Construyendo el Templo interior y exterior. Primera Parte

Encontrar el mundo espiritual creativo en el yo. Encontrar el yo espiritual creativo en el mundo.

Adriana Koulias — Conferencias y talleres impartidos en la Costa Dorada, Nueva Gales del Sur el 24 y 25 de abril de 2015

English version

Primera Parte

La vision Espiritual – Construyendo el Templo interior – Aprendiendo a leer los signos – visión interior. Encontrar el Mundo Creativo Espiritual en el Ser – Separación del Ser.

 Me gustaría que empezáramos por tomar un momento para cultivar un ambiente de asombro y apertura y gratitud por esta conferencia. Sentir un agradecimiento por el trabajo de los organizadores que han formado un Templo tanto físico como espiritual en el que todos nosotros, los que vivimos y los muertos podamos entrar y compartir en este importante trabajo en este 100 Aniversario del Día de Anzac. Teniendo en cuenta que aquí tenemos un Templo, un Templo creado a partir de las intenciones y voluntades, pensamientos y sentimientos de seres humanos, seres superiores y seres elementales y en este día —cuando debemos recordar, para que no olvidemos— podemos llevar a los muertos que están siempre con nosotros en nuestros corazones y en los sacrificios que han hecho. Que sus fuerzas juveniles, que nos ofrecen por el bien del mundo, sean tomadas por nosotros.

 

El Edificio del Templo: Los Misterios.

Cuando pensamos en el término “Edificio del Templo”, nos viene a la mente los grandes edificios de la Antigüedad, la Pirámide de Giza, el Templo de Éfeso y el Templo de Salomón. Tales templos fueron construidos para celebrar los misterios y fueron espacios de devoción e iniciación. El objetivo de todas las iniciaciones en los misterios era una reunificación del alma humana con los Padres en los cielos, esos mismos Dioses Padres que hace mucho tiempo fueron responsables de la creación del mundo y el Templo del ser humano.

 La Teosofía, se podría decir, que nació de un sentimiento de amor hacia estos Dioses Padres, la Filosofía desde un amor intelectual hacia estos grandes constructores y arquitectos del cosmos. Aquellos seres humanos que tenían el conocimiento de cómo construir formas que eran agradables a estos dioses, eran los constructores humanos y los arquitectos. Sus Templos ubicados en los Centros de Misterio, eran lugares en los que los sacerdotes podían reunirse para hacer sacrificios y orar, llamando así a estos dioses a la Tierra para la comunión.

Se podría decir que los Dioses Padres que fueron los principales responsables de la creación del templo del cuerpo físico en el que los seres humanos encontraron un hogar temporal dieron instrucciones a sus homólogos humanos para la construcción de templos terrenales. Las pirámides egipcias se construyeron con una comprensión exacta de las dimensiones apropiadas de una lectura de la escritura de las estrellas y el conocimiento de cómo los Dioses Padres conocidos colectivamente como Osiris, podían unirse con el ser humano, a través de los auspicios de Isis —la preparadora del Alma egipcia.

Con el tiempo, los santuarios egipcios entraron en decadencia y el faraón Akenatón, viendo las señales de que un Dios descendía a la Tierra se dignó a comenzar una nueva religión y a construir un nuevo templo y ciudad para albergar a este Dios al que llamó Atón. Pero después de su muerte se continuó con el politeísmo y la decadencia de los sacerdotes.

Al igual que Akhenaton, Moisés también pudo ver este descenso del Dios al que llamó Jehová Elohim. Moisés rompió con la decadencia de Egipto y sus muchos dioses para fundar una nueva religión en preparación para el descenso del Mesías. El Mesías estaba destinado a nacer en el vientre de una mujer hebrea y Moisés en anticipacion dictó las reglas y estrictos mandamientos para mantener la pureza del linaje del pueblo hebreo.

Cuando Salomón Hijo de David decidió construir su Templo en Jerusalén para el único Dios, fueron sus dimensiones, una imagen refleja del Cuerpo Físico, en el que un día descenderia el YO SOY de Cristo. Sin embargo, Salomon tuvo que encontrar un constructor que conociera los antiguos métodos egipcios de construcción: Hiram Abiff.

Hiram construyó el Templo de Salomón diseñado para albergar el “arca de la Alianza”, el pacto que se hizo entre el ser humano y el Dios Jehová —YO SOY el QUE SOY. En el alma de este Templo, el Lugar Santísimo, velado de los ojos de los laicos, vivía el Pacto —la promesa hecha por el pueblo hebreo a su único Jehová Elohim para unirse con el YO SOY como grupo. Por esta razón, el Templo de Salomón difería de las Pirámides egipcias: en el Templo de Salomón, los seres humanos se reunieron como un grupo (Israel) representado por los israelitas, para unirse con el Dios Jehová en un matrimonio sagrado, mientras que los templos en Egipto eran lugares sacerdotales para la iniciación de los individuos avanzados que fueron considerados dignos.

En el Templo de Salomón se encontraba tanto el conocimiento individual (sacerdotal) de la iniciación del alma, como el conocimiento social (regio) de la construcción del Templo de la Comunidad —ambos fueron vistos en el pacto hecho con Jehová Elohim, porque el pueblo hebreo entendía que la comunidad dependía de que cada individuo hiciera su parte.

En el Templo de Salomón se nos dice que había dos pilares, Jachin y Boaz. Jachin representaba a los sacerdotes —el sacerdote trabajaba con lo que le era dado por Dios y no se apartaba de lo que se le daba, y Boaz representaba la corriente real— el rey trabajaba en el mundo creando cosas nuevas que Dios no podía reconocer como suyas.

En la Conferencia de Munich, Rudolf Steiner habló sobre estos dos pilares y dio dos mantras relacionados con ellos:

Jachin:

  • En el pensamiento puro encontrarás el yo que puede experimentarse a sí mismo.
  •  Si conviertes estos pensamientos en una imagen, experimentarás la sabiduría creadora.

Boaz:

  • si te condensas sintiendo la luz, revelarás la fuerza de la forma.
  • Si concretizas la voluntad de ser, seras creador de la existencia del mundo

 

Rudolf Steiner nos dice que el pilar de Jachin es rojo porque es la expresión simbólica de la sangre oxigenada. La sangre roja, en el saber alquímico, es la vida moviéndose hacia la muerte. Está relacionado con el proceso y el pensamiento de la sal y la temporada de la primavera.

El pilar de Boaz es azul y, por lo tanto, es la expresión simbólica de la sangre desoxigenada. La sangre azul es la muerte que se mueve hacia la vida y está relacionada con el “potencial” de sacrificio y el proceso de azufre en la Alquimia, que encontramos en nuestra época del año en otoño.

Un acólito habría sido llevado ante estos dos pilares y le habrían dicho;

‘Observe estos dos pilares —rojo y azul. Dentro del ser humano también encuentras estos pilares, uno se siente y el otro se percibe. Esta dualidad surgió cuando los seres humanos cayeron en la tentación del mundo material y comenzaron a percibir cosas materiales. Esto le alejó de Dios. El hombre vive en el reino de la dualidad, lo que percibe no es lo mismo que lo que siente, sino que debe elevarlo nuevamente a la unidad con Dios. Este Templo fue construido como un medio para unir a los hombres con Dios, el Padre en el cielo, que hace mucho creó el mundo y el Templo de su cuerpo. Siente cómo en tu cuerpo se mueve la muerte, que se está convirtiendo en vida … ¡siente cómo en tu cuerpo mueve la vida que se está convirtiendo en muerte! Morir mientras se vive y vivir en la muerte es convertirse en un iniciado. Convertirse en un iniciado es percibir y sentir lo mismo: Dios. ¡Así un día crearás el templo interior en el que Dios podrá vivir y morir en ti!.

Rudolf Steiner nos dice que los francmasones de la antigüedad no aprendieron cómo construir mediante instrucciones teóricas, sino más bien leyendo los símbolos y gestos y escuchando los ecos dentro de ellos del conocimiento sagrado otorgado por la tradición de maestros que una vez habían “escuchado y visto el paraiso’. Estas instrucciones, aunque no la experiencia de primera mano, todavía tuvieron un efecto en la vida animica a través de su lenguaje simbólico. A los constructores se les enseñó que lo que creaban en el espacio tenia que crearse primero en sus almas; todo tenía que construirse en el alma primero como una idea, así como un niño que aprende a levantarse construye el espacio interior que encontrará fuera.

‘Nosotros, los seres humanos, realmente construimos espacio desde nuestro propio ser. Más correctamente: construimos nuestra idea (Vorstellung), nuestra percepción mental (Anschauung), del espacio que proviene de nosotros mismos. Solo que no hacemos esto conscientemente, porque lo hacemos en un momento de la vida en el que no pensamos en nuestras propias actividades de la manera que sería necesaria si llegáramos a entender claramente la naturaleza del espacio en relación a nuestro propio ser De hecho, no deberíamos tener nuestra intuición del espacio (Raumanschauung) si, en nuestra vida terrenal, no experimentamos primero sus tres dimensiones[1].

Los grandes constructores aprendieron cómo construir creativamente en sus almas antes de aplicar sus manos para dominar la naturaleza exterior porque entendieron la máxima paradójica:

  • El trabajo creativo interno en el mundo en una vida está destinado a convertirse en el contenido del mundo en la siguiente.
  • El contenido exterior del alma en una vida está destinado a convertirse en la vida animica interior en la próxima.

En los templos antiguos, el reino de la dualidad, terrenal y celestial, pasado y futuro, interno y externo, se reunía en el santuario, el Sancta Sanctorum, un umbral donde el ser humano podía entrar y el Dios podía descender sin causar ningun daño.

En nuestro tiempo, este umbral está en el alma humana. Es en el alma donde el mundo físico se encuentra con el mundo espiritual. Es en el alma donde el ser humano se encuentra con la parte eterna de sí mismo: el yo soy. En verdad, cada oración terminaba con Aumen como un presagio del futuro cuando el yo soy entraría en el mundo, un tiempo cuando el yo soy no necesitaría un templo exterior sino que entraría en cada individuo y sería experimentado en su plenitud por una conciencia que podría elevarlo a lo más alto. Hasta entonces, el YO SOY solo se experimentaría en el mundo de la conciencia ordinaria como un reflejo.

Rudolf Steiner nos dice que en nuestros días este yo soy todavía se refleja solo en nuestro cuerpo físico. Es lo que llamamos un ‘yo’, y esto es lo que nos da nuestra conciencia cotidiana.

¿Qué significa ser reflejado por el cuerpo físico?

 El ser humano existe en el tiempo y el espacio porque los dioses crearon el cuerpo físico en el Antiguo Saturno, el cuerpo etérico en el Antiguo Sol y el Cuerpo Astral en la Antigua Luna y porque en la Tierra se le dio al ser humano una chispa del YO SOY.

El cuerpo físico nos permite estar presentes en el espacio para que ambos podamos ser creativos físicamente, pero este edificio e impulso creativo en la vida ordinaria solo puede surgir en una forma de recuerdo inconsciente de lo que una vez se experimentó en el mundo exterior en vidas anteriores. Cuando nos damos cuenta de que el pasado informa del presente, estamos comenzando a vivir realmente. Rudolf Steiner llama a esto Intuición: lo que surge de la oscuridad de nuestro ser como un sentimiento y pensamiento, que siguen nuestros miembros.

El cuerpo etérico vivifica el cuerpo físico a través de la sangre y el latido del corazón y los pulmones. En su aspecto animico permite al ser humano sentir internamente lo que se experimenta desde el exterior, lo que resulta en el desarrollo de la capacidad de Recordar y Pensar. Espiritualmente es el andamio o cuerpo de ‘fuerzas formativas —es lo que le da al cuerpo físico su forma.

 En el aspecto del alma uno podría llamar al cuerpo etérico el Sancta Sanctorum, el umbral sagrado donde el pasado se encuentra con el futuro en el momento presente —lo celestial se encuentra con lo temporal.

El cuerpo Astral en su aspecto físico, los nervios y los sentidos, nos permite percibir el mundo exterior y traerlo a nosotros. La mayoría de nuestros sentidos están conectados a nuestra cabeza y columna vertebral. Cuando el pensamiento se ilumina en el cuerpo Astral, existe la posibilidad de la creatividad —pensar en lo que aún no existe.

Entonces, los grandes constructores tuvieron que aprender a crear física y externamente a partir de un recuerdo del pasado, un Sentimiento de lo que estaba entrando en ellos en el presente, y de pensar e imaginar lo que se necesitaría en el alma y en el mundo físico en el futuro cuando volvieran.

Los grandes constructores entendieron que cuando el ser humano cayó a la Tierra debido a la tentación de Lucifer, el cuerpo físico perdió su capacidad de ser un templo para el YO SOY. Posteriormente, el cuerpo se hizo más sólido y, finalmente, perdió la calidad espiritual originalmente destinada por los dioses. Esto también tuvo un efecto en el mundo físico, porque el alma siempre crea interiormente las condiciones externas. La tarea de los constructores era restaurar el Templo del cuerpo físico para que lo impronunciable para los hebreos, viviese más allá de ellos, y comunicarse con ellos solo en el Sancta Sanctorum más allá de los velos, pudiendo entrar en el alma humana para efectuar un cambio eventual en el mundo exterior.

Al pueblo hebreo se le dio la tarea de preparar los cuerpos físicos de los antepasados para el que sería el primero en unirse con este YO SOY, como un arquetipo para toda la humanidad: Jesús de Nazaret. Jesús de Nazaret era el Templo (Grial) y su alma, el Sancta Sanctorum, era el espacio sagrado en el que un Dios —el Dios Hijo reflejado por la Luna/Jehová— podía descender por primera vez en un ser humano.

Solo podemos decir YO SOY y pronunciar la palabra inexpresable, porque uno de los dioses creadores —Cristo, el Logos— eligió descender a la Tierra en Jesús, y además morir una muerte terrenal para restaurar el cuerpo físico o Templo a su antigua gloria. El Cristo trajo el YO SOY Cósmico a la Tierra y así sentó las bases para la incorporación de este elemento eterno en el cuerpo etérico humano porque, por su naturaleza, es un mediador entre el cuerpo físico y el cuerpo astral y también, como hemos dicho arriba, el umbral del mundo físico y espiritual. Antes del descenso de Cristo, el ‘Yo’ grupal vivió colectivamente en los seres humanos y estaba sujeto a la sangre de un pueblo: Israel. Cristo trajo consigo el Reino —el YO SOY, para que el “yo” pudiera entrar en el “SER” del individuo, haciendo que los lazos de sangre ya no fueran necesarios para una conciencia superior.

El ser humano actual conoce este YO SOY como una simple declaración de su propia existencia individual en el aquí y ahora, en la Tierra, como un ser físico que vive en el reino del tiempo y del espacio. Sin embargo, en esta breve declaración uno encuentra no solo el presente sino también el pasado y el futuro. Porque cuando pronunciamos la palabra ‘Yo’, el ‘soy’ siempre está en el futuro y cuando pronunciamos la palabra ‘soy’, el ‘Yo’ siempre está en el pasado. En esta palabra, el momento que acaba de pasar y el que viene, uno podría decir, unidos en Cristo para que el ser humano pueda encontrar su camino hacia el encuentro con su espíritu eterno, observando así la promesa, el pacto hecho hace mucho tiempo con el Dios Padre.

Cristo pudo hacer esto porque Jesús de Nazaret fue preparado de tal manera que en él se unieron Jachin y Boaz, los dos pilares, haciendo que su alma fuera capaz de unir al Yo (Cristo del mundo espiritual) con la Soy (el Alma de un ser humano terrenal).  Pero esta unificación no fue fácil porque estaba separada por un abismo que parecía intransitable y que atravesó tortuosamente durante tres años. En todas las iniciaciones, este abismo se ve como un abismo o un reino de ‘negritud’, ‘oscuridad’, un inframundo —una noche oscura del alma.  En la unificación de Jesús con Cristo vemos esto particularmente ejemplificado en el Huerto de Getsemaní, donde el momento entre el morir y el devenir fue rescatado por las fuerzas vivificadoras de un ángel, para que el misterio de la unificación de Cristo, del YO SOY, el cuerpo físico pudiera culminar en la cruz e incluso más allá de ella. Cristo destruyó el Templo físico —el cuerpo de Jesús— y lo elevó nuevamente después de tres días a un nivel superior.

En los misterios el cuerpo físico destinado a los seres humanos siempre se llamaba el “Fantasma”. Sin embargo, el cuerpo físico humano que había caído demasiado en la materia, fue rescatado por Cristo y, desde ese momento, se lo llamó el cuerpo de ‘Resurrección’.

Solo en la Tierra, mientras estamos despiertos, podemos trabajar creativamente para unirnos al Yo Soy en el Templo del Alma. En la vida entre la muerte y el renacimiento y en nuestro sueño lo planificamos, creamos los planos de lo que colocaremos en acción como constructores en la vida de vigilia. Lo que nosotros, como arquitectos, hemos creado mientras dormimos está relacionado con los planes más grandes que hicimos con seres superiores mientras vivíamos en el reino de la vida entre la muerte y el renacimiento. Esta es una relación pasiva con estos seres.

Sin embargo, cuando meditamos, entramos de nuevo en el reino de lo eterno, pero lo hacemos con la conciencia. Esto significa que cuando meditamos tenemos la oportunidad de comunicarnos con los dioses en los planos de nuestras vidas de una manera co-creativa. Lo que co-creamos en nuestras meditaciones también afecta a nuestra conciencia durante el sueño y nuestro tiempo entre la muerte y el renacimiento. Si reflexionamos sobre esto, veremos la importancia de la meditación no solo para nuestra evolución sino también para la evolución del mundo.

Los iniciados son aquellos que, mientras viven y están despiertos, pueden estar en la condición de la muerte y dormir conscientemente.  El Libro egipcio de los muertos (o el Libro de la venida del día) era un texto iniciático escrito con ese objetivo en mente. Cada iniciación fue vista como un ensayo de la muerte y una nueva vida; una oportunidad para crear el futuro en el presente a través del conocimiento del pasado. La diosa velada, la egipcia Isis dijo:

‘Yo soy el pasado, el presente y el futuro’

 Esto significa que para tal ser, el pasado, el presente y el futuro están todos presentes en el reino de lo inmortal, es por eso que ningún mortal que no haya experimentado la iniciación en el elemento eterno podría levantar su velo, pero todos los mortales que han sido iniciados pueden levantar su velo para ver el pasado con el fin de crear el futuro en el presente en el santuario del corazón.

Isis nos lleva al YO SOY, porque es el YO SOY. ¿Quién es el verdadero arquitecto y constructor en nosotros?

El YO SOY es, podría decirse, la Palabra Perdida de la Francmasonería, la palabra creadora.

Entonces, ¿cómo comenzamos nuestro trabajo de construir el Templo interno, prácticamente, para que podamos comunicarnos con nuestro eterno YO SOY?

En nuestro tiempo, nuestra conciencia despierta proviene de la relación de esa chispa del elemento eterno, lo que nos permite decir “yo” con el cuerpo físico y el mundo físico. La verdad es que nuestro espíritu está fuera de nosotros, todavía no ha entrado en nosotros y solo se refleja en nosotros por el cuerpo físico como un ‘yo’ inferior a través de las experiencias físicas conectadas a los sentidos físicos.

 ¿Qué es este mecanismo?

 El espejo y la apariencia: Espejito, espejo en la pared: ¿quién es el más justo de todos?

 “Cuando el Yo está activo como alma racional o mental, en la etapa actual de desarrollo del ser humano, busca una verdad que sea lo más fiel posible al verdadero mundo exterior. Aquellas cosas que no corresponden exactamente a las cosas externas no se llaman “verdaderas”. Las actividades espirituales que se encuentran antes del advenimiento de nuestro yo no funcionan de esta manera; trabajan más simbólicamente, en la imagen, funcionan más bien como un sueño.

Un sueño funciona de la siguiente manera, por ejemplo, alguien sueña con un disparo; y cuando se despierta, ve que la silla al lado de la cama se ha caído. Lo que está sucediendo afuera y la impresión externa —la caída de la silla— se transforma en una imagen en el sueño, en el tiro. De esta forma, los seres espirituales que preceden al yo trabajan simbólicamente de la misma manera en que trabajaremos de nuevo cuando logremos una actividad espiritual más elevada por la iniciación; aquí intentamos —pero esta vez con plena consciencia— trabajar hacia una visión simbólica, una concepción imaginativa, lejos del mundo exterior puramente abstracto[2].

En verdad, el cuerpo físico siempre está tratando de imitar el mundo exterior porque está hecho de él. El cuerpo etérico, por otro lado, quiere simbolizar mientras el cuerpo astral desea y el yo ordena. Percibimos el mundo con los nervios y los sentidos y nuestro cuerpo físico refleja estas percepciones (imita) y en esta reflexión podemos experimentar esa pequeña parte de lo eterno, que hemos hecho individual en nosotros, pero solo como un reflejo dentro de nosotros como ‘YO’.[3]

De la misma manera que un reflejo es solo una representación de lo que refleja —el verdadero ser, las imágenes que percibimos a nuestro alrededor son solo apariencia y no el ser esencial y eterno de las cosas que vemos.

Rudolf Steiner nos dice que detrás de las cosas que vemos se encuentran los verdaderos constructores de ellas —los arquetipos de todas las cosas visibles viven en este mundo que bordea el mundo físico y lo que vemos físicamente tiene la misma relación con lo que es invisible como la punta del iceberg con lo que está debajo del agua.

Cuando desarrollamos una conciencia superior, podemos percibir los eternos arquetipos espirituales de todas las cosas que vemos y podemos comenzar dándonos cuenta de que el mundo de las imágenes es una “señal” de que los seres espirituales alguna vez tuvieron “ideas” que se convirtieron en cadáveres: materia.

Lo que vemos es, esencialmente, los cadáveres de la creación —como conchas en una playa. La verdad es que si la realidad de las cosas que vemos, el ser verdadero, no causara una impresión en nuestras almas, pronto las olvidaríamos. Solo podemos hacer imágenes y conceptos interiores en nuestras almas porque siempre nos impresiona la verdadera naturaleza viviente de todo lo que vemos y también del cadáver.

Aquí lo que viene a la mente son los dos pilares en los Templos de Misterio de Hibernia. Uno estaba hecho de algo que era elástico, es decir, cuando el acólito lo tocaba, causaba una impresión por un corto tiempo pero después volvia a su forma, el otro pilar estaba hecho de algo que podía retener la forma en que estaba hecho, era más plástico.

Esta era una manera de mostrar al acólito cómo evolucionaba el alma al permitir que las impresiones del mundo permanecieran más y más tiempo en ella para finalmente crear la facultad de la memoria, lo que más tarde le permitió pensar lo ocurrido.

Ahora, las cosas que vemos siempre nos hacen impresiones y éstas se convierten en recuerdos, conceptos y finalmente pensamientos e ideas. Pero todo esto se basa en la percepción de la materia física y, por lo tanto, se basa en la apariencia. Es por eso que Rudolf Steiner nos dice que en el pensamiento común solo encontramos Semblanza. Aquí podemos ver de nuevo ese mantra que Rudolf Steiner dio:

Jachin:

En el pensamiento puro encontrarás el yo que puede experimentarse a sí mismo.

 

¿Qué es el pensamiento puro?

El pensamiento puro es un pensamiento que no tiene ningún elemento de apariencia. La apariencia es lo que nos queda cuando el ser de todo lo que vemos ha sido arrancado, (cadáver) dejando solo lo que se refleja en la luz física.

Rudolf Steiner nos dice que Micael es quien despoja a este ser, para que no nos veamos obligados a el. Como ven, nuestra libertad se basa en el hecho de que este ‘ser’ desaparezca de la conciencia.

  ¿Porque? En los tiempos de la Atlántida, este ser no desaparecía, como ese pilar que conserva la impresión, todo lo que el atlante vio permaneció en él durante mucho tiempo y esto explica la larga memoria de los atlantes. Cuando un atlante quería recordar algo miraría interiormente para ver la impresión que dejó el mundo exterior. Podían mirar hacia adentro y ver una contraparte de todo lo que veían dentro de ellos en símbolos (cuerpo etérico). Estos recuerdos eran más importantes para ellos que el mundo exterior de las imágenes porque eran el “ser” detrás de todo lo que existía en el mundo exterior y los conectaba con los dioses.

Ser, sin embargo, obliga. La libertad vino solo cuando este ‘ser’ fue arrancado, dejando solo la apariencia. Esto es lo que creó una dualidad en el ser humano: Jachin y Boaz. Esta dualidad es lo que le dio al ser humano una vida interior individual.

Entonces, el resultado es: las cosas que vemos son reflejadas por el cuerpo físico de regreso a nuestro ‘yo’ porque tenemos esta polaridad dentro de nosotros, y la relación del ‘yo’ con el cuerpo físico es lo que Rudolf Steiner llama la memoria de espejo. Vemos el reflejo de este espejo y no la impresión, que desaparece, y es por eso que lo que vemos con el ojo de nuestra mente es, hasta cierto punto, lo mismo que lo que vemos con el ojo físico porque su opuesto —el ser de lo que vemos solo permanece por un corto tiempo en el cuerpo etérico antes de ser arrancado.

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La  memoria espejo.[4]

‘¿Qué contempla entonces uno, en el ser humano?.   Allí, uno ve cómo algo del poder de percibir y pensar, que se desarrolla frente a la memoria espejo, penetra debajo de esta. Los pensamientos penetran debajo de esta memoria espejo y trabajan en el cuerpo etérico humano, en esa parte del cuerpo etérico que forma la base del crecimiento, pero también es el origen de las fuerzas de la voluntad”[5].

Por ejemplo, si vemos azul con nuestros ojos y pensamos en el concepto (imagen reflejada) en azul, siempre será el mismo que hemos visto. Podemos corroborar eso con los demás para que parezca una experiencia “objetiva”: la percepción externa y la imagen del pensamiento interno coinciden —este es un fenómeno de nuestro tiempo.

En nuestros tiempos es como si siempre estuviéramos viendo el reflejo de la sombra de un amigo en el espejo, pero nunca vemos al amigo mismo en su verdadera luz. En otras palabras, solo percibimos lo que hemos creado interiormente: la imagen espejada, el cadáver, el reflejo y no su huella. Nuestro YO SOY solo se refleja en este proceso porque estamos dentro de nuestro cuerpo físico y, por lo tanto, nuestro YO SOY vive dentro de nosotros con todas las imágenes reflejadas del mundo, un reflejo, como dice Rudolf Steiner, entre las reflexiones. Si deseamos experimentar este YO SOY en su realidad, debemos abandonar el cuerpo físico y luego dar media vuelta, en cierto sentido, para ver al verdadero ser que está haciendo el reflejo. Cuando hacemos esto, Rudolf Steiner nos dice que nos dividimos en tres[6]. Eso explica por qué María Magdalena en el Jardín en la mañana de Pascua no pudo reconocer a Jesús hasta que se dio la vuelta tres veces. En la conciencia ordinaria, el cuerpo astral y el cuerpo etérico están en el medio, mientras que el “yo” y el cuerpo físico están a cada lado:

 

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 el “yo” se desvanece en el cuerpo astral, mientras el rojo se desvanece en el naranja según Rudolf Steiner[7].

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Si nos elevamos del cuerpo físico para que el Yo ya no tenga experiencia en los reflejos del cuerpo físico, podemos tener una experiencia del Cuerpo Astral reflejado por el Cuerpo Etérico.

Ese fue siempre el objetivo de la iniciación de elevarse desde el cuerpo físico con el Yo, el Cuerpo Astral y el Cuerpo Etérico. De hecho, para observar este proceso de los dos, el cuerpo astral (el novio) y el cuerpo etérico (la novia), cuando se unen, se llamaba en las escuelas rosacruces: la boda alquímica[8].

La observación de lo que la luz del cuerpo astral había impreso y reflejado en el cuerpo etérico solo fue experimentada por aquellos preparados —la imagen posterior y los colores complementarios eran un secreto muy codiciado— ya que se los veía como el origen del mal y la puerta camino al mundo espiritual (a través del infierno). Entrar en este reino solo y sin guía era enfrentar una muerte interna (ningún hombre puede levantar mi velo) y si el intruso regresara y revelara lo que vio, se enfrentaría a una muerte externa por la traición a los misterios que llevaban a la pena de muerte, o ser excluido de su comunidad, que era una forma de muerte del alma, una separación del alma grupo del pueblo.

En nuestro tiempo estamos viviendo una recapitulación de estos misterios en un nivel superior y por esta razón, este misterio de la imagen posterior y el complemento se ha vuelto accesible para todos. Pero aquí yace el peligro. Esta es una forma de cruzar el umbral inconscientemente y cualquier inconsciencia como nos dice Rudolf Steiner nos deja presa de las fuerzas adversas (Lucifer y Ahriman). Es por esta razón que debemos observar conscientemente lo que el cuerpo astral está imprimiendo en el cuerpo etérico: debemos emprender una muerte consciente y tomar conciencia de lo que sucede cada vez que miramos el mundo y pensamos en él. De hecho estamos matando a la sangre roja dentro de nosotros —este es Jachin—  la sangre roja avanzando hacia la muerte.

‘Esta fuerza de pensamiento que el hombre debe tener para poder tener una concepción del mundo acorde con nuestro tiempo, esta fuerza de pensamiento que debe estar allí frente al espejo de la memoria, provoca la continuación del pensamiento en el cuerpo et éricoy el cuerpo etérico así permeado por el pensamiento obra destructivamente sobre el cuerpo físico”[9].

Cuando salimos del cuerpo físico y entramos en el cuerpo Astral para observar lo que refleja el cuerpo etérico, sentimos el origen del pensamiento, es decir, el momento antes de que el ser espiritual esencial de todo lo que vemos se destruya, antes de que hagamos una imagen especular de ella.

La conciencia ordinaria no percibe la impresión y el reflejo del cuerpo etérico a menos que la situación sea extraordinaria, por ejemplo, un flash se apaga en la oscuridad pero no se sabe de qué se trata, y de repente tienes una luz que baila dentro de ti cuando está cerca tus ojos. ¿De dónde viene esta luz? ¿Por qué está ahí?. Antes de tener la oportunidad de comprender que la luz provino de un flash de la cámara, se ha grabado algo en ti y se ha creado una imagen. Estabas fuera de ti como siempre lo estás y tu alma “percibió la luz” e instantáneamente imprimió esta luz en tu cuerpo etérico donde se reflejó a ti, antes de que el cuerpo físico pudiera pensarlo: un flash de cámara simplemente se apagó .

En los antiguos misterios, los acólitos se encontrarían “conmocionados” de esta manera para prepararlos para la iniciación. Las habitaciones oscuras, las luces, los sonidos y las imágenes eran todos preparativos para saber dónde estaba el cuerpo etérico.

Cuando aprendemos a entrar en el cuerpo etérico con plena conciencia, estamos fuera de nuestro cuerpo y recapitulamos a la antigua Viuda de la iniciación del alma del Antiguo Egipto en una forma superior. Esta vez, sin embargo, el “yo” sometido permanece con el cuerpo físico permitiendo una conciencia del cuerpo astral en el cuerpo etérico sin quedarse dormido o agonizante. Podemos llegar a ser sensibles a este momento en el que se origina el pensamiento y haremos algunos experimentos en nuestro taller más tarde que nos mostrarán cómo si podemos dejar de reflexionar, dejar de pensar o someter al yo reflejado, podemos experimentar nuestro yo.

Jachin:

En el pensamiento puro encontrarás el yo que puede captarse a sí mismo.

“Pero debemos darnos cuenta de que al hacer nuestro camino hacia lo suprasensible, esta puesta a un lado de todo lo que nos llega a través de los sentidos, está siempre presente como una experiencia concreta. Y en el curso de esta experiencia siempre tenemos la sensación que describí ayer, como si el pensar se hubiera convertido en un órgano táctil que se extendiera por todo el organismo humano, de modo que espiritualmente sentimos que un nuevo mundo se está abriendo y lo estamos tocando[10].

Lo que el cuerpo etérico nos refleja cuando entramos allí, no es meramente apariencia sino también ser. En el cuerpo etérico, el alma se encuentra con el alma del mundo en forma simbólica. En el momento en que observamos lo que está inscrito con luz en el cuerpo etérico, estamos en el umbral del mundo espiritual: el mundo etérico.

‘… Y al igual que en la vida ordinaria, recibimos experiencias reflejadas por el cuerpo físico, así cuando queremos experimentar en el mundo espiritual, las experiencias del cuerpo astral deben ser reflejadas por el cuerpo etérico.’

Tomar conciencia de este momento en el umbral es como la primera vez que damos la vuelta para vislumbrar al ser que hace el reflejo —el sí mismo. Percibimos primero todo nuestro cuerpo físico como un reino de muerte y oscuridad y nuestro cuerpo etérico como el reino donde Lucifer nos tienta a materializar dentro de nosotros todo lo que vemos en imágenes y colores complementarios. En el cuerpo etérico, lo que sentimos en el complemento y en la imagen posterior de todo lo que vemos, es el origen de la tentación de Lucifer una tentación que tiene un ser real —seres de alma o voluntad que ‘piensan’ en nosotros— Seres volitivos que son los ‘pensamientos’ de los ángeles— seres astrales de color.

Esta es una experiencia pasiva

– Jachin

Podemos aprender a diferenciar, entre los reflejos del cuerpo físico y los reflejos del cuerpo etérico de esta manera:

  • Las reflexiones etéricas se perciben como opuestos o complementos de las percepciones físicas = Ser creativo.
  • Las reflexiones físicas se perciben como el espejo o lo mismo que las percepciones Físicas = Memoria de Semblanza.

Mientras observamos el cuerpo etérico como si fuera un cuadro, ya estamos fuera mirando hacia adentro, estamos aprendiendo a leer los símbolos creados en nosotros por el mundo que nuestro cuerpo Astral ha visto. Este es el primer paso hacia la Imaginación. Así es como aprendemos a comprendernos a nosotros mismos, a comprendernos a nosotros mismos, no solo porque estamos observando nuestra propia vida interior, sino también porque estamos aprendiendo a leer lo que se escribe dentro de nosotros, y al principio esto tiene mucho que ver con nosotros.

 Esto se llama Lectura de la escritura oculta.

 

 La visión interna construyendo el Templo Interior:

Consideremos que cuando percibimos la expresión externa, no estamos, en verdad, separados de ella, sino que estamos dentro de ella, como nos dice Rudolf Steiner. Nuestra alma está en todo lo que vemos y no producimos las cosas que vemos en el alma, solo las reflejamos, las reproducimos.[11]

Cuando un ser humano se acerca a este misterio, la respuesta inmediata es la duda y el miedo mezclado con el odio, la antipatía.

Estas emociones fueron necesarias, permitieron al ser humano separarse del mundo espiritual y encontrar la libertad, pero hay otra razón para esta antipatía, aquí en el umbral del mundo espiritual, uno se da cuenta de que uno está en el umbral de un reino de destrucción, muerte, transformación, y metamorfosis.

  El cuerpo etérico como albergue:

 Una forma de contrarrestar este miedo, la duda y el odio (aversión) es volverse creativo, construir con coraje, amor y fe. ¿Qué construimos? Construimos un albergue, una choza Esta es la primera etapa en la construcción de nuestro Templo interior. Aquí nos volvemos creativos. En Como se adquiere el Conocimiento de los mundos superiores, Rudolf Steiner nos dice que si deseamos entrar en el mundo espiritual de forma segura deberíamos construir una “choza”, que es un “hogar”, un lugar sagrado en el que podamos unirnos a los dioses.

En verdad, en la antigua tradición hebrea, durante la Fiesta de los Tabernáculos, siempre se construía una cabaña con palmeras y vegetación en la que se celebraba una fiesta. De hecho, fue en esa cabaña donde Lázaro Juan ingresó por primera vez en el mundo espiritual mediante el ministerio de Cristo Jesús. Tal lugar es un “lugar seguro”, un lugar que llegamos a conocer muy bien, y desde el cual entramos en el mundo espiritual para unirnos a los dioses, y por medio del cual podemos regresar nuevamente a estar en comunión con nosotros mismos. Este es también un tabernáculo, como los que se encuentran en los altares de las iglesias: un lugar donde guardamos los artículos de nuestra Sagrada Comunión o Alianza para unirnos a los dioses. Esta ‘choza’ es ese lugar en el que las imágenes son impresas en primer lugar por el cuerpo astral y se reflejan momentáneamente antes de que desaparezcan.

Nuestra choza es el umbral del mundo espiritual, el cuerpo etérico. Dejamos el cuerpo físico por medio del cuerpo etérico todas las noches cuando nos dormimos; dormimos y entramos en el cuerpo físico nuevamente por la mañana a través del cuerpo etérico. En el cuerpo etérico encontramos todas las experiencias de nuestro día anterior o de nuestra vida de vigilia cuando entramos de nuevo en nuestros cuerpos desde el sueño y estos se encuentran con nuestras experiencias del mundo espiritual en la noche. La mezcla de esta apariencia (día) y ser (noche) es lo que crea nuestros sueños. De acuerdo con Rudolf Steiner

  • El momento de cruzar al sueño experimentamos nuestro karma futuro, lo que construiremos.
  • En el momento de despertar, experimentamos nuestro karma pasado: nuestras ideas.

De manera similar, cuando despertamos al reino etérico durante la meditación, tenemos dos experiencias:

  • Cuando miramos hacia adentro en el alma con la facultad de la imaginación, encontramos el pasado.
  • Cuando miramos hacia afuera con la facultad de la imaginación, encontramos el estado germinal del futuro.

Jachin:

En el pensamiento puro encontrarás el yo que puede experimentarse a sí mismo.

Si conviertes estos pensamientos en una imagen, experimentarás sabiduría creativa.

En cierto sentido, hemos llegado a comprender cómo encontramos la génesis del pensamiento (después de las imágenes de colores complementarios) y al hacerlo podemos experimentarnos a nosotros mismos (nuestro cuerpo etérico) y al convertir los pensamientos en una imagen (observación) encontramos sabiduría creativa: el ser arquetípico viviente que está detrás de todas las imágenes que vemos.

Este es el primer paso, la imagen posterior y los colores complementarios simplemente nos ayudan a encontrar la ubicación y la calidad del cuerpo etérico, de modo que podamos captarnos a nosotros mismos y encontrar la sabiduría creadora dentro de nosotros, pero no nos detenemos allí, necesitamos dar un paso más si queremos pasar de la pasividad a la creatividad y convertirnos en cocreadores del futuro.

Sin embargo, si vamos a experimentar esto, debemos cultivar el sentimiento de amor y devoción:

“El hombre no es extraño, sin embargo, a este mundo más allá de las imágenes mentales sensoriales externas. Cada noche, entre quedarse dormido y despertar, penetra en este mundo. Cuando duermes, habitas en este mundo. Lo que experimentas allí más allá de las imágenes sensoriales mentales no es el mundo atomístico conjeturado por los visionarios de la ciencia natural. Lo que yace más allá de la esfera de los sentidos fue experimentado por el antiguo sabio oriental en sus misterios. Uno puede experimentarlo, sin embargo, solo cuando uno tiene devoción por el mundo, cuando uno tiene el deseo y el impulso de entregarse completamente al mundo. El amor debe influir en la cognición si uno desea penetrar más allá de la impresión sensorial. Fue este amor a la cognición lo que prevaleció especialmente en la antigua civilización oriental[12]“.

 

Traducido por Gracia Muñoz en Mayo de 2018.

 

 

 

[1] Conferencia de Rudolf Steiner, 8 de abril de 1922

[2] Rudolf Steiner, Metamorfosis del alma, Lectura I, https://wn.rsarchive.org/Lectures/GA059/English/RSP1983/19100120p02.html#sthash.EBFz8

[3] Rudolf Steiner, Lectura interna, Audiencia interna, página 98

[4] Rudolf Steiner, Cosmosofia Conferencia 1

[5] Ibd.

[6] Rudolf Steiner Cosmosofia, Conferencia I.

http://wn.rsarchive.org/Lectures/GA207/English/AP1985/19210923p02.html#sthash.aHrxJwiN.dpuf

[7] Ibidem

[8] Es interesante observar cómo Cristo en el Sol (etérico), fue reflejado por Jehová en la Luna (astral), mientras que en el ser humano que asciende a la conciencia superior, es el cuerpo etérico el que refleja los hallazgos del Cuerpo Astral. Esto muestra bellamente el funcionamiento de la Ley de los Opuestos.

[9] Cosmosofia.  Lecture I,

https://wn.rsarchive.org/Lectures/GA207/English/AP1985/19210923p02.html#sthash.aHrxJwi

[10] Rudolf Steiner, Evolución de la Conciencia Conferencia 2

https://wn.rsarchive.org/Lectures/GA227/English/RSP1966/19230820p01.html#sthash.BaDKf

[11] Ibidem

[12] Rudolf Steiner, Ibid

https://wn.rsarchive.org/Lectures/GA207/English/AP1985/19210923p02.html#sthash.aHrxJwi

 

 

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Un comentario el “Construyendo el Templo interior y exterior. Primera Parte

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