno, de Júpiter y de Marte tienen como especial preocupación hacer del hombre un verdadero hombre de la Tierra; es decir, primero quieren darle sentidos que se inserten correctamente en el organismo humano y que permanezcan en su superficie, y luego suministrarle los nervios que corren desde los sentidos y se extienden hacia el interior del organismo. Saturno da los sentidos, Júpiter da su continuación en los nervios, y Marte ejerce el tipo de control que otorga al hombre, por ejemplo, la facultad del habla. El objetivo y el propósito de estos seres es proporcionarle al hombre todo lo que está en la superficie de su cuerpo. Pues los sentidos, y los nervios también, han surgido a través de un “giro hacia adentro” de la piel humana.

Sin embargo, Júpiter, Saturno y Marte son enfrentados en sus actividades por los seres de fuego-aire de quienes hemos hablado. Aquí nuevamente, continúa todo el tiempo una furiosa lucha. Los seres del fuego-aire se atrincheran rápidamente, por así decirlo, en sus fortalezas y muestran su poder y fuerza en el ardiente destello del relámpago. Les gustaría hacer de la totalidad del hombre lo que debería ser adecuado solo en la superficie, para que todo el ser físico del hombre participe de la naturaleza que en realidad está asignada solo a los ojos, los oídos y la nariz. Les gustaría verter la superficie del organismo del hombre en toda su interioridad, para hacer que todo salga a la superficie de manera que solo se dedique a ver y oír —nunca comer ni beber, sino solo ver y oír, ser de hecho una especie de ser angelical.

Los seres de Marte, Júpiter y Saturno, que trabajan como hemos visto en los sentidos del hombre, se desenvuelven con  la mayor dignidad de alabanza —si puedo emplear la expresión al hablar de seres tan sublimes— en el mundo de la naturaleza externa. Porque impregnan lo que a nuestros ojos parece mera Naturaleza, con moralidad. De esta manera, traen moralidad al hombre; porque es así, la moralidad entra en nosotros a través de los sentidos. Por lo tanto, cuando, los seres de fuego-aire intentan atravesar al hombre a través de su naturaleza sensorial, es con la intención de que el hombre, al no ver nada más que lo moral, se convierta en un autómata moral.

Si observamos el mundo de la naturaleza, podremos saber que todo lo que se manifiesta en ese mundo como fuerzas proviene de los seres de Marte, todo lo que se manifiesta como ley natural, de los seres de Júpiter y todo lo que se manifiesta como el color y el sonido de los seres de Saturno. Y los seres de fuego-aire harían que el hombre se convirtiera en fuerza,  ley (es decir, pensamiento) color y sonido.  Quieren que el hombre no tenga un cuerpo físico en absoluto, sino que sea insustancial, enrarecido; les gustaría que fuera, como dije, un ser angelical.

Y así lo ven, mientras que en la naturaleza externa la Luna, Mercurio, Venus, Júpiter, Marte y Saturno viven en paz el uno con el otro y el Sol los mantiene en equilibrio, libran una doble lucha por la posesión del hombre. En primer lugar, está el conflicto que se produce entre los seres ahrimánicos y los seres luciféricos; y luego tenemos, por un lado, la lucha que mantienen los seres Luciféricos contra las fuerzas planetarias más allá del Sol, —las influencias de Marte, Júpiter y Saturno— mientras que, por otro lado, las fuerzas ahrimánicas están librando una guerra contra las influencias que proceden de la Luna, Venus y Mercurio.

Detrás de la naturaleza y dentro del hombre, la dura batalla continúa; y es con este conflicto que arrecia a su alrededor que el hombre tiene que avanzar en su desarrollo y conquistar su libertad. En una época anterior, el hombre tenía la enseñanza de los Misterios para ayudarlo en su camino; ahora debe volverse a lo que la investigación espiritual puede decirle sobre lo que hay detrás de la Naturaleza y dentro del hombre. Porque la ignorancia sobre estos asuntos conduciría inevitablemente al deterioro y la ruina de la humanidad.

Habrán visto, mis queridos amigos, de las descripciones que les he dado, que los seres que estamos acostumbrados a llamar Luciféricos y Ahrimánicos, están altamente desarrollados con respecto a ciertas cualidades: es decir los seres luciféricos en la moralidad y los seres ahrimánicos en la astucia e inteligencia. Y sin embargo, ambas clases de seres nunca renuncian a la creencia de que algún día alcanzarán sus fines, y por lo tanto siempre están dispuestos a comenzar la lucha otra vez. Y una y otra vez, cuando piensan que están en camino hacia el éxito, experimentan frustración y desilusión. De modo que cuando un iniciado moderno se encuentra con tales seres detrás de la Naturaleza o en el hombre, ve cómo por un lado no serán disuadidos, sino que presionarán una y otra vez hacia su objetivo con renovada confianza en la victoria final, y cómo por otro lado, están siendo frustrados perpetuamente. De este tipo de seres puede decirse que viven en un estado de ánimo que oscila entre el júbilo y el triunfo por un lado y la decepción constantemente recurrente por el otro.

Les mostraré cómo se puede observar esto en casos particulares. Veamos, en primer lugar, cómo los seres luciféricos y ahrimánicos sufren la desilusión a través de lo que sucede con la parte física del ser humano. Uno puede formarse una muy buena impresión de las decepciones que aguardan a Lucifer y Ahriman a este respecto, cuando visita a alguien en un hospital o asilo. La enfermedad, ya sea mental o corporal, significa desilusión para Lucifer o Ahriman. Estos seres están, como ven, librando una batalla para obtener la posesión de la naturaleza del hombre. Pero no los ayuda en absoluto, si dentro de la naturaleza del hombre uno de ellos gana una victoria sobre el otro. La situación es diferente si Ahriman gana una victoria sobre la Divinidad de la Luna; o de nuevo, si los seres de fuego-aire obtienen una victoria sobre Júpiter, Marte y Saturno. Tales victorias son, sin embargo, siempre incompletas.   Solo pueden llegar a ser completas si se refuerzan con algún éxito que los seres luciféricos o ahrimánicos logren en su propio conflicto mutuo. Pero, de hecho y con mucho, la cantidad de estos éxitos son solo aparentes; de ahí que sobreviene la desilusión.

 Supongamos por un momento que los poderes ahrimánicos salieran victoriosos en el cuerpo físico de una persona, es decir, sobre los poderes luciféricos que intentan impregnar al hombre de lo que, por derecho, debe estar solo en la superficie, solo en los sentidos. El resultado sería que la persona sucumbiría a enfermedades que producen tumores o carcinomas, o bien a enfermedades del metabolismo, como la diabetes. Cada vez que una enfermedad de esta descripción se muestra en la naturaleza física del hombre, significa que Ahriman ha ganado una victoria sobre Lucifer. Sin embargo, como resultado, esa naturaleza física que se arruinó temporalmente, por supuesto no sirve para Ahriman; él no puede sacar de él los instintos e impulsos del hombre para crear de ellos una raza propia.

De esta manera, hemos llegado a una imagen quizás paradójica pero correcta de la enfermedad. En muchos casos, la enfermedad es el único medio que les queda a los buenos Poderes para rescatar al hombre de los colmillos de Ahriman.

Si, por otro lado, Lucifer obtiene una victoria en la naturaleza física del hombre sobre los poderes ahrimánicos, a quienes le gustaría endurecer al hombre y arrastrarlo a su raza de seres de agua-tierra, si Lucifer obtiene una victoria sobre estos poderes, entonces la persona afectada sucumbe a enfermedades de naturaleza catarral, o a la locura.

 Y una vez más, para Lucifer esta vez, la victoria resulta bastante dudosa. Los poderes ahrimánicos y luciféricos, que trabajan incansablemente con todas sus fuerzas para el logro de sus fines, se ven obligados a alejarse tristes y decepcionados de los lechos de la enfermedad, de los hospitales y de los asilos psiquiátricos. Estos les muestra con toda claridad que, aunque continúen su lucha, nunca podrán salir victoriosos.

Y ahora, si son capaces de mirar con verdadera percepción a la naturaleza etérica del hombre, —no meramente a su aspecto físico, sino a su naturaleza etérica— allí también encontrarán ocasión de desilusión para los poderes ahrimánicos y luciféricos. Porque cuando los poderes Luciféricos triunfan sobre los poderes Ahrimánicos en el cuerpo etérico, entonces la persona se vuelve mentirosa, se convierte en un mentiroso habitual.  En ese caso, obviamente no es moral; y entonces él se cae del mundo dentro del cual Lucifer quisiera asegurarlo. En lugar de convertirlo en un autómata moral, Lucifer lo ha convertido en un mentiroso. Y, por extraño que pueda parecer, el hecho de que la persona se vuelva adicta a la mentira es un arma en manos de los buenos Poderes, para ayudarles a rescatarlo de Lucifer. Porque cuando alguien se vuelve mentiroso, bueno, eso puede mejorarse en el curso posterior del karma; mientras que si Lucifer realmente obtuviera la victoria que busca, la Tierra perdería a ese alma humana, la elevaría directamente de la Tierra. Si, por otro lado, Ahriman llegara a conquistar, o estuviera a punto de conquistar, en el cuerpo etérico, entonces la persona se volvería poseída —poseída por su propia inteligencia. Y como está internamente poseído por ella, la astucia debe permanecer dentro de él. Lo tiene aferrado; su cuerpo etérico está absolutamente cargado con eso. Y entonces no hay posibilidad de que Ahriman extraiga los instintos y los impulsos; están rápidamente atrapados en el cuerpo etérico, porque la persona está poseída por su astucia. Aquí también, habrá muchas oportunidades para que Lucifer y Ahriman experimenten una amarga frustración y desilusión, cuando la adicción a la mentira o, por otro lado, la obsesión continúe como consecuencia de sus aparentes victorias.

Veamos ahora qué puede pasar con el cuerpo astral. Supongamos que los poderes ahrimánicos se acercan a la victoria en el cuerpo astral. La persona en cuestión en este caso tenderá a convertirse en un egoísta sin límites. Pero eso significará que él, como egoísta, se aferrara rápidamente a sus instintos, y Ahriman no tendrá ninguna posibilidad de arrebatárselos. Entonces, una vez más, el premio de Ahriman se le escapa. Supongamos, por otro lado. Lucifer casi gana una victoria. Entonces la persona es susceptible de convertirse en un soñador en el cuerpo astral, convertirse en un soñador sin yo, que como se dice, “no está en su sano juicio”. Tales cosas suceden; bien puede ser que las personas sucumban, aunque sea por un tiempo, a tal condición. Los poderes Luciféricos y Ahrimánicos están por lo tanto sujetos a la desilusión en la Tierra desde muchas direcciones.

¿Pero ven en qué situación crítica se encuentra el hombre hoy? En tiempos antiguos era diferente. Miremos hacia atrás y veamos cómo eran las cosas para el hombre en el pasado. Los primeros grandes maestros en los Misterios fueron mensajeros del Dios Padre. Ellos tenían discípulos, los Gurús; y luego estaban los Chelas que eran discípulos de segundo grado, pues eran discípulos de los Gurús. Sin embargo, los Gurús más elevados recibieron sus instrucciones directamente de los mensajeros del Dios Padre y estos mensajeros del Dios Padre pudieron encontrar remedios para sanar al hombre. Las enfermedades son, como hemos visto, motivo de profunda decepción y frustración para Ahriman y Lucifer, tanto que dejan a estos seres bastante atontados y desconcertados. Porque, extraordinariamente inteligentes y morales como son los seres ahrimánicos y luciféricos, solo porque su conciencia es particularmente aguda y despierta, son más propensos a sufrir una opacidad de ella; y por eso los mensajeros del Dios Padre pudieron acercarse a la persona enferma sin que Lucifer y Ahriman los molestaran, y pudieron encontrar el remedio para la enfermedad. Recordarán lo que dije de cómo una enfermedad debida a la influencia de Saturno podría curarse con un remedio tomado de la Luna, y así sucesivamente. Así eran las cosas en el tiempo de los Antiguos Misterios. Los mensajeros del Dios Padre pudieron intervenir directamente y sacar al hombre de la confusión en la que se encontraba debido a la lucha que como he explicado está sucediendo todo el tiempo, detrás de la Naturaleza y dentro del hombre.

Mis queridos amigos, la confusión que reina hoy en el hombre no es menor de lo que era en los tiempos antiguos. El hombre no se da cuenta de que no hace ninguna diferencia,   la confusión está ahí, de todos modos. El hombre está siendo constantemente desgarrado y sacudido, de un lado a otro, mientras los poderes detrás de la Naturaleza y dentro de él luchan por apoderarse de él. Y cuando uno cruza el Umbral y, observando conscientemente el mundo espiritual, ve esta terrible batalla que está sucediendo, este complicado juego que se está jugando con el hombre como premio, entonces uno puede ahora buscar en vano a los mensajeros de Dios que en una época más temprana se presentarían con el caduceo de Mercurio, por ejemplo, y con otros símbolos de esa naturaleza, listos para entregarlos a las manos de los Doctores de los Misterios, que luego podrían usarlos para llevar la curación al hombre. En el momento, en que cruzas el Umbral, te encuentras solo en medio del terrible conflicto del que hemos hablado, entre los seres de los planetas superiores que se han quedado atrás en su evolución, —seres inmaduros de Marte, Júpiter y Saturno— y seres de los planetas inferiores que se han quedado atrás, seres inmaduros de la Luna, Mercurio y Venus. Como dos campamentos armados, se enfrentan uno al otro; por un lado, los seres de aire-fuego, —Saturno, Júpiter y los seres de Marte que han fallado y caído de su verdadera evolución; y en el otro lado, frente a ellos, los seres de tierra-agua, —Luna, Mercurio y Venus seres que también han fallado y se han quedado atrás. Y allí, más allá del Umbral, la lucha continúa con tal furia que el Sol se convierte primero en vehemente y ardiente, y luego se pone sombrío y oscurece, hasta que por fin se muestra como un terrible disco negro. No era así para los iniciados de hace mucho tiempo. Vieron lo correcto a través del disco negro; y desde la dirección del disco negro en sí venían hacia ellos los mensajeros del Dios Padre, quienes también eran en aquellos tiempos los portadores del conocimiento de la curación. Pero para nosotros, cuando cruzamos el Umbral y vemos ante nosotros la terrible batalla y contemplamos cómo el Sol se vuelve rojo fuego y luego negro, el Sol permanece negro, sigue siendo un disco negro. Y somos rechazados, nos hacen volver, porque si los hombres de los tiempos modernos queremos encontrar nuestro camino en medio de todo este conflicto confuso y desconcertante, es en la Tierra donde debemos buscar ayuda.

Y entonces, mis queridos amigos, somos guiados a volver nuestros ojos hacia Cristo. Cristo está delante de nosotros, el Ser Espíritual que, a través del Misterio del Gólgota, se unió a la Tierra. Y Él nos dice: No te desanimes porque el Sol se haya vuelto negro; es negro porque yo, el Dios del Sol, ya no estoy en él; porque he descendido y me he unido a la Tierra.

Y si, con devoción interna, y con reconocimiento vivo y sensible de todo lo que el conocimiento del Misterio del Gólgota nos puede traer, nos acercamos a Cristo, y luego el Sol no, es verdad que vuelva a ser brillante, sigue siendo el disco negro que era, pero el Sol comienza a hacernos oír lo que Cristo nos está diciendo. Y esta experiencia nos revela la relación de Cristo con el sol. Sí, el Sol, aunque sigue siendo un disco negro, se convierte en un ser que nos permite escuchar a Cristo, si estamos debidamente preparados y nos acercamos a él en el estado de ánimo y actitud anímica correctos.

Y es el Cristo el que proporciona ahora al hombre los medios de reconciliación para que puedan también reconciliarse los poderes superiores y los inferiores, los poderes que están sobre el disco negro del Sol y que se dan a conocer alrededor de nuestra Tierra como seres de fuego y aire, y los poderes que se manifiestan como seres inferiores. Y podemos recibir orientación para la curación de enfermedades y para la verdadera comprensión de todos los otros males que están constantemente decepcionando a Lucifer y Ahriman.

A través del poder de Cristo y a través del poder del Misterio del Gólgota, podemos hablar con estos seres, y lo que les decimos es lo suficientemente maravilloso. “Vosotros, criaturas de Lucifer y Ahriman, —decimos— la desilusión y la gran frustración con la que os encontráis una y otra vez, se debe a los males que vosotros mismos causáis, males que inevitablemente surgirán en la Tierra como consecuencia de vuestras victorias parciales. Y eso debe continuar; porque no cesareis de enfermar y debilitar a las personas, ni de hacerlas mentirosas, egoístas e ilusas sin yo. Y entonces no tenéis más remedio que continuar esta turbulenta alternancia entre la alegría triunfante y el dolor de una aguda desilusión”.

Pero en cuanto al hombre, si puede encontrar la relación correcta con Cristo, entonces le será dado no desesperar, incluso frente a la desesperación de los seres superiores a él, sin embargo, los seres cuya voluntad es ir por otro camino que el camino de los dioses a quien el hombre pertenece y con quien debe permanecer fiel a lo largo del curso de la Tierra. En el centro de estos sublimes Dioses está el Ser Crístico, que habló a los iniciados de la antigüedad a través del disco solar y que también nos habla a nosotros, pero ahora desde la Tierra con la ayuda del sol.

Cuando hablamos de Cristo hoy, estamos hablando de Uno que puede estar a nuestro lado aquí en la Tierra como nuestro Líder, guiándonos a salir del terrible conflicto que están librando los poderes Luciféricos y Ahrimánicos, entre sí y con los mundos de los dioses superiores e inferiores.

En mi próxima conferencia, el domingo a las 7: en punto, diré más sobre esto.

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

 

GA218c4. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 12 de noviembre de 1922

English version

Mis queridos amigos,

Ustedes recordarán que en la última ocasión que tuve la oportunidad de dirigirme a ustedes aquí, di una descripción de las experiencias del alma durante el sueño. Hoy me gustaría llevar el asunto un poco más lejos.  Estoy seguro de que será claro para ustedes que uno cuyo conocimiento de la vida humana se limita a la existencia durante el día, sólo conoce la mitad de la vida del hombre, pues cosas de la mayor importancia tienen lugar durante el sueño. Aquí no veo necesario explicar los métodos mediante los cuales se llega a conocer estas cosas; doy por supuesto que reciben lo que les estoy comunicando como algo procedente de la clarividencia exacta que recordarán que describí en mis conferencias aquí en Londres, hace unos meses. [Conocimiento e Iniciación y Conocimiento de Cristo a través de la Antroposofía. Dos conferencias, Londres, 14 y 15 de abril de 1922].

Cuando el hombre pasa de la conciencia del día a la conciencia del sueño —que para el hombre actual es totalmente inconsciente—  él ya no está en su cuerpo físico, ni en su cuerpo etérico.   Durante el sueño, él es un ser puramente espiritual. En mi última visita, les di una descripción, desde un aspecto, de la experiencia que el hombre vive como ser anímico espiritual en el tiempo de quedarse dormido y despertarse. Hoy quiero describir esta experiencia vista desde otro lado.

Recordarán cómo, en el sueño, el hombre sale al éter cósmico y sintiéndose a sí mismo en medio de un vasto y vago desconocido al principio se ve abrumado por la ansiedad y la aprensión; y entonces también recordarán cómo en ese momento algo despierta en el alma al que uno puede llamar —tomando prestada la expresión de la vida consciente— un anhelo por lo Divino. Y pasamos a hablar de cómo en la segunda etapa del sueño el hombre experimenta un reflejo de los movimientos de los planetas, y cómo, para alguien que ya tiene una relación con el Misterio del Gólgota, aparece Cristo, para ser su Guía a través de las experiencias, por lo demás caóticas, que le llegan mientras recorre su camino a través de una especie de reproducción o copia de la vida de las estrellas y los planetas. Y ahora viene la experiencia de las estrellas fijas. El hombre sale, de las esferas planetarias —nos referimos, por supuesto, a la copia de las esferas planetarias— y entra en una experiencia de las constelaciones de las estrellas fijas. De modo que, entre el quedarse dormido y despertar, el hombre en realidad cubre toda la existencia cósmica más allá de la Tierra. Dije, además, que son las fuerzas de la Luna (la contraparte espiritual de lo que se nos revela en los diversos fenómenos lunares) las que hacen que el hombre regrese por la mañana —o cada vez que se despierta— llevándolo de vuelta a sus cuerpos físico y etérico.

Y ahora me gustaría, describir estas experiencias desde otro ángulo. A menos que hayamos permitido involucrarnos y encarcelarnos completamente en las ideas materialistas de los tiempos modernos, la vida consciente que llevamos durante el día tiene para nosotros una moral y un fundamento religioso. Tenemos nuestro conocimiento de la naturaleza; pero no podemos evitar sentir que tenemos en nosotros algo más que conocimiento y ciencia, que también tenemos deberes morales, responsabilidades morales, y sentimos además que todo nuestro ser está basado en un mundo espiritual. Esta última realización puede describirse como una conciencia religiosa. Sin embargo, solo porque el hombre habita en un cuerpo físico, es capaz de tener esta conciencia religiosa en la vida de vigilia. Porque deben entender que en su cuerpo físico el hombre no está solo, sino que con él están los espíritus de rango cósmico superior; en su cuerpo físico, el hombre vive junto con espíritus superiores. Y el hombre vive, en su cuerpo etérico, con los propósitos morales de estos espíritus superiores. Por lo tanto, la conciencia religiosa del hombre depende de su vida en el cuerpo físico y su conciencia moral de su vida en el cuerpo etérico. Y esto nos lleva a distinguir dos partes en el éter cósmico, del cual, como saben, deriva nuestro propio cuerpo etérico. Una parte es calor, luz, éter químico, éter de vida. Pero detrás de todo esto, detrás de la calidez, la luz, los procesos químicos y la vida, hay un elemento moral: la esencia moral del éter cósmico.

Ahora bien, esta esencia moral del éter cósmico está presente solo en las cercanías de las estrellas y los planetas. Si estás viviendo en la Tierra, entonces no solo estás dentro del éter cósmico, sino también dentro de su esencia moral, aunque durante el día no eres consciente. Y cuando deambulas por el cosmos, cuando estás en el entorno de una estrella, estás en la esencia moral del éter cósmico. Pero cuando entras en las estrellas, el elemento moral es expulsado del éter por la acción de la luz solar. Tengan en cuenta que he dicho la luz solar, no la luz del Sol, que es un cuerpo cósmico dentro del cual está contenida la misma fuente y origen del éter moral; pero cuando el Sol brilla, entonces por medio de su luz aleja la esencia moral del éter. Y así sucede cuando miramos el mundo, vemos flores, vemos manantiales y arroyos, vemos toda la cara de la Naturaleza, pero sin ningún elemento moral discernible dentro de ella; la luz del sol ha eliminado el elemento moral. Y cuando nos dormimos y dejamos nuestro cuerpo físico y etérico, llevamos entonces con nosotros lo que hemos adquirido de esta manera durante las horas de vigilia en la Tierra al contemplar la Naturaleza; pero por extraño que parezca, dejamos atrás nuestro sentimiento religioso y nuestro sentimiento moral, los dejamos atrás con el cuerpo físico y con el cuerpo etérico, y nuestra alma y espíritu viven como un ser a-moral en el momento del sueño.

Esto tiene una importante consecuencia para nosotros. Estamos viviendo durante ese tiempo en un mundo que es irradiado por la luz del sol. Esto significa que el orden moral del mundo ha salido del éter. En consecuencia, los Seres Ahrimánicos tienen acceso al éter en el que nos encontramos tan pronto como nos dormimos. Y estos Seres Ahrimánicos hablan al hombre mientras está dormido. Y lo que dicen es muy malicioso, pues con razón Ahriman es llamado el padre de la mentira; haciendo que para el ser humano dormido el bien parezca malo y lo bueno malo. Hace poco se hizo referencia en los periódicos a las preguntas que están investigando los científicos, sobre por qué los delincuentes duermen bien, mientras que las personas con buena conciencia a menudo duermen mal. El asunto se explica cuando consideran lo que les estoy diciendo. En el caso de un hombre muy concienzudo y devoto, que tiene un excelente sentimiento moral, su sensibilidad moral entra tan profundamente en su alma que la lleva consigo al dormir; con el resultado de que duerme mal, creyendo como lo hace que ha sido culpable de muchas fechorías. Un hombre malo, por otro lado, cuya sensibilidad moral está muy poco desarrollada, no llevará consigo tales remordimientos de conciencia, y esto significará, por supuesto, al mismo tiempo que tendrá, espiritualmente hablando, una actitud abierta al escuchar los susurros de Ahriman que hace que el mal parezca bueno. ¡De ahí el sueño tranquilo y satisfecho del criminal! La gente dice que no es justo que los delincuentes duerman bien, mientras que las buenas personas a menudo tienen un sueño pobre y perturbado. Este hecho debe ser explicado por lo que acabo de demostrar.

La tentación al mal a la que el hombre está expuesto durante el sueño es, en verdad, extremadamente grande, y puede suceder fácilmente que por la mañana traiga con él las terribles fuerzas demoníacas de la tentación. Solo cuando baja de nuevo a sus cuerpos físico y etérico, un hombre que no sea muy bueno y recto comenzará a sentir pinchazos de conciencia, no antes. Por lo tanto, hay una gran posibilidad de que el hombre sea víctima de Ahriman durante el tiempo de sueño.

El peligro de ninguna manera ha sido tan grande como lo es actualmente. En el transcurso de los siglos, gradualmente se ha llegado a la conclusión de que los hombres están tan gravemente expuestos durante el sueño a las seducciones de los poderes demoníacos, que hacen que el mal parezca bueno. En los primeros tiempos de la evolución de la humanidad, las cosas eran diferentes. El hombre no tenía entonces, como he explicado a menudo, una conciencia del yo tan fuerte como la que tiene ahora. Durante el día, cuando estaba despierto, su conciencia del yo era más débil; y eso significaba también que durante el sueño no navegaba tan fácilmente hacia el mal como lo hace hoy. Él estaba protegido. El hecho es que estamos viviendo hoy en un momento que nos está llevando a una cierta crisis en la evolución. Les corresponde a los hombres armarse contra los poderes del mal que se les acercan cuando se duermen. En tiempos antiguos, los hombres estaban protegidos por el hecho de que cuando se iban a dormir, entraban más en el alma del grupo. Durante el sueño, el hombre vivía en el alma grupal. Hoy todavía vivimos hasta cierto punto en el alma grupal durante nuestras horas de vigilia; sentimos que pertenecemos a una nación en particular, a menudo incluso a un clan en particular; o tal vez nos inclinemos por aires aristocráticos, y nos guste sentirnos como miembros de cierta familia. Pero el sueño nos saca de la sensación de alma grupal. Es casi imposible para el hombre de hoy ser un aristócrata en el sueño. Sí, dormir es un gran educador, más de lo que piensan; por un lado, educa al hombre, es verdad, en el mal, como hemos visto; pero, por otro lado, lo educa en democracia.  El hombre del tiempo antiguo pasaba al alma grupal cuando se dormía; y cuando despertaba y regresaba a su cuerpo físico y etérico, traía consigo un fuerte sentimiento de pertenencia a su grupo.

Ahí tienen un lado de la vida del hombre, la que lleva durante el sueño. El hombre, en la actualidad por supuesto, lleva en él todo el tiempo la parte de su naturaleza que está expuesta en el sueño a las tentaciones de las fuerzas demoníacas, las tiene en él continuamente. Solo cuando está despierto, tiene que unirse con la conciencia moral y religiosa. El lado religioso del hombre le es dado, como vimos, por los poderes que viven con él en su cuerpo físico, y el lado moral por los poderes que viven con él en su cuerpo etérico.

El hombre de un tiempo anterior, durante el sueño vivió con fuerza, como hemos visto, en la conciencia de grupo —fue con el Misterio del Gólgota que todo esto cambió para la evolución posterior de la humanidad—  el hombre de una época anterior, cuando entraba de nuevo, al despertarse, en su cuerpo físico y etérico, comenzaba a vivir más en sí mismo, pero aquí descubrimos otra diferencia entre él y nosotros. Porque cuando se estaba despertando y bajando nuevamente a sus cuerpos físico y etérico, antes de estar completamente despierto, tenía una clara conciencia de lo que había vivido antes de descender a la Tierra. Y tenía la misma clara conciencia nuevamente antes de quedarse dormido. Mientras que por un lado desarrolló una fuerte conciencia de grupo, al mismo tiempo también tuvo un fuerte sentimiento de pertenecer a la vida que está más allá de la Tierra. Sabía muy bien que había bajado del mundo espiritual, que había pasado por el mundo de las estrellas y había elegido para sí mismo un cuerpo físico aquí en la Tierra. Con el paso del tiempo, esta conciencia se oscureció. En compensación, los hombres se volvieron “inteligentes”, tal como entendemos la palabra hoy. Desarrollaron poderes de juicio y discriminación. Este tipo de facultad ha ido evolucionando en el transcurso del tiempo. Es nuestro cuerpo físico el que nos da el poder de juicio, y esta es la razón por la que podemos ejercitar mejor su poder durante las horas de la mañana. En esta época entramos más profundamente en nuestros cuerpos físico y etérico que los hombres de los tiempos antiguos. En consecuencia, mientras ellos tenían una conciencia de su vida antes del nacimiento, nosotros tenemos una conciencia más bien de la existencia terrenal. Nos establecemos firmemente en nuestro cuerpo físico y etérico. Ellos no lo hicieron. Se podría decir que “llevaban” su cuerpo físico y etérico, sintiéndolo como algo externo a ellos, como sentimos la ropa que usamos. Hoy hemos perdido completamente este sentimiento. Ya no nos expresamos como lo hicieron, cuando estaban cruzando una puerta: llevo mi ser físico a través de la puerta. Eso era para ellos una forma completamente natural de hablar. Hoy nunca diríamos eso; decimos: entro por la puerta. Presionamos nuestro yo directamente en el cuerpo físico; por lo tanto, es perfectamente natural que nos expresemos de esta manera. Y como consecuencia de este desarrollo, también hemos perdido la conciencia de nuestra conexión con el mundo espiritual y con el mundo de las estrellas. El hombre de un tiempo anterior sabía que estaba conectado con el mundo de las estrellas. Sabía muy bien que estaba conectado con el mundo de las estrellas y también con el mundo espiritual que está detrás del mundo de las estrellas: sabía que había descendido de esos mundos a la existencia terrenal.

El hombre moderno dirá: Para vivir, necesito carne, verduras, huevos, etc. es decir, necesita productos del mundo físico y de ello debe preocuparse desde el nacimiento hasta la muerte. Por favor, no se imaginen por un momento, queridos amigos, que quiero hablar desdeñosamente o con desprecio de la comida que comemos. Es buena en sí mismo y pertenece a la vida; eso está completamente reconocido. Solo quiero señalar que los hombres de antaño sabían que para tener fuerza para vivir, el hombre necesitaba aparte de las fuerzas de la Tierra que residen en la carne de res, el repollo y los huevos, también necesitaba a Júpiter a Venus y a Saturno. Sabían de hecho que así como el hombre, cuando está aquí en la Tierra, necesita comer huevos, también necesita recibir, antes de descender a la Tierra, la fuerza de Júpiter y de Venus; de lo contrario, no podría ser un hombre terrenal en absoluto. El hombre moderno se siente unido a la Tierra y está muy preocupado por lo que debe comer para mantener su cuerpo sano. El hombre de otros tiempos sentía la necesidad de tener una relación correcta con las estrellas. Se decía a sí mismo: si sufro, aquí en la Tierra, por alguna incapacidad o falta de habilidad, debe ser que no me desenvolví bien mientras descendía del mundo de las estrellas; Debo hacerlo bien la próxima vez que haga el viaje de la muerte a un nuevo nacimiento.

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De hecho, es así que en aquellos tiempos el hombre desarrollaba lo que podría llamarse una dieta espiritual. En los Misterios había líderes y guías que no eran diferentes a nuestros modernos doctores en medicina. El médico moderno da su consejo sobre el cuerpo del hombre. Eso es bastante comprensible, y no se pretende ningún reproche. Pero los líderes en los Misterios, que también eran médicos, por ejemplo, si un hombre sufría de alguna debilidad física, daba instrucciones sobre cómo podría mejorar su relación con Venus, o con Saturno. Fue, por lo tanto, un consejo para el alma el que dieron estos líderes en los Misterios. Supongamos que un médico de este tipo descubriera que la persona que había acudido a él para sanar estaba demasiado atraída por su cuerpo físico. En lugar de sentir su cuerpo simplemente como una prenda para su alma, estaba firmemente unido a ella, como un hombre de hoy en día que persiste en dormir con su ropa. El médico le diría a esa persona: Cuando la Luna esté llena, intente salir a caminar en su luz, cuando aparezca por la noche; y mientras caminas, repite un cierto mantra.

¿Por qué el médico de los Misterios antiguos daba este consejo? Porque sabía que cuando una persona sale a caminar a la luz de la Luna, repitiendo al mismo tiempo ciertos mantras, eso contrarrestaría la fuerza de Saturno, y de ese modo Saturno tendría menos poder sobre él. Pues, como ven, este médico de antaño sabía que el apego al cuerpo físico, el estar tan unido a él, se debía al hecho de que la persona en cuestión se había aferrado demasiado a Saturno cuando él estaba pasando por el mundo de las estrellas, en su camino del mundo espiritual a la vida terrenal. Esta atracción excesiva a la vida de Saturno le había dado la enfermedad de la que estaba sufriendo. Pero ahora los dos cuerpos celestes, Luna y Saturno, tienden a contrarrestarse mutuamente. Para poder, por lo tanto, curar una aflicción debida a las fuerzas de Saturno, el médico recurriría a las fuerzas de la Luna. Él, en efecto, prescribiría una dieta espiritual. Hoy tenemos una dieta física y eso es correcto y adecuado para nosotros. En los tiempos antiguos, el hombre sentía la necesidad de una dieta de un tipo más espiritual, y ahora debemos aprender a agregar a nuestra dieta física también una dieta espiritual. Esa es la misión de la edad presente; tenemos nuestra dieta física, y también debemos recuperar la sensación de la importancia de una dieta espiritual. Si podemos hacer esto, nos permitirá alcanzar las tareas que requieren la realización en este momento presente en la evolución de la Tierra.

Esto es lo que quería presentarles en la primera parte de mi conferencia.

 

 

Es una satisfacción para mí, queridos amigos, el poder darles dos conferencias más después de hoy, así que no necesito darme prisa —como de lo contrario estaría obligado a hacer— pues puedo profundizar más en lo que está en mi corazón comunicarles con motivo de esta visita.

La visión de la vida preterrenal, del hombre, de la vida que vivió en el mundo espiritual antes de que se uniera aquí en la Tierra con un cuerpo físico y etérico, era posible para los hombres de la antigüedad, ya que poseían una clarividencia elemental. Para alcanzar tal visión hoy, necesitamos la ayuda de la ciencia antroposófica. Cuando con esta ayuda aprendemos a mirar con la conciencia de la Inspiración al tiempo que pasamos antes de descender a la Tierra, contemplamos cómo vivimos durante un largo tiempo en un mundo totalmente espiritual, un mundo donde no hay reino mineral, ni reino vegetal, ni reino animal, un mundo donde ni siquiera vemos brillando las estrellas a lo lejos en los cielos circundantes, un mundo donde tenemos a nuestro alrededor seres espirituales, seres de las jerarquías superiores. A lo largo de este período del tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento, vivimos entre seres espirituales. Y luego comenzamos a viajar a través de los cielos estrellados en nuestro camino de regreso a la Tierra, pasando —ahora con más, ahora de nuevo con menos, simpatía— a través de las diversas esferas estrelladas. Y este es el momento en que preparamos nuestra futura vida terrenal. Porque según nos relacionemos con las esferas estrelladas por las que pasamos, así será nuestra vida en la Tierra. Déjenme darles un ejemplo de cómo se lleva a cabo esta preparación.

Saliendo de un mundo que es puramente espiritual, pasamos primero a través de la esfera de las estrellas fijas. De estas no hablaré ahora; eso vendrá en la próxima conferencia. Luego pasamos a través de las esferas de Saturno, Júpiter y Marte, a través de la esfera del Sol, y a través de las esferas de Mercurio, Venus y la Luna, y así sucesivamente, por etapas graduales vamos descendiendo a la Tierra. Se darán cuenta por la descripción que nos acercamos a las esferas de las estrellas desde el otro lado. Cuando desde la Tierra miras hacia Júpiter, estás viendo a Júpiter desde un lado. Y cuando un ser —en este caso, un ser humano— desciende del mundo espiritual y pasa, en su camino a la Tierra, a través de las esferas de las estrellas, entonces en el momento en que nosotros, mirando desde la Tierra, vemos a Saturno, este ser, al acercarse a Saturno, lo verá desde el otro lado. Será lo mismo con todas las estrellas. Viniendo del mundo espiritual, se acerca a las estrellas desde atrás, por así decirlo, y ve el reverso de lo que los hombres ven desde la Tierra con la vista física. Por supuesto, no imaginarán que el ser humano que hace su viaje a la Tierra “ve” de la manera en que lo hacemos nosotros. Aún no tiene ojos, solo tendrá ojos cuando tenga un cuerpo físico. Lo que él ve es espiritual. Él ve a Saturno, Júpiter, Marte, Sol, en su aspecto espiritual; Venus también, luego Mercurio y la Luna. Y de acuerdo con la medida de la simpatía o antipatía con la que pasa a través de una u otra esfera, así serán las fuerzas que reciba en el curso de su descenso a su vez de cada esfera, —fuerzas de Saturno, fuerzas de Júpiter, etc. Imaginemos un caso particular. Como consecuencia de la forma en que vivió su vida anterior en la Tierra, un alma humana puede tener la sensación, cuando llegue el momento de descender a una nueva vida: será bueno si esta vez llego a la Tierra como mujer; si esta vez me encarno en un cuerpo femenino. Es una pregunta importante para el alma humana descendente el decidir si se convertirá en hombre o mujer. Todo su destino en la Tierra depende de la decisión; porque de ninguna manera es una cuestión indiferente si en una encarnación particular pasamos nuestra vida como hombre o como mujer. Pero no es suficiente que el alma simplemente llegue a la conclusión: seré un hombre o seré una mujer. Tiene que hacerse la debida preparación. Si el alma desea ser una mujer, se acercará a la Tierra en el momento de la Luna Llena. Cuando nosotros, mirando desde la Tierra, veamos la Luna llena, el alma que se acerca desde el mundo espiritual la verá oscura. Ahora lo que el alma ve es, por supuesto, el aspecto espiritual de la Luna. Al verla oscura, el alma la ve “poblada”, por así decirlo, con ciertos seres. Y estos seres son quienes prepararán el alma, para que, cuando llegue a la Tierra, sea atraída por un cuerpo femenino. Por otro lado, cuando mirando desde la Tierra, vemos la Luna Nueva —lo que significa que no podemos verla en absoluto— entonces el alma que desciende y ve la Luna desde el otro lado, la verá iluminada, verá la luz que irradia desde allí hacia el espacio cósmico, eso es, por supuesto, lo espiritual en la luz. En este caso, el alma puede convertirse en un hombre. Ya sea que reciba las fuerzas que lo llevan a una encarnación masculina o femenina depende, como ven, de la manera en que el alma viaje a través de las esferas de las estrellas. Y ahora, además de atravesar la esfera de la Luna, el alma también debe ir, por ejemplo, a través de las esferas de Mercurio y Venus. Si bien la forma de su viaje a través de la esfera de la Luna determina si el alma se va a convertir en hombre o mujer, al pasar por la esfera de Venus, el alma está más o menos simpatizada con una familia en particular. Porque el alma podría, por supuesto, ser hombre o mujer en esta, aquella o cualquier otra familia. Esta atracción hacia una familia se determina de la siguiente manera.

Un alma humana puede estar descendiendo, por ejemplo, en un momento en que Venus está justo al otro lado de la Tierra, y así el alma puede ignorar la esfera de Venus. Tal alma entonces no tendrá una gran conexión con su familia. O el alma puede, por otro lado, ir más allá de Venus, y puede hacerlo de varias maneras. Luego elegirá tomar el camino a través de la esfera de Venus que lo guiara hacia alguna familia en particular. Porque el alma tiene esta posibilidad; puede prepararse para pertenecer a una familia en particular al elegir, por así decirlo, el “rayo” que va desde Venus a esta familia. Bajando desde el otro lado, el lado oscuro, de Venus, el alma se acerca a la Tierra y encuentra su camino hacia esa familia.

El mismo tipo de cosas puede suceder con respecto a la esfera de Mercurio. La esfera de Mercurio lleva al alma a encontrar su camino en una gente o pueblo en particular. Cuando la región habitada por este pueblo reciba rayos de Mercurio, entonces el alma, que viene del otro lado y se acerca al lado oscuro de Mercurio, será ayudado a encontrar su camino hacia este pueblo.

Así se preparan las almas humanas para la vida en la Tierra. A través de la influencia de la Luna, y cuando hablamos de estos cuerpos celestiales, siempre es lo espiritual en ellos lo que tenemos en mente, a través de la influencia de la Luna, nos preparamos para que el alma se convierta en hombre o mujer; a través de la influencia de Venus, para que el alma pertenezca a determinada familia; a través de la influencia de Mercurio, para su pertenencia a algún pueblo o nación. La vida entera del hombre en la Tierra depende, como pueden ver, de la relación que establece con las esferas en el curso de su descenso del mundo espiritual. El conocimiento de esto se ha perdido. Debemos recuperarlo. Estamos acostumbrados a pensar en nosotros mismos como compuestos de hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, carbono, azufre, etc. Pero debemos llegar también al sentimiento —simplemente y naturalmente— de que estamos compuestos y somos creados del mundo de las estrellas. Porque no somos solo seres humanos hechos de proteínas y algunas otras sustancias. Todas las fuerzas del universo se han combinado para formarnos. Estas fuerzas del universo trabajan sobre nosotros mientras estamos descendiendo. Cuando venimos a la Tierra, las llevamos en de nosotros, y algo, como un recuerdo de esto nos queda dormido. Sin embargo, la memoria siempre es, como ustedes saben muy bien, más débil que la experiencia real.

Cuando alguien que es querido para ti ha muerto, piensa cómo el recuerdo del evento se vuelve menos vívido y poderoso a medida que pasa el tiempo. Y es lo mismo con la memoria que todavía tenemos en el sueño, de cómo era con nosotros cuando teníamos experiencias vivientes y presentes del mundo espiritual y del mundo de las estrellas. El recuerdo se vuelve oscuro; y es por eso que el hombre está ahora expuesto a las tentaciones que describí antes. Por lo tanto, una imagen difusa y débil en el sueño -una memoria cósmica débil- es todo lo que queda de la experiencia que tuvimos con el mundo espiritual y con las estrellas durante el tiempo transcurrido entre la muerte y nuestro último nacimiento.

Esto, queridos amigos, es lo que quería decirles hoy como presentación. Continuaremos con esto en el próximo encuentro

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

 

 

 

 

GA214c3. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 30 de agosto de 1922

English version

Mis queridos amigos, cuando nuestras posibilidades de reunirnos son tan pocas, a uno le invade el deseo natural de dar más de lo posible en una conferencia, y en ocasiones puede suceder que tal vez se da demasiado. Sin embargo hoy tengo la audaz intención de darles una descripción desde un punto de vista de lo que puede llamarse el otro lado de la existencia terrenal del hombre, y quiero dejar bien claro al mismo tiempo la importancia y significado para nuestra época de este tipo de conocimiento, de este conocimiento espiritual.

Después de todo ¿cuánto puede el hombre conocer ordinariamente de su existencia aquí en la Tierra?. ¿Qué pueden decirle sus sentidos y su intelecto?.  Con la conciencia ordinaria, solo está consciente de su vida despierta. Sin embargo, seguramente no es sin sentido que los Poderes Espirituales del Mundo que lo guían han insertado en la vida del hombre en la Tierra la condición del sueño.

Entre el momento de conciliar el sueño y el momento de despertar se lleva muchísimo a cabo. De hecho, todo lo que el Espíritu tiene que cumplir en la Tierra a través del hombre, la mayor parte se lleva a cabo durante el sueño. Mientras estamos despiertos, lo que sucede en la Tierra a través nuestro se limita a lo que hacemos,  —ya sea para nosotros mismos o para los que están a nuestro alrededor. Cuando vamos a dormir, sin embargo, comienza otra actividad. Mientras dormimos, elevados Seres Espirituales trabajan sobre el alma humana, con el objeto de llevar al hombre a su evolución plena y completa en su existencia de la Tierra.

Es posible que alguien que tenga conocimiento de la Ciencia Espiritual moderna pueda tener una visión clara y detallada de los importantes acontecimientos que ocurren durante el sueño. No debemos, por supuesto, cometer el error de imaginar que estos eventos tienen lugar solo para el iniciado, sino que es experimentado por todos los seres humanos por igual. De hecho, la evolución humana depende por completo de estos eventos que suceden con nosotros entre el momento de conciliar el sueño y el momento de despertar. La diferencia con el iniciado es sólo que él es capaz de llamar nuestra atención sobre estos hechos. Y cada vez es más importante que los que no se hacen ninguna pregunta en absoluto sobre el significado de su existencia en la Tierra deberían prestar importancia a lo que sucede en el sueño.

Permítanme esbozar a grandes rasgos las influencias que juegan en el sueño del hombre. Supongamos que alguien va a dormir. Como saben, el proceso se describe de la manera siguiente: el cuerpo astral y el yo abandonan el cuerpo físico y el cuerpo etérico, y van al mundo espiritual, de manera que ya no penetran los cuerpos físico y etérico como lo hacen en el estado de vigilia. Pero cuando tratamos de ir un poco más allá y formarnos una imagen de lo que realmente ocurre con el hombre durante el estado de sueño, nos encontramos con que es necesario en primer lugar llegar a una percepción más clara de la naturaleza de la relación del hombre con la Tierra durante las horas de vigilia. ¿Cómo se conecta el hombre con la Tierra mientras está despierto?.  En primer lugar, a través de sus sentidos. Con la ayuda de sus sentidos, percibe y llega a conocer los fenómenos de los diversos reinos de la naturaleza. Pero esto no es todo. El hombre también está conectado con la Tierra a través de las actividades que realiza inconscientemente, incluso cuando no está despierto. Por ejemplo el hombre respira, y así se conecta con toda la Tierra. El hombre lleva con su aliento a la Tierra entera en lo aereo. En el aire que respira, un sinnúmero de sustancias están presentes en una condición muy enrarecida. Y el hecho de que se encuentren en este estado enrarecido les permite ejercer una influencia que no es de poca importancia cuando a través de la respiración se recibe en el organismo del hombre. Lo que el hombre percibe con sus sentidos entra en él inconscientemente, incluso durante la vida despierta entra en el hombre una gran cantidad que es más importante de lo que le entra por los caminos más tenues como la percepción y el pensamiento. En el entorno de la respiración del hombre todo entra en él como materia, tomando forma sustancial. Tampoco es necesario que les recuerde cuán completamente dependiente del organismo humano es lo que recibe en la forma de alimento. Así que en total tenemos que reconocer muchas influencias que trabajan desde la Tierra sobre el ser humano despierto.

Sin embargo hoy vamos a investigar la influencia del trabajo sobre el hombre en el sueño. Y aquí nos encontramos con que el hombre, mientras que durante las horas de vigilia se encuentra en relación con las sustancias externas terrenales, cuando se duerme, entra en una cierta conexión con el Cosmos. No quiero dar a entender que el cuerpo astral del hombre asume todas las noches la inmensidad del Cosmos. Eso sería una exageración. Sin embargo, es un hecho que cada noche el hombre se expande hacia el Cosmos. Así como aquí en la Tierra estamos conectados por el aire con las plantas y los minerales, al dormir nos conectamos con los movimientos de los planetas y las constelaciones de las estrellas fijas. Desde el momento en que nos quedamos dormidos, los cielos estrellados se convierten en nuestro mundo, así como la Tierra es nuestro mundo cuando estamos despiertos.

Ahora voy a describir un poco más en detalle la manera en que tomamos el camino cuando nos dormimos, donde nos encontramos con que podemos distinguir que atravesamos diferentes ámbitos.

Primero entramos en una esfera donde el yo y el cuerpo astral, es decir, el alma humana, durante el sueño se siente unida con los movimientos del mundo planetario. Cuando nos despertamos por la mañana y entramos en nuestro cuerpo físico, sabemos que tenemos en nosotros, nuestros pulmones, nuestro corazón, nuestro hígado, nuestro cerebro. En la primera esfera con la que entramos en contacto después de quedarnos dormidos y que también volverá a ser la última esfera por la que entramos al despertar, llevamos en nosotros las fuerzas de los movimientos de los planetas. Esto no significa, por supuesto, que recibimos en nosotros todas las noches todos los movimientos planetarios; llevamos dentro de nosotros una pequeña imagen, por así decirlo, donde se reproducen los movimientos de los planetas. Y esta imagen es diferente para cada ser humano. Esta es entonces, la primera experiencia que cada uno de nosotros encuentra al dormirse. Seguimos con nuestro cuerpo astral por así decirlo, todo lo que sucede con los movimientos de los planetas, por los amplios espacios del Universo, lo experimentamos todo en nuestro cuerpo astral como una especie de globo planetario.

Tal vez dirán: Pero, ¿cómo puede esto preocuparme, si no puedo percibirlo?.  Es cierto que no lo ven con sus ojos, ni lo oyen con sus oídos. Pero apenas han pasado a la condición del sueño, la parte del cuerpo astral, que en la vigilia pertenece al corazón, se convierte en un ojo, se convierte, en realidad, en lo que podríamos llamar un “ojo-corazón”; y con este ojo del corazón, “ves” lo que ahora está ocurriendo. Para la humanidad actual, la percepción es muy tenue. Sin embargo, tengan por seguro que existe; El “corazón-ojo” percibe las experiencias de la primera esfera del sueño.  El yo y el cuerpo astral miran con el “corazón-ojo” hacia sus cuerpos físico y etérico. Y contemplan la imagen de los movimientos planetarios que se están experimentando en su cuerpo astral,  irradiando desde su cuerpo etérico; ve el reflejo de esos movimientos en el cuerpo etérico.

Hoy en día el hombre está constituido de tal manera que tan pronto como se despierta, inmediatamente se olvida de la vaga conciencia que tenía en la noche por medio de su “corazón-ojo”. Hay sin embargo, sueños en los que se puede captar, por así decirlo, un eco de ello. Estos sueños están en movimiento, en un movimiento interior que recuerda a los movimientos planetarios. Entonces en estos sueños se forman imágenes de la vida real, pero eso solo ocurre cuando el cuerpo astral ya ha comenzado a sumergirse en el cuerpo etérico, que lleva y conserva para nosotros nuestra vida de recuerdos.

Déjenme describirles algo que puede suceder fácilmente. Te despiertas por la mañana, habiendo pasado de nuevo en tu regreso a través de la esfera de los movimientos planetarios.  Supongamos que has experimentado una relación particular entre Júpiter y Venus. Tal experiencia debe estar íntimamente relacionada con tu destino; de lo contrario, no la tendrías; y si pudieras llevar esta experiencia a la vida —a tu vida diaria ordinaria— arrojarías una luz maravillosa sobre tus facultades y capacidades. Pues el hecho es que estas facultades nuestras no son de la Tierra, las hemos traído desde el Cosmos. De acuerdo con lo que es nuestra conexión con el Cosmos, así son nuestros dones y talentos, así como la bondad, —o al menos la inclinación hacia el bien o hacia el mal. Si pudieran traer a la vida cotidiana la experiencia de la que estamos hablando, podrían ver lo que Júpiter y Venus se dicen el uno al otro, porque llevarían lo que habían visto en el sueño con su “corazón-ojo” —también podría decir, oído con su corazón-oído, porque estas distinciones más sutiles no existen para las experiencias del sueño, sin embargo dado que todo esto se percibe muy débilmente, se olvida. Pero el resultado de la experiencia permanece en el cuerpo astral, la relación mutua entre Júpiter y Venus produce el movimiento correspondiente en el cuerpo astral. Y ahora se mezcla con un poco de la experiencia que tuvieron hace mucho tiempo, tal vez cuando tenían 17 ó 25 años de edad, digamos al medio día, un día, en Oxford, por ejemplo, o en Manchester. Las imágenes de esta experiencia del pasado se entrometen en la experiencia cósmica y ambas se mezclan. Como podemos ver, por lo tanto, las imágenes que se nos ofrecen en los sueños tienen un significado determinado, sin embargo, no son la parte esencial del sueño, son como una prenda de vestir que tejemos en torno a las experiencias cósmicas.

Ahora, a través de toda esta experiencia que nos viene de la manera descrita, sentimos ansiedad. En casi todos los casos se acompaña de una sensación más o menos intensa de ansiedad —ansiedad, es decir, de naturaleza espiritual, y especialmente en el momento en que la experiencia cósmica suena de nuevo, brilla de nuevo, ante el alma del cuerpo etérico. Supongamos que la influencia debida a una cierta relación entre Júpiter y Venus vuelve a ti desde tu cuerpo de éter, y un rayo —lo llamo simplemente un rayo, ¡pero ello le dice mucho a tu ojo-corazón! — un rayo regresa de tu frente, mientras que un segundo rayo, que proviene de la región debajo del corazón, mezcla su música y su luz con el primero. En cada alma humana que no esté completamente endurecida, esto dará lugar a la sensación de ansiedad y aprehensión de la que he hablado. El alma se verá obligada a decirse en el sueño: La niebla cósmica me envuelve, me recibe.  Nos sentimos realmente como si  estuviéramos envueltos en una oscura y nebulosa niebla cósmica, como si  fuéramos una nube de niebla flotando en la niebla de los mundos. Tal es el carácter de la primera experiencia que encuentra el alma después de dormirse.

Y luego, otro sentimiento comienza a surgir en el alma. De esta primera experiencia, en la que el alma está ansiosa y preocupada, sintiéndose no más que una pequeña ola de niebla en la niebla de los mundos, otro estado de ánimo se va desarrollando dentro de ella, un estado de ánimo de devoción y entrega a lo Divino que llena e impregna el Universo.

Esto es, lo que pasa con nosotros, mis queridos amigos, en la primera esfera a la que llegamos después de dormirnos. Dos sentimientos fundamentales viven en nuestra alma, estoy en la niebla de los mundos, -yo de buena gana descansaría en el seno de la Trinidad, donde estoy seguro y protegido y no me disuelvo en la niebla de los mundos. Esta es, además, una experiencia que la percepción del corazón debe necesariamente llevar a la vigilia de la mañana, cuando la inmersión del alma ha vuelto a despertarse en los cuerpos físico y etérico. Porque si esta experiencia no se trajera, entonces las sustancias que se toman como alimento durante el día asumirían dentro de nosotros su propio carácter totalmente terrenal y lanzarían nuestro organismo al desorden. Y esto se aplica no sólo a lo que comemos, sino a todas las sustancias que experimentamos en nosotros como procesos del metabolismo. Porque incluso si pasamos hambre, se están tomando continuamente sustancias, —en este caso, de nuestro propio cuerpo— y se elaboran a través del metabolismo.

El sueño tiene, como ven, mis queridos amigos, un significado inmenso para la condición de vigilia. Y solo podemos registrar nuestro reconocimiento del hecho de que en esta época de evolución no le corresponde al hombre ver que las fuerzas divinas son llevadas a la vida despierta. Porque sería difícil para los seres humanos tal como son en la era actual, apoyarse en ellos para traer estas influencias en plena conciencia y llevarlas a la vida despierta del día.

Y ahora el hombre entra en la siguiente esfera. Esto no quiere decir, que deja la primera, no, pues el corazón-perceptivo esta todavía allí. Esta siguiente esfera, que es mucho más complicada, es percibida por otra parte del cuerpo astral —la parte que pertenece en la vida de vigilia al plexo solar, y a la organización de los miembros. La parte del cuerpo astral que impregna el plexo solar, los brazos y las piernas es ahora el órgano de percepción, y con la ayuda de este órgano el hombre comienza a sentir las fuerzas en su cuerpo astral que provienen de los Signos del Zodíaco.  Estos son de dos tipos: las fuerzas que lo alcanzan desde el Zodíaco directo, y las fuerzas que primero tienen que pasar a través de la Tierra. Porque hay una gran diferencia si un signo en particular está arriba o debajo de la Tierra.

Por lo tanto, el hombre tiene en esta segunda Esfera lo que podríamos llamar una percepción solar o del Sol. Él percibe con la parte de su cuerpo astral que está asociada con el plexo solar y las extremidades,  —un órgano de percepción que con razón se puede llamar ojo solar. Y por medio de su ojo solar el hombre se hace consciente de su relación, no sólo de los movimientos planetarios, sino de todo el zodiaco.  La imagen que contemplas se va haciendo cada vez mayor, o mejor dicho, el hombre se crece hacia fuera en la imagen del Cosmos. Y aquí de nuevo, el hombre es capaz de contemplar el reflejo de la experiencia cuando mira hacia atrás a su propio cuerpo físico y etérico.

Cada noche, le es dado al hombre, —es decir, a la parte de él que sale del cuerpo—entrar en relación con todo el Cosmos; primero, con los movimientos planetarios, y luego con las constelaciones de las estrellas fijas. En esta última experiencia, que puede llegar media hora después de quedarse dormido, o más tarde, pero a mucha gente le llega muy pronto, el hombre se siente dentro de las doce constelaciones del Zodíaco. Y las experiencias que encuentra en las constelaciones son extremadamente complicadas.

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Yo verdaderamente creo, que es posible que alguien haya viajado por el mundo entero y visitado las regiones más interesantes e importantes de la Tierra no tendrían la cantidad y variedad de experiencias como las que el ojo solar ofrece todas las noches en conexión con una sola constelación del Zodíaco. Para los hombres de los tiempos antiguos, que aún poseían los poderes de clarividencia en toda su fuerza y podían percibir con la conciencia onírica mucho de lo que he estado describiendo, las experiencias del sueño eran menos desconcertantes. En nuestro tiempo es extremadamente difícil para el hombre alcanzar con su ojo Solar cualquier grado de claridad con respecto a esta complicada doceava experiencia de la noche. Él tiene que hacerlo, incluso si durante el día lo ha olvidado por completo; pero difícilmente puede, a menos que haya recibido, con la comprensión del corazón, el conocimiento de Cristo y de todo lo que el Cristo llego a dar a la Tierra a través del Misterio del Gólgota. Si en nuestra vida de vigilia ordinaria podemos comprender y sentir lo que significa para la vida de la Tierra lo que Cristo ha traído a través del Misterio del Gólgota, si meditamos en el Ser Cristo, entonces nuestro cuerpo astral puede recibir a través del cuerpo físico y etéreo, un cierto matiz o cualidad que provoca que Cristo se convierta en nuestro guía y líder a través del Zodíaco durante el sueño. Porque en el ámbito de los movimientos planetarios, de nuevo un sentimiento de ansiedad viene sobre el hombre. Siente algo como: ¿Y si me pierdo en la multitud de las estrellas, y en todos los acontecimientos múltiples que se producen entre ellas?. Pero si él es capaz de portar los pensamientos y sentimientos e impulsos de la voluntad que ha dirigido en su vida de vigilia al Cristo, entonces Cristo se convierte para él en un guía, poniendo orden en los acontecimientos desconcertantes de esta esfera. Y así nos llega la realidad, el hecho de que solo cuando ponemos nuestra atención en el otro lado de la vida, podemos apreciar el significado pleno de Cristo para la vida de la Tierra,  como ha sido hasta ahora; y en cuanto a lo que Cristo todavía tiene que convertirse para la vida de la Tierra, —nadie dentro de la civilización ordinaria de nuestros días realmente puede entenderlo.

 Por supuesto, hay algunos entre nosotros que pueden decir que pasan por la experiencia de dormir correctamente, y estas experiencias dan a menudo una falsa interpretación. Los seres humanos que no hayan estado en contacto con el acontecimiento de Cristo traen estas experiencias de la noche a la conciencia de vigilia del día de una manera desordenada y confusa. Podemos entender cómo ocurre esto cuando sabemos qué es lo que realmente ocurre con nosotros durante el sueño. Como hemos visto, cuando pasamos a través de la esfera de la existencia en que estamos envueltos en la niebla o las nubes, vemos acercarse un mundo que nos confunde y sorprende. Aquí es donde el Cristo se nos presenta como un Sol espiritual y se convierte en nuestro guía, y entonces toda la confusión se resuelve en una especie de armonía que nos escucha y entiende. Que esto sea así, se lo debemos a que en el momento de dormir llevamos a Cristo como nuestro guía, este es un asunto de la mayor importancia para nosotros. Pues en el momento en que entramos en esta esfera y comenzamos a tener a nuestro alrededor la vida interactiva de las constelaciones del zodíaco y los movimientos de los planetas, nos encontramos también con nuestro Karma. Con el ojo solar contemplamos nuestro Karma. Sí, de hecho es así, todo ser humano tiene la visión de su Karma durante el sueño. Todo lo que queda de la percepción en la vida de vigilia, es una especie de débil eco que vibra en los sentimientos.

Supongamos que un hombre ha comenzado a caminar por el sendero del autoconocimiento. Se va a encontrar tal vez que su alma está impregnada a veces con un estado de ánimo y actitud ante la vida que es como un eco lejano de la experiencia que ha tenido en el sueño, donde el Cristo se presentó como su guía y lo llevó en la noche de Aries a través de Tauro y Géminis, etc.  clareándole el mundo de las estrellas, por lo que vuelve con fuerza renovada a la vida del día. Porque esa es la maravillosa experiencia que le espera al hombre en esta esfera, nada menos que el mismo Cristo se convierte en su guía a través de los desconcertantes acontecimientos del Zodíaco, El va delante y le señala el camino de constelación en constelación, para que pueda ser capaz de recibir en su alma, en el orden correcto la armonía de las fuerzas que necesita para la vida de vigilia.

Tal es, pues, la experiencia a la que el hombre se somete cada noche entre dormir y despertar, una experiencia que se debe al hecho de que el alma y el espíritu tienen parentesco con el Cosmos. Porque, así como él se relaciona con la Tierra con su cuerpo físico y etérico, con su ser anímico espiritual con su cuerpo astral y Yo, el hombre está en relación con el Cosmos. Y cuando sale de sus cuerpos físico y etérico, y se sumerge en el mundo cósmico las experiencias que sufre allí brillan de nuevo en él, como una especie de imagen interior, en la parte de él que se queda en la cama. Se siente muy profundamente conectado con el cosmos y de hecho, es fuertemente atraído a ir aún más lejos, más allá del zodíaco,  si no fuera por la presencia de otra fuerza que lo trae de vuelta. A causa de este otro elemento que entra en todas las experiencias que acontecen al hombre durante el sueño,  no es posible para él, entre el nacimiento y la muerte, para ir más allá del Zodiaco, nos encontramos aquí con una influencia totalmente diferente de tipo y calidad; la influencia de la Luna.

El efecto de la influencia de la Luna tiñe con una cierta sustancialidad el Cosmos durante la noche, y esto sucede incluso en el momento de la Luna Nueva. El hombre experimenta esta sustancialidad, con todo lo demás. Siente cómo las fuerzas de la Luna le retienen dentro del mundo del zodiaco y lo traen de nuevo a la hora de despertar. Incluso en la primera esfera en la que entra después de quedarse dormido, el hombre ya adivina vagamente dentro de él la presencia de esta influencia; comenzando a ser muy sensible en la segunda esfera, donde tiene una experiencia poderosa y vívida de los misterios del nacimiento y de la muerte. El órgano para esta experiencia se encuentra mucho más profundo dentro del hombre que el ojo del corazón o incluso el ojo del sol; se puede decir que se extiende e involucra al hombre completo. Con este órgano, el hombre experimenta todas las noches cómo descendió como ser anímico espiritual del mundo del alma y el espíritu, cómo entró por nacimiento en una existencia física y cómo su cuerpo va pasando gradualmente hacia la muerte, porque el hecho es que superamos la muerte, incluso hasta el momento en que la muerte ocurre realmente como un final. Algo más también está asociado con esta experiencia. Las mismas fuerzas que nos permiten experimentar cómo el alma en su viaje a través de lo terrenal y corporal nos revelan también en el mismo momento nuestras conexiones con el resto de la humanidad.

Quisiera que tuvieran presente el hecho, mis queridos amigos, de que incluso un insignificante contacto con otro ser humano no deja de tener su lugar y su conexión en nuestro destino conjunto. Y si las almas, con las que hemos estado en alguna vida pasada o con las que hemos estado conectadas en la vida presente y que ahora están en el mundo espiritual o siguen con nosotros aquí en la Tierra, todo lo que hemos tenido que ver con una relación de hombre a hombre, todos los lazos humanos están íntimamente relacionados, ya que estos son los secretos del nacimiento y la muerte que se muestran ahora ante el “ojo espiritual”, si se me permite llamarlo así, de todo hombre. Y todo esto viene ante nuestra visión y como todo esto viene antes de nuestro punto de vista, sentimos que estamos realmente dentro de la corriente de nuestro destino.

Esto tiene que ver con el hecho de que, mientras que todas las otras fuerzas —las fuerzas de los planetas y de las estrellas fijas— tienden a llevarnos hacia el lejano Cosmos, la Luna nos retiene una vez más en el mundo de los hombres. La Luna nos aleja del Cosmos. La Luna tiene fuerzas que se oponen directamente tanto a las fuerzas del Sol como a las de las estrellas, asegurando nuestro parentesco con la Tierra. Por consiguiente, es la Luna la que nos lleva de nuevo cada noche, nos aleja de la experiencia del zodiaco y de las experiencias de los planetas, llevándonos una vez más a nuestro cuerpo físico.

Aquí tienen la diferencia, desde un punto de vista, entre el sueño y la muerte. Cuando el hombre se va a dormir, permanece todavía en estrecha relación con las fuerzas de la Luna. Las fuerzas de la Luna le señalan  cada noche el significado de su vida en la Tierra. Esto se hace posible por el hecho de que puede ver en su cuerpo etérico la reflexión de todas sus experiencias de la noche. Con la muerte, sin embargo, el hombre retira su cuerpo etérico del cuerpo físico. Luego comienza, como saben, la panorámica que recuerda la última vida en la Tierra. El cuerpo etérico se expande, llenando durante algunos días la nube cósmica de la que he hablado. Ya dije cómo todas las noches vivimos nuestro camino como nubes, como niebla, en la Niebla de los Mundos. En la noche esta nube de niebla que somos, está allí sin el cuerpo etérico; pero cuando morimos, nuestro cuerpo etérico está presente durante los primeros días. Entonces el cuerpo etérico se va disolviendo gradualmente en el Cosmos, la memoria se va desvaneciendo hasta desaparecer, y tenemos —en lugar de un reflejo de las experiencias de las estrellas proyectado por la parte de nosotros que dejamos en la cama— ahora, después de la muerte, tenemos una experiencia interna inmediata de los movimientos de los planetas y de las constelaciones de las estrellas fijas.

Pueden leer en mi libro “Teosofía” una descripción de estas experiencias desde otro punto de vista. Allí hice una descripción de lo que el hombre encuentra, por así decirlo, a su alrededor entre la muerte y el nuevo nacimiento. Pero al igual que en la Tierra no tendría alrededor los colores y sonidos, por ejemplo, a menos que tenga los ojos y los oídos, y  no podría respirar sin tener pulmones y un corazón, tampoco se podía percibir después de la muerte a su alrededor lo que se encuentra descrito en mi libro como “el mundo anímico” y “la tierra de los espíritus”, a menos que tenga en su interior a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Aries, Tauro, Géminis, etc. Estos están dentro de nosotros, son nuestro organismo, nuestro organismo cósmico por medio del cual podemos experimentar después de la muerte. Y la Luna ahora, no nos puede traer de vuelta, ya que sólo podría hacerlo a través del cuerpo etérico que se ha disuelto en el Cosmos.

El hombre sin embargo conserva, incluso después de la muerte algo que le quedaba de la fuerza que se hereda de la Luna, lo suficiente para que pueda permanecer por algún tiempo en el mundo anímico, con la mirada todavía fija en la Tierra. Luego  pasa a la tierra de los espíritus, y he aquí que siente y sabe que él está pasando por una experiencia que está más allá del Zodíaco, más allá del cielo y las estrellas fijas. Tal es el curso de la vida del hombre en el tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento.

También podría dar otra descripción del viaje nocturno del hombre por el mundo espiritual, y lo voy a describir para vosotros en una imagen. Sólo tienen que tener cuidado de no tomar la imagen al pie de la letra, porque, como sabéis, es casi imposible expresar estas cosas en conceptos terrenales. Sin embargo, esta imagen es real, y les ayudará a seguir este camino con todos sus detalles.

Imagínense ante un prado. De cada flor del prado  —de las flores que florecen también en los árboles—, sale una espiral y va hacia fuera,  hacia el espacio cósmico. Estas espirales circulares por las cuales las fuerzas del cosmos fomentan y regulan el crecimiento de las plantas en la Tierra. Pero las plantas no crecen solo de su descendencia, sino que necesitan también para su crecimiento las fuerzas cósmicas que rodean a la Tierra con sus influencias dirigidas en espiral. Estas fuerzas cósmicas están allí en invierno también, están ahí, incluso en el desierto, donde no crecen las plantas. Cuando llega la noche para el hombre, tiene que usar estas fuerzas en espiral como una especie de escalera sobre la cual puede ascender al reino de los movimientos planetarios. El hombre asciende a los movimientos de los planetas en la escala de los rayos espirales que circundan hacia arriba desde las plantas. Y luego hay otra fuerza, la fuerza que hace que la planta se dispare desde su raíz —porque debe haber una fuerza trabajando para permitir que la planta crezca hacia arriba. Con la ayuda de esta fuerza, el hombre es llevado a la segunda esfera que describí.

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Recordemos por un momento esas experiencias relacionadas con nosotros, donde entramos en un estado de ansiedad y  sentimos: “Yo no soy más que una pequeña nube de niebla en la niebla del cosmos, —tengo que descansar en el seno de la Dios”. Si queremos relacionar esta experiencia del alma con las condiciones en las que vivimos en la Tierra, tendría que expresarla de la siguiente manera. Es como si el alma dijese: “Yo descanso en la bendición del Cosmos como paso por encima de un campo de maíz que se acaba de abrirse en flor, descanso en la bendición del Cosmos como paso por encima de un prado de flores que se desarrollan en la luz”. Pero qué es lo que llena las plantas en líneas de fuerza espirales?.  Es el seno de la Deidad, rápido e instintivo con la vida, el mismo dentro del cual el hombre se encuentra protegido y encerrado cada vez que se duerme.

La Luna, por otro lado, lleva al hombre al aspecto animal de su naturaleza. Las fuerzas de las plantas tienden perpetuamente a llevarlo más y más lejos en el ancho universo. Pero el hombre tiene también en su ser algo que comparte con el reino animal, y debido a esto la Luna es capaz de hacerle volver cada mañana,  de nuevo a su propia naturaleza animal.

Tenemos aquí, una imagen de la relación del hombre con el cosmos, y de su influencia sobre él durante el sueño. Podemos llevar la imagen un poco más lejos. Con el ‘ojo-corazón´, el ojo-solar y el ojo espiritual, podemos experimentar en el sueño el tipo de sensación al que estamos acostumbrados en la vida de vigilia, cuando estamos unidos en una relación íntima y cercana con otra persona. No se nos dice con palabras, ni tampoco se nos razona. Son las plantas quien nos lo dice; lo escuchamos de las plantas que nos levantan, como en una escalera de caracol, hacia el mundo de los planetas, desde donde somos enviados de nuevo al mundo del Zodíaco.

Si quisiéramos poner en palabras lo que experimentamos en este sentido, podríamos decir: tengo una relación con esta persona, y los lirios me lo dicen, las rosas me dicen, el poder de la rosa, el poder del lirio, el poder del tulipán me ha llevado a experimentar esta relación. Así toda la Tierra es convertida en un libro de la vida que interpreta para nosotros el mundo del alma humana, ese mundo en el que tenemos que encontrar nuestro camino a medida que avanzamos a través de nuestra vida.

Ahora, estas experiencias que vienen a hombre durante el sueño no siempre han sido las mismas, varían en las diferentes épocas. Si nos remontamos a la antigua India, nos encontramos con que en aquellos tiempos los hombres que querían aprender lo que el sueño podía enseñarles poniéndolos en relación con el mundo de las estrellas, limitaban su búsqueda a aquellas constelaciones de las estrellas fijas que estaban sobre la Tierra anteriormente, es decir, en el momento concreto de tiempo, pues las constelaciones están, por supuesto, cambiando continuamente su lugar en los cielos. En la antigua India no se tenía ningún deseo de hacer la conexión con las constelaciones que estaban por debajo de la Tierra, cuyas fuerzas pueden llegar al hombre sólo a través de la Tierra.

Miren la postura característica de Buda, – o de cualquier sabio de Oriente que se dispone a realizar los ejercicios que le permiten alcanzar la sabiduría espiritual, Él se sienta con las piernas cruzadas. La parte superior de su cuerpo está en relación con las constelaciones superiores, que están activas, sólo eso. A través de los ojos del sol, también se trabaja en él lo que funciona a través de las extremidades, pero esto no lo quiere activar. Él quiere, por así decirlo, eliminar las fuerzas de las extremidades durante sus ejercicios espirituales. En su postura se puede ver con toda claridad que el solicitante de la sabiduría oriental  desea entrar en relación con lo que está por encima de la Tierra, y solamente con eso. Todo su interés se dirige al conocimiento que se refiere al alma.

El mundo, sin embargo no estaría completo si la búsqueda del hombre por el conocimiento continuara limitándose de esta manera, si los hombres hubieran seguido asumiendo siempre y exclusivamente la postura de Buda, cuando se pusieron en el camino del conocimiento. No fue así. En la era de Grecia, los hombres comenzaron a sentirse impelidos a hacer la conexión también con las fuerzas de las constelaciones que estaban  en ese preciso momento, por debajo de la Tierra. La Mitología griega contiene bellas historias sobre ello. Una y otra vez se nos habla de una especie de Espíritu donde el candidato desciende a los infiernos. Cada vez que leemos de un héroe griego que desciende a los infiernos, podemos estar seguros de que el significado es que él está pasando por una Espiritualidad que le daba el conocimiento de las fuerzas del Cosmos que trabajan en la Tierra y que eran conocidas por el griegos como las fuerzas ctónicas.

Cada época del tiempo tiene su propia tarea y misión. El iniciado oriental tenía que aprender, a fin de poder comunicar el conocimiento a sus semejantes, sobre la región del alma y del espíritu, donde el hombre moraba antes de nacer —o debería decir, antes de la concepción— y sobre las experiencias del hombre antes que él descienda al mundo terrenal. Todo lo que se siente de grande y majestuoso en la poesía de Oriente y en sus concepciones del universo, se deben al hecho de que los hombres de aquellos lejanos días fueron capaces de mirar a la vida que habían experimentado antes de bajar a la Tierra. En Grecia, los hombres comenzaron a tomar conocimiento de la Tierra y de todo lo que pertenece a la Tierra. El griego tiene Urano y Gaia —la Tierra— como  punto de partida de su cosmología. Aspira a conocer también los Misterios de la Tierra misma, que incluyen a la vez los misterios cósmicos que trabajan a través de la Tierra. Los griegos querían descubrir también los misterios del inframundo, y de esta manera desarrollaron su verdadera cosmología.

Piensen en lo poco que hay entre los griegos —nada entre los orientales— pero lo poco que hay entre los griegos del estudio de la historia en el sentido de la palabra. El griego estaba mucho más interesado ​​en los inicios lejanos cuando la Tierra se estaba formando en el Cosmos, cuando las fuerzas del interior de la Tierra, las fuerzas titánicas, declararon la guerra a las otras fuerzas, esas poderosas fuerzas espirituales que los griegos concibieron como subyacentes en la red de las condiciones terrenales dentro de la cual el hombre se encuentra envuelto. Pero los hombres de los tiempos modernos están llamados a entender la historia, tenemos que ser capaces de mostrar cómo el hombre comenzó a partir de una antigua clarividencia onírica y ahora ha llegado a una conciencia de carácter intelectual y teñida ligeramente con el recuerdo de los mitos. Ahora pasare a mostrar la necesidad de que el hombre trabaje ahora la manera de salir de esta conciencia intelectual y aprenda a mirar en el mundo del Espíritu. En la época actual el tiempo marca la transición hacia el logro de la experiencia consciente del mundo espiritual. Es por eso que es tan importante para nosotros dirigir nuestra atención a la historia. Encontrareis que en nuestro trabajo antroposófico nos referimos una y otra vez al estudio de las diferentes épocas de la historia, que se remonta en primer lugar al tiempo en que los hombres recibían sus conocimientos de seres superiores, y luego se siguieron desarrollando hasta nuestra época.

El estudio de la historia, por supuesto, se convierte irremediablemente en algo abstracto en nuestras escuelas y universidades de hoy en día. ¿Podría haber algo más abstracto que las líneas de demarcación que la gente saca al desarrollar algún tema histórico?. Para los hombres de tiempos antiguos, la historia estaba vestida aún con el traje del mito y lo pusieron en relación con la naturaleza y con todo lo que sucede en el mundo. La gente ya no puede hacer esto. Tampoco muestra ninguna disposición hasta ahora a investigar más profundamente en los tiempos de antaño. No sienten la necesidad de preguntar cómo fue el hombre en los días en que recibió la sabiduría de seres más elevados, cómo fue más tarde cuando cada vez le llegaba menos la sabiduría, o cómo fue con él cuando un Dios mismo descendió para encarnar a través del Misterio del Gólgota en un cuerpo humano llevando a cabo una misión cósmica sublime con la Tierra, por la que finalmente se le dio su verdadero significado.

Toda la teología de los siglos XIX y XX ha fracasado, porque no se puede entender al Cristo en su significado espiritual. Eso, mis queridos amigos, es lo que la Ciencia Espiritual quiere traer, la comprensión del Cristo. Necesitamos una Ciencia Espiritual que pueda penetrar de nuevo en el mundo espiritual, que pueda hablar otra vez sobre el nacimiento y la muerte, sobre la vida entre el nacimiento y la muerte y también sobre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y acerca de la vida del alma durante el sueño —se puede hablar de estas cosas en la forma en que estamos hablando ahora. La posibilidad debe estar ahí para que el hombre vuelva a conocer el otro lado —el lado espiritual— de la existencia De lo contrario, simplemente no podrá avanzar en el futuro.

Una vez, hace mucho tiempo, los hombres dirigieron su búsqueda del conocimiento de los mundos superiores —lo vemos demostrado en la postura del Buda. Luego, en tiempos posteriores, el hombre tomó la evolución de la Tierra como su punto de partida y leyó su cosmología de la evolución de la Tierra; se inició en Grecia en los Misterios Chtócnicos, como lo encontramos relacionado en muchos mitos griegos, donde el relato de tal iniciación es a menudo una característica prominente de la historia. Nuestra búsqueda tiene que dar un nuevo giro. Habiendo estudiado en el pasado los Misterios de la Tierra y los misterios de los Cielos, necesitamos en nuestros días una Ciencia Espiritual que sea capaz de moverse rítmicamente entre el Cielo y la Tierra, una Ciencia Espiritual que pregunte a los Cielos cuando quiere entender la Tierra, y pregunte a la Tierra cuándo quiere saber de los Cielos.

Y así es como si quieren, encontrarán las preguntas y sus respuestas —en la medida en que puedan ser contestadas hoy,  en mi libro “La Ciencia Oculta, un bosquejo“. Permítanme decir aquí con toda humildad que en este libro se ha hecho el intento de describir el conocimiento del que el hombre moderno tiene necesidad, que lo necesita tan ciertamente como el Oriental necesitaba los misterios de los Cielos o los griegos los misterios de la Tierra. Porque se requiere que tomemos nota y observemos cómo se encuentra con la iniciación en los tiempos modernos y cuál es la relación del hombre con ella en esta época actual. Permítanme esforzarme por describirles brevemente en la tercera parte de mi conferencia las tareas que tenemos por delante con la Ciencia Espiritual moderna.

Para darles una idea de las tareas de la iniciación moderna, tendré que repetir aquí lo que algunos de ustedes me habrán escuchado decir en Oxford hace unos días.

Estaba señalando justo ahora que mientras que los iniciados de tiempos muy antiguos pusieron énfasis particular en mirar hacia arriba, a los mundos espirituales de donde el hombre desciende para vestirse en un cuerpo terrenal, mientras que, por otro lado para los iniciados de un tiempo algo posterior, nos lo encontramos descrito por los griegos como el descenso al inframundo, que fue de capital importancia, el iniciado de nuestro tiempo tiene otra tarea más. Tiene que buscar el conocimiento, en la relación rítmica de los Cielos y la Tierra. Para este fin, él tiene que conocer los Cielos y la Tierra, pero debe, en su búsqueda, mantener siempre ante él el pensamiento de Hombre,  en quien solo, entre todos los seres que están a nuestro alrededor, el Cielo y la Tierra trabajan juntos para formar un todo completo. Sí, el hombre mismo debe ser el objetivo de nuestro estudio. El ojo del corazón, el ojo solar, el ojo espiritual (que está formado de todo el ser humano) deben despertarse en el hombre. Porque el Hombre lleva dentro de él, mis queridos amigos, infinitamente más secretos y misterios que los mundos que podemos percibir con nuestros sentidos externos y explicar con el intelecto ligado a los sentidos. Porque alcanzar el conocimiento del Hombre como espíritu, alcanzar un conocimiento espiritual del Hombre, es la tarea de la iniciación moderna. En este camino de conocimiento de la iniciación tenemos que partir en la búsqueda de un conocimiento universal, pero siempre con este objetivo a la vista, que, al aprender a entender el mundo, a través de la comprensión del Cosmos, podamos llegar finalmente a entender al Hombre.

Y ahora comparen la situación de un iniciado de nuestro tiempo con la situación de un iniciado de la antigüedad. Los hombres de aquellos primeros tiempos tenían unas facultades anímicas que le permitieron despertar en su interior el recuerdo del tiempo que pasamos antes de descender a un cuerpo terrenal. Por lo tanto, para el iniciado de esos días era una cuestión de despertar los recuerdos cósmicos. Y para los griegos era una cuestión de buscar en la Naturaleza, de contemplar la naturaleza. Pero el iniciado de los tiempos modernos tiene que tener como su objetivo el conocimiento de hombre, está llamado a aprender a conocer al hombre, directamente, como un ser espiritual. Para esto, debe aprender a liberarse de su actual comprensión limitada y terrenal de su conexión con el Universo. Repito un ejemplo que di recientemente en Oxford de cómo esta liberación tiene que llevarse a cabo.

Una de las tareas del conocimiento Espiritual, que presenta dificultades inusuales, es la de realizar la conexión con las almas que han dejado la Tierra, que han cruzado el umbral por la muerte. No es nada fácil establecer esas conexiones, pero se puede hacer despertando las fuerzas más profundas del alma. Es necesario darse cuenta desde el principio que uno tiene que acostumbrarse, por el cumplimiento cuidadoso de ciertos ejercicios, al único tipo de lenguaje que se puede hablar con los muertos. Este lenguaje es, en cierto modo, un hijo de nuestro lenguaje humano ordinario. Sin embargo, fallarían por completo si tuvieran la idea de que el habla humana ordinaria, tal como es, sería de ayuda para establecer relaciones con los muertos. Una de las primeras cosas que descubrimos es que los muertos pueden entender sólo por un tiempo muy corto lo que llamamos sustantivos. En su lenguaje no hay forma de expresar una ‘cosa’, una cosa aislada, que denotamos con una palabra que llamamos sustantivo. Las palabras en su idioma transmiten la sensación de movimiento, están todas llenas de actividad interna. Por lo tanto nos encontramos con que cuando ha pasado un poco de tiempo desde que el alma pasa a través de la puerta de la muerte, él es sensible sólo a las palabras que denotan actividad, es decir, a los verbos. En nuestras relaciones con los muertos, de vez en cuando, queremos hacerles preguntas; entonces debemos saber hacer la pregunta; debemos poner nuestras preguntas en una forma que la puedan entender. Si somos capaces de hacer esto, después de un tiempo llegará la respuesta; solo, debemos saber cómo estar atentos, cómo prestarle atención.

 Como regla general, tendrán que transcurrir un par de noches antes de que la persona que ha muerto puede responder a la pregunta que se le hace. Se trata, como pueden ver, de una cuestión de encontrar nuestro camino poco a poco en el lenguaje de los muertos, y se tarda mucho tiempo antes de que este lenguaje se manifieste en nosotros. Los mismos muertos han tenido que recorrer su camino en ello, porque, como saben, han retirado por completo la vida anímica de la Tierra. El lenguaje propio de los muertos no tiene relación con las condiciones terrenales, surge del corazón, —sí, es realmente un lenguaje del corazón. Se forma más bien de la misma manera que las exclamaciones o interjecciones se forman en los idiomas terrestres. Ya saben, por ejemplo, cómo decimos ‘¡Ah!’ Cuando nos sentimos maravillados o admirados. El lenguaje de los muertos tiene su origen en esa misma manera. Los sonidos y las combinaciones de los sonidos disfrutan en este idioma como en ningún otro su significado pleno y real.  Desde el momento de la muerte, el lenguaje comienza a cambiar para nosotros por completo.  Ya no es algo que se pronuncia desde los órganos del habla.  Se convierte en el tipo de lenguaje del que hablé hace un rato, cuando dije cómo saliendo de las flores, se nos da noticias acerca de algún ser humano. Comenzamos a hablar, en lugar de con los órganos del habla, con lo que proviene de las flores. Nosotros mismos nos convertimos en flores, florecemos con las flores. Entramos, por ejemplo, con las fuerzas de nuestra alma en la flor del tulipán, y expresamos, en la imaginación del tulipán, lo mismo que viene a la expresión aquí en la Tierra en la formación de la palabra. Volvemos a crecer en el espíritu, el espíritu omnipresente.

Verán fácilmente, a partir de este ejemplo de lenguaje, que el hombre tiene que abrirse camino en condiciones completamente diferentes, cuando ha atravesado la puerta de la muerte. En realidad, nuestro conocimiento del hombre es realmente pequeño, si conocemos de él solo lo que vemos con nuestros ojos. El conocimiento de la ciencia espiritual tiene que aprender sobre el otro lado del hombre. Lo que te he mostrado en el caso del lenguaje es un comienzo. Encontraremos que el cuerpo del hombre es algo completamente diferente de las descripciones que se nos dan en los libros científicos. A medida que avanzamos en el conocimiento de la iniciación, el cuerpo humano se convierte para nosotros en un mundo en sí mismo. La tarea del iniciado de los tiempos antiguos era volver a despertar en el hombre una facultad perdida, recordarle cómo era su vida antes de descender a la Tierra. El iniciado de hoy tiene una misión completamente diferente. Él tiene que lograr algo nuevo, algo que signifique un nuevo paso adelante. Lo que haga seguirá teniendo importancia incluso cuando el hombre haya abandonado la Tierra, sí, incluso cuando la Tierra ya no esté en el Cosmos. Esa es la naturaleza de la tarea que el conocimiento moderno de la iniciación debe cumplir; y en la fuerza y el poder de esa tarea, debe destacarse y hablar.

Es bien sabido por ustedes, mis queridos amigos, que la ciencia de la iniciación ha tomado parte de vez en cuando en la evolución espiritual de la Tierra. Una y otra vez ha aparecido entre los hombres. El conocimiento de iniciación que tiene que venir al mundo hoy y que no puede sino considerar todo el conocimiento de nuestro tiempo como un mero comienzo de todo el conocimiento que el hombre realmente debería poseer, seguramente se encontrará con una creciente oposición y resistencia. Tan grandes son las fuerzas dispuestas contra él, que necesitará toda su fuerza para vencer. Incluso antes de la iniciación moderna —que abre el camino para que el hombre vuelva a relacionarse con los poderes suprasensibles— incluso antes de que esta iniciación moderna comenzara a tomar su verdadero lugar en el mundo en el último tercio del siglo XIX, los poderes opuestos ya estaban trabajando, se esforzaron por imbuir a la civilización —inconscientemente, en su mayor parte, en lo que respecta a los seres humanos en sí mismos— con tendencias que finalmente destruirían la iniciación moderna, la limpiarían de la faz de la Tierra.

Alguna vez habrán observado cómo constantemente se oye la gente decir, cuando se les presenta algún hecho nuevo de conocimiento: “Así es como yo lo veo! Este es mi punto de vista!”. Y dicen esto con tanta facilidad, sin haber sufrido ningún desarrollo especial de la mente o del alma. De hecho, es bastante general aceptar que todo el mundo tiene derecho a pronunciar su veredicto, hablando desde el punto de vista de donde se encuentra en ese momento. Y la gente incluso se ofende profundamente y se enfada bastante si uno se atreve a sugerir que hay un tipo de conocimiento para el cual es necesario experimentar un desarrollo interno. Justo a acabo de decir que cuando en el último tercio del siglo XIX comenzó a surgir la posibilidad de que los hombres buscaran la iniciación en la forma moderna, los poderes enemigos ya estaban en acción. Como ven, querían llevar el principio de igualdad incluso al reino de la mente y el espíritu, para que allí también todos los seres humanos sean considerados en el mismo nivel. Podría señalar a muchas personas en quienes este método de resistencia a la iniciación moderna ha estado trabajando.

Mis queridos amigos, ¿creen que cuando tengo que hablar del espíritu, de la ciencia espiritual, las palabras tendrán el mismo timbre que cuando se habla desde el punto de vista terrenal ordinario?. Acabo de tratar de explicarles cómo tiene que cambiar el lenguaje y convertirse en algo completamente diferente cuando se trata de relacionarse con seres del mundo espiritual, y creo que ahora no me malinterpretarán si les cuento cómo la ciencia espiritual ve, por ejemplo, a un hombre como Rousseau. Hablando desde el punto de vista terrenal, nunca dejaré de reconocer la grandeza y el significado de Rousseau, y estoy totalmente preparado para asociarme con la alta alabanza y la crítica favorable que otros han expresado. Sin embargo, si me atreviera a revestirme con palabras terrenales de cómo aparece Rousseau cuando se le ve desde el punto de vista del conocimiento iniciático, debería decir: Rousseau, con su nivel espiritual de los seres humanos, ¿qué es él, después de todo, sino uno de los muchos charlatanes eternos de nuestra civilización moderna! ¡Un príncipe y un líder, digamos, entre todos! La gente no comprende fácilmente cómo es posible, desde un punto de vista terrenal, llamar grande a un hombre, y al mismo tiempo, desde el punto de vista de la iniciación, ¡llamarlo un arisco interlocutor!. Pero si honestamente deseamos alcanzar un conocimiento del hombre, y si reconocemos que para este fin tenemos, como dije, para tomar los Cielos y la Tierra para nuestra competencia y luego discernir el ritmo que late entre ellos, encontraremos que incluso esa expresión aparentemente paradójica es verdadera y requiere ser dicha. Porque es, de hecho, mientras aprendemos a escuchar ambos, —a lo que suena desde un lado y desde el otro lado de la existencia, es cuando aprendemos a escuchar esto juntos, esa guía puede venir en nuestra búsqueda de un verdadero conocimiento del Hombre.

Un verdadero conocimiento del Hombre tiene que construir sobre la misma base sobre la cual construyeron los iniciados de los tiempos antiguos, en el EX DEO NASCIMUR; en la memoria debe basarse en lo que nos encuentra cuando miramos hacia el universo donde —todo inconscientemente para nosotros— el Cristo se convierte en nuestro Guía, como he descrito. Sin embargo, es nuestra tarea traer cada vez más a Cristo a nuestra conciencia, para que podamos obtener bajo Su guía el conocimiento del contenido de este mundo, al cual pertenece la muerte. Entonces tendremos la certeza que vivimos con Cristo el camino por este mundo muerto y moribundo; EN CHRISTO MORIMUR.

Y en la medida en que bajemos con Cristo a la tumba de la vida en la Tierra, así también seguiremos con Él, la Resurrección y el Otorgamiento del Espíritu: PER SPIRITUM SANCTUM REVIVISCIMUS.

Este PER SPIRITUM SANCTUM REVIVISCIMUS el iniciado moderno tiene que ponerlo delante de él como el objetivo de todos sus esfuerzos. Meditarlo bien, y compararlo con la manera y el estado de ánimo que pertenece a la ciencia del presente; y verá por sí mismo que la oposición a la iniciación moderna es inevitable. Una terrible resistencia será, sin duda, soportada por la nueva iniciación, tal vez una resistencia de la cual no podamos tener hoy ninguna concepción, una resistencia que tomará la forma de acción en lugar de palabra y se expresará en drásticos intentos de hacer el conocimiento de la iniciación completamente imposible e inaccesible.

Por consiguiente, mi mayor deseo era hablar, tal como lo hago ahora en un círculo más pequeño y más íntimo, de las descripciones de lo que la ciencia espiritual puede llegar a conocer, con la esperanza de que estas descripciones lleguen a sus corazones y almas y despierten con fuerza dentro de ellos;   de modo que puede haber algunos, al menos en esta generación, que sepan relacionarse correctamente, por un lado, con aquello que busca la entrada a nuestro mundo desde los mundos del Espíritu, y por otro lado, a lo que está haciendo todo lo posible para prevenir y hacer imposible la penetración de la vida de la Tierra con la espiritualidad.

Esto es lo que quería depositar en sus corazones, mis queridos amigos; Reunidos como estamos aquí en un círculo más pequeño, después de haber tenido, para mi gran satisfacción, la oportunidad en Oxford para conferencias de un carácter más público. Pude en esas conferencias tratar los aspectos más externos, y era importante que aquí, en este círculo más pequeño, pudiéramos tocar el lado más esotérico del conocimiento de la iniciación.

Y es seguro que ya es hora de que nos sintamos perplejos y avergonzados porque las afirmaciones sobre los mundos espirituales parecen paradójicas. Ellos están obligados a hacerlo. El lenguaje de los mundos espirituales es un idioma bastante diferente de los idiomas que pertenecen a la Tierra; uno realmente tiene que hacer grandes esfuerzos y poner toda su fuerza antes de que uno pueda expresar, en palabras del lenguaje terrenal, verdades que realmente deberían expresarse de una manera completamente diferente. Por lo tanto, debe estar bastante preparado para encontrar que a menudo sorprenderá a la gente cuando les diga, de manera simple y directa, de algo que tiene lugar en los mundos espirituales.

Yo quería de esta manera para llamar su atención sobre el sentimiento y el impulso que había detrás de la conferencia de hoy, y me gustaría ahora a unir lo que he dicho con una expresión de profunda satisfacción por haber podido una vez más para hablar con vosotros aquí en Londres. Siempre es un motivo de satisfacción para mí poder hacer esto. Como he dicho antes, esto ocurre muy rara vez. Pero en las raras ocasiones en que nos encontramos por un corto tiempo, quisiera aprovechar la oportunidad para estimular de nuevo en nuestros corazones y almas ese tipo más fuerte de “unión” que debería subsistir, en todo el mundo, sin interrupción, entre aquellos que abrazan la causa de la Antroposofía. Este ha sido mi empeño hoy, y es en este sentido que expresaría en conclusión el ferviente deseo, mis queridos amigos, de que en el futuro podamos permanecer juntos, por más lejos que estemos en el espacio unos de otros.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

 

 

GA214c2. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Oxford, 22 de agosto de 1922.

English version

Mis queridos amigos:

Nuestro tema de hoy se relaciona de una manera más amplia con muchas de las verdades espirituales que son conocidas por ustedes como antropósofos. Sin duda ustedes están familiarizados con el tipo de descripción, de mi libro “Teosofía”, de los mundos espirituales a través de los cuales pasa el hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento. Hoy voy a hablar de esos mundos espirituales desde un punto de vista diferente. Porque en “Teosofía” , utilizo principalmente la imaginación para describir el mundo del alma y el mundo del Espíritu a través del cual pasa el hombre por la puerta de la muerte y  avanza hacia una nueva vida en la Tierra. En la conferencia de hoy voy a relatar estas cosas, no tanto desde el punto de vista de la imaginación, sino del aspecto que se pone de manifiesto por la Inspiración.

Para ganar un poco de acceso a la misma por el entendimiento, podemos empezar por las experiencias que nos corresponden durante la vida terrenal. En cualquier momento entre el nacimiento y la muerte, estamos aquí en nuestro cuerpo físico, cara a cara con el mundo exterior. Debemos describirnos como a nosotros mismos, a nuestro ser humano, lo que está contenido dentro de nuestra piel, dentro de los confines del cuerpo físico. Sin duda, tomamos este “ser humano” incluidos no sólo a los datos anatómicos y fisiológicos, damos por sentado que los procesos del alma y la mente están también de alguna manera ahí dentro. Sin embargo, al hablar de “nosotros mismos”, por lo general tenemos en cuenta lo que está contenido dentro de nuestra piel, y ahora, desde ella nos asomamos al mundo. Hay a nuestro alrededor un mundo al que llamamos “mundo exterior”. Y como ustedes saben, hacemos imágenes mentales de este mundo exterior. Contamos pues con el mundo exterior que nos rodea, y  con su imagen espejo  —o algo parecido— en nuestra vida anímica.

Ahora, en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento estamos en este mismo mundo que, aquí en la Tierra, es exterior a nosotros. Todo lo que ahora es “mundo exterior”, incluyendo lo que se ve en el enfoque completo, claro y lo que es divino pero distante, es entonces su mundo interior, algo que decimos “mío”. Del mismo modo que ahora consideramos que el pulmón nos pertenece, así entre la muerte y el nuevo nacimiento, consideramos el Sol y la Luna como nuestros órganos. El único mundo exterior  que  tenemos es el tenemos en la Tierra como órganos terrenales.

Mientras que en la Tierra se dice: “En nosotros, un pulmón, un corazón, fuera de nosotros, un sol, una luna, un Zodiaco”, durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento diremos: “En nosotros – un Zodiaco,  el Sol, la Luna; fuera de nosotros, los pulmones y el corazón”. Entre la muerte y el nuevo nacimiento todo lo que ahora llevamos dentro de nuestra piel se vuelve una vez más nuestro mundo exterior, nuestro Universo, nuestro Cosmos. Nuestra visión de la relación entre el mundo y el hombre se vuelve completamente opuesta cuando vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Cuando vivimos a través de la muerte —cuando pasamos por la puerta de la muerte— tenemos una imagen distinta, para empezar, de lo que había antes, cuando estábamos en la Tierra. Es cierto, es sólo una imagen, pero es como el mundo exterior. Este cuadro empieza a brillar en nosotros. Así, en el primer período después de la muerte todavía se tiene la conciencia que se tenía en la Tierra, una conciencia en forma de recuerdos e imágenes terrenales. Pero estas no duran mucho tiempo; siempre que cada vez se tiene este otro punto de vista sobre el hombre: “Yo soy el mundo, el universo es el hombre.” Esto se vuelve cada vez más reforzado. Por supuesto, ustedes no se imaginan que el pulmón humano, por ejemplo, tenga el mismo aspecto que tiene ahora, eso no sería un espectáculo que compensara toda la grandeza y la belleza del Sol y la Luna. Sin embargo, en realidad, lo que los pulmones y el corazón se convierten es incluso mucho mayor y más sublime que lo que el Sol y la Luna se muestran aquí y ahora, a la visión humana.

Sólo de esta manera pueden hacerse una idea adecuada de lo que es maya. La gente habla de Maya  —la gran ilusión de este mundo terrenal presente— y sin embargo, no acaban de creer en lo que dicen. En el fondo, aprecian la creencia de que las cosas son como parecen ser a los ojos terrenales. Pero no es así. El pulmón humano como lo vemos ahora es una mera apariencia, al igual que el corazón. En realidad, nuestros pulmones son sólo una parte —una parte poderosa— de nuestro Cosmos, y más aún es nuestro corazón. El corazón en su verdadera esencia es mucho mayor y más majestuoso que cualquier sol.

Así que empezamos a ver surgir un mundo cósmico inmenso y sublime, un mundo del que se habla de esta manera: Debajo de nosotros están los Cielos. Al decir esto, queremos decir: Debajo de nosotros esta todo lo que está preparando la cabeza humana para la próxima encarnación. Está por encima, pero diremos que están abajo. Porque todo está invertido. Por encima están todas las fuerzas que preparan al hombre para su caminar terrenal, para capacitarle, para mantenerle firme en sus dos piernas en la futura vida terrenal.

Todo esto se puede resumir en el dicho: Cuanto más nos acercamos a una nueva vida terrenal, más se contrae este Universo, que es el hombre para nosotros. Majestuoso es en verdad, notablemente en el período medio entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero ahora estamos siendo cada vez más conscientes de cómo este universo, con toda su majestad y grandeza, se está reduciendo y contrayendo. Los planetas que llevamos dentro de nosotros, los planetas tejiendo con su movimiento hasta convertirse en lo que luego pulsa y surge a través del cuerpo etérico humano. Las estrellas fijas del zodiaco se transforman en lo que constituye nuestro sistema nervioso y perceptivo. Todo esto se va reduciendo, para convertirse en un cuerpo espiritual, y luego etéreo, hasta que se ha reducido lo suficiente como para ser recibido en el vientre de la madre, para ser revestido con la materia terrestre.

Entonces llega el momento en que nos acercamos a la vida terrenal. Ahora sentimos que el universo que hasta hace poco era nuestro se encoge y se desvanece, y esto engendra en nosotros la experiencia del deseo de volver a la Tierra una vez más, unirnos a un cuerpo físico en la Tierra. Pues el gran Universo que teníamos antes, se retira, escapa a nuestra mirada espiritual, por lo tanto, ahora debemos esperar a convertirnos de nuevo en hombre físico.

Todo esto implica, sin embargo, otra escala de tiempo. La vida entre la muerte y el renacimiento pasa por muchos siglos, y si un hombre nace, por ejemplo, en el siglo XX, su descenso se va preparando poco a poco, incluso ya en el siglo XV. Durante todo este tiempo, además, él mismo, en cierto sentido trabaja hacia abajo en las condiciones y eventos terrenales.

El… tatara-tatara abuelo suyo, allá por el siglo XV, se enamoró de su tatara-tatara … abuela. Sintió la necesidad de unirlos, y en este afán ya estaba trabajando desde los mundos espirituales. Y en el siglo XVII, cuando el un poco menos lejano tatarabuelo … abuelo y tatara-tatara … abuela se amaban, una vez más estaba en cierto sentido, de mediador. Así que, se convoca a todas las generaciones a fin de que, por fin, pueda emerger la pareja que podría convertirse en su madre y su padre. En esa cualidad misteriosa e intangible que impregna las relaciones de amor terrenal, están de hecho las fuerzas que trabajan, partiendo de las almas humanas que buscan encarnaciones futuras. Por lo tanto, la plena conciencia y libertad nunca está en las condiciones externas que llevan a hombres y mujeres a unirse en la Tierra. Estas cosas todavía están fuera del alcance de la comprensión humana,

Lo que llamamos hoy en día la historia es en última instancia demasiado exterior. Poco se sabe en la vida exterior hoy de la historia del alma de los seres humanos. Incluso en fecha tan tardía como el siglo XII o XIII, las almas de los hombres se sentían muy diferentes de cómo se sienten ahora. Sin embargo, esto es bastante desconocido. No veían la realidad tan claramente como la acabo de describir sino de una forma más onírica, los hombres y mujeres del siglo X, XI, o XII estaban al tanto de estas misteriosas fuerzas que trabajan en la Tierra desde los mundos espirituales, trabajando hacia abajo. Poco se dijo en los países occidentales de repetidas vidas terrenales —Reencarnación— pero había seres humanos en todas partes, que lo sabían. Sólo las Iglesias siempre evitaron, por no decir anatematizado todos los pensamientos sobre las vidas repetidas. Sin embargo, podemos darnos cuenta de que, incluso en los siglos XII y XIII no eran pocos en Europa los que eran conscientes de que el hombre pasa por vidas repetidas en la Tierra.

Luego llegó el tiempo en que la humanidad, en el mundo occidental tuvo que pasar por la etapa de la intelectualidad, para que el hombre poco a poco pudiera adquirir la libertad espiritual. Cuando prevalecía, la clarividencia crepuscular de los tiempos antiguos, no había libertad espiritual. Tampoco había libertad en los asuntos de la vida humana, que rigen, por así decirlo, el amor terrenal, del que hemos estado hablando. En este caso siempre se mezclan los intereses de otras almas, en su camino a la Tierra.

Sin embargo, el curso evolutivo de la humanidad terrestre debe crecer cada vez más libre. Pues sólo porque el hombre está conquistando su libertad, la Tierra podrá ser capaz de alcanzar su objetivo en la evolución. Ahora bien, para este fin es necesaria, durante un cierto período la intelectualidad, este período es, por supuesto, el nuestro. Si miramos hacia atrás a los primeros tiempos y condiciones de la Tierra, cuando los seres humanos aún tenían clarividencia, vivíamos en esta clarividencia de ensueño donde siempre teníamos contacto con los seres espirituales. El hombre en ese momento no podía decir: “Yo tengo mis propios pensamientos” habría sido bastante falso. En tiempos muy antiguos, más bien tenía que decir “tengo la vida de los ángeles en mi cabeza”, y luego en los últimos tiempos: “Tengo la vida de los seres elementales en mi cabeza” Luego vino el siglo XV, y, por fin, el XIX y XX. Ahora el hombre ya no tiene seres espirituales en la cabeza, sino simples pensamientos y al no tener una vida espiritual elevada, sino sólo pensamientos en su cabeza, puede hacer por sí mismo las imágenes del mundo exterior.

¿Puede el hombre ser libre, siempre y cuando sienta al Espíritu que mora en nosotros?. No, no podría, porque él lo dirigiría todo. El hombre sólo puede ser libre cuando los seres espirituales ya no lo dirigen, cuando él tenga meras imágenes en sus pensamientos. Los pensamientos-imágenes no pueden obligar a hacer nada. Digamos que al enfrentarse a un espejo, las imágenes especulares de otros hombres que pueden estar mal dispuestos, no pueden golpear, porque no son reales, son meras imágenes. Y si tengo que resolver algún tipo de acción, puedo hacer que la imagen reflejada en mi pensamiento represente mi voluntad, pues la imagen no puede hacer nada por sí misma.

Así, en la época en que la intelectualidad solo pone pensamientos en nuestras cabezas, nace la libertad, en la medida en que los pensamientos no tienen el poder de obligar, en que tenemos nuestros impulsos morales simplemente en la forma de pensamientos puros, como se describe en mi “Filosofía de la Libertad” “[Philosophie der Freiheit, 1894. Las posteriores ediciones en inglés se han titulado Filosofía de la actividad espiritual.] – podemos lograr la verdadera libertad en la época presente. La edad intelectual, por lo tanto, tenía que ocurrir.

Sin embargo, por extraño que pueda parecer, esencialmente esta epoca ya ha pasado. La edad en la que era un derecho del hombre  desarrollar la mera intelectualidad, el mero pensamiento-especulativo ya ha seguido su curso. El siglo XIX se ha convertido en pasado. Y si los hombres actualmente continúan desarrollando meros pensamientos-especulativos, caerán bajo el control de los poderes Ahrimánicos. Luego los poderes Ahrimánicos tendrán acceso al hombre, y habiendo llegado a su libertad, el hombre se perdería bajo los poderes Ahrimánicos. La humanidad  actualmente está en el umbral de este peligro. Hoy en día la humanidad se enfrenta a la alternativa: o bien para comprender la vida espiritual para comprender la realidad de las cosas, como las que estoy explicando hoy, o para negarlas. Y si ahora el hombre persiste en negar lo que es espiritual, ya no será capaz de pensar libremente. Por el contrario, Ahriman —los poderes Ahrimánicos— entonces estarán pensando en la humanidad, y la humanidad se someterá a una evolución cuesta abajo.

Por lo tanto, es altamente necesario que un número cada vez mayor de seres humanos de nuestro tiempo puedan apreciar la necesidad de un retorno a la vida espiritual. Una sensación de la necesidad de volver a una forma de vida espiritual, es lo que los hombres de hoy deben tratar de despertar en ellos mismos. Porque si no la buscan, la humanidad caerá presa de Ahriman. Visto desde un punto de vista superior, la situación de la humanidad en la Tierra hoy en día no es menos grave que eso, y debemos poner este pensamiento ante todo lo demás, poniendo a prueba todos los demás pensamientos a la luz de éste.

Descripciones como éstas pueden ayudar a ilustrar el hecho de que la vida que llevamos en el mundo espiritual entre la muerte y el nuevo nacimiento es muy diferente de la que experimentamos aquí entre el nacimiento y la muerte. Las imágenes, por lo tanto, tomadas de la vida terrenal, por bien concebidas que estén, siempre serán insuficientes. Poco a poco tenemos que  llegar a un entendimiento de la clase de realidad que se vive en los mundos espirituales. Permítanme dar algunos ejemplos.

Supongamos que un ser humano deja su cuerpo terrenal, y, con el alma y el espíritu, entra en el mundo del espíritu. Supongamos, además, que alguien aquí en la Tierra, que ha alcanzado la ciencia espiritual en el sentido más profundo, es capaz de observar las almas humanas en la vida que continua después de la muerte. Es necesaria mucha preparación para este fin; también es esencial un cierto Karma, que conecte al ser humano en la Tierra con el mundo de mas allá. Ahora tiene que encontrar alguna forma de entendimiento mutuo con la otra alma. Las experiencias espirituales que aquí se relacionan no son fáciles de conseguir. En general, es mucho más fácil describir el universo en su aspecto espiritual que como acercarse al alma del difunto. La gente puede convencerse con facilidad de que no es tan difícil, pero en realidad es mucho más difícil acceder a los muertos que conseguir un conocimiento espiritual de otro tipo.

Ahora voy a relatar algunas características de la relación real con los muertos. Para empezar, sólo podemos comunicarnos con ellos mediante la evocación de recuerdos del mundo físico, ya que todavía son capaces de evocar. Por ejemplo, todavía conservan el eco de la voz humana, incluso del lenguaje particular que ellos usaban principalmente mientras estaban en la Tierra. Sin embargo, su relación con el lenguaje experimenta un cambio. Por ejemplo, en la conversación con un alma que ha muerto, se observa que no tienen ningún conocimiento de los sustantivos. Los vivos pueden abordar estas palabras a los muertos, los muertos, si se me permite usar esta expresión, simplemente no los escuchan. En cambio los verbos, las palabras que expresan acción, se entenderán por un tiempo relativamente largo después de la muerte.

Como regla general, usted sólo será capaz de conversar con un alma que ha pasado por la muerte, si sabe cómo formular las preguntas dirigidas a él. Puede que tenga que proceder de la siguiente manera. Un día usted se concentra en él tan silenciosamente como le sea posible. Intenta vivir con él en algo concreto y real, porque tiene imágenes en su alma más que nociones abstractas. Por lo tanto, concentrarse en una experiencia real, que se haya vivido durante la vida terrenal, por lo que poco a poco podamos acercarnos a él.

Por regla general no podremos obtener una respuesta inmediata a la pregunta. Es muy probable que tengamos que dormir con ella, consultar con la almohada, puede ser, que después de algunos días se reciba la respuesta. Pero nunca se tendrá una respuesta si se pregunta con sustantivos. Se deben hacer esfuerzos para trasladar los sustantivos a la forma verbal. Esta preparación es indispensable. Les es más fácil comprender los verbos, especialmente si usted los hace de una manera pictórica y vívida. Los muertos nunca van a entender, por ejemplo, la palabra “mesa”, pero si imaginas vívidamente lo que se mueve mientras  se está haciendo una mesa, el proceso por el que la mesa llega a ser,  en lugar de una cosa terminada, entonces poco a poco se le vuelve inteligible la pregunta y podemos obtener una respuesta. Pero las respuestas siempre se darán en forma verbal, o ni siquiera eso, sino que sólo puede consistir en lo que en la Tierra llamamos interjecciones,  exclamaciones.

Por encima de todo, los muertos hablan en los sonidos reales del alfabeto, sonidos y combinaciones de sonido. Cuanto más tiempo pasa un alma en el mundo espiritual después de la muerte, tanto más se hablará en una especie de lenguaje que sólo puede hacerse propio mediante el cultivo de un verdadero sentimiento de discriminación, incluso en el ámbito de la expresión terrenal, insistiendo ya no sobre el significado abstracto de las palabras sino entrando en su contenido sentimental. Es como decía en las clases de educación aquí. Con el sonido A [A , que se pronuncia como en  pAdre] experimentamos algo así como asombro y maravilla. Por otra parte tenemos la capacidad de asombro profundamente en nuestra alma cuando no sólo decimos A, sino ach (pronunciación alemana o escocesa de ch como en Loch ). Ach es el equivalente alemán de la exclamación Ah. Ach significa: ” Ah  Siento admiración. La capacidad de asombro entra en mí: ch “Y si yo ahora pongo m antes y digo mach [(Mach : en Alemán  “hacer”], sigo lo que despierta asombro en mí como si se acercara a mi, paso a paso – mmm – hasta que, por fin, estoy totalmente en su interior. Es con este tipo de significado —el significado de las preguntas de los propios sonidos— como a menudo vendrán las respuestas de los muertos. Los muertos no hablan Inglés, ni  alemán, ni ruso, su discurso es tal que sólo el corazón y el alma pueden entenderlo, si en los oídos que escuchan está el corazón y alma. Dije hace un momento que el corazón humano es más grande y más majestuoso que el sol. Visto desde el aspecto terrenal es verdad, el corazón está en algún lugar dentro de nosotros, y no será agradable de ver si lo miramos anatómicamente. Sin embargo, el verdadero corazón está allí  en todo el ser humano, que impregna todos los órganos, así como también está en el oído.

Hay que acostumbrarse al lenguaje del corazón de los muertos, si así puedo describirlo. Nos acostumbraremos poco a poco a aprender a deshacernos de todos los nombres y formas como sustantivos y vivir en los verbos. Son las palabras de acción lo que los muertos todavía entienden durante un tiempo relativamente largo después de la muerte. Luego, en una etapa posterior, entienden un lenguaje que ya no es lenguaje en el sentido común, y lo que luego se recibe de ellos tiene primero que ser re-traducido a un lenguaje terrenal.

A medida que el hombre crece fuera de su cuerpo y se introduce  cada vez más en el mundo espiritual, la vida del alma se vuelve completamente diferente. Luego, cuando se aproxima el tiempo de bajar de nuevo a la Tierra, una vez más, tiene que cambiar su vida anímica. Pues ahora, el momento se va acercando cada vez más, ante lo cual se enfrenta a una gran tarea. Ahora tiene que unificarse primero en una forma astral y luego a una forma etérica —el futuro ser humano que un día estará físicamente aquí en la Tierra. Las tareas que cumplimos en la Tierra son externas. Porque mientras nuestras manos trabajan, algo externo a nosotros siempre está siendo fabricado o alterado. En la vida entre la muerte y el renacimiento es nuestro ser anímico interior el que está trabajando, construyendo su cuerpo. La verdad es que parece como si el hombre llega a su existencia a partir de las fuerzas hereditarias. En realidad, este es sólo el aspecto exterior del cuerpo físico que lleva el sello de la herencia. Él tiene que hacer por sí mismo, incluso las formas de sus órganos. Voy a dar un ejemplo, si uno de ustedes tiene la amabilidad de prestarme un guante.

En su camino hacia abajo, hacia una nueva vida terrenal, el hombre, para empezar, todavía tiene el Sol y la Luna en su interior. Pero empieza a contraerse. Es como si pudiéramos sentir los lóbulos de los pulmones contraerse dentro de uno mismo. Entonces, siente que su vida cósmica y su ser, sus órganos Sol y Luna se contraen. Y acto seguido, algo se desprende del Sol y de la Luna. Hasta ahora, estaban sol y la luna dentro de él, pero ahora tiene ante él una especie de imagen del Sol y la Luna. Toda brillante y luminosa, aparecen ante el dos esferas inmensas —para empezar son inmensas. Una de ellas es la forma espiritual del Sol, y la otra es la de la Luna. El uno es todo encendido, brillante, resplandeciente, la otra en su propio calor, más ardiente,  sosteniendo la luz, como si fuera suya.

Ahora las dos esferas que de este modo se desprenden del hombre cósmicamente transmutado —incluso del ‘Adam Kadmon” que es una realidad hoy en día— se establecen cada vez más cerca la una de la otra. Nosotros, en nuestro camino hacia la Tierra, nos decimos a nosotros mismos: el Sol y la Luna se están unificando. Por otra parte esto es lo que nos guía –desde muy lejos, de nuevo hay que imaginar que fuera, incluso de nuestra tatara-tatara-tatara-abuela, bisabuela, abuela y así sucesivamente– nos guían por fin a la madre que nos da a luz. El Sol y la Luna son nuestros guías, el Sol y la Luna, colaborando cada vez más cerca el uno del otro.

Y acto seguido vemos la tarea que tenemos ante nosotros. Lejos en la distancia como un único punto vemos al embrión humano que llega a la existencia. Vemos la entidad unificada en que se han convertido el Sol y la Luna, acercándose a nuestra madre. Y ahora vemos la tarea que tenemos ante nosotros, que puedo describir como sigue. Tomen esto (el guante) para representar lo que va por delante de nosotros allí, el sol y la luna unidos. Nos hacemos conscientes de que cuando nuestra conciencia cósmica haya desaparecido, vamos a pasar por una fase de oscuridad (pues así ocurre cuando nos zambullimos en el embrión después de la concepción), entonces tendremos que girar de dentro a fuera esta entidad que va delante de nosotros. Y mientras lo hacemos surge una pequeña abertura, a través de la cual, entramos como Yo.

Esta imagen, que se quedara allí en nuestro cuerpo humano sobre la Tierra, no es otra, mis queridos amigos, que la pupila del ojo humano. La entidad se divide otra vez en dos, como si surgieran dos imágenes especulares. Estos son los ojos humanos, que estuvieron unidos como el sol y la luna, y acto seguido se volvieron del revés.

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Tal es la tarea que luego confrontamos. Se hace todo inconscientemente, a la vez que rodeamos todo y como al revés entramos por la pequeña abertura que queda. Y luego, rompiéndose en pedazos, se convierten en dos imágenes físicas de lo mismo en el embrión en crecimiento. Porque los ojos embrionarios físicos no son más que imágenes, que nos presentan en lo que se ha convertido el Sol y la Luna.

De esta manera se elaboran las distintas partes del cuerpo humano. Experimentamos todo el Universo, lo reunimos y damos a cada parte su forma correspondiente. Lo que se forma desde el Espíritu, sólo entonces se reviste e impregna plásticamente. Se reviste en la materia, sin embargo en cuanto a las fuerzas, que la han formado, las tuvimos que desarrollar a partir de todo el Universo.

Por ejemplo, hay un tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento cuando pasamos por el Sol, mientras que el Sol está en el signo de Leo, (no tiene que ser en el nacimiento, puede ocurrir un poco antes). Lo hacemos de manera que el ojo del Sol y de la Luna que he descrito anteriormente —lo hacemos en un momento diferente— pero nos unimos con el interior del sol. ¿Cómo imaginamos que puede ser el interior del Sol?. Si se pudiera entrar allí, les resultaría del todo diferente a lo que nuestros físicos ingenuamente e inconscientemente suponen. El interior del Sol no es una mera bola de gas, sino que es, de hecho, algo menos que espacio, un reino en que el propio espacio ha desaparecido. Podemos imaginar un espacio ampliado en el que la presión es predominante, se debe concebir el interior del sol más bien como un reino de succión. Se trata de un espacio negativo, un espacio que está más vacío que el vacío. Pocas personas tienen una idea adecuada de lo que esto significa. Ahora, al pasar por allí, de nuevo se tiene una experiencia espiritual definida que somos capaces de elaborar y trabajar y mientras lo hacemos se convierte en la forma del corazón humano. No sólo la forma del ojo esta hecha del sol y la luna, la forma del corazón también se forma a partir del sol. Pero esto sólo es posible cuando el Sol absorbe las fuerzas que salen desde de la constelación de Leo.

Entonces, el hombre construye su cuerpo tanto de los movimientos de los planetas como de las constelaciones de las estrellas del universo. El cuerpo humano es de hecho una imagen del mundo de las estrellas. Gran parte del trabajo que tenemos que hacer entre la muerte y el nuevo nacimiento consiste en la construcción de nuestro propio cuerpo del Universo. El hombre que está de pie en la Tierra es de hecho un universo en miniatura. La ciencia es tan ingenua como para suponer que la forma humana se produce únicamente a partir de células físicas germinales. Supongamos que un hombre está mirando a un imán con aguja, un extremo del cual siempre apunta al norte y el otro al sur. Tal vez otro hombre a quien se le explica esto no lo cree, pero empieza a buscar la causa del imán en la aguja solamente, no ve que toda la Tierra actúa como un imán. No es menos ingenuo cuando alguien piensa que el hombre proviene de las células germinales, cuando en realidad él surge de todo el Universo. Por otra parte su vida anímica y espiritual entre la muerte y el renacimiento consiste en trabajar con los seres espirituales, que trabajan en forma suprasensible con el hombre, que se crea por primera vez en el reino etéreo y astral, y sólo entonces se va encogiendo y contrayendo hasta que es capaz de revestirse de materia física. El hombre en realidad no es más que el escenario de la acción de lo que el Universo, y él mismo con sus poderes transmutados logran cuando el cuerpo físico en su verdadera naturaleza se está formando.

Tal es, pues como el hombre experimenta el desarrollo. Se comienza con el lenguaje en el que ya no usa los sustantivos sino que encuentra su camino a otra forma más verbal de la palabra. De allí pasa a una contemplación interior del mundo de las estrellas, hasta que por fin se siente integrado en ese mundo estelar. Entonces comienza a desprenderse del mundo de las estrellas para convertirse en lo que él mismo será en su próxima encarnación. Tal es la vía del hombre: de lo físico, a través de la transmutación del lenguaje a lo espiritual, a continuación, en el viaje de regreso transmutar el Universo una vez más en el hombre. Sólo si somos capaces de entender cómo el alma-y-Espíritu, habiéndose perdido en el lenguaje, se vuelve uno con el mundo de las estrellas y luego se recupera a si mismo desde el mundo de las estrellas, sólo entonces podemos entender el ciclo completo de la vida humana entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Estas cosas, queridos amigos, estaban todavía claras para mucha gente en el momento en que tuvo lugar en la Tierra el Misterio de Gólgota. En ese momento, no prevaleció la idea de que Cristo Jesús era, antes que nada, el Ser a quien vieron desarrollarse en la Tierra. Pensaron en Él como aquel que hasta entonces había pertenecido al mismo mundo al que el hombre pertenece durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento. Por lo tanto, reflexionaron sobre la pregunta: ¿Cómo descendió de allí y entró en la vida de la Tierra?.   Fue el mundo romano el que después exterminó la Ciencia de la Iniciación. Solo deberían permanecer los dogmas, tal era su intención. Hubo en Italia en el siglo IV de nuestra era una verdadera organización, un cuerpo específico de personas que no dejaron piedra sin remover para que los antiguos métodos de Iniciación no pudieran transmutarse en otros nuevos. Dejaron a los hombres de la Tierra sólo el conocimiento del mundo físico exterior, mientras que de lo suprasensible no dejaron más que dogmas, dogmas que los hombres recibieron como meros conceptos intelectuales, hasta que pasaron a ser algo que ya no tiene el poder de concebirse y entenderse, los hombre se limitaban a creer en ellos. Así era el conocimiento, que de hecho había existido al mismo tiempo, dividir en pedazos solo el conocimiento del mundo terrenal y, por otro lado, una mera fe, una mera creencia en otro mundo, hasta incluso esto fue tan atenuado que para un grupo de creyentes es un conjunto de dogmas que no entienden, mientras que para otro no es más que un punto de apoyo; debe haber algo para empezar, para tener fe en absoluto. Porque en efecto, ¿cuál es la sustancia de la creencia de un hombre moderno, cuando ya no se apega a los antiguos dogmas acerca de la Trinidad? Él cree en algo vagamente espiritual; el contenido de su creencia es totalmente nebuloso.

Ahora tenemos que volver a una percepción real de lo espiritual, en la que podemos entrar viva y plenamente. Necesitamos una vez más una ciencia espiritual, capaz de relacionar las cosas tales como hoy habéis oído de que el ojo humano, que debemos mirar con asombro, ya que es en verdad un universo reducido, Esta no es una mera figura del habla; es real y verdadero, y como he estado explicando. Porque en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, este ojo nuestro era único, y de la unidad que era —fusionando las imágenes de Sol y Luna— luego se volvió al revés.

La verdad es que tenemos dos ojos porque si fuera nuestra naturaleza ver con un ojo único como el Cíclope no podríamos alcanzar la yoidad en un mundo exterior y visible; debemos lograrlo solo en el mundo interior del sentimiento. Helen Keller, por ejemplo, tiene un mundo de sentimientos e ideas bastante diferente al de otras personas; ella solo puede hacerse entender porque se le ha enseñado el lenguaje. Nunca podríamos llegar a la idea del “yo”, si no fuéramos capaces de poner la mano derecha sobre la izquierda, o, más en general, poner dos de los miembros simétricos en coincidencia. Así, de una manera sutil llegamos a la idea de “yo” en cuanto cruzamos los ejes de la visión de los dos ojos al enfocarlos sobre el mundo exterior. Del mismo modo que cruzamos las manos, también cruzamos los dos ejes de visión de nuestros ojos: cada vez que miramos algo, lo hacemos.

Materialmente nuestros dos ojos son uno en espíritu. Este ojo espiritual se encuentra detrás del puente de la nariz. Luego se reproducen en una doble imagen: en los dos ojos exteriores que ves. Al ser un hombre de izquierda y derecha, el hombre puede sentir y estar consciente de sí mismo. Si él solo tuviera la derecha o solo tuviera la izquierda —si no estuviera formado simétricamente— todo su pensamiento e ideación se fusionaría en el mundo; no se volvería dueño de sí mismo en su propio “yo”.

En ese soldar las imágenes gemelas del Sol y la Luna en una sola, nos preparamos para nuestra próxima encarnación. Es como si estuviéramos diciéndonos a nosotros mismos: no debo desintegrarme en el ancho mundo. No sirve de nada convertirse en un hombre-sol y tener el hombre Lunar allí al lado. Tengo que ser uno, pero también debo ser capaz de sentir mi propia unidad, debo ser consciente de ello. Entonces se forma el único ojo del hombre Sol-Luna, que en su metamorfosis se convierte en los ojos como ahora llevamos. Porque nuestros dos ojos son las imágenes gemelas del único ojo arquetípico Sol-Luna del hombre.

Estas son las cosas que quería decirles hoy, mis queridos amigos, acerca de la experiencia que vivimos cuando estamos en el mundo espiritual, tan diferente de nuestras experiencias físicas, no obstante están relacionadas entre sí, pero la relación es tal que se convierten completamente de interior a exterior. Supongamos que pudiéramos tomar al ser humano como lo vemos aquí, y darle la vuelta para que su interior —el corazón, por ejemplo— se convierta en la superficie exterior, fácilmente podríamos ver que el hombre, no podría mantenerse vivo en esas condiciones. Pero si pudiera hacer esto, apoderándose de él en lo más íntimo del corazón y volverlo al revés como un guante, entonces el hombre no permanecería como hombre tal como lo vemos aquí, sino que se ampliaría en un Universo, en un hombre cósmico. Porque si tuviéramos la facultad de concentrarnos en un único punto en el corazón y de ahí volvernos del revés en espíritu, simplemente nos convertiríamos en el Universo que experimentamos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Tal es el secreto del hombre interior. Es solamente en el mundo físico que no puede ser vuelto del revés. El corazón del hombre, sin embargo, es en efecto un universo al revés, y así es como el mundo físico y terrenal está realmente unido al espiritual. Hay que acostumbrarse a la “vuelta del revés”.  Si no lo hacemos no podremos hacernos una idea real de cómo el mundo físico que nos rodea se relaciona con el mundo espiritual. Este es el tema que hoy quería transmitir.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.