GA214c3. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

Rudolf Steiner — Londres, 30 de agosto de 1922

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Mis queridos amigos, cuando nuestras posibilidades de reunirnos son tan pocas, a uno le invade el deseo natural de dar más de lo posible en una conferencia, y en ocasiones puede suceder que tal vez se da demasiado. Sin embargo hoy tengo la audaz intención de darles una descripción desde un punto de vista de lo que puede llamarse el otro lado de la existencia terrenal del hombre, y quiero dejar bien claro al mismo tiempo la importancia y significado para nuestra época de este tipo de conocimiento, de este conocimiento espiritual.

Después de todo ¿cuánto puede el hombre conocer ordinariamente de su existencia aquí en la Tierra?. ¿Qué pueden decirle sus sentidos y su intelecto?.  Con la conciencia ordinaria, solo está consciente de su vida despierta. Sin embargo, seguramente no es sin sentido que los Poderes Espirituales del Mundo que lo guían han insertado en la vida del hombre en la Tierra la condición del sueño.

Entre el momento de conciliar el sueño y el momento de despertar se lleva muchísimo a cabo. De hecho, todo lo que el Espíritu tiene que cumplir en la Tierra a través del hombre, la mayor parte se lleva a cabo durante el sueño. Mientras estamos despiertos, lo que sucede en la Tierra a través nuestro se limita a lo que hacemos,  —ya sea para nosotros mismos o para los que están a nuestro alrededor. Cuando vamos a dormir, sin embargo, comienza otra actividad. Mientras dormimos, elevados Seres Espirituales trabajan sobre el alma humana, con el objeto de llevar al hombre a su evolución plena y completa en su existencia de la Tierra.

Es posible que alguien que tenga conocimiento de la Ciencia Espiritual moderna pueda tener una visión clara y detallada de los importantes acontecimientos que ocurren durante el sueño. No debemos, por supuesto, cometer el error de imaginar que estos eventos tienen lugar solo para el iniciado, sino que es experimentado por todos los seres humanos por igual. De hecho, la evolución humana depende por completo de estos eventos que suceden con nosotros entre el momento de conciliar el sueño y el momento de despertar. La diferencia con el iniciado es sólo que él es capaz de llamar nuestra atención sobre estos hechos. Y cada vez es más importante que los que no se hacen ninguna pregunta en absoluto sobre el significado de su existencia en la Tierra deberían prestar importancia a lo que sucede en el sueño.

Permítanme esbozar a grandes rasgos las influencias que juegan en el sueño del hombre. Supongamos que alguien va a dormir. Como saben, el proceso se describe de la manera siguiente: el cuerpo astral y el yo abandonan el cuerpo físico y el cuerpo etérico, y van al mundo espiritual, de manera que ya no penetran los cuerpos físico y etérico como lo hacen en el estado de vigilia. Pero cuando tratamos de ir un poco más allá y formarnos una imagen de lo que realmente ocurre con el hombre durante el estado de sueño, nos encontramos con que es necesario en primer lugar llegar a una percepción más clara de la naturaleza de la relación del hombre con la Tierra durante las horas de vigilia. ¿Cómo se conecta el hombre con la Tierra mientras está despierto?.  En primer lugar, a través de sus sentidos. Con la ayuda de sus sentidos, percibe y llega a conocer los fenómenos de los diversos reinos de la naturaleza. Pero esto no es todo. El hombre también está conectado con la Tierra a través de las actividades que realiza inconscientemente, incluso cuando no está despierto. Por ejemplo el hombre respira, y así se conecta con toda la Tierra. El hombre lleva con su aliento a la Tierra entera en lo aereo. En el aire que respira, un sinnúmero de sustancias están presentes en una condición muy enrarecida. Y el hecho de que se encuentren en este estado enrarecido les permite ejercer una influencia que no es de poca importancia cuando a través de la respiración se recibe en el organismo del hombre. Lo que el hombre percibe con sus sentidos entra en él inconscientemente, incluso durante la vida despierta entra en el hombre una gran cantidad que es más importante de lo que le entra por los caminos más tenues como la percepción y el pensamiento. En el entorno de la respiración del hombre todo entra en él como materia, tomando forma sustancial. Tampoco es necesario que les recuerde cuán completamente dependiente del organismo humano es lo que recibe en la forma de alimento. Así que en total tenemos que reconocer muchas influencias que trabajan desde la Tierra sobre el ser humano despierto.

Sin embargo hoy vamos a investigar la influencia del trabajo sobre el hombre en el sueño. Y aquí nos encontramos con que el hombre, mientras que durante las horas de vigilia se encuentra en relación con las sustancias externas terrenales, cuando se duerme, entra en una cierta conexión con el Cosmos. No quiero dar a entender que el cuerpo astral del hombre asume todas las noches la inmensidad del Cosmos. Eso sería una exageración. Sin embargo, es un hecho que cada noche el hombre se expande hacia el Cosmos. Así como aquí en la Tierra estamos conectados por el aire con las plantas y los minerales, al dormir nos conectamos con los movimientos de los planetas y las constelaciones de las estrellas fijas. Desde el momento en que nos quedamos dormidos, los cielos estrellados se convierten en nuestro mundo, así como la Tierra es nuestro mundo cuando estamos despiertos.

Ahora voy a describir un poco más en detalle la manera en que tomamos el camino cuando nos dormimos, donde nos encontramos con que podemos distinguir que atravesamos diferentes ámbitos.

Primero entramos en una esfera donde el yo y el cuerpo astral, es decir, el alma humana, durante el sueño se siente unida con los movimientos del mundo planetario. Cuando nos despertamos por la mañana y entramos en nuestro cuerpo físico, sabemos que tenemos en nosotros, nuestros pulmones, nuestro corazón, nuestro hígado, nuestro cerebro. En la primera esfera con la que entramos en contacto después de quedarnos dormidos y que también volverá a ser la última esfera por la que entramos al despertar, llevamos en nosotros las fuerzas de los movimientos de los planetas. Esto no significa, por supuesto, que recibimos en nosotros todas las noches todos los movimientos planetarios; llevamos dentro de nosotros una pequeña imagen, por así decirlo, donde se reproducen los movimientos de los planetas. Y esta imagen es diferente para cada ser humano. Esta es entonces, la primera experiencia que cada uno de nosotros encuentra al dormirse. Seguimos con nuestro cuerpo astral por así decirlo, todo lo que sucede con los movimientos de los planetas, por los amplios espacios del Universo, lo experimentamos todo en nuestro cuerpo astral como una especie de globo planetario.

Tal vez dirán: Pero, ¿cómo puede esto preocuparme, si no puedo percibirlo?.  Es cierto que no lo ven con sus ojos, ni lo oyen con sus oídos. Pero apenas han pasado a la condición del sueño, la parte del cuerpo astral, que en la vigilia pertenece al corazón, se convierte en un ojo, se convierte, en realidad, en lo que podríamos llamar un “ojo-corazón”; y con este ojo del corazón, “ves” lo que ahora está ocurriendo. Para la humanidad actual, la percepción es muy tenue. Sin embargo, tengan por seguro que existe; El “corazón-ojo” percibe las experiencias de la primera esfera del sueño.  El yo y el cuerpo astral miran con el “corazón-ojo” hacia sus cuerpos físico y etérico. Y contemplan la imagen de los movimientos planetarios que se están experimentando en su cuerpo astral,  irradiando desde su cuerpo etérico; ve el reflejo de esos movimientos en el cuerpo etérico.

Hoy en día el hombre está constituido de tal manera que tan pronto como se despierta, inmediatamente se olvida de la vaga conciencia que tenía en la noche por medio de su “corazón-ojo”. Hay sin embargo, sueños en los que se puede captar, por así decirlo, un eco de ello. Estos sueños están en movimiento, en un movimiento interior que recuerda a los movimientos planetarios. Entonces en estos sueños se forman imágenes de la vida real, pero eso solo ocurre cuando el cuerpo astral ya ha comenzado a sumergirse en el cuerpo etérico, que lleva y conserva para nosotros nuestra vida de recuerdos.

Déjenme describirles algo que puede suceder fácilmente. Te despiertas por la mañana, habiendo pasado de nuevo en tu regreso a través de la esfera de los movimientos planetarios.  Supongamos que has experimentado una relación particular entre Júpiter y Venus. Tal experiencia debe estar íntimamente relacionada con tu destino; de lo contrario, no la tendrías; y si pudieras llevar esta experiencia a la vida —a tu vida diaria ordinaria— arrojarías una luz maravillosa sobre tus facultades y capacidades. Pues el hecho es que estas facultades nuestras no son de la Tierra, las hemos traído desde el Cosmos. De acuerdo con lo que es nuestra conexión con el Cosmos, así son nuestros dones y talentos, así como la bondad, —o al menos la inclinación hacia el bien o hacia el mal. Si pudieran traer a la vida cotidiana la experiencia de la que estamos hablando, podrían ver lo que Júpiter y Venus se dicen el uno al otro, porque llevarían lo que habían visto en el sueño con su “corazón-ojo” —también podría decir, oído con su corazón-oído, porque estas distinciones más sutiles no existen para las experiencias del sueño, sin embargo dado que todo esto se percibe muy débilmente, se olvida. Pero el resultado de la experiencia permanece en el cuerpo astral, la relación mutua entre Júpiter y Venus produce el movimiento correspondiente en el cuerpo astral. Y ahora se mezcla con un poco de la experiencia que tuvieron hace mucho tiempo, tal vez cuando tenían 17 ó 25 años de edad, digamos al medio día, un día, en Oxford, por ejemplo, o en Manchester. Las imágenes de esta experiencia del pasado se entrometen en la experiencia cósmica y ambas se mezclan. Como podemos ver, por lo tanto, las imágenes que se nos ofrecen en los sueños tienen un significado determinado, sin embargo, no son la parte esencial del sueño, son como una prenda de vestir que tejemos en torno a las experiencias cósmicas.

Ahora, a través de toda esta experiencia que nos viene de la manera descrita, sentimos ansiedad. En casi todos los casos se acompaña de una sensación más o menos intensa de ansiedad —ansiedad, es decir, de naturaleza espiritual, y especialmente en el momento en que la experiencia cósmica suena de nuevo, brilla de nuevo, ante el alma del cuerpo etérico. Supongamos que la influencia debida a una cierta relación entre Júpiter y Venus vuelve a ti desde tu cuerpo de éter, y un rayo —lo llamo simplemente un rayo, ¡pero ello le dice mucho a tu ojo-corazón! — un rayo regresa de tu frente, mientras que un segundo rayo, que proviene de la región debajo del corazón, mezcla su música y su luz con el primero. En cada alma humana que no esté completamente endurecida, esto dará lugar a la sensación de ansiedad y aprehensión de la que he hablado. El alma se verá obligada a decirse en el sueño: La niebla cósmica me envuelve, me recibe.  Nos sentimos realmente como si  estuviéramos envueltos en una oscura y nebulosa niebla cósmica, como si  fuéramos una nube de niebla flotando en la niebla de los mundos. Tal es el carácter de la primera experiencia que encuentra el alma después de dormirse.

Y luego, otro sentimiento comienza a surgir en el alma. De esta primera experiencia, en la que el alma está ansiosa y preocupada, sintiéndose no más que una pequeña ola de niebla en la niebla de los mundos, otro estado de ánimo se va desarrollando dentro de ella, un estado de ánimo de devoción y entrega a lo Divino que llena e impregna el Universo.

Esto es, lo que pasa con nosotros, mis queridos amigos, en la primera esfera a la que llegamos después de dormirnos. Dos sentimientos fundamentales viven en nuestra alma, estoy en la niebla de los mundos, -yo de buena gana descansaría en el seno de la Trinidad, donde estoy seguro y protegido y no me disuelvo en la niebla de los mundos. Esta es, además, una experiencia que la percepción del corazón debe necesariamente llevar a la vigilia de la mañana, cuando la inmersión del alma ha vuelto a despertarse en los cuerpos físico y etérico. Porque si esta experiencia no se trajera, entonces las sustancias que se toman como alimento durante el día asumirían dentro de nosotros su propio carácter totalmente terrenal y lanzarían nuestro organismo al desorden. Y esto se aplica no sólo a lo que comemos, sino a todas las sustancias que experimentamos en nosotros como procesos del metabolismo. Porque incluso si pasamos hambre, se están tomando continuamente sustancias, —en este caso, de nuestro propio cuerpo— y se elaboran a través del metabolismo.

El sueño tiene, como ven, mis queridos amigos, un significado inmenso para la condición de vigilia. Y solo podemos registrar nuestro reconocimiento del hecho de que en esta época de evolución no le corresponde al hombre ver que las fuerzas divinas son llevadas a la vida despierta. Porque sería difícil para los seres humanos tal como son en la era actual, apoyarse en ellos para traer estas influencias en plena conciencia y llevarlas a la vida despierta del día.

Y ahora el hombre entra en la siguiente esfera. Esto no quiere decir, que deja la primera, no, pues el corazón-perceptivo esta todavía allí. Esta siguiente esfera, que es mucho más complicada, es percibida por otra parte del cuerpo astral —la parte que pertenece en la vida de vigilia al plexo solar, y a la organización de los miembros. La parte del cuerpo astral que impregna el plexo solar, los brazos y las piernas es ahora el órgano de percepción, y con la ayuda de este órgano el hombre comienza a sentir las fuerzas en su cuerpo astral que provienen de los Signos del Zodíaco.  Estos son de dos tipos: las fuerzas que lo alcanzan desde el Zodíaco directo, y las fuerzas que primero tienen que pasar a través de la Tierra. Porque hay una gran diferencia si un signo en particular está arriba o debajo de la Tierra.

Por lo tanto, el hombre tiene en esta segunda Esfera lo que podríamos llamar una percepción solar o del Sol. Él percibe con la parte de su cuerpo astral que está asociada con el plexo solar y las extremidades,  —un órgano de percepción que con razón se puede llamar ojo solar. Y por medio de su ojo solar el hombre se hace consciente de su relación, no sólo de los movimientos planetarios, sino de todo el zodiaco.  La imagen que contemplas se va haciendo cada vez mayor, o mejor dicho, el hombre se crece hacia fuera en la imagen del Cosmos. Y aquí de nuevo, el hombre es capaz de contemplar el reflejo de la experiencia cuando mira hacia atrás a su propio cuerpo físico y etérico.

Cada noche, le es dado al hombre, —es decir, a la parte de él que sale del cuerpo—entrar en relación con todo el Cosmos; primero, con los movimientos planetarios, y luego con las constelaciones de las estrellas fijas. En esta última experiencia, que puede llegar media hora después de quedarse dormido, o más tarde, pero a mucha gente le llega muy pronto, el hombre se siente dentro de las doce constelaciones del Zodíaco. Y las experiencias que encuentra en las constelaciones son extremadamente complicadas.

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Yo verdaderamente creo, que es posible que alguien haya viajado por el mundo entero y visitado las regiones más interesantes e importantes de la Tierra no tendrían la cantidad y variedad de experiencias como las que el ojo solar ofrece todas las noches en conexión con una sola constelación del Zodíaco. Para los hombres de los tiempos antiguos, que aún poseían los poderes de clarividencia en toda su fuerza y podían percibir con la conciencia onírica mucho de lo que he estado describiendo, las experiencias del sueño eran menos desconcertantes. En nuestro tiempo es extremadamente difícil para el hombre alcanzar con su ojo Solar cualquier grado de claridad con respecto a esta complicada doceava experiencia de la noche. Él tiene que hacerlo, incluso si durante el día lo ha olvidado por completo; pero difícilmente puede, a menos que haya recibido, con la comprensión del corazón, el conocimiento de Cristo y de todo lo que el Cristo llego a dar a la Tierra a través del Misterio del Gólgota. Si en nuestra vida de vigilia ordinaria podemos comprender y sentir lo que significa para la vida de la Tierra lo que Cristo ha traído a través del Misterio del Gólgota, si meditamos en el Ser Cristo, entonces nuestro cuerpo astral puede recibir a través del cuerpo físico y etéreo, un cierto matiz o cualidad que provoca que Cristo se convierta en nuestro guía y líder a través del Zodíaco durante el sueño. Porque en el ámbito de los movimientos planetarios, de nuevo un sentimiento de ansiedad viene sobre el hombre. Siente algo como: ¿Y si me pierdo en la multitud de las estrellas, y en todos los acontecimientos múltiples que se producen entre ellas?. Pero si él es capaz de portar los pensamientos y sentimientos e impulsos de la voluntad que ha dirigido en su vida de vigilia al Cristo, entonces Cristo se convierte para él en un guía, poniendo orden en los acontecimientos desconcertantes de esta esfera. Y así nos llega la realidad, el hecho de que solo cuando ponemos nuestra atención en el otro lado de la vida, podemos apreciar el significado pleno de Cristo para la vida de la Tierra,  como ha sido hasta ahora; y en cuanto a lo que Cristo todavía tiene que convertirse para la vida de la Tierra, —nadie dentro de la civilización ordinaria de nuestros días realmente puede entenderlo.

 Por supuesto, hay algunos entre nosotros que pueden decir que pasan por la experiencia de dormir correctamente, y estas experiencias dan a menudo una falsa interpretación. Los seres humanos que no hayan estado en contacto con el acontecimiento de Cristo traen estas experiencias de la noche a la conciencia de vigilia del día de una manera desordenada y confusa. Podemos entender cómo ocurre esto cuando sabemos qué es lo que realmente ocurre con nosotros durante el sueño. Como hemos visto, cuando pasamos a través de la esfera de la existencia en que estamos envueltos en la niebla o las nubes, vemos acercarse un mundo que nos confunde y sorprende. Aquí es donde el Cristo se nos presenta como un Sol espiritual y se convierte en nuestro guía, y entonces toda la confusión se resuelve en una especie de armonía que nos escucha y entiende. Que esto sea así, se lo debemos a que en el momento de dormir llevamos a Cristo como nuestro guía, este es un asunto de la mayor importancia para nosotros. Pues en el momento en que entramos en esta esfera y comenzamos a tener a nuestro alrededor la vida interactiva de las constelaciones del zodíaco y los movimientos de los planetas, nos encontramos también con nuestro Karma. Con el ojo solar contemplamos nuestro Karma. Sí, de hecho es así, todo ser humano tiene la visión de su Karma durante el sueño. Todo lo que queda de la percepción en la vida de vigilia, es una especie de débil eco que vibra en los sentimientos.

Supongamos que un hombre ha comenzado a caminar por el sendero del autoconocimiento. Se va a encontrar tal vez que su alma está impregnada a veces con un estado de ánimo y actitud ante la vida que es como un eco lejano de la experiencia que ha tenido en el sueño, donde el Cristo se presentó como su guía y lo llevó en la noche de Aries a través de Tauro y Géminis, etc.  clareándole el mundo de las estrellas, por lo que vuelve con fuerza renovada a la vida del día. Porque esa es la maravillosa experiencia que le espera al hombre en esta esfera, nada menos que el mismo Cristo se convierte en su guía a través de los desconcertantes acontecimientos del Zodíaco, El va delante y le señala el camino de constelación en constelación, para que pueda ser capaz de recibir en su alma, en el orden correcto la armonía de las fuerzas que necesita para la vida de vigilia.

Tal es, pues, la experiencia a la que el hombre se somete cada noche entre dormir y despertar, una experiencia que se debe al hecho de que el alma y el espíritu tienen parentesco con el Cosmos. Porque, así como él se relaciona con la Tierra con su cuerpo físico y etérico, con su ser anímico espiritual con su cuerpo astral y Yo, el hombre está en relación con el Cosmos. Y cuando sale de sus cuerpos físico y etérico, y se sumerge en el mundo cósmico las experiencias que sufre allí brillan de nuevo en él, como una especie de imagen interior, en la parte de él que se queda en la cama. Se siente muy profundamente conectado con el cosmos y de hecho, es fuertemente atraído a ir aún más lejos, más allá del zodíaco,  si no fuera por la presencia de otra fuerza que lo trae de vuelta. A causa de este otro elemento que entra en todas las experiencias que acontecen al hombre durante el sueño,  no es posible para él, entre el nacimiento y la muerte, para ir más allá del Zodiaco, nos encontramos aquí con una influencia totalmente diferente de tipo y calidad; la influencia de la Luna.

El efecto de la influencia de la Luna tiñe con una cierta sustancialidad el Cosmos durante la noche, y esto sucede incluso en el momento de la Luna Nueva. El hombre experimenta esta sustancialidad, con todo lo demás. Siente cómo las fuerzas de la Luna le retienen dentro del mundo del zodiaco y lo traen de nuevo a la hora de despertar. Incluso en la primera esfera en la que entra después de quedarse dormido, el hombre ya adivina vagamente dentro de él la presencia de esta influencia; comenzando a ser muy sensible en la segunda esfera, donde tiene una experiencia poderosa y vívida de los misterios del nacimiento y de la muerte. El órgano para esta experiencia se encuentra mucho más profundo dentro del hombre que el ojo del corazón o incluso el ojo del sol; se puede decir que se extiende e involucra al hombre completo. Con este órgano, el hombre experimenta todas las noches cómo descendió como ser anímico espiritual del mundo del alma y el espíritu, cómo entró por nacimiento en una existencia física y cómo su cuerpo va pasando gradualmente hacia la muerte, porque el hecho es que superamos la muerte, incluso hasta el momento en que la muerte ocurre realmente como un final. Algo más también está asociado con esta experiencia. Las mismas fuerzas que nos permiten experimentar cómo el alma en su viaje a través de lo terrenal y corporal nos revelan también en el mismo momento nuestras conexiones con el resto de la humanidad.

Quisiera que tuvieran presente el hecho, mis queridos amigos, de que incluso un insignificante contacto con otro ser humano no deja de tener su lugar y su conexión en nuestro destino conjunto. Y si las almas, con las que hemos estado en alguna vida pasada o con las que hemos estado conectadas en la vida presente y que ahora están en el mundo espiritual o siguen con nosotros aquí en la Tierra, todo lo que hemos tenido que ver con una relación de hombre a hombre, todos los lazos humanos están íntimamente relacionados, ya que estos son los secretos del nacimiento y la muerte que se muestran ahora ante el “ojo espiritual”, si se me permite llamarlo así, de todo hombre. Y todo esto viene ante nuestra visión y como todo esto viene antes de nuestro punto de vista, sentimos que estamos realmente dentro de la corriente de nuestro destino.

Esto tiene que ver con el hecho de que, mientras que todas las otras fuerzas —las fuerzas de los planetas y de las estrellas fijas— tienden a llevarnos hacia el lejano Cosmos, la Luna nos retiene una vez más en el mundo de los hombres. La Luna nos aleja del Cosmos. La Luna tiene fuerzas que se oponen directamente tanto a las fuerzas del Sol como a las de las estrellas, asegurando nuestro parentesco con la Tierra. Por consiguiente, es la Luna la que nos lleva de nuevo cada noche, nos aleja de la experiencia del zodiaco y de las experiencias de los planetas, llevándonos una vez más a nuestro cuerpo físico.

Aquí tienen la diferencia, desde un punto de vista, entre el sueño y la muerte. Cuando el hombre se va a dormir, permanece todavía en estrecha relación con las fuerzas de la Luna. Las fuerzas de la Luna le señalan  cada noche el significado de su vida en la Tierra. Esto se hace posible por el hecho de que puede ver en su cuerpo etérico la reflexión de todas sus experiencias de la noche. Con la muerte, sin embargo, el hombre retira su cuerpo etérico del cuerpo físico. Luego comienza, como saben, la panorámica que recuerda la última vida en la Tierra. El cuerpo etérico se expande, llenando durante algunos días la nube cósmica de la que he hablado. Ya dije cómo todas las noches vivimos nuestro camino como nubes, como niebla, en la Niebla de los Mundos. En la noche esta nube de niebla que somos, está allí sin el cuerpo etérico; pero cuando morimos, nuestro cuerpo etérico está presente durante los primeros días. Entonces el cuerpo etérico se va disolviendo gradualmente en el Cosmos, la memoria se va desvaneciendo hasta desaparecer, y tenemos —en lugar de un reflejo de las experiencias de las estrellas proyectado por la parte de nosotros que dejamos en la cama— ahora, después de la muerte, tenemos una experiencia interna inmediata de los movimientos de los planetas y de las constelaciones de las estrellas fijas.

Pueden leer en mi libro “Teosofía” una descripción de estas experiencias desde otro punto de vista. Allí hice una descripción de lo que el hombre encuentra, por así decirlo, a su alrededor entre la muerte y el nuevo nacimiento. Pero al igual que en la Tierra no tendría alrededor los colores y sonidos, por ejemplo, a menos que tenga los ojos y los oídos, y  no podría respirar sin tener pulmones y un corazón, tampoco se podía percibir después de la muerte a su alrededor lo que se encuentra descrito en mi libro como “el mundo anímico” y “la tierra de los espíritus”, a menos que tenga en su interior a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Aries, Tauro, Géminis, etc. Estos están dentro de nosotros, son nuestro organismo, nuestro organismo cósmico por medio del cual podemos experimentar después de la muerte. Y la Luna ahora, no nos puede traer de vuelta, ya que sólo podría hacerlo a través del cuerpo etérico que se ha disuelto en el Cosmos.

El hombre sin embargo conserva, incluso después de la muerte algo que le quedaba de la fuerza que se hereda de la Luna, lo suficiente para que pueda permanecer por algún tiempo en el mundo anímico, con la mirada todavía fija en la Tierra. Luego  pasa a la tierra de los espíritus, y he aquí que siente y sabe que él está pasando por una experiencia que está más allá del Zodíaco, más allá del cielo y las estrellas fijas. Tal es el curso de la vida del hombre en el tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento.

También podría dar otra descripción del viaje nocturno del hombre por el mundo espiritual, y lo voy a describir para vosotros en una imagen. Sólo tienen que tener cuidado de no tomar la imagen al pie de la letra, porque, como sabéis, es casi imposible expresar estas cosas en conceptos terrenales. Sin embargo, esta imagen es real, y les ayudará a seguir este camino con todos sus detalles.

Imagínense ante un prado. De cada flor del prado  —de las flores que florecen también en los árboles—, sale una espiral y va hacia fuera,  hacia el espacio cósmico. Estas espirales circulares por las cuales las fuerzas del cosmos fomentan y regulan el crecimiento de las plantas en la Tierra. Pero las plantas no crecen solo de su descendencia, sino que necesitan también para su crecimiento las fuerzas cósmicas que rodean a la Tierra con sus influencias dirigidas en espiral. Estas fuerzas cósmicas están allí en invierno también, están ahí, incluso en el desierto, donde no crecen las plantas. Cuando llega la noche para el hombre, tiene que usar estas fuerzas en espiral como una especie de escalera sobre la cual puede ascender al reino de los movimientos planetarios. El hombre asciende a los movimientos de los planetas en la escala de los rayos espirales que circundan hacia arriba desde las plantas. Y luego hay otra fuerza, la fuerza que hace que la planta se dispare desde su raíz —porque debe haber una fuerza trabajando para permitir que la planta crezca hacia arriba. Con la ayuda de esta fuerza, el hombre es llevado a la segunda esfera que describí.

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Recordemos por un momento esas experiencias relacionadas con nosotros, donde entramos en un estado de ansiedad y  sentimos: “Yo no soy más que una pequeña nube de niebla en la niebla del cosmos, —tengo que descansar en el seno de la Dios”. Si queremos relacionar esta experiencia del alma con las condiciones en las que vivimos en la Tierra, tendría que expresarla de la siguiente manera. Es como si el alma dijese: “Yo descanso en la bendición del Cosmos como paso por encima de un campo de maíz que se acaba de abrirse en flor, descanso en la bendición del Cosmos como paso por encima de un prado de flores que se desarrollan en la luz”. Pero qué es lo que llena las plantas en líneas de fuerza espirales?.  Es el seno de la Deidad, rápido e instintivo con la vida, el mismo dentro del cual el hombre se encuentra protegido y encerrado cada vez que se duerme.

La Luna, por otro lado, lleva al hombre al aspecto animal de su naturaleza. Las fuerzas de las plantas tienden perpetuamente a llevarlo más y más lejos en el ancho universo. Pero el hombre tiene también en su ser algo que comparte con el reino animal, y debido a esto la Luna es capaz de hacerle volver cada mañana,  de nuevo a su propia naturaleza animal.

Tenemos aquí, una imagen de la relación del hombre con el cosmos, y de su influencia sobre él durante el sueño. Podemos llevar la imagen un poco más lejos. Con el ‘ojo-corazón´, el ojo-solar y el ojo espiritual, podemos experimentar en el sueño el tipo de sensación al que estamos acostumbrados en la vida de vigilia, cuando estamos unidos en una relación íntima y cercana con otra persona. No se nos dice con palabras, ni tampoco se nos razona. Son las plantas quien nos lo dice; lo escuchamos de las plantas que nos levantan, como en una escalera de caracol, hacia el mundo de los planetas, desde donde somos enviados de nuevo al mundo del Zodíaco.

Si quisiéramos poner en palabras lo que experimentamos en este sentido, podríamos decir: tengo una relación con esta persona, y los lirios me lo dicen, las rosas me dicen, el poder de la rosa, el poder del lirio, el poder del tulipán me ha llevado a experimentar esta relación. Así toda la Tierra es convertida en un libro de la vida que interpreta para nosotros el mundo del alma humana, ese mundo en el que tenemos que encontrar nuestro camino a medida que avanzamos a través de nuestra vida.

Ahora, estas experiencias que vienen a hombre durante el sueño no siempre han sido las mismas, varían en las diferentes épocas. Si nos remontamos a la antigua India, nos encontramos con que en aquellos tiempos los hombres que querían aprender lo que el sueño podía enseñarles poniéndolos en relación con el mundo de las estrellas, limitaban su búsqueda a aquellas constelaciones de las estrellas fijas que estaban sobre la Tierra anteriormente, es decir, en el momento concreto de tiempo, pues las constelaciones están, por supuesto, cambiando continuamente su lugar en los cielos. En la antigua India no se tenía ningún deseo de hacer la conexión con las constelaciones que estaban por debajo de la Tierra, cuyas fuerzas pueden llegar al hombre sólo a través de la Tierra.

Miren la postura característica de Buda, – o de cualquier sabio de Oriente que se dispone a realizar los ejercicios que le permiten alcanzar la sabiduría espiritual, Él se sienta con las piernas cruzadas. La parte superior de su cuerpo está en relación con las constelaciones superiores, que están activas, sólo eso. A través de los ojos del sol, también se trabaja en él lo que funciona a través de las extremidades, pero esto no lo quiere activar. Él quiere, por así decirlo, eliminar las fuerzas de las extremidades durante sus ejercicios espirituales. En su postura se puede ver con toda claridad que el solicitante de la sabiduría oriental  desea entrar en relación con lo que está por encima de la Tierra, y solamente con eso. Todo su interés se dirige al conocimiento que se refiere al alma.

El mundo, sin embargo no estaría completo si la búsqueda del hombre por el conocimiento continuara limitándose de esta manera, si los hombres hubieran seguido asumiendo siempre y exclusivamente la postura de Buda, cuando se pusieron en el camino del conocimiento. No fue así. En la era de Grecia, los hombres comenzaron a sentirse impelidos a hacer la conexión también con las fuerzas de las constelaciones que estaban  en ese preciso momento, por debajo de la Tierra. La Mitología griega contiene bellas historias sobre ello. Una y otra vez se nos habla de una especie de Espíritu donde el candidato desciende a los infiernos. Cada vez que leemos de un héroe griego que desciende a los infiernos, podemos estar seguros de que el significado es que él está pasando por una Espiritualidad que le daba el conocimiento de las fuerzas del Cosmos que trabajan en la Tierra y que eran conocidas por el griegos como las fuerzas ctónicas.

Cada época del tiempo tiene su propia tarea y misión. El iniciado oriental tenía que aprender, a fin de poder comunicar el conocimiento a sus semejantes, sobre la región del alma y del espíritu, donde el hombre moraba antes de nacer —o debería decir, antes de la concepción— y sobre las experiencias del hombre antes que él descienda al mundo terrenal. Todo lo que se siente de grande y majestuoso en la poesía de Oriente y en sus concepciones del universo, se deben al hecho de que los hombres de aquellos lejanos días fueron capaces de mirar a la vida que habían experimentado antes de bajar a la Tierra. En Grecia, los hombres comenzaron a tomar conocimiento de la Tierra y de todo lo que pertenece a la Tierra. El griego tiene Urano y Gaia —la Tierra— como  punto de partida de su cosmología. Aspira a conocer también los Misterios de la Tierra misma, que incluyen a la vez los misterios cósmicos que trabajan a través de la Tierra. Los griegos querían descubrir también los misterios del inframundo, y de esta manera desarrollaron su verdadera cosmología.

Piensen en lo poco que hay entre los griegos —nada entre los orientales— pero lo poco que hay entre los griegos del estudio de la historia en el sentido de la palabra. El griego estaba mucho más interesado ​​en los inicios lejanos cuando la Tierra se estaba formando en el Cosmos, cuando las fuerzas del interior de la Tierra, las fuerzas titánicas, declararon la guerra a las otras fuerzas, esas poderosas fuerzas espirituales que los griegos concibieron como subyacentes en la red de las condiciones terrenales dentro de la cual el hombre se encuentra envuelto. Pero los hombres de los tiempos modernos están llamados a entender la historia, tenemos que ser capaces de mostrar cómo el hombre comenzó a partir de una antigua clarividencia onírica y ahora ha llegado a una conciencia de carácter intelectual y teñida ligeramente con el recuerdo de los mitos. Ahora pasare a mostrar la necesidad de que el hombre trabaje ahora la manera de salir de esta conciencia intelectual y aprenda a mirar en el mundo del Espíritu. En la época actual el tiempo marca la transición hacia el logro de la experiencia consciente del mundo espiritual. Es por eso que es tan importante para nosotros dirigir nuestra atención a la historia. Encontrareis que en nuestro trabajo antroposófico nos referimos una y otra vez al estudio de las diferentes épocas de la historia, que se remonta en primer lugar al tiempo en que los hombres recibían sus conocimientos de seres superiores, y luego se siguieron desarrollando hasta nuestra época.

El estudio de la historia, por supuesto, se convierte irremediablemente en algo abstracto en nuestras escuelas y universidades de hoy en día. ¿Podría haber algo más abstracto que las líneas de demarcación que la gente saca al desarrollar algún tema histórico?. Para los hombres de tiempos antiguos, la historia estaba vestida aún con el traje del mito y lo pusieron en relación con la naturaleza y con todo lo que sucede en el mundo. La gente ya no puede hacer esto. Tampoco muestra ninguna disposición hasta ahora a investigar más profundamente en los tiempos de antaño. No sienten la necesidad de preguntar cómo fue el hombre en los días en que recibió la sabiduría de seres más elevados, cómo fue más tarde cuando cada vez le llegaba menos la sabiduría, o cómo fue con él cuando un Dios mismo descendió para encarnar a través del Misterio del Gólgota en un cuerpo humano llevando a cabo una misión cósmica sublime con la Tierra, por la que finalmente se le dio su verdadero significado.

Toda la teología de los siglos XIX y XX ha fracasado, porque no se puede entender al Cristo en su significado espiritual. Eso, mis queridos amigos, es lo que la Ciencia Espiritual quiere traer, la comprensión del Cristo. Necesitamos una Ciencia Espiritual que pueda penetrar de nuevo en el mundo espiritual, que pueda hablar otra vez sobre el nacimiento y la muerte, sobre la vida entre el nacimiento y la muerte y también sobre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y acerca de la vida del alma durante el sueño —se puede hablar de estas cosas en la forma en que estamos hablando ahora. La posibilidad debe estar ahí para que el hombre vuelva a conocer el otro lado —el lado espiritual— de la existencia De lo contrario, simplemente no podrá avanzar en el futuro.

Una vez, hace mucho tiempo, los hombres dirigieron su búsqueda del conocimiento de los mundos superiores —lo vemos demostrado en la postura del Buda. Luego, en tiempos posteriores, el hombre tomó la evolución de la Tierra como su punto de partida y leyó su cosmología de la evolución de la Tierra; se inició en Grecia en los Misterios Chtócnicos, como lo encontramos relacionado en muchos mitos griegos, donde el relato de tal iniciación es a menudo una característica prominente de la historia. Nuestra búsqueda tiene que dar un nuevo giro. Habiendo estudiado en el pasado los Misterios de la Tierra y los misterios de los Cielos, necesitamos en nuestros días una Ciencia Espiritual que sea capaz de moverse rítmicamente entre el Cielo y la Tierra, una Ciencia Espiritual que pregunte a los Cielos cuando quiere entender la Tierra, y pregunte a la Tierra cuándo quiere saber de los Cielos.

Y así es como si quieren, encontrarán las preguntas y sus respuestas —en la medida en que puedan ser contestadas hoy,  en mi libro “La Ciencia Oculta, un bosquejo“. Permítanme decir aquí con toda humildad que en este libro se ha hecho el intento de describir el conocimiento del que el hombre moderno tiene necesidad, que lo necesita tan ciertamente como el Oriental necesitaba los misterios de los Cielos o los griegos los misterios de la Tierra. Porque se requiere que tomemos nota y observemos cómo se encuentra con la iniciación en los tiempos modernos y cuál es la relación del hombre con ella en esta época actual. Permítanme esforzarme por describirles brevemente en la tercera parte de mi conferencia las tareas que tenemos por delante con la Ciencia Espiritual moderna.

Para darles una idea de las tareas de la iniciación moderna, tendré que repetir aquí lo que algunos de ustedes me habrán escuchado decir en Oxford hace unos días.

Estaba señalando justo ahora que mientras que los iniciados de tiempos muy antiguos pusieron énfasis particular en mirar hacia arriba, a los mundos espirituales de donde el hombre desciende para vestirse en un cuerpo terrenal, mientras que, por otro lado para los iniciados de un tiempo algo posterior, nos lo encontramos descrito por los griegos como el descenso al inframundo, que fue de capital importancia, el iniciado de nuestro tiempo tiene otra tarea más. Tiene que buscar el conocimiento, en la relación rítmica de los Cielos y la Tierra. Para este fin, él tiene que conocer los Cielos y la Tierra, pero debe, en su búsqueda, mantener siempre ante él el pensamiento de Hombre,  en quien solo, entre todos los seres que están a nuestro alrededor, el Cielo y la Tierra trabajan juntos para formar un todo completo. Sí, el hombre mismo debe ser el objetivo de nuestro estudio. El ojo del corazón, el ojo solar, el ojo espiritual (que está formado de todo el ser humano) deben despertarse en el hombre. Porque el Hombre lleva dentro de él, mis queridos amigos, infinitamente más secretos y misterios que los mundos que podemos percibir con nuestros sentidos externos y explicar con el intelecto ligado a los sentidos. Porque alcanzar el conocimiento del Hombre como espíritu, alcanzar un conocimiento espiritual del Hombre, es la tarea de la iniciación moderna. En este camino de conocimiento de la iniciación tenemos que partir en la búsqueda de un conocimiento universal, pero siempre con este objetivo a la vista, que, al aprender a entender el mundo, a través de la comprensión del Cosmos, podamos llegar finalmente a entender al Hombre.

Y ahora comparen la situación de un iniciado de nuestro tiempo con la situación de un iniciado de la antigüedad. Los hombres de aquellos primeros tiempos tenían unas facultades anímicas que le permitieron despertar en su interior el recuerdo del tiempo que pasamos antes de descender a un cuerpo terrenal. Por lo tanto, para el iniciado de esos días era una cuestión de despertar los recuerdos cósmicos. Y para los griegos era una cuestión de buscar en la Naturaleza, de contemplar la naturaleza. Pero el iniciado de los tiempos modernos tiene que tener como su objetivo el conocimiento de hombre, está llamado a aprender a conocer al hombre, directamente, como un ser espiritual. Para esto, debe aprender a liberarse de su actual comprensión limitada y terrenal de su conexión con el Universo. Repito un ejemplo que di recientemente en Oxford de cómo esta liberación tiene que llevarse a cabo.

Una de las tareas del conocimiento Espiritual, que presenta dificultades inusuales, es la de realizar la conexión con las almas que han dejado la Tierra, que han cruzado el umbral por la muerte. No es nada fácil establecer esas conexiones, pero se puede hacer despertando las fuerzas más profundas del alma. Es necesario darse cuenta desde el principio que uno tiene que acostumbrarse, por el cumplimiento cuidadoso de ciertos ejercicios, al único tipo de lenguaje que se puede hablar con los muertos. Este lenguaje es, en cierto modo, un hijo de nuestro lenguaje humano ordinario. Sin embargo, fallarían por completo si tuvieran la idea de que el habla humana ordinaria, tal como es, sería de ayuda para establecer relaciones con los muertos. Una de las primeras cosas que descubrimos es que los muertos pueden entender sólo por un tiempo muy corto lo que llamamos sustantivos. En su lenguaje no hay forma de expresar una ‘cosa’, una cosa aislada, que denotamos con una palabra que llamamos sustantivo. Las palabras en su idioma transmiten la sensación de movimiento, están todas llenas de actividad interna. Por lo tanto nos encontramos con que cuando ha pasado un poco de tiempo desde que el alma pasa a través de la puerta de la muerte, él es sensible sólo a las palabras que denotan actividad, es decir, a los verbos. En nuestras relaciones con los muertos, de vez en cuando, queremos hacerles preguntas; entonces debemos saber hacer la pregunta; debemos poner nuestras preguntas en una forma que la puedan entender. Si somos capaces de hacer esto, después de un tiempo llegará la respuesta; solo, debemos saber cómo estar atentos, cómo prestarle atención.

 Como regla general, tendrán que transcurrir un par de noches antes de que la persona que ha muerto puede responder a la pregunta que se le hace. Se trata, como pueden ver, de una cuestión de encontrar nuestro camino poco a poco en el lenguaje de los muertos, y se tarda mucho tiempo antes de que este lenguaje se manifieste en nosotros. Los mismos muertos han tenido que recorrer su camino en ello, porque, como saben, han retirado por completo la vida anímica de la Tierra. El lenguaje propio de los muertos no tiene relación con las condiciones terrenales, surge del corazón, —sí, es realmente un lenguaje del corazón. Se forma más bien de la misma manera que las exclamaciones o interjecciones se forman en los idiomas terrestres. Ya saben, por ejemplo, cómo decimos ‘¡Ah!’ Cuando nos sentimos maravillados o admirados. El lenguaje de los muertos tiene su origen en esa misma manera. Los sonidos y las combinaciones de los sonidos disfrutan en este idioma como en ningún otro su significado pleno y real.  Desde el momento de la muerte, el lenguaje comienza a cambiar para nosotros por completo.  Ya no es algo que se pronuncia desde los órganos del habla.  Se convierte en el tipo de lenguaje del que hablé hace un rato, cuando dije cómo saliendo de las flores, se nos da noticias acerca de algún ser humano. Comenzamos a hablar, en lugar de con los órganos del habla, con lo que proviene de las flores. Nosotros mismos nos convertimos en flores, florecemos con las flores. Entramos, por ejemplo, con las fuerzas de nuestra alma en la flor del tulipán, y expresamos, en la imaginación del tulipán, lo mismo que viene a la expresión aquí en la Tierra en la formación de la palabra. Volvemos a crecer en el espíritu, el espíritu omnipresente.

Verán fácilmente, a partir de este ejemplo de lenguaje, que el hombre tiene que abrirse camino en condiciones completamente diferentes, cuando ha atravesado la puerta de la muerte. En realidad, nuestro conocimiento del hombre es realmente pequeño, si conocemos de él solo lo que vemos con nuestros ojos. El conocimiento de la ciencia espiritual tiene que aprender sobre el otro lado del hombre. Lo que te he mostrado en el caso del lenguaje es un comienzo. Encontraremos que el cuerpo del hombre es algo completamente diferente de las descripciones que se nos dan en los libros científicos. A medida que avanzamos en el conocimiento de la iniciación, el cuerpo humano se convierte para nosotros en un mundo en sí mismo. La tarea del iniciado de los tiempos antiguos era volver a despertar en el hombre una facultad perdida, recordarle cómo era su vida antes de descender a la Tierra. El iniciado de hoy tiene una misión completamente diferente. Él tiene que lograr algo nuevo, algo que signifique un nuevo paso adelante. Lo que haga seguirá teniendo importancia incluso cuando el hombre haya abandonado la Tierra, sí, incluso cuando la Tierra ya no esté en el Cosmos. Esa es la naturaleza de la tarea que el conocimiento moderno de la iniciación debe cumplir; y en la fuerza y el poder de esa tarea, debe destacarse y hablar.

Es bien sabido por ustedes, mis queridos amigos, que la ciencia de la iniciación ha tomado parte de vez en cuando en la evolución espiritual de la Tierra. Una y otra vez ha aparecido entre los hombres. El conocimiento de iniciación que tiene que venir al mundo hoy y que no puede sino considerar todo el conocimiento de nuestro tiempo como un mero comienzo de todo el conocimiento que el hombre realmente debería poseer, seguramente se encontrará con una creciente oposición y resistencia. Tan grandes son las fuerzas dispuestas contra él, que necesitará toda su fuerza para vencer. Incluso antes de la iniciación moderna —que abre el camino para que el hombre vuelva a relacionarse con los poderes suprasensibles— incluso antes de que esta iniciación moderna comenzara a tomar su verdadero lugar en el mundo en el último tercio del siglo XIX, los poderes opuestos ya estaban trabajando, se esforzaron por imbuir a la civilización —inconscientemente, en su mayor parte, en lo que respecta a los seres humanos en sí mismos— con tendencias que finalmente destruirían la iniciación moderna, la limpiarían de la faz de la Tierra.

Alguna vez habrán observado cómo constantemente se oye la gente decir, cuando se les presenta algún hecho nuevo de conocimiento: “Así es como yo lo veo! Este es mi punto de vista!”. Y dicen esto con tanta facilidad, sin haber sufrido ningún desarrollo especial de la mente o del alma. De hecho, es bastante general aceptar que todo el mundo tiene derecho a pronunciar su veredicto, hablando desde el punto de vista de donde se encuentra en ese momento. Y la gente incluso se ofende profundamente y se enfada bastante si uno se atreve a sugerir que hay un tipo de conocimiento para el cual es necesario experimentar un desarrollo interno. Justo a acabo de decir que cuando en el último tercio del siglo XIX comenzó a surgir la posibilidad de que los hombres buscaran la iniciación en la forma moderna, los poderes enemigos ya estaban en acción. Como ven, querían llevar el principio de igualdad incluso al reino de la mente y el espíritu, para que allí también todos los seres humanos sean considerados en el mismo nivel. Podría señalar a muchas personas en quienes este método de resistencia a la iniciación moderna ha estado trabajando.

Mis queridos amigos, ¿creen que cuando tengo que hablar del espíritu, de la ciencia espiritual, las palabras tendrán el mismo timbre que cuando se habla desde el punto de vista terrenal ordinario?. Acabo de tratar de explicarles cómo tiene que cambiar el lenguaje y convertirse en algo completamente diferente cuando se trata de relacionarse con seres del mundo espiritual, y creo que ahora no me malinterpretarán si les cuento cómo la ciencia espiritual ve, por ejemplo, a un hombre como Rousseau. Hablando desde el punto de vista terrenal, nunca dejaré de reconocer la grandeza y el significado de Rousseau, y estoy totalmente preparado para asociarme con la alta alabanza y la crítica favorable que otros han expresado. Sin embargo, si me atreviera a revestirme con palabras terrenales de cómo aparece Rousseau cuando se le ve desde el punto de vista del conocimiento iniciático, debería decir: Rousseau, con su nivel espiritual de los seres humanos, ¿qué es él, después de todo, sino uno de los muchos charlatanes eternos de nuestra civilización moderna! ¡Un príncipe y un líder, digamos, entre todos! La gente no comprende fácilmente cómo es posible, desde un punto de vista terrenal, llamar grande a un hombre, y al mismo tiempo, desde el punto de vista de la iniciación, ¡llamarlo un arisco interlocutor!. Pero si honestamente deseamos alcanzar un conocimiento del hombre, y si reconocemos que para este fin tenemos, como dije, para tomar los Cielos y la Tierra para nuestra competencia y luego discernir el ritmo que late entre ellos, encontraremos que incluso esa expresión aparentemente paradójica es verdadera y requiere ser dicha. Porque es, de hecho, mientras aprendemos a escuchar ambos, —a lo que suena desde un lado y desde el otro lado de la existencia, es cuando aprendemos a escuchar esto juntos, esa guía puede venir en nuestra búsqueda de un verdadero conocimiento del Hombre.

Un verdadero conocimiento del Hombre tiene que construir sobre la misma base sobre la cual construyeron los iniciados de los tiempos antiguos, en el EX DEO NASCIMUR; en la memoria debe basarse en lo que nos encuentra cuando miramos hacia el universo donde —todo inconscientemente para nosotros— el Cristo se convierte en nuestro Guía, como he descrito. Sin embargo, es nuestra tarea traer cada vez más a Cristo a nuestra conciencia, para que podamos obtener bajo Su guía el conocimiento del contenido de este mundo, al cual pertenece la muerte. Entonces tendremos la certeza que vivimos con Cristo el camino por este mundo muerto y moribundo; EN CHRISTO MORIMUR.

Y en la medida en que bajemos con Cristo a la tumba de la vida en la Tierra, así también seguiremos con Él, la Resurrección y el Otorgamiento del Espíritu: PER SPIRITUM SANCTUM REVIVISCIMUS.

Este PER SPIRITUM SANCTUM REVIVISCIMUS el iniciado moderno tiene que ponerlo delante de él como el objetivo de todos sus esfuerzos. Meditarlo bien, y compararlo con la manera y el estado de ánimo que pertenece a la ciencia del presente; y verá por sí mismo que la oposición a la iniciación moderna es inevitable. Una terrible resistencia será, sin duda, soportada por la nueva iniciación, tal vez una resistencia de la cual no podamos tener hoy ninguna concepción, una resistencia que tomará la forma de acción en lugar de palabra y se expresará en drásticos intentos de hacer el conocimiento de la iniciación completamente imposible e inaccesible.

Por consiguiente, mi mayor deseo era hablar, tal como lo hago ahora en un círculo más pequeño y más íntimo, de las descripciones de lo que la ciencia espiritual puede llegar a conocer, con la esperanza de que estas descripciones lleguen a sus corazones y almas y despierten con fuerza dentro de ellos;   de modo que puede haber algunos, al menos en esta generación, que sepan relacionarse correctamente, por un lado, con aquello que busca la entrada a nuestro mundo desde los mundos del Espíritu, y por otro lado, a lo que está haciendo todo lo posible para prevenir y hacer imposible la penetración de la vida de la Tierra con la espiritualidad.

Esto es lo que quería depositar en sus corazones, mis queridos amigos; Reunidos como estamos aquí en un círculo más pequeño, después de haber tenido, para mi gran satisfacción, la oportunidad en Oxford para conferencias de un carácter más público. Pude en esas conferencias tratar los aspectos más externos, y era importante que aquí, en este círculo más pequeño, pudiéramos tocar el lado más esotérico del conocimiento de la iniciación.

Y es seguro que ya es hora de que nos sintamos perplejos y avergonzados porque las afirmaciones sobre los mundos espirituales parecen paradójicas. Ellos están obligados a hacerlo. El lenguaje de los mundos espirituales es un idioma bastante diferente de los idiomas que pertenecen a la Tierra; uno realmente tiene que hacer grandes esfuerzos y poner toda su fuerza antes de que uno pueda expresar, en palabras del lenguaje terrenal, verdades que realmente deberían expresarse de una manera completamente diferente. Por lo tanto, debe estar bastante preparado para encontrar que a menudo sorprenderá a la gente cuando les diga, de manera simple y directa, de algo que tiene lugar en los mundos espirituales.

Yo quería de esta manera para llamar su atención sobre el sentimiento y el impulso que había detrás de la conferencia de hoy, y me gustaría ahora a unir lo que he dicho con una expresión de profunda satisfacción por haber podido una vez más para hablar con vosotros aquí en Londres. Siempre es un motivo de satisfacción para mí poder hacer esto. Como he dicho antes, esto ocurre muy rara vez. Pero en las raras ocasiones en que nos encontramos por un corto tiempo, quisiera aprovechar la oportunidad para estimular de nuevo en nuestros corazones y almas ese tipo más fuerte de “unión” que debería subsistir, en todo el mundo, sin interrupción, entre aquellos que abrazan la causa de la Antroposofía. Este ha sido mi empeño hoy, y es en este sentido que expresaría en conclusión el ferviente deseo, mis queridos amigos, de que en el futuro podamos permanecer juntos, por más lejos que estemos en el espacio unos de otros.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Abril de 2018.

 

 

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Esta entrada fue publicada en Planetas.

3 comentarios el “GA214c3. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos Espirituales

  1. […] GA214c3. Las esferas planetarias y su influencia en la Vida del hombre en la Tierra y en los Mundos … […]

  2. José Antonio Alemán dice:

    Muchas gracias.

  3. gonzalo ramirez de la o dice:

    Sumamente hermozo!!!.

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