GA351c9. Nueve Lecciones sobre las abejas.

Rudolf Steiner — Dornach, 22 de diciembre de 1923

 

Traductor desconocido. Editado por Pablo San Miguel para la Asociación Biodinámica de España.

English version.

¡Buenos dias señores!, a decir verdad, tenemos que seguir todavía hablando un poco, a propósito de la pregunta del señor Döllinger; quería, en efecto, saber, en vuestro nombre, ya que este punto interesa a todo el mundo, como se presenta la relación que existe, desde el punto de vista espiritual, entre, por una parte, este ejército de insectos que se desplazan, que van a las plantas, y por otra parte, lo que encuentran en ellas.

Vean ustedes, lo dije ayer, existen en todas partes, alrededor de nosotros, no solo sustancias como el oxígeno y el nitrógeno, sino también inteligencia natural, inteligencia en el sentido verdadero, nadie se extrañe cuando se dice, aspiramos el aire, porque se encuentra en todas partes, y hoy en día, la ciencia ha tomado tal lugar en los libros de escolares, que se dice la gente, en todas partes existe aire, y este aire lo aspiramos. Pero he conocido campesinos, que consideraban esto, como pura imaginación, porque ignoraban que existe aire en el exterior, de la misma manera, como hoy en día se ignora que existe inteligencia en todas partes. Ustedes consideran esto como pura imaginación cuando se les dice, ya que de la misma forma que aspiramos aire por los pulmones, aspiramos a través de la nariz y de las orejas: inteligencia.

Y les he demostrado anteriormente, con ejemplos, que la inteligencia se encuentra en todas partes, verdad es que hemos hablado estos últimos tiempos de un capítulo de ciencias de la Naturaleza, particularmente interesante, las abejas, las avispas y las hormigas. Tal vez no haya gran cosa en la Naturaleza, que permita a la mirada, penetrar tan profundamente en ella, como las costumbres de los insectos. Son animales muy singulares, y nos mostrarán aún más de un misterio. Es por una curiosa coincidencia, que tratemos, precisamente ahora, de este capítulo de las abejas, con ocasión del centenario del nacimiento del gran entomólogo Jean Henri Fabre.[1] Fabre, nació el 23 de diciembre de 1823, en plena época del materialismo, es por ello que sus interpretaciones son materialistas, pero vertió luz sobre una gran cantidad de hechos, tocante a la vida de los insectos. De manera que es natural que hoy en día, al hablar de los insectos, nos acordemos de él. Quisiera empezar por citaros el ejemplo de una serie de insectos, (Xylocopa violácea),[2] que os puede interesar en alto grado, justamente en relación con las abejas. El trabajo de la abeja, es de una gran perfección, es lo que más se nota en ella. Y no es, el que a fin de cuentas, produzca miel, sino que construya ella misma, estos cuadros de alveolos, de tan maravillosa arquitectura. Lo que ella emplea como  materia prima, tiene que introducirlo en la colmena, y lo transporta fijado a su propio cuerpo, así, ella no utiliza en absoluto el material, tal y como era originalmente, sino que tal y como ella lo introduce en la colmena, es enteramente transformado.

Porque ella misma trabaja sí, pero existe también, otra especie de abeja, que no trabaja de esta forma, sino que muestra, justamente por su manera de trabajar, que prodigiosa inteligencia existe en la Naturaleza. Consideremos un poco el trabajo de esta abeja, que se denomina vulgarmente, abeja tala-madera o carpintera, no resulta tan apreciada como la abeja común o doméstica, porque la mayoría de las veces estorba al hombre. Es un animal muy trabajador, es un animal, que verdaderamente, para poder vivir, no tanto como individuo, sino como especie entera, está obligada a cumplir con un trabajo inmenso. Este animal busca madera que ya no esté en el árbol, sino ya caída, y trabajada por la mano del hombre. Podéis encontrar estas abejas carpinteras, con sus nidos, que os voy a describir en un momento, por ejemplo: ahí donde se han colocado estacas en el suelo, y en consecuencia, la madera ha sido quitada del árbol y parece muerta, donde hay postes y otras cosas de madera. Es ahí donde encontráis a la abeja carpintera, y también la podéis encontrar en los bancos y las puertas de los jardines, es pues ahí, donde se ha utilizado madera de esta manera, donde la abeja hace su nido. Pero el método que utiliza para ello es singular. Imaginen que aquí, tuviésemos uno de los postes,[3] la madera ha sido pues, sacada del árbol, entonces llega la abeja carpintera y comienza a hacer una galería, que penetra hacia el interior oblicuamente, y una vez llegado al interior, que ha vaciado ya previamente, y horadado, por lo tanto, como una especie de canal, se pone entonces a excavar en una dirección completamente distinta. Lo hace de tal forma que se crea una pequeña cavidad circular, entonces el insecto vuela, va a buscar todo tipo de materiales por los alrededores, y envuelve esta cavidad. Cuando ha hecho esto, pone el huevo, una vez que lo ha puesto, la abeja confecciona una tapadera por encima, en medio de la cual hay un agujero, y ahora sigue haciendo otro agujero encima de este, y fabrica un segundo alojamiento para una segunda abeja, y después de haberlo revestido y haber dejado un agujero, pone de nuevo un huevo, y continúa así, hasta que ha construido 10 o 12 nidos superpuestos, en cada uno hay un huevo.

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Ahora, la larva puede desarrollarse ahí dentro, en esa estaca de madera. En todos los lugares el insecto pone comida al alcance de la larva, esta come este alimento, preparado por ella, y el día llega, a que esté dispuesta para eclosionar. Entonces, llega la época en que el insecto se ha transformado en crisálida, y se ha metamorfoseado en una abeja alada, que llegará a volar. Cuando llega el tiempo en que la abeja es adulta, cuando se transforma en crisálida, y se transforma después en insecto, las cosas son de tal manera, que el insecto puede perfectamente utilizar esta galería para echar a volar. El ingenio de la abeja ha conseguido, que de esta forma, que el insecto maduro pueda volar por la galería, hasta ahí, todo va bien, pero cuando llega el segundo insecto, que es un poco más joven, y el tercero de arriba, todavía más joven, la madre está obligada a hacer primero estos nidos. Estos insectos no encuentran salidas laterales para volar, el desastre sería total, ahora, que estos animales están condenados ahí arriba, a morir despacio encerrados, pero la madre previene este problema y pone su huevo de tal forma, que la segunda larva cuando nace, encuentre un agujero de los que he hablado, se deje caer por este agujero, y pueda así salir. El tercer animal se deja caer entonces, a través de los agujeros, y sale de la misma forma, y como cada animal que nace llega un poco más tarde, nunca molesta al anterior, nunca llegan de esta forma a juntarse en el mismo agujero. Lo veis pues, uno no puede más que quedarse estupefacto, cuando se da cuenta con que ingeniosidad el nido está dispuesto. Cuando el hombre imita, hoy día algo en el dominio de la mecánica, son cosas de este tipo las que imita, la mayoría de las veces con mucha menos habilidad. Lo que se encuentra en la Naturaleza, está organizado con una habilidad extraordinaria, y uno no puede dejar de pensar, ahí seguramente existe inteligencia, y de este método según los insectos construyen, y se comportan en su trabajo, existe inteligencia que está obrando.

  De todo esto, podrían citarse centenares, miles de ejemplos. Imagínense solamente, cuanta inteligencia existe en el ejemplo de las hormigas “cultivadoras”, que les expliqué anteriormente. Pero también hay otra cosa que hemos considerado al examinar estos insectos, abejas, avispas y hormigas. Os dije, todos estos animales poseen una sustancia tóxica, y esta sustancia es a la vez, si se la dosifica convenientemente, y si se la administra en dosis adecuadas, un remedio muy bueno, me refiero al veneno de avispa, y aún más, del ácido fórmico que segregan las hormigas. Os lo he indicado, este ácido fórmico, lo obtenemos recogiendo las hormigas en un hormiguero y prensándolas. Las hormigas poseen este ácido en su propio cuerpo, y lo podemos extraer al prensarlas. El ácido fórmico se encuentra por excelencia en las hormigas, pero si supiéramos cuanto, relativamente claro, ácido fórmico hay en esta sala, os quedaríais muy extrañados, y diríais: nosotros no podemos encontrar un hormiguero en un rincón de esta sala. Señores, todos los que estáis aquí sois en realidad un hormiguero, porque en todas partes en vuestro cuerpo, en vuestros miembros, en vuestros músculos, en todos vuestros tejidos, en el del corazón, del pulmón, del hígado, del bazo, concretamente, en todos los lugares, en todas partes de vuestro cuerpo, existe ácido fórmico, pero claro está que no tan concentrado ni tan fuerte como en un hormiguero. Sin embargo, estáis así compuestos, estáis llenos de ácido fórmico, veis, esto es también un hecho muy singular.

Pero, en realidad, que propósito tenía hablando de este ácido fórmico, teniéndolo en nuestro cuerpo. Cuando alguien tiene carencia de él, tiene que darse cuenta. Cuando alguien se presenta como estando enfermo, (y la mayoría de las personas se encuentran un poco enfermas), esta persona puede tener cien clases de enfermedad, que exteriormente se pueden presentar de manera idéntica, hay que determinar lo que ella tiene efectivamente, que esté pálida o sin apetito, no son más que signos externos, hay que llegar a encontrar la causa efectiva, y así puede ocurrir, que a menudo, esta persona no sea lo suficientemente “hormiga”, o sea, que no produzca el ácido fórmico suficiente, de la misma forma que en el hormiguero se fabrica ácido fórmico, el cuerpo humano lo posee en todos sus miembros, pero particularmente en el bazo, una fuerte producción de ácido fórmico, y cuando el ser humano produce poco de este ácido, entonces, hay que hacerle una preparación, un remedio, gracias al cual, se le ayude a producirlo desde el exterior, la cantidad suficiente de este ácido. Pero ahora, tenemos que observar, lo que ocurre en una persona que posee poco ácido fórmico, estas observaciones no pueden hacerse más que si la persona quiere tener un buen conocimiento del ser humano. Hay que imaginarse entonces, lo que ocurre en el alma de alguien, quien sin haber tenido primero un nivel suficiente de ácido fórmico, presenta una carencia de él.

Hay un fenómeno muy curioso, esta persona, si la preguntáis como es debido, os dará sobre su enfermedad indicaciones justas. Supongamos que tenemos, por ejemplo, alguien que nos diga, después de que lo hayáis preparado: ¡vaya que extraño!, hace pocos meses las ideas me venían correctamente, podía pensar correctamente, ahora ya no funciona, ya no puedo pensar como es debido. Esto es a menudo, un signo más importante, que todos los exámenes externos, que hoy en día tenemos razón de hacer, está claro. Podéis entonces buscar en la orina, el pus, la albúmina, el azúcar, etc., obtenéis así resultados muy interesantes, sin embargo, puede ser, en ciertos mucho más importante el que un enfermo os diga, lo que acabo de contaros. Si os cuenta cosas de ese tipo, naturalmente, tenéis que buscar otras indicaciones, pero podéis extraer de lo que os dice, la siguiente conclusión: se ha formado en los últimos tiempos, una baja cantidad de ácido fórmico, insuficiente cantidad, en esa persona. Ahora, alguien que piensa todavía superficialmente, podría decir: esta persona tiene poco ácido fórmico, lo puedo conseguir triturando hormigas y se lo administro convenientemente dosificado. Podríais proceder así durante un cierto tiempo, y un día el paciente vendría a veros y os diría: no me ha ocurrido nada, no me ha producido ningún efecto, ¿qué ha ocurrido en este caso?, la medicación, efectivamente, no ha surtido ningún efecto, es perfectamente exacto, había demasiado poco ácido fórmico, se le ha dado, pero no ha servido absolutamente para nada, ¿qué ocurre en este caso? Veis pues, si proseguís vuestras investigaciones, encontraréis lo siguiente: en uno, el ácido fórmico no tiene ningún efecto, mientras que en otro ha sido constantemente eficaz, vais a ver, poco a poco en que difieren estos dos casos. Las personas a las cuales el ácido fórmico les hace bien, tienen mucosidades en los pulmones, aquellos sobre los cuales el ácido fórmico no surte efecto, tienen problemas en el hígado, los riñones o el bazo, es un asunto muy singular, la situación es pues, muy diferente, según que haya carencia de ácido fórmico en los pulmones que en el hígado. La diferencia, es que con este ácido que hay en el hormiguero, actúa inmediatamente en los pulmones, pero no realiza ninguna acción sobre el hígado. Y ahora, otra cosa. Si os fijáis en la persona que tratamos, tiene algo en el hígado, y sobre todo en los intestinos, es que el ácido fórmico no le hará ningún bien, y que su organismo contiene demasiado poco, entonces hay que administrarle: ácido oxálico, es decir, que tenéis que preparar y filtrar trébol: oxálida común,[4] tal como se encuentra en los prados, extraer ese ácido y dárselo.

       Así veis, a uno que tiene algo en el pulmón, hay que darle ácido fórmico, a otro, que tiene algo en el hígado o los intestinos, hay que administrarle ácido oxálico. Lo que ocurre en particular, es que la persona, a quien habéis administrado ácido oxálico, elabora al cabo de cierto tiempo en su propio organismo, ácido fórmico, a partir del ácido oxálico, lo que importa, no es solamente hacer absorber del exterior, tal o cual producto, sino saber lo que el organismo hace con él, si le administráis ácido fórmico el organismo dice: “esto no es para mí, ya quiero trabajar”, lo que le han dado es ácido fórmico ya elaborado, con este no puede hacer nada, es un producto elaborado, este ácido no lo quiere hacer subir hasta los pulmones, naturalmente, debéis de administrarlo por el estómago, y acabar llegando al intestino, “éste por su parte, dirá al cuerpo humano que quiere trabajar”, “que me presentáis ahí, no queréis que sea yo quien elabore el ácido fórmico, (quien produzca), pues el que me presentáis está ya elaborado, que lo haga pasar al estómago y los pulmones o no lo haré”. Él quiere que se le dé ácido oxálico, y a partir de sí, fabricar ácido fórmico. Sí señores, la vida consiste en dar trabajo, no consiste en dar las sustancias por sí mismas, y esto es lo que importa, más que nada, saber que la vida no consiste más que en el consumo de coles y zanahorias, sino que este cuerpo tiene la misión de elaborar cuanto absorbe. Pero sin embargo, subsiste la muy extraña idea que se hace la civilización moderna, lo podéis comprobar por estas extrañas relaciones que hay en la Naturaleza, ahí se encuentran en el exterior, las plantas, el trébol, no es más que un ejemplo particularmente caracterizado, porque el ácido oxálico está presente en todas las plantas, el trébol, es simplemente la planta que más contiene, es por ello que también le podemos llamar, ácido de trébol. Pero, de igual manera que el ácido fórmico está presente por todas partes en la Naturaleza, y en el cuerpo humano, de la misma forma, se encuentra presente el ácido oxálico.

El trébol rojo común (Trifolium pratense) [5] también tiene muchas propiedades medicinales, pero no se debe confundir con Oxalis acetosella en el que predomina el ácido oxálico.

Todavía nos queda algo muy interesante, supongamos, que tomamos un alambique, como los que hay en un laboratorio de química, bajo él, encendemos una llama, y le ponemos ácido oxálico, es una especie de ceniza salada que se desmigaja, entonces, añadís la misma cantidad de glicerina, se mezclan estas dos sustancias, y se las calienta, del alambique surge un vapor, (véase imagen[6]), lo que se forma ahí puedo recogerlo, pero a la vez me doy cuenta de que se escapa gas, se esparce por todas partes. Si analizo este gas, descubro que es ácido carbónico, y lo que recojo, es ácido fórmico. Ahora tenemos ácido fórmico, en el alambique teníamos ácido oxálico y glicerina, la glicerina se queda en el alambique, lo que sale, lo que pasa a este lado y cae gota a gota, es el ácido fórmico, mientras que el ácido carbónico sale en forma de gas. Fíjense en lo que ha ocurrido ahí, podéis entonces decir, supongamos, que en lugar de este alambique, haya un hígado humano, o un tejido humano[7] o animal cualquiera, un órgano del abdomen como el hígado o el bazo. Administro por el estómago, ácido oxálico, la virtud de la glicerina, el propio cuerpo la posee, entonces, tengo juntos en el intestino ácido oxálico y glicerina, ¿qué ocurre entonces?, si nos fijamos ahora en la boca, veremos que sale ahora ácido carbónico, y de los pulmones gotea hacia todo el cuerpo humano, hacia todos los órganos, el ácido fórmico. Así, todo lo que acabo de dibujar, lo tenemos en nuestro cuerpo, ya que fabricamos en nuestro cuerpo ácido fórmico, a partir de ácido oxálico.

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Ahora, imaginaos las plantas, repartidas por toda la Tierra, existe en todas ellas ácido oxálico, imaginaos ahora los insectos, lo que acabo de exponer, se manifiesta de una manera muy particular, piensen primero en las hormigas, van sobre las plantas y los desechos orgánicos, en todo ello, hay por doquier ácido oxálico, y estos animales lo transforman en ácido fórmico, para su uso, de la misma manera a como el hombre, lo realiza para sí mismo. El ácido fórmico se presenta en todas partes, gracias a los insectos, el ácido fórmico se encuentra en todo lugar, aquí, el pedante levantaría la nariz y diría: en el aire existe nitrógeno y oxígeno, pero a consecuencia de que el aire está atravesado por el vuelo de los insectos, se encuentra siempre, en muy pequeña cantidad, ácido fórmico.

Esto significa, que por un lado tenemos al ser humano, es un mundo pequeño, produce en él ácido fórmico, e impregna, continuamente su alimento entre otras cosas, y en el amplio mundo exterior, en el lugar que se produce en el hombre, está el ejército de los insectos, es continuamente, que el ácido fórmico, producido a partir del ácido oxálico de las plantas, viene a impregnar el potente aliento de la atmósfera que rodea la Tierra[8].

Cuando observamos correctamente, y consideramos la parte inferior del cuerpo humano, con las “tripas” que están contenidas en él, el hígado, los riñones, el bazo y más allá, en los intestinos, el ácido oxálico, se transforma continuamente en ácido fórmico, y este último se difunde, junto con el aire que aspiramos, por todo el cuerpo, así es como las cosas ocurren en el ser humano[9].

Fuera, en la Tierra, tenemos las plantas por todas partes, y tenemos insectos de todas las especies, que revolotean por encima de esas plantas y al nivel del suelo, el ácido oxálico. Los insectos se acercan, y de este encuentro nace el ácido fórmico, solo que un poco transformado, y el veneno que las abejas tienen en su aguijón, pero que en realidad lo tienen en todo el cuerpo, también es ácido fórmico transformado, es ácido fórmico modificado en un grado más alto. Cuando se considera esto, uno piensa: estas hormigas, estas abejas, estas avispas, ejecutan exteriormente un trabajo de una inteligencia poco común, ¿por qué ejecutan este trabajo? Si la hormiga no poseyese ácido fórmico, lo que os he descrito como tan bello, sería muy tontamente hecho, es solamente, porque las hormigas están constituidas de manera enfocada a producir ácido fórmico, que vemos tanta razón e inteligencia en lo que ellas construyen, y ocurre lo mismo con las abejas y las avispas.

Si nosotros mismos, producimos en nuestro organismo este ácido fórmico, no tenemos motivos de pensar: en la Naturaleza existe inteligencia en todas partes, existe por el ácido fórmico, en nosotros también, hay en todas pates inteligencia, porque el ácido fórmico existe en todas partes, este ácido fórmico no existiría, si primero no existiese el ácido oxálico, si estos pequeños animales revolotean siempre alrededor de las plantas, y son la causa de que el ácido oxálico que se encuentra en ellas, se transforme en ácido fórmico, sufriendo así una metamorfosis.

Estas cosas no se entienden, más que si se plantea ahora la pregunta siguiente: ¿qué ocurre con el ácido oxálico? Este ácido está presente en todo lugar donde la vida aparece, donde hay vida hay ácido oxálico, pero también existe un Cuerpo Etérico, este hace justamente que el ácido oxálico se renueve constantemente, pero el ácido oxálico nunca se vuelve ácido fórmico utilizable para el organismo humano, o por el organismo animal, si no es transformable por un Cuerpo Astral, de ácido oxálico en ácido fórmico, porque el ácido fórmico que es recogido aquí en el alambique, no puede servir ni al cuerpo humano ni animal, porque está muerto. El ácido fórmico que se produce por doquier, en el ser humano y a través de los insectos, está vivo, y aparece en todo lugar donde aparece sensibilidad, el psiquismo. El hombre debe desarrollarse en el ácido fórmico, si quiere nacer de la vida vegetativa, que recibe en la parte inferior de su cuerpo, donde el ácido oxálico tiene un gran papel, el adquirir así el psiquismo, vive en el ácido fórmico, que impregna el aliento y sube hacia la cabeza, y en ella puede seguir actuando, necesita de esta transformación en el hombre, del ácido oxálico en ácido fórmico.

Pero, ¿qué ocurre exactamente en este proceso de transformación?, lo que les dije en primer lugar puede demostrarlo. Esta abeja carpintera, de la que antes les hablé, resulta muy interesante, porque ella penetra en una madera que ya no está viva, y no pudiendo utilizar esta madera como ella lo entiende, buscaría otra cosa. No es en los árboles donde esta abeja hace su nido, sino en madera que va a pudrirse, por ejemplo en las estacas y los postes. Allí deposita sus huevos, después de haber construido su nido. Cuando se estudia el conjunto formado por la madera que se pudre, y la abeja carpintera, se descubre entonces que lo que se produce en la madera que se pudre, se produce continuamente en el cuerpo humano, este, comienza a pudrirse, y cuando este proceso avanza, llega la muerte. Y lo que ocurre en la Naturaleza exterior, el hombre debe hacerlo continuamente en sí, edificar sus células, y puede ocurrir, que transformando el elemento vegetal, que está impregnado de ácido oxálico, en ácido fórmico, en un elemento que esté impregnado de ácido fórmico.

Ahora podéis decir, ¿cuál es la importancia de todo este conjunto para la Naturaleza?, pues señores, piensen un poco, en una de estas estacas de madera, que se pudre; si ninguna de estas abejas carpinteras se instalaran, nosotros encontraríamos sombra agradable, porque estas abejas tienen una tendencia a proliferar, y esa estaca que vacían, caerá el próximo año.

Esto, no nos resulta demasiado agradable, pero, eso lo es tanto más para la Naturaleza, porque si toda esta madera que procede de las plantas, siguiese existiendo sin estos nidos de abeja, se transformaría sencillamente en polvo. Veis lo que ocurre cuando se pudre, y resultaría totalmente inutilizable, puesto que la madera, en la cual una abeja carpintera ha trabajado, no muere, al revés recobra vida, y de toda esta madera, que gracias a esta abeja renace a la vida, de ahí, nace una gran parte de aquello que hace que nuestra Tierra, (los demás insectos también lo hacen), no llegue algún día a una completa desintegración, que no llegue a convertirse en polvo en los espacios interestelares, sino que siga viviendo, gracias a estos insectos que le renuevan la vida. Nosotros humanos, aspiramos el ácido fórmico que existe en la Naturaleza, el ácido fórmico que los insectos preparan a partir del ácido oxálico de las plantas, actúa de tal manera, que la Tierra puede seguir viviendo.

Observad ahora, como las cosas se encadenan, aquí tenemos al ser humano, y allí la Tierra, vamos a considerar en primer lugar al ser humano. Supongamos un niño muy pequeño, a esta edad, transforma fácilmente el ácido oxálico, que se encuentra en la parte inferior de su cuerpo, en ácido fórmico. Sus órganos reciben una gran cantidad de éste ácido, el alma humana se desarrolla en este niño, tenemos pues, el ácido fórmico, como fundamento para el alma y el espíritu, y cuando el ser humano envejece, y ya no puede producir ácido fórmico en cantidad suficiente, el alma y el espíritu se van, el ácido fórmico atrae en sí, al alma y al espíritu, sino el espíritu se va, esto es muy interesante[10].

Si por ejemplo, observamos detenidamente a una persona, que presente procesos supurativos internos, descubriréis que el ácido fórmico, le ayuda a superar estos procesos. Se establece una justa relación entre el cuerpo Astral y el cuerpo Físico, relación entre los procesos supurativos internos, que sirven de obstáculo, de manera, que el ácido fórmico, encuentra su adecuada utilización como base para la vida del alma y del espíritu. Cuando el cuerpo posee muy poco ácido fórmico, se descompone, y ya no puede ser portador de un alma, el cuerpo envejece, el alma debe irse. Ahora, tenemos por una parte, al hombre, y por otra a la Naturaleza. En ella se forma también constantemente ácido fórmico, a partir del ácido oxálico, así, la Tierra tiene la posibilidad, sin dejar de existir, de estar envuelta no solo de oxígeno y de nitrógeno, sino también de ácido fórmico. Este ácido fórmico, es el que hace que la Tierra no perezca cada año, sino que cada año puede reponer la vida, allá arriba, en su superficie. La simiente, que permanece bajo la tierra, aspira ardientemente a reunirse con el ácido fórmico, que se encuentra en la superficie, esto significa para la Tierra, el renacer de la vida. Cada invierno, el Espíritu de la Tierra, tiende a salir de ella, a abandonarla, y en la primavera se anima de nuevo, es Él, quien en invierno hace encogerse la Tierra, y Quien en primavera la reanima, la razón se encuentra, en que las simientes, que aguardan bajo la superficie, llegan a unirse con el ácido fórmico. Este ha sido producido el año anterior, por la relación entre el mundo de los insectos y el de las plantas, y ahora, las simientes no se elevan solamente en busca del oxígeno, el nitrógeno y el carbono, se elevan hacia el ácido fórmico, este último las incita, a su vez a desarrollar ácido oxálico, gracias al cual, el ácido fórmico podrá estar presente al año siguiente. De la misma forma, el ácido fórmico, puede, en el ser humano, ser la base de la vida del alma y del espíritu. De la misma forma, el ácido fórmico que se encuentra expandido en el Universo, puede ser la base del Espíritu y del Alma de la Tierra.

Por ejemplo, es mucho más difícil el mandar un telegrama en una región, donde no existan hormigueros, porque la electricidad y el magnetismo, necesarios para mandar un telegrama, dependen del ácido fórmico. Cuando los hilos telefónicos atraviesan ciudades donde no existen hormigueros, es necesario que las corrientes magnéticas y eléctricas hayan recibido previamente, en el exterior, al atravesar los campos, la fuerza que les permite atravesar las ciudades, de esto se deduce, que el ácido fórmico se expande por los campos, e impregna el aire de las ciudades.

Así, podemos decir, lo que se encuentra en el interior del hombre, igualmente en lo que concierne a la producción de ácido fórmico, existe también en el exterior, en la Naturaleza. El ser humano es un pequeño universo, la diferencia estriba en que el hombre es capaz, a todo lo largo de su vida, hasta su muerte, de elaborar ácido fórmico, a partir de ácido oxálico, y cuando se vuelve incapaz, su cuerpo muere. Hay, para recuperar esa capacidad, que revestir de un nuevo cuerpo, que ya desde la infancia realice adecuadamente el proceso del ácido fórmico a partir del ácido oxálico. En la Naturaleza es un perpetuo volver a empezar, invierno, verano, etc., esta transformación no cesa.

Cuando se mira una persona que muere, sobreviene el sentimiento, que está tratando como si su cuerpo fuese todavía apto, apto para elaborar ácido fórmico, cuando ya no es capaz de ello, la muerte interviene. El ser humano, pasa entonces al mundo espiritual, no soporta ya mantenerse en su cuerpo, de tal forma, que podemos decir, se muere, en un cierto momento en el tiempo, entonces, pasamos un largo periodo en el mundo espiritual y volvemos en otro cuerpo.

Cuando una joven reina nace en una colmena, las abejas tienen, como ya he dicho, algo que las molesta. Antes, estas abejas vivían como en un crepúsculo, ven ahora esta joven reina que se pone a brillar, ¿qué está ligado pues, a este destello que emite, de repente, la nueva reina?, a este destello de la joven reina, está ligado el hecho, de que quita a la reina vieja, las fuerzas de su veneno, esto es señores, lo que teme el enjambre que se va, no tener ya veneno, no poder así defenderse ni proteger su salud. Se va, tal como se va el alma humana en el momento de la muerte, cuando no puede ya obtener más ácido fórmico. De la misma forma, la vieja generación de abejas, se va cuando ya no existe suficiente ácido fórmico transformado, veneno de abejas, y cuando se mira ahora el enjambre de abejas, claro, es visible, se parece ostensiblemente al alma humana, que está obligada a salir del cuerpo, es una imagen grandiosa, un enjambre que salga, volando de su colmena. De la misma forma, que el alma humana que sale del cuerpo, igualmente, la reina vieja, cuando la joven ha llegado a la madurez, sale de la colmena con su colonia, y entonces se puede ver en el enjambre que vuela, una imagen del alma humana que se va, esto es verdaderamente grandioso, solo que el alma humana nunca llegó a transformar sus fuerzas en pequeños animalitos, aunque esta tendencia siempre está presente en nosotros, queremos transformarnos en animalitos, llevamos en nosotros este deseo de transformarnos en abejas, o en bacilos múltiples, pero reprimimos este deseo, es por ello, que somos humanos en toda la acepción de la palabra. Pero la colmena no es un ser humano, las abejas no pueden encontrar el camino que conduce al mundo espiritual. Tenemos que hacerlas reencarnarse en otra colmena, exactamente la imagen del ser humano que se rencarna, y el que pueda hacer esta observación, siente un inmenso respeto por estas viejas abejas que enjambran con su reina, la cual se comporta como lo hace, porque quiere entrar en el mundo espiritual, pero se ha transformado físicamente y es tan material, que no puede.

Entonces se agrupan, se vuelven un solo cuerpo, quieren estar juntas, quieren salir de este mundo, y, en vez de volar como de costumbre, se posan sobre un tronco de árbol u otro lugar, se aprietan las unas contra las otras, como para esconderse, porque quieren entrar en el mundo espiritual, y entonces, se vuelven de nuevo verdadera colmena, si las ayudamos, y las traemos una nueva “casa”. Por lo tanto, puede decirse, que los insectos nos enseñan, verdaderamente, lo que hay de más elevado en la Naturaleza, es por ello, que el espectáculo de las plantas siempre ha esclarecido, como era conveniente, a los hombres.

En los tiempos antiguos, todavía conservaban el instinto de lo que acabo de exponer. Lo que se ha perdido completamente, para la ciencia de hoy en día. Estos hombres, tenían para las plantas, una mirada particular, ahora, en esta época del año, en Navidad, traer un abeto a casa, para hacer de él un árbol de Navidad, recuerda muchas cosas a los hombres de hoy en día. Esto les recuerda, que afuera, en la Naturaleza, una parte de ella, puede volverse en la vida humana, algo que actúa en la vida social. Ese árbol, transformado en árbol de Navidad, quiere ser un símbolo de amor. Se piensa comúnmente, que el árbol de Navidad es muy antiguo, pero el abeto se ha utilizado como árbol de Navidad, desde hace solo alrededor de 200 años.

Anteriormente esta costumbre no existía, y sin embargo, se utilizaba ya por Navidad un tipo de arbusto. Por ejemplo, en estos juegos de Navidad que se celebraban en los siglos XV y XVI, en los pueblos, para anunciarlos, alguien recorría el pueblo, con algo parecido a un árbol de Navidad, portándolo en la mano, era lo que se llamaba en la Alemania media el árbol de las grullas, el árbol de la ginebra, que porta tan maravillosas bayas, en este árbol, la gente de aquellos tiempos, veían su árbol de Navidad, porque las bayas de este árbol, los pájaros las aprecian mucho, les mostraban esta ligera acción venenosa que se produce ahí, y que debe impregnar lo terrestre, para que lo espiritual pueda nacer en el seno del mundo terrestre. De la misma forma que cuando la hormiga ataca la madera, o la abeja carpintera las estacas, de la misma forma, cada mañana, cuando los pájaros vienen a comer, en ese arbusto, se elabora en todo lugar un ácido mucho más débil.

El antiguo cuento del enebro de los hermanos Grimm[11] relata una historia muy interesante.

Y es que antiguamente, los pueblos sabían instintivamente, y entonces pensaban, en invierno, cuando los pájaros van a comer de estas bayas, las bayas de este árbol, la Tierra recibe, a través de este árbol una nueva vida, y era para ellos, una imagen del Cristo vivificando la Tierra en el sentido moral, así podemos decir, si se consideran las cosas en su verdadera naturaleza, puede verse en lo que se desarrolla fuera, en la Naturaleza, símbolos, imágenes, de lo que ha ocurrido en la vida humana. Cuando los pájaros estaban en este árbol, las gentes antiguamente los miraban con tanto amor, como se ven hoy en día los regalos colgados del árbol de Navidad, y lo ponían en sus casas, es así como se hizo este árbol, un árbol de Navidad.

Señores míos, como ya hemos de terminar, quiero desearles una alegre y feliz Navidad que eleve internamente sus almas.

 

[1] Jean Henri Fabre 1823-1915.

[2] http://guadarramistas.com/2014/02/05/xylocopa-abejorro-carpintero-abejorro-azul/

[3] Ver pizarra 22, el dibujo de la izquierda.

[4] Oxalis acetosella o Aleluya. Ver propiedades en:

http://www.vivelanaturaleza.com/botanica/aleluya.php  y en:

https://es.wikipedia.org/wiki/Oxalis_acetosella

[5] http://saludyperdidadepeso.com/11-beneficios-increibles-de-trebol-rojo-para-la-piel-cabello-y-salud.html

[6] Ver pizarra 22, dibujo del centro derecha.

[7] Ver pizarra 22, el dibujo de arriba.

[8] Ver pizarra 23, el dibujo de la derecha.

[9] Ver pizarra 23, el dibujo de la izquierda.

[10] Ver pizarra 23.

[11] http://www.editorialrudolfsteiner.com/todos-los-cuentos-de-los-hermanos-grimm.html

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4 comentarios el “GA351c9. Nueve Lecciones sobre las abejas.

  1. […] C9. -Dornach, 22 de diciembre de 1923 […]

  2. magnolia fernandez dice:

    el capitulo 5 publicado es igual al capitulo 6. Gracias por el esfuerzo y la publicacion en español.

  3. Gustavo dice:

    voy a empezar a poner treboles en las ensaladas ……muy interesante y bonito.
    Gracias por el servicio altruista.
    Saludos.

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