GA129c2. Maravillas del Mundo

Rudolf Steiner — Múnich, 19 de agosto 1911

English version

Ayer traté de darles una idea de la forma en que los griegos pensaban acerca de la relación entre el alma humana y nuestra evolución en la Tierra, haciendo especial hincapié en dos cosas. Dije que los griegos eran conscientes de que en tiempos remotos el alma había sido dotada de clarividencia, y consideraron a Perséfone, la hija de Démeter, como la regente de los poderes de clarividencia que trabajaban en las almas de los hombres desde el cosmos. Por otra parte he mostrado cómo toda la civilización intelectual de la humanidad se remonta a la corriente asociada con los nombres de Odiseo, Menelao y Agamenón. Traté de hacerles sentir que esta civilización requiere un sacrificio continuo. Así, los mejores sentimientos de los que el alma humana es capaz, cuando se siente bajo la influencia de esta civilización intelectual, se ofrecían a una especie de religión sacerdotal y el sacrificio de Ifigenia expresa este pensamiento en nosotros.

Estos puntos de vista nos permiten darnos cuenta de que la tradición, y hasta cierto punto el conocimiento real, de lo que ahora estamos tratando de recuperar a través de la Ciencia Espiritual estaba todavía muy vivo en la antigua Grecia. Llamamos la atención sobre el hecho de que en tiempos remotos el alma tenía la capacidad de la clarividencia. Ustedes puede leer en mi libro “La Ciencia Oculta, un esquema” la forma en que los hombres vieron el mundo espiritual en la Atlántida y cómo las fuerzas cósmicas se les aparecían como formas o figuras reales, de modo que  entre los hombres no se hablaba entonces de las fuerzas abstractas, sino de seres reales. Una figura como Perséfone es una reliquia de esta conciencia. A través de la Ciencia Espiritual estamos luchando poco a poco de llegar a conocer de nuevo desde nuestro punto de vista moderno la misma realidad que sigue viva en el mundo espiritual, y que conocían los hombres en tiempos remotos, los seres vivientes mismos que se escondían detrás de las figuras de la mitología griega.

Cuanto más profundamente entra uno en la mitología griega, mayor es su respeto y admiración, por la profunda sabiduría cósmica que se encuentra detrás de ella. Para que os hagáis una idea de esto, permítanme mencionar una cosa.

Dije ayer que la mitología griega llama la atención sobre dos tendencias diferentes —a la civilización intelectual asociada con los nombres de Menelao, Agamenón y Ulises, y tan bellamente ejemplificada en el sacrificio de Ifigenia, y la otra tendencia asociada con Perséfone y su madre Démeter.  Ahora, una persona reflexiva, naturalmente refleja que tales movimientos no sigan su curso con total independencia. A pesar de su aparente separación debe haber tenido un punto de contacto en alguna parte. ¿Cómo expresa la mitología griega, esta profunda verdad?.  Sabemos que la investigación moderna no tiene nada, solo unas pocas ideas abstractas que ofrecer en este sentido. Pero la mitología griega relata de nuevo la ascendencia de Agamenón a un representante de las fuerzas del alma humana a quien podemos llamar Tántalo. Según la leyenda griega Tántalo ofreció gratuitamente su propio hijo a los dioses como alimento. Sabemos también que los dioses reconocieron el carácter impío de esta ley, y sólo una —una diosa— participó de un omóplato. Esa era la diosa Démeter. En este toque sorprendente de simbolismo —la alimentación de Démeter de la escápula del hijo de Tántalo— nos encontramos con una indicación de que hay una conexión entre las dos corrientes. Se confirma que las fuerzas de Démeter entran en la civilización moderna asociada con los nombres de Agamenón, Menelao y Odiseo. Así, cada elemento de la mitología griega tiene su correspondencia en lo que estamos sacando a la luz de nuevo en la forma de la sabiduría espiritual moderna. Vale la pena llamar la atención de vez en cuando sobre dichas características muy importantes. Nos muestra el hecho de que la forma en que el hombre mira las maravillas de la Naturaleza cambia con el tiempo. Nuestra ciencia natural está orgullosa de su interpretación de la naturaleza. Parece que hay poco fundamento para este orgullo cuando reflexionamos que al representar la fuerza escondida en las profundidades de la Naturaleza como la gobernante femenina de las maravillas de la Naturaleza, el sistema griego de divinidades mostró una sabiduría mucho más profunda de lo que la ciencia de hoy tiene algún indicio, o lo adivinará hasta que se permita que la Ciencia Espiritual penetre en nuestra civilización.  Puede dar un impulso considerable a nuestro propio conocimiento, al conocimiento que hemos adquirido en el transcurso de los años, el considerarlo en relación con las profundidades de la sabiduría en la mitología griega.

Una característica de El misterio de Eleusis llama la atención sobre una maravilla natural importante. ¿Cual es realmente el acontecimiento crucial del drama?. Perséfone, que representa a las antiguas fuerzas clarividentes del alma humana, es raptada por Plutón, el dios del inframundo. Toda la acción maravillosa cobra vida en la escena de Plutón ,del drama reconstruido; una vez más lo tenemos ante nuestros propios ojos… ¿qué significa, cuando aplicamos lo que la mitología griega y el Misterio de Eleusis expresan así a la naturaleza del hombre mismo?. ¿Qué pasó con la Ciencia espiritual en la antigua facultad clarividente del alma humana? Esta violación de Perséfone ha estado sucediendo desde los tiempos más remotos hasta nuestros días; la antigua cultura clarividente ha desaparecido. Pero nada en el mundo desaparece realmente, las cosas simplemente se transforman. ¿Adónde se fue Perséfone? ¿Qué hace hoy la Regente de las antiguas fuerzas clarividentes en la naturaleza humana?. En los primeros capítulos de un pequeño libro[1], ahora al borde de la publicación, y que prácticamente reproduce el contenido de mis conferencias recientes en Copenhague, se puede leer que el alma humana abarca mucho más que lo que conoce por medio del intelecto, por medio de la razón. Una vida del alma más completa, una vida subconsciente del alma, está actuando en nosotros —es mejor llamarlo subconsciente en lugar de inconsciente— una vida del alma que en la mayoría de los hombres modernos no emerge en absoluto a la consciencia.   En esta vida subconsciente que trabaja hoy en el ser humano sin que él sea capaz de dar una explicación razonable de ella, está Perséfone; ahí es donde se han ido las fuerzas clarividentes suprimidas. Mientras que en los tiempos primitivos trabajaban de tal manera que el alma podía ver los mundos espirituales, hoy trabajan en las profundidades del alma humana. Ayudan en el desarrollo y la formación del principio del yo, para que sea más y más firme. Mientras que en los tiempos primitivos estas fuerzas se dedicaron a la tarea de hacer al hombre clarividente, hoy en día se dedican al establecimiento de la consolidación de nuestro yo. Por lo tanto, estas fuerzas de Perséfone han sido arrastradas al subconsciente humano, han sido abrazadas, han sido violadas, por las profundidades del alma humana. Así, en el curso del desarrollo histórico de la humanidad, el rapto de Perséfone ha sido provocado por las fuerzas del alma, que yacen en lo profundo del subconsciente, las fuerzas que en la naturaleza exterior están representadas como Plutón. Según la mitología griega Plutón es el regente del inframundo, del interior de la Tierra. Sin embargo, el griego era también consciente de que las mismas fuerzas que están trabajando en las profundidades de la Tierra también están trabajando en las profundidades del alma humana. Al igual que Perséfone fue raptada por Plutón, de la misma manera, en el curso del desarrollo humano, el alma fue despojada de su capacidad de antigua clarividencia a través de la intervención de Plutón.

Ahora Perséfone es hija de Démeter, por lo que se infiere que en Démeter tenemos un orden aún más antiguo, tanto de las fuerzas de la naturaleza externa como de las fuerzas del alma humana. Ayer dije que Démeter es una figura de la mitología griega que asociamos con el tipo de visión clarividente, que pertenece a la dotación más antigua de la sabiduría de la humanidad Atlante —porque es en la Atlántida donde Démeter realmente se encuentra. Cuando el hombre atlante miraba hacia el mundo espiritual, veía a Démeter, que en realidad le salía al encuentro. Cuando, fuera de este mundo espiritual, este mundo giratorio de movimiento constante y formas cambiantes, la madre arquetípica del alma humana y de las fuerzas fructíferas de la Naturaleza se le aparecieron, ¿qué decía él?. Se decía a sí mismo, no con plena consciencia, sino inconscientemente: “Yo no he hecho nada, no he tenido ningún desarrollo interior, como lo tendrán que hacer las épocas posteriores, para ver el mundo espiritual. Las mismas fuerzas de la Naturaleza que me han dado mis ojos, mi cerebro, mi organismo y están activas en mí, estas mismas fuerzas me otorgan también el poder de la clarividencia; así como yo respiro, así también tengo visión clarividente”. Así como el hombre no experimentó ningún desarrollo especial para producir la respiración, entonces en ese momento no formó su propia facultad clarividente, pues ambas cosas le fueron dadas por los poderes de Naturaleza, por los Seres divinos. Cuando el hombre dirigía su atención a lo que estaba fuera de él, a lo que existía a su alrededor, y junto con lo sensible recibió lo espiritual, sintió conscientemente: ‘absorbo en mí la sustancia del reino vegetal del mundo que me rodea (un reino vegetal completamente diferente del nuestro presente), absorbo desde afuera todo lo que está creciendo, pero con las sustancias absorbo también las fuerzas activas en ellas’. El hombre de ese tiempo no estaba tan desesperadamente limitado en su punto de vista como para creer que lo que tomaba como alimento no era más que sustancia física, solo algo que podía analizar el químico; él sabía que con las sustancias tomaba la configuración interna de las fuerzas que están activas en ellas, y que eran estas fuerzas las que lo construían, las que volvían a construir su cuerpo. El hombre atlante se decía a sí mismo: “Afuera, en la naturaleza, las fuerzas están trabajando; a través de mi respiración y de la comida que como, entran en mí. Lo que está fuera de mí está bajo el control de la gran Démeter. Pero ella envía estas fuerzas al alma humana, allí trabajan transformándose en la facultad de clarividencia”. (Podemos llamar a estas fuerzas el proceso de digestión, pero la digestión era entonces espiritual). “A través de las fuerzas bajo el control de Démeter, la diosa fecundante del mundo, nace en la organización humana la capacidad clarividente representada por Perséfone”. Así, el hombre atlante sentía que él también tenía su lugar entre las maravillas de la naturaleza. Sentía que esta capacidad clarividente nacía en él como el nacimiento de Perséfone, sentía que le debía este nacimiento a Démeter, quien extiende al exterior del amplio Cosmos las mismas fuerzas que en el hombre se convierten en la facultad de la clarividencia.

Así veía el hombre de la antigüedad a la gran Démeter y en la antigua Grecia el hombre todavía era consciente de lo que una vez había sido.  Pero a partir de esto, ya se había dado cuenta de que el organismo humano, toda la constitución corporal, había cambiado desde los tiempos antiguos. El cuerpo humano de hoy, con su organización de músculos y huesos, es sustancialmente más densa, más compacta, que los cuerpos de aquellos hombres que aún podían dar a luz a Perséfone dentro de sí mismos, ya que todavía tenían la facultad de la clarividencia. Y debido a que este organismo nuestro se ha vuelto más denso, también puede contener las fuerzas clarividentes en el reino sub-terrenal del alma. El encarcelamiento de las fuerzas clarividentes dentro de la naturaleza humana se produce como resultado de la densificación del cuerpo humano. Y cuando el antiguo griego sentía que el cuerpo anterior, más delicado y enrarecido se volvía más denso, es porque está absorbiendo fuerzas que están activas en el interior de la Tierra, mientras que anteriormente habían estado bajo la influencia de fuerzas conectadas con el aire circundante, que en consecuencia lo hacían más suave, más flexible. Y lo que está activo en el reino sub-terrenal, el reino gobernado por Plutón, obtuvo una mayor y mayor influencia en el cuerpo humano, por lo que podemos decir que Plutón obtuvo una influencia cada vez mayor sobre el hombre; densificó el cuerpo humano y al hacerlo secuestró a Perséfone. Esta densificación continuó directamente al cuerpo físico. Porque incluso en los tiempos posteriores a la Atlántida, la organización humana parecía muy diferente de lo que es hoy. Es muy miope pensar que el ser humano siempre estuvo formado como lo esta hoy.

Así vemos que el rapto de Perséfone y la conexión del hombre con Démeter son realmente manifestaciones de las maravillas de la naturaleza dentro del hombre mismo. Ello nos muestra cómo la mitología griega fue dominada por la conciencia de que el hombre es un microcosmos, una expresión del macrocosmos, del gran cosmos. Así como Démeter trabaja con las poderosas fuerzas de todo lo que produce fruto en la Tierra, también lo que viene de Démeter se activa dentro de nosotros. Y así como las fuerzas representadas en la mitología griega por Plutón están activas dentro de la Tierra y no en la superficie, también lo hace Plutón en el propio organismo del hombre. Debemos ser capaces de borrar por completo la forma habitual de ver hoy las cosas, nuestros propios hábitos y costumbres, si queremos comprender el hábito de pensamiento completamente diferente, incluso de pueblos tan recientes como los griegos. Cuando el hombre moderno quiere hacer leyes, mira al gobierno, mira a su parlamento. Esto, por supuesto, no es una crítica, es simplemente un comentario. ¡De allí provienen nuestras leyes, y un hombre probablemente sería considerado un tonto si presentara la teoría de que las fuerzas cósmicas pasan por las cabezas de los miembros ahí sentados! No voy a ir más allá; es suficiente saber que el hombre de hoy encontraría grotesca tal idea.

No fue así en tiempos prehistóricos, ni siquiera fue así en la antigua Grecia. En aquellos tiempos prevalecía una idea tan maravillosa, tan impresionante, que el hombre moderno apenas puede creerlo. Piensen en todo lo que les he contado sobre el desarrollo de los dioses griegos. Señalé cómo Démeter trabajó en la antigüedad, cómo inculcó sus fuerzas en la naturaleza humana, sus fuerzas que se activaron en las plantas y provocaron que su hija naciera en esa naturaleza humana. Eso es lo que Démeter hizo en la antigüedad. Ahora también había otros dioses trabajando de la misma manera con las fuerzas de la Naturaleza y las maravillas de la Naturaleza. ¿Cómo funcionaba? Bueno, cuando el ser humano comía y cuando respiraba, sabía que las fuerzas que absorbía del aire y de las plantas provenían de Démeter, y sabía que era Démeter quien le había dado su conciencia clarividente, pero también sabía que era ella quien le enseñaba cómo debía comportarse en el mundo. En ese momento no había leyes en el sentido posterior del término, no había mandamientos expresados exteriormente, pero dado que el hombre era clarividente, se daba cuenta clarividentemente de cómo debía comportarse, qué era lo correcto, qué era lo bueno. Así, en esos tiempos tan remotos, veía a Démeter, que le daba su alimento, también como el poder cósmico de la Naturaleza que, cuando tomaba alimentos, transformaba sus fuerzas dentro de él y le daban su moralidad, sus reglas de conducta. Y el hombre de la antigüedad se decía a sí mismo: “Miro hacia arriba a la gran Démeter, y cada vez que logro algo en el mundo, lo hago porque las fuerzas activas en el mundo vegetal se envían a mi cerebro”. Esta Démeter de antaño era una dadora de leyes, daba leyes que no se reflejaban en la conciencia, pero que eran evidentes por sí mismas e impulsaban el alma. Y fue lo mismo con otros dioses. Al nutrir a los seres humanos, al hacerlos respirar, al estimularles a caminar y permanecer firmes, al mismo tiempo les daban el impulso de la moralidad, de la totalidad de su conducta externa. Cuando los dioses asumieron las formas que tuvieron más tarde y de las que hemos hablado… cuando Démeter vio a su hija Perséfone perdida en la naturaleza del hombre, la vio violada por el ahora más denso cuerpo humano, de modo que estas fuerzas clarividentes solo pudieron desde entonces ser utilizadas para una nutrición corporal más grosera… Cuando en ese momento, ella por así decirlo, renunció a impartir la ley moral directamente, ¿qué hizo ella? Ella instituyó un Misterio, proporcionando así un sustituto, una nueva forma de ley, para la antigua ley que funcionaba a través de las fuerzas de la Naturaleza. Así los dioses se retiraron de las fuerzas de la Naturaleza en los Misterios, y dieron preceptos morales a los hombres que ya no poseían una moralidad extraída de la actividad de la Naturaleza dentro de ellos.

Esta fue la esencia del pensamiento griego en la materia, que en un principio los dioses otorgaron la moral a los hombres, junto con las fuerzas de la naturaleza, luego las fuerzas de la naturaleza más o menos, se retiraron y más tarde los dioses sustituyeron la ley moral en una forma más abstracta a través de sus mensajeros en los Misterios. Cuando el hombre se separó de la Naturaleza, necesitó una moralidad más abstracta, más intelectual, por lo tanto, los griegos recurrieron a sus Misterios en busca de guía en su vida moral, y en los Misterios vieron la actividad de los dioses, como anteriormente habían visto su actividad en las fuerzas de la naturaleza. Por esta razón, el período griego más antiguo atribuyó la ley moral a los mismos dioses que estaban en la parte posterior de las fuerzas de la Naturaleza. Cuando los griegos hablaron del origen de sus primeras leyes, no se referían a un parlamento, sino a los dioses que habían descendido a los hombres y que en los Misterios les habían dado las leyes que siguen viviendo en la moralidad humana.

Pero a medida que el cuerpo humano se volvía más y más denso, a medida que se transformaba, ¿qué pasó con las fuerzas originales de Démeter? Si puedo usar una ilustración muy aproximada, todos saben que no se puede hacer con el hielo lo que se puede hacer con el agua, porque el hielo está en otra forma. De la misma manera que uno no puede hacer con el cuerpo humano sólido lo que una vez fue posible, con las fuerzas de la Naturaleza, hacer con un cuerpo más fino. En este cuerpo más enrarecido, Démeter había sido capaz de inculcar, con los productos de la Naturaleza, las fuerzas espirituales que estaban en ellos y desarrollar así las fuerzas clarividentes.

¿Qué fue de las fuerzas de Démeter, como resultado de la solidificación del cuerpo humano, o por usar el lenguaje de la mitología griega, a través del rapto de Perséfone por Plutón?. Tuvieron que tomar un nuevo lugar en la organización del cuerpo humano, tuvieron que ser menos activas, el hombre tuvo que ser alejado de la influencia directa de Démeter, para convertirse en objeto de otras fuerzas, las fuerzas a las que llame la atención ayer. ¿Qué es lo que hace que el denso cuerpo humano este fresco y saludable? Como antiguamente era Démeter, ahora es Eros, es lo que está representado en las fuerzas de la Naturaleza por Eros, quien explica esto.

Si Eros no estuviera trabajando en el cuerpo humano, y Démeter hubiese continuado trabajando, el cuerpo se marchitaría y arrugaría durante toda la vida. Hoy en día, las fuerzas de Démeter no se encuentran en cuerpos juveniles, en mejillas sonrosadas y gordinflonas; están en el cuerpo justo cuando elimina las fuerzas de Eros, como lo hace cuando envejece, cuando se marchita y se arruga. Esta verdad profunda está retratada en El misterio de Eleusis. Después de la violación de Perséfone, Démeter aparece ante nosotros desnuda de sus fuerzas originales. Ella es transformada por Hécate, tan transformada que ahora soporta las fuerzas del declive. La violación de Perséfone también representa la retirada de Démeter de la organización corporal en el curso del desarrollo histórico de la humanidad. ¡Cuán espléndidamente esas antiguas maravillas de la Naturaleza se expresan en las figuras de los dioses antiguos! Cuando en la vejez Eros comienza a retirarse del cuerpo humano, la influencia de Démeter comienza de nuevo. Entonces Démeter puede, una vez más en cierto modo, entrar en el cuerpo y las fuerzas de castidad fructífera pueden predominar, mientras que las fuerzas de Eros caen en el fondo. Estamos hablando de un tremendo misterio en el crecimiento humano, el desarrollo humano, cuando hablamos de la vejez, cuando hablamos de la metamorfosis de Eros en las fuerzas Démeter. Secretos como este se escondieron en el interior del drama de Eleusis, tan profundamente ocultos que sin duda alguien con la educación habitual de hoy consideraría todo lo que acabo de decir como fantasía. De hecho, sin embargo, son los pronunciamientos de la ciencia materialista sobre estas cosas los que son fantásticos, ¡ahí es donde realmente yacen todos los sueños y supersticiones!

¿Qué es entonces lo que, entre el tiempo de la Atlántida y nuestro propio tiempo, realmente ha cambiado en la naturaleza humana? Es esa parte del hombre en la cual su ser esencial está envainado. Su ser esencial está encerrado en tres envolturas corporales; está encerrado en el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral; nuestro ser más profundo, nuestro yo, está escondido dentro de estas tres envolturas. Estas tres envolturas se han vuelto diferentes en el curso de la evolución desde la época Atlante hasta nuestro tiempo. ¿Cuál es el impulso esencial que hace que estas envolturas sean diferentes?. Tenemos que buscar este impulso principalmente en el cuerpo etérico. Es el cuerpo etérico el que ejerce la influencia energizante, el factor realmente impulsor. Es el cuerpo etérico el que ha hecho que el cuerpo físico sea más denso, y que también el que ha transformado el cuerpo astral. Pues estos tres cuerpos no son como la corteza de una fruta, o las capas de una cebolla, una separada de la otra, ya que sus fuerzas se interpenetran mutuamente, están en interacción viva la una con la otra. La envoltura que juega la parte más importante en este proceso de transformación, en este desarrollo histórico del ser humano, es el cuerpo etérico. Hagamos un diagrama de los tres cuerpos para ilustrar esto. Los dibujaré simplemente como tres capas que están una debajo de la otra.

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Tenemos que buscar las fuerzas reales, las fuerzas efectivas, especialmente las de Eros y Démeter aquí en el cuerpo etérico; desde ahí son enviadas hacia arriba al cuerpo astral, y hacia abajo al cuerpo físico; es decir, el cuerpo etérico tiene una influencia tanto en el cuerpo astral como en el cuerpo físico. Durante el período al que me he referido el cuerpo etérico hizo que el cuerpo físico fuera definitivamente más denso, más compacto; y transformo tanto el cuerpo astral que ya no desarrollo las fuerzas de la clarividencia, sino solo las fuerzas intelectuales de la naturaleza humana. Debido a que el hombre se ha transformado de esta manera, debido a que el cuerpo etérico ha hecho una transformación en los tres cuerpos, se han producido cambios importantes y fundamentales. Ha cambiado a los tres. El cuerpo atlante, incluso un cuerpo post-Atlante del primer período, era completamente diferente del cuerpo actual. Todas las relaciones y condiciones de vida fueron bastante diferentes, todo ha cambiado.

Si observamos el cuerpo físico tal como se desarrolla desde los tiempos más remotos hasta el día de hoy, vemos que al volverse más denso ha estado más bajo la influencia de su entorno físico, mientras que el delicado cuerpo físico de la antigüedad estaba más sujeto a las condiciones espirituales de la existencia. De ahí que se hayan mejorado ciertas características del cuerpo físico que no existían antes en una forma similar; las causas de la enfermedad, en el cuerpo físico en particular se han vuelto bastante diferentes. En la antigüedad, lo que llamamos enfermedad y salud se debían a otras causas. En aquellos tiempos, la salud humana dependía directamente de las condiciones en el mundo espiritual. Hoy el cuerpo físico está ligado a condiciones físicas externas y, por lo tanto, depende de ellas; hoy tenemos que buscar las condiciones necesarias para una mayor salud en el entorno físico externo. Por lo tanto, para usar el lenguaje de la mitología griega, debido a la violación de Perséfone por Plutón y su cautiverio en el mundo inferior de la naturaleza humana, el hombre en su ser más íntimo se ha convertido en sujeto, en cuanto a enfermedad y salud, de las condiciones externas. Esa es una de las cosas que le ha sucedido a la humanidad.

La segunda cosa tiene que ver con el cuerpo etérico en sí mismo. Además de ser la fuente de las fuerzas de la metamorfosis, el cuerpo etérico también ha cambiado como tal. En épocas primitivas, este cuerpo etérico estaba organizado de tal manera que el ser humano no llegó a conocer el mundo de la manera en que lo hace hoy; pero cuando, a través de la antigua clarividencia de Perséfone, contemplaba el mundo espiritual, veía imágenes de Seres espirituales. El hombre veía a su alrededor un mundo de imágenes. Por supuesto, eran las fuerzas del cuerpo astral las que provocaban estas imágenes, pero el cuerpo astral no habría podido verlas si hubiera dependido solo de sí mismo. El cuerpo astral no ve imágenes por sí mismo. Así como un hombre no se ve a sí mismo avanzando a menos que un espejo lo confronte, el cuerpo astral no vería las imágenes que produce si su actividad no fuera así reflejada por el cuerpo etérico. Por lo tanto, es el cuerpo etérico el que lleva al punto de vista, a la percepción, a las imágenes provocadas por el cuerpo astral. Lo que el hombre percibe de lo que sucede en su propio cuerpo astral es lo que refleja su cuerpo etérico. Si todos nuestros procesos astrales internos no fueran reflejados por nuestro cuerpo etérico, tendríamos, por supuesto, la actividad del cuerpo astral dentro de nosotros, pero no seriamos conscientes de ello, no podríamos percibirlo. De ahí que la imagen completa del mundo que hace el ser humano, el contenido total de su conciencia sea un reflejo de su cuerpo etérico. Si un hombre sabe algo del mundo depende de su cuerpo etérico. Esto fue así en los antiguos tiempos de la clarividencia, y todavía lo es hoy.

¿Cuál es el secreto del cuerpo etérico? Su secreto es que es la clave del conocimiento del mundo. Lo que el mundo produce en el cuerpo astral no abriría la puerta al conocimiento del mundo si no fuera por el cuerpo etérico. El cuerpo etérico contiene todo lo que he mencionado en ciertos pasajes de los dos Dramas Misterio[1] que acaban de ver. Los dramas mencionan el laberinto del pensamiento, los hilos que debe tejer nuestro conocimiento del mundo. No llegamos a conocer el mundo simplemente mirándolo. O bien, como en la antigua clarividencia, pasamos de una imagen a otra, o como en el intelectualismo moderno, pasamos de pensamiento a pensamiento como a través de un laberinto. Esta asociación también es provocada por la actividad del cuerpo etérico.  Por lo tanto, lo que podemos llamar la clave y lo que podemos llamar los hilos que conectan las imágenes individuales de nuestra conciencia cuando adquirimos conocimiento del mundo han experimentado un cambio. Así pueden ver lo que depende de las fuerzas del cuerpo etérico y lo que tiene que cambiar en estas fuerzas.

Consideremos ahora el tercer miembro, el cuerpo astral en sí mismo. Este es el elemento en nosotros que está sujeto a las influencias del mundo y en el que se forman las fuerzas y las habilidades que luego se reflejan en el cuerpo etérico. El conocimiento se enciende en el cuerpo astral; se hace consciente a través del cuerpo etérico. Un pensamiento, una imagen, se enciende en el cuerpo astral; la tenemos en nosotros porque tenemos cuerpo astral. Pero estos pensamientos e imágenes se vuelven conscientes en nosotros porque tenemos cuerpo etérico; todavía estarían en nosotros incluso si no tuviéramos cuerpo etérico, pero no estaríamos al tanto de ellos. La antorcha del conocimiento se enciende en el cuerpo astral; esta antorcha se refleja como conocimiento consciente en el cuerpo etérico. Esta antorcha de conocimiento que se enciende en el cuerpo astral ha cambiado en el curso del desarrollo histórico de la humanidad; en tiempos antiguos el hombre tenía conocimiento clarividente o imaginativo; hoy tiene conocimiento intelectual o racional. Ese es el cambio que ha ocurrido en el cuerpo astral.

Así, durante el curso del desarrollo histórico del hombre, estas fuerzas han estado trabajando en su naturaleza, lo que ha cambiado toda su relación con Démeter. Fuera del cuerpo humano, una vez tan enrarecido, Démeter estaba impulsada, por así decirlo. Fue expulsada del cuerpo astral con sus capacidades de clarividencia perdidas y Eros tomó su lugar. A cambio, como les he mostrado hoy, ciertas fuerzas diferentes libres de Eros en la naturaleza humana estuvieron más bajo el dominio de Démeter. Así, durante este período desde el tiempo de la Atlántida hasta el presente, una fuerza ha estado trabajando en el desarrollo de la naturaleza humana de tres maneras: hay un triple tipo de desarrollo, de transformación, un triple tipo de metamorfosis, que emana del cuerpo etérico y trabaja sobre el cuerpo físico, sobre el cuerpo etérico mismo y sobre el cuerpo astral. Esta fuerza de cambio genético ha estado y sigue estando en la naturaleza humana. Nos lleva de la juventud a la vejez, llevando las fuerzas de Eros a las de Démeter. Hay en nuestra organización este triple desarrollo que en el cuerpo físico produce cambios en las condiciones que afectan la enfermedad y la salud, lo que hace que el cuerpo etérico refleje el conocimiento de una manera diferente y transmute la antorcha del conocimiento en el cuerpo astral. ¡Qué maravilloso es encontrar estas fuerzas genéticas representadas en la mitología griega, las fuerzas que operan en todos nosotros, las fuerzas que transforman nuestro cuerpo astral y por lo tanto, la naturaleza de Démeter. Estas fuerzas etéricas humanas que trabajan sobre el cuerpo físico, sobre el cuerpo etérico y sobre el cuerpo astral están representadas por la triple Hécate. Mientras que hoy decimos que las fuerzas de la metamorfosis emanan del cuerpo etérico de una manera triple, el griego habló de la triple Hécate.

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Una de las maravillas de la Naturaleza en la génesis de la organización humana se expresa en esta triple Hécate. Allí podemos echar una mirada a la inmensa sabiduría. Todavía se puede ver la estatua de esta “triple Hécate” en Roma[1]. Revela cómo uno de sus aspectos tiene que ver con las condiciones que determinan la enfermedad y la salud, y está dotada con los símbolos del #8224 y la serpiente (este último símbolo también se le asignó a Esculapio como representante de la medicina). El #8224 representa las influencias destructivas externas sobre el organismo humano. La dotación de un aspecto de la triple Hécate con estos emblemas indica fuerzas que actúan sobre el cuerpo etérico en su desarrollo. El segundo aspecto de Hécate tenía que indicar que en el cuerpo etérico había cambiado la clave del conocimiento del mundo ¿Cuáles son los símbolos que se muestran en esta segunda forma? Son la llave y la bobina de la cuerda, lo que tipifica el laberinto del pensamiento. La tercera Hécate lleva una antorcha, la antorcha del conocimiento desarrollada en el cuerpo astral. No podemos evitar sentir que la forma en que esta figura profundamente significativa se considera en nuestra época materialista es una gran masa de superstición. Cuando el alma inmersa en la Ciencia Espiritual se encuentra ante tal estatua, la Grecia antigua surgirá de nuevo en su pensamiento, todo el conocimiento de la naturaleza espiritual del hombre, misteriosamente escondido en tal estatua volverá a fluir en el. No deberíamos tomar estas cosas de manera abstracta. Por supuesto, solo podemos expresarlos vistiéndolos con pensamientos abstractos, pero todo esto puede convertirse en una sensación viviente si nos permeamos con la conciencia de que Hécate solo ha cambiado la forma de su actividad, que ella está en nosotros incluso hoy en día, trabajando en cada uno de nosotros.

El griego antiguo dijo que no solo la humanidad como un todo sino cada individuo está sujeto en su desarrollo a las fuerzas de Hécate, en los cambios sufridos por los cuerpos físico, etérico y astral. Hécate trabaja en el hombre de una manera triple. Pero lo que se comunicó al alma en ese momento en forma pictórica también se puede aprender nuevamente hoy. ¿Cómo es esto expresado por el alumno de Ciencia Espiritual, que ya no habla de esta manera pictórica? Él dice que en el curso del desarrollo del individuo desde el nacimiento hasta la madurez, sus envolturas sufren cambios. En los primeros siete años se cambia el cuerpo físico, en el segundo septenio el cuerpo etérico y en el tercer septenio el cuerpo astral.

Las fuerzas que encuentran descritas en mi pequeño libro La Educación del niño[2] sin el uso de imágenes, trabajan en la organización humana de una manera triple. Ellas son las fuerzas Hécate. Cuando la Ciencia Espiritual describe cómo hasta el cambio de dientes el ser humano desarrolla principalmente su cuerpo físico, está diciendo que una forma de Hécate está trabajando en él. Ahí estamos diciendo de una manera actual a qué se refería el griego cuando representaba una parte de Hécate con #8224 y la serpiente; y los segundos siete años de transformación, cuando el cuerpo etérico trabaja sobre sí mismo, está representado en la llave y la bobina de la cuerda; y los terceros siete años, durante los cuales los cambios tienen lugar en el cuerpo astral, están representados en el emblema de la antorcha. Así que hace mucho tiempo describí de forma actual lo que se expresó en los Misterios griegos antiguos por la figura de Hécate.

Ese es también el significado del desarrollo de nuestra civilización europea. Volviendo a los tiempos griegos, encontramos en la tradición del misticismo griego, de la mitología griega, las poderosas imágenes que se colocaron ante los alumnos para despertar en ellos el conocimiento que el hombre necesitaba en ese momento. De manera diferente, la figura de la triple Hécate despertó el conocimiento que hoy absorbemos cuando captamos la doctrina del cambio triple que tiene lugar entre el nacimiento y alrededor de la edad de veinte años. Y cuando comprendemos tal enseñanza, entonces comprendemos correctamente el curso que debe tomar la civilización humana. La antigua forma de conocimiento clarividente tuvo que ser enterrada en la región plutónica del alma humana, y durante un período, desde el tiempo de Sócrates hasta nuestros días, los hombres debieron permanecer más o menos en ignorancia sobre todas estas cosas. Los hombres tenían que construir, consolidar, su yo. Pero bajo la superficie, el antiguo conocimiento, el conocimiento suscitado por esas impresionantes imágenes pictóricas de los griegos, aún permanecía. Fue enterrado por así decirlo bajo la carga de la cultura intelectual. Ahora está emergiendo nuevamente de las oscuras profundidades del espíritu. Lo que estaba sumergido en las profundidades del alma está saliendo a la superficie nuevamente para la vida actual en la forma de Ciencia Espiritual. Hoy comenzamos de nuevo en la forma en que lo describí en Educación del Niño para reconocer el triple Hécate de una manera más abstracta. Esto está preparando al alma humana para una clarividencia futura que ya está a la vista, a pesar de nuestro intelectualismo.

La triple Hécate, Démeter, Perséfone, y todas esas otras figuras de quienes la mitología griega nos dice, no fueron en tiempos griegos abstracciones como lo imaginan los eruditos crédulos de hoy. No, ¡eran figuras vivientes de la videncia griega! Todas estas figuras aparecerán nuevamente a la visión clarividente, que en el futuro presionará más y más urgentemente sobre el hombre desde el mundo espiritual. Y la fuerza que penetra en las almas humanas para conducirlas de nuevo a la clarividencia —o también podría decir para que la clarividencia descienda a ellos— es la fuerza que primero fue preparada como pensamiento consciente en la antigua civilización por Iahvé, y luego alcanzó su pleno desarrollo a través de la venida del Ser de Cristo, que será cada vez mejor comprendido por los hombres. Y cuando entre los adherentes de la Ciencia Espiritual genuina se dice que esta visión clarividente de Cristo, quien se ha unido con la Tierra desde el Misterio del Gólgota, ya está comenzando en este siglo XX, también queda claro que este regreso de Cristo no será ciertamente en un cuerpo físico, sino que vendrá para la visión etérica, como lo hizo para Pablo en Damasco[3]. El poder de Cristo proporciona todos los impulsos para permitir que la naturaleza humana se eleve nuevamente y para ver todo lo que ha sido enterrado en las profundidades del alma, como por ejemplo, las figuras de los dioses griegos. Ese será el evento más grande para la historia futura del alma humana. Es el evento para el cual la Ciencia Espiritual debe prepararse, para que el alma sea capaz de adquirir la visión etérica. En los próximos tres mil años se apoderará de más y más almas, los próximos tres mil años se dedicarán a encender las fuerzas en el alma humana que la harán consciente de las maravillas etéricas de la naturaleza que le rodea. Comenzará a suceder en nuestro propio siglo que uno aquí y otro verá con su alma etérea el Cristo que reaparece, y dentro de los próximos tres mil años más y más hombres lo verán. Entonces vendrá el cumplimiento de la verdadera tradición oriental, una tradición con la que todo el verdadero ocultismo está de acuerdo. Al cabo de tres mil años, el Maitreya Buda descenderá, y hablará a la humanidad en una forma que cada alma humana entenderá, y medirá la naturaleza de Cristo para el hombre. Ese es el secreto protegido por el misticismo oriental, que unos tres mil años después de nuestro tiempo aparecerá el Maitreya Buda. Lo que se puede agregar como contribución de la cultura occidental es que la individualidad cósmica que ha aparecido una sola vez en un cuerpo humano será cada vez más visible para la visión etérica del hombre; encontrarán esto de nuevo enfatizado en mi Drama Misterio, La Probación del alma. Por lo tanto, se convertirá en un amigo de confianza del alma humana. Al igual que hace dos mil años, el Buda habló de lo que era natural para las mejores almas humanas de su tiempo, por lo que en palabras que emocionarán al alma, el Maitreya Buda podrá proclamar en todas partes lo que hoy no se puede proclamar públicamente: la visión del Cristo en el mundo etérico que está por venir. Ese es el evento más grande del siglo XX, este desarrollo ascendente de la naturaleza humana hacia lo que podemos llamar la repetición de la visión de San Pablo. En la visión de Damasco, llegó a una sola persona; en el futuro vendrá poco a poco a toda la humanidad, comenzando en nuestro propio siglo. Quien tiene fe en el progreso de la naturaleza humana, quien cree que el alma desarrollará poderes cada vez más altos, sabe que era necesario que el alma que se había hundido hasta las profundidades del plano físico, que el Cristo también apareciera una vez en un cuerpo físico. Era necesario porque en ese momento el alma solo podía ver a la Deidad en un cuerpo que fuera visible para el ojo físico, para los órganos físicos. Pero debido a que, después de que la antigua civilización hebrea allanó el camino y tuvo lugar este evento, el alma está siendo guiada a capacidades cada vez más elevadas. Las capacidades elevadas del alma se mostrarán en que el hombre aprenderá a ver a Cristo aun cuando ya no camine entre los hombres en un cuerpo físico, cuando se muestre como está entre nosotros ahora, como lo ha estado desde el Misterio del Gólgota, visible por supuesto solo para la vista clarividente. Cristo está aquí, está unido con el cuerpo etérico de la Tierra. Lo que importa es que el alma debe desarrollarse para poder verlo.

Aquí radica el gran avance en la evolución del alma humana. Cualquiera que crea en este progreso, que crea que la Ciencia Espiritual tiene una misión que cumplir en relación con esto, comprenderá que los poderes del alma deben elevarse cada vez más, y que significaría un estancamiento si en nuestro tiempo el alma estuviera obligada a ver al Cristo en la misma forma física en la que fue visto una vez. Sabrá que hay un significado sublime en la antigua fórmula Rosacruz acerca del Hijo de Dios, que una vez, y una sola vez, encarnó en un cuerpo humano, pero que, comenzando en nuestro propio siglo, se volverá visible como un Ser etérico para las almas humanas en una medida cada vez mayor. Esto es confirmado por la profecía así como por nuestro propio conocimiento. Cualquiera que crea en el progreso humano creerá en esta Segunda Venida de Cristo, quien será visible para aquellos dotados de visión etérica. Aquellos que rehúsan creer en este progreso pueden creer que los poderes del alma permanecen estacionarios, y todavía hoy necesitan ver a Cristo en la misma forma en que se lo vio cuando la humanidad se sumergió en las profundidades de la materia. Ellos son los que pueden creer en una Segunda Venida de Cristo en un cuerpo físico.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2018.

 

[1] La triple Hécate. Una estatuilla de bronce en el Museo Capitolino.

[2] Traducido por Mary y George Adams (Rudolf Steiner Publishing Co.).

[3] Ver la verdadera naturaleza de la segunda venida. Dos conferencias de Rudolf Steiner (1910)

[1]Die Pforte der Einweihung and Die Priifung der Seele,  los dos actos primeros de cuatro. Dramas Misterio de Rudolf Steiner. Traducido como El portal de la iniciación y El tiempo de prueba del alma en el primer volumen de Cuatro Dramas Misterio. Las referencias se encuentran en la Escena 2 de El Portal de Iniciación y Escena 2 de La Probación del alma.

La Guia Espiritual del Hombre y de la Humanidad.

 

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2 comentarios el “GA129c2. Maravillas del Mundo

  1. […] GA129c2. Múnich, 19 de agosto 1911 […]

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